Otros profesores del Colegio





Por desgracia, no hemos encontrado en los archivos del Ayuntamiento documentos que describan la plantilla de profesores del Colegio de la Paloma, desde su fundación en 1910 hasta que acabó la guerra civil. Nos hemos tenido que conformar con una búsqueda indirecta (y difícil) en noticias de periódicos y libros o estudios especializados sobre la educación madrileña.  Como fruto de dicha investigación, disponemos actualmente de una lista de más de 50 nombres, algunos de los cuales aparecieron en nuestras primeras pesquisas y ya han sido citados en estas páginas: El primer director, Pablo Becerra; los jefes de estudios Rafael Robles Fernández, Rodolfo Tomás y Samper y José Garrido Casanova; el profesor de esgrima Afrodisio Aparicio, el director de la banda y de la academia de música Federico Gassola; los profesores de dibujo, pintura y modelado Jacinto Higueras y José Urea, el jefe de talleres Antonio Tebar. Todos ellos personajes de cierto renombre y profesionales de reconocido prestigio. Pero no fueron los únicos: Poco a poco, de la maraña de referencias han ido surgiendo otras figuras interesantes, cuya breve semblanza hacemos a continuación.

Carmen Marchena del Val

Carmen es la mujer morena que aparece en el ángulo superior derecho de la fotografía, con otra maestra y algunos de sus alumnos de la escuela de Prosperidad. Utilizamos su imagen en esta página para que sirva de homenaje al primer grupo de maestras que entraron en nuestro centro. 


Nació en Madrid en 1887 y murió en 1968. Su padre, D. Serafín Marchena, fue organista de la Basílica de Atocha. La familia se trasladó a Villaseca de la Sagra (Toledo), localidad de origen de su madre. Carmen  continuó allí sus estudios en el colegio de  las Ursulinas, y marchó después a Toledo para realizar los de Magisterio, obteniendo el título de maestra en 1907. Tras algunos destinos por escuelas de Toledo, en 1913 obtuvo una plaza por oposición como Maestra municipal en Madrid, en la Escuela de Párvulos de Prosperidad. Este fue su destino durante 19 años. En 1932 se trasladó al Colegio de la Paloma, también como maestra de párvulos, a la par que trasladaba su domicilio a la C/Francos Rodríguez.

 

Casada con D. Gillermo Llaguno, funcionario de correos, tuvo una hija: Concha Llaguno Marchena, gracias a la cual hemos recogido la información necesaria para aclarar algunas incógnitas de la historia de la Paloma. Concha nos cuenta anécdotas de su madre mientras trabajaba en la Paloma (que ella no visitaba con frecuencia por ser un colegio de chicos), como el gusto especial por el pan tan rico que se hacía en la tahona del colegio; o cuando la acompañaba a su colegio, las "Escuelas Bosque", y hablaba con sus compañeras maestras, como la directora Dª Flora Mateos; o su recuerdo del día que su madre la llevó para ofrecer  el ramito de flores de su Primera Comunión a la capilla de las monjas del asilo, o la bonita letra de su madre, o la de un profesor (que no recuerda el nombre) que era aficionado a los deportes de nieve y que escribió una enciclopedia, o los nombres de D. José Garrido y del Sr. Villarejo.

 

Al empezar la guerra los niños fueron trasladados a Barcelona junto a algunos profesores. Por entonces el marido de Carmen estaba bastante enfermo (murió al poco tiempo) y Carmen se quedó en Madrid destinada en los servicios municipales de distribución de las cartillas de racionamiento. Al finalizar la guerra se le abrió un expediente de depuración por haber pertenecido a la FETE-UGT y, como a tantos otros, se le suspendió de empleo y sueldo indefinidamente. Al cabo de los años (1957), un poco antes de su jubilación, se revisó su expediente y fue readmitida como maestra nacional en el Colegio “Antonio Moreno Rosales” de la C/del Olmo, en Lavapiés.

  

Su hija Concha vivió con ella los momentos duros de la posguerra, asistiendo al juicio en el que la depuraron, al mismo tiempo que otras maestras (como Dª Flora Mateo) eran condenadas a muchos años de prisión. Vivió con ella la tristeza de ser alejada de la profesión que más quería. Concha opositó a Correos, como en su día hizo su padre, y de ese modo pudo costearse los estudios de Química en la Universidad. Ha desarrollado una carrera profesional brillante: fue la primera mujer profesora de investigación en Tecnologías del CSIC, donde ha desempeñado el cargo de Subdirectora y ha trabajado hasta su jubilación.  


José Marín Quesada

 

Marín Quesada fue otro de los maestros de la Paloma que sufrió injustamente los rigores de la represión franquista. Había nacido en Baena (Jaén) en 1889, e ingresó por concurso en la Paloma el 28 de junio de 1920 (hemos podido leer en el Archivo Histórico Municipal su expediente de oposición, con ejercicios de caligrafía, dibujo artístico, análisis gramatical y la defensa escrita y oral de un tema didáctico sobre mecánica).

 

En 1923 se afilió al Partido Socialista y a la UGT, donde militó activamente promoviendo la afiliación de profesores y empleados municipales. Dirigió por esa época el periódico “El obrero municipal”

 

Durante la guerra civil, después de recuperarse de las heridas sufridas en un accidente, es destinado al Colegio de la Paloma en Barcelona, donde permanece hasta el regreso de los niños a Madrid (julio de 1939). El 28 de agosto de ese mismo año es detenido y , posteriormente, sometido a consejo de guerra (Juzgado Militar Nº 24, sumario 45779), que fue sobreseído. Sale de la cárcel el 7 de noviembre de 1942 y se presenta en el Ayuntamiento de Madrid para “pasar” el inevitable proceso de depuración, del que no sale bien librado, a pesar de que varios funcionarios ya “rehabilitados”, especialmente Don José Garrido, lo avalan y defiende su trayectoria como profesional de la enseñanza. En los documentos de descargo (que también son públicos, como el resto de testimonios del expediente de depuración), José Marín no trata de disimular su filiación política con excusas, sino que defiende sus ideales socialistas con dignidad, y tal vez por eso el resultado del proceso es la suspensión de empleo y sueldo indefinida.

 

Después de ser depurado, José Marín consiguió trabajo en el Liceo Hispano (un colegio privado). En varias ocasiones presentó solicitudes de revisión de su expediente de depuración en el Ayuntamiento, que le fueron denegadas. No obstante, cuando cumplió la edad de jubilación (1975), consiguió el reconocimiento de los servicios prestados como maestro municipal. Murió el día 20 de agosto de 1980.

 

Ezequiel Solana Ramírez

El nombre de Ezequiel Solana figura en un legajo del Archivo Histórico del Ayuntamiento, como maestro director accidental del Colegio de la Paloma en el año 1911. Tal nombramiento entra en aparente colisión con el de Rafael Robles, que en ese momento desempeñaba ese cargo, a no ser que exista alguna circunstancia transitoria de la que no tenemos noticia. En cualquier caso, aunque su estancia en la Paloma no fuera larga, la importancia del personaje aconseja que lo incluyamos aquí.

Ezequiel Solana nació en Villarijo (Soria) el 10 de abril de 1863, y murió en Madrid  en 1931. Obtuvo el título de maestro en Soria y posteriormente estudió Filosofía y Letras, aunque siempre ejerció de maestro, primero en Calatayud, luego en Zaragoza y finalmente en Madrid, como maestro municipal, donde en 1910 fue pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios de la ILE para estudiar las escuelas bosque de Bruselas. 

En Madrid fundó el periódico y la editorial “El Magisterio Español”, a través de los cuales publicó infinidad de libros de texto y pedagógicos e influyó considerablemente en la educación española durante más de medio siglo.

Algunas de sus obras más conocidas: Cervantes educador (1900), Lecturas bíblicas, El trabajo manual en las escuelas primarias (1903), Curso completo de pedagogía (1920), Historia de la Pedagogía, Didáctica pedagógica, Vida y fortuna o el arte de vivir (1925), Las memorias de Pepito: cuartillas de un escolar, corregidas por su maestro (1926), Invenciones e inventores, Fábulas educativas, Lecturas de oro, Lecciones de cosas, Gramática, Aritmética, etc…

También publicó numerosos poemas en revistas y periódicos, algunos de las cuales figuran en el libro Alboradas (ramillete de poesías).

(Ahora además se le recuerda por ser el abuelo de Javier Solana Madariaga).

Carlos Cerrillo Escobar

Es citado como maestro de la Paloma en diversos periódicos de 1912 y 1913. Nació en Andújar (Jaén) y murió en Madrid el 30 de julio de 1914, a los cincuenta y tantos años, a consecuencia de una operación. En su tierra, durante los años 1898 y 1899, dirigió el “Ideal de Andújar”, de ideario republicano. En Madrid fue colaborador de la “Revista crítica”, que dirigía Carmen de Burgos (Colombine), y redactor de la “Escuela Moderna”. Como traductor del francés se le conocen algunos libros: Ensayos de crítica y de historia, de Hippolyte Taine; La democracia en América, de Tocqueville; Historia de la ciencia política en sus relaciones con la moral, de Paul Janet; Leyes psicológicas de la evolución de los pueblos, de Gustave Le Bon.
 
Como poeta publicó un  único libro titulado Adelante (1901), aunque nos consta que intentó publicar algunos más.

Frecuentó las tertulias literarias de la época, especialmente la que animaba Rafael Cansinos Asséns en “El Colonial”.  En el libro de Cansinos Las hogueras del mirto podemos leer:

 (A Carlos Cerrillo Escobar, a quien más de una vez he oído suspirar 
tras de las mujeres fugitivas)
 Alef     

     Como el que se sustrae a la atracción del vaso lleno y a la fascinación de la última 
carta y, aun andando hacia adelante, tuerce su cuello hacia detrás, así en la hora del 
crepúsculo, me sustraigo al hechizo maligno de las calles.
     Como el que arrastra un fardo inerte, así reuniendo toda mi voluntad, cargo con mi 
cuerpo rendido y lo traigo hasta la casa; y bajo la lámpara, en el sitio más cómodo, le
obligo a sentarse, y a gustar la calma del crepúsculo.
     Pero en la calma del crepúsculo y en el silencio de la estancia, mi corazón inquieto 
como el de un jugador, trepida sordamente, y un anhelo inextinguible como la sed del 
borracho se eleva de él hasta vosotras, ¡oh mujeres desconocidas!

Pero el homenaje más impresionante que Cansinos hizo a su infortunado amigo se encuentra en La novela de un literato, en la entrada titulada “El vertedero”, que te invitamos a leer.

León Vega Huécar

El nombre de León Vega aparece por primera vez en la prensa como maestro de la Paloma el año 1913, en un artículo de El Globo, y luego se repite continuamente hasta el año 1925. En el Imparcial del día 1 de septiembre de 1915 hay un extenso artículo dedicado al Asilo de la Paloma, donde se puede leer lo siguiente:


…¡Y ve, lector, lo que son los caprichos de la fortuna, los vaivenes de la vida y las crueldades de la adversidad! En ese mismo asilo que dirige Pablo Becerra desempeña hoy una modestísima plaza de profesor un hombre que en la época a que me refiero era conocido en el mundo político y periodístico; era un escritor notable y un periodista batallador. Dirigió “La Justicia”, órgano de Salmerón. Llamábase León Vega, y digo llamábase porque allí vive olvidado de todos, hasta de sus propios correligionarios, nadie sabe que existe. Fue un nombre que se hundió para siempre al morir el republicanismo salmeroniano…


Salvando la efectista presentación del periodista de entonces (Alfredo Rivera), hemos de decir que, efectivamente, el digno maestro de la Paloma León Vega fue, durante más de dos décadas, un intelectual y activista republicano de gran prestigio, conferenciante infatigable y periodista combativo.  Dirigió el diario republicano “La Justicia” hasta 1897 y estuvo una temporada en la cárcel por un artículo donde denunciaba un fraude en la recluta del ejército.  Los últimos años anteriores a la muerte de Salmerón (murió en 1908) fue su secretario. Luego se dedicó casi exclusivamente a la docencia.


En su expediente personal consta que se incorporó a su plaza de la Paloma el 26 de diciembre de 1911 y se jubiló el 4 de marzo de 1932.  Poco más tarde se casó por segunda vez y murió a los pocos días. En el Boletín de la Asociación de exalumnos del Colegio de la Paloma, de marzo de 1933, hay un artículo en su memoria, escrito nada menos que por D. Alberto Aguilera y Arjona.


León vega escribió innumerables artículos como periodista, entre ellos algunos dedicados a la temática educativa, como por ejemplo “La educación nacional”, La Justicia, 18-11-1890. Hemos encontrado dos libros “políticos” de León Vega: “El problema de España”, Editorial Cosmópolis, 1904, y“Homenaje a la memoria de Nicolás Salmerón”. También un libro escolar:“Apuntes de Historia”, 1931, editado por el Instituto Samper, y una traducción suya de una novela romántica de la época: “Léa. Las vírgenes fuertes”, de Marcel Prevost, Ed. Luis Michaud, 1910.


Mateo Hernández Barroso


Hernández Barroso fue uno de los alumnos más brillantes del colegio de San Ildefonso, otro de los asilos del Ayuntamiento de Madrid, sobradamente conocido por su intervención en los sorteos de la lotería de Navidad. Huérfano de padre y madre, a los 14 años se le concedió una beca extraordinaria para que estudiara telegrafía (1887-6-27-La Correspondencia de España), y dos años más tarde ingresó en el cuerpo de Telégrafos, donde progresó rápidamente. A partir de 1901 compatibilizó su trabajo de Oficial Técnico de Telégrafos con el puesto de profesor de Telegrafía y Electricidad Práctica en San Ildefonso, hasta que en el año 1908 fue trasladado a San Bernardino, y en 1910 a La Paloma, como profesor de francés, donde permaneció hasta 1936. 


De espíritu inquieto, estudió de forma autodidacta todo tipo de materias (cultura clásica, idiomas, música, filosofía, antropología, historia, literatura, matemáticas…). Ejerció de crítico musical en el diario “La Libertad”,  tradujo algunos libros y escribió otros, al tiempo que frecuentaba los principales cafés literarios de Madrid, como el Regina y el Nuevo Levante, en cuya tertulia trabó amistad con Valle Inclán.

En 1931 fue nombrado Director General de Telecomunicaciones. Después de la guerra civil se exilió a México, donde murió en 1962.


Obras originales: La IX Sinfonía de Beethoven (1912), Cables submarinos: guía para el cálculo y especificación de sus características  (1918), Prácticas de manejo de aparatos, El oso y el madroño (1954), Mitología latina (1954) yAbraham Lincoln (1958).

Traducciones: Bethoven (R. Rolland), El Mundo de Odiseo (M.I. Finley),  El pensamiento de Sócrates (Alfred, Edward), Mundos africanos (Daryll Forde y otros), Historia de la física (Jeans James), El hombre y sus obras (Herskovits Melville).


Justo Fernández García


Aunque el padre agustino Justo Fernández estuvo en la Paloma escasamente 3 años, la singularidad del personaje hace que le dediquemos un espacio particular. 


Nació D. Justo en Palencia el año 1863 y, además de los estudios eclesiásticos, cursó la licenciatura de Ciencias físico-químicas. Durante años fue profesor y subdirector en el colegio del monasterio de El Escorial, donde enseñó ciencias y publicó numerosos artículos científicos y técnicos: Historia de la física antigua y moderna, Las máquinas agrícolas, La electricidad y el magnetismo, La máquina de vapor, La telegrafía sin hilos, etcétera, así como un popular devocionario titulado Luz y amor. Por sus trabajos científico-teológicos aparece citado en Hombres y documentos de la filosofía española, de Gonzalo Díaz, CSIC, 1980, y en Mathematical Reviews, 2003.


También publicó tres libros escolares: Tratado de Religión, 1918; Nociones de Historia Sagrada, 1922, y Nociones de Religión y Moral, 1928. 


El año 1918 ganó por oposición la plaza de Rector del Colegio Municipal de San Ildefonso, donde ejerció hasta que en 1921 fue trasladado al Colegio de la Paloma, por razones que no constan en los documentos que hemos consultado en el Archivo Municipal. Dicho traslado se hizo permutando con Saturnino Herranz, anciano capellán de la Paloma desde los comienzos, que murió casi de inmediato. Pero Justo Fernández no se conformó con lo que consideraba una degradación, así que interpuso recurso y, al serle desestimado, lo elevó al Ministerio de la Gobernación, hasta que lo ganó y fue restituido en su puesto de San Ildefonso. 


Antes de la guerra civil fue cesado. Después, en 1940, es nombrado Director Espiritual de los Colegios Municipales de Nuestra Señora de la Paloma y San Ildefonso, cargo que ejerce durante 3 meses hasta su jubilación. 


Federico de la Fuente y Herrera


Con Federico de la Fuente nos tropezamos rápidamente en Internet, como Catedrático de la Escuela de Artes  e Industrias y vocal de la primera junta directiva de la Real Sociedad Española de Física y Química, fundada en 1903 bajo la presidencia de José de Echegaray Eizaguirre. Y también como creador, con Augusto Krahe y Francisco Granadino, de la revista "Madrid Científico", que empezó a editarse a finales del XIX y duró hasta el principio de la guerra civil. 


Federico de la Fuente era profesor de la Escuela de Artes y Oficios y del colegio de San Ildefonso desde 1904, ocupándose en éste último de la jefatura de los talleres y de la enseñanza de Aplicaciones de la Electricidad, cargo que siguió desempeñando al ser trasladado a los talleres del Asilo de San Bernardino (en 1908) y luego a los de la Paloma (1910). En las Escuelas de Artes y Oficios impulsó la renovación de las enseñanzas técnicas, cuando estaban casi reducidas a la enseñanza del dibujo. En las Escuelas y Talleres del Colegio de la Paloma, por el contrario, propugnaba el complemento teórico de Matemáticas, Física y Dibujo que consideraba necesario para los aprendices de los talleres. 


Fue pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios (curso 1908), y posteriormente Consejero de Instrucción Pública. 


Escribió artículos técnicos y pedagógicos, como por ejemplo Las escuelas de trabajo, publicado en Anales de la SEFQ, o Fraude en los contadores eléctricos, publicado en el Nº 587 de "Madrid Científico". Fue autor de los libros Geografía industrial general de Europa (1902) y La energía hidroeléctrica en España (1918), así como de numerosas traducciones: Los acumuladores eléctricos, de J.M. Mompellier, Tratado elemental de mecánica, de Geeorges Maneuvrier, etcétera.


De la Fuente había nacido en Bilbao, el año 1866, y se jubiló el 24 de marzo de 1936, con 32 años de servicio.


José Antonio Álvarez Cantos


Cuando se jubiló Federico Gassola, el puesto de profesor de música y director provisional de la Banda de la Paloma fue ocupado por Félix Iglesias Cantero, músico de la Banda de Alabarderos, que había estudiado con Gassola en San Bernardino, donde estuvo asilado. Pero una vez convocado el concurso para cubrir la plaza de titular, Álvarez Cantos la ganó y la ocupó en enero de 1935. 


En ese momento, con 37 años, Álvarez Cantos ya era un músico de cierto renombre, pianista, director de orquesta y compositor con obras como el poema sinfónico La romería del amor, la zarzuela El pinar, y numerosas pieza de música ligera, pasodobles, etcétera. También era conocido como autor de la letra de Suspiros de España. Y estaba encargado de la programación y dirección en directo de toda la música que se emitía en Unión Radio, la principal emisora de la época en Madrid (Enciclopedia Espasa).


Durante la guerra civil, con la Banda de la Paloma disuelta por motivos obvios, Álvarez Cantos estuvo en Barcelona, tras ser nombrado subdirector de la Orquesta Nacional, y allí fue movilizado en 1939. Su mujer murió en un accidente de automóvil y él, tras dejar "colocados" a sus hijos, cruzó la frontera con Francia. Allí fue recluido en un campo de concentración, de donde logró salir por influencia de un inglés, el Sr. Foster, en cuyo castillo de Saint-Papoul (en Aude) se alojó durante unos meses, antes de regresar a Logroño en busca de sus hijos. Entonces fue detenido año y medio y sometido a consejo de guerra, del que salió absuelto, aunque no tuvo tanta suerte con el expediente de depuración: No consiguió su readmisión hasta el año 1957, con inhabilitación para cargos de confianza y destino en el Grupo Escolar "San Eugenio y San Isidro", como profesor de música.


Murió en Madrid, donde había nacido, el 11 de abril de 1964.



Los directores Eduardo Cantó Rancaño y Aurelio Rodríguez Charentón


Después de la muerte en 1915 del primer director de la Paloma, Pablo Becerra,  la dirección del Colegio quedó a cargo de Emilio Fernández Cano hasta el año 1921. Luego le siguieron Luís Blasco Sasera hasta 192--, Ángel Barranco Estéfani hasta 1932 y Rafael Escribano Gainza hasta el 17 de septiembre de 1934. Todos ellos eran altos funcionarios administrativos del Ayuntamiento de Madrid.


A partir de entonces comienza una etapa de mucha inestabilidad en lo que se refiere a la dirección del centro, como consecuencia de los avatares políticos de esos años. En el Ayuntamiento se impone la idea de que el Director ha de ser maestro, mejor que funcionario administrativo. De ese modo es nombrado el maestro Manuel Arias Muñoz, de ideología socialista, que dura en el cargo escasamente un mes, pues es cesado a consecuencia del reflejo que tuvieron en la Paloma los movimientos revolucionarios de octubre de 1934 (varios profesores de taller sufrieron traslado forzoso a los talleres generales). En el Ayuntamiento se impone de nuevo una linea dura y es nombrado Educardo Cantó Rancaño, maestro del Grupo Escolar "Andrés Manjón", de ideología conservadora. Finalmente, el 26 de julio de 1936, tras el triunfo del Frente Popular, es nombrado director Aurelio Rodríguez Charentón, maestro destinado en la Paloma desde 1924, señalado posteriormente como izquierdista por Cantó en su expediente de depuración.


Sin embargo, lo que más nos importa ahora de Rodríguez Charentón es su reconocido prestigio como profesor y pedagogo.  En la fecha en que fue nombrado, poseía un considerable expediente como profesor numerario de Matemáticas de la Escuela Normal de La Laguna, como pensionado de la JAE para estudiar la enseñanza de las Ciencias en Francia, Bélgica y Suiza y, sobre todo, como autor de libros de texto de amplia difusión, tales como: Las ciencias en la escuela, El microscopio en la escuela, La moral en la vida, Metodología de los problemas, Lecciones de cálculo, Mi libro de geografía económica, Mi libro de geografía física y Mi libro de geografía humana.Todos ellos, sea por su enfoque renovador o por la ideología de su autor, fueron prohibidos por el Régimen de Franco.


Rodríguez Charentón dirigía el centro el 18 de julio de 1936, y a él le tocó organizar y realizar la evacuación a Barcelona en noviembre del 36. Allí estuvo con su familia hasta el día 21 de mayo de 1937, en que fue cesado. Le sustituyó Quintín Menac Valdivieso, otro antiguo maestro de la Paloma, hasta 15 de marzo de 1938. A partir de ahí José Garrido Casanova, que en todo momento permaneció desplazado en Barcelona, se hace cargo de la dirección y posteriormente del regreso a Madrid.


Mientras tanto, Cantó Rancaño estuvo refugiado en la Embajada de Chile. Después fue nombrado director del nuevo internado de la Paloma de la calle Tabernillas, y tuvo un importante papel en los procesos de depuración. Pocos años más tarde llegó a desempeñar el cargo de director General de Enseñanza Primaria, durante la etapa de Joaquín Ruiz Jiménez en el Ministerio de Educación, y compró a la familia Solana la mitad de la Editorial Magisterio Español.


Eduardo Molina y Martín


Con Tebar, Gassola y Hernández Barroso, Eduardo Molina fue uno de los profesores que estuvieron en la Paloma muchos años, desde su fundación. Molina era profesor de Gimnasia, y se encargaba además de organizar las demostraciones deportivas abiertas al público en los campos deportivos del centro,  o en eventos oficiales que periódicamente se realizaban en el campo del Racing o en el Retiro, presididos a veces por el Rey Alfonso XIII. Eduardo Molina se jubiló en enero del año 1938, al cumplir 70 años de edad. 


Al igual que otros profesores de la Paloma de aquella época, Molina estaba pluriempleado, simultaneaba su trabajo en la Paloma con el puesto de director de la Escuela Municipal de Sordomudos y Ciegos, en el cual se distinguió como un importante renovador de ese tipo especial de enseñanza. Inventó un aparato para facilitar a los alumnos ciegos el aprendizaje de la escritura y dedicó más de 12 años a organizar una Biblioteca Cervantina en Braile, con más de 400 títulos de autores en castellano, que fue expuesta con gran eco de prensa en la Biblioteca Nacional el 23 de abril de 1916. Fue presidente de la Asociación Nacional de Profesores de Sordomudos, Ciegos y Anormales, y escribió el libro La enseñanza de sordomudos y ciegos (1904).


Julio Noguera López


Aunque del periodista y maestro Julio Noguera no hemos encontrado su expediente personal completo en los archivos municipales, nos consta, por noticias de prensa y por algunos documentos aislados que hemos consultado, que antes del 1926 estaba destinado en la Paloma como maestro, y que el 7 de julio de ese año le fue concedida una licencia especial para atender el gabinete de diagnóstico de anormales de la Ciudad Infantil, a petición de su director Ignacio Bauer Landauer. En varias revistas especializadas publicó algunos artículos sobre la educación de los "anormales". 


También escribió los libros Noche en la Alhambra y El maestro de Ruzafa, la última víctima de la Inquisición, 1932. Fue miembro del Consejo Superior de Protección a la Infancia, fundador de la "Sociedad de Amigos del Niño" (a la que también Samper pertenecía) y Secretario del Ateneo. 


Como periodista se pueden encontrar infinidad de artículos suyos en "La Correspondencia Militar", de la que era redactor, sobre todo entre los años 1926 y 1930. Tenía Noguera en este diario (que a pesar de su nombre era de temática general) un espacio fijo, dedicado en numerosas ocasiones a temas relacionados con los problemas de la educación.


Como Secretario del Ateneo podemos verlo interviniendo como ponente de un "curso de política social", en un reportaje gráfico titulado el Ateneo de Madrid abierto a los obreros, publicado en la revista Estampa del 31 de julio de 1937.



Y muchos más de los que apenas tenemos información:


Maestros: Julio Aumente, José Cantos López, Enrique Celma, Blas Ceferino Colmenarejo, Enrique Coloma, Manuel Díaz Garrido, José Ferrer Forner, Manuel García Benito, Consolación García González, Eladia García-Becerra, Manuel Garrido Casado, José Garrido Gallego, Inocencia González, Valentín González Parreño, Feliciano Gonzalo Gonzalo, Francisco Ibáñez Córdoba, Ramón Juan Bernabeu, Inocencio López Aller, María del Camino Martí Martínez, Aniceto Manuel Mena, Fernando Menéndez Martínez, Ramón Remojano, Luis Renedo y Lizardi, Manuela Rodríguez Mantecón, Ramón rosas Zafrilla, Gregorio Ruiz de Ayala Frasqueta, Mercedes Ruiz Sanz, Balbina Ruiz Victoria, Isidro Sarciada Abad, Alejandro Vicente Sanz, Ricardo Zarzuelo Espinel...


Profesores especiales y de talleres: Rafael de Cueto (Taquigrafía), Lucio Garro Álvarez (Carpintería), José González Rubiales (Sastrería), Antonio Grandas Díaz (Caligrafía, calígrafo de la Casa Real), Julio Gujel Watteler (Taquigrafía), Hernández Zibar, Héctor Kummer y Lolli (Inglés y Alemán), Pascual López Aguado (Electricidad), Matías Fernando Moreno Martín (Carpintería), Pedro Mariano Muela y Martínez (Electricidad), Luis de Porras y Martínez de Velasco (Pintura), Gil Sáiz y Gil (Dibujo y Caligrafía), Sastre Ruiz, Balbuena (Caligrafía)...