Malagón y Sánchez Silva


Domingo Malagón nació en Madrid el 28 de noviembre de 1916. Hijo de un humilde forjador, quedó huérfano de padre a los dos años de edad, y a los cinco su madre, que trabajaba de asistenta, tuvo que ingresarlo en el asilo de El Pardo. Dos años después, gracias a la recomendación de un conde, en cuya casa ella servía, fue trasladado al Colegio-asilo de la Paloma, donde el chico permaneció más de diez años.

 

    Malagón es  conocido actualmente por haber aplicado sus dotes como pintor a una tarea política: La falsificación de todo tipo de documentos (pasaportes, carnets de identidad, sellos de correos, tampones, salvoconductos, etc), en apoyo de las actividades clandestinas del Partido Comunista de España (PCE) durante la dictadura de Franco.

    Hace unos cuantos años Malagón escribió un libro de memorias: “Autobiografía de un falsificador”, publicado en la editorial El Viejo Topo. Todo el libro, desde la primera a la última página, es muy interesante. Pero para nosotros los tres primeros capítulos constituyen, además, una fuente de información inestimable.  

    Cuenta Malagón que, después de haberlo pasado bastante mal en el Asilo de El Pardo, vivió su entrada en la Paloma como una mejora, que atribuye fundamentalmente a la presencia de las monjas y a la influencia de excelentes profesores.  Entre jugosas anécdotas, Malagón va describiendo su vida en la Paloma. Los juegos, los castigos, los trabajos en los talleres; las actividades deportivas, artísticas y culturales (música, excursiones, periódico escolar, teatro), las exposiciones de trabajos en el Salón de Cristales del Ayuntamiento. La epidemia de tiña de 1929, que dejó la secuela de casi 200 niños calvos para toda la vida –uno de ellos el mismo Malagón-, gracias a un novedoso tratamiento con rayos ultravioleta que experimentaron con ellos. 

    Las novedades  pedagógicas y de alimentación que se producen con la llegada de la República en 1931; la marcha de las monjas y sus sustitución por personal civil, así como la de los terribles celadores por “normalistas” (estudiantes de Magisterio); el regreso de las monjas en el 35 (con el gobierno de la CEDA) y su salida definitiva en febrero del 36 (gobierno del Partido Popular). Las visitas de personajes insignes, como la Reina Victoria Eugenia en 1928, o en 1931 Dolores Ibarruri “La pasionaria”)…

    Malagón habla de algunos profesores: José Urea Gallardo, profesor de dibujo y pintura y librepensador, que influyó mucho en su vocación como pintor; José Garrido, maestro de primaria, que le empujó en la misma dirección;  Jacinto Higueras, profesor de escultura y artista de renombre. También habla de otros a los que no pone nombre, pero a quienes considera igualmente “especiales”, como por ejemplo los profesores de carpintería y mecánica, o el de caligrafía, que era el calígrafo de la Casa Real. Y cita a los directores sucesivos de la Paloma en esa época, Rafael EscribanoEduardo Álvarez Cantó yCarmen de Castro.

    Como otros muchos internos, a partir de los 16 años Malagón completó el aprendizaje que había recibido en la Paloma asistiendo a escuelas externas, en su caso los estudios de Bellas Artes en la Academia de San Fernando, donde tomó contacto con la Federación Universitaria de Estudiantes (FUE). Cuando cumplió los 18, el director Álvarez Cantó permitió que siguiera alojado en la Paloma, a condición de que diera clases de Dibujo a los alumnos de bachillerato, estudios recientemente incorporados a las enseñanzas del Colegio.   

    La sublevación del General Franco impidió que acabara la carrera. Con otros muchos compañeros de La Paloma, se incorporó al V Regimiento de Milicias Populares, en la 8ª Compañía de Acero. En diciembre de 1936, junto a otros "Palomos" ingresó en el Partido Comunista de España. En el 38 participó en los combates del Segre, y a mediados de febrero del 39 cruzó la frontera con Francia. Estuvo internado en el campo de refugiados de Barcarés, y después en el de Saint Cyprien, de donde se escapó.

    En Perpignán vivió durante todo el exilio, ejerciendo el oficio de fotógrafo y su militancia comunista. De forma totalmente oculta, sin que ni siquiera su propia familia lo sospechara, ejerció también su ocupación más importante: la falsificación de documentos para todos los compañeros que tenían que pasar a España. Años más tarde, Santiago Carrillo dijo de él que, si alguien había imprescindible en el PCE, era sin duda Domingo Malagón.

  
    Al regresar a Madrid, ladirección del PCE le encargó la organización del Archivo Histórico del Partido. Desde 1985, al jubilarse, se dedica a lo que más le gusta, pintar. 

    Aunque de pasada, Malagón también cuenta en su libro que coincidió en la Paloma con otro alumno que luego, siguiendo una trayectoria política y humana diferente,  fue un personaje muy conocido. De él hay en Internet numerosas biografías. Copiamos a continuación de Wikipedia:

     José María Sánchez-Silva y García-Morales fue un escritor español nacido en 1911 en Madrid y fallecido en el 2002. Famoso como escritor para público infantil, es el único español que ha obtenido el premio Andersen.

   Su padre era un periodista próximo al anarquismo, que escribía en la revista La Tierra y que se hubo de exiliar en 1939. Pero ya muchos años antes la familia había quedado desestructurada y el hijo (Sánchez-Silva) apenas convivió con su padre; en algunos momentos fue prácticamente un niño vagabundo. Ingresó en instituciones para huérfanos y niños en situación precaria como la madrileña Escuela de La Paloma (dependiente del Ayuntamiento de Madrid). En esas instalaciones para menores aprendió mecanografía y taquigrafía, con lo que consiguió un cargo de taquígrafo en el Ayuntamiento de Madrid.

    En 1934 publicó su primer libro El hombre de la Bufanda. Durante la Guerra Civil permaneció enzona republicana, en Madrid, colaborando con las actividades de la Falange clandestina hasta el mismo momento de la entrada de las tropas franquistas en la ciudad. En 1939 comenzó a trabajar como periodista en el diario Arriba, donde llegó a subdirector, y además colaboró con el diario El Pueblo. 

    José María Sánchez Silva consiguió su fama a raíz del relato Marcelino pan y vino, que fue llevadoal cine por Ladislao Vajda, y se convirtió en uno de los grandes éxitos del cine español a nivel internacional. Además del mencionado premio Andersen que recibió en 1968, obtuvo el premio nacional de literatura en 1957. Después del éxito del relato de Marcelino, volvió a retomar el personaje en Historias menores de Marcelino Pan y Vino y Aventuras en el cielo de Marcelino Pan y Vino. Además escribió Memorias de un niño de la calle, ¡Adiós, Josefina! y Ladis un gran pequeño que tuvo sus secuelas en Cosas de ratones y conejos. Junto con José Luis Sáenz de Heredia fue autor del guión de la película Franco, ese hombre, una biografía en que colaboró el mismo dictador y que contó con el beneplácito de éste.  

    En un número de Blanco y Negro de 1959 hemos encontrado un extenso reportaje que el periodista Adolfo Prego dedicó a Sánchez Silva. Entresacamos a continuación un par de párrafos:

    El paso de la soledad a la compañía está marcado por un nombre: el Asilo de El Pardo. Luego, el Asilo de Alcalá. Y, finalmente, el Asilo Municipal de la Paloma. Hay algo que aquí puede y debe decirse. Las instituciones escolares y benéficas del Ayuntamiento de Madrid han conseguido un nivel de cordialidad, de dignidad social y de eficacia pedagógica muy superior a lo corriente. Un niño que no tiene padres que se ocupen de él, ni familia que lo instale en un clima de afecto, padecerá siempre ese tremendo déficit de cariño. Pero las instituciones benéficas logran en ocasiones perder su frialdad y parecerse algo a lo que es un verdadero hogar. En el colegio de la paloma el “nuevo” encontró lo que hasta entonces no había tenido. Aquello “funcionaba”. Los años de callejeo y abandono no habían hecho mella en él. Sabía leer y escribir, estaba bien “educado”, algo que parece milagroso y que, desde luego, resulta emocionante.

    -A mí me ayudaron mucho –dice Sánchez Silva. 

    Me quedo asombrado.

    Desde el colegio de la Paloma, José María entró en una vía normal. Aprendió taquigrafía y mecanografía, completó su preparación cultural y entró en el Municipiocomo temporero, en la asesoría jurídica que entonces dirigía el Sr. Llovet…

    Luego Sánchez Silva cuenta que estuvo en la Paloma hasta después de cumplir los 18 años, y que lo que cobraba en el Ayuntamiento, salvo un duro que le daban para sus gastos, el Colegio se lo ingresaba en una cartilla de ahorros. Y que fue en la Paloma, mientras jugaba al fútbol, donde conoció a su esposa, una prima suya que había venido del pueblo para hacerle una visita, de la que se enamoró de inmediato…

    adimos, finalmente, otro párrafo de la pluma del propio Sánchez Silva, copiado de uno los numerosos artículos que escribió en el diario Arriba, titulado “Carta a todos los maestros de España”:

    Un antiguo niño, sin bachillerato ni universidad, quiere daros hoy las gracias porque vosotros le abristeis todos los caminos que luego anduvo. Vosotros le enseñasteis a amar a Don Quijote, a conocer a Robinson, a maravillarse con Gulliver y con Andersen. ¡Gracias! Yo sé que sois pobres; pero vosotros debéis saber que, sin ser pobres, jamás podríais hacer la obra que hacéis.