CAPITULO 7.- Multiverso


 

MULTIVERSO

Universos paralelos

Teoría del Punto Omega

Agujeros de gusano

MULTIVERSO

Cada instante de tiempo en el Cosmos se desarrolla en función de un número finito de posibilidades. Esto significa que si en un instante de mi vida estoy a punto de comerme una cucharada de sopa en un restaurante, en el siguiente instante no voy a estar montado en una montaña rusa en Florida, pero si que es posible que en el siguiente instante no tome mi sopa por que me viene un golpe de tos repentino. Al considerar un instante de tiempo y todas las posibilidades de su realización, el siguiente instante de tiempo estará formado por el desarrollo de esas posibilidades (no de todas, sino las más posibles). El tiempo es la realización consecutiva de las posibilidades de cada instante (ver Capítulo5, Tiempo y Espacio). Si consideramos un nuevo plano del universo o quinta dimensión, de la cual el tiempo sólo es una línea, en cada punto de esa línea quedan muchísimas posibilidades sin realizarse, pero existen como posibilidades. Por tanto, este plano o quinta dimensión está formado por incontables líneas de tiempo y sus posibilidades asociadas realizadas (causas y efectos incluidos y, por tanto, todo lo que existe en el Cosmos) y aquellas no realizadas, pero que se realizarán. A esta quinta dimensión la podemos llamar Eternidad, por contener al conjunto de líneas del tiempo y las posibilidades realizadas y por realizar. Pero en cada corte de dicho plano existen puntos de las líneas del tiempo en los que se realizan unas posibilidades y otras muchas quedan sin materializarse en ese plano por tener menor posibilidad de realización. Esto no impide que se materialicen en otra dimensión, y si así fuera, en cada punto de cada línea del tiempo se cortarían tantas líneas (fuera del plano de la Eternidad o quinta dimensión y en dirección radial respecto al punto intersección) como posibilidades a realizar. Así surge un conjunto hexadimensional, que incorporaría a la sexta dimensión, en la cual se realizan todas las posibilidades de cada instante de cada una de las líneas del tiempo, y sería el conjunto de todas las eternidades posibles, o la Realidad. De este modo, todas las posibilidades se realizarían dentro de este conjunto de dimensiones y se verificaría que no existe nada inútil en el Cosmos. Si, además, se pudiera imaginar que este complejo hexadimensional fuera capaz de evolucionar de algún modo, esa evolución sería la séptima dimensión, más allá de lo cual puede que sólo exista la repetición de las siete dimensiones sobre sí mismas en otra escala: el Multiverso. Al menos así creen algunos científicos, filósofos y gnósticos.

En el transcurso de cada una de las posibles secciones de ese conjunto de siete dimensiones, el ser humano desarrolla sus propias posibilidades. ¿Hasta qué punto tenemos la capacidad de elegir las posibilidades que deseamos realizar? ¿No será que las posibilidades nos envuelven y que la Providencia o el designio cósmico son los que mueven nuestros hilos, manteniéndonos en un autoengaño complaciente en el que creemos que somos los dueños de nuestros actos? Tal vez lleguemos a ser dueños de nuestros actos si nuestra consciencia llega un día a abarcar todas las dimensiones donde se realizan las posibilidades... todas las posibilidades. Conscientes en el Multiverso.

Universos paralelos

En el experimento de múltiples ranuras por las que se hace pasar (consultar Cap.2, “La estructura de la realidad”, David Deutsch), y cuyas conclusiones vamos a resumir a continuación, se deduce que la interferencia cuántica en los fotones puede llevarnos a pensar en la existencia de universos paralelos y explicar así la teoría del Multiverso. En el experimento de interferencia, cuando un solo fotón circula por el dispositivo de las ranuras sucede que:

    • el fotón pasa por una de las ranuras, y después “algo” interfiere con él y lo desvía dependiendo de la ranura que esté abierta

    • lo que interfiere al fotón ha pasado por alguna otra ranura distinta a la que ha atravesado el fotón

    • eso que interfiere al fotón se comporta exactamente como un fotón: viaja a la velocidad de la luz, se refracta al atravesar una lente, no atraviesa los objetos opacos

    • pero no puede ser visto, y veremos por qué...

Bien... ese “algo” que interfiere con nuestro fotón bala también es un fotón, aunque parece una clase de fotón “espectral”, pues no se puede ver, y sólo detectable por su interferencia con nuestro fotón visible. Debido a que aparecen diferentes resultados de interferencia según se dispongan las ranuras, se deduce que no existe un solo fotón espectral para cada fotón, sino que a cada fotón le acompaña un nube de fotones fantasmas, pertenecientes a sus respectivos universos. Tal nube está formada por un mínimo de 1012 fotones (cálculo aproximado de laboratorio) por cada fotón bala.

Así pues, mientras un fotón “real” pasa por una de las ranuras, por las otras pasan un número variable de fotones fantasmas. En realidad todos los fotones son “espectros” en todos los universos, excepto en el universo al que pertenecen, donde son detectables.

La interferencia cuántica no es propiedad exclusiva de los fotones, pues la teoría predecía lo que la experimentación ha demostrado: es una propiedad de todas las partículas. Es por ello que la realidad es más amplia de lo que aparenta, pues a cada partícula de nuestro universo tangible la rodea una nube de partículas pertenecientes a otros universos, y todo junto forma un único, y supuestamente homogéneo, conjunto de universos paralelos, diferentes entre sí en un solo fotón los más contiguos. Es un nuevo concepto para expresar el conjunto de la totalidad física, y se le llama Multiverso.

¿Por qué un objeto opaco afecta por igual a los fotones y a los fotones espectrales? Por que los fotones rebotan en átomos del objeto opaco, y los fotones fantasmas rebotan en los átomos fantasmas del objeto opaco. Entre universos muy cercanos, sólo el fenómeno de interferencia es capaz de causar cierta interacción entre partículas y partículas fantasmas. Aún así, el fenómeno de interferencia es débil y difícil de detectar, como ya predicen las leyes cuanto-mecánicas que definen la realidad, en particular:

    • cada partícula va acompañada de una nube de partículas que sólo pueden interferir entre ellas y con ninguna otra de ningún universo

    • la interferencia obliga a que las trayectorias seguidas por la partícula y su partícula de interferencia se separen para converger después

    • se debe producir la coincidencia temporal para que se produzca la interferencia, o esta no se producirá o será de menor intensidad

    • sólo se produce interferencia entre universos muy parecidos entre sí, como los que se diferencian en un fotón

El físico David Bohm ha trabajado en una teoría paralela en la que en lugar de usar una nube de fotones que acompaña al fotón bala del experimento, ha asociado una onda matemática al fotón de modo que obtiene los mismos resultados. Esta onda compañera está formada por conjuntos de complejas entidades matemáticas que comparten propiedades dentro del mismo grupo, pero las comparten de modo indirecto con los demás grupos, igual que ocurre con los fotones fantasmas. Cada grupo de entidades pertenece a un universo paralelo. Ya en 1957 Hugh Everett publicó su teoría de los universos múltiples, en la que las funciones de onda que se colapsan (ver Capítulo 5, Tiempo y espacio) lo hacen sin revelar todo su potencial en nuestro universo, por lo que el potencial restante debe existir o manifestarse en otros universos o dimensiones.

Desde luego podemos seguir opinando que debido a que no podemos ver esos otros universos, tampoco existen; pero eso sería como volver a la época en que la iglesia católica mataba a los astrónomos que defendían que la Tierra no era el centro de la Creación. No somos inquisidores y debemos abrir nuestra mente a los nuevos conceptos de la realidad. Del mismo modo que hoy en día rodeamos un planeta esférico con nuestros aviones en contra de las disposiciones de la Inquisición, en un futuro podríamos participar de nuevas realidades que parten de la interferencia de los fotones.

Para los cosmólogos, como Stephen Hawking, nuestro universo es el más probable o más estable de entre un mar infinito de universos burbuja, los cuales podrían estar conectados entre sí por una red infinita de agujeros de gusano de tamaño infinitesimal, cuyos efectos sumados serían responsables de la estabilidad del universo. Steven Weinberg llega a la conclusión, además, de que no existió un principio, sino una serie de Big Bangs consecutivos y cada vez de mayor energía, que aún continúan creando universos burbuja (según otros cosmólogos) sin cesar, dejando sin sentido el enigma de un antes o un después del universo: siempre se han creado universos por siempre. Weinberg cree además que muchos universos burbuja no han cuajado, es decir, sus componentes elementales (sean protones, fotones, quarks o cualquier sustrato característico) no han sido estables durante su evolución y por tanto no se han generado estructuras sobre las que se sustente una evolución posterior. Cada universo burbuja nace con un cúmulo de posibilidades, las cuales pueden quedar latentes, o bien desarrollarse, y en este caso último, cuajar con efectos viables de desarrollo o sucumbir ante un desmoronamiento caótico que resulta en un mar de neutrinos o quarks. La puesta en marcha de las constante físicas capaces de garantizar el desarrollo de un universo, pende de un finísimo hilo de estabilidad de energías en el momento del nacimiento del universo. Nuestro universo ha evolucionado entre una infinidad que han sucumbido, igual que el ser humano evoluciona como especie tras millones de fracasos en la evolución biológica terrestre. Cualquier variación en las energías del parto cósmico provoca que los constituyentes elementales del nuevo universo se desvíen ligeramente del punto que garantiza la estabilidad de dicho universo y sobrevenga el Caos. Y para cada universo sus condiciones serán diferentes, tanto para la estabilidad como para el derrumbamiento. Las constante físicas que garantizan el posterior desarrollo del universo y la aparición de la vida en él se encuentran escasamente entre las probabilidades de los infinitos universos burbuja. Pero una probabilidad escasa entre un número infinito puede significar una infinitud.

Ya vimos en Capítulo 5, Conceptos cuánticos, que el “vacío” no es tal, sino que es un burbujeo constante de pares de partículas virtuales, de corta vida, entre las fluctuaciones cuánticas. Y todo ese borboteo tan activo lleva asociadas unas energías calculables y de enorme cuantía; siendo que la energía y la masa son equivalentes, la actividad del “vacío” debería llevar asociadas unas fuerzas gravitatorias detectables, con la característica de que no varían con la distancia, por existir en todas partes: esto se parece bastante a la constante cosmológica, aquella que Einstein se vio obligado a incluir en sus ecuaciones y que él mismo catalogó como un error, un fallo de su teoría. Einstein asoció dicha constante con fuerzas de repulsión, aunque dicha constante puede ser positiva o negativa, por lo que las fuerzas asociadas pueden ser de atracción o repulsión. Los cálculos teóricos indican que la constante debería tener un valor muy grande. Las fuerzas ligadas a las fluctuaciones cuánticas del vacío deberían ser tan grandes que las dimensiones del universo no debían haber superado el tamaño de un átomo. Sin embargo, la constante cosmológica actualmente es un valor muy cercano a cero o las galaxias lejanas verían afectados sus movimientos. ¿Dónde se ha metido esa fuerza que al esconderse ha permitido a nuestro universo ser tal cual? Si suponemos que el burbujeo del “vacío” no es más que uno de los extremos de un agujero de gusano, de vida brevísima, a través del cual circulan o se intercambian energías que producen partículas virtuales en ambos extremos del agujero, desde nuestra perspectiva estaríamos viendo sólo un borboteo. Sydney Coleman calculó en 1988 que tal efecto sería capaz de cancelar la constante cosmológica en nuestro universo, siempre y cuando los otros universos fueran tan reales como el nuestro. Stephen Hawking añade que muchas de las propiedades de las partículas las adquieren en su viaje a través de agujeros de gusano entre universos, pues este viaje hace que las partículas al emerger o desaparecer en el agujero de gusano incrementan sus masas y sus cargas, cosa que no harían en caso de permanecer siempre en un mismo universo; además existen condicionantes en el viaje de partículas como los electrones, pues al perderse un electrón en un agujero de gusano y emerger a otro universo, el efecto provocaría que apareciera un electrón en el universo del que procedía el anterior, quedando ambos universos tal como estaban, habiendo intercambiado un electrón y, como todos los electrones son iguales, a nuestro ojos no ha ocurrido nada, todo sigue igual, cuando en realidad se está produciendo un vertiginoso intercambio entre universos, sin cesar.

Otro frente de estudio que presenta la teoría de los universos paralelos es el de la consciencia, es decir, si la consciencia también sufre la interferencia cuántica con consciencias de otros universos, si la consciencia es múltiple o única para el ser y todo lo que ello implica, y si la consciencia puede trasladarse de un universo a otro muy afín. Para los chamanes mejicanos cada mundo tiene un mundo complementario o paralelo en el que existen seres con consciencia pero sin organismo, seres que mantienen una relación estrecha con nuestro mundo real, pese a que su consciencia y la nuestra coexisten sin interferir, y esto ocurre en todo el universo según ellos explican. La falta de organismo de estos seres no les clasifica como entidades sin vida, sino todo lo contrario, pues la vida habita también en la consciencia. Para los chamanes, el paso de un organismo a través de la muerte es una experiencia de unificación de la consciencia de tal organismo con la consciencia de los seres sin organismo, el paso al “oscuro mar de la consciencia”. La muerte unifica consciencias, y el ser que ha dejado de estar aprisionado en un organismo adquiere nuevas cualidades que le permiten una experimentación a mayor velocidad, más libre y más cósmica. Según los chamanes, esta consciencia que se unifica cuando un ser vivo terrestre muere, tiene su matriz en el planeta Tierra y de él se sustenta, y se sirve de sus energías para tener experiencias de la vida orgánica sobre el planeta. También aseguran los chamanes que existen consciencias que vienen de todas partes del universo, a las que llaman “exploradores”, caracterizadas por ser rapidísimas y muy amplias, muy por encima de la consciencia del ser humano, aunque pueden llegar a aliarse con la consciencia de algún ser humano que esté capacitado para ello por condiciones muy especiales, pues esta alianza puede provocar efectos que superen lo soportable por la mente humana, como ocurre en casos de locura e incluso muerte del ser que intenta ser aliado. El consejo del chamán es que tomemos a esa consciencia aliada como una experiencia abstracta, en la que no nos esforzamos por interpretar su significado, simplemente nos empapamos de ella y dejamos que sus efectos hablen por sí mismos. De este modo nos mantenemos a salvo de la distorsión que nuestra mentalidad podría crear ante tan grandiosa experiencia. La consciencia queda atrapada por los planetas, deteniendo su viaje cósmico durante una breve eternidad, hasta que dicha consciencia es capaz de poseer voluntad propia. Ver Capítulo 1, La consciencia humana, para recordar conceptos y lo que se dice del “punto de encaje” detectado por los chamanes.

Teoría del Punto Omega

Imaginemos una máquina portentosa, controlada por dispositivos de enormes, casi ilimitados, niveles de cálculo y de representación de los resultados de estos, y que dedica todo su potencial a imitar a la realidad que conocemos. Es la máquina de realidad virtual más precisa que podamos imaginar. Esta super máquina imaginaria es capaz de fabricar un producto de tales características que a nuestros sentidos les resulta imposible distinguir la realidad material de la realidad simulada o virtual. Nuestra hipotética máquina es capaz de representar cualquier entorno físicamente posible con una precisión y exactitud fuera de límites. Es un generador de realidad virtual, según lo denominó Alan Turing cuando comenzó a imaginárselo, aprovechando la teoría clásica de la calculabilidad. Necesitamos que nuestra máquina posea una memoria ilimitada y una capacidad ilimitada de ejecución de cálculos. Por ello, nuestra máquina debe ser capaz de crecer según sus necesidades, es decir, debe ser capaz de usar los recursos del cosmos para ir incrementando sus capacidades. Por ello, para la máquina generadora de realidad virtual es muy importante saber si se encuentra en un universo finito o en un universo infinito. Si el universo es infinito, para el crecimiento de la máquina es cuestión de ir adaptándose a los recursos de modo que nunca se detenga el crecimiento de sus dispositivos. Si el universo es finito, habrá límites en su crecimiento por agotamiento de recursos, y no puede existir nuestro generador de realidad tal como se ha descrito. Esta máquina de realidad virtual podría ser el propio universo. Somos parte de la máquina.

Una máquina de estado finito sólo tiene una cantidad limitada, finita, de estados posibles, y para ella el tiempo consta de una sucesión de intervalos discretos, aunque el tiempo fluya de forma continua, pues su medidor de tiempo funciona de tal modo que capta intervalos discontinuos. El cerebro humano funciona de ese modo: la visión, como ejemplo más claro, y también el resto de los sentidos funcionan bajo la cadencia temporal: el ritmo temporal lo marca el intervalo que se emplea en procesar cada cambio, cada excitación. Eso es debido a que cada percepción debe ser reconocida, clasificada y memorizada en el cerebro, y esto no se produce instantáneamente. Por ello, entre percepción y percepción hay discontinuidad, y el cerebro produce la sensación de intervalos. En realidad todo es instantáneo, pero nuestro cerebro nos sumerge en la sensación temporal. Podríamos suponer que toda la realidad es instantánea y que nuestro cerebro escoge los instantes que dan sensación de cambio, por lo que no hay más que un presente eterno que salta de instantánea en instantánea forzado por nuestra estructura mental. Siendo el cerebro humano una máquina con un número finito de estados, se puede calcular su respuesta a modo de posibilidades finitas, ante un suceso temporal. Para un instante dado existirán un número finito de posibles respuestas o estados posibles. Ante la existencia de lo eterno, nuestro número limitado de estados posibles nos lleva de estado en estado, seleccionándolos en función de nuestras posibilidades, y eso nos da la sensación de movimiento y de flujo temporal, pero en realidad ni nos movemos ni transcurre el tiempo, sino que la consciencia fluye de un estado a otro, cruzando las instantáneas de millones de multiversos, a la velocidad de los fenómenos cuánticos.

En un universo infinito, aunque la máquina que hemos imaginado fuera creciendo sin trabas, encontraría el obstáculo de la velocidad de la luz en sus comunicaciones y en su expansión. Por ello, debe usar propiedades cuánticas de las partículas, como la propiedad del entrelazamiento (ver Capítulo 8, Compendio de Teorías, la Teoría cuántica) de las partículas elementales, así como otras propiedades aún no descubiertas que requerimos, como la propiedad que le impida a la máquina citada colapsarse por su propia gravedad al crecer infinitamente, y cuyo descubrimiento está en manos del estudio de la gravedad cuántica.

En universo finito, que es aparentemente y por lo que hoy podemos saber, la clase de universo que nos sostiene, tal como hemos dicho ya, los recursos serían limitados... o tal vez no. Las singularidades del universo, del estilo del Big Bang o el Big Crunch, son estados de alta concentración de materia y energía. Durante el colapso hacia el Big Crunch se producirían grandes deformaciones en el sentido de todos los ejes dimensionales, a modo de oscilaciones, cuya amplitud y frecuencia sería variable y en aumento hacia el gran colapso. No podría seguir existiendo más la materia en el estado en que la conocemos, desapareciendo hasta la más ínfima partícula existente, para dar lugar a energía pura, en cantidades no mensurables y cada vez mayores cuanto más cerca del punto final. Justo un instante antes de alcanzar la singularidad final, se podría disponer de suministro infinito de energía. En ese instante estaríamos en lo que Frank Tipler denomina Punto Omega. Con suministro infinito de energía, el número de pasos de cálculo y la capacidad de memoria son ilimitados. En estas condiciones de pura energía (condiciones desconocidas para el ser humano de hoy), nuestra máquina de realidad virtual no podría estar construida por materia (ya que todo es energía pura), sino de energía y sus fuerzas de interacción, incluida la gravedad. El soporte necesario para transportar y procesar la información de nuestra máquina virtual deberá ser a base de estructuras cuantogravitatorias. Dada la inestabilidad y violencia de las condiciones de un estado Big Crunch, el control del correcto orden necesario para realizar cálculos se debería enfrentar con las desviaciones del Caos exponencialmente creciente al acercarse al Punto Omega. Este control deberá ser capaz de realimentarse de las desviaciones y corregirlas hacia el desarrollo correcto para mantener la continuidad calculatoria. Frank Tipler intenta demostrar que este control deberá realizarse manipulando el campo gravitatorio de todo el conjunto. No existe una teoría cuántica de la gravedad para apoyarse en ella, pero debe existir un modo con el cual poder realizar el control de la gravedad total con el fin de garantizar la estabilidad de esta máquina. Para poder realizar este control será necesario la intervención de la inteligencia (el conocimiento), por lo que es necesario que esta sobreviva y lo haga indefinidamente. Tal vez ya podamos estar detectando incipientes puntos omega cuando son analizados los agujeros negros del espacio, ya que cada uno de ellos puede encontrarse en el estado del que estamos hablando: energía pura en equilibrio inestable. Por que el Universo evoluciona de forma caótica tanto en los agujeros negros, como a nivel de sistemas solares o a nivel de agrupamientos de galaxias. Unos seres suficientemente inteligentes podrían controlar estas inestabilidades en su provecho propio. La vida inteligente es una variable en la ecuación del caos universal, variables que al intervenir puede cambiar el curso de los acontecimientos, pues obtienen orden dentro del desorden. E incluso la vida está sometida a la mecánica cuántica, por lo que la ecuación del universo se puede explicar con las mismas leyes que la de las partículas, exceptuando la posible intervención de dimensiones aún desconocidas para nosotros.

El conocimiento, pues, parece ser el fundamento de un generador universal de realidad virtual. El desarrollo de conocimiento parece ser la garantía del futuro de la estructura unificada de la realidad. Pero en las cercanías del Punto Omega será necesario una capacidad de desarrollo de conocimiento que tienda al infinito en un tiempo finito, pues transcurridos unos instantes todo habrá desaparecido vaporizado. Pero la duración subjetiva de una experiencia, hablando de realidad virtual, no es directamente proporcional al tiempo transcurrido, sino al número de pasos de cálculos contenidos por unidad de tiempo. Si existen infinitos pasos de calculo por unidad de tiempo, existen infinitas posibilidades de pensamiento virtual, e infinitas posibilidades de que este se desarrolle en infinitos entornos, no llegando nunca al final de su desarrollo, pues por cada instante restante hacia la vaporización, más infinitud de cálculos podrán ser realizados, hasta el infinito. Puesto que el tiempo es una falsa percepción de nuestra limitada mente, la máquina de realidad virtual deberá construirse de modo que no esté bajo la limitación temporal, los pensamientos o experiencias se podrán rodear de cualquier ambiente de realidad virtual y permanecer en él tanto tiempo como deseen, tanto más cuanto más se acerquen los instantes del fin del universo, y trascender así la escala de tiempo conocida para pasar a la siguiente dimensión, la Eternidad, donde existen simultáneamente todas las posibilidades que se realizan.

Parece más que posible que en las cercanías del Punto Omega, todas las mentes adaptadas a las nuevas condiciones se interseccionen fusionándose en una sola mente, en un solo sustrato del conocimiento, modificándose la multiplicidad de consciencias en una consciencia cósmica. Lo que es evidente es que nuestros cuerpos materiales y sus órganos deberán haber evolucionado de modo que sean soporte de una forma de vida mucho más vibrante, adaptada a las fuertes oleadas de energía de las condiciones del Big Crunch. Nuestra vitalidad y pensamientos, así como nuestras propiedades perceptivas deberán sustentarse en campos de energía controlados por la fuerza de nuestra voluntad. Del mismo modo, y tal vez formando un Todo, deberemos poder controlar la dirección en que se desarrolla el universo, para que lo haga a favor de nuestra existencia y perpetuidad, por lo que en determinado plazo de la evolución de la vida, será necesario que la inteligencia y su voluntad se extiendan por todo el Cosmos. El objetivo de la vida es desarrollarse hasta ser un Todo, hasta ser Uno con el Cosmos. Para ello será necesaria la unificación de consciencias y que tal unificación se perpetúe en un soporte similar a la máquina de realidad virtual descrita hasta ahora. Esto ocurrirá en las cercanías del Punto Omega, cuando el conocimiento sea infinito, probablemente tal como hemos descrito o de un modo muy similar. Para Tipler, la sociedad existente en las condiciones del Punto Omega será el equivalente a lo que hoy conocemos como Dios. Nadie con una cultura media se imagina a Dios como un señor mayor con barba. Dios es la realidad ... Él Es. Moisés escuchó la palabra de Dios a través de la zarza: “Ehyeh Asher Ehyeh”. Ehyeh es la conjunción del futuro simple del verbo haber y ser, en hebreo, por lo que la tradición oral dice: “Seré el que Seré”, un dios del Futuro Final, un dios que nos comunicó en su día que nuestra finalidad es llegar a ser Él en el final de los tiempos. Y puesto que tal sociedad, comparable a Dios, será capaz de crear cualquier entorno posible comportándose como un generador de realidad virtual, también será capaz de recrear aquellas vidas que ya no existen para nosotros: “resucitar” a los muertos. En realidad, todas las vidas existen eternamente, sólo que fuera de nuestra realidad incompleta.

Aún más: con semejante cúmulo de conocimiento, e infinita capacidad de cálculo, se podrá representar con perfecta fidelidad, todo el multiverso, desde su inicio, incluyendo todas sus posibilidades, la vida y el cosmos, con lo que se consideraría como una resurrección del Cosmos entero: una segunda oportunidad para la vida, con opciones mejoradas. De este modo, si el proceso puede repetirse indefinidamente, en cada nueva oleada de reconstrucción del Cosmos, la humanidad encargada de generar la reconstrucción tiene la responsabilidad de hacer que cada nueva representación mejore a la anterior, hasta alcanzar la perfección, el “día del Juicio final”. El continuum espacio-tiempo habrá desaparecido como tal y la humanidad, la vida en general, abarcará dimensiones más complejas fuera de la imaginación y del alcance de las nuevas oleadas de vida generadas. Y para estas nuevas oleadas habrá comenzado su propia evolución, con sus objetivos propios. Para la sabiduría ancestral no cabe duda de que ya existe ese lugar donde los que tienen cuerpo y los que no lo tienen conviven, mezclados sin interaccionar, compartiendo la misma realidad, pero a diferentes niveles. Tal vez ya estemos atravesando las condiciones del Punto Omega y los Arcángeles y Ángeles sean la avanzada humanidad que gobierna este punto singular del Cosmos, por derecho propio al haber unificado ya sus conciencias individuales. Para la sabiduría ancestral, el Todo es eterno, y no existe un ahora y un pasado o futuro; de este modo para ellos el Punto Omega es perpetuo pero nosotros no somos capaces de integrar nuestra consciencia en él, pues no hemos llegado al punto evolutivo en que debemos estar por encima de las limitaciones de las dimensiones físicas y de la materia. A la vista de lo que hemos planteado, es decir:

    • -no existe el tiempo,

    • -la realidad es eterna y coexistente,

    • -nuestra consciencia está anclada al fraccionamiento de la realidad por medio de instantáneas en una secuencia que aparenta movimiento

    • -existen dimensiones superiores que caracterizan al cosmos mucho más que las que conocemos

podemos afirmar que es más probable que el cosmos sea un constante y eterno Punto Omega y que su evolución consista en que nuevas oleadas de vida se incorporen a las dimensiones superiores desde planos inferiores, como nuestra realidad espacio-temporal.

Mientras tanto, sea cual sea el estado real en el que se encuentra hoy la humanidad, ya sea dentro de una realidad virtual, ya sea formando parte de la realidad cósmica, y aún considerando que ambos estados sean el mismo, no conocemos modo alguno para salir del bosque y observar desde fuera su contenido... no sabemos como fijar en qué punto estamos de la evolución desde un observatorio absoluto, pues no somos capaces de salir de nuestro mundo de cuatro dimensiones, del mismo modo que un ácaro no sale de su mundo de dos dimensiones para ver nuestra realidad humana, ni nosotros podemos mostrarle las maravillas de nuestro mundo pese a que lo compartimos con su especie. Por lo que la opción que nos queda es observarnos a nosotros mismos y ser muy agudos para percibir los cambios que se producen en nuestra propia evolución. A modo de ejemplo, quién no ha comentado con amigos que nuestros hijos parecen estar mucho más espabilados que nosotros a su edad, o que hoy se aprende más rápido todo lo cotidiano, que se disponen de más capacidades para afrontar las dificultades diarias, se aprenden más habilidades, los bebés nacen con mayor probabilidad de ser hiper activos. Y es un hecho probado que se está incrementando la complejidad del sistema nervioso de generación en generación, del mismo modo que las comunicaciones a nivel planetario también se han mejorado exponencialmente, todo con el fin de la mejora colectiva. Las células nerviosas potencian la consciencia del individuo y las comunicaciones vía satélite potencian la consciencia global de la humanidad. Si las comunicaciones de la humanidad buscan la unificación en el planeta, ¿el aumento de consciencia del ser humano también tiene como objetivo unificar las consciencias de la colectividad? Sería razonable que así fuera, y deseable si buscamos enfrentarnos con fuerza efectiva a los retos del Cosmos. Es el primer paso evolutivo desde este peldaño que ocupamos. Y por la edad del universo que hemos calculado y lo que le resta hasta que debamos tomar las riendas de su evolución, aún quedan muchos peldaños que salvar. La mayor parte de ellos está aún por aparecer. Pero la humanidad necesita que el universo futuro ya esté dejando huella en este presente, y viceversa, la humanidad debe empezar ya a formar un presente que permita al futuro alcanzar el final que nosotros deseemos en el futuro obtener. Ello implica colonizar el universo, proponerse abandonar la atadura de la gravedad planetaria, sobre todo la de la Tierra, que no durará eternamente: siete mil millones de años más y el Sol nos atrapará en su creciente corona solar, pero mucho antes el calor previo ya habrá destruido toda clase de vida que no se haya adaptado a las infernales radiaciones. Disponemos ya de tecnología para abandonar el planeta, y para mitad del siglo XXI se dispondrá de la tecnología para fabricar inteligencia artificial capaz de emular al cerebro humano, pero no sabemos todavía usar el fenómeno del entrelazamiento cuántico u otro similar para disponer de colonias inteligentes separadas por muy grandes distancias pero comunicadas instantáneamente entre sí. La inteligencia necesita estar unida aunque las distancias sean inmensas. Este es el eslabón necesario en nuestro presente para dar el salto. Mientras tanto, son los robots nuestros emisarios. Pero no volquemos nuestra inteligencia en los robots o las máquinas: el cerebro humano tiene, además de inteligencia, mentalidad, chispa de genialidad, capacidad de salir de decisiones sin salida y de abortar resoluciones antes de tomar una decisión definitiva. Ha de quedar claro que es la consciencia humana la que se debe extender por el universo, y no debe ser suplantada por la inteligencia artificial, al menos no en un futuro a medio y largo plazo. La inteligencia artificial puede construirse con capacidad para evolucionar, e incluso para ser una especie con un futuro paralelo al de la humanidad, pero debe considerarse un aliado, y no un fin en sí misma. Recordemos que la historia de la especie humana se basa en códigos de información (el ADN) y algoritmos de uso de dichos códigos (metabolismo y desarrollo), por lo que no somos muy diferentes físicamente a un posible dispositivo de inteligencia artificial (I.A.) capaz de aprender. Tanto el ser humano como el dispositivo I.A. pueden modificar los procedimientos de los algoritmos, así como usar mutaciones de los algoritmos para mejorar la especie. Las mutaciones del ADN humano y su posterior uso son las que nos han llevado hasta donde estamos ahora, por lo que no podemos dudar que el dispositivo de I.A. haga lo propio con sus estructuras fundamentales codificadoras. No existe un objetivo ciego ni un azar favorecedor hacia el ser humano: simplemente hemos sobrevivido por que hemos vencido en más batallas que otros seres vivos. Incluso nos hemos librado de las mayores catástrofes naturales. De hecho somos el fruto de las especies que han estado más cerca de la extinción, y ese superesfuerzo nos ha colocado en el estado que ahora ocupamos con mayor o menor dignidad.

También la ciencia cree que el ser humano es cada vez más parecido a una máquina. Cualquier sistema físico queda completamente descrito por su estado cuántico. Cada sistema cuántico posee un número limitado (máximo y mínimo) de estados posibles, así como límites en cuanto al ritmo al que se producen cambios de estado, como demostró Jacob Bekestein. Según sus datos, un ser humano puede encontrarse como máximo en uno de 1045 estados y sufrir 4·1053 cambios por segundo. Esto, dicho con esta frialdad científica, implicaría que el ser humano es un sistema cuántico finito, pero Penrose cree que existe una causa que controle los saltos entre estados, y la sabiduría ancestral siempre ha defendido que mirar al ser humano y ver en él a un todo completo es un engaño del egocentrismo humano. Somos vehículos de algo mucho más importante e infinito, somos el resultado de un ecuación con infinitos resultados. Lo que sí se puede considerar con toda seguridad, como sistema cuántico de estados finitos, son las funciones orgánicas del ser humano, como la visión (ver su explicación en Capítulo 1, La humanidad en el Universo, El organismo humano), o la mente en general, puesto que la percepción está compuesta de impresiones separadas por intervalos de tiempo, discontinuidades dentro del continuo presente. Cada percepción humana es una función matemática de entrada con un número finito de valores, y dará como resultado una acción representable con una función matemática de salida con un número finito de estados. Siendo que un cerebro humano puede almacenar alrededor de 1015 bits, los posibles estados superarían los 210e15, y al decir que lo superaría se tiene en cuenta que cada neurona es capaz de excitar a otras muchas y ser influenciada por otras muchas (como vimos en Capítulo 1, La humanidad en el universo, El organismo humano), lo que nos proporciona sistemas nerviosos más completos que los sistemas considerados binarios, pero no permite al sistema nervioso clasificarlo como dentro de los sistemas infinitos, aunque sí ampliable mediante la evolución, lo cual confiere cierto margen de esperanza (y de apoyo a Penrose) de que podamos llegar a ser máquinas de estado infinito en un momento determinado de nuestra evolución. Por otro lado, si fuéramos máquinas de estado finito, se ha demostrado que por ello, alcanzaríamos un estado tras el cual se repetiría constantemente una secuencia totalmente periódica de estados, por definición de estados finitos. Forma parte de los teoremas del Eterno Retorno.

Una máquina de Turing de realidad virtual como la que hemos descrito debería ser capaz de emular a otra máquina de Turing, y esta a su vez emular a otra, creando así sucesivamente diferentes niveles o jerarquías de implementación en la emulación, y dos niveles o jerarquías separados por un nivel intermedio funcionan sin considerar a los niveles superiores o inferiores, como si fueran otras dimensiones inalcanzables y desconocidas. Observar cómo se parece a nuestro propio entorno evolutivo. Un programa de ordenador se limita a interpretar símbolos bajo unas reglas, sin comprender por sí mismo lo que está haciendo, y obtiene resultados que le proporcionan capacidad de decidir entre varias opciones. El ser humano, pese a que posee inteligencia, procesa los símbolos de los estímulos del pensamiento sin comprenderlos, y sólo razona los resultados de este procesado, pues le sirven para interpretar su entorno y su interacción con él. La única diferencia entre ambos ejemplos es que el ser humano, al disponer de inteligencia, sube un nivel de emulación para comprender los resultados razonándolos y siendo capaz de tomar una decisión menos acertada que la que un programa podría dar, pero aunque menos acertada tal vez más correcta para unas circunstancias dadas. Esta es la primera meta de la Inteligencia Artificial o I.A., llegar a emular a la inteligencia humana. La segunda meta de la I.A. es salvar a la humanidad de su extinción. ¿Cómo puede hacer tal cosa? Colonizando el universo por medio de máquinas dotadas de I.A. y autorreproductoras. Las máquinas autorreproductoras son una idea de Von Neumann: máquinas capaces de fabricar una réplica de sí mismas si poseen los materiales necesarios y las instrucciones para tal fin. Si una de estas máquinas o sondas lanzada desde la Tierra es capaz de alcanzar un entorno en el que encuentra lo que necesita para replicarse, lo hará, y no una vez sino tantas como los materiales o la energía se lo permita, y de sus réplicas se obtendrán nuevas generaciones de réplicas. Sólo necesita un nicho ecológico adecuado para la replicación. Sabemos ya que toda la información para fabricar a un ser se almacena en una célula madre, y que esta se convierte en aquello para lo que se le programe. De hecho ya se han obtenido ratones a partir de esperma obtenido de células madre, sin necesidad de intervención del macho. Si las máquinas Von Neumann hacen de arca de Noé transportando el ADN de todo ser vivo conocido, no hace falta entrar en más detalles para imaginar los resultados. Por supuesto aún no estamos preparados para esta realidad, pero no cabe duda de que es factible. La nanotecnología ya permite construir pequeños motores con 100 átomos, y válvulas microscópicas. Esta tecnología permitiría aprovechar la carga útil al 100% en la sonda colonizadora. Si consideramos que la carga útil pesa 1000 gramos y cada gramo de materia viene a contener 1022 átomos aproximadamente, la carga útil se compondría de unos 1025 átomos. Si cada átomo puede almacenar un bit (cosa que se ha comprobado que puede ser superada con creces, mediante la física cuántica) dispondríamos de 1025 bits para la simulación. Un cerebro humano puede almacenar alrededor de 1015 bits y simular una biosfera puede suponer entre 100.000 y 1.000.000 de veces esta capacidad, es decir, entre 1020 y 1021 bits. En el peor de los casos se podría transportar en la sonda una capacidad de crear vida con su nicho ecológico para 1025/1021 = 10000 biosferas, con sólo 1000 gramos de carga útil.

¿Para qué poblar de inteligencia todo el universo? Porque ante la cercanía del fin de universo, el conocimiento, la inteligencia será la mejor arma para la lucha contra ese final. En el caso muy probable de que el universo sea cerrado, llegará un momento en que la radiación de fondo empezará a desplazarse al azul, por efecto de la contracción del espacio-tiempo, debido a que la gravedad vencerá las fuerzas de expansión. Empezará una tendencia en progresión a buscar el volumen nulo en el espacio-tiempo, aumentando la temperatura hasta el infinito cuando se consiga tal volumen. Podría parecer que debería ser necesario detener esta contracción, pero aquí empezará el papel de la inteligencia desplegada por todo el universo: en lugar de detener el colapso deberá ser controlado para aprovecharlo como fuente de energía para permitir a la vida sobrevivir. Con toda probabilidad, este colapso no se producirá a la misma velocidad ni con la misma energía en todas las direcciones, por lo que surgirán regiones con mayor energía que otras, y tales diferencias son las que deberán ser aprovechadas, más a medida que aumenta el colapso, hasta obtener una energía que tiende al infinito. Para que la inteligencia pueda superar estas terribles condiciones deberá poseer principalmente dos cualidades:

    • 1.vehículos de la inteligencia acordes a las condiciones ambientales: tal vez la inteligencia necesite un sustrato basado en las propias ondas energéticas

    • 2.comunicación instantánea entre todos los seres poseedores de inteligencia, sin límites debido a distancias o posición: la propiedad del entrelazamiento (ver Capítulo 8, Compendio de Teorías, Teoría Cuántica), u otras similares por descubrir, poseen la clave

    • 3.superar la limitación de la velocidad de la luz en todos los aspectos

Para sobrevivir y sacar provecho del infinito caos será necesario infinito orden, y para ello, infinita y omnipresente inteligencia, pero para tal consecuencia deberá estar disponible infinita energía, y esto último sólo es posible si se controla el colapso del universo cerrado para que se colapse en una sola dimensión, mientras las otras dos permanecen invariables (colapso Taub del universo). Una de las consecuencias de este efecto es que se producirían colapsos alternativamente en una dimensión diferente tras finalizar cada colapso. La inteligencia deberá tomar el control de todo el universo, siendo para ello omnipotente. Estas son las condiciones del Punto Omega. Siendo infinita la información en el Punto Omega, este será además omnisciente. Al ser omnisciente, la inteligencia será algo parecida a lo que hoy conocemos como Dios, pudiendo experimentar todo el presente, pasado y futuro sin límites, siendo a la vez un elemento singular fuera del espacio-tiempo.

La Teoría del Punto Omega también define un concepto muy científico de la realidad del cosmos: el concepto de universos múltiples. O lo que hemos denominado Multiverso. El universo se representa, según la cosmología cuántica, mediante una ecuación de onda muy compleja (ver Capítulo 9, Partículas, Fotones) que le define completamente. Tal ecuación o función de onda se representa como y(h,F,S):

donde h es la función que expresa la medida de las distancias en el espacio

F es la función que define a los campos gravitacionales

S es la función que define a un espacio tridimensional fundamental

F y h se consideran los campos esenciales de la relatividad general, pero en la cosmología cuántica se emplean como si fueran coordenadas, un tanto especiales por su elevada complejidad matemática. F y h definen, al usarse conjuntamente, a un universo completo en un instante determinado. Al usarse, además, con la función S, se define un universo para cada valor de (h,F) sobre S. Esto es la base matemática, muy resumida, para respaldar la teoría de los múltiples universos. Desde el punto de vista cuántico, la realidad se compone de un número infinito de universos (h,F) sobre S, de modo que desde cada universo (h,F) se puede pasar (matemáticamente) a otro universo, sin que sea necesario respetar el tiempo, es decir, que hay infinitos futuros y pasados a los que se podría llegar desde el estado actual, pero hay cambios de estado (h,F) que son más probables que otros. En los caminos más probables (llamados caminos de fase clásicos) se da la característica de que la energía para pasar de un estado a otro es mínima y se verifican las leyes de la física. La ecuación y(h,F,S) tiene como efecto el definir al conjunto de todos los caminos de fase y las probabilidades asociadas con cada punto y camino de (h,F) (aunque nosotros no percibimos más que uno de esos conjuntos en cada instante) describiendo toda la física posible. Según Tipler, con la función y y las condiciones de contorno del Punto Omega corresponde una ecuación de onda única al universo, la que define al único campo causante de la existencia de los campos que conocemos, de un modo determinista, y el propio Tipler dice que este campo generador se la identifica en los textos bíblicos como Espíritu Santo. Bajo este punto de vista, el Cristo intervino para mostrar al humano que el mismo Padre (Punto Omega) nos dirige a todos como hermanos en un mismo camino de fase, y en Pentecostés el Espíritu Santo proporcionó una variación menos probable en la ecuación de onda de nuestro camino de fase (una pequeña singularidad local) para proporcionar al ser humano una variación en tal camino que permitiera una mayor capacidad de elegir nuevos caminos de fase, es decir, mayor libre albedrío o menor efecto determinista. Aquí entramos en la discusión a cerca del conflicto entre la omnisciencia de Dios y el libre albedrío humano. Con esta teoría del Punto Omega cada ser vivo con voluntad para tomar decisiones puede hacerlo libremente dentro de su camino de fase, es decir, dentro de las posibilidades de su física, lo cual es un libre albedrío determinista o limitado por “lo que es posible y lo que no es posible” según cada camino de fase. Las ecuaciones calculables del camino de fase actualmente abarcan espacios menores a la longitud de Planck (10-32 mm), luego el determinismo de nuestra física se efectúa en estos espacios ... ¿En qué cuantía este efecto es causa de los designios de la vida? Las impresiones que recibimos del exterior y los cambios en nuestro organismo se producen a velocidades marcadas por la creación y desaparición de pares de partículas, fuera de nuestra percepción, por lo que es muy difícil decir en qué cuantía una decisión que yo tome en este momento está determinada por lo que acontece en todo mi organismo y alrededores en una escala de la longitud de Planck: millones de billones de cambios que afectan a las fluctuaciones cuánticas en un instante y su resultante es una decisión de mi voluntad. Evidentemente, la resultante está influenciada por lo acontecido a niveles cuánticos, pero no podemos cuantificar dicha influencia. Y eso sin tener en cuenta el efecto aleatorio de todos esos millones de cambios. Es muy posible que el sistema nervioso y metabólico del ser humano sí que se vea bastante influenciado por estos cambios, pues usan iones y partículas para su funcionamiento, y estas sí que son sensibles a tales fluctuaciones cuánticas y cualquier proceso aleatorio en estos niveles puede definir cambios mayores que cause cierta influencia sensible en el organismo. Según el premio Nobel sir John Eccles, es necesario el movimiento de una masa de 10-8 gramos en las exocitosis sinápticas para excitar una neurona, por lo que podría ser causada por fluctuaciones cuánticas; incluso sugiere una zona donde se podrían originar estas percepciones: en las agrupaciones de dendritas apicales de las células piramidales de las capas V y III-II (ver el neocórtex en Capítulo 1, La humanidad en el universo, La Consciencia Humana). Para la teoría evolutiva de la Síntesis Moderna (una teoría que sintetiza la teoría genética mendeliana y la teoría se la selección natural de Darwin), las mejoras o las nuevas funciones que surjan en una especie, son causadas por la influencia del azar sobre los mecanismos de mutación y de combinación genética. Al dejar todo en manos del azar, se excluye cualquier influencia consciente en la evolución, así como en la toma de decisiones: la consciencia da órdenes a los niveles inferiores (sistemas neuronales) para que obtengan información que ayude a tomar una decisión, y estos entregan información externa e interna relacionada pero aleatoria, resultando una decisión mezcla de necesidad, experiencia y azar, en el ser humano adulto, en una relación de aproximadamente 30 – 50 – 20 % respectivamente. Las necesidades y las experiencias son de carácter determinista, pues no pueden ser elegidas, aunque sí permiten cierta selección mediante la inteligencia, y el azar es completamente determinista. Cada decisión, realmente y en función de la inteligencia del ser, es resultado de una interacción de varias aproximaciones entre el nivel consciente y los niveles inferiores, interacción que se produce a una velocidad de vértigo (cientos de veces por segundo). Este mecanismo da forma a la personalidad humana, dando la apariencia de que uno se forma a sí mismo en plena libertad, pero hay un elevado grado de determinismo en todo ello.

"La doctrina secreta", H. P. Blavatsky (año 1888)

"Fragmentos de una enseñanza desconocida", P. D. Ouspensky (año 1949)

"Caballo de Troya 2", J. J. Benitez (año 1986)

"La historia definitiva del infinito", Richard Morris (año 1997)

"La estructura de la realidad", David Deutsch (año 1997)

"Mente y materia", Erwin Schrödinger (año 1956)

"Visiones", Michio Kaku (año 1997)

"Descubrimientos estelares de la física cuántica", Ramón Marqués (año 2003)

"La ciencia y el campo akáshico, una teoría integral del Todo", Ervin Laszlo (año 2004)

"Concepto Rosacruz del Cosmos", Max Heindel (1865-1919)

"En busca del Big Bang", John Gribbin (año 1986)

"La física de la inmortalidad", Frank J. Tipler (año 1994)

"Nueva guía de la ciencia", Isaac Asimov (año 1985)

"Explorando el mundo de la antimateria", R. L. Forward & J. Davis (año 1988)