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¡LAS HUMANIDADES... A LA CALLE!


Durante estos últimos y desgraciados tiempos se ha hablado, se ha escrito mucho sobre el declive de las Humanidades, sobre el desprecio que las disciplinas humanísticas están sufriendo por parte de las autoridades educativas, por parte del sistema de poder. ¿Para qué la poesía, la literatura, en tiempos de crisis?, le espetaron en una ocasión al maestro Emilio Lledó. Y él contestó: "Para que no ocupen su lugar los farsantes, los timadores, los fanáticos, los hechiceros...", contestó él.

La cultura no es un mero adorno. La cultura humanística constituye la materia esencial que nos define como seres humanos. Son esas células, esos sonidos, los que sellan en nuestra piel de seres que piensan la eterna búsqueda de los significados profundos, nuestro constante diálogo con el Lenguaje para preservar esos tesoros que los siglos nos han donado, mimarlos, acariciarlos y ofrecerlos, renovados y luminosos, a las generaciones futuras.

Vivimos tiempos convulsos, mentirosos. Tiempos en los que palabras tramposas, como competitividad, vienen decididas a ocupar el lugar central en el escenario del no pensamiento. Decididas, y agresivas, llegan dispuestas a expulsar de lo común la reflexión crítica, el ideal de belleza, la necesidad de Justicia, la urgencia ética, nuestra mirada en los otros.

Por mucho que se haya repetido, no deja de ser verdad, un pueblo inculto es más fácil de manejar. Ya pocos discuten que en nuestra sociedad se instalado, como un magma gelatinoso, el culto a lo soez, la oda a lo vulgar, el exhibicionismo de la incultura, el desdén por el saber. Ahí están, para recordarlo cada día, las infectas programaciones de televisión.

Ante esta situación, la reivindicación del espíritu humanístico no nos llama como una suerte de lujo, sino, inexorablemente, como un deber social, como una responsabilidad, individual y colectiva, de la que no podemos abstraernos. 

En un artículo reciente (1), Jordi Llovet afirmaba que "toda persona vinculada a la enseñanza de las humanidades puede. otorgar a sus actividades un trasfondo y un alcance que minen hasta los cimientos esos falsos edificios del saber". Y con respecto a los profesores hablaba de "agitación cultural más allá de sus muros... ". Dicho quedó.

Decíamos al principio que "se ha hablado", "se ha escrito". Pues bien, vamos a sustituir los verbos hablar y escribir por el verbo hacer. Vamos a sacar las Humanidades a la calle. Vamos a llenar las calles y plazas de este país de todas esas palabras necesarias que Ellos quieren desterrar.

Será el próximo día 8 de junio. Por el presente escrito convocamos a todos los institutos de Secundaria y Bachillerato de España a dar las clases de las distintas asignaturas humanísticas en la calle. 

Vamos a hacer visible nuestro trabajo. Vamos a liberar nuestras palabras, y las de nuestros alumnos, para que empapen el aire de nuestras ciudades, que salgan de esas cuatro paredes olvidadas, que salgan de los institutos, que hablen con la gente, que derramen su entusiasmo.

En una esquina, Platón, en otra el Arte, en aquella calle, que hable la Poesía, en la otra que la Música atempere la ira, y mueva la conciencia. En la calle de al lado hablará la Ética, y en esta plaza dejaremos que Shakespeare y Cervantes dialoguen sobre lo que ellos quieran, mientras Kant, como un agitador compulsivo, gritará a los paseantes que piensen, que salgan de una puñetera vez de esa minoría de edad en la que siguen callados, en la que los mantienen atrapados.

Proponemos que en esa jornada, miércoles 8 de junio, parte de nuestro horario lectivo sea en la calle.

Que el pensamiento crítico y la reflexión audaz  se abran paso en mitad del tumulto, apartando el ruido, liberando el Lenguaje, recordando aquello que somos, eso que nos puede permitir seguir respirando.

¿Quién se apunta?

Luis Enrique Ibáñez, profesor de Lengua y Literatura en el IES Cristóbal Colón
Antonio Jesús Calvillo, profesor de Música en el IES Cristóbl Colón




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