Mermelada de mandarina

INGREDIENTES

  • 800 gr de mandarinas
  • El zumo de 1/2 limón
  • Azúcar

PREPARACIÓN

Lavamos y pelamos las mandarinas, quedándonos sólo con la pulpa: es decir, quitaremos la piel de fuera, retiraremos las pepitas (si las hay) y pelaremos los gajos uno a uno, para quedarnos sólo con el contenido. Intentaremos aprovechar todo el zumo que vaya soltando.

Reservaremos un trozo de la piel de fuera de una mandarina, bien limpia, y la cortaremos a tiritas muy finas. Si lo preferimos, podemos rallarla. Lo añadimos a la pulpa de la mandarina. Esto es opcional, claro.

Añadimos también el zumo de medio limón.

Pesamos todo junto: la pulpa de mandarina con su zumo, la ralladura de la piel y el zumo de limón. Con el peso que nos salga, añadiremos la mitad de azúcar. Es decir, a mí me pesó 400 gr, con lo que le añadí 200 gr de azúcar.

Ponerlo todo junto en la cacerola donde vayamos a hacer la mermelada, mezclar y dejar macerar tapado durante media hora.

Pasada esa media hora, ponemos la cacerola destapada a fuego fuerte y llevamos a ebullición. Después, continuamos la ebullición (que haga "chup-chup") a fuego lento de 20 a 30 minutos, hasta que se espese lo suficiente. Iremos removiendo de vez en cuando con una cuchara de madera.

Hemos de tener en cuenta que los cítricos tienen una alta proporción de pecticina, que hará que la mermelada espese una vez fría. Por eso, no podemos dejar que esté al fuego tanto tiempo como la mermelada de fresa, porque se nos quedaría una mermelada muy dura (lo que no es agradable...).

Si alguna vez nos ocurre que, al enfriarse, nos damos cuenta de que la mermelada nos ha quedado dura, ¡que no cunda el pánico! Tiene arreglo. Sólo tenemos que volver a ponerla en una cacerola, le añadimos zumo (en este caso de mandarina) y algo más de azúcar. Removemos bien (primero a fuego fuerte, y cuando hierva bajamos el fuego), hasta que quede todo integrado. Retiramos del fuego y dejamos enfriar otra vez. Quedará perfecta.

Una vez enfriada la mermelada a temperatura ambiente, la metemos en un bote de cristal, bien cerrado, y... ¡al frigorífico!

Nos quedará una mermelada aromática, más suave que la de naranja, que combina perfectamente con pan tostado, queso fresco,... Yo ahora mismo estoy haciendo unos yogures cremosos con leche condensada, que con esta mermelada tienen que estar increíbles.

Más recetas en www.aminomegustacocinar.blogspot.com.es
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