capitulo36
La Página Ofical Urugaya de Harry Potter y las reliquias de la muerte.

 

Estaba tirado con la cara pegada al suelo. El olor del bosque llenaba su nariz. Podía sentir el frío del suelo

bajo de su mejilla, sus gafas habían caído a un lado. Cada centímetro de su cuerpo le dolía y el lugar

donde la maldición asesina le había dado le dolía como si hubiera sido golpeado con acero. No se movió,

permaneciendo en el mismo lugar donde había caído; con el brazo izquierdo doblado en un ángulo extraño

y la boca semi-abierta.Había esperado oír gritos de triunfo y júbilo por su muerte, pero en lugar de eso se

oían pasos apresurados, susurros y murmullos que llenaban el aire.–Mi Señor… mi Señor…Era la voz de

Bellatrix, y hablaba como si lo hiciera a un amante. Harry no se atrevió a abrir los ojos, en cambio dejo que

sus otros sentidos exploraran su dilema. Sabía que su varita seguía guardada bajo la túnica porque podía

sentirla entre el pecho y el suelo. Un ligero efecto acolchado en la zona de su estómago le decía que la

Capa de Invisibilidad también estaba allí, amontonada fuera de la vista de los demás.–Mi Señor…–Eso

servirá –dijo la voz de VoldemortMás pasos, varias personas estaban alejándose del lugar. Desesperado

por ver lo que pasaba y por que, Harry abrió los ojos un milímetro.Voldemort estaba poniéndose en pie.

Varios mortífagos se apresuraban a alejarse de él, volviendo a la multitud que se alineaba en el claro.

Solamente Bellatrix permaneció arrodillada junto a él.Harry cerró de nuevo los ojos y consideró lo que

había visto. Los mortífagos se habían agrupado alrededor de Voldemort, quien al parecer había caído al

suelo. Algo había ocurrido en el momento en que atacó a Harry con la Maldición Asesina. ¿Voldemort

también se había derrumbado? Eso parecía. Y ambos había quedado brevemente incosncientes y los dos

habían despertado ya…–Mi señor, permíteme…–¡No necesito ayuda! –dijo Voldemort fríamente y a pesar de

que no podía verle, Harry se imaginó a Bellatrix retirando la mano solícita-. El muchacho, ¿está muerto?Se

hizo un silencio absoluto en el claro. Nadie se acercó a Harry pero sentía sus miradas concentradas;

parecían presionarle con más fuerza en la tierra, y le aterraba que un dedo o un parpado pudieran

delatarle.–Tú –dijo Voldemort, y se oyó un golpe y un pequeño chillido de dolor.–Examínale. Dime si está

muerto.Harry no sabía quien había sido enviado a verificar su muerte. Solo podía quedarse alli tendido, con

el corazón latiendo traicioneramente, y esperar a ser examinado; pero al mismo tiempo un pequeño

consuelo le invadía y se mostraba cauteloso, no queriendo aproximarse a él, sospechaba que no todo

había ido según lo planeado...Unas manos, mas suaves de lo que había esperado, tocaron la cara de Harry

y palparon su corazón, podía oír la respiración agitada de una mujer.–¿Draco esta vivo? ¿Está en el castillo?

El susurro fue apenas audible, los labios de la mujer estaban a centímetros de su oído, la cabeza tan

inclinada que su largo cabello tapaba la cara de Harry.–Sí –murmuró en respuesta.Sintió que la mano se

contraía sobre su pecho, las uñas le apuñalaron. Entonces la mano se retiró. Ella se había enderezado.–

¡Está muerto! –gritó Narcissa Malfoy a los observadores.Y ahora gritaron, ahora aullaban de triunfo y

estampaban los pies en el suelo y a través de los párpados, Harry vio explosiones de luz roja y plata en el

aire, animando al celebración.Todavía fingiéndose muerto en el suelo, entendió. Narcissa sabía que la

única forma de que se le permitiera entrar a Hogwarts, y encontrar a su hijo, era como parte del ejército

conquistador. Ya no le importaba si Voldemort ganaba o no.–¿Veis? –dijo Voldemort a la multitud, –Harry

Potter ha muerto por mi mano, y ningún hombre vivo puede amenazarme ahora, ¡Observad! ¡CRUCIO!Harry

había estado esperándolo, sabía su cuerpo no sería abandonado sin daño en el suelo del bosque; debía ser

objeto de humillación para probar la victoria de Voldemort. Fue elevado en el aire, y necesitó toda su

determinación para permanecer inerte, aunque el dolor que había esperado no llegó. Fue lanzado una vez,

dos, tres al aire.Sus gafas salieron volando y sintió como su varita se deslizaba un poco entre su ropa,

pero se mantuvo flojo y sin vida, y cuando cayó a tierra por última vez, el claro resonó con los ecos de

vítores y chillidos de risa.-Ahora -dijo Voldemort- vamos al casillo, y mostrémosles en que se ha

convertido su héroe. ¿Quien arrastrará el cuerpo? No... esperad...Se oyó una oleada renovada de risas, y tras

unos momentos Harry sintió como el suelo temblaba bajo él.-Tú, llevale -dijo Voldemort-. Estará muy

bien y muy visible en tus brazos, ¿verdad? Recoge a tu amiguito, Hagrid. Y las gafas... ponle las fatas...

debe ser reconocible...Alguien volvió a ponerle las gafas con brusquedad en la cara con una fuerza

deliberada, pero las manos enormes que le alzaron en el aire eran extremadamente gentiles. Harry podía

sentir como temblaban los brazos de Harry por la fuerza de sus sollozo, grandes lágrimas se derramaban

sobre él mientras Hagrid le acunaba en sus brazos, y Harry no se atrevió, por movimiento o palabras, a

confiar a Hagrid que no estaba todo aún perdido.-Múevete -dijo Voldemort, y Hagrid se tambaleó hacia

adelante, abriéndose paso a través del bosque cerrado, de vuelta a través del bosque.Las ramas se

enganchaban en el pelo y la túnica de Harry, pero él yacía inmóvil, con la boca entreabierta, los ojos

cerrados, y en la oscuridad, mientras los mortifagos se apiñaban a su alrededor, y mientras Hagrid

sollozaba salvajemente, nadie pareció nota que latía el pulso en el cuello expuesto de Potter.Los dos

gigantes lo aplastaban todo a su paso siguiendo a los mortifagos. Harry podía oir los árboles crujiendo y

cayendo mientras pasaban, eran tan ruidosos que los pájaros se lanzaban chillando al cielo, e incluso los

vítores de los mortifagos quedaban ahogados. La procesión victoriosa marchó hacia terreno abierto, y

después de un rato Harry pudo decir por el aligeramiento de la oscuridad que percibía a través de los

párpados cerrados, que los árboles empezaban a aclararse.-¡BANE!El bramido inesperado de Hagrid casi

oblió a Harry a abrir los ojos-. ¿Estás contento ahora, eh? ¿No vais a luchar, verdad, panda de mulas

cobardes? ¿Os alegra la m-m-muerte de Harry Potter?Hagrid no continuó, sino que estalló en renovadas

lágrimas. Harry se preguntó cuantos centauros estaban viendo pasar la procesión. No se atrevió a abrir los

ojos. Algunos de los mortifagos lanzaban insultos a los centauros cuando les dejaron atrás. Poco después,

Harry sintió, por el aire refrescante, que habían alcanzado el linde del bosque.-Alto.Harry creyó notar que

Hagrid había sido obligado a obedecer la orden de Voldemort porque se tambaleó un poco. Y un nuevo

escalofrío se cernió sobre ellos cuando se detuvieron, y Harry oyó la áspera respiración de los dementores

que patrullaban los demás árboles. No le afectarían ahora.El hecho de su propia supervivencia ardía en su

interior, un talisman contra ellos, como si el ciervo de su padre montara guardia en su corazón.Alguien

pasó junto a Harry, y supo que habia sido el propio Voldemort porque habló un momento después, con

una voz mágicamente amplificada para que así atravesara los terrenos, estrellándose contra los tímpanos

de Harry.-Harry Potter está muerto. Le maté mientras huía, intentando salvarse mientras vosotros

sacrificábais vuestras vidas por él. Traemos su cuerpo como prueba de que vuestro héroe ha muerto.»La

batalla está ganada. Habéis perdido a la mitad de vuestros combatientes. Mis mortifagos os superan en

número, y El Chico que Vivió está acabado. La guerra debe acabar. Cualquiera que continue resistiéndose,

hombre, mujer, o niño, será masacrado, al igual que cada miembro de su familia. Salid del castillo ahora,

arrodilláos ante mí, y seréis absueltos. Vuestros padres e hijos, vuestros hermanos y hermanos vivirán y

serán perdonados, y os uniréis a mí en un nuevo mundo que construiremos juntos.Había silencio en los

terrenos y el castillo. Voldemort estaba tan cerca de él que Harry no se atrevió a abrir los ojos de nuevo.-

Vamos -dijo Voldemort, y Harry le oyó adelantarse, y Hagrid se vio obligado a seguir. Ahora Harry abrió

los ojos una fracción de segundo, y vio a Voldemort avanzando a zancadas ante ellos, llevando a la gran

serpiente Nagini alrededor de sus hombros, ahora libre de su jaula encantada. Pero Harry no tenía

posibilidad de extraer la varita oculta bajo su túnica sin que lo notaran los mortifagos, que marchaban a

ambos lados de ellos a través de la lentamente aligerada oscuridad.-Harry -sollozaba Hagrid-. Oh, Harry...

Harry.Harry volvió a cerrar los ojos firmemente. Sabía que se estaban aproximando al castillo y agudizó los

oídos para distinguir, sobre las voces alegres de los mortifagos y sus pasos atronadores, señales de vida

de los que estaban dentro.-Alto.Los mortifagos se detuvieron. Harry les oyó desplegarse en una fila frente

a las puertas principales abiertas de la escuela. Podía ver, incluso con los párpados cerrados, el brillo

tenue que indicaba que la luz se derramaba sobre él desde el vestíbulo de entrada. Esperó. En cualquier

momento, la gente por la que había intentado morir le vería, yaciendo aparentemente muerto, en los

brazos de Hagrid.-¡NO!El grito fue más terrible porque nunca había esperado o soñado que la Profesora

McGonagall pudiera emitir tal sonido. Oyó a otras mujeres reír cerca, y supo que BellatRIx se vanagloriaba

ante la desesperación de McGonagall. Miró de reojo una vez durante un solo segundo y vio el umbral lleno

de gente, mientras los supervivientes de la batalla salían a los escalones delanteros para enfrentar a sus

vencedores y ver la verdad de la muerte de Harry por sí mismos. Vio a Voldemort de pie delante de él,

acariciando la cabeza de Nagini con un solo dedo blanco. Cerró los ojos de nuevo.-¡No!-¡No!-¡Harry!

¡HARRY!Las voces de Ron, Hermione y Ginny fueron peores que la de McGonagall. Nada deseaba más que

responderles, aunque siguió tendido en silencio, y sus gritos actuaron como un gatillo. La multitud de

supervivientes hizo suya la causa, gritando y chillando insultos a los motifagos, hasta...-¡SILENCIO! -gritó

Voldemort, y se oyó un golpe y un destello de luz brillante y silencio obligaron a callar a todos-. ¡Se acabó!

¡Déjale, Hagrid, a mis pies, donde debe estar!Harry sintió como le dejaban sobre la hierba.-¿Véis? -dijo

Voldemort, y Harry le sintió pasearse de acá para allá justo junto al lugar donde él yacía-. ¡Potter está

muerto! Lo entendéis ahora, ¿verdad, ilusos? ¡No era nada, nunca lo fue, más que un niño que confiaba en

que los demás se sacrificaran por él!-¡Se enfrentó a ti! -gritó Ron, y el hechizo se rompió, y los defensores

de Hogwarts gritaron y chillaron de nuevo hasta que una segunda y más poderosa explosión extinguió sus

voces una vez más.-Murió mientras intentaba salir a hurtadillas de los terrenos del castillo -dijo

Voldemort, y hubo una inflexión en su voz por la mentira- Muerto mientras intentaba salvarse a sí

mismo...Pero Voldemort se interrumpió. Harry oyó una riña y un grito, después otro golpe, un destello de

luz, y un gruñido de dolor. Abrió los ojos una milésima. Alguien se había liberado de la multitud y cargaba

hacia Voldemort. Harry vio a la figura golpear el suelo. Desarmado, Voldemort lanzaba la varita de su

oponente a un lado y reía.-¿Y quién es este? -dij un su suave siseo serpentino-. ¿Quién se ha ofrecido

voluntario para demostrar lo que ocurre a los que continuan luchando cuando la batalla está perdida?

Bellatrix soltó una risa deleitada.-¡Es Neville Longbottom, mi Señor! El chico que ha estado dando a los

Carrow tantos problemas! El hijo de los Aurors, ¿recuerda?-Ah, si, recuerdo, -dijo Voldemort, bajando la

mirada hacia Neville, que estaba luchando por volver a ponerse en pie, desarmado y desprotegido, de pie

en la tierra de nadie entre los supervivientes y los mortifagos-. Pero eres un pura sangre, ¿verdad, mi

valiente muchacho? -preguntó Voldemort a Nevile, que le enfrentaba con las manos vacías, cerrados los

puños.-¿Y qué si lo soy? -dijo Neville ruidosamente.-Muestras espíritu y valor, y provienes de un linaje

noble. Serás un mortifago de gran valor. Necesitamos gente como tú, Neville Longbottom.-Me uniré a ti

cundo el infierno se congele, -dijo Neville-. ¡Ejército de Dumbledore! -gritó, y hubo vitores en respuesta

entre la multitud, a la que los Encantamientos Silenciadores de Voldemort parecían incapaces de

contener.-Muy bien, -dijo Voldemort, y Harry oyó más peligro en la suavidad de su voz que en la más

poderosa de las maldiciones-. Si esa es tu decisión, Longbottom, volveremos al plan original. Allá, -dijo

tranquilamente- tú.Todavía observando tras los párpados, Harry vio a Voldemort ondear su varita.

Segundos después, saliendo de una de las ventanas del castillo, algo que parecía un pájaro deforme voló a

través de las ventanas y en la luz tenue y aterrizó en la mano de Voldemort. Este cogió el enmohecido

objeto por el extremo y lo sacudió, vacío y desgarrado, el Sombrero Seleccionador.-No habrá más

Sombrero Seleccionador en la Escuela Hogwarts, -dijo Voldemort-. No habrá más Casas. El emblema,

escudo y colores de mi nombre ancestro, Salazar Slytherin, servirá a todo el mundo. ¿verdad, Neville

Longbotton?Apuntó su varita hacia Neville, que se quedó rígido e inmóvil, después embutió el sombrero en

la cabeza de Neville, de forma que se deslizó hacia abajo cubriéndole los ojos. Hubo movimientos en la

multitud de observadores delante del castillo, y como uno, los mortifagos alzaron sus varitas,

manteniendo a raya a los luchadores de Hogwarts.-Neville va a demostrar ahora lo que le ocurrirá a

cualquiera lo suficientemente estúpido como para continuar oponiéndose a mí, -dijo Voldemort, y con un

ondeo de su varita, hizo que el Sombrero Seleccionador ardiera en llamas.Los gritos hendieron el

amanecer, y Neville ardía, arraigado en el lugar, incapaz de moverse, y Harry no podía soportarlo. Debía

actuar...Y entonces muchas cosas ocurrieron a la vez.Oyeron alzarse un rugido de los límites distantes de

la escuela que sonaba como si un enjambre de cientos de personas estuvieran derramándose sobre los

muros exteriores y vertiéndose hacia el castillo, bramando gritos de guerra. Al mismo tiempo, Grawp había

aparecido rodeando una esquina del castillo con su andar torpe y gritando "¡HAGGER!. Su llamada fue

respondida por los rugidos de los gigantes de Voldemort. Corrieron hacia Grawp como elefantes a la carga

haciendo que la tierra se estremeciera.Después llegaron los cascos, los tañidos de arcos y las flechas de

repente caían entre los mortifagos que rompieron filas, gritando de sorpresa. Harry sacó la capa de

invisibilidad de dentro de su túnica, la lanzó sobre sí mismo, y se puso en pie de un salto, mientras Neville

se movía también.En un movimiento veloz y fluido, Neville se liberó de la Maldición lanzada sobre el

Sombrero. El llameante sombrero cayó y Neville extrajo de sus profundidades algo plateado, con una

brillante empuñadura de rubíes.La cuchillada de la hoja de plata no pudo oirse sobre el rugido de la

multitud que se aproximaba o los sonidos de los gigantes o de la carga de los centauros, y aún así,

pareció atraer cada mirada. Con una sola estocada, Neville partió en dos la gran cabeza de la serpiente, que

giró alto en el aire, brillando a la luz que fluía desde el vestíbulo de entrada, la boca de Voldemort se abrió

en un grito de furia que nadie pudo oir, y el cuerpo de la serpiente cayó pesadamente al suelo a sus

pies.Oculto bajo la Capa de Invisibilidad, Harry lanzó un Encantamiento Escudo entre Neville y Voldemort

antes de que este último pudiera alzar su varita. Entonces, sobre los gritos y los rugidos y estruendosos

golpes de los gigantes que luchaban, Hagrid gritó más alto que todos.-¡HARRY! -gritó Hagrid-. ¡HARRY!...

¿DONDE ESTÁ HARRY? Reinaba el caos. Los centauros a la carga estaban dispersando a los mortifagos,

todos sentían los pies retumbantes de los gigantes, y cada vez más y más cerca el estruendo de los

refuerzos que había venido de quién sabía dónde. Harry vio grandes criaturas aladas sobrevolando las

cabeza de los gigantes de Voldemort, los thestrals y Buckbeak el hipogrito arañaban sus ojos mientras

Grawp les golpeaba y mordía y ahora los magos, defensores de Hogwarts y mortífagos por igual estaban

siendo forzados a volver a entrar en el castillo. Harry estaba lanzando maleficios y maldiciones a cualquier

mortifago que veía, y ellos se derrumbaban, sin saber qué o quién les había dado, y sus cuerpos eran

pisoteados por la multitud en retiradaTodavía oculto bajo la Capa de Invisibilidad, Harry fue también

empujado a entrar en el vestíbulo. Estaba buscando a Voldemort y le vio al otro lado de la habitación,

disparando hechizos con su varita mientras retrocedía hasta el Gran Salón, todavía gritando instrucciones

a sus seguidores, mientras lanzaba maldiciones a diestro y siniestro. Harry lanzó más Encantamientos

Escudo, entre Voldemort y sus presuntas víctimas.Seamus Finnigan y Hannah Abbot, pasaron junto a él a

la carrera hacia el interior del Gran Salon, donde se unieron a la lucha que ya florecía dentro.Y había más,

incluso más gente saltando los escalones delanteros, y Harry vio a Charlie Weasley alcanzando a Horace

Slughorn, que todavía vestía su pijama esmeralda. Parecía haber vuelto a la cabeza de lo que parecían ser

las familias y amigos de cada estudiante de Hogwarts que había seguido luchando junto a los tenderos y

vecinos de Hogsmeade. Los centauros Bane, Ronan y Magorian irrumpieron en el vestíbulo con un gran

crepitar de cascos, y detrás de Harry la puerta que conducía a las cocinas fue golpeada hasta sacarla de

sus goznes.Los elfos domésticos de Hogwarts inundaron el vestibulo de entrada, gritando y ondeando

cuchillos de carnicero de trinchar, y a la cabeza de los mismos, con el guardapelo de Regulus Black

rebotando en su pecho, estaba Kreacher, su voz de rana era audible incluso sobre este alboroto: -¡Luchad!

¡Luchad! ¡Luchad por mi Amo, defensor de los elfos domésticos! ¡Luchad contra el Señor Tenebroso, en

nombre del Valiente Regulus! ¡Luchad! Estaban asaltando y apuñalando los tobillos y pantorrillas de los

mortifagos con su diminutas caras iluminadas de malicia, y mirara donde mirara Harry veía mortifagos

doblegados por el puro peso del número, superados por hechizos, sacándose flechas de heridas,

apuñalados en las piernas por los elfos, o simplemente intentando escapar, pero tragados por la orda que

se aproximada.Pero esto no había acabado aún. Harry corrió entre los duelistas y los prisioneros que se

resistían hasta el Gran Salón.Voldemort estaba en el centro de la batalla, atacando y golpeando a todo el

que se ponia a su alcance. Harry no podía conseguir un disparo claro, así que luchó por acercarse más,

todavía invisible, pero el Gran Salon se fue abarrotando más y más con cada uno que conseguía forzar su

entrada.Harry vio a Yaxley derribado en el suelo por George y Lee Jordan, vio a Dolohov caer con un grito a

manos de Flitwick, vio a Walden Macnair lanzado al otro lado de la habitación por Hagrid, golpear la pared

opuesta, y deslizarse inconsciente hasta el suelo. Vio a Ron y Neville derrotando a Fenrir Greyback,

Aberforht Aturdiendo a Rookwood, Arthur y Percy rodeaban a Thicknesse, y Lucius y Narcissa Malfoy

corriendo entre la multitud, sin intentar luchar, llamando a gritos a su hijo.Voldemort estaba ahora

luchando contra McGonagall, Slyghorn y Kingsley, todos a la vez, y había un odio frío en su cara mientras

ondeaban y amagaban alrededor, incapaces de acabar con él.Bellatrix todavía estaba luchando también, a

cincuenta yardas de Voldemort, y como su amo, luchaba con tres a la vez: Hermione, Ginny y Luna, todas

al máximo de sus posibilidades, pero Bellatrix las igualaba, y la atención de Harry se desvió cuando una

Maldición Asesina golpeó tan cerca de Ginny que falló y no la mató por un centímetro.Cambió de curso,

corriendo hacia Bellatrix en vez de hacia Voldemort, pero antes de haber dado un par de pasos fue

golpeado a un lado.-¡MI HIJA NO, PERRA!La Señora Weasley se quitó la capa mientras corría, liberando sus

manos. Bellatrix se dio la vuelta, rugiendo de risa antes de visión del nuevo desafío.-¡FUERA DE MI

CAMINO! -gritó la Señora Weasley a las tres chicas, y con un simple ademán de su varita empezó el duelo.

Harry observaba con terror y júbilo como la varita de Molly Weasley acuchillaba y se retorcía, y la sonrisa

de Bellatrix Lestrange decaía y se convertía en un gruñido. Rayos de luz volaban desde ambas varitas, el

suelo alrededor de los pies de las brujas se levantó y agrietó. Ambas mujeres estaban luchando a muerte.-

¡No! -gritó la Señora Weasley cuando unos pocos estudiantes se adelantaron, intentando acudir en su

ayuda-. ¡Atrás! ¡Atrás! ¡Es mía!Cientos de personas estaban ahora alineadas contra las paredes, observando

las dos luchas, Voldemort y sus tres oponentes. Bellatrix y Molly, y Harry de pie, invisible, desgarrado

entre ambas, deseando atacar y a la vez proteger, incapaz de estar seguro de no alcanzar a un inocente.-

¿Qué ocurrirá con tus hijos cuando mueras? -se burlón Bellatrix, tan loca como su amo, haciendo cabrioles

mientras las maldiciones de Molly danzaban a su alrededor-. ¿Cuando Mami se haya ido como Freddie?-

¡Tú... nunca... volverás... a... tocar... a... mis... hijos! -gritó la Señora Weasley.Bellatrix rió con la misma risa

alborozada que su primo Sirius había soltado mientras caía hacia atrás a través del velo, y de repente Harry

supo lo que iba a ocurrir antes de que ocurriera.La maldición de Molly pasó bajo el brazo extendido de

Bellatrix y la golpeó de lleno en el pecho, directamente sobre el corazón.La sonrisa satisfecha de Bellatrix

se congeló, sus ojos parecieron salirse de sus órbitas. Durante el más ínfimo espacio de tiempo supo lo

que había ocurrido, y después perdió el equilibrio, y la multitud de observadores rugió enardecida, y

Voldemort gritó.Harry lo sintió mientras se giraba a cámara lenta. Vio a McGonagall, Kingsley y Slughorn

salir despedidos hacia atrás, agitándose y contorsionándose en el aire, cuando la furia de Voldemort ante

la caída de su última y mejor lugarteniente explotó con la fuerza de una bomba. Voldemort alzó la varita y

la apuntó hacia Molly Weasley.-¡Protego! -rugió Harry, y el Encantamiento Escudo se expandió en medio

del Salón, y Voldemort miró alrededor en busca de la fuente mientras Harry se quitaba la Capa de

Invisilibidad al fin.El chillido de sorpresa, los vitores, los gritos de por todos lados: "¡Harry! ¡ESTÁ VIVO!"

fueron ahogados de inmediato. La multitud tenía miedo, y el silencio cayó abrupta y completamente

cuando Voldemort y Harry se miraron el uno al otro, y empezaron, al mismo tiempo, a girar en círculos.-

No quiero que ningún otro ayude, -dijo Harry en voz alta, y en el silencio absoluto su voz sonó como la

llamada de una trompeta-. Así es como debe ser. Tengo que ser yo.Voldemort siseó.-Potter no quiere

decir eso, -dijo, sus ojos rojos estaban abiertos de par en par-. Así no es como funciona, ¿verdad? ¿A

quién vas a utilizar como escudo hoy, Potter?-A nadie, -dijo Harry simplemente-. No hay más

Horrocruxes. Solos tú y y yo. Ninguno puede vivir mientras el otro sobreviva, y uno de nosotros está a

punto de desaparecer para siempre.-¿Uno de nosotros? -se burló Voldemort, y todo su cuerpo estaba

tenso y sus ojos rojos fijos, una serpiente a punto de atacar-. ¿Crees que serás tú, eh, el chico que ha

sobrevivido por accidente, y porque Dumbledore tiraba de sus cuerdas?-¿Fue un accidente, cuando me

salvó mi madre? -preguntó Harry. Se movian lentamente de lado, ambos, en un círculo perfecto,

manteniendo la misma distancia el uno del otro, y para Harry no existía más cara que la de Voldemort-.

¿Accidente, cuando decidi luchar en ese cementerio? ¿Accidente, que no me defendiera esta noche, y aún

así sobreviviera, y volviera para luchar?-¡Accidentes! -gritó Voldemort, pero aún así no atacaba, y la

multitud de observadores estaba congelada, como Petrificados, y los cientos de personas del Vestibulo,

nadie parecía respirar excepto ellos dos-. Accidente y casualidades y el hecho de que te escondes y

gimoteas tras las faldas de grandes hombres y mujeres, ¡y me permites matarles en tu lugar!-No matarás a

nadie más esta noche, -dijo Harry mientras giraban, y se miraban directamente a los ojos, verde contra

rojo-. No podrás volver a matar nunca a ninguno de ellos. ¿No lo coges? Estaba preparado para morir para

evitar que hicieras daño a esta gente...-¡Pero no lo hiciste!-...tenía intención de hacerlo, y eso es lo que

cuenta. Hice lo que hizo mi madre. Protegerles de ti. ¿No has notado como ninguno de los hechizos que

les has lanzado les han tocado? No puedes torturarles. No puedes tocarles. No has aprendido de tus

errores, Riddle, ¿verdad?-Te atreves...-Si, me atrevo -dijo Harry-. Sé cosas que tú no sabes, Tom Riddle.

Sé un montón de cosas que tú no. ¿Quieres oir algunas, antes de cometer otro gran error?Voldemort no

habló, pero rondaba en circulos, y Harry sabía que le tenía temporalmente hipnotizado, contenido por la

idea de que hubiera la más mínima posibilidad de que Harry pudiera saber un secreto definitivo...-¿El amor

de nuevo? -dijo Voldemort, su cara de serpiente se burlaba-. La solución favorita de Dumbledore, que él

afirmaba conquistaba a la muerte, aunque el amor no evitó que cayera de la torre y se rompiera como un

muñeco de cera vieja. Amor, que no evitó que aplastara a tu madre sangre sucia como a una cucaracha,

Potter... y nadie parece amarte a ti lo suficiente como para adelantarse estaba vez e interceptar mi

maldición. ¿Qué evitará entonces que mueras esta vez cuando ataque?-Solo una cosa -dijo Harry, y

siguieron rodeándose el uno al otro, absortos el uno en el otro, separados solo por el último secreto.-Si no

es el amor lo que te salvará esta vez, -dijo Voldemort- debes creer que tienes una magia que yo no tengo,

o alguna otra cosa, ¿un arma más poderosa que la mía?-Las dos cosas, creo -dijo Harry, y vio el destello

de sorpresa cruzar la cara de serpiente, aunque se disipó instantáneamente. Voldemort empezó a reir, y el

sonido fue más aterrador que sus gritos, enloquecido y sin humor, y resonó a través del silencioso Salón.-

¿Crees que conoces magia que yo no? -dijo-. ¿Que yo, que Lord Voldemort, que ha realizado magia con la

que ni siquiera el propio Dumbledore habría soñado jamás?-Oh, soñó con ella, -dijo Harry- pero sabía

más que tú, sabía lo suficiente para no hacer lo que tú.-¡Quieres decir que era débil! -gritó Voldemort-.

Demasiado débil como para atreverse, demasiado débil como para coger lo que podría haber sido suyo, ¡lo

que será mío!-No, era más astuto que tú, -dijo Harry- mejor mago, y mejor hombre.-¡Yo ordené la muerte

de Albus Dumbledore!-Crees haberlo hecho, -dijo Harry- pero estás equivocado.Por primera vez, la

multitud de observadores se movió cuando cientos de personas alrededor de las paredes respiraron como

una.-¡Dumbledore está muerto! -Voldemort arrojó las palabras a Harry como si estas le causaran un dolor

insoportable-. Su cuerpo se pudre en una tumba de mármol en los terrenos de este castillo. Yo le vi,

Potter, ¡y no volverá!-Si, Dumbledore está muerto, -dijo Harry tranquilamente-. pero no fuiste tú quien lo

mató. Eligió su propia forma de morir, la eligió meses antes de morir, lo arregló todo con el hombre al que

creías tu sirviente.-¿Que sueño infantil es este? -dijo Voldemort, pero todavía no atacaba, y sus ojos rojos

no se separaban de los de Harry.-Severus Snape no era uno de tus hombres-. dijo Harry-. Lo era de

Dumbledore. De Dumbledore desde el momento en que empezaste a perseguir a mi madre. Y nunca lo

comprendiste, porque es la única cosa que no puedes entender. ¿Nunca viste a Snape lanzar un

Patronus, Riddle? Voldemort no respondió. Continuaron girando uno alrededor del otro como lobos

dispuestos a hacer trizas al otro.-El Patronus de Snape era una cierva -dijo Harry-, como el de mi madre,

porque la amó durante casi toda su vida, desde que eran niños. Deberías haberlo notado, -dijo cuando vio

llamear las fosas nasales de Voldemort-, te pidió que le perdonaras la vida, ¿verdad?-La deseaba, eso era

todo, -dijo Voldemort con desprecio-, pero cuando desapareció, él estuvo de acuerdo en que habían otras

mujeres, y de sangre pura, que le merecerían...-Por supuesto que te dijo eso -dijo Harry-. pero fue espia

de Dumbledore desde el momento en que la amenazaste, y ha estado trabajando contra tí desde entonces!

¡Dumbledore ya se estaba muriendo cuando Snape acabó con él!-¡Eso no importa! -chilló Voldemort, que

había seguido cada palabra con absorta atención, pero ahora dejó escapar un cacareo de risa enloquecida-.

¡No importa si Snape era mío o de Dumbledore, o que mezquinos obstáculos trató de poner en mi camino!

Los aplasté como aplasté a tu madre, ¡el supuesto gran amor de Snape! ¡Oh, pero todo cobra sentido,

Potter, y de formas que no tú no entiendes!¡Dumbledore estaba intentando mantener la Varita de Sauco

lejos de mí! ¡Su intención era que Snape fuera el auténtico amo de la varita! Pero yo voy por delante de tí,

muchachito. ¡Cogí la varita antes de que consiguieras poner sus manos en ella! ¡Entendi la verdad antes

que tú! ¡Maté a Severus Snape hace tres horas, y la Varita de Sauco, la Vara de la Muerte, la Varita del

Destino es verdaderamente mía! ¡El último plan de Dumbledore salió mal, Harry Potter!-Si, lo hizo -dijo

Harry-. Tienes razón. Pero antes de que me mates, te aconsejo que pienses en lo que has hecho... Piensa, e

intenta sentir algo de remordimiento, Riddle...-¿Que es esto?De todas las cosas que Harry le había dicho,

más allá de cualquier revelación o burla, nada había sorprendido a Voldemort como esto. Harry vio sus

pupilas contraerse en las finas rendijas, vio la piel alrededor de sus ojos quedarse blanca.-Es tu última

oportunidad, -dijo Harry-, todo lo que te queda... he visto lo que hubieras sido de otro modo... Sé un

hombre... inténtalo... Intenta sentir algún remordimiento...-¿Te atreves...? -dijo Voldemort de nuevo.-Si,

me atrevo, -dijo Harry-, porque el último plan de Dumbledore no se ha vuelto contra mí en absoluto. Se ha

vuelto contra tí, Riddle.La mano de Voldemort estaba temblando sobre la Varita de Sauco, y Harry aferraba

la de Draco muy firmemente. El momento, lo sabía, estaba a solo segundos.-La varita todavía no funciona

apropiadamente para ti porque mataste a la persona equivocada. Severus Snape nunca fue el auténtico amo

de la Varita de Sauco. Nunca derrotó a Dumbledore.-Le mató...-¿No has estado escuchando? ¡Snape nunca

derrotó a Dumbledore! ¡La muerte de Dumbledore estaba planeada! Dumbledore tenía intención de morir,

sin ser derrotado, el último amo de la varita! ¡Si todo hubiera salido tal y como estaba planeado, el poder

de la varita habría muerto con él, porque nunca ha sido derrotado!-¡Pero entonces, Potter, Dumbledore fue

tan amable de darme la varita! -la voz de Voldemort se sacudía con malicioso placer-. ¡Robé la varita de la

tumba de su último amo! ¡La cogí contra los deseos del último amo! ¡El poder es mío!-¿Todavía no lo

coges, verdad, Riddle? ¡La posesión de la varita no es suficiente! Sujetarla, utilizarla, no la hace realmente

tuya. ¿No oiste a Ollivander? La varita elige al mago... La Varita de Sauco reconoció a un nuevo amo antes

de que Dumbledore muriera, alguien que nunca puso su mano en ella. El nuevo amo le quitó la varita a

Dumbledore contra su voluntad, sin comprender nunca lo que había hecho exactamente, o que la varita

más peligrosa del mundo le había otorgado su lealtad...El pecho de Voldemort se alzaba y caía

rápidamente, y Harry podía sentir la maldición llegando, la sintió formarse dentro de la varita apuntada

hacia su cara.-El auténtico amo de la Varita de Sauco era Draco Malfoy.Una sorpresa estupefacta se mostró

por un momento en la cara de Voldemort, pero entonces desapareció.-¿Y qué importa eso? -dijo

suavemente-. Incluso si tienes razón, Potter, eso no supone ninguna diferencia entre tú y yo. Ya no hay

varitas de fénix. Será un duelo solo de habilidad... y después de que te haya matado, puedo ocuparme de

Draco Malfoy...-Pero llegas demasiado tarde, -dijo Harry-. Perdíste tu oportunidad. Yo llegué primero.

Vencí a Draco hace semanas. Le quité su varita.Harry ondeó la varita de espino, y sintió los ojos de todo el

mundo en el Salón posados en ella.-Asi que todo se reduce a eso, ¿verdad? -susurró Harry-. ¿Sabe la varita

que está en tu mano que su último amo fue Desarmado? Porque si lo sabe... yo soy el auténtico amo de la

Varita de Sauco.Un rayo rojo estalló repentinamente cruzando el cielo encantado sobre ellos cuando el

borde del sol deslumbrante apareció sobre el alféizar de la ventana más cercana. La luz golpeó ambas

caras al mismo tiempo, haciendo que la de Voldemort pareciera repentinamente un borrón llameante. Harry

oyó a la voz más aguda gritar y también el gritó esperando lo mejor, apuntando la varita de Draco.-¡Avada

Kedavra!-¡Expelliarmus!La explosión fue como el disparo de un cañón, y las llamas doradas que estallaron

entre ellos, marcando el centro del círculo que habían estado trazando, en el punto donde los hechizos

colisionaron. Harry vio el rayo verde de Vodemort encontrarse con su propio hechizo, vio la Varita de

Sauco volar alto, oscura contra el amanecer, girando por el techo encantado como la cabeza de Nagini,

dando vueltas a través del aire hacia el amo al que no podía matar, que había tomado posesión absoluta de

ella al fin. Y Harry, con la habilidad infalible de un Buscador, cogió la varita con la mano libre mientras

Voldemort retrocedía, con los brazos abiertos y los ojos escarlata de pupilas verticales mirando hacia

arriba. Tom Riddle golpeó el suelo con mundana banalidad, su cuerpo débil y encogido, las manos

blancas vacías, la cara de serpiente vacía e ignorante.Voldemort estaba muerto, muerto por su propia

maldición rebotada, y Harry estaba en pie con dos varitas en las manos, mirando al cadáver de su

enemigo.Un estremecedor segundo de silencio, la sorpresa del momento quedó suspendida, y después el

tumulto estalló alrededor de Harry mientras gritos, vítores y rugidos de los observadores llenaban el

aire.La ferocidad del nuevo sol atravesaba las ventanas cuando corrieron hacia él y los primeros en

alcanzarle fueron Ron y Hermione, y fueron sus brazos los que le rodearon, sus gritos incomprensibles los

que le ensordecieron. Los de Ginny, Neville, y Luna estaban allí, y todos los Weasleys y Hagrid, y Kingsley y

McGonagall y Flitwick y Sprout, y Harry no podía oir ni una palabra de que lo todos estaban gritando, ni

decir que manos estrechaban las suyas, tirando de él, intentando abrazar alguna parte de él, cientos de

ellos presionando, todos decididos a tocar al Chico Que Vivió, la razón de que todo hubiera acabado al

fin.El sol se había alzado completamente sobre Hogwarts, y el Gran Salon hervía de vida y luz. Harry era

una parte indispensable de la mezcla de efusiones de júbilo y luto, de pena y celebración. Deseaban que

estuviera allí con ellos, su líder y símbolo, su salvador y su guía, y que no había dormido, que anhelaba la

compañía de solo unos pocos de ellos, no parecía ocurrírsele a ninguno. Debía dar el pésame, estrechar

manos, presenciar lágrimas, recibir agradecimientos, oir las noticias que llegaban poco a poco de todas

partes mientras la mañana pasaba: que por todas partes del país los maldecidos por la Maldición Imperius

habían vuelto a su verdadero ser, que los mortifagos se daban a la fuga o estaban siendo capturados, que

los inocentes de Azkaban serían liberados en cualqueir momento, y que Kingsley Shacklebot había sido

nombrado temporalmente Ministro de Magia.Movieron el cuerpo de Voldemort y lo tendieron en una

cámara junto al Vestíbulo, lejos de los cuerpos de Fred, Tonks, Lupin, Colin Creevey, y cincuenta

estudiantes más que habían muerto luchando. McGonagall había vuelto a colocar las mesas de las Casas,

pero ya nadie se sentaba de acuerdo con su Casa. Estaban todos apiñados juntos, profesores y pupilos,

fantasmas y padres, centauros y elfos domésticos, y Firenze yacía recuperándose en una esquina, y Grawp

espiaba a través de una ventana destrozada, y la gente se tiraba comida a las bocas sonrientes.Después de

un rato, exhausto y agotado, Harry se encontró sentado en un banco junto a Luna.-Si yo fuera tú, querría

algo de paz y tranquilidad.-Me encantaría, -replicó él.-Yo les distraeré, -dijo ella-. Usa tu capa.Y antes de

que pudiera decir una palabra, ella gritó.-¡Ooooh, mirad, un Blibbering Hundinger! -Y señaló a la ventana.

Todo el que la había oído miró, y Harry se deslizó la Capa por encima, y se puso en pie.Ahora se podía

mover por el Salón sin interferencia. Divisó a Ginny a dos mesas de distancia, estaba sentada con la cabeza

sobre el hombro de su madre. Habría tiempo de hablar después, horas y días y quizás años en los que

hablar. Vio a Neville, la espada de Gryffindor yacía junto a su plato mientras comía, rodeado por un grupo

de fervientes admiradores.Avanzó a lo largo del pasillo entre las mesas, y divisó a los tres Malfoy,

apiñados juntos como inseguros de si se suponía o no que debían estar allí, pero nadie les prestaba

ninguna atención. A donde quiera que mirara, veía familias reunidas, y finalmente, vio a los dos cuya

compañía más anhelaba.-Soy yo, -murmuró, agachándose entre los dos-. ¿Venís conmigo?Se pusieron en

pie al instante, y juntos, él, Ron y Hermione abandonaron el Gran Salón. Habían desaparecido grandes

trozos de la escalera de mármol, parte de la balaustrada había volado, y encontraron escombros y manchas

de sangre cada pocos escalones mientras subían.En algún lugar en la distancia pudieron oir a Peeves

zumbando a través de los corredores cantando una canción de victoria de su propia composición:Lo

hicimos, le machacamos, Pottercito es el elegido,Y Voldy en el barro ha desaparecido, ¡así que ahora a

divertirse!-Realmente te da una sensación de drama y tragedia, ¿verdad? -dijo Ron, empujando una puerta

para dejar pasar a Harry y Hermione.La felicidad llegará, pensó Harry, pero en ese momento estaba

amortiguada por el cansancio, el dolor de perder a Fred, Lupin y Tonks que le atravesaba como una herida

física cada pocos pasos. La mayor parte de él se sentía estupendamente aliviado, y anhelaba dormir. Pero

primero debía una explicación a Ron y Hermione, que habían aguantado con él durante tanto tiempo, y

merecían la verdad. Relató cuidadosamente lo que había visto en el Pensadero y lo que había ocurrido en el

bosque, y no habían empezado a expresar del todo su sorpresa y asombro, cuando al fin llegaron al lugar

al que se habían estado dirigiendo, aunque ninguno de ellos había mencionado su destino.Desde que la

había visto la última vez, la gargola que guardaba la entrada del despacho del director había sido volcada.

Estaba inclinada, como un pequeño borracho, y Harry se preguntó si podría aún distinguir contraseñas.-

¿Podemos subir? -preguntó a la gargola.-Paso libre -gimió la estatua.Escalaron sobre ella y subieron a la

escalera de espiral que se movía lentamente hacia arriba como una escalera mecánica. Harry abrió la

puerta al llegar a lo alto.Captó un breve vistazo del Pensadero sobre el escritorio donde él lo había dejado,

y entonces oyó un ruido ensordecedor que le hizo gritar, pensando en maldiciones y mortifagos y en

Voldemort renacido.Pero era un aplauso. En todas las paredes, los directores y directoras de Hogwarts le

estaban dedicando una ovación en pie. Ondeaban sus sombreros y en algunos casos alas, se extendian a

través de sus marcos para extrechar las manos de los demás, danzaban arriba y abajo en las sillas en las

que habían sido pintados. Dilys Derwen sollozaba desvergonzadamente. Dexter Fortescui estaba ondeando

su trompetilla, y Phineas Niggelus gritaba, con su voz alta y aflautada "¡Y deja claro que la Casa Slytherin

ha tomado parte en ello! ¡No dejes que nuestra contribución sea olvidada!Pero Harry tenía ojos solo para el

hombre que estaba en pie en el retrato más grande, directamente tras la silla del director. Corrían lágrimas

por sus mejillas tras las gafas de medialuna hasta la larga barba plateada, y el orgullo y la gratitud

emanaban de él llenando a Harry con el mismo bálsamo consolador que la canción del fénix.Al fin, Harry

alzó las manos, y los retratos cayeron en un respetuoso silencio, sonriendo y secándose los ojos y

esperando ansiosamente a que hablara.Dirigió sus palabras a Dumbledore, sin embargo, y las eligió con

enorme cuidado. Exhausto y con los ojos enrojecidos como estaba, debía hacer un último esfuerzo, buscar

un último consejo.-Lo que estaba oculto en la Snitch, -empezó- lo dejé caer en el bosque. Sé donde

exactamente, pero no voy a volver a buscarlo. ¿Está de acuerdo?-Mi querido muchacho, lo estoy -dijo

Dumbledore, mientras sus compañeros retratos parecían confusos y curiosos-. Una sabia y valerosa

decisión, pero no es menos de lo que habría esperado de ti. ¿Alguien más sabe donde cayó?-Nadie -dijo

Harry, y Dumbledore asintió con satisfacción.-Sin embargo voy a conservar el regalo de Ignotus, -dijo

Harry, y Dumbledore sonrió.-Por supuesto, Harry, es tuya para siempre, ¡hasta que la pases!-Y luego está

esto.Harry sostuvo en alto la Varita de Sauco, y Ron y Hemione la miraban con tal reverencia, que ni

siquiera en su estado falto de sueño y aturdido, a Harry le gustaba ver.-No la quiero -dijo Harry.-¿Qué? -

dijo Ron ruidosamente-. ¿Estás loco?-Sé que es poderosa. -dijo Harry cansado-. Pero estaría mucho más

contento con la mía. Así que...Hurgó en la bolsita que colgaba de su cuello y sacó las dos mitades de la

varita de acebo todavía conectadas por la más fina hebra de pluma de fénix. Hermione había dicho que no

podía ser reparada, que el daño era demasiado severo. Él lo único que sabía es que si esto no funcionaba,

nada lo haría.Tendió la varita rota sobre el escritorio del director, la tocó con la punta de la Varita de

Sauco, y dijo. -Reparo.Cuando su varita se selló, chispas rojas salieron de su extremo. Harry sabía que

había tenido éxito. Recogió la de varita de acebo y fénix y sintió una calidez en sus dedos, cuando varita y

mano celebraron su reunión.-Pondré la Varita de Sauco -dijo a Dumbledore, que le estaba observando con

enorme afecto y admiración- otra vez donde estaba. Puede quedarse aquí. Si muero de muerte natural

como Ignotus, su poder se romperá, ¿no? El anterior amo nunca habrá sido derrotado. Ese será su

final.Dumbledore asintió. Se sonrieron el uno al otro.-¿Estás seguro? -dijo Ron. Habia un ligero rastro de

anhelo en su voz mientras miraba a la Varita de Sauco.-Creo que Harry tiene razón, -dijo Hermione

tranquilamente.-Esta varita da más problemas de los que vale -dijo Harry-. Para ser honestos, -se alejó de

los retratos, pensando ahora solo en la cama de cuatro postes que le esperaba en la Torre de Gryffindor, y

preguntándose si Kreacher podría llevarle un sandwich allí-,ya he tenido suficientes problemas para toda

una vida.

 

 

¡¡¡¡¡TERMINASTE HARRY POTTER 7!!!!! ¡¡¡¡¡FELICITACIONES!!!!!

 

 

 

EPÍLOGO: 19 AÑOS DESPUÉS

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