capitulo23
La Página Oficial Uruguaya de Harry Potter y las reliquias de la muerte.

 

Harry miró alrededor hacia los otros dos, ahora meros contornos en la oscuridad. Vio a Hermione apuntar su varita, no hacia el exterior, sino hacia su cara. Hubo un estallido, una ráfaga de luz blanca, y Harry se retorció en agonía, incapaz de ver. Podía sentir que su cara se hinchaba con rapidez bajo sus manos, mientras pesados sonidos de pasos lo rodeaban.
-Levántate, alimaña.
Manos desconocidas levantaron a Harry con brusquedad del suelo. Antes de poderlos detener, alguien hurgó en sus bolsillos y sacó la varita de endrino. Harry se apretó la cara, que le dolía terriblemente. Parecía irreconocible bajo sus dedos, tirante, hinchada e inflamada, como si hubiera sufrido una violenta reacción alérgica. Sus ojos se habían reducido a ranuras por las que apenas podía ver; sus gafas se cayeron cuando lo sacaron atado de la tienda: todo lo que podía apreciar eran las borrosas formas de cuatro o cinco personas arrastrando también a Ron y Hermione fuera, que forcejeaban.
-¡Apartaros… de… ella! –gritó Ron. Hubo el inconfundible sonido de puños golpeando carne: Ron gruñó de dolor y Hermione gritó:
-¡No! ¡Dejadlo en paz, dejadlo en paz!
-A tu novio le van a hacer cosas peores que estas si está en mi lista. –dijo la voz horriblemente familiar y rasposa-. Una chica deliciosa… qué bocado… me encanta la suavidad de su piel…
El estómago de Harry se revolvió. Supo quién era, Fenrir Greyback, el hombre lobo al que se le permitía llevar ropas de mortífago a cambio de contratar su salvajismo.
-¡Registrad la tienda! –dijo otra voz.
Harry fue arrojado de cabeza al suelo. Un golpe sordo le contó que habían tirado a Ron a su lado. Pudieron oír pasos y estrépito; estaban tirando sillas dentro de la tienda mientras buscaban.
-Ahora, veamos a quiénes tenemos –dijo la voz de Greyback con deleite por encima de sus cabezas, y a Harry lo giraron hasta quedar boca arriba. El rayo de luz de una varita cayó en su cara y Greyback se rió.
-Necesitaré cerveza de mantequilla para lavar a este. ¿Qué te ha pasado, feo?
Harry no contestó de inmediato.
-He dicho –repitió Greyback, y Harry recibió un golpe en el diafragma que lo hizo doblarse de dolor-. ¿Qué te pasó?
-Picado –farfulló Harry-. Me picaron.
-Sí, lo parece –dijo una segunda voz.
-¿Cómo te llamas? –gruño Greyback.
-Dudley –dijo Harry.
-¿Y tu nombre?
-Yo… Vernon. Vernon Dudley
-Comprueba la lista, Scabior –dijo Greyback, y Harry lo oyó moverse lateralmente para bajar la vista hacia Ron-. ¿Y qué hay de ti, pelirrojo?
-Stan Shunpike –dijo Ron.
-¡Y un cuerno! –dijo el hombre llamado Scabior-. Conocemos a Stan Shunpike, ha hecho algunas cosas para nosotros.
Hubo otro golpe sordo.
-Soy Barny –dijo Ron, y Harry pudo notar que su voz estaba llena de sangre-. Barny Weasley
-¿Un Weasley? –dijo Greyback con voz rasposa-. Así que estás emparentado con esos traidores de sangre incluso si no eres un sangre sucia. Y finalmente, tu pequeña y guapa amiga… -el deleite de su voz le puso la carne de gallina a Harry.
-Calma, Greyback –dijo Scabior por encima de las mofas de los otros.
-Oh, todavía no la voy a morder. Veremos si es un poco más rápida que Barny en recordar su nombre. ¿Quién eres, niña?
-Penelope Clearwater –dijo Hermione. Sonaba aterrorizada, pero convincente.
-¿Cuál es tu estatus de sangre?
-De sangre mezclada –dijo Hermione.
-Bastante fácil de comprobar –dijo Scabior-. Pero todos estos parecen tener edad de estar en Hogwarts…
-Nos hemos ido –dijo Ron.
-¿Así que os habéis ido, eh, pelirrojo? –dijo Scabior-. ¿Y decidisteis ir de camping? ¿Y pensasteis, que para reíros, podíais usar el nombre del Señor Tenebroso?
-No para reírnos –dijo Ron-. Un accidente.
-¿Accidente? –hubo más risas burlonas.
-¿Sabes quién solía usar el nombre del Señor Tenebroso, Weasley? –gruñó Greyback-. La Orden del Fénix. ¿Te dice algo?
-No.
-Bueno, no le muestran el debido respeto al Señor Tenebroso, así que el nombre se ha hecho Tabú. Unos pocos miembros de la Orden han sido rastreados de esa forma. Ya veremos. ¡Atadlos con los otros dos prisioneros!
Alguien levantó a Harry por el pelo, lo arrastró un corto espacio, lo empujó hasta dejarlo sentado y empezó a atarlo espalda contra espalda con otra gente. Harry todavía estaba medio ciego, apenas capaz de ver nada a través de sus hinchados ojos. Cuando por fin el hombre que los ataba se marchó, Harry le susurró a los otros prisioneros:
-¿Alguien todavía tiene varita?
-No –dijeron Ron y Hermione a cada lado.
-Esto es todo culpa mía. Dije el nombre. Lo siento…
-¿Harry?
Era una voz nueva pero conocida, y venía directamente de detrás de Harry, de la persona atada a la izquierda de Hermione.
-¿Dean?
-¡Eres tú! ¡Si se enteran de a quién han cogido…! Son Merodeadores, sólo están buscando a gente haciendo novillos para sacar dinero…
-No ha sido un mal botín para una noche –estaba diciendo Greyback, cuando un par de botas con tachuelas pasaron cerca de Harry, y oyeron más golpes desde el interior de la tienda-. Un sangre sucia, un duende fugitivo y estos haciendo novillos. ¿Ya comprobaste sus nombres en las listas, Scabior? –rugió.
-Sí, no hay ningún Vernon Dudley aquí, Greyback.
-Interesante –dijo Greyback-. Eso es interesante.
Se puso de cuclillas junto a Harry, que vio, a través del hueco infinitesimal que quedaba entre sus hinchadas pestañas, una cara cubierta de pelo gris enmarañado y bigotes, con dientes marrones puntiagudos y llagas en las comisuras de la boca. Greyback olía de la misma forma que en la torre donde Dumbledore había muerto: a suciedad, sudor y sangre.
-¿Así que no te buscan, eh, Vernon? ¿O estás en esa lista con un nombre diferente? ¿En qué casa estabas en Hogwarts?
-Slytherin –dijo Harry automáticamente.
-Es gracioso como piensan todos que queremos oír eso –dijo Scabior con malicia desde las sombras-. Pero ninguno nos puede decir dónde está la sala común.
-Está en las mazmorras –dijo Harry con claridad-. Se entra por la pared. Está llena de cráneos y demás, y bajo el lago, por lo que las luces son verdes.
Hubo una breve pausa.
-Bueno, parece que realmente hemos pillado un pequeño Slytherin –dijo Scabior-. Bien por ti, Vernon, porque no hay demasiados sangre sucia Slytherins. ¿Quién es tu padre?
-Trabaja en el Ministerio –mintió Harry. Sabía que toda la historia se podría derrumbar con la más mínima investigación, pero por otro lado, sólo tenía tiempo hasta que su cara volviese a su apariencia normal, porque para entonces el juego se habría acabado-. Departamento de Accidentes Mágicos y Catástrofes.
-Sabes que, Greyback –dijo Scabior-. Creo que hay un Dudley allí.
Harry apenas podía respirar: ¿podría la suerte, la pura suerte, sacarlos indemnes de esta?
-Bien, bien –dijo Greyback. Harry pudo oír una pequeña nota de turbación en esa voz cruel, y supo que Greyback se estaba preguntando si de hecho acababa de atacar y atar al hijo de un oficial del Ministerio. El corazón de Harry estaba golpeando contra sus costillas; no se habría sorprendido de saber que Greyback podía verlo-. Si estás diciendo la verdad, feo, no tienes nada que temer de un viaje al Ministerio. Espero que tu padre nos recompense por recogerte.
-Pero –dijo Harry, con la boca seca-, si nos dejase…
-¡Eh! –se escuchó un grito del interior de la tienda-. ¡Mira esto, Greyback!
Una figura oscura se movió de prisa hacia ellos, y Harry vio un destello de plata bajo la luz de las varitas. Habían encontrado la espada de Gryffindor.
-Muuy bonita –dijo Greyback con admiración, cogiéndola de su compañero-. Oh, muy bonita, sí. Parece fabricada por duendes. ¿De dónde sacaste algo como esto?
-Es de mi padre –mintió Harry, esperando contra toda esperaza que estuviese lo suficientemente oscuro como para que Greyback no viese el nombre grabado bajo la empuñadura-. La cogimos prestada para cortar leña…
-¡Espera un minuto, Greyback! ¡Mira esto, en el Profeta!
Cuando Scabior lo dijo, la cicatriz de Harry, que estaba tensa en su dilatada frente, le ardió salvajemente. Con más claridad de la que podía ver a su alrededor, vio un altísimo edificio, una fortaleza sombría, negro azabache y prohibida. De repente los pensamientos de Voldemort se habían vuelto de nuevo afilados; se estaba deslizando hasta el gigante edificio con un sentimiento de calmada y eufórica intención…
Tan cerca… tan cerca…
Con un enorme esfuerzo Harry cerró su mente a los pensamientos de Voldemort, llevéndose de vuelta a donde estaba sentado, atado a Ron, Hermione, Dean, y Griphook en la oscuridad, escuchando a Greyback y Scabior.
-Hermione Granger –estaba diciendo Scabior-. La sangre sucia de la que se tiene constancia que viaja con Harry Potter.
La cicatriz de Harry ardió en el silencio, pero él hizo un esfuerzo supremo para mantenerse presente, para no deslizarse en la mente de Voldemort. Oyó el crujido de las botas de Greyback cuando se puso de cuclillas, enfrente de Hermione.
-¿Sabes qué, niñata? Esta imagen se parece mucho a ti.
-¡No es así! ¡No soy yo!
El aterrorizado chillido de Hermione fue tan bueno como una confesión.
-… se tiene constancia de que viaja con Harry Potter –repitió Greyback tranquilamente.
Una quietud se había instalado sobre la escena. La cicatriz de Harry estaba completamente dolorida, pero luchó con todas sus fuerzas contra la atracción de los pensamientos de Voldemort. Nunca había sido tan importante permanecer en su propia mente.
-Bueno, esto cambia las cosas, ¿no? –susurró Greyback. Nadie habló. Harry sintió a la banda de Saqueadores mirando, paralizados, y notó el brazo de Hermione temblar contra el suyo. Greyback se levantó y dio un par de pasos hacia donde estaba sentado Harry, agachándose de nuevo para mirar de cerca a sus deformadas facciones.
-¿Qué es eso que tienes en la frente, Vernon? –preguntó suavemente, su aliento nauseabundo en la nariz de Harry cuando presionó un asqueroso dedo contra la tensa cicatriz.
-¡No lo toques! –gritó Harry; no pudo evitarlo. Pensó que podría estar enfermo por el dolor que le causaba.
-Creí que llevabas gafas, Potter –susurró Greyback.
-¡Encontré gafas! –gritó uno de los Saqueadores que merodeaba de fondo-. Había gafas en la tienda, Greyback, espera…
Y segundos después las gafas de Harry habían sido colocadas de vuelta en su cara. Los Saqueadores ahora se estaban acercando, tratando de verlo.
-¡Es él! –raspó Greyback-. ¡Hemos cogido a Potter!
Todos dieron algunos pasos hacia atrás, aturdidos por lo que habían hecho. Harry, todavía luchando por mantenerse en su propia cabeza dolorida, no podía pensar en nada que decir. Visiones fragmentadas estaban traspasando la superficie de su mente…
…se estaba deslizando alrededor de los altos muros de la fortaleza negra…
No, era Harry, atado y sin varita, en grave peligro…
…mirando hacia arriba, hacia la ventana más alta, la torre más alta…
Era Harry, y estaban discutiendo su destino en voces bajas…
…hora de volar…
-…al Ministerio?
-A la mierda el Ministerio –gruñó Greyback-. Se llevarían el mérito, y nosotros nos quedaríamos sin nada. digo que se lo llevemos directamente a Quien-tú-sabes.
-¿Lo vas a convocar? ¿Aquí? –dijo Scabior, sonando sobrecogido, aterrorizado.
-No –gruñó Greyback-. No tengo… dicen que está usando la casa de los Malfoy como base. Llevaremos al chico allí.
Harry creyó saber porqué Greyback no llamaba a Voldemort. Al hombre lobo le podrían haber permitido llevar ropas de mortífago cuando querían usarlo, pero sólo el círculo íntimo de Voldemort era marcado con la Marca Tenebrosa: a Greyback no se le había concedido ese honor superior.
La cicatriz de Harry le quemó otra vez…
…y se elevó en el cielo, volando directo hacia las ventanas en lo más alto de la torre…
-…completamente seguro de que es él? Porque si no lo es, Greyback, estamos muertos.
-¿Quién está al mando, aquí? –rugió Greyback, cubriendo su momento de insuficiencia-. Yo digo que es Potter, además de su varita, ¡y eso son doscientos mil galeones aquí mismo! Pero si no tenéis las agallas suficientes para venir, ninguno de vosotros, es todo para mí, y con algo de suerte, ¡además me llevaré a la chica!
…la ventana era una mínima ranura en la roca negra, no lo suficientemente grande para que entrase un hombre… una figura esquelética era visible a través de ella, acurrucada bajo una manta… ¿Muerta o durmiendo?
-¡Muy bien! –dijo Scabior-. ¡Muy bien, estamos en esto! ¿Y qué pasa con los otros, Greyback, qué haremos con ellos?
-Bien podríamos llevarlos a todos. Tenemos dos sangres sucia, eso son otros diez galeones. Dame también la espada. Si son rubíes, tenemos otra pequeña fortuna aquí.
Arrastraron a los prisioneros para ponerlos de pie. Harry pudo escuchar la respiración de Hermione, rápida y aterrorizada.
-Agarradlos, y fuerte. ¡Yo cojo a Potter! –dijo Greyback, agarrando un puñado del cabello de Harry. Harry pudo sentir sus largas uñas amarillas arañándole el cráneo-. ¡A la de tres! Uno… dos… tres…
Se Desaparecieron, llevando a los prisioneros con ellos. Harry luchó, intentando apartar la mano de Greyback, pero fue inútil: Ron y Hermione estaban apretados con fuerza contra él a cada lado; no se podía separar del grupo, y cuando el aliento se escapó de sus pulmones, su cicatriz ardió todavía más dolorosamente…
…cuando se forzó a pasar a través de la ranura de una ventana como una serpiente y aterrizó ligeramente como vapor en el interior de la celda…
Los prisioneros se chocaron unos contra otros cuando aterrizaron en un camino rural. A los ojos de Harry, todavía hinchados, les llevó un momento aclimatarse. Entonces vio un par de verjas de hierro forjado al principio de lo que parecía ser un camino de entrada. Experimentó un pequeño alivio. Lo peor aún no había pasado: Voldemort no estaba allí. Estaba, Harry sabía, en la cima de una torre. Lo que tardaría Voldemort en llegar a este lugar una vez que supiese que Harry estaba allí, era otro asunto…
Uno de los Saqueadores avanzó hacia las rejas y las sacudió.
-¿Cómo entramos? Están cerradas, Greyback, no puedo… ¡Caray!
Apartó las manos asustado. El hierro se estaba retorciendo, doblándose para pasar de los abstractos rollos y espirales a una cara espantosa, que habló en una voz metálica y retumbante: -¡Declara tu propósito!
-¡Tenemos a Potter! –rugió Greyback con triunfo-. ¡Hemos capturado a Harry Potter!
Las verjas se abrieron.
-¡Vamos! –le dijo Greyback a sus hombres. Movieron a los prisioneros por las rejas y por el camino, entre altos setos que amortiguaban sus pasos. Harry vio una forma blanca fantasmal sobre él, y se dio cuenta de que era un pavo real albino. Se tropezó y Greyback lo enderezó; ahora avanzaba tambaleante por el lateral, atado espalda contra espalda a los otros cuatro prisioneros. Cerrando sus hinchados ojos, permitió que el dolor de la cicatriz lo abrumase por un momento, queriendo saber lo que estaba haciendo Voldemort, si sabía que habían cogido a Harry…
La consumida figura se estiró bajo la delgada manta y se dio la vuelta hacia él, abriendo los ojos en una cara cadavérica… el frágil hombre se sentó, con los ojos hundidos fijos en él, en Voldemort, y entonces sonrió. Le faltaban la mayoría de los dientes…
-Así que has venido. Pensé que lo harías… un día. Pero tu viaje ha sido en vano. Nunca la tuve.
-¡Mientes!
Cuando la rabia de Voldemort vibró en su interior, la cicatriz de Harry amenazó con estallar de dolor, por lo que obligó a su mente a volver a su propio cuerpo, luchando para mantenerse presente mientras los prisioneros eran empujados sobre la grava.
La luz se derramó sobre todos ellos.
-¿Qué es esto? –dijo la voz fría de una mujer.
-¡Estamos aquí para ver a El-que-no-debe-ser-nombrado! –raspó Greyback.
-¿Quién eres tú?
-¡Sabes quién soy! –hubo resentimiento en la voz del hombre lobo-. ¡Fenrir Greyback! ¡Hemos cogido a Harry Potter!
Greyback agarró a Harry y lo arrastró hacia la luz, forzando a los otros prisioneros a arrastrase con él.
-Lo sé, está hinchado, señora, ¡pero es él! –apuntó Scabior-. Si lo mira un poco más cerca, verá su cicatriz. Y esta aquí, ¿ve a la chica? Es la sangre sucia que ha estado viajando con él, señora. No hay duda de que es él, ¡y también tenemos su varita! Aquí, señora…
A través de sus hinchados ojos, Harry vio a Narcissa Malfoy examinando su inflamada cara. Scabior le pasó la varita de endrino. Ella levantó las cejas.
-Traedlos dentro –dijo.
Harry y los otros fueron empujados a golpes por los amplios escalones de piedra hasta llegar a un vestíbulo con retratos alineados.
-Seguidme –dijo Narcissa, encabezando la marcha por el pasillo-. Mi hijo, Draco, está en casa por las vacaciones de Semana Santa. Si ese es Harry Potter, él lo sabrá.
El salón deslumbraba después de la oscuridad exterior; incluso con los ojos casi cerrados, Harry podía distinguir las amplias proporciones de la habitación. Una lámpara de araña colgaba del techo, había más retratos en las paredes de color morado oscuro. Dos figuras se levantaron de sus sillas situadas enfrente de una recargada chimenea de mármol cuando los prisioneros fueron introducidos a la fuerza en la habitación por los Saqueadores.
-¿Qué es esto?
La espantosamente conocida y arrastrada voz de Lucius Malfoy llegó a los oidos de Harry. Ahora le estaba entrando pánico. No podía ver una salida, y era más fácil, mientras su miedo aumentaba, bloquear los pensamientos de Voldemort, aunque su cicatriz todavía seguía quemando.
-Dicen que tienen a Potter –dijo la fría voz de Narcissa-. Draco, ven aquí.
Harry no se atrevió a mirar directamente a Draco, sino que lo miró de soslayo: una figura ligeramente más alta que él levantándose de un sillón, su cara un pálido y puntiagudo borrón bajo el cabello rubio blanquecino.
Greyback obligó a los prisioneros a girarse de nuevo para colocar a Harry directamente bajo la lámpara de araña.
-¿Bien, chico? –raspó el hombre lobo.
Harry estaba de cara a un espejo sobre la chimenea, un enorme objeto dorado en un marco intrincado y con volutas. A través de las ranuras de sus ojos vio su propio reflejo por primera vez desde que dejaron Grimmauld Place.
Su cara estaba enorme, brillante y rosa, todas sus facciones distorsionadas por la maldición de Hermione. El cabello negro le llegaba a los hombros y había una sombra oscura en su mandíbula. Si no supiese que estaba allí parado, se habría preguntado quién llevaba sus gafas. Decidió no hablar, porque su voz seguramente lo delataría; aún así evitó mantener contacto visual con Draco cuando este se acercó.
-¿Bien, Draco? –dijo Lucius Malfoy. Sonaba ávido-. ¿Lo es? ¿Es Harry Potter?
-No puedo… no puedo estar seguro –dijo Draco. Estaba manteniendo las distancias con Greyback, y parecía tan asustado de mirar a Harry como Harry lo estaba de mirarlo.
-¡Pero míralo detenidamente, míralo! ¡Acércate más!
Harry nunca había escuchado a Lucius Malfoy tan entusiasmado.
-Draco, si somos los que le entregamos a Potter al Señor Tenebroso, todo será perdon…
-Ahora, no nos olvidemos de quién lo cogió en realidad. Eso espero, señor Malfoy –dijo Greyback amenazador.
-¡Por supuesto que no! ¡Por supuesto que no! –dijo Lucius con impaciencia. Se acercó a Harry, tan cerca que este pudo ver la habitual cara lánguida y pálida con nitidez incluso con los ojos hinchados. Con la cara como una máscara inflamada, Harry se sintió como si estuviese mirando a través de las barras de una celda.
-¿Qué le hicisteis? –le preguntó Lucius a Greyback-. ¿Cómo llegó a este estado?
-No fuimos nosotros.
-Parece más bien una Maldición Picante –dijo Lucius.
Sus ojos barrieron la frente de Harry.
-Hay algo ahí –susurro-. Podría ser la cicatriz, estirada tensa… ¡Draco, ven aquí, observa adecuadamente! ¿Qué crees?
Harry vio ahora la cara de Draco cerca, justo al lado de la de su padre. Eran extraordinariamente parecidos, excepto que mientras su padre parecía más entusiasmado que nunca, la expresión de Draco estaba llena de desgana, incluso miedo.
-No lo sé –dijo, y se marchó hacia la chimenea donde su madre estaba mirándolos.
-Es mejor que estemos seguros, Lucius –le dijo Narcissa a su marido en su fría voz-. Completamente seguros de que es Potter, antes de avisar al Señor Tenebroso… Dicen que esta es suya –estaba mirando muy de cerca la varita de endrino-, pero no se parece a la descripción de Ollivander… Si estamos equivocados, si llamamos al Señor Tenebroso para nada… ¿Recuerdas lo que le hizo a Rowle y Dolohov?
-¿Y qué pasa con la sangre sucia, entonces? –gruñó Greyback. Harry casi se cayó al suelo cuando los Saqueadores obligaron a los prisioneros a girar otra vez, para que la luz cayese sobre Hermione.
-¡Espera! –dijo Narcissa bruscamente-. Sí… ¡estaba en la tienda de Madam Malkin’s con Potter! ¡Vi la fotografía en el Profeta! Mira, Draco, ¿no es la chica Granger?
-Yo… tal vez… sí.
-Pero entonces, ¡ese es el chico Weasley! –gritó Lucius, rodeando a los prisioneros hasta llegar a Ron-. Son ellos, los amigos de Potter… Draco, míralo, ¿no es el hijo de Arthur Weasley, cómo se llama…?
-Sí –dijo Draco de nuevo, dándole la espalda a los prisioneros-. Puede ser.
La puerta del salón se abrió detrás de Harry. Una mujer habló, y el sonido de su voz elevó el miedo de Harry hasta un punto culminante.
-¿Qué es esto? ¿Qué ha pasado, Cissy?
Bellatrix Lestrange caminó con lentitud alrededor de los prisioneros, y paró a la derecha de Harry, mirando a Hermione a través de sus ojos de párpados caídos.
-Pero bueno –dijo calmadamente-, ¿esta es la sangre sucia? ¿Es esta Granger?
-¡Sí, sí, es Granger! –gritó Lucius-. Y a su lado, creemos, ¡Potter! ¡Potter y sus amigos, por fin capturados!
-¿Potter? –chilló Bellatrix, y se apartó, para observar mejor a Harry-. ¿Estás seguro? Bueno entonces, ¡el Señor Tenebroso debe ser informado de inmediato!
Se levantó la manga izquierda: Harry vio la Marca Tenebrosa quemada en la piel de su brazo, y supo que estaba a punto de tocarla, de convocar a su querido amo…
-¡Estaba a punto de llamarlo! –dijo Lucius y su mano se cerró sobre la muñeca de Bellatrix, evitando que tocara la Marca-. Yo seré el que lo convoque, Bella. Potter ha sido traído a mi casa, y por lo tanto está bajo mi autoridad…
-¡Tu autoridad! –se burló ella, intentando liberar la mano de su agarre-. ¡Perdiste tu autoridad cuando perdiste la varita, Lucius! ¡Cómo te atreves! ¡Quítame las manos de encima!
-Esto no tiene nada que ver contigo, no capturaste al chico…
-Perdone, señor Malfoy –interrumpió Greyback-, pero fuimos nosotros los que capturamos a Potter, y somos nosotros los que reclamaremos el oro…
-¡Oro! –se rió Bellatrix, todavía intentando apartar a su cuñado, su mano libre bajando a su bolsillo para buscar la varita-. Coge tu oro, asqueroso carroñero, ¿qué me importa el dinero? Sólo busco el honor de su… de…
Paró de luchar, sus ojos oscuros fijos en algo que Harry no podía ver. Lleno de júbilo ante su capitulación, Lucius apartó la mano y rasgó su propia manga…
-¡PARA! –chilló Bellatrix- ¡No la toques, todos moriremos si el Señor Tenebroso viene ahora!
Lucius se paralizó, su dedo índice suspendido sobre su Marca Tenebrosa. Bellatrix salió de la limitada visión de Harry.
-¿Qué es eso? –la oyó decir.
-Una espada –gruñó un Saqueador fuera de vista.
-Dámela.
-No es suya, señora, es mía, la encontré yo.
Hubo un estrépito y un destello de luz roja; Harry supo que el Saqueador había sido aturdido. Hubo un rugido de rabia de sus compañeros: Scabior sacó la varita.
-¿A qué crees que estás jugando, mujer?
-¡Stupefy! –gritó ella- ¡Stupefy!
Ellos no estaban a la altura de Bellatrix, a pesar de ser cuatro contra ella: era una bruja, como Harry sabía, con talento prodigioso y ninguna conciencia. Cayeron donde se encontraban, todos menos Greyback, que había sido obligado a ponerse de rodillas, con los brazos estirados. Por las comisuras de sus ojos, Harry vio a Bellatrix mirando al hombre lobo, con la espada de Gryffindor agarrada con fuerza en su mano, su cara como cera.
-¿Dónde conseguiste esta espada? -susurró a Greyback mientras arrancaba la varita de su mano sin que él ofreciera resistencia.
-¿Cómo te atreves? -gruñó él, su boca era la única parte de su cuerpo que podía mover mientras se esforzaba por mirarla. Desnudó sus dientes puntiagudos-. ¡Suéltame, mujer!
-¿Dónde conseguiste esta espada? -repitió ella, blandiéndola ante su cara-. ¡Snape la envió a una cámara en Gringotts!
-Esta estaba en su tienda, -gruñó Greyback-. ¡Suéltame te digo!
Ella ondeó su varita, y el hombrelobo saltó sobre sus pies, pero se mostró demasiado cauteloso como para acercársele. Rodó hasta detrás de un sillón, sus sucias uñas curvadas se clavaron en el respaldo del mismo.
-Draco, saca a esta basura -dijo Bellatrix, señalando a los hombres inconscientes-. Si no tienes agallas para terminar con ellos, déjalos en el patio para mí.
-No te atrevas a hablar así a Draco. -dijo Narcisa furiosamente, pero Bellatrix chilló.
-¡Cállate! ¡Esta situación es más grave de lo que posiblemente puedas imaginar, Cissy! ¡Tenemos un problema muy serio!
Se puso en pie, jadeando ligeramente, bajando la mirada a la espada, examinando su empuñadura. Después se volvió hacia los silenciosos prisioneros.
-Si de verdad es Potter, no debe sufrir daño, -murmuró, más para sí misma que para los demás-. El Señor Oscuro desea disponer de Potter él mismo... Pero si averigua... debo... debo saber..
Se giró de nuevo hacia su hermana.
-¡El prisionero debe ser encerrado en la celda, mientras yo pienso en qué se debe hacer!
-Esta es mi casa, Bella, tú no me das órdenes en mi...
-¡Hazlo! ¡No tienes ni idea del peligro en el que estamos! -chilló Bellatrix. Parecía asustada, loca; una delgada corriente de fuego salió de su varita y quemó un agujero en la alfombra.
Narcissa vaciló un momento, después se dirigió al hombrelobo.
-Lleva a estos prisioneros abajo a la celda, Greyback.
-Espera -dijo Bellatrix agudamente-. A todos excepto... excepto a la sangresucia.
Greyback soltó un gruñido de placer.
-¡No! -gritó Ron-. ¡Puedes teneme a mí, cógeme a mí!
Bellatrix le cruzó la cara de una bofetada, el golpe resonó por toda la habitación.
-Si ella muere en el interrogatorio, tú serás el siguiente -dijo-. El traidor de sangre es el siguiente pero la sangre sucia está en mi lista. Llévalos abajo, Greyback, y asegúrate de que están a salvo, no les hagas nada más... aún.
Le lanzó a Greyback su varita, después sacó un cuchillo corto de plata de su túnica. Cortó la cuerda separando a Hermione de los demás prisioneros, la arrastró por el pelo hasta el medio de la habitación, mientras Greyback obligaba al resto a avanzar hacia la otra puerta, hasta un oscuro pasillo, con la varita sostenida ante él, proyectando una fuerza invisible e irresistible.
-¿Creéis que me dará un trozo de la chica cuando termine con ella? -gaznó Greyback mientras los arrastraba a lo largo del pasillo-. Creo que conseguiré un pedazo o dos, ¿no crees, pelirrojo?
Harry podía sentir a Ron temblando. Fueron forzados a bajar un tramo de escalones, todavía atados espalda con espalda y a riesgo de resbalar y romperse el cuello en cualquier momento. En el fondo había una pesada puerta. Greyback la abrió con su varia, después les obligó a entrar en la oscura, húmeda y mohosa habitación y los dejó en medio de una oscuridad total. El eco del golpe de la puerta al cerrarse no había muerto cuando un terrible y desgarrado gritó llegó de directamente de encima de ellos.
-¡HERMIONE! -bramó Ron, y empezó a retorcerse y luchar contra las cuerdas que los ataban, haciendo que Harry se tambaleara-. ¡HERMIONE!
-¡Cállate! -dijo Harry-. Cállate, Ron, tenemos que salir de aquí...
-¡HERMIONE, HERMIONE!
-Necesitamos un plan, deja de chillar... tenemos que librarnos de estas cuerdas...
-¿Harry? -llegó un susurró a través de la oscuridad-. ¿Ron! ¿Eres tú?
Ron dejó de gritar. Se produjo un sonido de movimiento cerca de ellos, entonces Harry vio una sombra que se acercaba.
-¿Harry? ¿Ron?
-¿Luna?
-¡Si, soy yo! ¡Oh, no, no quería que os capturaran!
-¿Luna, puedes ayudarnos a librarnos de estas cuerdas? -dijo Harry.
-Oh, si, eso espero... Hay una vieja púa que utilizamos si tenemos que cortar algo... solo un momento...
Hermione gritó de nuevo arriba, y pudieron oir a Bellatrix gritando también, pero sus palabras resultaron inaudibles, porque Ron gritaba de nuevo.
-¡HERMIONE! ¡HERMIONE!
-¿Señor Ollivander? -pudo Harry oir que decía Luna-. ¿Señor Ollivander, tiene la púa? Si se mueve solo un poco... creo que estaba junto a la palangana de agua.
Estuvo de vuelta en segundos.
-Tenéis que estaros quietos -dijo.
Harry podía sentirla trabajando con las fibras resistentes de la cuerda para soltar los nudos. Desde arriba oyeron la voz de Bellatrix.
-¡Voy a preguntártelo de nuevo! ¿De donde ha salido esta espada? ¿De donde?
-La encontramos... la encontramos... ¡POR FAVOR! -gritó Hermione de nuevo. Ron luchó con más fuerza que nunca, y la púa oxidada resbaló sobre la muñeca de Harry.
-¡Ron, por favor estate quieto! -susurró Luna-. No puedo ver lo que estoy haciendo....
-¡En mi bolsillo! -dijo Ron-. ¡En mi bolsillo, hay un Desiluminador, y está lleno de luz!
Unos pocos segundos después, se oyó un click y las esferas luminiscentes que el Desiluminador había succionado de las lámparas de la tienda de campaña volaron hasta el techo. Incapaz de unir sus fuerzas, simplemente colgaron allí como diminutos soles, bañando la habitación de luz. Harry vio a Luna, toda ojos en su cara blanca, y la inmóvil figura de Ollivander, el fabricante de varitas, acurrucada en el suelo en la esquina. Girando el cuello, captó un vistazo de sus compañeros prisioneros: Dean y Griphook el duende, que parecía a penas consciente, mantenido en pie por las cuerdas que le ataban a los humanos.
-Oh, así es mucho más fácil, gracias, Ron -dijo Luna, y empezó de nuevo a trabajar en sus ataduras- ¡Hola, Dean!
Desde arriba llegó la voz de Bellatrix.
-Estás mintiendo, asquerosa sangresucia, y lo sé! ¡Has estado dentro de mi cámara de Gringotts! ¡Dime la verdad!
Otro terrible grito...
-¡HERMIONE!
-¿Que más cogisteis? ¿Qué más tomásteis? ¡Dime la verdad o, lo juro, te atravesaré con este cuchillo!
-¡Ya!
Harry sintió las cuerdas caer y se giró, frotándose las muñecas, para ver a Ron corriendo por la celda, levantando la mirada hacia el bajo techo, buscando una trampilla. La cara de Dean estaba magullada y sanguinolenta, dijo "Gracias" a Luna y se quedó allí de pie, temblando, pero Griphook se derrumbó en el suelo de la celda, con aspecto de estar atontado y desorientado, había muchos verdugones en su cara atezada.
Ron estaba ahora intentando Desaparecer sin varita.
-No hay forma de salir, Ron -dijo Luna, observando sus infructuosos esfuerzos-. El techo es completamente a prueba de fugas. Yo lo intenté, al principio; el Señor Ollivander ha estado aquí mucho tiempo, él también lo intentó.
Hermione estaba gritando de nuevo. El sonido atravesó a Harry como un dolor físico.
Apenas consciente del feroz dolor de su cicatriz, también él empezó a correr por la celda, tanteando las paredes aunque sabía, en el fondo de su corazón que era inútil.
-¿Qué más os llevasteis, qué mas? ¡RESPONDEME! ¡CRUCIO!
Los gritos de Hermione resonaban entre las paredes de arriba, Ron estaba medio sollozando mientras aporreaba las paredes con los puños, y Harry con absoluta desesperación aferró la bolsita de Hagrid que llevaba al cuello y tanteó dentro de ella. Sacó la Snitch de Dumbledore y la sacudió esperando que ocurriera algo, aunque sin saber qué... no ocurrió nada... ondeó las mitades rotas de la varita de fénix, pero estaba sin vida... el fragmento de espejo cayó centelleando sobre el suelo, y vio un rayo de azul chispeante... el ojo de Dumbledore estaba mirándole desde el espejo.
-¡Ayúdanos! -chilló hacia él loco de desesperación- Estamos en una celda en Malfoy Manor, ayúdanos!
El ojo parpadeó y desapareció.
Harry no estaba seguro de si realmente había estado allí. Inclinó el trozo de espejo a un lado y al otro, y no voy nada reflejado en él excepto las paredes y el techo de su prisión, y arriba Hermione estaba gritando más que nunca, y junto a él Ron estaba bramando,
-¡HERMIONE! ¡HERMIONE!
-¿Cómo entrasteis en mi cámara? -oyeron gritar a Bellatrix-. ¿Ese sucio duendecillo os ayudó a entrar?
-¡Le conocimos esta noche! -sollozó Hermione-. Nunca hemos estado dentro de tu cámara... ¡No es la auténtica espada! ¡Es una copia, solo una copia!
-¿Una copia? -chilló Bellatrix-. ¡Oh, una historia probable!
-¡Pero podemos averiguarlo fácilmente! -llegó la voz de Lucius-. ¡Draco, vuelve a traer al duente, él puede decirnos si la espada es auténtica o no!
Harry se apresuró a atravesar la celda hasta donde Griphook estaba acurrucado en el suelo.
-Griphook -susurró en la oreja puntiaguda del duente-, debes decirles que la espada es falsa, no deben saber que es la auténtica, Griphook, por favor...
Podía oir a alguien bajando a la carrera los escalones hasta la celda. Al momento siguiente, la voz temblorosa de Draco habló tras la puerta.
-Quedáos atrás. Alineados contra la pared de arás. ¡No intentéis nada, u os mataré!
Hicieron lo que les decía. Cuando el cerrojo se descorrió, Ron accionó el Desiluminador y las luces volvieron a su bolsillo, restaurando la oscuridad de la celda. La puerta se abrió de golpe. Malfoy marchó hasta dentro, con la varita sujeta ante él, pálido y decidido. Agarró al duende con el brazo y retrocedió, arrastrando a Griphook con él.
La puerta se cerró y al mismo momento un ruidoso crack resonó dentro de la celda.
Ron accionó el Desiluminador. Tres bolas de luz flotaron de vuelta al aire desde su bolsillo, revelando a Dobby el elfo doméstico, que simplemente había Aparecido entre ellos.
-¡DOB...!
Harry golpeó el brazo de Ron para evitar que gritara, y Ron pareció horrorizado ante su error. Se oyeron pasos cruzando el techo arriba, Draco llevando a Griphook ante Bellatrix.
Los enormes ojos con forma de pelota de tenis de Dobby estaban abiertos de par en par, estaba templando de los pies a las orejas. Estaba de vuelta en la casa de sus antiguos amos, y esto claramente le había dejado petrificado.
-Harry Potter -chilló con su más fina y temblorosa voz-. Dobby ha venido a rescatarte.
-¿Pero como...?
Un horrendo grito ahogó las palabras de Harry. Hermione estaba siendo torturada de nuevo. Saltó a lo esencial.
-¿Puedes Desaparecerte fuera de esta celda? -preguntó a Dobby, quien asintió, sus orejas aletearon.
-¿Y puedes llevar humanos contigo?
Dobby asintió de nuevo.
-Vale. Dobby, quiero que cogas a Luna, Dean y al Señor Ollivander, y los lleves a... los lleves a....
-La casa de Bill y Fleur -dijo Ron-. ¡Shell Cottage a las afueras de Tinworth!
El elfo asintió por primera vez.
-Y después vuelve, -dijo Harry-. ¿Puedes hacerlo, Dobby?
-Por supuesto, Harry Potter -susurró el pequeño elfo. Se acercó presuroso hasta el Señor Ollivander, que parecía estar apenas consciente. Tomó una de las manos del fabricante de varitas en una de las suyas, después extendió la otra a Luna y Den, ninguno de los cuales se movieron.
-¡Harry, queremos ayudarte! -susurró Luna.
-No podemos dejarte aquí -dijo Dean.
-¡Marchaos los dos! Os veremos en la casa de Bill y Fleur.
Mientras Harry hablaba, su cicatriz ardió peor que nunca, y por unos segundos bajó la mirada, no hacia el fabricante de varitas, sino hacia otro hombre que era igual de viejo, igual de delgado, pero reía desdeñosamente.
-¡Mátame entonces, Voldemort, doy la bienvenida a la muerte! Pero mi muerte no te conseguirá lo que buscas... Hay mucho que no entiendes...
Sintió la furia de Voldemort, pero cuando Hermione gritó otra vez despertó, volviendo a la celda y al horror de su propio presente.
-¡Vamos! -imploró a Luna y Dean-. ¡Vamos! ¡Os seguiremos en seguida!
Ellos cogieron los dedos extendidos del elfo. Se oyó otro ruidoso crack y Dobby, Luna, Dean y Ollivander se desvanecieron.
-¿Qué fue eso? -gritó Lucius Malfoy sobre sus cabezas-. ¿Oísteis eso? ¿Que fue ese ruido en la celda?
Harry y Ron se miraron el uno al otro.
-¡Draco... no, llama a Colagusano! ¡Haz que vaya a comprobarlo!
Unos pasos cruzaron la habitación arriba, después se hizo un silencio. Harry sabía que la gente del salón de dibujo estaba escuchando en busca de más ruidos desde la celda.
-Vamos a tener que intentar abalanzarnos sobre él -le susurró a Ron. No tenían elección. En el momento en que alguien entrara en la habitación y viera la ausencia de los tres prisioneros, estarían perdidos-. Deja las luces encendidas, -añadió Harry, y oyeron los pasos de alguien descendiendo al otro lado de la puerta, retrocedieron contra la pared del otro lado.
-Quedáos atrás. -les llegó la voz de Colagusano-. Quedáos lejos de la puerta. Voy a entrar.
La puerta se abrió. Durante una fracción de segundo Colagusano miró al interior de la aparentemente vacía celda, iluminada por tres soles en minuatura que flotaban en medio del aire. Entonces Harry y Ron se lanzaron sobre él. Ron agarró la varita de Colagusano y obligándole a apuntarla hacia arriba.
Harry le estampó una mano en la boca, amortiguando su voz. Lucharon en silencio. La varita de Colagusano emitía chispas, su mano plateada se cerró alrededor de la garganta de Harry.
-¿Qué pasa, Colagusano? -gritó Lucius Malfoy arriba.
-¡Nada! -gritó Ron en respuesta, en una pasable imitación de la voz chillona de Colagusano-. ¡Todo bien!.
Harry a penas podía respirar.
-¿Vas a matarme? -consiguió decir Harry, intentando apalancar los dedos de metal-. ¿Después de que te salvé la vida? ¡Me debes una, Colagusano!
Los dedos de plata se aflojaron. Harry no lo había esperado. Se liberó atónito, manteniendo la mano sobre la boca de Colagusano. Vio los llorosos ojillos de rata abiertos de miedo y sorpresa. Parecía tan sorprendido como Harry por lo que había hecho, ante ese diminuto y misericordioso impulso que le había traicionado, y volvió a estrangularle más poderosamente, como para compensar ese momento de debilidad.
-Y necesitamos esto -susurró Ron, arrancándole a Colagusano la varita de su otra mano.
Sin varita, indefenso, las pupilas de Pettigres se dilataron de terror. Sus ojos habían resbalado de la cara de Harry hasta otro sitio. Sus propios dedos de plata se estaban moviendo inexorablemente hacia su propia garganta.
-No...
-Sin detenerse a pensar, Harry intentó tirar hacia atrás de la mano, pero no había forma de detenerla. La herramienta de plata que Voldemort había dado a su sirviente más cobarde se había vuelto contra su desarmado e indefenso propietario. Pettigrew estaba recibiendo la recompensa por su vacilación, por su instante de piedad; estaba siendo estrangulado ante sus ojos.
-¡No!
Ron había soltado también a Colagusano, y juntos él y Harry intentaban apartar los dedos de metal de la garganta de Colagusano, pero fue inútil. Pettigrew se estaba volviendo azul.
-¡Relashio! -dijo Ron, apuntando la varita hacia la mano de plata, pero no ocurrió nada.
Pettigrew cayó de rodillas, y en el mismo momento, Hermione soltó un grito atormentado arriba. Los ojos de Colagusano se pusieron en blanco en su cara púrpura; dio una última sacudida, y se quedó quieto.
Harry y Ron se miraron el uno al otro, después dejaron el cuerpo de Colagusano en el suelo tras ellos, y corrieron escaleras arriba hacia el pasillo ensombrecido que conducía al salón de dibujo. Se arrastraron cautelosamente hasta alcanzar la puerta del salón de dibujo, que estaba entreabierta. Ahora tenía una vista clara de Bellatrix que bajaba la mirada hacia Griphook, que sujetaba la espada de Gryffindor en su manos de dedos largos. Hermione yacía a los pies de Bellatrix. Apenas se movía.
-¿Y bien? -dijo Bellatrix a Griphook-. ¿Es la auténtica espada?
Harry esperó, conteniendo el aliento, luchando contra el dolor de su cicatriz.
-No -dijo Griphook-. Es una copia.
-¿Estás seguro? -jadeó Bellatrix-. ¿Totalmente seguro?
-Si -dijo el duende.
El alivio estalló en la cara de ella, toda tensión desapareció.
-Bien -dijo, y con un ondeo casual de su varita hizo otro profundo corte en la cara del duente, y este cayó con un grito a sus pies. Ella le pateó a un lado-. Y ahora -dijo con una voz que destilaba triunfo-. ¡llamaremos al Señor Oscuro! -Y se subió la manga y tocó con la punta de su dedo la Marca Oscura.
Al instante, Harry sintió la cicatriz como si se hubiera abierto otra vez. Su auténtico entorno se desvaneció. Él era Voldemort, y el esquelético mago que tenía ante él se reía desdentado, se enfureció por la llamada que sentía... les había advertido, les había dicho que no le convocaran a menos que fuera por Potter. Si se equivocaban...
-¡Matame entonces! -exigió el viejo-. ¡No vencerás, no puedes vencer! Esa varita nunca, jamás será tuya...
Y la furia de Voldemort se desató. Una explosión de luz verde llenó la celda de la prisión y el frágil y viejo cuerpo se alzó en su cama dura y volvió a caer, sin vida, y Voldemort regresó a la ventana, su furia a penas controlada... Sufrirían su venganza si no tenían buenas razones para llamarle...
-Y creo -dijo la voz de Bellatrix-, que podemos deshacernos de la sangresucia Greyback, llévatela si quieres.
-¡NOOOOOOO!
Ron había irrumpido en el salón de dibujo. Bellatrix miró alrededor, sorprendida, giró su varita peor enfrentar a Ron en lugar de...
-¡Expelliarmus! -rugió Ron, apuntando la varita de Colagusano hacia Bellatrix, y la de ella voló en el aire y fue capturada por la mano de Harry, que había entrado corriendo tras Ron. Lucius, Narcissa, Draco y Greyback se dieron media vuelta. Harry gritó, "¡Desmanius!" y Lucius Malfoy se derrumbó junto a la chimenea. Rayos de luz salieron disparados de las varitas de Draco, Narcissa y Greyback. Harry se lanzó al suelo, rodando tras el sofá para evitarlos.
-¡ALTO O ELLA MUERE!
Jadeando, Harry se asomó por detrás del sofá. Bellatrix mantenía en pie Hermione, que parecía inconsciente, y sujetaba su cuchillo en la garganta de Hermione.
-Dejad caer las varitas -susurró-. ¡Dejádlas caer, o veremos exactamente como de sucia es su sangre!
Ron se quedó rígido, aferrando la varita de Colagusano. Harry se enderezó, todavía sujetando la de Bellatrix.
-¡He dicho que las dejéis caer! -chilló ella, presionando la hoja contra la gartanta de Hermione.
Harry vio aparecer gotas de sangre.
-¡De acuerdo! -gritó, y dejó caer la varita de Bellatrix al suelo a sus pies.
Ron hizo lo mismo con la de Colagusano. Ambos alzaron las manos a la altura de los hombros.
-¡Bien! -dijo ella maliciosa-. ¡Draco, recógelas! ¡El Señor Oscuro está de camino, Harry Potter! ¡Tu muerte se aproxima!
Harry lo sabía, su cicatriz estallaba de dolor, y podía sentir a Voldemort volando a través del cielo en la distancia, sobre un oscuro y tormentoso mar, y pronto estaría lo suficientemente cerca como Aparecerse ante ellos, y Harry no veía forma de escapar.
-Ahora -dijo Bellatrix suavemente, mientras Draco se apresuraba a volver hasta ella con las varitas-. Cissy, creo que deberíamos volver a atar a estos pequeños héroes, mientras Greyback se ocupa de la Señorita Sangresucia. Estoy segura de que el Señor Oscuro no te escatimará a la chica, Greyback, después de lo que has hecho esta noche.
Al finalizar esta última palabras se oyó un peculiar chirrido arriba. Todos ellos levantaron la mirada a tiempo de ver la araña de cristal temblar; con un crujido y un amenazador cascabeleo, empezó a caer. Bellatrix, que estaba directamente bajo ella, dejó caer a Hermione y se lanzó a un lado con un grito. La araña de cristal de estrelló contra el suelo con una explosión de cristal y cadenas, cayendo sobre Hermione y el duende, que todavía estaba aferrado a la espada de Gryffindor. Trozos brillantes de cristal volaron en todas direcciones. Draco se dobló por la mitad, cubriéndose con las manos la cara ensangrentada.
Mientras Ron corría a sacar a Hermione de las ruinas, Harry aprovechó la oportunidad. Saltó sobre el sillón y arrancó las tres varitas de la mano de Draco, apuntando con todas ellas a Greyback,
-¡Desmanius!.
El hombrelobo se alzó sobre sus pies a causa del triple hechizo, salió volando hasta el techo y después se estrelló contra el suelo.
Mientras Narcissa arrastraba a Draco fuera de peligro, Bellatriz se ponía en pie, con el pelo volando mientras blandía el cuchillo de plata; pero Narcisa había dirigido su varita hacia la puerta.
-¡Dobby! -gritó y incluso Bellatrix se quedó congelada-. ¡Tú! ¿Hiciste caer la araña...?
El diminuto elfo entró trotando en la habitación, su dedo tembloros apuntaba a su antigua señora.
-No debe hacer daño a Harry Potter -chilló.
-¡Mátale, Cissy! -chilló Bellatrix, pero se oyó otro crujido, y la varita de Narcissa también voló en el aire para aterrizar al otro lado de la habitación.
-¡Asqueroso monito! -ladró Bellatrix-. ¿Cómo te atreves a tomar la varita de una bruja, cómo te atreves a desafiar a tus amos?
-¡Dobby no tiene amo! -chilló el elfo-. ¡Dobby es libre, y Dobby tiene que salvar a Harry Potter y sus amigos!
La cicatriz de Harry le cegaba de dolor. Atontado, supo que tenía momentos, segundos, antes de que Voldemort estuviera allí con ellos.
-Ron, cógela... y VETE! -chilló, tirándole una de las varitas, después se inclinó para sacar a Griphook de debajo de la araña. Cargándose al gemebudo duende, que todavía aferraba la espada, al hombro, Harry agarró la mano de Dobby y giró en el punto para Desaparecer.
Mientras giraba en la oscuridad captó un último vistazo del salón de dibujo con las figuras pálidas y congeladas de Narcissa y Draco, de la veta de rojo que era el pelo de Ron, y de un destello azul de plata voladora cuando Bellatrix tiró el cuchillo desde el otro lado de la habitación hacia el lugar donde él se estaba desvaneciendo... la casa de Bill y Fleur... Shell Cottage... la casa de Bill y Fleur...
Había desaparecido a lo desconocido, todo lo que podía hacer era repetir el nombre de destino y esperar que eso fuera suficiente para llevarle allí. El dolor en su frente le atravesaba, y el peso del duende la aplastaba. Podía sentir la hoja de la espada de Gryffindor golpeando contra su espalda, la mano de Dobby tirando de la suya, se pregundo si el elfo estaba intentado hacerse cargo de la Desaparición, empujarles en la dirección correcta, o intentando, aprentándole los dedos, indicar que todo iba bien...
Y entonces golpearon tierra sólida y olieron el aire ensalitrado. Harry cayó de rodillas, soltando la mano de Dobby, e intentado bajar gentilmente a Griphook al suelo.
-¿Estás bien? -dijo cuando el duende se movió, pero Griphook simplemente lloriqueó.
Harry escudriñó la oscuridad. Parecía haber una casa de campo no muy lejos bajo el ancho y estrellado cielo, y creyó ver movimiento fuera.
-¿Dobby, es esto Shell Cottage? -susurró, aferrando las dos varitas que le había quitado a Malfoy, listo para luchar si era necesario-. ¿Hemos venido al lugar adecuado, Dobby?
Miró alrededor. El pequeño elfo estaba de pie junto a él.
-¡DOBBY!
El elfo se tambaleó ligeramente, con las estrellas reflejadas en sus grandes y brillantes ojos. Juntos, él y Harry bajaron la mirada a la empuñadura de plata que sobresalía del pecho del elfo.
-Dobby... no... ¡AYUDA!
No sabía ni le importaba si eran magos o muggles, amigos o enemigos; solo le importaba la mancha oscura que se extendía por el pecho de Dobby y que este había extendido sus brazos hacia Harry con una mirada suplicante. Harry le cogió y le tendió de lado en la fresca hierba.
-Dobby, no, no te mueras, no te mueras...
Los ojos del elfo se encontraron con los suyos, y sus labios temblaron por el esfuerzo que le suponía formar las palabras.
-Harry... Potter...
Y entonces sufrió un pequeño estremecimiento y el elfo se quedó inmóvil, y sus ojos no eran más que grandes y vidriosos orbes, chispeando con la luz de las estrellas que ya no podian ver.

 

Nooooo...Por favor, no....Pero Dobby ya no me puede escuchar... Pobrecito...no se lo merecía...

Planear Irrumpir en Gringotts es imposible...Harry nunca haría algo así...o quizás si??

 

CAPÍTULO 24: LA CABAÑA PROTECTORA

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