CAPITULO XXV Los Dones Gratuitamente otorgados a la Iglesia
3.25 Aunque la Palabra de Dios, predicada con propiedad, los sacramentos correctamente
administrados, y la disciplina ejecutada de acuerdo con la Palabra de Dios sean marcas genuinas e infalibles de la Iglesia verdadera, no queremos decir que cualquier persona que pertenezca a esa compañía, es miembro elegido de Cristo Jesús. (1)
Reconocemos y confesamos que mucha hierba mala y cizaña están sembradas junto al trigo y crecen abundantemente en su medio, y que los réprobos pueden hallarse en la fraternidad de los escogidos y pueden tomar parte de modo externo en los beneficios de la Palabra y los sacramentos. Pero como confiesan a Dios sólo por un tiempo con sus labios y no con sus corazones, ellos fallan, y no perseveran hasta el final. (2) Por lo tanto, no comparten los frutos de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo.
Pero quienes genuinamente creen en su corazón y resueltamente confiesan al Señor Jesús con sus labios, ciertamente recibirán dones. (3) Primeramente, en esta vida, recibirán la remisión de sus pecados, y esto, por la fe en la sangre de Cristo solamente; porque aunque el pecado permanecerá y continuamente habitará en nuestros cuerpos mortales, no será tomado en cuenta en contra nuestra, sino que será perdonado y cubierto por la justicia de Cristo. (4) En segundo lugar, en el Juicio final, cada hombre y mujer será resucitado en carne. (5) Los mares y la tierra devolverán sus muertos.
Y ciertamente, el Eterno, nuestro Dios, extenderá su mano sobre el polvo y los muertos se levantarán incorruptibles (6), y con la mismísima sustancia de la carne que ahora cada criatura lleva para recibir de acuerdo a sus obras, gloria o castigo (7).
Pero quienes ahora se deleitan en la vanidad, la crueldad, la inmundicia, la superstición, o la idolatría, serán condenados al fuego inextinguible, en el cual quienes ahora sirven al diablo en todas sus abominaciones serán atormentados por siempre, en cuerpo y en espíritu.
Por el contrario, quienes perseveran en hacer el bien hasta el fin, resueltamente confesando al Señor Jesús, recibirán gloria y honor e inmortalidad (8), constantemente lo creemos, para reinar por siempre en vida eterna con Cristo Jesús (9) ; y sus cuerpos glorificados serán hechos semejantes al de Cristo, (10) cuando él aparecerá otra vez para juzgar y entregará el Reino a Dios su Padre, quien entonces será y permanecerá por siempre el todo en todas las cosas, (11) Dios bendito para siempre.
A quien con el Hijo, y el Espíritu, sea toda gloria ahora y por siempre jamás.
Levántate, oh Dios, y confunde a tus enemigos. Que huyan de tu presencia los que odian tu
divino Nombre. Da a tus siervos poder para predicar tu Palabra con valentía, y que todas las naciones se adhieran al verdadero conocimiento tuyo. (12)
Amén.
1. Matt. 13:24, etc.
2. Matt. 13:20-21.
3. Rom. 10:9,13.
4. Rom. 7. 2 Cor. 5:21.
5. John 5:28-29.
6. Rev. 20:13.
7. Job 19:25-27.
8. Matt. 25:31-46.
9. Rev. 14:10; Rom. 2:6-10.
10. Phil. 3:21.
11. 1 Cor. 15:24,28.
12. Num. 10:35; Ps. 68:1; Acts 4:29.