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Los Borbones en España:

 

1.4. La  Monarqu´ía absoluta de los Borbones (Felipe V y sucesores)

 

En  una  monarqa  absoluta  su  origen  divino  y  su  car´ácter  sagrado  lo justifica  la  Iglesia.  El  rey  posee  la  autoridad  y  acumula  todos  los  poderes del Estado: legislativo, ejecutivo y judicial. El país es patrimonio real, tanto las tierras como sus habitantes pertenecen al rey. No hay ciudadanos, sino su´bditos, los vasallos del rey.

 

 

1.4.1.   La guerra de Sucesión

 La Guerra de Sucesión es el origen de la dinastía borbónica española. La causa de la guerra es un conflicto dinástico entre dos sucesores al trono de España. Cuando Carlos II (dinastía de los Austrias o Habsburgo) muere sin descendientes  en  1700  se  postulan  dos  candidatos  a  la  sucesión:  el  francés Felipe  de  Borbón  (duque  de  Anjou),  nieto  del  rey  galo  Luís  XIV  y  el  austriaco, el archiduque Carlos de Habsburgo, segundo hijo del emperador de Austria.

 
El tercer y ultimo testamento de Carlos II nombraba heredero a Felipe V de Borbón. Fue proclamado rey de España y juró los fueros en las Cortes de Castilla y de Aragón. Dos años después, en 1702, cuando Luís XIV ratificó los derechos sucesorios de Felipe V al trono francés estalló la guerra de Sucesión. El  conflicto  internacional  (1702–1713)  se  desencadenó  por  el  temor  europeo  a  una  posible  unión  dinástica  entre  Francia  y  España.  Inglaterra, Holanda,  Austria,  Saboya  y  Portugal  declararon  la  guerra  a  España  y  a Francia. Se  convirtió  en  una  guerra  española  cuando  representantes  del  bando austracista buscaron y encontraron apoyos en la Corona de Aragón (campesinado, baja nobleza y pequeña burguesía). Al bando francés o borbónico se mantuvo fiel Castilla que incluía los señoríos vascos y el reino de Navarra.

    CLAVES: 

  • En 1700, tras la muerte sin descendencia de Carlos II, en España comienza una guerra de sucesión al trono, de la que son protagonistas Felipe de Anjou y el archiduque Carlos de Habsburgo. Pero más allá de los personajes, la guerra contempla un doble conflicto:
    • Uno internacional que enfrenta a Francia, que apoya a Felipe, y a Austria, Gran Bretaña, Holanda y Portugal, que apoyan a Carlos. Es una lucha, en definitiva, por la hegemonía europea.
    • Otro interior que enfrenta a Castilla, que apoya a Felipe, y a Aragón, que defiende a Carlos. Tras esta división está el temor a la posible tendencia centralizadora de una monarquía, la borbónica, de tradición francesa.
  • Aunque en el interior peninsular Felipe controló casi todo el territorio pronto, en el plano internacional las fuerzas estaban más equilibradas. No obstante, en 1711 Carlos ocupaba el trono imperial, con lo que perdió el apoyo de las demás potencias en sus pretensiones españolas. Se llegó así a los Tratados de Utrecht (1713), que supusieron amplias concesiones territoriales para Austria y Gran Bretaña a cambio de reconocer a Felipe V como legítimo rey de España. Poco después, 1714, con la ocupación de Barcelona terminaba el conflicto en el interior.

 
Acontecimientos  clave  de  la  guerra

  •  1707  Batalla de Almansa. El 25 de abril las tropas felipistas derrotaron a las austracistas. Esta victoria facilitó la rápida conquista de Valencia y Aragón.
  • 1711  El archiduque Carlos se convirtió  en Emperador de Austria y, en este momento,  se  acabó  el  conflicto  internacional  porque  a  Gran  Bretaña no le interesaba la posible unión dinástica España-Austria.
  • 1713  Fin  de  la  guerra  internacional  mediante  los  Tratados  de  Utrecht  y Rastadt en los que España perdió  sus posesiones en Europa: Nápoles, Cerdeña, Milán, Flandes (Bélgica) y Luxemburgo. También cedió  Menorca y Gibraltar a Inglaterra.
  • 1714  El  11  de  septiembre  el  ejército  de  Felipe  V  conquistó  la  ciudad  de Barcelona. Este día se conmemora en la Diada  de Cataluña.

 1.4.2.   Uniformización y centralismo

 El triunfo militar permitió a Felipe V aplicar en España el modelo de administración centralista y absolutista de cuño francés. Previamente anuló y derogó la administración foral de los reinos perdedores de la guerra de Sucesión, pero la mantuvo en Navarra y en los señoríos vascos porque se habían mantenido fieles a su causa durante el conflicto.

 La  España  foral  anterior  a  1707

 Desde  la  época  de  los  Reyes  Católicos,  la  monarquía  hispánica  estaba formada  por  las  Coronas  de  Castilla  y  Aragón,  con  diversos  reinos.  En  la Corona de Castilla se integraban los Señoríos vascos de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y el Reino de Navarra. Formaban la Corona de Aragón los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca y el Principado de Cataluña.

En  cada  reino  había  un  virrey,  con  poder  absoluto,  que  representaba al  monarca;  tenían  sus  fueros  o  leyes  propias,  una  administración  particular (Cortes, municipios, Consejo del reino, etc.) y una sistema fiscal propio (puertos  secos,  impuestos,  exención  de  otros  tributos,  etc...).  En  algunos, además, existía una lengua propia (catalán, vasco).

Esta situación foral se ha interpretado como un modelo federal. En realidad es una estructura derivada del concepto patrimonial y dinástico de las monarquías europeas feudales. El rey es el señor natural de sus posesiones, cuando por herencia o matrimonio incrementa sus territorios, mantiene sus peculiaridades administrativas y sólo impone su autoridad absoluta.

Felipe V se encuentra a su llegada a España una administración foralista, heterogénea  y  dispersa,  opuesta  al  modelo  uniforme  y  centralista  francés, cuya aplicación se facilitaría al vencer en la guerra de Sucesión.

Una administración centralista sólo dispone de un centro de decisión, el rey y en Madrid, para todo el reino (España). Además es uniforme porque en todo el reino se aplican las mismas formas administrativas, leyes, impuestos, lengua,  instituciones,  etc.,  para  conseguir  mayor  eficacia  en  las  tareas  de gobierno.  El  modelo  elegido  fue  Castilla,  sus  instituciones  y  leyes,  porque este reino fue leal a Felipe V durante la contienda dinástica.

 

La  nueva  administración  centralista: los Decretos de Nueva Planta

 
Los  Decretos  de  Nueva  Planta  abolieron  los  fueros  de  los  reinos  de  la Corona de Aragón y sus instituciones particulares. Pasaron a regirse por las leyes, instituciones y modelo de Castilla.

 

Decreto de Valencia y Aragón (1707).

Decreto de Mallorca (1715).

Decreto de Cataluña (1716). sólo mantiene su propio Derecho Civil.


 

 
C
onsiderando  haber  perdido  los  reinos  de  Arago´n  y  Valencia  y  todos  sus  habitantes por  la  rebelión  que  cometieron  faltando  enteramente  al  juramento  de fidelidad que me hicieron como su leg´ıtimo Rey y Sen˜or, todos los fueros, privilegios, exenciones y libertades que gozaban y que con tal liberal mano se les hab´ían concedido as´í por mi como por los sen˜ores reyes mis predecesores (. . . ) He juzgado por  conveniente,  as´ı  por  esto  como  por  mi  deseo  de  reducir  todos  mis  reinos  de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobern´ándose igualmente todos por las leyes de Castilla, tan loables y plausibles en todo el universo, abolir y derogar enteramente como desde luego doy por abolidos y derogados todos los referidos fueros y privilegios, pr´ácticas y costumbres hasta aquí´ observadas en los referidos reinos de Arago´n y Valencia, siendo mi voluntad que ´estos se reduzcan a las leyes de Castilla.

 

Felipe V, en el Buen Retiro, a 29 de junio de 1707.

 
Doc.
1.2: Decreto de Nueva Planta de Aragón y Valencia

 

Administración  central

El rey se consolida como un monarca absoluto. Felipe V promulga una Ley  Sálica  (10  de  mayo  de  1713)  que  regula  la  sucesión  al  trono,  dando preferencia en línea directa y colateral al hombre. Con esta ley se modifica el mecanismo sucesorio tradicional de las Siete Partidas —en vigor desde el reinado de Alfonso X (1252–1284)—  que aceptaba a la mujer como heredera en caso de ausencia de varón.

Las Secretarias de Estado (órganos unipersonales, ministros como en la actualidad) sustituyeron a los viejos Consejos de los Austrias. Se crearon las Secretarias de Estado y Despacho Universal, de Hacienda, Gracia y Justicia, de  Marina  y  de  Indias.  En  1787,  Carlos  III  estableció  la  Junta  Suprema Ordinaria y Perpetua, antecedente del Consejo de Ministros.

 El Consejo de Castilla se convirtió en el máximo órgano consultivo del monarca. Asume funciones legislativas, ejecutivas y judiciales en materia de policía de abastos, régimen municipal, obras públicas y enseñanza. También actúa como Tribunal Supremo de Justicia.

 Las  Cortes.  Se  abolieron  las  Cortes  de  la  Corona  de  Aragón,  cuyos  re-presentantes  se  integraron  en  las  Cortes  de  Castilla,  convertidas  ahora  en Cortes  de  España  cuyas  funciones  eran  meramente  fiscales,  puesto  que  el rey  debía  solicitar  su  aprobación  cuando  necesitaba  nuevos  impuestos.  El heredero al trono jura las leyes en el parlamento.

 Administración  territorial:  de  reinos  a  provincias

 Los antiguos reinos forales se transformaron en meras demarcaciones administrativas: las provincias, gobernadas por un Capitán General que ejerce la máxima autoridad civil y militar (en la antigua Corona de Aragón sustituyó al virrey). Se crearon las capitanías de Santa Cruz de Tenerife, Sevilla, Málaga, Badajoz, Zamora, La Coruña, Asturias, Palma, Valencia, Zaragoza y Barcelona. De   la   estructura   foral   sólo   Navarra   mantuvo   la   figura   del   virrey, Guipúzcoa, la Diputación y Vizcaya un corregidor nombrado por el rey. La Real Audiencia, presidida por el Capitán General, actuaría como tribunal provincial y órgano consultivo de gobierno.

 El Intendente, figura copiada de la administración francesa, dependía directamente del rey que le otorgaba amplias funciones: promoción económica y social, recaudación de impuestos, etc.

 Administración  local:  fin  de  su  autonomía

 Cada  provincia  se  dividió  en  partidas  o  municipios.  En  cada  localidad el  rey  nombró  a  un  corregidor.  Los  corregidores,  al  estilo  de  Castilla,  se extendieron para toda España, eran alcaldes nombrados directamente por el rey. Carlos III, a mediados de siglo, añadió los cargos de Alcalde de barrio y de Diputado del común, elegidos por los vecinos: el primero velaría por el cumplimiento de las ordenanzas municipales y el segundo se encargaría del control de abastecimiento y del mercado (policía de abastos).

 

En conclusión:

  • En política interior, El absolutismo monárquico borbónico se caracteriza porque el rey se sitúa a la cabeza de todos los territorios e instituciones del Estado, con un poder prácticamente ilimitado. De esta forma, las instituciones debían centralizarse y uniformarse:
    • Felipe V, mediante los Decretos de Nueva Planta (1707-1716), impuso la organización política de Castilla a los territorios de la antigua Corona de Aragón.
    • Poder omnímodo del rey auxiliado ahora por las Secretarías, que sustituyen a los antiguos Consejos, y germen de los actuales ministerios.
    • Eliminación de los virreinatos y creación de demarcaciones provinciales, al frente de las cuales se colocaba un capitán general (gobernador con atribuciones militares y administrativas). Se instauraron también reales audiencias y se extendió a todo el territorio la figura del corregidor. Surgió asimismo una nueva figura, de inspiración francesa, el intendente, con funciones hacendísticas y económicas en cada territorio.
    • Se intentó una reforma hacendística (pago de todos los habitantes en función de su rente) que tuvo éxito en los territorios de la antigua Corona de Aragón, pero no así en Castilla (Catastro de Ensenada) por la resistencia de los privilegiados.
  • En política exterior, el Tratado de Utrecht certificaba la pérdida de influencia política de España en Europa (pérdida de los territorios europeos), pero a la vez la libraba de atender a los numerosos gastos militares que esto ocasionaba. Por ello entramos en un siglo de relativa paz y estabilidad, jalonado por los denominados Pactos de Familia, tratados con Francia que ligaron los intereses exteriores de ambas monarquías.