Morata, villa de realengo

        En el capítulo anterior hemos hecho una pequeña referencia a los sucesos que acontecieron en algunos pueblos de la comarca durante la revuelta de los Comuneros y como en algunos de ellos -Ciempozuelos- se buscaba obtener la condición de villa de realengo. También se ha analizado la participación de los jueces nombrados por el arzobispado de Toledo en  el conflicto de lindes que mantuvo el concejo de Morata con la Tierra de Alcalá. En este último caso, se comprueba una de las consecuencias de que Morata perteneciera al arzobispado de Toledo. Había otras, de tipo económico fundamentalmente, que no debían agradar a los morateños de la época que, años después, no dudaron en aprovechar la coyuntura para cambiar el status jurídico de la villa que pasó a la condición de realengo, abandonando así casi quinientos años de dependencia delarzobispado toledano.

        Ya hemos visto que, en la práctica, la inclusión en el arzobispado permitía a la mitra toledana disfrutar en Morata -igual que lo hace en prácticamente la mayor parte de las villas vecinas, a excepción de las pertenecientes al señorío de Chinchón- de un conjunto de prerrogativas de derecho público que ejerce en provecho propio por concesión real.

        Esta situación significa la absoluta dependencia de la autoridad eclesiástica a la hora de organizar el funcionamiento del municipio y también en el duro momento de afrontar el pago de los impuestos. Ya veremos más adelante como la presión fiscal, si utilizamos una terminología actual, era tan determinante en estos años que podía influir en el crecimiento demográfico de una villa o, por el contrario, en su abandono, tanto o más que los frecuentes episodios epidémicos del siglo.

        En un período histórico en el que la sociedad seguía dividida entre pecheros y exentos (Clero y nobleza), la dependencia de uno u otro señor era muy importante a la hora de favorecer o perjudicar el desarrollo de una villa concreta. Los vecinos pecheros, pese a que el analfabetismo era algo consustancial a la época, tenían muy claro la diferencia existente entre vivir en un pueblo de señorío eclesiástico -caso de Morata-, hacerlo en una villa de señorío laico-por ejemplo, la cercana villa de Chinchón-, o en una villa de realengo, es decir, independiente y sin intermediarios ante el poder supremo de la Corona.

        En la mentalidad de la época se consideraba, no sin acierto, que el poder, fuera laico, eclesial o real, cuanto más lejos mejor. Así pensaban los morateños de mediados del siglo XVI y no tardarían en tomar la iniciativa a la hora de convertir a Morata en villa de realengo como situación jurídica más favorable a sus intereses.

        Para satisfacer este deseo los morateños contaron a su favor con una circunstancia histórica que, a lo largo de los siglos siguientes, sería endémica en nuestro país: la ruinosa situación de la hacienda pública o real. El imperio español, que alcanza su cénit con el reinado de Felipe II, tiene en la situación económica su perenne talón de Aquiles. Durante decenios y decenios, la bancarrota es la situación habitual de una Corona incapaz de hacer frente económicamente a los numerosos conflictos exteriores en los que se ve involucrada.Con Felipe II convertido en guardiánde la  ortodoxia católica,los españoles combaten contra los protestantes en Europa y contra los turcos en el Mediterráneo. Demasiados gastos incluso para una monarquía que cuenta ahora con los ingresos extraordinarios procedentes de las tierras americanas descubiertas a finales del siglo XV.

        A la hora de hacer frente a los gastos los monarcas de la casa de los Austrias dirigieron muy pronto su mirada hacia Roma. Puede sorprender que decisiones tomadas en lugares tan lejanos como el Vaticano puedan afectar directamente a pequeñas villas como Morata pero de hecho es así, tal como vamos a ver en las siguientes páginas.

        Ya el padre de Felipe II, el emperador Carlos I, había recurrido a su influencia sobre los papas para conseguir fondos económicos. Se trataba, después de todo, de una especie de intercambio interesadotanto para la Corona como para la Iglesia Católica. Esta, por medio de bulas, breves y autorizaciones papales, permitía mejorar la financiación de la monarquía española en su lucha contra protestantes y turcos. La Corona, a su vez, trataba de cimentar su condición de potencia económica y política al tiempo que apuntalaba suposición como principal defensora de la religión católica. Gracias a este doble interés, pontífices como Clemente VII, Paulo III, Julio III y, por fin, Gregorio XIII hacen uso de su poder espiritual -con las bulas- y económico -cediendo posesiones terrenales- para ayudar a la monarquía española.

        En lo que afecta a Morata es un breve dictado por Gregorio XIII el que nos interesa especialmente. Este pontífice, en su bula de 1574, autoriza vender vasallos de la mitras españolas, incluida la de Toledo, hasta un límite de 40.000 ducados de renta anuales.

        Es conveniente retener el dato de la fecha de la bula, 1574, para comprender la importancia de la decisión papal. No olvidemos que las dificultades económicas de Felipe II, debido a su agresiva política exterior con varios frentes abiertos, provocó la primera bancarrota de su reinado en 1557. Diez años más tarde, en 1567, el monarca consigue el excusado eclesiástico para segregar villas y lugares pertenecientes a señoríos eclesiásticos -y recibir así para la Hacienda Real los correspondientes impuestos-, lo que no impidió que las dificultades crónicas del tesoro público continuasen y que la deuda ascendiera a 36 millones de ducados en 1573.

        Por lo tanto, una vez obtenida la autorización papal, comienzan las averiguaciones para determinar qué lugares y villas son suceptibles de pasar de la jurisdicción eclesiástica a la jurisdicción real. Una de ellas es Morata.

Averiguaciones de la Corona en Morata

        Los enviados reales actuaron con prontitud. La urgencia de recaudar fondos para la Corona puso en marcha el aparato administrativo y los representantes del rey iniciaron inmediatamente las averiguaciones. En el corto espacio de tiempo que transcurre desde el 9 de diciembre de 1574 y el 15 de enero del año siguiente se suceden una serie de acontecimientos que son recogidos puntualmente en los documentos que reflejan todo el proceso de las averiguaciones en Morata y que culminarían con la integración de la villa en los bienes de la Corona. Las investigaciones reales, alegaciones del concejo de Morata, testimonios de vecinos, etc, tienen lugar según se refleja en la siguiente secuencia documental:

Padrón presentado por el concejo de Morata

        El 9 de diciembre de 1574, el concejo de Morata presenta el padrón de los vecinos de la villa. En este documento, levantado por el escribano público Alonso Bravo, los regidores de la villa, Juan Alonso Bravo, Bautista Sánchez y el licenciado Benavente, presentan ante el juez enviado por la Corona, licenciado Morales, la relación de vecinos de Morata en cumplimiento de la real cédula de su magestad. Encabeza la relación Adán Ruano vecino de la dicha villa y hospitalero della y sigue una relación en la que además del nombre se especifican, en su caso, la condición de viuda o clérigo, menores huérfanos, pobres, arrendatarios de las tiendas de la villa, etc.

        El sentido de esta relación es delimitar la situación económica de la villa y de sus vecinos para tenerla en cuenta en la valoración del precio que deberá abonar el concejo para adquirir la condición de realengo. Hay que recordar que para llevar a cabo la desmembración del arzobispado de Toledo se fijó que la valoración de la riqueza de las villas y lugares se haría a razón de las rentas de los últimos cinco años más 15.000 maravedís por vecino, aunque en el caso de las viudas y clérigos estos contaban como medio vecino, de ahí el interés a la hora de dejar muy claras estas situaciones personales así como las de huérfanos y pobres de solemnidad.

Presentación del padrón del concejo de Morata

        Tres días después de elaborar este padrón, el 12 de diciembre de 1574, los regidores de Morata presentan ante el juez licenciado Francisco de Morales el padrón en cumplimiento de la provisión que les fue notificada, ... el cual padrón han hecho según la manera que les fue mandado. En el padrón, continúa el documento, van puestos y asentados en el todos los vecinos e moradores viudas, menores e huérfanos que hay en la dicha villa sin dejar a ninguno por poner.

Padrón de comprobación del juez licenciado Francisco de Morales

        Al día siguiente de la presentación del padrón elaborado por los regidores de la villa de Morata, el 13 de diciembre de 1574, se realiza la comprobación para saber si en esta villa de Morata hay otros más vecinos y moradores de los que en el padrón van puestos y presentados. La comprobación, a cargo de Francisco de Morales y con los regidores de Morata como testigos se inicia en el hospital de la villa donde vive Adán Ruano, que es el primer vecino que va puesto y asentado en el padrón presentado por el concejo. Desde la dicha casa se comenzó a facer la declaración y comprobación en la dicha calle y todas las casas de dicha villa y en cada una tomaron un juramento preguntando los vecinos que en la tal casa vivían y los menores e huérfanos que tenían en estas casas. A continuación aparece de nuevo la relación de los vecinos, iniciada con el habitual Adán Ruano y que finaliza con Catalina Fernández mujer que ahora es de Juan de Almazán. En este padrón también aparecen circunstancias personales de los vecinos, como la condición de viuda, mozo o moza soltera, huérfanos o clérigos. Para realizar el padrón en forma y uso, el juez licenciado lo hizo andando por todas las casas que hay en esta villa de Morata en la cual no hay en ella mas vecinos ni moradores ni clérigos ni hidalgos ni viudas ni menores ni huérfanos y moriscos de los que en dicho padrón van puestos y asentados. El documento lo firman como testigos Diego de Sepúlveda, Juan Alonso Bravo, Bautista Sánchez, el licenciado Benavente y, por supuesto el juez Morales.

        A este documento le acompaña la valoración, en cifra, de las unidades vecinales de Morata que sumadas arrojan la cifra de 520 vecinos.

Reclamación del concejo de Morata

        La relación de vecinos presentada por el licenciado Morales no agradó al concejo de Morata que, dispuesto a rebajar el precio de su desmembración del arzobispado de Toledo, no dudó en reclamar y mostrar su disconformidad con el contenido del padrón del juez, en su opinión contrario a los intereses de la villa. Este documento tiene fecha del 15 de enero de 1575 y se entregó al propio juez real.

Interrogatorio del concejo de Morata

        Además del poder otorgado a favor de los representantes municipales, el concejo presentó ante el juez Francisco de Morales un listado con las circunstancias de 126 vecinos de la villa conceptuados como pobres. La relación, iniciada de nuevo con Adán Ruano relata la situación personal de estos vecinos pobres de solemnidad que, naturalmente, no podrían hacer frente a las obligaciones económicas derivadas de la adquisición del status de villa de realengo.

        A este documento se le añade la declaración como testigos de Antonio Fernández y otros vecinos de la villa que apoyaron bajo juramento la petición del concejo respecto a las circunstancias personales de pobreza de varias de las personas incluidas en el padrón del juez Francisco de Morales.

Poder del concejo de Morata

        Por último, para apoyar sus reclamaciones ante la Corona y su disconformidad con el padrón presentado por el juez Francisco de Morales, el 16 de enero de 1575 el concejo justicia y regimiento de la villa de Morata, estando en nuestro ayuntamiento a campana tanida según tenemos de uso y costumbre de nos ayuntar otorga una escritura de poder con obligación que para ello hacemos de nuestras personas y bienes y de los propios y rentas juros y censos del concejo desta villa a los vecinos Diego Perejón, Claudio de Sepúlveda, Diego Mexía, Alonso Bravo, Jerónimo de Alarcón, Antonio Sánchez, Francisco López, Francisco de Contreras, Antonio de Valdemoro y Gaspar de Meco.

        La prevención del concejo morateño ante las obligaciones económicas que suponía adquirir la condición de villa de realengo no eran ni mucho menos exageradas: la existencia en Morata de 126 pobres (25 por ciento del censo total aproximadamente), en opinión del concejo, representaba que las obligaciones económicas futuras recaerían sobre el resto de los vecinos con el aumento consiguiente.

        Desconocemos si al final la Hacienda Real tuvo en cuenta las reclamaciones morateñas pero sí hay constancia de que la villa se obligó a contraer un censo &shyp;especie de hipoteca- de 24.000 ducados, cantidad que en pesetas actuales superaría los 300 millones. Este censo generaba unas obligaciones anuales de pago y, naturalmente, la preocupación del concejo estribaba en que la presencia de gran número de pobres, -y en esta época hablar de pobres supone hablar de pobres en el más amplio sentido de la palabra- en la villa suponía automáticamente un considerable aumento para el resto de contribuyentes a la hora de abonar los intereses anuales de la cantidad tomada a censo; de ahí el interés en demostrar que el informe del juez comisionado no respondía a la realidad de la villa, mucho más pobre en opinión del concejo que la valoración realizada por el comisionado Francisco de Morales.

        Pese a los intentos de los morateños para rebajar las valoraciones del juez de comisión, lo cierto es Morata finalmente tomo a censo los 24.000 ducados, cifra nada desdeñable-al final del siglo XVI las rentas eclesiásticas totales del arzobispado de Toledo eran de 250.000 ducados (un ducado=350 maravedís)- y pasó de la jurisdicción del señorío arzobispal de Toledo a depender directamente de la Corona.

Morata, villa de la Corona

        Este cambio de estatus, además de la posibilidad de utilizar el escudo de Felipe II, tenía otras consecuencias mucho más profundas que las heráldicas. Veamos porqué.

        Para la mentalidad del siglo XVI, con el poso de todo un pasado dependiendo de un señor más o menos feudal -en el caso de Morata el arzobispo de Toledo-, cambiar la condición de villa de señorío por la de villa de realengo suponía toda una transformación. Curiosamente, al contrario de lo sucedido en nuestra reciente historia con la aparición de las autonomías, el status de villa de realengo llevaba aparejado un cierto alejamiento del poder al tiempo que un intento de centralizar el mismo. Si hasta entonces Morata dependía del arzobispado de Toledo y del arciprestazgo de Alcalá ahora la personificación del poder en la figura del rey se sentía mucho más lejos y, por lo tanto, en teoría -otra cosa fue la realidad de los años siguientes, como ya analizaremos más adelante- la presión y el control sería mucho menor.

        De hecho, en un siglo en el que la falta de condiciones educativas era endémica, desde el campesino más pobre y analfabeto hasta el hidalgo o el artesano, todo el mundo tenía muy claro si la villa o lugar era de realengo o de señorío. Tan distinta y tan importante a la hora de condicionar la vida cotidiana era una situación jurídica u otra. Y las razones eran variadas.

        Por lo pronto los vecinos, en el caso que nos ocupa los morateños, preferían la condición de villa de realengo en tanto que suponía mayor autonomía municipal y mayor poder de decisión a la hora de nombrar los regidores del municipio. Aunque el rey, en algunos casos se reservaba este derecho, en otros dejaba a los propios habitantes nombrar una terna o, la mayoría de las veces, nombrar directamente a sus alcaldes. Ya no era por tanto el señor, en el caso de Morata el arzobispo o sus representantes alcalaínos, quien nombraba a la autoridad del concejo sino los vecinos, pecheros y exentos, quienes tenían en su mano la elección. No es baladí esta distinción en tanto que supone, en muchos aspectos, uno de los factores de la toma de protagonismo de los vecinos en las decisiones municipales que les afectaban.

        Este cambio radical lo supieron entender los morateños de la época. Lo demuestra la circunstancia de que Morata defendió durante varios años y a pesar de las dificultades económicas su pertenencia a la Corona, a diferencia de otras villas y lugares a las que la bula papal únicamente les sirvió para cambiar la titularidad eclesial del señorío por un dueño perteneciente a la nobleza convertido en el nuevo señor que, como confirmación máxima de su jurisdicción y poder, solía levantar la picota una vez tomada posesión de sus dominios. Morata evitó la picota, símbolo de las prerrogativas para ejercer la justicia criminal, al menos hasta unos años después.

        Por lo tanto, Morata, como las restantes villas de realengo disponía de más libertades municipales que las villas y lugares de señorío, especialmente en los de señorío eclesiástico mucho más celosos de su tutela. Se explica así el continuo deseo de los vecinos por pasar a ser villa de realengo durante el siglo XVI y que Morata no escatimara esfuerzos económicos para conseguirlo.

        Por otra parte, no es extraña la preferencia vecinal cuando incluso escritores de la época como Castillo de Bobadilla en su Política para corregidores y señores de vasallos se esfuerza en demostrar la superioridad de las condiciones de vida en los pueblos de realengo. Este autor ataca las formas de aplicación de la justicia en los pueblos de señorío y los abundantes casos de corrupción y violencia practicados por los delegados señoriales. Este pensamiento significó que más de la mitad de los habitantes de Castilla la Nueva pertenecieran a la Corona lo que en cierta forma impregnó refranes, lenguaje y literatura.

        Tampoco es casual que en los alrededores de Madrid proliferen las villas de realengo, por su situación geográfica favorable y, cómo no, por una etapa de crecimiento económico y demográfico que favorece los esfuerzos de las villas y lugares para lograr mayor autonomía municipal y evitar al mismo tiempo convertirse de nuevo en villa de señorío.

        Incluso algunos autores consideran que en los pueblos de realengo la población era mucho más joven debido a la emigración a las nuevas villas de matrimonios jóvenes que intentaban mejorar su condición económica. Estos nuevos vecinos, estaban ansiosos de nuevas tierras con las que mejorar sus medios de vida y ya veremos en las páginas que siguen como algunos acceden a la propiedad de la tierra en Morata para conseguir sus objetivos incluso antes de que Morata adquiriera su condición de villa de realengo.

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