Morata según las relaciones

    En numerosas ocasiones nos hemos referido en las páginas precedentes a las Relaciones que ordenó realizar el rey Felipe II en los años setenta del siglo XVI. La utilidad de proyecto real, uno de los primeros y más serios intentos de conocer a fondo la situación de la Corona de Castilla, es especialmente valiosa para el territorio que actualmente ocupan las provincias de Madrid, Toledo, Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara.

        Esta documentación ha servido de base para innumerables estudios generales sobre la sociedad en los pueblos de Castilla la Nueva en la época de Felipe II y a la vez como punto de partida para estudios locales más restringidos. Aun con la debida cautela ante los datos que aportan los escribanos sobre Morata -en esta época como en todas hay que contar con la prevención de los vecinos ante cualquier cuestionario de origen oficial, siempre asociado en el subconsciente y con bastante fundamento en la realidad al pago de nuevos impuestos- sus respuestas nos permiten acercarnos a la realidad de la villa en esa época en torno a 1580, sobre todo si, además de las propias Relaciones, contamos con otros testimonios y apoyos documentales como los analizados en el capítulo anterior respecto a la situación de pobreza de un numero muy importante de vecinos.

Respuestas de Morata al interrogatorio

        El seis de diciembre de 1579 los regidores de Morata, Juan Almazán y Jerónimo Ruiz, contestan al cuestionario redactado a instancias de Felipe II en relación con distintos aspectos de la villa, tal como se exigió a todos los lugares del reino. El interés de dicho cuestionario reside en que responde a aspectos fundamentales de las características de la villa de una forma sistemática. En las Relaciones, además de las respuestas del alcalde hay un segundo apartado redactado por el cura de la parroquia y, aunque suelen coincidir en las respuestas, en algunos casos, difieren en sus apuntes.

        Respecto a la población se señala que cuenta con 400 casas y alrededor de 500 vecinos y que se ha producido un aumento de la población por la necesidad de trabajadores para el cultivo del cáñamo, uno de los más importantes de todo el reino de Castilla según se afirma en una de las respuestas.

        La referencia al cultivo del cáñamo en Morata se confirma en varios documentos como uno de los principales medios de vida de los morateños no sólo por el propio cultivo sino también por la elaboración posterior de lienzos como una actividad complementaria a la agricultura. La dedicación al cultivo del cáñamo se extendía por todo el sureste de la actual Comunidad de Madrid, en municipios cercanos como Ambite, Campo Real, Carabaña, Estremera, Perales y Villarejo de Salvanés. Parece que su importancia fue mayor en Morata hasta el punto de que en las propias Relaciones se resalta que el cultivo de esta planta frenó la marcha de habitantes y así se señala que habrá en la dicha villa quinientos vecinos al presente, e tienen oídas por memoria de hombres viejos que la dicha villa ha sido de menos vecindad antes que agora, e la causa porque se ha aumentado es la multiplicación de la gente e haberse casado, e quedádose en la dicha villa, y edificado en ella, e también porque algunos forasteros han venido e vienen a trabajar a dicha villa en el beneficio del cáñamo que en ella se coge, e pareciéndoles que en ella pueden vivir del dicho trabajo e beneficio, por ser ordinario, se han casado e casan en la dicha villa.

        También se hace referencia a la exención del señorío del arzobispado de Toledo, cuatro años atrás, es decir, en 1575, para pasar a ser villa de realengo, lo que le permite ostentar como escudo de la villa el mismo de Felipe II y que para cualquier pleito los morateños dependían de la Real Chancillería de Valladolid donde debían acudir para resolver los contenciosos.

        Respecto a las características del término municipal, los regidores contestan que está falto de leña y de pastos, por no tener dehesa, aunque en otra respuesta se afirma que existe una particular, y que en la vega se cultiva cereal para pan (trigo, avena), vino moderado, cáñamo y frutales, principal ocupación de los vecinos además de las granjerías (ganado caprino y ovino). Las casas,  según el testimonio de los morateños, eran de madera y de tapial de yeso y piedra.

        En las respuesta se cita la existencia de la ermita de la Virgen de la Vega, situada a oriente, donde existe una cruz de madera. También se cuenta que la iglesia cuenta como reliquia con un dedo de san Blas, al que acuden el día de su fiesta vecinos de la comarca.

        La fiesta votable, según el interrogatorio, se celebraba el día de San Agustín, día en el que además se repartía entre los pobres pan, vino y queso, como rogatoria contra la langosta. Desde que se inició esta costumbre, según los testimonios, no se había vuelto a repetir la plaga. También se repartía pan, queso y vino el día de San Sebastián para evitar la peste, según relatan Bautista Sánchez Paz y Juan Ramírez Ladrón de Ocariz.

Respuestas del prior de la parroquia de Morata

        Por su parte, el doctor Mejía, prior de la iglesia -realizada en cantería y una de las mejores el arzobispado de Toledo, si hemos de hacer caso al texto-, relata que los moros, hará cuatrocientos años realizaron el sistema de riego.

        El cura en sus respuestas también se refiere al hallazgo de inscripciones romanas en piedra (La tan mencionada Licinia y otras) así como monedas del emperador Julio Cesar junto a restos de casas hallados por campesinos al arar la tierra. También asegura que la villa, unos doscientos años atrás, fue vendida por el rey Alfonso, tras el sitio de Gibraltar, a Juan Puerto Carrero y a su mujer Marina Alfonso, que fundaron un mayorazgo.

        En la relación de personajes ilustres de la villa citados por el prior aparecen los nombres de:  

  • Francisco Sánchez Paz, teólogo en Alcalá y, sobre todo, confesor del príncipe Don Carlos, hijo del rey Felipe II ypersonaje de vida y muerte trágica.
  • Juan Alonso, canónigo de la catedral de Guadix
  • Pero Sánchez Paz, jurista por la Universidad de Bolonia.

        En el texto se alude, asimismo, a la existencia de un mayorazgo creadopor Hernán Rodríguez Pecha.

        El documento de las Relaciones, cuyo original se encuentra en el archivodel Monasterio de El Escorial, nos ofrece como primer punto de referencia el número de vecinos con los que contaba Morata en torno a la fecha de 1580. La cifra de 500 vecinos, después de aclarar que en esos años se entiende como tal aquel que tiene casa y hogar en el pueblo y contribuye a las cargas y repartimientos -lo que no impide que el número de vecinos pueda ser superior al de casas en el supuesto más que probable de que más de una familia habite en una casa-, nos indica en primer lugar que Morata, en relación con el resto de poblaciones de lo que hoy es la Comunidad de Madrid, era una de las villas más pobladas.

        De hecho ocupaba el octavo lugar en cuanto a número de vecinos, con una población superior a Arganda, Ciempozuelos o San Martín, y por lo tanto supone que las Relaciones se redactan en unos años en que Morata vivía una etapa de crecimiento económico, al menos en relación a los lugares y villas del entorno.

        Esta apreciación puede apoyarse también en algo tan significativo como las declaraciones de los propios vecinos cuando señalan que la población crece de unos años a esta parte, asociando este crecimiento demográfico al cultivo del cáñamo. Al margen de la bonanza económica propiciada por este cultivo, lo cierto es que el aumento demográfico es bastante generalizado en la época en la que se realizan las Relaciones y se ha detectado desde finales del siglo XV hasta algo más de mediados del siglo XVI, aunque también es cierto que no dejaba de ser un anuncio del declive demográfico de las décadas siguientes, justo en el momento de inflexión de lo que seria un crecimiento de las ciudades en detrimento del campo. No obstante, estos síntomas son más débiles en la actual Comunidad de Madrid. Generalizado o no, sí que es seguro que Morata en aquellos años, como prácticamente en toda su historia, depende casi absolutamente del campo, más que de la ganadería, a la hora de ofrecer posibilidades de trabajo a sus habitantes.

Ganadería y agricultura

        La respuesta de los morateños sobre sus modos de vida hace especial mención a las actividades agrícolas y ganaderas, aunque bien es cierto que a la hora de matizar los cultivos son el trigo, la cebada y el cáñamo los que aparecen como los principales sustentos de la economía.

        Sí hay que resaltar que, a diferencia de siglos posteriores, el cultivo del olivo debería ser residual en Morata, o al menos no tan importante como para que los redactores de las respuestas a las preguntas consideraran importante su mención expresa. Puede resultar sorprendente también que los testigos que elaboran el documento no parecen darle mucha importancia a los productos de la huerta. Desde luego este tipo de cultivos debería ser bastante menos importante que el de los cereales limitándose, tal vez, al autoabastecimiento de las familias en pequeños huertos residuales.

        Más importante desde luego es el cultivo del cáñamo. Pensemos que estamos hablando de un cultivo que necesita tierras de regadío y, posteriormente, para su transformación industrial instalaciones adecuadas como los batanes. En esta época se tiene constancia de la presencia de un batán en la ribera del río Tajuña.  

        También está claro que en esta etapa histórica la actividad agrícola se impone en Morata a la ganadería, según denota la referencia a la ausencia de pastos y de dehesa comunal. No es ni mucho menos un fenómeno aislado. Pensemos que después de que la ganadería alcanzara su mayor auge con el reinado de los Reyes Católicos, con su nieto, Felipe II, y a partir de nuevas leyes que favorecieron a los agricultores, todo ello ligado especialmente al impulso de ocupación de tierras y al del cultivo de las viñas para la transformación de la uva en vino, verdadera locomotora del progreso agrícola, la tendencia de la economía dio un giro que favoreció a la agricultura. Desde luego, en Morata los agricultores, mayoría en la villa, tenían muy claro que la vid y el vino eran más rentables que la ganadería.

Intercambios comerciales

        Este crecimiento económico de la segunda mitad del siglo XVI genera, como consecuencia lógica, un movimiento de intercambios que necesita una red de caminos. Una vez más aparecen los caminos a Toledo y a Alcalá como las rutas de salida natural para los excedentes agrícolas, sin olvidar le importancia creciente de la Corte, ya asentada en Madrid y por lo tanto necesitada de abastecimientos de los productos alimenticios que era incapaz de producir por sí misma.

        La red de caminos, desde luego muy alejados en cuanto a condiciones de lo que actualmente entendemos por vías de comunicación, son utilizados para acarrear las mercancías especialmente en las fechas de ferias y para acudir a los mercados donde abastecerse de los productos que Morata no produce. Es el caso del mercado de Torrejón de Velasco, uno de los más importantes de la comarca, en el que Morata según las Relaciones se aprovisionaba de carne e pescado e frutas de ordinariose provee en los mercados de la villa de Torrejón de Velasco.

        Hay otro producto fundamental del que Morata carece y que es imprescindible en la época: la sal. Pensemos que este producto, aparte de su utilización como condimento, es indispensable para conservar los alimentos, su principal utilidad en un período histórico en el que obvio resulta decir que no se contaba prácticamente con ningún otro método fiable para conservar los alimentos perecederos. Para cubrir esta necesidad, nuestros antepasados morateños debían acudir bien a Espartinas, cerca de Aranjuez, o a la población de Belinchón, en la actual provincia de Cuenca.

        A pesar de esta mención a los mercados a los que acudían los morateños, tampoco hay que sobredimensionar estos intercambios comerciales. Cierto es que existían, y así lo prueban las Relaciones, pero también hay que valorar que el incremento de la actividad comercial y mercantil, animada por el aumento de la producción agrícola, siempre hay que considerarlo en su justo valor, muy relativo y limitado en una sociedad rural en la que predominaba una economía de subsistencia y que genera pocos excedentes con los que fomentar el comercio más allá de unos pocos kilómetros.

        Sorprendente también puede resultar la mención a la ausencia de leña y madera. Estas carencias nos indican una vez más la presión sobre el medio para obtener tierras de cultivo en detrimento de otros aprovechamientos. La madera -y por extensión la leña- se convierte así en un bien escaso y por lo tanto muy valorado pues resulta imprescindible para construir las casas y como sostén de los tapiales de yeso y piedra de los que nos hablan los autores de las respuestas al interrogatorio y que, cuatrocientos años después, todavía se conservan como materiales de construcción en las viejas casas morateñas.

El papel de la Iglesia

        Reveladora de la situación social del siglo XVI es la participación del clero en la elaboración de las respuestas al cuestionario. Ya hemos visto que no faltan las referencias a la vida religiosa de la villa. Además de citar a la ermita de la Virgen de la Vega y a la leyenda de la vaca que se postraba ante una cruz, las Relaciones nos muestran uncalendario marcado por las celebraciones religiosas y a la vez asociado a las estaciones del año y al ciclo agrícola. Las fiestas se distribuyen así a lo largo del año con sus correspondientes celebraciones y reparto de alimento entre los indigentes, una de las funciones asumidas por la Iglesia y que, en cierta forma, sirve para justificar el cobro del diezmo.

        Vemos así como en las festividades de San Blas, San Sebastián y San Agustín se reparten entre los necesitados pan, queso y vino, una tradición y costumbre asignada -al igual que sucedía en la época con la educación- a la Iglesia. La Corona, o si se prefiere el Estado en terminología más actual, se desliga de estas obligaciones y se las cede a la Iglesia.

        Para atender toda esta labor el estamento clerical cuenta con una importante presencia en Morata. Nada menos que un prior y cuatro capellanes para atender las necesidades religiosas de la población y, al mismo tiempo, otra de las actividades subsidiarias de la Iglesia: el mantenimiento de los hospitales de pobres a los que se hace referencia en las respuestas.

El concejo y las distintas clases sociales

        Como corresponde a la época, la gestión municipal se encuentra en manos de los alcaldes representantes de los pecheros y los exentos (nobleza). Pero, al margen de esta dualidad, lo que sí es destacable es el absoluto dominio de los cargos municipales por parte de dos apellidos: los Mejía y los Sánchez Paz. Estas dos familias no sólo controlan el concejo sino que el doctor Mejía aparece como prior de la parroquia y otros dos representantes de los Sánchez Paz, Francisco y Pero, se les destaca como personajes ilustres de la villa en su condición de teólogo en Alcalá, el primero, y jurista por la Universidad de Bolonia, el segundo.

        Frente al dominio de estas familias, los jornaleros se encuentran en el escalón más bajo de una sociedad rígida como la del siglo XVI. Aproximadamente son el cincuenta por ciento de la población y en las zonas rurales cerca del sesenta o setenta por ciento en el total nacional. Morata, en este sentido, podía considerarse afortunada si hemos de hacer caso a las Relaciones y a los documentos previos a la adquisición de la condición de villa de realengo: 125 pobres, no pecheros, sobre una población de 500 vecinos, supone exactamente el 25 por ciento de la población total, aunque podamos suponer que en realidad la cifra era menor.

        En su comunicación con la Hacienda Real los redactores del documento presumiblemente inflaron esta cifra para así intentar minusvalorar el precio a pagar para adquirir la condición de villa de realengo. No obstante, en las villas como Morata la proporción de jornaleros hay que entender que tendió a crecer conforme avanzó el siglo a consecuencia de la progresiva apropiación de los habitantes de las ciudades de la propiedad de la tierra.

        No es difícil imaginar las dificultades que la vida presentaba a esta masa de gente, habitante de las casas peores de las villas o de las cuevas y pendientes de una expresión tan abundante en la época y en los documentos como cogerse a jornal, expresión máxima de la precariedad en el trabajo y por lo tanto en las condiciones de vida.

        Entre estos desheredados no era inhabitual la constante peregrinación por las comarcas coincidiendo con la época de siega o de recolección: en Morata así parece que sucedió con la llegada de trabajadores para el cultivo del cáñamo tal como hemos visto.

        Los labradores, por su parte, suponen aproximadamente el 35 por ciento de la población, aunque siempre con el matiz de distinguir entre pequeños, grandes y medianos propietarios por lo que su nivel de vida sería muy variable. Destacan, si no por su número sí por la importancia de su hacienda, los campesinos ricos no nobles, en expresión de la época los villanos ricos que en ningún caso superaría el cinco por ciento del total de la población.

        En esta sociedad rural, como sucedería hasta muchos años después, la posesión de tierras es signo de distinción social y, en no pocas ocasiones, estas familias, sin ser nobles, se enorgullecen de algunos de su hijos pueden estudiar y llegar a cargos importantes o a la universidad. De alguna manera estos campesinos enriquecidos, a veces a costa de los otros labradores, constituyen la fuerza social que sustituye a los hidalgos, clase en regresión: no hay mas que leer obras de la época como El Lazarillo de Tormes para comprobar su pérdida de influencia al mismo tiempo que mermaban sus bienes y sus propiedades

        Frente a la masa de campesinos propietarios y jornaleros, también hay que señalar la presencia en las villas castellanas de otras profesiones. Ciertamente la escasa mecanización del campo hacía innecesaria la presencia de obreros industriales. El azadón, la hoz y el arado eran las herramientas utilizadas y además las cerradas vidas localesse autoabastecían en gran medida. De tal forma, en la sociedad agraria rural es frecuente la presencia de campesinos que, a tiempo parcial, ejercen otra profesión: cardadores de lana, trabajadores del esparto, carboneros, tejedores, etc. En las Relaciones es frecuente que se cite, en las poblaciones donde se explota el cáñamo o el esparto, la presencia de gentes dedicadas a su granjería pero casi siempre como complemento del trabajo agrícola.

        También aparece la figura del campesino panadero, frecuente en los alrededores de las ciudades, y también el trajinero que vende todo tipo de productos de manera ambulante, así como los oficiales dedicados a la fabricación de vestidos, calzados, cerámica, aperos de labranza, herraduras y otros oficios habituales en las villas como el herrero, el carpintero, el sastre, el albañil y el barbero.

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