Siglo XVIII, el Catastro de Ensenada

        Con el comienzo del siglo XVIII y la guerra de Sucesión, la comarca sufre importantes destrozos especialmente en las localidades cercanas de Chinchón y Titulcia. La agricultura conoce una incipiente y modesta industria, con fábricas de jabón, batanes y molinos harineros que aprovechan el caudal del Tajuña, en aquella época sin duda mayor que en la actualidad. Curiosamente, otra pequeña industria, la de la recolección y transformación del esparto, también tenía cierta importancia ante la abundancia de esta planta en unos montes asolados y deforestados en épocas históricas pasadas.

        En este siglo XVIII se hace habitual la realización de censos y catastros para conocer la realidad de cada pueblo hasta sus mínimos detalles. A este siglo corresponden el Catastro de Ensenada, el Cuestionario del cardenal Lorenzana y el Censo de Floridablanca que analizaremos en lo que se refiere a Morata, villa de señorío que el 23 de marzo del año 1734 aprueba sus primeras ordenanzas municipales. En la villa existen dos hospitales para alivio de los pobres acostumbrados a sufrir constantes crisis de subsistencia por la escasa producción de una agricultura atrasada y poco productiva en la que casi todos los labradores son puramente colonos y arrendatarios de tierras ajenas y los mas oprimidos respecto a sus cortas facultades con gabelas, tributos y cargas concejiles, de que por punto general están exentos los dueños de los terrazgos, que también oprimen a dichos labradores con el acrecentamiento de las rentas, según se reflejaba en textos de la época.

        Esta situación social y otros datos muy interesantes sobre Morata en el siglo XVIII los conocemos gracias a proliferación durante todo el siglo XVIII de los citados catastros y censos de población, mucho más explícitos que los realizados en siglos anteriores, que nos permiten acotar la situación de la villa durante estos años.

        Estos recuentos no se limitan a enumerar los vecinos o las cantidades aportadas como impuestos a la hacienda pública. Afortunadamente, aparecen aspectos tan concretos como la división de la sociedad en sus distintos estamentos, los medios de vida de la población, la existencia de fábricas, las posesiones del señor de la villa y otros datos que nos permiten una mejor aproximación a la realidad de Morata. Entre los recuentos y censos de este siglo, sin ninguna duda, es el del marqués de la Ensenada el que mejor retrata la vida de la villa a mediados del siglo XVIII.

        En el intento de crear una única contribución, verdaderamente progresiva, frente al sistema heredado de siglos anteriores, anacrónico y muy injusto con las clases menos pudientes de la sociedad, está el origen del Catastro del marqués de la Ensenada. Su elaboración, que llevó varios años a los funcionarios de la Corona, constituye, todavía hoy, un elemento fundamental a la hora de abordar la historia del siglo XVIII en España. Por fortuna, toda la documentación referente a la villa de Morata se ha conservado y nos permite hacernos una idea bastante cercana a la vida del pueblo en el momento de elaborarse el catastro.

        El Catastro y la posterior comprobación supuso un trabajo de más de diez años. Nos ofrece una completa relación de todos los vecinos de la villa, sus bienes (tierras de secano y regadío, ganados, casa, molinos, etc) junto con la profesión y oficio de cada uno de ellos. El complejo método seguido para su elaboración no tuvo una aplicación posterior en el principal objetivo del trabajo: servir de base para la creación de una única contribución que reflejara la verdadera situación económica de los contribuyentes de la época. Por el contrario, afortunadamente, al menos la documentación resultante ofrece ahora, casi doscientos cincuenta años después, un material imprescindible para conocer detalles de la villa de Morata.

Datos generales del Catastro de Ensenada en Morata

        El Catastro de Ensenada comprende tres fases, la primera con los llamados libros maestros confeccionados en cada población con todas las actividades, rentas y censos muy detallados de cada vecino. El segundo escalón son las llamadas respuestas generales, a nivel no individual sino local, y por último los resúmenes por reinos y provincias. Debido a las muchas protestas que originó su elaboración el proyecto se abandonó, aunque Carlos III lo quiso retomar años después.

        Los documentos relativos a la villa de Morata resultantes bien pudieran servir de fuente para un estudio exhaustivo de esta etapa del siglo XVIII en nuestro pueblo. Aquí nos limitaremos a citar los aspectos más importantes de los mismos y a utilizar los datos que ofrece como documentación para algunos de los apéndices de este trabajo: Callejero de Morata, ganados de labor, etc.

        En primer lugar, respecto a la población de la villa, hay que destacar el descenso de población en Morata respecto a siglos anteriores. Los 296 vecinos que se reflejan en el Catastro se encuentran muy lejos de los más de 500 con los que llegó a contar Morata en el siglo XVI. En páginas precedentes ya se han comentado algunas de las causas que propiciaron esta disminución de habitantes en la villa, pero bueno será recordar que el evidente descenso en el número de propietarios agrícolas, consecuencia de la acumulación de la propiedad de la tierra en manos de unas pocas familias y de la Iglesia, es uno de los motivos de la pérdida de población en Morata, por esta época encuadrada administrativamente en la intendencia de Toledo (partido de Ocaña) y ahora integrante del señorío del conde de Altamira, como heredero del antiguo marquesado de Leganés, y que, como tal, recibía los derechos de alcabala (1 por ciento), el derecho de fiel medidor, sacador, cargador y las penas de cámara. Como vemos, el titular del señorío ha cambiado pero no así la dependencia legal de la villa desde que en el siglo XVI el I marqués de Leganés adquiriera el señorío a Felipe IV.

        Un examen más detenido de la población de Morata a mediados del XVIII indica la polarización de la sociedad entre las clases más pudientes y los menos afortunados: frente a 16 vecinos pertenecientes al estado noble, bien es verdad que no todos grandes propietarios, 140 jornaleros ocupan la parte contraria del espectro social que se completa con 60 familiaspobres de solemnidad. Una simple suma nos indica que 200 familias, el sesenta y cinco por ciento aproximadamente, constituían el elemento más numeroso, y a la vez menos afortunado, de la población de Morata, obligado a trabajar en las tierras de los propietarios más ricos de la villa.

        Estamos ante un período histórico en que la sociedad morateña ofrece fuertes contrastes ya que, según estos datos, no más de setenta vecinos, entre artesanos y labradores, ocupan el centro del espectro social junto a representantes menos numerosos de otros oficios como herreros, zapateros y tejedores de lienzos y albéitar. Los eclesiásticos, cuatro según el catastro, completan el censo de 296 vecinos de una villa que por entonces, de acuerdo con la documentación, contabacon 273 casas, 15 de ellas pertenecientes al estado eclesiástico, y otras 20 más entre solares, pajares y casas arruinadas.

Riqueza de la villa según el Catastrode Ensenada

        Las comprobaciones del Catastro de Ensenada reflejan en su resumen la valoración de las tierras de labor, ganados y otras propiedades existentes en el término municipal de Morata según el estado de sus propietarios: legos y eclesiásticos. La valoración final, resultante de las primeras operaciones (deducidos los gastos) y las comprobaciones finales, reflejan un total de 5.579.960 reales de vellón. Esta cifra, sin embargo, no sirve para determinar la distribución de las propiedades rústicas, ganados, molinos y casas entre los distintos sectores de la población de la villa de Morata. Un análisis más detenido sí que indica como una serie de familias nobles, principalmente el conde de Altamira y el marques de Espinardo, junto al reducido grupo de campesinos propietarios acaparaban la mayoría de las tierras de labor, ganados y viviendas de la villa. El estamento eclesiástico, principalmente el convento de los Dominicos del Rosario, pero también otras instituciones religiosas ligadas a los jesuitas y otras órdenes religiosas, junto con la propia parroquia, acaparaban otra parte importante del patrimonio municipal.

        Para comprender mejor los datos que nos proporciona el Catastro de Ensenada en los siguientes capítulos se analiza la distribución de las propiedades en los distintos estamentos.

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