Las posesiones de la nobleza

        El principal exponente del patrimonio del condado de Altamira en Morataera sin duda su palacio situado frente a la iglesia parroquial. En sentidofigurado, en ese espacio urbano de Morata, se unían los dos mayores propietarios de la villa: la Iglesia y la nobleza.

        Realizar un listado de las propiedades del conde de Altamira, como máximo representante del estamento nobiliario en Morata durante el siglo XVIII se encuentra fuera de las intenciones de este trabajo. Sin embargo, como muestra de la importante hacienda del conde sí que es conveniente hacer un repaso, siquiera somero, de un patrimonio ciertamente extenso que condicionaba el desarrollo de la vida en todos los niveles.

        Los intereses del conde de Altamira en el término municipal de Morata abarcaban desde fincas de labor en prácticamente todos los parajes, tanto de secano como de regadío, hasta la propiedad de molinos aceiteros y harineros, batán de paños, censos y, por supuesto, su correspondiente participación en distintos ingresos del concejo, como poseedor del señorío de la villa (Alcabalas, oficios municipales, etc).

        Para administrar esta hacienda, pues obvio es decir que los titulares del condado delegaban estas funciones en distintos empleados, el conde de Altamira contaba en Morata, en el año en que se realizan las comprobaciones del Catastro de Ensenada, con Luis Fominaya, administrador de las alcabalas, y demás rentas que en esta villa tiene.

        El mencionado Luis Fominaya es el encargado de hacer las alegaciones en dichas comprobaciones y entre otras variaciones, menciona las obras realizadas en el palacio un cuarto nuevo que se ha fabricado en las cocheras y asimismo en lo que llamaban jabonería, que estaba arruinada, ha fabricado unas cocheras con sus cuadras. Además del palacio, el conde poseía casas en la plaza Mayor y en la calle Cruz de Orozco, calle Real de Arganda, entre otras; los dos únicos mesones de la villa, situados en la plaza y ambos arrendados y, por supuesto, molinos harineros y aceiteros arrendados.

        Respecto al molino, uno de los dos existentes en el curso del río Tajuña en el término de Morata, la relación del catastro lo describe como un molino harinero, distante de la población como seiscientos pasos, donde llaman la Huerta de la Vega en el río Tajuña, con tres muelas cubiertas, presa, ladrones y demás pertrechos necesarios, arrendado en cada año en ochenta fanegas de trigo, que al precio regulado corresponde mil seiscientos cincuenta y tres reales que es precio que a corta diferencia ha tenido siempre.

        También era propiedad del conde de Altamira el batán de paños distante de la población como un cuarto de legua, con dos ruedas, cubierto, con su zaguán, cuatro pilas y demás pertrechos correspondientes, (...) que produce en cada un año mil reales de vellón .

        En cuanto a los molinos aceiteros, la casa de Altamira contaba en Morata con uno de los seis existentes en la villa, situado inmediato a las tapias de ella, como se sube para el Bosque, con su viga, piedra, trojes, balsa, almacenes y demás pertrechos (...) regulada su utilidad anual en seiscientos reales.

        En torno a las propiedades de la casa de Altamira, especialmente las tierras de secano y regadío, hay que hacer no obstante un apunte importante: el escaso número de ganado de labor que aparece en el listado de ganados, una sola pareja de mulas, indica que la práctica totalidad de su hacienda estaba en manos de renteros que cultivaban sus tierras. El conde se limitaba a cobrar las rentas de un patrimonio importante, una de las fortunas más destacadas de la España de la época con intereses en la villa de Madrid y en muchas otras poblaciones.

        En la relación de documentos del Catastro de Ensenada no hay paraje en el que no aparezcan propiedades del conde de Altamira. En alguno de estos documentos la descripción de las distintas parcelas es una sucesión de fincas propiedad todas ellas del conde, dueño asimismo de una extensa porción de terreno en El Bosque. En esta zona del término municipal, su administrador relata en las comprobaciones la existencia de alamedas no incluidas en la primera relación que ocupan como siete fanegas.

        El administrador señala que asimismo en otro bosque en distintos pedazos chicos y grandes de tierra hay diferentes olivas que ocuparán sesenta fanegas de tierra y mil novecientas y una olivas.

        El sistema de explotación de las propiedades de la Casa de Altamira en Morata incluía también la entrega a censo de diferentes tierras de riego para plantío de viñas a diversos vecinos de esta villa.

Otras propiedades de la nobleza en Morata

        Aparte de la presencia de la casa de Altamira en Morata, el estamento nobiliario cuenta con otros representantes en la villa aunque su nivel de influencia era notablemente inferior, llegando incluso algunos de ellos a ser catalogados como pobres en la relación de vecinos que se elaboró en el Catastro de Ensenada.

        El marqués de Espinardo, cuyos bienes en Morata eran administrados por Pablo Fominaya, también contaba con una extensa hacienda en el término municipal pero sin llegar al nivel de la que era propiedad del conde de Altamira. Propietario del palacio situado en la plazuela de Espinardo -de bastante menor valor que el de la casa de Altamira según todas las descripciones- contaba con otra casa en esta misma plazuela y dos solares, que posteriormente entregó a censo a dos vecinos de Morata, así como otro solar en la corraliza de la casa palacio, dio a censo perpetuo a Pedro López Huertas (...) en el que se ha fabricado una casa. Este representante de la nobleza contaba sobre todo con posesiones en la vega, arrendadas a distintos vecinos. El marqués de Espinardo también practicaba la política de ceder a labradores de Morata parcelas de tierra dadas a censo y para plantío de viñas.

        Ni el conde de Altamira ni el marqués de Espinardo, a pesar de sus numerosas propiedades en Morata, estaban avecindados en la villa. Según el Catastro de Ensenada, el censo de vecinos del estado noble estaba integrado por 17 vecinos, catalogados como labradores, aunque a estas familias había que unir viudas y vecinos, también del estado noble, pero incluidos en la categoría de jornaleros o incluso pobres. Estos últimos, aunque aún conservaban algún privilegio inherente a su clase social, en realidad poco peso tenían en la vida económica de la villa.

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