La vida en el Morata Medieval

En una sociedad rural como Morata en la etapa medieval la vida girainevitablemente en torno a la agricultura y la ganadería, bien como actividades exclusivas para procurar el sustento a la familia o bien combinadas entre sí.

Los medios de vida: agricultura y ganadería

        En la agricultura se alternaba la siembra de cereales con las leguminosas, en el caso de que no se utilizara la técnica del barbecho (Un año cereales y otro sin cultivo), lo que propiciaba ciclos de tres años. Lo normal era dar a la tierra tres vueltas antes de sembrar, aunque se podía llegar a cinco. En función del cultivo se sembraba más semilla (cebada) o menos semilla (trigo). Cada campesino, propietario se entiende, disponía de tierras para el cultivo del cereal, viñas, pastos y huerta además de la vivienda, algunas con su lagar de husillo.

        En la zona de Morata, en los primeros años de la reconquista y al ser tierra de frontera, sería más habitual que los campesinos fueran propietarios. Según la mayoría de los estudios sobre la época, la propiedad de la tierra en la etapa posterior a la reconquista propició, gracias a la promulgación de fueros y cartas puebla, un tipo de campesino libre que en los años siguientes no tuvo muchos problemas para conservar la propiedad además de aprovecharse de los terrenos comunales para actividades como el pastoreo. Esta buena situación se acrecienta con el reconocimiento del derecho a heredar la tierra.

        Además, hay que citar la existencia en los pueblos de molinos, bien concejiles o de propiedad señorial, además de almazaras yotras instalaciones, como hornos comunales para cocer el pan para la transformación de los productos el campo. En las tierras de propiedad eclesiástica -Morata entre ellas- se arrendaban parcelas a los campesinos que pagaban su correspondientes rentas a las autoridades eclesiásticas.

        Poco se sabe sin embargo sobre aspectos tan importantes como los salarios de la época correspondientes a cada oficio. A título meramente indicativo, sí que podemos citar las disposiciones de las Cortes de Valladolid en el año 1351 para las tierras el arzobispado de Toledo en las que están incluidas las de Morata.

        En este año de 1351 se conoce la existencia de los oficios de:

        - Quiteros (iniciaban su trabajo en septiembre y se contrataban por un año): estos trabajadores, con su yunta de mulas o bueyes aran, siembran y siegan  o realizan cualquier otro trabajo en lastierras arrendadas por las que reciben la quinta parte de la cosecha.
        - Segadores:
su trabajo abarca desde que comienza la siega hasta que se recoge la paja, y su salario es de dos cahices de cereal (24 fanegas).

        Otros oficios de la agricultura de la época son:

        - Mozo de labranza: un maravedí por día y dos comidas como sueldo.
        - Segadores: dieciocho dineros (Un maravedí, diez dineros).
        - Recogedores de lino:siete dineros sin alimento
        - Vendimiadoras: cinco dineros
        - Podadores:dos dineros más que los que cavan, sin derecho a siesta ni a recibir vino en las comidas.

        Para calibrar el valor de estos salarios se puede comparar con los precios de productos básicos en la época:

        - Un carnero, ocho maravedís.
        - Una docena de sardinas saladas,doce maravedís
        - Una gallina, dieciséis dineros
        - Una cantara de vino, tres maravedís igual que una fanega de cebada.
        - Un cerdo, veinte maravedís.

        En el desarrollo de la actividad ganadera durante la Edad Media es fundamental el nacimiento de la Mesta. Entre 1212 y 1273 fecha oficial desu creación, inicia sus actividades el Honrado Concejo de la Mesta, organización creada para unir los intereses de los ganaderos frente a los agricultores y también para poner fin a las disputas sobre los pastos de Castilla la Mancha y Extremadura de los ganaderos trashumantes. El concejo de Segovia, uno de los más importantes, ocupa tierras de la actual provincia de Madrid, cercanas a Morata, para utilizarlas como zonas de pasto. Esta circunstancia también es importante, sobre todo en la modificación del medio, en tanto que los ganaderos, generalmente señores poderosos o incluso el propio arzobispado de Toledo, poseedor importante de ganado, propiciaron la creación de nuevos pastos a partir de la quema del monte. Además, la Mesta también organizó las cañadas.En este sentido resulta revelador como ya en el siglo VXI, cuando FelipeII ordena la redacción de sus Relaciones Topográficas de lospueblos de España, para la descripción el término de Morata se afirma que falta leña, falta agua y fuentes, sin dehesas y con monte ralo, un panorama no muy halagüeño que, sin ninguna duda, es consecuencia directa de las prácticas ganaderas y también de las tácticas defensivas ante los ataques de los enemigos que imperaron en la comarca durante varios siglos.

        Sobre la presencia de la ganadería en Morata, no sólo como actividad económica, sino también como lugar de paso en las rutas trashumantes, tenemos constancia en la toponimia de algunos parajes y, por supuesto, en la existencia de cañadas que atravesaban el término municipal junto a corrales, fuentes y descansaderos que utilizaban los rebaños en sus desplazamientos estacionales. La Cañada de las Merinas, el Corral de la Melitona, la Fuente del Piojo, la Fuente del Valle, son denominaciones algunas todavía en uso- que recuerdan el paso del ganado trashumante por las cercanías de Morata desde la época en que la Mesta era una organización poderosa capaz de hacer frente incluso al propio rey.

Dependencia señorial

        Ya hemos comentado como Morata, desde el mismo momento de la reconquista de la zona central de la península, se integra en la jurisdicción del arzobispado de Toledo, con la salvedad de que la familia Portocarrero ostenta el señorío de la villa a consecuencia de una donación de Alfonso VIII tras la participación de don Juan Portocarrero en el sitio de Gibraltar a las órdenes del rey. Esta dependencia del arzobispado no fue sin embargo constante en el tiempo ya que se produjeron distintas circunstancias que cambiaron el status de la villa.

        Sin embargo, antes de comentar estos cambios, es conveniente también analizar las modificaciones que a lo largo de la Edad Media se producen en aspectos muy importantes de la vida comunal en las pequeñas villas. Y es que, tras la guerra de Pedro I con su hermanastro (1366-1369), se produce en Castilla una pérdida gradual y considerable de territorios concejiles, es decir, de aquellos terrenos o propiedades que son de aprovechamiento comunal. En paralelo a esta pérdida se produce una influencia cada vez más importante de la Iglesia y de la nobleza. Es en torno a esta época de mediados del siglo XIV cuando los dominios señoriales dejan sentir su influencia en la vida de las villas y lugares.

        Morata en esta etapa histórica de mediados del siglo XIV es tierra de señorío del Merino Mayor de Castilla, Hernán Pérez de Portocarrero, consecuencia de la donación realizada tras el sitio de Gibraltar a su familia, que también posee las villas de Pinto y Valdemoro. En una situación que se extenderá durante varios años, Morata se convierte prácticamente en una especie de isla rodeada por los términos del sexmo de Valdemoro, pertenecientes a la ciudad de Segovia, aunque Chinchón y Valdelaguna pasarán a la familia de los marqueses de Moya, y por las villas y lugares de la Tierra de Alcalá fronterizas con Morata por el este y el norte.

        Esta variedad de situaciones jurídicas en villas cercanas provoca en ocasiones no pocos conflictos a lo largo de estos años. Los enfrentamientos por los problemas de límites de las tierras comunales son frecuentes. De uno de ellos, que tratamos en el capítulo siguiente, ya en la Edad Moderna, existe constancia documental y se produce en el año 1500.

Morata y el arzobispado de Toledo

        El arzobispado de Toledo mantiene a lo largo de varios siglos su influencia en Morata. Los documentos así lo prueban ya que la villa figura en varias referencias documentales, por ejemplo, las dotaciones que al final del siglo XV tenía en Morata el arciprestazgo de Alcalá. En estos años, el arciprestazgo alcalaíno contaba en la villa con un curato, un préstamo y un cuarto préstamo. En esta relación todavía se registraba la existencia de un curato en Heza y Villaverde,lo que denota que estos lugares próximos a Morata todavía permanecen poblados. También hay registrado un curato en el castillo de Casasola.

        Nos encontramos así con que Morata depende eclesialmente del arciprestazgo de la ciudad complutense pero que no pertenece a la Comunidad de Villa y Tierra de Alcalá. Esto, que en caso de conflicto nos hace suponer una cierta indefensión de Morata ante la mayor influencia de Alcalá, tiene como contrapartida que la villa no debe aportar, como sucede con los pueblos vecinos, su contribución a los gastos propios de la ciudad alcalaina (reparación de la muralla, las guardas, las velas, ...) cantidades que normalmente Alcalá recargaba sobre sus aldeas -y con ello sus vecinos pagaban menos impuestos- lo que suponía un carga fiscal importante.

        Por el contrario, Morata se encuentra sola en conflictos territoriales como ya veremos más adelante aunque, en contrapartida, no debe someterse al poder de una poderosa cabecera como Alcalá aunque sí del omnipresente arzobispado toledano.

        La consecuencia práctica de la jurisdicción de la mitra toledana sobre la villa de Morata se manifiesta en todos los aspectos, aparte lógicamente del religioso, de la vida comunal pero especialmente en la economía. Aunque no disponemos de datos concretos de esta época referidos a Morata sí que podemos citar, a modo de ejemplo, que en 1499 el arzobispado recibe por los diezmos del pan, vino, ganado y productos hortícolas en el arciprestazgo de Alcalá 188.161 maravedís y 19 dineros en metálico; de trigo, 111 cahices, 11 fanegas, 9 celemines y 3 quintos; de cebada 105 cahices, 7 fanegas, 6 celemines y 2 quintos; de centeno 2 cahices, 4 fanegas, 6 celemines y 3 quintos; de avena 5 cahices, 11 fanegas, 11 celemines; y, por último, 811 gallinas. Estas cantidades indican que el arciprestazgo de Alcalá era el que más rentas reportaba al arzobispado a excepción de la propia ciudad de Toledo.

El pago de impuestos

        En la Edad Media la condición de vecino de una villa llevaba aparejada la obligación de pechar -pagar impuestos- y la de mantener residencia para mantener los posibles beneficios inherentes a tal condición. Para favorecer la repoblación en los fueros y cartas pueblas se recogía la exención de pechar durante el período de un año.Por otra parte la condición de vecino suponía el acceso a los bienes comunales y la obligatoriedad de ser juzgado de acuerdo a fuero.

        Con estos condicionantes, la estructura social, aunque en principio suponía una equiparación, de hecho tenía sus matices y muy importantes, empezando por la distinción entre caballeros o miembros del clero y los pecheros.

        Estos últimos, lógicamente, constituyen la mayor parte de la población y se dedican en la zona morateña, tal como indican los documentos sobre los diezmos, sobre todo a actividades agrarias en cultivos como los cereales (trigo, avena, centeno y cebada), la vid, el olivo, huertas etc. En cuanto al cultivo del cáñamo hay que destacar que en toda la comarca aparece documentos sobre su importancia, siempre relativa, en la confección de una pañería modesta en base al cultivo del cáñamo y la existencia de batanes en los ríos.

        Para favorecer el abastecimiento no son extrañas normas que obligan a sembrar cierta cantidad de trigo y así evitar el desabastecimiento ante el creciente interés de los agricultores por la vid. Además los agricultores y ganaderos cuentan con los pastos y dehesas comunales, ya hemos visto que escasas en Morata.

        El cultivo de la tierra se hace en régimen de propiedad, en arriendo (yunteros, quinteros) y, por supuesto, los jornaleros dedicados al pastoreo o a las labores del campo por cuenta ajena.

El señorío y el concejo.Hacienda municipal

        Morata desde el mismo momento de la reconquista en el año 1118 y desde la donación al arzobispado de Toledo en el año 1129 se integra en el señorío de la mitra primada de la península. En el aspecto organizativo esta donación supone que la corona cede sus derechos en favor del arzobispo en cuestiones de justicia y nombramientos de cargos. Es por lo tanto el arzobispo quien nombra los oficios concejiles, (alcalde, alguacil, regidor, caballeros del monte, escribanos de los alcaldes y almotacenes) y al mismo tiempo quien regula el funcionamiento de la villa, promulga las ordenanzas municipales, etc. A pesar de la teórica autonomía del concejo, su capacidad de intervención y normativa se limita a la hora de la verdad a los representantes de los lugareños. En correspondencia el arzobispo, y así lo reconoce en los documentos, se compromete a proteger los fueros, privilegios y libertades.

        En el fondo, el poder señorial, a partir de la primera donación real, no dejará de incrementar su patrimonio en la villa con otras donaciones particulares y adquisiciones que seguirán siendo propiedad de la Iglesia hasta el siglo XIX como analizaremos más ampliamente en los capítulos siguientes. Estas propiedades se arriendan para su explotación a cambio de las correspondientes rentas. Además, la iglesia recibe como detentadora del señorío las cuantías de los distintos tributos y, por supuesto, los diezmos y primicias.

        Frente a estos poderes superiores, el concejo, o ayuntamiento en términos más actuales, nace en principio como concejo abierto y en cierta forma democrático como consecuencia de los derechos reconocidos en el período inicial de la reconquista y la repoblación de los nuevos territorios cristianos.Este carácter participativo se va perdiendo a medida que se oligarquiza el municipio -unas pocas familias patrimonializan los cargos-, especialmente a partir del reinado de Alfonso XI, curiosamente el rey que dona Morata a los Portocarrero, aunque es cierto que instituciones como el concejo general permanecen así como la participación en la elección de los distintos oficios y gobierno local.

        El concejo abierto era una asamblea general de vecinos que participaba en la compras, ventas y todo lo que afectara a los bienes concejiles. También hay un concejo reducido al que normalmente pertenecen los propietarios de caballos en un período histórico en el que la posesión de estosanimales significaba importantes privilegios. Entre los cargos existentes hay distintos alcaldes para los pecheros y los nobles, un juez, jurados, etc.

        Este concejo evoluciona y ya en el siglo XIV aparecen los regidores. Frente al concejo abierto de etapas anteriores, ahora las instituciones locales comienzan a cerrarse, aunque esto no evita la existencia de concejo de pecheros para defender los intereses de este grupo siempre, eso sí, con menos peso que el concejo de omes buenos-los nobles e hidalgos- como aparece en algunos documentos.

        En cualquier caso, la fiscalización de la acción municipal estaba, en último término, a cargo del arzobispado de Toledo que nombraba a los regidores, bien directamente o entre la lista presentada por el concejo, mientras que el rey siempre se reservó el derecho a enviar corregidores para entender aquellos pleitos planteados ante la corona.

        Nos encontramos, por lo tanto, con distintos cargos de carácter publico y cuyo nombramiento dependía bien de la Corona o bien del arzobispo.La duración de los cargos era variable, aunque normalmente se limitaba a un año, lo que no evitaba que algunas personas permanecieran más tiempo en el mismo. También estaba prohibida la venta o arriendo de los cargos y oficios, limitación que no impedirá la concentración de los mismos en unas familias y, en siglos posteriores, su venta más o menos solapada en un proceso general que se produjo en todo el territorio de la corona de Castilla y que afectó también a Morata.

        Durante la Edad Media los ingresos del concejo provienen principalmente de los llamados bienes de propios, catalogados como tal dehesas, matadero, carnicería, e incluso algunas tierras. Como bienes de propios se entiende aquellos bienes de propiedad concejil que tienen la condición de inmuebles y su explotación produce unas rentas. Hay que diferenciarlos de los bienes comunales, también de propiedad pública pero de aprovechamiento común por parte de todos los vecinos.

Coexistencia de las religiones

        La reconquista en el reino de Toledo no supuso la expulsión de los habitantes musulmanes, conocidos como mudéjares, dedicados normalmente a la agricultura o a la artesanía aunque con posterioridad a la conquista de Granada se les obligó a convertirse al cristianismo. La población musulmana, a partir del siglo XII, no debió ser muy abundante por sus condiciones de vida aunque es posible que se produjera una recuperación de su población en los dos siglos siguientes. Este sector social se dedica a la agricultura, alfarería, albañilería y carpintería e incluso en algunos documentos aparecen como esclavos. Los mudéjares formaban comunidades aparte, con sus propios alcaldes y jueces. Su reconocimiento social, ínfimo, se reflejaba en las ordenanzas y fueros que fijaban penas menores si el perjudicado era un moro. Desde luego, su influencia social era bastante menos que la de los judíos. No debemos olvidar que en Morata contamos con una calle de la Morería, denominación nada casual. Su existencia en el callejero, nos demuestra la presencia de una población morisca o mudéjar que permanece en Morata tras la reconquista, en una zona concreta de la villa y que, si hemos de hacer caso a la costumbre, conservaría su derecho a practicar su religión. Otra cosa sería con el paso de los años cuando la intolerancia determinó su expulsión y de ello tenemos constancia en el siglo XVII cuando varias familias de moriscos se ven obligadas a abandonar Morata como consecuencia de la decisión de Felipe III.

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