Epílogo

        El 25 de julio de 1901 el ferrocarril llegaba por primera vez a Morata. De alguna forma, Morata entraba en el siglo XX con la promesa de un futuro mejor. Los acontecimientos históricos del siglo que estamos a punto de dejar no siempre fueron positivos para nuestro pueblo. Años de crisis, de cambios de régimen, de revoluciones. Son casi cien años de un siglo que ha traído profundas modificaciones a Morata. Casi cien años de historia, una historia por escribir, tal vez a la espera de que la pasión no ciegue la imparcialidad ni el obligado tributo a la verdad de todo relato histórico. Son, todavía, unas páginas en blanco, unas páginas por escribir, quizá, cuando la huella del pasado no hiera los sentimientos del presente.

        En las páginas que ahora finalizan se ha procurado reflejar el paso de la historia por las calles de Morata. De aquel pueblo que tenía en la agricultura su principal medio de vida nos queda el recuerdo -por vivencias personales o por relatos familiares-; el poso que deja la nostalgia y un entorno, por fortuna, todavía parecido a aquel que vivieron nuestros antepasados. En el fondo, Morata sigue como siempre, ahí, anclada en lo más ancho y fértil del valle del Tajuña. El río también es el mismo que desde hace tantos años ha servido de alimento a una vega que siempre ha sido el referente de Morata en el pasado y que, de alguna forma, también ha impregnado el carácter de sus habitantes a los que ha proporcionado medios de subsistencia desde el origen del propio Morata como pueblo cuando, hace tantos años, sus primeros pobladores quisieron quedarse en estas tierras e iniciar así los acontecimientos que han marcado su historia y que hemos intentado reflejar con estos apuntes de su pasado.

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