El tránsito a otra época

        Pese a la delimitación de la historia en distintas épocas, no siempre están muy claras las diferencias que permiten distinguir el paso de un período tan complejo como la Edad Media a otro no menos conflictivo como es la Edad Moderna. Esta dificultad resulta especialmente evidente cuando se trata de analizar los acontecimientos históricos en un marco geográfico tan limitado como el que es objeto de este trabajo. Las lagunas documentales sobre lo acontecido en Morata durante episodios determinantes de la historia española dificultan sobremanera cualquier intento de delimitar las distintas etapas del pasado.

        Por otra parte, hemos de pensar que la historia casi nunca permite las divisiones categóricas entre un período y otro. Sucede por lo tanto que, aunque para la historiografía más común la Edad Moderna se inicia con el reinado de los Reyes Católicos, nadie puede negar que en las décadas siguientes, con los reinados de Carlos I o de Felipe, II pervivieron modos sociales perfectamente asimilables a los de la Edad Media que, en algunos casos extremos, significaron peores condiciones de vida en general para la mayoría de la sociedad.

        Por fortuna, a partir del siglo XVI la abundancia de material documental nos facilita un acercamiento mucho más profundo a la realidad de Morata, por supuesto siempre con limitaciones sobre períodos muy concretos en los que, necesariamente, la aproximación a la forma en que los vivieron los morateños habrá de limitarse a orientaciones generales sobre los sucesos ocurridos en la la comarca.

        Esta limitación documental se hace patente en uno de los episodios más característicos del reinado de Carlos I: la revuelta de los comuneros.

        Este movimiento de agitación social siempre se ha considerado unareacción de origen típicamente urbano frente al poder de la Corona, lo que no impide que en el mundo rural se vieran con simpatía alguna de las tesis de los comuneros castellanos. En este sentido, existe constancia del alineamiento de los pueblos de la comarca con las tesis defendidas por los comuneros, lo que originó el enfrentamiento con el conde de Puñoenrostro, propietario del cercano castillo de Casasola. La victoria de los partidarios del emperador Carlos I supuso que los pueblos sublevados tuvieran que pagar los daños causados durante el enfrentamiento.

        La acción de los comuneros segovianos y toledanos, los más activos de la revuelta, no sólo se circunscribió a estas ciudades sino que también tuvo sus repercusiones en su tierra. En la comarca se internaron comuneros segovianos, -recordemos que la ciudad castellana tenía intereses importantes en esta zona central- y acudieron a Chinchón para prestar ayuda a los súbditos rebeldes del conde. Las tropas segovianas también participaron en enfrentamientos en Ciempozuelos donde un campesino arengó a sus convecinos deseosos de pertenecer a la corona real y no al señorío del conde de Chinchón, Fernando de Bobadilla y Cabrera. El conde atacó la aldea y además de recuperar su feudo ahorcó al campesino cabecilla de la rebelión. El deseo popular de acabar con los privilegios señoriales estaba tan arraigado que a algunos les costó la muerte (Años después, en Morata, la aspiración de dejar la condición de villa de señorío para cambiarla por la de villa de realengo se intentaría y se conseguiría por otros métodos más pacíficos).

        Al ser aplastado el movimiento comunero, el conde de Chinchón, que murió poco después del final de la revuelta, y su viuda realizaron las correspondientes reclamaciones. En 1522 se puso en marcha el procesopara obtener indemnizaciones por los daños causados en sus propiedades de la comarca, dos castillos, así como por las cosechas arrasadas. Las reclamaciones sumaron nada menos que 37 millones de maravedís. Varias localidades (Chinchón, Colmenar de Oreja, Valdelaguna, San Martín de la Vega, Ciempozuelos, ¿Morata?) fueron obligadas a reparar los daños aunque una sentencia de la Chancillería de Valladolid de 1528 rebajó las peticiones tras la apelación de los pueblos y villas afectados. Una apelación de la condesa fue admitida a tramite y, finalmente, en enero del año 1531 se fijó la indemnización en 9.818.441 maravedís.

        Las cargas en forma de indemnización que cayeron sobre muchos pueblos de la Corona de Castilla influyeron negativamente sobre su economía. Con la sentencia, los pueblos debieron indemnizar al conde de Chinchón con cantidades que oscilaron entre los 500.000 maravedís de Chinchón, los 185.000 de Colmenar de Oreja o los 180.000 de San Martín de la Vega, aunque ignoramos si Morata también debió de hacer frente a algún tipo de indemnización.

        Además de la intensa participación en favor del movimiento comunero de los vecinos de las aldeas y villas propiedad del conde de Chinchón (Morata no está integrada en el territorio de ese condado) hay que tener en cuenta, a la hora de valorar la posible presencia de Morata en esta revuelta, la acción del arzobispo Acuña, uno de los líderes de los comuneros y sin duda una de los más activos en la búsqueda de adhesiones a las ideas comuneras. Acuña anduvo por Alcalá de Henares y la ganó para la causa pero antes de llegar a la sede central del arzobispado, donde pretendía asumir la sucesión del cardenal Croy, fallecido en enero de 1521, recorrió numerosos pueblos por las zonas rurales de la diócesis para recabar apoyos de los campesinos y villanos. En un documento de Francisco de Mendoza, administrador del arzobispado destituido por la Junta de las Comunidades, se afirma que todos los pueblos del arçobispado están de comunidad. (25 de febrero de 1521) (Archivo de Simancas, Patronato Real, leg. 1 f.105 , D, III, 237), lo que induce a pensar que Morata también se sumaría de alguna forma a la revuelta.

Incidente con la tierra de Alcalá

        Además de los cambios que se generan en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna, en el aspecto social también estamos en unos años en los que se produce una evolución en la propiedad de la tierra. Los bienes de propios y comunales, herencia de los años de la reconquista, aún mantienen su peso en las economías locales, aunque es cierto que cada vez menos. Estamos en una etapa de transición, de fuerte presión demográfica, que exige tierras para abastecer a una población creciente, algo que no había sucedido en siglos anteriores, y en la que la posesión de la tierra determina el nivel de riqueza y posición social de las familias. Esta realidad, presente a lo largo de la historia, también se manifiesta cuando se trata de bienes comunales. En Morata, vecina de la Tierra de Alcalá, como ya se ha señalado en repetidas ocasiones, también se intenta defender el patrimonio común frente a lo que se considera agresionesexteriores. Sucede así que el trazado de las lindes con los términos municipales vecinos, y con ellas el aprovechamiento comunal de pastos y tierras, desemboca en el año 1500 en un serio enfrentamiento cuando el 9 de mayo los dos jueces designados por el Arzobispo de Toledo, el bachiller Alonso Páez -a la sazón vicario general- y Cristóbal Páez de Sotomayor -alcaide de Perales- reconocen como válidos los límites marcados por los procuradores de Alcalá y el común de la tierra sin que en este acto estuvieran presentes los representantes de Morata (Hay que apuntar que la elección de los dos jueces, prerrogativa del arzobispado, no denota mucha imparcialidad, al ser parte implicada, sobre todo en el caso del alcaide de Perales, lo que no deja de ser un argumento en favor de quienes ya en esta época preferían la condición de villa de realengo).

        La villa de Morata, disconforme con los limites entre su término y la Tierra de Alcalá, recurre esta sentencia sin éxito ante el licenciado Francisco del Castillo que ratifica la colocación de los mojones que delimitaban ambos términos. El enfrentamiento jurídico se extiende en el tiempo y, en 1506, Morata para protestar por una resolución que considera injusta recurre la sentencia. Pero a esta apelación a la justicia se une una postura de fuerza en defensa de lo que considera sus intereses legítimos y, antes de que se vea el recurso, retira los mojones hasta la situación anterior lo que provoca que del Castillose ocupe de retornar los citados mojones de piedra y yeso a los limites marcados por su sentencia. Los morateños, antes de que finalice lo que entienden como ocupación de su termino por parte del licenciado Pedro Tapia, regidor de Alcalá y a la vez mayordomo del arzobispo, y Gómez de Madrid, procurador del concejo de Alcalá, se presentan armados y deshacen de nuevo los mojones por entender que lesionan sus intereses. (De nuevo hay que apuntar que los representantes de la justicia del arzobispado de Toledo son a la vez, juez y parte).

        En un documento del AHMAL (Apeos, deslindes y amojonamientos, etc. Legajo 416/4 N1, Morata) se recoge el relato del incidente sucedido en 1506.

        E después desto, este dicho día, ya idos los vezinos delCampo/ e Arganda, tornándose los dichos señores el licenciadodel Castillo/ , juez susodicho, é el dicho Pedro de Tapia, regidor,é el dicho Gomez de Madrid, procurador susodicho, a Perales, antesque saliesen/ del dicho llano a ojo del Atalayuela donde se / renovado eldicho mojón, subio al dicho llano / mucha gente de fazia Morata,dellos a cavallo e dellos/ en otras bestias o en pie con armas, lançase espadas / e coraças e casquetes, algunos e de los cuales que /se pudieron conosçer, que Juan Diaz e Juan Pintado e Alonso Garçia,escrivano, vecino de Perales, dixeron que asi se llamavan e que eran vezinosde Morata, son los siguientes / ........................... (sigue una relaciónde nombres de veinte personas con su armamento y una anotación conlos mojones destruidos). El documento finaliza:

        E otros muchos que non se pudieron conosçer nin saber sus nonbres/ porque venian corriendo e con mucha alteraçión e todos olos más llegaron / a la cabeça del Atalayuela e la mayor partedellos desfizieron e quitaron el dicho mojón que asi se avíarenovado. E / dixeron Juan Diaz e Juan de Axenxo, vezinos de Perales, queestos / todos o la mayor parte dellos, avían derribado el otro mojónde / la carrera entre Perales e Morata e que lo avían ellos / vistooy dicho día/.

        Lo qual el dicho señor liçençiado juez susodicho mandóque se tomase / e escriviese esta memoria para que se pueda poner lo que/ fuere justicia.

        De que fueron testigos: Juan Diaz, e Juan Pintado, e Alonso Garçia,escrivano vezino de Perales, e Benito de Olmeda, vezino de Alcalá,e otros.

        El serio incidente, en cuyo relato aparecen nombres de cerros que todavía permanecen en la toponimia de la comarca, provocó tambiénque el licenciado del Castillo, al parecer poco proclive a los intereses morateños, obligara a restituir unos ganados a un vecino de Campo. Y es que los morateños, en defensa de sus derechos, se habían apoderado del ganado argumentando que pastaba en término de Morata.

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