Crisis en el cambio de siglo

    El tránsito entre Felipe II y su sucesor, Felipe III, supone para el reino español en general, para Castilla y también para Morata una etapa problemática. Ya hemos visto que el reinadode Felipe II es pródigo en acontecimientos importantes para la villa adquisición del realengo y adquisición en propiedad por parte de los campesinos de un número importante de tierras tras acudir al proceso de perpetuación de baldíos.

        Estos dos acontecimientos, significativos en tanto que suponen acceder en un corto período de tiempo no sólo a un status jurisdiccional considerado beneficioso en la mentalidad de la época sino también y casi paralelamente a la condición de propietarios, contrastan vivamente con la situación que se produce a final de siglo. El mismo año de la muerte de Felipe II, en 1598, la situación económica en Morata parece muy distinta si hemos de hacer caso a la petición de los regidores del concejo que, ante las dificultades sociales, deciden acudir a un empréstito para conseguir 800 ducados con el que abastecer el pósito municipal.

        ¿Cómo se llega a esta situación tan distinta en tan corto espacio de tiempo? ¿A qué obedece que los vecinos de una villa tengan el impulso suficiente para comprar su jurisdicción y una importante cantidad de tierras en propiedad y, sólo unos años después, tengan que acudir a los préstamos para adquirir pan para el pósito municipal?

        En los capítulos correspondientes ya se ha explicado las circunstancias en que los morateños toman 24.000 ducados a censo para convertirse en villa de realengo y como no dudan en acudir masivamente a la privatización de los baldíos pero, aparte del interés vecinal, sin duda en esta época de prosperidad de la villa influyó también algo tan significativo como la capitalidad de Madrid, al tiempo que un corto pero generoso período de buenas cosechas alimentó las esperanzas de unos años de prosperidad general.

        Cuando la villa de Madrid se convierte por decisión de Felipe II en capital del reino no pasa de ser una población de unos 3.000 vecinos. A partir del momento del traslado de la Corte, el censo madrileño no deja de crecer pero es que, además, el influjo de la capital se deja sentir en las poblaciones y villas vecinas.

        La capitalidad madrileña alguna influencia debió ejercer en la llegada de nuevos vecinos a la villa y quizá algunos de los que desde sus tierras de origen vieron en la capital una posibilidad de mejorar encontraron en los pueblos cercanos las condiciones que buscaban al iniciar el viaje. Paralelamente, el período 1571-1576 coincide con unos años de excelentes cosechas en el entorno madrileño que también pudo generar cierta euforia en los pueblos de alrededor de la capital

        Es por lo tanto en estos tres factores (capitalidad de Madrid, buenas cosechas y condición de villa de realengo) donde tal vez se deba buscar el origen de unos años ciertamente favorables para el desarrollo de la población morateña.  

       Que la capitalidad madrileña ejerciera como efecto multiplicador en las villas próximas se explica fácilmente si se tiene en cuenta que, automáticamente, la Corte se convierte en un importantemercado para los excedentes de la producción agrícola. No deja de ser lógico pensar que gran parte de la producción de las tierras roturadas y perpetuadas unos años antes tendría como destino el mercado de Madrid en mayor o en menor medida, incluso en algunos casos de manera obligada.

        Para apoyar esta afirmación basta analizar la voracidad de Madrid a la hora de buscar puntos de abastecimiento de distintos alimentos para su creciente población, especialmente en el caso del trigo, considerado vital por las autoridades municipales de la capital, pero sin olvidar otros productos como el vino, el aceite, las hortalizas o la carne y otros productos básicos.

        El abasto del mercado madrileño provocó por lo tanto expectativas importantes que no siempre se correspondieron con la realidad. En una villa como Morata dedicada a la agricultura estas expectativas eran aún mayores por la posibilidad que ofrecía el río Tajuña a la hora de molturar el trigo que se destina a Madrid. Hubo incluso un proyecto, en 1562, para aumentar el número de molinos en la cuenca del Tajuña. Esta idea, original del italiano Pacciotto y presentada ante el rey como Relatione sopra la bonificatione di Aranxuex e suo paese, afectaba a los cauces de los ríos Tajo, Jarama y Tajuña.

        En el Tajuña se pensaba en construir una acequia, desde Carabaña, y nuevos canales en los que instalar más molinos y batanes con los que aprovechar el agua del río para moler los cereales y elaborar productos textiles en base al cultivo de esparto. Sin embargo, el proyecto nunca llegó a materializarse.

Aumento de los impuestos

        Frente a los fracasos de proyectos de mejora en la zona, una combinación de malas cosechas a causa de la meteorología (lluvias copiosas en 1598), epidemias de tifus y peste (1599 y 1603) y sucesivas crisis de subsistencia, agravadas por la agobiante presión de los impuestos, provocaron una depresión económica generalizada que en Morata vemos como se manifiesta en la necesidad de acudir a empréstitos con los que financiar el pósito municipal.

        Esta institución, de origen medieval y que ha llegado hasta nuestros días, constituye en estos años la respuesta de las instituciones municipales a las dificultades provocadas por la penosa situación económica. El concejo, como responsable de su administración, era el encargado de que el pósito cumpliera su función como prestamista de trigo a los agricultores para hacer frente a las necesidades de semilla en las épocas de siembra, de ahí la petición del crédito para contar con las reservas suficientes con las que abastecer las peticiones de los labradores. La situación de este colectivo había empeorado, sin duda, en los últimos años del reinado de Felipe II y así siguió en el de su hijo. Basta observar la relación de impuestos de la época para comprender que la vida del labrador no era fácil. (Ver apéndice de pago de alcabalas, donde todavía aparece algún morisco antes de su expulsión en 1609, año en el que 58 moriscos abandonan las 15 casas que ocupaban en Morata). Además, el proceso de concentración de la propiedad obligaba a muchos agricultores a arrendar parte de sus tierras y destinar una parte importante de su trabajo al pago de las rentas. El año de la muerte de Felipe II, 1598, un labrador de  Morata, como en el resto de Castilla, tiene que reservar el 10 por ciento de su cosecha de trigo para pagar el diezmo, otra parte importante se destina al pago de la alcabala, el denominado impuesto de servicio de Cortes y, por último, el servicio de millones. Además de estos impuestos, el agricultor debía hacer frente al pago de las rentas de las tierras que no eran de su propiedad, a los gastos de la molienda de su trigo y, por si fuera poco, abastecer de trigo a la capital, con el llamado pan de registro, que se abonaba a un precio tasado y que era de cumplimiento obligado para los lugares y villas situadas en el entorno de Madrid, entre ellos Morata.

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