Árabes, más de tres siglos en Morata

        Entre la decadencia de los romanos en la Península Ibérica y la invasión de los árabes un período importante detiempo lo ocupa la civilización goda, los pueblos procedentes delnorte que dominaron el territorio durante más de dos siglos. Sin embargo, y a pesar de tan prologado espacio de tiempo, pocas referenciasexisten en la comarca de su presencia. Sí que parece seguro que, del mismo modo que los romanos aprovecharon la riqueza de los valles para poner en marcha sus explotaciones agrícolas en la comarca a partir de las villas, un cierto paralelismo se produjo con la colonización de los godos, también asentados en los valles de los ríos del Duero y el Tajo y también en algunos casos continuadores de su sistema de explotación agrícola en las vici, equivalente godo de las villas romanas, de las que hay constancia en los yacimientos estudiados en zonas cercanas como Vallecas. En cualquier caso, su estancia en las tierras del centro peninsular, dio paso a una cultura que, después de varios siglos, sí que dejó una huella profunda en los parajes que conquistaron: la cultura árabe.

        Pese al desconocimiento de referencias documentales concretas a Morata y su comarca, sí que podemos afirmar que en el momento de la invasión árabe desde el sur, en su avance hacia el norte de la península, los invasores se encontraron con toda seguridad con un pequeño asentamiento de población próximo a la vega del río Tajuña. Incluso la carencia de documentos a la que hemos hecho referencia no impide recalcar la importancia de la herencia que nos dejaron en Morata.

        Después de todo, fueron casi cuatrocientos años de ocupación desde comienzos del siglo VIII (la invasión árabe de la península se produce en el 711 y sus ejércitos llegan a la comarca en el 713) hasta que en el año 1085 los cristianos toman Toledo y se pone fin a su dominio, aunque en los años posteriores a esta fecha aún se produjeron acontecimientos bélicos con las incursiones de tropas árabes en el territorio recién conquistado por los cristianos.

        Otra vez tenemos que fiarnos de los testimonios de los testigos que prestaron su palabra a la hora de elaborar las Relaciones, mandadas ejecutar por Felipe II ya avanzado el siglo XVI, como punto de partida inevitable para obtener datos de la estancia de los árabes en nuestra comarca. En las citadas Relaciones, los testimonios de los morateños de la época se refieren a la presencia musulmana, a su labor en la canalización de la vega y a la existencia de una torre (sería muy aventurado denominarlo castillo) construida en tierra en el oriente de la población. Desdeluego ningún resto ha quedado de esta construcción, con toda seguridad una torre de vigilancia levantada más con ánimo preventivo y de alerta, frente a las frecuentes incursiones cristianas, que con carácter defensivo aunque no hay que desdeñar estaúltima utilidad.

        Respecto a las construcciones musulmanas de carácter defensivo y a la que se cita en las Relaciones, hay que apuntar que, en el proceso de colonización del territorio conquistado, los árabes se mostraron siempre preocupados por crear un sistema de vigilancia ante incursiones enemigas de los cristianos del norte. Muchos de los castillos posteriormente cristianos tienen su origen en fortificaciones árabes convenientemente adaptadas a los intereses de los cristianos tras su conquista. Estas fortificacionesocupaban una línea imaginaria en los territorios de frontera -y Morata y su comarca lo fueron durante muchos años- que actuaba como sistema de alarma ante el peligro enemigo. En función de la importancia del territorio a defender, estas fortificaciones van desde el hisn, que podemos asimilar a los castillos cristianos, hasta las atalayas o sajra, de menor entidad pero igualmente importante en el conjunto del sistema defensivo.Es en esta última categoría donde, según los testimonios posteriores, hemos de situar la citada torre de vigilancia levantada por los árabes durante su presencia en Morata como parte integrante del sistema que cubría la línea defensiva situada al sur de la cadena montañosa central que durante tantos años fue la frontera natural entre cristianos y musulmanes.

        Sobre la localización de esta torre de vigilancia se puede aventurar que su emplazamiento bien podía ocupar el lugar que actualmente ocupa  la iglesia o sus proximidades y que, por lo tanto, si hemos de hacer caso a los testimonios de quienes redactaron las Relaciones de Felipe II que la situaban al oriente de la población, el caserío originario que se surgió al amparo de la fortificación se encontraría desde ese punto hasta la actual plaza Mayor.

        En cualquier caso, parece que tras la invasión de los árabes, no se modificó mucho el carácter agrícola y pastoril de las tierras situadas en las cercanías de la cuenca del Tajo y consecuentemente en Morata. Los recientes conquistadores que se instalaron en las zonas rurales, lejos de modificar el anterior sistema de vida, continuaron con las explotaciones agrícolas de los grandes propietarios visigodos por medio de los nuevos colonos. En cuanto a los bereberes que acompañaron a los musulmanes, por tradición más relacionados con el pastoreo, parece que continuaron con esta actividad y con la practica de la trashumancia y el nomadismo que les era familiar en sus tierras de origen.

        Existen grandes lagunas sobre la propiedad de la tierra en la época de dominación árabe en el territorio del antiguo reino musulmán de Toledo. Sí que se puede afirmar que junto a los pequeños propietarios dispersos por el territorio existían grandes latifundios propiedad de auténticos aristócratas. Estas extensiones se encontraban divididas en dai ´a (aldeas) en las que se agrupaban los campesinos, ligados por contratos de aparcería con los propietarios. Estos recibían la cuarta o la tercera parte de la producción de la que los campesinos, además, debían sustraer el diezmo.

        Morata, por su situación geográfica, queda encuadrada administrativa y geográficamente en lo que se denomina Marca Media, con Toledo, la vieja capital de la España visigoda, como principal ciudad de influencia. Si en la época de los romanos su situación junto a la denominada Senda Galiana había favorecido los asentamientos humanos en torno a lo que hoy es Morata, ahora, con la invasión de los ejércitos musulmanes, sus características geográficas también van a ser determinantes para el desarrollo de la villa.

        La llegada de los invasores supuso la introducción de nuevas técnicas de cultivo, nuevas formas en la administración y una nueva visión cultural junto con una nueva religión. En el aspecto agrícola esta influencia musulmana tuvo su referente mas importante en la construcción de un sistema de acequias que en parte aprovecharía anteriores construcciones de origen romano: para la cultura árabe resolver el problema del agua resulta fundamental durante su presencia en la península no sólo para las labores agrícolas sino también para la elaboración de tejidos. De ahí que la vega del Tajuña deba gran parte de su actual sistema de riego a los árabes como promotores del sistema de acequias -saqiya- y de aceñas -saniya-.

        Por otra parte, frente a lo que se piensa comúnmente, la práctica de la religión de Mahoma por parte de los árabes no supuso la prohibición de las antiguas creencias cristianas, antes al contrario, los antiguos pobladores que compartieron territorio con los árabes podían mantener su religión si así lo deseaban aunque, eso sí, se convirtieron por la fuerza de las armas en el último escalón social de una sociedad dominada por los musulmanes. Esta situación no será ni mucho menos inamovible en el período que comprende el inicio de la conquista por parte de los árabes en el 713 y el momento en el que los cristianos recuperan su dominio. Cuando los árabes llegan a su máxima ocupación del territorio peninsular, muy al norte de lo que posteriormente se conoció como Castilla la Nueva, los reyes cristianos inician inmediatamente la reconquista justo en un proceso contrario al que protagonizaron los árabes: si éstos fueron dominando nuevas tierras en sentido sur-norte, los cristianos avanzan en sentido contrario. Ya en el año 1008, con la descomposición del califato de Córdoba y la fragmentación del poderío musulmán en los reinos de taifas, que aniquilan el sistema de alianzas que hasta entonces había dificultado enormemente el avance cristiano, las incursiones en el valle del Tajo, una de las fronteras geográficas naturales junto con la sierra de Guadarrama, tienen su incidencia en la comarca de Morata. En estos años, además, la población cristiana ya no es un aliado en los enfrentamientos con los ejércitos provenientes del norte como sucedía en los primeros años de la conquista. Se gesta así el germen del proceso que acelerará la conquista en los años futuros.

Origen del nombre de Morata

        Estamos por lo tanto en los albores del siglo XI pero, antes de avanzar en el proceso de la reconquista cristiana de los territorios ocupados tres siglos antes, bueno será detenernos para analizar cómo influyó esta presencia en la primitiva Morata. Por lo pronto, parece evidente que hasta el nombre les debemos. Aunque carecemos de cualquier apoyo documental nada indica que el nombre proceda de los visigodos y, si nos remontamos más aún en el tiempo, también carecen de apoyo las referencias a la Licinia romana como primitivo nombre y antecedente del actual de Morata, sobre todo porque sería muy discutible afirmar con total seguridad la existencia de lo que hoy entendemos por pueblo o aldea en el lugar que hoy ocupa el casco urbano durante la dominación de los romanos y más bien, como ya hemos reseñado en páginas anteriores, estaríamos hablando de lo que los historiadores conocen como villa romana pero situada en un lugar distinto al actual emplazamiento del pueblo. Pero incluso admitiendo la toponimia romana para el poblamiento romano en lo que hoy es el término municipal de Morata, en los siglos transcurridos durante la presencia árabe en estas tierras sin duda la antigua población ganó en importancia hasta adquirir una número más o menos estable, tal vez en torno a la atalaya citada en las Relaciones, en lo que sería el origen de una aldeacon sus habitantes dedicados a la agricultura y a la ganadería.

        Es en este período donde se originaría el origen del actual nombre que, según los investigadores, significa en castellano oscuro-oscura y procede del latín maurus , traducido como moro. A partir de esta raíz, el nombre del pueblo podría significar lugar oscuro umbrío a orillas del Tajuña, o bien, antiguo poblado de moros a orillas del Tajuña. Esta segunda acepción parece, con todas las salvedades, la que más se aproxima a lo que conocemos del pasado de Morata.

        Aparte de esta explicación con base lingüística, todos conocemos el juego de palabras, más que leyenda, que trata de explicar el origen del nombre de Morata en la orden de un moro a una compatriota para que le atara el calzado: su imperativo mora, ata habría dado lugar así al nombre de Morata. Demasiado sencillo para ser cierto y creíble.

        También hay que reseñar que en las tan citadas Relaciones se asocia el toponímico de Morata a la existencia de muchas moreras en su término aunque también citan a un moro llamado Morata, que fundó el lugar en el siglo X y también considerado autor de la canalización de la vega, lo que, habría propiciado, en los años posteriores, la llegada de nuevos pobladores.

        Esta última afirmación, con todas las precauciones, sí que nos merece también confianza en la medida en que, el incremento de las actividades agrícolas en el termino de Morata estarían necesariamente apoyadas en una mejora en los sistemas de riego para aprovechar mejor el agua del curso del Tajuña. Es lógico pensar que una innovación tan importante a la hora de mejorar los rendimientos agrícolas llevara la noticia sobre sus autores a lo largo del tiempo hasta llegar a aparecer en los documentos de las Relaciones.

        Este indudable avance en las condiciones de la agricultura facilitaría la llegada de nuevos pobladores que irían mejorando paulatinamente el sistema de riego y aumentando los rendimientos. Esta población, alejada en los primeros años de la conquista de la frontera con las tierras cristianas, situada muy al norte de la cordillera central, quedaría con la llegada del siglo XI justo en el territorio donde la presión de los reyes castellanos y leoneses se hizo más fuerte con el objetivo de conquistar Toledo. El interés por la reconquista de esta ciudad, la más importante del mundo cristiano peninsular antes de la invasión, fue un objetivo preferente de los cristianos y, por lo que a nosotros nos interesa, fundamental para que la presencia árabe acabara después de más de tres siglos de dominio.



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