1.1 Filósofos de la physis

Cronograma:



Paralelamente a este pensamiento tradicional mágico-religioso pero también heredero de la antigua tradición micénica en tanto que entiende que existe un orden subyacente explicativo de lo que hay, desconocido para la mayoría pero accesible a unos pocos, se ha abierto paso otro tipo de discurso que entiende que ese orden se encuentra en Physis, en la Naturaleza-que-siempre-ha-estado-y-está-ahí y no en la voluntad caprichosa de los dioses regidos por unos principios (moira, aïon, nomos…) olvidados desde las invasiones dorias. Nos situamos ahora en torno al S.VII a.C. Quienes producen y sostienen este discurso son los filo-sofos, buscadores de la sabiduría, del conocimiento del orden que rige y gobierna el cosmos (ese conocimiento al que tenían acceso los reyes y poetas de las monarquías micénicas…). Filósofos pre-socráticos fueron Tales de Mileto, Anaxímenes, Anaximandro, pitagóricos, Heráclito de Éfeso, Parménides de Elea, Empédocles, Anaxágoras… 
Para todos ellos, como decimos, la Naturaleza, lo real responde a un orden eterno subyacente que no se ve, que no se percibe (como tampoco se recuerda porque la tradición oral aquea se ha perdido…), sólo se puede inteligir, esto es, deducir racionalmente a partir del devenir y cambio constante que sí observamos en Physis; es en ese cambio constante en donde es posible encontrar y reconocer elementos que aparentemente permanecen, sucesos que se producen siempre de la misma forma, fenómenos que se repiten[2]…Es decir, la naturaleza se presenta para el filósofo pre-socrático como realidad múltiple y cambiante a la vez que como depositaria del principio permanente –arjé- ordenador de lo que hay. La naturaleza posee, pues, dos caras; conociendo la segunda de ellas, la referida al principio en función del cual todo lo que hay es, podremos dominarla. 

Tal principio lo inteligió Tales de Mileto, s. VI a.C, en el Agua: todo lo que hay posee una última naturaleza húmeda, la desecación total produce la muerte[3]. Esa Agua hay que considerarla como la Physis líquida de la que el agua que bebemos no es más que una manifestación. Para Tales todo estaba lleno de dioses porque todo está penetrado por el principio originario (monismo). Para demostrarlo utilizó el ejemplo del imán: la fuerza del imán es una manifestación del alma del imán, su vida oculta a nuestros ojos. No dejó nada escrito: tenemos noticia de él por tradición oral indirecta. 

Anaximandro encontró que este principio ordenador de lo que hay es lo ápeiron lo ilimitado o naturaleza sin límites que se de-limita en diversas formas; todas las cosas consisten y son en él, incluso los dioses… 

Para los Pitagóricos[4] el Principio es el Número: en todas las cosas existe una regularidad y una diferencia que pueden ser traducidas a números. El sonido, p.e, se produce de una u otra forma en función del material del que procede, del tamaño de la cuerda que pulsemos…Fueron los primeros músicos y su manera de trabajar con el sonido ha determinado el estudio de la música dentro del cuadrivium de las universidades medievales y de los planes de estudio de los conservatorios actuales. 
Como los números son lo más real, los pitagóricos los representaban geométricamente: el 1 era el punto; el 2 la recta ; el 3 era el triángulo ; el 4 la pirámide… El 10 era el número perfecto porque 1+2+3+4 suman 10. Con ellos nace el sistema decimal… 
El cosmos surge a partir del orden que introduce el número en el caos. Desde ahora el mundo podrá dejar de entenderse como sometido y dominado por potencias oscuras e indescifrables; por ello se comienza a estudiar aritmética y geometría, disciplinas que nos ayudarán a conocer y saber en qué consiste el orden del cosmos, oculto pero ya accesible a todo aquél que sepa geometría –único requisito exigido a quien posteriormente pretenda ingresar en la Academia de Platón-. 
Así que el orden oculto de lo real múltiple y cambiante aparencialmente puede ser descifrado, conocido racionalmente, con la razón o logos racional, no con la fe o la creencia (pistis). ¿Por qué, no obstante, ese orden se halla oculto?, ¿por qué no es accesible a los sentidos o a la creencia y tiene que ser pensado?, ¿por qué las verdades no se ven, sino que se piensan, es decir, se estudian e investigan? Los pitagóricos respondieron a esta pregunta mediante la doctrina de la metempsicosis, heredada de la tradición órfica[5], según la cual, en los orígenes fue una falta que cometió el alma humana lo que hizo que los hombres cayeran en el olvido y la ignorancia del orden verdaderamente real; para expiar la culpa, nuestras almas se ven obligadas a reencarnarse en sucesivas existencias corpóreas; la ciencia y la moral son la senda de purificación. Son, pues, los iniciadores para nuestra tradición de la vida contemplativa dedicada a la búsqueda de la verdad y del bien a través del conocimiento…Platón retomará esta propuesta en diversas obras: Gorgias, Fedón, y Teeteto. 

Para Heráclito de Éfeso (“el oscuro”) lo que hay es el resultado de la lucha de contrarios que se produce en la naturaleza, una lucha armónica y constante a partir de la cual todo es y no es necesariamente (panta rhei): el día hace la noche, la enfermedad hace la salud, la alegría existe por la tristeza. Esta guerra de contrarios es la “madre de todas las cosas y de todas las cosas es reina”… 

Frente a él, Parménides afirmará “es, y es imposible que no sea; no es, y es imposible que sea (es necesario que no sea)”. Es decir, no es posible el planteamiento heracliteano desde el que se entiende que las cosas son gracias a lo que no son y ello en una relación dialéctica perpetua. Parménides propone que el principio de la realidad es el Ser: todas las cosas pensadas, imaginadas, percibidas son; “del no ser no te permito ni decirlo, ni pensarlo; no es posible ni decir ni pensar lo que no es”. Así que Parménides está pensando la pura positividad (Ser) y la pura negatividad (No-Ser, ausencia de ser) en tanto que absolutos ontológicos; pero, a la vez, está formulando el fundamento del Principio de no contradicción: una cosa no puede ser y no ser esa cosa a la vez o, lo que es lo mismo, no es posible que un sujeto sea a la vez dos predicados contradictorios, o lo que es lo mismo, para un enunciado representativo solo existen dos posibilidades gnoseológicas: que sea verdadero o que sea falso. La Verdad coincide con el Ser, lo Falso coincide con el no-Ser, es decir, lo falso no existe, no es. La doxa plausible o recta opinión es el camino que la diosa de su poema nos aconseja seguir para el conocimiento del Ser: en ese camino hay que pensar los diversos fenómenos (lo múltiple) como incluidos en la unidad (lo Uno)[6] que, en el fondo, es el Ser. 
Después de Parménides no fue posible retornar a una explicación monista de la realidad porque eso suponía no poder explicar fenómenos como el movimiento, la diversidad o la pluralidad…, entendidos como meras apariencias Por ello dicen las malas lenguas que Aristóteles tildó a Parménides de a-físico… 
Tanto Empédocles, como Anaxágoras, o los atomistas intentarán resolver sin éxito la aporía eleática. Las tres propuestas coinciden en su planteamiento pluralista: para el primero, el arjé de lo que hay está constituido por los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. Pero estos verdaderamente no dan razón de las innumerables diferencias que encontramos en la naturaleza; por ello las spermata o semillas que propone Anaxágoras[7] están pensadas como principios originarios diferenciados cualitativamente e infinitos: tantas semillas en la Naturaleza como diversidad vemos en ella. Los atomistas como Leucipo o Demócrito de Abdera introducirán una visión mecanicista y determinista del cosmos que Aristóteles y, por tanto, nuestra tradición rechazará por diversas cuestiones relacionadas todas ellas con la concepción cosmológica del estagirita. 

Todas las propuestas filosóficas que acabamos de ver se caracterizan por haber abandonado la explicación mítica de lo real en pos de una explicación que intenta recurrir solamente a elementos y procesos naturales. Por ello son también conocidas como “filosofias de la physis”. 
Estos primeros filósofos –aristócratas por ascendencia; conservadores en tanto que conservan el recuerdo de ese tiempo originario en el que fue posible a través de la mántica conocer el orden justo subyacente que asegura a cada uno lo suyo; y productores de unos ensayos y poemas repletos de alusiones mitológicas-, estos filósofos, decimos, serán rechazados en sus planteamientos por los “nuevos filósofos” que encontramos en Atenas a la altura del siglo V a.C. Los sofistas parten de una actitud escéptica ante las filosofías de la naturaleza: todas ellas no constituyen más que un espectáculo de teorías diversas, opuestas, e incluso incompatibles en algunos casos. Eso les llevará a afirmar que no es posible el conocimiento, entrando así en discusión con Sócrates y, en general con toda la tradición filosófica hasta Nietzsche, pero, a la vez, desplazando el eje de la reflexión filosófica desde la physis y el cosmos hasta el Hombre y lo que le concierne en tanto que miembro de una sociedad. Por ello encontraremos que son temas dominantes en el pensamiento sofista la política, la ética, la retórica, el arte, la lengua, la religión o la educación (paideia). 
El caldo de cultivo sociológico en el que se van a desarrollar este tipo de saberes viene determinado no solo por el agotamiento de las posibilidades explicativas de los filósofos de la naturaleza, sino también por toda una serie de cambios políticos que se están produciendo en la Atenas del siglo V a.C que propiciarán el tránsito de un régimen autocrático de organización política a una incipiente democracia. Podemos, de hecho, reconocer tres épocas distintas dentro de este siglo: 
  • Guerras médicas (492-479 a.C), contra los medos o persas (Irán), durante las cuales la nobleza pedirá la intervención de las clases populares en el conflicto. Una vez pasado el peligro, Solón y Clístenes encabezarán una revuelta popular que exigirá una legislación homóloga para todos los ciudadanos.
  • Período intermedio de Pericles (479-431), durante el que se consolida la democracia conseguida a partir de las guerras y las revueltas. Se produce un apogeo cultural en Atenas –siglo de oro o siglo de Pericles- con los trabajos de Herodoto, Jenofonte, Fidias, Sófocles, Eurípides, sofistas o Sócrates. 
  • Guerras del Peloponeso (430 a.C) que enfrentan a Atenas y Esparta. Es la época de Platón, discípulo de Sócrates. Pericles será depuesto a partir de la peste que asolará a Atenas. 
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