GASTON VIVES

Las Perlas de California

Por Cuauhtémoc Morgan

Codiciadas por su natural belleza y su brillo inigualable, las Perlas de California fueron famosas en varias naciones, principalmente europeas.

En su nombre se han forjado varias leyendas y también varias historias, algunas de éxitos y otras no tanto que nos llevan a la reflexión como la que le tocó vivir a Gastón J. Vives Gourieux, creador de la primer empresa de clase mundial de sudcalifornia.

Desde 1533 con la llegada de los primeros europeos a California en la expedición desastrosa de Fortún Jiménez, se tuvieron noticias de las hermosas perlas que se daban en forma natural en las bahías e islas próximas a La Paz.

Por esa razón a la isla Espíritu Santo se le identificó primero como la Isla de las Perlas. Y ese fue uno de los motivos por los que el expedicionario Hernán Cortez patrocinó con su fortuna personal el establecimiento de una colonia en La Paz dos años más tarde, que fue un verdadero fracaso a no ser por algunas excelentes perlas con las que se quedó, una de ellas con valor de 5 mil ducados.

Si bien en la California del mito se hablaba de amazonas y oro en abundancia, en la California de la realidad fueron las perlas y la fe católica las que impulsaron los primeros establecimientos. Para 1596 el almirante Sebastián Vizcaíno relata que las ostras perleras se podían observar a simple vista a través del cristalino mar.

A pesar de las incursiones de piratas ingleses y holandeses, además del saqueo voraz de españoles, las famosas perlas de california sobrevivieron por siglos en forma natural en las costas del golfo y tuvieron en los mercados europeos un valor apreciativo mucho mayor al oro y la plata.

Motivo de inspiración de escritores como el premio nobel de literatura John Steinbeck, las perlas fueron cultivadas y explotadas en forma racional hasta 1904 con el establecimiento de la Compañía Criadora de Concha y Perla de Baja California (CCCP), fundada por el científico Gastón J. Víves Gourieux y Antonio Ruffo, entro otros prestigiados hombres de negocios de La Paz.

 

GASTÓN J. VÍVES GOURIEUX

De padres franceses que se establecieron desde 1862 en La Paz, Gastón J. Víves Gourieux fue enviado a los 20 años de edad a estudiar la carrera de medicina en París. Sin embargo opta por abandonarla y decide especializarse en bioquímica y en la naciente materia de la acuacultura. Cabe destacar que Francia a finales del siglo XIX contaba con los más importantes adelantos científicos en la ciencia médica y biológica, que sirvió para que el joven Víves Gourieux se empapara de conocimientos vanguardistas que aplicó a su regreso a sudcalifornia como lo fue el buceo con escafandra.

De refinada educación, a Víves no le fue muy complicado iniciar con la explotación racional de los moluscos, respetando el medio ambiente como nunca antes nadie lo había hecho a partir de 1890, cuando asociado con su hermano Edmond funda la Compañía Perlífera del Mar de Cortez.

Y es que anteriormente se había otorgado una concesión a una empresa de nombre Compañía Perlífera de Baja California que desde 1884 tenía asignados como sitios de extracción toda la franja del golfo de la península y de Cabo San Lucas a Mazatlán hasta la barra del Suchiate en Chiapas. Sin embargo esta empresa que llegó a tener hasta 500 empleados transfirió en 1900 sus derechos al emporio de capital inglés “The Mangara Exploration Company L.T.D.”, que se distinguió por depredar el lecho marino y pagar miserables sueldos a sus empleados.

Vives Gourieux primero por cuenta propia y luego asociado con el conocido comerciante Antonio Ruffo, inician la explotación sustentable de la madreperla en las islas Espíritu Santo, San José y Cerralvo del golfo de California.

A la par, por su alto grado de cultura y además de que fue trilingüe, ocupó los cargos de Diputado de Minas en 1890, de agente consular del gobierno de Italia en 1893 y Presidente Municipal a partir de enero de 1894.

Fue su incursión en la política oficialista porfirista lo que generó envidias entre algunos competidores que participaban en la explotación de madreperla, aunque en menor escala. Pero hubo un caso que excedió los límites de la cordura y que llevó al señor Miguel L. Cornejo a retar a golpes a nuestro personaje, en un enfrentamiento ocurrido en el jardín Velasco el jueves 28 de marzo de 1896.

Por haber agredido al alcalde en funciones, Cornejo fue condenado a pasar seis meses en prisión, lo que profundizó la rivalidad entre ambos.

A pesar de que el cargo de presidente municipal en ese entonces era honorario y todo un orgullo ejercerlo aunque por ello no se percibiera sueldo, Gastón Víves Gourieaux siempre rindió buenas cuentas a los ciudadanos y entre algunas de las obras que se le reconocen están el antiguo Teatro Juárez, el panteón de los Sanjuanes y el Hospital Salvatierra.

 

ÉXITO DE SU EMPRESA PERLERA

A fines del siglo anterior, la sobre explotación de los bancos perleros provocó la reducción de las colonias del molusco. Pero sus amplios conocimientos en la ciencia del mar, llevaron a Víves a repoblar con gran éxito los mares sudcalifornianos de madreperla a través del cultivo con tecnología propia en la isla Espíritu Santo.

Para 1899 en el libro “Baja California Ilustrada” del norteamericano J.R. Southworth, aparecen como las personas más acaudaladas y prominentes de Baja California Sur Miguel González, co propietario de la tienda “La Torre Eiffel”; Antonio Ruffo, comerciante propietario de “La Perla de La Paz” y Gastón J. Víves, “hacendado y empresario dedicado a la producción ganadera, agrícola, minera, salinera y dedicado a la pesca”.

Se entiende entonces que nuestro personaje haya dado formalidad a su asociación con el comerciante Antonio Ruffo y en 1904 funden la Compañía Criadora de Concha y Perla de Baja California, S.A. (CCCP), donde también participaron en doctor Manuel Hidalgo, Francisco A. González y el licenciado Eugenio Sánchez Laurel.

En la ensenada de San Gabriel de la isla Espíritu Santo, aún se pueden observar las ruinas de lo que fue el centro de cultivo perlífero más importante del mundo, que constaba de un dique de 500 metros, un sistema de 36 canales con esclusas para aprovechar el flujo de la marea. En el fondo de los canales se colocaron cajas de madera hechas especialmente y que a su vez contenían canastillas de alambre galvanizado a las que se llamó “incubadoras” de madreperlas juveniles, hasta que alcanzaban una talla de 6 a 8 centímetros. Estos canales fueron techados con palapas de palma para impedir el paso de la luz solar. Luego de alcanzar su talla las conchas eran llevadas a los arrecifes artificiales en fondo marino, donde antes hubo alta incidencia natural de perlas, donde para defenderlas de sus depredadores naturales eran protegidas con mallas de alambre.

Ahí se producían hasta en cuatro cosechas exitosas por año, hermosas perlas de una tonalidad gris y matices oscuros además de un brillo inigualable que fueron conocidas a nivel mundial como “perlas negras de california”, algo nunca antes visto.

Pero como se trataba de una empresa sustentable, también le sacó provecho a la concha de la madreperla y, en tan sólo un año, llegó a exportar 10 millones de las mismas a los mercados europeos para convertirlas en peinetas y botones.

El éxito inusitado de su negocio lo llevó a emplear al 6 por ciento de la población en La Paz con la extensión de sus campos perleros en las islas San José y Cerralvo. Para alimentar a su planta de trabajadores, que excedía el número de 500, Gastón Víves tuvo que incursionar en otras actividades como la agricultura y ganadería. De ahí que estas islas, en la actualidad, están pobladas de chivos salvajes.

Dos sucesos ayudaron en el fortalecimiento y expansión de la empresa CCCP. El primero de ellos fue la solicitud de renuncia al cargo de alcalde que le hizo un grupo de ciudadanos alentados por sus archirrivales, la familia Cornejo, a lo que Gastón Víves accedió el 31 de mayo de 1911, en el ocaso del porfirismo. El otro suceso fue que al triunfo de la revolución mexicana, se revocó la licencia de explotación a la depredadora empresa extranjera “The Mangara Exploration Company L.T.D.”.

 

LA INFAMIA CONTRA VÍVES

Los tiempos convulsos que vivió México y sudcalifornia a raíz del exilio de presidente Porifirio Díaz en nada ayudaron a Víves, puesto que el destino llevó a su rival gratuito Miguel L. Cornejo a ser designado como coronel del Ejército Constitucionalista y gobernador del territorio.

Nuestro personaje, se entera que Cornejo viene a la cabeza de una expedición militar procedente de Sinaloa. Pero la peor noticia es que el militar hizo un alto en la Isla Espíritu Santo donde a punta de pistola se dedica a saquear, destruir y dinamitar los placeres perleros y las instalaciones de la CCCP, pretextando una expropiación de los bienes de la compañía a nombre del nuevo gobierno.

Había en el lugar cuatro millones de conchas cultivadas y cuatro millones listas para ser transferidas a los arrecifes en mar abierto. Todo fue destruido por Cornejo, además de que su tropa saqueó lo que encontró a su paso incluyendo una caja fuerte con dinero y joyas. Igual destino tuvo una biblioteca con mil ejemplares de ciencia y los apuntes de Víves, que tuvo que autoexiliarse al estar su vida en peligro.

De nada sirvieron los posteriores reclamos de Gastón J. Víves Gourieaux a los gobiernos de Victoriano Huerta y Venustiano Carranza, a quienes solicitó su intervención ante la arbitraria actitud del gobernador Cornejo.

Ahí comenzó el declive económico del ostricultor que fue abandonado por sus antiguos socios lo que le ocasionó profunda depresión.

Regresó de su auto exilio en 1917 para radicar en la casa marcada con el número 19 en el malecón de La Paz. Con el paso del tiempo y por la enorme presión económica de sus acreedores insensibles ante la infamia sufrida, Víves pretendió reiniciar su compañía ostrícola buscando nuevos socios, pero no lo logró. Sin embargo inició por su cuenta nuevos cultivos ya sin notoriedad.

Para pagar sus deudas también intentó vender sus patentes de tecnología aplicada en el cultivo de madreperla. Nadie le tendió la mano.

Así transcurrieron 20 años de suplicio y angustia hasta el fallecimiento de Gastón J. Vives Gourieaux en 1939. También es el fin del auge perlero en Baja California Sur.

Y es que como rara coincidencia del destino, ese mismo año murieron todos los cultivos perleros de las islas San José, Espíritu Santo y Cerralvo para lo que no hubo nunca una explicación lógica. Solo se dijo que fue a raíz de una epizootia.

 

Nota: Basado en el ensayo de G. Kennedy Morgan del mismo nombre.

 



Un personaje brillante. Su vida hasta el momento poco conocida.



Miguel L. Cornejo, adversario de Vivés, como gobernador cometió una verdadera infamia.


Buque de vapor perlero de la época.

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