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Aurelio Mejía

Aurelio Mejía Mesa - hipnoterapeuta Colombia Suramérica - autor libros electrónica computadores e hipnosis
 

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Correo electrónico de contacto: aureliomejia@aureliomejia.com


Existen varias personas en el mundo que han aprendido la técnica para hipnosis de Aurelio Mejía y en Medellín se ha conformado un grupo que lo apoya, sobretodo cuando está por fuera del país, atendiendo las citas en el mismo consultorio; ellos son: Daniel Duarte y Luis Fernando Baena.

A continuación, la biografía y autobiografía del pionero en esta técnica, el propio Aurelio Mejía Mesa:

Autobiografía

Nací en en Medellín, Colombia, en 1948. Desde pequeño tuve especial interés por la carpintería, mecánica, electricidad, electrónica y física. Desbarataba todo cuanto podía para tratar de entender su principio lógico de funcionamiento, razón por la cual nunca me interesó leer novelas ni libros metafísicos, esotéricos o religiosos que sugiriesen una fe ciega e incondicional para aceptar las cosas.

 En 1963, cuando tenía 15 años de edad, me enseñó la hipnosis Orlando Rodriguez Villa, un compañero de secundaria en el Liceo de la Universidad de Antioquia, la cual practiqué como simple espectáculo durante aproximadamente un año. Después de haber hipnotizado algunos familiares y amigos, me pasó la fiebre y sólo lo volví a hacer a mediados de 1995, un año en el que ocurrieron muchas casualidades, todas asociadas con un mismo tema: los espíritus y las vidas pasadas.

En la casa de mi madre espantaban (sensación de una presencia, pasos, gemido y encendido de la luz de la habitación sin causa física aparente), razón por la cual pedí a mi amigo Rodrigo Gaviria, cirujano plástico conocedor del Espiritismo, que me ayudara a terminar con dichos fenómenos. Me respondió que él no era medium, pero que sí conocía alguien con ese don, y me invitó a unas conferencias sobre Espiritismo, que dictaron Raul Teixeira (de Brasil) y Jorge Berrío (de Cartagena). Este último hizo en público una sorprendente demostración de pintura psicodirigida por supuestos espíritus, consistente en la elaboración de varios cuadros al óleo y al carboncillo, en un aparente trance y con los ojos cerrados, cada uno de los cuales firmaba el supuesto autor. Yo estaba de espectador escéptico en la primera fila, tratando de aplicar mis conocimientos de hipnosis para entender cómo lo hacía, pero aún hoy debo confesar que fue algo inexplicable por vías conocidas.

Esto me dejó muy intrigado y fue tema de sucesivas conversaciones en casa de mi madre, quien no aceptaba temas de enfermos ni de muertos en su presencia, pero que nada opinó al respecto en dicha ocasión. Aproximadamente a un mes de la mencionada conferencia, mi madre me llamó muy temprano por teléfono a mi casa para despedirse, dizque porque "ya se estaba yendo", que ya había cumplido su proceso (estando aliviada el día anterior), y a los pocos minutos se quedó dormida para siempre. Entendí que ello era una más de las muchas causalidades que vendrían luego.

Conversando del tema con mi amigo Roberto Luis Arango y su esposa Eugenia, me motivaron a leer el libro "Muchas Vidas, Muchos Sabios", del psiquiatra norteamericano Brian Weiss, en el que habla de hipnosis, reencarnación y vidas pasadas. A los pocos días mi sobrino Juan David Mejía me pidió que le hiciera la hipnosis a unos compañeros de secundaria que en ese momento estaban en mi casa. Para mi  sorpresa, uno de ellos narró experiencias  de una supuesta vida anterior como carpintero en Italia, y otro dijo ser Comandante de Falange en Tebas (Grecia) antes de Cristo, y que murió en una batalla contra los Macedonios. En otras supuestas vidas, afirmó ser un negro africano tomado como esclavo y un dibujante español en una expedición botánica a América.

A partir de ese momento, 1995, resultaron voluntarios para hacer hipnosis casi todos los días. Al comienzo lo hice por curiosidad y ego, y luego como terapia para ayudar a sanar fobias, complejos, depresiones o enfermedades de origen psicológico. Durante más de 15 años, al terminar mis labores en el campo de la electrónica e informática, dedicaba dos o tres horas a la atención gratuita de pacientes, pero desde abril de 2011, por insinuación de mis hijos y algunos hechos causales (llámese karma, predestinación, misión o expiación), cerré el ciclo de la electrónica y computadores (en el cual fui exitoso y dejé huella) para dedicarme de lleno a las terapias. Ahora tengo un consultorio en el que atiendo pacientes con múltiples dolencias del alma y del cuerpo (yo simplemente los ayudo a sanar, pues ellos mismos son quienes tienen los recursos mentales y  potencialidades para superar aquello que los aqueja).

He capacitado muchos terapeutas en el campo de la hipnosis clínica y he dictado conferencias en Guatemala, Costa Rica, Ecuador, México, Italia, Estados Unidos (Rhode Island, Miami) y varias ciudades de Colombia.

He escrito más de 40 libros relacionados con electrónica, física, tecnología informática y contradicciones de la Biblia (Electrónica Fácil, Guía Práctica para Manejar y Reparar el Computador, Vidas antes de la Vida, Hobby, etc.).

Desde 1995 cuando me encuentro en mi ciudad natal, dicto cada primer domingo de mes un seminario gratuito en la Biblioteca José Felix de Restrepo en Envigado (ciudad cercana a Medellín), desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Los terceros domingos de mes hago lo mismo en La Ceja, una población a 40 cercana a Medellín.

Correo email:  amejiamesa@gmail.com

Busca en Google: "Aurelio Mejía Hipnosis" (no pongas las comillas).





Crónica: El “médico” del alma
Por: Daniel Mejía Trujillo, 12 de abril de 2012
 
Parecía una noche normal; común y corriente, como todas las demás. No había nada extraño; los hijos mayores, la niña y la esposa ya habían dado sus “buenas noches”. Aurelio apoyó la cabeza en la almohada y cerró sus ojos para comenzar a soñar. De pronto, un ruido interrumpió el sueño en la casa, el teléfono estaba sonando. Él, inquieto por quién podía estar llamando a esas horas, corrió a contestar, sin esperarse que aquello que iba a suceder, cambiaría por completo el rumbo de su vida.
 
Aurelio siempre estuvo interesado por cómo funcionaban las cosas; claro, todos aquellos inventos que se pudieran conocer. Fue aficionado de pequeño a desarmar, armar y volver a desarmar todo lo que encontrara en su camino. Nunca se preocupó más allá de lo que veía, no estuvo interesado en leer temas que no tuvieran respuestas definidas, ni mucho menos en cuestionarse a sí mismo en qué creía. Era un cristiano tranquilo, qué tal cómo la mayoría, creía en lo que desde niño le habían inculcado.
 
Fue sólo luego de esa noche que todo empezó a cambiar. Quién llamaba era su madre, más sana y viva que nunca; lo llamó para despedirse. Lo raro es que ella no se iba de paseo, ni se iba a mudar de casa, ni tampoco se iba a ir del país. Ella iba a emprender un viaje irreversible, uno al que todos tendremos que ir un día u otro, sin tener tiempo ni de empacar maletas. Un viaje que dura el resto de la eternidad, o que simplemente no dura, sino que termina; en fin, eso aún no lo sabemos. El caso es que llamaba a decir qué ya había finalizado su proceso en este mundo, que ya era hora de continuar, que ya había cumplido su misión. Y a las pocas horas, Elba, cómo era de llamarse, quedó dormida en un sueño profundo del que jamás volvió a despertar.
 
Esto que había sucedido, combinado con un par de casualidades más, o no, mejor llamémoslas causalidades (porque, a mi modo de ver, en este mundo todo tiene una causa y una razón de ser), fueron las que llevaron a Aurelio, un hombre normal, de cabello negro, con estatura promedio y sueños medianamente ordinarios, a pensar de una manera completamente diferente.
 
A sus 60 y tantos años y con unas cuantas canas en el cabello, es todo un experto en el tema de la hipnosis. Sí, digo bien, la hipnosis. Fue que todo esto de los espíritus, el qué pasa más allá y el para dónde iremos, lo llevó a un momento de su vida en el que un amigo, aun estando en el colegio, le enseñó a practicarla. Él se la tomó de “bacanería”, de charla, de broma y la hizo sólo para descrestar a uno que otro.
 
Un mundo nuevo, de los que pareciera que sólo existen en la imaginación, la literatura y el cine, fue abriéndose paso a paso en su vida. Historias difíciles de pensar y que si se cuentan se parecen más, valga la redundancia, a un cuento fantástico que a la misma realidad, fueron llegando como por obra de un destino que parecía haber sido escrito. Son tantas, pero tantas, las experiencias, que son imposibles de plasmar fácilmente en una hoja.
 
Fue así como la vida le empezó a cambiar, no sólo a él, sino también a las muchas personas que logró tocar con ese don que le dio Dios, Alá, Buda, el Tao o cómo lo quieran llamar. Todo pareciera ser parte de un plan perfecto. No era sino que él analizara y entendiera el valor de eso que había aprendido de joven, para que empezaran a suceder cosas sorprendentes.
 
“Estar hipnotizado no es estar dormido”, dice él en sus conferencias, quién afirma también que en ese estado se está consciente de todo lo que está sucediendo. Incluso, la persona puede decir que no ha emprendido el “viaje”, que no se ha logrado hipnotizar. Sin embargo, en este estado de trance, de camino a estar entre dormido y despierto, la mente se abre por completo y el subconsciente empieza a recordar momentos de la vida, que al estar despierto parecen haber sido borrados, dígase que por falta de interés directa hacia dicho recuerdo, o porque pensar en ello desequilibra la vida de la persona.

Pero eso no es lo más mágico de estas terapias. Miles de personas, y digo miles, porque son miles las que han acudido, han logrado sanar por medio de la hipnosis. ¿Sanar? Sí, Aurelio entendió después de viejo que la hipnosis no era para nada más ni para nada menos que sanar, fue en ese entonces que desarrolló este don y que la vida empezó a poner en su camino a un sinfín de personas que necesitaban de su ayuda. Son más de 15 años en los que lleva practicando la hipnosis como terapia regresiva, de los cuales más de 10 se los dedicó a la electrónica, su aparente pasión, y a hacer hipnosis gratuitas en sus tiempos libres; incluso a dar conferencias los primeros, segundos y terceros domingos de cada mes.
 
“Odio a mi hijo” decía una señora. “Porqué me tenía que salir especial, porqué Dios no me mando un hijo normal como el de todo el mundo, porqué me tenía que castigar así, yo qué he hecho” continuaba diciendo esta mujer, cómo esperando a que el universo le contestara y le diera una respuesta con una voz fantasmagórica que saldría supuestamente del cielo. Aurelio comenzó a hablar, suavemente le empezó a platicar y lo hacía como quién arrulla a un bebé. Esa tranquilidad en su voz, la calma y el amor por lo que hace, fueron dejando a la mujer aparentemente dormida. Ella, con sus ojos cerrados, respirando lentamente y sin mucha fluidez, comenzó a hablar. Decía que era un joven, un joven ciego y con discapacidad, y parecía decirlo con tanta seguridad, que era como si lo estuviera viviendo en el momento. Continuaba contando que no podía ver, que no podía hacer casi nada por sí solo, que no vivía como todos los jóvenes de su época, pero que estaba seguro de que era más feliz que la mayoría. Decía que para él su padre era los ojos que no tenía, sus oídos, su fuerza; era quién lo conducía a todas partes. En fin, decía que para él su vida era su padre, el amor que él le daba era lo que lo llenaba de tanta felicidad. Justo en ese momento Aurelio sabía qué hacer. “Mira a los ojos de tu padre, estos son el reflejo del alma y dime si él ha estado contigo en otra vida” dijo Aurelio a la señora, quién inmediatamente rompió en llanto. “¡Es mi hijo actual, ese que yo tanto estaba rechazando! ¡Despiérteme ya! ¡Tengo que ir a abrazarlo y a pedirle que me perdone!” decía entre lágrimas la mujer.
 
Dicen que todo lo que pasa en la vida, pasa por algo. Que el que la hace la paga, que hay una causa y efecto, y que hacer algo conlleva a otra cosa. Se llame karma o como se quiera llamar, esto es lo que predica la hipnosis. Todos estamos acá para aprender, todo lo que se nos da o se nos quita en la vida es por algo, por algo que hicimos en el pasado. Y el pasado para la hipnosis es algo absurdamente largo. Se dice que vivimos varias vidas, que en cada una se debe aprender una cosa distinta y que si no se hace, volvemos para lograrlo.
 
A él le ha tocado presenciar un montón de hechos parecidos a este; como por ejemplo gente que habla idiomas que no conoce o que incluso ya no se hablan. Personas que han logrado sanar enfermedades en las que los médicos daban las batallas por perdidas. Gente que ha perdido la esperanza, y sin embargo, ha encontrado en la hipnosis una forma de salir adelante. Él siempre habla del poder de la mente, de la fe que enseñó Jesucristo, de creer en lo que se hace y de qué ahí está el verdadero remedio. Yo por mi parte comparto que todos tenemos las herramientas necesarias para combatir los problemas que se nos presentan, incluso toda enfermedad que tengamos. Dice también que la vida está para vivirla, que las personas que están con nosotros nos han acompañado alrededor de este viaje tan largo por años y años; que han estado presentes en este camino que hemos recorrido y que ni nos acordamos de haber pasado por ahí. Que por eso es que conocemos a alguien y nos parece, al instante, haberlo conocido de toda la vida. Simplemente, Aurelio, nos hace ver el mundo con unos ojos diferentes, verlo de una manera sorprendente.
 
Hoy, ya luego de haber practicado miles de hipnosis completamente gratuitas, decidió, sea por karma o por lo que sea, abandonar su labor como especialista en electrónica para dedicarse de lleno a la hipnosis. Ahora tiene un consultorio por la calle San Juan, en Medellín, Colombia, dónde atiende a quién lo necesite, sin dejar de dar dos de sus conferencias gratuitas cada primer y tercer domingo de mes. Sin embargo, hay algo que nos asegura, y lo hace porque ni el mismo sabe en qué creer. Nos dice entonces que no importa si lo que se vive allí es real o no, si es producto de la imaginación o si de verdad existen las vidas pasadas. Si logra lo que queremos, que es un objetivo noble, y es sanar, no se necesita saber la fórmula. Es como si nos perdiéramos en el desierto y encontráramos agua que nos salva. ¿En que cambia las cosas saber si el agua que se tomó era de un rio, de aguas subterráneas o de una botella de gaseosa?