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La mayor parte de los poemas que transcribimos aqui

estan sacados de EL PUENTE, traducción de JAIME PRIEDE
Y EDITADO POR EDICIONES TREA

No me digas que el cielo  esta cerca

Hay cosas que te atraen

como si la Tierra fuera redonda

Ya te lo decía el poeta

es redonda es redonda

y el cielo un enorme corral de estrellas

Pero no me digas que el cielo esta cerca

(k)



http://www.lexia.com.ar/HART%20CRANE.htm
Clarence Arthur Crane era el padre de Hart. También un exitoso hombre de negocio que pudo acumular una buena porción de dinero al incursionar en el rubro de los caramelos .Se dice que llegó  a tal asunto después de inventar el salva vidas. Cosa curiosa: en ningún momento se le ocurrió calzarse uno para librarse del problema que le significó caer en el maremoto matrimonial celebrado con Grace.

Grace Crane era madre de Hart . Asimismo, contrincante de Clarence en el cuadrilátero de dos plazas donde ambos tenían por costumbre boxearse cada vez que lo consideraban necesario.

Cuando digo “cada vez que lo consideraban necesario” quiero decir “siempre que lo consideraran adecuadamente necesario”.

Piña va piña viene,  como los enfrentamientos prometían culminar en tragedia, Clarence y Grace se divorciaron en 1916  .

Gracias a esto el ambiente se volvió más apacible en el vecindario. Pero poco tiempo después el desapacible Hart Crane decidió dejar de perder tiempo en la escuela tanto como en el vecindario que para entonces se había vuelto estiradamente aburrido.

Entonces partió hacia New York City. Entre los años 1917 – 1924 estuvo dando vueltas y vueltas en el círculo New York  - Cleveland; trabajando como  mecanógrafo y también en la factoría de su padre.

Sentía a New York como su casa. Es la razón por la que la mayor parte de su producción poética se encuentra ambientada en tal lugar . Como dato accesorio para quienes se encuentren interesados en  conocer su inclinación sexual, les  tiro el siguiente dato:  Hart Crane fue gay.

Parte de su profundo amor por New York  City quizás sea resultado de la tolerancia que ésta  ciudad tenía por  la entonces próspera cultura gay.

Crane se sentía un fracasado. Por ello,  al mediodía del 26 de Abril de 1932,  de regreso a New York City desde México, después de haber sido golpeado por un miembro de la tripulación del barco en que viajaba, confirmó la idea de que no podía ser feliz en éste mundo debido a su condición gay y se suicidó saltando  al Golfo de México.

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Los poemas que van a leerse  muestran la ductilidad de Crane en el manejo de imágenes abstractas. Así mismos , las inteligentes construcciones gramaticales que producen un impacto en el oído del lector debido a  la utilización adecuada de la rección, nos sumergen en los distintos caminos que el autor se ocupo en recorrer con la finalidad de concretar la creación poética que seguramente debe haber acosado inteligencia de manera insistente .

Interior
It sheds a shy solemnity,
This lamp in our poor room.
O grey and gold amenity, --
Silence and gentle gloom!

Wide from the world, a stolen hour
We claim, and none may know
How love blooms like a tardy flower
Here in the day's after-glow.

And even should the world break in
With jealous threat and guile,
The world, at last, must bow and win
Our pity and a smile.

 Interior
Esta lámpara dejó caer una tímida
Solemnidad en nuestro pobre cuarto.
¡Oh dorada y gris amenidad
Tristeza intensa y gentil!


A lo largo y ancho del mundo
Reclamamos las horas robadas ya que ninguno puede saber
Cuanto le agrada al amor florecer como una flor tardía
En los días posteriores a la incandescencia.

Y aunque el mundo deba despedazarse
Con celos y engaños
Al menos podrá  reverenciar y conquistar
Nuestra piedad con una sonrisa.

Al Norte del Labrador
Una tierra de hielo inclinada
Abrazada por el yeso de los grises arcos del cielo
Se arroja silenciosamente hacia la eternidad.

“¿Ninguno vino hasta aquí a conquistarte
O a dejarte tímidamente sonrojada
Sobre tus resplandecientes pechos?
Oh  brillante oscuridad ¿ no tenés memoria ?”

El frío silencio es solo el momento cambiante
En ése viaje hacia la no Primavera –
Ni nacimiento, ni muerte, ni tiempo ni sol
En la respuesta.

Viajes III
Una infinita consanguinidad:
La imagen sugerida sobre ti la luz la recupera
De los llanos del mar en donde el cielo
Renuncia al pecho que alza cada ola;
Mientras el adornado camino que recorro
No lo bañan ni esparcen las brazadas
Amplias de tu costado al que en este momento
El mar también levanta manos de relicario.

Y traspasando así negras puertas hinchadas
Que deben, además, detener las distancias,
¡Más allá del pilar giratorio y del ágil frontón,
Luz incesante, allí, luchando con la luz
Estrellas que se besan de ola en ola
Hasta tu cuerpo que se mece!
Y allí donde la muerte, si se muda,
No supone matanza sino sólo este cambio
Que en el abrupto suelo se arroja de alba en alba,
Trasmembramiento hábil y sedoso del canto;

Déjame, amor, viajar, hacia tus manos...
                                                     Versión de Sally Burguess

 Viajes II

--Y  aún en éste parpadeo de eternidad
De inundación sin bordes, sotavento sin trabas
Las mismas sabanas y  cortejos donde
Su vasta y silenciosa combadura  hacia la luna
Sonríe con la envolvente inflexión de nuestro amor;

Toma este mar en cuyo diapasón tañen
En pergaminos de plata níveas sentencias
El cetro del terror de cuyas sesiones arranca
Señalando en su sano o enfermo semblante
Todo excepto la piedad de las manos de los amantes.

Y hacia adelante las distantes campanas de San Salvador
Saludan al azafranado lustre de las estrellas
En ésa florecientes praderas de sus mareas,--
Adagios de islas, oh mi prodiga
Completan las oscuras confesiones que sus venas derraman

Y señalan cómo gira sus hombros en el viento de las horas
Mientras precipita  sus ricas palmas sin dinero al
Transcurrir  títulos de espumas encorvadas y olas que se
Apresuran mientras  sean verdad sueño, muerte, deseo
Al acercarse un instante alrededor de una flotación de flores.


Guárdanos en éste instante, Oh clara Estación y temor reverente.
Oh galeones cantores del abrasador Caribe
Déjennos en la costa no terrenal antes
De que vuestra respuesta en el vórtice de nuestra tumba
Derrame el amplio sello del rocío del mar al contemplar el paraíso

Al puente de Brooklyn

Cuántos amaneceres, frío tras su merecido descanso,

habrán de zambullirse las gaviotas a su alrededor
soltando anillos blancos de tumulto, erigiendo
la Libertad por encima del agua encadenada

Luego con limpia curva, apartamos los ojos,
espectrales como las velas que pasan por debajo,
de alguna hoja de cálculo que sera archivada;
hasta que el ascensor nos libera de la jornada...

Pienso en los cines, esas vistas panoramicas
de multitudes inclinadas ante una escena trepidante
nunca mostrada, pero a la que pronto se apresuran,
anunciada a otros ojos en la misma pantalla.

Y tú, cruzando el puerto entre destellos de plata,
como si te alcanzase el sol, dejas
en el andar cierto balanceo pendiente.
Tu misma libertad te sigue sosteniendo.

Desde algún tunel de metro, celda o altillo

un loco se apresura hacia tus parapetos,
se inclina un poco, su camisa chillona se hincha,
una broma se arroja desde la atónita caravana.

La luz de mediodía gotea en las vigas de Wall Street,
diente roto del celeste acetileno;
toda la tarde giran las grúas entre nubes...
Tus cables respiran aún el Atlántico Norte.

Oscuro como el cielo de los judios
tu galardón...gracia concedida
de anonimia que el tiempo no disipa:
vibrante absolución, el perdón que nos otorgas.

Arpa y altar fundidos por la furia
(¡qué fuerza afinaría el coro de tu cordaje!),
umbral terrible de la promesa del profeta,
de la oración del paria y del gemido del amante.

De nuevo las luces del tráfico que rozan tu lenguaje,
veloz y sin cesuras, inmaculado suspiro de los astros,
salpican tu ruta, cifran la eternidad.
Hemos visto la noche alzada en tus brazos.

Bajo la sombra de tus pilares esperé;
sólo en la oscuridad tu sombra es clara.
Los iluminados bloques urbanos se han borrado,
ya la nieve sepulta todo un año de hierro...

Insomne como el rio que pasa debajo de ti,
tú que abovedas el mar, hierba que sueña en las praderas,
ven a nosotros, los humildes, baja
y con tu curvatura ofrece un mito de Dios

HART CRANE

Nació en Garrettsville , Ohio, en 1899 y desapareció en aguas del Golfo de México en 1932. Hombre atormentado, poeta contradictorio. Hasta su muerte es contradictoria,, hay biógrafos que afirman que se arrojo del barco a la vuelta de su viaje a Cuba , por una supuesta paliza de marinos y otros dicen que fue debido a ver su fuerza poética acabada, sus imaginación acabada ¿quién lo sabe? Hombre cuya juventud estuvo marcada por su vagabundeo de un trabajo a otro de una ciudad a otra. Quizás ,o debido a ello, su personalidad esquiva y cambiante, a la que no ayudó su alcoholismo.. En esa época aparece en él uno de los temas más importante de su poesía, el mar.

TRAVESIA

DONDE las hojas del cedro dividen el cielo, oí el mar.

En las lizas de zafiro de las colinas

me prometieron una infancia mejorada.


Ceñuda, sancionando al sol,

dejé mi memoria en una hondonada-

fortuito piojo, que teje el alforjón,

rocas delantales, congregas peras

en fanegas iluminadas por la luna

y despierta callejuelas con una escondida tos.


Peligrosamente ardió el verano

(me había unido a los recreos del viento).

Las sombras de las peñas alargaron mi espalda:

a los gongs de bronce de mis mejillas

La lluvia se secó sin aroma.


mira donde la enredadera roja y negra

apuntaló valles: pero el viento

murió hablando a través de los tiempos que tú conoces.

Y abrazas, ¡corazón de hollín del hombre!

Así fui volteado de una lado a otro, como tu humo

compila una demasiado bien conocida biografía.


La noche era una lanza en la quebrada

Que medra a través de auténticos robles.¿y había yo andado

Los doce decimales particulares del viento?

Tocando un abierto laurel, hallé

A un ladrón debajo, con mi robado libro en la mano.

“¿Por qué estás de nuevo ahí –sonriendo a un ataúd de hierro?,”

repliqué

bajo la constante maravilla de tus hojos.


Cerro el libro. Y desde los Ptolomeos

la arena nos sumió en un resplandeciente abismo.

Una serpiente trazó un vértice para el sol

-en no holladas playas sacó su lengua y tamborileó.

¿Qué fuente escuche? ¿Qué helados discursos?

La memoria, confiada a la página, se había muerto.



EMBLEMAS DE CONDUCTA


CERCA de una península el vagabundo se sentó y dibujó

las desiguales tumbas del valle. Mientras el apóstol daba

limosna a los pobres, el volcán estalló

con azufre y doradas rocas...

Porque el gozo cabalga en espléndidos ropajes

Atrayendo a los vivientes a las puertas principales.


Los oradores, siguen el universo,

y la radio, las completas leyes del pueblo.

El apóstol condice el pensamiento a través de la disciplina.

Tazones y copas llenas de adoraciones a los historiadores-

torpes labios conmemorando puertas espirituales.


El vagabundo escogió más tarde este lugar de reposo

donde nubes de mármol sostiene el mar

y donde finalmente nació el héroe escogido.

A la sazón, el verano y el humo habían pasado.

Los delfines aún jugaban, arqueando el horizonte,

pero sólo para levantar recuerdos de puertas espirituales.


Y sobre todo Whitman porque la obra cumbre de Hart Crane “ El Puente” es, de alguna forma, la versión “modernizada” de “Hojas de Hierba” de Whitman . Modernizada porque “El Puente” es una visión totalizadora. al igual que la maravillosa obra de Walt Whitman, de Estados Unidos, tanto histórica como espiritualmente. "EL Puente" es la visión revisada, de la visión de un poeta , pero desde la época de las máquinas ylos rascacielos. En unos de sus poemas dice"...Oh Walt, dime , Walt Whitman, si será el infinito exactamente el mismo que cuando caminabas por las playas de paumanok -enronda solitaria- y escuchaste el fantasma a través del oleaje, su gorjeo iinsistente desgranándose allá...para ti los paisajes y esta raza de torres, de ti el tema esculpido en el cantil..." Hart Crane quiso integrar todo esos temas en la poesía, el mundo moderno debía aparecer entre las estrofas de la poesía.


El RIO

                                (...y más allá del alboroto y los esloganes del año)


Pega la patente de tu nombre en un letrero,

hermano, por todas partes, hacia el oeste, joven,

en los de esmaltes Japalac, en monos de trabajo

¡y en todo tipo de bienes terrenales! Bajo el cartel teatral rasgado

en la esquina -véase Bert Williams ¿que?

Trovadores, si robáis un pollo

guardadme el ala porque si no es

Erie no hay en millas a la redonda una

Mazda, la noche telegráfica enlaza a Thomas

con Edifort y silbando por la via

viene un faro delantero embistiendo con su ruido, te lo puedes

creer, mientras el EXPRESS labra el tiempo de la

CIENCIA COMERCIO Y ESPÍRITU SANTO

LA RADIO RUGE EN CADA HOGAR TENEMOS EL POLO NORTE WALL

STREET Y EL NACIMIENTO DE LA VIRGEN SIN ADOQUINES NI

CABLES raudos riachuelos conectan orejas

sin más estrépito de sermones relampagueantes en las ventanas

impresionante...¿eh?


Asi el 20th Century, asi

zumbaba y rugía el Limited alpasar

a tres hombres hambrientos que caminaban despacio por la via

mirando como se marchitaban las luces de la cola, como se escabu-

llian hábilmente del alcance de la vista.


(para aquellos cuyas direcciones nunca están cerca)

El ultimo oso recibió un disparo mientras bebía en las Dakotas

y corrio al trote bajo los cables que hilan la corriente de montañas.

Instrumentos puntiagudos de gran precisión

unen ciudad con ciudad y sueño con sueño palpitante,

pero hay hombres que siguen bebiendo despacio y cuentan,

aunque confiesen no tener rosario o indicio alguno,

el minuto de un río por el año de un arroyo lejano.

En un mundo de silbidos, alambres y vapor

van rumiando como furgón de cola a través de

Ohio, Indiana, invisible el equipaje,

al paso hasta Cheyenne...puede que hasta Kalamazoo.


Interpretan los desgarros y las mixturas del tiempo

como cómputos finales de fuego y nieve,

ofrecen un extraño pajaro-ingenio como sustancia primitiva

del viento sin muros, cantando en voz baja

My Old Kentuchy Home y Casey Jones,

Some Sunny Day. Oigo a peones de carretera cantar asi.

Y poco despues alguien, uno con mirada de potro, dice:

“¡Jesús!, recuerdo los dias de sandia” y subido

en una nube de jubilo, añade:

“Y cuando mi tia Sally Simpson sonreía -habla

despacio-

era como Louisiana, hace mucho”.

“No hay nada como Booneville, Buddy

-dice otro quitándose una brizna pegada al chaleco-

para las primeras truchas”.

Luego, mirando el fondo de la lata, añade:

“pero seguí rodando por las vias”. Tranquilo y resignado

pisa las ascuas, triste, pensativo,

esparciendo cascajo seco con una espiga...

                                                      Detras

de la fábrica de conservas de mi padre solía ver

a trotamundos alineados por las vías en nómada chanza,

hombres del pasado, sin esposa, profugos

errabundos que buscan eternamente

un desértico imperio de rieles y trenes de carga.

Parecian chiquillos, como yo, colgando de una percha suelta,

agarrados a su niñez como a un juego sin fin.

John, Jake o Charley subidos a un lento vagon de carga

de Memphis a Tallahassee, sentados en las varillas,

puños ciegos de la nada, grotescos peleles.

Parecian que manoseaban algo, una llave quizá.

De un polo al otro, cruzando montañas y estados,

conocieron cuerpos bajo la rauda lluvia;

mozos con ojos como fiordos, viejos que rezongaban

en su jerga de las vias, salpicando la inmensidad,

ocultandose en ella, en su pecho

argentando de nieve, manchado de zumaque o de humo azul,

más allá del sueño de los valles, al sur o al oeste.

Yo mismo he hollado medianoches rumorosas,


y más allá del aura que deja la delgada llama de la lampara

(¡Oh noches que condujeron a su cuerpo desnudo!)

he soñado con traspasar la grafía que limita su nombre.

En trenes que hacían sonar interminables ventiscas, escuché

lamentos en la distancia que sabía que eran suyos:

niños indios llorando en las crines del viento,

gritando dinastías de pieles rojas que escapaban del cerebro,

ecos muertos. Pero allí conocí su cuerpo,

el tiempo bajaba por su hombro como una serpiente, oscura,

y el espacio, un ala de aguilucho, se expandía en sus cabellos.


(pero quienes la han tocado, conociéndola sin nombre)


(ni los mitos de sus padres)


Bajo las Ozarks, amparadas en el Monte de Hierro,

yacen los dioses de la lluvia, arropados en lagunas

en las que el pez sin ojos brinca de una fuente sumergida

y desciende de nuevo con el maíz de los quejumbrosos cuervos.

Tales hurtos suponen su inmemorial susutento

propiciado por la madera desgarrada,

por el hierro, ¡el hierro siempre se las tuvo con la descomposición!

Ahora dormitan bajo el hacha y el polvo de la pólvora.


Y los vagones Pullman se deslizan con su acero reluciente

por tuneles y a campo abierto, hierro que a zancadas sobre el rocio

remonta la colina en danza de ruedas.

Tienes una parada de media hora en  Siskiyou

o puedes pernoctar y tomar el siguiente tren.

Hacia el sur, al pasar cerca de Cairo, podrás ver

la desembocadura del Ohio, nacido en Tennesse,

y si es verano, la hora del crepusculo,

puede que la brisa levante un olor a almizcle del rio,


te parecerá que las aguas respiran algo que ya conoces,

Memphis Johny, Steanboat Bill, Missouri Joe.

Si el tren va despacio, asómate a la ventanilla

como si le dieses la mano a un viejo payaso

y mira hacia abajo un buen rato, ausente,

tarareando Deep River con ellos mientras pasan.


Si, date la vuelta y aspira una vez más ese olor, mira.

Oh sheriff, guardafrenos y autoridad,

subiros los pantalones y mascad otro pedazo de tabaco,

porque vosotros también nutrireis el rio inmemorial.

Son muy pocos los que eluden su destino

y siempre que sonríen delatan lo que parecen.

Estaba seguro de que sería capaz de bromear a las puertas del cielo

Dan Midland cuando tiró de la fría palanca del freno.


Nacidos en el reverso, pioneros en el desprecio del tiempo,

siniestros tributarios de una corriente arcana,

no alcanzan frontera alguna con su voluble empeño

pero se mueven con calma, como si bajaran de la cresta del Jordán.


No lo escucharas como el mar, ni siquiera

la piedra obtiene más quietud de la gravedad...lentamente,

aborreciendo obtener más atributos, desciende postrado

como alguien cuyos ojos llevaran enterrados mucho tiempo.


El río, extendiéndose, fluye y consume tu sueño.

¿Qué eres tú, perdido en ese hechizo sin marea?

Eres el padre de tu padre, y la corriente

un asunto cristalino engrosado por negros a la deriva.


Húmedo tonelaje, marcha aluvial de los días,

noches turbias  con su tejido vascular de pizarra legamosa,

de raíces rendidas a la arcilla:

El Misisipi se bebe el mas remoto valle.

¡Oh pasión mineral, mar de fondo de la luz del sol!

La superficie de basalto arrastra un donaire de selva

ocre y listada como un lince de fuerza dilatada;

¡paciencia y alcanzaras el lugar deseado!


Sobre los huesos De Soto el flete de los fondos

palpita más allá de la ciudad novelada de los tres tronos.

El Misisipi fluye tras dos meandros

(más allá grandes acorazados se alzan en lagunas salobres)



y fluye dentro de sí, se acumula a sí mismo, libre,.

Todo se diluye excepto un fino trazo de horizonte...al frente

solo extiende su brazo el mar atormentado;

El río se levanta de su largo lecho


apoyado por completo en su sueño, un brillo mostaza

torturado de historia, su único deseo: ¡fluir!

La Pasión se expande en largas lenguas, lentas y sofocadas,

para dar con el Golfo. Silentes hosannas al fondo.


Sin embargo esa idea de introducir el tiempo moderno (las máquinas, las antenas, las radios, el metro, el hierro, los coches...) que pudiera considerarse , en principio, mera forma decorativa dentro del “discurso” del poema va introduciendo una visión menos esperanzadora, menos positiva del mundo moderno. Al contrario que Whitman que veía el mundo abrirse en un futuro prometedor, con todas las posibilidades, donde todo debe ser bueno para el hombre Hart Crane ya está en ese futuro y no es tan agradable y positivo para el hombre. El poema de Crane va oscureciéndose con el paso de las estrofas.


EL TUNEL


FUNCIONES, surtidos, resúmenes –

Entre Times Square y Columbus Circle, las luces

Canalizan congresos, sesiones nocturnas

Reflejos de mil teatros, rostros –

Misteriosas cocinas....Lo buscarás todo.

Algún día aprenderás de memoria cada lugar famoso

Y verás cómo la cortina se levanta en el despacho del infierno;

encontraras el jardín en el muerto del tercer acto,

tecleando con los dedos sobre tus rodillas –desearas

estar en la cama con hojas que hablen de crímenes colgadas a la vista.


Entonces coge tu sombrero

y márchate.

Como siempre –también

bajando- exclama

de doce para arriba, dejando

un orgullo de suscripción

para lo que el tiempo mata


¿O no puedes del todo dedicarte a cabalgar;

es mejor antes caminar debajo de la L un soplo

unas diez manzanas? Pero te encontrarás

ensayando flexiones de pingüino con los brazos –

como siempre hallarás bostezando el escotillón:

bosteza el metro la más rápida esperanza del hogar.


Encógete entonces para nadar en los enjambres

de las luces brillantes de Square y de Circle –

evita los cristales de las puertas giratorias, a la derecha

en donde, encajonados solos, los ojos se asustan

-desprevenido vuelve desnudo hacía la luz:

y abajo, junto al torniquete, aprieta la moneda

dentro de la ranura. Los timbres ya suenan.


Y así

hablas de los metros

de las ciudades que corren

bajo cales y ríos..En el vagón,

la música del movimiento, su monotonía

es el sonido

de otros rostros, también subterráneos-


Dame un lápiz Jimmy – viviendo ahora

en Floral Park

Flatbush –el día cuatro de Julio –

Como un sucio sueño de pichón –patatas

para arrancar del campo –viajando por la ciudad –también-

noche tras noche –la línea Claver-las

muchachas todas tan compuestas –solía ocurrir


Y nuestras lenguas giran como veletas.

Esta respuesta vive como verdín , como cabellos

Mas allá de la muerte, de la extinción del hueso;

Y la repetición se hiela <¿qué

que es lo que quiere usted? ¿Se debilita en las cadenas?

Mi querido papá no pide el cambio -¿ ES LA

CALLE CATORCE? Son las seis y media dijo ella –si

a usted no le gusta mi pueta por qué

se mece en ella , por qué

se mecía en ella

de todos modos ?“


Y de algún modo  se mece –


Los fonógrafos del Hades del cerebro

son túneles que se dan cuerda a ellos mismos, y el amor es

como una cerilla quemada patinando por un orinal-

después de la catorce TOME EL EXPRES

para borrar algún síntoma de dolor-


Pero yo quiero que me atiendan en  esta oficina, SERVICIO

dije –después

del espectáculo ella lloró un poco pero...

¿De quién  la cabeza que se mece en las dilatadas llantas de acero?

¿De quien el cuerpo que humea en los magullados railes

y estalla de un fardo llameante a lo lejos

detrás, en las bifurcaciones y grietas del cerebro,

soplos de un hendido muñón a lo lejos

en interseccionales fisuras de la mente...?


¿Y por qué he visto tu rostro aquí tan a menudo,

tus ojos como linternas de agata, una y otra vez

bajo los anuncios de dentífricos y de productos para la caspa?

¿Se movían tus ojos a tu lado,

se movían girando como platos sucios

Y la Muerte arriba .y abajo, gigantesca

Escudriñando en tu –hacia mi ¡oh eternamente!

¡Cuándo arrastraron la arqueada carne,

tus temblorosas manos , aquella noche en Baltimore-

aquella última noche de elecciones, negaste

estremeciéndote , negaste tu billete, Poe?


Para Gravesand cambio en Chambers Street .

El anden corre a lo largo de una parada muerta.


La escalera mecánica sube una serenata

tranquila de zapatos , paraguas , cada ojo atento a su zapato;

luego salta rápido a algún lugar de arriba donde las calles

estallan en lluvia...Los timbres suenan de nuevo:

codos y palancas, guardia y puerta silbante.

El trueno es galvotérmico aquí abajo...Las ruedas

del vagón libres. El tren rueda ,se inclina gimiendo,

tomando el nivel final para hundirse


bajo el río_

y algo más vacio que antes,

demente, durante un tenso segundo , se encorva

se suelta...hacia los rincones del piso

vuelan hojas de periódicos, giran y vuelan.

Ciegas ventanillas gargarizan señales a traves del estruendo.


¿También a ti te lleva el diablo a casa

limpiadora italiana de pelo recogido?

Un avez que están limpios los pasillos y las escupideras,

ahora que los barracones se quedan limpios y vacíos como el cielo.

Oh, genovesa, de vuelta a casa ¿vuelves a tener manos

y ojos de madre? ¿Y cabellos dorados?


Oh, Demonio, oquedad tan objetable como extraordinaria,

cuya espantosa risa es el regocijo o degüello

del fuelle en sordina del dia que nace,

inoculas cruelmente la aurora

con antenas orientadas a mundos irradiantes que ocultan

para escanciarnos mas liquido que la tenue

locución de la estrella mayor y em pacar

la conciencia unida por el ombligo al corcoveo del viento,

umbilicada para llamar y al instante morir.


Atrapado como calderilla bajo vapor y hollin

sembraste el beso de nuestra agonía.

Condensado, todo fue tuyo, agudo ganglio

enamorado de canciones que ya olvidamos.

Pero como Lázaro, para sentir como se quiebra

el sauce, el talud y la ola, alzando la tierra,

un rumor de aguas dobla el cielo a horcajadas

con alguna palabra inmortal...

                       *

Un remolcador pasó resollando coronas de vapor

en cada embestida, hendía el río con galvánico resoplido.

Conté los ecos que se ensamblaban, uno a uno,

buscando, palpando la noche en los muelles.

Las luces se acercan a la costa, abandonan el tímpano aceitoso de

las                                                                                        aguas.

Las tinieblas , en alguna parte, arrancan cristal del cielo.

Y este tu puerto ¡oh ciudad mia! Yo lo he cruzado por debajo

Lanzado desde la espiral de tictaqueantes torres... para

estar aqui, mañana, junto al Río Este

aquí cerca de la orilla, donde las manos sueltan recuerdos

que, sin sombra en ese abismo, mienten sin fin.

¿ A qué distancia la estrella se junta con el mar?

¿O deberán la manos ser arrastradas lejos para morir?


                           Sembraste el beso de nuestra agonía

                                                Oh, Mano de Fuego,

                                                       lo sembraste.


beso de nuestra agonía . tu cosechaste

¡oh Mano de Fuego¡

cosechaste -

“El Puente” esta dividida en varias partes conformando la idea de Estados Unidos. Un puente se ve a la vez por los dos extremos , dijo una vez Crane y une fuerzas antagónicas , uniéndose sobre la fuerza de las aguas, sin violencia , en paz. Quizás mostraba , quería enseñar la tranquilidad, la quietud, que él nunca tuvo.

En la tumba de Melville’

Lejos de este arrecife, a veces, bajo la ola

Los dados de los huesos de los muertos
Vio llegar un mensaje, al contemplarlos
Batir la orilla, en polvo oscurecidos.
Sin campanas cruzaban barcos náufragos.
El cáliz de la muerte generosa
Devolvía un disperso, lívido jeroglífico,
Envuelto en espiral de caracolas.
Luego en la calma de una vasta espira,
amarras hechizadas, y en paz ya la malicia,
Había escarchados ojos que elevaron altares;
Por los astros reptaban las calladas respuestas.
Ni cuadrante ni brújula imaginan
Más distantes mareas… Y por la azul altura
El canto no despierta al marinero.
Que su mítica sombra sólo el mar la conserva.


III CUTTY SARK

                                          ¡Oh,aquellos viejos navios de roble,
                                           Oh, el Temarario, nunca mas!

Encontré a un tipo en South Street, alto,
con un diente de tiburón colgando del cuello.
Sus ojos parecían surgir de entre la hierba,
unas gafas verdes o las luces del bar lograban
ese efecto
                   que brillaran
                                          VERDES
                                                       aquellos ojos     
se desviaban, se olvidaban de mirarte,
te dejaban atrás, varias esquinas...

en el piano mecanico alguien pulsó
La noches de Estambul -gracias a una moneda-
                   cantaron

        Oh, Rosa de Estambul, los sueños tejen la rosa

                 Hablaba en susurros de Leviatán
               y Platón era ron en nuestras cabezas...
“Se trata de Ala, de Amberes, recuerda chico
que tienes que echarme a las tres, zarpa puntual.
No soy muy bueno con el tiempo hago guardias
con la vista débil, a veces dormito”, sus manos huesudas
seguían el compás...”Una vez un ballenero,
debo seguir el compás y no perderlo, soy un
demócrata, sé qué hora es, no, no quiero saberlo, aquel condenado Ártico blanco mató, me mató el sentido del                                       
tiempo...”

               Oh, Rosa de Estambul, los tambores tejen

“Manipulaba una bomba de achique en el Canal
de Panamá, quedé harto de ella,
luego vendí cacharros de cocina en Yucatán, abalorios,
¿Has visto el Popocatepetl, un pajaro sin boca
que escupe ceniza?
                        y luego atra vez a la costa...”

                   Rosa de Estambul, reina del coral,
Restos de esqueletos de ciudades
Y galerias, galerias de lava acanalada
Gruñendo en la piedra, verdes tambores ahogados
retumban!


“¡Aquel espiráculo!”, dijo señalando la puerta...
“Oh, la vida es un géiser hermoso, mis pulmones...
no, no puedo vivir en tierra”

Veía las fronteras relucir en su mente;
o por las fronteras -arenas movedizas, a veces
arenas movedizas por cualquier parte, arenas movedizas-
o haciendo cantar a una máquina blanca.
Y entonces te puedes reir, bailar como el eje de las ruedas,
acero, plata, pisando su rastro, y aprendes.

Rosa de la Atlántida los tambores tejen la rosa,
La estrella flota ardiendo en un golfo de lagrimas
y duerme otro milenio

                                                interminable
desde que habían echado la moneda. Pero se detuvo.
Dejó de sonar.

El viento acosaba aquellas solapas de mimbre puro
al entrar desde el vibrante estio a infiernos más fríos...
Afuera casi le atropella un camión del puelle pero,
de repente, se arranca hacia Bowery mientras el amanecer
revelaba la estatua de la Libertad, esa
antorcha que tan bien conoces.

Crucé el puente para tomar el camino de vuelta...
                                     *

Alegres vanidades yanquis, botavaras guarnecidas, aladas
                                           replicas inglesas, diestras
y salvajes doncellas marinas
que florecieron en primavera, Izad, trenzad
los brillantes designios que impulsan los vientos alisíos...

                     ¡Dulce opio y té, Yo-ho!
                     ¡Unas monedas para las marsopas que estanean la quilla!
                     ¡Aletas que azotan la brisa alrededor de Japón!
Brillantes sosobres rotulan la línea del Ecuador parpadeando
desde el Cabo de Hornos hasta Frisco, Melbourne...
                                                    Pendones, parábolas...
Sueños de clíper, indelebles y alineados en la costa,
¡nobleza blanca en el venturoso azul!

                ¡Inmortal -Cutty-laureado-Sark!

Las Termópilas, el Black Prince, el Flying Cloud en el Estrecho de Sonda
envueltos en espuma, sus vientos surcando verdosas esplanadas
a expensas del humor de los vientos, rindiendo su ruta oriental,

                       en la punta de Java se refrescaron
                   (dulce opio y té)
                        dieron media vuelta y nos dejaron a sotavento...

Brioles en pugna (¡91 días y 20 horas anclados),
                                                  el Rainbow, el Leander
(una tragedia su última singladura). ¿Donde estaras,
Nimbus? mientras tus dos rivales...

                            mantienen una larga bordada
                                                            ¿El Taeping?
                                                                ¿el Ariel?
          


TRES CANCIONES
                      Uno de ellos es Sestos, el otro Abídos el alto
                                                                Marlowe

LA CRUZ DEL SUR
Te quise mucho, anónima mujer del sur,
no sólo tu alma sino toda entera, aún más cuando
la Cruz del Sur toma a solas la noche
y desata sus cintas, una a una,
alta, fria,
            expandida en las lentas ascuas
de los cielos más bajos...
                                vaporosas cicatrices.
¿Eva, Magdalena
                       o quizá María?

Cualquier nombre cae en vano sobre el mar.
Venus simia, Eva sin techo,
soltera, tambaleándose ya sin jardín para llorar
guitarras arrastradas por el viento en las solitarias cubiertas de las naves.
¡Al final para obtener una tumba por respuesta!
Y esta larga estela de fosforo
                                      iridiscente
surca todo nuestro viaje, arrastrada como una inocentada.
Su beso nos desmigaja los ojos. Su hechizo
incita a gritar. Deslizándose en estra visión
la muerte se revuelve en su infierno
de saliva y murmullos.

Te he deseado mucho...las ascuas de la Cruz
ascendieron oblicuas en tropel aromático.
Son sangre del recuerdo, fuego
que balbucea hacia atras...es
el mismo Dios tu anonimato. Y la ablución.

Toda la noche te peinó el agua con su negra
insolencia. Y te escabulliste a fuego lento, consumada.
El agua baldeó esa punzante espiral, tu
citado cabellos, tan dócil después de tantas manos.

La Cruz, mi fantasma que se pliega bajo el alba.
La luz anega los líticos trillones de tu desove.

ATLANTIDA

                               La musica, es pues, el conocimiento en armonía
                                            y sistema d lo que se relaciona con el amor
                                                                                     PLATON

En la cima del cableado se arquea hacia arriba un sendero
que desvía la luz, vuelo de cuerdas
en tensas millas de vaivén bajo la luz lunar que sincopa
el susurro de la prisa, la telepatía de los cables.
Acero y granito, índice que apunta hacia la noche,
sus mallas transparentes oscilan en brillantes duelas,
tiemblan voces sibilinas y ondula el vapor
como si un dios saliera de entre las cuerdas...

A través de ese cordaje, ensartando en su llamada
el arco sinóptico de todas las mareas,
sus laberínticas bocas repletas de historia
vierten la respuesta como si los barcos
se unieran en un sólo hálito vibrante, aliento que se hace grito,
“Afianza tu amor para trenzar la canción que nosotros pronunciamos”,
Desde los sombríos diques claman sonidos inmóviles
a los que responden los océanos desde su sueño.

Por encima, oblicuas a las barras refulgentes,
nuevas octavas cruzan los dos monolitos
en cuyas escarchadas esclavinas la luna lega
dos mundos de sueño (¡Oh, enarcadas cuerdas de canto!)
Más allá, por encima del pasadizo de cristal,
ascienden y anillan blancas redes de tempestad,
mástiles, que murmuran en terrazas de plata.
En lo mas alto el timón de paladio de los astros.

La mirada, de golpe dos gaviotas que pescan rimadamente,
hendida y propulsada por brillantes aletas de luz,
picotea por arriba los telares que presionan
lateralmente, con vuelo de hélice, el aspa de los tendones
y engarza -el mañana adentrándose en el ayer-
lo que ningún viajero leyó en el guión cifrado del tiempo
pero que, a través de las piras del amor y de la muerte,
alcanza con su risa intemporal de míticas lanzas.

Como el aullido de los adioses en las cumbres brillantes del planeta,
trillones de martillos susurrantes vislumbran a Tiro:
serenamente, sobre el gemido de un yunque
de eones, el silencio remacha Troya.
Y tú, allá arriba, Jason, grito imperativo,
aún le pones arreos al retozo del aire.
La argentada estela, sobrepasando su llamada,
brilla gritando a Eolo hasta quebrarse en los Estrechos.

Surge desde los golfos, temible con sus tambores,
La Alta Visión del Viaje, tensamente aferrada.
Puente, alzando la noche hacia la cresta ciclorámica
del fondo del día, transformas con tu coro el tiempo
en el multiple Verbo que los soles
y la sinergia de las aguas fusiona y moldea
en miríadas de sílabas. ¡Oh, Salmo de Catay!
Oh, Amor, tu blanco y penetrante Paradigma...!

Dejamos el puerto suspendido en la noche.
El brillo de sus linternas abandona la quilla.
Aquí el Pacífico, en el confín del tiempo, con su carga de maiz.
Los ojos balbucean entre la angustia del polvo y del acero.
Y aún el circular e indubitable friso
de la meditación del cielo, coyunda ola
con ola que se pliega, anuda devotamente una canción,
estrofa vernal que vibra en las cuerdas eternas.

Oh, Tú, Sabiduria de acero, cuyo salto consigna
los agiles presintos del regreso de las alondras,
en cuyo vuelo atrapan el canto
a pares en simples crisálidas.
De las estrellas Tú eres el brillo de un pespunte, de un garañón,
y como  un órgano, Tú, con sonidos de muerte,
vista, sonido y carne, nos guías desde el reino del tiempo
cuando el amor señala al timón la limpia ruta.

¡Rauda doblez de luz secular!, ¡Mito intrinsico
cuya costura sin tacha es la profunda herida de la muerte!
¡Oh, Tu garganta de río! Surges iridiscente
del brillante diluvio de la red de nuestras venas
y oscilas en la luz con blancas escarpas.
Apoyadas en lagrimas las ciudades se entregan
con su clamor vindicado por maduras campiñas
cuyas siegas giran en una dulce tormenta.

Oh, Tú, promesa radiante de deidad inmortal,
cuyo cántico asigna una química nueva
al inicio del éxtasis y la beatitud
de tus cables cegadores, para nuestro gozo,
de tu blanca captura se alza la profecía:
Siempre, a través de tu cordaje, asciende una secuela
de pirámides de plata, el joven nombre de la Deidad
cinética de blancas y sonoras alas.

La memoria precisa migraciones para poder vaciarse,
inventos que empareden el corazón.
Tú, puente inefable, a ti, oh Amor,
pido perdón por este canto, a la más pura Flor
portadora de todas las respuestas, Anémona,
ahora, mientras tus pétalos desgranan soles sobre nosotros, sostén
(Oh, Tú, cuyo esplendor me ha de heredar)
Atlantida, sostén a tu flotante cantor muerto.

Así, para tu Eterna Presencia más allá del tiempo,
como las rojas lanzas de una resonante estrella
que sangra eternidad, tus orfidicas cuerdas,
falanges siderales, irrumpen y convergen
en una canción, Puente de Fuego, ¿es esto Catay,
ahora que la piedad orada la hierba y el arco iris rodea
a la serpiente con el aguila entre las hojas...?
En el azul se mece un susurro de antífonas.





eternidad
Cuando todo acabó, aunque el viento aún ululaba,
La vieja ama de llaves y yo buscamos ropa seca.
Y abandonamos la casa, o lo que de ella quedaba;
Parte del techo llegó a Yucatán, creo […] Pero el pueblo, ¡el pueblo!
Alambres en las calles, chinos para arriba y para abajo,
Brazos entablillados, paredes erizadas de astillas de azulejos,
Y médicos cubanos, soldados, camiones, gallinas sueltas […]
Negros en camillas, vendados, esperando el primer barco
A La Habana. Gemían. Pero ¿habrá barco? Donde antes
Había muelle, la carcasa y la cubierta destrozada a
Veinte metros entre sí; la chimenea, alta y seca, por el parque,
Donde un pavo real rastreaba entre unas latas el espanto.
Ni chispa del mundo exterior, salvo el rumor que La Habana
—ni hablar de Batabanó— estaba medio inundada, chamuscada
De incendios que ardían hacía horas, sin comunicación.
Allá en la vieja casa barríamos y sudábamos; mirando al ogro sol
Que ampollaba la montaña, desnuda de palmeras y follaje […]
Todo destruido —o con gracia inexplicable enmarañado —,
Largas raíces tropicales por los aires, como encaje. Y
Bufaba la mula de un vecino, junto a la bomba de agua,
Claudicando. ¡Dios mío! Tal si su espinazo fuese
¡La predestinada muerte! Había que cerrar la nariz por los caminos,
Rogando que llegaran ya los buitres y tiñosas […]
Aún recuerdo aquella extraña cortesía de los caballos
—Uno nuestro y otro ajeno, que salieron con el alba entre bambúes
Tras el manto de la luz, cuando ya la tormenta se moría.
Sara los vio también —y sollozó. Sí, ya —ya casi acabó.
Porque ellos saben; presienten el tiempo en el hocico.
Allí está Don— ¡pero el blanco no lo ubico! Y cierto, se plantó
Como un fantasma de alta crin toda esa larga noche memorada
Entre el chillido de la lluvia —¡hasta la Eternidad!

Y las abejas del Paraíso
Llegué, atravesando todo el mar,
pero encontré la ola de nuevo entre tus brazos,
y acantilados, fortalezas- todo
disuelto bajo un cielo de advertencias-

Jardines submarinos levantados
en dirección del arcoiris a través de los ojos
encontré

Sí, altos, inseparables nuestros días
pasaron hacia el sol. Anduvimos los cielos ardidos
inexorables y arrullados
con tu alabanza,

llenos de la paloma, y las abejas
del Paraíso.



CRUZEIRO DO SUL
Desejei-te, ó inefável Mulher Astral,
Não espiritual, mas inteiramente,
quando ainda mais solitário
O Cruzeiro do Sul toma a noite
E a despoja dos corpetes, um a um,
Soberba, serena,
longe do fogo lento
Dos paraísos inferiores,
vaporosas cicatrizes!
Eva! Madalena!
ou serás tu, Maria?
Qualquer que seja o apelo, tomba em vão entre as ondas.
Ó simiesca Vénus, ó Eva sem pátria
Nem esposo, errando sem um jardim para carpir
Guitarras ao vento, em solitários tombadilhos, perpetuamente;
Para finalmente responder a todos com um túmulo!
E este longo rasto de fósforo,
iridiscente,
Sulco de toda a nossa travessia - percorrido escárnio!
Os olhos estilhaçam-se, perante o seu beijo. O seu sortilégio
Faz-nos penar. Perseguido por essa visão do passado,
A alma é cuspida para os infernos.
Desejei-te tanto... As brasas do Cruzeiro
Erguiam-se no horizonte, mescladas de aromas.
É a recordação do sangue; é a memória da chama que tremeluz,
É o Deus sem nome, tudo se varre do pensamento.

Toda a noite a água te penteou, com insolência
De escuridão. Saíste, rastejante, fervente, cumprida.
As águas punidas pelo ferrão da tua cauda, o teu
cabelo bem destrado, mimado por tantos amantes.
Sim, Eva - alma da minha semente mal-amada!
Com o chegar da aurora, o Cruzeiro, qual fantasma,
Desapareceu para a outra face do mundo.
A luz afogando os líticos triliões das tua descendência.

O TÚNEL
Peças teatrais, representações sortidas, programas de espectáculos,
De Times Square às luzes de Columbus Circle
É um nunca acabar de congressos, saraus,
Reflexos de mil teatros e mil rostos -
Cozinhas misteriosas... A todas hás-de inspeccionar.
Qualquer dia, saberás de cor as peças de maior sucesso,
E verás o pano subir no desdém do inferno;
Ao terceiro acto, descobrirás que o paraíso está deserto,
Desentorpeces os joelhos - e já te imaginas na caminha,
A ler os casos de polícia num tablóide qualquer.
Então, toca a pegar no chapéu
e ala.
Como de costume, enquanto
desces, comentas
para uma dúzia de pessoas
a tua devoção
ao efémero.
Não consegues decidir, ao certo, o percurso a tomar;
Agradava-te uma passeata nocturna e revigorante sob o L,
Uma dezena de quarteirões? Acabas por te decidir pelo metro,
Qual pinguim, pronto a abrir passagem a cotovelo,
Através do sonolento alçapão do costume:
O comboio boceja a promessa de um rápido regresso a casa.
Encolhe-te, então, nadando por entre os fervilhantes enxames,
À saída do Square, o Circle brilha, luminiscente -
Cuidado com as portas envidraçadas que giram à tua direita,
Onde, encaixotados um instante apenas, os olhos se fecham
- E completamente desprevenidos regressam à luminosidade,

E lá em baixo, ao chegar à borboleta, mete
A moeda na ranhura. Os gongos já ribombam.
E assim
falas dos subterrâneos
das metrópoles, traçados sob as alamedas
e rios... Na carruagem,
a nuance do movimento,
a monotonia
da deslocação é o som
de outros rostos, igualmente infraterrestres.
«Empresta-me o teu lápis, Jimmy - agora estás a viver
em Floral Park
Flatbush - no quatro de Julho -
como o desnorteado sonho de um pombo - lavrar o campo
para as batatas - atravessar a cidade - também -
noite após noite - a linha de Culver - as
rapariguinhas todas bonitinhas - como era dantes»
As nossas línguas abjuram, vencidos cata-ventos,
A resposta invade-nos como bolor, como os cabelos
Que crescem nos cadáveres, o fim dos ossos;
E a repetição é empedernida - «Que
queres tu? estás a fraquejar?
não me peças dinheiro, pelintra - É ESTA A
A DÉCIMA QUARTA? são seis e meia ela disse - se
não gostas de mim, porque raio
te meteste comigo, porque tinhas
de te meter comigo,
ah?»
E mesmo assim, de qualquer forma, atreveste-te -
No pensamento, os fonógrafos do hades
São túneis que se enredam a si próprios, e o amor é
Um fósforo queimado, patinando num urinolAlgures, para lá da Décima Quarta TOMA O EXPRESSO
Para afastar algum novo pressentimento de dor -
«Mas eu quero ser atendido neste posto ATENDIDO
Disse eu - depois da
cena ela chorou ainda um pouco, porém -»

De quem é a cabeça balançando da tumefacta correia ?
De quem é o corpo que fumega ao longo dos carris carcomidos,
Lá ao longe, relampeja uma trouxa em combustão
Nas bifurcações das cisuras cerebrais, -
Arquejos de uma cepa fendida no passado longínquo
Nas fissuras intersticiais da mente...?
E por que tantas vezes aqui me deparo com o teu semblante,
Teus olhos, chamas de ágata - ininterruptamente
Debaixo dos anúncios a dentífricos e a produtos anti-caspa ?
- E viajaram os seus olhos através do teu flanco,
Seus olhos, como travessas sujas?
E a Morte, lá no alto, imensa,
Sondando através de ti, rumo a mim, Ó eternidade!
E quando, Poe, arrastaram a tua infecta carne,
As mãos inseguras, através de Baltimore -
Naquela última noite do escrutínio, recusaste
Tremendo, negaste tu o voto no teu partido?
Para Gravesend Manor é favor mudar em Chambers Street.
A plataforma aproxima-se, o metro pára repentinamente.
Da enérgica escada rolante eleva-se uma tranquila
Serenata
De sapatos, guarda-chuvas, os olhos cabisbaixos,
Todos preparados para se escapulirem algures lá em cima,
As ruas irrompem em chuva... E, de novo, os gongos:
Cotovelos e alavancas, guarda e sibilante porta.
O trovão é galvotérmico aqui em baixo... O vagão
Rola. O comboio curva, dobrando-se a um grito,
Tomando a última plataforma antes do mergulho
Sob o rio -
E agora já mais vazio
Enfurecido, curva-se para o sacão de um instante; então
Lança-se... Por todos os cantos
Os jornais voam, rodopiam e voam.
As janelas sem rostos gargarejam sinais através do rugido.
E será que também o Demónio te leva a casa,
Ó Faxineira italiana?
Depois de varreres os corredores, de despejares as escarradeiras -
Agora que estão limpos, e vazios os desolados hangares celestes,
Ó genovesa, trarás às crianças arianas
As carícias e os cuidados maternais ?

Demónio, bocejo relutante e fértil de incidentes!
Aquele cujo horrendo riso é um rugido hilariante
- Ou o surdo massacre no parto do dia -
Oh, inocular com crueldade a eminente alvorada,
As antenas dirigidas para mundos que brilham e se afundam; -
Levar-nos à boca mais líquido que a diáfana
Locução de uma estrela incomparavelmente antiga, e arrumar
A consciência no umbigo do mergulhante vento,
Cordão umbilical que clama - e logo em seguida morre!
Oh, o beijo da nossa agonia tu colheste
Como quem apanha moedas sob fuligem e vapor;
Oprimido, tudo tomaste, estridente gânglio,
Comovido por alguma canção que não conseguimos guardar.
E porém, qual Lázaro, sentir o declive,
A marga e a vasta vaga a quebrar-se, elevando o solo,
Um som de águas curvando e montando o céu,
Insistindo na Palavra que jamais morrerá...!
. . . . .
Um rebocador, resfolegando espirais de vapor,
Arremeteu, e com um galvânico clangor rompeu
Rio acima. Contei os ecos reunidos, um após um,
Procurando, manuseando a meia-noite nos pilares.
Pela costa, as luzes deixaram o oleoso tímpano das águas;
Algures, a escuridão cruzava o vidro contra os céus.
Caminhei sob o teu porto, Ó Cidade minha,
Sacudido pelo desenroscar das torres de relógio... Amanhã,
E no devir... Aqui à beira Rio, a Este,
Aqui, no fim das águas, os ponteiros escoam a memória
E sem deixar rasto, no abismo, jazem inexplicáveis.
A que distância fendeu o astro o oceano?
Deverão os ponteiros e as mãos retirar-se para a morte ?
Foi o beijo da nossa agonia que Tu colheste,
Ó Mão de Fogo,
que Tu colheste -

ATLÂNTIDA
Através da tessitura de cabos e amarras, ascende a curva da ponte,
Mutável à luz, as suas cordas dedilhadas,
Milhas retesadas de luar corrediço sincopam
O tráfico sussurrado, telepatia de cabos.
Lá no índice da noite, granito e aço,
Malhas transparentes, imaculadas, as cintilantes pautas -
Vozes sibilinas bruxuleiam, correm, vacilantes,
Como se fora um deus, o herdeiro desta harpa.
E através do cordame, tecendo com o seu apelo
Um arco sinóptico de todas as marés -
As labirínticas vozes da história
Devolvem o eco, como se as embarcações do oceano
Empenhadas num sopro uno e vibrante, bradassem:
«Que o teu amor seja devoto àquele a quem ofertamos a canção!»
Dos diques escuros, saúdam-nos os sons serenos,
E os sete mares respondem dos seus sonhos.
E no fim, obliquamente acima dos molhes de carregamento,
Novas oitavas assentam sobre os monólitos gémeos, os pilares,
E para lá dos seus cabos gelados, a lua testemunha
Dois mundos adormecidos (Ó curvas amarras do cântico!).
Mais alto ainda, sobre a nave inundada de cristal,
As redes da tempestade de neve reúnem-se e ressoam
Nas plataformas prateadas, os mastros zunindo,
Pináculo da visão, paládio, leme das estrelas.
Os olhos são diáfanos, quais gaivotas doridas pela geada,
Fendidas e impulsionadas pelas brilhantes, luminescentes asas.
Lá em cima, apropriam-se da silhueta das torres, no voo cortante,
Roçam o flanco contra a lâmina do tendão
- O amanhã inscreve-se no passado - e ligam
O enigma temporal que nenhum viajante jamais decifrou,
À excepção daquele que, através das piras de amor e morte,
Demanda o eterno riso das lanças míticas.
Como saudações ou despedidas, lá nas alturas dos planetas,
Inúmeros martelos suspiram e luzem fracamente sobre o Tiro:
Sereno, mais agudo que o longo pranto de ínfimas eras,
Da bigorna, o silêncio fixa Tróia.
E tu, lá no alto, - Jasão! implacável Grito!
Apertas ainda o freio ao ar enxameado!
Prateada, a Via Láctea, incomparável apelo,
Irradia Éolo estilhaçado nos estreitos!
Desabrochando das águas, entre o troar assustador,
A Altíssima Visão-da-Viagem, ansiosamente nua -
A Ponte, elevando a noite até ao ciclorâmico pico
Do mais profundo dia - Ó Coro, traduzindo o tempo
Para a Palavra profícua que os sóis
E a sinergia das águas eternamente fundem
E refundem em miríades de sílabas, - Salmo de Cataio!
É o Amor, o teu puro e penetrante Paradigma!
Abandonámos a enseada suspensa na noite,
O reflexo das lanternas portuárias afastando-se da quilha.
Pacífico aqui, até ao término dos tempos, transportando o trigo,
Os olhos hesitam, através das pontadas de poeira e aço.
E porém, o circular, indubitável friso
Da meditação do paraíso, submetendo a vaga
À onda ajoelhada, constrói dedicadamente a canção
E a estrofe primaveril desprende-se das cordas imperecíveis!
Ó Tu, Sabedoria de Aço, cujo voo é íntimo
Dos ágeis circuitos do regressar da cotovia;
Dentro de cujo laço cantam
Inúmeros pares, enlaçados na mesma crisálida.
Tu és a unidade e o garanhão luminoso dos astros
E semelhante a um órgão de som apocalíptico,
Governas a visão, o hino, a carne a partir do teu reino temporal
- Enquanto o Amor traça a rota perfeita para o leme
Ledo repique da luz secular, Mito intrínseco
Cuja feroz ausência de sombra é a ferida terminal da morte,
Ó garganta de Rio, iridescentemente elevada
Através da poção brilhante e pela textura das nossas veias;
Com brancas escarpas oscilando para a luz,
Sustidas pela angústia, as cidades são dotadas
E justificadas, conclamadas de campos amadurecidos,
E revolvem-se através das colheitas, em doce tormento.
És a eterna e esplenderosa Promessa das Deidades, Ó Tu
Cujo cântico a nova alquimia se compromete
A envolver em génese e santidade.
Para nosso regozijo, do teu punho alvo,
Sempre através dos cabos cegos, desabrocha a profecia:
Sempre através do cordame espiralado, sequela das pirâmides,
O bater cinético das asas de coros purificados,
A Nova Palavra de Deus... ascende.
As migrações requerem o vazio da memória,
Ficções que talham o coração, -
Indizível tu, Ponte, para ti, Ó Amor.
Absolve esta história, Flor imaculada entre as flores,
Ó Sapintíssima, Anémona,
Enquanto as tuas pétalas consomem os astros que nos cercam,
Tu, Atlântida, cujo esplendor é meu herdeiro,
Sustém este flutuante bardo através do tempo.
Assim, para a tua Omnipresença, intemporal,
Como as azagaias ensanguentadas de uma estrela
[tocando a finados
E a sangrar eternidade - as órficas cordas,
Em falanges siderais, faíscam e convergem
- Um hino, uma Ponte inflamada! Terá chegado a hora de Cataio,
Agora que a compaixão se impregna de erva e os arcos da aliança
Cercam a serpente junta com a águia nos ramos...?
Os sussurros antifonários oscilam no azul celeste.


ESQUECIMENTO"  

O esquecimento é uma canção

Errante e solta sem compasso.

O esquecimento é um pássaro de asas avindas

Abertas e paradas —

Um pássaro encostado ao vento sem fadiga.

O esquecimento é a chuva à noite,

Ou uma casa velha na floresta — ou uma criança.

O esquecimento é branco — branco de árvore abatida.

E pode pôr a Sibila a profetizar pasmada,

Ou enterrar os deuses.

Lembro muito esquecimento.

INTERIOR

Espalha uma festa tímida

A lâmpada em nosso quarto.

Calma dourada e cinza, —

Silêncio e suave enfarto!

Longe do mundo, a hora roubada

Pedimos, quem saberia

Que o amor é uma flor atrasada

A abrir no que resta ao dia.

E se o mundo entrasse em cena

Com ciúmes e malícia,

Partiria com uma vénia

Levando pena e um sorriso

REPOUSO DE RIOS

Os salgueiros tinham um som lento,

Uma sarabanda que o vento cortara no campo.

Jamais me lembraria

Aquele fremente, constante alisar dos pântanos

Até a idade me trazer ao mar.

Folhas, ervas. E lembranças de alcovas a pique

Com ciprestes partilhando a tirania do sol

No alto; levaram-me até ao Hades, quase.

E tartarugas mamute escalando sonhos de enxofre

Rendiam-se, enquanto a lama do sol as separava

Em ondas…

Tanta coisa para trocar! a garganta escura

E todos aqueles ninhos estranhos nos morros

Onde os castores aprendiam ponto e dente.

O lago onde uma vez entrei para logo fugir —

Relembro agora a sua margem cantante de salgueiros.

E por fim nessa memória que todas as coisas amimam;

Depois de passar a cidade enfim

Com óleos escaldantes vertidos e dardos fumegantes

Que a monção lançava através do delta

Às portas do golfo…além, para lá dos diques

Ouvi a safira que esboroa ventos, como o verão de agora

E os salgueiros não podiam ter som mais constante.

                                                   (Traduções de Sephi Alter)


A TORRE QUEBRADA (FRAGMENTO)
O sino de corda que se junta a Deus ao amanhecer
Despacha-me como se eu derruba-se o seu dobrar
De um dia gasto — vagabundeado no gramado da catedral
Da cova ao crucifixo, os pés esfriam-se em passos de inferno.

Tenha não escutado ou visto aquele corpo de exército
Das sombras na torre que assumiam o seu balanço
Carrilhões antifônicos onde antes foram lançados
Estrelas são prisioneiras enxameadas dos raios do sol?

Os sinos, eu falo, dos sinos com suas torres;
Que pendem eu não sei onde. As suas línguas gravam
Membrana por tutano, minha marcação, difundiu-se longe
De ausentes intervalos.... E eu, o seu escravo sacristão!

Ovais encíclicas, canhões amontoados
O impasse alto com coro. Aterradas vozes assassinadas!
Pagodes, parceiros com os escoadouros toques de alvorada
A terra planou seus ecos que se prostraram na planície!...

E assim foi quando eu entrei no mundo estragado
Procurando companhia visionária do amor, sua voz,
Um momento no vento (eu não sei aonde foi lançada)
Mas não para longo apegar-me cada escolha desesperada.



Para Uma Ponte Do Brooklyn
Quando o amanhecer desaparece, resta um calafrio
A asa da gaivota irá emergir e girar-se-á inspirada,
Derramando anéis brancos de tumulto, construindo alta,
Em cima da baía encadeada, onde molha a Liberdade.

Como o marfim encurvado que abandona nossos olhos
Como aparentes velas de um veleiro que se cruzam
Alguns comentam que são imagens para serem guardadas;
Até que elevador nos dissimule o nosso dia...

Eu penso em cinemas, nos truques panorâmicos,
Com multidões presas para alguma cena reluzente
nunca descoberta, mas para acelerar novamente,
Profetizando a outros olhos na mesma cena;

E vós, pelo porto, de passos prateados
Feito um o sol que surge, abandonado de vosso passo
Daquela sensação sempre por espreguiçar-se,
Implica novamente vossa liberdade!

Fora de alguma escotilha de metrô, cela ou sótão
Um encosto laminado acelera os vossos parapeitos,
Espreguiça-se um momento, feito uma camisa folgada,
E um gracejo cai da caravana muda.

Em Down Wall, uma viga mestra vaza ao meio-dia a rua,
Um rasgo de dente do acetileno do céu;
Durante à tarde tornando-se guindastes de áreas- nuvens...
Vosso cabo murmura o silêncio do Atlântico Norte.

E se obscurece como aquele céu dos judeus,
A Vossa Recompensa... Vos Aguarda para que realmente doais
De um tempo de anonimato não pode ser glorificado:
Estremeço nesta constatação e perdôo que vós me mostrais.

Tocam harpa e altar, da fúria fundida,
(Como mera labuta alinha cordas do coro que vós encadeais!)
Entrada terrificada do empenhado profeta,
De oração de pária e o grito de amante,

Novamente os semáforos desatam-se da vossa pressa
Fala não dividida; — o suspiro imaculado de estrelas,
Encaminhando vosso caminho-condensado da eternidade:
E eu venho à noite erguido em vossos braços.

Debaixo de vós sombreia pelos cais que eu esperei;
Somente na escuridão vossa sombra é clara.
Os ferozes pacotes da cidade todos desfeitos
Já neve submergindo pelo ano férreo...

O Insone, como o rio sob vós
Saltando o mar, o gramado sonhador das pradarias,
Até nós os mais humildes algum dia varram, e desçam
Da curvatura emprestada do mito a Deus.

Al puente de Brooklyn

Cuántos amaneceres el agitado río que en ondas descansa,
las alas de las gaviotas se hundirán atravesándolo,
esparciendo blancos círculos de rumor, erigiendo
sobre la encadenada bahía las aguas de la libertad.

Después su inclinación invisible olvida nuestros ojos,
como una visión de veleros que caminan sobre
alguna página del cuaderno de bitácora,
hasta que los ascensores nos depositen en nuestro día...

Pienso en las salas de cine, artificios panorámicos,
gente embelesada ante una escena que seduce
ocultando el sentido, a la que regresas siempre
intuida por otros ojos en la misma pantalla.

Y atraviesas el puerto a paso de plata,
como si el sol caminara sobre ti, y aún así dejara
algo de movimiento sin prodigarse en el tránsito:
implícita vive en ti tu libertad.

Desde alguna escotilla subterránea, buhardilla o celda,
un demente se apresura hacia tus parapetos
aturdido por momentos, el aire infla su camisa,
la burla se percibe en la enmudecida caravana.

Wall Street abajo desde las vigas a la calle gotea el mediodía,
un diente arrancado del cielo de acetileno.
Por la tarde las grúas arrastran las nubes...
tus cables respiran la quietud del Atlántico norte.

Oscuro como aquel cielo de los judíos
tu galardón. Se te rinden honores
de anonimato, que el tiempo no puede enmendar:
vibrante indulgencia y perdón muestras.

Oh arpa y altar fundidos en furia.
Cómo pudo el esfuerzo alinear el canto de tu cordaje,
terrorífico umbral de la visión del profeta,
de la oración del paria y el gemido del amante.

De nuevo las luces del tráfico rozan tu ágil,
indestructible idioma, inmaculado suspiro de estrellas
bordando tu destino, condensada eternidad:
vemos a la noche arrullarse en tus brazos.

Bajo tu sombra esperé en los muelles,
sólo en la oscuridad se aclara tu sombra.
Las ardientes parcelas de la ciudad tiemblan,
cuando la nieve sumerge un año metálico...

Oh, insomne como el río a tus pies
hinchando el mar, el sueño de las llanuras
hacia nosotros mísero fluye, desciende,
y desde sus ondas ofrenda un mito de Dios.



EN LA TUMBA DE MELVILLE

A menudo bajo la ola, a lo largo de este arrecife
Él vio los dados, huesos de hombres ahogados,
Legar una embajada. Sus cifras, al verlas palpitaban,
oscureciéndose luego sobre la playa polvorienta.

Y los naufragios pasaban sin sonidos de campana,
El caliz de la muerte devolviendo generoso
Un capítulo disperso, pálido jeroglífico,
Presagio enroscado en los corredores de las conchas.

Entonces, en el calmo circuito de una vasta espiral,
Sus ataduras hechizadas y la maldad reconciliada,
Los ojos escarchados erigían altares;
Y respuestas silenciosas entre estrellas se arrastraban.

Compás, cuadrante y sextante no inventan
Mareas más distantes… Arriba, en el azur escarpado,
La monodia no despertará al marinero.
Sombra fabulosa que sólo el mar conserva.

>> traducción: mauricio cruz