Libro del Janazat

IQuien tuvo por últimas pala- bras: ‘lâ ilâha illâ allah’

633. Abû Dharr dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Me llegó alguien de mi Señor y me informó –o: Me albrició– que quien muera de mi nación sin haber asociado nada a Dios entrará al Paraíso». Dije: ‘¿Aunque haya fornicado y roba- do?’ Dijo: «Aunque haya fornicado y robado»’.

634. ‘Abdullah dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Quien muere asociando algo a Dios entrará al Infierno». Y yo dije: ‘Quien muera sin asociar nada a Dios entrará al Paraíso».

II La orden de seguir los funerales

635. Al-Barâ’ bin ‘Âzib dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) nos ordenó hacer siete cosas y nos prohibió siete cosas. Nos ordenó:

1. Seguir las procesiones fúnebres, 2. visitar a los enfermos, 3. aceptar las invitaciones, 4. ayudar a los oprimidos,

5. cumplir nuestros juramentos, 6. responder a los saludos y 7. decir: ‘Yarhamuk Allah’ (Dios te bendiga) a

quien estornuda.

Y nos prohibió: Los cubiertos de plata, los ani- llos de oro, las ropas con seda, Al-diybáÿ (seda pura), el qusay y el istabraq (dos tejidos con seda)’.

III Ver al muerto que ya fue en- vuelto en su mortaja

636. Jâriÿ bin Zayd bin Zâbit relató: Me dijo Umm Al-‘Alá’, una mujer ansârí que juró fidelidad al Profeta (B y P): ‘Los emigrantes (al muhâÿirûn) fueron distribuidos (entre los ansâríes) por sor- teo. A nosotros nos tocó recibir a ‘Uzmân bin Madh‘ûn y lo hospedamos en nuestra casa. Luego enfermó con la dolencia de la cual murió. Cuan- do murió, fue lavado y amortajado en sus vesti- mentas. El Mensajero de Dios (B y P) entró y yo dije: ‘Que Dios tenga misericordia de ti, Abû As Sâib. Doy testimonio de ti, Dios te ha honrado.’ El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «¿Y qué te hace saber que Dios lo honró?» Dije: ‘¡Sacrifico a mi padre por ti! ¡Mensajero de Dios! ¿A quién hon- raría Dios entonces?’ Dijo: «Respecto a él, pues le ha llegado la certeza de la muerte. ¡Por Dios! Yo también le deseo lo mejor. Pero yo no sé ¡Por Dios! Siendo el Mensajero de Dios, lo que Dios hará conmigo»’. Ella agregó: ‘¡Por Dios! Nunca atestiguaré de la piedad de nadie después de esto’.

637. Ÿâbir bin ‘Abdullah dijo: ‘Cuando mi pa- dre fue muerto, yo descubría su rostro amortaja- do y lloraba. La gente me lo prohibía y el Profeta (B y P) no me lo prohibía. Entonces mi tía pater- na Fâtima se puso a llorar; el Profeta (B y P) le dijo: «Llores o no llores, los ángeles lo cobijaban con sus alas hasta que lo levantasteis»’.

IV El hombre que informa de la muerte de alguien a sus familia- res en persona

638. Abû Huraira relató que el Mensajero de Dios (B y P) informó él mismo a la gente de la muerte de Al-Naÿâshi en el mismo día que ocu- rrió. Salió hacia el Mûsâlla, alineó a la gente y pro- nunció cuatro takbîres (rezó la oración fúnebre).

639. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Zayd tomó el estandarte pero fue muerto (por los bizantinos). Luego lo tomó Ya‘far y tam- bién fue muerto. Luego lo tomó ‘Abdullah bin Rawâha y también fue muerto, –sus ojos estaban llenos de lágrimas mientras decía estas palabras– , luego lo tomó Jâlid bin Al-Walîd sin que se le haya dado el mando y Dios le dio la victoria»’.

VLa virtud de quien pierde un hijo y toma su deceso con pa- ciencia

640. Anas también dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «El musulmán que pierde a tres hijos antes de que lleguen a la adolescencia será introducido por Dios en el Paraíso por Su misericordia hacia ellos»’.

VI Lo que se recomienda lavar un número impar de veces

641. Umm ‘Atiyya Al-Ansâriyya dijo: ‘El Men- sajeros de Dios (B y P) entró a vernos, cuando murió su hija, y nos dijo: «Lavadla tres, cinco o más veces si lo veis necesario; con agua y hojas de loto y en la última lavada poned alcanfor, o un poco de alcanfor. Cuando terminéis llamadme». Cuando terminamos lo llamamos; nos dio su izâr y dijo: «Amortajadla en él»’.

VII (El lavado) se empieza por el lado derecho del muerto

642. En otra versión Umm ‘Atiyya relata que el Profeta (B y P) dijo: «Empezad por su lado de- recho y los lugares de la ablución» y agrega: ‘Y la peinamos con tres trenzas’.

VIII Telas blancas para la mortaja

643. ‘Âisha relató que el Mensajero de Dios (B y P) fue amortajado en tres telas yemenitas de algodón, ninguna era camisa o turbante.

IX Amortajando en dos piezas de tela

644. Ibn ‘Abbâs dijo: ‘Un hombre se cayó de su montura y el animal le rompió el cuello –o: Se

rompió el cuello– mientras estaba en ‘Arafa con el Mensajero de Dios (B y P). (El hombre murió) Y el Profeta (B y P) dijo: «Lavadlo con agua y loto. Amortajadlo en dos telas y no lo perfuméis ni le cubráis la cabeza, pues él resucitará el Día de la Resurrección pronunciando la talbiya»’.

XLa mortaja del muerto

645. Ibn ‘Umar relató: ‘Cuando murió ‘Ab- dullah bin Ubayy, líder de los hipócritas, su hijo fue ante el Profeta (B y P) y le dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Dame tu camisa para amortajarlo, reza por él y pide el perdón de Dios para él’. El Pro- feta (B y P) le dio su camisa y le dijo: «Llámame para que rece por él». Y lo llamó; pero cuando se disponía a rezar por él, ‘Umar lo atrajo hacia él y le dijo: ‘¿Acaso no te ha prohibido Dios que reces por los hipócritas?’ Le dijo: «Se me dio la opción de elegir, pues Dios dice: Da lo mismo que pidas o no que les perdone. Aunque lo pidieras setenta veces Dios no les perdonaría... (9:80)». Así que rezó por él y luego descendió: No ores nunca por ninguno de ellos cuando muera... (9:84)’.

646. Ÿâbir dijo: ‘El Profeta (B y P) fue ante la tumba de ‘Abdullah bin Ubayy después de que lo enterraron e hizo extraer el cuerpo; le escupió de su saliva y lo vistió con su camisa’.

XI Si no hay con qué amortajarlo, excepto algo que descubre su cabeza o sus pies, se le debe cu- brir la cabeza

647. Jabbâb dijo: ‘Emigramos con el Profeta (B y P) procurando la complacencia de Dios. Por ello, Dios tomó cuenta de nuestra recompensa, pero algunos de nosotros murieron sin recibir su recompensa en esta vida, entre ellos está Mus‘ab bin ‘Umayr; y otros recibimos nuestra recompen- sa y la disfrutamos en esta vida. Mus‘ab fue muer- to en la batalla de Uhud y no encontramos con qué amortajarlo excepto su burda (manto). Si le cubríamos la cabeza sus pies quedaban al descu- bierto y viceversa. El Profeta (B y P) ordenó que se cubra su cabeza y que cubramos sus pies con un poco de pasto’.

XII Quien preparó su mortaja en vida durante la época del Profeta (B y P) y nadie se lo reprochó

648. Sahl dijo: ‘Una mujer trajo una burda de lana con bordes ante el Profeta (B y P). ¿Sabéis lo que es una burda?’ Le dijeron: ‘Sí, es un manto’. Sahl dijo: ‘Así es: La mujer dijo: ‘La he bordado con mis manos y vine para que la vistas! El Pro- feta (B y P) la aceptó, en esa época estaba en ne- cesidad, y salió a nosotros usándola alrededor de su cintura. Un hombre la elogió y dijo: ‘¿Me la da- rías? ¡Que bonita es!’ La gente le dijo: ‘No haz he- cho bien, pues el Profeta (B y P) la vestía por ne- cesidad y tú se la pediste sabiendo que él no niega nada!’ El hombre dijo: ‘¡Por Dios! Yo se la pedía para vestirla. Se la pedía para que sea mi mortaja’. Y fue su mortaja!’

XIII Las mujeres siguiendo los funerales

649. Umm ‘Atiyya dijo: ‘Se nos prohibió seguir los cortejos fúnebres pero no muy estrictamente’.

XIV Una mujer llorando a otro que no es su marido

650. Umm Habîba, esposa del Profeta (B y P), dijo: ‘Oí al Profeta (B y P) decir: «No es permitido para una mujer que cree en Dios y en Último Día llorar (en luto) por más de tres días a cualquier persona excepto a su marido, por el que deberá guardar luto por cuatro meses y diez días».

XV Visitando las tumbas

651. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) pasó cerca de una mujer que lloraba junto a una tumba y le dijo: «Teme a Dios, ten paciencia». Ella dijo: ‘Aléjate de mí, pues tú no has sufrido una desgracia como la mía; pues no lo había reconoci- do. Luego se le dijo: ‘Ése es el Profeta’. Ella fue a la puerta del Profeta y no encontró ningún guardia a su puerta; le dijo: ‘No te reconocí’. El dijo: «En

verdad, la paciencia está ante el primer golpe de la calamidad».

XVI Las palabras del Profeta (B y P): «El muerto será castigado por el llanto de algunos familiares suyos» si llorar a los muertos era costumbre del fallecido

652. Usâma bin Zayd dijo: ‘La hija del Pro- feta (B y P) le envió un mensajero informándo- le que uno de sus hijos estaba agonizando y que venga. Pero el Profeta (B y P) devolvió al mensa- jero diciéndole que le responda el saludo y le diga: «Todo es de Dios, lo que El toma y lo que El da. Y todo tiene un plazo prescrito ante Dios, así que debía tener paciencia y esperanza en la recom- pensa de Dios». Ella volvió a enviar al mensajero diciéndole que había jurado que él vendría. Así que el Profeta se levantó y con él fueron Sa‘d bin ‘Ubâda, Mu‘ád bin Ÿabal Ubayy bin Ka‘b, bin Zâ- bit y otros. Cuando se le entregó el niño al Profeta (B y P). Su respiración era dificultosa –me pare- ció que dijo: ‘Parecía un odre con agua– y sus ojos estallaron en lágrimas. Sa‘d le dijo: ‘¡Mensajero de Dios! ¿Qué es esto?’ Le dijo: «Es la misericordia que Dios puso en el corazón de sus siervos, y Dios será misericordioso sólo con Sus siervos que sean misericordiosos (con los demás).

653. Anas bin Mâlik dijo: ‘Asistimos al funeral de una de las hijas del Profeta. (B y P). El estaba sentado junto a la tumba. Vi que sus ojos vertían lágrimas. Dijo: «¿Alguno de vosotros no tuvo re- laciones anoche con su esposa?» Abû Talha dijo: ‘Yo’. Le dijo: «Baja, pues». Así que él bajó a su tum- ba.

654. ‘Umar dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «El muerto será castigado por el llanto de algunos familiares suyos». Eso llegó a oídos de ‘Âisha después de la muerte de ‘Umar. Dijo: ‘Que Dios tenga misericordia de ‘Umar. ¡Por Dios! El Mensajero de Dios (B y P) no dijo que el creyente será castigado porque algunos de sus familiares lo lloren estruendosamente. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Dios aumentará el castigo del incré- dulo según lloren por él sus familiares. Os bastará con el Corán».

655. ‘Âisha relató: ‘El Mensajero de Dios (B y P) pasó cerca a (la tumba de) una judía cuyos familiares la lloraban y dijo: «Ellos lloran por ella y ella es castigada en su tumba».

XVII Que tipo de lamentaciones por el muerto son detestables

656. Al-Mugîra dijo: ‘Oí al Profeta (B y P) de- cir: «Mentir sobre mí no es como mentir sobre otra persona. Quien miente intencionalmente so- bre mí que vaya tomando un lugar en el Infierno». Al-Mugîra añadió que oyó al Mensajero de Dios (B y P) decir: «El muerto es castigado por las la- mentaciones que se le hacen».

XVIII No es de los nuestros quien se golpea las mejillas

657. ‘Abdullah relató: El Profeta (B y P) dijo: «No es de los nuestros quien se golpea las meji- llas, se rasga las vestiduras y sigue las costumbres de la Ignorancia».

XIX La tristeza del Profeta (B y P) por Sa‘d bin Jawla

658. Sa‘d bin Abi Waqqâs dijo: ‘El año de la última peregrinación del Profeta (B y P) me puse gravemente enfermo y el Profeta (B y P) me visi- tó para preguntarme por mi salud. Le dije: ‘Estoy gravemente enfermo como ves. Yo soy una per- sona de fortuna y tengo una sola heredera, mi hija. ¿Puedo dar dos tercios de mis bienes en ca- ridad?’ Me dijo: «No». Le dije: ‘¿La mitad enton- ces?’ Me dijo: «No». Luego añadió: «Un tercio; e incluso un tercio es demasiado. Es mejor que de- jes a tus herederos ricos a que los dejes pobres y que anden pidiendo a la gente. Ciertamente, serás recompensado por todo lo que gastes por Dios, hasta por lo que das de comer a tu mujer». Dije: ‘¡Mensajero de Dios! ¿Quedaré solo después de que mis compañeros se hayan ido?’ Dijo: «Si te quedas solo, cualquier buena obra que hagas te elevará y aumentará tu recompensa. Además, tal vez te quedes para beneficiar a algunos y perjudi- car a otros. ¡Oh Dios! Completa la emigración de mis sahabas y no los hagas que se vuelvan renega- dos. ¡Pobre Sa‘d bin Jawla!» El Profeta (B y P) se

lamentaba tristemente por Sa‘d que había muerto en Makka’.

XX Raparse la cabeza por una des- gracia está prohibido

659. Abû Mûsâ relató que se enfermó grave- mente y que perdió el conocimiento mientras apoyaba su cabeza en el regazo de su mujer, ella lloró y él no pudo responderle nada. Después re- cuperó el conocimiento y dijo: ‘Yo me desligo de quien se hubiese desligado el Mensajero de Dios (B y P). El Mensajero de Dios (B y P) es inocente de las mujeres que se lamentan exageradamente y se golpean las mejillas, de las que se rapan y de las que rasgan sus ropas (cuando viene una des- gracia).’

XXI Quien se sienta durante una desgracia y es evidente en él la tristeza

660. ‘Âisha relató: ‘Cuando llegó al Profe- ta (B y P) la noticia de la muerte de Ibn Hâriza, Ya‘far e Ibn Rawâha, se sentó evidenciando su tristeza –yo lo vi por una rendija de la puerta–. Un hombre vino y dijo: ¡Las esposas de Ya‘far! Y mencionó sus lamentos y llanto. El Profeta (B y P) le ordenó que se los prohiba. El hombre fue y vol- vió a informarle que no le habían obedecido. Le dijo: «Prohíbeles». El hombre fue y vino por ter- cera vez, diciendo: ‘¡Por Dios! ¡Nos vencen Men- sajero de Dios!’.’ ‘Âisha agregó: ‘El Profeta (B y P) le dijo: «Échales tierra en sus bocas»’.

XXII Quien no muestra signos de tristeza ante las desgracias

661. Anas bin Mâlik dijo: ‘Uno de los hijos de Abû Talha murió mientras él estaba fuera. Cuan- do su esposa vio que el niño había muerto, lo pre- paró y lo colocó en un lado de la casa. Cuando llegó, Abû Talha dijo: ‘¿Cómo está el niño?’ Su es- posa le dijo: ‘Está quieto ahora y espero que esté tranquilo’. Abû Talha se durmió y, al día siguiente, tomó un baño; cuando quiso salir, su esposa le in- formó que el niño murió. Así que fue a rezar con el Profeta (B y P) y le informó de lo sucedido. El Mensajero de Dios (B y P) le dijo: «Tal vez Dios quiera bendeciros a ambos por esta noche».’

Sufyân dijo: ‘Un hombre ansârí dijo: ‘Tuvieron nueve hijos y todos recitaban el Corán de memo- ria».

XXIII Las palabras del Profeta (B y P): «En verdad, estamos tristes por tu partida»

662. Anas también relató: ‘Entramos con el Mensajero de Dios (B y P) donde Abû Sayf el herrero, esposo de la nodriza de Ibrahîm, hijo del Profeta (B y P); el Profeta (B y P) levantó a Ibrahîm, lo besó y lo olió. Después de un tiempo entramos nuevamente y encontramos que Ibrahîm agonizaba. Los ojos del Mensajero de Dios (B y P) estallaron en lágrimas. ‘Abdu Rahmân bin ‘Awf le dijo: ‘¿Hasta tú lloras, Mensajero de Dios?’ El le dijo: «Ibn ‘Awf, es misericordia. El ojo llora, el co- razón se entristece; pero no decimos sino lo que complace a nuestro Señor. En verdad que estamos tristes por tu partida Ibrahîm»’.

XXIV El llanto junto al enfermo

663. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘Sa‘d bin ‘Ubâ- da enfermó; así que el Profeta (B y P) fue a verlo acompañado de ‘Abdu Rahmân bin ‘Awf, Sa‘d bin Abi Waqqâs y ‘Abdullah bin Mas‘ûd, para cercio- rarse de su estado. Cuando entró, lo halló rodea- do de sus familiares. «¿Murió?», preguntó. Le di- jeron: ‘No, Mensajero de Dios.’ El Profeta(B y P) lloró y al verlo la gente también lloró. El dijo: «¿Oís? Dios no castiga por el llanto del ojo ni por la tristeza en el corazón, pero castiga por esto –y apuntó a su lengua– o tiene misericordia. El muerto es castigado por el llanto (excesivo) de sus parientes por él»’.

XXV La prohibición del llanto y el lamento en voz alta y la censu- ra a quienes lo hacen

664. Umm ‘Atiyya dijo: ‘El Profeta (ByP) nos tomó la palabra en el juramento de fidelidad (Bay‘a) de que no nos lamentaríamos (excesiva-

mente). Esto sólo lo cumplieron cinco mujeres: Umm Sulaym, Umm Al-‘Alá’, la hija de Abû Sa- bra, mujer de Mu‘âdh, y dos mujeres más’ –o dijo: ‘La hija de Abû Sabra, la mujer de Mu‘âdh y una mujer más’–.

XXVI Ponerse de pie ante una proce- sión fúnebre

665. ‘Amr bin Rabí‘a relató que el Profeta (B y P) dijo: «Si alguno de vosotros ve una proce- sión fúnebre y no la acompaña, debe pararse has- ta que la deje atrás o la procesión lo deje atrás, o el cuerpo sea puesto al suelo antes de que lo dejen atrás».

XXVII Cuándo debe sentarse si se puso de pie para una procesión fúnebre

666. Abû Huraira tomó a Marwân de la mano, mientras estaban en un funeral, y se sentaron an- tes que el cuerpo toque el suelo. Entonces, Abû Sa‘îd llegó y tomando de la mano a Marwân, dijo: ‘Levántate. Por Dios que él (Abû Huraira) de se- guro sabe que el Profeta (B y P) nos prohibió ha- cer esto’. Abû Huraira dijo: ‘Tiene razón’.

XXVIII Quien se levanta para el fune- ral de un judío

667. Ÿâbir bin ‘Abdullah dijo: ‘Una procesión fúnebre pasó frente a nosotros; el Profeta (B y P) se levantó y nosotros nos levantamos también. Le dijimos: ‘¡Mensajero de Dios! Es el funeral de un judío’. El dijo: «Si veis la procesión fúnebre, po- neos de pie»’ .

XXIX Los hombres deben cargar el ataúd y no las mujeres

668. Abû Sa‘îd Al-Judrî relató que el Mensaje- ro de Dios (B y P) dijo: «Cuando el ataúd está listo y los hombres lo cargan sobre sus hombros, si el difunto era una persona piadosa, dice: ‘Presen- tadme rápido’, y si el difunto no era piadoso dice: ‘¡Ay de mí! ¿Dónde lo lleváis?’ Todas las criaturas lo pueden oír, menos el hombre, y si lo oyera se desmayaría».

XXX La prisa con el ataúd

669. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Apresuraos con el difunto, pues si es piado- so, lo estáis llevando a algo bueno; y si no es así, pues os quitáis un mal de encima».

XXXI La virtud de acompañar a los funerales

670. Nâfi’ relató que se le dijo a Ibn ‘Umar que Abû Huraira dijo: ‘Quien acompaña un funeral recibirá un qirât ’. Dijo: ‘Abû Huraira habla de una recompensa demasiado grande’. ‘Âisha con- firmó lo dicho por Abû Huraira, pues dijo: ‘Yo oí al Mensajero de Dios (B y P) decirlo’. Entonces, Ibn ‘Umar dijo: ‘Pues hemos perdido muchos qi- râts’.

XXXII Es prohibido establecer mez- quitas (o mûsallas) sobre las tumbas

671. ‘Urwa relató que ‘Âisha dijo: ‘Durante la enfermedad de la que murió, el Profeta (B y P) dijo: «Dios ha privado de Su Providencia a los ju- díos y cristianos que construyeron sobre las tum- bas de sus profetas lugares de culto»’. Y añadió ‘Âisha: ‘Si no fuera por esas palabras la tumba del Profeta (B y P) ya sería un monumento, pero aún temo que se haga una mezquita.’

XXXIII La oración fúnebre por la par- turienta que murió dando a luz

672. Samura bin Yundub dijo: ‘Recé detrás del Profeta (B y P) por una mujer que murió dando a luz; por ello él se paró frente a la mitad del cuer- po’.

XXXIV La recitación de Al-Fâtiha en salât ul-ÿanâza (la oración fúnebre)

673. Talha bin ‘Abdullah bin ‘Awf dijo: ‘Recé por un muerto detrás de Ibn ‘Abbâs y él recitó Al- Fâtiha y dijo: ‘Sepan que ésta es una sunna’.’

XXXV El difunto oye los pasos de los vivos

674. Anas bin Mâlik relató que el Profeta (B y P) dijo: «Cuando el siervo es puesto en su tumba y sus compañeros se van mientras él escu- cha sus pasos, llegan dos ángeles, lo sientan, y le dicen: ‘¿Qué decías de este hombre, Muhammad (B y P)?’ El dirá: ‘Doy testimonio de que es sier- vo y Mensajero de Dios’. Se le dirá: ‘Mira tu lugar en el Fuego; Dios te dará a cambio un lugar en el Paraíso’». El Profeta (B y P) añadió: «Y los verá a ambos. En cuanto al incrédulo o el hipócrita, dirá: ‘No sé, solía decir lo que decía la gente’. Se le dirá: ‘¿No conocías ni seguiste la guía del Corán?’ Lue- go se le golpeará con un martillo de metal entre los oídos y el gritará con un alarido que lo escu- chará todo lo que esté cerca, excepto los humanos y los genios».

XXXVI Quien desea ser enterrado en tierra santa o algo similar

675. Abû Huraira dijo: ‘El ángel de la muerte fue enviado a Mûsâ (Moisés) (B y P); cuando lle- gó él lo golpeó y le dañó un ojo. Así que el ángel volvió a su Señor y le dijo: ‘Me enviaste a un sier- vo que no quiere morir’. Dios le restauró su ojo y le dijo: Vé y dile que ponga su manos sobre un toro y que vivirá el número de años igual al nú- mero de pelos que queden debajo de su mano. (El ángel así lo hizo) Y Mûsâ (B y P) dijo: ‘¡Ay Señor! ¿Después qué?’ Le dijo: ‘La muerte’. Dijo: ‘Que sea ahora’. Y pidió a Dios que lo acerque a un tiro de piedra de la Tierra Santa. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Si estuviese allí os mostraría la tumba de Mûsâ (B y P), allí junto al camino, cerca de la duna roja»’.

XXXVII Salât ul-ÿanâza por un mártir (shahîd)

676. Ÿâbir bin ‘Abdullah dijo: ‘El Profeta (B y P) juntaba a dos hombres, de los mártires de Uhud, en una sola tela. Luego preguntaba: «¿Cuál de los dos sabía más del Corán?» y cuando se le indicaba alguno de ellos, lo ponía primero en la tumba. Luego dijo: «Yo testificaré por ellos el Día de la Resurrección». Ordenó que se los entierre en su sangre, sin lavarlos ni rezar por ellos’.

XXXVIII Si un niño se islamiza y muere ¿se reza por él? ¿Debe explicar- se el Islam a un niño?

677. ‘Uqba bin ‘Amir relató que el Profeta (B y P) salió un día a rezar salat ul-ÿanâza por los muertos de Uhud. Luego subió al púlpito y dijo: «Yo abriré el camino para vosotros y seré testigo sobre vosotros. ¡Por Dios! Veo ahora mi estanque. Se me dieron las llaves de los tesoros de la tierra –o: Las llaves de la tierra–. ¡Por Dios! Yo no temo que seáis politeístas después de mí, sino que temo que os combatáis entre vosotros por ellas».

678. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que ‘Umar salió con el Profeta (B y P) y un grupo de gente hacia Ibn Sayyâd. Anduvieron hasta que lo en- contraron jugando con otros niños cerca de las colinas de Banu Magâla. Ibn Sayyâd estaba cerca de la pubertad. No se dio cuenta de su presen- cia hasta que el Profeta (B y P) lo golpeó con su mano y le dijo: «¿Das testimonio de que yo soy Mensajero de Dios?» Ibn Sayyâd lo miró y le dijo: ‘Testifico que tú eres el Mensajero de los iletrados’. Ibn Sayyâd le dijo también: ‘¿Testificas que yo soy Mensajero de Dios?’ El Profeta (B y P) lo recha- zó y le dijo: «Creo en Dios y Sus enviados. ¿Qué opinas?» Ibn Sayyâd dijo: ‘Me visitan los sinceros y los mentirosos’. El Profeta (B y P) le dijo: «Es- tás confundido respecto al asunto». Luego el Pro- feta (B y P) le dijo: «Estoy escondiendo algo (en mi pensamiento)». Ibn Sayyâd dijo: ‘Al-duj...’ . El Profeta le dijo: «Desdichado, no podrás traspasar tus límites». ‘Umar dijo: ‘Déjame cortarle la cabe- za Mensajero de Dios’. El Profeta (B y P) le dijo: «Si es él (el Falso Mesías) no podrás vencerlo. Y si no es, pues no hay bien alguno para ti en ma- tarlo».

Ibn ‘Umar añadió: ‘Después de eso, el Mensa- jero de Dios (B y P) fue con Ubay bin Ka‘b al pal- mar donde estaba Ibn Sayyâd, pues deseaba oír algo de él, sin que Ibn Sayyâd lo vea. El Profeta (B y P) lo vio durmiendo bajo una sábana mur- murando algo. La madre de Ibn Sayyâd vio al Mensajero de Dios (B y P) escondiéndose entre los troncos de las palmeras y dijo a Ibn Sayyâd: ‘¡Sáf! –pues ése era el nombre de Ibn Sayyâd– aquí está Muhammad (B y P)’. Con esto, Ibn Sa- yyâd despertó. El Profeta dijo: «Si ella lo dejaba, habríamos tenido certeza»’.

679. Anas dijo: ‘Había un niño judío que ser- vía al Profeta (B y P) y que se enfermó. El Profeta (B y P) fue a visitarlo, y se sentó cerca de su ca- beza. Le dijo: «Hazte musulmán». El niño miró a su padre, que estaba cerca, y él le dijo: ‘Obedece a Abûl Qâsim (B y P)’ y el muchacho se hizo mu- sulmán. El Profeta (B y P) salió diciendo: «Alaba- do sea Dios que lo salvó del Fuego»’.

680. Abû Huraira dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Todo recién nacido nace en la fitra (la fe natural del monoteísmo; el Islam). Sus pa- dres son los que lo hacen judío, cristiano o zoroa- striano. Así como el animal da a luz un animal completo, ¿acaso veis que sale mutilado?»’. Enton- ces, Abû Huraira recitó los versos del Corán: ...La naturaleza primigenia que Dios ha puesto en los hombres. No cabe alteración en la creación de Dios. Ésa es la religión verdadera... (30:30).

XXXIX Si el politeísta dice al morir: lâ ilâha illâ allâh (no hay Dios sino Dios)

681. Al-Musâyyab bin Hazn dijo: ‘Cuando la muerte se presentó a Abû Tâlib, el Mensajero de Dios (B y P) fue a verlo y encontró a Abû Ÿahl bin Hishâm y ‘Abdullah bin Abi Umayya bin Al-Mu- gîra. El Mensajero de Dios dijo a Abû Tâlib: «¡Tio! Di: Lá iláha illa Allâh, una frase por la cuál seré testigo a tu favor ante Dios». Abû Ÿahl y ‘Abdullah bin Abi Umayya dijeron: ‘¡Abû Tâlib! ¿Rechazas la religión de ‘Abdul Muttalib?’ Y siguió el Profe- ta (B y P) proponiéndoselo y ellos diciéndole esas palabras hasta que Abû Tâlib dijo sus últimas pa- labras, que estaba en la religión de ‘Abdul Mutta- lib y que se negaba a decir: Lá iláha illa Allâh. El Mensajero de Dios (B y P) le dijo: «Pediré perdón a Dios por ti mientras que no se me prohiba». En- tonces Dios reveló: El Profeta y los creyentes no deben pedir perdón para los asociadores, aun- que sean parientes suyos, después de haber visto claramente que morarán en el Infierno (9:113)’.

XL Un sabio predicando cerca a una tumba y sus discípulos sen- tados a su alrededor

682. ‘Alí dijo: ‘Asistíamos a un funeral en el Baqî’ ul-Garqad . El Profeta (B y P) llegó y se sentó; nosotros lo seguimos. Tenía en su mano un palo y agachó su cabeza mientras hurgaba el sue- lo con el palo. Dijo: «Todos vosotros y todos los seres humanos tienen prescrito su lugar en el Pa- raíso o en el Infierno y tiene prescrito si serán feli- ces o desdichados». Un hombre dijo: ‘¡Mensajero de Dios! ¿Y si nos encomendamos a nuestro des- tino prescrito y dejamos de hacer buenas obras? Quien esté destinado de nosotros al Paraíso obra- rá según la gente del Paraíso; y quien sea de los desdichados obrará como uno de los desdicha- dos’. Él dijo: «Las obras de la gente del Paraíso se harán fáciles para la gente del Paraíso y las obras de los desdichados se harán fáciles para los desdi- chados». Luego recitó: A quien dé, tema a Dios y crea en lo más bello le facilitaremos el acceso a la felicidad... (92:5-7)’.

XLI Lo que nos llegó sobre el suicida

683. Zâbit bin Al-Dahhâk relató que el Profeta (B y P) dijo: «Quien jura que es de otra religión fuera del Islam, en falso e intencionalmente, será como él dice. Y quien se suicida con un hierro será castigado con el mismo hierro en el fuego del Infierno».

684. Ÿundub relató que el Profeta (B y P) dijo: «Un hombre recibió varias heridas y se suicidó. Dios dijo: Mi siervo se apresuró y se mató, le pro- hibo el Paraíso».

685. Abû Huraira dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Quien se suicida ahorcándose, estará ahorcán- dose en el Fuego. Y quien se suicida apuñalándo- se estará apuñalándose en el Fuego»’.

XLII Elogios de la gente al muerto

686. Anas relató que una procesión fúnebre pasó y la gente elogió al difunto. El Profeta (B y P) dijo: «Se le confirma». Luego pasó otra procesión fúnebre y la gente habló mal del difunto. El Pro- feta (B y P) dijo: «Se le confirma». ‘Umar bin Al- Jattâb preguntó: ‘¿Qué se le confirma?’ El Profeta (B y P) dijo: «Habéis elogiado al primero así que se le ha confirmado el Paraíso; y al que habéis vi- tuperado se le ha confirmado el Infierno. Voso- tros sois los testigos de Dios en la tierra».

687. ‘Umar bin Al-Jattâb dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Cualquier hombre que tenga cuatro testigos a su favor, Dios lo introducirá al Paraíso». Dijimos: ‘¿Y tres?’ Dijo: «Aunque sean tres». Diji- mos: ‘¿Y dos?’. Dijo: «Aunque sean dos». Pero ya no le preguntamos sobre un solo testigo’.

XLIII Lo que nos llegó sobre el castigo

688. Al-Barâ’ bin ‘Âzib relató que el Profeta (B y P) dijo: «Cuando el creyente es sentado en su tumba (vienen a él dos ángeles); luego da testi- monio que no hay Dios sino Dios y que Muham- mad es Mensajero de Dios. Y esto corresponde a las palabras de Dios: Dios confirma con palabra firme a quienes creen... (14:27)».

689. Ibn ‘Umar dijo: ‘El Profeta (B y P) miró dentro del pozo (donde lanzaron los cuerpos de los incrédulos muertos en Badr) y dijo: «¿Habéis confirmado la veracidad de lo que vuestro Señor os dijo?» Se le dijo: ‘¿Te diriges a los muertos?’ Dijo: «Vosotros no oís mejor que ellos; pero ellos no responden»’. 

690. ‘Âisha dijo: ‘Lo que el Profeta (B y P) dijo fue: «Con seguridad, ellos saben ahora que lo que yo decía era verdad». Y Dios dijo: Tú no puedes hacer que los muertos oigan... (27:80)’.

691. Asmâ’ bint Abû Bakr dijo: ‘El Mensaje- ro de Dios (B y P) se levantó para pronunciar un sermón; mencionó la atribulación de la tumba que aflige al hombre. Cuando mencionó eso los creyentes lloraron estruendosamente.’

XLIV Pedir refugio a Dios del casti- go de la tumba

692. Abû Ayyûb dijo: ‘El Profeta (B y P) salió después del ocaso y se escuchó una voz escalo- friante; el dijo: «Judíos; están siendo castigados en sus tumbas»’.

693. Abû Huraira dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) solía rogar diciendo: «Allahumma inni a‘údhu bika min ‘adhábil qabr wa min ‘adhábin nar. Wa min fitnatil mahiá wal mamát; wa min fitnatil masíh al Daÿÿâl (¡Oh Dios! En Ti me refu- gio del castigo de la tumba y del castigo del Fuego. Y de la atribulación de la vida y de la muerte; y de la atribulación del Falso Mesías)»’.

XLV Al muerto se le muestra su lugar (en el paraíso o en el infierno) por la mañana y por la tarde

694. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Men- sajero de Dios (B y P) dijo: «Cuando uno de vo- sotros muere, se le muestra su lugar predestinado por la mañana y por la tarde. Si es de la gente del Paraíso, se le muestra su lugar en el Paraíso, y si es de la gente del Infierno se le muestra su lugar en el Infierno. Y se le dice: ‘Este es tu lugar reser- vado hasta que Dios te resucite el Día de la Resu- rrección’».

XLVI Lo que se dijo sobre los hijos de los musulmanes

695. Al Barâ’ dijo: ‘Cuando murió Ibrahîm, el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Tiene una no- driza en el Paraíso»’.

XLVII Lo que se dijo sobre los hijos de los politeístas

696. Ibn ‘Abbâs dijo: El Mensajero de Dios (B y P) fue preguntado por los hijos de los poli- teístas; dijo: «Ya que Dios los creó, Él sabrá mejor lo que harían».

697. Samura bin Ÿundub dijo: ‘Cuando el Pro- feta (B y P) terminaba de rezar el faÿr, se daba vuelta hacia nosotros y preguntaba: «¿Quién de vosotros ha tenido un sueño anoche?» Quien ha- bía tenido un sueño lo relataba y él decía: «Ma sha’ Allâh (es lo que Dios quiso)». Un día nos pre- guntó: «¿Alguno de vosotros ha tenido un sueño anoche?» Dijimos: ‘No’. Dijo: «Pues yo sí he te- nido uno. Vi a dos hombres que vinieron a mí y me tomaron por la mano. Me llevaron a la Tierra Santa. Allí había un hombre sentado, junto a él había un hombre de pie con un gancho de hie- rro. Se lo metía (al hombre sentado) en la boca hasta hacerlo llegar a su mandíbula; luego tira- ba de él y le arrancaba la mejilla; y hacía lo mis- mo con la otra mejilla. Mientras tanto la primera mejilla recuperaba su forma original y el hombre volvía a desgarrarla. Pregunté: ¿Qué es esto? Me dijeron: ‘Partamos’. Y partimos hasta que llega- mos donde había un hombre acostado de espal- das y a su lado había un hombre de pie con una piedra en sus manos y con ella le partía la cabeza al hombre acostado. Cada vez que lo golpeaba, la piedra escapaba de sus manos y hasta que él la traía de vuelta, la cabeza del primero volvía a su forma original. Y el hombre de la piedra lo gol- peaba nuevamente. Pregunté: ¿Qué es esto? Me dijeron: Vamos. Y partimos hasta llegar a unos hoyos como los hornos tannûr , era angosto de arriba y amplio de abajo. Abajo ardía un fuego, cada vez que crecía la gente que allí se encontra- ba subía por las paredes hasta casi salir; y cuando se calmaba el fuego, la gente bajaba. Había hom- bres y mujeres desnudos. Pregunté: ¿Qué es esto? Me dijeron: Vamos. Y partimos hasta llegar a un río de sangre; en él había un hombre y frente a él en la orilla, había otro con piedras enfrente. Cada vez que el hombre dentro del río se le acercaba éste le lanzaba una piedra en la boca y lo hacía retroceder a su posición original. Y cada vez que el hombre quería salir, el otro le lanzaba una piedra en la boca y lo hacía retroceder hasta su posición original. Pregunté: ¿Qué es esto? Me dijeron: Va- mos. Y partimos hasta llegar a una pradera ver- de donde había un árbol inmenso, a cuyo pie en- contramos a un anciano rodeado de niños. Cerca del árbol había un hombre encendiendo un fue- go. Me hicieron subir por el árbol hasta que me introdujeron en una casa. Nunca había visto una mejor que esa. Adentro había ancianos, jóvenes, mujeres y niños. Luego los dos me sacaron de allí y me hicieron subir por el árbol hasta que llega- mos a otra casa, mucho mejor y superior que la primera; allí había hombres, ancianos y mucha- chos. Yo dije: ‘Esta noche me hicisteis rondar; in- formadme de lo que he visto.’ Dijeron: ‘Sí. El que viste que se le rasgaba la mejilla era un mentiroso; contaba mentiras y la gente las transmitía hasta los confines de la tierra. Así se hará con él hasta el Día de la Resurrección. El que viste que se le par- tía la cabeza era un hombre al cual Dios enseñó el Corán; se dormía (en vez de recitarlo) por las no- ches y no obraba según él por el día. Así se hará con él hasta el Día de la Resurrección. Los que viste en el hoyo son los fornicadores y el que vis- te en el río es un usurero (que vivía de la usura). El anciano al pie del árbol es Ibrahîm (Abraham) (B y P) y los niños que lo rodeaban son los hijos de la gente. El que encendía un fuego es Mâlik, Guardián del Infierno. La primera casa a la que entraste es el hogar de la mayoría de los creyen- tes. Esta última casa es el hogar de los mártires. Yo soy Ÿibrîl (El Arcángel Gabriel) y él es Mikaíl (El Arcángel Miguel). Levanta tu cabeza’. Levanté mi cabeza y vi sobre mí algo como nubes. Me di- jeron: ‘Ése es tu lugar’. Les dije: ‘Dejadme entrar a mi lugar’. Me dijeron: ‘Aún te queda una vida que no has completado; cuando la completes entrarás a tu lugar’»’.

XLVIII La muerte repentina

698. ‘Âisha relató que un hombre dijo al Pro- feta (B y P): ‘Mi madre murió repentinamente, pero yo pienso que, de haber vivido más, habría dado caridad. Si yo doy caridad por ella ¿Recibi- rá ella alguna recompensa?’ El Profeta (B y P) le dijo: «Sí».

XLIX Lo que nos llegó sobre la tum- ba del Profeta (B y P), la de Abû Bakr y la de ‘Umar

699. ‘Âisha relató que el Profeta (B y P) du- rante su enfermedad preguntaba repetidas ve- ces: «¿Dónde estoy hoy? ¿Dónde estaré maña- na?» ‘Âisha agregó: ‘El esperaba impacientemente mi turno (de recibirlo en mi casa). Cuando llegó mi turno, Dios tomó su alma entre mi pecho y mis brazos (en mi regazo); y fue enterrado en mi casa’.

700. ‘Umar bin Al-Jattâb dijo: ‘El Profeta (B y P) murió complacido con estos seis hombres: ‘Y los mencionó: ‘ ‘Uzmân, ‘Alî, Talha, Al-Zubayr, ‘Abdu Rahmân bin ‘Awf y Sa‘d bin Abi Waqqâs, que Dios esté complacido de ellos’.

LLa prohibición de insultar a los muertos

701. ‘Âisha dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «No insultéis a los muertos, pues ellos han llegado al destino de lo que han hecho»’.


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