Libro Historia de los Profetas

I• La creación de Adam y su descendencia

1399. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Dios creó a Adam con una altura de sesenta codos y luego le dijo: Vé y saluda a los ángeles y escucha cómo te responden, pues ése será tu sa- ludo y el saludo de tu descendencia. Adam dijo: ‘La paz sea con ustedes (Al-salâm ‘alaikum)’. Los ángeles dijeron: ‘La paz y la misericordia de Dios sean contigo’. Así que ellos aumentaron (el saludo) con las palabras: ‘Y la misericordia de Dios’. Toda persona que entre en el Paraíso tendrá la aparien- cia de Adam. La descendencia de Adam ha estado disminuyendo en altura desde entonces».

1400. Anas bin Mâlik dijo: ‘Cuando ‘Abdull- ah bin Salâm supo de la llegada del Mensajero de Dios (B y P) fue ante él y le dijo: ‘Te preguntaré sobre estas tres cosas que nadie sabe excepto un profeta:

–¿Cuál es la primera señal de la Hora (Del Jui- cio Final)?

–¿Cuál será la primera comida que pruebe la gente del Paraíso?

–¿Por qué se parece un niño a su padre y se pa- rece a sus tíos maternos?’

El Mensajero de Dios (B y P) respondió: «Ÿibrîl me lo informó anteriormente». ‘Abdullah dijo: ‘Ese es el enemigo de los judíos entre los án- geles’. El Profeta (B y P) dijo: «La primera señal de la Hora es un fuego que empujará a la gente del este hacia el oeste. La primera comida de la gente del Paraíso será el lóbulo menor del hígado de pescado. En cuanto al parecido del niño; pues si el semen del hombre precede a la secreción va- ginal de la mujer el bebé se parecerá a él; y si la secreción de la mujer es anterior, pues se parece- rá a ella». ‘Abdullah dijo: ‘Doy testimonio de que eres Mensajero de Dios’. Luego dijo: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Los judíos son gente calumnia- dora; si saben de mi conversión al Islam antes de que les preguntes sobre mí me calumniarán de se- guro’. Así que los judíos vinieron a ver al Profeta (B y P) y ‘Abdullah entró en la casa (a esconder- se). El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «¿Quién de vosotros es ‘Abdullah bin Salâm?» Los judíos

dijeron: ‘Es el más sabio de nosotros, hijo del más sabio de nosotros. Es el mejor de nosotros, hijo del mejor entre nosotros’. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «¿Qué opináis si se islamiza?» Dije- ron: ‘¡Que Dios lo proteja de ello!’ Entonces sa- lió ‘Abdullah a ellos y dijo: ‘¡Atestiguo que no hay Dios sino Dios y que Muhammad es Mensajero de Dios!’ Ellos dijeron: ‘Es el peor de nosotros e hijo del peor de nosotros’ y así siguieron calum- niándolo’.

1401. Anas bin Mâlik también relató que el Profeta (B y P) dijo: «Si no fuese por los israelitas la carne no se pudriría y si no fuese por Hawwâ’ (Eva) las mujeres no engañarían a sus esposos» .

1402. Anas bin Mâlik atribuyó al Profeta (B y P) las siguientes palabras: «Dios dice al habi- tante del Fuego que tiene el menor castigo: Si po- seyeras todas las cosas que hay en la tierra ¿Las ofrecerías como rescate por ti? Dice: ‘Sí’. Dios dice: Cuando estabas en la columna de Adam te pedí menos que eso: Que me adores sólo a mí sin asociar nada conmigo; pero tú no quisiste sino ser un asociador».

1403. ‘Abdullah dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Cuando alguien es asesinado injus- tamente, parte de la culpa recae sobre el hijo ma- yor de Adam (Caín), pues él fue el primero en ini- ciar la tradición del asesinato»’.

II • Las palabras de Dios: te pregun- tarán por Dhul Qarnayn. Di: voy a contaros una historia sobre él. Le habíamos dado poderío en el país y le habíamos facilitado todo (18:83-84)

1404. Zaynab ibnat Ÿahsh relató que el Profe- ta (B y P) entró donde ella estaba en un estado de temor y dijo: «No hay más Dios sino Dios... ¡Ay de los árabes por un mal que se acerca! Hoy se ha hecho una apertura de este tamaño en el muro que cierra a Ya‘ÿûÿ y a Ma‘ÿûÿ (Gog y Magog)» he hizo un círculo con su pulgar y su índice. Za- ynab dijo: ‘Dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¿Se nos destruirá siendo que entre nosotros hay gente piadosa?’ El Profeta (B y P) dijo: «Sí; cuando hay mucha depravación»’.

1405. Abû Sa‘îd Al-Judrî relató que el Profe- ta (B y P) dijo: «Dios dice: ¡Adam! Adam dice: ‘Escucho y obedezco; el bien está en Tus manos’. Dios dirá: Saca a los habitantes del Fuego. Adam dice: ‘¿Cuántos son los habitantes del Fuego?’ Dios dice: De cada mil novecientos noventa y nueve. En ese día cada niño envejecerá, las embarazadas abortarán a sus hijos. La gente parecerá borracha sin estar borrachos; pero es que el castigo de Dios es severo». (Los sahabas) dijeron: ‘¿Quién será ese uno?’ El Profeta (B y P) les dijo: «Albriciáos. Será uno de vosotros y mil de Ya‘ÿúÿ y Ma‘ÿúÿ». Luego dijo: «¡Por aquél que tiene mi alma en Su mano! Espero que seáis un cuarto de la gente del Paraí- so». Nosotros pronunciamos el takbîr y él dijo: «Espero que seáis un tercio de la gente del Paraí- so». Nosotros pronunciamos el takbîr y él dijo: «Espero que seáis la mitad de la gente del Paraíso» y nosotros pronunciamos el takbîr. Luego dijo: «Vosotros respecto a la humanidad no sois sino como un pelo blanco en un toro negro o como un pelo negro en un toro blanco».

III

1406. ‘Abdullah bin ‘Abbâs relató que el Profeta (B y P) dijo: «Seréis reunidos (el Día del Juicio) descalzos, desnudos e incircuncisos». Luego recitó: Como creamos una vez primera, crearemos otra. ¡Es una promesa que nos obliga y la cumpliremos! (21:104) y agregó: «El primero en ser vestido el Día de la Resurrección será Ibrâhîm. Algunos de mis sahabas serán llevados por la izquierda (al Infierno). Yo diré: ‘¡Mis sahabas! ¡Mis sahabas!’ Se me dirá: ‘Ellos renegaron del Islam tras que los dejaste’; y yo diré como dijo el siervo piadoso: Fui testigo de ellos mientras estuve entre ellos, pero, después de llamarme hacia Ti, fuiste Tú quien los vigiló. Tú eres testigo de todo. Si les castigas, son Tus siervos; si les perdonas, Tú eres el Poderoso, el Sabio (5:117-118)».

1407. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Ibrâhîm se encontrará con su padre Azar en el Día de la Resurrección y el rostro de Azar es- tará oscuro y lleno de polvo. Ibrâhîm le dirá: ‘¿No te dije que no me desobedezcas?’ Su padre le dirá: ‘Hoy no te desobedeceré’. Ibrâhîm dirá: ‘¡Señor! Prometiste no hacerme desgraciado en el Día de la Resurrección. ¿Y qué desgracia es peor que maldecir a mi padre?’ Dios dirá: He prohibido la entrada al Paraíso a los incrédulos. Luego se le dirá: ‘¡Ibrâhîm! ¿Qué hay a tus pies?’ Y él mirará y verá una hiena ensangrentada que será tomada por las piernas y lanzada al Fuego Infernal» .

1408. Abû Huraira también relató que se le preguntó al Mensajero de Dios (B y P): ‘¡Mensa- jero de Dios (B y P)! ¿Cuál será la persona más honrada?’ Él respondió: «El más timorato». Ellos dijeron: ‘No te preguntamos sobre eso’. El Profeta (B y P) dijo: «Pues, entonces, es Yûsuf (José), hijo de un profeta de Dios, hijo del íntimo de Dios». Ellos dijeron: ‘No te preguntamos sobre eso’. Él dijo: «¿Preguntáis entonces por la descendencia de los árabes? Pues el mejor durante la Ÿáhiliya será el mejor en el Islam, si comprenden el cono- cimiento de la religión».

1409. Samura bin Ÿundab dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Anoche (en mi sueño) vi- nieron a mí dos personas y juntos fuimos a ver a un hombre tan alto que casi no le podía ver la ca- beza; era Ibrâhîm»’.

1410. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Si deseáis ver a Ibrâhîm mi- rad a vuestro compañero (el propio profeta); sin embargo Mûsa era un hombre moreno y de pelo largo, montando un camello rojizo, cuyas riendas estaban hechas de fibra de palmera. Es como si lo viese descendiendo por el valle»’.

1411. Abû Huraira relató: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Ibrâhîm se circuncidó con una azada (al qaddûm) a los ochenta años»’.

1412. En otra versión: ‘Con una azada (al qa- dûm)’, sin énfasis (shadda).

1413. Abû Huraira también relata: ‘El Mensa- jero de Dios (B y P) dijo: «Ibrâhîm dijo sólo tres mentiras; dos por la causa de Dios; dijo: ‘Estoy enfermo’ y dijo: ‘El mayor de ellos lo hizo’ . Y, una vez que estaba (viajando) con Sara, uno de los tiranos soberbios fue informado que un hom- bre viajaba acompañado de una mujer de lo más bello entre la gente; el tirano mandó preguntarle: ‘¿Quién es ella?’ Él dijo: ‘Es mi hermana’. Luego fue a Sara»’... El resto del hadiz ya lo menciona- mos (Nro. 1043).

1414. Y ya mencionamos el hadiz de Umm Sharík en que el Profeta (B y P) ordena matar los lagartos; en esta versión se añade: «(El lagarto) soplaba el fuego sobre Ibrâhîm» .

1415. ‘Abdullah bin ‘Abbâs relató: (Según Fath ul-Bâri bajo autoridad del Profeta (B y P)) ‘la primera mujer en usar una faja fue la madre de Ismá‘íl (Ismael) con el fin de ocultar sus huellas de Sara . Luego vino Ibrâhîm con ella y su hijo, al cual amamantaba, hasta que los dejó cerca de la Ka‘ba. Los dejó bajo un árbol más arriba de Za- mzam en la parte superior de (lo que hoy es) la mezquita. No había allí nadie ni había allí agua; pero allí los dejó y les dejó una bolsa de piel con unos cuantos dátiles y un odre con un poco de agua. Cuando Ibrâhîm se marchaba, Umm Ismá‘íl lo siguió diciéndole: ‘¡Ibrâhîm! ¿Dónde vas y nos abandonas en este valle donde no hay personas ni cosa alguna?’ Esto se lo dijo varias veces y él no se volvía hacia ella. Ella le dijo: ‘¿Es Dios quien te ordena esto?’ Él dijo: ‘Sí’. Ella dijo: ‘Entonces Él no nos dejará perecer’ y se volvió (hacia el niño). Ibrâhîm se alejó hasta llegar a una curva donde no lo podían ver; allí dirigió su rostro hacia la Casa Sagrada y rogó, levantando sus manos, con las si- guientes palabras: ¡Señor! He establecido a parte de mi descendencia en un valle sin cultivar, junto a Tu Casa Sagrada; ¡Señor! Para que practiquen el salat. ¡Haz que los corazones de algunos hom- bres sean afectuosos con ellos! ¡Provéeles de fru- tos! Quizás, así sean agradecidos (14:37). Umm Ismá‘íl amamantaba a Ismá‘íl y bebía del agua. Cuando se acabó lo que había en el odre ella em- pezó a padecer la sed y su hijo también. Ella lo veía retorcerse en agonía y se alejó porque le dis- gustaba verlo así. Llegó hasta Al-Safa, que era la colina más cercana al lugar donde estaban, y se detuvo sobre ella dirigiendo su vista al valle para ver a alguien, pero no vio a nadie. Luego descen- dió de Al-Safa y cuando estuvo en la hondonada se levantó un poco el vestido e hizo una leve carrera que es característica de la persona que está en apuros. Luego subió a Al-Marwa y se detuvo sobre ella y recorrió el lugar con su vista con la es- peranza de ver a alguien. Repitió esto siete veces’. ‘Abdullah bin ‘Abbâs agregó: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Ese es el origen del sa‘yi que la gente realiza entre ambas (colinas durante el haÿÿ)». Cuando llegó la última vez a Al-Marwa oyó una voz y se dijo: ‘Calla’ y escuchó con atención. Cuando oyó nuevamente la voz dijo: ‘Quienquiera que seas, me has hecho oír tu voz; ¿Tienes algo para ayu- darme?’ De pronto vio un ángel en el punto de Zamzam cavando en la tierra con su talón –o su ala– hasta que brotó el agua. Ella empezó a cavar una pequeña fosa para que contenga el agua con sus manos así. Y empezó a recoger agua con su odre y el agua seguía brotando después de reco- ger un poco’. Ibn ‘Abbâs agregó: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Que Dios se apiade de Umm Ismá‘íl; ¡Si hubiese dejado correr a Zamzam! –o dijo: Si no hubiese intentado recoger el agua– Zamzam se- ría hoy una corriente fluvial»’. Luego dijo: ‘(Ha- gar) bebió del agua y amamantó a su hijo. El ángel le dijo: ‘No temáis perecer; aquí será la Casa de Dios, la construirá este niño y su padre. Dios no deja perecer a Su gente’. La Casa estaba en un pro- montorio elevado por encima del nivel del suelo; las corrientes aluvionales rodeaban el promon- torio por la derecha y la izquierda. Así vivieron hasta que pasó por allí gente de Ÿurhum, o una familia de Ÿurhum, que iban camino a Kadá’. Esta gente se detuvo en la parte baja de Makka y vio un ave que tenía la costumbre de volar siempre sobre el agua y alrededor de ella. Dijeron: ‘Esta ave está sobrevolando agua. Desde que conocemos este valle nunca hubo aquí agua. Así que mandaron uno o dos enviados que descubrieron la fuente de agua y les informaron; entonces fueron todos hacia el lugar. El Profeta (B y P) agregó: «Encon- traron que Umm Ismá‘íl estaba junto al agua y le dijeron: ‘¿Nos permites asentarnos aquí?’ Ella les dijo: ‘Sí, pero no tenéis derechos sobre el agua’ y ellos asintieron»’. Ibn ‘Abbâs agregó: ‘El Profe- ta (B y P) dijo: «Esa situación complacía a Umm Ismá‘íl porque ella gustaba tener la compañía de gente». La gente de Ÿurhum mandó llamar a sus familias y se asentaron todos allí hasta que varias familias se hicieron residentes permanentes del lugar. El niño creció y aprendió el idioma árabe de ellos. Sus virtudes hicieron que ellos lo quisie- ran y lo admiraran mientras crecía. Cuando llegó a la pubertad, su madre lo casó con una mujer de ellos (de Ÿurhum). Después de que se casó Ismá‘íl y falleció Umm Ismá‘íl llegó Ibrâhîm a buscar a su hijo pero no lo encontró en su casa. Preguntó por él a su esposa y ella respondió: ‘Salió a procurar- nos el sustento’. Luego le preguntó por su situación y su subsistencia. Ella respondió: ‘Vivimos en la miseria; sufrimos escasez y aprietos’, quejándose a Ibrâhîm. Ibrâhîm le dijo: ‘Cuando llegue tu espo- so, comunícale mi saludo de paz y dile que mude el umbral de su puerta’. Cuando Ismá‘íl volvió sin- tió algo inusual y preguntó: ‘¿Ha venido alguien?’ Su esposa respondió: ‘Sí, ha venido un anciano así y así (y lo describió). Nos preguntó por ti y le res- pondí; también me preguntó por nuestra situa- ción y yo le informé que pasamos penurias y esca- sez’. Ismá‘íl preguntó: ‘¿Te encomendó algo?’ Ella dijo: ‘Sí; me pidió que te comunique su saludo de paz y dijo que cambies el umbral de tu puerta’. Él dijo: ‘Ése es mi padre y me ordena que me separe de ti, así que vuelve con tus padres’. Y la divorció para casarse con otra mujer de ellos. Ibrâhîm dejó pasar el tiempo que Dios dispuso y luego vino a ver a su hijo y tampoco lo encontró. Así, entró y preguntó a su esposa por él. Ella dijo: ‘Salió a procurarnos el sustento’. Él preguntó por su sub- sistencia y su situación. Ella respondió: ‘Estamos bien y vivimos holgadamente’ y alabó a Dios’. Él preguntó: ‘¿Cuál es vuestro alimento?’ Ella res- pondió: ‘Carne’. Él preguntó: ‘¿Y qué bebéis?’ Ella dijo: ‘Agua’. Ibrâhîm dijo: ‘¡Oh Dios! ¡Bendice su carne y su agua!’ El Profeta (B y P) dijo: «En esa época no había granos; si hubiese granos, habría pedido que se los bendiga también». Y cualquiera que se alimente de sólo dos cosas se enfermará, excepto la gente de Makka. Ibrâhîm dijo: ‘Cuan- do llegue tu esposo comunícale mi saludo de paz y dile que afirme el umbral de su puerta’. Cuan- do Ismá‘íl volvió preguntó: ‘¿Ha venido alguien?’ Su esposa dijo: ‘Sí; vino un anciano de apariencia agradable’ y lo elogió. Agregó: ‘Me preguntó por ti y le informé; me preguntó por nuestra situación y le dije que estamos bien’. Él preguntó: ‘¿Te en- comendó algo?’ Ella respondió: ‘Sí; me encomen- dó que te comunique su saludo de paz y que te diga que afirmes el umbral de tu puerta’. Ismá‘íl dijo: ‘Ese era mi padre y me ordena que te conser- ve’. Ibrâhîm dejó pasar el tiempo que Dios dispu- so y luego volvió. Encontró a Ismá‘íl afilando sus flechas bajo un árbol cerca de Zamzam. Cuando lo vio, se levantó y vino hacia él e hicieron como hace el hijo con el padre y el padre con el hijo. Luego Ibrâhîm dijo: ‘¡Ismá‘íl! Mi Señor me ha or-

denado algo’. Ismá‘íl dijo: ‘Haz lo que te manda tu Señor’. Ibrâhîm dijo: ‘¿Me ayudarás?’ Ismá‘íl respondió: ‘¡Claro que te ayudaré!’ Ibrâhîm dijo: ‘Mi Señor me ordenó construir aquí una Casa (un templo)’ y apuntó a un promontorio que se ele- vaba sobre el suelo. Y allí levantaron los cimien- tos de la Casa. Ismá‘íl traía las piedras e Ibrâhîm construía. Cuando la construcción fue elevándo- se, trajo esta piedra (la piedra de Maqâm Ibrâhîm frente a la Ka‘ba) y se subía en ella para construir mientras Ismá‘íl le alcanzaba las piedras. Ambos decían: ¡Señor! ¡Acéptanoslo! ¡Tú eres Quien todo lo oye, Quien todo lo sabe! (2:127)’.

1416. Abû Dharr dijo: ‘Dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¿Cuál fue la primera mezquita cons- truida sobre la tierra?’ El Profeta (B y P) respon- dió: «La Mezquita Sagrada (de Makka: Al-Masÿid ul-Harám)». Luego pregunté: ‘¿Después cuál?’ Me dijo: «La Mezquita de Jerusalén (Masÿid ul- Aqsa)». Pregunté: ‘¿Cuántos años hubo entre am- bas (construcciones)?’ Dijo: «Cuarenta años»; y agregó: «Donde te llegue la oración debes rezar, pues en eso consiste la virtud»’.

1417. Abû Humayd Al-Sâ‘idi relató que (los sahabas) dijeron: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¿Cómo pedimos a Dios que te bendiga?’ El Men- sajero de Dios (B y P) dijo: «Decid: ‘¡Oh Dios! Exalta a Muhammad, a sus esposas y su descen- dencia, como exaltaste a la familia de Ibrâhîm. Y bendice a Muhammad, a sus esposas y a su descendencia, como bendijiste a la familia de Ibrâhîm; ciertamente Tú eres digno de alabanza y el Más glorioso’».

1418. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo: ‘El Profeta (B y P) pedía la protección de Dios para Al-Ha- san y Al-Husayn. Decía: «Vuestro padre (Abra- ham) pedía la protección de Dios para Ismâ‘îl e Ishâq con estas palabras: Pido refugio con las per- fectas palabras de Dios; de todo demonio y peste ponzoñosa; y de todo ojo envidioso y dañino»’.

IV • Las palabras de Dios: infór- males de lo que pasó con los huéspedes de ibrâhîm (15:51) y cuando Ibrâhîm dijo: ‘¡señor, muéstrame cómo das vida a los muertos!’ (2:260)

1419. Abû Huraira relató que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Nosotros tenemos más derecho (de dudar) que Ibrâhîm cuando dijo: ‘¡Señor, muéstrame cómo das vida a los muertos! (2:260). Que Dios se apiade de Lút (Lot); ciertamente se apoyaba en una columna sólida. Y si yo hubie- se estado en la cárcel el tiempo que estuvo Yû- suf (José) habría aceptado la oferta que le hicie- ron» .

V• Las palabras de Dios: y recuer- da en la escritura a Ismâ‘îl. Fue cumplidor de su promesa. Fue en- viado, Profeta (19:54)

1420. Salama bin Al-Akwa’ dijo: ‘El Profeta (B y P) pasó cerca de un grupo de gente de Aslam que practicaba la arquería (en competencia). Les dijo: «Lanzad hijos de Ismá‘íl, pues vuestro padre era un arquero. Yo estoy con el hijo de fulano». Uno de los dos equipos dejó de lanzar y el Profeta (B y P) les preguntó: «¿Qué os pasa que no lan- záis?» Ellos dijeron: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¿Cómo podemos lanzar si estás con ellos (el otro equipo)?’ El Profeta (B y P) les dijo: «Lanzad pues, que yo estoy con todos vosotros»’.

VI • Las palabras de Dios: y a los Zamûd su hermano Sâlih (11:61)

1421. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que, cuando el Mensajero de Dios (B y P) se detuvo en Al-Hiÿr durante la campaña de Tabûk, les ordenó que no beban de su pozo ni que recojan agua del mis- mo. Los sahabas dijeron: ‘Ya hicimos masa con su agua y llenamos los odres’. El Profeta (B y P) les ordenó que echaran la masa y vertieran el agua.

VII • Las palabras de Dios: ¿Fuisteis acaso testigos de lo que dijo Ja- cob a sus hijos varones cuando iba a morir...? (2:133)

1422. ‘Abdullah bin ‘Umar también relató que el Profeta (B y P) dijo: «El honorable, hijo del honorable, hijo del honorable, hijo del honora- ble: Yûsuf, hijo de Ya‘qúb, hijo de Ishâq, hijo de Ibrâhîm, la paz sea con ellos».

VIII • La historia de Mûsa con el Jidr

1423. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Se lo llama Al-Jidr (el verdor) porque se sentó sobre suelo yermo y blanco y lo dejó verde y fértil tras él».

IX

1424. Ÿâbir bin ‘Abdullah dijo: ‘Estábamos con el Mensajero de Dios (B y P) recogiendo Al- Kabâz (el fruto del Arak) y el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Debéis tomar las negras, pues son las mejores». Dijeron: ‘¿Acaso solías pastorear ovejas?’ El dijo: «¿Y es que hay algún profeta que no lo haya hecho?»’

X• Las palabras de Dios: y Dios pone como ejemplo para los cre- yentes a la mujer de Fir‘awn... Y era de las devotas (66:11-12)

1425. Abû Mûsa dijo: ‘El Mensajero de Dios (ByP) dijo: «Muchos hombres llegaron a ser completos; pero ninguna mujer lo hizo, excep- to Asya, la esposa de Fir‘awn y Maryam, hija de ‘Imrán (Madre de Jesús (B y P)); aunque ‘Âisha supera a las demás mujeres como el zaríd (man- jar árabe de carne y pan) supera a las demás co- midas»’.

XI • Las palabras de Dios: Jonás fue, ciertamente, uno de los envia- dos. Cuando se escapó a la nave abarrotada. Echó suertes y per- dió. El pez se lo tragó, había in- currido en censura (37:139-142)

1426. ‘Abdullah bin ‘Abbâs relató que el Pro- feta (B y P) dijo: «Ningún siervo (de Dios) debe- ría decir: Yo soy mejor que Yúnus bin Matta» y lo atribuyó a su padre.

XII • Las palabras de Dios: y dimos a Dawûd (David) un zabûr (los salmos). (4:163)

1427. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «La recitación de la palabra de Dios (Al-Za- bûr) fue facilitada para Dawûd (David) (B y P). Solía ordenar que sus animales sean ensillados y terminaba de recitar la palabra de Dios hasta que se terminaba de ensillar sus animales. Y no se ali- mentaba sino del trabajo de su mano».

XIII • Las palabras de Dios: A Dawûd le regalamos Sulaymân (Salo- món). ¡Qué siervo tan agradable! Su arrepentimiento era sincero (38:30)

1428. Abû Huraira también relató que oyó al Mensajero de Dios (B y P) decir: «Mi caso y el caso de la gente es como el de un hombre que en- ciende una hoguera y van cayendo en ella polillas y otros animales». Y dijo: «Había dos mujeres con sus respectivos hijos; el lobo se comió a uno de ellos y una dijo a la otra: ‘El lobo se llevó a tu hijo’. La otra dijo: ‘Se ha llevado a tu hijo’. Ambas mu- jeres acudieron al veredicto de Dawûd y él favo- reció a la mayor. Cuando salieron, informaron de ello a Sulaymân (Salomón) bin Dawûd. Sulaymân dijo: ‘Traedme un cuchillo que partiré al niño en- tre vosotras’. La menor dijo: ‘¡Que Dios se apiade de ti! ¡No lo hagas! El niño es de ella’. Y Sulaymân dictaminó que el niño sea para la menor».

XIV • Las palabras de Dios: Y cuando los ángeles dijeron: ‘¡Maryam (María)! Dios te ha escogido y purificado... Tú no estabas con ellos cuando disputaban (3:42-44)

1429. ‘Alî dijo: ‘Oí al Mensajero de Dios (B y P) diciendo: «La mejor entre las mujeres (de su na- ción) era Maryam, hija de ‘Imrân; y la mejor de las mujeres (de su nación: los musulmanes) es Jadîÿa»’.

1430. Abû Huraira dijo: ‘Oí al Mensajero de Dios (B y P) decir: «Las mujeres de Quraysh son

las mejores que hayan montado a camello; son las más tiernas con un bebé y las más cuidadosas con la propiedad de sus esposos»’.

XV • Las palabras de Dios: ¡Gente de la escritura! ¡No exageréis en vuestra religión!... ¡Dios basta como protector! (4:171)

1431. ‘Ubâda relató que el Profeta (B y P) dijo: «Quien atestigüe que no hay Dios alguno excepto Dios sin copartícipe alguno, que Muhammad es Su siervo y Mensajero; y que ‘Îsâ (Jesús) es siervo de Dios, Su Mensajero y Su verbo que fue dado a Maryam por un espíritu de Dios; y que el Paraíso es verdad y el Fuego es verdad, Dios lo hará entrar en el Paraíso con lo que haya hecho de obras».

XVI • Las palabras de Dios: Y recuer- da a Maryam en la escritura, cuando dejó a su familia para retirarse a un lugar de oriente (19:16)

1432. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Nadie habló desde la cuna excepto tres: (El primero fue) ‘Îsâ. (El segundo fue el caso de) un hombre llamado Ÿurayÿ en Banu Isrâ‘îl que esta- ba rezando y su madre lo llamó; él dudó: ‘¿Res- pondo a su llamado o sigo rezando?’ Su madre, ante esto, dijo: ‘¡Oh Dios! No lo dejes morir hasta que vea la cara de una prostituta’. Cuando Ÿurayÿ estaba en su ermita, fue a él una mujer y se le ofre- ció y quiso seducirlo. Él se negó y ella fue con un pastor y se le entregó; tiempo después dio a luz un niño y dijo que era de Ÿurayÿ. La gente fue a la ermita y la destruyó; lo sacaron de allí y lo insulta- ron. Ÿurayÿ hizo la ablución y rezó, luego fue con el niño y le preguntó: ‘¿Quién es tu padre niño?’ El bebé dijo: ‘Es el pastor’. La gente dijo a Ÿurayÿ: ‘¿Te construimos una ermita de oro?’ El dijo: ‘No, sólo la quiero de barro’. (El tercero es el caso de) una mujer de Banu Isrâ‘îl que estaba amaman- tando a su hijo cuando pasó junto a ella un jine- te muy apuesto. Ella dijo: ‘¡Oh Dios! Haz que mi hijo sea como él’. El bebé dejó su pezón y mirando al jinete dijo: ‘¡Oh Dios! No me hagas como él’ y volvió a su pezón y siguió chupando» –Abû Hu- raira dijo: ‘Aún me parece ver al Profeta (B y P) chupándose el dedo’–. «Luego pasó por allí una esclava y la mujer dijo: ‘¡Oh Dios! No hagas a mi hijo como esta’. El bebé dejó de chupar y dijo: ‘¡Oh Dios! Hazme como ella’. La madre dijo: ‘¿Por qué eso?’ El bebé dijo: ‘El jinete es un tirano entre los tiranos y la esclava es acusada de robar y fornicar y ella no lo hace’».

1433. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Pro- feta (B y P) dijo: «Vi a ‘Îsâ, a Mûsa e Ibrâhîm. ‘Îsâ es de tez rojiza, cabello largo y tórax amplio. En cambio Mûsa es trigueño, de pelo rizado y muy alto, como si fuese de la gente de Al-Zutt».

1434. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Pro- feta (B y P) dijo: «...Tuve un sueño anoche en la Ka‘ba; un hombre trigueño, de lo mejor que se ha visto de gente trigueña. De su cabeza goteaba agua y circunvalaba la Ka‘ba apoyando su mano en los hombros de dos hombres. Dije: ‘¿Quién es él?’ Dijeron: ‘Es el Mesías hijo de Maryam (Al- Masíh ibn Maryam)’. Detrás de mí vi a un hom- bre de cabello corto y rizado; tuerto del ojo dere- cho. Era parecido a Ibn Qatan y circunvalaba la Ka‘ba apoyando ambas manos en los hombros de un hombre. Pregunté: ‘¿Quién es él?’ Me dijeron: ‘Es el Falso Mesías (Al-Masíh Al-Daÿÿâl)’».

1435. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo en otra ver- sión: ‘¡No! ¡Por Dios! El Profeta (B y P) no dijo que ‘Îsâ es de tez rojiza; sin embargo dijo: «Soñé que circunvalaba la Ka‘ba y vi a un hombre de tez trigueña y pelo largo que caminaba apoyado en dos hombres; de su cabeza goteaba agua –o dijo: El agua caía de su cabeza–. Yo pregunté: ‘¿Quién es él?’ Me dijeron: ‘Es el hijo de Maryam (Jesús)’. Me di vuelta y vi a un hombre corpulento y de cara rojiza, de pelo rizado y tuerto del ojo dere- cho, el cual parecía una uva brotando. Pregunté: ‘¿Quién es?’ Me dijeron: ‘Es Al-Daÿÿâl (el Falso Mesías)’. Y la persona que más se parece a él entre la gente es Ibn Qatan».

1436. Abû Huraira dijo: ‘Oí al Mensajero de Dios (B y P) decir: «Yo soy la persona más cerca- na al hijo de Maryam. Los profetas todos son her- manos de padre y no hay entre el hijo de Maryam y yo profeta alguno»’.

1437. Abû Huraira también dijo: ‘Oí al Mensa- jero de Dios (B y P) decir: «Yo soy la persona más cercana a ‘Îsâ, el hijo de Maryam. Los profetas son hermanos de padre; sus madres son numerosas y distintas, pero su religión es una (el monoteísmo y la sumisión al único Dios)»’.

1438. «Abû Huraira también relató que el Pro- feta (B y P) dijo: «‘Îsâ bin Maryam vio a un hom- bre robando y le dijo: ‘¿Has robado?’ El hombre dijo: ‘¡Claro que no! ¡Por Dios, que no hay Dios sino Él!’ ‘Îsâ dijo: ‘Creo en Dios y desmiento a mis ojos’».

1439. ‘Umar dijo: ‘Oí al Mensajero de Dios (B y P) decir: «No exageréis en elogiarme como exageraron los cristianos con ‘Îsâ , el hijo de Ma- ryam, pues yo soy siervo de Dios. Decid: ‘Siervo de Dios y Su Mensajero’»’.

XVII • El regreso de ‘Îsâ bin Maryam, la paz sea con él

1440. Abû Huraira dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «¿Cómo estaréis cuando ‘Îsâ bin Ma- ryam descienda entre vosotros y gobierne sobre vosotros?»’

XVIII • Lo que se menciona sobre Banu Isrâ‘îl (los israelitas)

1441. Hudhayfa dijo: ‘Oí al Mensajero de Dios (B y P) decir: «Cuando el Daÿÿâl aparezca tendrá con él agua y fuego. Lo que la gente considere fue- go será agua fría; y lo que la gente considere agua fría será un fuego que quema. Quien sea alcanza- do por él de vosotros, que caiga en lo que parezca ser fuego, pues será agua dulce, fresca y fría»’.

1442. Hudhayfa también relata: ‘Oí al Mensa- jero de Dios (B y P) decir: «Un hombre estaba a punto de morir y cuando vio que no tenía más es- peranzas de vivir, encomendó a su familia: ‘Cuan- do yo haya muerto reunid alrededor mío mucha leña y encended una hoguera. Cuando el fuego haya consumido mi carne y llegue a los huesos, acabando de quemarlos, tomadlos y moledlos hasta que sean polvo. Luego, esperad un día con fuerte viento y lanzad mis restos al mar’. Así lo hi- cieron; pero Dios reunió sus restos y le dijo: ¿Por qué has hecho eso? El hombre dijo: ‘Por temor a ti’. Y Dios lo perdonó»’.

1443. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Los israelitas eran gobernados por los profetas; cuando moría un profeta le sucedía otro profeta; sin embargo no habrá profeta algu- no después de mí, pero habrá califas en gran nú- mero». Dijeron: ‘¿Qué nos ordenas, pues?’ Dijo: «Cumplid con vuestra bay‘a al primero ; y dadles sus derechos, pues Dios los interrogará por lo que hayan hecho con aquéllos sobre quienes quiso que gobiernen».

1444. Abû Sa‘îd relató que el Profeta (B y P) dijo: «Seguiréis los actos de quienes os precedie- ron palmo a palmo y braza a braza; hasta si entran en la madriguera de un lagarto los seguiríais». Di- jimos: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¿Hablas de los judíos y los cristianos?’ Dijo: «¿Y quién más?»

1445. ‘Abdullah bin ‘Amrû relató que el Pro- feta (B y P) dijo: «Divulgad algo de mi mensaje, aunque sea una sola aleya. Informad a otros las historias de los israelitas sin temor y quien mienta intencionalmente sobre mí que se prepare a ocu- par su lugar en el Fuego».

1446. Abû Huraira relató que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Los judíos y los cristianos no se tiñen (las canas), así que vosotros haced al con- trario (teñíos el cabello y la barba)».

1447. Yundab bin ‘Abdullah dijo: ‘El Mensaje- ro de Dios (B y P) dijo: «Entre las naciones que os precedieron hubo alguien que tenía una herida. Su impaciencia creció (ante el dolor) y se cortó la mano con un cuchillo. La sangre no dejó de co- rrer hasta que murió. Dios dijo: Mi siervo se apre- suró a morir así que yo le prohibiré el Paraíso»’.

1448. Abû Huraira relató haber oído al Profe- ta (B y P) decir: «Dios decidió probar a tres hom- bres de los israelitas: Un leproso, un calvo y un ciego. Así que les envió un ángel que llegó ante el leproso y le preguntó: ‘¿Qué es lo que más quie- res?’ El leproso respondió: ‘Un buen color y una buena piel, pues la gente me detesta’. El ángel pasó su mano por su piel y se le fue la lepra obtenien- do, así, un buen color y una buena piel. El ángel le preguntó: ‘¿Qué bien es el que más quieres?’ El hombre respondió: ‘Camellos’; entonces el ángel le dio una camella preñada y le dijo: ‘Que Dios te bendiga con ella’. Luego el ángel se dirigió al cal- vo y le dijo: ‘¿Qué es lo que más quieres?’ Le res- pondió: ‘Buen cabello y que desaparezca esto (la calvicie) pues la gente me detesta’. El ángel le pasó su mano y se fue la calvicie, recibiendo un buen cabello. Luego le preguntó: ‘¿Qué bien es el que más quieres?’ Le respondió: ‘Las vacas’. El ángel le dio entonces una vaca preñada y le dijo: ‘Que Dios te bendiga con ella’. Luego fue hasta el cie- go y le preguntó: ‘¿Qué es lo que más quieres?’ El ciego le dijo: ‘Que Dios me devuelva la vista para poder ver a la gente’. El ángel le pasó la mano y Dios le devolvió su vista. Luego le preguntó: ‘¿Qué bien es el que más quieres?’ le respondió: ‘Ove- jas’ y el ángel le dio, entonces, una oveja preñada. Y los animales se multiplicaron. El primero tenía un valle lleno de camellos, el segundo un valle lle- no de vacas y el tercero un valle lleno de ovejas. Luego, el ángel se presentó ante el que era leproso con la apariencia de un pobre leproso y le dijo: ‘Soy un hombre pobre que perdió todos su me- dios de sustento en un viaje; nadie podrá satisfa- cer mis necesidades sino Dios y luego tú. Te pido, en nombre del que te dio un buen color, una bue- na piel y bienes, un camello para llegar a mi des- tino’. El hombre dijo: ‘Tengo muchas obligaciones (no puedo ayudarte)’. El ángel le dijo: ‘Me parece conocerte ‘¿No eres tú ese al que la gente detesta- ba; que era pobre y luego Dios le dio bienes?’ El hombre se negó diciendo: ‘Yo obtuve esto como herencia de mis antepasados’. El ángel le dijo: ‘Si estás mintiendo que Dios te transforme en lo que eras antes’. Luego fue ante el que era calvo con la misma apariencia que él tenía antes y le dijo lo mismo que dijo al que era leproso. El que era cal- vo le respondió lo mismo que el que era leproso. Entonces, el ángel le dijo: ‘Si estás mintiendo que Dios te transforme en lo que eras antes’. Luego fue ante el que era ciego con la apariencia que él tenía antes (la ceguera) y le dijo: ‘Soy un hombre pobre y un viajero en apuros; he perdido mis medios de sustento. Nadie podrá llenar mis necesidades sino Dios y luego tú. Te pido, por el que te devolvió la vista, una oveja para que llegue a mi destino’. El que era ciego le dijo: ‘Yo era ciego y Dios me de- volvió la vista; también era pobre y Dios me enri- queció. Toma lo que desees; pues yo no te negaré lo que tomes por Dios’. El ángel le dijo: ‘Quédate con tus bienes, pues (los tres) habéis sido proba- dos. Dios está complacido contigo y su enojo re- cayó sobre tus dos amigos’».

1449. Abû Sa‘îd relató que el Profeta (B y P) dijo: «Entre los israelitas había un hombre que asesinó a noventa y nueve personas y que des- pués salió a preguntar (si su arrepentimiento se- ría aceptado). Fue ante un ermitaño y le preguntó: ‘¿Será aceptado mi arrepentimiento?’ El ermitaño le dijo: ‘No’ y el hombre lo mató. El hombre siguio preguntando hasta que otro hombre le dijo: ‘Vé a tal aldea’. El hombre partió y en el camino lo al- canzó la muerte. Mientras caía dirigió su pecho hacia la aldea (en la cual esperaba que se acepte su arrepentimiento). Esto causó que los ángeles de la misericordia disputaran con los ángeles del cas- tigo. Dios ordenó a la aldea donde iba el hombre que se acercara a él y ordenó a la aldea que dejó atrás que se alejara de él. Dios ordenó después a los ángeles que midan la distancia entre el cuerpo del hombre y ambas aldeas. Entonces descubrie- ron que el cuerpo estaba más cercano a la aldea donde iba por un palmo, así que fue perdonado».

1450. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Un hombre compró de otro un lote de te- rreno. El comprador halló, enterrado en el terre- no, un jarrón lleno de oro. El comprador fue ante el vendedor y le dijo: ‘Toma tu oro; yo he compra- do la tierra y no el oro’. El vendedor dijo: ‘Toma el oro, pues yo te he vendido la tierra con todo lo que hay en ella’. Ambos fueron ante un tercer hombre para que juzgue entre ellos y éste les dijo: ‘¿Tenéis hijos?’ Uno dijo: ‘Tengo un muchacho’ y el otro dijo: ‘Tengo una muchacha’. El hombre les dijo: ‘Casad a la chica con el chico y gastad el oro en ellos, lo que sobre dadlo en caridad’».

1451. Usâma bin Zayd fue preguntado: ‘¿Qué has oído del Mensajero de Dios (B y P) sobre la peste?’ Usâma dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «La peste es un azote enviado contra un gru- po de los israelitas –o: «Sobre algunos de los que os precedieron». Si oís de ella en alguna tierra no vayáis a ella. Y si se presenta en la tierra en que vo- sotros residís no salgáis de allí huyendo de ella»’.

1452. ‘Âisha, esposa del Profeta (B y P), dijo: ‘Pregunté al Mensajero de Dios (B y P) sobre la peste y él me informó que: «Es un castigo que Dios envía sobre quien quiere y es una misericor- dia para con los creyentes. Todo aquel que es azo- tado por la peste y se queda en su tierra paciente- mente y con fe, sabiendo que no le afectará sino lo que Dios le ha escrito, tendrá la misma recom- pensa del mártir»’.

1453. Ibn Mas‘ûd dijo: ‘Aún me parece ver al Profeta (B y P) relatando sobre uno de los profe- tas, que fue golpeado por su gente hasta sangrar, que, mientras se limpiaba la sangre del rostro, dijo: ‘¡Oh Dios! ¡Perdona a mi nación pues no tie- nen conocimiento!»

1454. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Pro- feta (B y P) dijo: «Mientras un hombre caminaba arrastrando sus vestimentas con soberbia, fue tra-

gado por la tierra y seguirá hundiéndose en ella hasta el Día de la Resurrección».

XIX • Mención de las virtudes

1455. Abû Huraira relató que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Encontraréis que la gente es como los metales (de distinta naturaleza). Los mejores en la Ignorancia (Al-ÿahiliya) serán los mejores en el Islam si entienden (la religión). En- contraréis que la mejor gente en este asunto (el de gobernar) es la que más lo detesta. Encontraréis también que la peor gente son los de dos caras, el que se presenta ante estos con una cara y ante aquellos con otra cara».

1456. Abû Huraira también relató que el Profeta (B y P) dijo: «La gente viene después de Quraysh en este asunto (el gobierno). Los mu- sulmanes siguen a sus musulmanes y los incré- dulos siguen a sus incrédulos. La gente es como los metales. Los mejores de la Ignorancia serán los mejores en el Islam si entienden su religión. Y encontraréis que la mejor gente son los que más detestan este asunto (el gobierno), hasta que recae sobre ellos».

XX • Las virtudes de Quraysh

1457. Mu‘âwiya relata que se le informó que ‘Abdullah bin ‘Amrû bin Al-‘Âs relataba que habría un rey de la tribu Qahtán. Entonces, Mu‘âwiya se enojó y se levantó; alabó a Dios con lo que mere- ce y dijo: ‘Ahora; me he enterado que algunos de vosotros relatan cosas que no están en el Libro de Dios ni se encuentran atribuidas al Mensajero de Dios (B y P). Esos son los ignorantes entre voso- tros. Cuidaos de los sueños que pierden a los que los tienen, pues yo oí al Mensajero de Dios (B y P) decir: «Este asunto (el gobierno) estará en manos de Quraysh. Dios destruirá a quien les sea hostil, mientras ellos practiquen la religión»’.

1458. Abû Huraira relató que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Quraysh, los ansâr, Yuhayna, Muzayna, Aslam, Ashÿa’ y Gifâr son aliados mu- tuos; y no tienen ningún aliado sino Dios y Su Mensajero».

1459. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Men- sajero de Dios (B y P) dijo: «Esta autoridad que- dará en Quraysh hasta que queden sólo dos de ellos».

1460. Ÿubayr bin Mut‘im dijo: ‘Yo y ‘Uzmân bin ‘Affán fuimos (ante el Profeta (B y P)) y él dijo: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Diste (bienes) a Banu Al-Muttalib y nos dejaste de lado, sien- do que ellos y nosotros (nuestro clan) tenemos la misma cercanía hacia ti’. El Profeta (B y P) dijo entonces: «Banu Hâshim y Banu Al-Muttalib son una sola cosa»’.

XXI

1461. Abû Dharr relató que oyó al Profe- ta (B y P) decir: «Todo hombre que se atribuye a otro fuera de su padre –a sabiendas– es un in- crédulo; y quien alega pertenecer a un pueblo del que no forma parte, que vaya ocupando su lugar en el Fuego infernal».

1462. Wâzila bin Al-Asqa’ relató que el Profe- ta (B y P) dijo: «Una de las mentiras más graves es que un hombre se atribuya a otro que no sea su padre; o que alegue haber tenido un sueño que realmente no tuvo; o que relate del Mensajero de Dios (B y P) lo que él no haya dicho».

XXII • La mención de Aslam, Gifâr, Muzayna, Ÿuhayna y Ashÿa’

1463. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Men- sajero de Dios (B y P) dijo sobre el púlpito: «Dios perdonó a la tribu Gifâr; Dios salvó a la tribu As- lam; y la tribu de ‘Usayya desobedeció a Dios y a Su Mensajero».

1464. Abû Bakra relató que Al-Aqra’ bin Hâ- bis dijo al Profeta (B y P): ‘Los que te juraron fide- lidad son los asaltantes de peregrinos de las tribus de Aslam, Gifâr y Muzayna –y creo que dijo: ‘Y Ÿuhayna’–. El Profeta (B y P) dijo: «¿Y qué si las tribus de Aslam, Gifâr, Muzayna y Yuhayna fue- sen mejores que Banu Tamîm, que Banu ‘ámir, Asad y Gatafân?» Alguien dijo: ‘¡Son perdedo- res y fracasados!’ El Profeta (B y P) dijo: «Sí; ¡Por Aquél que tiene mi alma en Sus manos! Son me- jores que los últimos»’.

1465. Abû Huraira dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Aslam, Gifâr y parte de Muzayna y Ÿuhayna –o dijo: ‘Parte de Ÿuhayna o Muzayna’– son mejores ante Dios –o dijo: ‘El Día de la Resurrección’– que Asad, Tamîm, Hawázin y Gatafán’»’.

XXIII • La mención de Qahtân

1466. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «No vendrá la Hora hasta que no surja un hombre de Qahtân que conducirá a la gente a pa- los».

XXIV • Lo que se prohibe de los llama- dos y costumbres de la ÿahiliya

1467. Ÿâbir dijo: ‘Salimos de campaña acom- pañando al Profeta (B y P). Un gran número de los muhâÿirûn había salido acompañando al Pro- feta (B y P); entre ellos había un hombre bromis- ta que golpeó, en broma, a uno de los ansâr en el muslo. El ansârí se enojó mucho y ambos em- pezaron a disputar y llamar a su gente. El ansârí dijo: ‘¡A mí los ansâríes!’ y el muhâÿir dijo: ‘¡A mí los muhâÿirûn!’ El Profeta (B y P) salió y cla- mó: «¿Qué son estos llamados de la (la época de la) Ignorancia?» Luego dijo: «¿Qué les pasa?» Y se le informó sobre el golpe del muhâÿir. Enton- ces dijo: «Dejad esto porque es apestoso». ‘Abdu- llah bin Ubay bin Salûl dijo: ‘¿Se han juntado con- tra nosotros (los muhâÿirûn)? Cuando volvamos a Medina el más poderoso expulsará al humilla- do’. ‘Umar dijo: ‘¿Por qué no matamos, Mensajero de Dios, a este malicioso?’ El Profeta (B y P) dijo: «No quiero que la gente diga: (Muhammad) solía matar a sus compañeros»’.

XXV • La historia de la tribu Juzâ‘a

1468. Abû Huraira relató que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «‘Amrû bin Luhay bin Qama‘a bin Jindif es el padre de Juzâ‘a».

1469. Abû Huraira también dijo: ‘El Profe- ta (B y P) dijo: «Vi a ‘Amrû bin ‘ámir bin Luhay Al-Juzâ‘i arrastrando sus intestinos por el Infier- no; pues él fue el primero que inició la tradición de liberar camellas en nombre de sus ídolos (Al- Sawâ‘ib)»’.

XXVI • Relato de la islamización de Abû Dharr

1470. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo: ‘Abû Dharr dijo: ‘Yo era de la tribu de Gifâr. Nos enteramos de que en Makka surgió un hombre alegando ser profeta; yo dije a mi hermano: ‘Vé ante ese hom- bre, háblale y vuelve a mí con noticias de él’. Mi hermano partió; se encontró con él y volvió. Le dije: ‘¿Qué nuevas traes?’ Dijo: ‘¡Por Dios! He vis- to a un hombre que predica el bien y prohibe el mal’. Así que tomé un odre con agua y una vara y partí hacia Makka. Yo no lo conocía y no quería preguntar por él, así que me mantuve en la mez- quita y bebiendo agua de Zamzam. ‘Alí pasó cerca de mí y dijo: ‘Me pareces extranjero... ¿No es así?’ Le dije: ‘Si’. Él dijo: ‘Vamos, pues, a la casa’. Par- timos y él no me preguntaba de nada ni yo se lo informaba’. A la mañana siguiente fui a la mezqui- ta a preguntar por él (Profeta (B y P)) y nadie me supo informar nada. ‘Alí pasó nuevamente cerca de mí y me preguntó: ‘¿El señor aún no ha llega- do a saber dónde pasará la noche?’ Dije: ‘No’. Me dijo: ‘Ven conmigo’ y me preguntó: ‘¿Qué te trae por esta ciudad?’ Le dije: ‘Si prometes guardar el secreto te lo informaré’. Me dijo: ‘Así lo haré’. Le dije: ‘Nos llegó la noticia de que aquí había surgi- do un hombre que dice ser profeta. Así que man- dé a mi hermano para que hable con él; pero no me trajo suficientes datos, así que quise verlo per- sonalmente’. ‘Alí me dijo: ‘Pues has llegado hasta tu objetivo; yo estoy yendo a verlo ahora mismo; sígueme y entra donde yo entre. Si yo veo a al- guien que pueda dañarte me dirigiré a una pared aparentando arreglarme el calzado (para adver- tirte) y tú seguirás de largo’. Alí partió y yo fui con él hasta que entré con él ante el Profeta (B y P), a quien dije: ‘Muéstrame el Islam’; él me lo expuso y yo me islamicé en ese mismo lugar. El Profeta (B y P) me dijo entonces: «¡Abû Dharr! Guarda en secreto este asunto y vuelve a tu tierra. Cuan- do te lleguen las noticias de nuestra victoria ven a nosotros». Yo dije: ‘¡Por el que te envió con la verdad! ¡Juro que lo gritaré entre ellos!» (Después de esto, Abû Dharr) fue a la mezquita donde se encontraban los (incrédulos) de Quraysh y dijo: ‘Doy testimonio de que no hay más Dios sino Dios y doy testimonio de que Muhammad es Su siervo y Mensajero’. Abû Dharr agregó: ‘Ellos di- jeron: ‘¡Levantaos y arremeted contra este sabeo!’ Así que se levantaron y me golpearon hasta casi matarme. Al-‘Abbâs me vio y se lanzó sobre mí para protegerme; luego los enfrentó y les dijo: ‘¡Ay de vosotros! ¿Matáis a un hombre de Gifâr siendo que vuestro comercio y vuestro paso es a través del territorio de Gifâr?’ Ellos, entonces, se alejaron de mí. Cuando llegó el siguiente día fui nuevamente allí y dije lo mismo que dije el día

anterior. Ellos dijeron: ‘¡Arremeted contra este sa- beo!’ Y me hicieron lo mismo que me hicieron el día anterior. Entonces llegó Al-‘Abbâs y se lanzó sobre mí y repitió las mismas palabras que el día anterior’. Este fue, pues, el principio de Abû Dha- rr, que Dios se apiade de él, en el Islam.

XXVII • Quien se relaciona a sus ances- tros en el Islam y la ignorancia

1471. ‘Abdullah bin ‘Abbâs también relató: ‘Cuando descendió la aleya: Advierte a los miem- bros más allegados de tu tribu (26:214), el Profe- ta (B y P) empezó a invitar a las distintas tribus al Islam. Les decía: «¡Banu Fihr! ¡Banu ‘Adí!» men- cionando las distintas ramas de Quraysh’.

XXVIII • Quien desea que no se insulte a sus ancestros

1472. ‘Âisha dijo: ‘Hassân pidió permiso al Profeta (B y P) para dirigir sus versos contra los politeístas. El Profeta (B y P) le dijo: «¿Y qué con nuestro origen común?» Hassán le dijo: ‘Yo te apartaré de ellos como se saca un cabello de la ha- rina».

XXIX • Lo que se menciona sobre los nombres del Mensajero de Dios (B y P)

1473. Ÿubayr bin Mut‘im dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Tengo cinco nombres: Yo soy Muhammad; soy Ahmad; soy Al-Mâhi (el que borra) con el que Dios borrará la incredulidad; soy Al-Hâshir, porque resucitaré primero y el res- to de la gente resucitará después de mí; también soy Al-‘Âqib (el último, es decir: No habrá profeta alguno después de mí)»’.

1474. Abû Huraira dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «¿No os sorprende cómo Dios me libra de los insultos y maldiciones de Quraysh? Ellos insultan y maldice a Mudhammam y yo soy Muhammad»’ .

XXX • El ultimo de los profetas

1475. Ÿâbir bin ‘Abdullah dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Mi caso y el de los demás profetas es como el de un hombre que construye una casa y deja el espacio de un ladrillo faltante. La gen- te entra a la casa y admirados dicen: ‘¡Si no fue- se por ese ladrillo que falta! (Qué espléndida casa sería)’»’

1476. En otra versión, relatada por Abû Hu- raira, hay una adición: «...Excepto el espacio de un ladrillo faltante en una esquina..». y al final dice: «Yo soy el ladrillo (que faltaba); soy el últi- mo profeta».

XXXI • La muerte del Profeta (B y P)

1477. ‘Âisha relató que el Profeta (B y P) mu- rió a la edad de sesenta y tres años.

XXXII

1478. Al-Sâ‘ib bin Yazîd dijo, a sus noventa y cuatro años, aún fuerte y firme: ‘Yo sé que estoy aún gozando de mi vista y mi oído por la plega- ria del Mensajero de Dios (B y P). Mi tía me llevó a él y le dijo: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Este es el hijo de mi hermana que está enfermo. Ruega, pues a Dios, por él’. Y él rogó por mí’.

XXXIII • La descripción del Profeta (B y P)

1479. ‘Uqba bin Al-Hâriz dijo: ‘Abû Bakr rezó el ‘asr y salió a caminar; vio a Al-Hasan jugan- do con unos niños, lo cargó sobre sus hombros, y dijo: ‘¡Que mi padre sea tu rescate! Te pareces al Profeta (B y P) y no te pareces a ‘Alí’ y ‘Alí reía’.

1480. Abû Ÿuhayfa dijo: ‘Vi al Profeta (B y P) y Al-Hasan bin ‘Alí, la paz sea sobre ambos, se le parecía mucho’. Se le dijo: ‘Descríbemelo’. Dijo: ‘Era blanco y su barba era negra con un poco de pelo blanco. El Profeta (B y P) prometió darnos trece camellas jóvenes pero murió antes de que las recibamos’.

1481. ‘Abdullah bin Busr, sahabi del Profe- ta (B y P), relató que se le dijo: ‘¿Viste al Profeta (B y P) cuando envejeció?’ y él respondió: ‘Tenía

algunas canas entre el labio inferior y el men- tón’.

1482. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) era de altura media, no era alto ni bajo; (su piel) tenía un color cercano al rosado, no era muy blan- co ni muy moreno. Su pelo no era completamente rizado ni completamente lacio. La Revelación le llegó a sus cuarenta años. Se quedó en Makka diez años más mientras le descendía la Revelación y estuvo diez años en Medina; murió cuando no te- nía en su cabeza y en su barba más de veinte ca- bellos blancos’.

1483. En otra versión, Anas bin Mâlik dice: ‘El Profeta (B y P) no era muy alto ni bajo; (su piel) no era absolutamente blanca ni parda; su pelo no era totalmente rizado ni lacio; Dios lo envió a sus cuarenta años’ y mencionó el resto del hadiz.

1484. Al-Barâ’ dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) era el rostro más agradable de todos y era el de mejor apariencia. No era muy alto ni bajo’.

1485. Anas fue preguntado: ‘¿Solía teñirse el pelo el Profeta (B y P)?’ El dijo: ‘No; sólo unos cuantos cabellos a los lados de su cara’.

1486. Al-Barâ’ bin ‘Âzib dijo: ‘El Profeta (B y P) era de mediana estatura; de hombros anchos; su pelo le llegaba a los lóbulos de sus orejas. Una vez lo vi usando una capa roja; nunca vi una persona mejor parecida que él’.

1487. En otra versión, Al-Barâ’ relata que se le preguntó: ‘¿El rostro del Profeta (B y P) era (bri- llante) como la espada?’ y él dijo: ‘No, era más bien como la luna llena’.

1488. Abû Ÿuhayfa relató que una vez vio al Profeta (B y P) en Al-Bathá’ y frente a él había una vara clavada en el suelo; este hadiz ya fue men- cionado (ver Nro. 313). En esta versión dice: ‘La gente empezó a tomar sus dos manos y pasárse- las por la cara. Yo tomé su mano y la pasé por mi cara; la encontré más fría que la nieve y de aroma más dulce que el almizcle’.

1489. Abû Huraira relató que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Fui enviado en el mejor siglo de todas las generaciones de la descendencia de Adam desde su creación».

1490. ‘Abdullah bin ‘Abbâs relató: ‘El Mensa- jero de Dios (B y P) solía dejar caer su cabello ya que los incrédulos solían separarlo en dos al pei- narlo. La Gente de la Escritura solía dejar caer su cabello y al Profeta (B y P) le gustaba imitarlos en las cosas en las que no tenía una orden determi- nada. Después el Mensajero de Dios (B y P) sepa- ró en dos su cabello’.

1491. ‘Abdullah bin ‘Amrû bin Al-‘ás dijo: ‘El Profeta (B y P) no era uno que usara mal lenguaje ni aparentaba ser mal hablado para divertir a la gente. Solía decir: «Los mejores de vosotros son los que mejor carácter tienen»’.

1492. ‘Âisha dijo: ‘Siempre que el Profeta (B y P) podía elegir entre dos cosas elegía la más fácil, mientras no signifique un pecado. Y si era un pecado era la persona que más se alejaba de ello. El Mensajero de Dios (B y P) nunca se vengó (de alguien) por su propia satisfacción pero sí lo hacía cuando las prohibiciones de Dios se viola- ban, y lo hacía por la causa de Dios’.

1493. Anas bin Mâlik dijo: ‘Nunca toqué nin- guna seda o Dibâÿ más suave que la palma de la mano del Profeta (B y P). Tampoco he olido un perfume o un sudor más aromático que el sudor del Profeta (B y P)’.

1494. Abû Sa‘îd Al-Judrî dijo: ‘El Profeta (B y P) era más recatado que una virgen bajo su velo’.

1495. En otra versión: ‘Si detestaba algo se le notaba en la cara’.

1496. Abû Huraira dijo: ‘El Profeta (B y P) nunca demostró desagrado por ninguna comida (que se le ofrecía); si le gustaba la comía y si no le gustaba la dejaba de lado’.

1497. ‘Âisha relató que cuando el Profeta (B y P) relataba un hadiz lo hacía tan claramente que, si alguien deseaba contar el número de sus palabras, podía hacerlo.

1498. ‘Âisha también dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) nunca hablaba tan rápido y vago como vosotros habláis’.

XXXIV • Los ojos del Profeta (B y P) dor- mían, pero su corazón no dor- mía

1499. Anas bin Mâlik relataba sobre la noche en que el Profeta (B y P) fue transportado desde la mezquita de la Ka‘ba; decía: ‘Tres personas llega- ron a él, antes de que se le revelara algo, mientras dormía en la Mezquita Sagrada. El primero dijo: ‘¿Cuál de ellos es?’ El del medio dijo: ‘Es el mejor de ellos’. El último dijo: ‘Tomad al mejor de ellos’. Y eso fue todo; él no los volvió a ver hasta que lle- garon otra noche y él los percibió con su corazón, pues los ojos del Profeta (B y P) duermen pero su corazón no. Así también son los otros profetas:

Sus ojos duermen pero sus corazones no. Fue en- tonces que Ÿibrîl lo tomó a su cargo y lo hizo as- cender con él al cielo’.

XXXV • Los signos de la profecía en el Islam

1500. Anas bin Mâlik también dijo: ‘Al Profeta (B y P) se le presentó un recipiente, mientras esta- ba en Al-Zawrá’; él introdujo su mano en el reci- piente; el agua empezó a surgir de entre sus dedos y toda la gente hizo la ablución’. Se le preguntó a Anas: ¿Cuántos erais? Él respondió: ‘Trescientos o cerca de trescientos’.

1501. ‘Abdullah dijo: ‘Solíamos considerar los milagros como bendiciones y vosotros las consideráis como inspiradoras de miedo. Es- tábamos en una expedición con el Mensajero de Dios (B y P) y nos faltó el agua. El Profeta (B y P) dijo: «Procurad el agua que os sobra» y le trajeron un recipiente con un poco de agua. Él introdujo su mano en el recipiente y dijo: «Ve- nid a la purificación bendita; y la bendición es de Dios». Y yo vi el agua brotar de entre los de- dos del Mensajero de Dios (B y P). Y sin duda que oíamos la comida glorificando a Dios mien- tras se la comía’.

1502. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «No llegará la Hora hasta que luchéis contra gente cuyos calzados tienen pelo..»., este hadiz ya fue mencionado por completo (ver Nro. 1262). Al final de esta versión dice: «Os llegará un tiem- po en que, a algunos de vosotros, verme les sea preferible a ver su familia y propiedades dupli- cadas».

1503. Abû Huraira también relató que el Pro- feta (B y P) dijo: «La hora no llegará hasta que combatáis a Juza y Kirmân de entre los extranje- ros. Son de caras rojas, narices aplastadas y ojos pequeños. Sus caras parecerán escudos planos y sus calzados tendrán pelo».

1504. Abû Huraira también dijo: ‘El Mensa- jero de Dios (B y P) dijo: «Esta rama de Quraysh arruinará a la gente». (Los sahabas) dijeron: ‘¿Qué nos ordenas?’ El dijo: «La gente debería apartarse de ellos»’.

1505. Abû Huraira también dijo, en otra ver- sión: ‘Oí al veraz, el verazmente inspirado, decir: «La destrucción de mi nación estará en manos de unos muchachos de Quraysh». Si queréis que os diga sus nombres pues son los hijos de fulano y los hijos de fulano’.

1506. Hudhayfa bin Al-Yamân dijo: ‘La gente solía preguntar al Mensajero de Dios (B y P) so- bre el bien y yo solía preguntarle por el mal, por temor a que me alcance. Dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Nosotros estuvimos en la Ignorancia y el mal; luego Dios nos trajo este bien ¿Vendrá, pues, después de este bien, algún mal?’ El Profeta (B y P) dijo: «Sí». Yo dije: ‘¿Y después de ese mal vendrá algún bien?’ Dijo: «Sí; pero estará marca- do con pequeños rastros del mal». Dije: ‘¿Cuáles serán esos rastros?’ Dijo: «Gente que dirigirá a los demás sin la guía que os dejaré; aprobaréis cosas de ellos y desaprobaréis otras». Dije: ‘¿Y vendrá después de ese bien algún mal?’ Dijo: «Sí; predi- cadores a las puertas del Infierno. Quien los sigue será lanzado en él por ellos». Dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Descríbemelos’. Él dijo: «Sí, son de nuestra raza y hablan nuestra lengua». Dije: ‘¿Y qué me ordenas si me alcanza eso?’ Dijo: «Man- tente con el grupo mayor de los musulmanes y con su imâm». Dije: ‘¿Y si no hay un grupo mayor ni un imâm entre los musulmanes?’ Dijo: «Apár- tate, pues, de todas esas sectas, aunque tengas que morder la raíz de un árbol y te llegue la muerte en ese estado»’.

1507. ‘Alí dijo: ‘Si os relato algo del Mensajero de Dios (B y P) (recordad que) prefiero caer del cielo a mentir sobre el Mensajero de Dios (B y P). Pero, si os hablo sobre mí y sobre vosotros, sin duda que la guerra implica engaño. Oí al Men- sajero de Dios (B y P) decir: «En los últimos días de este mundo vendrá una gente joven, de sueños tontos, que hablarán con la mejor elocuencia de la creación. Pasarán a través del Islam como una flecha que sale atravesando la presa. Su fe no va más allá de sus gargantas, así pues; donde los en- contréis combatidlos, pues combatirlos significa- rá una recompensa, para quien lo haga, en el Día de la Resurrección»’.

1508. Jabbâb bin Al-Aratt dijo: ‘Nos quejamos (de la persecución de los idólatras) con el Mensa- jero de Dios (B y P) mientras él estaba sentado a la sombra de la Ka‘ba apoyándose en su manto. Le dijimos: ‘¿Y si pides victoria para nosotros? ¿Y si ruegas a Dios por nosotros?’ Él dijo: «Entre las na- ciones anteriores a vosotros, un hombre (creyen- te) era puesto en un hoyo, cavado para él, y luego se traía una sierra y se partía su cabeza en dos, pero eso no lo hacía dejar su religión. Su cuerpo era peinado con peines de hierro que arrancaban

la carne de los huesos o los nervios, pero eso no lo hacía dejar su religión. ¡Por Dios! Esta religión prevalecerá hasta que un jinete vaya de San‘á’ (en el Yemen) hasta Hadramawt sin temer sino a Dios o al lobo por sus ovejas, pero vosotros sois muy apresurados»’.

1509. Anas bin Mâlik relató que el Profeta (B y P) notó la ausencia de Zâbit bin Qays. Un hombre dijo: ‘¡Mensajero de Dios (ByP)! Te traeré noticias de él’. El hombre fue a buscarlo y lo halló sentado en su casa y cabizbajo; le dijo: ‘¿Qué te sucede?’ Zâbit dijo: ‘Una mala situación; un hombre solía levantar su voz por encima de la del Profeta (B y P) perdiendo por ello todas sus obras y ahora es de los habitantes del Infierno ‘. El hombre volvió ante el Profeta (B y P) y le re- lató que Zâbit dijo tal y tal cosa. El hombre fue otra vez (a Zâbit) con una gran albricia. El Profe- ta(ByP)ledijo:«Véaél(Zâbit)ydile:Noeres de la gente del Infierno, pero sí eres de la gente del Paraíso».

1510. Al-Barâ’ bin ‘Âzib dijo: ‘Un hombre re- citaba la sura de «la cueva» (sûra al Kahf)(en su oración) y en su casa había una bestia de monta que se asustó y empezó a saltar. El hombre termi- nó su oración con el taslîm y de pronto vio que lo cubría una nube o una niebla. Mencionó el asunto al Profeta (B y P) y él le dijo: «¡Recita fu- lano! Pues es la Tranquilidad (Al-Sakîna) que ha descendido por la recitación del Corán –o: Por el Corán–»’.

1511. ‘Abdullah bin ‘Abbâs relató que el Profe- ta (B y P) entró a la casa de un beduino enfermo a quien visitaba. Cuando el Profeta (B y P) entraba a visitar un enfermo decía: «No hay mal; será una expiación (de tus pecados) si Dios quiere». El be- duino dijo: ‘¿Expiación dices? ¡Esto es, más bien, una fiebre que hierve –o dijo: Acosa– sobre un hombre viejo y lo llevará a la tumba!’ El Profeta (B y P) dijo: «Así sea entonces».

1512. Anas bin Mâlik dijo: ‘Había un hom- bre que era cristiano y luego se islamizó. Reci- tó las suras: «La Vaca» y «La familia de ‘Imrán» (sûra Al-Baqara y sûra Âl ‘Imrán); también so- lía escribir (la revelación) para el Profeta (B y P). Después, volvió al cristianismo y decía: ‘Muham- mad no conoce sino lo que yo le escribí’. Dios lo hizo morir y lo enterraron. A la mañana siguiente encontraron que la tierra lo había expulsado. Dijeron: ‘Esto es obra de Muhammad y sus sa- habas porque él huyó de ellos; cavaron la tumba de nuestro amigo y extrajeron su cuerpo’. Así fue que cavaron más profundo para enterrarlo nue- vamente; pero a la mañana siguiente volvieron a encontrarlo afuera. Dijeron: ‘Esto es obra de Mu- hammad y sus sahabas; excavaron la tumba de nuestro amigo cuando vieron que huyó de ellos y lo extrajeron de ella’. Así es que cavaron nue- vamente lo más profundo que pudieron; pero a la mañana siguiente volvió a aparecer fuera de la tumba. Entonces supieron que lo que le sucedía al cadáver no era causado por hombres y lo dejaron fuera de la tumba’.

1513. Ÿâbir dijo: ‘(Una vez) el Profeta (B y P) dijo: «¿Tenéis alfombras?» Yo le dije: ‘¿Y cómo podríamos tener alfombras?’ Él dijo: «Pero pron- to tendréis alfombras». (Hoy), cada vez que yo digo a mi mujer: ‘Saca tus alfombras de mi vista’, ella dice: ‘¿Acaso no dijo el Profeta (B y P): «Pero pronto tendréis alfombras»?’ y yo desisto del pe- dido’.

1514. Sa‘d bin Mu‘âdh relató haberle dicho a Umayya bin Jalaf: ‘Oí a Muhammad decir que te mataría’. Umayya dijo: ‘¿A mí?’ Sa‘d dijo: ‘Sí’. Umayya dijo: ‘¡Por Dios! ¡Muhammad no miente cuando habla!’ Así fue que Dios lo mató en Badr. En este hadiz hay una historia cuyo resumen es lo anterior.

1515. Usâma bin Zayd relató que Ÿibrîl lle- gó al Profeta (B y P) cuando estaba con Umm Sa- lama; le habló un tiempo y luego se marchó. El Profeta (B y P) preguntó a Umm Salama: «¿Sabes quién es él?» o algo similar. Ella respondió: ‘Es Dihya (uno de los sahabas del Profeta (B y P))’. Tiempo después, Umm Salama dijo: ‘¡Juro por Dios! Pensé que era Dihya hasta que oí al Profe- ta (B y P) hablando de Ÿibrîl en su jutba’, o dijo algo así.

1516. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Men- sajero de Dios (B y P) dijo: «Vi (en un sueño) que la gente estaba reunida en asamblea. Entonces, Abû Bakr se levantó y sacó uno o dos baldes de agua (de un pozo). En su extracción había algo de debilidad, que Dios lo perdone. Luego ‘Umar tomó el balde que se tornó en sus manos en un gran balde. Y nunca vi a una persona que saque agua más fuerte que ‘Umar; así lo hizo hasta que toda la gente bebió y dio de beber a sus camellos que allí estaban».

XXXVI • Las palabras de Dios: Aquéllos a quienes hemos dado la escri- tura la conocen como conocen a sus propios hijos varones. Pero algunos de ellos ocultan la verdad a sabiendas (2:146)

1517. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que los ju- díos se presentaron ante el Mensajero de Dios (B y P) y le mencionaron que un hombre y una mujer de ellos habían cometido adulterio. El Pro- feta (B y P) les dijo: «¿Qué encontráis en la Torá (el Pentateuco) sobre la lapidación?» Ellos dije- ron: ‘Debemos anunciar su delito y azotarlos (so- lamente)’. ‘Abdullah bin Salâm dijo: ‘¡Mentís! La Torá prescribe la lapidación (en este caso)’. Así es que trajeron la Torá y la extendieron. Uno de los judíos puso su mano sobre el versículo de la la- pidación y leyó lo que viene antes y lo que viene después. ‘Abdullah bin Salám le dijo: ‘Levanta tu mano’. Cuando el judío levantó su mano encon- traron el versículo ordenando la lapidación y dije- ron: ‘¡Muhammad tenía razón! La Torá ordena la lapidación’. Y el Mensajero de Dios (B y P) ordenó que ambos sean lapidados a muerte.

XXXVII • Los politeístas pidieron al Pro- feta (B y P) que les muestre un signo y él les mostró la luna hendiéndose

1518. ‘Abdullah bin Mas‘ûd dijo: ‘La luna se hendió en la época del Mensajero de Dios (B y P). El Profeta (B y P) dijo: «¡Sed testigos!»’.

1519. ‘Urwa Al-Báriqí relató que el Profeta (B y P) le dio un dinar para que le compre una oveja y él compró con ello dos ovejas y vendió una de ellas por un dinar. Así es que volvió al Profe- ta(ByP)conunaovejayundinaryelProfeta (B y P) rogó por él para que Dios le bendiga en sus ventas. Fue así que si ‘Urwa comparaba tierra obtenía por ella ganancias.


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