Libro del Tayamum

I

¡Creyentes! Cuando os dispongáis a hacer el salat, lavaos el rostro y los brazos hasta el codo, pasad las manos por la cabeza y lavaos los pies hasta el tobillo. Si estáis enfermos o de viaje, si viene uno de vosotros de hacer sus necesidades, o habéis tenido contacto con mujeres y no encon- tráis agua, recurrid a arena limpia y pasadla por el rostro y por las manos. Dios no quiere impone- ros ninguna carga, sino purificaros y completar Su gracia en vosotros. Quizás, así seáis agrade- cidos (5:6).

223. ‘Âisha, esposa del Profeta (B y P), dijo: ‘Salimos con el mensajero de Dios (B y P) en uno de sus viajes. Cuando llegamos a Al-Baydâ’, o Dhat ul-ÿaysh, se me cortó (y se perdió) un co- llar. El Mensajero de Dios detuvo la caravana para buscarlo. La gente se detuvo. Sin embargo, no te- nían agua ni había agua en el lugar. La gente fue a Abû Bakr; le dijeron: ‘¿No has visto lo que ‘Âisha causó? Hizo que el Mensajero de Dios y la gente se detengan en un lugar sin agua y sin tener agua con ellos’. Abû Bakr, vino mientras el Mensajero de Dios (B y P) había recostado su cabeza sobre mis piernas y ya se había dormido; dijo: ‘Detuvis- te al Mensajero de Dios (B y P) y a la gente; en un lugar sin agua y ellos no traen agua’. ‘Âisha añadió: ‘Abû Bakr me recriminó; dijo lo que Dios quiso que diga, y me punzaba con su mano en mi cos- tado. No me moví sólo porque el Mensajero de Dios (B y P) estaba apoyado en mi regazo. El Pro- feta (B y P) despertó al amanecer y le faltó agua. Entonces, Dios reveló la aleya del tayammum y la gente realizó el tayammum. Usayd bin Hudayr dijo: ‘¡Esta no es la primera de vuestras bendicio- nes, casa de Abû Bakr!’ ‘Âisha añadió: ‘Luego mo- vimos el camello que yo montaba y allí encontra- mos el collar perdido, debajo de él’.

224. Ÿâbir bin ‘Abdullah relató que el Profeta (B y P) dijo: «Se me dieron cinco cosas que no se concedieron a nadie antes de mí:

• Se me hizo victorioso por el temor (de mis enemigos) a la distancia de un mes de camino,

• Se me dio la tierra como lugar de oración y para purificación (tayammun). Cualquiera de mi nación puede ofrecer su oración donde se en- cuentre,

• Se me permitieron los botines de guerra, que no eran permitidos para nadie antes de mí,

• Se me dio el derecho de intercesión (el Día de la Resurrección),

• Los profetas eran enviados exclusivamente a sus pueblos, yo fui enviado a toda la humani- dad».

II El residente realiza el tayammum si no encuentra agua (para su ablución) y teme que se pase el tiempo (de la oración)

225. Abû Yunaym Al-Ansârí dijo: ‘El Profe- ta (B y P) venía de la dirección de Bi‘r Yamal. Un hombre lo encontró y lo saludó. El Profeta (B y P) no le devolvió el saludo sino que se dirigió a una pared y se frotó la cara y las manos (con el polvo, hizo el tayammum), después de esto le devolvió el saludo’.

III Quien hace el tayammum puede soplarse las palmas de sus manos (antes de pasársela por la cara)

226. ‘Ammâr bin Yâsir dijo a ‘Umar bin Al- Jattâb: ‘¿No recuerdas cuando tú y yo estábamos de viaje (y estando en Ÿanâba nos llegó la hora de la oración)? Tú no rezaste y yo rodé sobre el pol- vo y luego hice la oración. Luego mencioné esto al Profeta (B y P) y él me dijo: «Te hubiese basta- do con hacer así». Y golpeó con la palma de sus manos el suelo, luego las sopló y se las pasó por la cara y las frotó entre sí’.

IV La tierra limpia es una alternativa para la ablución del mu- sulmán y es un substituto del agua

227. ‘Imrân bin Husayn Al-Jusâ‘i dijo: ‘Está- bamos en una expedición con el Profeta (B y P) y marchamos hasta el final de la noche; entonces, paramos y dormimos. No hay nada más dulce que el sueño del viajero al final de la noche; así que fue sólo el calor del sol al día siguiente lo que nos despertó. El primero en despertar fue fulano, luego fulano y luego fulano. ‘Umar bin Al-Jattâb despertó el cuarto. Cuando el Profeta (B y P) dor- mía, no le despertábamos si no se despertaba él, pues no sabemos lo que le está sucediendo mien- tras duerme (la revelación). Cuando ‘Umar des- pertó y vio lo que le pasó a la gente, empezó a gritar el takbîr, pues era un hombre muy estric- to, ‘Umar no dejo de pronunciar el takbîr en voz alta hasta despertar con su voz al Profeta (B y P). Cuando el Profeta (B y P) despertó, todos fue- ron a contarle lo sucedido con ellos . El Profeta (B y P) les dijo: «No hay problema –o «no es problema»– ¡Partamos!». Y partieron, dejando el lugar; cuando habían avanzado cierta distancia, el Profeta (B y P) pidió agua para hacer la ablu- ción. Se hizo el llamado para la oración y la gen- te hizo la oración. Cuando el Profeta (B y P) ter- minó su oración y la gente hizo la oración, notó que había un hombre alejado que no había hecho la oración; le dijo: «¿Qué te impidió fulano que reces con la gente?» El hombre respondió: ‘Estoy en ÿanâba y no hay agua’. Luego el Profeta (B y P) le dijo: «Te basta con la tierra. Hazlo (el tayam- mum)». Luego el Profeta (B y P) mandó seguir la marcha; al tiempo, la gente empezó a quejarse por la sed. Se detuvo y llamo a fulano y a ‘Alî; les dijo: «Id y Procurad agua». Ambos salieron y en- contraron a una mujer sentada sobre un camello entre dos odres de agua. Le dijeron: ‘¿Dónde está el agua?’ Ella respondió: ‘Pasé por el agua ayer a esta misma hora y mi gente está detrás’. Ellos di- jeron: ‘Ven con nosotros entonces’. Ella preguntó: ‘¿Hacia dónde?’ Le dijeron: ‘Hacia el Mensajero de Dios (B y P)’. Ella dijo: ‘¿Aquel al que llaman el sabio?’ Le dijeron: ‘Es el que dices’. Y partieron; al llegar, relataron lo sucedido al Profeta (B y P). El les dijo: «Hacedla bajar de su camello» y pidió un recipiente y vertió un poco de agua de las bocas de los odres de la mujer en el recipiente. Luego cerró las bocas grandes de los odres y abrió las bocas pequeñas. Llamó a la gente para que beban y den de beber a sus animales. La gente dio de be- ber a sus animales, bebieron y dieron a otros; al final, el Profeta (B y P) dio un recipiente con agua al que estaba en estado de ÿanâba y le dijo: «Ve y vacíatelo sobre tu cuerpo». Mientras tanto, la mu- jer estaba parada viendo lo que se hacía con su agua y ¡Juro por Dios! Cuando le devolvimos sus odres, estos se veían más llenos de lo que estaban al principio. El Profeta (B y P) dijo: «Reunid algo para ella». Así que reunimos un poco de dátiles, harina y sawîq, lo cual sumó una buena merienda que fue envuelta en una tela. La ayudaron a mon- tar el camello y le pusieron los alimentos envuel- tos delante. Entonces, el Profeta (B y P) le dijo: «¿Sabes? No tomamos nada de tu agua; fue Dios quien nos dio de beber». Ella volvió a su gente con bastante retraso. Le dijeron: ‘¿Qué te retuvo fulana?’ Ella respondió: ‘Algo sorprendente. Me encontraron dos hombres y me llevaron ante este hombre al que le dicen ‘el sabeo’ e hizo tal y tal cosa. Y por Dios, es el mejor hechicero entre esto y esto (indicando con su dedo índice y el medio: El cielo y la tierra) o es verdaderamente el Men- sajero de Dios’. Después de esto; los musulmanes solían atacar a los paganos alrededor, pero nunca atacaban la aldea de la mujer. Un día, ella dijo a su gente; ‘Pienso que esta gente (los musulmanes) nos dejan en paz intencionalmente. ¿Tenéis, pues, alguna inclinación hacia el Islam?’ Le obedecie- ron y todos abrazaron el Islam.


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