Libro del Matrimonio

60. El Libro del Matrimonio

IEl estímulo hacia el matrimonio

1828. Anas bin Mâlik dijo: ‘Llegaron tres per- sonas a las casas de las esposas del Profeta (B y P); preguntaban sobre la adoración del Profeta (B y P). Cuando se les informó, fue como si les pareciera muy poco. Dijeron: ‘¿A qué distancia es- tamos nosotros (por delante) del Profeta (B y P)? Y eso que Dios le perdonó sus pecados pasados y futuros’. Uno de ellos dijo: ‘Yo rezaré durante toda la noche siempre». Otro dijo: ‘Yo ayunaré todos los días del año, sin romper mi ayuno’. El otro dijo: ‘Yo me alejaré de las mujeres y nunca me casaré’. El Mensajero de Dios (B y P) llegó y dijo: «¿Vo- sotros sois los que decís así y así? Yo, ¡Por Dios!, soy de vosotros el que más teme a Allah y el que más se protege de Su castigo; sin embargo; ayuno y no ayuno; rezo y duermo; y me caso con muje- res. Quien rechaza mi sunna no es de los míos»’.

II Lo que es detestado del ascetis- mo y la castración

1829. Sa‘d bin Abi Waqqâs dijo: ‘El Profeta

(B y P) rehusó permitirle a ‘Uzmân bin Madh‘ûn

hacerse asceta; si se lo hubiese permitido nos habríamos castrado’

1830. Abû Huraira relató: ‘Dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Soy un hombre joven y temo por mi alma que vaya a cometer fornicación, pero no encuentro (medios) con qué casarme con alguna mujer’; el Profeta (B y P) se quedó callado. Luego dije lo mismo y él se quedó callado. Luego dije lo mismo y él se quedó callado. Luego dije lo mismo y el Profeta (B y P) dijo: «¡Abû Huraira! El cálamo se secó después de escribir lo que tú encontrarías (tu destino ya está escrito). Si quieres cástrate o si no déjalo (da lo mismo)»’.

III El matrimonio con vírgenes

1831. ‘Âisha relató: ‘Dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Si vas por un valle y encuentras un árbol del cual se ha comido algo y otro del cual no se ha comido nada ¿De cuál harías comer a tu camello?’ él dijo: «Del cual no se ha comido nada»’. ‘Âisha quería decir que el Mensajero de Dios (B y P) no se había casado con ninguna otra virgen aparte de ella.

IV Casando a una joven con un hombre mayor

1832. ‘Âisha también relató que el Profeta (ByP) pidió su mano a Abû Bakr y Abû Bakr dijo: ‘¡Pero yo soy tu hermano!’ El Profeta (B y P) respondió: «Tú eres mi hermano en la religión de Dios y en Su Libro; pero yo tengo permitido ca- sarme con ella».

VLa igualdad de religión

1833. ‘Âisha también relató que Hudhayfa bin ‘Utba bin Rabí‘a bin ‘Abd Shams, de los que pre- senció la batalla de Badr con el Profeta (B y P), adoptó a Sâlim y lo casó con la hija de su her- mano Hind bin Al-Walîd bint ‘Utba bin Rabí‘a; Sâlim era un esclavo liberto de una mujer ansârí. También el Profeta (B y P) había adoptado a Zayd; en la Ÿahiliya los adoptados eran llamados por los nombres de sus padres adoptivos y here- daban de ellos. Esto fue hasta que Dios reveló la aleya: Llamadles por su padre, es más justo ante Dios. Y si no sabéis quien es su padre, que sean

vuestros hermanos en religión y vuestros prote- gidos (33:5); entonces se los volvió a llamar por los nombres de sus verdaderos padres. Aquél cuyo padre sea desconocido era considerado un mawla y un hermano en la religión. Un día, lle- gó Sahla bint Suhayl bin ‘Amrû Al-Qurashi, luego Al-‘ámirí –esposa de Abû Hudhayfa bin ‘Utba– ante el Profeta (B y P) y dijo: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Solíamos ver a Sâlim como un hijo y Dios ha revelado lo que tú ya sabes (sobre los hijos adoptivos)’...el resto del hadiz lo relata uno de los subnarradores.

1834. ‘Âisha también relató: ‘El Mensajero de Dios (B y P) entró a ver a Dubâ‘a bint Al-Zubayr y le dijo: «¿Tienes deseos de hacer la Peregrina- ción?», ella dijo: ‘¡Por Dios! me siento enferma’. El Profeta (B y P) le dijo: «Cuando hagas la inten- ción (del haÿÿ) estipula algo, diciendo: ‘¡Por Dios! terminará mi ihrâm en cualquier lugar donde Tú me retengas (no pueda seguir mi camino)’». Ella era esposa de Al-Miqdâd bin Al-Aswad’.

1835. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Uno se casa con una mujer por (una de) cuatro (cosas): Por su fortuna, por su prestigio, por su belleza y por su religión. Elige a la de reli- gión que si no lo haces serás un perdedor».

1836. Sahl dijo: ‘Un hombre rico pasó cerca del Mensajero de Dios (B y P) y él dijo: «¿Qué opináis de este?», (sus sahabas) dijeron: ‘Seguro que, si pide a una mujer en matrimonio, se la dan; si intercede su intercesión es aceptada y si habla se le escucha’ y el Profeta (B y P) calló. Luego pasó uno de los pobres entre los musulmanes; entonces el Profeta (B y P) dijo: «¿Y qué opináis de este?», dijeron: ‘Seguro que si pide a una mujer en ma- trimonio no se la dan, si intercede no se le acepta y si habla no se le escucha’. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Este es mejor que la tierra llena de gente como el otro»’.

VI Cómo protegerse de los malos augurios en una mujer; y las pa- labras de Dios: ¡Creyentes! En algunas de vuestras esposas y algunos de vuestros hijos tenéis un enemigo (64:14)

1837. Usâma bin Zayd relató que el Profe- ta (B y P) dijo: «No os he dejaré, después de mi 


(muerte), una atribulación más peligrosa para los hombres que la de las mujeres».

VII Las palabras de Dios: Os están prohibidas vuestras madres... vuestras madres de leche (4:23) y lo que se prohibe por consan- guinidad se prohibe por la lactancia

1838. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo: ‘Se dijo al Pro-

feta (B y P): ‘¿Por qué no te casas con la hija de

Hamza?’ Él dijo: «Porque es hija de mi hermano de leche 1839. ‘Âisha relató que oyó la voz de un hom-

(es mi sobrina por lactancia)»’.

bre que pedía permiso de entrar a la casa de Ha- fsa. Dijo: ‘Dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¡Ese hombre pide entrar en tu casa!’; el Profeta (B y P) dijo: «Pienso que es fulano» por un tío de lac- tancia que tenía Hafsa’. ‘Âisha preguntó: ‘Si fula- no –y mencionó a un fallecido tío de lactancia de ella– viviera ¿Podría entrar a verme?’ y el Profe- ta (B y P) dijo: «Sí, porque la lactancia prohibe lo mismo que prohibe el nacimiento (la consangui- nidad)».


1840. Umm Habîba dijo: ‘Dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Cásate con mi hermana, la hija de Abû Sufyân’. El Profeta (B y P) dijo: «¿Y realmente quieres eso?» yo dije: ‘Ya ahora no soy la única (de tus esposas) y quiero compartir este bien (el ser tu esposa) con mi hermana’. El Profeta (B y P) dijo: «Eso no es lícito para mí». Yo dije: ‘Pero oímos que quieres casarte con la hija de Abû Salama’; él dijo: «¿Te refieres a la hija de Umm Salama?» yo dije: ‘Sí’. El Profeta (B y P) dijo: «Aunque no fue- se hija de mi esposa y criada en mi casa aún sería ilícito para mí casarme con ella, pues es hija de mi hermano por lactancia. A mí y a Abû Salama nos amamantó Zuayba; así que no me presentéis a vuestras hijas ni a vuestras hermanas (para ma- trimonio)»’.

VIII Quien opina que no hay lactan- cia después de los dos años, por las palabras de Dios: Las ma- dres amamantarán a sus hijos por dos años completos (2:233); y qué cantidad de veces hacen al amamantamiento válido y pro- hibitivo

1841. ‘Âisha relató que el Profeta (B y P) en- tró a verla cuando un hombre estaba conversando con ella y sucedió que su rostro cambió, como si no le gustase aquello. Ella le dijo: ‘Es mi herma- no (de lactancia)’. Él dijo: «Aseguraos quiénes son vuestros hermanos, pues la lactancia (válida en este caso) es por el hambre (cuando la lactancia es la única fuente de alimento del bebé)» .

1842. Ÿâbir bin ‘Abdullah dijo: ‘El Profeta (B y P) prohibió que el hombre se case con una mujer y con la tía paterna o materna de ella (a la vez)’.

IX Al-shigâr

1843. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Men- sajero de Dios (B y P) prohibió el shigâr.

XEl Profeta prohibió la mut‘a (el matrimonio temporal) al final

1844. Ÿâbir bin ‘Abdullah y Salama bin Al- Akwa’ dijeron: ‘Formábamos parte de un ejérci- to y el Profeta (B y P) vino a nosotros; nos dijo: «Se os ha permitido practicar la mut‘a. ¡Hacedlo, pues!»’.


XI Una mujer se ofrece, a sí misma, en matrimonio a un hombre piadoso

1845. Sahl bin Sa‘d relató que una mujer se ofre- ció a sí misma (en matrimonio) al Profeta (B y P). Un hombre dijo al Profeta (B y P): ‘¡Mensajero de Dios! ¡Cásame con ella!’; el Profeta (B y P) le dijo: «¿Qué tienes (como dote)?» El hombre respon- dió: ‘No tengo nada’ y el Profeta (B y P) le dijo: «Vé y busca aunque sea un anillo de metal». El hombre se fue y volvió; dijo: ‘No ¡Por Dios! que no tengo nada, ni un anillo de hierro. Pero aquí está mi izâr y le daré la mitad de él’. Sahl añadió que el hombre no tenía ni un manto con qué cu- brirse y que el Profeta (B y P) le dijo: «¿Qué haría ella con tu izâr? Si lo viste tú te quedas sin ropa y si tú lo vistes ella no se beneficia en nada». El hombre se sentó por un largo tiempo y cuando se levantó (para irse) el Profeta (B y P) lo vio y lo llamó o se lo llamaron. El Profeta (B y P) le dijo: «¿Cuánto memorizas del Corán?», el hombre res- pondió: ‘Memorizo tal y tal sura’ y mencionó los nombres de algunas suras. El Profeta (B y P) dijo: «Te la damos en matrimonio por lo que memori- zas del Corán (debes enseñárselo)».

XII Mirar a la mujer antes del ma- trimonio

1846. En otro relato de Sahl dice que una mu- jer vino al Mensajero de Dios (B y P) y le dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Vine a presentarme a ti (para casarme contigo)’. El Mensajero de Dios (B y P) la miró fija y cuidadosamente; luego bajó su vista y mencionó el hadiz (el anterior). Y agre- gó al final: «¿Las recitas de memoria?», el hombre dijo: ‘Sí’. Entonces el Profeta (B y P) le dijo: «Ve pues; te caso con ella por lo que sabes del Corán (como dote)».

XIII Los que dicen: no hay matrimo- nio sin tutor legal (waliy)

1847. Ma‘qal bin Yassâr dijo: ‘Casé a una her- mana mía con un hombre y la divorció. Cuando terminó su periodo de espera, llegó nuevamente y la pidió en matrimonio. Yo le dije: ‘Te casé con

ella, te hice un lecho de ella (tu esposa) y te tra- té con generosidad; luego la divorciaste y ahora vienes a pedirla nuevamente. No ¡Por Dios! ¡No volverá a ti nunca!’ Y no era un hombre malo, además que la mujer quería volver a él. Entonces Dios reveló esta aleya: No les impidáis que se ca- sen con sus maridos... (2:232). Yo dije: ‘Procede Mensajero de Dios (B y P)’ y el Mensajero de Dios (B y P) la casó con el hombre’.

XIV El padre u otro no podrá casar a una vírgen o a una zayyib sin su consentimiento

1848. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «La mujer (zayyib) no puede ser casada has- ta que se le consulta; tampoco la virgen puede ser casada hasta que se obtiene su consentimiento». Dijeron: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¿Cómo ex- presa su consentimiento?’ Dijo: «Con su silen- cio».

1849. ‘Âisha dijo: ‘Dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¡Una virgen se avergüenza!’ Él dijo: «Su complacencia la expresa su silencio»’.

XV Si un hombre casa a su hija con- tra su voluntad el matrimonio es rechazado

1850. Jansâ’ bint Jidâm Al-Ansâriyya relató que su padre la casó contra su voluntad cuando ella ya era zayyib; así que fue ente el Mensajero de Dios (B y P) y él anuló su matrimonio.

XVI Nadie debe pedir la mujer que su hermano ha pedido, hasta que se casen o la deje (sea re- chazado)

1851. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘El Profeta (B y P) prohibió que unos vendan sobre la venta de otros (perjudicándoles), y que el hombre pida a la mujer que su hermano (un primer pretendiente) ha pedido, hasta que el primer pretendiente abandone su proposición o le permita (presentar su proposición)’.

XVII Condiciones que no son permiti- das en el matrimonio

1852. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «No es permitido que una mujer pida divor- ciar a su hermana (la primera mujer de su futu- ro esposo), para quedarse con todo, pues recibirá sólo lo que Dios le ha prescrito».

XVIII Las mujeres que presentan a la mujer ante su esposo y sus ple- garias por bendiciones (para la pareja)

1853. ‘Âisha relató que preparó a una mujer para su matrimonio con un hombre de los ansâr y el Profeta (B y P) dijo: ‘¿No teníais ninguna di- versión? (en el matrimonio) pues a los ansâr les gusta la diversión’.

XIX Lo que un hombre dice al tener relaciones sexuales con su esposa

1854. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Si un hombre dice al tener relacio- nes sexuales con su esposa: ‘En el nombre de Dios ¡Por Dios! aleja de mí a Satán y aléjalo de lo que concedas’ y luego se les dota algo de esa relación o se prescribe que ambos tengan un hijo, este no será dañado por Satán nunca»’.

XX El banquete de bodas, aunque sea con un solo carnero

1855. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) nunca ofreció como banquete de bodas, por nin- guna de sus esposas, lo que ofreció en su boda con Zaynab; ofreció un carnero’.

XXI El que ofrece un banquete de bodas con menos de un carnero

1856. Safiyya bint Shayba dijo: ‘El Profeta (B y P) ofreció como banquete de bodas, con una de sus esposas, dos mudd de cebada’.

XXII La obligación de asistir a los banquetes de bodas y otras in- vitaciones; y quien da un ban- quete de siete días o algo así

1857. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Men- sajero de Dios (B y P) dijo: «Si alguien es invitado a un banquete de bodas debe asistir».

XXIII La exhortación a cuidar de las mujeres

1858. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Quien cree en Dios y el Día Final que no dañe a su vecino. Y os encomiendo que tengáis en buen cuidado a las mujeres; pues ellas fueron creadas de una costilla y lo más torcido de la cos- tilla es su parte superior. Si quieres enderezarla la romperás y si la dejas sigue torcida; así pues, os encomiendo que cuidéis bien de las mujeres».

XXIV El buen trato con la familia

1859. ‘Âisha dijo: ‘Once mujeres se sentaron y acordaron y se comprometieron a no esconder nada sobre sus esposos. La primera dijo: ‘Mi es- poso es como la carne de un camello débil y fla- co que está sobre una montaña: No es fácil subir a ella y su carne no vale la pena el esfuerzo de bajarla de allí’ . La segunda dijo: ‘No hablaré de mi esposo, pues temo no terminar; porque, si lo describo, mencionaré todos sus defectos y malos tratos’. La tercera dijo: ‘Mi esposo es un hombre alto; si lo describo (y se entera) me divorciaría; y si me callo tampoco me trataría como a una espo- sa’. La cuarta dijo: ‘Mi esposo es una persona moderada como una noche en Tiháma, ni caliente ni frío; no le temo ni estoy descontenta con él’. La quinta dijo: ‘Mi esposo es un guepardo al entrar en la casa y es un león cuando sale ; y no pregun- ta sobre la casa’. La sexta dijo: ‘Mi esposo arra- sa con todo cuando come, no deja nada cuando bebe y cuando duerme duerme solo, arropado y ni extiende sus manos para tantear (por la cama) y saber cómo estoy’. La séptima dijo: ‘Mi esposo es un pervertido o un tonto; todos los defectos están presentes en él y es capaz de partirte la cabeza o golpearte el cuerpo, o ambas cosas’. La octava dijo: ‘Mi esposo es suave al contacto como un conejo y de agradable olor como el zarnab (una hierba de olor agradable)’. La novena dijo: ‘Mi esposo es un hombre alto y generoso que viste una banda lar- ga para cargar su espada (es noble y valiente). Sus cenizas son abundantes y su casa está siempre cerca para quien quiera consultarle’ (está siempre disponible para todos los que procuran su conse- jo). La décima dijo: ‘Mi esposo es Mâlik ¿Y cómo es Mâlik? Mâlik es mucho mejor de lo que pueda describirse: La mayoría de sus camellos se man- tienen en casa (listos para agasajar invitados) y pocos se llevan a los pastizales; cuando los came- llos oyen el sonido de la flauta saben con seguri- dad que serán degollados para los invitados’. La onceava dijo: ‘Mi esposo es Abû Zar’ ¿Cómo es, pues, Abû Zar’? Me ha dado muchas joyas y mis brazos han engordado. Me ha complacido y es- toy tan contenta que estoy orgullosa. Me encontró con mi familia que eran pastores de ovejas y po- bres; y me trajo a una familia respetable que tiene caballos, camellos y grano limpio y descascarado’. Cuando digo algo, él no me reprende ni me ofen- de; duermo hasta tarde en la mañana y cuando bebo agua o leche bebo hasta saciarme. Y la madre de Abû Zar’ ¿Qué puedo decir de ella? Sus bolsas estaban siempre llenas de provisiones y tenía una casa espaciosa. Y el hijo de Abû Zar’ ¿Qué puedo decir del hijo de Abû Zar’? su lecho era tan orde- nado como el filo de una espada desenvainada y

(1) Compara a su esposo con el guepardo porque los árabes lo conocían por tímido, inofensivo y que le gusta mucho dormir. Luego lo compara con el león por su valor al salir de la casa a los combates.

(2) Esta es una alegoría a la generosidad: cuando la persona es generosa la gente continuamente viene a su casa y les invita a comer; por esta razón siempre tiene fue- go ardiendo para prepararles comida a sus invitados; y por esto mismo hay muchas cenizas en la casa.

su apetito se satisfacía con el brazo de un bebé de cuatro meses . La hija de Abû Zar’ es obediente a

su padre y a su madre; tiene un cuerpo robusto y bien proporcionado que despierta la envidia de la otra mujer de su esposo. Y sobre la sierva de Abû Zar’ ¿Qué puedo decir de la sierva? No comenta nuestros asuntos privados divulgándolos; no des- perdicia las provisiones y no deja la basura rega- da en nuestra casa. Un día Abû Zar’ salió cuando se ordeñaba a los animales y vio a una mujer que tenía dos hijos como leopardos que jugaban con sus senos; me divorció y se casó con ella. Después me casé con un hombre noble que montaba un caballo veloz e incansable cargando su lanza en mano. Me dio muchas cosas y una pareja de cada animal de los ganados; me dijo: ‘Come Umm Zar’ y da a tu familia’; todas estas cosas que me dio mi segundo esposos no alcanzan al menor utensilio de Abû Zar». ‘Âisha dijo al Profeta (B y P): ‘¡Men- sajero de Dios (B y P)! ¿Yo soy para ti como Abû Zar’ es para su esposa Umm Zar’?’

XXV El ayuno opcional de la mujer con permiso de su esposo

1860. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «No es permitido para la mujer que ayune en presencia de su marido sin su permiso. Y no debe dejar entrar a nadie en su casa sin permiso de su esposo; y todo lo que ella gasta de caridad sin su permiso, pues él gana la mitad de la recompen- sa».

XXVI

1861. Usâma relató que el Profeta (B y P) dijo: «Me detuve a las puertas del Paraíso y vi que la mayoría de los que habían entrado en él eran pobres; los ricos estaban retenidos (para rendir cuentas). Entonces la gente del Infierno fue lan- zada al Infierno y me detuve en una de sus puer- tas; vi que la mayoría de los que entraron allí son mujeres».

XXVII El sorteo entre las esposas antes de viajar

1862. ‘Âisha relató que, cuando el Profeta (B y P) tenía que emprender un viaje, sorteaba entre sus esposas (para ver cuál le acompañaba en el viaje). Una vez ‘Âisha y Hafsa salieron favo- recidas en el sorteo. Cuando caía la noche, el Pro- feta (B y P) montaba al lado del camello de ‘Âisha y conversaba con ella. Hafsa dijo (a ‘Âisha): ‘¿Por qué no montas esta noche mi camello y yo monto en el tuyo? Así me ves y yo te veo’. ‘Âisha le dijo: ‘¡Claro!’ y así lo hicieron. El Profeta (B y P) lle- gó entonces al camello de ‘Âisha, en el que estaba Hafsa; la saludó y prosiguió a su lado hasta que hicieron un alto. ‘Âisha lo extrañó; cuando des- cendieron puso sus pies en el pasto y dijo: ‘¡Señor! ¡Envíame un escorpión o una serpiente que me pique! ¡Y ni siquiera puedo culparlo (al Profeta (B y P))!’

XXVIII Quien se casa con una virgen después de estar casado con una mujer zayyib

1863. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «La sunna es que, quien se casa con una vir- gen, teniendo ya a una zayyib, se quede con la vir- gen siete noches; y si alguien se casa con una za- yyib (teniendo ya a una virgen a su lado) se queda con ella tres días»’.

XXIX Quien dice tener cosas que no tiene y la vanidad de la mujer en relación a las otras esposas de su marido

1864. Asmâ’ relató que una mujer dijo: ‘¡Men- sajero de Dios (B y P)! Mi marido tiene otra espo- sa ¿Puedo enorgullecerme ante ella por cosas que mi esposo no me ha dado?’ El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Quien se enorgullece de lo que no le han dado es como el que viste las dos vestimentas de la falsedad ».

XXX Al-gîra (el celo)

1865. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Dios es celoso; sus celos se despiertan cuan- do el creyente hace lo que Él le prohibió».

1866. Asmâ’ bint Abi Bakr dijo: ‘Cuando Al- Zubayr se casó conmigo no tenía ningún bien ni siervo sobre la faz de la tierra y nada excepto un camello para cargar agua y su caballo. Yo solía alimentar a su caballo y traer agua; también re- mendaba el odre y preparar harina; pero no sa- bía hacer pan. Una vecinas mías de los ansâr ha- cían pan para mí; eran mujeres de honor. Solía cargar las semillas de dátil desde la tierra de Al- Zubayr, la cual le fue concedida por el Mensaje- ro de Dios (B y P), sobre mi cabeza; y esta tierra quedaba a tres cuartos de farsaj (casi dos millas). Un día, volvía con las semillas sobre mi cabeza, y encontré al Mensajero de Dios (B y P) con un grupo de los ansâr. El Mensajero de Dios (B y P) me llamó y le dijo: «¡Ij! ¡Ij!» a su camello para (que se siente y así poder) cargarme detrás de él. Me dio mucha vergüenza de ir con los hombres y recordé a Al-Zubayr y sus celos, pues era la per- sona más celosa que había. El Mensajero de Dios (B y P) supo que me dio vergüenza y siguió su marcha. Cuando llegué donde estaba Al-Zubayr, le dije: ‘El Mensajero de Dios (B y P) me encon- tró cargando las semillas sobre mi cabeza, esta- ba con un grupo de sus sahabas, y arrodilló al camello para que yo suba. Me dio vergüenza de él y conozco tus celos’ y él dijo: ‘¡Por Dios! Que tú cargues las semillas es peor para mí que (sa- ber que) te hayas montado con él’. Después Abû Bakr me envió un sirviente que se encargaba de cuidar al caballo; entonces me sentí como haber sido liberada’.

XXXI Los celos de las mujeres y su enojo

1867. ‘Âisha dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) me dijo: «Yo sé con seguridad cuándo estás com- placida de mí y cuando estás enojada». Yo le pre- gunté: ‘¿Y de dónde sabes eso?’, y él dijo: «Cuando estás complacida dices: ‘¡No! ¡Por el Señor de Mu- hammad!’ y si estás enojada dices: ‘¡No! ¡Por el Señor de Ibrâhîm!’» Yo le dije: ‘¡Por Dios! Tienes razón Mensajero de Dios (B y P), no dejo sino tu nombre ’.

XXXII Ningún hombre debe quedarse a solas con una mujer excepto que sea su mahram; la visita a las mujeres cuyo marido está ausente

1868. ‘Uqba bin ‘Âmir relató que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «¡Cuidaos de las visitas a las mujeres!» Un hombre de los ansâr dijo: ‘¡Mensa- jero de Dios! ¿Y los parientes políticos ?’ el Men- sajero de Dios (B y P) respondió: «Los parientes políticos son la muerte misma» .

XXXIII La mujer no debe mirar o tocar el cuerpo de otra mujer para describírsela después a su marido

1869. ‘Abdullah bin Mas‘ûd dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «La mujer no debe mirar o tocar a otra mujer para describírsela a su esposo como si él la estuviera viendo»’.

XXXIV Si un hombre regresa después de una ausencia prolongada no debe entrar a su hogar de noche

1870. Ÿâbir bin ‘Abdullah dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Si uno de vosotros vuelve después de una ausencia prolongada, no debe en- trar a ver a su familia de noche»’.

1871. Ÿâbir también relató: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Si entras (a tu población) por la noche (al volver de un largo viaje), no entres a ver a tu fa- milia; hasta que se rasure el vello púbico la mujer cuyo marido estuvo ausente por largo tiempo y se peine la mujer con el cabello desarreglado»’.


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