Libro del Renumeración

ISobre el empleo

1054. Abû Mûsâ dijo: ‘Fui ante el Profeta (B y P) con dos hombres de la tribu Ash‘ar y le dije: ‘No sabía que ellos pedían el trabajo’. El Profeta (B y P) dijo: «No empleamos –o: No emplearemos para nuestro trabajo a quien lo procura con insistencia»’.

II Pastoreo de ovejas por qarârît

1055. Abû Huraira dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Dios no envió profeta alguno sin que haya sido pastor de rebaños». Sus sahabas le preguntaron: ‘¿Has hecho tú lo mismo?’ Él dijo: «Sí, yo solía pastorear las ovejas de la gente de Makka por unos qarârît»’.

III El empleo desde el ‘asr hasta la noche

1056. Abû Mûsâ relató que el Profeta (B y P) dijo: «El caso de los musulmanes, judíos y cristia- nos es como el de un hombre que empleó obreros para que trabajen para él desde la mañana hasta la noche por un pago definido. Los obreros trabaja- ron hasta el mediodía y dijeron: ‘No necesitamos el salario que nos especificaste y lo que hicimos queda anulado’. El hombre les dijo: ‘No abando- néis el trabajo; continuad y recibid vuestros sa- larios completos’, pero se negaron a hacerlo y lo abandonaron. El hombre contrató a otros obreros y les dijo: ‘Completad el resto del día y recibiréis los salarios que había especificado a los prime- ros’. Estos obreros trabajaron hasta la hora de la oración del ‘asr y dijeron: ‘Lo que hicimos que- da nulo y quédate con tus salarios por ello’. Él les dijo: ‘Continuad con vuestro trabajo, pues queda muy poco del día’, pero se negaron. Así es que em- pleó a otros obreros que trabajen el resto del día. Los obreros trabajaron el resto del día hasta que se puso el sol, y recibieron los salarios de los dos primeros grupos. Ése es, pues, el caso de esa gen- te (los musulmanes) y de lo que aceptaron de la guía» .

IV Quien empleó a un obrero que dejó su paga y luego el emplea- dor invirtió la paga y la hizo multiplicarse

1057. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘Oí al Mensa- jero de Dios (B y P) decir: «Tres hombres, de en- tre los que os precedieron, partieron hasta que llegaron a pernoctar en una cueva. Una piedra rodó desde la montaña y tapó la entrada de la cueva. Los hombres dijeron: ‘No nos salvará de esta roca sino que pidamos a Dios por nuestras buenas obras’. Uno de ellos dijo: ‘¡Oh Dios! Yo te- nía dos padres ancianos. Y siempre los atendía a ellos antes que a mi familia y mis bienes. Una vez, me sorprendió la noche antes de que llegue a ellos y ellos se durmieron. Fui a ordeñar y les llevé su leche pero ellos dormían cuando llegué. No qui- se dar de beber a mi familia antes que a ellos así que me quedé allí con el recipiente de leche en mi mano esperando que despierten. Así me encon- tró el resplandor del amanecer y ellos desperta- ron y bebieron su leche. ¡Oh Dios! Si hice eso por Tu complacencia libéranos de esta roca’. La roca se apartó un poco pero aún no lo suficiente para que salgan». El Profeta (B y P) dijo: «Y dijo otro: ‘¡Oh Dios!’ Tenía una prima que era la persona a quien más amaba; le insinué que tengamos rela- ciones sexuales pero ella no quiso. Después ella sufría un año de hambruna y vino a mí; yo le ofre- cí ciento veinte dinares con la condición de que me permita poseerla. Ella aceptó; pero, en el mo- mento en que me dispuse a tomarla me dijo: ‘No es lícito para ti terminar con mi castidad si no es a través del matrimonio’. Consideré que tomarla sería un pecado; así que me alejé de ella y le dejé el oro que le había dado. ‘¡Oh Dios! Si hice esto sólo por Tu complacencia sálvanos de ésta. Y la roca se movió pero aún no podían salir de allí». El Profeta (B y P) dijo: «El tercero dijo: ‘¡Oh Dios! Yo empleé obreros y les di su paga a todos excep- to uno que dejó su paga y se fue. Yo tomé su paga y la invertí hasta que dio muchas ganancias. Des- pués de un tiempo vino el obrero y me dijo: ‘¡Sier- vo de Dios! Dame mi paga’. Le dije: ‘Todo lo que ves aquí de ovejas, vacas, camellos y esclavos es de tu paga’. Me dijo: ‘¡Siervo de Dios! No te burles de mí’. Le dije: ‘No me estoy burlando de ti’. Así que lo tomó todo y se marcho sin dejar nada. ¡Oh Dios! Si hice esto por tu complacencia sálvanos de esta situación’. La roca se apartó y ellos salieron caminando».

VLo que se paga por la ruqya

1058. Abû Sa‘îd dijo: ‘Un grupo de los sahabas del Profeta (B y P) partieron en uno de sus via- jes hasta que llegaron a las viviendas de una tri- bu árabe. Les pidieron alojamiento pero se lo ne- garon. Entre tanto, el jefe de esa tribu fue picado (por una serpiente o un escorpión) y ellos hicie- ron de todo para curarlo pero fue en vano. Algu- nos se dijeron: ‘¿Y si procuráis a los que pernoc- taron por aquí? Tal vez alguno de ellos tenga algo’. Fueron ante ellos y les dijeron: ‘Nuestro jefe fue picado y hemos hecho de todo en vano ¿No tie- ne alguno de vosotros algo?’ Uno de los sahabas dijo: ‘Sí, yo le practicaré la ruqya. Sin embargo, en vista de que os pedimos alojamiento y os re- husasteis, no le practicaré la ruqya hasta que nos deis una paga’. Y acordaron pagarles con parte de un rebaño. Así es que el sahabi escupió al jefe y le recitó Alabado sea Dios Señor de los mundos.... El jefe quedó como libre de cadenas y se levan- tó caminando como si nada. Los árabes les paga- ron lo acordado y algunos de los sahabas dijeron: ‘Dividámonos el ganado’. El que había practicado la ruqya dijo: ‘No lo hagáis hasta que lleguemos ante el Profeta (B y P), le relatemos lo sucedido y veamos que manda’. Así es que se presentaron ante el Mensajero de Dios (B y P) y le relataron lo sucedido. Él dijo: «¿Y qué te hace saber que fue una ruqya?» Luego dijo: «Habéis hecho lo correc- to; ahora repartíoslo y dejad para mí una de las partes» y sonrió’.

VI El semen de un semental

1059. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘El Profeta (B y P) prohibió exigir un pago por el uso de un semental para reproducción’.


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