Libro de los Testimonios

INo se debe testificar a favor de las injusticias; aunque se lo pidan

1175. ‘Abdullah bin Mas‘ûd relató que el Pro- feta (B y P) dijo: ‘La mejor gente es mi generación; luego los que les sigan y luego los que les sigan. Luego vendrán gentes cuyos testigos se adelantan a sus juramentos y cuyos juramentos se adelantan a sus testigos’.

II Lo que se dice sobre el falso testimonio

1176. Abû Bakra dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «¿Os informo sobre lo más grave de los pecados capitales?» tres veces. Dijeron: ‘Claro que sí Mensajero de Dios’. Dijo: «Asociar otros a Dios, mal- tratar a los padres –estaba apoyado y se incorporó un poco para sentarse y dijo:– Y, claro está, el falso testimonio». Y lo siguió repitiendo hasta que dijimos: ‘¡¿No se callará?!’

III El testimonio de un ciego, su matrimonio, sus asuntos, sus casa- mientos, su juramento de fidelidad y su aceptación haciendo el adhân y otras cosas, además de lo que se puede saber por la voz

1177. ‘Âisha dijo: ‘El Profeta (B y P) oyó a un hombre recitando el Corán en la mezquita y dijo: «Que Dios tenga misericordia de él; me recordó tal y tal aleya que yo había olvidado recitar de tal y tal sura»’.

1178. Ella misma dijo en otra versión: ‘El Pro- feta (B y P) rezaba por la noche en mi casa y oyó la voz de ‘Abbád que rezaba en la mezquita. Dijo: «¡‘Âisha! ¿Es esa la voz de ‘Abbád?» Dije: ‘Sí’. Dijo: «¡Oh Dios! Ten misericordia de ‘Abbád»’.

IV Unas mujeres confirmando el testimonio de otras

1179. ‘Âisha dijo: ‘Cuando el Mensajero de Dios (B y P) deseaba salir de viaje sorteaba entre sus mujeres y la que salía favorecida lo acompa- ñaba. En una de las expediciones que hizo sorteó entre nosotras; yo salí favorecida y lo acompañé, esto fue después de imponerse el uso del velo. Yo era llevada en el hawdaÿ de un camello y éste se bajaba mientras yo estaba adentro. Después de que terminó la campaña, el Profeta (B y P) em- prendió el regreso. Ya acercándonos a Medina, el Mensajero de Dios (B y P) ordenó que se prosiga la marcha por la noche. Cuando se dio la orden de partida yo me alejé del campamento para hacer mis necesidades. Cuando volvía al campamen- to para partir me toqué el pecho y me di cuen- ta que un collar mío de cuentas se había perdi- do. Volví sobre mis pasos procurando encontrar el collar y eso me retrasó. Mientras tanto, los que cargaban el hawdaÿ vinieron y lo levantaron sin sentir mi ausencia; lo pusieron sobre el camello en el que viajaba pensando que yo estaba dentro. En esa época las mujeres eran livianas y no pe- saban mucho, pues no comían mucha carne sino que comían un poco de comida; por ello, los que cargaron el hawdaÿ no se dieron cuenta de mi au- sencia cuando lo levantaron y partieron sin mí, pues yo era una jovencita de poca edad (menos de 15 años). Yo encontré mi collar después de que el ejército había partido y al volver al campamento no encontré a nadie. Me quedé en mi lugar pen- sando que ellos me extrañarían y volverían por mí; mientras esperaba sentada me venció el sue- ño y me dormí. Safwân bin Mu‘attal Al-Sulami Al-Dhakwâni quedó rezagado de la marcha del ejército y al amanecer llegó hasta el lugar donde me encontraba; al ver la silueta de alguien acosta- do llegó hasta mí; él me había visto antes de que se imponga el velo. Yo me desperté cuando lo oí diciendo: ¡Somos de Dios y a él retornaremos! (2:156) . Safwân hizo bajar a su camello y descen- dió; luego lo inclinó más y poniendo su pierna me hizo subir sobre el camello. Partimos y él cami- naba sujetando la brida del camello, hasta que al- canzamos al ejército que había hecho un alto para descansar al mediodía. Entonces se arruinó quien tenía que arruinarse (algunas personas empeza- ron a calumniarme acusándome de adulterio) y el que realizaba las acusaciones con más ahínco era ‘Abdullah bin Ubay bin Salûl. Cuando llegamos a Medina enfermé durante un mes mientras la gen- te divulgaba las acusaciones de los calumniado- res. Durante mi enfermedad sentí que el Profeta (B y P) no me estaba prodigando la atención que acostumbraba darme cuando enfermaba; solo en- traba, saludaba, y decía: «¿Cómo está la chica?» Yo no supe de lo sucedido hasta que disminuyó mi enfermedad. Salí a hacer mis necesidades con Umm Mistah hacia Al-Manási’; salíamos allí sólo de noche antes de tener lavatorios cerca de las vi- viendas, estábamos como loa antiguos árabes en el campo o en sus viajes. Mientras caminaba con Umm Mistah ella tropezó con sus largos vestidos y dijo: ‘¡Que se arruine Mistah!’ Yo le dije: ‘¡Esta mal lo que dijiste! ¿Acaso maldices a un hombre que luchó en Badr?’ Ella dijo: ‘¡Hey tú! ¿No has oído lo que dicen?’ y me informó sobre las ca- lumnias en contra mía. Eso me enfermó más de lo que ya estaba. Cuando volví a mi habitación el Mensajero de Dios (B y P) entró, saludó, y dijo: «¿Cómo está la chica?» Yo le dije que me permita ir con mis padres; mi intención era confirmar la noticia con ellos. El Mensajero de Dios (B y P) me lo permitió y fui con mis padres; pregunté a mi madre: ‘¡Madre mía! ¿Qué está diciendo la gente?’ ella dijo: ‘¡Hijita mía! No des mucha importancia a este asunto. ¡Por Dios! Ninguna mujer bella que sea amada por un esposo, que tiene otras mujeres, se libra de que las mujeres forjen mentiras sobre ella (y su castidad)’. Dije: ‘¡Glorificado sea Dios! ¿Esto mismo es lo que la gente dice?’ Y esa noche la pasé llorando y sin conciliar el sueño. A la ma- ñana siguiente, el Mensajero de Dios (B y P) lla- mó a ‘Alí bin Abi Tâlib y a Usâma bin Zayd, para consultarles sobre divorciar a su esposa, cuando vio que la Revelación no se presentaba. Usâma le aconsejó guiado por lo que conocía de su buena reputación y dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Conserva a tu esposa; no sabemos de ella sino cosas bue- nas ¡Por Dios!’ En cambio ‘Alî dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Dios no te ha restringido nada y hay mu- chas otras mujeres aparte de ella. Sin embargo, pregúntale a la sirviente que ella te dirá la verdad’. El Mensajero de Dios (B y P) llamó a Barîra y le dijo: «¡Barîra! ¿Has visto en ‘Âisha algo sospecho- so?» Barîra dijo: ‘Nunca he visto algo sospechoso en ella, excepto que es una muchacha muy joven que a veces se duerme y deja que la cabra se coma el grano’.’

‘Ese mismo día el Mensajero de Dios (B y P) subió al púlpito y pidió que lo ayuden a castigar a ‘Abdullah bin Ubay bin Salûl: Dijo: «¿Quién me ayudará para castigar a esa persona que me ha dañado calumniando la reputación de mi fami- lia? Pues ¡Por Dios! No sé de mi esposa sino cosas buenas y han acusado también a un hombre del cual no conozco sino cosas buenas y nunca entró a mi casa sin mi compañía». Sa‘d bin Mu‘âdh se le- vantó y dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Por Dios que yo te ayudaré contra él. Si es de la tribu Aws (la tri- bu de Mu‘âdh) le cortaremos la cabeza; y si es de nuestros hermanos de Jazraÿ, ordénanos y ejecu- taremos lo que ordenes’. Entonces, se levantó Sa‘d bin ‘Ubâda, señor de los Jazraÿ, que había sido an- tes un hombre piadoso, pero fue arrastrado por el tribalismo, y dijo: ‘¡Mientes! ¡Por Dios! No lo ma- tarás ni podrías hacerlo’. Entonces se levantó Usa- yd bin Al-Hudayr y dijo: ‘¡Juro que mientes! ¡Por Dios que lo mataremos! Pues tú eres un hipócrita que defiende a los hipócritas’. El alboroto y la ten-

sión aumentaron y las tribus de Aws y Jazraÿ estu- vieron a punto de pelear una contra otra frente al Mensajero de Dios (B y P) en el púlpito. El Men- sajero de Dios (B y P) descendió y los calmó hasta que se callaron y él se calló.’

‘Âisha agrega: ‘Todo ese día lloré; mis lágrimas no dejaban de fluir y no pude conciliar el sueño. A la mañana siguiente mis padres estaban junto a mí; llevaba dos días con sus noches llorando, has- ta que pensé que mi hígado reventaría de tanto llorar. Mientras mis padres estaban sentados a mi lado, una mujer ansârí pidió pasar y yo se lo per- mití; entró y se puso a llorar a mi lado. Entonces entró el Mensajero de Dios (B y P) y se sentó a mi lado; algo que no hacía desde que se dijeron las calumnias sobre mí y ya había pasado un mes sin que se le revele nada sobre mí. Pronunció la sh- aháda y dijo: «¡‘Âisha! Me ha llegado sobre ti esto y aquello (el supuesto adulterio con Safwán); si eres inocente Dios demostrará tu inocencia. Y si cometiste un pecado, pues pide perdón a Dios y arrepiéntete ante Él, porque si el siervo reconoce su falta y luego se arrepiente ante Dios, pues Dios lo acoge». Cuando el Mensajero de Dios (B y P) terminó de hablar cesó completamente mi llanto y dije a mi padre: ‘Responde al Mensajero de Dios (B y P) por mí’. El dijo: ‘¡Por Dios! No sé qué de- cir al Mensajero de Dios (B y P)’. Dije a mi madre: ‘Responde por mí al Mensajero de Dios (B y P) sobre lo que dijo’. Ella dijo: ‘¡Por Dios! No sé qué decirle al Mensajero de Dios (B y P)’. A pesar de ser una niña que no sabía mucho del Corán, yo dije: ‘Yo ¡Por Dios! Sé que vosotros sabéis lo que está diciendo la gente; y que eso ha llegado a vues- tro interior y bien adentro lo creéis. Si os digo que soy inocente, y Dios sabe que lo soy, no me cree- ríais; y si os digo que soy culpable de tal pecado, y Dios bien sabe que soy inocente, me creeríais. ¡Por Dios! No encuentro nada como esta situa- ción, excepto cuando el padre de Yûsuf (Jacob, padre de José) dijo: Hay que tener digna pacien- cia. Dios es a quien se pide ayuda contra lo que contáis (12:18)’. Y me di vuelta en mi lecho.’

‘Âisha agregó: ‘Yo esperaba que Dios demues- tre mi inocencia; pero nunca pensé que descen- diera por mí una revelación que se recite, pues me consideraba muy insignificante como para que el Corán hable de mi asunto. Yo esperaba que el Mensajero de Dios (B y P) viese en sus sueños una visión a través de la cual Dios demostrase mi ino- cencia. ¡Por Dios! No estuvo mucho tiempo allí sentado, ni salió nadie de la casa, hasta que le bajo la Revelación y se apoderó de él aquél estado que siempre le sobrevenía. Sudó tanto que las gotas de sudor le caían grandes como perlas a pesar de ser un día frío. Cuando se le pasó ese estado, el Men- sajero de Dios (B y P) se puso a reír; lo primero que dijo fue: «¡‘Âisha! ¡Agradece a Dios! ¡Pues Él ha demostrado tu inocencia!» Mi madre me dijo: ‘¡Ve con el Mensajero de Dios (B y P)!’ Yo dije: ‘¡No! ¡Por Dios! ¡No iré con él! Y no agradece- ré sino a Dios’. Entonces Dios reveló: Los que in- ventaron la mentira son un grupo de vosotros... (24:11) y las demás aleyas. Cuando Dios reveló esto sobre mi inocencia, Abû Bakr, que ayudaba económicamente a Mistah bin Azáza por su pa- rentesco con él, dijo: ‘¡Por Dios! No ayudaré más a Mistah después de lo que dijo de ‘Âisha ‘; en- tonces Dios reveló: Quienes de vosotros gocen del favor (de Dios) y de una vida acomodada, que no juren que no darán más a los parientes, a los pobres y a los que han emigrado por Dios. Que perdonen y se muestren indulgentes ¿Es que no queréis que Dios os perdone? (24:22). Entonces Abû Bakr dijo: ‘¡Claro que sí! ¡Por Dios! Yo quie- ro que Dios me perdone’ y restituyó a Mistah lo que solía darle.’

‘El Mensajero de Dios (B y P) solía preguntar a Zaynab bint Ÿahsh sobre mí; le decía: «¡Zaynab! ¿Qué sabes? ¿Qué viste?» Ella dijo: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Yo protejo mi oído y mi vista. ¡Por Dios! No sé de ella sino cosas buenas’. Y ella era quien competía conmigo (por el amor del Profeta (B y P)). Dios la protegió por su piedad’.

VSi un hombre atestigua la probidad de otro es suficiente

1180. Abû Bakra dijo: ‘Un hombre elogió a otro ante el Profeta (B y P) y él dijo: «¡Ay de ti! Le cortaste el cuello a tu amigo» varias veces. Luego dijo: «Quien aún tenga que elogiar a su hermano, que diga: ‘Pienso que fulano es así y así y Dios es quien lo conoce todo; yo no elogio a nadie ante Dios, pero pienso que fulano es así y así’, si sabe eso de él»’.

VI Los niños llegando a la pubertad y su testimonio

1181. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Men- sajero de Dios (B y P) lo llamó para que se pre-

sente ante él en el día de la batalla de Uhud, cuan- do tenía catorce años de edad, y no le permitió participar del combate, dijo: ‘Después me llamó nuevamente en la batalla del Foso (Al-Jandaq), cuando yo tenía quince años, y sí me permitió participar’.

VII Si la gente compite por jurar primero

1182. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) pidió a unas personas que juren y ellos se apre- suraron a jurar. Entonces el Profeta (B y P) orde- nó que sorteen entre ellos el juramento: Para ver quién juraría primero.

VIII ¿Cómo se toma un juramento?

1183. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Pro- feta (B y P) dijo: «Quien jura que jure por Dios o que calle».

IX Quien miente al conciliar entre las personas no es un mentiroso

1184. Umm Kulzûm bint ‘Uqba dijo: ‘Oí al Mensajero de Dios (B y P) decir: «No es un men- tiroso quien está conciliando entre la gente e in- venta algo bueno o dice cosas buenas (que no son verdad)»’.

XLas palabras del imâm a sus seguidores: ‘vamos a conciliar’

1185. Sahl bin Sa‘d relató que la gente de Qubá empezó a a luchar entre sí hasta que llegaron a arrojarse piedras. Se informó de ello al Mensajero de Dios (B y P) y él dijo: «Vamos a conciliar en- tre ellos».

XI Cómo escribir: ‘bajo estos términos se reconcilió fulano hijo de fulano con fulano hijo de fulano’ sin mencionar su tribu ni su ascendencia

1186. Al-Barâ’ bin ‘Âzib dijo: ‘El Profeta (B y P) emprendió la ‘umra en el mes de Dhul Qa‘da y la gente de Makka rehusó permitirle entrar en ella. El Profeta (B y P) consiguió llegar con ellos a un acuerdo: Que le dejen pasar allí tres días. Cuan- do pusieron el acuerdo por escrito escribieron: ‘Esto es lo que acuerda Muhammad, Mensajero de Dios (B y P)’; los incrédulos (de Makka) di- jeron: ‘No aprobamos eso. Si supiéramos que tú eres Mensajero de Dios no te habríamos prohibi- do entrar. Tú eres sólo Muhammad bin ‘Abdullah’. El Profeta (B y P) dijo: «Yo soy Mensajero de Dios y soy Muhammad bin ‘Abdullah» y dijo a ‘Alî: «Borra: ‘Mensajero de Dios’». ‘Alî dijo: ‘No ¡Por Dios que no te borraré nunca!’ Entonces el Men- sajero de Dios (B y P) tomó el documento y es- cribió: «Esto es lo que Muhammad bin ‘Abdullah acuerda: No entrará en Makka nadie armado ex- cepto con las armas enfundadas; nadie podrá salir con él de Makka, aunque lo desee, y no impedirá que se quede quienquiera de sus seguidores que así lo desee». Cuando llegaron a Makka y pasó el periodo estipulado, (los incrédulos) llegaron ante ‘Alî y dijeron: ‘Dile a tu amigo que salga de aquí pues ya se terminó el periodo estipulado’. Cuan- do el Profeta (B y P) abandonaba la ciudad, la hija de Hamza lo siguió gritándole: ‘¡Tío! ¡Tío!’ ‘Alî la tomó por la mano y dijo a Fâtima: ‘Toma a la hija de tu tío paterno y cárgala’. ‘Alî, Ya‘far y Zayd dis- putaban por la niña (por su custodia). ‘Alî dijo: ‘Yo tengo más derechos sobre ella, pues es la hija de mi tío paterno’. Ya‘far dijo: ‘Es la hija de mi tío paterno y su tía materna es mi esposa’. Zayd dijo: ‘Es la hija de mi hermano’. El Profeta (B y P) dic- taminó que se entregue a su tía materna y dijo: «La tía materna es como la madre». Y dijo a ‘Alî: «Tú eres de los míos y yo soy de tuyos», a Ya‘far: «Te pareces a mí en el carácter y en la apariencia» y dijo a Zayd: «Tú eres nuestro hermano y nues- tro mawla»’.

XII Las palabras del Profeta (B y P) al Hasan bin ‘Ali: «Este mi hijo es un señor»

1187. Abû Bakra dijo: ‘Vi al Mensajero de Dios (B y P) sobre el púlpito y al Hasan bin ‘Alî a su lado. Miraba a la gente a veces y miraba a Al- Hasan otras. Y dijo: «Este mi hijo es un señor y tal vez Dios reconcilie a dos grandes facciones de los musulmanes a través de él»’.

XIII ¿Debe el imâm sugerir la conciliación?

1188. ‘Âisha dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) oyó las voces de dos personas disputando fuera de la puerta y sus voces se elevaron. Uno de ellos pe- día al otro que le reduzca la deuda o que le tenga paciencia en el cobro. El otro decía: ‘Por Dios que no lo haré’. El Mensajero de Dios (B y P) salió y dijo: «¿Quién está jurando por Dios que no hará una buena obra?» El hombre respondió: ‘Soy yo Mensajero de Dios (B y P); y le concederé, pues, lo que él desee».

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