Libro de la condiciones


ILos términos y condiciones de las dotes en los contratos de matrimonio

1189. ‘Uqba bin ‘ámir dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «De todas las condiciones que debéis cumplir, las condiciones que os permiten acceder a las relaciones sexuales (el contrato de matrimonio) son las que más derecho tienen de ser cumplidas»’.

II Las condiciones que no están permitidas en los castigos prescritos por Dios

1190. Abû Huraira y Zayd bin Jâlid (Al- Ÿuhani) dijeron: ‘Un beduino se presentó ante el Mensajero de Dios (B y P) y dijo: ¡Mensajero de Dios (B y P)! Te pido por Dios que nos juzgues según el Libro de Dios’. Su litigante, que era más culto, dijo: ‘Sí, juzga entre nosotros según el Li- bro de Dios y permíteme hablar’. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Di». El hombre dijo: ‘Mi hijo era obrero de este hombre y fornicó con su mujer. La gente me dijo que mi hijo debía ser apedreado hasta la muerte, por eso le pagué como rescate por mi hijo cien ovejas y una esclava, después pregun-té a la gente de conocimiento y me dijeron que mi hijo sólo debía recibir cien azotes y ser exiliado un año, y que la esposa de este hombre debía ser ape- dreada hasta morir’. El Mensajero de Dios (B y P) dijo entonces: «¡Por aquél que tiene mi alma en Su mano! Juzgaré entre vosotros según el Libro de Dios: La esclava y el rebaño se te devolverán. Tu hijo recibirá cien azotes y será exiliado un año. ¡Unays! Vé a buscar a la mujer de este hombre; si confiesa apedreadla». Y Unays fue por ella y ella confesó; así que el Mensajero de Dios (B y P) or- denó que se la apedree’.

III Las estipulaciones en un contrato de siembra compartida

1191. ‘Abdullah bin ‘Umar relató: ‘Cuando la gente de Jaybar dislocó las extremidades de ‘Ab- dullah bin ‘Umar, ‘Umar se levantó y pronunció el siguiente discurso: ‘Ciertamente, el Mensajero de Dios (B y P) hizo un trato con los judíos de Ja- ybar sobre sus propiedades; les dijo: «Os permi- tiremos quedaros mientras Dios os lo permita». ‘Abdullah bin ‘Umar salió a ver sus propiedades allí y fue atacado por la noche; le dislocaron los brazos y las piernas. No tenemos otros enemigos allí sino los judíos. Ellos son nuestros enemigos y de ellos sospechamos. Pienso que debo exiliarlos’. Cuando ‘Umar decidió ejecutar su decisión vino uno de los Banu Abi Al-Huqayq y le dijo: ‘¡Emir de los Creyentes! ¿Nos expulsas siendo que Mu- hammad nos permitió quedarnos haciéndonos un trato sobre nuestras propiedades y aceptando aquello como condición para nuestra residencia?’ ‘Umar dijo: ‘¿Piensas que olvidé las palabras del Mensajero de Dios (B y P): «¡Qué será de ti cuan- do se te expulse de Jaybar y tu camello te trans- porte noche tras noche!»?’ El judío dijo: ‘Esa era una broma de Abû Al-Qâsim’. ‘Umar le dijo: ‘Has mentido enemigo de Dios’ y los expulsó. Les pagó sus propiedades en frutos, dinero, bienes, cuer- das, sillas para los camellos y otras cosas’.

IV Las condiciones del ÿihâd, los tratados con los incrédulos hostiles y la escritura de condiciones

1192. Al-Miswar bin Majrama y Marwân dije- ron: ‘El Profeta (B y P) salió en la época del tratado de Al-Hudaibîa. Después de haber recorrido cierta distancia, el Profeta (B y P) dijo: «Jâlid bin Al-Walîd está al frente de la caballería que forma la vanguardia (de Quraysh); nos está esperando en Al-Gamím así que tomad el camino de la dere- cha». ¡Por Dios! Jâlid no percibió la llegada del ejército musulmán hasta que le llegó el polvo que levantaba; entonces partió para avisar a Quraysh. El Profeta (B y P) marchó hasta que llegó al paso de montaña por el cual llegaba a Quraysh. Allí la camella del Profeta (B y P) se sentó en el suelo. La gente hizo lo que pudo para que la camella siga la marcha pero fue en vano; así que dijeron: ‘Al- Qaswá’ está terca; Al-Qaswá’ está terca’. El Profeta (B y P) dijo: «Al-Qaswá‘ no está terca, pues esa no es su costumbre; la ha detenido el que detuvo al elefante». Luego dijo: «¡Por Aquél que tiene mi alma en Su mano! Todo lo que me pidan les con- cederé, siempre que respete las leyes de Dios»; azuzó a la camella y esta se levantó. El Profeta (B y P) cambió su camino y se detuvo en la parte más lejana de Al-Hudaybiia, cerca de un pozo que contenía un poco de agua. La gente empezó a ha- cer uso del agua hasta que la consumieron toda y se quejaron ante el Profeta (B y P) por la sed. En- tonces el Profeta (B y P) sacó una flecha de su car- caj y les ordenó que la pongan en el pozo. El agua empezó a fluir y el ejército todo bebió hasta que- dar satisfechos. En eso llegó Budayl bin Warqá’ Al-Juzá‘i con un grupo de su gente de Juzá‘a. Estos eran sinceros consejeros del Mensajero de Dios (B y P), no le esconderían secreto alguno y eran de la gente de Tiháma. Budayl dijo: ‘Dejé a Ka‘b bin Lu‘ayy y a ‘Amir bin Lu‘ayy acampados en las aguas de Al-Hudaybia; están con sus camellos (o familias) y te combatirán para impedirte que visi- tes la Ka‘ba’. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «No hemos venido a combatir a nadie; hemos ve- nido para hacer la ‘umra. Ciertamente que la gue- rra ha debilitado a Quraysh y han sufrido grandes pérdidas; si ellos desean puedo firmar con ellos una tregua temporal; para que no se interpongan entre mí y la gente (de las demás tribus árabes). Si yo salgo victorioso frente a esos incrédulos, ellos tendrán la opción de islamizarse con las demás tribus; y si no: Pues tendrán, por lo menos, tiem- po de reforzarse para luchar. Pero, si rechazan la tregua, ¡Por quien tiene mi alma en Su mano! los combatiré por mi causa hasta morir, pero Dios se- guramente hará cumplir Su voluntad (y nos dará la victoria)». Budayl dijo: ‘Les informaré lo que dices’. Y partió hasta llegar ante Quraysh; les dijo: ‘Venimos ante vosotros de este hombre (Muham- mad) y le oímos decir cosas que si queréis os rela- taremos’. Dijeron los insensatos de Quraysh: ‘No tenemos necesidad de que nos informes lo que ha dicho’ y los más sensatos le dijeron: ‘Dinos lo que oíste’ y él les respondió: ‘Le oí decir tal y tal cosa’, y les relató lo que le dijo el Profeta (B y P). Enton- ces, ‘Urwa bin Mas‘ûd se levantó y dijo: ‘¡Oh gen- te! ¿No sois los hijos? ¿No soy el padre?’ Dijeron: ‘Claro que sí’. Dijo: ‘¿Desconfiáis de mi?’ Dijeron: ‘No’. Dijo: ‘¿Sabéis que yo solicité a la gente de ‘Ukáz que os socorran y, cuando ellos se negaron, vine a vosotros con mi familia, mis hijos y los que me obedecen?’ Dijeron: ‘Claro que sí’. Dijo: ‘Pues este hombre os ha presentado una propuesta ra- zonable; aceptadla y dejad que vaya a él’. Dijeron: ‘Vé ante él’. ‘Urwa fue ante Profeta (B y P) y se en- trevistó con él. El Profeta (B y P) le dijo lo mismo que dijo a Budayl. Entonces ‘Urwa dijo: ‘¡Muha- mmad! ¿No tienes escrúpulos para cortar así los lazos de parentesco? ¿Has oído, acaso, de algún árabe que haya roto relaciones con su familia an- tes que tú lo hagas? Y si te azota la derrota, ¡Por Dios! No veo gente digna (contigo) sino que veo gente de varias tribus que huirían y te dejarían solo’. Abû Bakr le dijo: ‘¡Húndete en la ignominia! ¿Nosotros huiremos y lo dejaremos?’ ‘Urwa pre- guntó: ‘¿Quién es este hombre?’ Le dijeron: ‘Es Abû Bakr’; entonces dijo a Abû Bakr: ‘Si no fuera que tú me hiciste un favor y yo no te lo he devuel- to te respondería’. Y ‘Urwa siguió hablando al Profeta (B y P); y le tomaba de la barba mientras le hablaba. Al-Mugîra bin Shu‘ba estaba de pie detrás del Profeta (B y P) con una espada en su mano y vistiendo un casco; cada vez que ‘Urwa quería tomar la barba del Profeta (B y P) con su mano Al-Mugîra le golpeaba la mano con el man- go de la espada y le decía: ‘Quita tu mano de la barba del Mensajero de Dios (B y P)’. ‘Urwa le- vantó la cabeza y dijo: ‘¿Quién es éste?’ Le dijeron: ‘Al-Mugîra bin Shu‘ba’. Dijo: ‘¡Oye traicionero! ¿Acaso no estoy procurando evitar el mal de tu traición?’ Y es que Al-Mugîra había acompañado a unas personas antes de islamizarse; los mató a todos y luego se islamizó. El Profeta (B y P) le dijo: «Acepto tu islamización; pero los bienes que tomaste no quiero tener nada que ver con ellos». Luego ‘Urwa empezó a observar con atención a los sahabas del Mensajero de Dios (B y P). ¡Por Dios! Siempre que el Mensajero de Dios (B y P) escupía estaba la mano de uno de ellos para reci- bir el esputo y luego frotarse con él su cara y su piel. Si les ordenaba algo se apresuraban a cum- plir sus órdenes. Cuando se hacía la ablución casi peleaban por recoger el resto del agua que usaba. Cuando hablaba ellos bajaban la voz y no osaban levantar su mirada hasta él en veneración. Cuando ‘Urwa volvió a su gente les dijo: ‘¡Oh gente! ¡Por Dios! Yo formé parte de delegaciones al Cé- sar, a Cosroes y al Negus. ¡Y por Dios! No he visto rey alguno tan venerado como la gente de Muha- mmad venera a Muhammad. ¡Por Dios! Si escupe está la mano de uno de sus sahabas para recoger el esputo y frotárselo por el rostro y la piel. Si les ordena algo se apresuran a cumplirlo y si hace la ablución ellos casi se pelean por recoger los restos del agua que usa. Cuando habla ellos bajan la voz cerca de él y no lo miran directamente por vene- ración. Él os ha presentado una oferta razonable, así que aceptadla’. Un hombre de la tribu Banu Kinâna dijo: ‘Dejad que yo vaya a él’. Le dijeron: ‘Puedes ir’. Cuando estuvo a la vista del Profeta (B y P) y de sus sahabas, el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Este es fulano y es de una gente que venera los animales del sacrificio así que traed los animales que son ofrenda de sacrificio ante él». Al llegar vio los animales y la gente lo recibió ento- nando la talbiya. Cuando vio eso dijo: ‘¡Glorifica- do sea Dios! No es correcto que a esta gente se le impida visitar la Casa Sagrada’. Cuando volvió a su gente, les dijo: ‘Vi los animales engalanados (con cintas de colores) y consagrados (con mar- cas en sus lomos). Así es que no creo que sea co- rrecto prohibirles visitar la Casa Sagrada’. Enton- ces se levantó un hombre llamado Mikraz bin Hafs y dijo: ‘Dejadme ir ante él’. Le dijeron: ‘Pue- des ir’. Cuando lo vieron llegar el Profeta (B y P) dijo: «Ese es Mikraz, es un hombre viciado». Cuando Mikraz empezó a conversar con el Profe- ta (B y P) llegó Suhayl bin ‘Amrû y el Profeta (B y P) dijo: «Ahora se ha puesto fácil el asunto». Suhayl dijo: ‘Ven y concretemos un acuerdo escri- to’. El Profeta (B y P) llamó a su escriba y le dijo: «Escribe: En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso». Suhayl dijo: ‘Eso de ‘...el Cle- mente...’ no sé qué significa; así que escribe: ‘En Tu nombre ¡Oh Dios!’ como hacías antes’. Los musulmanes dijeron: ‘No ¡Por Dios! Sólo escribi- remos: ‘En el nombre de Dios, el Clemente, el Mi- sericordioso». El Profeta (B y P) dijo: «Escribid: ‘En Tu nombre ¡Oh Dios!’». Luego dijo: (Escribe) «Esto dictamina Muhammad, Mensajero de Dios». Suhayl dijo: ‘¡Por Dios! Si supiéramos que tú eres el Mensajero de Dios no te prohibiríamos la entrada a la Casa Sagrada ni te combatiríamos; pero escribe: ‘Muhammad, hijo de ‘Abdullah’. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «‘¡Por Dios! Soy Mensajero de Dios aunque me desmintáis; escri- be: Muhammad hijo de ‘Abdullah»; luego dijo: «La condición es que nos permitáis entrar en la Casa Sagrada». Suhayl dijo: ‘¡Por Dios! Los árabes no podrán decir que nos obligaron; sin embargo te dejaremos hacer eso el año próximo’ y así se es- cribió. Después dijo Suhayl: ‘Y con la condición de que, si te llega alguien de los nuestros, deberás devolverlo a nosotros, aunque sea musulmán’. Los musulmanes dijeron: ‘¡Alabado sea Dios! ¿Cómo lo devolveremos a los politeístas si llega como musulmán? En ese momento entró Abû Ÿandal bin Suhayl bin ‘Amrû tambaleándose con sus ata- duras y cayó entre los musulmanes después de sa- lir de la parte baja de Makka. Suhayl dijo: ‘Este Muhammad es el primero que me devolverás por esta condición’. El Profeta (B y P) dijo: «Aún no hemos terminado de escribir el acuerdo». Suhayl dijo: ‘Entonces no hago ningún acuerdo contigo nunca’. El Profeta (B y P) dijo: «Déjamelo pues». Dijo: ‘No te lo dejo’. El Profeta (B y P) dijo: «Claro que sí, hazlo». Suhayl dijo: ‘¡No lo haré!’. Mikraz dijo: ‘Pues sí, te lo dejamos’ (pero Suhayl se man- tuvo firme). Abû Ÿandal dijo: ‘¡Musulmanes! ¿Seré devuelto a los politeístas a pesar de haber venido como musulmán? ¿No veis lo que sufrí?’ Pues él había sufrido una dura tortura por la cau- sa de Dios’.

‘Umar bin Al-Jattâb dijo: ‘Entonces fui ante el Profeta (B y P) de Dios y le dije: ‘¿Acaso no eres verdaderamente el Profeta (B y P) de Dios?’ Él dijo: «Claro que sí». Le dije: ‘¿Acaso no tene- mos la razón y nuestro enemigo está en el error?’ Él dijo: «Claro que sí». Dije: ‘¿Entonces por qué debemos ser humillados en nuestra religión?’ El dijo: «Yo soy el Mensajero de Dios (B y P) y no Le desobedeceré; Él me dará la victoria». Dije: ‘¿Aca- so no nos decías que iríamos a la Casa Sagrada y que la circunvalaríamos?’ Dijo: «Claro que sí ¿Pero te dije que iríamos a ella este año?» Dije: ‘No’. Dijo: «Pues en verdad que irás a la Casa Sa- grada y la circunvalarás». Y fui ante Abû Bakr y le dije: ‘¿Acaso no es él verdaderamente el Profeta (B y P) de Dios?’ Dijo: ‘Claro que sí’. Dije: ‘¿Acaso no tenemos la razón y nuestro enemigo está en el error?’ Dijo: ‘Claro que sí’. Dije: ‘¿Entonces por qué debemos ser humillados en nuestra religión?’ Dijo: ‘¡Oye hombre! Él es el Mensajero de Dios (ByP) y no va a desobedecer a su Señor y Él le

dará la victoria; así que aférrate a él, pues él ¡Por Dios! Está en lo cierto’. Dije: ‘¿Acaso no nos decía que iríamos a la Casa Sagrada y que la circunva- laríamos?’ Dijo: ‘Claro que sí ¿Pero te dijo acaso que irías allí en este año?’ Dije: ‘No’. Dijo: ‘Pues con seguridad que tú irás allí y la circunvalarás’. Hice muchas buenas obras para expiar esas pre- guntas impropias que les hice’.

Cuando la escritura del tratado se concluyó, el Mensajero de Dios (B y P) dijo a sus sahabas: «Le- vantaos; sacrificad las ofrendas y rapaos». Y ¡Por Dios! Ningún hombre de ellos se levantó hasta que repitió sus palabras tres veces. En vista de que no le obedecían él entró a ver a Umm Salama y le mencionó lo que hacía la gente. Umm Salama le dijo: ‘¡Profeta (B y P) de Dios! ¿Quieres que tu or- den sea obedecida? Sal sin decirles palabra algu- na; sacrifica tu ofrenda y llama a alguien para que te afeite la cabeza’. El Profeta (B y P) salió sin de- cirles nada hasta hacer eso; sacrificó su ofrenda y llamó a alguien para que le afeite la cabeza. Cuan- do los sahabas vieron aquello, se levantaron y sa- crificaron sus ofrendas y empezaron a afeitarse unos a otros, con tal prisa que casi se matan unos a otros. Luego llegaron ante el Profeta (B y P) al- gunas mujeres creyentes y Dios hizo descender: ¡Creyentes! Cuando vengan a vosotros mujeres creyentes que hayan emigrado ¡examinadlas! Dios conoce bien su fe. Si comprobáis que de ver- dad son creyentes, no las devolváis a los infieles: Ellas no son lícitas para ellos ni ellos son lícitos para ellas, ¡Reembolsadles lo que hayan gasta- do! No tenéis nada que reprocharos si os casáis con ellas, con tal que les entreguéis su dote. Pero no retengáis a las incrédulas... (60:10). Entonces ‘Umar divorció a dos de sus esposas que eran po- liteístas. Una de ellas se casó con Mu‘âwiya bin Abi Sufián y la otra se casó con Safwán bin Umay- ya. Cuando el Profeta (B y P) volvió a Medina, lle- gó ante él Abû Basír, un hombre qurayshí que era musulmán. Enviaron dos hombres a buscarlo; di- jeron: ‘(Cumple) el compromiso que nos diste’. El Profeta (B y P) se los entregó y salieron llevándo- selo hasta que llegaron a Dhul Hulayfa. Allí se de- tuvieron para comer unos dátiles que traían. Abû Basír dijo a uno de los hombres: ‘¡Por Dios! Yo veo que tu espada fulano es muy buena’. El hom- bre la sacó y dijo: ‘Claro que sí ¡Por Dios que es buena! Y la he probado muchas veces’. Abû Basír le dijo: ‘Muéstramela para que la vea’. El hombre se la alcanzó y Abû Basír lo golpeó con ella hasta que quedó frío. El otro hombre huyó hasta que llegó a Medina y entró apresuradamente a la mez- quita. El Profeta (B y P) dijo cuando lo vio: «Este ha visto algo espantoso». Cuando el hombre lle- gó hasta el Profeta (B y P), le dijo: ‘¡Por Dios! ¡Mi compañero fue muerto y yo también casi muero!’ En eso, llegó Abû Basír y dijo: ‘¡Profeta de Dios! Dios salvó tu palabra y responsabilidad ¡Por Dios! Tú me entregaste a ellos y después Dios me salvó de ellos’. El Profeta (B y P) dijo: «¡Ay de su madre! ¡Que excelente provocador de guerras sería si tu- viera alguien que lo apoye!» Cuando Abû Basír oyó aquello y entendió que el Profeta (B y P) lo devolvería a Quraysh; así que huyó hasta que lle- gó a la costa del mar. Tiempo después, Abû Yan- dal logra escapar de Quraysh y se une a Abû Basír. Y sucedió que todo hombre musulmán que huía de Quraysh se unía a Abû Basír, hasta que for- maron un contingente. ¡Por Dios! Cuando oían de una caravana de Quraysh que iba hacia Al- Shâm la atacaban, mataban a la gente y tomaban sus pertenencias. Quraysh mandó decir al Profe- ta (B y P), apelando a Dios y la relación familiar, que mande llamar a Abû Basír y que todo aquél que llegue a Medina se quedará allí en seguridad. Así que el Profeta (B y P) mandó llamar a la gente de Abû Basír. Entonces Dios hizo descender: Él es quien, en el valle de Makka, retiró de voso- tros sus manos y de ellos vuestras manos (evitó que combatáis), luego de haberos dado la victo- ria sobre ellos, Dios ve bien lo que hacéis. Son ellos los que os apartaron de la Mezquita Sagra- da...cuando los incrédulos, dejándose llevar por su fanatismo, el fanatismo propio de la Ignoran- cia... (48:24-26) y su fanatismo era tal que se ne- garon a reconocer que Muhammad era Profeta de Dios, se negaron a escribir: ‘Dios, el Clemente, el Misericordioso’ e impidieron a los musulmanes visitar la Casa Sagrada.

VQué condiciones son lícitas y las excepciones en las decisiones

1193. Abû Huraira relató que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «En verdad, Dios tiene noven- ta y nueve nombres, cien menos uno; quien los cuenta (creyendo en su significado) entrará en el Paraíso».


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