Libro Campañas Militares

La campaña de Al-‘Ushayra

1599. Zayd bin Arqam relató que se le dijo: ‘¿Cuántas campañas militares hizo el Profeta

(B y P)?’ él dijo: ‘Diecinueve’. Se le dijo: ‘¿En cuán- tas campañas le acompañaste tú?’ Dijo: ‘Diecisie- te’. Le dijeron: ‘¿Cuál fue la primera de ellas?’ dijo: ‘Al-‘Ushayr o Al-‘Usayra’.

II Las palabras de Dios: Cuando pedisteis auxilio a vuestro se- ñor... (hasta)... Dios castiga se- veramente (8:9-13)

1600. Ibn Mas‘ûd relató: ‘Presencié a Miqdád bin Al-Aswad en una escena que, de haber sido yo el protagonista, hubiese sido más querida para mí que cualquier otra cosa: Al-Miqdád se acercó al Profeta (B y P) cuando él urgía a los musulma- nes a combatir contra los politeístas; le dijo: ‘No decimos como dijo la gente de Mûsa a Mûsa: ¡Ve, pues, tú con tu Señor, y combatid que nosotros nos quedamos aquí (5:24) sino que combatire- mos a tu derecha y a tu izquierda, delante de ti y detrás tuyo’. Vi el rostro del Profeta (B y P) brillar porque le alegraron esas palabras’.

III El número de guerreros de Badr

1601. Al-Barâ’ dijo: ‘Me relataron los sahabas de Muhammad, de entre los que presenciaron la batalla de Badr, que su número era igual al nú- mero de los hombres de Tâlût (Saúl) que cruza- ron el río (Jordán) con él y eran un poco más de trescientos diez’. Al-Barâ’ dijo: ‘No ¡Por Dios! No cruzó el río con él sino un creyente’.

IV La muerte de Abû Ÿahl

1602. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «¿Quién va a ver qué sucedió con Abû Ÿahl?» Partió, pues, Ibn Mas‘ûd y encontró que los hijos de ‘Afrá’ lo habían golpeado hasta dejarlo frío. Le dijo: ‘¿Eres Abû Ÿahl?’ tomándolo de su barba; él dijo: ‘¿Y podrá haber un hombre superior a quien habéis matado –o dijo: ‘A quien ha matado su propio pueblo’–?»

1603. Abû Talha dijo: ‘El Profeta de Dios (B y P) ordenó que veinticuatro de los líderes de Quraysh sean lanzados en uno de los sucios pozos secos de Badr. Cuando el Profeta (B y P) vencía días; cuando llegó el tercer día en Badr pidió que le traigan su montura y se la prepararon; después de marchar un poco seguido por sus sahabas, que decían: ‘Debe haber partido por algo importan- te’. Llegó hasta el pozo seco y empezó a llamar- los (a los jefes de Quraysh) por sus nombres y los nombres de sus padres: «¡Fulano hijo de Fulano! ¡Fulano hijo de Fulano! ¿Os alegraría haber se- guido a Dios y a Su Mensajero? Pues, en verdad; nosotros encontramos lo que nos prometió nues- tro Señor muy cierto ¿Vosotros habéis encontra- do muy cierto lo que os prometió vuestro Señor?» ‘Umar dijo: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¿Por qué les hablas a cuerpos inertes sin alma?’ El Mensa- jero de Dios (B y P) le dijo: «¡Por El que tiene mi alma en Su mano! Vosotros no oís mejor que ellos lo que yo digo»’.

VLa presencia de los ángeles en Badr

1604. Râfi‘ bin Rif‘a‘a Al-Zuraqi, uno de los que participó en la batalla de Badr, dijo: ‘Ÿibrîl vino al Profeta (B y P) y le dijo: ‘¿Cómo conside- ráis a los que participaron de Badr entre voso- tros?’ Dijo: «De los mejores musulmanes». Ÿibrîl le dijo: ‘Así también consideramos a los ángeles que asistieron a Badr».

1605. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo que el Profeta (B y P) dijo el día de Badr: «Aquí está Ÿibrîl sos- teniendo la cabeza de su caballo y lleva puesta la indumentaria de combate».

VI

1606. Al-Zubayr dijo: ‘El día de Badr encontré a ‘Ubayda bin Sa‘îd bin Al-‘Âs tan cubierto por su armadura que solo se le veían los ojos, se lo apo- daba Abû Dhât al Karish. Dijo (vanidosamente): ‘Yo soy Abû Dhât al Karish’; cargué contra él con mi lanza; se la clavé en el ojo y murió. Puse mi pierna sobre él y aún así me costó mucho sacar mi lanza de su cadáver pues ambas puntas se habían doblado’. (‘Urwa relató:) Después el Mensajero de Dios (B y P) le pidió la lanza y se la dio. Cuando el Mensajero de Dios (B y P) falleció él la recuperó; después se la pidió Abû Bakr y se la dio. Cuando Abû Bakr falleció se la pidió ‘Umar y se la dio. Cuando ‘Umar falleció se la pidió ‘Uzmân y se la dio. Cuando ‘Uzmân fue asesinado quedó con la

familia de ‘Alî. Después la pidió ‘Abdullah bin Al- Zubayr y se quedó con él hasta que fue muerto.

1607. Al-Rubayyi’ bin Mu‘awwidh dijo: ‘El Profeta (B y P) entró a visitarme al día siguien- te de haberse consumado mi matrimonio; había unas chiquillas tocando tamborcillos y cantando las lamentaciones por mis padres que murieron en la batalla de Badr. Una de las chiquillas dijo: ‘Y entre nosotros está un profeta que sabe lo que nos depara el mañana’. El Profeta (B y P) dijo: «¡No digas eso! Di lo que estabas diciendo (antes)»’.

1608. Abû Talha, uno de los que asistió con el Mensajero de Dios (B y P) a la batalla de Badr, relató que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Los ángeles no entran en una casa que contiene pe- rros o imágenes».

1609. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘Hafsa bint ‘Umar (su hermana) enviudó de Junays bin Hu- dháfa, uno de los sahabas del Mensajero de Dios (B y P) que asistió a Badr, que murió en Medina. ‘Umar dijo: ‘Encontré a ‘Uzmân y le ofrecí casar- lo con Hafsa; le dije: ‘Si deseas te caso con Hafsa bint ‘Umar’. ‘Uzmân dijo: ‘Lo meditaré’ y después de unas noches dijo: ‘Me parece que no me casaré por ahora’. Luego encontré a Abû Bakr y le dije: ‘Si deseas te caso con Hafsa bint ‘Umar’. Abû Bakr calló y no me respondió nada; yo me enojé con él más de lo que me enojé con ‘Uzmân. Pasaron al- gunas noches hasta que la pidió en matrimonio el Mensajero de Dios (B y P) y lo casé con ella. Des- pués me encontró Abû Bakr y me dijo: ‘¿Te eno- jaste conmigo cuando me ofreciste casarme con Hafsa y no te respondí nada?’ Dije: ‘Sí’; me dijo: ‘Lo que me impidió responder a tu ofrecimien- to fue que el Mensajero de Dios (B y P) la había mencionado; pero no quise divulgar el secreto del Mensajero de Dios (B y P), si él la hubiese dejado yo la habría aceptado (como esposa)’».

1610. Abû Mas‘ûd Al-Badri dijo: ‘El Mensaje- ro de Dios (B y P) dijo: «Las dos aleyas al final de la sura ‘Al-baqara’ (sura Nro. 2) serán suficientes para quien las recite en la noche»’.

1611. Al-Miqdâd bin ‘Amrû Al-Kindi, aliado de los Banu Zuhra y uno de los que luchó en Badr con el Mensajero de Dios (B y P), dijo: ‘Dije al Mensajero de Dios (B y P): ‘Si me encuentro con alguien de los incrédulos y nos enfrentamos; si él me acierta con su espada en el brazo y me lo corta con ella, y después se refugia de mí en un árbol y dice: ‘Me someto a Dios’ ¿Qué opinas Mensajero de Dios (B y P)? ¿Lo mato después de haber pro- nunciado tales palabras?’ El Mensajero de Dios (B y P) dijo: ‘No lo mates’ Yo dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¡Él me cortó un brazo y después de cortármelo fue que dijo esas palabras!’ Entonces el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «No lo mates; pues, si lo matas, él estará en la posición que te- nías tú antes de matarlo (el Islam) y tú estarás en la posición que él tenía antes de pronunciar las palabras que pronunció (la incredulidad)»’.

1612. Ÿubayr bin Mut‘im dijo que el Profeta (B y P) dijo, sobre los prisioneros de Badr: «Si Al- Mut‘im bin ‘Adî estuviese vivo y me hablará a fa- vor de estos apestosos yo los habría liberado por él».

VII La mención de los Banu Al-Nadîr y su traición al Mensajero de Dios (B y P)

1613. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘Al-Nadîr y Quraydha combatieron (al Profeta (B y P)). (El Profeta (B y P)) exilió a los Banu Al-Nadîr y per- mitió a los Quraydha quedarse en sus casas y les perdonó. Hasta que Quraydha lo combatió (nue- vamente); entonces mató a sus hombres y repar- tió a sus mujeres, niños y propiedades entre los musulmanes, excepto algunos que se presentaron ante el Profeta (B y P). Él les dio seguridad y se islamizaron. Y exilió a todos los judíos de Medi- na: A los banu Qaynuqâ’, la tribu de ‘Abdullah bin Salâm, a los judíos de Banu Hâriza y a todos los judíos de Medina’.

1614. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Men- sajero de Dios (B y P) quemó y cortó las palmeras de Banu Al-Nadîr en Al-Buwayra; entonces des- cendió: Cuando talabais una palmera o la de- jabais de pie, lo hacíais con permiso de Dios... (59:5).

1615. ‘Âisha dijo: ‘Las esposas del Profeta (B y P) enviaron a ‘Uzmân ante Abû Bakr, pidién- dole su octavo de lo que Dios facilitó a Su Men- sajero (B y P) (Al-fay’). Yo me oponía a ellas y les decía: ‘¿No teméis a Dios? ¿No sabéis que el Profe- ta (B y P) decía: «Nosotros (los profetas y mensa- jeros) no dejamos herencia; todo lo que dejamos es para caridad» –se refería a sí mismo– y agregó: «La familia de Muhammad (B y P) se alimenta- rá de esta propiedad»?’ Y las esposas del Profeta (B y P) dejaron de exigir tal cosa cuando se los informé’.

VIII (Ka‘b bin) Al-‘Ashraf

1616. Ÿâbir bin ‘Abdullah relató: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «¿Quién se ofrece para cum- plir la pena máxima (al criminal de guerra) Ka‘b bin Ashraf, que ha ofendido a Dios y a Su men- sajero?» Muhammad bin Maslama se levantó y dijo: ‘¡Mensajero de Dios! ¿Quieres que lo mate?’ El Profeta (B y P) le respondió: «Sí». Muhammad dijo: ‘Permíteme entonces decir algo (falso, una mentira)’. El Profeta (B y P) le dijo: «Di». Enton- ces Muhammad bin Maslama fue ante él (Ka‘b) y le dijo: ‘Este hombre (el Profeta (B y P)) nos pide caridad y nos ha puesto en apuros; yo he veni- do a prestarme algo de ti’. Ka‘ba dijo: ‘¡Por Dios que os cansareis de él!’ Muhammad bin Maslama le dijo: ‘Ciertamente ya nos cansamos de él; pero no queremos abandonarlo hasta ver dónde llega Y queremos que nos prestes una carga o dos (de alimentos)’. Él les dijo: ‘Bien; pero debéis darme algo como garantía’. Le dijeron: ‘¿Y qué cosa quie- res?’ Les dijo: ‘Dejadme vuestras mujeres’. Le di- jeron: ‘¿Cómo te dejaremos nuestras mujeres y tú eres el más bello de los árabes?’ Dijo: ‘Entonces, dejadme a vuestros hijos’. Dijeron: ‘¿Cómo te de- jaremos a nuestros hijos si alguno puede ser in- sultado diciéndosele: ‘Fuiste empeñado por una carga o dos de comida’? esto sería una vergüenza para nosotros; pero te dejaremos nuestras armas’, y le prometieron volver. Después Muhammad bin Maslama volvió a él acompañado por Abû Na‘ila, hermano de leche de Ka‘b. Ka‘b los invitó a pasar dentro de su fortaleza y, cuando bajó a ellos, su esposa le preguntó: ‘¿Dónde vas a esta hora?’; él le dijo: ‘Son: Muhammad bin Maslama y mi her- mano Abû Nâ‘ila’; ella le dijo: ‘Oigo voces como si goteara de él sangre’. Él dijo: ‘¡Sólo es Muhammad bin Maslama y mi hermano Abû Ná‘ila! El genero- so, aunque se lo invite a acuchillarlo por la noche, debe ir’. Muhammad entró acompañado por otros dos hombres –en otra versión: Acompañado por Abû ‘Abs bin Yabr, Al-Hâriz bin Aws y ‘Abbâd bin Bishr– y a quienes dijo: ‘Cuando llegue yo lo to- maré por el cabello para olerlo; cuando veáis que lo he asegurado matadlo’ –en otra versión dijo: ‘Y les haré oler su cabeza’–. Muhammad bajó arro- pado en sus vestiduras y exhalando un agrada- ble olor. Muhammad dijo: ‘¡Nunca había visto un aroma como el de hoy –o dijo: Un perfume...–!’ Ka‘b dijo: ‘¡Tengo conmigo a las mujeres que más saben de perfumes entre los árabes!’ Muhammad le dijo: ‘¿Me permites oler tu cabeza?’ Y Ka‘b dijo: ‘Sí’. Entonces olió e hizo oler a sus acompañantes; luego dijo: ‘¿Me permites?’ Cuando logró asegu- rar su cabeza les dijo: ‘¡A él!’ y lo mataron; luego fueron ante el Profeta (B y P) y le informaron’.

IX La muerte de Abû Râfi’, ‘Abdull- ah bin Abi Huqayq, también lla- mado Salám bin Abi Huqayq

1617. Al-Barâ’ relató: ‘El Mensajero de Dios (B y P) envió contra Abû Râfi‘ el judío un grupo de hombres de entre los ansâr, poniéndolos bajo el mando de ‘Abdullah bin ‘Atîk. Abû Râfi‘ ofen- día al Mensajero de Dios (B y P) y ayudaba a sus enemigos en su contra; tenía un castillo en la re- gión de Al-Hiÿâz. Los hombres llegaron al casti- llo cuando ya había oscurecido, cuando la gente empieza a llevar sus rebaños a sus casas. ‘Abdull- ah dijo a sus hombres: ‘Quedaos aquí que yo par- tiré hacia el guardián de la puerta; lo engañaré y así tal vez consiga entrar’. Llegó hasta la puer- ta y se cubrió completamente con sus vestiduras, como quien está haciendo sus necesidades. En ese momento ya había entrado la gente; entonces el guardia lo llamó (creyendo que se trataba de uno de los sirvientes del castillo) diciéndole: ‘¡Siervo de Dios! ¡Entra si deseas entrar pues yo quiero ce- rrar la puerta!’ ‘Abdullah bin ‘Atík dijo: ‘Entré y me escondí. Cuando la gente terminó de entrar (el guarda) cerró la puerta y colgó las llaves de una estaca clavada; yo las tomé y abrí la puerta. Abû Râfi‘ disfrutaba de una amena charla nocturna en una de sus habitaciones. Cuando sus amistades se fueron subí a él; cada puerta que habría la cerraba por dentro, pues dije: ‘Si me descubren no podrán llegar a mí hasta que lo mate’. Cuando llegué a él, vi que estaba en una habitación totalmente oscu- ra entre su familia y no podía saber dónde se en- contraba exactamente; así que dije: ¡Abû Râfi‘! y él respondió: ‘¿Quién es?’ me dirigí hacia el origen de la voz y le di un golpe con la espada. Por mi nerviosismo no pude matarlo y él gritó; yo salí, entonces, de la casa y me quedé no muy lejos; lue- go volví a él y le dije: ‘¿Qué voces son esas Abû Râfi‘?’ me dijo: ‘¡Ay de tu madre! ¡Un hombre en mi casa me golpeó con una espada!’ Entonces lo golpeé fuertemente de nuevo y tampoco lo pude matar; luego le clavé la espada en el vientre y se la hundí hasta atravesar su espalda y sólo enton- ces supe que lo había matado. Entonces empecé a

abrir las puertas una por una; hasta que llegué a unos escalones y di un paso, creyendo haber lle- gado ya al suelo, di un paso y caí en una noche de luna llena. Me rompí la pierna y me la vendé con un turbante. Me dirigí hasta la puerta y me sen- té allí; me dije: ‘No saldré esta noche, hasta que sepa: ¿Lo habré matado?’ Cuando cantó el gallo se levantó un heraldo del fallecimiento sobre la muralla y gritó: ‘¡Anuncio la muerte de Abû Râfi‘, mercader del Hiÿâz!’ Sólo entonces partí a reunir- me con mis hombres y les dije: ‘¡Pongámonos a salvo pues Dios hizo morir a Abû Râfi‘!’ Y fui ante el Profeta (B y P); le informé de lo ocurrido y me dijo: «Extiende tu pierna». Yo extendí mi pierna y él la frotó suavemente con su mano y quedó como si nunca hubiese sufrido problema alguno».

XLa batalla de Uhud

1618. Ÿâbir bin ‘Abdullah dijo: ‘Un hombre dijo al Profeta (B y P) el día de Uhud: ‘¿Si me ma- tan dónde estaré?’ El Profeta (B y P) le respondió: «En el Paraíso» y el hombre lanzó unos dátiles que tenía en su mano y salió a combatir hasta que fue muerto’.

XI Cuando dos grupos de los vues- tros proyectaron abandonar, a pesar de ser Dios su amigo, ¡que los creyentes confíen en Dios! (3:122)

1619. Sa‘d bin Abi Waqqâs dijo: ‘Vi al Men- sajero de Dios (B y P) el día de Uhud y lo acom- pañaban dos hombres que lo defendían; vestían ropajes blancos y combatían con extrema bravu- ra. Nunca antes los había visto ni los llegué a ver después’.

1620. Sa‘d bin Abi Waqqâs relató también: ‘El Profeta (B y P) me sacó un carcaj con flechas y me dijo: «¡Lanza! ¡Que mi padre y mi madre sean tu rescate!»’

XII No es asunto tuyo si Dios los perdona o los castiga. Han obrado injustamente (3:128)

1621. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) fue herido el día de Uhud y dijo: «¿Cómo tendra éxito una nación que hiere a su profeta?»; enton- ces descendió: No es asunto tuyo si Dios los per- dona o los castiga. Han obrado injustamente (3:128)’.

1622. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que oyó al Profeta (B y P), cuando se enderezó del rukû‘ en la última rak‘a del faÿr, diciendo: «¡Oh Dios! Mal- dice a fulano, a fulano y a fulano» después de de- cir: «Dios oye a quien le alaba; ¡Señor nuestro! Tuya es la alabanza». Entonces, Dios reveló: No es asunto tuyo si Dios los perdona o los castiga. Han obrado injustamente (3:128).

XIII El martirio de Hamza bin ‘Abdul Muttalib

1623. ‘Ubaydullah bin ‘Adí bin Al-Jiyâr relató que dijo a Wahshi: ‘¿Nos relatas la muerte de Ha- mza?’ Wahshi dijo: ‘Sí; Hamza mató en la batalla de Badr a Tu‘ayma bin ‘Adí bin Al-Jiyár; entonces, mi amo Ÿubayr bin Mut‘im me dijo: ‘Si matas a Hamza por mi tío serás libre’. Cuando partió la gente en el año de ‘Aynayn, ‘Aynayn es una monta- ña cercana a Uhud, entre ambas hay un valle, salí con ellos. Cuando se alinearon para el combate salió Sibâ’ y dijo: ‘¿Hay alguien que me enfrente?’ Hamza bin ‘Abdul Muttalib le salió al encuentro y le dijo: ‘¡Sibâ’! ¡Hijo de Umm ‘Ammâr, la inmun- da! ¿Desafías a Dios y a Su mensajero? Entonces lo atacó y lo mató, dejándolo como el ayer que se fue. Yo me escondí tras una roca para emboscar a Hamza. Cuando se acercó a mí le arrojé mi lanza y se la clavé en el ombligo, saliendo de entre sus nalgas; eso le causó la muerte. Cuando la gente volvió yo volví con ellos; residí en Makka hasta que la alcanzó el Islam, entonces fui a Al-Tâ‘if. La gente de Al-Tâ‘if enviaba mensajeros al Mensaje- ro de Dios (B y P); alguien me dijo que él no hacía daño a los mensajeros y yo, entonces, me uní a los mensajeros hasta que me presenté ante el Men- sajero de Dios (B y P). Cuando él me vio, dijo: «¿Eres tú Wahshi?» dije: ‘Sí’. Me dijo: «¿Tú matas- te a Hamza?» le dije: ‘Las cosas son tal como se te informó’. Entonces, me dijo: «¿Puedes quitar tu rostro de mi vista?» y yo me salí. Cuando murió el Mensajero de Dios (B y P) y surgió Mûsâylama el mentiroso me dije: ‘Saldré contra Mûsaylama; tal vez lo mate y así pueda compensar (haber mata- do) a Hamza’. Así pues; salí con la gente y sucedió lo que sucedió; encontré a un hombre agazapado

en una abertura de la pared; parecía un camello gris con el pelo revuelto; le arrojé mi lanza y se la clavé entre sus dos tetillas hasta que salió entre sus hombros. Luego se abalanzó sobre él un hom- bre de los ansâr y le dio un golpe con la espada en la cabeza’.

XIV Las heridas infligidas al Profeta (B y P) el día de Uhud

1624. Abû Huraira dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «La ira de Dios se levanta sobre un pueblo que hiere a su profeta –y señaló su diente canino roto– y la ira de Dios se intensifica sobre un hombre que es muerto por un Mensajero de Dios en la causa de Dios»’.

XV Los que: respondieron al llama- do de Dios y su Mensajero (Corán 3:172)

1625. ‘Âisha dijo: ‘Cuando el Profeta (B y P) sufrió lo que sufrió el día de Uhud y los politeís- tas se marcharon, temió que vayan a volver. Dijo: «¿Quién va en su persecución?» y se ofrecieron setenta hombres, entre ellos estaba Abû Bakr y Al-Zubayr’.

XVI La batalla del Foso (Al-Jandaq), que es la batalla de los Aliados (Al-Ahzáb)

1626. Ÿâbir relató: ‘Estábamos cavando (el foso) el día de Al-Jandaq cuando se nos atravesó una roca muy dura. La gente fue al Profeta (B y P) y le dijeron: ‘He aquí que se nos atraviesa en el foso una roca muy dura’; el Profeta (B y P) dijo: «Estoy bajando». Entonces se levantó y (vi que) tenía una piedra atada al vientre, pues teníamos tres días sin probar bocado. El Profeta (B y P) gol- peó la roca con la espada y la roca se convirtió como en arena’.

1627. Sulaymân bin Surad dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo en la batalla de Al-ahzâb (los alia- dos): «(Después de esto) nosotros los atacaremos y ellos no nos atacarán»’.

1628. Abû Huraira relató que el Mensajero de Dios (B y P) decía: «No hay más Dios que Dios el Único; dio la honra a Sus soldados; dio la victoria a Su siervo y venció a los aliados Él solo; no hay, pues, nada después de Él».

XVII El regreso del Profeta (B y P) de la batalla de Al-Ahzáb (los aliados) y su partida contra los Bani Quraydha

1629. Abû Sa‘îd Al-Judrî dijo: ‘La gente de Banu Quraydha aceptó someterse al veredicto de Sa‘d bin Mu‘âdh. El Profeta (B y P) envió por Sa‘d y él llegó montado en un burro; cuando (Sa‘d) se acercaba a la mezquita, el Profeta (B y P) dijo a los ansâr: «Levantaos en respeto a vuestro líder» y le dijo: «Estos aceptaron someterse a tu veredicto». Cuando éste pronunció la sentencia, el Profeta (B y P) le dijo: «Les haz juzgado conforme a la ley de Dios» –o dijo: «Según el veredicto del rey de ellos»–’.

XVIII La batalla de Dhât Al-Riqâ’ (la de los harapos)

1630. Ÿâbir bin ‘Abdullah relató que el Profeta (B y P) rezó dirigiendo a sus sahabas en la ora- ción del temor en su séptima campaña militar, la campaña de los harapos.

1631. Abû Mûsa dijo: ‘Salimos con el Profe- ta (B y P) en una campaña militar y éramos seis personas turnándonos al lomo de un solo came- llo. (Por la larga marcha) mis pies se hicieron más delgados y mis uñas se cayeron; solíamos atar al- rededor de nuestros pies harapos, por eso se lla- mó: ‘La campaña de los harapos’, porque solíamos vendar con harapos nuestros pies’.

1632. Sahl bin Hazma, uno de los que acom- pañó al Mensajero de Dios (B y P) en la campa- ña de ‘dhat al riqâ’ cuando el Mensajero de Dios (B y P) rezó la oración del temor, relató que un grupo rezó con el Mensajero de Dios (B y P) y el otro grupo se formó frente al enemigo. El Mensa- jero de Dios (B y P) rezó con los que los que es- taban con él una rak‘a y luego se quedó de pie; los que rezaban con él completaron su oración y se marcharon al frente; entonces vino el segun- do grupo y los dirigió en la rak‘a que quedaba de su oración; al final se quedó sentado y ellos com- pletaron sus oraciones; luego pronunció el taslîm con ellos.

1633. Ÿâbir bin ‘Abdullah relató que partió con el Mensajero de Dios (B y P) en una cam- paña hacia Naÿd; y cuando el Mensajero de Dios (B y P) retornó Ÿâbir retornó con él. La siesta del mediodía los alcanzó en un valle lleno de árboles espinosos. El Mensajero de Dios (B y P) bajó de su montura y la gente se repartió entre los espi- nos buscando la sombra de los árboles. El Men- sajero de Dios (B y P) se acomodó debajo de un árbol de samura y colgó de él su espada. Y dor- mimos profundamente; de pronto, el Mensajero de Dios (B y P) nos llamó y fuimos a él; encon- tramos junto a él un beduino sentado. El Mensa- jero de Dios (B y P) dijo: «Este tomó mi espada mientras yo dormía; cuando desperté mi espada estaba en su mano y me dijo: ‘¿Quién puede sal- varte de mí?’ yo le dije: ‘Dios’ y helo aquí senta- do». El Mensajero de Dios (B y P) no lo castigó después.

XIX La campaña militar contra Banu Al-Mustaliq de Juzâ‘a, que es la campaña de Al-Muraysí’

1634. Abû Sa‘îd Al-Judrî dijo: ‘Salimos con el Mensajero de Dios (B y P) en campaña contra los Banu Al-Mustaliq y conseguimos cautivos árabes; deseábamos a las mujeres y se nos hizo muy difícil la abstinencia sexual, así que quisimos practicar el coito interrupto. Cuando lo quisimos practicar dijimos: ‘¿Cómo podemos practicar el coito inte- rrupto sin preguntar al Mensajero de Dios (B y P) que está entre nosotros?’ y le preguntamos. Nos dijo: «Es mejor que no lo hagáis; toda alma que haya sido predestinada a existir existirá»’.

XX La campaña de Anmâr

1635. Ÿâbir bin ‘Abdullah Al-Ansári dijo: ‘Vi al Profeta (B y P) rezar las oraciones supereroga- torias (nawâfil) montado en su camello que se di- rigía al este, durante la campaña de Anmâr’.

XXI La campaña de Al-Hudaibîa y las palabras de Dios: Dios ha estado satisfecho de los creyen- tes cuando estos te han jurado fidelidad bajo el árbol (48:18)

1636. Al-Barâ’ bin ‘Âzib dijo: ‘Vosotros pen- sáis que la conquista de Makka significó la Vic- toria (al fath) y la conquista de Makka fue una victoria; pero nosotros consideramos que el ju- ramento de fidelidad en Al-Hudaibîa es la gran Victoria. Acompañábamos al Profeta (B y P) mil cuatrocientos. Al-Hudaibîa es un pozo de agua; nosotros lo consumimos todo sin dejar una sola gota. El Profeta (B y P) fue informado de ello y llegó hasta el pozo, sentándose al borde. Pidió un recipiente con agua y se hizo la ablución. Se en- juagó la boca, rogó a Dios y vertió el agua restante en el pozo. Nos quedamos cerca un tiempo y des- pués el agua del pozo alcanzó para todos nosotros y para nuestras bestias’.

1637. Ÿâbir bin ‘Abdullah dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) nos dijo en el día de Al-Hudai- bîa: «Vosotros sois la mejor gente de al tierra» y éramos mil cuatrocientos. Si pudiese ver ahora os mostraría el lugar del árbol (bajo el que se hizo el famoso juramento)’.

1638. Suayd bin Al-Nu‘mân, uno de los que asistieron al (juramento del) árbol, dijo: ‘Al Men- sajero de Dios (B y P) y a sus sahabas se les trajo sawîq y se lo comieron’.

1639. ‘Umar bin Al-Jattâb relató que viajaba con el Profeta (B y P) por la noche y le pregun- tó algo pero el Mensajero de Dios (B y P) no le respondió; ‘Umar le preguntó nuevamente y no le respondió; y le preguntó nuevamente pero no le respondió. Entonces, ‘Umar bin Al-Jattâb se dijo: ‘¡Que tu madre te haya abortado ‘Umar! Pues le has preguntado tres veces al Mensajero de Dios (B y P) y él no te ha respondido’. ‘Umar añadió: ‘Entonces apuré a mi camello y me puse al frente de los musulmanes; temí que descendiera algo del Corán refiriéndose a mí; no esperé mucho hasta que oí alguien que me llamaba a gritos. Me dije: ‘¡Ya me temía que haya descendido algo sobre mí!’ fui ante el Mensajero de Dios (B y P) y le saludé; él me dijo: «Hoy se me ha revelado una sura que es más querida para mí que todo lo que abarca el sol cuando sale» y recitó: Te hemos concedido un claro éxito (48:1)’.

1640. Al-Miswar bin Majrama dijo: ‘Cuando el Profeta (B y P) partió de Medina el año de Al-Hu- daibîa estaba acompañado por mil y algo de sus compañeros. Cuando llegó a Dhul Hulayfa mar- có sus ofrendas y vistió el ihrâm con intención de hacer ‘umra. El Profeta (B y P) envió a un es- pía suyo de Juzá‘a y marchó hasta que llegó a Ga- dír Al-Ashtát, donde lo alcanzó su espía y le dijo: ‘Quraysh ha reunido un gran número de hombres contra ti; han agrupado a muchos abisinios y es- tán listos para combartirte y evitar que llegues a la Casa Sagrada, prohibiéndotelo’. El Profeta (B y P) dijo: «¡Aconsejadme oh gente! ¿Destruimos a las familias y descendencias de estos que quieren evi- tar que lleguemos a la Casa? Si vienen a nosotros (en paz), pues Dios habrá cortado una fuente de los politeístas; y si no los dejaremos destruidos». Abû Bakr dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Saliste con la intención de llegar a esta Casa, sin intenciones de matar a nadie ni de combatir a nadie; así que dirí- gete a ella; y a quien nos lo impida, pues lo com- batiremos’. El Profeta (B y P) dijo entonces: «Pues partamos en el nombre de Dios»’.

1641. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que su pa- dre lo envió, el día de Al-Hudaibîa, a traerle un caballo que estaba con un hombre de los ansâr y encontró al Mensajero de Dios (B y P) recibiendo los juramentos de fidelidad bajo el árbol; enton- ces recordó que ‘Umar no lo sabía; así que fue a jurar fidelidad (a Dios y a Su mensajero (B y P)), después fue por el caballo y se lo llevó a ‘Umar. ‘Umar estaba preparándose para combatir y ‘Ab- dullah bin ‘Umar le informó que el Mensajero de Dios (B y P) estaba recibiendo los juramentos de fidelidad bajo el árbol. ‘Umar partió, su hijo fue con él, entonces para dar el juramento al Mensa- jero de Dios (B y P). Y es por eso que la gente co- menta que ‘Abdullah bin ‘Umar se islamizó antes que su padre.

1642. ‘Abdullah bin Abi Awfa dijo: ‘Estábamos con el Profeta (B y P) cuando hizo la ‘umra; hizo el tawâf y nosotros lo hicimos con él; rezó las dos rak‘ât y nosotros lo hicimos con él; realizó el sa‘yi (la recorrida) entre Al-Safa y Al-Marwa y noso- tros lo cubríamos de la gente de Makka, no sea que alguien le hiera con algo’.

XXII La campaña de Dhât Qarad

1643. Salama bin Al-Akwa’ dijo: ‘Salí (de Me- dina hacia el bosque) antes de que se pronuncie el primer adhân (del faÿr). Las camellas del Mensa- jero de Dios (B y P) pastaban en un pastizal lla- mado Dhi Qarad; entonces un sirviente de ‘Abdu Rahmân bin ‘Awf me encontró y me dijo: ‘¡Las ca- mellas del Mensajero de Dios (B y P) han sido ro- badas!»; luego mencionó el resto del hadiz que ya citamos por completo (ver Nro. 1300). Aquí nos dice al final: ‘Después volvimos; el Mensajero de Dios (B y P) me acompañaba sobre su camella hasta que entramos a Medina’.

XXIII La campaña contra Jaybar

1644. Salama bin Al-Akwa’ dijo: ‘Salimos ha- cia Jaybar con el Profeta (B y P) y marchábamos de noche; entonces un hombre entre la gente dijo a ‘Âmir: ‘¡‘Âmir! Haznos oír de tu poesía’. ‘Âmir era un buen recitador y poeta; empezó a recitar poesía para la gente, acompañando al paso de los camellos, diciendo: ‘¡Oh Dios! Sin Ti no nos ha- bríamos guiado; ni habríamos dado caridad ni ha- bríamos rezado. Perdona, pues, a los que estamos ofrendados a Ti mientras vivamos. Y derrama Tu calma sobre nosotros, para dar firmeza a nuestros pies si encontramos al enemigo. Si nos llaman a la injusticia nos negaremos y los infieles han clama- do y llorado por ayuda a otros’. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «¿Quién es ese conductor (de camellos)?» le dijeron: ‘Es ‘Âmir bin Al-Akwa»; él dijo: «Que Dios tenga misericordia de él». Un hombre entre la gente dijo: ‘¡Profeta de Dios! Se le ha asegurado (¿el martirio?). ¿Nos permites dis- frutar un poco de su compañía?’ Cuando llega- mos a Jaybar, los sitiamos hasta que nos azotó una hambruna terrible después de la cual Dios la con- quistó para los musulmanes. Cuando anocheció, el día de la conquista, la gente empezó a encender muchos fuegos. El Profeta (B y P) dijo: «¿Qué son estos fuegos? ¿Para cocinar qué los encendéis?» Dijeron: ‘Para la carne’. Dijo: «¿Para qué carne?»; dijeron: ‘La carne de asnos domésticos’. El Profeta (B y P) dijo: «(Los calderos) Arrojad su conteni- do y rompedlos». Un hombre dijo: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¿si arrojamos su contenido y luego los lavamos?’ El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Eso también». Cuando la gente se enfrentó la es- pada de ‘Âmir resultó muy corta; cuando quiso golpear la pierna de un judío el golpe se fue con- tra su propia rodilla y de eso murió’.

Cuando regresaron Salama agregó: ‘El Profeta (B y P) me vio (triste) y me tomó de la mano di-

ciéndome: «¿Qué tienes?»; le dije: ‘¡Que mi padre y mi madre sean tu rescate! Alegan que todas las buenas obras de ‘Âmir se han perdido’. El Profe- ta (B y P) dijo: ‘Miente quien lo dice; ciertamente que tiene dos recompensas –y juntó dos de sus dedos–; él era un esforzado muÿâhid y muy pocos árabes tienen buenas obras como él». En otra ver- sión dice: ‘«Él se esforzó por la causa de Dios»’.

1645. Anas bin Mâlik relató que el Mensaje- ro de Dios (B y P) llegó a Jaybar de noche, esto ya fue mencionado en el Libro del Salat (ver Nro. 243). Aquí se agrega que el Profeta (B y P) mandó matar a todos los combatientes e hizo cautivos a las mujeres y niños.

1646. Abû Mûsa Al-Ash‘ari dijo: ‘Cuando el Mensajero de Dios (B y P) atacó Jaybar la gente pasaba (por una altura cuya vista daba) sobre un valle. Entonces elevaron sus voces pronunciando el takbîr: ‘¡Allahu Akbar! ¡Allahu Akbar! Lá ilá- ha illa Allah’. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Bajad vuestras voces; en verdad que no estáis llamando a un sordo ni a un ausente; ciertamen- te, el que llamáis está cercano y es omnioyente; y está con vosotros». Yo estaba detrás del animal del Mensajero de Dios (B y P) y él me oyó decir: ‘No hay poder ni fuerza sino con Dios (Lâ hawla wa lá quwwata illa billah)’. Me dijo: «¡Abdullah bin Qays!» dije: ‘Atiendo a tu llamado Mensajero de Dios (B y P)’. Me dijo: «¿Te enseño una palabra que es un tesoro de los tesoros del Paraíso?» Dije: ‘¡Claro que sí Mensajero de Dios (B y P)! ¡Mi pa- dre y mi madre sean tu rescate!’ Me dijo: «No hay poder ni fuerza sino con Dios»’.

1647. Sahl bin Sa‘d Al-Sâ‘idi relató que: El Mensajero de Dios (B y P) se encontró con los politeístas y se enfrentaron ambos ejércitos. Cuando el Profeta (B y P) volvió a su cuartel y los otros volvieron a su cuartel, había un hombre en- tre los sahabas del Mensajero de Dios (B y P) que no dejaba un solo hombre de los incrédulos sin golpearlo con su espada; dijeron: ‘Nadie de no- sotros combatió hoy mejor que fulano’. El Profeta (B y P) dijo: «El es de los habitantes del Infierno». Un hombre de los sahabas dijo: ‘Yo lo seguiré’. Y salió con él; cada vez que se detenía él se dete- nía; cada vez que se apresuraba él se apresuraba. El hombre sufrió una herida grave y apresuró su muerte; apoyó su espada en el suelo y se puso la punta entre las tetillas; se lanzó sobre su espa- da y se suicidó. El hombre que lo había seguido fue hasta el Mensajero de Dios (B y P) y le dijo: ‘Atestiguo que eres Mensajero de Dios (B y P)’. El Profeta (B y P) dijo: «¿Por qué esto?» Le dijo: ‘El hombre que dijiste antes que es de los habitantes del Infierno; eso les pareció extraño a la gente y yo les dije: ‘Yo lo seguiré para vosotros’ y lo seguí. El hombre fue herido gravemente y apresuró su muerte; apoyó el cabo de su espada en el suelo; puso la punta entre sus tetillas y luego se abalan- zó sobre ella y se suicidó’. Ante eso el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Un hombre puede hacer las obras que hace la gente del Paraíso, en la opinión de la gente, pero será de la gente del Fuego; y otro hombre hace las obras de la gente del Fuego, en la opinión de la gente, pero es de la gente del Paraíso (en realidad)».

1648. En otra versión, Sahl dijo: ‘Y el Mensa- jero de Dios (B y P) dijo: «¡Levántate fulano! Y anuncia que no entrará en el Paraíso sino el cre- yente; y que Dios apoya a la religión (hasta) con un hombre corrupto»’.

1649. Salama bin Al-Akwa’ relató: ‘Recibí un golpe en mi pierna el día de Jaybar; fui con el Mensajero de Dios (B y P) y él lanzó saliva de su boca sobre la herida tres veces. Desde entonces no he sentido dolor alguno hasta hoy’.

1650. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) se detuvo tres días entre Jaybar y Medina mien- tras consumaba su matrimonio con Safiyya. Yo invité a los musulmanes a su banquete; no ha- bía en él pan ni carne; el Profeta (B y P) sólo or- denó a Bilâl que extienda manteles de cuero, los cuales se extendieron. Allí se nos sirvieron dáti- les, yogurt seco y mantequilla. Los musulmanes dijeron: ‘¿Será madre de los creyentes (esposa) o sólo una posesión de su diestra (una esclava)?’ dijeron: ‘Si la cubre con el velo será una de las madres de los creyentes (su esposa); y si no la cu- bre será sólo posesión de su diestra (su esclava)’. Cuando partieron, el Profeta (B y P) le hizo un lugar atrás (en su camella) y le hizo observar el velo’.

1651. ‘Alí bin Abi Tâlib relató que el Mensaje- ro de Dios (B y P) prohibió la mut‘a con las muje- res (matrimonios de tiempo limitado, a veces ho- ras) y comer carne de asno.

1652. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) repartió de a dos partes por cada caballo y de a una parte para cada soldado de in- fantería’.

1653. Abû Mûsa Al-Ash‘ari dijo: ‘Nos llegaron las noticias de la salida del Profeta (B y P) (ha- cia Medina) mientras estábamos en el Yemen; así es que salimos como emigrantes hacia él. Salí

con dos de mis hermanos, uno es Abû Burda y el otro Abû Ruhm, en un grupo de cincuenta y tres de los de mi pueblo. Subimos a un barco, el cual nos dejó en la tierra del Negus en Abisinia. Allí nos encontramos con Ya‘far bin Abi Tâlib y nos quedamos con él hasta que nos vinimos to- dos (a Medina). Encontramos al Profeta (B y P) cuando conquistaba Jaybar y algunas personas entre la gente nos decían –a la gente del bote–: ‘Emigramos antes que vosotros’. (Un día) Asmâ’ bin ‘Umays, que vino con nosotros, entró a visi- tar a Hafsa esposa del Profeta (B y P); ella era de los que habían ido a Abisinia entre los emigran- tes. Entonces, ‘Umar entró a ver a Hafsa mientras Asmâ’ estaba con ella; ‘Umar dijo, cuando vio a Asmâ’: ‘¿Quién es ella?’ Hafsa dijo: ‘Es Asmâ’ bint ‘Umays’. ‘Umar dijo: ‘¿Esta es la abisinia? ¿esta es la marinera?’ Asmâ’ dijo: ‘Sí’. ‘Umar dijo: ‘Noso- tros nos adelantamos a vosotros en la emigración, por lo tanto tenemos más derecho al Mensajero de Dios (B y P) que vosotros’. Asmâ’ se enojó y dijo: ‘¡Claro que no! ¡Por Dios! Vosotros estuvis- teis con el Mensajero de Dios (B y P); él alimen- taba a vuestros hambrientos y educaba a vuestros ignorantes y nosotros estabamos en una casa –o dijo: Tierra– lejana y odiada y todo por la causa de Dios y Su mensajero. ¡Por Dios! ¡No comeré nada ni beberé nada hasta que mencione lo que has dicho al Mensajero de Dios (B y P)! ¡Noso- tros éramos agredidos y atemorizados! ¡Mencio- naré eso al Profeta (B y P) y le preguntaré! ¡Por Dios! ¡No mentiré ni alteraré la verdad ni aumen- taré nada a ello!’ Cuando llegó el Profeta (B y P) ella dijo: ‘¡Profeta de Dios! ‘Umar dice esto y aquello’ el Profeta (B y P) dijo: «¿Y tú qué le di- jiste?» ella dijo: ‘Le dije: Esto y aquello’ el Profeta (B y P) dijo: «Él no tiene más derecho a mí que vosotros; él y sus compañeros tienen la recom- pensa por una sola emigración y vosotros –gente del barco– tenéis la recompensa de dos emigra- ciones»’.

1654. Abû Mûsa también dijo: ‘El Profe- ta (B y P) dijo: «Yo reconozco las voces de los ash‘aríes cuando recitan el Corán cuando rezan por la noche; y reconozco sus hogares por la reci- tación del Corán en la noche, aunque no haya vis- to sus casas cuando entran en ellas durante el día. Entre ellos está Hakîm que, al enfrentar a la caba- llería –o dijo: El enemigo– les decía: ‘¡Mis compa- ñeros os ordenan que esperéis!’»’.

1655. También relató: ‘Llegamos al Profeta (B y P) después de que conquistó Jaybar y nos dio parte del botín. Aparte de nosotros, nunca había dado algo a alguien que no participase de la con- quista’.

XXIV La ‘umra de compensación (‘umrat ul-qadâ’)

1656. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo: ‘El Profe- ta (B y P) se casó con Maymûna mientras estaba en estado de ihrâm; y consumó su matrimonio cuando estaba nuevamente en estado de permi- sión (halâl); ella murió en Sarif ’.

XXV La batalla de Mu‘ta en la tierra de Shâm

1657. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) puso al mando a Zayd bin Hâri- za en la batalla de Mu‘ta. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Si Zayd es muerto que lo suceda Ya‘far; y si Ya‘far es muerto que le suceda ‘Abdull- ah bin Rawâha»’. ‘Abdullah bin ‘Umar agregó: ‘Yo estuve con ellos en esa batalla; cuando buscamos a Ya‘far bin Abi Tâlib y lo encontramos entre los muertos; y encontramos en su cuerpo más de no- venta heridas de espada y lanza’.

XXVI El envío de Usâma bin Zayd por parte del Profeta (B y P) hacia Al-Huruqât

1658. Usâma bin Zayd dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) nos envió a Al-Huraqa (una zona de los Ÿuhayna); los atacamos por la mañana y los derrotamos. Yo y uno de los ansâríes perseguía- mos a uno de ellos; cuando lo cercamos dijo: ‘Doy testimonio de que no hay más Dios sino Dios’; en- tonces el ansârí se detuvo pero yo le clavé mi lan- za hasta matarlo. Cuando volvimos (a Medina) el Profeta (B y P) se enteró de ello y me dijo: «¡Usâ- ma! ¿lo mataste después de que dijo: Doy testi- monio de que no hay más Dios sino Dios?»; yo le dije: ‘¡Pero lo dijo sólo para salvarse!’ El Profeta (B y P) siguió repitiéndome eso tan seguido que deseé no haberme islamizado antes de ese día’.

1659. Salama bin Al-Akwa’ dijo: ‘Comba- tí con el Profeta (B y P) en siete campañas y salí

con nueve de las expediciones que envió. Una vez, Abû Bakr estaba al mando; y otra, Usâma estaba al mando’.

XXVII La campaña de la conquista de Makka se llevó a cabo en Ramadán

1660. ‘Abdullah bin ‘Abbâs relató que el Profe- ta (B y P) salió de Medina en Ramadán y lo acom- pañaban diez mil (guerreros). Esto sucedió a los ocho años y medio de su llegada a Medina. El Profeta (B y P) partió junto con los musulmanes que lo acompañaban hacia Makka; el ayunaba y ellos ayunaban; cuando llegó a Kadîd, unos pozos de agua entre ‘Usfán y Qudayd, él rompió su ayu- no y ellos rompieron su ayuno.

1661. ‘Abdullah bin ‘Abbâs también relató: ‘El Profeta (B y P) partió hacia Hunayn en Ramadán y la gente se dividió: Había ayunantes y no ayu- nantes. Cuando el Profeta (B y P) se afirmó sobre su montura pidió un recipiente con leche o agua y lo apoyó sobre la palma de su mano –o: Sobre su camella– y miró a la gente. Los que no ayunaban dijeron a los ayunantes: ‘Romped el ayuno».

XXVIII ¿Dónde apoyó el Profeta el es- tandarte el día de la conquista (de Makka)?

1662. ‘Urwa bin Al-Zubayr dijo: ‘Cuando los qurayshíes supieron de la partida del Profeta (B y P) el año de la conquista, salió Abû Sufyân bin Harb, Hakîm bin Hizâm y Budayl bin War- qâ’ a procurar alguna noticia sobre el Mensajero de Dios (B y P). Anduvieron hasta que llegaron a Marr Al-Zhahrân (lugar cerca de Makka) y se en- contraron con fogatas como las de los peregrinos en ‘Arafa. Abû Sufyân dijo: ‘¿Qué es esto? ¡Parecen las fogatas de ‘Arafa!’ Budayl bin Warqâ’ dijo: ‘Son los fuegos de los Banu ‘Amr’ y Abû Sufyân dijo: ‘Banu‘Amrsonmuchomenosqueestos’.Entonces, gente de la guardia del Mensajero de Dios (B y P) los divisó y los capturó. Los trajeron ante el Men- sajero de Dios (B y P) y Abû Sufyân se islamizó. Cuando el Profeta (B y P) partió dijo a Al-‘Abbâs: «Retén a Abû Sufyân sobre la montaña para que vea a los musulmanes». Al-‘Abbâs lo retuvo y las tribus empezaron a pasar acompañando al Profeta (B y P); batallón tras batallón fueron pasando frente a Abû Sufyân. Un grupo pasó y Abû Sufyân dijo: ‘¡‘Abbâs! ¿Quiénes son?’ Al-‘Abbâs dijo: ‘Son los Gifâr’ Abû Sufyân dijo: ‘Yo no tengo nada con los Gifâr’. Cuando pasó Ÿuhayna dijo lo mismo; luego pasó Sa‘d bin Huzaym y él dijo lo mismo; pasó Sulaym y dijo lo mismo, hasta que pasó una formación de gente que nunca había visto. Dijo: ‘¿Quiénes son?’ Al-‘Abbâs dijo: ‘Son los ansâr, los dirige Sa‘d bin ‘Ubâda que lleva el estandarte’. Sa‘d bin ‘Ubâda dijo: ‘¡Abû Sufyân! ¡Hoy es el día de la gran batalla! ¡Hoy la Ka‘ba dejará de ser prohibi- da!’; Abû Sufyân dijo: ‘¡Oh ‘Abbâs! ¡Qué excelente es el día de la destrucción!’ Luego llegó una forma- ción, menor en número que las demás; entre ellos estaba el Mensajero de Dios (B y P) y sus sahabas, y el estandarte del Profeta (B y P) estaba con Al- Zubayr bin Al-‘Awwâm. Cuando el Mensajero de Dios (B y P) pasó frente a Abû Sufyân él dijo: ‘¿Sa- bes lo que dijo Sa‘d bin ‘Ubâda?’ el Profeta (B y P) dijo: «¿Qué dijo?» Abû Sufyân dijo: ‘Dijo esto y aquello’. El Profeta (B y P) dijo: «Sa‘d mintió; este día, más bien, será el día en que la Ka‘ba sea glori- ficada y sea cubierta (con una tela)» y ordenó que su estandarte se clave el Al-Haÿûn.’

‘Al-‘Abbâs dijo a Al-Zubayr: ‘¡Abû ‘Abdullah! ¿Dónde te dijo el Profeta (B y P) que claves el es- tandarte?’ El Mensajero de Dios (B y P) ordenó a Jâlid bin Al-Walîd que entre por la parte alta de Makka, desde Kadá’, mientras el Profeta (B y P) entraba desde Kudá. Murieron dos hombres de la caballería de Jâlid bin Al-Walîd: Hubaysh bin Al- Ash‘ar y Kurz bin Ÿâbir al Fihri’.

1663. ‘Abdullah bin Mugaffal dijo: ‘El día de la conquista de Makka vi al Mensajero de Dios (B y P) sobre su camella recitando la sura ‘La Vic- toria’ en un tono vibrante’ (Mu‘âwiya, uno de los narradores) añadió: ‘Si no temiese que la gente se reúna alrededor mío recitaría en el mismo tono vibrante’.

1664. ‘Abdullah dijo: ‘El Profeta (B y P) entró en Makka el día de la conquista y a su alrededor había trescientos sesenta estatuas, empezó a gol- pearlas con un madero que llevaba en la mano y decía: «La Verdad ha llegado y la falsedad se ha ido», «La Verdad ha llegado y la falsedad no em- pezará ni reaparecerá»’.

XXIX 

1665. ‘Amr bin Salama dijo: ‘Estabamos en una encrucijada del camino; las caravanas pasa-

ban por allí y les preguntábamos: ¿Qué hay con la gente? ¿Qué hay con la gente? ¿Qué es de ese hombre? Nos decían: ‘Alega que Dios lo ha envia- do y le ha inspirado revelación –o: Le ha inspira- do tal cosa–’. Yo memorizaba tales palabras como si se afirmasen en mi pecho. Los árabes retrasaron su islamización hasta la conquista de Makka, pues decían: ‘Dejadlo con su pueblo; si los vence, es pues un profeta veraz’. Cuando se dio la conquista cada pueblo se apresuró a islamizarse y mi padre se adelantó a mi pueblo en islamizarse. Cuando volvió dijo: ‘He venido a vosotros ¡Por Dios! des- de donde el Profeta (B y P) en verdad’. Les dijo: ‘Rezad tal oración en tal momento y rezad tal ora- ción en tal momento; y si llega la hora de la ora- ción, que pronuncie el adhân alguno de vosotros, y que os dirija el que más memoriza del Corán entre vosotros’. La gente buscó y no encontraron a nadie que memorice más del Corán que yo, por el Corán que memorizaba de las caravanas. Así es que me nombraron su Imâm cuando yo contaba con seis o siete años. Yo vestía una burda (especie de manto) que, cuando me prosternaba mostra- ba parte de mi desnudez. Una mujer del pueblo dijo: ‘¿Acaso no cubriréis de nosotras las nalgas de vuestro recitador?’ Y me compraron tela y me cortaron una camisa larga. ¡Nunca antes me había alegrado por nada como me alegré por esa cami- sa!’

XXX Las palabras de Dios: ...y el día de Hunayn, cuando complacidos por vuestro gran número, éste no os sirvió de nada... (hasta) ...Dios es indulgente, misericor- dioso (9:25-27)

1666. ‘Abdullah Bin Abi Awfa relató que su mano tenía un golpe que recibió en Hunayn, en compañía del Profeta (B y P).

XXXI La campaña de Awtâs

1667. Abû Mûsa Al-Ash‘ari dijo: ‘Cuando el Profeta (B y P) terminó la campaña de Hunayn envió a Abû ‘Âmir al mando de un ejército hasta Awtâs. Este ejército llegó hasta Awtâs y se enfren- tó a Durayd bin Al-Samma; Durayd fue muerto y Dios derrotó a sus hombres’.

Abû Mûsa añadió: ‘El Profeta (B y P) me en- vió con Abû ‘Âmir. Abû ‘Âmir fue herido en su rodilla por la flecha que lanzó un Yushamí y se la clavó en la rodilla. Yo me acerqué a él y le dije: ‘¡Tío! ¿Quién te lanzó la flecha?’ él señaló: ‘Ése es quien me mató lanzándome una flecha’. Yo se lo perseguí y lo alcancé; cuando me vio se dio vuel- ta y huyó; yo lo perseguía y le decía: ‘¿No te da vergüenza? ¡¿Por qué no te detienes?!’ Entonces el hombre se detuvo e intercambiamos dos golpes con las espadas y yo lo maté. Después dije a Abû ‘Âmir: ‘Dios mató a tu hombre’; él dijo: ‘Extrae esta flecha’; yo la extraje y brotó agua de la herida. Entonces me dijo: ‘¡Hijo de mi hermano! ¡Haz lle- gar mi saludo de paz al Profeta (B y P)! Y dile que pida perdón para mí’. Abû ‘Âmir me nombró su sucesor en el mando del ejército y vivió un poco más, pero luego murió. Cuando volví fui a ver al Mensajero de Dios (B y P) en su casa; cuando en- tré lo hallé sobre su cama que era de ramas de pal- mera atadas con cuerdas y con un colchón sobre ellas. Las cuerdas de la cama habían marcado su espalda y sus costados. Le informé de nosotros y de Abû ‘Âmir, que me había dicho: ‘Dile que pida perdón para mí’. El Profeta (B y P) pidió agua e hizo la ablución; luego levantó sus manos y dijo: «¡Oh Dios! Perdona a ‘Ubayd Abû ‘Âmir»; vi la blancura de sus axilas, luego dijo: «¡Oh Dios! Elé- valo en el Día de la Resurrección sobre muchos de Tu creación». Yo le dije: ‘Pide perdón por mí’; él dijo: «¡Oh Dios! Perdona a ‘Abdullah bin Qays sus pecados y hazlo entrar por una bella entrada en el Día de la Resurrección»’.

XXXII La campaña de Al-Tâ‘if en el mes de Shawwâl del año octavo

1668. Umm Salama dijo: ‘El Profeta (B y P) entró a verme, estando conmigo un afeminado, y le oyó decirle a ‘Abdullah bin Umayya: ‘¡‘Abdu- llah! Si Dios les permite conquistar Al-Tâ‘if ma- ñana, entonces, toma a la hija de Gaylán ¡(es tan bella y gorda que) te encara con cuatro (capas de carne) y te da ocho (capas de carne) cuando te da la espalda!’ El Profeta (B y P) dijo entonces: «Estos (afeminados) no deberían entrar a visita- ros»’.

1669. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘Cuando el Mensajero de Dios (B y P) sitió Al-Tâ‘if y no con- siguió conquistarla, dijo: «Nos vamos si Dios

quiere». Esto incomodó a los sahabas y dijeron: ‘¿Nos vamos sin conquistarla?’ El Profeta (B y P) dijo: «Volveremos»; entonces el Profeta (B y P) les dijo: «Preparaos para combatir mañana» y com- batieron recibiendo muchos heridas’. El Profeta (B y P), entonces, dijo: «Mañana retornamos a Medina si Dios quiere»; eso les gustó y el Profeta (B y P) se puso a reír.

1670. Sa‘d y Abi Bakra dijeron: ‘Oímos al Pro- feta (B y P) decir: «Quien se atribuye a otro que no sea su padre, a sabiendas, tiene prohibido el Paraíso»’.

1671. En otra versión agregan que: ‘Uno de los dos (Sa‘d o Abû Bakra) es el primero en lan- zar una flecha por la causa de Dios y el otro es el que saltó descolgándose de los muros de Al-Tâ‘if y se unió al Profeta (B y P) con otras personas’. En otra versión dice: ‘Bajó al Profeta (B y P) como el tercero de un grupo de veintitrés personas de Al- Tâ‘if ’.

1672. Abû Mûsa Al-Ash‘ari dijo: ‘Estaba con el Profeta (B y P) que acampaba en Al-Ÿi‘râna, entre Makka y Medina; el Profeta (B y P) estaba con Bilâl cuando llegó un beduino a ver al Pro- feta (B y P); le dijo: ‘¡Cúmpleme lo que me has prometido!’ el Profeta (B y P) le dijo: «¡Alégrate (con lo que te daré)!» el beduino dijo: ‘¡Me has dicho ‘alégrate’ demasiadas veces!» El Profeta (B y P) miró a Bilâl y a Abû Mûsa expresando enojo y dijo: «Ha rechazado las albricias, acepta- dlas vosotros». Ellos dijeron: ‘Aceptamos’. Luego pidió un recipiente con agua; se lavó las manos y el rostro; luego absorbió agua con su boca y la devolvió al recipiente. Dijo: «Bebed del recipien- te y mojaos la cara y el cuello y albriciaos». Ellos tomaron el recipiente y así lo hicieron; luego lla- mó a Umm Salama y les dijo: «Dejad un poco para vuestra madre»; ellos dejaron, pues, un poco para ella.

1673. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) reunió a unas personas de los ansâr y les dijo: «Los qurayshíes están cercanos aún a un perio- do de ignorancia y sufrimiento; yo quiero ayu- darles y atraer sus corazones ¿os complace que la gente vuelva con ganancias terrenales y que vo- sotros volváis con el Mensajero de Dios (B y P) a vuestras casas?» ellos dijeron: ‘¡Claro que sí!’ El dijo, entonces: «Si la gente transita un valle y los ansâr transitan por un sendero de montaña yo seguiría el valle de los ansâr o el sendero de los ansâr»’.

XXXIII El envío de Jâlid bin Al-Walíd por parte del Profeta (B y P) a Bani Yadhíma

1674. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘El Profeta (B y P) envió a Jâlid bin Al-Walîd a Yadhíma. Jâlid los invitó al Islam pero ellos no pudieron expre- sar la frase: ‘Nos islamizamos’ y dijeron: ‘¡Saba‘na! ¡saba‘na! (¡nos cambiamos de religión!)’. Entonces Jâlid empezó a matarlos y tomarlos cautivos; en- tregó a cada uno de nosotros un prisionero. Pero un día ordenó que cada hombre mate a su prisio- nero; yo dije: ‘¡Por Dios! No mataré a mi prisio- nero y ninguno de mis hombres matará a su pri- sionero’. Cuando llegamos ante el Profeta (B y P) le mencionamos lo sucedido y levantó sus manos diciendo: «¡Oh Dios! ¡Soy inocente ante Ti de lo que hizo Jâlid!» dos veces’.

XXXIV La expedición de ‘Abdullah bin Hudhâfa Al-Sahmí y ‘Alqama bin Muyazzir Al-Mudliÿi; y se la llama: ‘la expedición de los Ansâr’

1675. ‘Alí dijo: ‘El Profeta (B y P) envió una ex- pedición; la puso bajo el mando de un hombre de los ansâr y les ordenó que le obedezcan. (Un día) El (comandante) se enojó y dijo: ‘¿No os ordenó el Profeta (B y P) acaso que me obedezcáis?’ dije- ron: ‘Claro que sí’. Dijo: ‘¡Juntadme leña!’. Cuando reunieron leña, él dijo: ‘Encended una fogata’ y así lo hicieron. Entonces, él les dijo: ‘¡Entrad en ella!’ y algunos quisieron entrar, pero otros los sujeta- ron y les decían: ‘¡Fuimos hacia el Profeta (B y P) huyendo del Fuego!’; estuvieron así hasta que el fuego se extinguió y la furia del comandante se aplacó. Cuando el Profeta (B y P) se enteró dijo: «Si hubiesen entrado en ella no habrían salido hasta el Día de la Resurrección. La obediencia es sólo en las cosas reconocidas (como buenas)»’.

XXXV El envío de Abû Mûsa y Mu‘âdh al Yemen antes de la peregrina- ción de despedida

1676. Abû Mûsa relató: Que el Profeta (B y P) lo envió junto con Mu‘âdh al Yemen. Envió a cada

uno a una provincia, pues el Yemen tiene dos pro- vincias. Les dijo: «Facilitad y no dificultéis; albri- ciad a la gente y no los espantéis». Y cada uno partió hacia su jurisdicción; cuando uno de los dos estaba de ronda por su provincia y pasaba cerca de la frontera del otro lo iba a visitar para saludarlo. Un día Mu‘âdh hacía un reconocimien- to por su provincia y pasó cerca de su compañero Abû Mûsa; fue hasta él montando su mula y lo encontró sentado y rodeado de gente. De pronto vio a un hombre con las manos atadas al cuello; preguntó Mu‘âdh: ‘¡‘Abdullah bin Qays! ¿Quién es este?’ Abû Mûsa le dijo: ‘Este es un hombre que renegó del Islam después de islamizarse’. Mu‘âdh dijo: ‘¡No me bajaré hasta que sea ejecutado!’ Abû Mûsa le dijo: ‘Para eso me lo trajeron, así que bá- jate’; Mu‘âdh dijo: ‘¡No me bajaré hasta que sea ejecutado!’ entonces Abû Mûsa mandó que se lo ejecute y fue ejecutado. Después Mu‘âdh descen- dió de su montura y dijo: ‘¡‘Abdullah! ¿Cómo re- citas el Corán?’ Abû Mûsa dijo: ‘Lo recito regular- mente en los intervalos y la merienda ¿Y cómo lo recitas tú Mu‘âdh?’ dijo: ‘Duermo la primera par- te de la noche y me levanto cuando cumplí con mi cuota de sueño; recito lo que Dios ha escrito que recite y procuro la recompensa de Dios en mi sueño y en mi recitación’.

1677. Abû Mûsa Al-Ash‘arí relató que el Pro- feta (B y P) lo envió al Yemen y le preguntó sobre las bebidas que allí se elaboran; le dijo: «¿Cuáles son?»; le dijo: ‘El bit’ (licor de miel) y el mizr (li- cor de cebada)’. Entonces el Profeta (B y P) le dijo: «Toda substancia embriagante es ilícita».

XXXVI El envío de ‘Alí bin Abi Tâlib y Jâlid bin Al-Walîd al Yemen

1678. Al-Barâ’ dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) nos envió con Jâlid bin Al-Walîd al Yemen; luego mandó a ‘Alí en su lugar, le dijo: «Ordena a los hombres de Jâlid: Quien desee quedarse conti- go se queda y quien quiera volver a Medina puede hacerlo». Yo fui uno de los que se quedó con él y gané muchos awâq de oro del botín’.

1679. Burayda dijo: ‘El Profeta (B y P) envió a ‘Alí hasta Jâlid para que recolecte el jumus. Yo de- testaba a ‘Alí y vi que tomaba un baño (pues había tenido relaciones sexuales con una esclava del ju- mus). Dije a Jâlid: ‘¿Ves eso?’ y cuando llegamos a Medina informé de ello al Profeta (B y P). El me dijo: «¡Burayda! ¿Tu odias a ‘Alí?» le dije: ‘Sí’ medijo: «No lo odies; pues su parte del jumus es mu- cho más que eso»’.

1680. Abû Sa‘îd Al-Judrî dijo: ‘ ‘Alí bin Abi Tâlib envió oro bruto dentro de una bolsa de cue- ro curtido al Mensajero de Dios (B y P). El Men- sajero de Dios (B y P) lo distribuyó entre cua- tro personas: ‘Uyayna bin Badr, Aqra’ bin Hábis, Zayd Al-Jayl y el cuarto era ‘Alqama o era ‘ámir bin Al-Tufayl. Uno de sus sahabas dijo: ‘¡Noso- tros teníamos más derecho a ese oro que estos!’ La noticia llegó al Profeta (B y P) y él dijo: «¿No confiáis en mí siendo que yo soy el de confianza para quien está en el cielo y me llegan las nuevas del cielo por la mañana y la tarde?» Entonces se levantó un hombre de ojos hundidos, de pómulos y frente protuberantes, con la cabeza rapada, la barba tupida y el izâr recogido; dijo: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! ¡Teme a Dios!’ el Profeta (B y P) dijo: «¡Ay de ti! ¿Acaso no soy la persona con más motivo para temer a Dios en toda la tierra?» y el hombre se marchó. Jâlid bin Al-Walîd dijo: ‘¡Men- sajero de Dios (B y P)! ¿Le corto el pescuezo?’ el Profeta (B y P) dijo: «No, tal vez reza». Jâlid dijo entonces: ‘¿Y cuantos orantes dicen con su lengua lo que no hay en su corazón?’ El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «No se me ordenó hurgar en los corazones de la gente ni abrir sus barrigas». Lue- go lo miró mientras se alejaba y dijo: «De la des- cendencia de este hombre saldrá un pueblo que recita el Corán continua y elegantemente; pero no traspasará sus gargantas. Saldrán de la religión como sale la flecha disparada del arco –y creo que dijo:– Si los encuentro los mataré como se mató a los de Zamûd»’.

XXXVII La campaña de Dhul Jalasa

1681. El hadiz de Ÿarîr que habla al respec- to ya fue mencionado y las palabras del Profeta (B y P) a él: «¿Me puedes hacer descansar de Dhul Jalasa?». En esta versión se cita: ‘Dijo Ÿarîr: ‘Dhul Jalasa es una construcción en el Yemen, para los Jaz‘am y los Baÿîla; allí hay estatuas que son ado- radas’. Y cuando Ÿarîr llegó al Yemen había allí un hombre que consultaba el oráculo de flechas. Se le dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) está aquí; si puede te golpeará el cuello (con la espada)’. Un día que estaba lanzando las flechas se paró a su lado Ÿarîr y le dijo: ‘O las rompes y atestiguas que no hay más Dios sino Dios o te golpearé el cuello’; y el hombre rompió las flechas y se islamizó’.

XXXVIII La ida de Ÿarîr al Yemen

1682. Ÿarîr también relató: ‘Cuando estuve en el Yemen me encontré con dos hombres de la gen- te del Yemen: Dhu Kalá’ y Dhu ‘Amr. Yo empecé a relatarles del Mensajero de Dios (B y P) y Dhu ‘Amr me dijo: ‘Si es verdad lo que mencionas de tu amigo, pues ha muerto hace tres días’. Y los dos partieron conmigo hacia Medina; cuando estába- mos en el camino nos llegaron jinetes de la direc- ción de Medina y les preguntamos. Nos respon- dieron: ‘El Mensajero de Dios (B y P) murió; Abû Bakr fue elegido Califa y la gente está bien’. Los dos yemeníes dijeron: ‘Dile a tu amigo que vini- mos a verlo y tal vez volvamos, si Dios quiere’; y se volvieron al Yemen’.

XXXIX La campaña de la costa

1683. Ÿâbir dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) envió una expedición a la costa; los puso bajo el mando de Abû ‘Ubayda bin Al-Ÿarrâh y eran tres- cientos. Cuando habíamos salido y estabamos en el camino se nos redujeron las provisiones. Abû ‘Ubayda ordenó reunir todas las provisiones que traían los soldados; nuestra comida era dátiles. Así es que cada día se nos daba un poco de dá- tiles hasta que se redujeron tanto las provisiones que nos tocaba de a un solo dátil por día. Yo dije: ‘¿Qué bien os hará un solo dátil?’ pero empezamos a apreciarlo cuando hasta eso se terminó. Cuando llegamos a la costa encontramos a un pez como una montaña (una ballena); los hombres comie- ron de él dieciocho días. Abû ‘Ubayda ordenó que dos de sus costillas sean clavadas en el suelo (for- mando un arco). Luego hizo que una camella con jinete pase por debajo y lo hizo sin tocarlas’.

1684. En otra versión se relata que dijo: ‘El mar arrojó (a la playa) una bestia llamada Al- Anbar (algún tipo de ballena); comimos de ella por un mes y nos untamos su grasa en nuestros cuerpos hasta que volvieron a su estado original (fuertes y saludables)’.

En otro relato: Dijo Abû ‘Ubayda: ‘Comed’. Cuando retornamos a Medina mencionamos eso al Profeta (B y P) y él nos dijo: «¡Comed! Es la do- tación que Dios hizo surgir del mar ¡Y dadnos un poco si traéis algo con vosotros!» Entonces, uno de ellos le dio parte y él comió.

XL La campaña de ‘Uyayna bin Hisn

1685. ‘Abdullah bin Al-Zubayr dijo: ‘Un gru- po de jinetes de Tamîm vino al Profeta (B y P). Abû Bakr dijo: ‘Designa a Al-Qa‘qá’ bin Ma‘bad bin Zurâra como su líder’. ‘Umar dijo: ‘Más bien designa a Al-Aqra’ bin Hâbis’. Abû Bakr le dijo: ‘¡Tú no quieres más que contradecirme!’ ‘Umar dijo: ‘¡Yo no quiero contradecirte!’ y los dos em- pezaron a disputar hasta que se elevaron sus vo- ces. Por este suceso bajó una revelación divina: ¡Creyentes! ¡No os adelantéis a Dios y a Su en- viado! (49:1)’.

XLI La delegación de Banu Hanîfa y el relato de Zumâma bin Uzâl

1686. Abû Huraira dijo: ‘El Profeta (B y P) en- vió un destacamento de caballería hacia Naÿd y volvieron con un hombre de Banu Hanîfa llama- do Zumâma bin Uzâl; lo amarraron a uno de los pilares de la mezquita. El Profeta (B y P) fue a él y le dijo: «¿Qué tienes (pensado que te haré) Zumâ- ma?» Él dijo: ‘Tengo (en mente) el bien Muham- mad . Si me matas estás matando a un asesino; si me tratas bien estás tratando bien a alguien agra- decido y si quieres bienes, pide lo que quieras’. El Profeta (B y P) lo dejó (así) hasta el día siguien- te; entonces le dijo: «¿Qué tienes Zumâma?» él respondió: ‘Lo que te dije; si me tratas bien estás haciendo un favor a alguien agradecido’. El Pro- feta (B y P) lo dejó (así) hasta el día siguiente y, entonces, le dijo: «¿Qué tienes (pensado) Zumâ- ma?» y él respondió: ‘Lo que te dije’. El Profeta (B y P) dijo: «Liberen a Zumâma». Zumâma fue a un huerto de palmeras cerca de la mezquita y tomó un baño; luego volvió a la mezquita y dijo: ‘¡Doy testimonio de que no hay más Dios sino Dios y que Muhammad es Mensajero de Dios! ¡Oh Muhammad! ¡Por Dios! ¡En toda la tierra no había una cara más odiada para mí que la tuya y ahora tu cara es la cara más querida para mí! ¡Por Dios! ¡No había una religión más odiada para mí que tu religión, ahora tu religión pasó a ser la más querida para mí! ¡Por Dios! ¡No había una tierra más odiada para mí que tu tierra, pero ahora tu tierra es la más querida para mí! Tus caballe- ros me capturaron cuando yo quería hacer ‘umra ¿Qué dices?’ El Profeta (B y P) lo albrició y le or- denó que vaya a realizar la ‘umra. Cuando fue a Makka alguien le dijo: ‘¿Te has hecho sabeo?’ él dijo: ‘¡No, por Dios! Más bien me he islamizado con Muhammad el Mensajero de Dios (B y P) ¡Y no! ¡Por Dios! ¡No os llegará un solo grano de cebada de Al-Yamâma sin el permiso del Profeta (B y P)!»

1687. ‘Abdullah bin ‘Abbâs relató: ‘Mûsaylama el Mentiroso surgió en la época del Mensajero de Dios (B y P); decía: ‘Si Muhammad me da el man- do después de él lo seguiré’ y se presentó en Medi- na con un gran número de los de su tribu. El Pro- feta (B y P) le salió al encuentro; iba acompañado por Zâbit bin Qays bin Shammâs. En la mano del Profeta (B y P) había una rama de palmera y se detuvo frente a Mûsaylama y su gente; le dijo: «Si me pides esta rama no te la daría y nunca podrás evitar el mandato de Dios; si das la espalda (al Is- lam) Dios te destruirá. Yo pienso que tú eres el que se me mostró en sueños. Este aquí es Zâbit bin Qays; él responderá a tus demandas por mí» y se fue’. ‘Abdullah bin ‘Abbâs agregó: ‘Pregunté por las palabras del Profeta (B y P): «Pienso que tú eres el que se me mostró en sueños» y Abû Hurai- ra me dijo: Que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Mientras dormía vi en mis manos dos brazaletes de oro y eso me preocupó. Entonces se me inspiró en el sueño que los sople; así que los soplé y vola- ron. Yo lo interpreté que son dos mentirosos (fal- sos profetas) que surgirán después de mí»; uno de ellos es Al-‘Ansi y el otro es Mûsaylama’.

1688. Abû Huraira dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Mientras dormía vi que se me tra- jeron los tesoros de la tierra y se puso en mis ma- nos dos brazaletes de oro que fueron haciéndose más grandes ante mí. Se me inspiró que los sople; yo los soplé y se fueron. Yo lo interpreté como los dos mentirosos (falsos profetas) entre los que es- toy ahora: El gobernante de San‘á’ y el gobernante de Yamâma»’.

XLII La historia de la gente de Naÿrân

1689. Hudhayfa dijo: ‘Al-‘áqib y Al-Sayyid, gobernantes de Naÿrân, vinieron ante el Mensajero de Dios (B y P) con la intención de hacer el li‘án . Uno de los dos dijo al otro: ‘No lo hagas;

pues, si resulta ser un verdadero profeta y hace- mos el li‘án (mutua maldición) con él nunca se- remos felices ni lo serán nuestras descendencias’. Entonces dijeron (al Profeta (B y P)): ‘Nosotros te daremos lo que nos pidas y tú manda con no- sotros a un hombre confiable ¡no mandes sino a un hombre confiable!’ El Profeta (B y P) dijo: «En verdad que enviaré con vosotros a un hom- bre confiable, verdaderamente confiable». Cada uno de los sahabas del Profeta (B y P) quería ser tal hombre. El Profeta (B y P) dijo: «¡Levántate ‘Ubaydullah bin Al-Yarrâh!» cuando se levantó, el Profeta (B y P) dijo: «Este es el hombre confia- ble de esta nación»’.

1690. Anas bin Mâlik relata que el Profeta (B y P) dijo: «Cada nación tiene un hombre de confianza; el hombre de confianza de esta nación es ‘Ubaydullah bin Al-Ÿarrâh».

XLIII La llegada de los ash‘aríes y la gente del Yemen

1691. Abû Mûsa dijo: ‘Un grupo de los ash‘aríes fuimos ante el Profeta (B y P); le pedi- mos que nos dé monturas y él se negó a dárnos- las. Luego le pedimos por segunda vez y él juró que no nos daría animales para montar. Después, llegaron camellos de botín y el Profeta (B y P) or- denó que se nos den cinco camellos. Cuando los recibimos, dijimos: ‘¡Hemos hecho que el Profeta (B y P) olvide su juramento! ¡Nunca seremos feli- ces después de esto!’ Yo fui ante el Profeta (B y P) y le dije: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Tú juraste no darnos monturas y nos diste monturas (¿Por qué?)’ El Profeta (B y P) dijo: «Claro; si hago un juramento y después veo que otra cosa es mejor, hago lo que me parece mejor y expío mi juramen- to incumplido»’.

1692. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Os han llegado los habitantes del Yemen; son más gentiles y su corazón es más blando. La fe es del yemení y la sabiduría es yemení. El orgullo y la apariencia son cualidades de los criadores de camellos. La solemnidad y la calma están en los pastores de ovejas».

XLIV La Peregrinación de Despedida (haÿÿat ul-wadâ’)

1693. El hadiz de ‘Abdullah bin ‘Umar sobre el salat del Profeta (B y P) en la Ka‘ba ya fue men- cionado (ver Nro. 296). En esta versión dice que rezó en un lugar marcado por un pedazo de már- mol rojo.

1694. Zayd bin Al-Arqam dijo: ‘El Profeta (B y P) emprendió diecinueve expediciones mi- litares; hizo una peregrinación después de haber emigrado, la peregrinación de despedida’.

1695. Abû Bakra relató que el Profeta (B y P) dijo: «El tiempo ha retomado su forma original como cuando los cielos y la tierra fueron creados por Dios. El año tiene doce meses, de los cua- les cuatro son sagrados; tres son continuos: Dhul Qa‘da, Dhul Hiÿÿa y Al-Muharram; y Raÿab el de la tribu Mudar, el que está entre Yumáda y Sha‘bán. ¿qué mes es éste?» Dijimos: ‘Dios y Su mensajero saben más’ y se calló hasta que pensa- mos que le cambiaría el nombre (al mes). Dijo: «¿No es Dhul Hiÿÿa acaso?» Dijimos: ‘Claro que sí’. Dijo: «¿Y qué ciudad es esta?» Dijimos: ‘Dios y Su mensajero saben más’; y él se calló hasta que pensamos que le cambiaría el nombre; lue- go dijo: «¿No es la ciudad de Makka acaso?» Di- jimos: ‘Claro que sí’. Luego dijo: «¿Y qué día es este?» Dijimos: ‘Dios y Su mensajero saben me- jor’ y él se calló hasta que pensamos que le cam- biaría el nombre. Dijo: «¿No es el día del sacri- ficio acaso?»; dijimos: ‘Claro que sí’. Dijo: «Pues, vuestras vidas y propiedades –uno de los trans- misores dice: ‘Creo que dijo: «Y vuestra honra»’– son sagrados para vosotros; así como este día, en esta ciudad y en este mes, lo es. Vosotros os en- contraréis con vuestro Señor y Él os pregunta- rá por vuestras obras. ¡Oíd! ¡No volváis después de mí a la perdición, golpeándoos unos los cue- llos de otros! ¡Oíd! Que los presentes informen a los ausentes ¡Tal vez algunos de los que sean informados comprendan mejor lo que dije, que algunos de los presentes!» Luego agregó dos ve- ces: «¡Oíd! ¡Con seguridad que os hice llegar el mensaje!»

1696. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Profe- ta (B y P) se rapó la cabeza con algunos de sus sa- habas en la peregrinación de despedida; algunos sólo se recortaron.

XLV La campaña de Tabûk, que es la ‘campaña de la dureza’

1697. Abû Mûsa dijo: ‘Mis compañeros me enviaron a pedirle al Profeta (B y P) monturas para ellos, pues lo estaban acompañando en el ‘ejército de la dificultad’, que es la campaña a Ta- bûk. Yo dije: ‘¡Profeta de Dios! Mis compañeros me enviaron a ti para que les proveas de anima- les para montar’; él dijo: «¡Por Dios! No les daré nada para montar». Resulta que yo lo encontré enojado sin saberlo; así que volví triste por la ne- gativa del Profeta (B y P) y con el temor de que el Profeta (B y P) se haya disgustado conmigo. Vol- ví a donde estaban mis compañeros y les informé de las palabras del Profeta (B y P). No pasó ni un corto tiempo hasta que Bilâl me llamó: ‘¡‘Abdull- ah bin Qays!’ atendí a su llamado y me dijo: ‘¡Vé con el Mensajero de Dios (B y P) que te llama!’ Cuando fui a verlo me dijo: «Toma estos dos ca- mellos atados y estos dos camellos atados –re- firiéndose a seis camellos que había comprado en ese momento de Sa‘d– y llévatelos». Yo dije (a mis compañeros): ‘El Profeta (B y P) os da es- tas monturas. Sin embargo ¡Por Dios! No os de- jaré hasta que alguien vaya conmigo donde esté alguien que haya oído las palabras del Profeta (B y P). ¡No penséis que os dije algo que el Men- sajero de Dios (B y P) no ha dicho!’ Ellos me di- jeron: ‘¡Por Dios! Nosotros te creemos y haremos lo que quieras». Y partió Abû Mûsa con algunos de ellos hasta que llegaron donde había gente que había oído las palabras del Profeta (B y P) negán- dole las monturas y luego concediéndoselas; esta gente les dijo lo mismo que les había dicho Abû Mûsa.

1698. Sa‘d bin Abi Waqqâs relató que el Pro- feta (B y P) partió hacia Tabûk y dejó en su lu- gar a ‘Alî. ‘Alí le dijo: ‘¿Quieres dejarme con las mujeres y los niños?’ El Profeta (B y P) le dijo: «¿No quieres ser de mí lo mismo que fue Hârûn de Mûsa? excepto que no hay profeta después de mí».

XLVI La narración de Ka‘b bin Mâlik y las palabras de Dios: y a los tres que fueron dejados atrás hasta que la tierra, a pesar de su vastedad, les resultó angosta... (9:118)

1699. Nunca me quedé sin acompañar al Men- sajero de Dios (B y P) en una campaña excepto en la campaña de Tabûk. También me quedé sin ir a la batalla de Badr, pero el Profeta (B y P) no casti- gó a nadie que no lo acompañase. Pues el Profeta (B y P) sólo salió tras la caravana de Quraysh y Dios hizo que se encuentren con sus enemigos sin acuerdo previo. Yo estuve presente en la noche de Al-‘Aqaba (el juramento de Al-‘Aqaba) cuando ju- ramos ser fieles en el Islam; y no la cambiaría por la batalla de Badr, aunque la batalla de Badr sea más mencionada por la gente. Mis noticias (en la campaña de Tabûk) son que nunca había estado más fuerte y saludable que cuando me quedé sin ir a aquella campaña. ¡Por Dios! ¡Nunca antes ha- bía tenido dos camellos hasta que los tuve para aquella campaña! Cuando el Mensajero de Dios (B y P) quería emprender una expedición militar siempre aparentaba tener un objetivo distinto al de la expedición; hasta que llegó esa expedición. El Profeta (B y P) la emprendió con un calor muy fuerte y tenía por delante un largo viaje; contra el desierto y un numeroso enemigo; así que el Pro- feta (B y P) anunció sus intenciones a los musul- manes para que se preparen anticipadamente con miras a esta expedición. El Mensajero de Dios (B y P) informó a los musulmanes el destino de la expedición y los musulmanes que lo acompa- ñarían eran muchos, tantos que no los abarcaría ningún libro de registro. Cualquier hombre que quisiera quedarse sin ir en la expedición pensa- ba que fácilmente pasaría desapercibida su ausen- cia, excepto que Dios revele su acción; por eso el Profeta (B y P) emprendió su expedición cuando las frutas maduraron y la sombra era extensa. El Mensajero de Dios (B y P) empezó a prepararse junto con los musulmanes y yo salía a preparar- me con ellos; pero volvía a mi casa sin haber he- cho nada; siempre me decía: Puedo hacer esto (en vez de prepararme). Y continué atrasando mi pre- paración hasta que la gente se acabó de preparar. Un día amaneció y el Profeta (B y P) partió con los musulmanes y yo no había preparado nada; me dije: Me prepararé en uno o dos días y luego los alcanzo. A la mañana siguiente de su partida salí a prepararme y volví sin haber hecho nada. Al día siguiente salí y volví igualmente sin haber hecho nada. Y así seguí hasta que se apresuraron en alejarse y me perdí la campaña. Entonces quise partir y alcanzarlos ¡Ojalá lo hubiese hecho! pero no pude hacerlo. Cuando salía a la calle después de la partida del Profeta (B y P), cuando veía a la gente a mi alrededor, me entristecía ver que sólo había gente acusada de hipocresía y hombres dé- biles excusados por Dios. El Mensajero de Dios (B y P) no notó mi ausencia hasta que llegaron a Tabûk y dijo, mientras estaba sentado con la gente en Tabûk: «¿Qué habrá hecho Ka‘b?» un hombre de Banu Salima dijo: ‘¡Mensajero de Dios (B y P)! Lo retrasaron sus dos mantos y mirarse los cos- tados’. Mu‘âdh bin Ÿabal dijo: ‘¡Qué malo lo que dijiste! ¡Mensajero de Dios! ¡Por Dios! No se de él sino cosas buenas’ y el Mensajero de Dios (B y P) calló.

Ka‘b bin Mâlik agregó: ‘Cuando me enteré que ya estaba de regreso, empecé a preocupar- me y pensar en distintas falsas excusas. Me decía: ‘¿Cómo me libraré de su enojo mañana?’ Consul- té a todos los de sabia opinión entre mi familia sobre ello. Cuando se dijo que el Mensajero de Dios (B y P) ya se acercaba a Medina se me fue- ron todas las falsas excusas y supe que nunca me libraría de él con una mentira; entonces, decidí firmemente decir la verdad. Y el Mensajero de Dios (B y P) llegó; el acostumbraba llegar de un viaje e ir a la mezquita, rezar dos rak‘ât y sentarse para atender a la gente; cuando hizo todo eso lle- garon a él los que no fueron a la batalla. Empeza- ron a excusarse con él y proferir juramentos; eran un poco más de ochenta hombres. El Mensajero de Dios (B y P) aceptó lo que aparentaban; y les recibió juramentos de fidelidad y pidió perdón a Dios por ellos; y dejó sus adentros para Dios. Cuando yo fui a él me sonrió con la sonrisa del enojado. Luego dijo: «Ven»; yo caminé hasta sen- tarme frente a él y me dijo: «¿Qué te retuvo? ¿No habías comprado una bestia para transportar- te?» Yo dije: ‘Claro que sí ¡Por Dios! ¡Mensajero de Dios! Si estuviera frente a otro de este mundo que no seas tú, pensaría librarme de tu enojo in- ventando excusas, y ciertamente que soy bueno para argumentar. Sin embargo, ¡Por Dios! sé que si invento hoy una falsa excusa para obtener tu complacencia, Dios con seguridad te hará eno- jarte conmigo en el futuro. Y si te digo la verdad hoy, aunque te enojes conmigo, tengo la esperan-

za de obtener el perdón de Dios. ¡No! ¡Por Dios! no tengo excusa alguna ¡Por Dios! nunca estu- ve más fuerte y saludable que el día en que dejé de acompañarte’. El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Este ha dicho la verdad. Levántate (y espe- ra) hasta que Dios dé un veredicto respecto a ti». Yo me levanté y algunos hombres de Banu Salima me siguieron diciéndome: ‘¡Por Dios! Nunca su- pimos que hayas cometido un pecado antes que este. Y no pudiste ofrecer las excusas al Mensa- jero de Dios (B y P) como ofrecieron los demás que se quedaron; te hubiese bastado en tu peca- do el pedido de perdón del Mensajero de Dios (B y P) por ti’. ¡Por Dios! me siguieron acosando hasta que deseé volver ante el Mensajero de Dios (B y P) y desmentir mis palabras anteriores. Lue- go les pregunté: ‘¿Hay alguien más en esta mis- ma situación?’ Me dijeron: ‘Sí; hay dos hombres que dijeron lo mismo que tú dijiste y se les dijo lo mismo que se te dijo’. Dije: ‘¿Quiénes son?’ me dijeron: ‘Murâra bin Al-Rabî’ Al-‘Amri y Hilâl bin Umayya Al-Wâqifi’. Los dos hombres que me mencionaron eran piadosos, estuvieron presen- tes en Badr y eran un ejemplo para mí. Por eso no cambié de idea después de que me los men- cionaron. El Mensajero de Dios (B y P) prohibió a los musulmanes que nos dirijan la palabra a los tres que no lo acompañaron. La gente nos evita- ba y cambiaron su actitud hacia nosotros, tanto que llegué a sentir extraña la tierra donde esta- ba, como si no la conociese. Estuvimos en esa si- tuación cincuenta noches. Mis compañeros (en la desgracia) se mantuvieron en sus hogares llo- rando. Pero yo era el más joven y firme del gru- po. Asistía al salat con los musulmanes y deam- bulaba por los mercados; pero nadie me hablaba. Solía ir ante el Mensajero de Dios (B y P) y salu- darlo cuando se quedaba sentado después de la oración; me preguntaba: ‘¿Habrá movido sus la- bios para corresponder a mi saludo o no?’ Otras veces rezaba cerca de él y lo miraba furtivamen- te; él me miraba mientras yo rezaba, pero si yo lo miraba desviaba su rostro. Cuando se me hizo muy largo el tiempo en que le gente no me habla- ba, fui y escalé la pared del cercado de Abû Qa- tâda, que era mi primo y la persona más querida para mí, y lo saludé, ¡Por Dios que no me devol- vió el saludo! Yo le dije: ‘¡Abû Qatâda! ¡Te ruego por Dios! Sabes que yo quiero a Dios y Su men- sajero ¿No es así?’ El calló; yo le repetí la pregun- ta y le rogué nuevamente pero él se mantuvo en silencio. Le repetí lo mismo y le rogué; entonces, él dijo: ‘Dios y Su mensajero saben más’. Mis ojos estallaron en lágrimas y me alejé hasta que salté el muro.’

Ka‘b dijo: ‘Mientras caminaba por el mercado de Medina un nabateo de los nabateos de Shâm, que había venido a Medina a vender grano, de- cía: ‘¿Quién me lleva a Ka‘b bin Mâlik?’ La gen- te empezó a indicarle hasta que llegó a mí; me entregó un escrito del rey de Gassân, que decía: ‘Ahora; me han llegado noticias de que tu com- pañero (Mensajero de Dios (B y P)) te trata dura- mente. Que Dios no te permita vivir en un lugar donde seas inferior y no tengas derechos; únete a nosotros que te apoyaremos’. Al leerlo me dije: ‘Esto debe ser también parte de la prueba’. Enton- ces, llevé la carta al horno y encendí el fuego que- mando la carta. Cuando habían pasado cuarenta noches de las cincuenta (que duró mi estado), un enviado del Mensajero de Dios (B y P) llegó a mí y me dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) te ordena que te apartes de tu mujer’; dije: ‘¿La debo divor- ciar o qué hago?’ me dijo: ‘No (no la divorcies); sólo apártate de ella y no te le acerques’ y a mis dos compañeros se les ordenó lo mismo. Dije a mi mujer: ‘Ve con tus padres y quédate con ellos has- ta que Dios dé un veredicto sobre este asunto».

Ka‘b añadió: ‘La mujer de Hilâl bin Umay- ya vino ante el Mensajero de Dios (B y P) y dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Hilâl bin Umayya es un an- ciano débil y no tiene quien lo atienda ¿Te inco- modaría que yo lo atienda?’ el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «No; pero que no se te acerque». Ella dijo: ‘Él ¡Por Dios! no tiene deseo de nada. ¡Por Dios! no ha dejado de llorar desde que empezó esta situación hasta este día’. Algunos de mis fa- miliares me dijeron: ‘¿Por qué no pides permiso al Mensajero de Dios (B y P) por tu mujer, así como permitió a la mujer de Hilâl bin Umayya que lo atienda?’ dije: ‘¡Por Dios! no le pediré permiso al Mensajero de Dios (B y P) por ella; y no sé qué diría el Mensajero de Dios (B y P) si le pido per- miso para traerla, pues yo soy un hombre joven’. Y pasé, después de eso, otras diez noches; hasta que se completaron cincuenta noches desde que el Mensajero de Dios (B y P) prohibió a la gente que nos hable. Cuando recé el salat del faÿr al amane- cer de las cincuenta noches, mientras estaba sobre el techo de una de nuestras casas; mientras yo es- taba sentado como Dios lo mencionó y mi alma parecía apretarme e incluso la tierra me parecía estrecha con toda su amplitud; entonces; oí la voz de alguien que gritaba subido al monte Sal’ a toda

voz: ‘¡Ka‘b bin Mâlik! ¡Albricias!’ Yo me proster- né a Dios sabiendo que había llegado el alivio. El Mensajero de Dios (B y P) anunció que Dios ha- bía aceptado nuestro arrepentimiento mientras rezaba el faÿr y la gente salió a felicitarnos. Unos albriciadores fueron a ver a mis compañeros. Un jinete venía a mí con prisa y un hombre de Banu Aslam llegó corriendo y subió a un monte (para anunciar la buena nueva). Su voz fue más veloz que el caballo. Cuando el hombre que yo había es- cuchado vino a mí para felicitarme, yo me saqué mis ropas y se las di por la buena nueva que me comunicó. ¡Por Dios! no tenía otras ropas ese día. Luego pedí prestadas dos vestimentas y las vestí; partí a ver al Mensajero de Dios (B y P) y la gente venía a mí en grupos; me felicitaban por la acep- tación del arrepentimiento diciendo: ‘¡Te felicita- mos por la aceptación de tu arrepentimiento por parte de Dios!»

Ka‘b agregó: ‘Cuando entré en la mezquita en- contré al Mensajero de Dios (B y P) sentado y ro- deado de gente; Talha bin ‘Ubaydillah se levan- tó y, viniendo rápidamente hacia mí, me felicitó. ¡Por Dios! ningún otro de los muhâÿirûn se le- vantó hacia mí y ese gesto de Talha nunca lo ol- vidaré. Cuando hube saludado al Mensajero de Dios (B y P), él me dijo, mientras su rostro brilla- ba de alegría: «¡Albricias! ¡Por el mejor día desde que tu madre te dio al luz!» Yo dije: ‘(Este perdón) ¿Es de ti o es de Dios?’ y él dijo: «¡No! Claro que es de Dios». Cuando el Mensajero de Dios (B y P) se alegraba, su rostro se iluminaba como si fuese un pedazo de luna y nosotros sabíamos reconocer ese estado en él. Cuando me senté frente al Men- sajero de Dios (B y P) dije: ‘¡Mensajero de Dios! Parte de mi arrepentimiento será dar en caridad mis bienes a Dios y a Su mensajero’. El Mensaje- ro de Dios (B y P) dijo: «Conserva parte de tus bienes; eso será mejor para ti». Yo dije: ‘Enton- ces conservaré mi parte de (el botín de) Jaybar’; luego agregué: ‘¡Mensajero de Dios! Dios me ha salvado sólo por mi sinceridad; por ello, parte de mi arrepentimiento será no decir sino la verdad mientras viva’. ¡Por Dios! no sé de otro musulmán que haya sido probado por Dios en su sinceri- dad mejor que yo, desde esa vez que le dije eso al Mensajero de Dios (B y P). Desde esa vez no he tenido intención de decir una mentira y espero que Dios me proteja de hacerlo mientras viva. Y Dios reveló a Su mensajero: Dios se ha vuelto al Profeta, a los emigrados y a los auxiliares... has- ta ...Temed a Dios y estad con los sinceros (9:117- 119). ¡Por Dios! nunca Dios me había agraciado tanto, en mi consideración, después de guiarme al Islam, que cuando fui sincero con el Mensaje- ro de Dios (B y P) y no le mentí, pues perecería como perecen los que mienten. Pues Dios dijo a los que mintieron, cuando descendió la Revela- ción, lo peor que se haya dicho a alguien, pues Dios dijo: Cuando regreséis a ellos os pedirán ju- rando por Dios, que les dejéis... (hasta) ...Os con- juran que aceptéis sus excusas. Pero, si vosotros las aceptáis, Dios no las aceptará del pueblo per- verso (9:95-96)’.

Ka‘b agregó: ‘Nosotros fuimos retrasados, en el veredicto, en relación a los que el Mensajero de Dios (B y P) aceptó cuando le juraron y le rogó a Dios que los perdone. El Mensajero de Dios (B y P) postergó decidir sobre nuestra situación hasta que Dios mismo dio su veredicto; por eso Dios dijo: Y a los tres que fueron dejados atrás hasta que la tierra, a pesar de su vastedad, les resultó angosta... (9:118). Y las palabras de Dios no se refieren a nuestra ausencia en la campaña, sino que trata del retraso y la postergación del Mensajero de Dios (B y P) en decidir sobre nues- tro asunto, en comparación a los que le juraron (mentiras) y se excusaron, siendo inmediatamen- te aceptadas sus excusas’.

XLVII Las cartas del Profeta al César y a Cosroes

1700. Abû Bakra dijo: ‘Dios me benefició con unas palabras que oí del Mensajero de Dios (B y P) en los días del camello (la batalla del ca- mello Al-Ÿamal), cuando casi me uno a la gente del camello para combatir junto con ellos. Cuan- do el Mensajero de Dios (B y P) se enteró de que los persas habían coronado a la hija de Cosroes como reina, dijo: «La gente que da el gobierno a una mujer nunca tendrá éxito »’.

XLVIII La enfermedad del Profeta (B y P) y su muerte

1701. ‘Âisha dijo: ‘El Profeta (B y P) llamó a Fâtima en su enfermedad, de la cual murió, y le dijo algo en secreto que la hizo llorar; luego la llamó y le comentó algo más en secreto y ella se puso a reír. Cuando le preguntamos nos dijo: ‘El Profeta (B y P) me dijo en secreto: Que iba morir en esa su enfermedad, por eso lloré; luego me co- municó en secreto que yo sería la primera de su familia en seguirlo, por eso reí».

1702. ‘Âisha también relató: ‘Solía oír que nin- gún profeta moría hasta que se le dé a elegir entre esta vida terrenal y la Otra Vida. Yo oí al Profeta (B y P) decir en su enfermedad, de la que murió, con su voz ronca: «Con los justos a los que Dios ha agraciado (4:69)» y deduje que ya le habían dado a elegir’.

1703. ‘Âisha también relató: ‘El Mensajero de Dios (B y P) decía cuando estaba sano: «Ningún profeta muere hasta que ve su lugar en el Paraíso; después se le da la vida o se le da a elegir». Cuan- do se enfermó de la enfermedad de la que murió; cuando su cabeza estaba apoyada en mi muslo se desmayó. Cuando despertó dirigió su mirada al techo de la casa y dijo: «¡Por Dios! ¡Que sea con la más elevada compañía!» entonces, yo dije: ‘¡No nos elige a nosotros entonces!’ y supe que era la confirmación de las palabras que nos decía de sano’.

1704. ‘Âisha también relató que cuando el Mensajero de Dios (B y P) se enfermaba recitaba las mu‘awwidhât (suras 113 y 114) y luego se so- plaba su propio cuerpo y se lo masajeaba con la mano. (Dijo:) ‘Cuando enfermó de la enfermedad de la que murió, empecé a soplarle después de re- citar las mu‘awwidhât y le frotaba el cuerpo con su propia mano’.

1705. ‘Âisha también dijo: ‘Escuché al Profeta (B y P) antes de que muera, mientras estaba apo- yado en su espalda, y le oí decir: «¡Por Dios! ¡Per- dóname, ten misericordia de mí y reúneme con la más elevada compañía!»’

1706. ‘Âisha, en otra versión, también dijo: ‘El Profeta (B y P) murió cuando tenía su cabeza en- tre mi pecho y mi mentón; por eso no me des- agrada la agonía de muerte de nadie después del Profeta (B y P)’.

1707. ‘Abdullah bin ‘Abbâs relató que ‘Alí bin Abi Tâlib salió de donde estaba el Profeta (B y P) padeciendo la enfermedad de la cual murió. La gente dijo: ‘¡Abû Al-Hasan (Padre de Al-Hasan)! ¿Cómo amaneció el Profeta (B y P)?’ dijo: ‘Ama- neció sano por la gracia de Dios’. Al-‘Abbâs bin ‘Abdul Muttalib lo tomó por la mano y le dijo: ‘¡Por Dios! después de tres días serás súbdito de otro; pues yo ¡Por Dios! veo que el Mensajero de Dios (B y P) morirá de esta su enfermedad, por- que yo conozco las caras de la descendencia de ‘Abdul Muttalib cuando van a morir. Vamos jun- tos ante el Mensajero de Dios (B y P) y pregun- témosle en quién recaerá este asunto (el gobier- no); si recae en nosotros lo sabremos; y si recaerá en otros lo sabremos y (le pediremos) que diga al nuevo gobernante que nos trate bien’. ‘Alí dijo: ‘Nosotros ¡Por Dios! si se lo pedimos y nos lo nie- ga (el Califato); la gente nunca nos lo dará des- pués de ello. Además ¡Por Dios! no se lo voy a pe- dir al Mensajero de Dios (B y P)’.

1708. ‘Âisha solía decir: ‘Entre las gracias de Dios para mí está: Que el Mensajero de Dios (ByP)murióenmicasa;quemurióeneldíade mi turno, apoyado contra mi pecho y que mi sa- liva se mezcló con su saliva poco antes de mo- rir. ‘Abdu Rahmân entró donde yo estaba con un siwâk en su mano y yo estaba sosteniendo al Men- sajero de Dios (B y P); vi que lo miraba y supe que quería el siwâk. Le dije: ‘¿Lo tomo para ti?’ y me indicó con su cabeza que sí. Yo lo tomé y estaba muy duro para él; le dije: ‘¿Te lo suavizo?’ y él me indicó con su cabeza que sí. Se lo suavicé y él se limpió los dientes con el siwâk. Frente a él había un caldero o una lata (uno de los sub–narrado- res duda) que contenía agua; él empezó a meter sus dos manos en el agua y frotarse con ambas la cara; decía: «No hay Dios sino Dios; ciertamente que la muerte tiene sus agonías». Luego endere- zó su brazo (hacia el techo) y dijo: «Con la más elevada compañía» hasta que falleció y su brazo cayó inerte’.

1709. ‘Âisha relató: ‘Vertimos medicina en un lado de la boca del Profeta (B y P), en su enfer- medad, y él empezó a indicarnos: «No me deis medicina». Dijimos: ‘Es el desagrado del enfer- mo por la medicina’. Cuando se recuperó, dijo: «¿No os prohibí que me dierais medicina?» Di- jimos: ‘(Pensamos que era por) el desagrado del enfermo a la medicina’. Entonces, él dijo: «¡Que no quede nadie sin que se le dé medicina mien- tras yo miro! Excepto Al-ábbás que no presenció aquello»’.

1710. Anas bin Mâlik dijo: ‘Cuando la en- fermedad del Profeta (B y P) se agravó, empezó a desmayarse y Fâtima decía: ‘¡Cuánto sufre mi padre!’; entonces; él le dijo: «Tu padre no sufrirá más después de hoy»’.

XLIX La muerte del Profeta (B y P)

1711. ‘Âisha relató que el Mensajero de Dios (B y P) falleció a la edad de sesenta y tres (años).


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