Libro virtudes de los Sahaba

I

1520. Ÿubayr bin Mut‘im relató: ‘Una mujer vino al Profeta (B y P) y él le ordenó que vuelva después ante él. Ella dijo: ‘¿Y qué si vengo y no te encuentro?’ como refiriéndose a la muerte del Profeta (B y P). Él le dijo: «Si no me encuentras vé a Abû Bakr»’.

1521. ‘Ammâr relató: ‘Yo vi al Mensajero de Dios (B y P) cuando no había con él sino cinco esclavos, dos mujeres y Abû Bakr’.

1522. Se relata que Abû Al-Dardâ’ dijo: ‘Esta- ba sentado junto al Profeta (B y P) cuando llegó Abû Bakr levantando un extremo de su vestimen- ta, hasta mostrar su rodilla. El Profeta (B y P) dijo: «Vuestro amigo ha tenido una disputa». Abû Bakr saludó y dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Sucedió algo entre mí y el hijo de Al-Jattâb (‘Umar). Le hablé rudamente y luego me arrepentí; le pedí que me perdone pero él se negó; por eso me he presen- tado ante ti’. El Profeta (B y P) dijo: «¡Que Dios te perdone Abû Bakr!» tres veces. Poco después, ‘Umar se arrepintió de lo que hizo y fue a casa de Abû Bakr. Preguntó: ‘¿Está aquí Abû Bakr?’ Le di- jeron: ‘No’. Así es que fue ante el Profeta (B y P) y saludó; en el rostro del Profeta (B y P) se veían las señales de disgusto hasta que Abû Bakr tuvo com- pasión de ‘Umar y se arrodilló diciendo: ‘¡Mensa- jero de Dios! ¡Por Dios que yo he sido más injusto (que ‘Umar)!’ dos veces. El Profeta (B y P) dijo: «Dios me envió a vosotros y dijisteis: ‘Mientes’; Abû Bakr dijo: ‘Dice la verdad’ y me apoyó con su persona y su fortuna. ¿Dejaréis, pues, de molestar a mi amigo?»; lo dijo dos veces. Después de eso nadie ofendió a Abû Bakr’.

1523. ‘Amrû bin Al-‘As relató: ‘El Profeta (B y P) me nombró al mando del ejército de Dhât al Salâsil; fui ante él y le dije: ‘¿Quién es la persona que más quieres?’ Él dijo: «‘Âisha»; yo pregunté: ‘¿Y de los hombres?’ Dijo: «Su padre (Abû Bakr)»; yo dije: ‘¿A quién después de él? Dijo: «A ‘Umar bin Al-Jattâb» y enumeró a varios hombres’.

1524. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Dios no mirará en el Día de la Resu-

rrección a quien arrastra el borde de sus vestidu- ras (detrás de él) por aparentar». Abû Bakr dijo: ‘Uno de los extremos de mi vestimenta se arru- ga si no tengo cuidado’. El Profeta (B y P) le dijo: «Pero tú no haces eso por aparentar (por sober- bia)»’.

1525. Abû Mûsa Al-Ash‘ari relató que se hizo la ablución en su casa y luego salió. Dijo: ‘Dije: Acompañaré al Mensajero de Dios (B y P) y es- taré con él este mi día’. Relató que llegó a la mez- quita y preguntó por el Profeta (B y P); le dijeron: ‘Salió y se dirigió hacia allí’. Dijo: ‘Y salí tras él y pregunté hasta que llegué a un lugar llamado Bi‘r Arís y me senté a la puerta, que estaba he- cha de palmas. El Profeta (B y P) hizo sus nece- sidades e hizo la ablución. Yo me dirigí hacia él y lo encontré sentado en el centro del borde del pozo, con las piernas descubiertas y colgando en el pozo. Yo lo saludé y me aparté un poco has- ta llegar a la puerta. Me dije: ‘Seré el portero del Mensajero de Dios (B y P) hoy ‘. Abû Bakr lle- gó y golpeó la puerta. Pregunté: ‘¿Quién es?’ Dijo: ‘Abû Bakr’. Le respondí: ‘Espera un poco’; fui al Profeta (B y P) y le dije: ‘¡Mensajero de Dios! Es Abû Bakr que pide permiso para entrar’. El Pro- feta (B y P) dijo: «Déjale entrar y albríciale con el Paraíso». Fui hasta Abû Bakr y le dije: ‘Entra, y el Mensajero de Dios (B y P) te albricia con el Pa- raíso’. Abû Bakr entró y se sentó a la derecha del Mensajero de Dios (B y P) en el borde del pozo, haciendo colgar en el aire sus piernas como lo ha- cía el Mensajero de Dios (B y P) y descubriéndo- las también. Luego volví (a la puerta) y me sen- té. Yo había dejado a mi hermano haciéndose la ablución (en mi casa), así que dije: ‘Si Dios quiere el bien para fulano –refiriéndose a su hermano– le hará venir’; de pronto, alguien empezó a mover la puerta. Dije: ‘¿Quién es?’ Me dijo: ‘ ‘Umar bin Al-Jattâb’. Le dije: ‘Espera un poco’ y fui ante el Profeta (B y P) y lo saludé. Le dije: ‘Es ‘Umar bin Al-Jattâb que pide permiso para entrar’. Me dijo: «Permítele entrar y albríciale con el Paraíso». Vol- ví (a la puerta) y le dije: ‘Entra; y el Profeta (B y P) te albrició con el Paraíso’. ‘Umar entró y se sentó al borde del pozo al lado izquierdo del Mensajero de Dios (B y P) y dejó sus piernas colgando en el aire. Volví y me senté mientras me decía: ‘Si Dios quiere el bien para fulano –su hermano– lo hará venir’. De pronto alguien movió la puerta; pregunté: ‘¿Quién es?’ Me respondió: ‘ ‘Uzmân bin ‘Affân’. Le dije: ‘Espera un poco’ y fui a informar al Profeta (B y P). El Profeta (B y P) me dijo: «Per- mítele entrar y albríciale con el Paraíso, después de una calamidad que le azotará». Volví y le dije: ‘Entra; el Mensajero de Dios (B y P) te albrició el Paraíso después de que te azote una calamidad’. ‘Uzmân entró y encontró que el borde construi- do del pozo ya estaba lleno (ocupado por los que llegaron antes que él) y fue a sentarse en la orilla opuesta frente al Profeta (B y P)’.

1526. Abû Sa‘îd Al-Judrî dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «No insultéis a mis sahabas. Pues, aunque lleguéis a dar en caridad tanto oro en can- tidad igual al tamaño de Uhud, nunca llegaréis a igualar el mudd (dos tercios de kilo) o el medio mudd de ellos»’.

1527. Anas bin Mâlik relató que el Profe- ta (B y P) escaló la montaña de Uhud con Abû Bakr, ‘Umar y ‘Uzmân. La montaña tembló bajo sus pies y dijo, pues, el Profeta (B y P): «Mantente firme Uhud, pues sobre ti tienes a un profeta, un creyente de mucha fe (Siddîq) y dos mártires» .

1528. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo: ‘Estaba ro- gando a Dios por ‘Umar bin Al-Jattâb, que había sido puesto sobre su cama (ya muerto), cuando de pronto un hombre apoyó sus codos sobre mis hombros y decía: ‘¡Que Dios tenga misericordia de ti! Yo siempre desee que Dios te ponga junto con tus dos amigos, pues oí al Mensajero de Dios (B y P) decir muchas veces: «Estaba yo, Abû Bakr y ‘Umar; hicimos, yo, Abû Bakr y ‘Umar; parti- mos, yo, Abû Bakr y ‘Umar»’; por eso espero que Dios te ponga junto con ellos dos. Me dí vuelta y vi que era ‘Alî bin Abi Tâlib’.

II Las virtudes de ‘Umar bin Al-Jattâb

1529. Ÿâbir bin ‘Abdullah dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Me vi (en un sueño) en el Paraíso y de pronto me encontré con Al-Rumaysâ’, la espo- sa de Abû Talha. Luego oí pasos; dije: ‘¿Quién es?’ Me dijo: ‘Es Bilâl’. Luego vi un palacio en cuyo patio había una dama sentada. Pregunté: ‘¿De quién es este palacio?’ Me dijeron: ‘Es de ‘Umar’. Quise entrar, pero recordé tus celos –lo dijo dirigiéndo- se a ‘Umar–». ‘Umar dijo: ‘¡Que mi padre y mi madre sean tu rescate, Mensajero de Dios! ¿Acaso celaré de ti?»

1530. Anas bin Mâlik relató que un hombre preguntó al Profeta (B y P) sobre la Hora dicien- do: ‘¿Cuándo es la Hora?’ El Profeta (B y P) le dijo: «¿Y qué tienes preparado para ella?» El hom- bre dijo: ‘Nada, excepto que quiero a Dios y a Su Mensajero (B y P)’. El Profeta (B y P) le dijo: «Tú estarás con los que quieres». Anas bin Mâlik agre- gó: ‘Nunca nos alegramos tanto como nos alegra- mos al escuchar las palabras del Profeta (B y P): «Tú estarás con los que quieres»’ y agregó: ‘Pues yo quiero al Profeta (B y P) a Abû Bakr y a ‘Umar; y quiero estar con ellos por mi amor hacia ellos, aunque no haya obrado igual que ellos’.

1531. Abû Huraira dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «Entre la gente anterior a vosotros de los is- raelíes había hombres que eran inspirados en la guía sin ser profetas; y si hay alguno así en mi na- ción, pues es ‘Umar»’.

III Las virtudes de ‘Uzmân bin ‘Affân

1532. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que un egip- cio llegó a él y le dijo: ‘¿Sabes tú que ‘Uzmân huyó el día de Uhud?’ ‘Abdullah bin ‘Umar le dijo: ‘Sí’. El egipcio le dijo: ‘¿Y sabes que estuvo ausente de la batalla de Badr y no la presenció?’ ‘Abdullah bin ‘Umar le dijo: ‘Sí’. El egipcio añadió: ‘¿Y sabes que estuvo ausente en el juramento de Ridwán y no asistió?’ ‘Abdullah bin ‘Umar le dijo: ‘Sí’. El egipcio dijo: ‘¡Dios es el más grande!’ ‘Abdullah bin ‘Umar le dijo: ‘Ven que te explicaré. Sobre su huida en el día de Uhud, soy testigo de que Dios se lo disculpó y se los perdonó. Sobre su ausencia de Badr, pues fue porque tenía bajo su responsa- bilidad a la hija del Mensajero de Dios (B y P) (era su esposa) y ella estaba enferma; el Mensajero de Dios (B y P) le dijo: «Tienes la recompensa de quien asistió a Badr y tienes tu parte (del botín)».

Sobre su ausencia al juramento de Ridwán, pues si hubiese otro más honorable para (representar al Profeta (B y P) en) el centro de Makka lo hu- biese enviado; pero el Mensajero de Dios (B y P) envió a ‘Uzmân y el juramento de Ridwán suce- dió después de que ‘Uzmân partiese a Makka. Y el Mensajero de Dios (B y P) indicó su mano dere- cha y dijo: «Esta es la mano de ‘Uzmân» y la lanzó sobre su otra mano diciendo: «Esto (estrechar la mano jurando lealtad) es por ‘Uzmân»’. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo al egipcio: ‘Vete teniendo presente estas (razones)’.

IV Las virtudes de ‘Ali bin Abi Tâlib

1533. ‘Alî relató que Fâtima se quejó de las molestias que le causaba el molino de mano. (En esos días) el Profeta (B y P) recibió muchos pri- sioneros; Fâtima fue a verlo pero no lo encon- tró. Sin embargo, encontró a ‘Âisha y le informó (de sus molestias). Cuando el Profeta (B y P) lle- gó, ‘Âisha le informó de la visita de Fâtima. ‘Alî agregó: ‘El Profeta (B y P) vino a vernos cuando ya nos habíamos acostado; yo traté de levantarme pero el me dijo: «Quédate donde estás». Se sentó entre nosotros hasta que sentí la frialdad de sus pies en mi pecho y dijo: «¿Os enseño algo que es mejor que lo que me pedisteis? Cuando os acos- téis decid: Dios es el más grande (Allahu Akbar), treinta y cuatro veces; decid: Glorificado sea Dios (Subhán Allah), treinta y tres veces; y decid: Ala- bado sea Dios (Al-Hamdu lil–lah), treinta y tres veces. Eso será mejor para vosotros que un sir- viente»’.

VLas virtudes de los familiares cercanos del Mensajero de Dios (B y P)

1534. ‘Abdullah bin Al-Zubayr dijo: ‘Durante la batalla de Al-Ahzâb, yo y ‘Umar bin Abi Salama fuimos dejados con las mujeres. Miré y de pronto vi a mi padre que montaba en su corcel; fue a los Banu Quraydha y volvió, dos o tres veces. Cuando volví, dije a mi padre: ‘¡Padre! Te vi ir varias veces’. Mi padre dijo: ‘¿Realmente me viste hijo?’ le dije: ‘Sí’. Me dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «¿Quién va a los Banu Quraydha y nos trae infor-

mación sobre ellos?»’ Cuando volví el Mensajero de Dios (B y P) mencionó a sus dos progenitores (en su agradecimiento): «¡Que mi padre y mi ma- dre sean tu rescate!»’

VI Mención de Talha bin ‘Ubaydillah

1535. Se relata que Talha bin ‘Ubaydillah dijo: ‘En alguna de las batallas que combatió el Profeta (B y P) no quedó nadie con él excepto yo y Sa‘d’.

1536. También se relata de Talha que protegió con su brazo al Profeta (B y P) (de una flecha) y fue herido hasta que quedó paralizado.

VII Virtudes de Sa‘d bin Abi Waqqâs Al-Zuhri

1537. Sa‘d bin Abi Waqqâs dijo: ‘El Profeta (B y P) mencionó a sus padres por mí en Uhud (le dijo: «¡Que mi padre y mi madre sean tu res- cate!»)’.

VIII Mención de los yernos del Profeta (B y P)

1538. Al-Miswar bin Majrama dijo: ‘ ‘Alî pidió la mano de la hija de Abû Ÿahl y Fâtima oyó de ello; entonces, fue al Mensajero de Dios (B y P) y le dijo: ‘Tu gente piensa que no te enojas por tus hijas y este ‘Alî quiere casarse con la hija de Abû Ÿahl’. El Profeta (B y P) se levantó; le oí pro- nunciar el testimonio de fe y luego decir: «Aho- ra; yo di una de mis hijas en matrimonio a Abû Al-‘As bin Al-Rabí’ y probó ser sincero en todo lo que me dijo. Y Fâtima es, ciertamente, parte de mí y me disgusta que algo la incomode. ¡Por Dios! ¡No se juntará la hija del Mensajero de Dios (B y P) con la hija del enemigo de Dios como es- posas de un solo hombre!» Y ‘Alî se retractó de su petición’.

1539. Al-Miswar también dijo: ‘Oí al Profe- ta (B y P) mencionar a uno de sus yernos de los Banu ‘Abd Al-Shams y lo elogió en su relación de parentesco político con él. Dijo: «Me dijo y de- mostró ser sincero en sus palabras; me prometió y me cumplió»’.

IX Virtudes de Zayd bin Hâriza, esclavo liberto del Profeta (B y P)

1540. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo: ‘El Profe- ta (B y P) envió una expedición y los puso bajo el mando de Usâma bin Zayd. Algunas perso- nas cuestionaron su mando; entonces, el Profe- ta (B y P) dijo: «Si estáis ahora cuestionando su mando pues ya antes cuestionabais el mando de su padre (Zayd bin Hâriza). Y ¡Por Dios! El fue merecedor del mando y fue de las personas más queridas para mí. Y este (Usâma) es de las perso- nas más queridas para mí después de él (Zayd)»’.

1541. ‘Âisha dijo: ‘Un Qâ‘if vino a mí y el Profeta (B y P) estaba presente cuando vio a Usa- ma bin Zayd y Zayd bin Hâriza acostados dur- miendo. El Qâ‘if (fisonomista) dijo: ‘Estos pies son unos de otros’. Eso alegró al Profeta (B y P) y se admiró de ello’. Luego relató eso a ‘Âisha.

XMención de Usâma bin Zayd

1542. ‘Âisha también relató: ‘Una mujer de los Banu Majzúm robó algo y la gente dijo: ‘¿Quién habla al Profeta (B y P)(intercediendo) por ella?’ Nadie se atrevía a hacerlo y Usâma bin Zayd fue a hablarle. El Profeta (B y P) dijo: «Los israelíes acostumbraban a dejar libres a los nobles que ro- baban y acostumbraban a cortar (la mano) al hu- milde que robaba. ¡Aunque sea Fâtima (hija del Profeta (B y P)) le corto la mano!»’

1543. Usâma bin Zayd relató que el Profeta (B y P) solía tomarlo a él y a Al-Hasan y decía: «¡Oh Dios! ¡Quiérelos pues yo los quiero!»

XI Virtudes de ‘Abdullah bin ‘Umar

1544. Hafsa dijo que el Profeta (B y P) le dijo: «‘Abdullah (bin ‘Umar) es un hombre piadoso».

XII Virtudes de ‘Ammâr y Hudhayfa

1545. Abû Al-Dardâ’ relató que un muchacho se sentó a su lado en una mezquita de Al-Shâm y decía: ‘¡Oh Dios! ¡Facilítame un compañero de asiento piadoso!’ Abû Al-Dardâ’ le dijo: ‘¿De quié- nes eres tú?’ El muchacho dijo: ‘Soy de los habi- tantes de Al-Kúfa’. Abû Al-Dardâ’ dijo: ‘¿No está entre vosotros –o ‘...es de vosotros?’– el que tie- ne un secreto que nadie más sabe? –refiriéndose a Hudhayfa. El muchacho dijo: ‘Sí’. Abû Al-Dardâ’ dijo: ‘¿Y no está entre vosotros –o ‘¿No es de voso- tros?’– el que fue protegido por Dios contra Satán por boca de Su Profeta (B y P)?’ –refiriéndose a ‘Ammâr–. El muchacho dijo: ‘Sí’. Abû Al-Dardâ’ dijo: ‘¿Y no está entre vosotros –o ‘¿..es de voso- tros..?’– el que cargaba el Siwâk y una almohada (para el Profeta (B y P))?’ (refiriéndose a ‘Abdu- llah bin Mas‘ûd). El muchacho dijo: ‘Sí’. Abû Al- Dardá’ dijo: ‘¿Y como recita ‘Abdullah bin ‘Amrû: ¡Por la noche cuando cubre! ¡Y por la noche cuando aparece con brillantez!...?’ El muchacho dijo: ‘¡Y por el macho y la hembra! (sura 92; y no decía: ‘¡Por el que creó al macho y la hembra!’)’ Abû Al-Dardâ’ dijo: ‘Estos (la gente de Al-Shâm) me han insistido hasta que casi me hacen abando- nar lo que oí del Mensajero de Dios (B y P)».

XIII Virtudes de Abû ‘Ubayda bin Al-Ÿarrâh

1546. Anas bin Mâlik relató que el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «Toda nación tiene un hom- bre confiable (Amîn). Nuestro hombre confiable ¡Oh nación! Es ‘Ubaydullah bin Al-Ÿarrâh».

XIV Virtudes de Al-Hasan y Al-Husayn

1547. Al-Barâ’ dijo: ‘Vi al Profeta (B y P) car- gando sobre su hombro a Al-Hasan bin ‘Alî y di- ciendo: «¡Oh Dios! ¡Quiérelo, pues yo lo quie- ro!»’

1548. Anas bin Mâlik dijo: ‘Nunca vi a nadie más parecido al Profeta (B y P) que Al-Hasan bin ‘Alî’.

1549. ‘Abdullah bin ‘Umar dijo, cuando un hombre le preguntó por el peregrino en ihrâm que mata una mosca: ‘La gente de Iraq pregunta por la mosca cuando han matado al hijo de la hija del Mensajero de Dios (B y P) y el Profeta (B y P) dijo: «Ellos son los dos dulces arrayanes de este mundo (Al-Hasan y Al-Husayn)»’.

XV Mención de Ibn ‘Abbâs

1550. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo: ‘El Profeta (B y P) me apretó contra su pecho y dijo: «¡Oh Dios! ¡Enséñale la sabiduría del Corán!»’

1551. En otra versión dijo: «¡Enséñale el Libro!»

XVI Las virtudes de Jâlid bin Al- Walîd

1552. Anas bin Mâlik relató que el Profeta (B y P) informó (a la gente) de la muerte de Zayd, Ya‘far e Ibn Rawáha y relató el resto del hadiz (ver Nro. 639) que ya mencionamos; luego dijo: «Lue- go lo tomó –el estandarte– una de las espadas de Dios hasta que Dios les dio la victoria».

XVII Las virtudes de Sâlim, esclavo liberto de Abû Hudhayfa

1553. ‘Abdullah bin ‘Amrû bin Al-‘Âs dijo: ‘Oí al Mensajero de Dios (B y P) decir: «Aprended la recitación del Corán de cuatro: De ‘Abdullah bin Mas‘ûd –y empezó por él–, de Sâlim, esclavo li- berto de Abû Hudhayfa, de Ubay bin Ka‘b y de Mu‘âdh bin Ÿabal»’.

XVIII Las virtudes de ‘Âisha

1554. ‘Âisha relató que se le prestó un collar de Asmâ’ y que lo perdió. El Profeta (B y P) man- dó gente de sus sahabas a buscarlo y les llegó la hora del salat y lo hicieron sin wudû’. Cuando vol- vieron al Profeta (B y P) se quejaron de ello ante él. Entonces fue revelada la aleya del tayammum. Luego relató el resto del hadiz, que ya fue mencio- nado en el libro del tayammum (ver Nro. 223).

XIX Las virtudes de los Ansâr (gente que da apoyo)

1555. ‘Âisha dijo: ‘El día de la batalla de Bu‘áz fue un día que Dios preparó para Su Mensajero (B y P). Pues así, el Mensajero de Dios (B y P) lle- gó cuando las tribus de Medina estaban ya divi- didas y sus jefes estaban muertos o heridos. Así pues; Dios adelantó esa batalla para beneficio de Su Mensajero (B y P), para que los ansár entren en el Islam’.

XX Las palabras del Profeta (B y P): «Si no fuese por la emigración sería un hombre de los Ansâr»

1556. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Si no fuese por la emigración (Hiÿra) sería un hombre de los ansár».

XXI Querer a los Ansâr es parte de la fe

1557. Al-Barâ’ dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo: «A los ansár no los quiere sino un creyente y no los odia sino un hipócrita. Dios quiere a quien los quiere y Dios odia a quien los odia»’.

XXII Las palabras del Profeta a los Ansâr: «Vosotros sois la gente más querida para mí»

1558. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) vio a las mujeres y a los niños (de los ansár) vi- niendo de una fiesta de matrimonio. El Profeta (B y P) se levantó y dijo tres veces: «¡Por Dios! Vosotros sois la gente más querida para mí»’.

1559. Anas bin Mâlik también relató en otra versión: ‘Una mujer de los ansár llegó ante el Mensajero de Dios (B y P) con uno de sus hijos. El Mensajero de Dios (B y P) le habló y le dijo: «¡Por Aquél que tiene mi alma en Su mano! ¡Vo- sotros sois la gente más querida para mí!» dos ve- ces’.

1560. Zayd bin Arqam dijo: ‘Los ansár dije- ron: ‘¡Mensajero de Dios! Todo profeta ha tenido seguidores y, ciertamente, nosotros te seguimos. Pide, pues a Dios que haga a nuestros seguidores ser considerados como de nosotros’ y el Profeta (B y P) rogó por ello’.

XXIII Las virtudes de las familias de los Ansâr

1561. Abû Humayd relató que el Profeta (B y P) dijo: «Las mejores familias de los ansâr...». y mencionó el resto del hadiz, que ya menciona- mos. Luego Sa‘d dijo al Profeta (B y P): ‘¡Mensa- jero de Dios! ¡Mencionaste a las mejores fami- lias de los ansâr y nos pusiste al final!’ el Profeta (B y P) dijo: «¿Y no os basta con estar entre los mejores?»

XXIV Las palabras del Profeta (B y P) a los Ansâr: «Tened paciencia hasta que me encontréis en el estanque (al-hawd)»

1562. Usayd bin Hudayr relató que un hombre de los ansâr dijo: ‘¡Mensajero de Dios! ¿No pue- des nombrarme para un puesto como nombraste a fulano?’ el Profeta (B y P) dijo: «Después de mi veréis que se prefiere a otros en vez de vosotros; así que tened paciencia hasta que me encontréis en el estanque».

1563. En otra versión, Anas cita: «Nuestro lu- gar de encuentro será el estanque».

XXV Las palabras de Dios: ...y les prefieren a sí mismos, aún si es- tán en la penuria... (59:9)

1564. Abû Huraira relató que un hombre lle- gó ante el Profeta (B y P) y él envió a (pregun- tar a) sus mujeres (si tenían algo para ofrecerle). Ellas dijeron: ‘No tenemos sino agua’. Entonces, el Mensajero de Dios (B y P) dijo: «¿Quién recibe o da hospitalidad a este hombre?», un hombre de

los ansár dijo: ‘Yo’ y se lo llevó hasta que llegaron donde estaba su mujer y le dijo: ‘Sé hospitalaria con el huésped del Mensajero de Dios (B y P). No tenemos más que la comida de mis hijos. El ansârí le dijo: ‘Prepara tu comida, enciende tu lámpara y manda a dormir a los niños si te piden comi- da’. Ella preparó comida, encendió su lámpara y acostó a los niños. Luego hizo como que reparaba la lámpara y la apagó. Entonces, ellos aparenta- ron estar comiendo, pero se fueron a dormir con hambre (el huésped no notó que no habían comi- do por la oscuridad reinante). Cuando amaneció, el ansârí fue con el Mensajero de Dios (B y P) y él le dijo: «A Dios le hizo reír –o: Le alegró– vuestra acción» y Dios reveló: ...Y les prefieren a sí mis- mos, aún si están en la penuria... (59:9)’.

XXVI Las palabras del Profeta (B y P): «Aceptad las buenas obras de los bienhechores entre ellos y disculpad a sus malhechores»

1565. Anas bin Mâlik dijo: ‘Abû Bakr y Al- ‘Abbâs pasaron por un grupo reunido de los ansâríes y los vieron llorando. Dijo (uno de ellos): ‘¿Qué os hace llorar?’ Dijeron: ‘Recordamos nues- tras reuniones con el Profeta (B y P)’. Ellos en- traron a ver al Profeta (B y P) y le mencionaron tales palabras. El Profeta (B y P), entonces, salió, llevando el borde de una sábana amarrado alre- dedor de su cabeza. Subió al púlpito, al que nun- ca volvería después de aquél día; glorificó y alabó a Dios; luego dijo: «Os encomiendo a los ansâr; pues ellos son mis amigos cercanos a los que he confiado mis asuntos privados. Cumplieron con sus obligaciones y derechos, pero aún queda lo que es para ellos. Así pues: Aceptad las buenas obras de sus bienhechores y disculpad a sus mal- hechores»’.

1566. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo: ‘El Mensaje- ro de Dios (B y P) salió abrigando sus hombros con un manto y con la cabeza amarrada con una tela embadurnada de aceite. Se sentó en el púlpi- to; glorificó y alabó a Dios y dijo: «Ahora: ¡Gen- tes! El número de la gente irá aumentando y el de los ansâr disminuirá hasta que sean como la sal en la comida. Entonces, quien de vosotros tenga autoridad y poder para beneficiar o perjudicar a alguien, que acepte las buenas obras de sus bien- hechores y que disculpe a sus malhechores»’.

XXVII Las virtudes de Sa‘d bin Mu‘âdh

1567. Ÿâbir dijo: ‘Oí al Profeta (B y P) decir: «El Trono (de Dios) se sacudió por la muerte de Sa‘d bin Mu‘âdh»’.

XXVIII Las virtudes de Ubay bin Ka‘b

1568. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Profeta (B y P) dijo a Ubay: «Dios me ordenó que te recite: Los que no creen, tanto gente de la escritura como asociadores, no podían renunciar hasta que le viniera la prueba clara... (sura 98)». Ubay dijo: ‘¿Y me nombró?’ el Profeta (B y P) dijo: ‘Sí’ y Ubay lloró’.

XXIX Las virtudes de Zayd bin Zâbit

1569. Anas bin Mâlik dijo: ‘El Corán fue re- unido en la época del Profeta (B y P) por cuatro, todos de los ansár: Ubay, Mu‘âdh bin Yabal, Abû Zayd y Zayd bin Zâbit’. Se le preguntó: ‘¿Y quién es Abû Zayd?’ dijo: ‘Uno de mis tíos paternos’.

XXX Las virtudes de Abû Talha

1570. Anas bin Mâlik dijo: ‘El día de la batalla de Uhud la gente empezó a huir dejando al Profe- ta (B y P), pero Abû Talha se quedó en frente del Profeta (B y P) protegiéndolo con su escudo. Abû Talha era un buen arquero que tenía su arco fuer- temente tensado y ese día quebró dos o tres arcos. Cuando un hombre pasaba cargando un carcaj con flechas, el Profeta (B y P) le decía: «Déjalas para Abû Talha». Entonces, el Profeta (B y P) le- vantó su cabeza por encima del escudo para ver a la gente; Abû Talha le dijo: ‘¡Profeta de Dios! ¡Que mi padre y mi madre sean tu rescate! ¡No levan- tes tu cabeza porque te puede llegar una flecha de la gente! ¡Que mi cuello sea alcanzado en vez del tuyo!’ Ese día vi a ‘Âisha y a Umm Sulaym con sus vestidos levantados, tanto que se veían los ador- nos de sus piernas; cargaban odres con agua, va- ciándolos en las bocas de los sedientos para luego volver a llenarlos y luego volver a vaciarlos en las bocas de los sedientos. Ese día la espada cayó de la mano de Abû Talha dos o tres veces’.

XXXI Virtudes de ‘Abdullah bin Salâm

1571. Sa‘d bin Abi Waqqâs dijo: ‘Nunca oí al Profeta (B y P) decir a alguien que camina por la tierra: «Tú serás un habitante del Paraíso» excep- to a ‘Abdullah bin Salâm. En referencia a él des- cendió la aleya: ...Mientras un testigo de entre los hijos de Israel atestigua su conformidad y cree... (46:10)’.

1572. ‘Abdullah bin Salâm dijo: ‘Tuve un sue- ño en la época del Profeta (B y P) y se lo relaté. Me vi como en un jardín –y mencionó su ampli- tud y verdor– en cuyo centro había una colum- na de hierro; su parte baja estaba en la tierra y su parte alta en el cielo y en su parte superior ha- bía también una argolla como asidero. Se me dijo: ‘Sube’; yo dije: ‘No puedo’. Entonces vino un sir- viente y levantó mis vestiduras por detrás y yo subí hasta llegar arriba y me sujeté de la argolla. Se me dijo: ‘Sujétate’ y yo desperté ¡Con la argo- lla en mi mano! Después de contárselo al Profeta (B y P), me dijo: «El jardín es el jardín del Islam; la columna es la columna del Islam y el asidero es el asidero más firme (2:256). Tú te mantendrás, pues, en el Islam hasta tu muerte»’.

XXXII El matrimonio del Profeta (B y P) con Jadîÿa y su superioridad

1573. ‘Âisha relató: ‘No sentí celos de ninguna de las esposas del Profeta (B y P) como los sen- tí de Jadîÿa, aunque no la haya visto. El Profeta (B y P) la mencionaba mucho y a veces, cuando degollaba a un cordero, lo cortaba en pedazos y los enviaba a las amigas de Jadîÿa. A veces le de- cía: ‘¡Tal parece que no hay mujeres en el mundo fuera de Jadîÿa!’ y él decía: «Jadîÿa era así y así... y yo tuve hijos de ella»’.

1574. Abû Huraira relató que Ÿibrîl fue a ver al Profeta (B y P) y le dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Jadîÿa viene hacia ti con un plato de sopa con car- ne –o: ‘Comida’ o: ‘Bebida’–. Cuando llegue a ti comunícale los saludos de su Señor y míos; y al- bríciale con una casa en el Paraíso hecha de Qa- sab, que no tendrá ruido alguno ni molestia al- guna’.

1575. ‘Âisha relató: ‘Una vez Hâla bint Juwaylid, hermana de Jadîÿa, pidió permiso para entrar a ver al Profeta (B y P). El Profeta (B y P) recordó entonces la forma de pedir permiso de Jadîÿa eso lo entristeció’. ‘Âisha agregó: ‘Yo sentí celos y dije: ‘¡¿Qué tienes que recuerdas a una an- ciana de las ancianas de Quraysh de encías rojas, que ha muerto hace tanto y que Dios te ha dado otra a cambio y mejor que ella?!»

XXXIII Mención de Hind bint ‘Utba (bin Rabî‘a)

1576. ‘Âisha relató: ‘Hind bint ‘Utba llegó y dijo: ‘¡Mensajero de Dios! Antes no había una familia a la que yo desease más la humillación que a la tuya y ahora no hay una familia a la que yo le desee más la gloria que a la tuya’. El Profe- ta (B y P) dijo: «Yo pensaba igual ¡Por Aquél que tiene mi alma en Su mano!»’. El resto del hadiz ya lo mencionamos .

XXXIV El relato sobre Zayd bin ‘Amrû bin Nufayl

1577. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Profe- ta (B y P) encontró a Zayd bin ‘Amrû bin Nufayl en el fondo de (el valle de) Baldah, antes de que llegue la Revelación al Profeta (B y P). Se ofre- ció una comida al Profeta (B y P) pero el rehusó aceptarla; luego se le ofreció a Zayd quien dijo: ‘No como de lo que degolláis ante vuestros alta- res (para los ídolos) y no como sino de lo que se mencionó el nombre de Dios sobre ello al dego- llarlo’. Zayd bin ‘Amrû criticaba los degüellos de Quraysh y decía: ‘El cordero ha sido creado por Dios; Él también le facilitó el agua desde el cie- lo y le hizo germinar cosas de la tierra (el pasto del que se alimenta)... ¡Y vosotros lo degolláis en nombre de otro que no es Dios!’ criticando tal ac- ción, que se le hacía grave y abominable.

XXXV Los días de la ÿahiliya (época de la ignorancia antes del Islam)

1578. ‘Abdullah bin ‘Umar relató que el Profe- ta (B y P) dijo: «¡Oíd! ¡Quien jure que no lo haga sino por Dios!» pues la gente de Quraysh solía jurar por sus padres. El Profeta (B y P) también dijo: «No juréis por vuestros padres».

1579. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Las más veraces palabras dichas por un poeta fueron las palabras de Labîd: ‘¡Oíd! Todo fuera de Dios es perecedero’; y Umayya bin Al- Salt casi se islamiza».

XXXVI El advenimiento del Profeta (B y P)

El Profeta (B y P) es: Muhammad bin ‘Abdi-

llah bin Abdul Muttalib bin ‘Abd Manâf bin Qusay bin Kilâb bin Murra bin Ka‘b bin Lu‘ay bin Gâlib bin Fihr bin Mâlik bin Al-Nadr bin Kinâna bin Juzayma bin Mudrika bin Ilyâs bin Mudar bin Nizâr bin Ma‘add bin ‘Adnân.

1580. ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo: ‘(La Reve- lación) descendió al Mensajero de Dios (B y P) cuando él tenía cuarenta años. Se quedó trece años en Makka y luego se le ordenó la Emigra- ción. Entonces emigró a Medina y estuvo en ella por diez años; luego murió, la paz y bendiciones de Dios sean con él’.

XXXVII El trato que recibió el Profeta (B y P) y sus sahabas de parte de los politeístas de Makka

1581. Cuando ‘Abdullah bin ‘Amrû fue pre- guntado: ¿Qué fue lo peor que le hicieron los po- liteístas al Profeta (B y P)? Dijo: ‘Cuando el Profe- ta (B y P) rezaba en el Hiÿr de la Ka‘ba se acercó ‘Uqba bin Abi Mu‘ít; le puso su vestido alrededor del cuello y lo estrangulaba con fuerza. Entonces se acercó Abû Bakr y lo tomó por los hombros. Lo empujó lejos del Profeta (B y P) y le dijo: ¿Vais a matar a un hombre por el mero hecho de que dice: ‘Mi señor es Dios’ siendo que os ha traído las pruebas claras de vuestro señor? (40:28)’.

XXXVIII Mención de los genios (al-ÿinn)

1582. Cuando ‘Abdullah bin Mas‘ûd fue pre- guntado: ‘¿Quién informó al Profeta (B y P) sobre los genios la noche en que escucharon el Corán?’ respondió: ‘Fue un árbol que le informó’.

1583. Abû Huraira relató que solía cargar un recipiente con agua para la ablución del Profeta (B y P) y sus necesidades. El resto del hadiz ya lo mencionamos (ver Nro. 124) (en el relato añade que Abû Huraira preguntó sobre los huesos y los excrementos y el Profeta (B y P) le dijo: «Son la comida de los genios»).

1584. En esta otra versión añadió: ‘«Una dele- gación de los genios de Nasíbín vino a mí ¡y qué hermosos genios eran! Me pidieron comida y yo rogué a Dios que cada vez que ellos pasen por un hueso o excremento encuentren en ello alimen- to»’.

XXXIX La emigración a Abisinia (Etiopía)

1585. Umm Jâlid bint Jâlid dijo: ‘Cuando volví de Abisinia (a Medina) yo era una niña pequeña. El Profeta (B y P) me puso un vestido con figuras en él; el Profeta (B y P) frotaba las figuras con su mano y decía: «Sanah sanah», que significa: «Bue- no, bueno» en abisinio’.

XL La historia de Abû Tâlib

1586. Al-‘Abbâs bin ‘Abdul Muttalib relató que dijo al Profeta (B y P): ‘¿Fuiste de beneficio para tu tío (Abû Tâlib)? pues él te protegía y se encole- rizaba en tu defensa’ y el Profeta (B y P) respon- dió: «Él está sobre brasas con fuego ardiente; si no fuese por mí estaría en la parte más profunda del Infierno».

1587. Abû Sa‘îd Al-Judrî dijo que oyó al Profe- ta (B y P) decir, en una ocasión que se le mencio- nó a su tío: «Tal vez mi intercesión le beneficie en el Día de la Resurrección y sea puesto en un fuego flameante que alcance a sus tobillos y le haga her- vir el cerebro».

XLI El relato del viaje nocturno (Al-Isrâ’) del Profeta (B y P)

1588. Ÿâbir bin ‘Abdullah relató que oyó al Mensajero de Dios (B y P) decir: «Cuando la gen- te de Quraysh no me creyó (el relato del viaje nocturno) me quedé de pie en Al-Hiÿr y Dios me mostró Jerusalén (Al-Bayt Al-Maqdis); empecé a describírselas mientras la veía frente a mí».

XLII La ascensión (Al-Mi‘râÿ)

1589. Mâlik bin Sa‘sa‘a relató que el Profeta (B y P) les contó sobre la noche del su viaje noc- turno, dijo: «Mientras estaba acostado en Al-Ha- tím –o dijo: En Al-Hiÿr– llegó a mí alguien que cortó mi cuerpo de aquí hasta aquí –uno de los relatores explicó: ‘De su garganta hasta su pubis’– y extrajo mi corazón. Luego se me trajo una copa llena de fe; se me lavó el corazón; fue llenado (con fe) y después devuelto a su lugar. Luego se me tra- jo una bestia, menor que la mula y mayor que el asno, de color blanco –dijo uno de los transmiso- res: ‘Es el Burâq’–. Sus pisadas se posaban en el límite más lejano de su vista. Fui montado sobre esta bestia y Ÿibrîl me llevó hasta el cielo de este mundo y pidió que se le abrieran las puertas. Al- guien dijo: ‘¿Quién es?’ él dijo: ‘Ÿibrîl’. Se le dijo: ‘¿Quién está contigo?’ Dijo: ‘Muhammad’; se le dijo: ‘¿Se le mandó venir?’; Ÿibrîl dijo: ‘Sí’; enton- ces se dijo: ‘Bienvenido sea y qué visita más bue- na’. Las puertas se abrieron y, cuando había entra- do, encontré de pronto a Adam. Me dijo (Ÿibrîl): ‘Este es tu padre Adam, salúdalo’ y yo lo saludé. El correspondió a mi saludo y me dijo: ‘Bienveni- do sea el hijo piadoso y el profeta piadoso’. Luego ascendió (conmigo) al segundo cielo y pidió que se le abra. Se dijo: ‘¿Quién es?’ él dijo: ‘Ÿibrîl’. Se le dijo: ‘¿Quién está contigo?’ Dijo: ‘Muhammad’; se le dijo: ‘¿Se le mandó venir?’; Ÿibrîl dijo: ‘Sí’; entonces se dijo: ‘Bienvenido sea y qué visita más buena’. Las puertas se abrieron y, cuando había en- trado, encontré de pronto a Yahya (Juan el Bautis- ta) y a ‘Îsâ (Jesús), y ambos son primos maternos. (Ÿibrîl) dijo: ‘Estos dos son Yahya e ‘Îsâ, salúdales’. Yo los saludé y me correspondieron; luego dije- ron: ‘Bienvenido sea el hermano piadoso y el pro- feta piadoso’. Luego ascendió (conmigo) al tercer cielo y pidió que se le abra. Se dijo: ‘¿Quién es?’

él dijo: ‘Ÿibrîl’. Se le dijo: ‘¿Quién está contigo?’ Dijo: ‘Muhammad’; se le dijo: ‘¿Se le mandó ve- nir?’; Ÿibrîl dijo: ‘Sí’; entonces se dijo: ‘Bienvenido sea y qué visita más buena’. Las puertas se abrie- ron y, cuando había entrado, encontré de pronto a Yûsuf (José, hijo de Jacob). (Ÿibrîl) dijo: ‘Este es Yûsuf, salúdale’. Yo lo saludé y me correspondió; luego dijo: ‘Bienvenido sea el hermano piadoso y el profeta piadoso’. Luego ascendió (conmigo) al cuarto cielo y pidió que se le abra. Se dijo: ‘¿Quién es?’ él dijo: ‘Ÿibrîl’. Se le dijo: ‘¿Quién está conti- go?’ Dijo: ‘Muhammad’; se le dijo: ‘¿Se le mandó venir?’; Ÿibrîl dijo: ‘Sí’; entonces se dijo: ‘Bienve- nido sea y qué visita más buena’. Las puertas se abrieron y, cuando había entrado, encontré de pronto a Idrîs (Enoch). (Ÿibrîl) dijo: ‘Este es Idrîs, salúdale’. Yo lo saludé y me correspondió; luego dijo: ‘Bienvenido sea el hermano piadoso y el pro- feta piadoso’. Luego ascendió (conmigo) al quinto cielo y pidió que se le abra. Se dijo: ‘¿Quién es?’ él dijo: ‘Ÿibrîl’. Se le dijo: ‘¿Quién está contigo?’ Dijo: ‘Muhammad’; se le dijo: ‘¿Se le mandó ve- nir?’; Ÿibrîl dijo: ‘Sí’; entonces se dijo: ‘Bienvenido sea y qué visita más buena’. Las puertas se abrie- ron y, cuando había entrado, encontré de pronto a Hârûn (Aarón). (Ÿibrîl) dijo: ‘Este es Hârûn, salú- dale’. Yo lo saludé y me correspondió; luego dijo: ‘Bienvenido sea el hermano piadoso y el profeta piadoso’. Luego ascendió (conmigo) al sexto cie- lo y pidió que se le abra. Se dijo: ‘¿Quién es?’ él dijo: ‘Ÿibrîl’. Se le dijo: ‘¿Quién está contigo?’ Dijo: ‘Muhammad’; se le dijo: ‘¿Se le mandó venir?’; Ÿibrîl dijo: ‘Sí’; entonces se dijo: ‘Bienvenido sea y qué visita más buena’. Las puertas se abrieron y, cuando había entrado, encontré de pronto a Mûsa (Moisés). (Ÿibrîl) dijo: ‘Este es Mûsa, salúdale’. Yo lo saludé y me correspondió; luego dijo: ‘Bienve- nido sea el hermano piadoso y el profeta piado- so’. Cuando lo dejé atrás lloró; se le dijo: ‘¿Qué te hace llorar?’ Que este muchacho enviado después de mí tendrá a más gente de su nación en el Pa- raíso que los de mi nación en el Paraíso. Luego Ÿibrîl ascendió conmigo al séptimo cielo y pidió que se le abra. Se dijo: ‘¿Quién es?’ él dijo: ‘Ÿibrîl’. Se le dijo: ‘¿Quién está contigo?’ Dijo: ‘Muham- mad’; se le dijo: ‘¿Se le mandó venir?’; Ÿibrîl dijo: ‘Sí’; entonces se dijo: ‘Bienvenido sea y qué visita más buena’. Las puertas se abrieron y, cuando ha- bía entrado, encontré de pronto a Ibrâhîm (Abra- ham). (Ÿibrîl) dijo: ‘Este es tu padre Ibrâhîm, salúdale’. Yo lo saludé y me correspondió; luego dijo: ‘Bienvenido sea el hijo piadoso y el profe-

ta piadoso’. Luego se me elevó hasta el Loto del Límite; ¡sus frutos eran como las jarras de Haÿar (lugar cercano a Medina) y sus hojas eran como las orejas de los elefantes! (Ÿibrîl) me dijo: ‘Este es el Loto del Límite’. Y había cuatro ríos: Dos ocul- tos y dos visibles. Pregunté: ‘¿Qué son estos dos (tipos de ríos) Ÿibrîl?’ Me dijo: ‘Los ocultos son dos ríos del Paraíso y los visibles son el Nilo y el Eufrates’. Entonces se me mostró La Casa Sagrada (Al-Bayt ul-Ma‘múr) a la que entran diariamen- te setenta mil ángeles. Luego se me trajo un vaso con vino, un vaso con leche y un vaso con miel; yo tomé el vaso con leche y (Ÿibrîl) dijo: ‘Es la natu- raleza (el monoteísmo islámico) que tú y tu gente sigue’. Luego se me prescribió el salát: Cincuenta oraciones al día. Al-volver pasé por donde estaba Mûsa y él me preguntó: ‘¿Qué se te ordenó?’ dije: ‘Cincuenta oraciones al día’. Me dijo: ‘Tu nación no podrá cumplir con cincuenta oraciones al día. ¡Por Dios! Yo he probado a la gente antes que ti y he hecho con los israelíes mi mejor intento. Vuel- ve, pues, a tu Señor y pídele que se reduzcan las oraciones para tu gente’. Yo volví y se me reduje- ron diez oraciones; al volver a Mûsa me repitió lo dicho. Yo volví y se me redujeron diez oraciones; al ir a Mûsa me repitió lo dicho. Yo volví y se me redujeron diez oraciones; al ir a Mûsa me repitió lo dicho. Yo volví y se me redujeron diez oracio- nes, ordenándoseme diez oraciones al día. Al vol- ver a Mûsa me repitió sus mismas palabras y yo volví; entonces, se me ordenaron cinco oraciones al día. Cuando volví a Mûsa me dijo: ‘¿Qué se te ordenó?’ Yo le respondí: ‘Cinco oraciones al día’. Me dijo: ‘Tu nación no podrá cumplir con cin- co oraciones al día. ¡Por Dios! Yo he probado a la gente antes que tú y he tratado con los israelíes mi mejor intento. Vuelve, pues, a tu Señor y pí- dele que se reduzcan las oraciones para tu gente’. Yo dije: ‘He pedido a mi Señor hasta que me dio vergüenza, así que estoy complacido y me some- to (al mandato del Señor)’. Cuando lo dejé atrás, una voz clamó: ‘He dictado mi mandato y he re- ducido la carga sobre mis siervos’». El hadiz del Isrá’ fue también mencionado por Anas al princi- pio del Libro del Salât. Pero en ambos relatos hay detalles que no menciona el otro.

1590. Se relata que ‘Abdullah bin ‘Abbâs dijo, sobre las palabras de Dios: ...No hicimos de la visión que te mostramos y del árbol maldito en el Corán sino una tentación para los hombres (17:60): ‘Es un avistamiento real que se le mos- tró al Profeta (B y P) la noche que se lo transportó hasta Jerusalén (Al-Bayt ul-Maqdis). Y el árbol maldecido en el Corán es el Zaqqûm’.

XLIII El matrimonio del Profeta (B y P) con ‘Âisha; su llegada a Medina y la consumación del matrimonio

1591. ‘Âisha dijo: ‘El Profeta (B y P) se casó conmigo cuando yo tenía seis años. Después lle- gamos a Medina y llegamos al lugar de Banu Al- Hâriz bin Al-Jazraÿ. Entonces me enfermé y se cayó mi cabello; después me creció nuevamente. Mi madre vino a mí con Umm Rúmán cuando yo jugaba en un columpio con unas amigas mías; me llamó y vine a ella sin saber qué quería. Me tomó por la mano y me llevó hasta que se detuvo en la puerta de la casa. Yo estaba casi sin aliento y después se normalizó mi respiración; luego tomó un poco de agua y me lavó la cara y la cabeza. Luego me hizo entrar en la casa; allí vi a mujeres de los ansâr que dijeron: ‘¡Los mejores deseos y la bendición de Dios! ¡Buena suerte!’ Mi madre me entregó a ellas y ellas me arreglaron. Inespe- radamente el Mensajero de Dios (B y P) apareció antes del mediodía y mi madre me entregó a él (para consumar el matrimonio). En ese momento yo tenía nueve años’.

1592. ‘Âisha relató que el Profeta (B y P) le dijo: «Te mostraron a mí dos veces en sueños. Vi que eras una figura en una pieza de seda y alguien me dijo: ‘Esta es tu esposa’. Cuando descubrí la fi- gura vi que eras tú. Dije: ‘Si esto es de Dios, que se cumpla’».

XLIV La migración del Profeta (B y P) y sus sahabas a Medina

1593. ‘Âisha, esposa del Profeta (B y P), rela- tó: ‘No recuerdo a mis padres sino creyendo en la religión (verdadera) y nunca pasó un día sin que el Mensajero de Dios (B y P) nos haya visi- tado en ambos extremos del día, en la mañana y en la noche. Cuando los musulmanes empeza- ron a ser probados (en su fe al ser perseguidos) Abû Bakr abandonó Makka para emigrar a Abi- sinia. Cuando llegó a Bark al Gimâd se encontró con Ibn Al-Dagina, señor de la tribu de Al- Qára, quien le dijo: ‘¿Dónde te diriges Abû Bakr?’ Abû Bakr respondió: ‘Mi gente me ha expulsado por eso quiero deambular por la tierra y adorar a mi Señor’. Ibn Al-Dagina dijo: ‘En verdad que la gente como tú no debe salir ni ser expulsada. Tú ayudas al menesteroso, mantienes las relaciones familiares, ayudas a los débiles y a los pobres, das hospitalidad a los huéspedes y asistes a los azota- dos por las calamidades. Por eso, yo seré tu pro- tector; vuelve y adora a tu Señor en tu tierra’. Abû Bakr volvió acompañado por Ibn Al-Dagina. Ibn Al-Dagina visitó por la noche a los nobles de Qu- raysh y les dijo: ‘Las personas como Abû Bakr no deben salir ni ser expulsadas. ¿Expulsaréis a un hombre que ayuda al menesteroso, mantiene las relaciones familiares, ayuda a los débiles y a los pobres, da hospitalidad a los huéspedes y asis- te a los azotados por las calamidades?’ La gente de Quraysh no pudo negarse a la protección de Ibn Al-Dagina y le dijeron: ‘Ordena a Abû Bakr que adore a su Señor en su casa; que rece en ella y que recite lo que quiera. Que no nos moleste con ello y que no lo haga públicamente, pues teme- mos que seduzca a nuestras mujeres e hijos (con el Islam)’. Ibn Al-Dagina dijo eso a Abû Bakr y él quedo así adorando a su Señor en su casa. No hacía sus oraciones en público ni recitaba fuera de su casa. Luego Abû Bakr tuvo una idea y se construyó una mezquita en el patio delante de su casa. En ella rezaba y recitaba el Corán, por lo cual se juntaban a su alrededor las mujeres de los politeístas y su hijos, extrañados de sus accio- nes y mirándolo continuamente. Abû Bakr era un hombre propenso al llanto; no podía contener las lágrimas al recitar el Corán. Eso alarmó a los no- bles de Quraysh de entre los idólatras; así que en- viaron llamar a Ibn Al-Dagina y este acudió a su llamado. Le dijeron: ‘Nosotros aceptamos tu pro- tección sobre Abû Bakr con la condición de que adore a su Señor en su casa; pero él ha violado esa condición. Se ha construido una mezquita en el patio delante de su casa y allí reza y recita el Co- rán públicamente. Nosotros realmente tememos que seduzca a nuestras mujeres e hijos. Prohíbele, pues, que lo haga. Si quiere limitarse a adorar a su Señor dentro de su casa que lo haga; si no desea más que hacerlo en público dile que te libere de tu compromiso, pues nosotros detestamos romper el acuerdo contigo y tampoco aceptamos que Abû Bakr actúe así en público». ‘Âisha agregó: ‘Ibn Al- Dagina fue ante Abû Bakr y le dijo: ‘Sabes bien lo que acordé contigo. Más vale que te limites a eso o, si no lo deseas, me liberas de mi compromiso, pues no quiero que los árabes escuchen que mi gente no cumplió un compromiso de protección que yo ofrecí a un hombre’. Abû Bakr le dijo: ‘Te libero de tu compromiso de protección y me con- formo con la protección de Dios’. En esos días el Profeta (B y P) aún estaba en Makka. Un día dijo el Profeta (B y P) a los musulmanes: «Se me mos- tró el destino de vuestra emigración: Es un lugar con palmeras y situado entre dos elevaciones de roca volcánica» –que son las dos ‘hârra’ de Medi- na. Y la gente emigró a Medina; y la mayoría de los que estaban en Abisinia volvió (para ir) a Me- dina. Abû Bakr se preparó para ir a Medina; pero el Mensajero de Dios (B y P) le dijo: «Espera un poco, pues yo espero que se me dé autorización». Abû Bakr le dijo: ‘¿Realmente esperas eso? ¡Que mi padre y mi madre sean tu rescate!’ El Profe- ta (B y P) le respondió: «Sí». Así pues, Abû Bakr esperó al Mensajero de Dios (B y P) para acom- pañarlo. Durante cuatro meses alimentó a dos ca- mellas que tenía con las hojas del Samur, que caen al golpearlo con un palo’.

‘Âisha añadió: ‘Un día, que estábamos senta- dos todos en la casa de Abû Bakr al mediodía, alguien le dijo a Abû Bakr: ‘Aquí está el Mensaje- ro de Dios (B y P) con la cabeza cubierta en una hora en la que nunca antes nos visitó’. Abû Bakr dijo: ‘¡Que mi padre y mi madre sean su rescate! Lo que le ha traído a esta hora seguro es un asun- to importante’. El Mensajero de Dios (B y P) lle- gó y pidió que se le reciba y se le permitió entrar. Entonces el Profeta (B y P) dijo a Abû Bakr: «Dí a todos los presentes que salgan». Abû Bakr le dijo: ‘¡Pero son (como) tu familia! ¡Que mi padre y mi madre sean tu rescate Mensajero de Dios!’ El Profeta (B y P) dijo: «Pues se me ha ordenado salir (hacia Medina)». Abû Bakr le dijo: ‘Pido ser tu compañía Mensajero de Dios’, y el Mensajero de Dios (B y P) le dijo: «Sí». Entonces Abû Bakr le dijo: ‘Toma, pues, una de mis dos camellas’ y el Mensajero de Dios (B y P) le dijo: «Pagando su precio»’. ‘Âisha agregó: ‘Así es que las preparamos rápidamente y les preparamos provisiones en una bolsa de cuero; Asmâ’ cortó un retazo de su faja y con él amarró la boca de la bolsa, por eso la llaman «la de las dos fajas». Luego el Mensajero de Dios (B y P) y Abû Bakr se refugiaron en una cueva del monte Zawr y se quedaron allí tres no- ches, en las cuales los acompañó ‘Abdullah bin Abi Bakr, que era un muchacho muy despierto

e inteligente. Los dejaba al amanecer de manera que en la mañana estaba con los qurayshíes como si hubiese pasado la noche allí. Estaba atento a todo complot que fraguaran y por la noche iba a informarles. ‘ámir bin Fuhayra, esclavo liberto de Abû Bakr, solía pastorear hacia ellos las ove- jas lecheras, para que descansen donde ellos esta- ban por la noche y así podían disponer de leche fresca por la noche y de la leche que calentaban con piedras calientes. ‘ámir bin Fuhayra se lleva- ba, entonces, las ovejas antes de que amanezca; así lo hizo cada una de las tres noches. El Men- sajero de Dios (B y P) y Abû Bakr contrataron un experto guía de Banu Al-Dayl, que era del clan Banu ‘Abd bin ‘Adí y estaba en alianza con la fa- milia de Al-‘As bin Wa‘il Al-Sahmi y estaba en la religión de los incrédulos. El Profeta (B y P) y Abû Bakr confiaron en él y le habían entregado sus dos camellas para que las traiga de vuelta tres noches después. Así pues; él volvió al amanecer de la tercera noche y partieron acompañados de ‘Âmir bin Fuhayra y el guía, que los llevó por el camino de la costa’.

Surâqa bin Mâlik bin Ÿu‘shum Al-Mudliÿi dijo: ‘Nos llegaron mensajeros de los incrédulos de Quraysh ofreciendo como recompensa por el Mensajero de Dios (B y P) y por Abû Bakr una cantidad igual a su indemnización (diyya, en caso de muerte: 100 Camellos) para quien los captu- re o los mate. Mientras yo estaba sentado en una reunión con la gente de mi tribu, Banu Mudliÿ, llegó un hombre de ellos y se quedó parado don- de estabamos sentados. Dijo: ‘¡Surâqa! He visto gente por la costa; creo que se trata de Muham- mad y sus sahabas’. Yo supe que eran ellos y le dije: ‘No son ellos; tú has visto a Fulano y fulano que partieron ante nuestros ojos’ y me quedé un tiem- po más sentado. Luego me levanté y entré (a mi casa); ordené a mi sierva que salga con mi caba- llo hasta detrás de unas colinas y me lo tenga allí. Tomé mi lanza y salí por la puerta trasera de la casa arrastrando el cabo de la lanza y llevando la punta a baja altura (para que no puedan seguirme por su brillo y tenga que compartir la recompen- sa). Luego llegué hasta mi caballo, lo monté y lo hice galopar hasta llegar donde ellos estaban. Pero mi caballo se desbocó y me hizo caer. Me levan- té y saqué flechas de mi carcaj para ver el oráculo con ellas (costumbre árabe de adivinación). ¿Los heriría o no? Y me salió algo que me desagradó (que no). Así que monté mi caballo y me lancé al galope desobedeciendo a las flechas. Cuando me acerqué a ellos oí la recitación del Mensajero de Dios (B y P) que recitaba sin mirarme mientras Abû Bakr volcaba constantemente para mirarme. De pronto; las patas delanteras de mi caballo se doblaron hasta que sus rodillas cayeron a tierra y yo volví a caer. Lo fustigué para que se levante y se incorporó, pero casi no logra enderezar sus patas; cuando finalmente las enderezó, sus patas habían levantado una nube de polvo que se elevaba como humo. Volví a consultar el oráculo de las flechas y me salió lo que no deseaba, así que los llamé; les garanticé que no los dañaría y ellos se detuvie- ron. Cabalgué hasta alcanzarlos y sentí dentro de mí que el Mensajero de Dios (B y P) y su religión saldrían triunfantes. Le dije: ‘Tu gente ha puesto una recompensa igual a tu diyya por tu captura’ y le informé de lo que la gente les quería hacer. Les ofrecí provisiones y pertrechos pero no las acep- taron ni me pidieron nada, excepto que me dijo (el Profeta (B y P)): «No digas a nadie que nos has visto». Entonces le pedí que me escriba un docu- mento de paz y él ordenó a ‘Âmir bin Fuhayra, quien me lo escribió en un parche de cuero. Des- pués partieron’.

(‘Urwa bin Al-Zubayr relató:) (El Profeta (B y P)) encontró a Al-Zubayr en una caravana de comerciantes musulmanes que volvían de Shâm. Al-Zubayr proporcionó al Mensajero de Dios (B y P) y a Abû Bakr ropas blancas para vestir. Los musulmanes de Medina habían oído la no- ticia de la partida del Mensajero de Dios (B y P) de Makka; todas las mañanas iban a las monta- ñas volcánicas (a esperar) hasta que los devolvía el calor del mediodía. Un día, después de espe- rar por mucho tiempo, cuando ya habían vuelto a sus casas, un judío que había subido a una de sus torres fortificadas, para ver algo, vio al Men- sajero de Dios (B y P) y sus compañeros vistien- do ropajes blancos y emergiendo entre los espe- jismos. El judío no pudo evitar gritar a viva voz: ‘¡Oíd árabes! ¡Aquí está vuestro gran hombre que esperáis!’ Los musulmanes tomaron sus ar- mas y salieron con prisa; encontraron al Mensa- jero de Dios (B y P) detrás de Al-Hârra (forma- ciones volcánicas) y él se desvió con ellos hacia la derecha y descendió con ellos en las casas de los Banu ‘Amrû bin ‘Awf. Esto fue un día martes, doceavo día del mes Rabí’ al Awwal. Abû Bakr se quedó de pie para recibir a la gente (que venía) y el Mensajero de Dios (B y P) se sentó en silencio. La gente de los ansár –los que no habían visto al Mensajero de Dios (B y P)– empezaron a saludar

a Abû Bakr; cuando el sol alcanzó al Mensajero de Dios (B y P), Abû Bakr se le acercó para dar- le sombra con su manto; solo entonces la gente reconoció al Mensajero de Dios (B y P) por esa acción. El Mensajero de Dios (B y P) se quedó un poco más de diez noches entre los Banu ‘Amrû bin ‘Awf. Construyó la mezquita que fue cimenta- da en la fe. El Mensajero de Dios (B y P) rezó en ella y luego montó su camella; la gente lo seguía caminando hasta que la camella se sentó donde es (hoy) la mezquita del Profeta (B y P) en Medina. Algunos musulmanes acostumbraban rezar allí a veces; era un espacio para secar dátiles que perte- necía a Suhayl y Sahl, dos muchachos huérfanos que estaban bajo la custodia de As‘ad bin Zurâra. El Mensajero de Dios (B y P) dijo, cuando su ca- mella se sentó: «Este será, si Dios quiere, nuestro lugar de llegada» y luego llamó a los dos mucha- chos para que acuerden un precio por el solar, que sería de ahí en adelante una mezquita. Ellos dije- ron: ‘Mas bien te lo regalamos Mensajero de Dios’. El Mensajero de Dios (B y P) se negó a recibirlo como regalo hasta que finalmente se los compró. Después construyó allí la mezquita. El Mensajero de Dios (B y P) cargaba con ellos los adobes para la construcción y decía, mientas cargaba los ado- bes: «Esta carga es mejor que las cargas de (¿dá- tiles?) de Jaybar, pues es más piadosa para Dios, más pura y mejor recompensada». También de- cía: «¡Oh Dios! La recompensa verdadera es la de la otra vida; ten misericordia, pues, con los ansâr y los muhâÿirûn».

1594. Asmâ’ relató que ella tuvo a ‘Abdull- ah bin Al-Zubayr; dijo: ‘Salí (de Makka ya em- barazada); cuando llegué a Medina me quedé en Qubá’ (y dí a luz allí). Luego fui con el (bebé) ante el Profeta (B y P) y lo puse en su regazo. El Profe- ta (B y P) pidió un dátil y lo masticó; luego puso algo de su jugo en boca del pequeño. Y la primera cosa que entró en su boca fue la saliva del Mensa- jero de Dios (B y P). Luego el Mensajero de Dios (B y P) frotó el paladar del bebé con un dátil, rogó por él e invocó la bendición de Dios sobre él. Fue el primer niño que nació en el (país del) Islam (Medina)’.

1595. Abû Bakr dijo: ‘Estuve con el Profe- ta (B y P) en la cueva; cuando levanté mi cabeza vi que estaba a los pies de la gente (que los per- seguía). Dije: ‘¡Mensajero de Dios! Si alguno de ellos llega a bajar su vista nos verá’. El Mensajero de Dios (B y P) me dijo: «Cállate Abû Bakr; so- mos dos cuyo tercero es Dios»’.

XLV La llegada del Profeta (B y P) y sus sahabas a Medina

1596. Al-Barâ’ dijo: ‘Los primeros en venir a nosotros (a Medina) fueron: Mus‘ab bin ‘Umayr e Ibn Umm Maktûm, quienes recitaban (el Corán) para la gente. Después llegó: Bilâl, Sa‘d y ‘Ammâr bin Yásir. Después llegó ‘Umar bin Al-Jattâb con veinte de los sahabas del Profeta (B y P). Luego llegó el Mensajero de Dios (B y P) y nunca vi a la gente de Medina alegrarse por algo como se ale- graron por el Mensajero de Dios (B y P); hasta las siervas decían: ‘¡Ha llegado el Mensajero de Dios (B y P)!’ El Mensajero de Dios (B y P) llegó cuan- do yo ya recitaba (de memoria) Glorifica el nom- bre de tu Señor el Altísimo (87:1) y algunas otras suras de Al-Mufassal’.

XLVI La estadía de los muhâÿirûn en Makka después de terminar los ritos del haÿÿ

1597. ‘Alâ’ bin Al-Hadrami dijo: ‘El Mensajero de Dios (B y P) dijo: «El muháÿir puede quedar- se tres (días en Makka) después de la partida (de Mina)»’.

XLVII La llegada de los judíos ante el Profeta (B y P) a su llegada a Medina

1598. Abû Huraira relató que el Profeta (B y P) dijo: «Si creyesen en mí diez de entre los judíos (¿los jefes?) creerían en mí todos los judíos».


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