Los Neonazi chilenos:

¿Los Redentores de la Miseria?

 

    Uno de los rasgos sobresalientes de las sociedades modernas es la mediatización de de la vida sea pública o privada. La vorágine de información que circula en el mundo puede generar una realidad inconexa y caótica, por lo cual es fundamental que los medios de comunicación mantengan una actitud coherente y responsable para situar las noticias en el contexto histórico adecuado. Esta actitud profesional, requisito mínimo que deberíamos demandar para aquellos que tienen el deber de informar responsablemente, es la que ha adolecido en parte importante de los medios de comunicación en este último tiempo. Primero, en relación con las protestas estudiantiles y ahora con la supuesta aparición de los llamados “Neonazi”.

            En efecto, en el afán de crear componendas mediáticas que suban el reating, diarios y programas supuestamente periodísticos han salido al paso con cuanto espacio esté a sus manos para informar al público de la última novedad del año, por cierto, para los regalones.

            El problema consiste en la debida contextualización de los fenómenos sociales, para explicar si constituyen fenómenos emergentes producto de procesos modernizadores de nuestra sociedad o  fenómenos larvados presentes en nuestra idiosincrasia nacional. Siguiendo este hilo conductor, la pregunta debería formularse de la siguiente manera: ¿el auge de grupos neonazi en Chile obedece a principios que se reformulan a partir de los skinheads en Europa, u obedecen a raíces históricas más profundas? Lo que trataré de exponer en este artículo, a grosso modo, es que este fenómeno obedece a una constante en nuestra historia, marcada por la fuerte presencia de una doctrina ultraderechista que, de acuerdo a las circunstancias históricas a tomado diferentes aserciones, nazi/fascistas algunas veces, republicano, dictatorial, etc.

 

Un poco de historia

 

            Si retrocedemos  en el tiempo, no mucho más atrás, unos ochenta años solamente, donde las delirantes ideas de Hitler empezaban a madurar entre las cenizas de la 1° Guerra y la vista cómplice las potencias occidentales que veían a las ideologías nazi/fascistas como útiles para detener en Europa el avance del socialismo; y si somos rigurosos, veremos que ese proyecto ideológicos de los vencedores de Versalles no se circunscribió únicamente al viejo continente sino también a Latinoamérica, donde Chile no fue la acepción.

            El movimiento Nacionalsocialista chileno fue creado el año 1932 –un año antes que Hitler asumiera el poder en Alemania- por el general Francisco Javier Díaz Valderrama, Carlos Keller y Jorge González von Marees, con un carácter antiliberal, antimarxista, antiparlamentario y racista propios de la propaganda hitleriana. Este partido, de corta vida, el cual intentó dar un golpe de Estado el año 1938, se disolverá después de la matanza del Seguro Obrero, transformándose en Vanguardia Popular Socialista. En la década del 40, en plena 2° guerra mundial, se crean pequeñas organizaciones nacionalistas como la Legión Cívica de Chile, el Frente Nacional Chileno y la Asociación de amigos de Alemania, influyentes en las Fuerzas Armadas. También se crea el Movimiento Nacionalista de Chile, con una marcada tendencia fascista, antagónica al comunismo y al judaísmo. En los años 50, Franz Pfeiffer funda el Grupo de 88, que dará origen a la sección Ku-Klux-Klan en Chile. En 1962 Pfeiffer funda el Partido Nacionalsocialista Obrero, dos años más tarde publican el periódico Cruz Gamada, ese mismo año el local del PNSO es allanado y la organización disuelta.

            En la década del 60, las tendencias nazi chilena se agruparán bajo el paragua del Partido Nacional fundado en 1966 con la confluencia del Partido Liberal, Conservador Unido y Acción Nacional. La lógica unitaria obedecía a una acumulación de fuerzas para detener el avance de la izquierda que llevaría al poder a Salvador Allende el año 70. En este período, la mayoría de sus militantes entraran a formar los grupos de choque de la Derecha tales como Patria y Libertad.

            Después del golpe de Estado de 1973, los grupos pro nazi se adecuaron perfectamente en la ideología del nuevo gobierno de facto, integrando los aparatos de seguridad del régimen militar y renovando acercamientos con la ex Colonia Dignidad.

            Con el retorno a la democracia, y producto del escaso celo en investigar los crímenes de lesa humanidad de la dictadura, los neonazi chilenos empiezan lentamente a restablecer su base ideológica, aparecen con un cariz pragmático el neurólogo Hugo Lara, Edwin Robertson (Director de la revista La Ciudad de los Césares). El año 2000, Alexis López quien se autodenomina el Presidente provisional del Movimiento Patria Nueva Sociedad, intentó hacer el primer encuentro nazi mundial en Chile, el que fue cancelado tímidamente por las autoridades de la época.

 

Los Nuevos Redentores de la Miseria.

 

            Como hemos visto en esta sucinta revisión histórica la vertiente nazi chilena está fuertemente enraizada en nuestra historia reciente con dos ejes claramente distinguibles, la Derecha a la que ha servido de red de contención de las ideologías de Izquierda y el constante flirteo con las Fuerzas Armadas; en este caso, por qué debería extrañarnos que hagan su aparición, si nunca dejaron de estar ausentes.

            Terminado el régimen de Pinochet que les dio cobertura y protección, sus ideólogos apuntaron a las poblaciones, a aquellos lugares donde la modernidad no pernea en la lógica del Chile exitoso de esta era; ellos aprovechando el bajo estado de politización que impusieron los arquitectos del new deal concertacionista y la desestructuración de la base militante de la izquierda clásica, hicieron posible su reaparición igual que en la Alemania de la década del 20, como los redentores de la miseria. En efecto, en la periferia pobre donde habita el hambre y la desesperanza, donde manda el narcotráfico, donde la fuerza pública no tiene tiempo ni medios para imponer el Estado de Derecho, los señores del odio han tendido su tela araña para imponer su justicia racista. Como hemos visto impávidos por entrevistas, se nutren del temor de una sociedad que por años ha ocultado la pobreza, el abandono de una sociedad que sólo se mira desde afuera, una sociedad que se divide entre dos Chile, uno bullente y moderno que se orienta hacia afuera y otro encerrado en un getho que recibe las migajas de la modernidad.