Eduardo David Costa

Eduardo David Costa

Su vida, la familia, los Citröen y el deporte

Por Atilio Burgos

Si bien han transcurrido algunas semanas, la comunidad gualeguaychense sigue consternada por la inesperada muerte de Eduardo David Costa, producto de los lamentables accidentes que a diario se producen en nuestras calles.

Sin explicaciones, la consternación, el dolor, el por qué, seguirá latente no solo en sus familiares y en sus seres queridos, sino en la gran cantidad de amigos y compañeros que el gran “Costita” supo acreditarse desde su juventud y hasta en sus últimos años, en la etapa de su jubilación que recién comenzaba a disfrutar.

Es que cuando el norte de un persona es el trabajo, la familia, el barrio y el respeto hacia los demás, seguro que se va encontrar con una extraordinaria columna de adeptos que se acercaràn para compartir sus cosas positivas, su hombría de bien, su humildad, su sencillez y hasta su sonrisa y algunos chistes, que también los tenía.

Lo recordamos cuando repartía kerosene en un viejo camioncito Ford, impensadamente junto al recordado Pedro Goycochea, llevando calor a nuestra gente. Después cumplió funciones de playero en Estación de Servicio “La Posta” en Urquiza al Oeste y un tiempo más adelante y por varios años cumplió tareas en la desaparecida firma Thea, Bernay y Fernández, en Urquiza casa Bulevar Daneri donde aprendió y se encariño con la profesión de mecánico, especialmente con los citroens, dando muestras de una capacidad, dedicación y sabiduría para resolver los más impensados problemas que se le presentaban a los numerosos clientes, tanto de nuestra ciudad, como de otros lugares y hasta del vecino país, que llegaban con sus unidades que fueron una novedad desde principio de la década del setenta.

Contaba 73 años, jubilado ya, en su propiedad de calle Rivadavia continuó con su actividad mecánica, una verdadera pasión, pero no en una forma regular, sino atendiendo a algunos de sus clientes y amigos.

La misma responsabilidad, las mismas ganas, todo lo que estuvo a su alcance, se lo brindó a su familia, a su esposa, a sus hijos y a sus nietos, fortaleciendo su sencillo hogar con mucho amor, con respeto y con gran cariño, virtudes que le permitieron rodearse de numerosas amistades.

La misma serenidad y la misma precisión que tuvo en su diario vivir, lo demostró en el deporte de las bochas, otra pasión que le permitió ganar más amigos, tanto en el Centro de suboficiales militares que concurría lunes, miércoles y viernes o en el mismo centro de jubilados de calle Jujuy, martes, jueves y sábado, donde concurría algunas horas.

Pechito” para algunos, Beto para otros tantos, también fue asociado de Racing y Juventud, concurrió al Club Chajarí y hasta fue un entusiasta del deporte motor, siempre con alegría, siempre con una sonrisa, permanentemente sembrando amistad

Así fue el amigo Costita, un querido vecino que supo disfrutar a su manera y que a los suyos y a la comunidad les dejó un ejemplo digno, claro y para tener en cuenta.

Simplemente gracias por tu bondad y hombría de bien.