Para comprender la magnitud de lo ocurrido bajo los árboles de la Plaza Independencia de Gualeguaychú aquel otoño de 1921, primero debemos entender al gigante que movía los hilos de la clase obrera argentina: la FORA.
El Espíritu del "Todo o Nada": Definición e Ideología
La Federación Obrera Regional Argentina (FORA), fundada en 1901, no era un sindicato común; era la primera gran confederación nacional de trabajadores y la organización más influyente de principios del siglo XX. Su identidad estaba forjada en el fuego del anarquismo. A diferencia de los gremios modernos que negocian salarios, la FORA del V Congreso (1905) tenía una meta absoluta: el "comunismo anárquico". Aspiraban a una revolución social total para abolir el Estado y el capitalismo, rechazando las mejoras graduales y la participación en la política partidaria.
La Violencia como Herramienta
Para la FORA, la paz social era una ilusión. Su método era la "acción directa": huelgas, boicots y sabotajes. La violencia no era vista como delito o terrorismo, sino como una "autodefensa proletaria" necesaria frente a la violencia sistemática del Estado y la patronal. Esta postura intransigente los llevó a protagonizar los conflictos más sangrientos de la historia argentina, como la Semana Trágica (1919) y la Patagonia Rebelde.
Ecos en el Futuro: Guerrillas y Peronismo
Décadas más tarde, los ecos de la FORA resonarían en los movimientos revolucionarios de los años 70.
Similitudes: Al igual que Montoneros, la FORA fue un "movimiento de masas" capaz de desafiar al poder. Con el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) compartía la pureza ideológica y métodos de financiamiento como las "expropiaciones" (robos a bancos).
Diferencias: Sin embargo, un abismo los separaba. Mientras las guerrillas buscaban tomar el poder estatal (con jerarquías militares verticales), la FORA buscaba destruir el Estado mediante una estructura horizontal y federalista.
Perón y la FORA
Con la llegada de Juan Domingo Perón, la suerte de la FORA quedó sellada. Lejos de aliarse, los anarquistas vieron en el peronismo una "dictadura del capital" que domesticaba a los obreros. Perón respondió con asfixia: mediante la Ley de Asociaciones Profesionales de 1945, dejó a la FORA en la ilegalidad técnica, cerró sus locales y encarceló a sus delegados, consolidando el traspaso de la hegemonía sindical a la CGT oficialista.
Pero volvamos a 1921. En Gualeguaychú, el aire estaba cargado de pólvora. La Plaza Independencia (hoy Plaza San Martín) se convirtió en el escenario de un duelo simbólico y mortal entre la Federación Obrera y la Liga Patriótica Argentina.
El Duelo de los Trapos: La Bandera Roja
El detonante no fue una demanda salarial, sino un símbolo. Los obreros federados habían izado la bandera roja en la plaza, divisa sagrada de su movimiento. La Liga Patriótica, compuesta por estancieros y brigadistas, exigió su retiro por considerarla un trapo "extranjero". En un intento por evitar un enfrentamiento, el Jefe de Policía intercedió y logró que los obreros entregaran la bandera roja para ser guardada en la Jefatura. Hubo aplausos y vítores, pero la calma fue un espejismo.
El Estallido y los Muertos
Justo cuando la bandera roja entraba a la comisaría, grupos de la Liga (algunos a caballo, otros a pie) intentaron irrumpir en la plaza con una bandera argentina. Entonces sonó un disparo. Los testimonios se contradicen sobre quién tiró primero —algunos señalaron al centro de la plaza obrera, otros a la caballería de la Liga— pero el resultado fue un tiroteo generalizado y caótico.
El saldo fue trágico. Las fuentes confirman la muerte de varios protagonistas:
Los obreros federados Ángel Silva, Celedonio Iglesias y Lorenzo Timón.
El agente de policía Fernando Rodríguez (alias Urriste), herido de bala en la médula cervical.
Posteriormente, falleció el brigadista de la Liga Hilario Rodríguez a causa de sus heridas.
Francotiradores y la Sombra de la Iglesia
El caos dio pie a graves acusaciones sobre el origen de los disparos. Múltiples testigos afirmaron que el fuego provenía del sector del Café Apolo y la Iglesia. Aunque no se probó judicialmente la presencia de francotiradores en las torres de la Catedral, la querella presentada por el obrero Abdón Peruchena fue explícita: acusó al cura párroco, Clérigo Pedro Blasón, de consentir que los atacantes penetraran en su domicilio y se apostaran en "los balcones y azoteas" para disparar contra la multitud obrera.
Falsas Acusaciones y Estrategia Judicial
En la desesperación posterior a los sucesos, los partidarios de la FORA intentaron jugar sus cartas judiciales, a veces con temeridad. El mismo querellante, el obrero federado, Abdón Hermenegildo Peruchena, acusó formalmente a Manuel Cepeda de ser uno de los atacantes. Esta acusación resultó ser una maniobra política: Manuel Cepeda era hermano del Juez del Crimen, Arsenio Cepeda. La defensa probó que Manuel estaba de servicio en la Penitenciaría ese día, revelando que la acusación era falsa y "maliciosa", diseñada únicamente para forzar la inhibición (renuncia al caso) del juez titular. Peruchena tuvo que desistir y pagar las costas del juicio.
Años después, en 1927, la causa fue declarada prescripta y todos los imputados fueron sobreseídos definitivamente, dejando la sangre derramada en la "Plaza Independencia" sin condenas penales.
Compilación: Agrimensor Patricio Alvarez Daneri
Fuentes Consultadas: