16- Año III                      D i v a g u e s

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     SIN TIEMPO Y SIN ESPACIO


          A veces, uno tiene poco tiempo pero mucho espacio. Otras veces, tiene mucho tiempo pero poco espacio y ocasiones hay en las que uno no tiene tiempo ni espacio ni ganas de tenerlos porque, en realidad, uno está en una dimensión más allá del tiempo y del espacio. En una de esas ocasiones, me encontré con un ladrón que no sabía qué robar porque, en esa dimensión, no había nada. “Estoy perdido. –me dijo- Acá no hay trabajo para alguien como yo.” Me preguntó en qué trabajaba y le dije que trabajaba de relojero. Estábamos desnudos o sea que ni siquiera podía robarme la ropa. Sin embargo, se le ocurrió secuestrarme y pedir dinero lo que a mí me pareció ridículo porque en esta dimensión nadie iba a enterarse de mi secuestro ya que él no iba a poder comunicarse con nadie. Sin embargo, me miró con cara de fascineroso y me dijo que yo estaba secuestrado y que me comportase como tal y que no me iba a pasar nada. Claro, yo pensé que por haberle visto la cara él me iba a matar porque eso lo dicen por televisión así que le rogué que no me matara. Estábamos como flotando en la nada y el tiempo no pasaba o sea que ni siquiera había que ponerse a esperar algo y, entonces, lo miré, él me miró y le dije que no tenía que seguir siendo ladrón así como no tenía sentido que yo fuera relojero. Él, entonces, me contó sus mejores robos y yo le relaté algunas experiencias interesantes de mi oficio, pocas porque, en general, se trata de un solitario trabajo de presición. Luego, como si apareciese del abismo, llegó una mujer, desnuda como nosotros. Comprobamos que su presencia nos producía cierta sorpresa pero ninguna excitación. Nos contó que en el mundo con tiempo y con espacio ella era poeta y, aunque en esta dimensión todo era distinto, la poesía podía florecer de la misma manera como si nada hubiese cambiado. Sonrió satisfecha y más tarde se entristeció como si nos tuviera lástima porque en ese lugar no podíamos practicar nuestro oficio. De pronto, nos preguntó si queríamos escucharla diciendo un poema que había creado ayer. Nos quedamos en silencio, como hipnotizados y ella nos dijo su poema:

“Estoy aquí

en el Paraíso,

flotando mansamente sin conocer agravios

Tengo recuerdos de un lugar que no era infinito

y uno tenía dolores y miedos y esperanzas.

En el Paraíso estoy

y no es un lugar,

sólo una eternidad que nos envuelve y nos salva.”

La aplaudimos porque se ve que los hábitos aprendidos en el mundo de las magnitudes que hasta ahora habíamos conocido no se olvidan tan fácilmente. Todavía nos costaba entender que ella le llamase Paraíso a ésto pero una poeta es una poeta y hay que respetarla. Esa era mi intención al menos, porque el malviviente se puso a hablar fantaseando lo que haría cuando volviésemos al mundo real y daba por seguro que la mujer sería una prostituta que trabajaría para él y que con ella ganaría mucha plata. Yo no dije nada pero me puse a pensar qué hora sería en un mundo regido por las leyes del tiempo y el espacio.

    

 

 

Jugar con las letras

            y el pensamiento:

                   sólo divagar.

 

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por

Jorge   Luis

Estrella

estrella.jorgeluis@gmail.com