16 - Año III                    P o e m a  I I I

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Ana Lucía Montoya Rendón



Ruges

 

 


Te deslizas por los pliegues de un poema descosido
en celo ruges, ausente, como la narcolepsia del rebaño.
Hambrienta feroz descarnada insatisfecha
en la próxima ronda, adelantada
deglutes trozos de "ese" manso,
a punta de dientes, zarpas y mil lenguas.
Bocados atrancados por evos en las cavidades histéricas.
Curvas ciegas de históricos caminos
sendas-fuego, evaporadas fuentes
posos secretos desecados.
Se pasea tu hambre con la boca ardiendo,
escatológica, trémula, espasmódica.
Te sostiene una columna y a esa le metes diente
volteas de otro lado
y a la otra, le chupas las mamas secas
que tu misma amputaste.
El Espíritu del Agua nada en tus entrañas
te acosa hacia el Centro
pero asomada a la ventana le ignoras
porque tu mirada está fija en un trozo del Carnero.
Alguien espera tu cambio de vestido,
pues el de cuatro colores lo encandila
le hiere, lo inhibe, lo asesina.
A lo lejos se mece una Novia
hamacada en miles de brazos
y pintada con plata de la Luna.
Desde el cenit tres vigilantes la miran,
un Mensajero, Venus y el Pastor,
pero esa Novia engreída en erupción,
patalea, convulsiona, los aleja.
Raspa con las uñas
hasta cercenar el vínculo,
quiere contagiar
pero el contagio no se da
porque, cada uno tiene la vacuna
en su propia enfermedad.
Unos pocos se curan con "pétalos de margaritas"
los otros, mayoría, con dolores de tus entrañas.

No te engañes Novia Loca,
aúllas en el Valle de los Muertos
y tu celo arde pero lo has escatimado.