Historia

Semblanza de la Historia Masónica

Difícilmente una organización iniciática de carácter universal sea constantemente idealizada, o bien asociada con teorías de la conspiración o, prácticas heréticas como lo es la Institución Masónica, misma que a través de la historia y en distintas partes del orbe se ha visto que ha experimentado cismas, persecuciones por parte de regímenes totalitarios, triunfos, así como también se ha visto que en su seno ha agrupado a personajes antagónicos entre sí, lo cual obedece a que la institución da cabida a libres pensadores que suelen diferir en determinados puntos de vista.

En tal virtud, es necesario despojar la mente de prejuicios a efecto de concebir en su justa dimensión a la masonería, ya que resulta inadecuado satanizarla, como también deviene inexacto considerarla como la partera de todas y cada una de las virtudes de que se ha visto beneficiada la humanidad en su paso por el tiempo.

Ahora bien, de manera coloquial suele escucharse la expresión en el sentido de que los orígenes de la masonería se pierden en la noche de los tiempos, lo cual sólo quiere significar que, la Institución Masónica recoge las enseñanzas iniciáticas de civilizaciones tales como la egipcia, mesopotámica e hindú, entre otras, a lo largo de la historia. Sin embargo ese cúmulo de conocimientos se vería concretado y plasmado en un sistema de principios, normas y valores hasta la Europa medieval, a través de los gremios de constructores, cuya organización es idéntica a la de una logia simbólica, que es el recinto donde tiene lugar las reuniones de sus miembros, es decir, en tres grados jerárquicos, a saber, aprendiz, compañero y maestro.

Hacia el año de 1717, un día veinticuatro de junio, en una taberna ubicada sobre los suburbios de Londres, tuvo lugar una reunión entre hombre que provenían de las logias de la ciudad, mismas que agrupaban a los constructores. A dicha reunión acudían tanto constructores operativos, como hombres cuyos oficios no se vinculaban con la construcción de edificios materiales. ¿Qué clase de asociación podría reunir en una taberna inglesa de principios del s. XVIII a artesanos, burgueses, filósofos y nobles?

Era habitual en dicho contexto que los masones se reuniesen en tabernas. De hecho, las logias convocadas a la reunión llevaban por nombres las tabernas donde tenían su asiento.

Los procesos sociales y económicos habían transformado considerablemente la realidad, de suerte tal que los masones ya no se dedicaban a construir catedrales ni abadías, tampoco se construían castillos. Los cañones y los ingenieros militares hacían perder efectividad a las antiguas murallas, que habían dejado de ser inexpugnables desde el advenimiento de la pólvora.

Muchos masones habían emigrado a Escocia, pues allí todavía se construía con dinero de la Iglesia, y los cuerpos eclesiásticos aún guardaban fidelidad a Roma. Sin embargo, en Inglaterra había cambiado el panorama. Los masones ingleses ya no recordaban los días en que las logias comenzaron a poblarse de hombres ajenos al oficio de la construcción, denominados los “aceptados”, quienes ahora hablaban de un Tempo simbólico, y no de piedra, sino de materia etérea e invisible, mismo que se erigía sobre un plano ideal, al cual el hombre llegaría con el esfuerzo de la razón, y el dominio de su naturaleza terrestre.

En tales circunstancias cobraba cada vez más mayor vigencia la necesidad de reconvertir al gremio, conservando la tradición propia del pasado que los mismos albañiles habían trazado.  

Aquella reunión de junio, había sido propiciada por los aceptados. Su objetivo era construir una Gran Logia, un gobierno agrupara a las logias de Londres y les diese un Estatuto común, en el que se enmarcaría el sentido y el objeto de la fraternidad, asimismo se fijarían los antiguos linderos “Landmarks”, y se establecería la calidad de “aceptados” en relación a los masones ajenos al oficio.

Tales planteamientos generarían un cisma y polaridad, hubo quienes abandonaron la reunión, pues no estaban dispuestos a reconocer la autoridad de los aceptados, ni a claudicar sus usos y costumbres. Pese a tales adversidades, cuatro logias permanecieron firmes y se constituyeron en asamblea. Aquella noche nacía la Gran Logia de Inglaterra, y a partir de ese momento la Historia tendría por protagonista a una institución, la Augusta Institución Masónica, que contribuiría a cambiar en lo sucesivo el mapa geopolítico del mundo.

La Institución en su tránsito por el tiempo, ha visto el nacimiento de ritos diversos, que la interpretan y estudian, en función de características determinadas, conservando siempre un lenguaje universal, con independencia de la existencia de ritos. Sin embargo, la interpretación de la Institución y sus principios por parte de los distintos ritos que la integran, ha sido objeto de cismas, tal y como sucede con las relaciones entre los gobiernos de la Masonería Simbólica, que es aquella dividida en tres grados (aprendiz, compañero y maestro) y la de los Altos Grados, pues dichas relaciones han sido a menudo tensas y han dado lugar a disputas, provocadas generalmente por la pretensión de los Altos Grados de erigirse como árbitros de la doctrina masónica y censores de la acción de las Grandes Logias. Lo cierto es que, hay corrientes masónicas que solo aceptan la existencia de los tres grados tradicionales, en concordancia con lo estipulado por los Landmarks. 

En tales condiciones, del seno de las logias conformadas bajo los términos del paradigma que representaría la Gran Logia de Inglaterra, surgirían movimientos tales como la Revolución Francesa, La Independencia de las Trece Colonias, que posteriormente formarían los Estados Unidos de Norteamérica, la Independencia de los países latinoamericanos, la República Española, las constituciones liberales del mundo, los movimientos más insignes de nuestra Patria, Independencia, Reforma y Revolución.


Asimismo los preceptos y valores inculcados en las logias formarían a lo largo de la historia hombres como Moliere, Rousseau, Montesquieu, Isaac Newton, Abraham Lincoln, Wolfgang Amadeus Mozart, George Washington, Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Benito Pablo Juárez García, José de San Martín, Simón Bolívar, José Martí, Antonio Machado, Anselmo Lorenzo, Winston Churchill, Manuel Azaña, Vicente Blasco Ibáñez, Giuseppe Garibaldi, entre muchos otros, quienes han contribuido a demostrar que los beneficios de la masonería, salen del recinto hermético donde se aprenden para redundar en el progreso humano a través de la construcción de obras inmortales, cuya trascendencia nos invita a perpetuarlas a través del trabajo, observando siempre los más nobles principios y valores que rigen a la Gran Familia Masónica esparcida por el Universo. 




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