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LECTURA, LIBROS Y BIBLIOTECA.

 PROPUESTA DE POLÍTICAS 

PARA  EL PLAN MUNICIPAL DE LECTURA

 Ponencia elaborada por German Chapeta, en nombre de Fundaleer

En el contexto de este evento y con la presencia de personas como ustedes es de especial relevancia compartir algunas reflexiones orientadas a la construcción de políticas para un plan Municipal de lectura. Por consiguiente nuestra intervención es una invitación a validar nuestra perspectiva y a proponer nuevos ejes que den pautas para que dicho plan provoque cambios,  preserve el patrimonio cultural, amplíe la expresión cultural, fomente el rigor científico y la originalidad  y coloque la lectura en el centro de las preocupaciones de todos los sectores para que todos sean sus aliados, dentro de una perspectiva continuada, para no quedar excluidos de la sociedad del conocimiento, la sociedad del nuevo siglo.

 

Nuestra intervención girará en torno a tres tópicos:

 

1.      En busca del lector habitual

2.      Un horizonte para el Plan Municipal de lectura

3.      Propuesta de políticas orientadoras del Plan Municipal de lectura

 

1. EN BUSCA DEL LECTOR HABITUAL

 

Para hablar de libros, lectores y bibliotecas nos parece apropiado referirnos a los estudios que se han realizado a nivel nacional en un intento de caracterizar la lectura, sus actores y escenarios para comprenderlos y proponer pautas orientadores para hacer de la lectura un patrimonio de todos.

 

Durante el segundo semestre del año 2000 se realizó la aplicación de una encuesta sobre hábitos de lectura y consumo de libros de los colombianos. Fue  patrocinada por la Cámara Colombiana del Libro, el Ministerio de Educación, el DANE, el Centro Regional para el Fomento del Libro  en América Latina y el Caribe CERLALC, la Fundación para el Fomento de la Lectura- Fundalectura y el Ministerio de Cultura.      

 

Los resultados de la investigación (DANE, 2000, 175) muestran  quiénes son los lectores en Colombia, cuántos libros tienen en sus hogares, cuántos libros leen al año, qué tipo de lectura realizan,  cuál es su situación socioeconómica, qué uso hacen de las bibliotecas, cuántas horas semanales leen, cuál es su edad y nivel educativo entre otras características. Este panorama brinda una mirada global pero indicadora de la situación y permite que el  sector educativo, cultural, editorial,  medios de comunicación, la familia y la sociedad toda orienten  la ejecución de sus políticas y  acciones  para mejorar la fotografía tomada por la encuesta.

 

Para  el ámbito regional y local  el estudio en  mención es también una  invitación para conocer más de cerca lo que está ocurriendo con el libro, la lectura, la escuela, la biblioteca y el sector editorial. Representa una sensibilización sobre la problemática que es  necesario complementar  y profundizar con nuevos aspectos para  caracterizar  la situación en el Departamento de Santander. Quizás un estudio complementario de corte cualitativo nos ayude a comprender mejor  las concepciones que la familia, la escuela y la biblioteca tienen sobre lo que es leer y escribir, sobre  el sentido de su aprendizaje y su enseñanza, sobre el valor mediador de los adultos (padres, maestros, bibliotecarios) o mejor como dice Ana Maria Machado, habrá que invertir la indagación para preguntarnos “¿Qué pueden hacer los niños para que los adultos (padres, profesores, bibliotecarios) lean más? ¿Cómo pueden enseñarles los niños que el imperativo de los verbos amar y gustar es pu­ramente retórico? Mejor dicho, no es posible ordenarle a alguien: “¡Ame!” o “¡Guste!””(Machado, 2000,32)

 

 La situación lectora de Bucaramanga y su área metropolitana  supera el promedio nacional de lectores habituales mayores de 12 años. 70 de cada cien ciudadanos de esta región geográfica se han declarado  lectores de libros, revistas, periódicos e Internet. En este sentido es interesante preguntarnos qué es para nosotros y para la encuesta un lector habitual?. ¿Quiénes realizaron la encuesta?, ¿quiénes la respondieron?, ¿por qué aparece un alto número de lectores cotidianos y por la misma época las evaluaciones del Ministerio de Educación nos dejaban  muy mal escalafonados en cuanto  a competencia lectora.? Si observamos los espacios de la ciudad como los bancos, las calles, las salas de espera,  los parques, las iglesias, los patios de las escuelas, las salas de los profesores en escuelas y colegios, las oficinas de los funcionarios y los bibliotecarios, u otros lugares podremos ver a la gente hablando por teléfono, escuchando música,  jugando, o tal vez leyendo en un porcentaje del 70% tal como se declararon las  personas entrevistadas por el DANE? 

 

Sorprende que los estudiantes se declaren en un 93% como lectores habituales. ¿Qué actos lectores se contabilizan para incrementar esta cifra?, ¿Se  ha superado la lectura obligatoria de obras literarias?, ¿Adquieren los hogares el periódico todos los días?, ¿Se han incrementado las ventas en las librerías y ferias del libro?, ¿los usuarios escolares de las bibliotecas ya no las visitan para hacer tareas y consultas obligadas?. Nuevamente pregunto y me pregunto qué es ser un lector habitual,  qué  lee un lector habitual,  por qué  y para qué lee el lector habitual? No se estará confundiendo el lector  funcional con  el lector autónomo. Es diferente leer todos los días el letrero del bus para dirigirnos al estudio o al trabajo o leer las denominaciones de los billetes para hacer los pagos del día a día que leer la propia  vida para mejorarla, leer la experiencia para sistematizarla,  leer  la realidad social para cuestionarla y transformarla, leer los mundos  de la realidad literaria para fantasear o descubrir nuestras raíces, leer  sobre ciencia y tecnología para encontrar respuestas a  problemas prácticos de la vida.

 

Otra curiosidad  de los resultados de la encuesta se refiere  al porcentaje de lectores mayores de doce años según la ocupación laboral. Se han declarado lectores habituales el 93% de los profesionales y los técnicos, el 88% de los directivos, el 78% de los administrativos, el 65% de los comerciantes y vendedores, 59% de los trabajadores de los servicios,  el 56% de los operarios no agrícolas y el 51 de los  trabajadores agrícolas.  ¿Se podrán relacionar estas cifras con  la  eficiencia,  productividad, liderazgo, honestidad,  creatividad y calidad humana del sector productivo de la región?

 

Los ciudadanos debemos tener el cuidado de no interrumpir a los lectores habituales de Bucaramanga y su Área Metropolitana pues han declarado que dedican a la lectura,  un tiempo promedio de 5,1 horas a la semana. Es decir una hora diaria en la semana laboral. Ahora  me explico por que a veces hay que esperar tanto para que nos atiendan en cualquier oficina. Este tiempo, según dijeron,  es el dedicado a la lectura hecha por gusto o entretenimiento, “en adición  al tiempo dedicado a la lectura  de libros por estudio o por razones de trabajo” (DANE, 2000, 129)  Al cruzar esta información con el número de libros leídos  en el último año en la región,  por habitante se encuentra que es de  1,9 casi dos libros al año. ¿Cuántas horas al año  se gastan leyendo un libro los lectores santandereanos?

 

En cuanto a la adquisición de los libros, se encontró que  27 de cada cien lectores del Área Metropolitana compran libros nuevos, el resto lee libros usados, prestados por particulares o bibliotecas o fotocopiados.  Este hallazgo es coherente con el tamaño de la biblioteca familiar de los santandereanos.  El 74.9% de los hogares tienen una biblioteca menor de 50 títulos, el 16,9% cuentan con una biblioteca familiar de hasta 100 libros y sólo el 1,9% posee más de 100 libros en su colección.

 

La visita a la biblioteca  pública en el área Metropolitana  es  practicada por  30 de cada 100 lectores. De ellos prestan de libros el  47.5 % cifra ligeramente superior al promedio nacional.

 

Desde otra perspectiva el documento CONPES 3222 de abril del 2003 cita un estudio de la Biblioteca Nacional, Grupo de Bibliotecas Públicas, 2002 que indica la  existencia de  68 bibliotecas públicas  ubicadas en 48 municipios del Departamento. 39 municipalidades no tienen  biblioteca pública, lo cual  representa un déficit del 45% en cobertura.

Antes que proponer ya  líneas de acción para políticas de lectura en la ciudad o el departamento, sin tener una investigación propia que de cuenta  de la realidad  a transformar, parece pertinente plantear la necesidad de indagar más  para descubrir   y caracterizar mejor el comportamiento lector de los lectores y mediadores culturales. No está sistematizada la situación de los actuales bibliotecarios, cuál es su estabilidad laboral, qué tanto rotan estos puestos, están bien remunerados, tienen el perfil académico pertinente, hay un plan permanente de formación y actualización, qué programas móviles existen, qué resultados han dado,  qué presupuesto tienen las casas de la cultura y las bibliotecas municipales, cómo es la cultura científica y la calidad de la enseñanza en las escuelas públicas que no poseen biblioteca escolar, que tan lectores son los bibliotecarios y los maestros pues como afirma Ana María Machado:

 

  En términos bien simples, estoy convencida de que lo que lleva a un niño a leer, más que cualquier otra cosa, es el ejemplo. De la mis­ma manera que aprende a cepillarse los dientes, a comer con cuchillo y tenedor, a vestir­se, calzarse y tantas otras actividades cotidia­nas. Desde pequeño ve a los adultos hacién­dolo. Entonces, también lo quiere hacer. No es natural, es cultural. En los pueblos en los que se come directamente con la mano, de nada sirve darles cuchillo y tenedor a los ni­ños si nunca han visto a alguien usarlos. Eso resulta tan evidente que no tiene caso insistir. Si ningún adulto alrededor del niño acostum­bra a leer, difícilmente se va a poder formar como lector” (...)

 

 Decimos que leer es bue­no, y útil, e importante, estimulamos a los niños a leer. Pero se nos olvida ponernos que acuerdo ...con los profesores. Y ellos no juegan como se esperaba que jugaran. No leen, no viven una buena relación con los libros, ni útil, ni impor­tante. Sin eso, no dan ejemplo y no consiguen contagiar una pasión verdadera por los li­bros, y sin pasión, nadie lee de verdad. No contagian el vi­rus porque no son portadores. Siempre hay excepciones, cla­ro, maestros maravillosos e in­ventivos, apasionados, que transmiten el fuego sagrado a la generación siguiente.

 

Tuve maestros así, a quienes agra­dezco y rindo homenaje, pues su contribución a mi forma­ción de lectora y de persona humana es inestimable. Pero ellos también fueron formados de una manera diferente. No sé cómo es la formación de los maestros hoy en día, pero con certeza en general a ellos no les despertaron el entusiasmo por la literatura y, sin eso, no están preparados para trans­mitirles a los jóvenes lo que ellos mismos no tienen. No creo que nadie le enseñe a otra persona a leer literatura. Por el contrario, estoy con­vencida, de eso sí, de que una persona le pasa a otra la reve­lación de un secreto: el amor por la literatura. Es más una contaminación que algo que se enseña. (2000, 32-33).

 

2.      UN HORIZONTE PARA EL PLAN MUNICIPAL DE LECTURA

 

Colombia no tiene esperanza de sobrevivir si no se incorporan

muchos elementos de cultura científica a la cultura

de todos los colombianos.

José Luis Villaveces Cardoso

 

En esta parte queremos proponer  como horizonte para el Plan Municipal de lectura la formación para la cultura científica de los bumangueses ya que creemos que formar lectores como capital intelectual para el desarrollo de la ciudad se constituye en un gran reto para el despliegue y la acción de la escuela y de las bibliotecas; todos sabemos que contamos con seres humanos dispuestos, desde sus primeros años, a dejarse deslumbrar por el  conocimiento y de la misma manera dispuestos a dedicar mucho tiempo y esfuerzo en la búsqueda de respuestas a grandes preguntas. Así mismo contamos con padres, maestros y bibliotecarios que pueden crear condiciones de estímulo para canalizar y fortalecer el espíritu investigativo a través de las distintas etapas de la vida escolar.

 

Sin embargo la situación que vivimos parece indicar que ni la familia, ni la escuela ni la biblioteca han comprendido la importancia que tienen en la formación de la cultura científica del pueblo colombiano, que en el Siglo XXI se constituye en un factor de supervivencia nacional como leemos en el artículo de este nombre escrito por José Luis Villaveces. En su análisis Villaveces  afirma que el problema de Colombia es “no saber...No saber lo que queremos y por eso no ser capaces de lograr resultados positivos en ello. Los problemas de Colombia son, en último término, problema de ignorancia” (2002,11-12). Y agrega que se trata de la ignorancia y el escaso manejo del conocimiento de quienes toman las más importantes decisiones del país: los industriales y empresarios que no han incorporado el conocimiento como fuerza productiva a sus empresas y que, aduciendo una supuesta “practicidad” o un pretendido “pragmatismo” argumentan que no tienen tiempo para pensar en lo que hacen y en lo que desean y por ende toman decisiones rápidas y poco reflexionadas” (12)

 

Bibliotecarios y maestros deben ser aliados para superar la dependencia intelectual de nuestros conciudadanos. Por eso, las afirmaciones anteriores plantean, a la vez, un cuestionamiento, en su papel, a estos formadores de lectores así como  una invitación.

 

Un cuestionamiento en el sentido de que ni la biblioteca colombiana ni la escuela han sabido aprovechar las competencias intelectuales propias del género humano y han formado a su juventud y a quienes toman las grandes decisiones del país con una actitud de rechazo hacia todo aquello que significa precisamente lectura, escritura, investigación y capacidad de pensar.  Por eso, aún después de pasar por la escuela y la universidad, los colombianos desconocen los fundamentos investigativos y su importancia para innovaciones competitivas, de alto nivel. Al formar a los estudiantes al margen del proceso investigativo los ciudadanos del común pero también los  empresarios, ministros y dirigentes no constituyen el capital intelectual que requiere nuestro país, porque no saben usar la información, ni servirse de ella y porque desconocen también la manera cómo otros, a través de la historia científica, han resuelto los problemas de la humanidad; de esta manera no es de esperar que puedan desempeñarse competitivamente en la sociedad del siglo XXI que demanda una gran capacidad para convertir la información en conocimiento.

 

El mismo Villaveces afirma: “Lo primero que se necesita para generar uso de razón y capacidad de usar el conocimiento para resolver problemas es que el [bibliotecario] y el docente sepan hacerlo y generen condiciones para que los estudiantes puedan ensayar por su propia cuenta a hacerlo también.  (...) Los problemas de Colombia se reducen en último término a la pésima relación con el conocimiento que tienen quienes manejan hoy el país y que la culpa principal de esa situación es de quienes fueron sus profesores...(16)

 

Una invitación que expresa una amplia confianza en el bibliotecario y el maestro  como formadores de lectores, lo cual significa formadores de pensadores, del capital intelectual y humano que necesita el país en tiempos modernos. Es urgente, entonces, que una política de lectura para Bucaramanga pudiera tener como columna vertebral el reconocimiento de la ciencia como el motor de desarrollo de la ciudad, y por ello el  propósito de la biblioteca y la escuela debe ser acercar la cultura científica al mayor número de niños, jóvenes y bumangueses en general.

 

Desde esta perspectiva queremos proponer como ejes articuladores de las políticas municipales de lectura, entre otras,   las siguientes:

 

 

1.      CREACIÓN DE UNA CULTURA CIENTÍFICA.

 

La creación de una cultura científica debe ser liderada  por bibliotecarios y maestros que:

 

i) Se reconozcan como sujetos del acto investigativo;  se constituyan en investigadores mediante el ejercicio crítico de la investigación, fundamentándose en el estudio del camino seguido por quienes han creado los pilares de la ciencia

ii) Conozcan la realidad de su país y el aporte que pueden ofrecer desde su área si ponen en juego su postura de curiosidad para indagar, para buscar, para dar respuestas innovadoras a los desafíos de la ciudad;  para tomar la iniciativa, encontrar opciones, soluciones a necesidades, producir satisfacción intelectual, científica y formar en actitudes y valores ciudadanos que propicien en los ciudadanos mayores niveles de participación y autogestión

iii) Asuman una relación con el conocimiento que permita a niños, jóvenes y adultos; personas del común y líderes de la  localidad ser protagonistas de la investigación, mediante el desarrollo de proyectos y alternativas que, desde espacios privilegiados como la escuela y la biblioteca,  mantengan, fortalezcan el amor por el conocimiento e incentiven el interés de niños/as, jóvenes, graduados y postgraduados por la ciencia y la tecnología.

iv)  Generen  estrategias investigativas que permitan a nuestra población interactuar con el conocimiento y socializarlo tanto en su contexto como en otros escenarios. Que posibiliten a la ciudadanía su interacción en los más diversos espacios en donde los  conceptos y procedimientos le exijan competencias críticas, reflexivas, argumentativas, propositivas, etc,

v)Se conviertan en  intelectuales capaces de producir intelectualmente; que sean a la vez lectores, escritores, investigadores; que puedan sistematizar los resultados de su investigación y compartirla con pares investigadores ubicados en cualquier parte del mundo; que ciudadanos a su cargo,  tengan la oportunidad de conocer la producción intelectual de sus docentes y bibliotecarios  y que puedan formar parte de los colectivos de investigación que aglutine bibliotecarios, maestros, estudiantes, directivos, padres y miembros de la comunidad.

 

En fin,  una formación científica no puede ser construida sino por  bibliotecarios y docentes  capaces de  indagar los caminos para crear, desde la lectura, es decir desde la escuela y la biblioteca,  una cultura científica  “desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quienes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma (...) que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar”(García Márquez, 1995).

 

Desde esta perspectiva maestros y bibliotecarios podrían comprometerse con un Proyecto Regional, local o institucional de formación y actualización permanente para la gestión del conocimiento   y la formación de lectores enmarcado en el propósito de formación de la cultura científica. Para el efecto vale la pena constituir un Comité Asesor de lectura en los niveles propuestos.

 

2. COOPERACIÓN   ENTRE LOS DIFERENTES SECTORES PARA QUE LA LECTURA SE CONVIERTA EN ASUNTO DE TODOS

 

Uno de los mejores y mayores logros de una política de lectura es promover la apertura de pensamiento de bibliotecas, escuelas, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales para proponerse y adelantar proyectos y actividades conjuntas de integración que les permita brindar resultados en términos de acciones, producción intelectual, tecnología y conocimiento que contribuyan a formar el capital intelectual y humano que requiere nuestro país. De esta manera se inscribirían en organizaciones que aprenden de manera creativa, autotransformadora y cooperativamente,  promoviendo maneras superiores de relación con el mundo, optimizando tiempos, espacios y ambientes ricos y estimulantes para  el desarrollo del potencial humano y la participación colectiva en la creación cultural.

 

Es necesario establecer alianzas estratégicas de conveniencia mutua para enfrentar los retos del conocimiento, la economía y ser partícipes en lo social para dar respuesta a los problemas y necesidades sociales, políticos, científicos, culturales entre otros.

 

En un país con escaso índice de verdaderos lectores y con grandes deficiencias en sus bibliotecas y en la educación es importante aunar esfuerzos para que a través de estos espacios se ofrezcan las oportunidades para formar lectores con competencias de orden superior que puedan participar competitivamente en el concierto local, nacional e internacional.

 

Desde este punto sería conveniente conformar proyectos tales como:

 

-          Proyecto bibliotecas-escuelas y centros de desarrollo  cultural, científico y  tecnológico.

-          Proyecto bibliotecas-sector productivo.

 

 

3. FINANCIAMIENTO DE LA BIBLIOTECA Y DESARROLLO DE PROGRAMAS DE FORMACIÓN DE LECTORES.

 

Teniendo en cuenta la importancia de formación de lectores en la sociedad del conocimiento, la inexistencia de bibliotecas adecuadamente dotadas y sin recursos financieros, es necesario promover la autonomía para el manejo de los recursos propios y de los asignados por el municipio. De esta manera se compromete al gobierno municipal en la apropiación de los recursos necesarios para cada vigencia que permitan realizar los proyectos, programas y demás iniciativas de los bibliotecarios.

 

En este marco se propone El Proyecto de Creación, fortalecimiento y direccionamiento de recursos financieros provenientes del Municipio y del sector privado  para los procesos mencionados.

 

Este proyecto debe inscribirse dentro del Plan de desarrollo Municipal y Departamental para asegurar la autosostenibilidad.

 

4. CREACIÓN DE MECANISMOS DE COMUNICACIÓN Y DIVULGACIÓN DE LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA EN LA VIDA DE LA CIUDAD.

 

Para la construcción de una sociedad lectora es indispensable la vinculación de los diferentes medios de comunicación que como aliados de la lectura promuevan el comportamiento lector de los diferentes grupos de la población. En este sentido se propone adelantar el Proyecto de divulgación de los acervos culturales a través de los medios de comunicación.

 

 

 

Es este el legado que los bibliotecarios y  maestros pueden dejar a su ciudad y a los ciudadanos que conformarán la sociedad del  conocimiento, la sociedad del siglo XXI.

 

 

 

 

DANE. Hábitos de lectura y consumo de libros en Colombia. Bogotá: Fundalectura. 2001. 175 p.

 

MACHADO. Ana María. Entre vacas y gansos: escuela, lectura y literatura. En: Revista Hojas de Lectura No 55, Abril de 2000. Bogotá: Fundalectura. p 30-37