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Los sueños y la síntesis

publicado a la‎(s)‎ 13 feb. 2016 18:54 por Gerardo Blanco   [ actualizado el 14 feb. 2016 22:41 ]

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
La vida es sueño, Calderón de la Barca, acto segundo, soliloquio de Segismundo.



Introducción
Hay dos ideas que vengo desarrollando en mi cabeza desde hace un tiempo y como existe una conexión entre ellas, consideré escribirlas juntas, a pesar de sus diferencias.
La primera idea es sobre los conceptos de síntesis y resumen, a partir de la obra "El hombre que amaba a los perros", de Leonardo Padura.
La segunda es sobre los sueños y la realidad, a partir de la película El origen, de Christopher Nolan.

1-Síntesis y Resumen
Sin consultar el DRAE, bien podríamos decir que un resumen es una manera de reducir, achicar o abreviar un discurso. Muchas veces consideramos que una síntesis es lo mismo. Pero una síntesis es una composición del todo por sus partes. Si el resumen se parece a la operación matemática de la resta, la síntesis se parece a la suma.

Desde el punto de vista de la dialéctica, una síntesis es una superación de la contradicción entre tesis y antítesis. Tal superación contiene elementos de ambas, pero no en forma equitativa: o bien predomina la tesis o bien predomina la antítesis. Si una resta supone una menor complejidad (o mayor simpleza, que no es lo mismo que simplismo), una suma implicaría una mayor complejidad en la que el todo es mayor a la suma de las partes.

La novela "El hombre que amaba a los perros", de Padura narra un período histórico vinculado a la revolución rusa post-Lenin, es decir, Estalinista, a través de dos personas (y no sólo personajes de novela, sino históricos) como fueron Trotsky y Mercader. "Mi vida", de Trotsky narra algo similar, con mayor amplitud histórica.

Pero la obra de Bronstein se parece más a un resumen, aunque tenga 700 páginas. Lo es, a pesar de la cantidad de hojas, ya que la historia es mucho más compleja, repleta de hechos y eventos significativos durante casi cinco décadas. Contar todo lo ocurrido en ese período es ciertamente un resumen, aunque tiene elementos de síntesis.

La novela histórica de Padura, tiene más de síntesis que de resumen. Ya que además de las voces (en tercera persona del singular) de los personajes históricos antes citados, hay otra, la del narrador, que une ambas historias a partir de su encuentro  en una playa cubana con un sujeto oscuro que paseaba a sus borzoi (galgos rusos) y que le contó una historia. Al final hay una cuarta voz, pero lo importante es que el narrador principal relata cómo se fue dando cuenta de que ese López que ama a sus perros y los pasea alegremente, no es quien dice ser, sino, en verdad, el sujeto (sujetado) que fue la herramienta del Buró para clavar un piolet en la cabeza al "enemigo número 1".

Ese narrador (Iván Cárdenas), que bien se podría pensar que es autobiográfico (alguna pista deja Padura en las notas del final y ciertamente se le parece, ya que es un escritor cubano), y que según la novela estaba a favor de la revolución de la Utopía, empieza a "despertarse" de un largo sueño que, finalmente, empieza a percatarse de que fue una verdadera pesadilla. El relato en su conjunto da como síntesis esa compleja contradicción entre la necesidad de cambiar el mundo a favor de las masas desprovistas que inspiró grandes esperanzas, y el derrumbe total de esos ideales en el socialismo tergiversado que efectivamente se llevó a cabo.
Y digo que es un claro ejemplo de síntesis porque aunque pueda percibirse mayor cantidad de decepción (como si pudiera medirse), ese sentimiento que linda con la resignación es producto, al mismo tiempo, de una esperanza que aún, a pesar de todo, no se pierde. Es la combinación de ambas sensaciones, pensamientos y análisis lo que da por resultado algo que es complejamente contradictorio, y contrario al reduccionismo.
A pesar del fracaso efectivo e histórico de esos sueños devenidos pesadilla, el sueño permanece, aunque herido y desconcertado.

En un nivel más profundo, podría decirse que la novela plantea la compleja contradicción entre muy distintos ideales, pero que, al mismo tiempo, son parecidos. Al fin y al cabo, Trotsky y Stalin eran comunistas. El hombre que amaba a los perros (borzoi) era el asesino, aunque la portada del libro muestra al asesinado con dos perros. En definitiva, tal como señala la obra, al exiliado también le gustaban los perros, particularmente los galgos rusos.
Como en el juego literario de matices de sinonimia, en los que es posible pasar de "blanco" a "negro" usando sólo sinónimos, podríamos caer en la consideración literal (¿positivista?) de que por transición, blanco y negro son lo mismo, ya que si a=c y c=b, entonces, a=b. Pero los sinónimos no son palabras iguales. Son parecidas. Y a medida que los usamos incrementalmente, se suman esas pequeñas diferencias en un proceso de divergencia.

De allí la importancia de volver a un viejo problema: ¿cómo distinguir lo igual de lo diferente? Ya Platón abordaba la cuestión en su "El sofista o del ser". Esta cuestión de fondo es medular al momento de diferenciar lo real de lo onírico.

2-Los sueños y El origen.
Ciertamente, la novela de Padura tiene que ver con los sueños, en un sentido de esa palabra.
La película de Nolan, usa el concepto psicoanalítico de sueño, proponiendo la posibilidad de realizar "sueños compartidos" en los que una persona (o varias) se meten en el sueño de otra. El nudo de la película reside en el concepto de "origen" que se devela mejor al final: el personaje de Leonardo DiCaprio y el de Marion Cotillard (que hacen de pareja), realizan un sueño compartido mucho tiempo. En ese sueño crean una "realidad soñada", al punto de que ella no quiere salir de ese sueño, al que pasa a considerar la realidad. 
La dificultad en diferenciar sueño y realidad viene de lejos, como se indica al inicio de esta nota al referir al texto de Calderón de la Barca.

Para que su mujer salga de ese sueño, DiCaprio hace un "origen": Insemina en ella la idea de que eso que cree real es un sueño y que sólo se sale de él, suicidándose, ya que en los sueños eso permite despertar a la realidad. Lo hacen y vuelven al mundo real. Pero la idea permanece en ella, que por tanto piensa que esa realidad (que ahora sí sería real) es un sueño y que sólo se sale de él, suicidándose para poder despertar. Y se mata (pero esta vez de verdad, ya que no era un sueño). El final de la película deja un interrogante abierto.

Me permito comparar esta trama con el capitalismo y el socialismo.

El socialismo moderno, el de Marx y Engels, despertó a varias generaciones de un sueño, aunque muchos nunca despertaron. El socialismo enseña que el capitalismo es un sueño, una ilusión. No gobiernan los que saben, los mejores, los que están por encima del resto, no forman parte de una casta especial. Gobiernan los que poseen los medios de producción que explotan a los que no los poseen, extrayéndoles la plusvalía.
El capitalismo se presenta  como una superación. Lo fue, sin dudas, respecto del Antiguo Régimen feudal-medieval. Pero se presenta también como la última superación, la máxima cúspide humana que no puede ser superada. La enseñanza capitalista oficial enseña (adoctrina) que el Estado está por encima de las contradicciones sociales, pero que no hay una lucha de clases entre poseedores y desposeídos, sino una relación recíproca "equitativa" que asegura el "progreso".

El socialismo nos permitió despertar de un histórico letargo.

Pero ese socialismo teórico marxiano fue luego llevado a la práctica. Primero en la Comuna de París, luego un primer atisbo en la rusia zarista de 1905 para explotar finalmente en 1917 (hace casi un siglo), primero por una burguesía y luego por el proletariado.
Aquel socialismo histórico cayó en lo mismo que el capitalismo, en un sentido, al considerarse la última superación posible. No por nada La internacional canta:  "La Tierra será el paraíso, patria de la Humanidad"

Si el socialismo se considera la máxima superación de todas, aquella que elimina para siempre toda contradicción social (que al mismo tiempo se piensa como el motor de la historia), lo que supondría que se llegará a un estado (Estado) perfecto, sin imperfecciones ni contradicciones de ninguna clase, entonces se cae en otra ilusión en nombre de la cual se cometen todo tipo de fechorías.
Tales fechorías nacen de este concepto llevado a la práctica por Stalin, pero no surgieron por generación espontánea. Las purgas y censuras durante el período de Lenin, así como la masacre de Kronstadt, han sido interpretados luego como las semillas que permitieron la degeneración total.

El socialismo nos permitió salir de un sueño, pero nos metió en otro. Ahora, ¿cuáles son las alternativas?
Están los "arrepentidos" que consideran que si todo fue un sueño, entonces el capitalismo es real y no una ilusión. Como en Matrix, la traición de Cypher debe entenderse como aquella ideología por la cual para ser feliz es menester desconocer la realidad, guiándose por las apariencias. Ojos que no ven...

Están los "cabeza dura", es decir, los que consideran que hay que volver a intentarlo, de la misma manera. Por tanto, a todo aquel que se oponga a la política del Partido, aunque no se lo asesine (como hacía "El padre de los pueblos"), se lo ignora, aísla, desconoce, en actitud facciosa. El impedimento de los debates internos es el puntapié para la censura y el pensamiento único. La falta de autocrítica (que no es lo mismo que la culpa, sino un balance que permite corregir), es otro. El autobombo y la autoproclamación ("Nosotros sabemos cuál es el camino correcto y los demás son enemigos"), intentan impedir las divisiones y contradicciones que realmente existen, imponiéndose la política del Buró en nombre del cual hay que actuar sin preguntar demasiado. 

Si el marxismo se ha pensado como la anti-ideología, ya que se consideró que las ideologías fueron y son una manera de justificar la lucha de clases, entonces el socialismo histórico cambió una ideología por otra.

No sé exactamente qué piensa Padura. Pero hay bases suficientes para entender que es cierto que el socialismo permite despertar de una ilusión. En este sentido, no hay marcha atrás para algunos de nosotros. 

¿Qué nos queda? Nos queda la teoría, pero también la praxis, de la cual hay que aprender. Todavía hoy se postula que -cual Escila y Caribdis- hay que elegir entre fascismo y stalinismo. Coincido con aquellos que entienden que es una falsa elección ya que en ninguno de los dos casos se logra una superación, sino un retroceso. Pero hay que tener cuidado, porque entre las minoritarias filas de aquellos que así pensamos, también hay elementos divisionistas, egocéntricos, electoralistas, sin autocrítica genuina y con algo de autoproclamación.

Además de la Revolución Permanente, hace falta la Discusión Permanente. Sin esa libertad de acción y expresión, el tótem girará sin detenerse despertando el ladrido de los galgos rusos en nuestras playas.
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