Contexto histórico

Entre los problemas políticos que se planteaban en Europa durante el siglo XVIII, estaba el de la reducción de las distancias continentales. No se trataba sólo de la explotación mercantil del Nuevo Mundo, sino también de la integridad y soberanía de los reinos hispano-americanos. De hecho, según las Representaciones de Ensenada de 1747 [1]:

 “no hay potencia en el mundo que necesite más las fuerzas marítimas que la de España, pues es península, y tiene que guardar los vastísimos dominios de América que le pertenecen; y mientras la España no tenga una marina competente, no será considerada de Francia e Inglaterra, sus émulas más inmediatas” [2].

Es por todo lo anterior, que desde Felipe V hasta Carlos III, se levantó en España un ejército casi de la nada [3].

Según Corona Baratech y Armillas Vicente, las cuatro etapas en las que se desarrolló la Marina de guerra española, que coinciden con los cuatro reinados, fueron las siguientes [4]:

  •  El 14 de febrero de 1714, Felipe V fundó la Real Armada unificando los restos de las escuadras del reinado de Carlos II.
  • A pesar que Felipe V y Patiño ya habían asentado los cimientos, Fernando VI y Ensenada convirtieron la Marina en su principal objeto de Gobierno.
  • Durante el reinado de Carlos III, la política española giró en tono a dos extremos: navíos (fortalezas de la mar) y presidios (fortalezas de tierra).
  • Entre 1770 y 1775 la efectividad de la Armada española era muy importante, en comparación incluso con la de Inglaterra y Francia, pero a partir de 1796 comenzó su decadencia. Carlos IV no supo o pudo asimilar el choque de la Revolución Francesa, además, se vio obligado a unirse al Directorio y al Imperio, y eso significó las derrotas de Cabo de San Vicente (1797) y Trafalgar (1805), y la práctica ruptura con las relaciones mercantiles con América.

A lo largo del siglo XVIII los reyes se enfrentaron con el problema de tener que prestigiar el arma naval. Para solucionar esa cuestión, en 1717 se creó la Real Compañía de Guardiamarinas de Cádiz [5], cuya función era la instrucción de los oficiales de la Marina que más tarde se integrarían en el Cuerpo General de la Armada [6]. Patiño, junto a Juan José Navarro (capitán del Regimiento de la Mar de Nápoles), aportaron la doble función formativa que se encomendó a la Compañía, es decir, por un lado el régimen de vida militar y, por otro, la labor científica [7].

Siendo el Marqués González de Castejón responsable de la Secretaría de Marina, fueron nombrados como Capitanes de las nuevas Compañías José de Mazarredo para Cartagena y Francisco Javier Winthuysen para Ferrol.

Se dispuso que estos centros comenzaran a funcionar con 120 alumnos de Cádiz, 60 para cada una de las nuevas Compañías, pero a Cartagena finalmente llegaron 59 a estos últimos se deben sumar otras 32 que tomaron asiento desde su puesta en marcha en julio hasta diciembre de 1777 [8]. Así, el Cuerpo General, que constaba en 1734 de 340 oficiales, pasó a tener 494 en 1756. En el reinado de Carlos III, el número aumentó extraordinariamente: en 1764 habían 536 oficiales, 14 años después 880, y en 1787 llegaron a ser 1.252, o sea, dos veces y media más que en la época de Fernando VI [9].

Como se ha citado anteriormente, la organización de la Real Armada se fue volviendo más compleja a lo largo del siglo XVIII. Uno de los aspectos que se modificó fue el de la organización, que se adaptó al modelo francés durante el reinado de Felipe V. La primera norma que reguló los grados y cargos de la Armada de Felipe V fue la Real Orden de 19 de junio de 1705. Según este documento, la jerarquía quedó de la siguiente forma [10]:

  • Gobernador General del Mar Océano.
  • Almirante General.
  • Almirante.
  • Capitán de Mar y Guerra.
  • Teniente de Mar y Guerra.
  • Subteniente.
  • Sargento.
  • Soldado y Marinero.

Más tarde hubo otras dos modificaciones, la de la Real Cédula de 21 de febrero de 1714, y la expuesta en el Plano de Ordenanzas Militares de Marina hecho por Navarro en 1739. Ya a finales del siglo XVIII y principios del XIX la organización  de la Armada quedó de la siguiente forma [11]:

  • Consejo Supremo del Almirantazgo.
  • Secretaría de Estado y Despacho Universal de Marina.
  • Estado Mayor.
  • Capitanes Generales.
  • Tenientes Generales.
  • Jefes de Escuadra.
  • Brigadieres de Marina.
  • Capitanes de Navío.
  • Capitanes de Fragata.
  • Estado Mayor de la Armada.
  • Estado Mayor de los Departamentos.
  • Juntas de los Departamentos.
  • Señores Comandantes Generales de Arsenales.
  • Capitanes de Puertos.
  • Compañías de Guardias Marinas.
  • Infantería de Marina.
  • Real Cuerpo de Artillería de Marina.
  • Ingenieros de Marina.
  • Cuerpo de Pilotos.
  • Señores Comandantes de los Tercios Navales.
  • Señores Intendentes de Marina.
  • Señores Veedores de Marina.
  • Señores Contadores Principales.
  • Señores Tesoreros.
  • Señores Comisarios Ordenadores graduados.
  • Señores Comisarios de Guerra.
  • Señores Comisarios de Provincia.
  • Señores Ministros de Real Hacienda de Marina en los Puertos de Indias.
  • Estado Eclesiástico.
  • Señores Auditores de las Capitales de los Departamentos.
  • Señores AuditoSs de las Provincias.
  • Hospitales y Cuerpo de Profesores Medico-Cirujanos.
  • Encomiendas de las Quatro Ordenes Militares.

En cuanto a la Oficialidad de Guerra en la Real Armada, quedó estructurada así [12]:

  • Almirante General de la Armada.
  • Capitán General.
  • Teniente General.
  • Jefe de Escuadra.
  • Brigadier.
  • Capitán de Navío.
  • Capitán de Fragata.
  • Teniente de Navío.
  • Teniente de Fragata.
  • Alférez de Navío.
  • Alférez de Fragata.

El Ministro de Marina era el que tenía la máxima responsabilidad de la Real Armada de España, ya que era el que respondía ante el Rey y el Primer Ministro. 

Los Capitanes Generales, sin embargo,  ocupaban el mando de Arsenales o Departamentos Marítimos, siendo por tanto, altos cargos en tierra. A pesar de ello, cuando tenían que ir a bordo de un buque se izaba su insignia en el palo mayor. Por último, los siguientes altos mandos normalmente iban siempre embarcados porque se ocupaban del mando operativo de las escuadras [13].

En las instrucciones dadas a Patiño, con el fin de rodear la carrera del máximo prestigio, se prescribieron pruebas rigurosas y cierto grado de cultura [14], es decir, los requisitos que se les exigía a los Oficiales eran los siguientes: proceder de la clase aristocrática o hidalga por los cuatro costados (los cuatro abuelos), cumplir con una serie de requisitos físicos, y aprobar unas pruebas de suficiencia científica. Toda esta instrucción la recibirían en la Real Compañía de Guardiamarinas [15].

Los aspirantes a Oficiales que no tenían probadas su condición de hidalguía no podían ascender a más de Alférez de Fragata (el empleo más básico de Oficial) [16], aunque podían hacerlo por elección arbitraría del Rey.

Para poder acceder como guardiamarina a la Compañía había que tener entre 12 y 20 años, aunque las edades de ingreso fueron cambiando con los sucesivos Reglamentos de 1717 y 1747, hasta que en el de 1783, por Real Orden, se reguló la edad y había que tener 16 años como mínimo y 18 como máximo, aunque en la práctica era relativamente habitual ingresar fuera de ese intervalo de edades (aunque con dispensa otorgada) [17], y como se ha comentado con anterioridad, probar su hidalguía[18].

“Los expedientes de ingreso incluyen diversos requerimientos imprescindibles para la admisión, fundamentalmente la justificación de nobleza, así como todo tipo de acreditaciones y certificaciones civiles y religiosas: En la Corte deben presentarse los memoriales firmados por los pretendientes, expresando en ellos los nombres y apellidos, lugar de nacimiento, méritos de sus padres y abuelos y distinción de familias por ambas líneas. La Carta - orden obtenida en la Corte se presentará en la Compañía de destino, Isla del León, Ferrol o Cartagena, al Comandante de la Compañía. Presentará también su fe de bautismo, que manifieste la edad y legitimidad de nacimiento; la justificación de su nobleza -debe advertirse no solo hidalguía sino notoriedad y posesión publica de ella- en información hecha a su pedimento ante la Justicia del pueblo con testigos fidedignos de haber conocido a sus padres y abuelos por ambas líneas, paterna y materna, en estado noble, sin oficio ni ejercicio que no fuese correspondiente a su estatus de nobleza. Se agregarán copias auténticas de instrumentos fehacientes de la distinción, méritos y dignidades de su casa, como son testimonios de recibimientos de nobleza en los Ayuntamientos, acuerdos de éstos sobre elecciones de empleos públicos honoríficos y copias autorizadas de títulos, patentes, privilegios y otros despachos de honores y distinciones”[19].

 

Figura: Expediente de probanza de nobleza de Isaac Peral AMN E- 6124. Fuente: Gobierno de España. Ministerio de Defensa. Armada Española. Fondos procedentes de los departamentos marítimos [en línea]. [Consulta: 05-08-10]. Disponible en http://www.armada.mde.es/ArmadaPortal/page/Portal/ArmadaEspannola/ciencia_museo/06_documentacion--02_archivo--02_de_los_depart_maritimos


Para finalizar, cabría señalar que en la primera promoción de guardiamarinas de 1718 embarcaron 129 alumnos en varios navíos del Rey para su instrucción práctica. Estos estudiantes terminaron el servicio en la Compañía de la siguiente manera [20]:

  • Pasaron al Cuerpo General de la Armada: 56
  • Muertos en combate o de resultas de sus heridas: 9
  • Ahogados: 5
  • Fallecidos de muerte natural: 7
  • Dados de baja o retirados: 26
  • Dados de baja por pasar al Ejército: 26

En otras palabras, se podría decir que 73 (más del 60%) se quedaron sin llegar a Oficial de Guerra, de los cuales, 21 murieron por diferentes causas. Todo lo anterior, muestra lo duro que podía llegar a ser el servicio [21].


[1] CORONA BARATECH, C. E.; ARMILLAS VICENTE, J. A. (coords.). La España de las reformas: hasta el final del reinado de Carlos IV [en línea]. Madrid: Rialp, 1984. p. 187. [Consulta: 05-08-10]. Disponible en http://books.google.es/books?id=wLNVAv7N-_YC&pg=PA190&lpg=PA190&dq=reglamento+1748+guardias+marina&source=bl&ots=OjAfpsvQJP&sig=zPdc9bRID2svr0Oz3jLVY5rwXmc&hl=es&ei=WHUNSqCADKSOjAfZ5dmiBg&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=3#PPA199,M1

[2] Ibidem.

[3] Ibidem.

[4] CORONA BARATECH, C. E.; ARMILLAS VICENTE, J. A. (coords.). La España de las reformas (…). p. 187-190.

[5] Gobierno de España. Ministerio de Defensa. Armada Española. Fondos procedentes de los departamentos marítimos [en línea]. [Consulta: 05-08-10]. Disponible en http://www.armada.mde.es/ArmadaPortal/page/Portal/ArmadaEspannola/ciencia_museo/06_documentacion--02_archivo--02_de_los_depart_maritimos

[6] Ibidem.

[7] CORONA BARATECH, C. E.; ARMILLAS VICENTE, J. A. (coords.). La España de las reformas (…). p. 195.

[8] SÁNCHEZ BAENA, J. J.; CHAÍN NAVARRO, C. La presencia de hispanoamericanos en la Academia de Guardiamarinas de Cartagena (1777-1800). 2006. vol. 1, p. 433-448. En: SÁNCHEZ BAENA, J. J.;  PROVENCIO GARRIGÓS, L. (eds.). El Mediterráneo y América: Actas del XI Congreso de la Asociación Española de Americanistas. Murcia: Editora Regional, 2006. p. 435-436.

[9] Gobierno de España. Ministerio de Defensa. Armada Española. Fondos procedentes de los departamentos marítimos (…).

[10] ALÍA PLANA, M. Oficiales y dotación de los navíos de la Real Armada (…).

[11] Ibidem.

[12] Ibidem.

[13] Ibidem.

[14] CORONA BARATECH, C. E.; ARMILLAS VICENTE, J. A. (coords.). La España de las reformas (…). p. 195.

[15] ALÍA PLANA, M. Oficiales y dotación de los navíos de la Real Armada (…).

[16] Ibidem.

[17] SÁNCHEZ BAENA, J. J.; CHAÍN NAVARRO, C. La presencia de hispanoamericanos en la Academia de Guardiamarinas de Cartagena (…). p. 438.

[18] Ibidem.

[19] Gobierno de España. Ministerio de Defensa. Armada Española. Fondos procedentes de los departamentos marítimos (…).

[20] ALÍA PLANA, M. Oficiales y dotación de los navíos de la Real Armada (…).

[21] Ibidem.

[22] Gobierno de España. Ministerio de Defensa. Armada Española. Fondos procedentes de los departamentos marítimos (…).


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Lorena Martínez,
25 ago. 2010 8:12
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