Eulalia Abaitua

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Nace en Bilbao el 25 de enero de 1853 fue bautizada con el nombre de María Elvira Juliana, pero su madre murió al poco de este alumbramiento y la familia comenzó a llamarle Eulalia en memoria de su progenitora.

Su padre, Luis de Abaitua y Adaro, comerciante bilbaíno, tuvo que contratar una nodriza que se hiciera cargo de ella y de su hermano mayor, Felipe.

Estudia en el Sagrado Corazón de Sarria, Catalunya. Se casa en 1872 con el naviero Juan Narciso de Olano y Picavea de Lesaca, de cuyo matrimonio tiene cuatro hijos. A raíz de la 2ª Guerra Carlista, se traslada en 1873 con su marido a Liverpool (Reino Unido). Es allí donde entra en contacto con el mundo de la fotografía, adquiere los aparatos y aprende la técnica.
Eulalia Abaitua toma contacto con un arte tan nuevo como es el de la fotografía en Liverpool (Reino Unido), donde se
había trasladado a vivir con su marido. Tenía veinte años. Allí estudia la técnica y adquiere los aparatos que más tarde
traerá e instalará en el palacio de El Pino, junto a la Basílica de Begoña, en Bilbao.
En el sótano de su casa montó su laboratorio y realizó sus trabajos, fundamentalmente en blanco y negro, en placas
estereoscópicas de 44x107 mm, aunque también trabajó el color.
En un momento en el que lo que predominaba era la fotografía de paisajes, monumentos y retratos de estudio, Eulalia
Abaitua pone su mirada en hechos y situaciones que le eran muy cercanas -fiestas populares, mercados, bodas-, dejando
un documento histórico de las costumbres del País Vasco.
Prestó especial atención a las mujeres de su entorno, captándolas mientras realizaban los más diversos quehaceres y
dotándoles de un importante protagonismo.
Sus más de 1.000 fotografías se conservan en el Museo Vasco de Bilba

Muere el 16 de septiembre de 1943, a los 90 años, y está enterrada en el panteón familiar de Begoña.

Su trabajo fotográfico está realizado casi exclusivamente en placas estereoscópicas de 44x107 mm., en blanco y negro. Se conservan más de 1.000 obras que hablan de sus contemporáneos, un friso de tipos cotidianos que supo captar con gran acierto. Para Alberto Schommer: "esta mujer que no busca el arte por el arte, ni tampoco el juego de luces o las composiciones rebuscadas, es una auténtica repórter, que ahora sería un gran fotógrafo de la Agencia Magnum".

No cabe duda de que el testimonio de Eulalia Abaitua, supone en la actualidad un magnífico documento histórico que recoge las costumbres, fiestas, tradiciones y en definitiva la vida pasada de nuestro pueblo. Bajo una atenta y sensible mirada recoge aspectos de la vida rural y urbana que la rodeaba, a la vez que capta las más diversas faenas y actitudes de las mujeres de la época, dotándolas de un importante protagonismo y acercando su papel a nuestros días.

El Euskal Museoa/Museo Vasco de Bilbao presenta hasta el 29 de mayo del 2011, una exposición retrospectiva de la fotógrafa Eulalia Abaitua (Bilbao, 1853-1943) titulada “La fotógrafa Eulalia Abaitua (1853-1943) Argazkilaria”.

La Muestra reúne 55 imágenes en blanco y negro y una proyección que contiene otras 161 reproducciones –en su mayoría inéditas- pertenecientes al legado, de más de 2500 obras, de esta fotógrafa aficionada y que también se encuentra depositado en esta entidad museística.

Eulalia Abaitua Allende Salazar es una mujer nacida en Begoña, localidad anexionada a Bilbao en 1925 y que desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX, realizó numerosas instantáneas tanto del pujante Bilbao industrial que la rodeaba, como de la Bizkaia tradicional del entorno, con lo cual su testimonio, visto a través del objetivo de su cámara, representa un documento excepcional para conocer el pasado del Territorio Histórico.



Eulalia Abaitua, hasta el momento, es la primera fotógrafa de la que tenemos referencia en el País Vasco. Para 1900 dominaba perfectamente la técnica fotográfica y sabía qué quería de este arte. Las pruebas son irrefutables: su archivo de imágenes conservado en el Museo Vasco de Bilbao.

El programa de contenidos que atrajo la mirada de esta genial mujer fueron las personas sencillas, humildes y casi siempre anónimas. Su labor fue pionera y ya en 1990, cuando el Museo Vasco de Bilbao hizo la primera presentación pública de sus imágenes, Alberto Shommer apuntó que Eulalia Abaitua era «un ojo sensible que ama a su pueblo y se dedica a interpretarlo (...) es una auténtica reporter», su obra «de una gran pureza morfológica y etnográfica» y su arte el de «componer con extrema naturalidad».

De la colección de imágenes conservadas en el Museo Vasco de Bilbao podemos distinguir tres grandes temáticas: la vida privada, los mundos tradicional y urbano y los viajes.

El primer bloque se refiere a imágenes de la familia en su casa, el Palacio del Pino, donde Eulalia desarrolló este temario generando una gran variedad de instantáneas. Los protagonistas eran sus familiares y para estos retratos Eulalia buscaba composiciones diferentes, incluso preparaba escenarios y no dudaba en pedirles que se disfrazaran para una sesión especial.

En el segundo bloque engloba desde la arquitectura al paisaje o el urbanismo, que resultan absolutamente circunstanciales aunque se pueden encontrar muy buenos elementos, hasta los ambientes donde los protagonistas se nos presentan de frente, perfil, sentados o de pie, junto a la puerta de casa, en la fuente o lavando en el río, en la plaza, la iglesia, de charla o trabajando, fumando, en el puesto del mercado, solos o en grupo... mostrándonos un mundo real que hoy, desaparecido, es recuerdo certero.

Por su número cabe resaltar las fotografías realizadas en la villa de Bilbao y las márgenes de la ría (Sestao, Portugalete, Santurtzi, Las Arenas, Algorta). Lekeitio, Mundaka, Ondarroa, San Sebastián, Santoña... serán otros destinos costeros consultables en este archivo. Tuvo, además, dos lugares predilectos: el valle de Arratia y la anteiglesia de Begoña de los que nos ha legado imágenes cuyo valor documental es único.

El tercer bloque, el de los viajes, se encuentra en fase de catalogación.

Las imágenes que de Eulalia Abaitua se conservan en el Museo Vasco de Bilbao fueron adquiridas por esta Institución a los descendientes directos de esta fotógrafa amateur. Un recuento somero de los materiales en vidrio arroja la cifra de algo más de 2.500 unidades, estando consultables 1.369, a través de fichas y copias positivas de 15 x 15 cm.

El Museo ha realizado hasta la fecha cinco exposiciones temporales con imágenes seleccionadas de esta autora. Las exhibiciones han contado con su correspondiente catálogo donde se reproducen todas las fotografías que formaron parte de cada muestra, siendo su relación cronológica la siguiente: Gure Aurreko Andrak / Mujeres Vascas de Ayer, 1990. Kresalibaia behinolako irudiak / La Ría imágenes de otro tiempo, 1991. Senitartea / La Familia, 1994. Lehenagokoen begiratuak / Miradas del pasado, 1998. Begoña 1900. Errepublika eta Santutegia / República y Santuario, 2005.

El Museo Vasco de Bilbao ha colaborado en la difusión de la obra de Eulalia Abaitua prestando temporalmente algunas de estas exposiciones.

Es un hecho inusual que el trabajo de una fotógrafa aficionada de principios del siglo XX sea mencionado por sus contemporáneos. Sin embargo, Arístides de Artiñano y Zuricalday, en su obra Reseña de las fiestas de Elorrio en honor del Beato Valentín de Berrio-ochoa obispo y mártir, editada en Bilbao por Elespuru Hermanos en 1906, reproduce una serie de fotografías a las que les acompaña el siguiente pie «(...) Fotografía de la Sra. de Olano».



 

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