ZITCHIN,LA SAGA SUMERIA ANUNNAKI

ZECHARIA SITCHIN : ANNUNAKI,SUMERIA Y LA OTRA HISTORIA... :

AUTOR DEL 12 PLANETA,DESDE ENTONCES PROVOCO UNA REVOLUCION EN LA ARQUEOLOGIA,CRITICADO CRUELMENTE,MUCHOS DE SUS LLAMADOS DELIRIOS HAN SIDO CONFIRMADOS CIENTIFICAMENTE MUCHO TIEMPO DESPUES,TAN PROVOCATIVO COMO ERUDITO...

SITCHIN,BIOGRAFIA-SITCHIN EN UN REPORTAJE-NEFILIM O ANNUNAKIS-TABLA CRONOLÓGICA ANNUNAKI-EL GENESIS,SUMERIO Y ANNUNAKI-QUIENES ERAN LOS DIOSES  ?-SUMERIA,LA TIERRA DE LOS DIOSES-LA EPOPEYA DE LA CREACIÓN-EL REINO DEL CIELO-ATERRIZAJE EN EL PLANETA TIERRA-LAS CIUDADES DE LOS DIOSES-EL MOTÍN DE LOS ANUNNAKI-LA CREACIÓN DEL HOMBRE-EL FIN DE TODA CARNE-CUANDO LOS DIOSES HUYERON DE LA TIERRA-EL REINO EN LA TIERRA-ACOTACIONES A LOS ANNUNAKIS-REPTILES-ATERRIZAN LOS DIOSES-ASTRONAUTAS-LAS CIUDADES ANTEDILUVIANAS Y SU PROPÓSITO-CONDICIONES FÍSICAS ANTES DEL DILUVIO-EL ANTIGUO TESTAMENTO COMIENZA EN SUMERIA-LA CREACIÓN DEL HOMBRE Y SU "CAÍDA"-LA PERCEPCIÓN DE LA SERPIENTE COMO MAL-EL SERAPH DEL ANTIGUO TESTAMENTO-LA CIUDAD ESPACIAL Y LAS INSTALACIONES DESTRUIDAS-LAS INSTALACIONES ESPACIALES DESTRUIDAS DEL MONTE SINAI ­ CADES



EL MATERIAL PROVIENE DE LIBROS DE ZECHARIA SITCHIN,ROBERT BOULAY,DAVID ICKE Y OTROS,PARA MAYORES DATOS,CONSULTE NUESTRAS PAGINAS DE ICKE & KNIGHT,EL INFORME LACERTA Y LA BIBLIA SUMERIA...

SITCHIN,BIOGRAFIA :

Quien es

Zecharia Sitchin1922 es un erudito y ufólogo de origen ruso.[1] Es un Autor de Bestsellers los cuales promueven la Teoría del astronauta antiguo, del supuesto origen extraterrestre de la humanidad. El cual atribuye las creación de la cultura sumería a los Annunaki (o Nefilim) de una hipotético planeta llamado Nibiru en el sistema solar. El dice que la Mitología sumería refleja este punto de vista, por supuesto sus especulaciones son largamente ignorados por la mayoría de historiadores y científicos, que ven demasiados problemas tanto en la traducción y el entendimiento de la física. 
  

Vida

Educado en Palestina y licenciado en Historia Económica por la London School of Economics. Conoce en profundidad el hebreo clásico y el moderno, y lee el sumerio así como otros idiomas antiguos de oriente. Ha traducido y reinterpretado antiguas tablillas e inscripciones de los pueblos donde surgieron las primeras civilizaciónes. Actualmente vive en Nueva York, donde participa en programas de televisión y obtiene cierto éxito con la venta de sus libros.

A partir de su interpretación muy liberal de poemas sumerios y acadios, de inscripciones hititas y de tablillas sumerias, acadias, babilónias y cananeas, además de los jeroglíficos egipcios, mezclándolo y relacionándolo todo con los libros del Antiguo Testamento, el Libro de los Jubileos y otras fuentes, ha llegado a conclusiones que en su opinión, le permiten abordar la historia de la humanidad y del planeta Tierra desde una óptica absolutamente sorprendente, dando respuesta a situaciones que para la inmensa mayoría de eruditos, son misterios. 
 

Teorías

Sitchin postula la hipótesis intervencionista de la creación humana, según la cual seres extraterrestres serían los responsables del inicio y la evolución de la especie humana.[3] Esta hipótesis, aún sin base científica reconocida por la comunidad internacional, son revestidas por Sitchin con una pátina de autenticidad basada en presuntas investigaciones arqueológicas. De hecho, gran parte de la comunidad arqueológica le considera un charlatán y un farsante

Es autor de las «Crónicas de la Tierra», una serie de 12 libros en los que expone el resultado de sus investigaciones: «El 12º planeta» fue el primero de ellos. Sus «teorías» han provocado muy diversas reacciones; a casi nadie deja indiferente. Según su «teoria», existe en el sistema solar un planeta llamado Nibiru que se acerca cada 3600 años, provocando cambios positivos en nuestro sistema solar y/o catástrofes.[4]

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El dice haber traducido las tabletas Sumerias que se referían a una raza alienígena, que habían creado a los humanos para que trabajar como esclavos en sus minas de Africa. Esta raza se le llama Anunnaki o Abbennakki, y dice que los de "cabeza negra" de Sumeria fueron creados por esos seres al mezclar las esencias de vida del hombre y las bestias, dibujando a una criatura parecida al mono como la bestia. La gente de "cabeza oscura" fueron considerados esclavos en la jerarquía sumeria. Las tabletas sumerias se refieren a la gente de cabeza oscura, que fueron creados en una región geográfica llamada 'AB.ZU.', la cual dice que corresponde a África del oeste.[5]

dice que la realeza era una combinación de "Dragones" y humanos, o que eran descendientes directos del dios solar, Shamhash. Los Anunnaki son 23 dioses del panteón sumerio, incluyendo a Enlil (señor de los vientos) y Enki (señor de la tierra). A estos dioses solares se les llamaba 'Sir', o Dragones, en Babilonio. Así mismo, la palabra, 'Sir', aparentemente significa 'gran serpiente' que es relativa en Sánscrito con la palabra 'Sarpa', que también describe a los "dioses gragones" quienes crearon y regían, a la cultura drávida.

Según Sitchin, los annunaki probablemente aun existan en otro plano de existencia, y aun pueden influir en la humanidad. Se especula que esa raza podían ser anfibios, reptiles o semi reptiles, según las descripciones antiguas.

Nibiru según la descripción de Zecharia Sitchin y la ufología

En opinión de Zecharia Sitchin, el planeta sería real, y habría adquirido el nombre del dios babilonio Marduk a consecuencia de una usurpación del poder por parte de este dios en el 2024 a.C., atribuyéndose la creación de la Tierra mediante la falsificación en las copias del poema épico Enûma Elish.

Según la decripción de Sitchin sobre la cosmología sumeria, Nibiru sería el buscado 12º planeta, o el Planeta X (que incluye la descripción de 10 planetas, más el Sol, y la Luna).

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Igualmente indica que en la antiguedad se habría producido una catastrófica colisión de uno de sus satélites con Tiamat, un hipotético planeta también postulado por Sitchin, y que habría estado entre el planeta Marte y Júpiter; hecho que habría formado el planeta Tierra y el cinturón de asteroides. Además, según Sitchinm, Nibiru habría sido el hogar de una poderosa raza alienígena, los Anunnaki. Como consecuencia de la colisión, según afirma Sitchin, el planeta Nibiru habría quedado atrapado en el Sistema Solar, volviendo al lugar de la colisión periódicamente en una órbita excéntrica. Más tarde vinieron a la Tierra.

Sitchin cita algunas fuentes que según él, hablarían sobre el planeta, que posiblemente sería una estrella (concretamente una enana marrón) que estaría en una órbita sumamente elíptica alrededor del Sol, la cual tuvo su perihelio hace aproximadamente 3.600 años y un período orbital de unos 3.600 a 3.760 años. Sitchin atribuye estos datos a los astrónomos de la civilización maya.

En un libro recientemente publicado, titulado 2012: cita con Marduk, el escritor e investigador turco Burak Eldem presenta una nueva teoría, sugiriendo que son 3.661 años los que duraría el período orbital del supuesto planeta y reclamando que habrá "una fecha de vuelta" para el año 2012. Según la teoría de Eldem, 3.661 es un séptimo de 25.627, que es el ciclo total "de 5 años mundiales" según el Calendario maya extendido. El último paso orbital de Marduk, añade, sucedió en 1649 adC y causó grandes catástrofes sobre la Tierra, incluyendo la erupción del Thera.

Según los seguidores de Sitchin, la ideas de Sitchin éstarían estarían avaladas por su dominio en lenguas muertas como el sumerio, y asistidas por la traducción de piezas consideradas tesoros, toma forma en sus libros; aunque esto realmente no es científicamente un fundamento astronómico.

La opinión científica

Sin embargo, los científicos argumentan que un planeta con una órbita así, o bien desarrollaría una órbita circular o escaparía de la atracción solar para vagar por el espacio. Por eso las teorías de Sitchin se consideran seudocientíficas. Además, una enana marrón con un período de 3.760 años sería evidente para las observaciones infrarrojas y gravitacionales.

Su infuencia en la cultura popular

Recientemete ha sido publicado un videojuego llamado "Nibiru: El Mensajero de los Dioses"; es una aventura gráfica de la compañía Future Games, con la producción de The Adventure Company. La historia parte de un supuesto hallazgo de los nazis, al final de la II Guerra Mundial, de la manera de aprovecharse de la tecnología de los habitantes del planeta, pero sin tiempo para conseguir influir en el resultado de la guerra. Sus hallazgos quedarían escondidos y es en el tiempo actual cuando vuelven a aparecer, en esta aventura que destaca por sus grafismos excelentes y su ambiente de intriga maravillosamente conseguido. Pese a algunos pequeños defectos (los personajes no están tan bien logrados como los decorados, por ejemplo), es un lujo para los amantes de la aventura gráfica.

Planeta Hercólubus: ¿Está la Tierra en Peligro?

El planeta Hercólubus penetró la órbita terrestre por última vez hace 13 mil años y habría causado el fin de la Atlántida. Ahora, estaría de nuevo acercándose a la Tierra con una misión tan defintiva como noble: purificar su aura de las malas energías. La única esperanza de evitarlo radica en el cambio de la humandidad hacia la luz. ¿Seremos capaces de detener la catástrofe? 
"Un Asteroide Gigante Podría Golpear la Tierra en 2014" y "Tierra Bajo Ataque". Así titularon los sitios web de CNN y la BBC respectivamente hace pocos días. Se referían al asteroide 2003-QQ47, que con aproximadamente 1.066 m de ancho se dirige hacia nuestro planeta y podría impactarla el 21 de marzo del año 2014.

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Hercólubus

Aunque los espacios entre estos cuerpos y la Tierra son tan grandes que la frecuencia de los impactos no va más allá de una entre 909,000 de posibilidades, los astrónomos están atentos. Mediante programas como NEO's (por sus siglas en inglés: Near Earth-Objects, u Objetos Cercanos a la Tierra), se dedican a observar, rastrear y buscar asteroides que pudieran representar una amenaza para nuestro planeta observando diversas regiones del cielo. Cada vez que descubren uno, efectuan nuevas mediciones que permitan determinar su órbita preliminar, la cual se va ajustando con el transcurrir del tiempo y la acumulación de un mayor número de observaciones.

A diferencia del programa SETI (Programa de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), que obliga a informar en el caso de encontrar señales de vida en el espacio, en programas NEO no existe regulación para dar a conocer un verdadero riesgo de choque de cometas o asteroides con nuestro planeta. Aunque la situación actual de 2003-QQ47 sólo permite indicar posibilidades de choque en base a una órbita muy preliminar, el peligro persiste.

Esta información impacta, pero es nada al lado de una amenaza mucho mayor. Una que no aparece en los periódicos. Una de la que pocos hablan. Una que se susurra en círculos muy cerrados, pero que a todas luces aparece como real. Se trata del aproximamiento del planeta Hercólubus, que muy bien podría ser el anunciado Apocalipsis para la humanidad. Ese momento fatal retratado en la Biblia en que todo rastro de vida será borrado de la faz de la Tierra. El tema no es nuevo, pero cobra vigencia porque el plazo estaría a punto de cumplirse.

Según muchas profecías antiguas, este misterioso cuerpo celeste, también llamado Planeta Rojo, se vendría acercando peligrosamente a la Tierra con una inminente amenaza de exterminio de la vida humana. No debido a una colisión, sino a la acción de su gigantesco campo gravitatorio cuando pase cerca de la órbita terrestre. Al ponerse a la misma distancia a la que está el Sol de la Tierra y pasar por un ángulo de nuestro Sistema Solar, provocaría múltiples terremotos, maremotos, erupciones volcánicas y otras catástrofes cada vez más intensas, como mortíferas epidemias que nadie sabrá como curar, un calor intenso que secará los campos y la vida y provocará un hambre arrolladora, y una creciente oscuridad. Esto, a su vez, producirá desequilibrios mentales masivos y el desborde incontrolable de las masas humanas. El cataclismo final se produciría cuando el planeta alcance su mayor acercamiento a la Tierra, con el el vuelco de los ejes de rotación del planeta; el Ecuador se convertirá en Polos y los Polos en Ecuador. Los océanos, expulsados violentamente de sus lechos por estas fuerzas cósmicas, sumergirían al planeta entero.

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¿Qué hay de cierto y cuánto de mito en este vaticinio?

La información sobre el Hercólubus es escasa y dispersa, incluso contradictoria, y como muchos asuntos de esta índole ha sido desvirtuado hasta la saciedad con pronósticos falsos. Pero aunque nadie tiene la verdad absoluta, hasta las investigaciones más "científicas" y "serias" apuntan a que realmente existe. Se trataría del mismo planeta que, según el astrónomo Joseph Lando, causó el trágico fin de la Atlántida al completar su órbita anterior hace 13.000 años, cuando penetró por última vez nuestro Sistema Solar y desvió el eje terrestre. Perteneciente a la constelación de Orión, Hercólubus sería varias veces más grande que Júpiter -el cuerpo celeste de mayor tamaño de nuestro sistema solar-y presentaría órbita y cola de cometa, y masa de planeta. Se dice que forma parte del sistema solar de dos estrellas, una brillante y otra oscura, y que viaja en una órbita extremadamente elíptica y perpendicular a la Tierra alrededor de nuestro Sol y de otro sol muerto o negro. Oscuro y frío, se encontraría aún en un primitivo estado de evolución

La distancia máxima de Hercólubus al Sol es de 400 o 500 unidades astronomicas (1 u.a.= distancia de la Tierra al Sol), y su distancia mínima es de unas 4 o 5 u.a. (entre el Cinturon de Asteróides y Júpiter). Le lleva 6.600 años terrestres recorrer una órbita elíptica en torno de nuestro Sol haciendo un lazo sobre los planetas exteriores, y por encontrarse la mayor parte del tiempo demasiado lejos del Sol es difícil detectarlo. A esto se une el que el planeta esté aparentemente compuesto por un material que absorve la luz y dotado de una especie de capa infraroja artificial que le ayuda a preservar el calor y lo mantiene fuera del espectro visible. A diferencia de un agujero negro, Hercólubus no succiona la luz, sino que apenas la refleja, pero por su enorme tamaño y su progresivo acercamiento a la Tierra pronto será visible a simple vista, y el efecto que se espera sería igual de catastrófico que el que experimentó la Atlántida hace milenios.

Los Mayas y la Biblia lo anunciaron

Una las bases sólidas en las que se apoya la existencia de Hercólubus son las Profecías Mayas. Aunque no mencionado con ese nombre, está presente prácticamente en todas ellas, que culminan el año 2012 con el advenimniento de una humanidad armónica y feliz, plenamente conciente de lo que ES, que vibra en amor y nombra sus representantes para la Confederación Galáctica, en una nueva etapa donde ayudará a evolucionar a otras humanidades de la tercera dimensión.

La primera referencia al Hercólubus que hacen las profecías mayas es para el año 2005, vaticinando el aparecimiento de un nuevo planeta que producirá cambios electromagnéticos y gravitacionales en la Tierra, generando un caos generalizado al aumentar la actividad del polo negativo terrestre. Para el 2006, cuando ya la humanidad esté bien diferenciada entre quiénes trabajan por la Luz y quiénes por la Oscuridad, el nuevo planeta se instalará en la órbita entre Marte y Júpiter generando aún un mayor caos mundial donde el hambre será la gran protagonista. Al cambiar el eje polar de la Tierra abundarán los maremotos y movimientos sísmicos y volcánicos. Para el año 2008 el planeta ya habrá realizado ajustes orbitales en la Tierra y el clima y la geografía serán totalmente distintos.

Los siguientes pasajes de la Biblia también entregan abundantes referencias sibre el nuevo planeta: "Cuando vieras el Abominable devastador que fue profetizado por el profeta Daniel ubicado en el Lugar Santo entonces los que se encuentren en Judea huyan hacia los montes (Mateus 24: 15-16) ; "En toda la Tierra, dice el Señor, dos tercios serán eliminados, y perecerán; pero la tercera parte quedará en ella" ( Zacarias,13:8) ; "Haré pasar a esa tercera parte por el fuego y la purificaré,como se purifica la plata, y la probaré como se prueba el oro...." (Zacarias,13:9); "Y el cielo se apartó como un libro que es envuelto y todo monte y las islas fueron movidas de sus lugares" (Ap. 6: 14); "Y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes" (Ap. 6: 15); "Y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquél que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero (Ap. 6: 16); "Porque el gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme?" (Ap. 6: 17); "Los tiempos del fin ya llegaron, y estamos en ellos. "Muchos son los llamados y pocos los escogidos" (Mateo 20: 16).

.SITCHIN,LOS ANUNNAKI Y LOS EXTRATERRESTRES :

Para Zecharia Sitchin los nuevos esclavos artificiales creados por los dioses, los ancestros del ser humano actual, habrían sido puestos a trabajar de inmediato, sobre todo en labores de minería y extracción de metales. Los herreros han estado siempre rodeados de una aureola de temor sagrado por su relación con el fuego y las entrañas de la tierra y, según los investigadores, ese mismo miedo también podría tener su origen en el estrecho contacto de aquel primer gremio metalúrgico y minero con sus creadores.

Los "dioses de la mina" de los que hablan las tablillas sumerias fueron aquellos contra los que primero se rebelaron los Anunnaki, lo que provocó la creación del hombre por parte de los dioses mayores.

Precisamente la alquimia, emparentada directamente con los herreros y la metalurgia, tendría así un origen extraterrestres. En principio no sólo sería una ciencia, sino quizá un compendio de ellas y comprendería la física, la biología, la medicina, incluyendo la ingeniería genética, y el estudio de la conciencia. No en vano entre los tópicos alquímicos está la creación de la vida. El mismo Paracelso habla de la creación de homúnculos, hombrecillos inteligentes nacidos en los laboratorios alquímicos.

Si una ciencia tal se ocupaba de la conciencia y de la creación de la inteligencia y sus posibilidades, no sería extraño, desde la perspectiva de la paleoastronaútica, que la alquimia humana, sobre todo en Oriente, se empeñe en alcanzar las máximas cotas posibles de conciencia.

* EXTRAIDO DE LA WEB : www.MISTERIOS.s5.com 


SITCHIN EN UN REPORTAJE :

A principios de los ochenta, una serie de libros salieron a la luz planteando una nueva visión de la creación humana. Ideas en la que se nos mostraban que nunca hemos estado solos en el universo, y que nuestra evolución ha sido llevada de la mano de algunas entidades que se propusieron crearnos por una razón, que hoy aun desconocemos.

El famoso astro-arqueólogo Zecharias Sitchin, fue la persona que, a través de la traducción de las tablillas de los antiguos sumerios, babilónicos, etc., encontró la clave perfecta para poder entender el origen de la humanidad, la combinación para descifrar los miles de misterios que siempre han rondado y para conocer la realidad que se esconde detrás de cada mito y leyenda en las culturas antiguas.

Se han vuelto a reeditar en nuestro país, algunas de sus obras claves para entender su punto de vista en la creación. Nosotros hemos tenido la suerte de poder hablar con él y casi nada más comenzar nuestra charla lo dejó muy claro, “No estamos solos. Y no me refiero al universo. No estamos solos en nuestro propio sistema solar.”

Los Anunnaki 
 

Patricia Hervías. - Toda esta búsqueda y todos los libros que ha escrito, ¿cómo han afectado a su vida como pensador, como persona?

Zecharias Sitchin. - Todo comenzó cuando era estudiante, en el colegio, preguntándome el porque de la palabra “Nefilim”, que significa “aquellos que bajaron” (del cielo a la tierra) que fue traducido, en el capítulo 6 del Génesis, como gigantes. Me llevó 30 años de búsqueda encontrar la respuesta, ellos eran los Anunnaki sumerios, cuando la entendí y tamicé escribí El 12º planeta (el cual me llevó 5 años). El alcance de mi búsqueda se expandió, mi propio entendimiento de los textos antiguos y las ilustraciones se incrementaron. Viajé a prácticamente todos los lugares del antiguo mundo (excepto Irak) y el Nuevo Mundo, vi monumentos, esculturas y símbolos por mi mismo. Conseguí conocimientos en astronomía, genética, etc., y comencé a comparar todos los datos que ya tenía con los descubrimientos actuales. Ya no me volví a preguntar las cosas que me preguntaba en el colegio...

PH. - Para alguien no familiarizado con sus teorías, ¿Cuál es el mensaje en el que se centran?

ZS. - Podemos resumirlo en estas palabras: Existe un planeta más en nuestro sistema, no a años luz de nosotros, en el que existe vida inteligente.

PH. - ¿Los llamados “ Anunnaki ”?

ZS. - Sí, a los que los sumerios llamaron “Anunnaki”, que significa “Aquellos del cielo que a la tierra vinieron”.

PH. - ¿Por lo tanto los “ Anunnaki ” vinieron a la Tierra de Nibiru, el planeta del que nos habla en su primer libro, El 12º planeta ?

ZS. - Sí, comenzaron sus idas y venidas hace 450.000 años, visitándonos cada 3.600.

PH. - ¿Por lo tanto, el título de su primer libro es a continuación de sus descubrimientos?

ZS. - Según los sumerios, nuestro sistema solar tiene 12 miembros; el Sol, la Luna, y diez, no nueve, planetas. Este sistema solar, con el sol en el centro, está delineado en un sello cilíndrico datado hace 4.500 años, fue encontrado por un arqueólogo y está en un museo de Berlín, El planeta que es el 12º miembro del sistema, se llamó NIBIRU, “El planeta de transito” . Su símbolo es la cruz. Tiene una gran orbita elíptica, como un cometa, y se acerca a nuestra vecindad, entre Marte y Júpiter, cada 3.600 años (más o menos).

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PH. - ¿Cómo ha podido saber esto?

ZS. - La civilización sumeria apareció, sin precedentes, hace 6000 años, en lo que hoy conocemos como Irak meridional. Este suceso, el florecimiento sumerio, se acredita con prácticamente todos los principios que son esenciales en una civilización avanzada (en tecnología, artes, estructuras sociales, etc.). Uno de ellos fue la escritura, registrando absolutamente todo en tablillas de arcilla con que llamamos escritura cuneiforme, por ejemplo; las bodas y divorcios, transacciones comerciales, ofrendas a los templos, tasas, etc. En tablas más grandes, escribieron literatura (cuentos heroicos, poemas, proverbios) y también los registros históricos y prehistóricos. Uno de los textos más largos, escrito en varias tablas, es el llamado Enuma Elish o La Epopeya de la creación , en la que nos cuenta la historia como en el libro bíblico del Génesis . Otros textos registraron como los Anunnaki llegaron a la tierra, como era su líder, etc...

PH. - ¿Podríamos decir, entonces, que parte de la Biblia es parte de la historia ancestral sumeria?

ZS. - La Biblia consiste en muchos libros acompasando sucesos durante milenios. La comparación perfecta sería entre el Génesis en sus primeros capítulos y los textos Mesopotámicos: de cómo el cielo y la tierra llegaron a crearse, como se desarrollo la vida, como fue creado Adán y los sucesos desde el Edén a Noé, el héroe del diluvio. De hecho, el relato del diluvio aparece en una tabla mesopotámica miles de años antes que en el viejo testamento en su versión hebrea.

PH. - ¿Y en otras culturas antiguas, como la egipcia?

ZS. - Aunque pareciera que los dioses a los que los egipcios veneraban eran totalmente diferentes a los que los Sumerios y los Babilónicos adoraban, de hecho eran los mismos “Anunnaki”. Me explico, la deidad llamada Ptah , en la mitología egipcia, no era otra que la sumeria Enki , que dirigió al primer grupo que vino a la tierra y lideró con éxito la ingeniería genética que hizo que pasáramos de los homínidos al Homo Sapiens ; en Egipto, este dios, tiene el mismo rol. Otro ejemplo, su hijo, el “gran Dios” Ra , era el mismo que el Hijo de Enki, Marduk (en mesopotamia). Thoth , el arquitecto divino y guardián de los secretos de los dioses, conocido en el sumer como Ningishzidda , y así más y más.

PH. - ¿Por lo tanto hablan igualmente de un lejano planeta?

ZS. - Sí, los antiguos egipcios hablan del “Planeta del millón de años”, una manera diferente de nombrar a Nibiru. Es el planeta en el cual, los faraones tenían la esperanza de ir al morir, para encontrase con los dioses en su propio planeta y tener la inmortalidad. La mitología egipcia y el viaje faraónico a la otra vida es el argumento de mi segundo libro (Reeditado también en España) Escalera al cielo , mostrando y explicando textos e ilustraciones para demostrarlo.

PH. - ¿Y que ocurre con las demás civilizaciones antiguas?

ZS. - Es muy curioso, por que cuando descifras el significado de algunos de los nombres de varios dioses de los Hititas, los Asirios, Cananeos, etc., en el antiguo mundo encontramos que aunque los nombres sean diferentes, significan exactamente lo mismo en todos y cada uno de sus lenguajes. Lo mismo que ocurría en los tiempo antiguos, de las mucho más recientes civilizaciones americanas. En mi libro Los reinos perdidos (no publicado en España), muestro las conexiones, las similaridades y determino las fechas del principio de las conexiones. Expongo, por ejemplo, que el dios supremo de América Central, Quetzalcoalt (cu yo nombre significa “la serpiente alada”), no es otro que el dios egipcio Thoth, y que la primera civilización en América Central, los Olmecas de apariencia Africana, comenzaron precisamente en el 3113 AC., cuando el mito cuenta que Thoth fue expulsado de Egipto.

PH. - ¿Y en este momento lo que yo me pregunto es dónde está el 12º planeta ahora?

ZS. - Lo único que puedo decir con plena seguridad, es que está de regreso hacia nosotros.

PH. - ¿De retorno a nosotros? Puede ser que esto sea el preludio del tan anunciado final de los tiempos que algunos datan para el 2003 o en el 2012. De ser alguno de ellos ¿cuál sería más factible, si ha de ocurrir algo?

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ZS. - No tengo datos correctos para poder decir con seguridad en que se basa la idea de que sea en el 2003, algunas de ellas vienen a mi cabeza, pero no creo que sean del todo correctas. Lo que si puedo resaltar es que Nibiru no se acercará a al tierra en el 2003, así que el día del juicio final no será este año. Por otro lado, la fecha del 2012 está basada en el calendario Maya (es mas correcto decir calendario Olmeca). En ese año (o algo después, dependiendo como lo calcule cada uno) la unidad de tiempo llamada Baktum completará 13 circunferencias. ¿Es esto significativo? Hay diferentes opiniones al respecto. Pero como yo baso mi búsqueda en los textos y datos antiguos, tanto proféticos como en textos con observaciones astronómicas en el ultimo milenio AC., me atreveré a pronunciar mis resultados sólo cuando esté absolutamente seguro de que encontré la respuesta correcta.

PH. - Ya que me habló de profecías, y textos antiguos, cambiemos de campo y marchemos a ver que es lo que los investigadores piensan de sus investigaciones, por que seguro que ya conocen sus ideas, pero, ¿por qué sorprende tanto su punto de vista?

ZS. - Claro que saben esto, pero denominan a estos textos “mitos”, y tratan la información como mitología imaginada. Yo les insisto diciéndoles con contundencia: “No, todo esto ocurrió realmente”

PH. - Tan seguro está de esta afirmación....

ZS. - Sí, por supuesto. Desde que escribí mi primer libro, cada descubrimiento científico ocurrido en cada campo (astronomía, biología, geología, exploración espacial) fue corroborado en los textos antiguos (como yo los entiendo). En astronomía, la existencia del cinturón de asteroides, la explicación de nuestra luna, la basculación de Urano, etc., se corrobora en el Enuma Elish . La decodificación del genoma humano estableció que tenemos 223 genes “extraterrestres”, corroborando a su vez la ingeniería genética detallada en los textos antiguos, y podríamos continuar aun más.

PH. - ¿Aun más? ¿Pero cuénteme algo novedoso que no conozcamos?

ZS. - Lo que es nuevo, lo que es constantemente nuevo, es nuestra visión del pasado. Cuando uno mira una pintura antigua de dos “Hombres-águila” (astronautas) saludando a un objeto con forma de cohete, hoy podemos decir “Es un cohete”. Hace cien años, alguien ( yo mismo) diría “Están venerando un lápiz muy largo”. Los textos nos describen con detalle la ingeniería genética, comenzando a decir que la esencia de eso fue mezclada con aquello, etc., en realidad suena a cuento de brujas.

Ahora que hemos decodificado el genoma humano, asumimos con precisión el significado científico. Trato sobre ello en mi libro El código cósmico . Somos prisioneros de nuestra propia tecnología. Los sumerios escribieron en el Me que existían pequeños objetos que guardaban los secretos científicos. Hoy en día yo lo comparo con objetos actuales. Ellos hablaban de chips de ordenadores, por que nosotros podemos comparar esa explicación con la tecnología que empleamos en los chips ¿Quien puede decir que en diez o quince años, esos chips sean reemplazados, probablemente, con ordenadores de ADN?

PH. - ¿Es esta su última investigación?

ZS. - Sí, existe una constante mejora del entendimiento de los datos de antaño, teniendo en cuenta los continuos descubrimientos semanales. Entre la investigación y escritura de mis libros, doy seminarios y conferencias. Pero ahora estoy interesado en algo que preocupa a la ma yo ría de la gente, de lo cual hablé anteriormente, la confusión en el mundo sobre el preludio del regreso, ¿pudiera ser esto el principio de la consumación de todas las antiguas profecías?

PH. - No lo sé Sr. Sitchin, pero ya que ha descifrado el misterio de los dioses ¿Para usted quiénes son?

ZS. - En mis libros Encuentros Divinos , El código Cósmico y el recién publicado El libro perdido de Enki , dejo claro que siempre ha existido el reconocimiento de una autoridad ma yo r, un creador más allá de la creación del hombre, un creador de un universo entero. Los Dioses Anunnaki creían en un Creador Universal. Yo también.

PH. - ¿Quiere decir que todos, al final, veneramos lo desconocido?

ZS. - Puedes decirlo así, sí. 
 

Hay un sello del tercer milenio a.C., conocido con el nombre de VA/243. A la izquierda entre dos figuras se aprecia lo que Sitchin ha identificado como el Sistema Solar, en una muestra clara de los elevadísimos conocimientos astronómicos de los sumerios. En la imagen de abajo vemos un esquema más claro de dicha representación y que Sitchin define de la siguiente manera:

"......Al observar detenidamente una ampliación del Sistema Solar representado sobre el cilindro VA/243, se puede observar que los "puntos" que rodean la estrella son de hecho esferas. Al pequeño Mercurio le sigue un Venus más grande. A la Tierra, del mismo tamaño de Venus, le acompaña una Luna pequeña. A continuación, en dirección contraria a las agujas del reloj, se ve a Marte, más pequeño que la Tierra aunque más grande que la Luna o Mercurio. 
 

Luego la antigua representación muestra un planeta desconocido para nosotros, bastante más grande que la Tierra aunque más pequeño que Júpiter y Saturno, que se observan claramente a continuación. Más adelante, otra pareja concuerda perfectamente con nuestros Urano y Neptuno. Por último, también se encuentra allí el pequeño Plutón, aunque no donde lo ubicamos en la actualidad (después de Neptuno), sino entre Saturno y Urano......" 
 

Las anomalías detectadas con el nuevo planeta entre la Tierra y Júpiter, y la extraña ubicación de Plutón, corresponderían a la irrupción cada 3.600 años de un planeta extrasolar que en sus orígenes desvió la órbita de Plutón a su actual posición y que chocó seguidamente con un planeta situado donde se encuentra el cinturón de asteroides, que serían los restos de esa colisión. 
 

Posteriormente, lo que quedó del planeta acercó su órbita al Sol, y es nuestro actual mundo, la Tierra. Los antiguos sumerios llamaban al planeta del que se desgajó la Tierra, Tiamet, y al planeta intruso que originó el choque, Nibiru, de donde procedían sus dioses. Según la mitología sumeria de este choque surgió la vida en la Tierra. Hoy en día, son muchos los científicos que opinan que la vida en la Tierra tal vez tuvo su inicio por la presencia de organismos extraterrestres procedentes de meteoritos u otros cuerpos del espacio exterior que impactaron hace millones de años sobre la Tierra. 
 

Da que pensar que el logo de la NASA sea muy parecido a estos dibujos sumerios o no ?

El número de planetas representados en el emblema es 11 , incluyendo el planeta con aspecto de cometa . Aplicando a éste el panteón de planetas usado por los sumerios , tenemos 9 planetas conocidos en el sistema solar , la Luna y el cometa rojo . Si agregamos el Sol tenemos un total de 12 . Puesto que sabemos que Nibiru es rojo y que tiene una trayectoria de cometa , la representación cobra sentido . El logo , en sí mismo , da la impresión de ser una moderna versión del famoso sello sumerio que muestra los planetas del sistema solar . Incluso el orden de los planetas parece estar de acuerdo , y ser una de las curiosas similitudes que el diseñador de la imagen tuvo en mente 


NEFILIM O ANNUNAKIS :

Los Annunaki (tambien llamados Annuna - Hijos de An) fueron los dioses confinados en el mundo subterráneo, también se dice que vivían en Dulkug o Dulku, el “montículo santo”. En el texto sumerio sobre “El descenso de Innana al Mundo Bajo” se identifica a los Annunaki como los siete jueces del Mundo Bajo.

Para otros son una familia de dioses inmaduros, separados de sus padres y abandonados en un mundo que se estaba recuperando de una batalla con una estrella de la muerte.

La leyenda sumeria dice que existe un planeta más en nuestro sistema solar, llamado Niburu por los sumerios, que tiene una órbita elíptica similar a la de un cometa y que tarda 3600 años en dar una vuelta completa alrededor del sol.

Sitchin, así como otros investigadores sostienen la teoría de que los antiguos sumerios conocían la existencia de todos los planetas del Sistema Solar, desde Mercurio a Plutón, éste último descubierto a principios del siglo XX. Y la presencia de un planeta más, con una órbita alrededor del Sol gigantesca (cada 3.600 años), del cual procedían los “Annunaki”, los dioses de su panteón y que en sus principios fueron el génesis de la vida sobre la Tierra y la causa de la rápida evolución del hombre en nuestro mundo mediante intervención genética.

Los habitantes de este planeta, eran los Annunaki (Sitchin les denomina Nefilim). La razón real por la que los Annunaki bajaron a la tierra está confusa:

Martin opina que hubo un choque entre Niburu o una de sus lunas con Tiamet (el planeta que estaba entre Marte y Júpiter)

Opina que hubo una gran nave espacial (Niburu 2) que fue a colonizar la tierra (iban 12 parejas).

Sitchin opina que vinieron en busca de metales que se estaban agotando en su planeta.

Ambos opinan, y la tradición sumeria así lo menciona, crearon a los hombres para que les sirvieran. De alguna forma utilizaron a los hombres como esclavos. La creación del hombre según los mitos sumerios es muy parecida a la Biblia, Enki tomo arcilla y le dio forma, por invitación de Nammu, aunque las primeras formas no fueron satisfactorias.

Los humanos veían a estos seres como dioses, ya que eran inteligentes, poseían muchas tecnologías y conocimientos y tenían una gran longevidad, aunque eran mortales. Estos seres fueron llamados por los sumerios Annunaki. El término que menciona la Biblia es Nephilim (recordemos que la Biblia es una copia de las tradiciones sumerias), aunque algunas traducciones erróneas del termino los denomina “gigantes”.

Según los sumerios, sus dioses (estos seres) bajaron a la tierra desde el cielo, mucho antes de la llegada de la humanidad. Para los sumerios, al igual que para otros muchos pueblos de la antigüedad, sus dioses fueron seres de carne y hueso que un día habitaron entre ellos y de los que aprendieron numerosas actividades y normas de convivencia.

Ellos vinieron como colonos y explotadores, hicieron de la Tierra su hogar y empezaron a construir ciudades, ciudades que asociaron a funciones determinadas y que estaban gobernadas por Annunakis. Es sabido que cada ciudad sumeria disponía de un dios y una diosa protectora, esto puede interpretarse como que el gobierno de estas ciudades estaba encargado a parejas de dioses.

Vídeo de YouTube

Otra evidencia de estos llamados dioses, o seres reales, está en la lista de reyes sumeria, en las dinastías antidiluvianas, cuyos reyes reinaban edades asombrosas, que se medían en sars (equivalentes a 3600 años). Es curiosa la coincidencia de 3600 años, es un sar, que es el equivalente a un año de Niburu (el planeta de los Annunaki).

También es curioso la coincidencia con la matemática sumeria, basada en un sistema sexagesimal (múltiplos de 60; 60×60=3600), que ha sido el origen de la forma en que tenemos de medir el tiempo (hh mm ss) y en la trigonometría (360 grados).

Si se tiene en cuenta la lista real sumeria, y se consideran los sar de 3600 años, sucede que el periodo antidiluviano, que empezó con la llegada de los Annunaki fue hace 450.000 años, esto hace suponer que los Annunaki vivieron en la tierra muchos años, sin la actual civilización humana, ya que esta apareció al finalizar el reinado de los Annunaki.

El hecho de la creación del hombre es sorprendente en la versión de Frisell, ya que supone que fuimos creados como unión de dos razas, una de Nibiru y otra de Sirio.

Por otra parte Sitchin, cree que el paraíso era un jardín de los Nibiru, y que el Árbol de la Ciencia era el árbol que nos permitió procrear, ya que al ser híbridos de Annunakis y Hommo Erectus, éramos incapaces de hacerlo. Según esto los Annunaki no querían que los hombres se reprodujeran y cuando lo consiguieron los echaron del Paraíso.

Debemos recordar que los mitos sumerios hablan de un Paraíso llamado Dilmun descrito en el mito de “Enki y Ninhursag”. Dilmun es una tierra pura, brillante y santa, regada por 4 ríos de agua dulce, llena de lagos y palmeras y árboles. En Dilmun los dioses parían sin dolor.

Para aquellos que tengan interés en profundizar en este, desde el punto de vista cosmológico, recomiendo la Web (en inglés) de Andy Lloyd.

Para justificar el origen extraterrestre de los conocimiento Sitchin se apoya en dos interpretaciones de arte sumerio.

Primera: La estela de Naramsin, esta estela celebra la victoria de Naramsin sobre sus enemigos en el campo de batalla. El propio rey ocupa la figura central pisoteando a sus contrincantes con una lanza en su mano derecha, mientras observa desafiante a lo que parece ser una montaña con un extraño diseño cónico y sobre la cual a su vez se pueden apreciar claramente al menos, dos cuerpos celestes, aunque se adivina un tercero un tanto deteriorado arriba del todo.

Sitchin cuestiona que la figura central de toda esta escena sea la del Rey Naramsin, pues a los dioses sumerios al igual que otros muchos de la zona, siempre eran representados con un casco con cuernos y que supuestamente representa al soberano de Akkad.

También llama la atención la presencia de “dos soles” (o más) en el firmamento, precisamente sobre la cumbre de una no menos sorprendente montaña, y que Zecharia Sitchin asocia más a la figura de un cohete por muy fantástico que pueda parecer.

Segunda: Hay un sello del tercer milenio a. C., conocido con el nombre de VA/243. A la izquierda entre dos figuras se aprecia lo que Sitchin ha identificado como el Sistema Solar, en una muestra clara de los elevadísimos conocimientos astronómicos de los sumerios. En la imagen de abajo vemos un esquema más claro de dicha representación y que Sirchin define de la siguiente manera:

“……Al observar detenidamente una ampliación del Sistema Solar representado sobre el cilindro VA/243, se puede observar que los “puntos” que rodean la estrella son de hecho esferas. Al pequeño Mercurio le sigue un Venus más grande. A la Tierra, del mismo tamaño de Venus, le acompaña una Luna pequeña.

A continuación, en dirección contraria a las agujas del reloj, se ve a Marte, más pequeño que la Tierra aunque más grande que la Luna o Mercurio. Luego la antigua representación muestra un planeta desconocido para nosotros, bastante más grande que la Tierra aunque más pequeño que Júpiter y Saturno, que se observan claramente a continuación. Más adelante, otra pareja concuerda perfectamente con nuestros Urano y Neptuno. Por último, también se encuentra allí el pequeño Plutón, aunque no donde lo ubicamos en la actualidad (después de Neptuno), sino entre Saturno y Urano……”

Las anomalías detectadas con el nuevo planeta entre la Tierra y Júpiter, y la extraña ubicación de Plutón, corresponderían a la irrupción cada 3.600 años de un planeta extrasolar que en sus orígenes desvió la órbita de Plutón a su actual posición y que chocó seguidamente con un planeta situado donde se encuentra el cinturón de asteroides, que serían los restos de esa colisión.

Vídeo de YouTube

Posteriormente, lo que quedó del planeta acercó su órbita al Sol, y es nuestro actual mundo, la Tierra.

Los antiguos sumerios llamaban al planeta del que se desgajó la Tierra, Tiamet, y al planeta intruso que originó el choque, Nibiru, de donde procedían sus dioses. Según la mitología sumeria de este choque surgió la vida en la Tierra. Hoy en día, son muchos los científicos que opinan que la vida en la Tierra tal vez tuvo su inicio por la presencia de organismos extraterrestres procedentes de meteoritos u otros cuerpos del espacio exterior que impactaron hace millones de años sobre la Tierra.

Otro Profesor Marco A Reinoso, sobre las ideas de Sitchin avanza esta cronología de Annunaki, dioses o reyes Antidiluvianos:

Hace 450,000-445,000 años: Los Nefilim arribaron a la tierra “Ki” procedentes del planeta Marduk, se establecieron en la antigua Mesopotamia, cuando arribaron algunas áreas del planeta estaban cubiertas por el hielo y glaciares, 432.000 (120 Shar), años han pasado entre el primer descenso de los Nefilims en la tierra y el diluvio.

Hace 415.000 años: “Enki” un Nefilim estableció la ciudad de Larsa.

Hace 400.000 años: Sobreviene un gran período interglaciar, Enlil otro Nefilim arriba a la tierra “Ki”,y establece rutas marítimas hacia el sudeste de África y organiza extracción del oro en las minas.

Hace 360.000 años: Los Nefilim establecen el gran centro metalúrgico Bad-Tibira para trabar y moldear el oro para los componentes espaciales y sus ciudades de oro que son construidas.

Hace 300.000 años: Anunaki, Enki y Ninhursag, otros Nefilim, intervienen en la genética de algún mono para crear a los trabajadores primitivos que utilizarían en la extracción del oro en las minas.

Hace 25.000 años: El homo-sapiens se multiplica y esparce por otros continentes.

Hace 13.000 años: Los Nefilim regresan definitivamente a su planeta dejando al reino humano morir, sobreviene el gran diluvio universal abruptamente sobre el planeta y dando por terminada la era glacial.

Hoy sigue siendo un misterio para la ciencia el establecer el origen de la civilización sumeria, aparecida de la noche a la mañana, con una estructura social extremadamente compleja. La agricultura, la metalurgia, la alfarería, la música, la medicina, las leyes, etc… Alcanzaron una dimensión totalmente desconocida en un periodo brevísimo de tiempo, después de más de dos millones de años de una evolución aparentemente lenta y sin grandes sobresaltos, en la que el hombre había estado más cerca de un estilo de vida animal.

Fuente: Nemesiss Ebaot.


TABLA CRONOLÓGICA ANNUNAKI :

Cantidad de años I. Acontecimientos Anteriores al Diluvio

450.000 En Nibiru, un distante miembro de nuestro sistema solar, la vida se enfrenta a la extinción por causa del debilitamiento de la atmósfera del planeta. Su soberano, Alalu, depuesto por Anu, escapa en una nave espacial y encuentra refugio en la Tierra. Descubre que la Tierra posee oro, metal que se puede utilizar para proteger la atmósfera de Nibiru.

445000 Dirigidos por Enki, uno de los hijos de Anu, los anunna-ki llegan a la Tierra, y fundan Eridú -Estación Tierra I-para extraer oro de las aguas del Golfo Pérsico.

430.000 El clima de la Tierra se suaviza. Llegan más anunnaki, entre ellos la hermanastra de Enki, Ninharsag, Oficial Médico Jefe.

416.000 Ante la escasez en la producción de oro, Anu llega a la Tierra con Enlil, su heredero. Se decide obtener el preciado metal a través de la minería, en el sur de África. Sacando suertes, Enlil consigue el mando de la Misión Tierra; Enki queda relegado a África. Cuando se va de la Tierra, un nieto de Alalu desafía a Anu.

400.000 Ya hay siete asentamientos en funcionamiento en el sur de Mesopotamia. Entre ellos, el Espaciopuerto (Sippar), el Centro de Control de Misiones (Nippur), un centro metalúrgico (Badtibira) y un centro médico (Shuruppak). El mineral llega en barcos desde África; el metal refinado se envía a las naves orbitales tripuladas por los igigi, y después se transfiere a las naves espaciales que llegan periódicamente desde Nibiru.

380.000 Ganándose el apoyo de los igigi, el nieto de Alalu intenta hacerse con el dominio de la Tierra. Los enlilitas vencen en la Guerra de los Dioses de Antaño.

300.000 Los anunnaki que trabajan en las minas de oro se amotinan. Enki y Ninharsag crean a los Trabajadores Primitivos a través de la manipulación genética de una primate; éstos se encargan de los trabajos físicos de los anunnaki. Enlil ataca por sorpresa las minas y se trae a los Traj adores Primitivos al Edin en Mesopotamia. Dándosele la capacidad para procrear, el Homo sapiens empieza a multiplicarse.

200.000 La vida en la Tierra se retrae durante un nuevo período glacial.

100.000 El clima se calienta de nuevo. Los anunnaki (los bíblicos Nefilim), ante el creciente malestar de Enlil, se casan con las hijas del Hombre.

75.000 Comienza la «maldición de la Tierra» -una nueva glaciación. Tipos regresivos de Hombre vagan por la Tierra. El hombre de Cro-Magnon sobrevive.

49.000 Enki y Ninharsag elevan a los humanos de parentesco anunnaki al gobierno de Shuruppak. Enlil, enfurecido, planea la destrucción de la Humanidad.

13.000 Al descubrir que el paso de Nibiru por las cercanías de la Tierra va a desencadenar una inmensa marea, Enlil hace que los anunnaki juren mantener en secreto la inminente calamidad, con el fin de mantener en la ignorancia a la Humanidad.

A.C. II. Acontecimientos Posteriores al Diluvio

11.000 Enki rompe el juramento, y da instrucciones a Ziusudra/ Noé para que construya un barco sumergible. El Diluvio barre la Tierra; los anunnaki presencian la destrucción total desde su nave orbital. Enlil acepta conceder herramientas y semillas a los supervivientes de la Humanidad; comienza la agricultura en las tierras altas. Enki domestica a los animales.

10.500 Los descendientes de Noé se reparten en tres regiones. Ninurta, el principal hijo de Enlil, hace represas en las montañas y drena los ríos para hacer habitable Mesopotamia; Enki reclama el valle del Nilo. Los anunnaki conservan la península del Sinaí para hacer el nuevo espacio-puerto;se establece un centro de control en el Monte Moria (la futura Jerusalén).

9.780 Ra/Marduk, el primogénito de Enki, divide sus dominios sobre Egipto entre Osiris y Set.

9.330 Set captura y desmembra a Osiris, y asume el dominio en solitario del Valle del Nilo.

8.970 Horus venga a su padre Osiris lanzando la Primera Guerra de la Pirámide. Set escapa a Asia, se apodera de la península del Sinaí y de Canaán.

8.670 Opuestos al control resultante de todas las instalaciones espaciales por parte de los descendientes de Enki, los enlilitas lanzan la Segunda Guerra de la Pirámide. El victorioso Ninurta saca los equipos de la Gran Pirámide.

Ninharsag, hermanastra de Enki y Enlil, convoca una conferencia de paz. Se reafirma la división de la Tierra. Se transfiere el gobierno de Egipto de la dinatía de Ra/ Marduk a la Toth. Se construye Heliópolis como Ciudad Baliza sustituía.

8.500 Los anunnaki establecen puestos avanzados en las vías de entrada de las instalaciones espaciales; Jericó es uno de ellos.

7.400 Siguiendo con la era de paz, los anunnaki conceden a la humanidad nuevos avances; comienza el período neolítico. Los semidioses gobiernan Egipto.

3.000 Comienza la civilización urbana en Sumer, cuando los anunnaki vuelven a establecer las Ciudades de Antaño, comenzando por Eridú y Nippur.

Anu llega a la Tierra de visita protocolaria. Se construye en su honor una nueva ciudad, Uruk (Erek); convierte su templo en la morada de su amada nieta Inanna/Ishtar.

A.C. III. La Realeza en la Tierra

3.760 Se le concede la realeza a la humanidad. Kis es la primera capital, bajo la égida de Ninurta. El calendario comienza en Nippur. La civilización florece en Sumer (la Primera Región).

3.450 La primacía en Sumer se le transfiere a Nannar/Sin. Marduk proclama a Babilonia como «Puerta de los Dioses». El incidente de la «Torre de Babel». Los anunnaki confunden las lenguas de la humanidad. Frustrado el golpe, Marduk/Ra vuelve a Egipto, depone a Toth y captura a su hermano pequeño Dumuzi, que se ha prometido con Inanna. Dumuzi es asesinado por accidente; Marduk aprisionado vivo en la Gran Pirámide. Es liberado a través de un conducto de emergencia y va al exilio.

3.100 350 años de caos finalizan con la entronización del primer faraón egipcio en Menfis. La civilización llega a la Segunda Región.

2.900 Se transfiere la realeza en Sumer a Erek. A Inanna se le dan los dominios de la Tercera Región; comienza la civilización en el Valle del Indo.

2.650 La capital real de Sumer va cambiando. La realeza se deteriora. Enlil pierde la paciencia con las ingobernables multitudes humanas.

2.371 Inanna se enamora de Sharru-Kin (Sargón). Éste funda una nueva ciudad capital, Agadé (Acad). Se inicia el imperio acadio.

2.316 Con el objetivo de reinar sobre las Cuatro Regiones, Sargón se lleva parte del suelo sagrado de Babilonia. El conflicto entre Marduk e Inanna vuelve a aparecer. Finaliza cuando Nergal, hermano de Marduk, acude desde el sur de África a Babilonia y persuade a Marduk para que abandone Mesopotamia.

2.291 Naram-Sin asciende al trono de Acad. Dirigido por la belicosa Inanna, penetra en la península del Sinaí e invade Egipto.

2.255 Inanna usurpa el poder en Mesopotamia; Naram-Sin profana Nippur. Los Grandes Anunnaki arrasan Agadé. Inanna escapa. Sumer y Acad ocupados por tropas extranjeras leales a Enlil y Ninurta.

2.220 La civilización sumeria alcanza nuevas cotas bajo los soberanos iluminados de Lagash. Toth ayuda a su rey, Gudea, a construir un zigurat-templo para Ninurta.

2.191 Téraj, padre de Abraham, nace en Nippur, en una familia real-sacerdotal.

2.180 Egipto dividido; los seguidores de Ra/Marduk conservan el sur; los faraones que se oponen a él consiguen el trono del bajo Egipto.

2.130 Enlil y Ninurta se alejan cada vez más de los asuntos humanos, con lo que la autoridad central se deteriora en Mesopotamia. El intento de Inanna por reconquistar la realeza para Erek no dura demasiado.

a.C. IV. El Siglo Fatídico

2.123 Abraham nace en Nippur. ,

2.113 Enlil confía las Tierras de Sem a Nannar; se declara a Ur capital del nuevo imperio. Ur-Nammu asciende al trono y se le nombra Protector de Nippur. Un sacerdote nipuria-no -Téraj, el padre de Abraham- llega a Ur para establecer relaciones con la corte real.

2.096 Ur-Nammu muere en la batalla. El pueblo considera su prematura muerte como una traición de Anu y Enlil. Téraj parte con su familia hacia Jarán.

2.095 Shulgi asciende al trono de Ur y fortalece los vínculos imperiales. Mientras el imperio crece, Shulgi sucumbe a los encantos de Inanna y se convierte en su amante. Concede Larsa a los elamitas, a cambio de servirle como Legión Extranjera.

2.080 Los príncipes tebanos leales a Ra/Marduk empujan hacia el norte bajo Mentuhotep I. Nabu, hijo de Marduk, gana adeptos para su padre en Asia Occidental.

2.055 Siguiendo órdenes de Nannar, Shulgi envía tropas elamitas a sofocar los disturbios de las ciudades cananeas. Los elamitas llegan a las puertas de la península del Sinaí y de su Espaciopuerto.

2.048 Shulgi muere. Marduk se traslada al País de los Hititas. Abraham recibe la orden de ir al sur de Canaán con un cuerpo de caballería de élite.

2.047 Amar-Sin (el bíblico Amrafel) se convierte en rey de Ur. Abraham va a Egipto, permanece allí cinco años y vuelve después con más tropas.

2.041 Dirigido por Inanna, Amar-Sin forma una coalición de Reyes del Este, y lanza una expedición militar contra Canaán y el Sinaí. Su líder es el elamita Codorlaomor. Abraham detiene el avance en las puertas del Espaciopuerto.

2.038 Shu-Sin sustituye a Amar-Sin en el trono de Ur mientras el imperio se desintegra.

2.029 Ibbi-Sin sustituye a Shu-Sin. Las provincias occidentales se inclinan cada vez más por Marduk.

2.024 Encabezando a sus seguidores, Marduk marcha sobre Sumer, se entroniza en Babilonia. Los combates se extienden al centro de Mesopotamia. Se profana el Santo de los Santos de Nippur. Enlil exige un castigo para Marduk y Nabu; Enki se opone, pero su hijo Nergal se pone del lado de Enlil. Mientras Nabu encabeza a sus seguidores cananeos para ir a capturar el Espaciopuerto, los Grandes Anunnaki aprueban el uso de armas nucleares. Nergal y Ninurta destruyen el Espaciopuerto y las pecadoras ciudades cananeas.

2.023 Los vientos llevan la nube radiactiva a Sumer. La gente muere de una muerte terrible, los animales perecen, el agua está envenenada, la tierra se hace estéril. Sumer y su gran civilización yacen postrados. Su legado pasa a la semilla de Abraham cuando engendra -a la edad de 100 años- a un heredero legítimo: Isaac. 



EL GENESIS,SUMERIO Y ANNUNAKI :

Los Dioses de Edén

LA IDEA que los seres humanos son una raza esclava, poseída por una sociedad extraterrestre, no es un nueva. 
 

Fue expresada hace miles de años, en las civilizaciones humanas registradas como más tempranas. La primera de esas civilizaciones fue Sumeria: una sociedad notablemente avanzada que surgió en el valle de los ríos Tigris-Eufrates, entre 5000 y 4000 A.C., y floreció como una civilización importante alrededor de 3500 A.C. *

* Hasta recientemente, se pensaba que la antigua Sumeria era el sitio de la ciudad más temprana de la humanidad. La excavación ha revelado una ciudad en Jericó (cerca de la moderna Jerusalén) construida hace tanto tiempo como 7000 A.C. Casi nada es conocido acerca de esa ciudad.

Como otras sociedades antiguas que surgieron en la región de Mesopotamia, Sumeria dejó registros declarando que criaturas parecidas a humanos de origen extraterrestre habían gobernado la temprana sociedad humana, como los primeros monarcas de la Tierra. A menudo se pensó a esas personas alienígenas como “Dioses.” Algunos “Dioses” Sumerios, se decía que viajaban por los cielos y a través de los cielos, volando “globos” y cohetes como vehículos. Antiguas inscripciones pintan varios “Dioses” llevando gafas como indumentaria sobre sus ojos. Los sacerdotes humanos actuaban como meros intermediarios entre “Dioses” alienígenas y la población humana.

No todos los Dioses de Mesopotamia eran extraterrestres humanoides. Algunos eran fabricaciones obvias, y muchas veces se les atribuyeron atributos ficticios a los Dioses humanoides extraterrestres. Una vez se apartan las evidentes ficciones y se descartan, sin embargo, nosotros descubrimos, dentro del panteón de Mesopotamia, una clase distinta de seres que encajan, de hecho, con el molde de los “antiguos astronautas”.

Para poder discutir mejor estos “Dioses” de “alta tecnología,” * será necesario para mí inventar un nuevo término.

* Para un análisis detallado de la naturaleza de esta aparente “alta tecnología” de muchos antiguos Dioses Sumerios, yo recomiendo los cinco libros de Zecharia Sitchin, El Decimosegundo Planeta, La Escalera al Cielo, Las Guerras de Dioses y Hombres, Los Reinos Perdidos, y Génesis Revisado.

Sólo la palabra “Dios" contiene demasiado temor inmerecido. Los testimonios históricos y los de hoy en día indican que estos “Dioses” es comportan como “humanos”, como usted y como yo. El término “antiguo astronauta” los encasilla en el pasado distante, cuando, de hecho, ellos parecen haber mantenido una presencia continua todo el tiempo, hasta hoy. La etiqueta “extraterrestre” es demasiado ancha.

Yo no puedo nombrar los “Dioses” según alguna estrella o planeta desde donde pudieran haber llegado, porque no voy a especular acerca de su lugar de origen. Además, es concebible que la supuesta propiedad de la Tierra puede haber cambiado de manos en el transcurso de los milenios, del mismo modo que la propiedad de una corporación puede pasar entre diferentes dueños, sin que el público sea consciente de ello.

Eso me deja inventar una nueva etiqueta basada en la aparente relación de los “Dioses” con la raza humana, por falta de algo mejor, me referiré a ellos simplemente como la sociedad “Custodial”, significando esa específica sociedad extraterrestre (o sucesión de sociedades) que parece haber tenido la propiedad y custodia de la Tierra desde la prehistoria. Por brevedad, me referiré a menudo a ellos simplemente como “Custodios.” ¿Que clase de criaturas eran éstos recientemente-etiquetados “Custodios?”

Registros históricos y el testimonio moderno los describen como físicamente parecidos a los humanos, racialmente diversos, y, más pretenciosamente, muy similares a los seres humanos en su comportamiento. Por ejemplo, algunos OVNIs de la era moderna han exhibido travesuras juveniles corriendo hacia aviones como si fueran a colisionar, y luego, abruptamente, virando justo cuando el impacto parecía inminente: un claro juego de “pollo” aéreo. Por lo menos un testigo moderno, según se alega, ha sido “desintegrado” por un OVNI sin ninguna otra razón clara que la malicia. 
  
 

Los escritores antiguos describen sus “Dioses” extraterrestres como capaces de amar, odiar, divertirse, enojarse, ser honestos, y ser depravados. Los antiguos registros y el testimonio moderno indicarían que las personalidades Custodios presentaban la gama entera, desde santos hasta pecadores, desde los más degradados déspotas a los corazones más llenos de verdad y humanitarismo. Tristemente, es el elemento brutal y despótico de su sociedad parecería haber sido los más influyentes en los asuntos de Tierra, como nosotros lo documentaremos.

Las antiguas civilizaciones de Mesopotamia registraron mucha de su historia en lápidas de arcilla. Sólo un fragmento de esas lápidas ha sobrevivido, sin embargo, ellos se las arreglan para contar una notable historia sobre los “Dioses” Custodios y su relación con el Homo sapiens. 
 

Según la historia inscrita en las lápidas de Mesopotamia, hubo un tiempo cuando los seres humanos no existían en absoluto. En cambio, la Tierra estaba habitada por miembros de la civilización Custodial. La vida custodial en la Tierra no era agradable, sin embargo. Los esfuerzos de los Custodios por explotar los ricos minerales y los recursos naturales de la Tierra demostraron ser quebrador de espaldas.

Como nos dice una lápida:

Cuando los Dioses, como los hombres,

se aburrieron del trabajo y sufrieron agotamiento—

El trabajo de los Dioses era grande,

El trabajo era pesado, el dolor era mucho—

Las lápidas describían vidas de interminable trabajo pesado, mientras “Dioses” llevaban a cabo operaciones de construcción, excavación, y minería en la Tierra. Los “Dioses” no estaban nada contentos con su parte. Ellos eran proclives a quejarse, a golpear por la espalda, y rebelarse contra sus líderes. Se necesitaba una solución, y fue encontrada: de crear una nueva criatura capaz de realizar las mismas labores en la Tierra como los Custodios. Con este propósito en la mente, los “Dioses” Custodios crearon al Homo sapiens (el hombre).

Las lápidas de Mesopotamia cuentan una historia de la creación en la cual un “Dios” es puesto a la muerte por otros “Dioses,” y el cuerpo y sangre son, entonces, mezcladas con arcilla. De esta mezcla fue hecho el ser humano. La nueva criatura de la Tierra es muy similar en apariencia a sus creadores Custodios.

En su libro, El Decimosegundo Planeta, escritor Zecharia Sitchin analiza exhaustivamente las historias sumerias de la creación. El concluye que el cuento del cuerpo del Dios que fue mezclado con arcilla puede haberse referido a la ingeniería biológica. El Sr. Sitchin apoya su sorprendente conclusión apuntando a esas lápidas Sumerias que declaran que los primeros humanos fueron engendrados (concebidos) en los úteros de “Diosas", hembras Custodios. Según las lápidas, los Custodios tenían cuerpos femeninos y masculinos, pero ellos engendraban (concebían) por medio de la relación sexual. 
  
 

De hecho, los antiguos Mesopotámicos declararon que ellos proveían a los “Dioses” custodios con prostitutas humanas. El Sr. Sitchin sostiene que “la arcilla” era una sustancia especial que podría insertarse en un útero Custodio. Esa sustancia sostenía las células genéticamente-diseñadas de la nueva criatura esclava, el Homo sapiens. Aparentemente, los humanos podían ser engendrados (concebidos) de este modo porque eran físicamente muy similares a los Custodios. Interesantemente, los científicos modernos han engendrado animales de un modo similar, como una zebra en el útero de un caballo.

Las lápidas Mesopotámicas antiguas acreditan a un “Dios” en particular de dirigir la fabricación genética del Homo sapiens. El nombre de ese “Dios” era Ea. Ea fue registrado ser el hijo de un rey Custodio, que se decía, gobernaba otro planeta dentro del lejano imperio Custodio. El Príncipe Ea era conocido con el título, “EN.KI,” que significa “el señor [o príncipe] de la Tierra.” Los textos Antiguos sumerios revelan que el título de Ea no era completamente exacto porque se decía que Ea había perdido su dominio sobre grandes porciones de la Tierra a su medio hermano, Enlil, durante una de las innumerables rivalidades e intrigas que parecían preocupar por siempre a los gobernantes Custodios.

Además de diseñar al Homo sapiens, al Príncipe Ea se da le el crédito en las lápidas de Mesopotámicas de muchos otros logros. Si el fuera una persona real, entonces Ea podría describirse como el mejor científico e ingeniero civil de considerable talento. Se dice que secó los pantanos por el Golfo Pérsico y los reemplazó con tierra agrícola fecunda. El dirigió la construcción de embalses y diques. Ea amaba navegar y construyó naves para navegar por los mares. Cuando llegó el momento para crear el Homo sapiens, Ea demostró un buen conocimiento de ingeniería genética, pero, según las lápidas, no sin ensayos y errores. Más importante es que Ea fue descrito como de buen corazón, por lo menos respecto a su creación, el Homo sapiens.

Los textos de Mesopotámicos retratan a Ea como un abogado que habló ante los concilios de Custodios en nombre de la nueva raza terrestre. El se opuso a muchas de las crueldades que otros gobernantes Custodios, incluyendo su hermanastro, Enlil, infligían a los seres humanos. Aparecería de las lápidas Sumerias, que Ea no pensó en tratar duramente al Homo sapiens, pero sus deseos a ese respecto fueron rechazados por otros líderes Custodios.

Como acabamos de ver, nuestros antiguos y altamente civilizados ancestros contaban una muy diferente historia del surgimiento de la humanidad en la Tierra de la que contamos hoy en día. ¡Los Mesopotámicos claramente no estaban adiestrados en teorías de la evolución! No obstante, hay alguna sorprendente evidencia antropológica para apoyar la versión Sumeria de la prehistoria.

Según los análisis modernos de registros fósiles, los Homo sapiens surgieron en alguna parte como una especie animal distinta, entre 300,000 A.C. y 700,000 A.C. Al progresar el tiempo, surgieron varias subespecies de Homo sapiens, incluso aquella subespecie a la que todos los seres humanos pertenecen hoy: El Homo sapiens sapiens. 
 

Los Homo sapiens sapiens aparecieron hasta hace unos 30,000 años—algunos dicen que solo hace de 10,000 a 20,000 años. Esto plantea una importante pregunta: ¿estaban los sumerios refiriéndose al Homo sapiens o al Homo sapiens sapiens en sus historias de la creación? Allí parece no haber una respuesta firme. Excelentes argumentos han sido hechos de que ellos estaban refiriéndose al Homo sapiens original. 
  
 

Yo tiendo a favorecer el argumento que ellos probablemente estaban refiriéndose al Homo sapiens sapiens moderno, por las siguientes razones:

Las historias sobrevivientes más antiguas de la creación fueron escritas alrededor de 4000-5000 A.C. Es más probable que un verdadero registro de la creación de la humanidad sobreviviera de 5000 a 25,000 años, a que sobreviviera 295,000 años o más. 
 

Si los sumerios estuvieran describiendo la creación de Homo sapien sapiens, eventos más tardíos descritos en las lápidas Mesopotámicas caen dentro de un marco de tiempo más plausible. 
 

Los Mesopotámicos eran miembros de la subespecie Homo sapiens sapiens. Ellos estaban principalmente interesados en cómo habían entrado ellos en existencia. En sus varios trabajos, los antiguos sumerios pintaron animales peludos, hombres parecidos a animales, quienes parecían ser una subespecie más primitiva del Homo sapiens. Los sumerios claramente vieron a estos hombres primitivos como una completamente diferente raza de criaturas.

Si las historias Mesopotámicas de la creación están basadas en eventos reales, y si esas historias se refieren a la creación de Homo sapiens sapiens, esperaríamos que el Homo sapiens sapiens apareciera muy de repente en la historia. Notablemente, eso es precisamente lo que pasó. El registro antropológico revela que el Homo sapiens sapiens, apareció abruptamente en la Tierra, y no gradualmente. F. Clark Howell y T. D. White, de la Universidad de Berkeley en California tenían esto que decir:

Estas personas [el Homo sapiens, sapiens] y su cultura material inicial aparecieron con mucha rapidez hace solo unos 30,000 años, probablemente más temprano en el oriente que en Europa occidental 2

El misterio de esta abrupta aparición se ahonda por otro enigma: ¿por que el hombre de Neandertal más primitivo (el Homo sapiens neandertalensis) de repente desapareció al mismo tiempo que apareció el Homo sapiens sapiens moderno? La evolución no es tan rápida. Los Sres. Howell y White ponderaron esta pregunta y concluyeron:

. . . la desaparición absoluta, casi abrupta de los Neandertales sigue siendo uno de los enigmas y problemas críticos en los estudios de la evolución humana. 3

La Enciclopedia Británica concurre:

Los factores responsables para la desaparición de los Neandertales es un problema importante al que, lamentablemente, no hay todavía ninguna solución clara.4

Las historias sumerias de la creación ofrecen una clara solución al enigma, pero para mucha gente será difícil de aceptar: la súbita aparición del Homo sapiens, sapiens, acompañada por la abrupta desaparición del hombre Neandertal fue causada por intervención inteligente. Podría conjeturarse que el hombre Neandertal, o fue exterminado o arrastrado fuera de la Tierra para hacer sitio para la nueva raza de esclavos, y quizás para prevenir cruces entre las dos subespecies. Cualquiera que fuese la verdad precisa de esto, nosotros sabemos dos hechos con certeza: la antropología moderna ha descubierto un reemplazo súbito del hombre Neandertal con el hombre moderno, y los registros Mesopotámicos declaran que detrás de ese dramático evento, hubo una planificación inteligente hecha por una raza extraterrestre,.

En el Capítulo 2, discutimos el hecho de que los humanos parecen ser seres espirituales en control de cuerpos físicos. El espíritu parece ser la verdadera fuente del conocimiento, personalidad, e inteligencia. Sin una entidad espiritual para animarlos, un cuerpo humano sería un poco más que un animal reactivo, o muerto. La gente de la antigua Mesopotamia entendió completamente este crítico hecho, cuando mencionaron a un ser espiritual con relación a la creación del Homo sapiens:

Usted ha masacrado a un Dios junto con su personalidad [el ser espiritual] Yo le he quitado su trabajo pesado, y he impuesto su trabajo al hombre.5

Los gobernantes Custodios sabían que ellos necesitaban mantener a seres espirituales atados a los cuerpos humanos para poder animar esos cuerpos y hacerlos lo suficientemente inteligentes como para realizar sus labores permanentemente:

En la arcilla, el Dios [una entidad espiritual] y el Hombre [el cuerpo físico de Homo sapiens] serán ligados, a una unidad puesta junta; para que al final de los días, la Carne y el Alma que han madurado en un Dios — esa Alma sea ligada en un parentesco de sangre.

Las lápidas callan sobre que “personalidades” fueron escogidas para animar los nuevos cuerpos esclavos. Basado en cómo se hacen las cosas en la sociedad humana, podríamos suponer que la sociedad Custodial usó a delincuentes, desviados, prisioneros de guerra, grupos sociales y raciales detestables, anticonformistas, y otros indeseables para obtener a los seres espirituales necesitados para animar la nueva raza esclava de la Tierra. Ciertamente se trataron a los humanos como convictos sentenciados al trabajo forzado:

Con picos y espadas ellos [los seres humanos] construyeron santuarios, construyeron los grandes bancos de canales. Alimento para las personas, para el sustento [de los Dioses].

Como bestias de carga, los humanos fueron brutalmente tratados por sus amos extraterrestres. Las lápidas de arcilla cuentan de una inmensa y catastrófica crueldad perpetrada por los Custodios contra sus sirvientes humanos. Frecuentemente llevaban a cabo medidas de control de población a sangre fría:

Mil doscientos años no habían pasado todavía Cuando la tierra se extendió y las gentes se multiplicaron. La tierra estaba bramando como un toro, El Dios fue perturbado con su alboroto. Enlil [hermanastro y rival de Ea] oyó su ruido * 
Y se dirigió los grandes Dioses, “El ruido de humanidad se ha puesto demasiado intenso para mí, 
Con su alboroto me privo del sueño. Corten los suministros para las gentes, que haya una escasez de vida vegetal para satisfacer su hambre. 
Adad [otro Custodio] debe detener su lluvia, Y debajo, el flujo de agua [la inundación regular de la tierra que la hizo fecunda] no debe surgir del abismo. 
Permitan al viento soplar y resecar la tierra, Permitan que las nubes se espesen pero no descarguen aguaceros, Permitan que los campos disminuyan sus rendimientos, no debe haber ningún regocijo entre ellos.” *

* Estas líneas sugieren que Enlil había vivido más de 1200 años. Una longevidad similar es atribuida a Ea y a otros gobernantes Custodios. Muchas personas lo encuentran difícil de creer, que cualquier criatura, incluso un extraterrestre, pueda vivir tanto.

La sorprendente longevidad atribuida a los gobernantes Custodios puede ser explicada quizás por las creencias espirituales sumerias. Los sumerios creyeron que una “personalidad” (ser espiritual) sobrevive a la muerte de un cuerpo físico, y que es posible identificar a la “personalidad” después de que haya abandonado un cuerpo y haya asumido uno nuevo (del mismo modo que uno puede identificar a un chofer que salta de un automóvil y se sube a otro).

Por eso, una “personalidad” podría, por consiguiente, sostener la misma posición social o política cuerpo tras cuerpo, mientras pudiera ser identificada la “personalidad”. Como los sumerios les daban una extensa longevidad a los Custodios, no necesariamente estaban sugiriendo que un solo cuerpo Custodio sobreviviera durante siglos; en muchos casos, ellos parecen haber estado diciendo que una “personalidad” Custodio sostenía una posición política durante un tiempo muy largo, aunque puede haber hecho esto a través de una sucesión de cuerpos.

Una lápida Asiria agrega:

“Ordena que haya una plaga,

Permite a Namtar disminuir su ruido.

Permite que sople sobre ellos

como un tornado la enfermedad,

epidemia, plaga y la pestilencia.”

Ellos ordenaron y hubo una plaga

para que Namtar disminuyera su ruido.

Enfermedad, epidemias, plagas y pestilencia

sopló sobre ellos como un tronado.

Las lápidas describen condiciones horribles en que los suministros de comida fueron cortados, en que las enfermedades fueron puestas sobre las personas, que les estrecharon los úteros y les evitaron el nacimiento de niños, y en que la hambruna se volvió tan desenfrenada que los humanos fueron forzados a recurrir al canibalismo. Epidemias menos graves, como una parecida a la influenza visitaron al Homo sapiens, sugiriendo que los “Dioses” custodios comprendieron y estaban comprometidos con una guerra biológica.

Cuando este genocidio no produjo una gota suficiente sobre la población humana, los Custodios lo reasumieron. Eventualmente, se tomó la decisión de destruir completamente la raza humana, con un gran diluvio.

Muchos arqueólogos hoy creen que hubo un diluvio cataclísmico hace miles de años en el Medio Oriente. Se encontró una descripción del “Gran Diluvio” en la “Épica de Gilgamesh - Epic of Gilgamesh”, en Babilonia, que predata a la Biblia.

Según la Épica, un babilónico llamado Utnapishtim fue abordado por el Príncipe Ea, quien se opuso a la decisión de destruir su creación, el Homo sapiens. Ea le dijo a Utnapishtim que otros “Dioses” planeaban causar un diluvio para barrer fuera la raza humana. Ea, quien es descrito en otras escrituras como maestro constructor de buques y marinero, le dio instrucciones a Utnapishtim de cómo construir un barco que podría sobrevivir el diluvio. Utnapishtim siguió las direcciones de Ea y, con la ayuda de amigos, completó el navío antes que comenzara la inundación. Utnapishtim, entonces, cargó el barco con su oro, familia, y ganado, junto con artesanos y animales salvajes, y salió al mar.

Las lápidas babilónicas y Asirias relatan que justamente antes de inundar la tierra, los Custodios chamuscaron con fuego. Luego inundaron la región, causando una larga tormenta de lluvia, y rompiendo el intrincado sistema de diques y embalses que habían sido construidos en Mesopotamia para controlar las erráticas inundaciones de los ríos Tigris y Eufrates.

La Épica de Gilgamesh relata que Utnapishtim y su tripulación sobrevivieron la prueba. Cuando terminó, buscaron tierra seca, soltando una serie de tres pájaros; si un pájaro no regresara al barco, Utnapishtim sabría que había encontrado tierra seca cerca donde posarse.

Una vez de regreso en tierra sólida, a Utnapishtim se le unieron varios Custodios que regresaron del cielo. En vez de destruir a los sobrevivientes, prevaleció un grado de indulgencia, y los Custodios transportaron a los humanos sobrevivientes a otra región para vivir.

El relato de Utnapishtim debe hacerle sonar una campanilla a cualquiera que esté familiarizado con la historia Bíblica de Noé y el Arca. Eso es porque el cuento de Noé, que entrelaza muchas otras historias en el Antiguo Testamento, es tomado de escrituras Mesopotámicas más antiguas. Los autores bíblicos simplemente alteraron los nombres y cambiaron muchos “Dioses” de las escrituras originales en un solo “Dios” o “Señor” de la religión hebrea. El último cambio fue uno muy desafortunado, porque causó que un Ser Supremo fuera culpado de los brutales actos que escritores asalariados atribuyeran a los mismos Custodios-como Dios.

Las escrituras Mesopotámicas tempranas nos dieron otra famosa historia del Antiguo Testamento: el cuento de Adán y Eva. La narrativa de Adán y Eva también es derivada de fuentes Mesopotámicas más tempranas, que describen la vida bajo los “Dioses” Custodios. El “Dios” o “Señor Dios” de la historia de Adán y Eva de la Biblia puede, por consiguiente, ser traducida para significar los gobernantes Custodios de la Tierra. La historia de Adán y Eva es única en que es enteramente simbólica, y a través de sus símbolos proporciona una intrigante narración de historia humana temprana.

Según la Biblia, Adán, que simboliza al primer hombre creado por “Dios” del “el polvo de la tierra.” Esta idea refleja la más antigua creencia de Mesopotamia, de que el Homo sapiens fue creado parcialmente de “arcilla”. La esposa de Adán, Eva, también fue creada artificialmente. Ellos los dos vivieron en un abundante paraíso conocido como el Jardín de Edén. Las versiones modernas de la Biblia ponen el Jardín de Edén en la región del Tigris-Eufrates, en Mesopotamia.

El Antiguo Testamento nos dice que Adán (el primer hombre) fue diseñado para ser un sirviente. Su función era cultivar la tierra y cuidar de los lujuriantes jardines y cosechas, propiedades de su “Dios.” Mientras Adán y Eva aceptaran su estado de servidumbre y obedecieran a sus siempre-presentes amos, todas sus necesidades físicas se satisfarían y se les permitiría permanecer indefinidamente en su “paraíso”. 
  
 

Había, sin embargo, un pecado imperdonable que ellos nunca deberían cometer. Ellos nunca debían intentar buscar ciertos tipos de conocimiento. Estas formas prohibidas de conocimiento están simbolizadas en la historia como dos árboles: el “árbol del conocimiento del bien y el mal” y el “el árbol de la vida.” El primer “árbol” simboliza una comprensión de ética y justicia. El segundo “árbol” simboliza el conocimiento de cómo recobrar y retener la identidad espiritual de uno, y la inmortalidad.

Adán y Eva obedecieron los mandatos de sus amos y vivieron en dicha material hasta que un tercero entró en escena. El interventor está simbolizado en la historia como una serpiente. La serpiente convenció a Eva de compartir la “fruta” * del “árbol del conocimiento del bien y el mal.” Eva siguió la sugerencia de la serpiente, y así lo hizo también Adán. 
  
 

* Esta fruta normalmente es retratada como una manzana, pero ésa es la invención de artistas, más tarde. La misma Biblia no menciona una fruta específica porque la “fruta” era sólo un símbolo para representar el conocimiento. 
  
 

“Dios” (es decir, la dirección Custodial) inmediatamente se alarmó:

Y el Señor Dios dijo. Vean, el hombre se ha vuelto como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal: y ahora, ¿que hay si alarga su mano, y también toma del árbol de la vida, y come, y vive para siempre?

GÉNESIS 3:22

El pasaje anterior revela una verdad importante que hace eco en muchas religiones. Una verdadera comprensión de ética, integridad, y justicia es un requisito previo para recobrar la libertad espiritual y la inmortalidad de uno. Sin un fundamento en las éticas, la plena recuperación espiritual se vuelve nada más que un sueño de opio.

Los Custodios, obviamente no querían que la humanidad comenzara el camino de la recuperación espiritual. La razón es obvia. La sociedad Custodial quería esclavos. Es difícil hacer esclavos de personas que mantienen su integridad y sentido de ética. Se vuelve imposible cuando esos mismos individuos son intimidados por amenazas físicas, debido a un vislumbre de re-despertar a su inmortalidad espiritual. Más importante, si los seres espirituales ya no pudieran ser atrapados en cuerpos humanos, sino que, a cambio, pudieran usar y abandonar sus cuerpos a voluntad, no habría ningún ser espiritual disponible para animar los cuerpos de los esclavos.

Las lápidas Sumerias revelaron la intención Custodial de atar permanentemente los seres espirituales a los cuerpos humanos. El esfuerzo del hombre temprano por escapar de esta esclavitud espiritual “comiendo” de “árboles” Bíblicos, por consiguiente, tuvo que ser detenido... ¡y rápido!

Por consiguiente, el Señor Dios lo expulsó [a Adán] lejos del jardín de Edén,

para cultivar la tierra de la que había sido tomado.

Así que expulsó fuera al hombre; y puso al este del jardín de Edén querubines [ ángeles],

y una espada encendida que se volvía hacia todos lados

para guardar el camino [prevenir el acceso] al árbol de vida.

GENESIS 3:23-24

La “espada flameante” simboliza las medidas, no sin sentido, que emprendieron los Custodios para asegurar que ese genuino conocimiento espiritual nunca se pusiera disponible a la raza humana.

Para prevenir acceso más allá a tal conocimiento, el Homo sapiens fue condenado a un destino adicional:

Y a Adán, El [Dios] dijo,

Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer,

y comiste del árbol del que te mandé diciendo:

No comerás de él;

maldita será la tierra por tu causa;

con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.

Con el sudor de tu rostro comerás el pan

hasta que vuelvas a la tierra,

porque de ella fuiste tomado;

pues polvo eres, y al polvo volverás.

GÉNESIS 3:17-19

Ésta era una manera muy eficaz de lidiar con el “pecado original” de Adán y Eva. El pasaje anterior indica que los gobernantes Custodios intentaban hacer que los humanos vivieran sus vidas enteras y murieran sin siquiera levantarse del nivel de ardua existencia material. Esto les dejaría poco tiempo a los humanos para buscar la comprensión que necesitaban para volverse espiritualmente libres.

Una mala interpretación común de la historia de Adán y Eva es la de que el “pecado original” tenía algo que ver con el sexo o la desnudez. Esta confusión viene de aquella parte de la historia en que Adán y Eva comen del “árbol del conocimiento del bien y el mal” e inmediatamente se avergüenzan de su desnudez. Sin embargo, no era desnudez lo que los avergonzó. Adán y Eva fueron mortificadas por lo que representaba su desnudez. Los antiguos registros Mesopotámicos pintan a los seres humanos totalmente desnudos al realizar las tareas para sus amos Custodios. Los Custodios, por otra parte, fueron pintados totalmente vestidos. La implicación es que Adán y Eva se sintieron degradados por su desnudez, porque era señal de su esclavitud—no porque estando desnudo en sí mismo fuera malo.

Como hemos visto, los humanos tempranos fueron registrados ser un constante dolor de cabeza para sus amos Custodios. Las criaturas esclavas no sólo desobedecieron a sus gobernantes, ellos a menudo se unían y se rebelaban. Esto hizo que la unidad humana fuera indeseable a los gobernantes Custodios— era mejor que los humanos estuvieran desunidos. Una de las maneras en que el problema de la unidad humana fue descrita es en la historia bíblica de la Torre de Babel— que también tiene sus raíces en las tempranas escrituras Mesopotámicas.

Según la Biblia, esto es lo que pasó después del Gran Diluvio:

Y la tierra entera habló un idioma, y usó las mismas palabras.

Y vino a pasar, cuando ellos emigraron del este,

que ellos encontraron una llanura en la tierra de Sh'nar [Babilonia: una región en Mesopotamia]

y se establecieron allí. 
Y ellos dijeron,

Vengan construyamos una ciudad y una torre cuya cima alcanzará los cielos;

y permítanos hacer un nombre para nosotros,

de otro modo seremos esparcidos por toda la faz de la tierra.

Y el Señor bajó para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo.

Y el Señor dijo, Miren, las personas están unidas, y ellos tienen todos una lengua;

y esto empezaron a hacer;

y ahora nada los detendrá de hacer lo que ellos alojan en sus mentes hacer.

Vengan, permítanos bajar, y allí confundir su idioma,

para que ellos no puedan entender las lenguas entre si. 
Así que el Señor los esparció en el extranjero de allí por toda la faz de la tierra:

y ellos pararon de construir la ciudad. 
Por consiguiente, el nombre es Babel:

porque el Señor confundió las lenguas de toda la tierra allí:

y de allí, el Señor los esparció en el extranjero por sobre toda la cara de la Tierra.

GÉNESIS 11:1-9

En El Decimosegundo Planeta, el Sr. Sitchin ofrece un intrigante análisis de la historia de la Torre de Babel. De acuerdo con su investigación, la palabra “nombre” en el pasaje anterior (“permítanos hacer un nombre para nosotros”) era una traducción de la antigua palabra shem. La traducción de la Biblia de shem puede ser un error, dice el Sr. Sitchin, porque el shem viene de la palabra raíz shamah, que significa “aquello que está en lo alto.” Los antiguos shems son los monumentos de obelisco, que eran tan prevalecientes en muchas sociedades antiguas. Esos shems, u obeliscos, fueron copiados de los vehículos en-forma-de-cohete en que los “Dioses” Custodios se decía que volaban. Por consiguiente, el Sr. Sitchin cree que la palabra shem, en los textos Mesopotámicos, debe traducirse como “vehículo del cielo,” significando cohete.

Cuando esta traducción se pone en el anterior pasaje Bíblico, nosotros encontramos que los antiguos babilónicos no estaban intentando hacer un nombre (es decir, reputación) para ellos; ellos estaban intentando hacer un “vehículo del cielo” ¡o cohete! La implicación es que ellos quisieron emparejar el poderío tecnológico de sus odiados amos Custodios, y con eso acabar con su esclavitud. La propia torre puede haberse pensado como la base de lanzamiento para un shem humano.

Si el análisis provocativo del Sr. Sitchin es exacto, nosotros entenderíamos mejor porqué las entidades Custodios se alarmaron tanto con la Torre de Babel y sintieron tal apremiante necesidad de desunir completamente a la raza humana.

Las antiguas leyendas e historias de otras partes del mundo, indirectamente apoyan la historia de la Torre de Babel. Los japoneses, los Esquimales de Alaska, suramericanos, y egipcios tendrán tradiciones que declaran que sus antepasados más tempranos o habían sido transportados por “Dioses” parecidos a los humanos a donde viven hoy los descendientes modernos, o que aquellos “Dioses” había sido la fuente de los idiomas y escritura locales.

Puede ser difícil de aceptar las declaraciones Bíblicas y Mesopotámicas de que la antigua sociedad humana había sido hace años desunida y dividida por extraterrestres voladores, en un esfuerzo de “divida y conquiste”, aunque la técnica de “divida y conquiste” es frecuentemente usada por el ejército y los líderes políticos en la Tierra durante los tiempos de guerra. Interesantemente, el uso de esta técnica fue defendido hace varios años por un distinguido profesor de Yale, si la Tierra alguna vez colonizara otros planetas. El buen profesor sugirió que la Tierra pudiera controlar otro planeta habitado, oponiendo a un grupo nativo contra otro. 6

Si comparamos las ideas antiguas y modernas sobre que cómo la humanidad entró en existencia, encontramos dos versiones muy diferentes. La versión antigua es que una sociedad extraterrestre había venido a poseer la Tierra y había buscado aprovecharse de los recursos del planeta. Para hacer la explotación más fácil, fue creada una raza trabajadora: El Homo sapiens. Se trataron a los humanos como ganado, y eran frecuentemente asesinados cuando se volvían demasiado numerosos o molestos. Para conservar al Homo sapiens como una raza esclava y prevenir una futura rebelión, se reprimió el conocimiento espiritual, se esparcieron geográficamente los seres humanos en diferentes grupos lingüísticos, y se crearon las condiciones para hacer de la supervivencia física en la Tierra un quehacer que-todo-lo-consume, desde el nacimiento hasta la muerte.

Este arreglo sería indefinidamente mantenido mientras la sociedad Custodial poseyera la Tierra. En contraste, el punto de vista moderno es que los seres humanos habían evolucionado accidentalmente del “material estelar” a fango o liga, a peces, monos, y finalmente a personas. El punto de vista moderno realmente parece más imaginativo y vistoso que el antiguo.

En la historia de Adán y Eva, nosotros notamos la aparición de una serpiente. Se decía que la serpiente era el enemigo de “Dios”, Satanás, que literalmente se había transformado en un reptil. La Biblia sugiere que hoy en día, las serpientes son temidas y detestadas, debido a la supuesta transformación de Satanás en el Jardín de Edén. Sin embargo, debe recordarse que la historia bíblica de Adán y Eva es completamente simbólica. La serpiente, también, era un símbolo, no un reptil real.

Para determinar lo que la serpiente Bíblica representaba, debemos regresar una vez más a las más antiguas fuentes pre-bíblicas. Al hacer esto, descubrimos que el símbolo de la serpiente tiene dos significados importantes en el mundo antiguo: estaba asociada con el “Dios” Custodio Ea, reputado creador y bienhechor de la humanidad, y también representaba una influyente organización con que Ea era asociado. 



QUIENES ERAN LOS DIOSES  ? :

DIOSES DEL CIELO Y DE LA TIERRA


¿Cómo pudo ser que, después de cientos de miles o millones de años de penosa y lenta evolución, todo cambiara de forma tan abrupta y completa, y, con tres empujones -alrededor de 11000-7400-3800 a.C-, los primitivos cazadores y recolectores nómadas se transformaran en agricultores y alfareros, en constructores de ciudades, ingenieros, matemáticos, astrónomos, metalúrgicos, comerciantes, músicos, jueces, médicos, escritores, bibliotecarios o sacerdotes? Se podría ir todavía más allá para hacer una pregunta aún más básica, magníficamente planteada por el profesor Robert J. Braidwood (Prehistoric Men): «Después de todo, ¿por qué ocurrió? ¿Por qué todos los seres humanos no estamos viviendo todavía como se vivía en el Mesolítico?» 
 

Los sumerios, la gente por la cual vino a ser esta civilización tan repentina, tenían una respuesta preparada. La resumieron en una de las decenas de miles de inscripciones mesopotámicas encontradas: «Todo lo que se ve hermoso, lo hicimos por la gracia de los dioses». 
 

Los dioses de Sumer. ¿Quiénes eran? 
 

¿Eran los dioses sumerios como los dioses griegos, que vivían en una gran corte, de festín en el Gran Salón de Zeus en los cielos-Olimpo, cuyo homólogo en la tierra era el monte más alto de Grecia, el Monte Olimpo? 
 

Los griegos ofrecían una imagen antropomórfica de sus dioses, con un aspecto físico similar al de los hombres y las mujeres mortales y con un carácter humano. Podían mostrarse felices, irritados o celosos; hacían el amor, discutían y luchaban; y procreaban como eres humanos, teniendo descendencia a través de la relación sexual, entre ellos o con humanos. 
 

Eran inalcanzables y, sin embargo, siempre se estaban mezclando en los asuntos humanos. Podían ir de aquí para allá a una velocidad de vértigo, aparecer y desaparecer; tenían armas poco comunes y de un inmenso poder. Cada uno tenía una función específica y, como consecuencia, cualquier actividad humana podía padecer o beneficiarse de la actitud del dios encargado de esa actividad en particular; por tanto, los rituales de culto y las ofrendas a los dioses estaban destinados a ganarse su favor. 
 

La principal deidad de los griegos durante la civilización helénica fue Zeus, «Padre, de Dioses y Hombres», «Señor del Fuego Celestial». Su principal arma y símbolo era el rayo. Era un «rey» en la tierra que había descendido de los cielos; alguien que tomaba decisiones y dispensaba bien y mal a los mortales, pero cuyo ámbito original estaba en los cielos. 
No fue ni el primer dios sobre la Tierra, ni tampoco el primero en haber estado en los cielos. Mezclando teología con cosmología para crear lo que los estudiosos llaman mitología, los griegos creían que en un principio fue el Caos; después, aparecieron Gea (la Tierra) y su consorte Urano (los cielos). Gea y Urano tuvieron doce hijos los. Titanes, seis varones y seis hembras. Aunque sus legendarias hazañas tuvieron lugar en la Tierra, se daba por cierto que tenían una contraparte astral. 
 

Crono, el más joven de los titanes varones, emergió como figura principal en la mitología olímpica. Alcanzó la supremacía entre los titanes a través de la usurpación, después de castrar a su padre, Urano. Temiendo a los otros titanes, Crono los hizo prisioneros y los desterró. Por todo esto, su madre lo maldijo y lo condenó a sufrir el mismo destino que su padre, y a ser destronado por uno de sus propios hijos. 
 

Crono se casó con su hermana Rea, con la que tuvo tres hijos y tres hijas: Hades, Poseidón y Zeus; Hestia, Deméter y Hera. Una vez más, el destino había marcado que el hijo más joven sería el que depondría a su padre, y la maldición de Gea se convirtió en realidad cuando Zeus derrocó a Crono, su padre. 
 

Pero parece ser que el golpe de estado no estuvo exento de problemas. Durante muchos años hubo batallas entre los dioses, y se originó toda una hueste de seres monstruosos. La batalla decisiva fue entre Zeus y Tifón una deidad con forma de serpiente. Él combate alcanzó a grandes zonas, tanto de la Tierra como de los cielos. El lance final tuvo lugar en el Monte Casio, en los límites entre Egipto y Arabia, parece ser que en algún lugar de la Península del Sinaí. (Fig. 21) 
  
 

Tras su victoria, Zeus fue reconocido como dios supremo. Sin embargo, tenía que compartir el control con sus hermanos. Por elección (o, según otra versión, echándolo a suertes), a Zeus se le dio el control de los cielos; para el hermano mayor, Hades, se acordó el Mundo Inferior; y al mediano, Poseidón, se le dio el dominio de los mares. 
 

Aunque, con el tiempo, Hades y su territorio se convirtieron en sinónimo del Infierno, su ambiente original era algún lugar «por allí abajo» que abarcaba tierras pantanosas, áreas desoladas y tierras regadas por enormes ríos. A Hades se le describía como «el invisible» -frío, distante, severo; impasible ante la oración o los sacrificios. Poseidón, por otra parte, se le veía con frecuencia aferrando su símbolo (el tridente). Aunque soberano de los mares, se le tenía también por señor de las artes metalúrgicas y escultóricas, así como por un habilidoso mago o prestidigitador. Mientras que a Zeus se le representaba en la tradición griega y en la leyenda como a alguien muy estricto con la Humanidad -hasta el punto de que, en cierta ocasión, llegó a tramar la aniquilación del género humano-, a Poseidón se le tenía por un amigo de la Humanidad y un dios dispuesto a hacer lo imposible por ganarse las alabanzas de los mortales. 
 

Los tres hermanos y sus tres hermanas, todos ellos hijos de Crono y de su hermana Rea, conformaron la parte más antigua del Círculo Olímpico, el grupo de los Doce Grandes Dioses. Los otros seis fueron todos descendientes de Zeus, y los relatos griegos trataban en gran medida de sus genealogías y relaciones.

Las deidades de ambos sexos que tenían por padre a Zeus tuvieron por madre a diferentes diosas. Casándose al principio con una diosa llamada Metis, Zeus tuvo una hija, la gran diosa Atenea. Ella era la encargada del sentido común y de la maniobra, de ahí que fuera la Diosa de la Sabiduría. Pero, además, al ser la única deidad principal que permaneció junto a Zeus durante su combate con Tifón (el resto de dioses había huido), Atenea adquirió también cualidades marciales y se convirtió en Diosa de la Guerra. Era la «perfecta doncella», y no se convirtió en esposa de nadie; pero algunos cuentos la relacionan frecuentemente con su tío Poseidón, y, aunque la consorte oficial de éste era la diosa que fue Dama del Laberinto de la isla de Creta, su sobrina Atenea fue su amante. 
 

Zeus se casó después con otras diosas, pero sus hijos no se cualificaron para entrar en el Círculo Olímpico. Cuando Zeus se puso a darle vueltas al serio asunto de tener un heredero varón, se empezó a fijar en sus hermanas. La mayor era Hestia. Según todos los relatos, era algo así como una reclusa; quizás demasiado vieja o demasiado enferma para ser objeto de actividades matrimoniales, por lo que Zeus no necesitó demasiadas excusas para dirigir su atención sobre Déméter, la mediana, Diosa de la Fertilidad. Pero, en vez de un hijo, Deméter le dio una hija, Perséfone, que acabaría convirtiéndose en esposa de su tío Hades, compartiendo con él su dominio sobre el Mundo Inferior. 
 

Decepcionado por no tener un hijo varón, Zeus se volvió hacia otras diosas en busca de consuelo y de amor. Con Armonía tuvo nueve hijas. Después, Leto le dio una hija y un hijo, Ártemis y Apolo, que entraron inmediatamente en el grupo de las deidades principales. 
 

Apolo, como primogénito de Zeus, era uno de los dioses más grandes del panteón helénico, temido tanto por hombres como por dioses. Era el intérprete de la voluntad de su padre Zeus ante los mortales y, de ahí, la máxima autoridad en materia de ley religiosa y de culto en el templo. Siendo el representante de la moral y de las leyes divinas, propugnaba la purificación y la perfección, tanto espiritual como física. 
 

El segundo hijo varón de Zeus, nacido de la diosa Maya, fue Hermes, patrón de los pastores, guardián de rebaños y manadas. Menos importante y poderoso que su hermano Apolo, Hermes estaba más cerca de los asuntos humanos; cualquier golpe de buena suerte se le atribuía a él. Como Dador de Cosas Buenas, era el que se encargaba del comercio, patrón de mercaderes y viajeros. Pero su principal papel en el mito y en la épica fue el de heraldo de Zeus, Mensajero de los Dioses. 
 

Impulsado por determinadas tradiciones dinásticas, Zeus todavía precisaba tener un hijo de una de sus hermanas, por lo que se fijó en la más joven, Hera. Al casarse con ella por los ritos del Sagrado Matrimonio, Zeus la proclamó Reina de los Dioses, es decir, Diosa Madre. Pero el matrimonio, bendecido con un hijo, Ares, y dos hijas, se vio zarandeado constantemente por las infidelidades de Zeus, así como por los rumores de infidelidad por parte de Hera, que arrojó algunas dudas acerca del verdadero parentesco de otro hijo, Hefesto. 
 

Ares fue introducido inmediatamente en el Círculo Olímpico de los doce dioses principales, y se convirtió en el teniente jefe de Zeus, en un Dios de la Guerra. Se le representaba como el Espíritu de las Matanzas, aunque estaba lejos de ser invencible; combatiendo del lado de los troyanos en la Guerra de Troya, sufrió una herida que sólo Zeus pudo curar. 
 

Hefesto, por otra parte, tuvo que esforzarse en su camino hasta la cima olímpica. Era el Dios de la Creatividad; a él se le atribuían el fuego de la forja y el arte de la metalurgia. Era el divino artífice, creador de objetos, tanto prácticos como mágicos, para hombres y dioses. Las leyendas dicen que nació cojo, y que, por esto, su madre, Hera, lo rechazó enfurecida. Otra versión más creíble dice que fue Zeus el que desterró a Hefesto -por las dudas sobre su parentesco-, pero que Hefesto utilizó sus poderes creativos mágicos para obligar a Zeus a darle un asiento entre los Grandes Dioses. 
 

Las leyendas dicen también que, en cierta ocasión, Hefesto hizo una red invisible para que cayera sobre el lecho de su esposa en caso de que calentara sus sábanas un amante intruso. Quizás necesitaba esta protección, dado que su esposa y consorte era Afrodita, Diosa del Amor y la Belleza. Era de lo más natural que muchos relatos de amor se construyeran en torno a ella; y, en muchos de estos cuentos, el seductor era Ares, hermano de Hefesto. (Uno de los hijos de este amor ilícito fue Eros, Dios del Amor.) 
 

Afrodita fue incluida en el Círculo Olímpico de los Doce, y las circunstancias de su admisión arrojan cierta luz sobre nuestro tema. Afrodita no era hermana de Zeus, ni tampoco su hija, y, sin embarcas no se le pudo ignorar. Afrodita había venido de las costas asiáticas del Mediterráneo que miran a Grecia (según el poeta griego Hesiodo, llegó a través de Chipre); y reivindicando una gran antigüedad se le atribuyó su origen a los genitales de Urano. De este modo, y genealógicamente, iba una generación por delante de Zeus, siendo, por decirlo de algún modo, hermana de su padre, además de la personificación del castrado Progenitor de los Dioses. (Fig. 22) 
  
 

Por tanto, Afrodita tenía que ser incluida entre los dioses olímpicos. Pero su número total, doce, parece ser que no se podía sobrepasar. La solución fue ingeniosa: añadir uno dejando caer a uno. Dado que a Hades se le había dado potestad sobre el Mundo Inferior y no permanecía entre los Grandes Dioses del Monte Olimpo, se creó una plaza que, de un modo admirablemente práctico, permitió a Afrodita sentarse en el exclusivo Círculo de los Doce. 
 

Parece también que el número doce era una exigencia que funcionaba de dos maneras: no podía haber más de doce olímpicos, pero tampoco menos de doce. Esto queda patente en las circunstancias que llevaron a la admisión de Dioniso en el Círculo Olímpico. Éste era hijo de Zeus, nacido de la fecundación de su propia hija, Sémele. Con el fin de ocultarlo de la ira de Hera, Dioniso fue enviado a tierras muy lejanas (llegando incluso a la India), introduciendo el cultivo de la vid y la elaboración del vino allá donde iba. Mientras tanto, en el Olimpo quedó una plaza libre. Hestia, la hermana mayor de Zeus, débil y vieja, fue totalmente excluida del Círculo de los Doce. Fue entonces cuando Dioniso volvió a Grecia y se le permitió ocupar la plaza. Una vez más, había doce olímpicos. 
 

Aunque la mitología griega no es muy clara en cuanto a los orígenes de la humanidad, las leyendas y las tradiciones proclamaban la ascendencia divina de héroes y reyes. Estos semidioses conformaban el lazo entre el destino humano -los afanes diarios, la dependencia de los elementos, las plagas, la enfermedad, la muerte- y un pasado dorado en el que sólo los dioses vagaban por la Tierra. Y, aunque muchos de los dioses habían nacido en la Tierra, el selecto Círculo de los Doce Olímpicos representaba el aspecto celestial de los dioses. En la Odisea, se decía que el Olimpo original se hallaba en el «puro aire superior». Los Doce Grandes Dioses originales eran Dioses del Cielo que habían bajado a la Tierra; y representaban a los doce cuerpos celestes de la «bóveda del Cielo». 
 

Los nombres latinos de los Grandes Dioses, dados cuando los romanos adoptaron el panteón griego, aclaran sus asociaciones astrales: Gea era la Tierra; Hermes, Mercurio; Afrodita, Venus; Ares, Marte; Crono, Saturno; y Zeus, Júpiter. Siguiendo la tradición griega, los romanos vieron a Júpiter como un dios del trueno cuya arma era el rayo; al igual que los griegos, los romanos lo asociaron con el toro. (Fig. 23) 
  
 

En la actualidad, hay un acuerdo generalizado en que los cimientos de la civilización griega se pusieron en la isla de Creta, donde floreció la cultura minoica desde alrededor del 2700 a.C. hasta el 1400 a.C. Entre los mitos y las leyendas minoicos, destaca por su importancia el mito del minotauro. Este ser, medio hombre, medio toro, era hijo de Pasífae, la esposa del rey Minos, y de un toro. Los descubrimientos arqueológicos han confirmado el extenso culto minoico al toro, y en algunos sellos cilíndricos se representa a éste como a un ser divino, acompañado por una cruz que, para algunos, sería una estrella o un planeta no identificados. De ahí que se haya conjeturado que el toro al que daban culto los minoicos no fuera una criatura terrestre común, sino un Toro Celestial -la constelación de Tauro-, en conmemoración de algunos sucesos ocurridos cuando, durante el equinoccio de primavera, el Sol apareció por esa constelación, alrededor del 4000 a.C. (Fig. 24) 
  
 

Según la tradición griega, Zeus llegó a la Grecia continental vía Creta, adonde había llegado en su huida (atravesando el Mediterráneo) tras el rapto de Europa, la hermosa hija del rey de la ciudad fenicia de Tiro. Lo cierto es que, cuando la inscripción minoica más antigua fue descifrada al fin por Cyrus H. Gordon, resultó ser «un dialecto semita de las costas orientales del Mediterráneo». 
 

De hecho, los griegos nunca afirmaron que sus dioses olímpicos llegaran directamente a Grecia desde los cielos. Zeus llegó a través del Mediterráneo, vía Creta. Se decía que Afrodita había llegado por mar desde Oriente Próximo, vía Chipre. Poseidón (Neptuno para los romanos) trajo con él el caballo desde Asia Menor. Atenea trajo «el fértil olivo» a Grecia desde las tierras de la Biblia. 
 

No cabe duda de que la religión y las tradiciones griegas llegaron a tierra firme griega desde Oriente Próximo, vía Asia Menor y las islas del Mediterráneo. Es ahí donde inserta las raíces su panteón; es ahí donde debemos buscar los orígenes de los dioses griegos, y su relación astral con el número doce. 
 

El hinduismo, la antigua religión de la India, considera los Vedas -composiciones de himnos, fórmulas sacrificiales y otros dichos pertenecientes a los dioses- como escrituras sagradas, «de origen no humano». Los mismos dioses los escribieron, dice la tradición hindú, en la era que precedió a la presente. Pero, con el paso del tiempo, un número cada vez mayor de los 100.000 versos originales, que iba pasando por transmisión oral de generación en generación, se fue perdiendo y confundiendo. Al final, un sabio escribió los versos que quedaban, dividiéndolos en cuatro libros y confiándoselos a cuatro de sus discípulos principales, para que preservara un Veda cada uno. 
 

Cuando, durante el siglo xix, se empezaron a descifrar y a comprender las lenguas muertas y a establecer conexiones entre ellas, los estudiosos se dieron cuenta de que los Vedas estaban escritos en un antiquísimo idioma indoeuropeo, predecesor de la lengua raíz india, el sánscrito, pero también del griego, el latín y otras lenguas europeas. Cuando al fin pudieron leer y analizar los Vedas, se sorprendieron al ver la extraña similitud que había entre los relatos de los dioses védicos y los de la antigua Grecia. 
 

Los dioses, contaban los Vedas, eran todos miembros de una gran, pero no necesariamente pacífica, familia. En medio de relatos de ascensos a los cielos y descensos a la Tierra, de batallas aéreas, de portentosas armas, de amistades y rivalidades, matrimonios e infidelidades, parecía existir una preocupación básica por guardar un registro genealógico -un quién es el padre de quién y quién era el primogénito de quién. Los dioses de la Tierra tenían su origen en los cielos; y las principales deidades, incluso en la Tierra, seguían representando a los cuerpos celestes. 
 

En épocas primitivas, los Rishis («los antiguos fluentes») «fluyeron» celestialmente, poseídos de unos poderes irresistibles. De ellos, siete fueron los Grandes Progenitores. Los dioses Rahu («demonio») y Ketu («desconectado») formaban una vez un único cuerpo celestial que intentaba unirse a los dioses sin permiso; pero el Dios de la Tormentas lanzó su arma flamígera contra él, partiéndolo en dos trozos: Rahu, la «Cabeza del Dragón», que atraviesa sin cesar los cielos en busca de venganza, y Ketu, la «Cola del Dragón». Mar-Ishi, ascendiente de la Dinastía Solar, dio a luz a Kash-Yapa («aquel que es el trono»). Los Vedas le describen como a alguien bastante prolífico; pero la sucesión dinástica sólo prosiguió a través de sus diez hijos con Prit-Hivi («madre celestial»). 
 

Como cabeza de la dinastía, Kash-Yapa era también el jefe de los devas («los brillantes») y llevaba el título de Dyaus-Pitar («padre brillante»). Junto con su consorte y sus diez hijos, la familia divina componía los doce Adityas, dioses que estaban asignados a un signo del zodiaco y a un cuerpo celeste cada uno. 
 

El cuerpo celeste de Kash-Yapa era «la estrella brillante»; Prit-Hivi representaba a la Tierra. Después, estaban los dioses cuyos homólogos celestes eran el Sol, la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno. 
 

Con el tiempo, el liderazgo del panteón de doce pasó a Varuna, el Dios de las Extensiones Celestiales. Varuna era omnipresente y omnisciente; uno de los himnos que se le entonaban a él se lee casi como un salmo bíblico:

Él es el que hace brillar al sol en los cielos, 
y los vientos que soplan son su aliento. 
Él ha ahuecado las cuencas de los ríos; 
éstos fluyen por su mandato. 
Él ha hecho las profundidades de los mares.

Su reinado también llegó, más pronto o más tarde, a un fin. Indra, el dios que mató al «Dragón» celestial, reclamó el trono después de matar a su padre. Él era el nuevo Señor de los Cielos y Dios de las Tormentas. El rayo y el trueno eran sus armas, y tenía como epíteto el de Señor de los Ejércitos. Sin embargo, tuvo que compartir su dominio con sus dos hermanos. Uno era Vivashvat, que fue el progenitor de Manu, el primer Hombre. El otro era Agni («encendedor»), que trajo el fuego a la Tierra desde los cielos, para que la Humanidad pudiera usarlo industrialmente.

Las similitudes entre los panteones védico y griego son obvias. Los cuentos relativos a las principales deidades, así como los versos que tratan de multitud de otras deidades menores -hijos, esposas, hijas, amantes- son, evidentemente, duplicados (u originales) de los cuentos griegos. No cabe duda de que Dyaus acabó significando Zeus; Dyaus-Pitar, Júpiter; Varuna, Urano; y así sucesivamente. Y, en ambos casos, el Círculo de los Grandes Dioses era siempre de doce, no importa los cambios que tuvieran lugar en la sucesión divina. 
 

¿Cómo pudo surgir tal similitud en dos zonas tan distantes, tanto en lo geográfico como en lo temporal? 
 

Los expertos creen que, en algún momento durante el segundo milenio a.C, un pueblo que hablaba una lengua indoeuropea y que debía de estar centrado en el norte de Irán o en la zona del Cáucaso, se embarcó en grandes migraciones. Un grupo fue hacia el sudeste, a la India. Los hindúes les llamaron arios («hombres nobles»). Trajeron con ellos los Vedas como relatos orales, alrededor del 1500 a.C. Otra oleada de esta migración indoeuropea fue hacia el oeste, hacia Europa. Algunos dieron la vuelta al Mar Negro y entraron en Europa a través de las estepas rusas. Pero la ruta principal que siguió este pueblo para, junto con sus tradiciones y su religión, llegar a Grecia fue la más corta: Asia Menor. De hecho, algunas de las más antiguas ciudades griegas no se encuentran precisamente en la Grecia continental, sino en el extremo occidental de Asia Menor. 
 

Pero, ¿quiénes eran estos indoeuropeos que eligieron Anatolia como hogar? Poco hay en el conocimiento occidental que pueda arrojar luz sobre este asunto. 
 

Una vez más, la única fuente disponible -además de fiable-demostró ser el Antiguo Testamento. Ahí encontraron los expertos varias referencias a los «Hititas» como el pueblo que habitaba en las montañas de Anatolia. A diferencia de la enemistad que refleja el Antiguo Testamento por los cananeos y otros vecinos cuyas costumbres eran consideradas como una «abominación», a los hititas se les veía como amigos y aliados de Israel. Betsabé, deseada por el rey David, era la esposa de Urías el hitita, uno de los oficiales del ejército del rey David. El rey Salomón, que forjó alianzas casándose con las hijas de reyes extranjeros, tomó como esposas a las hijas de un faraón egipcio y de un rey hitita. En otro momento, un ejército sirio invasor emprende la huida al oír el rumor de que «el rey de Israel ha tomado a sueldo contra nosotros a los reyes de los hititas y a los reyes de los egipcios». Estas breves alusiones a los hititas revelan la alta estima en la que se tenían, entre otros pueblos de la zona, las habilidades militares de aquellos. 
 

Cuando se descifraron los jeroglíficos egipcios y, posteriormente, cuando se descifraron las inscripciones mesopotámicas, los expertos se encontraron con numerosas referencias a una «Tierra de Hatti», que era un reino grande y poderoso de Anatolia. ¿Pudo no dejar ningún rastro un reino tan importante? 
 

Escudándose en las claves proporcionadas por los textos egipcios y mesopotámicos, los estudiosos se embarcaron en una serie de excavaciones en antiguos lugares de las regiones montañosas de Anatolia. Y sus esfuerzos tuvieron recompensa: encontraron ciudades, palacios, tesoros reales, tumbas reales, templos, objetos religiosos, herramientas, armas y objetos artísticos de los hititas. Pero, por encima de todo, se encontraron con muchas inscripciones, tanto en escritura pictográfica como en cuneiforme. Los hititas bíblicos habían cobrado vida. 
 

Un monumento único que nos legó el Oriente Próximo de la antigüedad es una talla en roca que hay en el exterior de la antigua capital hitita (el lugar se llama en la actualidad Yazilikaya, que en turco significa «roca inscrita»). Después de pasar a través de pórticos y santuarios, el antiguo devoto entraba en una galería abierta al aire libre, una abertura en medio de un semicírculo de rocas sobre las que estaban representados, en procesión, todos los dioses de los hititas. 
 

Marchando desde la izquierda hay un largo desfile de deidades, principalmente masculinas, organizado claramente en «compañías» de doce. En el extremo izquierdo, es decir, al final de este asombroso desfile, hay doce deidades que parecen idénticas y que portan todas la misma arma. (Fig. 25) 
  
 

En el grupo de doce que hay en la mitad, algunas deidades parecen más viejas, otras llevan diversas armas y hay dos que están señaladas por un símbolo divino. (Fig. 26) 
  
 

El tercer grupo de doce (el de delante) está claramente constituido por las deidades masculinas y femeninas más importantes. Sus armas y emblemas son más variados; cuatro tienen el divino símbolo celestial por encima de ellos; dos tienen alas. En este grupo también hay participantes no divinos: dos toros que sostienen un globo, y el rey de los hititas, que lleva un casquete y que está de pie debajo del emblema del Disco Alado. (Fig. 27) 
  
 

Desfilando desde la derecha había dos grupos de deidades femeninas; sin embargo, las tallas están demasiado mutiladas para poder estar seguros de su número original. Lo más probable es que no nos equivoquemos al suponer que ellas también formaban dos «compañías» de doce. 
 

Ambas procesiones, la de la izquierda y la de la derecha, se encontraban en un panel central que representaba, con toda claridad, a los Grandes Dioses, pues a todos estos se les mostraba elevados, de pie encima de las montañas, de los animales, de los pájaros o, incluso, sobre los hombros de sus divinos asistentes. (Fig. 28) 
  
 

Muchos esfuerzos invirtieron los expertos (por ejemplo, E. Laro-che, Le Panthéon de Yazilikaya) para determinar los símbolos jeroglíficos de las representaciones, así como, de los textos parcialmente legibles y de los nombres de dioses que estaban tallados en las rocas, los nombres, títulos y papeles de las deidades que aparecían en la procesión. Pero está claro que el panteón hitita, también, estaba gobernado por los doce «olímpicos». Los dioses menores estaban organizados en grupos de doce, y los Grandes Dioses sobre la Tierra estaban asociados con doce cuerpos celestes. 
 

Pero, que el panteón hitita estuviera gobernado por el «número sagrado» doce, queda confirmado por otro monumento de esta cultura, un santuario de piedra encontrado cerca de la actual Beit-Zehir. En él, se representa con toda claridad a la divina pareja rodeada por otros diez dioses, sumando doce en total. (Fig. 29) 
  
 

Los descubrimientos arqueológicos demuestran concluyentemente que los hititas adoraban a dioses que eran «del Cielo y de la Tierra», interrelacionados entre sí y organizados en una jerarquía genealógica. Unos eran grandes dioses «de antaño», que eran originariamente de los cielos. Su símbolo, que en la escritura pictográfica hitita significaba «divino» o «dios celestial», tenía el aspecto de un par de gafas de protección (Fig. 30), y solía aparecer sobre sellos redondos, como parte de un objeto parecido a un cohete. (Fig. 31) 
  
  
  
 

Ciertamente, había otros dioses presentes, no sólo sobre la Tierra sino entre los hititas, actuando como soberanos supremos de la tierra, nombrando a los reyes humanos e instruyéndolos en cuestiones de guerra, tratados y otros temas internacionales. 
 

Encabezando a los físicamente presentes dioses hititas había una deidad llamada Teshub, que significaba «el que sopla el viento». Era, por consiguiente, lo que los expertos llaman un Dios de las Tormentas, relacionado con los vientos, el trueno y el rayo. Se le apodaba también Taru («toro»). Al igual que los griegos, los hititas representaban también algún tipo de culto al toro; y, al igual que Júpiter más tarde, Teshub era representado como Dios del Trueno y del Rayo, montado sobre un toro. (Fig. 32) 
  
 

Los textos hititas, como las posteriores leyendas griegas, relatan la batalla que tuvo que afrontar su deidad jefe con un monstruo para consolidar su supremacía. Un texto, llamado por los expertos «El Mito de la Muerte del Dragón», identifica al adversario de Teshub como el dios Yanka. No pudiendo derrotarle en la batalla, Teshub recurre a los otros dioses en busca de ayuda, pero sólo una diosa viene le presta asistencia, y se deshace de Yanka emborrachándolo en una fiesta. 
 

Los expertos, reconociendo en estos cuentos los orígenes de la leyenda de San Jorge y el Dragón, se refieren al adversario herido por el dios «bueno» como «el dragón». Pero lo cierto es que Yanka significa «serpiente», y que los pueblos de la antigüedad representaban al dios «malo» de este modo -como se puede ver en el bajorrelieve hitita de la (Fig. 33). 
  
 

Como ya dijimos, Zeus también combatió no con un «dragón» sino con un dios-serpiente. Como mostraremos más adelante, a estas antiguas tradiciones sobre la lucha entre un dios de los vientos y una deidad serpentina se les atribuía un profundo significado. Aquí, sin embargo, sólo podemos recalcar que las batallas entre dioses por la divina corona se relataban en los textos antiguos como hechos que, incuestionablemente, habían tenido lugar. 
 

Un largo y bien conservado relato épico hitita titulado «La Realeza del Cielo» trata de este tema, el del origen celeste de los dioses. El narrador de aquellos sucesos anteriores a los mortales invoca en primer lugar a los doce «poderosos dioses de antaño», para que escuchen su relato y sean testigos de su veracidad:

¡Que escuchen los dioses que están en el Cielo, 
y aquellos que están sobre la oscura Tierra! 
Que escuchen los poderosos dioses de antaño.

Quedando establecido así que los dioses de antaño eran tanto del Cielo como de la Tierra, la epopeya hace una lista de los doce «poderosos de antaño», los antepasados de los dioses; y, una vez asegurada su atención, el narrador procede a relatar los sucesos que llevaron a que el dios que era «rey del Cielo» viniera a «la oscura Tierra»:

Antes, en los días antiguos, Alalu era rey del Cielo; 
Él, Alalu, estaba sentado en el trono. 
El poderoso Anu, el primero entre los dioses, de pie ante él, 
se inclinaba ante sus pies, y ponía la copa en su mano. 
Durante un total de nueve períodos, Alalu fue rey en el Cielo. 
En el noveno período, Anu le dio batalla a Alalu. 
Alalu fue derrotado, huyó ante Anu. 
Descendió a la oscura Tierra. 
Abajo, a la oscura Tierra fue; 
en el trono se sentó Anu.

Así pues, la epopeya atribuye a la usurpación del trono la llegada de un «rey del Cielo» a la Tierra. Un dios llamado Alalu fue obligado a abandonar su trono (en algún lugar de los cielos), y a huir para salvar su vida, «descendió a la oscura Tierra». Pero ése no fue el final. El texto sigue relatando cómo Anu, a su vez, fue destronado por un dios llamado Kumarbi (hermano de Anu, según algunas interpretaciones).

No cabe duda de que esta epopeya, escrita mil años antes de que se crearan las leyendas griegas, fue la precursora del relato del destronamiento de Urano a manos de Crono, y del destronamiento de Crono a manos de Zeus. Incluso el detalle de la castración de Crono por parte de Zeus se encuentra en el texto hitita, pues eso es exactamente lo que Kumarbi le hizo a Anu:

Durante un total de nueve períodos, Anu fue rey en el Cielo; 
En el noveno período, Anu tuvo que hacer batalla con Kumarbi. 
Anu consiguió soltarse de Kumarbi y huyó. 
Huyó Anu, elevándose hacia el cielo. 
Kumarbi salió tras él, y lo agarró por los pies; 
tiró de él hacia abajo desde los cielos. 
Le mordió los genitales, y la «Virilidad» de Anu, 
al combinarse con las tripas de Kumarbi, se fundió como el bronce.

Según este antiguo relato, la batalla no terminó con una victoria total. Aunque castrado, Anu se las apañó para huir hasta su Morada Celeste, dejando a Kumarbi con el control de la Tierra. Mientras tanto, la «Virilidad» de Anu produjo varias deidades en las tripas de Kumarbi, deidades que, como Crono en las leyendas griegas, se vio obligado a liberar. Uno de estos dioses fue Teshub, el dios supremo de los hititas. 
 

Sin embargo, iba a haber una batalla épica más antes de que Teshub pudiera reinar en paz. 
 

Al saber de la aparición de un heredero de Anu en Kummiya («morada celestial»), Kumarbi preparó un plan para «crear un rival para el Dios de las Tormentas». «Tomó el báculo con la mano y se puso en los pies un calzado que le hacía rápido como los vientos», y fue desde su ciudad Ur-Kish hasta la morada de la Dama de la Gran Montaña. Cuando llegó,

Se le despertó el deseo; 
durmió con la Dama Montaña; 
su virilidad fluyó dentro de ella. 
Cinco veces la tomó... 
Diez veces la tomó.

¿Acaso Kumarbi era un rijoso? Tenemos razones para creer que había muchas más cosas implicadas en ello. Suponemos que las leyes sucesorias de los dioses eran de tal tipo que un hijo de Kumarbi con la Dama de la Gran Montaña se hubiera podido reivindicar como heredero legítimo al Trono Celestial; y eso explicaría que Kumarbi «tomara» a la diosa cinco y diez veces, con el fin de asegurar la concepción; como, de hecho, así fue, pues tuvo un hijo al que Kumarbi llamó simbólicamente Ulli-Kummi («supresor de Kummiya» -la morada de Teshub). 
 

Kumarbi preveía que la batalla por la sucesión se entablaría en los cielos. Al haber destinado a su hijo para eliminar a los de Kummiya, Kumarbi diría de él:

¡Que ascienda hasta el Cielo por su realeza! 
¡Que venza a Kummiya, la hermosa ciudad! 
¡Que ataque al Dios de las Tormentas 
y lo haga pedazos, como a un mortal! 
Que derribe a todos los dioses del cielo.

¿Acaso estas batallas de Teshub en la Tierra y en los cielos tuvieron lugar cuando comenzaba la Era de Tauro, alrededor del 4000 a.C? ¿Era ésta la razón por la cual al vencedor se le concedió la asociación con el toro? Y, por último, ¿hubo alguna conexión entre estos sucesos y el comienzo, por la misma época, de la repentina civilización de Sumer? 
 

No cabe duda de que el panteón y los relatos de los dioses hitita-s tienen sus raíces, ciertamente, en Sumer, en su civilización y en sus dioses. 
 

La historia del desafío de Ulli-Kummi al Trono Divino prosigue con el relato heroico de batallas que, sin embargo, no resultan decisivas. Incluso se da el caso de que la esposa de Teshub, Hebat, intenta suicidarse ante el fracaso de su marido en derrotar a su adversario. Al final, se hace una llamada a las deidades para que medien en la disputa, y se convoca una Asamblea de Dioses, encabezada por un «dios de antaño» llamado Enlil, y otro «dios de antaño» llamado Ea que es convocado para que presente «las viejas tablillas con las palabras del destino», unos antiguos registros que, según parece, ayudarían a zanjar la disputa sobre la sucesión divina. 
 

Pero estos registros no consiguen resolver el conflicto, y Enlil aconseja entonces otra batalla con el aspirante, si bien con la ayuda de algunas armas muy antiguas. «Escuchad, dioses de antaño, vosotros que conocéis las palabras de antaño», dice Enlil a sus seguidores:

¡Abrid los antiguos almacenes 
de los padres y los abuelos! 
Sacad la lanza de Cobre Viejo 
con la que se separó el Cielo de la Tierra; 
y que corten los pies de Ulli-Kummi.

¿Quiénes eran los «dioses de antaño»? La respuesta es obvia, pues todos ellos -Anu, Antu, Enlil, Ninlil, Ea, Ishkur- llevan nombres sumerios. Incluso el nombre de Teshub -así como los nombres de otros dioses hititas- se solía escribir con escritura sumeria para denotar su identidad. Por otra parte, los nombres de algunos de los lugares citados en la acción eran también los de antiguos lugares sumerios. 
 

Los estudiosos cayeron en la cuenta de que los hititas adoraban, de hecho, un panteón de origen sumerio, y de que el ruedo en el que se desarrollaban los relatos de los «dioses de antaño» era Sumer. Sin embargo, esto era sólo parte de un descubrimiento mucho mayor. No sólo resultaba que la lengua hitita estaba basada en diversos dialectos indoeuropeos, sino que también estaba sujeta a una sustancial influencia acadia, tanto en la manera de hablarla como de escribirla. Dado que el acadio era el idioma internacional del mundo antiguo en el segundo milenio a.C, su influencia sobre el hitita se puede racionalizar de algún modo. 
 

¡Pero lo que provocó un profundo asombro entre los expertos fue el descubrir, durante el transcurso de las labores de desciframiento del hitita, la amplia utilización de signos pictográficos, sílabas e, incluso, palabras completas sumerias! Además, resultaba obvio que el sumerio era el idioma que utilizaban para las enseñanzas superiores. El sumerio, en palabras de O. R. Gurney (The Hittites), «se estudiaba intensivamente en Hattu-Shash (la capital), donde se han encontrado diccionarios sumerio-hitita... Muchas de las sílabas asociadas con los signos cuneiformes en el período hitita son en realidad palabras sumerias de las que (los hititas) habían olvidado el significado... En los textos hititas, los escribas solían cambiar palabras comunes hititas por sus correspondientes sumerias o babilonias». 
 

Ahora bien, cuando los hititas llegaron a Babilonia, en algún momento antes del 1600 a.C, hacía ya mucho que los sumerios habían desaparecido de la escena de Oriente Próximo. ¿Cómo, entonces, su lengua, su literatura y su religión pudieron dominar otro gran reino en otro milenio y en otra parte de Asia? 
 

El puente, según han descubierto recientemente los expertos, lo estableció otro pueblo: los hurritas. 
 

Citados en el Antiguo Testamento como horitas o joritas («pueblo libre»), dominaron los extensos territorios que se abren entre Sumer y Acad, en Mesopotamia, y el reino de los hititas, en Anatolia. En la parte norte de sus tierras estaban las antiguas «tierras de los cedros», de donde países limítrofes y lejanos obtenían sus mejores maderas. En el este, ocupaban los actuales campos petrolíferos de Iraq; sólo en una ciudad, Nuzi, los arqueólogos no sólo encontraron las habituales estructuras y construcciones, sino también miles de documentos legales y sociales de gran valor. En el oeste, la soberanía y la influencia de los hurritas se extendía hasta la costa mediterránea, y abarcaba a los grandes centros del comercio, la industria y la enseñanza de la época, como Carchemish y Alalakh. 
 

Pero las sedes de su poder, los principales centros de las antiguas rutas comerciales y sus más venerados santuarios se encontraban en el corazón que había «entre los dos ríos», en la bíblica Naharayim. Su capital más antigua (aún por descubrir) estaba en algún lugar a orillas del río Khabur. Su principal centro comercial, junto al río Balikh, era la bíblica Jarán, la ciudad en la que la familia del patriarca Abraham se estableció en su camino desde Ur, en el sur de Mesopotamia, hasta la Tierra de Canaán. 
 

Documentos reales egipcios y mesopotámicos se referían al reino hurrita como Mitanni, y lo trataban en pie de igualdad, como una potencia cuya influencia iba más allá de sus fronteras inmediatas. Los hititas llamaban a sus vecinos hurritas «Hurri». Sin embargo, algunos expertos han señalado que esta palabra también se podría leer como «Har» y (como G. Contenau en La Civilisation des Hittites et des Hurrites du Mitanni) han sugerido la posibilidad de que, en el nombre «Harri», «uno ve el nombre 'Ary' o arios de este pueblo». 
 

No hay duda de que los hurritas eran de origen ario o indoeuropeo. En sus inscripciones, invocaban a varias de sus deidades por sus nombres védicos «arios», sus reyes llevaban nombres indoeuropeos y su terminología militar y caballeresca derivaba del indoeuropeo. B. Hrozny, que en la década de 1920 dirigió un trabajo para desentrañar los registros hititas y hurritas, fue incluso más lejos al llamar a los hurritas «los más antiguos de los hindúes». 
 

Los hurritas dominaron cultural y religiosamente a los hititas. Los textos mitológicos hititas han resultado ser de procedencia hurrita, e incluso los relatos épicos de los héroes prehistóricos semidivinos eran de origen hurrita. Ya no existen dudas: los hititas adquirieron de los hurritas su cosmología, sus «mitos», sus dioses y su panteón de doce. 
Esta triple conexión, la que hay entre los orígenes arios, el culto hitita y las fuentes hurritas de estas creencias, está notablemente bien documentada en la oración hitita de una mujer por la vida de su marido enfermo. Dirigiendo sus súplicas a la diosa Hebat, esposa de Teshub, la mujer rezaba:

Oh, diosa del Disco Naciente de Arynna, 
mi Señora, Dueña de las Tierras de Hatti, 
Reina del Cielo y de la Tierra.. 
En el país de Hatti, tu nombre es 
«Diosa del Disco Naciente de Arynna»; 
pero en la tierra que tú hiciste, 
en la Tierra del Cedro,

portas el nombre de «Hebat».

Aun con todo esto, la cultura y la religión adoptada y transmitida por los hurritas no era indoeuropea. Ni siquiera su lengua era, realmente, indoeuropea. Indudablemente, había elementos acadios en la lengua, la cultura y las tradiciones hurritas. El nombre de su capital, Washugeni, era una variante del semita resh-eni («donde comienzan las aguas»). Al Tigris le llamaban Aranzakh, que, según creemos, procedería de la frase acadia «río de los cedros puros». Los dioses Shamash y Tashmetum se convirtieron en los hurritas Shimiki y Tashimmetish, y así con otras cosas. 
 

Pero, dado que la cultura y la religión acadias no eran más que una evolución de las tradiciones y creencias originales sumerias, lo que los hurritas absorbieron y transmitieron, de hecho, fue la religión de Sumer. Que éste fuera el caso, se hace evidente por el uso frecuente de nombres divinos, epítetos y signos escritos sumerios. 
 

Los relatos épicos, ya ha quedado claro, eran los relatos de Sumer; los «lugares donde moraban» los dioses de antaño eran ciudades sumerias; la «lengua de antaño» era la lengua de Sumer. Incluso el arte hurrita era un duplicado del arte sumerio, tanto en formas como en temas y símbolos. 
 

¿Cuándo y cómo «mutaron» los hurritas a causa del «gen» sumerio? 
 

Las evidencias sugieren que los hurritas, que eran los vecinos septentrionales de Sumer y Acad en el segundo milenio a.C, se mezclaron en realidad con los sumerios durante el milenio anterior. Es un hecho demostrado que los hurritas estaban presentes y activos en Sumer en el tercer milenio a.C, y que tenían posiciones importantes en Sumer durante su último período de gloria, es decir, durante la tercera dinastía de Ur. Existen evidencias que indican que los hurritas dirigían y manejaban la industria del tejido por la cual Sumer (y, en especial, Ur) era famosa en la antigüedad. Los renombrados mercaderes de Ur debieron ser hurritas en su mayoría. 
 

Durante el siglo XIII a.C, por la presión de vastas migraciones e invasiones (entre las que habría que incluir la de los israelitas desde Egipto hasta Canaán), los hurritas se retiraron a la zona septentrional de su reino, establecieron su nueva capital cerca del Lago Van y le pusieron a su reino el nombre de Urartu («Ararat»). Allí adoraron a un panteón encabezado por Tesheba (Teshub), representándolo como a un dios vigoroso, con un casquete con cuernos, de pie sobre el símbolo de su culto, el toro. (Fig. 34) Su principal santuario tuvo por nombre Bitanu («casa de Anu») y se consagraron a construir su reino, «la fortaleza del valle de Anu». 
  
 

Y Anu, como veremos, era el Padre de los Dioses sumerio. 
 

¿Y qué hay de la otra avenida por la cual llegaron a Grecia los relatos y el culto de los dioses, la que llegó desde las costas orientales del Mediterráneo, vía Creta y Chipre? 
 

Las tierras que forman hoy Israel, Líbano y el sur de Siria, y que formaban la franja sudoeste del antiguo Creciente Fértil, estaban habitadas por pueblos que podríamos agrupar bajo el nombre de cananeos. Una vez más, todo lo que se sabía de ellos hasta hace poco aparecía en referencias (normalmente adversas) del Antiguo Testamento y de inscripciones fenicias dispersas. Los arqueólogos estaban empezando a conocer a los cananeos cuando, de pronto, dos descubrimientos salieron a la luz: ciertos textos egipcios de Luxor y Saqqara, y, mucho más importante, unos textos históricos, literarios y religiosos desenterrados en un importante centro cananeo. El lugar, llamado en la actualidad Ras Shamra, en la costa siria, era la antigua ciudad de Ugarit. 
 

La lengua de las inscripciones de Ugarit, el cananeo, era lo que los expertos llaman el semita occidental, una rama del grupo de lenguas entre las que se incluyen el primitivo acadio y el actual hebreo. De hecho, cualquiera que conozca el hebreo puede leer las inscripciones cananeas con relativa facilidad. El lenguaje, el estilo literario y la terminología muestran reminiscencias del Antiguo Testamento, y la escritura es la misma que la del hebreo israelita. 
 

El panteón que se revela en los textos cananeos tiene muchas similitudes con el posterior panteón griego. A la cabeza del panteón cananeo, cómo no, hay un dios supremo llamado El, una palabra que era, al mismo tiempo, el nombre personal del dios y el término genérico de «alta deidad». El era la autoridad última en todo tipo de asuntos, tanto humanos como divinos. Ab Adam («padre del hombre») era su título; el Bondadoso, el Misericordioso era su epíteto. Era el «creador de todo lo creado, y el único que podía conceder la realeza». 
 

Los textos cananeos («mitos» para la mayoría de los expertos) representaban a El como a un sabio, un dios anciano que se mantenía al margen de los asuntos cotidianos. Su morada era remota, en la «cabecera de los dos ríos», el Tigris y el Eufrates. Allí debía de estar, sentado en su trono, recibiendo emisarios y contemplando los problemas y las disputas que los otros dioses le presentaban. 
 

Una estela encontrada en Palestina representa a un dios anciano sentado en un trono al que una deidad más joven le sirve una bebida. El dios que está sentado lleva un tocado cónico adornado con cuernos -una marca de los dioses, como ya vimos, desde tiempos prehistóricos- y la escena está dominada por una figura simbólica, una estrella alada, un emblema omnipresente que nos vamos a ir encontrando cada vez más. En términos generales, los expertos aceptan que este relieve escultórico representa a El, el dios supremo cananeo. (Fig. 35) 
  
 

Sin embargo, El no fue siempre un señor de antaño. Uno de sus epítetos era Tor (que significa «toro»), que, según creen los estudiosos, vendría a hablarnos de sus proezas sexuales y de su papel como Padre de los Dioses. Un poema cananeo titulado «El Nacimiento de los Dioses Benévolos» nos representa a El en la costa (probablemente desnudo), mientras dos mujeres están totalmente hechizadas por el tamaño de su pene. Después, mientras un ave se asa en la playa, El mantiene relaciones sexuales con las dos mujeres. De este episodio nacen dos dioses, Shahar («amanecer») y Shalem («finalización» o «crepúsculo»). 
 

Éstos no fueron sus únicos hijos, ni siquiera los más importantes (de los que, parece ser, había siete). Su hijo principal fue Baal -una vez más, el nombre personal de la deidad, además del término general que significa «señor». Al igual que hacían los griegos en sus relatos, los cananeos hablaban de los desafíos que solía plantear el hijo a la autoridad y la soberanía de su padre. Al igual que El, su padre, Baal era lo que los estudiosos llaman un Dios de las Tormentas, un Dios del Trueno y del Rayo. El sobrenombre de Baal era Hadad («el agudo»). Sus armas eran el hacha de guerra y la lanza-rayo; su animal de culto, al igual que el de El, era el toro, y, también como El, se le representaba con un tocado cónico adornado con un par de cuernos. 
 

A Baal también se le llamaba Elyon («supremo»), es decir, el príncipe reconocido, el evidente heredero. Pero no había conseguido este título sin luchar, en primer lugar con su hermano Yam («príncipe del mar»), y después con su hermano Mot. Un largo y conmovedor poema, recompuesto a partir de numerosos fragmentos de tablillas, comienza con la llamada al «Maestro Artesano» ante la morada de El «en las fuentes de las aguas, en medio de las cabeceras de los dos ríos»:

A través de los campos de El llega, 
entra en el pabellón del Padre de los Años. 
Ante los pies de El se inclina, cae, 
se postra, rindiendo homenaje.

Se le ordena al Maestro Artesano que erija un palacio para Yam como señal de su ascenso al poder. Envalentonado con esto, Yam envía sus mensajeros a la asamblea de los dioses, para pedir que Baal se postre ante él. Yam da instrucciones a sus emisarios para que se muestren desafiantes y los dioses de la asamblea claudiquen. Hasta El acepta la nueva alineación entre sus hijos. «Ba'al es tu esclavo, Oh Yam», declara. 
 

Sin embargo, la supremacía de Yam no iba a durar demasiado. Armado con dos «armas divinas», Baal lucha con él y lo derrota, para, inmediatamente, ser retado por Mot (su nombre significa «el que hiere»). En este combate, Baal resulta vencido; pero su hermana Anat se niega a aceptar la muerte de Baal como final. «Ella agarró a Mot, el hijo de El, y con una espada lo hendió». 
 

La destrucción de Mot lleva, según el relato cananeo, a la milagrosa resurrección de Baal. Los estudiosos han intentado racionalizar el hecho sugiriendo que el relato era sólo alegórico, que no representaba otra cosa que la lucha anual en Oriente Próximo entre los veranos cálidos y sin lluvias que resecan la vegetación y la llegada de la época de lluvias con el otoño, que revive o «resucita» la vegetación. Pero no hay duda de que el relato cananeo no estaba pensado como una alegoría, que narraba lo que, por aquel entonces, se tenía por hechos ciertos: de qué modo habían luchado entre ellos los hijos de la deidad suprema, y cómo uno de ellos, desafiando a la derrota, se convirtió en el heredero aceptado, provocando la alegría de El:

El, el bondadoso, el misericordioso, se alegra. 
Pone los pies en el escabel. 
Abre la garganta y ríe; 
levanta la voz y grita: 
«¡Me sentaré y me pondré cómodo, 
reposará el alma en mi pecho; 
pues Ba'al el poderoso esta vivo, 
pues el Príncipe de la Tierra existe!»

Así pues, Anat, según las tradiciones cananeas, se pone del lado de su hermano el Señor (Baal) en su combate a vida o muerte con el malvado Mot. No deja de ser obvio el paralelismo entre este relato y el de la tradición griega de la diosa Atenea, al lado del dios supremo Zeus en su lucha a vida o muerte con Tifón. Como ya vimos, a Atenea se le llamó «la doncella perfecta», a pesar de haber tenido multitud de amoríos ilícitos. 
 

Del mismo modo, las tradiciones cananeas (que precedieron a las griegas) empleaban el epíteto de «la Doncella Anat», y, a pesar de esto, también hablaban de sus diversos amoríos, en especial, el que mantenía con su propio hermano Baal. Uno de estos textos describe la llegada de Anat a la morada de Baal en el Monte Zafón, y cuenta cómo Baal se apresura en despedir a sus esposas para, después, echarse a los pies de su hermana; ambos se miran a los ojos; se ungen mutuamente los «cuernos»...

Él coge y se aferra a su matriz... 
Ella coge y se aferra a sus «piedras»... 
La doncella Anat... está hecha para concebir y dar a luz.

No resulta extraño, por tanto, que a Anat se la representara tan a menudo completamente desnuda, para remarcar sus atributos sexuales, como en la impresión de este sello, en el que vemos a Baal, con casco, combatiendo con otro dios. (Fig. 36) 
  
 

Como en el caso de la religión griega y de sus precursoras directas, el panteón cananeo tiene también una Diosa Madre, consorte oficial del dios supremo. En este caso, se llamaba Ashera, en un evidente paralelismo con la griega Hera. Astarté (la bíblica Ashtoreth) era la homologa de Afrodita; su consorte frecuente era Athtar, que estaba relacionado con un brillante planeta, y que, probablemente, tenía su homólogo en Ares, el hermano de Afrodita. Había otras deidades jóvenes, masculinas y femeninas, cuyos paralelismos astrales o griegos son fácilmente conjeturables. 
 

Pero, junto a estas deidades jóvenes, estaban los «dioses de antaño», alejados de los asuntos mundanos, pero accesibles cuando los mismos dioses se metían en problemas serios. Algunas de sus esculturas, aun estando parcialmente dañadas, los muestran con rasgos autoritarios, reconocibles como dioses por su tocado de cuernos. (Fig. 37) 
  
 

Pero, ¿de dónde sacaron su religión y su cultura los cananeos? 
 

El Antiguo Testamento los considera parte de la familia de naciones camitas, con raíces en las tierras cálidas (que es lo que cam significa) de África, hermanos de los egipcios. Los objetos» y los registros escritos desenterrados por los arqueólogos confirman la estrecha afinidad entre ambos, así como las muchas similitudes entre las deidades cananeas y egipcias. 
 

A primera vista, los dioses de Egipto dan la sensación de ser una incomprensible masa de actores sobre un escenario extraño, si nos atenemos a la multitud de dioses nacionales y locales, al ingente número de nombres y epítetos, y a la gran diversidad de sus roles, emblemas y mascotas animales. Pero, si miramos más de cerca, nos daremos cuenta de que, en esencia, no se diferenciaban de los dioses de otras tierras del mundo antiguo. 
 

Los egipcios creían en los Dioses del Cielo y de la Tierra, en Grandes Dioses que se distinguían fácilmente de las multitudes de deidades menores. G. A. Wainwright (The Sky-Religion in Egypt) resumió las evidencias al demostrar que la creencia de los egipcios en Dioses del Cielo que habían descendido a la Tierra era «sumamente antigua». Algunos de los epítetos de estos Grandes Dioses -el Más Grande de los Dioses, Toro del Cielo, Señor/Señora de las Montañas- resultan familiares.

Aunque los egipcios utilizaban el sistema decimal en sus cálculos, sus asuntos religiosos estaban gobernados por el sexagesimal sesenta sumerio, y los temas celestiales estaban sujetos al divino número doce. Los cielos fueron divididos en tres partes, con doce cuerpos celestiales en cada una de ellas. El más allá se dividió en doce partes. El día y la noche se dividieron en doce horas. Y todas estas divisiones se equipararon con «compañías» de perros que, a su vez, constaban de doce perros cada una. 
 

A la cabeza del panteón egipcio estaba Ra («creador»), que presidía una Asamblea de Dioses que ascendía a doce. Él había llevado a cabo sus increíbles obras de creación en tiempos primitivos, creando a Geb («Tierra») y Nut («cielo»). Después, hizo que crecieran plantas en la Tierra, así como las criaturas que se arrastran; y, finalmente, hizo al Hombre. Ra era un dios celestial invisible que sólo se manifestaba de vez en cuando. Su manifestación era el Aten, el Disco Celestial, representado como un Globo Alado. (Fig. 38) 
  
 

Según la tradición egipcia, la aparición y las actividades de Ra en la Tierra estaban directamente relacionadas con el trono. Según esta tradición, los primeros soberanos de Egipto no fueron hombres sino perros, y el primer dios que reinó en Egipto fue Ra. Después, Ra dividió el reino, dándole el Bajo Egipto a su hijo Osiris y el Alto Egipto a su hijo Set. Pero Set hizo un plan para derrocar a Osiris y, al final, consiguió darle muerte. Isis, hermana y esposa de Osiris, recuperó el cuerpo mutilado de éste y lo resucitó. Después, Osiris atravesó «las puertas secretas» y se unió a Ra en su sendero celestial; su lugar en el trono de Egipto lo ocupó su hijo Horus, al que, en ocasiones, se le representaba como un dios con alas y cuernos. (Fig. 39) 
  
 

Aunque Ra era el más elevado en los cielos, en la Tierra era el hijo del dios Ptah («el que desarrolla», «el que forja las cosas»). Los egipcios creían que Ptah había elevado la tierra de Egipto desde debajo de las aguas haciendo diques en el punto donde el Nilo asciende. Decían que este Gran Dios había llegado a Egipto desde algún otro lugar, y que no sólo se estableció en Egipto, sino también en «la tierra montañosa y en la lejana tierra extranjera». De hecho, los egipcios tenían por cierto que todos sus «dioses de antaño» habían venido en barco desde el sur, y se han encontrado muchos dibujos prehistóricos en roca que muestran a estos dioses de antaño -a los que se les distingue por su tocado con cuernos- llegando a Egipto en un barco. (Fig. 40) 
  
 

La única ruta marítima que llega a Egipto desde el sur es la que viene por el Mar Rojo, y resulta significativo que el nombre egipcio de este mar fuera el de Mar de Ur. En su expresión jeroglífica, el signo de Ur significa «la lejana tierra extranjera en el este», por lo que no se puede descartar que, en realidad, también se estuvieran refiriendo a la sumeria Ur, que se encontraba en esa misma dirección. 
 

La palabra egipcia para «ser divino» o «dios» era NTR, que significa «el que vigila». Curiosamente, éste es el significado exacto del nombre de Sumer: la tierra de «los que vigilan». 
 

La antigua idea de que la civilización pudo haber comenzado en Egipto está descartada en la actualidad. En estos momentos, existen muchas evidencias que indican que la organizada sociedad y civilización egipcia, que comenzó medio milenio o más después de la sumeria, extrajo su cultura, su arquitectura, su tecnología, su escritura y otros muchos aspectos de una elevada civilización de Sumer. Y el peso de la evidencia demuestra también que los dioses de Egipto se originaron también en Sumer. 
 

Los cananeos, parientes culturales y sanguíneos de los egipcios, compartieron con ellos los mismos dioses. Pero, situados en la franja de tierra que sirvió de puente entre Asia y África desde tiempos inmemoriales, los cananeos también se vieron sometidos a fuertes influencias semitas o mesopotámicas. Como los hititas en el norte, los hurritas en el nordeste y los egipcios en el sur, los cananeos no podían hacer alarde de un panteón original. Ellos, también, adquirieron su cosmogonía, sus dioses y sus leyendas en otra parte. Sus contactos directos con la fuente sumeria fueron los amontas. 
 

La tierra de los amoritas se encuentra entre Mesopotamia y las tierras mediterráneas del occidente de Asia. Su nombre deriva de la acadia amurru y de la sumeria martu («occidentales»), y no se les trataba como a extraños, sino como a parientes que vivían en las provincias occidentales de Sumer y Acad. 
 

En las listas de funcionarios de los templos en Sumer han aparecido nombres de origen amorita, y cuando Ur cayó ante los invasores elamitas en los alrededores del 2000 a.C, un martu llamado IshbiIrra reestableció la monarquía sumeria en Larsa y se propuso, como primer objetivo, recuperar Ur y restaurar allí el gran santuario al dios Sin. «Jefes» amoritas establecieron la primera dinastía independiente en Asiría alrededor del 1900 a.C, y Hammurabi, que le dio grandeza a Babilonia en los alrededores del 1800 a.C, fue el sexto sucesor de la primera dinastía de Babilonia, que era amorita. 
 

En la década de 1930, los arqueólogos se encontraron con la capital de los amoritas, conocida como Mari. En un meandro del Eufrates, donde la frontera de Siria corta el río en la actualidad, las excavadoras sacaron a la luz una importante ciudad cuyos edificios se habían construido y reconstruido una y otra vez entre el 3000 y el 2000 a.C, sobre cimientos que datan de siglos atrás. Entre las ruinas más antiguas había una pirámide escalonada y templos dedicados a las deidades sumerias Inanna, Ninhursag y Enlil. 
 

El palacio de Mari, sólo, ocupaba más dos hectáreas, y disponía de una sala del trono pintada con los más sorprendentes murales, de trescientas habitaciones diferentes, de cámaras de escribas y (lo más importante para un historiador) más de veinte mil tablillas en escritura cuneiforme, con asuntos que van desde la economía, el comercio, la política y la vida social de aquellos tiempos, hasta asuntos militares y de estado, así como, claro está, de la religión de la tierra y de sus gentes. Una de las pinturas murales del gran palacio de Mari representa la investidura del rey Zimri-Lim a manos de la diosa Inanna (a la que los amoritas llamaban Ishtar). (Fig. 41) 
  
 

Como en el resto de panteones, la deidad suprema, físicamente presente entre los amurru, era un dios del clima o de las tormentas al que llamaban Adad -el equivalente del cananeo Baal («señor»)-y apodaban Hadad. Su símbolo, como sería de esperar, era el rayo. 
 

En los textos cananeos, a Baal se le suele llamar el «Hijo del Dragón». Los textos de Mari hablan también de una deidad aún más antigua llamada Dagan, un «Señor de la Abundancia» que, al igual que El, se le tenía por un dios retirado, que se quejaba de cierta ocasión en que no se le había consultado cómo había que conducirse en determinada guerra. 
 

Entre otros miembros del panteón estaban también el Dios Luna, al que los cananeos llamaban Yerah, los acadios Sin y los sume-rios Nannar; el Dios Sol, comúnmente llamado Shamash; y otras deidades cuyas identidades no dejan lugar a dudas de que Mari fue un puente (geográfico y cronológico) que conectó las tierras y los pueblos del Mediterráneo oriental con las fuentes mesopotámicas. 
 

Entre los descubrimientos hechos en Mari, como en cualquier otra parte de las tierras de Sumer, había docenas de estatuas de las mismas gentes: reyes, nobles, sacerdotes, cantantes. 
 

Se les representaba invariablemente con las manos entrelazadas en oración y con la mirada, helada para siempre, dirigida hacia sus dioses. (Fig. 42) 
  
 

¿Quiénes fueron esos Dioses del Cielo y de la Tierra, divinos y, sin embargo, humanos, encabezados siempre por un panteón o círculo interno de doce deidades? 
 

Hemos entrado en los templos de los griegos y los arios, de los hititas y los hurritas, de cananeos, egipcios y amoritas. Hemos seguido senderos que nos han llevado a través de continentes y mares, y hemos seguido pistas que nos han llevado varios milenios atrás.

Y los corredores de todos los templos nos han llevado hasta una única fuente: Sumer



SUMERIA,LA TIERRA DE LOS DIOSES :

SUMER: LA TIERRA DE LOS DIOSES

No hay duda de que las «palabras de antaño», que durante miles de años constituyeron la lengua de las enseñanzas superiores y las escrituras religiosas, era la lengua de Sumer. Y tampoco hay duda de que los «dioses de antaño» eran los dioses de Sumer; en ninguna parte se han encontrado registros, relatos, genealogías e historias de dioses más antiguos que los de Sumer. 
 

Si nombramos y contamos a estos dioses (en sus formas originales sumerias o en las posteriores acadias, babilonias o asirías), la lista asciende a centenares. Pero, en el momento en que se les clasifica, queda claro que aquello no era un amasijo de divinidades. Estaban encabezados por un panteón de Grandes Dioses, gobernados por una Asamblea de Deidades, y estaban relacionados entre ellos. En el momento en que se excluye a sobrinas, sobrinos, nietos y demás, emerge un grupo de deidades mucho más pequeño y coherente donde cada una juega un papel, con determinados poderes y responsabilidades. 
 

Los sumerios creían que había dioses que eran «de los cielos». Los textos que hablan de los tiempos de «antes de que las cosas fueran creadas» citan a algunos de estos dioses celestiales, como Apsu, Tiamat, Anshar, Kishar. En ningún momento se dice que estos dioses aparecieran nunca sobre la Tierra. Y, si miramos más de cerca a estos «dioses», que existieron antes de que se creara la Tierra, nos daremos cuenta de que eran los cuerpos celestes que componen nuestro sistema solar; y, como demostraremos, los así llamados mitos sumerios referentes a estos seres celestes eran, de hecho, conceptos cosmológicos precisos y científicamente admisibles sobre la creación de nuestro sistema solar. 
 

También hubo dioses menores que eran «de la Tierra». Sus centros de culto eran, en su mayor parte, ciudades de provincias; no eran más que deidades locales. En el mejor de los casos, estaban encargados de algunas operaciones limitadas -como, por ejemplo, la diosa NIN.KASHI («dama-cerveza»), que supervisaba la preparación de bebidas. De estas deidades no existe ningún relato heroico. No disponían de armas impresionantes, y los demás dioses no se estremecían ante sus órdenes. Le recuerdan a uno a aquel grupo de dioses jóvenes que desfilaban los últimos en la procesión pétrea de la hitita ciudad de Yazilikaya. 
 

Entre los dos grupos estaban los Dioses del Cielo y de la Tierra, los llamados «dioses antiguos». Éstos eran los «dioses de antaño» de los relatos épicos, y, según las creencias sumerias, habían bajado a la Tierra desde los cielos. No eran simples deidades locales. Eran dioses nacionales -o, mejor aún, dioses internacionales. Algunos de ellos estaban presentes y activos en la Tierra, aun antes de que hubiera Hombres en ella. De hecho, se estimaba que la existencia del Hombre había sido el resultado de una deliberada empresa creadora por parte de estos dioses. Eran poderosos, capaces de hazañas que estaban más allá de las capacidades o de la comprensión de los mortales. Y, sin embargo, estos dioses no sólo tenían aspecto humano, sino que, también, comían y bebían como ellos, y exhibían todo tipo de emociones humanas, desde el amor y el odio hasta la lealtad y la infidelidad. 
 

Aunque los papeles y la posición jerárquica de algunos de los principales dioses pudo cambiar con los milenios, algunos de ellos nunca perdieron su encumbrada posición y su veneración nacional e internacional. A medida que observemos más de cerca este grupo central, veremos emerger una dinastía de dioses, una familia divina, estrechamente relacionados entre ellos y, sin embargo, amargamente divididos. 
 

A la cabeza de esta familia de Dioses del Cielo y de la Tierra estaba AN (o Anu en los textos babilonios/asirios). Él era el Gran Padre de los Dioses, el Rey de los Dioses. Su reino era la inmensidad de los cielos, y su símbolo era una estrella. 
En la escritura pictográfica sumeria, el signo de una estrella tenía también el significado de An, de «cielos» y de «ser divino» o «dios» (descendiente de An). Este cuádruple significado del símbolo se mantuvo a través de las eras, a medida que la escritura pasó de su forma pictográfica sumeria hasta la cuneiforme acadia y la estilizada babilonia y asiría. (Fig. 43) 
  
 

Desde los primeros tiempos hasta que la escritura cuneiforme se desvaneció -desde el cuarto milenio a.C. hasta casi la época de Cristo-, este símbolo precedía los nombres de los dioses, indicando que el nombre escrito en el texto no era el de un mortal, sino el de una deidad de origen celeste. 
 

La morada de Anu, y la sede de su Realeza, estaba en los cielos. Ahí era adonde iban los otros Dioses del Cielo y de la Tierra cuando necesitaban consejos o favores personales, o donde se reunían en asamblea para zanjar disputas entre ellos mismos o para tomar decisiones importantes. Numerosos textos describen el palacio de Anu (cuyos pórticos estaban custodiados por un dios del Árbol de la Verdad y un dios del Árbol de la Vida), así como su trono, el modo en que los demás dioses se aproximaban a él y cómo se sentaban en su presencia. 
 

Los textos sumerios también recogieron casos en que incluso a los mortales se les permitió subir a la morada de Anu, la mayoría de las veces con el objeto de escapar a la mortalidad. Uno de estos relatos es el de Adapa («modelo de Hombre»). Fue tan perfecto y tan leal al dios Ea, que le había creado, que Ea lo dispuso todo para que fuera llevado hasta Anu. Es en ese momento cuando Ea le describió a Adapa lo que se debía esperar.

Adapa, 
vas a ir ante Anu, el Rey; 
tendrás que tomar el camino hacia el Cielo. 
Cuando hayas ascendido hasta el Cielo, 
y te hayas acercado al pórtico de Anu, 
el «Portador de Vida» y el «Cultivador de la Verdad» 
estarán de pie en el pórtico de Anu.


Guiado por su creador, Adapa «hasta el Cielo fue... ascendió al Cielo y se acercó al pórtico de Anu». Pero cuando se le ofreció la posibilidad de hacerse inmortal, Adapa se negó a comer el Pan de la Vida, pensando que el enfurecido Anu le estaba ofreciendo alimentos envenenados. Así pues, se le devolvió a la Tierra como sacerdote ungido, pero todavía mortal. 
La afirmación sumeria de que también los humanos podían ascender a la Morada Divina en los cielos encuentra su eco en los relatos del Antiguo Testamento sobre el ascenso a los cielos de Enoc y del profeta Elias. 
 

Aunque Anu vivía en una Morada Celeste, los textos sumerios hablan de ocasiones en las que bajó a la Tierra -bien en tiempos de alguna crisis importante o con ocasión de visitas ceremoniales (en las que iba acompañado por su esposa ANTU), o bien (al menos, una vez) para celebrar los desposorios de su bisnieta IN.ANNA en la Tierra. 
 

Dado que no vivía de forma permanente en la Tierra, no parecía necesario darle exclusividad a su propia ciudad o centro de culto; y la morada, o «alta casa» erigida para él se encontraba en Uruk (la bíblica Erek), dominio de la diosa Inanna. En la actualidad, en las ruinas de Uruk, hay un inmenso montículo artificial donde los arqueólogos han encontrado rastros de la construcción y reconstrucción de un gran templo, el templo de Anu; aquí se han descubierto no menos de dieciocho estratos o escalones distintos, lo cual habla de razones convincentes para mantener el templo en este sagrado lugar. 
 

Al templo de Anu se le llamó E.ANNA («casa de An»). Pero este sencillo nombre se le aplicaba a una estructura que, al menos en algunos de sus niveles, bien merece que la contemplemos. Aquel era, según los textos sumerios, «el santo E-Anna, el santuario puro». Según la tradición, los mismos Grandes Dioses «habían dado forma a sus partes». «Su cornisa era como de cobre», «sus paredes tocaban las nubes -una noble morada»; «era una Casa de un encanto irresistible, con un atractivo infinito». Y los textos también dejan claro el propósito del templo, pues lo llaman «la Casa para descender del Cielo». 
 

Una tablilla que perteneció a un archivo de Uruk nos aporta luz cubre la pompa y el boato que acompañaban la llegada de Anu y de su esposa en una «visita de estado». Debido al deterioro de la tablilla, solamente podemos leer lo relativo a la segunda mitad de las ceremonias, cuando Anu y Antu estaban ya sentados en el patio del templo. Los dioses, «exactamente en el mismo orden que antes», formaban entonces una procesión delante y detrás del portador del cetro. Ahí, el protocolo daba las siguientes instrucciones:

La gente del País encenderá fuegos en sus casas, 
y ofrecerá banquetes a todos los dioses... 
Los guardianes de las ciudades encenderán fuegos 
en las calles y en las plazas.

La partida de los dos Grandes Dioses también estaba planificada, no sólo al día sino también al minuto.

En el decimoséptimo día, 
cuarenta minutos después de salir el sol, 
se abrirá la puerta ante los dioses Anu y Antu, 
llegando a su fin su estancia, tras pasar la noche.

Aunque el final de esta tablilla está roto, hay otro texto que describe con toda probabilidad la partida: la comida de la mañana, los ensalmos, los apretones de manos («agarrarse de las manos») de los otros dioses. Después, los Grandes Dioses eran llevados a su punto de partida sobre literas con forma de tronos sobre los hombros de los funcionarios del templo. Existe una representación asiría de una procesión de dioses que, si bien es bastante posterior en el tiempo, nos puede dar una buena idea de la forma en la que Anu y Antu eran llevados durante su procesión en Uruk. (Fig. 44) 
  
 

Se recitaban ensalmos especiales cuando la procesión atravesaba «la calle de los dioses»; luego, se cantaban otros salmos e himnos cuando se acercaban «al muelle sagrado» y cuando llegaban «al dique del barco de Anu». Se procedía a las despedidas y se recitaban y cantaban más ensalmos aún, «con gestos de levantar las manos». 
 

Después, todos los sacerdotes y funcionarios del templo que habían llevado a los dioses, dirigidos por el sumo sacerdote, ofrecían una «oración de partida» especial. «¡Gran Anu, que el Cielo y la Tierra te bendigan!» entonaban siete veces. Oraban por la bendición de los siete dioses celestes e invocaban a los dioses que estaban en el Cielo y a los dioses que estaban en la Tierra. En conclusión, les daban la despedida a Anu y Antu de este modo:

¡Que los Dioses de lo Profundo 
y los Dioses de la Morada Divina 
os bendigan! 
¡Que os bendigan a diario, 
cada día, de cada mes, de cada año!

Entre las miles y miles de representaciones de los antiguos dioses que se han descubierto, ninguna parece representar a Anu. Y, sin embargo, nos observa desde cada estatua y cada retrato de cada rey que ha habido, desde la antigüedad hasta nuestros días. Pues Anu no era sólo el Gran Rey, Rey de los Dioses, sino también aquel por cuya gracia los demás podían ser coronados como reyes. Según la tradición sumeria, la soberanía emanaba de Anu; y el término para designar la «Realeza» era Anutu («Anu-eza»). Las insignias de Anu eran la tiara (el divino tocado), el cetro (símbolo del poder) y el báculo (símbolo de la guía que proporciona el pastor). 
 

En la actualidad, el báculo del pastor se puede encontrar más en manos de obispos que de reyes, pero la corona y el cetro los siguen llevando todos aquellos reyes que la Humanidad ha dejado en sus tronos.

La segunda deidad en poder del panteón sumerio era EN.LIL. Su nombre significa «señor del espacio aéreo», prototipo y padre de los posteriores Dioses de las Tormentas que encabezaban los panteones del mundo antiguo. 
 

Era el hijo mayor de Anu, nacido en la Morada Celeste de su Padre. Pero, en algún momento de los tiempos más antiguos, descendió a la Tierra y se convirtió así en el principal Dios del Cielo y la Tierra. Cuando los dioses se reunían en asamblea en la Morada Celeste, Enlil presidía las reuniones en compañía de su padre. Cuando los dioses se reunían en asamblea en la Tierra, se encontraban en la corte de Enlil, en el recinto divino de Nippur, la ciudad dedicada a Enlil, además de ser el sitio donde se encontraba su principal templo, el E.KUR («casa que es como una montaña»). 
 

No sólo los sumerios tenían a Enlil por supremo, sino también los dioses de Sumer. Éstos le llamaban Soberano de Todas las Tierras, y dejaban claro que «en el Cielo - él es el Príncipe; En la Tierra - él es el Jefe». Sus «palabras (mandatos), en las alturas, hacen temblar los Cielos; abajo, hacen que la Tierra se estremezca»:

Enlil, 
cuyos mandatos llegan lejos; 
cuya «palabra» es noble y santa; 
cuyas declaraciones son invariables; 
que decreta destinos hasta el distante futuro... 
Los es de la Tierra se inclinan gustosamente ante él; 
los dioses Celestiales que están en la Tierra 
se humillan ante él; 
Permanecen fielmente junto a él, según las instrucciones.

Enlil, según las creencias sumerias, llegó a la Tierra mucho antes de que la Tierra se adecuara y se civilizara. Un «Himno a Enlil, el Caritativo» narra los muchos aspectos de la sociedad y la civilización que no habrían llegado a existir de no ser por las instrucciones de Enlil para «ejecutar sus órdenes en todas partes». 
 

No se construirían ciudades, ni se fundarían poblados; no se construirían establos, ni se levantarían rediles; ni reyes serían coronados, ni sumos sacerdotes nacidos. 
 

Los textos sumerios dicen también que Enlil llegó a la Tierra antes de que las «Gentes de Cabeza Negra» -el apodo sumerio para designar a la Humanidad- fueran creados. Durante estos tiempos previos a la Humanidad, Enlil levantó Nippur como centro particular suyo o «puesto de mando», al cual Cielo y Tierra estaban conectados a través de algún tipo de «enlace». Los textos sumerios llamaban a este enlace DUR.AN.KI («enlace cielo-tierra») y usaban el lenguaje poético para relatar las primeras acciones de Enlil en la Tierra:

Enlil, 
cuando señalaste los poblados divinos en la Tierra, 
Nippur levantaste como tu propia ciudad. 
La Ciudad de la Tierra, la noble, 
tu lugar puro cuya agua es dulce. 
Fundaste el Dur-An-Ki 
en el centro de las cuatro esquinas del mundo.

En aquellos primeros días, cuando sólo los dioses habitaban Nippur y el Hombre aún no había sido creado, Enlil conoció a la diosa que acabaría convirtiéndose en su esposa. Según una versión, Enlil vio a su futura novia mientras se estaba bañando en el riachuelo de Nippur -desnuda. Fue un amor a primera vista, pero no necesariamente con matrimonio en mente:

El pastor Enlil, que decreta los destinos, 
el del Brillante Ojo, la vio. 
El señor le habla a ella de relaciones sexuales; 
ella no está dispuesta. 
Enlil le habla a ella de relaciones sexuales; 
ella no está dispuesta: 
«Mi vagina es demasiado pequeña (dice ella), 
no sabe de la cópula; 
mis labios son demasiado pequeños, 
no saben besar.»

Pero Enlil no aceptó un no por respuesta. Le reveló a su chambelán Nushku su ardiente deseo por «la joven doncella», que se llamaba SUD («la niñera»), y que vivía con su madre en E.RESH («casa perfumada»). Nushku le sugirió un paseo en barca y le trajo una barca Enlil persuadió a Sud para salir a navegar con él y, una vez estuvieron en la barca, la violó. 
 

El antiguo relato cuenta entonces que, aunque Enlil era el jefe de los dioses, éstos se enfurecieron tanto por lo que había hecho que lo detuvieron y lo desterraron al Mundo Inferior. «¡Enlil, el inmoral!», le gritaban. «¡Vete de la ciudad!» En esta versión, Sud, embarazada con el hijo de Enlil, siguió a éste y se casó con él. Otra versión dice que Enlil, arrepentido, buscó a la joven y envió a su chambelán para que le pidiera a su madre la mano de la hija. De un modo o de otro, Sud se convirtió en la esposa de Enlil, y éste le otorgó el título de NIN.LIL («señora del espacio aéreo»).

Pero lo que no sabían ni él ni los dioses que le desterraron es que no fue Enlil el que sedujo a Ninlil, sino al revés. Lo cierto es que Ninlil se bañó desnuda en el riachuelo siguiendo las instrucciones de su , madre, con la esperanza de que Enlil, que solía pasear junto al arroyo, se percatara de la presencia de Ninlil y deseara «abrazarte y besarte». 
 

A pesar de la forma en la que se enamoraron, Ninlil fue tenida en muy alta estima a partir del momento en que Enlil le dio «la prenda de la señoría». Con una única excepción, que, según creemos, tuvo que ver con la sucesión dinástica, no se conocen más indiscreciones de Enlil. Una tablilla votiva encontrada en Nippur muestra a Enlil y a Ninlil en su templo mientras se les sirven alimentos y bebida. La tablilla fue encargada por Ur-Enlil, el «Criado de Enlil». (Fig. 45) 
  
 

Además de ser jefe de los dioses, a Enlil se le tenía por supremo Señor de Sumer (a veces llamada, simplemente, «El País») y de las «Gentes de Cabeza Negra». Un salmo sumerio habla con veneración de su dios:

El Señor, que conoce el destino de El País, 
digno de confianza en su profesión; 
Enlil, que conoce el destino de Sumer, 
digno de confianza en su profesión; 
Padre Enlil, 
Señor de todas las tierras; 
Padre Enlil, 
Señor del Mandato Justo; 
Padre Enlil, 
pastor de los Cabezas Negras... 
de la Montaña del Amanecer 
a la Montaña del Ocaso, 
no hay otro Señor en la Tierra; 
sólo tú eres Rey.

Los sumerios reverenciaban a Enlil tanto por temor como por gratitud. Era él el que se aseguraba de que las sentencias de la Asamblea de es en contra de la Humanidad se llevaran a efecto; era su «viento» el que soplaba tormentas devastadoras contra las ciudades ofensoras. Era él el que buscaba la destrucción de la Humanidad cuando el Diluvio, pero también el que, cuando estaba en paz con el género humano, se convertía en un dios amable que concedía favores, según un texto sumerio, fue Enlil el que dio a la Humanidad el conocimiento de la agricultura, junto con el del arado y el pico. 
 

Enlil elegía también a los reyes que tenían que gobernar a la Humanidad, no como soberanos, sino como servidores del dios a los que se les confiaba la administración de las leyes divinas de justicia. Así pues, los reyes sumerios, acadios y babilonios abrían sus inscripciones de auto adoración describiendo cómo Enlil les había llamado a la Realeza. Estas «llamadas» -promulgadas por Enlil en su propio nombre y en el de su padre, Anu- le concedían legitimidad al gobernante y delimitaban sus funciones. Incluso Hammurabi, que reconocía a Marduk como dios nacional de Babilonia, afirmó en el prefacio de su código legal que «Anu y Enlil me nombraron para promover el bienestar del pueblo... para hacer que la justicia prevalezca en la tierra». 
 

Dios del Cielo y de la Tierra, Primogénito de Anu, Dispensador de Realeza, Jefe Ejecutivo de la Asamblea de Dioses, Padre de Dioses y Hombres, Dador de la Agricultura, Señor del Espacio Aéreo... estos eran algunos de los atributos de Enlil que hablaban de su grandeza y sus poderes. Sus «mandatos llegaban lejos», sus «declaraciones invariables»; él «decretaba los destinos». Disponía del «enlace cielo-tierra», y desde su «impresionante ciudad de Nippur» podía «elevar los rayos que buscan el corazón de todas las tierras» - «ojos que Pueden explorar todas las tierras». 
 

Sin embargo, era tan humano como cualquier joven capaz de dejarse seducir por una belleza desnuda; sujeto a leyes morales impuestas por la comunidad de los dioses, transgresiones que se castigaban con el destierro; y ni siquiera era inmune a las quejas de los mortales. Al menos, que se sepa, consta un caso en la que un rey sumerio de Ur se quejó directamente a la Asamblea de los Dioses de que toda una serie de males que habían caído sobre Ur y sus gentes podían deberse al desafortunado hecho de que «Enlil le había dado la realeza a un hombre indigno... que no era de simiente sumeria». 
 

A medida que avancemos, iremos viendo el papel fundamental que jugaba Enlil en los asuntos divinos y mortales de la Tierra, y cómo sus distintos hijos combatieron entre ellos y con otros por la sucesión divina, dando así origen, sin duda, a relatos posteriores sobre batallas entre dioses.

El tercer Gran Dios de Sumer fue otro hijo de Anu; tenía dos nombres, E.A y EN.KI. Al igual que su hermano Enlil, Ea era, también, un Dios del Cielo y de la Tierra, una deidad de origen celeste que había bajado a la Tierra. 
 

Su llegada a la Tierra está relacionada en los textos sumerios con una época en la que las aguas del Golfo Pérsico entraban en tierra firme mucho más allá de lo que vemos hoy en día, convirtiendo en pantanosa la parte sur del país. Ea (el nombre significa, literalmente, «casa-agua»), que era maestro en ingeniería, planificó y supervisó la construcción de canales, de diques en los ríos, así como el drenaje de los pantanos. Le encantaba salir a navegar por estos cursos de agua y, de modo especial, por los pantanos. Como su nombre indica, las aguas eran su hogar. Construyó su «gran casa» en la ciudad que fundó, al filo de las tierras pantanosas, una ciudad llamada HA.A.KI («lugar de los peces-agua»), aunque también fue conocida como E.RI.DU («hogar de ir desde lejos»). 
 

Ea era «Señor de las Aguas Saladas», los mares y los océanos. Los textos sumerios hablan repetidamente de una época muy antigua en la que los tres Grandes Dioses se repartieron los reinos entre ellos. «Los mares se los dieron a Enki, el Príncipe de la Tierra», dándole así «el gobierno del Apsu» (lo «Profundo»). Como Señor de los Mares, Ea construyó barcos que navegaban hasta tierras lejanas, y, en especial, a lugares desde donde se traían metales preciosos y piedras semipreciosas. 
 

Los sellos cilíndricos sumerios más antiguos representan a Ea como un dios rodeado de ríos fluentes en los que, a veces, se veían peces. Los sellos relacionaban a Ea, como se puede ver aquí, con la Luna (indicada por su creciente), una relación quizás basada en el hecho de que la Luna provoca las mareas. No hay duda, en lo referente a esta imagen astral, de que a Ea se le dio el epíteto de NIN.IGI.KU («señor brillo-ojo»). (Fig. 46) 
  
 

Según los textos sumerios, entre los que se incluye una asombrosa autobiografía del mismo Ea, éste nació en los cielos y vino a la Tierra antes de que hubiera ninguna población o civilización sobre la Tierra. «Cuando me acerqué al país, estaba inundado en gran parte», afirma. Después, procede a describir la serie de acciones que emprendió para hacer habitable la tierra: llenó el río Tigris con frescas «aguas dadoras de vida»; nombró a un dios para que supervisara la construcción de canales, para hacer navegables el Tigris y el Éufrates; y descongestionó las tierras pantanosas, llenándolas de peces y haciendo un refugio para aves de todos los tipos, y haciendo crecer allí carrizos que pudieran servir como material de construcción. 
 

Centrándose después en la tierra seca, Ea decía que fue él quien «dirigió el arado y el yugo... abrió los sagrados surcos... construyó establos... levantó rediles». Después, el auto adulatorio texto (llamado por los expertos «Enki y la Ordenación del Mundo») dice que fue este dios el que trajo a la Tierra las artes de la elaboración de ladrillos , de la construcción de moradas y ciudades, de la metalurgia, etc. 
 

Presentándolo como al mayor benefactor de la Humanidad, como al dios que trajo la civilización, muchos textos lo tienen también Por el principal defensor de la Humanidad en los consejos de los dioses. En los textos sumerios y acadios sobre el Diluvio, donde se deben buscar los orígenes del relato bíblico, se dice que Ea fue el dios que, desafiando la decisión de la Asamblea de Dioses, permitió escapar del desastre a un seguidor de confianza (el «Noé» mesopotámico). 
 

De hecho, los textos sumerios y acadios, que, como el Antiguo Testamento, se adhieren a la creencia de que un dios o los dioses crearon al Hombre por medio de un acto consciente y deliberado, atribuyen a Ea un papel clave en todo esto. Como científico jefe de los dioses, fue él el que diseñó el método y el proceso por el cual debía ser creado el Hombre. Con tal afinidad con la «creación» o aparición del Hombre, no es de sorprender que fuera Ea el que guió a Adapa -el «hombre modelo» creado por la «sabiduría» de Ea- a la morada de Anu en los cielos, desafiando la determinación de los dioses de negarle la «vida eterna» a la Humanidad. 
 

¿Se puso Ea del lado del Hombre simplemente porque tuvo que ver con su creación, o hubo algún otro motivo más subjetivo? A medida que exploremos los textos, nos encontraremos con que los constantes desafíos de Ea, tanto en temas humanos como divinos, tenían como objetivo principal el frustrar las decisiones o los planes que emanaban de Enlil.
Los archivos están repletos de alusiones a los abrasadores celos que sentía Ea por su hermano Enlil. De hecho, el otro nombre de Ea (y, quizás, el primero) era EN.KI («señor de la Tierra»), y los textos que hablan del reparto del mundo entre los tres dioses sugieren que Ea perdió el dominio de la Tierra en favor de su hermano Enlil por el simple método de echarlo a suertes.

Los dioses habían estrechado las manos, 
habían repartido suertes y habían hecho las divisiones. 
Entonces, Anu subió al Cielo; 
a Enlil, la Tierra se le sometió. 
Los mares, rodeados como con un lazo, 
se le dieron a Enki, el Príncipe de la Tierra.

Aun con la amargura que pudo sentir Ea/Enki con aquel reparto, parece que esto no hacía más que alimentar un resentimiento mucho más profundo. La razón nos la da el mismo Enki en su autobiografía: era él, y no Enlil, el primogénito, según afirma Enki; era él, por tanto, y no Enlil, el que debía ser heredero de Anu:

«Mi padre, el rey del universo, 
me puso delante en el universo... 
Yo soy la semilla fértil, 
engendrada por el Gran Toro Salvaje; 
yo soy el hijo primogénito de Anu. 
Yo soy el Gran Hermano de los dioses... 
Yo soy el que nació 
como primer hijo del divino Anu.»

Si damos por supuesto que los códigos legales que regían la vida de los mortales en el antiguo Oriente Próximo fueron dados por los dioses, tendremos que convenir en que las leyes sociales y familiares que se aplicaban a los hombres eran una copia de aquellas otras que se aplicaban entre los dioses. Archivos judiciales y familiares encontrados en sitios como Mari y Nuzi confirman que las costumbres y las leyes bíblicas por las cuales se guiaban los patriarcas hebreos eran las mismas leyes a las que se sometían reyes y nobles por todo el Oriente Próximo de la antigüedad. Los problemas de sucesión que los patriarcas tuvieron que afrontar son, por tanto, sumamente esclarecedores. 
 

Abraham, privado de sucesión por la aparente esterilidad de su esposa Sara, tuvo un primogénito con su criada. Sin embargo, este hijo (Ismael) fue excluido de la sucesión patriarcal tan pronto como Sara le dio a Abraham un hijo, Isaac. 
La esposa de Isaac, Rebeca, quedó embarazada de gemelos. Técnicamente, el primero en nacer fue Esaú, un sujeto rudo y de cabello rojizo. Después, agarrando el talón de Esaú, salió Jacob, más refinado y preferido por Rebeca. Cuando Isaac, anciano y medio ciego, estaba a punto de anunciar su testamento, Rebeca utilizó un ardid para que la bendición de la sucesión recayera sobre Jacob en vez de sobre Esaú. 
 

Por último, los problemas sucesorios de Jacob vinieron como resultado de que, aunque éste sirvió a Labán durante veinte años para conseguir la mano de Raquel, Labán le obligó a casarse primero con la hermana mayor de Raquel, Lía. Fue ésta la que le dio a Jacob su primer hijo, Rubén, y tuvo más hijos con ella -además de una hija- y con dos concubinas. Sin embargo, cuando por fin Raquel le dio su propio primogénito, José, éste se convirtió en el preferido de Jacob. 
 

A la vista de tales costumbres y leyes de sucesión, uno puede comprender las conflictivas relaciones entre Enlil y Ea/Enki. Enlil, según todos los archivos hijo de Anu y de su consorte oficial, Antu, era el primogénito legal. Pero el angustioso lamento de Enki: «Yo soy la semilla fértil... Yo soy el primogénito de Anu», debió ser una declaración de hecho. ¿Quizás era hijo de Anu, pero de otra diosa que fuera una concubina? El relato de Isaac e Ismael, o la historia de Esaú y Jacob, pudieron tener un paralelismo previo en la Morada Celestial. 
 

Aunque Enki parece haber aceptado las prerrogativas sucesorias de Enlil, algunos expertos ven las evidencias suficientes como para mostrar una insistente lucha por el poder entre los dos dioses. Samuel N. Kramer tituló uno de los antiguos textos como «Enki y su Complejo de Inferioridad». Como veremos más adelante, varios relatos bíblicos -el de Eva y la serpiente en el Jardín del Edén, o el del Diluvio- llevan implícitos, en sus versiones originales sumerias, los desafíos de Enki a los edictos de su hermano. 
 

Parece que, en un momento determinado, Enki decidió que su lucha por el Trono Divino no tenía sentido, y puso todo su empeño en hacer que fuera un hijo suyo -en vez de un hijo de Enlil- el sucesor de la tercera generación. Y esto pretendía lograrlo, al menos en un principio, con la ayuda de su hermana NIN.HUR.SAG («dama de la cabeza de la montaña»). 
 

Ella también era hija de Anu, pero, evidentemente, no de Antu, y ahí radica otra norma de la sucesión. Los estudiosos se han estado preguntando durante los últimos años por qué tanto Abraham como Isaac daban cuenta del hecho de que sus respectivas esposas eran también sus hermanas, una afirmación que provoca una enorme confusión, dada la prohibición bíblica de mantener relaciones sexuales con una hermana. Pero, a medida que se iban desenterrando documentos legales en Mari y Nuzi, fue quedando claro que un hombre sí que podía casarse con una hermanastra. Y lo que es más, a la hora de tomar en consideración a los hijos de todas las esposas, el hijo nacido de tal esposa, al tener un cincuenta por ciento más de «simiente pura» que el hijo de una esposa sin parentesco, era el heredero legal, tanto si era el primogénito como si no. Y esto fue, por cierto, lo que llevó (en Mari y en Nuzi) a la práctica de adoptar a la esposa preferida como «hermana», con el fin de hacer de su hijo el heredero legal indiscutible. 
 

Fue con esta hermanastra, Ninhursag, con quien Enki buscó tener un hijo. Ella también era «de los cielos», habiendo llegado a la Tierra en tiempos primitivos. Varios textos dicen que, cuando los dioses se estaban repartiendo la Tierra entre ellos, a ella le dieron la Tierra de Dilmun -«un lugar puro... una tierra pura... un lugar de lo más brillante». Un texto al que los estudiosos llaman «Enki y Ninhursag - un Mito del Paraíso» habla del viaje de Enki a Dilmun con intenciones conyugales. Ninhursag -el texto lo remarca una y otra vez- «estaba sola», es decir, soltera y sin compromiso. Aunque en épocas posteriores se la representaría como a una vieja matrona, debió de ser muy atractiva de joven, pues el texto nos informa sin ningún rubor de que, cuando Enki se acercó a ella, su sola visión «hizo que su pene regara sus represas». 
 

Dando instrucciones para que se les dejara a solas, Enki «derramó el semen en la matriz de Ninhursag. Ella guardó el semen en su matriz, el semen de Enki»; y más tarde, «después de nueve meses de femineidad... ella dio a luz a la orilla de las aguas». Pero resultó ser una niña. Al no conseguir un heredero varón, Enki se decidió a hacer el amor con su propia hija. «La abrazó, la besó; Enki derramó su semen en la matriz». Pero ella, también, le dio una hija. Entonces, Enki fue a por su nieta y la dejó embarazada también; pero, una vez más, su descendencia fue femenina. Decidida a detener estos desmanes, Ninhursag echó una maldición sobre Enki por la cual éste, tras comer unas plantas, cayó mortalmente enfermo. Sin embargo, los otros dioses obligaron a Ninhursag a levantar la maldición. 
 

Mientras que estos hechos tenían mucho que ver con asuntos divinos, otros relatos de Enki y Ninhursag tienen que ver en gran medida con asuntos humanos; pues, según los textos sumerios, el Hombre fue creado por Ninhursag, siguiendo los procesos y las fórmulas que diseñó Enki. Ella fue la enfermera jefe, la encargada de los servicios médicos; fue por ese papel que la diosa recibió el nombre de NIN.TI (<<dama de la vida>>) (Fig. 47) 
  
 

Algunos expertos ven en Adapa (el «hombre modelo» de Enki) al bíblico Adama, o Adán. El doble significado del sumerio TI evoca también paralelismos bíblicos, pues ti podía significar tanto «vida» como «costilla», de manera que el nombre de Ninti podía significar tanto «dama de la vida» como «dama de la costilla». La bíblica Eva -cuyo nombre significa «vida»- fue creada a partir de una costilla de Adán, por lo que, también Eva, resultaba ser una «dama de la vida» y una «dama de la costilla». 
 

Como dadora de vida de dioses y del Hombre, se habló de Ninhursag como de la Diosa Madre. Se le apodó «Mammu» -la precursora de «mamá»-, y su símbolo fue el «cortador», el instrumento Que usaban las comadronas en la antigüedad para cortar el cordón umbilical después del parto. (Fig. 48) 
  
 

Enlil, el hermano y rival de Enki, tuvo la buena fortuna de conseguir ese «heredero legítimo» a través de su hermana Ninhursag. El más joven de los dioses en la Tierra que había nacido en los cielos, tenía por nombre NIN.UR.TA («señor que completa la fundación»). Fue «el heroico hijo de Enlil que partió con red y rayos de luz» para luchar por su padre; «el hijo vengador... que lanzaba rayos de luz». (Fig. 49) Su esposa BA.U fue también enfermera o médico; su epíteto era el de «dama que a los muertos devuelve a la vida». 
  
 

Las antiguas representaciones de Ninurta le muestran sujetando un arma única -sin duda, la que podía disparar «rayos de luz». Los textos antiguos lo aclaman como a un poderoso cazador, un dios luchador famoso por sus habilidades marciales. Pero su combate más heroico no lo entabló en nombre de su padre, sino en el suyo propio. Fue una batalla a gran escala con un dios malvado llamado ZU («sabio»), y que tenía como precio nada menos que el lide-razgo de los dioses en la Tierra; pues Zu había capturado ilegalmente las insignias y los objetos que Enlil había ostentado como Jefe de los Dioses. 
 

Las tablillas que describen estos sucesos están en los inicios del relato, y la narración sólo se hace legible a partir del punto en el que Zu llega al E-Kur, el templo de Enlil. Parece ser que es conocido y que debe de ostentar algún rango, pues Enlil le da la bienvenida, «confiándole la custodia de la entrada a su santuario». Pero el «malvado Zu» iba a pagar su confianza con una traición, la de «la sustracción de la Enlildad» -la toma de posesión de los divinos poderes-«que él albergaba en su corazón». 
 

Para ello, Zu tenía que tomar posesión de determinados objetos, incluida la mágica Tablilla de los Destinos. El astuto Zu dio con la oportunidad cuando Enlil se desvistió para meterse en la piscina en su baño diario, dejando descuidada toda aquella parafernalia.

A la entrada del santuario, 
que él había estado observando, 
Zu espera el comienzo del día. 
Cuando Enlil se estaba lavando con agua pura, 
habiéndose quitado la corona 
y habiéndola depositado en el trono, 
Zu cogió en sus manos la Tablilla de los Destinos, 
se llevó la Enlildad.

Mientras Zu estaba huyendo en su MU (traducido «nombre», pero indica una máquina voladora) hasta un escondrijo lejano, las consecuencias de su audaz acción comenzaron a tener efecto.

Se suspendieron las Fórmulas Divinas; 
la quietud se esparció por todas partes; el silencio se impuso... 
La brillantez del Santuario se desvaneció.

«El Padre Enlil enmudeció». «Los dioses de la tierra se fueron reuniendo uno a uno con las noticias». El asunto era tan grave que incluso se informó a Anu en su Morada Celestial. Anu analizó la situación y concluyó que Zu tenía que ser capturado para que devolviera las fórmulas. Volviéndose «a los dioses, sus hijos», Anu preguntó: «¿Cuál de los dioses castigará a Zu? ¡Su nombre será el más grande de todos!» 
 

Varios dioses, conocidos por su valor, fueron convocados. Pero todos ellos señalaron que, habiéndose hecho con la Tablilla de los Destinos, Zu poseía ahora los mismo poderes que Enlil, de modo que «el que se le enfrente se convertirá en arcilla». Entonces, Ea tuvo una gran idea: ¿Por qué no llamar a Ninurta para que acepte tan desesperado combate? 
 

Los dioses reunidos se percataron de la ingeniosa picardía de Ea. Estaba claro que las posibilidades de que la sucesión cayera en su propia descendencia se incrementarían si Zu era derrotado; pero también resultaría beneficiado si Ninurta resultaba muerto en el proceso. Para sorpresa de los dioses, Ninhursag (en los textos llamada NIN.MAH -«gran dama») se mostró de acuerdo, y, dirigiéndose a su hijo Ninurta, le explicó que Zu no sólo le había robado a Enlil la Enlildad, sino también a él. «Con chillidos de dolor di a luz», gritó, y fue ella la que «aseguré para mi hermano y para Anu» la continuidad de la «Realeza del Cielo». Para que sus dolores no fueran en vano, Ninurta tenía que salir y luchar por la victoria:

Lanza tu ofensiva... captura al fugitivo Zu... 
Que tu aterradora ofensiva se ensañe con él... 
¡Córtale la garganta! ¡Vence a Zu!... 
Que tus siete Vientos del mal vayan contra él... 
Genera todo el Torbellino para atacarle... 
Que tu Resplandor vaya contra él... 
Que tus Vientos lleven sus Alas hasta un lugar secreto... 
Que la soberanía vuelva a Ekur; 
que las Fórmulas Divinas vuelvan 
al padre que te engendró.

Las diversas versiones de este relato épico nos proporcionan, después, emocionantes descripciones de la batalla que vino a continuación. Ninurta le disparó «flechas» a Zu, pero «las flechas no se podían acercar al cuerpo de Zu... mientras llevara en la mano la Tablilla de los Destinos de los dioses». Las armas lanzadas «se detenían en mitad» de su vuelo. Pero, mientras se desarrollaba la incierta batalla, Ea le aconsejó a Ninurta que añadiera un til-lum a sus armas, y que le disparara en los «piñones», o pequeñas ruedas dentadas, de las «alas» de Zu. Siguiendo su consejo, y gritando «Ala con ala», Ninurta disparó el til-lum en los piñones de Zu. Así alcanzado, los piñones empezaron a desmontarse y las «alas» de Zu cayeron dando vueltas. Zu fue vencido, y las Tablillas del Destino volvieron a Enlil.

¿Quién era Zu? ¿Era, como algunos expertos sostienen, un «ave mitológica»? Evidentemente, podía volar, pero también puede hacerlo hoy en día cualquier persona que coja un avión, o cualquier astronauta que se suba a una nave espacial. También Ninurta podía volar, tan hábilmente como Zu (y, quizás, mejor). Pero él no era un ave de ninguna clase, como dejan patente muchas representaciones que han quedado de él, solo o con su consorte BA.U (llamada también GULA). Más bien, volaba con la ayuda de una extraordinaria «ave», que se guardaba en el recinto sagrado (el GIR.SU) de la ciudad de Lagash. 
 

Zu no era un «ave»; parece ser que tenía a su disposición un «ave» en la que pudo huir para esconderse. Más bien, fue desde dentro de estas «aves» que los dioses se enfrentaron en su batalla en el cielo. Y no debería de haber duda en cuanto a la naturaleza del arma que, finalmente, hirió al «pájaro» de Zu. Llamada TIL en sumerio y til-lum en asirio, se escribía pictóricamente así:>--->-- , y debió significar entonces lo que til significa, hoy en día, en hebreo: «misil». 
 

Así pues, Zu era un dios -uno de los dioses que intrigó para usurpar la Enlildad; un dios al que Ninurta, como legítimo sucesor, tenía todos los motivos para combatir. 
 

¿Quién era Zu? ¿No sería MAR.DUK («hijo del montículo Puro»), el primogénito de Enki y de su esposa DAM.KI.NA, impaciente por apropiarse, mediante un ardid, de algo que no era legalmente suyo? 
 

Existen razones para creer que, no habiendo podido tener un hijo con su hermana para generar así un contendiente legal para la En-lildad, Enki echó mano de su hijo Marduk. De hecho, cuando a comienzos del segundo milenio a.C. toda la zona de Oriente Próximo se vio sacudida por grandes agitaciones sociales y militares, Marduk fue elevado en Babilonia al estatus de dios nacional de Sumer y Acad. A Marduk se le proclamó Rey de los Dioses, en lugar de Enlil, y se requirió al resto de dioses que le prometieran fidelidad a él y que fueran a residir en Babilonia, donde sus actividades podrían ser fácilmente supervisables. (Fig. 50) 
  
 

Esta usurpación de la Enlildad (mucho después del incidente con Zu) vino acompañada por un importante esfuerzo babilonio por falsificar los antiguos textos. Se reescribieron y se alteraron los textos más importantes para hacer aparecer a Marduk como Señor de los Cielos, el Creador, el Benefactor, el Héroe, en vez de Anu, Enlil o, incluso, Ninurta. Entre los textos alterados estaba el «Relato de Zu»; y, según la versión babilonia, fue Marduk (no Ninurta) el que luchó con Zu. En esta versión, Marduk alardeó: «Mahasti moh il Zu» («He aplastado el cráneo del dios Zu»). Así pues, Zu no pudo haber sido Marduk. 
 

Ni tampoco hubiera tenido sentido que Enki, «Dios de las Ciencias», le hubiera dado indicaciones a Ninurta en cuanto a la elección y uso de la mejor arma, si el oponente hubiera sido su propio hijo, Marduk. Enki, a juzgar por su conducta, así como por su recomendación a Ninurta de «corta la garganta de Zu», esperaba ganar algo con el combate, ya que no le importaba quién perdiera. La única conclusión lógica es que también Zu debía de ser, de algún modo, un contendiente legal para la Enlildad. 
 

Esto sólo nos sugiere a un dios: Nanna, el primogénito de Enlil, el que tuvo con su consorte oficial, Ninlil. Pues, si Ninurta fuera eliminado, Nanna sería el siguiente en la línea sucesoria. 
 

Nanna (diminutivo de NAN.NAR -«el brillante») nos resulta más conocido por su nombre acadio (o «semita»): Sin. 
Como primogénito de Enlil, se le concedió la soberanía sobre la más conocida ciudad-estado de Sumer, UR («La Ciudad»). Su templo en Ur recibió el nombre de E.GISH.NU.GAL («casa de la semilla del trono»). Desde esa morada, Nanna y su consorte NIN.GAL («gran dama») llevaban los asuntos de la ciudad y sus gentes con gran benevolencia. El pueblo de Ur sentía un gran afecto por sus divinos soberanos, llamando amorosamente a su dios «Padre Nanna», así como con otros apodos cariñosos. 
 

La gente atribuía la prosperidad de Ur a Nanna. Shulgi, un gobernante de Ur (por la gracia del dios) de finales del tercer milenio a.C, describía la «casa» de Nanna como «un gran establo henchido de abundancia», un «lugar opulento de ofrendas de pan», donde se multiplicaban las ovejas y se sacrificaban bueyes, un lugar de dulce música donde sonaban el pandero y el tambor. 
 

Bajo la administración de su dios protector, Nanna, Ur se convirtió en el granero de Sumer, el suministrador de grano, así como de ovejas y ganado vacuno, de templos de todas partes. Un «Lamento por la Destrucción de Ur» nos informa, en negativo, de lo que pudo ser Ur antes de su hundimiento:

En los graneros de Nanna no había grano. 
Las comidas nocturnas de los dioses se suprimieron; 
en sus grandes comedores, se terminaron el vino y la miel... 
En el noble horno del templo, ya no se preparaban bueyes y ovejas; 
el rumor ha cesado en el gran Sitio de los Grilletes de Nanna: 
la casa donde se gritaban las órdenes para el buey- 
su silencio es sobrecogedor... 
El agobiante mortero y su mano yacen inertes...

Las barcas de las ofrendas ya no llevan ofrendas... 
No llevan ofrendas de pan a Enlil en Nippur. 
El río de Ur está vacío, ya no hay gabarras en él... 
No hay pies que recorran sus riberas; grandes hierbas crecen allí.

Otro lamento, donde se duele por los «rebaños que han sido entregados al viento», por los abandonados establos, por los pastores y vaqueros que se fueron, es de lo más inusual: no fue escrito por la gente de Ur, sino por el mismo dios Nanna y su esposa Ningal. Estos y otros lamentos sobre la caída de Ur desvelan el trauma de un suceso inusual. Los textos sumerios nos informan que Nanna y Ningal dejaron la ciudad antes de que su ruina fuera completa. Fue una salida precipitada, descrita de forma conmovedora.

Nanna, que amaba su ciudad, 
partió de la ciudad. 
Sin, que amaba a Ur, 
no pudo seguir en su Casa. 
Ningal... 
huyendo de su ciudad por territorio enemigo, 
se puso precipitadamente un vestido, 
partió de su Casa.

La caída de Ur y el exilio de sus dioses se explicó en los lamentos como la consecuencia de una decisión deliberada de Anu y Enlil. Fue a estos dos a los que Nanna apeló para que cesara el castigo.

Que Anu, el rey de los dioses, 
pronuncie: «Es suficiente»; 
Que Enlil, el rey de las tierras, 
decrete un destino favorable.

Apelando directamente a Enlil, «Sin llevó su dolido corazón a su padre; hizo una reverencia ante Enlil, el padre que le engendró» y le imploró:

Oh, padre mío que me engendraste, 
¿hasta cuándo verás con hostilidad 
mi reparación? 
¿Hasta cuándo?... 
Sobre el corazón oprimido que tú has hecho 
vacilar como una llama, 
por favor, deposita una mirada amable.

, En ninguna parte desvelan los lamentos la causa de la ira de Anu y de Enlil. Pero, si Nanna era Zu, el castigo habría justificado su crimen por usurpación. Pero, de verdad, ¿era Zu? 
 

Ciertamente, pudo haber sido Zu, porque Zu poseía algún tipo de máquina voladora -el «ave» en la cual escapó y con la cual combatió a Ninurta. Los salmos sumerios hablan con adoración de su «Barco del Cielo».

Padre Nannar, Señor de Ur... 
cuya gloria en el sagrado Barco del Cielo está... 
Señor, hijo primogénito de Enlil. 
Cuando en el Barco del Cielo asciendes, 
tú eres glorioso. 
Enlil ha adornado tu mano 
con un cetro eterno 
cuando, sobre Ur, en el Barco Sagrado te subes.

Existen evidencias adicionales. El otro nombre de Nanna, Sin, se deriva de SU.EN, que era otra forma de pronunciar ZU.EN. El mismo significado complejo de una palabra de dos sílabas se podía obtener poniendo las sílabas en cualquier orden: ZU.EN y EN.ZU eran palabras «espejo» una de otra. Nanna/Sin como ZU.EN no era otro que EN.ZU («señor Zu»). Así pues, tenemos que llegar a la conclusión de que fue él el que intentó hacerse con la Enlildad. 
 

Ahora podemos comprender por qué, a pesar de la sugerencia de Ea, el señor Zu (Sin) fue castigado, no con la ejecución, sino con el exilio. Tanto los textos sumerios como las evidencias arqueológicas indican que Sin y su esposa huyeron a Jarán, la ciudad hurrita protegida por varios ríos y terrenos montañosos. Vale la pena apuntar que, cuando el clan de Abraham, dirigido por su padre, Téraj, dejó Ur, también se dirigieron a Jarán, donde estuvieron por muchos años en su camino hacia la Tierra Prometida. 
 

Aunque Ur siguió siendo durante todo el tiempo una ciudad dedicada a Nanna/Sin, Jarán debió ser su residencia durante bastante tiempo, pues se hizo a semejanza de Ur; sus templos, sus edificios y sus calles eran casi exactamente iguales. André Parrot (Abraham et son temps) resume las similitudes diciendo que «todas las evidencias indican que el culto de Jarán no fue más que una réplica exacta del de Ur». 
 

Cuando se descubrió el templo de Sin en Jarán -construido y reconstruido a lo largo del milenio-, durante unas excavaciones que duraron más de cincuenta años, se encontraron dos estelas (dos pilares de piedra conmemorativos) en los que sólo había una inscripción. Era un registro dictado por Adadguppi, una suma sacerdotisa de Sin, sobre cómo rezaba y organizaba el retorno de Sin, pues, algún tiempo antes,

Sin, el rey de todos los dioses, 
se enfureció con su ciudad y su templo, 
y subió al Cielo.

El hecho de que Sin, disgustado o desesperado, simplemente, «hiciera las maletas» y subiera al Cielo» viene corroborado por otras inscripciones. En éstas, se nos cuenta que el rey asirio Assurbanipal recobró de ciertos enemigos un sagrado «sello cilindrico del más costoso jaspe» y que «lo mejoró dibujando sobre él una imagen de Sin». Después, inscribió sobre la sagrada piedra «un elogio a Sin, y lo colgó alrededor del cuello de la imagen de Sin». Ese sello pétreo de Sin debió de ser una reliquia de antaño, pues se dice más adelante que «es el sello en el cual su rostro fue dañado en aquellos días, durante la destrucción llevada a cabo por el enemigo». 
 

Se cree que la suma sacerdotisa, que había nacido durante el reinado de Assurbanipal, era también de sangre real. En sus súplicas a Sin, le proponía un práctico «acuerdo»: restablecer los poderes de Sin sobre sus adversarios a cambio de ayudar al hijo de ella, Nabunaid, a convertirse en soberano de Sumer y Acad. Los archivos históricos confirman que, en el año 555 a.C, Nabunaid, entonces comandante de los ejércitos babilonios, fue nombrado por sus colegas militares para el trono. Para esto, se decía que había sido ayudado directamente por Sin. Sucedió, según nos dicen las inscripciones de Nabunaid, «en el primer día de su aparición» que Sin, utilizando «el arma de Anu», fue capaz de «tocar con un rayo de luz» los cielos y aplastar a los enemigos abajo en la Tierra. 
 

Nabunaid mantuvo la promesa que su madre había hecho al dios. Reconstruyó el templo de Sin, el E.HUL.HUL («casa de la gran alegría»), y declaró a Sin como Dios Supremo. Es entonces cuando Sin pudo haber tomado en sus manos «el poder del cargo de Anu, esgrimir todo el poder del cargo de Enlil, asumir el poder del cargo de Ea, tomando así en sus propias manos todos los Poderes Celestiales». Así, derrotando al usurpador Marduk, incluso haciéndose con los poderes del padre de Marduk, Ea, Sin asumía el título de «Creciente Divino» y establecía su reputación como el llamado Dios Luna. 
 

¿Cómo pudo Sin, del que se dice que había vuelto al Cielo disgustado, realizar tales hazañas de vuelta a la Tierra? 
 

Nabunaid, al confirmar que Sin se había «olvidado de su ira... y había decidido volver al templo Ehulhul», confirmó el milagro. Un milagro «que no ha sucedido en el País desde los días de antaño» había tenido lugar: una deidad «ha bajado del Cielo».

Éste es el gran milagro de Sin, 
que no ha sucedido en el País 
desde los días de antaño; 
Que la gente del País 
no ha visto, ni ha escrito 
sobre tablillas de arcilla, para conservarlo para siempre: 
que Sin, 
Señor de todos los dioses y diosas, 
residiendo en el Cielo, 
ha bajado desde el Cielo.

Lamentablemente, no se aportan detalles del lugar y la manera en la cual Sin aterrizó de regreso a la Tierra. Pero sabemos que fue en los campos que rodean Jarán que Jacob, en su viaje desde Canaán para encontrar una novia en el «viejo país», vio «una escalera apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos, y he aquí que los ángeles del Señor subían y bajaban por ella».

Al mismo tiempo que Nabunaid restauraba los poderes y los templos de Nanna/Sin, restauró también los templos y el culto de los hijos gemelos de Sin, IN.ANNA («dama de Anu») y UTU («el resplandeciente»). 
 

Ambos eran hijos de Sin y de su esposa oficial, Ningal, siendo, así, por nacimiento, miembros de la Dinastía Divina. Inanna era, técnicamente, la primogénita, pero su hermano gemelo, Utu, era el hijo primogénito, y, por tanto, el heredero dinástico legal. A diferencia de la rivalidad que existía en el caso, similar, de Esaú y Jacob, los dos niños divinos crecieron muy unidos entre sí. Compartían experiencias y aventuras, se ayudaban mutuamente, y cuando Inanna tuvo que elegir marido entre dos dioses, fue a su hermano en busca de consejo. 
 

Inanna y Utu habían nacido en tiempos inmemoriales, cuando sólo los dioses habitaban la Tierra. La ciudad-dominio de Utu, Sippar, estaba entre las primeras ciudades que habían establecido los dioses en Sumer. Nabunaid decía en una inscripción que, cuando emprendió la reconstrucción del templo de Utu, E.BABBARA («casa resplandeciente»), en Sippar:

Busqué su antigua plataforma-cimiento, 
y profundicé dieciocho codos en el suelo. 
Utu, el Gran Señor de Ebabbara... 
me mostró personalmente la plataforma-cimiento 
de Naram-Sin, hijo de Sargón, que durante 3.200 años 
ningún rey antes que yo había visto.

Cuando la civilización floreció en Sumer, y el Hombre se unió a los dioses en el País Entre los Ríos, Utu estaba relacionado, principalmente, con la ley y la justicia. Varios códigos legales primitivos, aparte de acogerse a Anu y a Enlil, se presentaron también en busca de aceptación y adhesión, porque fueron promulgados «de acuerdo con la palabra verdadera de Utu». El rey babilonio Hammurabi inscribió su código legal en una estela en cuya parte superior se le representó a él recibiendo las leyes de manos del dios. (Fig. 51) 
  
 

Muchas tablillas descubiertas en Sippar atestiguan la reputación de la ciudad en tiempos antiguos como lugar de leyes justas y buenas. Algunos textos representan al mismo Utu juzgando a dioses y hombres; Sippar fue, de hecho, la sede del «tribunal supremo» de Sumer. 
 

La justicia por la que abogaba Utu recuerda al Sermón de la Montaña que se registró en el Nuevo Testamento. Una «tablilla de sabiduría» sugería que el siguiente comportamiento complacía a Utu:

Ni siquiera hagas daño a tu oponente; 
al que te haga mal recompénsale con bien. 
Hasta a tu enemigo, que se haga justicia... 
No dejes que tu corazón sea inducido a hacer el mal... 
Al que pida limosna, 
dale alimentos para comer, dale vino para beber... 
Sé servicial; haz el bien.

Por garantizar la justicia e impedir la opresión -y, quizás, por otras razones, como veremos más adelante-, Utu fue considerado el protector de los viajeros. Sin embargo, los epítetos más habituales y duraderos que se le aplicaron a Utu tenían que ver con su resplandor. Desde tiempos muy antiguos, se le llamó Babbar («el resplandeciente»). Era «Utu, el que derrama una gran luz», el que «ilumina Cielo y Tierra». 
 

Hammurabi, en su inscripción, llama al dios por su nombre aca-dio, Shamash, que en lenguas semitas significa «Sol». De ahí, que los expertos aceptaran que Utu/Shamash fuera el mesopotámico Dios Sol. Más adelante, mostraremos que, aunque a este dios se le asignara el Sol como homólogo celeste, hubo otro motivo para afirmar que «derramaba una brillante luz» cuando llevaba a cabo las tareas que le había asignado su abuelo Enlil.

Del mismo modo en que los códigos legales y los archivos judiciales son los certificados humanos de la presencia real entre las antiguas gentes de Mesopotamia de una deidad llamada Utu/Shamash, existen también innumerables inscripciones, textos, ensalmos, oráculos, oraciones y representaciones que atestiguan la existencia y la presencia física de la diosa Inanna, cuyo nombre acadio era Ishtar. Un rey de Mesopotamia del siglo xiii a.C. decía haber reconstruido su templo en la ciudad de su hermano, Sippar, sobre unos cimientos que, en aquel momento, tenían ochocientos años de antigüedad. Pero en su ciudad central, Uruk, los relatos sobre ella se remontaban a los tiempos de antaño. 
 

Conocida por los romanos como Venus, por los griegos como Afrodita, Astarté para los cananeos y los hebreos, Ishtar o Eshdar para los asirios, babilonios, hititas y otros pueblos de la antigüedad, Inanna ,Innin o Ninni para los acadios y los sumerios, o por otros de sus muchos apodos o epítetos, ella fue, en todas las épocas, la Diosa de la Guerra y la Diosa del Amor, una mujer feroz y hermosa que, aun siendo nada más que la bisnieta de Anu, se ganó por sí misma y para sí misma un lugar importante entre los Grandes Dioses del Cielo y de la Tierra. 
 

Como una diosa joven que era, al menos en apariencia, tenía asignado un dominio en una tierra lejana al este de Sumer, la Tierra de Aratta. Fue allí donde «la noble, Inanna, reina de todo el país», tuvo su «casa». Pero Inanna tenía ambiciones mayores. En la ciudad de Uruk se erguía el gran templo de Anu, ocupado por éste sólo durante sus ocasionales visitas de estado a la Tierra; e Inanna puso sus ojos en esta sede del poder. 
 

Las listas de reyes sumerios dicen que el primer soberano no divino de Uruk fue Meshkiaggasher, hijo del dios Ütu a través de una madre humana. A él le sucedió su hijo Énrnerkar, un gran rey sumerio Inanna, por tanto, era la tía abuela de Enmerkar; y no tuvo demasiadas dificultades para persuadir a su sobrino nieto de que ella debía ser en verdad la diosa de Uruk, más que de la remota Aratta. 
 

Un largo y fascinante texto llamado «Enmerkar y el Señor de Aratta» dice que Enmerkar envió emisarios a Aratta, utilizando todos los argumentos posibles en una «guerra de nervios», para obligar a Aratta a someterse, porque «el señor Enmerkar, que es el servidor de Inanna, la hizo reina de la Casa de Anu». El poco claro final del relato épico insinúa un final feliz: aunque Inanna se mudó a Uruk, «no abandonó su Casa en Aratta». Que terminara convirtiéndose en una «diosa itinerante» tampoco sería improbable, pues Inanna/Ishtar se la conoce en otros textos por ser una arriesgada viajera. 
 

La ocupación del templo de Anu en Uruk no podría haber tenido lugar sin el conocimiento y el consentimiento de éste; y los textos nos dan unas marcadas pistas sobre cómo se obtuvo ese consentimiento. Inanna no tardó en ser conocida como «Anunitum», un apodo que significa «amada de Anu». A ella se refieren en los textos como «la sagrada amante de Anu»; y de todo esto se desprende que Inanna no sólo compartió el templo de Anu, sino también su cama -cada vez que venía a Uruk, o en las ocasiones en que ella subía a su Morada Celestial. 
 

Después de maniobrar hasta conseguir la posición de diosa de Uruk y señora del templo de Anu, Ishtar recurrió al fraude para potenciar la posición de Uruk, así como sus propios poderes. Lejos, Eufrates abajo, estaba la antigua ciudad de Eridú -el centro de Enki. Siendo conocedora de los grandes conocimientos del dios en todo tipo de artes y ciencias de la civilización, Inanna tomó la decisión de rogar, pedir prestados o robar estos secretos. Intentando utilizar, obviamente, sus «encantos personales», Inanna se las ingenió para visitar a su tío abuelo, Enki, a solas. Este hecho no le pasó desapercibido a Enki, que instruyó a su maestresala para que preparara cena para dos.

Ven Isimud, mi maestresala, escucha mis instrucciones; 
te he de decir algo, ten en cuenta mis palabras: 
La doncella, completamente sola, ha dirigido sus pasos hacia el Abzu... 
Que la doncella entre en el Abzu de Eridú, 
dale de comer pasteles de cebada con mantequilla, 
escánciale agua fría que refresque su corazón, 
dale de beber cerveza...

Feliz y bebido, Enki estaba preparado para hacer cualquier cosa que le pidiese Inanna, y ésta, audazmente, le pidió las fórmulas divinas, que eran la base de una elevada civilización. Enki le dio alrededor de un centenar de ellas, entre las que estaban las fórmulas divinas pertenecientes al señorío supremo, la Realeza, las funciones sacerdotales, las armas, los procedimientos legales, la escribanía, el trabajo de la madera e, incluso, el conocimiento de los instrumentos musicales y de la prostitución del templo. Para cuando Enki despertó y se dio cuenta de lo que había hecho, Inanna ya estaba volviendo a Uruk. Enki ordenó perseguirla con sus «terribles armas», pero fue en vano, pues Inanna se había ido a toda velocidad en su «Barco del Cielo». 
 

Con bastante frecuencia, se representa a Ishtar como a una diosa desnuda; haciendo gala de su belleza, hay veces en que incluso se la representaba levantándose las faldas para mostrar las partes bajas de su anatomía. (Fig. 52) 
  
 

Gilgamesh, soberano de Uruk alrededor del 2900 a.C, en parte humano y en parte divino, por ser hijo de hombre y diosa, también fue objeto de la seducción de Inanna, aun cuando, por aquel entonces, ella ya tenía un esposo oficial. Habiéndose lavado después de una batalla y habiéndose puesto «un manto con flecos, sujeto con una faja»,

La gloriosa Ishtar posó sus ojos en su belleza. 
«¡Ven, Gilgamesh, sé tu mi amante! 
Ven, dame tu fruto. 
Tú serás mi macho, yo seré tu hembra.»

Pero Gilgamesh sabía con quién estaba tratando. «¿A cuál de tus amantes amaste para siempre?», le preguntó. «¿Cuál de tus acompañantes te complació en todo momento?» Y, recitando una larga lista de sus amoríos, Gilgamesh se negó a complacerla. 
 

Con el transcurso del tiempo, a medida que asumía rangos más elevados en el panteón, y con la responsabilidad de los asuntos de estado, Inanna/Ishtar comenzó a mostrar más cualidades marciales, y a menudo se la representó como una Diosa de la Guerra, armada hasta los dientes. (Fig. 53) 
  
 

Las inscripciones dejadas por los reyes asirios relatan cómo iban a la guerra por ella y bajo sus órdenes, cómo les aconsejaba directamente cuándo esperar y cuándo atacar, cómo, en ocasiones, marchaba a la cabeza de los ejércitos, y cómo, en al menos una ocasión, concedió una teofanía y se apareció ante todas las tropas. A cambio de su lealtad, ella les prometía a los reyes larga vida y éxito. «Desde una Cámara Dorada en los cielos te vigilaré», les aseguraba. 
 

¿Acaso se convirtió en una amargada guerrera debido a que, también ella, pasó por malos momentos con el ascenso de Marduk a la supremacía? Nabunaid dice en una de sus inscripciones: «Inanna de Uruk, la exaltada princesa que moraba en una nao dorada, que montaba sobre un carro de batalla del cual tiraban siete leones -los habitantes de Uruk cambiaron su culto durante el gobierno del rey Erba-Marduk, quitaron su nao y soltaron su tiro». Inanna, según informaba Nabunaid, «tuvo que dejar, enfurecida, el E-Anna, y permaneció desde entonces en un lugar indecoroso» (que no nombra). (Fig. 54) 
  
 

Buscando, quizás, combinar el amor con el poder, la muy cortejada Inanna eligió a su marido, DU.MU.ZI, un hijo menor de Enki. Muchos textos antiguos tratan de los amores y las peleas de ambos. Algunos de ellos son canciones de amor de gran belleza y vivida sexualidad. Otros nos cuentan cómo Ishtar, a la vuelta de uno de sus viajes, se encontró a Dumuzi divirtiéndose en su ausencia. Ella se las compuso para capturarlo y hacerlo desaparecer en el Mundo Inferior -un dominio gobernado por su hermana RESH.KLGAL y su consorte NER.GAL. Algunos de los textos súmenos y acadios más famosos tratan del viaje de Ishtar al Mundo Inferior en busca de su desterrado amado.

De los seis hijos conocidos de Enki, tres fueron protagonistas de distintos relatos sumerios: el primogénito Marduk, que, con el tiempo, usurpó la supremacía; Nergal, que se convirtió en soberano del Mundo Inferior; y Dumuzi, que se casó con Inanna/Ishtar. 
 

Enlil también tuvo tres hijos que jugaron importantes papeles tanto en asuntos divinos como humanos: Ninurta, que, por ser hijo de Enlil y de su hermana Ninhursag, era su sucesor legal; Nanna/Sin, primogénito de Enlil con su esposa oficial Ninlil; y un hijo menor de Ninlil llamado ISH.KUR («montañoso», «lejana tierra montañosa»), al que, con más frecuencia, se le llamaba Adad («amado»). 
 

Como hermano de Sin y tío de Utu e Inanna, Adad parece haberse sentido más en casa con ellos que en su propia casa. Los textos sumerios los sitúan juntos constantemente. En las ceremonias relacionadas con la visita de Anu a Uruk también se habla de los cuatro como un grupo. Un texto, en el que se describe la entrada en la corte de Anu, afirma que a la sala del trono se llegaba a través del «pórtico de Sin, Shamash, Adad e Ishtar». Otro texto, publicado por primera vez por V. K. Shileiko (Academia Rusa de la Historia de las Culturas), describe poéticamente a los cuatro mientras se retiran juntos por la noche. 
 

Entre Adad e Ishtar parece haber habido la mayor de las afinidades, e incluso se les suele representar a los dos juntos, como en este relieve en el que se muestra a un soberano asirio que es bendecido por Adad (que sostiene el anillo y el rayo) y por Ishtar, que sujeta su arco. (La tercera deidad está demasiado mutilada como para ser identificada.) (Fig. 55) 
  
 

¿Fue esta «afinidad» algo más que una relación platónica, a la vista del «talante» de Ishtar? Conviene señalar que en el bíblico Cantar de los Cantares, la juguetona muchacha llama a su amante dod -palabra que significa tanto «amante» como «tío». Por tanto, ¿se le dio a Ishkur el nombre de Adad -una derivación de la palabra sumeria DA.DA- debido a que el tío era el amante? 
 

Pero Ishkur no era sólo un playboy; era un dios poderoso, dotado por su padre Enlil con los poderes y prerrogativas de un dios de las tormentas. Como tal, se le reverenció como el hurrita/hitita Teshub y el urarteo Teshubu («el que sopla el viento»), el amorita Ramanu («tronador»), el cananeo Ragimu («el que envía el granizo»), el indoeuropeo Buriash («hacedor de luz»), el semita Meir («el que ilumina» los cielos). (Fig. 56) 
  
 

Una lista de dioses que se conserva en el Museo Británico, según Hans Schlobies (Der Akkadische Wettergott in Mesopotamien), aclara que Ishkur era, ciertamente, un señor divino en tierras muy lejanas de Sumer y Acad. Como los textos sumerios revelan, esto no fue un accidente. Parece ser que Enlil envió deliberadamente a su hijo menor para que se convirtiera en la «Deidad Residente» en las tierras montañosas del norte y el oeste de Mesopotamia. 
 

¿Por qué Enlil alejó de Nippur a su hijo más joven y amado? Se han encontrado diversos relatos épicos sumerios en los que se habla de las discusiones e, incluso, de las sangrientas luchas entre los dioses más jóvenes. En muchos sellos cilindricos se representan escenas de dioses combatiendo entre sí (Fig. 57); da la impresión de que la rivalidad original entre Enki y Enlil siguió adelante y se intensificó entre sus hijos, con ocasionales enfrentamientos también entre hermanos -un relato divino de Caín y Abel. Algunas de estas batallas se llevaron a cabo contra una deidad llamada Kur -con toda probabilidad, Ishkur/Adad. Esto podría explicar por qué Enlil estimó oportuno conceder a su hijo menor un lejano dominio, para mantenerle al margen de las peligrosas batallas sucesorias. 
  
 

La posición de los hijos de Anu, Enlil y Enki, y de sus descendientes, en el linaje dinástico emerge con toda claridad a través de un dispositivo sumerio único: la asignación de un rango numérico a ciertos dioses. El descubrimiento de este sistema revela también la afimación en el Gran Círculo de Dioses del Cielo y de la Tierra en el momento del florecimiento de la civilización sumeria. Nos encontraremos con que este Panteón Supremo estaba compuesto por doce deidades. 
 

La primera pista de que se estaba aplicando un sistema numérico criptográfico a los Grandes Dioses llegó con el descubrimiento de que los nombres de los dioses Sin, Shamash e Ishtar eran a veces sustituidos en los textos por los números 30,20 y 15 respectivamente. La unidad más alta del sistema sexagesimal sumerio -el 60- se le asignaba a Anu; Enlil «era» el 50; Enki, el 40; y Adad, el 10. El número 10 y sus seis múltiplos dentro del número principal 60 se les asignaban a deidades masculinas, y parecería plausible que los números terminados en 5 se les asignaran a deidades femeninas. A partir de aquí, nos encontramos con la siguiente tabla criptográfica:

Masculino 
60 - Anu   50 - Enlil   40 - Ea/Enki   30 - Nanna/Sin   20 - Utu/Shamash   10 - Ishkur/Adad

6 deidades masculinas 
 

Femenino 
55 - Antu   45 - Ninlil   35 - Ninki   25 - Ningal   15 - Inanna/Ishtar   5 – Ninhursag

6 deidades femeninas 
  
 

No debería de sorprendernos que a Ninurta se le asignara el número 50, como a su padre. En otras palabras, su rango dinástico se transmitía en un mensaje criptográfico: si Enlil se va, tú, Ninurta, ocupas su lugar; pero, hasta entonces, no eres uno de los Doce, pues el rango del «50» está ocupado. 
 

Tampoco debería de sorprendernos saber que, cuando usurpó la Enlildad, Marduk insistiera en que los dioses le otorgaran «los cincuenta nombres», dando a entender que el rango del «50» ahora era suyo. 
 

Hubo otros muchos dioses en Sumer -hijos, nietos, sobrinas y sobrinos de los Grandes Dioses; hubo también varios centenares de dioses «de base», llamados anunnaki, a los que se les asignaban -por decirlo así- «tareas generales». Pero sólo doce componían el Gran Círculo. Ellos, sus relaciones familiares y, por encima de todo, la línea de sucesión dinástica se pueden consultar mejor si los observamos en un diagrama: 



LA EPOPEYA DE LA CREACIÓN :

En la mayoría de los antiguos sellos cilindricos que se han encontrado, los símbolos de determinados cuerpos celestes, miembros de nuestro sistema solar, aparecen por encima de las figuras de dioses o humanos. 
 

Un sello acadio del tercer milenio a.G, ahora en el Vorderasiatis-che Abteilung del Museo del Estado de Berlín Este (catalogado VA/ 243), se aparta de la forma habitual de representar los cuerpos celestes. No los muestra individualmente, sino como un grupo de once globos que circundan a una estrella grande y con rayos. Evidentemente, es una representación del sistema solar, tal como lo conocían los súmenos: un sistema consistente en doce cuerpos celestes. (Fig. 99) 
  
 

Normalmente, nosotros representamos el sistema solar de forma esquemática, como una línea de planetas que se aleja del Sol a distancias crecientes. Pero si representáramos los planetas, no en una línea, sino uno después de otro en un círculo (el más cercano, Mercurio, en primer lugar, después Venus, luego la Tierra, etc.), el resultado se parecería al de la (Todos los dibujos son esquemáticos y no a escala; las órbitas planetarias en los dibujos que siguen son circulares en vez de elípticas para facilitar la representación.) 
 

Si echamos un segundo vistazo a la ampliación del sistema solar representado en el sello cilíndrico VA/243, veremos que los «puntos» que circundan la estrella son, en realidad, globos cuyos tamaños y orden se adecuan al sistema solar representado en la (Fig. 100) 
  
 

El Pequeño Mercurio viene seguido por un Venus más grande. La Tierra, con el mismo tamaño de Venus, está acompañada por la Pequeña Luna. A continuación, en el sentido contrario al de las agujas del reloj, Marte se muestra correctamente, algo más pequeño que la Tierra pero más grande que la Luna o Mercurio. (Fig. 101) 
  
 

La antigua representación nos muestra después un planeta desconocido para nosotros, considerablemente más grande que la Tierra, aunque más pequeño que Júpiter y Saturno, que se ven con toda claridad a continuación. Aún más lejos, otro par se corresponde perfectamente a nuestros Urano y Neptuno. Por último, el pequeño Plutón está también ahí, pero no donde lo situamos nosotros ahora (después de Neptuno), sino entre Saturno y Urano. 
 

Tratando a la Luna como a un cuerpo celeste más, esta representación sumeria da cuenta plena de todos los planetas que conocemos, los sitúa en el orden correcto (con la excepción de Plutón), y los muestra por tamaño. 
 

Sin embargo, esta representación de 4500 años de edad insiste también en que había -o ha habido- otro planeta importante entre Marte y Júpiter. Como mostraremos después, éste es el duodécimo planeta, el planeta de los nefilim. 
 

Si este mapa celeste sumerio se hubiera descubierto y estudiado hace dos siglos, los astrónomos habrían pensado que los sumerios estaban totalmente desinformados, al imaginar, estúpidamente, que había más planetas después de Saturno. Ahora, no obstante, sabemos que Urano, Neptuno y Plutón están realmente ahí. ¿Imaginaron los sumerios las otras discrepancias, o estaban correctamente informados por los nefilim de que la Luna era un miembro del sistema solar por derecho propio, Plutón estaba situado cerca de Saturno y había un Duodécimo Planeta entre Marte y Júpiter? 
 

La teoría largo tiempo sustentada de que la Luna no era más que «una pelota de golf helada» no se descartó hasta después de la conclusión de varias misiones Apolo a la Luna. Hasta aquel momento, las mejores conjeturas consistían en que la Luna era un trozo de materia que se había separado de la Tierra cuando ésta era aún de material fundido y maleable. Si no hubiera sido por el impacto de millones de meteoritos, que dejaron cráteres en la superficie de la Luna, ésta habría sido un trozo de materia sin rostro, sin vida y sin historia que se solidificó y sigue a la Tierra desde siempre. 
 

Sin embargo, las observaciones hechas por satélites no tripulados han comenzado a poner en duda estas creencias tanto tiempo manejadas. Al final, se llegó a la conclusión de que la composición química y mineral de la Luna era suficientemente diferente de la de la Tierra como para poner en duda la teoría de la «separación». Los experimentos realizados en la Luna por los astronautas norteamericanos, y el estudio y análisis del suelo y de las muestras de rocas que trajeron, han determinado, más allá de toda duda, que la Luna, aunque en la actualidad estéril, fue alguna vez un «planeta vivo». 
  
 

Al igual que la Tierra, tiene diferentes capas, lo que significa que se solidificó desde su propio estadio original de materia fundida. Al igual , que la Tierra, generaba calor, pero mientras que el calor de la Tierra proviene de sus materiales radiactivos, «cocidos» en el interior de la Tierra bajo una tremenda presión, el calor de la Luna proviene, según parece, de capas de materiales radiactivos que se encuentran muy cerca de la superficie. Sin embargo, estos materiales son demasiado pesados para haber ascendido hasta ahí. Entonces, ¿cómo se llegaron a depositar tan cerca de la superficie de la Luna? 
 

El campo gravitatorio lunar parece ser errático, como si inmensos trozos de materias pesadas (como el hierro) no se hubieran hundido de modo uniforme hasta su centro, sino que estuvieran dispersos. Pero, ¿podríamos preguntar a través de qué proceso o fuerza? Existen evidencias que indicarían que las antiguas rocas de la Luna estuvieron magnetizadas. También existen evidencias de que los campos magnéticos se cambiaron o invirtieron. ¿Ocurrió esto a través de algún proceso interno desconocido, o por medio de alguna influencia externa indeterminada? 
 

Los astronautas del Apolo 16 descubrieron que las rocas lunares (llamadas brechas) eran el resultado de la destrucción de la roca sólida y su posterior soldadura gracias a un calor extremo y repentino. ¿Cuándo y cómo se hicieron añicos y se refundieron estas rocas? Otros materiales de la superficie de la Luna son ricos en los poco frecuentes potasio y fósforo radiactivos, materiales que en la Tierra se encuentran a grandes profundidades. 
 

Reuniendo todos estos descubrimientos, los científicos afirman ahora que la Luna y la Tierra, formadas más o menos con los mismos elementos y más o menos por el mismo tiempo, evolucionaron como cuerpos celestes separados. En opinión de los científicos de la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio de los Estados Unidos (N.A.S.A.), la Luna evolucionó «normalmente» durante sus primeros 500 millones de años. Luego, dijeron (tal como se informó en The New York Times),

El período más catastrófico llegó hace 4.000 millones de años, cuando cuerpos celestes del tamaño de grandes ciudades y pequeños países se estrellaron en la Luna y formaron sus inmensas cuencas y sus altísimas montañas. 
 

Las ingentes cantidades de materiales radiactivos dejados por las colisiones comenzaron a calentar la roca por debajo de la superficie, fundiendo enormes cantidades de ésta y forzando mares de lava a través de las grietas de la superficie. 
 

El Apolo 15 encontró un deslizamiento de rocas en el cráter Tsiolovsky seis veces más grande que cualquier deslizamiento de rocas en la Tierra. El Apolo 16 descubrió que la colisión que creó el Mar de Néctar depositó escombros hasta a 1.600 kilómetros de distancia. 
 

El Apolo 17 alunizó cerca de un acantilado ocho veces más alto que cualquiera de la Tierra, lo que significa que se formó por un terremoto ocho veces más violento que cualquier otro terremoto en la historia de la Tierra. 
 

Las convulsiones que siguieron a este suceso cósmico continuaron durante unos 800 millones de años, de modo que la composición y la superficie de la Luna adoptaron por fin su forma helada hace alrededor de 3.200 millones de años. 
 

Así pues, los sumerios tenían razón al representar a la Luna como un cuerpo celeste por derecho propio. Y, como pronto veremos, también nos dejaron un texto que explica y describe la catástrofe cósmica a la que se refieren los expertos de la NASA. 
 

Al planeta Plutón se le ha denominado «el enigma». Mientras que las órbitas de los demás planetas alrededor del Sol se desvían sólo un poco del círculo perfecto, la desviación («excentricidad») de Plutón es tal que tiene la órbita más extensa y elíptica del sistema solar. Mientras que los demás planetas orbitan al Sol más o menos dentro del mismo plano, la órbita de Plutón tiene una inclinación nada menos que de 17 grados. Debido a estos dos rasgos atípicos de su órbita, Plutón es el único planeta que corta la órbita de otro planeta, Neptuno. 
 

En tamaño, Plutón se encuentra en realidad dentro de la clase «satélite». Su diámetro, 5.800 kilómetros, no es mucho mayor que el de Tritón, un satélite de Neptuno, o Titán, uno de los diez satélites de Saturno. Debido a sus inhabituales características, se ha llegado a sugerir que este «inadaptado» podría haber comenzado su vida celeste como un satélite que, de algún modo, escapó a su dueño y tomó por sí mismo una órbita alrededor del Sol. 
 

Y esto, como vamos a ver, es realmente lo que sucedió, según los textos sumerios. 
 

Y ahora llegamos al clímax de nuestra búsqueda de respuestas a antiquísimos sucesos celestes: la existencia del Duodécimo Planeta. 
 

Por asombroso que parezca, nuestros astrónomos han estado buscando evidencias que indiquen que, ciertamente, existió una vez un planeta entre Marte y Júpiter. 
 

A finales del siglo xviii, antes incluso del descubrimiento de Neptuno, varios astrónomos demostraron que «los planetas estaban situados a determinadas distancias del Sol, según una ley definida». Este planteamiento, que llegó a ser conocido como Ley de Bode, convenció a los astrónomos de que debió de haber un planeta dando vueltas en un lugar donde, hasta entonces, no se sabía que hubiera existido un planeta -es decir, entre las órbitas de Marte y Júpiter. 
 

Animados por estos cálculos matemáticos, los astrónomos se pusieron a explorar los cielos en la zona en la que debería de estar «el planeta perdido». En el primer día del siglo xix, el astrónomo italiano Giuseppe Piazzi descubrió, exactamente en la distancia indicada, un planeta muy pequeño (776 kilómetros de un extremo a otro) al que llamó Ceres. Hacia 1804, el número de asteroides («planetas pequeños») encontrados allí ascendía a cuatro; hasta la fecha, se han contado cerca de 3.000 asteroides en órbita alrededor del Sol, en lo que ahora llamamos el cinturón de asteroides. Sin duda, son los restos de un planeta que se hizo añicos. Los astrónomos rusos le han llamado Faetón («cuadriga»). 
 

Aunque los astrónomos están seguros de la existencia de tal planeta, no son capaces de explicar su desaparición. ¿Acaso estalló él solo? Pero, entonces, los pedazos habrían salido despedidos en todas direcciones y no habrían conformado un simple cinturón. Si fue una colisión lo que destruyó al planeta desaparecido, ¿dónde está el cuerpo celeste responsable de tal colisión? ¿Se hizo añicos también? Pero los restos que siguen dando vueltas alrededor del Sol, si se suman, no son suficientes para formar ni siquiera un planeta, y mucho menos dos. Por otra parte, si los asteroides son los restos de dos planetas, deberían de haber conservado la revolución axial de los dos planetas. Pero todos los asteroides tienen la misma rotación axial, con lo que se indica que todos ellos provienen del mismo cuerpo celeste. Así pues, ¿cómo se hizo pedazos el planeta desaparecido, y qué fue lo que lo destruyó? 
 

Las respuestas a estos misterios se nos han transmitido desde la antigüedad. 
 

Hace cosa de un siglo, cuando se descifraron los textos encontrados en Mesopotamia, se tomó conciencia inesperadamente de que allí, en Mesopotamia, había textos que no sólo eran equiparables a algunas secciones de las Sagradas Escrituras, sino que también las precedían. En 1872, con Die Keilschriften und das alte Testament, Eberhard Schráder dio inicio a una avalancha de libros, artículos, conferencias y debates que se prolongaron durante medio siglo. ¿Hubo algún lazo, en alguna época ancestral, entre Babilonia y la Biblia? Los titulares afirmaban provocativamente: BABEL UND BIBEL. 
 

Entre los textos descubiertos por Henry Layard en las ruinas de la biblioteca de Assurbanipal en Nínive, había uno que hacía un relato de la Creación no muy diferente del Libro del Génesis. Las tablillas rotas, las primeras que consiguió recomponer y publicar George Smith en 1876 (The Chaldean Génesis), demostraban concluyentemente que sí que había existido un texto acadio, escrito en el antiguo dialecto babilonio, que relataba cómo cierta deidad había creado el Cielo y la Tierra, y todo sobre la Tierra, incluido el Hombre. 
 

En la actualidad, hay una vasta bibliografía que compara el texto mesopotámico con la narración bíblica. La deidad babilonia hizo su trabajo, si no en seis «días», sí, al menos, en lo que abarcan seis tablillas; y en paralelo al bíblico séptimo día de descanso de Dios, en el que disfrutó de su obra, la epopeya mesopotámica dedica una séptima tablilla a la exaltación de la deidad babilonia y de sus logros. No en vano, L. W. King tituló su autorizada obra sobre el tema The Seven Tablets of Creation, Las Siete Tablillas de la Creación. 
 

Conocido ahora como «La Epopeya de la Creación», este texto fue conocido en la antigüedad por las palabras con las que comienza, Enuma Elish («Cuando en las alturas»). El relato bíblico de la Creación comienza con la creación del Cielo y la Tierra; el relato mesopotámico es una verdadera cosmogonía, pues trata de los eventos previos y nos lleva hasta el comienzo de los tiempos:

Enuma elish la nabu shamamu 
Cuando, en las alturas, el Cielo no había recibido nombre 
Shaplitu ammatum shunta la zakrat 
Y abajo, el suelo firme [la Tierra] no había sido llamado

Fue entonces, según nos cuenta la epopeya, cuando dos cuerpos celestes primigenios dieron a luz a una serie de «dioses» celestes. A medida que el número de seres celestes aumentaba, hacían más ruido y causaban más conmoción, perturbando al Padre Primigenio. Su fiel mensajero le urgió a que adoptara fuertes medidas disciplinarias con los dioses jóvenes, pero éstos se confabularon contra él y le robaron sus poderes creadores. La Madre Primigenia intentó vengarse. El dios que dirigió la revuelta contra el Padre Primigenio tuvo una nueva idea: invitar a su joven hijo a unirse a la Asamblea de los Dioses y darle la supremacía, para que fuera a combatir así, sin ayuda, al «monstruo» en que se había convertido su madre. 
 

Aceptada la supremacía, el joven dios -Marduk, según la versión babilonia- se enfrentó al monstruo y, tras un feroz combate, la venció y la partió en dos. Con una parte de ella hizo el Cielo, y con la otra la Tierra. 
 

Después, proclamó un orden fijo en los cielos, asignando a cada dios celeste una posición permanente. En la Tierra, creó las montañas, los mares y los ríos, estableció las estaciones y la vegetación, y creó al Hombre. Babilonia y su altísimo templo se construyeron como un duplicado de la Morada Celeste en la Tierra. A dioses y a mortales se les dieron encargos, mandatos y rituales a seguir. Entonces, los dioses proclamaron a Marduk como la deidad suprema, y le concedieron los «cincuenta nombres» -las prerrogativas y el rango numérico de la Enlildad. 
 

A medida que se iban encontrando y traduciendo más tablillas y fragmentos, se fue haciendo evidente que el texto no era una simple obra literaria, sino el relato épico histórico-religioso más sagrado de Babilonia, que se leía como parte de los rituales del Año Nuevo. La versión babilonia pretendía propagar la supremacía de Marduk al convertirle en el héroe del relato de la Creación. Sin embargo, esto no fue siempre así. Existen bastantes evidencias que indican que la versión babilonia de la epopeya fue una falsificación por motivos político-religiosos de una versión sumeria anterior en la que Anu, Enlil y Ninurta eran los héroes. 
 

Sin embargo, a despecho del nombre de los actores de este drama celeste y divino, el relato es, ciertamente, tan antiguo como la civilización sumeria. La mayoría de los expertos lo ven como una obra filosófica -la versión más antigua de la eterna lucha entre el bien y el mal-, o como un cuento alegórico del invierno y el verano en la naturaleza, del amanecer y el ocaso, de la muerte y la resurrección. 
 

Pero, ¿por qué no tomarse literalmente este relato épico, ni más ni menos que como la declaración de hechos cosmológicos tal como los conocían los sumerios, tal como se los habían transmitido los nefilim? Si utilizamos este audaz enfoque, nos encontraremos con que «La Epopeya de la Creación» explica a la perfección los eventos que, probablemente, tuvieron lugar en nuestro sistema solar. 
 

El escenario en el que se despliega el drama celeste de Enuma Elish es el universo primigenio. Los actores celestes son los que crean, así como los que son creados. Primer Acto:

Cuando, en las alturas, el Cielo no había recibido nombre, 
y abajo, el suelo firme [la Tierra] no había sido llamado; 
nada, salvo el primordial APSU, su Engendrador, 
MUMMU y TIAMAT -la que les dio a luz a todos; 
sus aguas se entremezclaron. 
  
 

Ninguna caña se había formado aún, ni tierra pantanosa había aparecido. 
Ninguno de los dioses había sido traído al ser aún, 
nadie llevaba un nombre, sus destinos eran inciertos; 
fue entonces cuando se formaron los dioses en medio de ellos.

Con unos cuantos trazos hechos con el estilo de caña sobre la primera tablilla de arcilla -con nueve cortas líneas-, el antiguo cronista-poeta se las ingenia para sentarnos en el centro de la primera fila, y, de forma audaz y dramática, sube el telón del espectáculo más majestuoso que se haya visto: la Creación de nuestro sistema solar. 
 

En la inmensidad del espacio, los «dioses» -los planetas- estaban aún por aparecer, por ser nombrados, por tener sus «destinos» -sus órbitas- fijados. Sólo existían tres cuerpos: «el primordial AP.SU» («el que existe desde el principio»), MUM.MU («el que nació») y TIAMAT («la doncella de la vida»). Las «aguas» de Apsu y Tiamat se mezclaron, y el texto aclara que no se refiere a las aguas en las que crecen las cañas, sino más bien a las aguas primordiales, los elementos básicos generadores de vida del universo. 
 

Apsu, por tanto, es el Sol, «el que existe desde el principio». 
 

El más cercano a él es Mummu. El relato deja claro más adelante que Mummu era el ayudante de confianza y emisario de Apsu: una buena descripción de Mercurio, el pequeño planeta que gira con rapidez alrededor de su gigante señor. De hecho, ésta era la idea que los antiguos griegos y romanos tenían del dios-planeta Mercurio: el rápido mensajero de los dioses. 
 

Bastante más lejos estaba Tiamat. Ella era el «monstruo» que Marduk despedazaría más tarde, el «planeta desaparecido», Pero en los tiempos primordiales fue la verdadera Virgen Madre de la primera Trinidad Divina. El espacio entre ella y Apsu no estaba vacío; estaba henchido con los elementos primordiales de Apsu y Tiamat. Estas «aguas» «se entremezclaron», y se formaron dos dioses celestes -planetas- en el espacio entre Apsu y Tiamat.

Sus aguas se entremezclaron... 
Los dioses se formaron en medio de ellos: 
el dios LAHMU y el dios LAHAMU nacieron; 
por su nombre se les llamó.

Etimológicamente, los nombres de estos dos planetas provienen de la raíz LH.M («hacer la guerra»). Los antiguos nos legaron la leyenda de que Marte era el Dios de la Guerra y Venus la Diosa tanto del Amor como de la Guerra. LAHMU y LAHAMU eran, de hecho, nombres masculino y femenino respectivamente, con lo que la identidad de los dos dioses de la epopeya y los planetas Marte y Venus se confirman tanto etimológica como mitológicamente. También se confirma astronómicamente, dado que el «planeta desaparecido» Tiamat estaba situado más allá de Marte. Ciertamente, Marte y Venus están situados en el espacio que hay entre el Sol (Apsu) y «Tiamat». Podemos ilustrar esto siguiendo el mapa celeste sumerio. (Fig.102,103) 
 

 I. En el Principio: Sol, Mercurio, "Tiamat" 
 

 II. Los Planetas Interiores - los "dioses en el medio" - nacen. 
  
 

Después, prosiguió el proceso de formación del sistema solar. Lahmu y Lahamu -Marte y Venus- nacieron pero, incluso

Antes de que hubieran crecido en edad 
y en estatura hasta el tamaño señalado, 
el dios ANSHAR y el dios KISHAR fueron formados, 
sobrepasándoles [en tamaño]. 
Cuando se alargaron los días y se multiplicaron los años, 
el dios ANU se convirtió en su hijo -de sus antepasados un rival. 
Entonces, el primogénito de Anshar, Anu, 
como su igual y a su imagen engendró a NUDIMMUD.

Con una sequedad sólo igualada por la precisión narrativa, el Primer Acto de la epopeya de la Creación ha sido rápidamente representado ante nuestros ojos. Se nos ha informado que Marte y Venus iban a crecer sólo hasta un tamaño limitado; pero, incluso antes de que su formación se completara, otros dos planetas se formaron. Los dos eran planetas majestuosos, como lo evidencian sus nombres -AN.SHAR («príncipe, el primero de los cielos») y KI.SHAR («el primero de las tierras firmes»). Éstos aventajaban en tamaño al primer par, «sobrepasándoles» en estatura. La descripción, los epítetos y la situación de este segundo par los identifica fácilmente como Saturno y Júpiter. (Fig. 104) 
  
 

Fig. 104 - III. Los SHAR - los planetas gigantes - son creados, junto con su "emisario". 
  
 

Después, pasó algún tiempo («se multiplicaron los años»), y nació un tercer par de planetas. Primero llegó ANU, más pequeño que Anshar y Kishar («su hijo»), pero mayor que los primeros planetas («de sus antepasados un rival» en tamaño). Después, Anu engendró, a su vez, a un planeta gemelo, «su igual y a su imagen». La versión babilonia nombra al planeta NUDIMMUD, un epíteto de Ea/Enki. Una vez más, las descripciones de tamaño y situación se adecúan al siguiente par de planetas de nuestro sistema solar, Urano y Neptuno. 
 

Pero aún hubo otro planeta que se sumó a estos planetas exteriores, aquel al que llamamos Plutón. «La Epopeya de la Creación» ya se ha referido a Anu como «primogénito de Anshar», dando a entender que aún había otro dios planetario «nacido» de Anshar/ Saturno. 
 

La epopeya alcanza a esta deidad celeste más adelante, cuando relata cómo Anshar envió a su emisario GAGA en varias misiones a otros planetas. En función y en estatura, Gaga tiene el aspecto del emisario de Apsu, Mummu; esto nos recuerda las muchas similitudes que hay entre Mercurio y Plutón. Gaga, por tanto, era Plutón; pero los sumerios, en su mapa celeste, no situaban a Plutón más allá de Neptuno, sino junto a Saturno, del que era su «emisario» o satélite. (Fig. 105) 
  
 

Fig. 105 - IV. Se añaden los dos últimos planetas - iguales en su imagen. 
  
 

Cuando el Primer Acto de «La Epopeya de la Creación» tocaba a su fin, había un sistema solar compuesto por el Sol y nueve planetas:

SOL -Apsu, «aquel que existía desde el principio». 
MERCURIO -Mummu, consejero y emisario de Apsu. 
VENUS -Lahamu, «dama de las batallas». 
MARTE - Lahmu, «deidad de la guerra». 
¿? -Tiamat, «doncella que dio la vida». 
JÚPITER -Kishar, «el primero de las tierras firmes». 
SATURNO -Anshar, «el primero de los cielos». 
PLUTÓN -Gaga, consejero y emisario de Anshar. 
URANO -Anu, «él de los cielos» 
NEPTUNO -Nudimmud (Ea), «creador ingenioso».

¿Dónde estaban la Tierra y la Luna? Todavía tenían que crearse, como producto de una futura colisión cósmica. 
 

Con el final del majestuoso drama del nacimiento de los planetas, los autores de la Creación épica suben el telón para el Segundo Acto, en un drama de confusión celeste. La recién creada familia de planetas estaba lejos aún de ser estable. Los planetas gravitaban entre sí; estaban convergiendo sobre Tiamat, alterando y poniendo en peligro los cuerpos primordiales.

Los hermanos divinos se agruparon; 
perturbaban a Tiamat con sus avances y retiradas. 
Alteraban el «vientre» de Tiamat 
con sus cabriolas en las moradas del cielo. 
Apsu no podía rebajar el clamor de ellos; 
Tiamat había enmudecido con sus maneras. 
Sus actos eran detestables... 
Molestas eran sus maneras.

Nos encontramos aquí con referencias obvias a órbitas erráticas. Los nuevos planetas «avanzaban y se retiraban»; se acercaban demasiado entre ellos («se agruparon»); interferían con la órbita de Tiamat; se acercaban demasiado a su «vientre»; sus «maneras» eran molestas. Aunque era Tiamat la que estaba en mayor peligro, Apsu también encontró «detestables» las maneras de los planetas, y anunció su intención de «destruir, destrozar sus maneras». Se reunió con Mummu y consultó con él en secreto. Pero los dioses oyeron por casualidad «todo lo que habían tramado entre ellos», y el complot para destruirles les hizo enmudecer. El único que no perdió su ingenio fue Ea. Pensó en una estratagema para «verter el sueño en Apsu». A los otros dioses celestes les gustó el plan, y Ea «dibujo un mapa preciso del universo», lanzando un hechizo divino sobre las aguas primordiales del sistema solar. 
 

¿En qué consistió este «hechizo» o fuerza ejercida por «Ea» (el planeta Neptuno) -entonces, el planeta más externo- mientras orbi-taba al Sol y circundaba a todos los demás planetas? ¿Acaso su propia órbita alrededor del Sol afectó al magnetismo solar y, con ello, sus emisiones radiactivas? ¿O es que el mismo Neptuno emitió, al ser creado, ingentes radiaciones de energía? Fueran cuales fuesen los efectos, en la epopeya se les comparó con algo así como «verter el sueño» -un efecto calmante- en Apsu (el Sol). Incluso, «Mummu, el Consejero, fue incapaz de moverse». 
 

Como en el relato bíblico de Sansón y Dalila, el héroe, vencido por el sueño, se convirtió en presa fácil y le robaron sus poderes. Ea se movió con rapidez para quitarle a Apsu su papel creador. Apagando, según parece, las ingentes emisiones de materia primordial del Sol, Ea/Neptuno «le arrancó la tiara a Apsu y le quitó el manto de su halo». Apsu fue «vencido». Mummu ya no pudo deambular. Fue «atado y abandonado», un planeta sin vida al lado de su señor. 
 

Al privar al Sol de su creatividad -al detener el proceso de emisión de energía y materia para formar más planetas-, los dioses trajeron una paz temporal en el sistema solar. Más tarde, la victoria se simbolizó cambiando el significado y la situación del Apsu. A partir de entonces, este epíteto se le aplicó a la «Morada de Ea». Cualquier planeta adicional podría venir solamente a través del nuevo Apsu -desde «lo Profundo»- desde los lejanos reinos del espacio que vislumbraba el más lejano de los planetas. 
 

¿Cuánto tiempo pasó antes de que la paz celeste se rompiera de nuevo? La epopeya no lo dice, pero prosigue, casi sin pausas, y sube el telón del Tercer Acto:

En la Cámara de los Hados, el lugar de los Destinos, 
un dios fue engendrado, el más capaz y sabio de los dioses; 
en el corazón de lo Profundo fue MARDUK creado. 
Un nuevo «dios» celeste -un nuevo planeta- se une ahora al reparto. Se formó en lo Profundo, lejos, en el espacio, en una zona donde se le había conferido movimiento orbital -un «destino» de planeta. Fue atraído hasta el sistema solar por el planeta más lejano: «El que lo engendró fue Ea» (Neptuno). El nuevo planeta era digno de contemplar:

Su silueta era encantadora, brillante el gesto de sus ojos; 
Nobles eran sus andares, dominantes como los de antaño... 
Grandemente se le exaltó por encima de los dioses, rebasándolo todo. 
Era el más noble de los dioses, el más alto; 
sus miembros eran enormes, era excesivamente alto.

Surgiendo desde el espacio exterior, Marduk era aún un planeta recién nacido, que escupía fuego y emitía radiaciones. «Cuando movía los labios, estallaba el fuego». 
 

A medida que Marduk se acercaba a los demás planetas, «éstos lanzaban sobre él sus impresionantes relámpagos», y él brillaba con fuerza, «vestido con el halo de diez dioses». Su aproximación levantó emisiones eléctricas y de otros tipos de entre los otros miembros del sistema solar. Y una sola palabra aquí nos confirma el proceso de descifrado de la epopeya de la Creación: Diez cuerpos celestes le esperaban -el Sol y sólo nueve planetas. 
 

El relato épico nos lleva ahora a lo largo de la veloz carrera de Marduk. En primer lugar, pasa cerca del planeta que le ha «engendrado», que ha tirado de él hacia el sistema solar, el planeta Ea/Neptuno. A medida que Marduk se acerca a Neptuno, la atracción gravitatoria de éste sobre el recién llegado crece en intensidad. Neptuno tuerce el sendero de Marduk, «haciéndolo bueno para sus objetivos». 
 

Marduk debía de estar todavía en una fase muy dúctil en aquella época. Cuando pasó junto a Ea/Neptuno, el tirón gravitatorio provocó una protuberancia en el costado de Marduk, como si tuviera «una segunda cabeza». No obstante, este fragmento de Marduk no se desgajó de la masa principal durante el tránsito; pero, cuando Marduk llegó a las inmediaciones de Anu/Urano, algunos trozos de materia se desprendieron de él, dando como resultado la formación de cuatro satélites de Marduk. «Anu extrajo y dio forma a los cuatro lados, relegando su poder al líder del grupo». Llamados «vientos», los cuatro fueron lanzados en una rápida órbita alrededor de Marduk, «arremolinándose como un torbellino». 
 

El orden del tránsito -primero por Neptuno, después por Urano-indica que Marduk estaba entrando en el sistema solar no en la dirección orbital del sistema (en sentido contrario a las manecillas del reloj), sino en dirección opuesta, en el sentido de las manecillas del reloj. Siguiendo el nuevo sendero, el recién llegado no tardó en verse atrapado por las inmensas fuerzas gravitatorias y magnéticas del gigante Anshar/Saturno y, luego, de Kishar/Júpiter. Su sendero se curvó aún más hacia dentro, hacia el centro del sistema solar, hacia Tiamat. (Fig. 106) 
  
 

La aproximación de Marduk pronto comenzó a alterar a Tiamat y a los planetas interiores (Marte, Venus, Mercurio). «Él produjo corrientes, alteró a Tiamat; los dioses no descansaban, llevados como en una tormenta». 
 

Aunque las líneas de este texto tan antiguo están parcialmente deterioradas en este punto, aún podemos leer que el planeta que se acercaba «diluyó las vitales de aquellos... pellizcó sus ojos». La misma Tiamat «iba de un lado a otro muy turbada» -su órbita, evidentemente, se alteró. 
 

La atracción gravitatoria del gran planeta que se acercaba no tardó en despojar de trozos a Tiamat. De mitad de ella emergieron once «monstruos», un tropel «rugiente y furioso» de satélites que «se separaron» de su cuerpo y «marcharon junto a Tiamat». Preparándose para afrontar el embate de Marduk, Tiamat «los coronó con halos», dándoles el aspecto de «dioses» (planetas). 
 

De especial importancia para la epopeya y la cosmogonía mesopotámica fue el principal satélite de Tiamat, que recibió el nombre de KINGU, «el primogénito entre los dioses que formaron la asamblea de ella».

Ella elevó a Kingu, 
en medio de ellos lo hizo grande... 
El alto mando en la batalla 
confió a su mano.

Sujeto a las conflictivas fuerzas gravitatorias, este gran satélite de Tiamat comenzó a moverse hacia Marduk. El que se le concediera a Kingu una Tablilla de Destinos -un sendero planetario propio- es lo que más disgustó a los planetas exteriores. ¿Quién le había concedido a Tiamat el derecho de dar a luz nuevos planetas?, preguntó Ea. El le llevó el problema a Anshar, el gigante Saturno.

Todo lo que Tiamat había conspirado, a él se lo repitió: 
«...ella ha creado una Asamblea y ha montado en cólera... 
les ha dado armas incomparables, ha dado a luz monstruos-dioses... 
además once de esta clase ha dado a luz; 
de entre los dioses que formaban su Asamblea, 
ella ha elevado a Kingu, su primogénito, le ha hecho jefe... 
le ha dado una tablilla de destinos, se la ha sujetado al pecho».

Volviéndose a Ea, Anshar le preguntó si podría ir a matar a Kingu. La respuesta se ha perdido debido a una rotura en las tablillas; pero parece ser que Ea no satisfizo a Anshar, pues lo siguiente que tenemos del relato nos muestra a Anshar dirigiéndose a Anu (Urano) para averiguar si él aceptaría «ir y enfrentarse a Tiamat». Pero Anu «fue incapaz de enfrentarla y se volvió». 
  
 

En los agitados cielos, crece la confrontación; un dios después de otro se apartan a un lado. ¿Acaso nadie va a darle batalla a la furiosa Tiamat? 
  
 

Marduk, después de pasar Neptuno y Urano, se acerca ahora a Anshar (Saturno) y sus amplios anillos. Esto le da a Anshar una idea: «Aquel que es potente será nuestro Vengador; aquel que es agudo en la batalla: ¡Marduk, el héroe!» Al ponerse al alcance de los anillos de Saturno («él besó los labios de Anshar»), Marduk responde:

«¡Si yo, realmente, como vuestro Vengador 
he de vencer a Tiamat, he de salvar vuestras vidas, 
convoca una Asamblea para proclamar mi Destino supremo!»

La condición era atrevida pero simple: Marduk y su «destino» -su órbita alrededor del Sol- debían tener la supremacía entre todos los dioses celestes. Fue entonces cuando Gaga, el satélite de Anshar/ Saturno -y futuro Plutón-, se desvió de su curso:

Anshar abrió la boca, 
a Gaga, su Consejero, una palabra dirigió... 
«Ponte en camino, Gaga, 
toma tu puesto ante los dioses, 
y lo que yo te cuente 
repíteselo a ellos».

Acercándose a los otros dioses/planetas, Gaga les instó a «fijar su veredicto para Marduk». La decisión fue la que se preveía: lo único que ansiaban los dioses era que alguien diera la cara por ellos. «¡Marduk es rey!», gritaban, y le instaron a que no perdiera más tiempo: «¡Ve y acaba con la vida de Tiamat!» 
 

El telón se levanta ahora para el Cuarto Acto, la batalla celeste. 
 

Los dioses habían decretado el «destino» de Marduk; la combinación de fuerzas gravitatorias había determinado que el sendero orbital de Marduk no tuviera más que una salida: hacia la «batalla», una colisión con Tiamat. 
 

Como corresponde a un guerrero, Marduk se preparó con diversas armas. Llenó su cuerpo con una «llama ardiente»; «construyó un arco... al que sujetó una flecha... frente a sí puso al rayo»; y «después hizo una red con la que envolver a Tiamat». Todo esto no eran más que nombres comunes para lo que sólo podían ser fenómenos celestes -las descargas eléctricas que se darían los planetas mientras convergían o el tirón gravitatorio (una «red») de uno sobre otro. 
 

Pero las principales armas de Marduk eran sus satélites, los cuatro «vientos» con los que Urano le proveyó cuando Marduk pasó junto a él: Viento Sur, Viento Norte, Viento Este, Viento Oeste. Al pasar junto a los gigantes, Saturno y Júpiter, y sujeto a sus tremendas fuerzas gravitatorias, Marduk «sacó» tres satélites más -Viento del Mal, Torbellino y Viento Incomparable. 
 

Utilizando sus satélites como una «cuadriga tormenta», «lanzó los vientos que había hecho nacer, los siete». Los adversarios estaban dispuestos para la batalla.

El Señor salió, siguió su curso; 
Hacia la furiosa Tiamat dirigió su rostro... 
El Señor se acercó para explorar el lado interno de Tiamat- 
los planes de Kingu, su consorte, apreciar.

Pero a medida que los planetas se iban acercando entre sí, el curso de Marduk se hizo errático:

Mientras observaba, su curso se vio afectado, 
su dirección se distrajo, sus actos eran confusos.

Incluso los satélites de Marduk comenzaron a virar fuera de curso:

Cuando los dioses, sus ayudantes, 
que marchaban a su lado, 
vieron al valiente Kingu, su visión se hizo borrosa.

¿Acaso los combatientes no iban a encontrarse después de todo? 
 

Pero la suerte estaba echada, los cursos llevaban inevitablemente a la colisión. «Tiamat lanzó un rugido»... «el Señor levantó la desbordante tormenta, su poderosa arma». Cuando Marduk estuvo más cerca, la «furia» de Tiamat creció; «las raíces de sus piernas se sacudían adelante y atrás». Ella empezó a lanzar «hechizos» contra Marduk -el mismo tipo de ondas celestes que Ea había usado antes contra Apsu y Mummu. Pero Marduk siguió acercándose.

Tiamat y Marduk, los más sabios de los dioses, 
avanzaban uno contra otro; 
prosiguieron el singular combate, 
se aproximaron para la batalla.

El relato nos lleva ahora a la descripción de la batalla celeste, en los momentos previos a la creación del Cielo y la Tierra.

El Señor extendió su red para atraparla; 
el Viento del Mal, el de más atrás, se lo soltó en el rostro. 
Cuando ella abrió la boca, Tiamat, para devorarlo- 
él le clavó el Viento del Mal para que no cerrara los labios. 
Los feroces Vientos de tormenta cargaron entonces su vientre; 
su cuerpo se dilató; la boca se le abrió aún más. 
A través de ella le disparó él una flecha, le desgarró el vientre; 
le cortó las tripas, le desgarró la matriz. 
Teniéndola así sojuzgada, su aliento vital él extinguió. 
  
 

Aquí, por tanto, (Fig. 107) está la teoría más original para explicar los enigmas celestes con los que aún nos enfrentamos. Un sistema solar inestable, compuesto por el Sol y nueve planetas, fue invadido por un gran planeta del espacio exterior, Ea primer lugar, se encontró con Neptuno; al pasar junto a Urano, el gigante Saturno y Júpiter, su curso se desvió en gran medida en dirección hacia el centro del sistema solar, al tiempo que sacaba siete satélites. Y entró en un curso inalterable de colisión con Tiamat, el siguiente planeta en línea. 
 

Pero los dos planetas no chocaron entre sí, un hecho de cardinal importancia astronómica: fueron los satélites de Marduk los que chocaron con Tiamat, y no el mismo Marduk. Ellos «dilataron» el cuerpo de Tiamat, haciéndole una amplia hendidura. A través de estas fisuras en Tiamat, Marduk disparó una «flecha», un «rayo divino», una inmensa descarga eléctrica que saltó como una chispa desde el energéticamente cargado Marduk, el planeta que estaba «lleno de brillantez». Haciéndose camino hasta las tripas de Tiamat, este rayo «extinguió su aliento vital» -neutralizó las fuerzas y campos eléctricos y magnéticos de Tiamat y los «extinguió». 
 

El primer encuentro entre Marduk y Tiamat dejó a ésta resquebrajada y sin vida; pero su destino final estaba aún por determinar en futuros encuentros entre los dos. Kingu, líder de los satélites de Tiamat, se enfrentaría por separado. Pero el destino de los otros diez satélites más pequeños de Tiamat se determinó en aquel momento.

Después de matar a Tiamat, la líder, 
su grupo fue destruido, su hueste hecha pedazos. 
Los dioses, los auxiliares que marchaban al lado de ella, 
temblando de miedo, 
dieron la espalda para salvar y preservar sus vidas.

¿Acaso podemos identificar a esta hueste «destruida... rota» que temblaba y «daba la espalda» -es decir, invertía sus direcciones? 
 

Quizás así podamos ofrecer una explicación a otro misterio más de nuestro sistema solar: el fenómeno de los cometas. Pequeños globos de materia, los cometas vienen a ser los «miembros rebeldes» del sistema solar, pues no parecen obedecer a ninguna de las normas de circulación. Las órbitas de los planetas alrededor del Sol son (con la excepción de Plutón) casi circulares; las órbitas de los cometas están estiradas, y, en la mayoría de los casos, lo están mucho -hasta el punto de que algunos de ellos desaparecen de nuestra vista durante cientos o miles de años. Los planetas (con la excepción de Plutón) orbitan al Sol en el mismo plano general; las órbitas de los cometas se sitúan en muchos planos diferentes. Y lo más significativo es que, mientras que todos los planetas que conocemos circundan al Sol en la misma dirección (contraria a las manecillas del reloj), muchos cometas se mueven en sentido inverso. 
 

Los astrónomos no pueden decirnos cuál fue la fuerza o cuál fue el suceso que creó a los cometas y los arrojó a sus inusuales órbitas. 
 

Nuestra respuesta: Marduk. Barriendo en sentido inverso, en su propio plano orbital, despedazó, destruyó la hueste de Tiamat hasta convertirla en pequeños cometas, afectándoles con su campo gravitatorio, con la llamada red:

Al echarles la red, se encontraron atrapados... 
A todo el grupo de demonios que había marchado junto a ella 
les puso grilletes, sus manos ató... 
Estrechamente rodeados, no podían escapar.

Después de acabar la batalla, Marduk le quitó a Kingu la Tablilla de los Destinos (la órbita independiente de Kingu) y se la puso en su propio pecho: su curso se había desviado hasta convertirse en una órbita solar permanente. De cuando en cuando, Marduk estaba obligado a volver al escenario de la batalla celeste. 
 

Después de «vencer» a Tiamat, Marduk navegó por los cielos, en el espacio exterior, alrededor del Sol, para volver a pasar por los planetas exteriores: Ea/Neptuno, «cuyo deseo realizó Marduk», Anshar/Saturno, «cuyo triunfo estableció Marduk». Después, su nuevo sendero orbital devolvió a Marduk al escenario de su triunfo, «para afianzar su presa sobre los dioses vencidos», Tiamat y Kingu. 
 

Cuando el telón está a punto de levantarse para el Quinto Acto es el momento en el cual el relato bíblico del Génesis se une al relato mesopotámico de «La Epopeya de la Creación» -aunque, hasta ahora, no se había tomado conciencia de ello; pues es justo en este punto donde comienza realmente el relato de la Creación de la Tierra y el Cielo. 
 

Al completar su primera órbita alrededor del Sol, Marduk «volvió entonces a Tiamat, a la que había sometido».

El Señor se detuvo a ver su cuerpo sin vida. 
Dividir al monstruo él, entonces, ingeniosamente planeó. 
Después, como un mejillón, la desgarró en dos partes.

El mismo Marduk golpeó esta vez al derrotado planeta, partiendo en dos a Tiamat, separándole el «cráneo» o parte superior. Después, otro de los satélites de Marduk, el llamado Viento Norte, se estrelló contra la mitad separada. El fuerte golpe se llevó a esta parte destinada a convertirse en la Tierra- hasta una órbita donde ningún planeta había orbitado antes:

El Señor puso su pie sobre la parte posterior de Tiamat; 
con su arma le separó el cráneo; 
cercenó los canales de su sangre; 
e hizo que el Viento Norte lo llevara 
a lugares que habían sido desconocidos.

¡La Tierra había sido creada! 
  
 

La parte inferior tuvo otra suerte: en la segunda órbita, Marduk golpeó convirtiéndola en pedazos (Fig. 108): 
  
 

La [otra] mitad la levantó como pantalla para los cielos: 
encerrándolos juntos, como vigías los estacionó... 
Dobló la cola de Tiamat para formar la Gran Banda como un brazalete.

Los trozos de esta mitad rota fueron repujados hasta convertirlos en un «brazalete» en los cielos, actuando como una pantalla entre los planetas interiores y los exteriores. Se extendieron en una «gran banda». Se había creado el cinturón de asteroides. 
 

Astrónomos y físicos reconocen la existencia de grandes diferencias entre los planetas interiores o «terrestres» (Mercurio, Venus, la Tierra y su Luna, y Marte) y los planetas exteriores (Júpiter, etc.), dos grupos separados por un cinturón de asteroides. También encontramos en la epopeya sumeria el antiquísimo reconocimiento de estos fenómenos. 
 

Pero, además, se nos ofrece por primera vez una explicación cosmogónica-científica coherente de los acontecimientos celestes que llevaron a la desaparición del «planeta perdido» y a la resultante creación del cinturón de asteroides (además de los cometas) y de la Tierra. Después de que Marduk partiera a Tiamat en dos con sus satélites y sus descargas eléctricas, otro satélite le empujó la mitad superior a una nueva órbita, dando origen así a la Tierra; después, Marduk, en su segunda órbita, hizo pedazos la parte inferior y la esparció en una gran banda celeste. 
 

Todos los enigmas que se han mencionado tienen respuesta en «La Epopeya de la Creación», descifrada de este modo. Además, también disponemos de respuesta a la pregunta de por qué los continentes de la Tierra se concentran en uno de sus lados mientras, en el lado opuesto, queda una enorme cavidad (el lecho del Océano Pacífico). Las referencias constantes a las «aguas» de Tiamat son también esclarecedoras. A ella se le llamó el Monstruo del Agua, y esto explicaría por qué la Tierra, como parte de Tiamat, fue dotada también con esta agua. De hecho, algunos estudiosos modernos denominan a la Tierra «Planeta Océano», pues es el único de los planetas conocidos del sistema solar que ha sido bendecido con estas aguas dadoras de vida. 
 

Por novedosas que puedan parecer estas teorías cosmológicas, fueron hechos aceptados por los profetas y sabios cuyas palabras pueblan el Antiguo Testamento. El profeta Isaías recordó «los días de antaño» cuando el poder del Señor «partió a la Altiva, hizo dar vueltas al monstruo del agua, secó las agua de Tehom-Raba»-Llamando al Señor Yahveh «mi rey de antaño», el salmista interpretó en unos cuantos versos la cosmogonía de la epopeya de la Creación. «Por tu poder, las aguas tú dispersaste; al líder de los monstruos del agua quebraste». 
 

Tiamat ha sido desgarrada: su mitad despedazada es el Cielo -el Cinturón de Asteroides; la otra mitad, la Tierra, es empujada a una nueva órbita por el «Viento Norte», uno de los satélites de Marduk. El principal satélite de Tiamat, Kingu, se convierte en la Luna de la Tierra; el resto de satélites componen ahora los cometas. 
 

Y Job rememoraba al Señor celestial cuando hirió a «los esbirros de la Altiva»; y, con una sofisticación agronómica impresionante, ensalzó al Señor, que:

El dosel repujado extendió en el lugar de Tehom, 
la Tierra suspendió en el vacío... 
Su poder detuvo las aguas, 
su energía partió a la Altiva; 
su Viento extendió el Brazalete Repujado; 
su mano extinguió al sinuoso dragón.

Los expertos bíblicos reconocen ahora que el hebreo Tehom («profundidad del agua») proviene de Tiamat, que Tehom-Raba significa «gran Tiamat», y que la comprensión bíblica de los acontecimientos primitivos se basa en las épicas cosmológicas sumerias. Habría que aclarar también que, por encima de todos estos paralelos, se encuentran los primeros versículos del Libro del Génesis, donde se dice que el Viento del Señor se cernía sobre las aguas de Tehom, y que el relámpago del Señor (Marduk en la versión babilonia) iluminó la oscuridad del espacio al golpear y quebrar a Tiamat, creando a la Tierra y a Rakia (literalmente, «el brazalete repujado»). Esta banda celeste (hasta ahora traducida como «firmamento») recibe el nombre de «el Cielo». 
 

El Libro del Génesis (1:8) afirma explícitamente que es a este «brazalete repujado» a lo que el Señor llamó «cielo» (shamaim). Los textos acadios también denominan a esta zona celeste «el brazalete repujado» (rakkis), y dicen que Marduk extendió la parte inferior de Tiamat hasta que junto los extremos, uniéndolos para formar un gran círculo permanente. Las fuentes sumerias no dejan lugar a dudas cuando hablan del «cielo», en concreto, como algo diferente del concepto general de cielos y espacio. Para ellos, el «cielo» era el cinturó-n de asteroides. 
  
 

La Tierra y el cinturón de asteroides son «el Cielo y la Tierra» que aparecen tanto en las referencias bíblicas como mesopotámicas, creados cuando Tiamat fue desmembrada por el Señor celeste. 
  
 

Tras el empujón que le dio a la Tierra el Viento Norte de Marduk para llevarla a su nueva posición celeste, la Tierra obtuvo su propia órbita alrededor del Sol (dando como resultado las estaciones) y recibió su rotación axial (dándonos el día y la noche). Los textos mesopotámicos afirman que una de las tareas de Marduk después de crear la Tierra fue que «asignó [a la Tierra] los días del Sol y estableció los recintos del día y la noche». El concepto bíblico es idéntico:

 dijo Dios:

«Haya Luces en el Cielo repujado, 
para dividir entre el Día y la Noche; 
y que sean señales celestes 
para las Estaciones, para los Días y para los Años».

En la actualidad, los expertos creen que, tras convertirse en un planeta, la Tierra era una esfera ardiente de volcanes en erupción que llenaban la atmósfera de brumas y nubes. Cuando la temperatura descendió, los vapores se convirtieron en agua, separando la faz de la Tierra en tierra seca y océanos. 
 

La quinta tablilla del Enuma Elish, desgraciadamente mutilada, proporciona exactamente la misma información científica. Al describir los chorros de lava como la «saliva» de Tiamat, la epopeya de la Creación sitúa correctamente este fenómeno antes de la formación de la atmósfera, de los océanos de la Tierra y de los continentes. Después de que «las aguas de las nubes se reunieron», se formaron los océanos, y los «fundamentos» de la Tierra -los continentes- se elevaron. 
 

Cuando tuvo lugar «la realización del frío» -la bajada de temperaturas-, aparecieron la lluvia y la niebla. Mientras tanto, la «saliva» seguía manando, «haciendo capas», conformando la topografía de la Tierra. 
 

Una vez más, el paralelismo bíblico es evidente:

Y dijo Dios:

«Que se reúnan las aguas bajo los cielos, 
en un lugar, y que aparezca la tierra seca».

Y así fue. 
 

La Tierra, con océanos, continentes y atmósfera, estaba preparada ahora para la formación de montañas, ríos, manantiales y valles. Atribuyendo la totalidad de la Creación al Señor Marduk, el Enuma Elish prosigue la narración:

Poniendo la cabeza de Tiamat [la Tierra] en posición, 
él elevó las montañas encima. 
Abrió manantiales, y torrentes para sacar el agua. 
De los ojos de ella dejó salir el Tigris y el Eufrates. 
Con sus ubres formó las altas montañas, 
perforó manantiales para pozos, para sacar agua.

En perfecto acuerdo con los descubrimientos actuales, tanto el Libro del Génesis como el Enuma Elish, y otros textos mesopotámicos, sitúan el comienzo de la vida en las aguas, seguido por «criaturas vivientes que bullan» y «aves que vuelen». 
 

No antes de esto aparecieron en la Tierra «criaturas vivientes de cada especie: ganado, cosas reptantes y bestias», culminando con la aparición del Hombre, el último acto de la creación. 
 

Como parte del nuevo orden celeste sobre la Tierra, Marduk «hizo aparecer al divino Luna... nombrándolo para señalar la noche y definir los días cada mes». 
 

¿Quién era este dios celeste? El texto le llama SHESH.KI («dios celeste que protege a la Tierra»). En la epopeya, no existe mención previa de un planeta con este nombre; no obstante, éste dios está «dentro de su (de ella) presión celeste [campo gravitatorio]». ¿Y a quién se refiere ese «su»: a Tiamat o Tierra? 
 

Los papeles de, y las referencias a, Tiamat y la Tierra parecen ser intercambiables. La Tierra es Tiamat reencarnada. De la Luna se dice que es el «protector» de la Tierra; que es exactamente el papel que le asignó Tiamat a Kingu, su satélite jefe. La epopeya de la Creación excluye concretamente a Kingu de la «hueste» de Tiamat que fue destruida y diseminada, poniéndolos en movimiento inverso alrededor del Sol como cometas. Tras completar su primera órbita y volver al escenario de la batalla, Marduk decretó la suerte de Kingu:

Y a Kingu, que había sido el principal entre ellos, 
lo hizo encoger; 
como al dios DUG.GA.E lo consideró. 
Le quitó la Tablilla de los Destinos, 
que no era legítimamente suya.

Marduk, por tanto, no destruyó a Kingu. Lo castigó quitándole su órbita independiente, órbita que Tiamat le había concedido cuando creció en tamaño. A pesar de ser encogido, empequeñecido, Kingu siguió siendo un «dios» -un miembro planetario del sistema solar. Sin una órbita, no podía hacer otra cosa que volver a ser satélite. Y nos atrevemos a sugerir que Kingu se fue en compañía de la parte superior de Tiamat cuando éste fue arrojada a su nueva órbita (como el nuevo planeta Tierra). Así pues, creemos que la Luna es Kingu, el antiguo satélite de Tiamat. 
 

Convertido en un duggae celeste, Kingu fue despojado de sus elementos «vitales» -atmósfera, aguas, materiales radiactivos; encogió en tamaño y se convirtió en «una masa de arcilla sin vida». Estos términos sumerios describen a la perfección a la Luna, a su historia, recientemente descubierta, y a la suerte que recayó sobre este satélite que comenzó siendo KIN.GU («gran emisario») y terminó siendo DUG.GA.E («olla de plomo»). 
 

L. W. King (The Seven Tablets of Creation) informó de la existencia de tres fragmentos de una tablilla astronómica-mitológica que ofrecían otra versión de la batalla de Marduk con Tiamat, y en los que había algunos versos que trataban del modo en que Marduk despachó a Kingu. «Kingu, su esposo, con un arma no de guerra cortólas Tablillas del Destino del Kingu cogió en sus manos». En una revisión y traducción posterior del texto, hecha por B. Landesberger (en 1923, en el Archiv für Keilschriftforschung), se demostró que los nombres Kingu/Ensu/Luna eran intercambiables. 
 

Estos textos no sólo confirman nuestra conclusión de que el principal satélite de Tiamat se convirtió en la Luna; también explican los descubrimientos de la NASA referentes a una inmensa colisión en la que «cuerpos celestes del tamaño de grandes ciudades se estrellaron en la Luna». Tanto los descubrimientos de la NASA como el texto descubierto por L. W. King describen a la Luna como «el planeta que quedó desolado». 
 

Se han encontrado también sellos cilindricos que representan la batalla celeste, que muestran a Marduk luchando con una feroz deidad femenina. En una de tales representaciones se ve a Marduk disparando su relámpago a Tiamat, con Kingu, claramente identificado como la Luna, intentando proteger a Tiamat, su creadora. (Fig. 109) 
  
 

Esta evidencia gráfica de que la Luna y Kingu eran el mismo satélite se reforzó más tarde con el hecho etimológico de que el nombre del dios SIN, asociado en épocas tardías con la Luna, provenía de SU.EN («señor de la tierra desolada»). 
 

Habiendo dispuesto de Tiamat y de Kingu, Marduk, una vez más, «cruzó los cielos e inspeccionó las regiones». Esta vez, su atención se centró en «la morada de Nudimmud» (Neptuno), para determinar un «destino» final a Gaga, el antiguo satélite de Anshar/Saturno que fue convertido en «emisario» para los demás planetas. 
 

La epopeya nos informa que, como uno de sus últimos actos en los cielos, Marduk asignó a este dios celeste «a un lugar oculto», a una órbita desconocida hasta entonces que daba a «lo profundo» (el espacio exterior), y le confió «la consejería de la Profundidad de las Aguas». En la línea de su nueva posición, el planeta se renombró como US.MI («aquel que muestra el camino»), el planeta más exterior, nuestro Plutón. 
 

Según la epopeya de la Creación, Marduk alardeó en cierto instante diciendo: «Los caminos de los dioses celestes voy a alterar ingeniosamente... en dos grupos se dividirán». 
 

Y, ciertamente, lo hizo. Eliminó de los cielos a la primera pareja-en-la-Creación del Sol, Tiamat. Trajo a la existencia a la Tierra, llevándola a una nueva órbita, más cercana al Sol. Repujó un «brazalete» en los cielos -el cinturón de asteroides que separa al grupo de los planetas interiores del grupo de los planetas exteriores. Convirtió a la mayoría de los satélites de Tiamat en cometas, y a su satélite principal, Kingu, lo puso en órbita alrededor de la Tierra para convertirse en la Luna. Y cambió de lugar un satélite de Saturno, Gaga, para convertirlo en el planeta Plutón, confiriéndole algo de sus propias características orbitales (como la de su plano orbital diferente). 
 

Los enigmas de nuestro sistema solar -las cavidades oceánicas de la Tierra, la devastación de la Luna, las órbitas inversas de los cometas, los misteriosos fenómenos de Plutón- son perfectamente explicables a través de la epopeya de la Creación mesopotámica, si la desciframos del modo en que lo hemos hecho aquí. 
 

Así pues, habiendo «elaborado las posiciones» de los planetas, Marduk tomó para sí la «Posición Nibiru», y «cruzó los cielos e inspeccionó» el nuevo sistema solar. Ahora se componía de doce cuerpos celestes, con doce Grandes Dioses como homólogos. 



EL REINO DEL CIELO :

Los estudios hechos sobre «La Epopeya de la Creación» y otros textos paralelos (por ejemplo, el de S. Langdon, The Babylonian Epic of Creation) demuestran que, en algún momento después del 2000 a.C, Marduk, hijo de Enki, fue el vencedor de una contienda con Ninurta, hijo de Enlil, por la supremacía de los dioses. Los babilonios revisaron entonces el original sumerio de «La Epopeya de la Creación», y borraron de él todas las referencias a Ninurta y la mayoría de las referencias a Enlil, rebautizando al planeta invasor como Marduk. 
 

El ascenso real de Marduk al estatus de «Rey de los Dioses» sobre la Tierra vino acompañado, así pues, por la asignación a él, como homólogo celeste, del planeta de los nefilim, el Duodécimo Planeta. Así pues, como «Señor de los Dioses Celestes [los planeta-s]», Marduk fue también «Rey de los Cielos». 
 

Algunos expertos creyeron al principio que «Marduk» era la Estrella Polar, o bien alguna otra estrella brillante visible en los cielos mesopotámicos en la época del equinoccio de primavera, dado que al Marduk celeste se le describía como «un brillante cuerpo celeste». Pero Albert Schott (Marduk und sein Stern) y otros acabaron demostrando definitivamente que todos los textos astronómicos antiguos hablaban de Marduk como de un miembro del sistema solar. 
 

Dado que otros epítetos describían a Marduk como «el Gran Cuerpo Celeste» y «Aquel Que Ilumina», se avanzó la teoría de que Marduk fuera un Dios Sol babilonio, similar al dios egipcio Ra, al cual los expertos consideraban también un Dios Sol. Los textos que describen a Marduk como el «que explora las alturas de los distantes cielos... llevando un halo cuyo resplandor inspira pavor» parecían apoyar esta teoría. Pero el mismo texto seguía diciendo que «inspecciona las tierras como Shamash [el Sol]». Si Marduk era en algunos aspectos semejante al Sol, no podía ser, claro está, el Sol. 
 

Pero, si Marduk no era el Sol, entonces, ¿qué planeta era? Los antiguos textos astronómicos no conseguían ajustarse a ningún otro planeta. Basando sus teorías en determinados epítetos, tal como Hijo del Sol, algunos expertos indicaron a Saturno. La descripción de Marduk como un planeta rojizo hizo candidato también a Marte. Pero los textos situaban a Marduk en markas shame («en el centro del Cielo»), y esto convenció a la mayoría de los estudiosos de que la identificación más adecuada sería la de Júpiter, que está situado en el centro de la línea de planetas: 
  
 

Júpiter

Mercurio Venus Tierra Marte Júpiter Saturno Urano Neptuno Plutón 
  
 

Pero en esta teoría había una contradicción. Los expertos que la habían planteado eran los mismos que sostenían la idea de que los caldeos no tenían noticia de los planetas que hay más allá de Saturno. Por otra parte, estos expertos contaban a la Tierra como un planeta, mientras afirmaban que los caldeos pensaban que la Tierra era el plano centro del sistema planetario, y omitían a la Luna, que los mesopotámicos contaban, con toda seguridad, entre los «dioses celestes». La identificación de Júpiter como Duodécimo Planeta, simplemente, no funcionaba. 
 

«La Epopeya de la Creación» afirma, claramente, que Marduk era un invasor de fuera del sistema solar, que había pasado junto a los planetas exteriores (incluidos Júpiter y Saturno) antes de colisionar con Tiamat. Los sumerios llamaron al planeta NIBIRU, «el planeta del cruce», y la versión babilonia de la epopeya conservó la siguiente información astronómica:

Planeta NIBIRU: 
Las Encrucijadas del Cielo y la Tierra ocupará. 
Por encima y por debajo, ellos no cruzarán; 
deben esperarle.

Planeta NIBIRU: 
Planeta que es brillante en los cielos. 
Ocupa la posición central; 
a él rendirán homenaje.

Planeta NIBIRU: 
Él es el que, sin cansarse, 
sigue cruzando por en medio de Tiamat. 
Que «CRUZAR» sea su nombre- 
Aquel que ocupa el medio.

Estas líneas nos proporcionan información adicional y concluyente que indica que, al dividir al resto de planetas en dos grupos iguales, el Duodécimo Planeta «sigue cruzando por en medio de Tiamat»: su órbita pasa una y otra vez por el lugar de la batalla celeste, donde Tiamat solía estar. 
 

Descubrimos que los textos astronómicos que trataban, de un modo altamente sofisticado, de los períodos planetarios, así como las listas de planetas en su orden celeste, sugerían también que Marduk aparecía en algún lugar entre Júpiter y Marte. Y, dado que los sumerios conocían todos los planetas, la aparición del Duodécimo Planeta en «la posición central» confirma nuestras conclusiones:

Mercurio Venus Luna Tierra Marte Marduk Júpiter Saturno Urano Neptuno Plutón

Si la órbita de Marduk pasa por donde estuvo Tiamat en otro tiempo, por un lugar relativamente cercano a nosotros (entre Marte y Júpiter), ¿por qué no hemos visto aún a este planeta que, supuestamente, es tan grande y brillante? 
 

Los textos mesopotámicos dicen que Marduk llega a regiones desconocidas de los cielos, en la lejanía del universo. «Él explora los conocimientos ocultos... ve todos los rincones del universo». Se le describía como el «admonitor» de todos los planetas, aquel cuya órbita le permite circundar a todos los demás. «Los abraza en sus bandas [órbitas]», hace un «aro» a su alrededor. Su órbita era «más elevada» y «más grandiosa» que la de cualquier otro planeta. Se le ocurrió así a Franz Kugler (Stemkunde und Sterndienst in Babylon) que Marduk fuera un cuerpo celeste de movimiento rápido que orbi- tara en un gran sendero elíptico, al igual que un cometa. 
 

Un recorrido elíptico de este tipo, sujeto al Sol como centro de gravedad, tiene un apogeo -el punto más distante del Sol, desde donde comienza el camino de vuelta- y un perigeo -el punto más cercano al Sol, desde donde comienza su retorno al espacio exterior. 
 

Descubrimos que estas dos «bases» están, ciertamente, asociadas con Marduk en los textos mesopotámicos. Los textos sumerios decían que el planeta iba de AN.UR («la base del Cielo») a E.NUN («la morada elevada»). La epopeya de la Creación decía de Marduk:

Cruzó el Cielo e inspeccionó las regiones... 
La estructura de lo Profundo midió entonces el Señor. 
E-Shara él estableció como su morada prominente; 
E-Shara como una gran morada en el Cielo estableció.

Una «morada» era, así pues, «prominente» -en las regiones profundas del espacio. La otra estaba en el «Cielo», dentro del cinturón de asteroides, entre Marte y Júpiter. (Fig. 111) 
  
 

Siguiendo las enseñanzas de su antepasado sumerio, Abraham de Ur, los antiguos hebreos asociaron también a su deidad suprema con el planeta supremo. Al igual que los textos mesopotámicos, muchos libros del Antiguo Testamento dicen que el «Señor» tenía su morada en «las alturas del Cielo», desde donde «contemplaba los principales planetas mientras aparecían»; un Señor celestial que, invisible, «por los cielos se mueve en un círculo». El Libro de Job, después de describir la colisión celeste, ofrece estos significativos versículos que nos cuentan adónde ha ido el elevado planeta:

Hacia lo Profundo marcó una órbita; 
donde la luz y la oscuridad [se mezclan] 
está su límite más lejano.

No menos explícitos, los Salmos esbozan el majestuoso curso del planeta:

Los Cielos ensalzan la gloria del Señor; 
el Brazalete Repujado proclama su obra... 
Él sale como un novio del dosel; 
como un atleta, se regocija en hacer su carrera. 
Desde el fin de los cielos él emana, 
y su circuito está donde éstos terminan.

Reconocido como un gran viajero en los cielos, remontando el vuelo hasta las inmensas alturas de su apogeo, para, después, «bajar, curvándose en el Cielo» de su perigeo, se representó al planeta como un Globo Alado. 
 

Dondequiera que los arqueólogos descubrieran restos de pueblos de Oriente Próximo, el símbolo del Globo Alado aparecía, dominando templos y palacios, tallado en las rocas, grabado en sellos cilíndricos, pintado en las paredes. Acompañaba a reyes y sacerdotes, se colocaba por encima de sus tronos, se «cernía» por encima de ellos en los escenarios de las batallas, se grababa en sus cuadrigas. Objetos de arcilla, metal, piedra y madera se adornaban con este símbolo. Los soberanos de Sumer y Acad, de Babilonia y Asiría, de Elam y Urartu, de Mari y Nuzi, de Mitanni y Canaán, todos, reverenciaban este símbolo. Reyes hititas, faraones egipcios, shar's persas, todos, proclamaban la supremacía del símbolo (y de lo que significaba). Y así fue durante milenios. (Fig. 112) 
  
 

La convicción de que el Duodécimo Planeta, «el Planeta de los Dioses», seguía dentro del sistema solar, y que su gran órbita volvía a pasar periódicamente por las cercanías de la Tierra, era el punto central de las creencias religiosas y de la astronomía del mundo antiguo. El signo pictográfico del Duodécimo Planeta, el «Planeta del Cruce», era una cruz. Este signo cuneiforme, , que también significa «Anu» y «divino», evolucionó en las lenguas semitas hasta la letra tav,    , que significaba «la señal». 
 

Y, ciertamente, todos los pueblos del mundo antiguo considera-ban la aproximación periódica del Duodécimo Planeta como una señal de trastornos, grandes cambios y nuevas eras. Los textos mesopotámicos hablaban de la aparición periódica del planeta como de un acontecimiento anticipado, predecible y observable:

El gran planeta: 
en su aspecto, rojo oscuro. 
El Cielo divide por la mitad 
y se levanta como Nibiru.

Muchos de los textos que tratan de la llegada del planeta eran augurios que profetizaban el efecto que el acontecimiento tendría sobre la Tierra y la Humanidad. R. Campbell Thompson (Reports of the Magicians and Astronomers of Nineveh and Babylon) reprodujo varios de estos textos, que describen el avance del planeta mientras «bordeaba la posición de Júpiter» y llegaba al punto de cruce, Nibiru:

Si, desde la posición de Júpiter, 
el Planeta pasa hacia el oeste, 
habrá un tiempo para morar en la seguridad. 
La amable paz descenderá sobre la tierra. 
Si, desde la posición de Júpiter, 
el Planeta aumenta en brillo 
y en el Zodiaco de Cáncer se convierte en Nibiru, 
Acad se desbordará de plenitud, 
el rey de Acad crecerá poderoso. 
Si Nibiru culmina... 
las tierras habitarán con seguridad, 
los reyes hostiles estarán en paz, 
los dioses recibirán las oraciones y atenderán las súplicas.

No obstante, se esperaba que la aproximación del planeta provocara lluvias e inundaciones, debido a los fuertes efectos gravitatorios:

Cuando el Planeta del Trono del Cielo 
crezca en brillo, 
habrá inundaciones y lluvias... 
Cuando Nibiru alcance su perigeo, 
los dioses darán paz; 
se resolverán los problemas, 
las complicaciones se aclararán. 
Lluvias e inundaciones vendrán.

Al igual que los sabios mesopotámicos, los profetas hebreos consideraban el tiempo de aproximación del planeta a la Tierra y el que se hiciera visible a la Humanidad como el preludio de una nueva era. Las similitudes entre los augurios mesopotámicos de paz y prosperidad que debían acompañar al Planeta del Trono del Cielo, y las profecías bíblicas de paz y justicia que se establecerían sobre la Tierra después del Día del Señor, se pueden expresar mejor en boca de Isaías:

Y sucederá en el Fin de los Días: 
...el Señor juzgará entre las naciones 
y reprobará a muchos pueblos. 
Ellos convertirán sus espadas en arados 
y sus lanzas en podaderas; 
no levantará espada nación contra nación.

Contrastando con las bendiciones de la nueva era que seguirá al Día del Señor, el día mismo se describe en el Antiguo Testamento como un tiempo de lluvias, inundaciones y terremotos. Si vemos estos pasajes bíblicos, al igual que sus homólogos mesopotámicos, como los del tránsito en las cercanías de la Tierra de un gran planeta con una fuerte atracción gravitatoria, las palabras de Isaías se nos harán plenamente comprensibles:

Como el ruido de una multitud en las montañas, 
un ruido tumultuoso como el de una gran cantidad de gente, 
de reinos, de naciones, agrupadas; 
es el Señor de los Ejércitos, 
comandando una Hueste en la batalla. 
De tierras lejanas vienen, 
desde el confín del Cielo 
el Señor y sus Armas de la ira 
vienen a destruir toda la Tierra... 
Por eso haré temblar el Cielo 
y se moverá la Tierra de su lugar 
cuando cruce el Señor de los Ejércitos, 
el día de su ardiente cólera.

Mientas en la Tierra «las montañas se derretirán... los valles se agrietarán», la rotación de la Tierra se verá afectada. El profeta Amos predijo explícitamente:

Sucederá en aquel Día, 
dice el Señor Dios, 
que haré ponerse el Sol al mediodía 
y oscureceré la Tierra en mitad de la mañana.

Anunciando, «¡Mirad, el Día del Señor se acerca!», el profeta Zacarías avisó a las gentes que, en un solo día, se detendría el giro de la Tierra alrededor de su eje:

Y sucederá en aquel Día 
que no habrá luz, sino frío y hielo. 
Y habrá un día, conocido sólo del Señor, 
que no habrá día ni noche, 
cuando en la tarde habrá luz.

Sobre el Día del Señor, dijo el profeta Joel, «el Sol y la Luna se oscurecerán, las estrellas retraerán su fulgor»; «el Sol se volverá oscuridad, y la Luna será como de sangre roja». 
 

Los textos mesopotámicos ensalzaban el fulgor del planeta, y sugerían que se podía ver incluso de día: «visible al amanecer, desapareciendo de la vista con el ocaso». En un sello cilíndrico encontrado en Nippur, se representa a un grupo de labradores mirando sobrecogidos al Duodécimo Planeta (simbolizado por la cruz), visible en los cielos. (Fig. 113) 
  
 

Los pueblos de la antigüedad no sólo esperaban la llegada periódica del Duodécimo Planeta, sino que seguían también su avance. 
 

Diversos pasajes bíblicos -concretamente en Isaías, Amos y Job-relatan el movimiento del Señor celestial a través de varias constelaciones. «Solo, se extiende por los cielos y se remonta a las alturas de lo Profundo; llega a la Osa Mayor, a Orion y Sirio, y a las constelaciones del sur». O bien, «Su rostro sonríe sobre Tauro y Aries; de Tauro a Sagitario irá». Estos versículos describen un planeta que no sólo cruza los más altos cielos, sino que también entra desde el sur y se mueve en el sentido de las agujas del reloj -exactamente lo que dedujimos por los datos mesopotámicos. El profeta Habacuc afirmó, de forma muy explícita: «El Señor vendrá del sur... su gloria llenará la Tierra... y Venus será como luz, sus rayos, del Señor dados». 
 

De entre los muchos textos mesopotámicos que tratan este tema, uno es bastante claro:

El Planeta del dios Marduk: 
En su aparición: Mercurio. 
Ascendiendo treinta grados del arco celeste: Júpiter. 
Cuando se sitúe en el lugar de la batalla celeste: 
Nibiru.

Como ilustra el diagrama esquemático de la Fig. 114, los textos citados hasta aquí no están dando, simplemente, diferentes nombres al Duodécimo Planeta, tal como los expertos han supuesto. Más bien se están refiriendo a los movimientos del planeta y a los tres puntos cruciales en los que su aparición se puede observar y seguir desde la Tierra. (Fig. 114) 
  
 

La primera ocasión para observar al Duodécimo Planeta en su regreso a las cercanías de la Tierra era, así pues, cuando se alineaba con Mercurio (punto A) -según nuestros cálculos, en un ángulo de 30 grados con respecto al imaginario eje celeste de Sol-Tierra-perigeo. Acercándose a la Tierra y, de ahí, dando la impresión de «ascender» más aún en los cielos terrestres (otros 30 grados, para ser exactos), el planeta cruzaba la órbita de Júpiter en el punto B. Por último, llegando al punto donde tuvo lugar la batalla celeste, el perigeo, o el Lugar del Cruce, el planeta es Nibiru, punto C. Trazando un eje imaginario entre el Sol, la Tierra y el perigeo de la órbita de Marduk, los observadores en la Tierra veían primero a Marduk alineado con Mercurio, en un ángulo de 30° (punto A). Progresando otros 30°, Marduk cruzaba la órbita de Júpiter en el punto B. 
 

Después, en su perigeo (punto C), Marduk alcanzaba El Cruce, volvía al lugar de la Batalla Celeste, el punto más cercano a la Tierra, e iniciaba su órbita de regreso al espacio lejano. 
 

La anticipación del Día del Señor en los antiguos escritos mesopotámicos y hebreos, que tuvo su eco en las expectativas de la llegada del Reino del Cielo en el Nuevo Testamento, se basaba, de este modo, en las experiencias reales de las gentes de la Tierra, en el hecho de haber presenciado el regreso periódico del Planeta del Reino a las cercanías de la Tierra. 
 

La aparición y desaparición periódica del planeta confirma la suposición de su permanencia en órbita solar. En este aspecto, actúa como muchos cometas. Algunos de los cometas conocidos -como el Halley, que se acerca a la Tierra cada 75 años- desaparecían de la vista durante tanto tiempo, que a los astrónomos les resultaba difícil darse cuenta de que se trataba del mismo cometa. Otros de estos cuerpos celestes sólo se han visto en una ocasión para la memoria humana, y se supone que tienen períodos orbitales de miles de años. El cometa Kohoutek, por ejemplo, descubierto en Marzo de 1973, llegó hasta los 120.000.000 kilómetros de la Tierra en Enero de 1974, y desapareció por detrás del Sol poco después. Los astrónomos calculan que volverá a aparecer en algún momento entre los 7.500 y los 75.000 años en el futuro. 
 

La familiaridad que se observa en los textos con respecto a las apariciones y desapariciones del Duodécimo Planeta sugiere que su período orbital es más corto que el calculado para el Kohoutek. Si esto es así, ¿por qué nuestros astrónomos no son conscientes de la existencia de este planeta? Lo cierto es que, incluso una órbita que fuera la mitad de larga que la de la cifra más baja del Kohoutek, llevaría al Duodécimo Planeta a una distancia seis veces superior a la que nos separa de Plutón -una distancia que impediría que el planeta fuera visible desde la Tierra, dado que difícilmente podría reflejar la luz del Sol. De hecho, los planetas conocidos más allá de Saturno se descubrieron de forma matemática, no visual. Los astrónomos descubrieron que las órbitas de los planetas conocidos parecían estar afectadas por otros cuerpos celestes. 
 

Quizás, éste podría ser también el sistema para «descubrir» al Duodécimo Planeta. Ya se ha especulado sobre la existencia de un «Planeta X», que, aunque invisible, parece «sentirse» a través de sus efectos sobre las órbitas de determinados cometas. En 1972, Joseph L. Brady, del Laboratorio Lawrence Livermore de la Universidad de California, descubrió que las discrepancias en la órbita del cometa Halley podían deberse a un planeta del tamaño de Júpiter que orbi-tara al Sol cada 1.800 años. A una distancia estimada de 9.600.000.000 kilómetros, su presencia sólo se podría detectar matemáticamente. 
 

Aunque tal período orbital no se puede descartar, las fuentes mesopotámicas y bíblicas ofrecen potentes evidencias de que el período orbital del Duodécimo Planeta es de 3.600 años. El número 3.600 se escribía en sumerio como un gran círculo. El epíteto del planeta -shar («soberano supremo»)- tenía también el significado de «un círculo perfecto», «un ciclo completo». También significaba el número 3.600. Y la identidad entre los tres términos -planeta/órbita/3.600-no puede ser una mera coincidencia. 
 

Beroso, el erudito-sacerdote-astrónomo babilonio, hablaba de diez soberanos que reinaron en la Tierra antes del Diluvio. Resumiendo los escritos de Beroso, Alejandro Polihistor escribió: «En el segundo libro estaba la historia de los diez reyes de los caldeos, y los períodos de cada reinado, que sumaban en total 120 shar's, es decir, 432.000 años; para llegar a la época del Diluvio». 
 

Abideno, un discípulo de Aristóteles, citó también a Beroso al respecto de los diez soberanos antediluvianos cuyo reinado sumaba en total 120 shar's, y aclaró que estos soberanos y sus ciudades se encontraban en la antigua Mesopotamia:

Se dice que el primer rey del país fue Aloro... Éste reinó diez shar's. 
Un shar se estima que son tres mil seiscientos años... 
Después de él, Alapro reinó tres shar's; a éste le sucedió Amilaro, de la ciudad de panti-Biblon, que reinó trece shar's... 
Después de éste, Ammenon reinó doce shar's; él era de la ciudad de panti-Biblon. Después, Megaluro, del mismo lugar, dieciocho shar's. 
Más tarde, Daos, el Pastor, gobernó por el espacio de diez shar's... 
Hubo después otros Soberanos, y el último de todos fue Sisithro; de manera que, en total, la cifra asciende a diez reyes, y el término de sus reinados asciende a ciento veinte shafs.

También Apolodoro de Atenas hablaba de las revelaciones prehistóricas de Beroso en términos similares: diez soberanos reinaron durante un total de 120 shar's (432.000 años), y el reinado de cada uno de ellos se midió también en los 3.600 años de las unidades shar. 
 

Con la llegada de la Sumerología, los «textos de antaño» a los cuales se refería Beroso se encontraron y se descifraron; eran las listas de reyes sumerios que, según parece, transmitieron la tradición de los diez soberanos antediluvianos que gobernaron la Tierra desde los tiempos en que «el reino fue bajado del Cielo» hasta que «el Diluvio barrió la Tierra». 
 

Una lista de reyes sumerios, conocida como el texto W-B/144, documenta los reinados divinos en cinco asentamientos o «ciudades». En la primera ciudad, Eridú, hubo dos soberanos. El texto prefija ambos nombres con el título silábico «A», que significa «progenitor».

Cuando el reino fue bajado del Cielo, 
el reino estuvo primero en Eridú. 
En Eridú, 
A.LU.LIM se convirtió en rey; gobernó 28.800 años. 
A.LAL.GAR gobernó 36.000 años. 
Dos reyes la gobernaron 64.800 años.

El reino se transfirió después a otras sedes de gobierno, donde los soberanos recibieron el nombre de en, o «señor» (y, en un caso, el título divino de dirigir).

Dejo Eridú; 
su reino se llevó a Bad-Tibira. 
En Bad-Tibira, 
EN.MEN.LU.AN.NA gobernó 43.200 años; 
EN.MEN.GAL.AN.NA gobernó 28.800 años. 
El divino DU.MU.ZI, Pastor, gobernó 36.000 años. 
Tres reyes la gobernaron durante 108.000 años.

Después, la lista cita las ciudades que siguieron, Larak y Sippar, así como sus divinos soberanos; y, por último, la ciudad de Shuruppak, donde fue rey un humano de parentesco divino. Lo sorprendente del caso, en cuanto a las fantásticas duraciones de estos reinados, es que todas, sin excepción, son múltiplos de 3.600:

Alulim - 8 x 3.600 = 28.800 
Alalgar -10 x 3.600 = 36.000 
Enmenluanna -12 x 3.600 = 43.200 
Enmengalanna - 8 x 3.600 = 28.800 
Dumuzi -10 x 3.600 = 36.000 
Ensipazianna - 8 x 3.600 = 28.800 
Enmenduranna - 6 x 3.600 = 21.600 
Ubartutu - 5 x 3.600 = 18.000

Otro texto sumerio (W-B/62) añadió Larsa y sus dos soberanos divinos a la lista de reyes, y los períodos de reinado son también múltiplos perfectos del shar de 3.600 años. Con la ayuda de otros textos, la conclusión es que, ciertamente, hubo diez soberanos en Sumer antes del Diluvio, que todos los reinados duraron demasiados shar's, y que, en total, duraron 120 shar's, tal como informó Beroso. 
 

La conclusión que se sugiere es que estos shar's de reinado estaban relacionados con el período shar (3.600 años) orbital del planeta «Shar», el «Planeta del Reino»; que Alulim reinó durante ocho órbitas del Duodécimo Planeta, Alalgar durante diez órbitas, etc. 
 

Si estos soberanos antediluvianos eran, como sugerimos, nefilim que vinieron a la Tierra desde el Duodécimo Planeta, entonces no debería de sorprendernos que sus períodos de «reinado» en la Tierra guardaran relación con el período orbital del Duodécimo Planeta. Los períodos de tales mandatos o Reinados se prolongarían desde el momento del aterrizaje hasta el momento del despegue; cuando un comandante llegaba desde el Duodécimo Planeta, el mandato del otro terminaba. Dado que los aterrizajes y despegues debían guardar relación con la aproximación a la Tierra del Duodécimo Planeta, los mandatos sólo se podían medir en estos períodos orbitales, en shar's. 
 

Cómo no, se podría preguntar si cualquiera de los nefilim, después de llegar a la Tierra, podía permanecer al mando, aquí, durante los pretendidos 28.800 o 36.000 años. No nos sorprende que los expertos digan que la duración de estos reinados es «legendaria». 
 

Pero, ¿qué es un año? Nuestro «año» es, simplemente, el tiempo que le lleva a la Tierra completar una órbita alrededor del Sol. Dado que la vida se desarrolló en la Tierra cuando ya estaba orbitando al Sol, la vida en la Tierra sigue el patrón de esta duración orbital. (Incluso un tiempo orbital mucho menor, como el de la Luna, o el ciclo día-noche, tiene la fuerza suficiente como para afectar a casi todas las formas de vida en la Tierra.) Vivimos tal cantidad de años porque nuestros relojes biológicos están ajustados a tal cantidad de órbitas de la Tierra alrededor del Sol. 
 

Existen pocas dudas de que la vida en otro planeta se «temporizaría» en función de los ciclos de ese planeta. Si la trayectoria del Duodécimo Planeta alrededor del Sol tuviera tal extensión que una órbita suya se llevara a cabo en el mismo tiempo que a la Tierra le lleva hacer 100 órbitas, un año de los nefilim equivaldría a 100 años nuestros. Si su órbita fuera 1.000 veces más larga que la nuestra, 1.000 años de la Tierra equivaldrían a sólo un año de los nefilim. 
 

¿Y qué ocurre si, como sugerimos, su órbita alrededor del Sol durara 3.600 años? Entonces 3600 de nuestros años serían sólo uno en su calendario, y también un solo año en su vida. El tiempo de mandato (reinado) del que hablan los sumerios y Beroso no sería, de este modo, ni «legendario» ni fantástico: sólo habría durado cinco, ocho o diez años de los nefilim. 
 

En capítulos previos hemos mencionado que la marcha de la Humanidad hacia la civilización -a través de la intervención de los nefilim- pasó por tres etapas, separadas por períodos de 3.600 años: el período Neolítitico (alrededor de 11.000 a.C) la fase de la alfarería alrededor del 7400 a.C.) y la repentina civilización sumeria (alrededor del 3800 a.C). No resulta improbable, por tanto, que los nefilim revisaran periódicamente (y tomaran la resolución de continuar) el progreso de la Humanidad, dado que podían reunirse en asamblea cada vez que el Duodécimo Planeta se acercaba a la Tierra. 
 

Muchos estudiosos (por ejemplo, Heinrich Zimmer en The Baby-lonian and Hebrew Génesis) han indicado que el Antiguo Testamento transmitía también las tradiciones de los jefes antediluvianos o antepasados, y que, en la línea de Adán a Noé (el héroe del Diluvio), se enumeraba a diez soberanos. Viendo en perspectiva la situación previa al Diluvio, el Libro del Génesis (Capítulo 6) describe el desencanto divino con la Humanidad. «Le pesó al Señor haber hecho al Hombre en la Tierra... y

el Señor dijo: Destruiré al Hombre, al que he creado».

Y el Señor dijo: 
Mi espíritu no protegerá al Hombre para siempre; 
después de errar, él no es más que carne. 
Y sus días eran ciento veinte años.

Generaciones de eruditos han leído este versículo, «Que sus días sean ciento veinte años», como la concesión de Dios al hombre de un lapso vital de 120 años. Pero esto no tiene sentido. 
 

Si el texto trata de la pretensión de Dios de destruir a la Humanidad, ¿por qué, en la misma frase, le iba a ofrecer al Hombre una larga vida? Y nos encontramos con que, tan pronto pasó el Diluvio, Noé vivió bastante más del supuesto límite de 120 años, al igual que sus descendientes, Sem (600), Arpaksad (438), Sélaj (433), etc. 
 

Intentando aplicar el lapso de 120 años al Hombre, los eruditos ignoran el hecho de que el lenguaje bíblico no emplea un tiempo verbal futuro -«Sus días serán»- sino pasado -«Y sus días eran ciento veinte años». La pregunta obvia, por tanto, es la siguiente: ¿Al lapso de vida de quién se refieren aquí? 
 

Nuestra conclusión es que la cantidad de 120 años se entendía que se aplicaba a la Deidad. 
 

El fijar un acontecimiento trascendental en su adecuada perspectiva temporal es un rasgo común de los textos épicos sumerios y babilonios. «La Epopeya de la Creación» comienza con las palabras Enuma elish («cuando en las alturas»). El relato del encuentro del dios Enlil y la diosa Ninlil se sitúa en el tiempo «cuando el hombre aún no había sido creado», etc.
El lenguaje y el propósito del Capítulo 6 del Génesis tenían el mismo objetivo: situar los acontecimientos trascendentes de la gran Inundación en su correcta perspectiva temporal. La primera palabra del primer versículo del Capítulo 6 es cuando:

Cuando los terrestres 
comenzaron a crecer en número 
sobre la faz de la Tierra, 
y les nacieron hijas.

Éste, prosigue la narración, fue el momento en que

Los hijos de los dioses 
vieron que las hijas de los terrestres 
eran compatibles; 
y tomaron para sí 
por esposas a las que eligieron.

Momento en el cual...

Los nefilim estaban en el país 
en aquellos días, y también después; 
cuando los hijos de los dioses 
cohabitaron con las hijas de los terrestres 
y concibieron. 
Ellos fueron los Poderosos que eran de Olam, 
el Pueblo del Shem.

Fue entonces, en aquellos días, cuando el Hombre estaba a punto de ser barrido de la faz de la Tierra por el Diluvio. 
¿Cuándo fue exactamente eso? 
 

El versículo 3 nos dice, inequívocamente: cuando su edad, la de la Deidad era de 120 años. Ciento veinte «años», no del Hombre ni de la Tierra, sino de los poderosos, el «Pueblo de los Cohetes», los nefilim. Y su año era el shar -3.600 años terrestres. 
 

Esta interpretación no sólo aclara los desconcertantes versículos del Génesis 6, sino que también demuestra de qué modo se ajusta a la información sumeria: 120 shar 432.000 años terrestres, habían pasado entre la llegada a la Tierra de los nefilim y el Diluvio. 
 

Antes de volver a los antiguos documentos sobre los viajes de los nefilim a la Tierra y su asentamiento en ella, habría que responder a dos cuestiones básicas: ¿Podrían evolucionar en otro planeta unos seres que, obviamente, no son muy diferentes de nosotros? Y también, ¿dispusieron estos seres, hace medio millón de años, de la posibilidad del viaje interplanetario? 
 

La primera pregunta nos lleva a otra aún más fundamental: ¿Existe vida, tal como la conocemos, en alguna otra parte además de en nuestro planeta? Los científicos saben ahora que existen innumerables galaxias como la nuestra, que tienen incontables estrellas como nuestro Sol, con cantidades astronómicas de planetas que pueden proporcionar todas las combinaciones imaginables de temperatura, atmósfera y componentes químicos, ofreciendo miles de millones de posibilidades para la Vida. 
 

Los científicos también han descubierto que nuestro propio espacio interplanetario no está vacío. Por ejemplo, existen moléculas de agua en el espacio, los restos de lo que se cree que hayan sido nubes de cristales de hielo que, según parece, envolvían a las estrellas en sus primeros estadios de desarrollo. Este descubrimiento da apoyo a las insistentes referencias mesopotámicas a las aguas del Sol, que se mezclaron con las aguas de Tiamat. 
 

También se han encontrado moléculas básicas de materia viva «flotando» en el espacio interplanetario, haciendo saltar en pedazos la creencia de que la vida sólo puede existir dentro de determinado rango de atmósferas o temperaturas. Además, también se ha descartado la idea de que la única fuente de energía y calor disponible para los organismos vivos es la que emite el Sol. Así, la nave espacial Pioneer 10 descubrió que Júpiter, a pesar de estar mucho más lejos del Sol que la Tierra, era tan cálido que debía de tener sus propias fuentes de energía y calor. 
 

Un planeta con abundancia de elementos radiactivos en sus profundidades no sólo generaría su propio calor, sino que también experimentaría una sustancial actividad volcánica. Esta actividad volcánica proporciona una atmósfera. Si el planeta es lo suficientemente grande como para ejercer una fuerte atracción gravitatoria, podrá conservar su atmósfera casi indefinidamente. Esta atmósfera, a su vez, generará un efecto invernadero: protegerá al planeta del frío del espacio y evitará que el calor del planeta se disipe en el espacio -del mismo modo que la ropa nos mantiene calientes, al no dejar que el calor del cuerpo se disipe. Si tenemos esto en cuenta, las descripciones del Duodécimo Planeta en los textos antiguos en las que se dice que iba «vestido con un halo» asumen algo más que un significado poético. Siempre se refieren a él como a un planeta radiante -»el más radiante de los dioses es»- y en las representaciones gráficas se le muestra como un cuerpo que emite rayos. El Duodécimo Planeta podía generar su propio calor y retenerlo gracias a su capa atmosférica. (Fig. 115) 
  
 

Los científicos han llegado también a la inesperada conclusión de que la vida no sólo evolucionó en los planetas exteriores (Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno), sino que, probablemente, evolucionó allí de hecho. Estos planetas están compuestos de los elementos más ligeros del sistema solar, tienen una composición más parecida a la del universo en general y ofrecen profusión de hidrógeno, helio, metano, amoniaco y, probablemente, neón y vapor de agua en sus atmósferas -todos los elementos necesarios para la producción de moléculas orgánicas. 
 

Para el desarrollo de la vida, tal como la conocemos, es esencial el agua. Los textos mesopotámicos no ofrecen dudas al respecto de que el Duodécimo Planeta era un planeta acuoso. En «La Epopeya de la Creación», en la lista de los cincuenta nombres del planeta, aparece un grupo de ellos que ensalzan sus aspectos acuosos. Basándose en el epíteto A.SAR («rey acuoso»), «el que establece los niveles del agua», los nombres describen al planeta como A.SAR.U («rey acuoso noble y brillante»), A.SAR.U.LU.DU («rey acuoso noble y brillante cuya profundidad es abundante»), etc. 
 

Los sumerios no dudaban de que el Duodécimo Planeta fuera un planeta verdoso de vida; de hecho, le llamaban NAM.TIL.LA.KU, «el dios que mantiene la vida». También era «el que concede el cultivo», «creador del grano y las hierbas que hacen que la vegetación crezca... que abre los pozos, repartiendo agua en abundancia» -el «irrigador del Cielo y la Tierra». 
 

Los científicos han llegado a la conclusión de que la vida no evolucionó sobre los planetas terrestres, con sus pesados componentes químicos, sino en los bordes exteriores del sistema solar. Desdeahí, el Duodécimo Planeta vino hasta el centro, un planeta rojizo, refulgente, que generaba e irradiaba su propio calor, ofreciendo en su propia atmósfera los ingredientes necesarios para la química de la vida. 
 

Si existe un enigma, es el de la aparición de la vida sobre la Tierra. La Tierra se formó hace unos 4.500.000.000, y los científicos creen que las formas más simples de vida se encontraban ya presentes pocos centenares de millones de años después. Esto es, simplemente, demasiado pronto para conseguirlo. Según diversos indicios, las formas de vida más antiguas y sencillas, con más de 3.000 millones de años de antigüedad, tenían moléculas de origen biológico, no no-biológico. Esto significa, dicho de otra manera, que la vida que había en la Tierra tan poco tiempo después de que el planeta naciera tenía que ser, necesariamente, descendiente de alguna forma de vida previa, y no el resultado de la combinación de elementos químicos y gases sin vida. 
 

Lo que sugiere todo esto a los desconcertados científicos es que la vida, que no pudo evolucionar fácilmente en la Tierra, no evolucionó, de hecho, en la Tierra. En la revista científica ícaro (Septiembre de 1973), el Premio Nobel Francis Crick y el Dr. Leslie Orgel avanzaron la teoría de que «la vida en la Tierra puede haber surgido a partir de minúsculos organismos de un planeta distante». 
 

Ellos dieron a conocer sus estudios debido a la conocida incomodidad entre los científicos acerca de las teorías en curso sobre los orígenes de la vida en la Tierra. ¿Por qué hay sólo un código genético para toda la vida terrestre? Si la vida comenzó en un «caldo» de cultivo primigenio, como creen la mayoría de los biólogos, debería de haberse desarrollado cierta variedad de códigos genéticos. Y, también, ¿por qué el molibdeno juega un papel clave en las reacciones enzimáticas que son esenciales para la vida, siendo el molibdeno un elemento químico tan raro en la Tierra? ¿Por qué elementos tan abundantes en la Tierra, como el cromo o el níquel, son tan poco importantes en las reacciones bioquímicas? 
 

Pero lo más singular de la teoría planteada por estos dos científicos, Crick y Orgel, no era sólo que toda la vida en la Tierra pudiera haber surgido de un organismo de otro planeta, sino que tal «inseminación» fuera deliberada -que seres inteligentes de otro planeta lanzaran «la semilla de la vida» desde su planeta a la Tierra en una nave espacial, con el propósito expreso de comenzar la cadena de la vida en la Tierra. 
 

Sin la ventaja de los datos que se proporcionan en este libro, estos dos eminentes científicos se acercaron mucho a la realidad. No hubo una inseminación «premeditada»; lo que hubo fue una colisión celeste. Un planeta portador de vida, el Duodécimo Planeta y sus satélites, colisionaron con Tiamat y la partieron en dos, «creando» la Tierra con una de sus mitades. 
 

Durante esta colisión, el aire y el suelo portadores de vida del Duodécimo Planeta «inseminaron» la Tierra, dándole las primitivas y complejas formas de vida biológicas para cuya temprana aparición no existe otra explicación. 
 

Sólo con que la vida en el Duodécimo Planeta comenzara un 1 por ciento antes que en la Tierra, habría comenzado unos 45 millones de años antes. Aún con éste mínimo margen, seres tan desarrollados como el Hombre estarían viviendo ya sobre el Duodécimo Planeta cuando los primeros mamíferos acababan de aparecer sobre la Tierra. 
 

Si aceptamos este comienzo anterior para la vida sobre el Duodécimo Planeta, pudo existir la posibilidad de que sus gentes fueran capaces de viajar por el espacio hace sólo 500.000 años.



ATERRIZAJE EN EL PLANETA TIERRA :

Solamente hemos puesto el pie en la Luna y hemos explorado los planetas más cercanos a nosotros con naves no tripuladas. Más allá de nuestros relativamente cercanos vecinos, tanto el espacio interplanetario como el espacio exterior se encuentran aún fuera del alcance de hasta la más pequeña de las naves de exploración. Pero el propio planeta de los nefilim, con su inmensa órbita, ha hecho las veces de un observatorio móvil, llevándoles a través de las órbitas de todos los planetas exteriores y permitiéndoles observar de primera mano la mayor parte del sistema solar. 
 

No es de extrañar, por tanto, que, cuando aterrizaron por vez primera sobre la Tierra, buena parte del conocimiento que traían con ellos tuviera que ver con la astronomía y con las matemáticas celestes. Los nefilim, «Dioses del Cielo» sobre la Tierra, le enseñaron al Hombre a mirar a los cielos -exactamente, lo que Yahveh le decía a Abraham que hiciera. 
 

Tampoco resulta extraño que hasta las más primitivas y toscas esculturas y dibujos lleven símbolos celestes de constelaciones y planetas; y que, cuando había que representar o invocar a los dioses, sus símbolos celestes se utilizaran como una abreviatura gráfica. Al invocar los símbolos celestes («divinos»), el Hombre ya no estaba solo; los símbolos conectaban a los terrestres con los nefilim, a la Tierra con el Cielo, a la Humanidad con el universo. 
 

Hay símbolos que, según creemos, transmiten también información que sólo podría estar relacionada con el viaje espacial hasta la Tierra. 
 

Las fuentes antiguas proporcionan gran cantidad de textos y de listas que tratan de los cuerpos celestes y de sus relaciones con las distintas divinidades. El antiguo hábito de asignar varios epítetos tanto a los cuerpos celestes como a las divinidades ha hecho difícil la identificación. Aún en el caso de identificaciones establecidas, como la de Venus/Ishtar, el cuadro se confunde con los cambios en el panteón. Por ejemplo, en los primeros tiempos se asociaba a Venus con Ninhursag. 
 

Pero algunos expertos han aclarado las cosas en gran medida, como E. D. Van Burén (Symbols of the Gods in Mesopotamian Art), que reunió y clasificó los más de ochenta símbolos -de dioses y cuerpos celestes- que se pueden encontrar en sellos cilíndricos, esculturas, estelas, relieves, murales y (con gran detalle y claridad) piedras de demarcación de territorios (kudurru en acadio). Cuando se observa la clasificación de los símbolos, se hace evidente que, además de representar a algunas de las constelaciones meridionales y septentrionales más conocidas (como la Serpiente de Mar para la constelación de la Hidra), los símbolos solían representar o bien a las doce constelaciones del zodiaco (por ejemplo, el Cangrejo por Escorpio), o a los doce Dioses del Cielo y la Tierra, o a los doce miembros del sistema solar. El kudurru erigido por Melishipak, rey de Susa (ver páginas 205-206), muestra los doce símbolos del zodiaco y los símbolos de los doce dioses astrales. 
 

Una estela, erigida por el rey asirio Asaradón, muestra al soberano sosteniendo una Copa de la Vida mientras da la cara a los doce Dioses del Cielo y de la Tierra principales. Vemos a cuatro dioses encima de animales, de los cuales Ishtar sobre el león y Adad sosteniendo el ramificado rayo se pueden identificar con claridad. A otros cuatro dioses se les representa con las herramientas de sus atributos específicos, como al dios guerrero Ninurta, con su maza de cabeza de león. Los otros cuatro dioses se muestran como cuerpos celestes -el Sol (Shamash), el Globo Alado (el Duodécimo Planeta, la morada de Anu), la Luna creciente y un símbolo consistente en siete puntos. 
 

Aunque, en épocas posteriores, el dios Sin estuvo asociado con la Luna, identificada por el creciente, existen evidencias que nos inducen a pensar que en «los tiempos de antaño» el creciente era el símbolo de un dios anciano y con barba, uno de los verdaderos «dioses de antaño» de Sumer. Representado a menudo en medio de varias corrientes de agua, este dios era, indudablemente, Ea. creciente estaba asociado también con la ciencia de la medida y el cálculo, de la cual Ea era el maestro divino. Por otra parte, resultaba adecuado asignar al Dios de los Mares y los Océanos, Ea, su homólogo celeste, la Luna, que provoca las mareas. 
 

Pero, ¿qué significaba el símbolo de los siete puntos? (Fig. 116) 
  
 

Existen muchas pistas que no dejan la menor duda de que aquel era el símbolo celeste de Enlil. La representación de la Puerta de Anu (el Globo Alado) flanqueada por Ea y Enlil (ver Fig. 87), los simboliza a través del creciente y de los siete puntos. Algunas de las representaciones más claras de los símbolos celestes, que fueron meticulosamente copiadas por Sir Henry Rawlinson (The Cuneiform Inscriptions of Western Asia), asignan la posición más prominente a un grupo de tres símbolos que significan a Anu flanqueado por sus dos hijos; aquí se demuestra que el símbolo de Enlil podía ser el de los siete puntos o el de una «estrella» de siete puntas. El elemento esencial en la representación celestial de Enlil era el número siete (la hija, Ninhursag, era incluida a veces, representada por el cortador umbilical). (Fig. 117) 
  
 

Los expertos no han podido comprender la afirmación de Gudea, rey de Lagash, de que «el 7 celeste es 50». Los intentos de solución aritmética -alguna fórmula según la cual el número siete se transformaba en cincuenta- fracasaron a la hora de revelar el significado de la afirmación de Gudea. Sin embargo, ahora vemos que la respuesta es sencilla: Gudea afirmaba que el cuerpo celeste que es «siete» simboliza al dios que es «cincuenta». El dios Enlil, cuyo rango numérico era cincuenta, tenía su homólogo celeste en el séptimo planeta. 
 

Pero, ¿cuál era el planeta de Enlil? Recordemos los textos que hablan de los tiempos primitivos, cuando los dioses llegaron a la Tierra, cuando Anu se quedó en el Duodécimo Planeta y sus dos hijos, que habían bajado a la Tierra, echaron suertes. A Ea se le dio la «soberanía de lo Profundo», y a Enlil «la Tierra se le dio para sus dominios». Y la respuesta al enigma aparece con toda su trascendencia: 
 

El planeta de Enlil era la Tierra. Para los nefilim, la Tierra era el séptimo planeta.

En Febrero de 1971, los Estados Unidos lanzaron una nave espacial no tripulada hacia la misión más larga que se ha hecho hasta la fecha. Durante 21 meses viajó, más allá de Marte y del cinturón de asteroides, hasta un encuentro, planificado a la perfección, con Júpiter. Después, tal como habían previsto los científicos de la NASA, la inmensa fuerza gravitatoria de Júpiter «agarró» a la nave espacial y la arrojó al espacio exterior. 
 

Especulando con la posibilidad de que, algún día, el Pioneer 10 pudiera ser atraído por la fuerza gravitatoria de otro «sistema solar» y se estrellara en algún otro planeta del universo, los científicos pusieron en el Pioneer 10 una placa de aluminio grabada con un «mensaje». (Fig. 118) 
 

El mensaje emplea un lenguaje pictográfico -signos y símbolos no demasiado diferentes de aquellos utilizados en la primera escritura pictográfica, la de Sumer. El mensaje pretende explicar a los que encuentren la placa que la Humanidad es varón y hembra, de un tamaño que se relaciona con el tamaño y la forma de la nave espacial. Representa también a dos de los elementos químicos básicos de nuestro mundo, y nuestra situación, relacionada con determinada fuente interestelar de emisiones de radio. Y representa a nuestro sistema solar como un Sol y nueve planetas, diciéndole al que lo encuentre: «La nave que has encontrado viene del tercer planeta de este Sol». 
 

Nuestra astronomía está orientada a la idea de que la Tierra es el tercer planeta, algo que es cierto si uno comienza a contar desde el centro del sistema, el Sol. 
 

Pero, para alguien que se acerca a nuestro sistema solar desde el exterior, el primer planeta que se encontrará será Plutón, el segundo Neptuno, el tercero Urano -no la Tierra. El cuarto Saturno, el quinto Júpiter, el sexto Marte. Y la Tierra sería el séptimo. 
 

Nadie, salvo los nefilim, llegando a la Tierra después de pasar Plutón, Neptuno, Urano, Saturno, Júpiter y Marte, habría considerado a la Tierra «el séptimo». Aún en el caso, por el bien de la discusión, de suponer que los habitantes de la antigua Mesopotamia -en vez de unos viajeros espaciales- hubieran tenido el conocimiento o la sabiduría de contar la posición de la Tierra desde el borde del sistema solar, y no desde el centro, desde el Sol, tendríamos que concluir que aquellos antiguos pueblos conocían la existencia de Plutón, Neptuno y Urano. Y, dado que no podían tener noticia de estos planetas exteriores por sí mismos, la información, necesariamente, se la habrían proporcionado los nefilim. 
 

Cualquiera que sea la posición que se adopte como punto de inicio, la conclusión es la misma: sólo los nefilim podían saber que había planetas más allá de Saturno, y, por consiguiente, la Tierra -si contamos desde el exterior- es el séptimo planeta. 
La Tierra no es el único planeta cuya posición numérica en el sistema solar se representaba simbólicamente. Existen muchas evidencias que muestran que a Venus se le representaba como una estrella de ocho puntas: Venus es el octavo planeta, el siguiente a la Tierra, si contamos desde el exterior. La estrella de ocho puntas representaba también a la diosa Ishtar, cuyo planeta era Venus. (Fig. 119) 
  
 

Muchos sellos cilíndricos y otras reliquias gráficas representan a Marte como al sexto planeta. Un sello cilíndrico muestra al dios asociado con Marte (originalmente, Nergal, después, Nabu), sentado en un trono bajo una «estrella» de seis puntas como símbolo. (Fig. 120) Otros símbolos en el sello muestran al Sol, en gran medida como lo representaríamos hoy en día, la Luna y la cruz, símbolo del «Planeta del Cruce», el Duodécimo Planeta. 
  
 

En la época asiría, la «cuenta celeste» del planeta de un dios se solía indicar con el número correspondiente de símbolos de estrella colocado a lo largo del trono del dios. Así, una placa que representa al dios Ninurta ponía cuatro símbolos de estrella en su trono. Su planeta, Saturno, es el cuarto planeta, tal como los contaban los nefilim. Se han encontrado representaciones similares para la mayoría de los demás planetas. 
 

El acontecimiento religioso más importante de la antigua Mesopotamia, los doce días de la Festividad del Año Nuevo, estaban repletos de un simbolismo que tenía que ver con la órbita del Duodécimo Planeta, la estructura del sistema solar y el viaje de los nefilim a la Tierra. Las mejor documentadas de estas «afirmaciones de fe» eran los rituales babilonios de Año Nuevo; pero las evidencias demuestran que los babilonios sólo copiaron tradiciones que se remontaban a los inicios de la civilización sumeria. 
 

En Babilonia, la festividad seguía un ritual muy estricto y detallado; cada parte, acto y oración tenía un motivo basado en la tradición y un significado concreto. Las ceremonias comenzaban el primer día de Nisán -por tanto, en el primer mes del año- coincidiendo con el equinoccio de primavera. Durante once días, todos los dioses con estatus celeste se unían a Marduk según un orden prescrito. El duodécimo día, todos los dioses partían hacia su propia morada, y Marduk se quedaba solo, con todo su esplendor. El paralelismo con la aparición de Marduk dentro del sistema planetario, su «visita» a los otros once miembros del sistema solar y la separación en el duodécimo día -dejando al Duodécimo Dios seguir como Rey de los Dioses, pero aislado de ellos- es obvio. 
 

Las ceremonias de la Festividad de Año Nuevo simbolizaban el recorrido del Duodécimo Planeta. Los primeros cuatro días, que representaban el paso de Marduk por los cuatro primeros planetas (Plutón, Neptuno, Urano y Saturno), eran días de preparación. Al término del cuarto día, los rituales representaban la aparición del planeta Iku (Júpiter) ante la vista de Marduk. El Marduk celeste se acercaba al lugar de la batalla; simbólicamente, el sumo sacerdote comenzaba a recitar «La Epopeya de la Creación» -el relato de la batalla celeste. 
 

Se pasaba la noche en vela. Al terminar de recitar el relato de la batalla, y con el comienzo del quinto día, los rituales representaban la dodècuple proclamación de Marduk como «El Señor», afirmando que, con posterioridad a la batalla celeste, empezó a haber doce miembros en el sistema solar. Entonces, las recitaciones nombraban a los doce miembros del sistema solar y a las doce constelaciones del zodiaco. 
 

También durante el quinto día, el dios Nabu -hijo y heredero de Marduk- llegaba en barco desde su centro de culto, Borsippa. Pero sólo podía entrar en el complejo del templo de Babilonia al día siguiente, el sexto, pues, por entonces, Nabu era miembro del panteón babilonio de doce y el planeta que tenía asignado era Marte, el sexto planeta. 
 

El Libro del Génesis nos dice que en seis días «el Cielo, la Tierra y toda su hueste» se terminaron. Los rituales babilonios, que conmemoraban los acontecimientos celestes que trajeron como resultado la creación del cinturón de asteroides y la Tierra, se terminaban también en los primeros seis días de Nisán. 
 

Durante el séptimo día, la fiesta centraba su atención en la Tierra. Aunque los detalles de los rituales del séptimo día son escasos, H. Frankfort (Kingship an the Gods) cree que, en ellos, los dioses, dirigidos por Nabu, promulgaban la liberación de Marduk de su prisión en «las Montañas de la Tierra Inferior». Dado que se han encontrado textos que hablan de las épicas luchas de Marduk con otros pretendientes a la soberanía de la Tierra, podemos conjeturar 
 

que los acontecimientos del séptimo día eran una representación de la lucha de Marduk por la supremacía en la Tierra (el «Séptimo»), sus derrotas iniciales y su victoria final y la usurpación de poderes. 
 

Durante el octavo día de la Festividad del Año Nuevo en Babilonia, Marduk, victorioso en la Tierra, al igual que el falsificado Enuma Elish le había hecho en los cielos, recibía los supremos poderes de manos de los dioses para, después, en el noveno día, y acompañado por el rey y el populacho, se embarcaba en una procesión ritual que le llevaba desde su casa dentro del recinto sagrado de la ciudad hasta la «Casa de Akitu», que se encontraba en algún lugar en las afueras. Marduk y los once dioses visitantes permanecían en la casa hasta la undécima jornada para, al día siguiente, en la duodécima, separarse y volver cada uno a su morada, dando por finalizada la celebración. 
 

De los muchos aspectos de la festividad babilonia que revelan sus primitivos orígenes sumerios, uno de los más significativos era el que se refería a la Casa de Akitu. En varios estudios, como el de The Babylonian Akitu Festival, de S. A. Pallis, se ha demostrado que esta casa figuraba ya en las ceremonias religiosas de Sumer en una época tan temprana como el tercer milenio a.C. Lo esencial de la ceremonia consistía en una procesión sagrada en la que el dios reinante dejaba su morada o templo e iba, atravesando varias estaciones, hasta un lugar fuera de la ciudad. Para este propósito se utilizaba una embarcación especial, un «Barco Divino». Después, cuando el dios terminaba de hacer lo que fuera que hiciese en la Casa A.KI.TI, volvía al muelle de la ciudad con el mismo Barco Divino, y desandaba el recorrido de vuelta al templo en medio de la celebración y el regocijo del rey y del populacho. 
 

El término sumerio A.KI.TI (del cual se deriva el babilonio akitu) significaba, literalmente, «fundar la vida en la Tierra». Esto, acompañado por diversos aspectos del misterioso viaje, nos lleva a la conclusión de que la procesión simbolizaba el arriesgado pero exitoso viaje de los nefilim desde su hogar hasta el séptimo planeta, la Tierra. 
 

Las excavaciones dirigidas durante alrededor de 20 años en la antigua Babilonia, brillantemente correlacionadas con los textos de los rituales babilonios, permitieron a los equipos de expertos dirigidos por F. Wetzel y F. H. Weissbach (Das Hauptheiligtum des Marduks in Babylon) reconstruir el sagrado recinto de Marduk, los detalles arquitectónicos de su zigurat y el Camino Procesional, partes de los cuales se reconstruyeron después en el Museo del Antiguo Oriente Próximo de Berlín oriental. 
 

Los nombres simbólicos de las siete estaciones y el epíteto de Marduk en cada una de ellas se daban tanto en acadio como en sumerio, atestiguando con ello no sólo su antigüedad, sino también los orígenes sumerios de la procesión y su simbolismo. 
 

La primera estación de Marduk, en la que su epíteto era «Soberano de los Cielos», se llamaba «Casa de Santidad» en acadio y «Casa de las Aguas Brillantes» en sumerio. El epíteto del dios en la segunda estación es ilegible; pero la estación se llamaba «Donde el Campo se Separa». El nombre, parcialmente mutilado, de la tercera estación comenzaba con las palabras «Situación frente al planeta...»; y el epíteto del dios cambiaba aquí a «Señor del Fuego Derramado». 
 

La cuarta estación se llamaba «Lugar Santo de los Destinos» y Marduk recibía el nombre de «Señor de la Tormenta de las Aguas de An y Ki». La quinta estación parecía menos turbulenta. Se llamaba «La Calzada», y Marduk asumía el título de «Donde Aparece la Palabra del Pastor». También se indicaba una navegación tranquila en la sexta estación, llamada «La Nave del Viajero», donde el epíteto de Marduk cambiaba a «Dios de la Puerta Señalada». 
 

La séptima estación era el Bit Akitu («casa de la fundación de la vida en la Tierra»). Allí, Marduk tomaba el título de «Dios de la Casa del Descanso». 
 

En nuestra opinión, las siete estaciones de la procesión de Marduk representaban el viaje espacial de los nefílim desde su planeta hasta la Tierra; creemos que la primera estación, la «Casa de las Aguas Brillantes», representaba el paso por Plutón; la segunda («Donde el Campo se Separa»), era Neptuno; la tercera, Urano; la cuarta -un lugar de tormentas celestes- Saturno. La quinta, donde «La Calzada» se hacía clara, «donde aparece la palabra del pastor», era Júpiter. La sexta, donde el viaje cambiaba a «La Nave del Viajero», era Marte. 
 

Y la séptima estación era la Tierra, el final del viaje, donde se le ofrecía a Marduk la «Casa del Descanso» («la casa de la fundación de la vida en la Tierra» del dios).

¿Cómo veía el sistema solar, en términos del vuelo espacial a la Tierra, la «Administración Aeronáutica y Espacial» de los nefilim-Lógicamente -y de hecho-, veían el sistema solar en dos partes. La zona uno era la zona de vuelo, que abarcaba el espacio ocupado por los siete planetas que se extienden desde Plutón a la Tierra. El segundo grupo, más allá de la zona de navegación, lo componían cuatro cuerpos celestes -la Luna, Venus, Mercurio y el Sol. Tanto en astronomía como en genealogía divina, los dos grupos se consideraban por separado. 
 

Genealógicamente, Sin (la Luna) era la cabeza del grupo de los «Cuatro». Shamash (el Sol) era su hijo, e Ishtar (Venus), su hija. Adad, Mercurio, era el tío, el hermano de Sin, que siempre acompañaba a su sobrino Shamash y, en especial, a su sobrina Ishtar. 
 

Los «Siete», por otra parte, aparecían juntos en textos que hablaban de los asuntos de dioses y hombres, y de acontecimientos celestes. Eran «los siete que juzgan», «siete emisarios de Anu, su rey», y fue por ellos que se consagró el número siete. Había «siete ciudades de antaño»; las ciudades tenían siete puertas; las puertas tenían siete cerrojos; las bendiciones pedían siete años de plenitud; las maldiciones, hambres y plagas durante siete años; los matrimonios divinos se celebraban con «siete días de relaciones sexuales»; y así sucesivamente. 
 

Durante las ceremonias solemnes, como las que se realizaban durante las raras visitas de Anu y su consorte, las deidades que representaban a los Siete Planetas tenían asignadas determinadas posiciones y ropajes ceremoniales, mientras que los Cuatro eran tratados como un grupo aparte. Por ejemplo, las antiguas normas de protocolo decían: «Las deidades Adad, Sin, Shamash e Ishtar tendrán su sede en la corte hasta el amanecer». 
 

En los cielos, se suponía que cada grupo estaba en su propia zona celeste, y los sumerios suponían que había una «barrera celeste» que mantenía a los dos grupos separados. «Un importante texto astral-mitológico», según A. Jeremias (The Old Testament in the Light of the Ancient Near East), habla de un acontecimiento celeste excepcional, cuando los Siete «cruzaron al asalto la Barrera Celeste». En este altercado, que, según parece, fue una alineación inhabitual de los Siete Planetas, «éstos se aliaron con el héroe Shamash [el Sol] y el valiente Adad [Mercurio]» -lo cual quizás signifique que todos ejercían su atracción gravitatoria en una única dirección. «Al mismo tiempo, Ishtar, buscando un glorioso lugar para vivir con Anu, pretendía convertirse en Reina del Cielo» -Venus estaba cambiando su situación, yendo a un «glorioso lugar para vivir». El mayor efecto lo Padeció Sin (la Luna). «Los siete, que no temían las leyes... al dador de Luz, Sin, asediaron violentamente». Según este texto, la aparición del Duodécimo Planeta salvó a la ensombrecida Luna y la hizo «brillar en los cielos» de nuevo. 
 

Los Cuatro estaban situados en una zona celeste que los sumerios llamaban GIR.HE.A («aguas celestes donde los cohetes se confunden»), MU.HE («confusión de nave espacial»), o UL.HE («banda de confusión»). Estos desconcertantes términos adquieren sentido si asumimos que los nefilim consideraban los cielos del sistema solar en función del viaje espacial. Sólo recientemente, los ingenieros de la Comsat (Communications Satellite Corporation) han descubierto que el Sol y la Luna «engañan» a los satélites artificiales y los «hacen callar». Los satélites terrestres se pueden «confundir» a causa de las lluvias de partículas de las erupciones solares o de los cambios en el reflejo que hace la Luna de los rayos infrarrojos. Los nefilim también sabían que las naves espaciales entraban en una «zona de confusión» a partir del momento en que pasaban la Tierra y se acercaban a Venus, Mercurio y el Sol. 
 

Separados de los Cuatro por una supuesta barrera, los Siete estaban en una zona celeste para la cual los sumerios utilizaban el término UB. El ub constaba de siete partes llamadas (en acadio) giparu («residencias nocturnas»). Existen pocas dudas acerca de que éste fuera el origen de la creencias de Oriente Próximo sobre los «Siete Cielos». 
 

Los siete «orbes» o «esferas» del ub comprendían el acadio kishshatu («la totalidad»). El origen del término se encontraba en el sumerio SHU, que implicaba también «esa parte que era la más importante», la Suprema. De ahí que a los Siete Planetas se les llamara a veces «los Siete Brillantes SHU.NU» -los Siete que «en la Parte Suprema descansan». 
 

A los Siete se les trataba con mayores detalles técnicos que a los Cuatro. Las listas celestes sumerias, babilonias y asirías los describían con diversos epítetos, y los enumeraban en su orden correcto. La mayoría de los expertos, al suponer que los textos antiguos no podían hablar de los planetas que hay más allá de Saturno, han tenido dificultades para identificar correctamente los planetas descritos en los textos. Pero nuestros descubrimientos han hecho que resulte relativamente fácil la identificación y la comprensión de los significados de los nombres. 
 

El primer planeta con el que se encontraban los nefilim en su viaje de aproximación al sistema solar era Plutón. Las listas mesopotámicas le llaman SHU.PA («supervisor del SHU»), el planeta que vigila la aproximación a la Parte Suprema del sistema solar. 
 

Como veremos, los nefilim sólo podían aterrizar en la Tierra si sus naves espaciales eran lanzadas desde el Duodécimo Planeta bastante antes de llegar a las cercanías de la Tierra. Así pues, es posible que cruzaran la órbita de Plutón no sólo como habitantes del Duodécimo Planeta, sino también como astronautas a bordo de una nave espacial. Un texto astronómico decía que el planeta Shupa era aquel donde «la divinidad Enlil fijaba el destino del País» -donde el dios encargado de la nave espacial establecía el rumbo hacia el planeta Tierra y el País de Sumer. 
 

Después de Shupa, estaba IRU («curva» o «rizo»). En Neptuno, la nave espacial de los nefilim comenzaba su amplia vuelta hacia su objetivo final. En otra lista se nombra al planeta como HUM.BA, que connota «vegetación de tierras cenagosas». Si algún día exploramos Neptuno, ¿descubriremos que su insistente asociación con las aguas se debe a las ciénagas que los nefilim veían en él? 
 

A Urano se le llamaba Kakkab Shanamma («planeta que está repetido o que es el doble»). Y, ciertamente, Urano es el hermano gemelo de Neptuno, tanto en tamaño como en apariencia. Una lista sumeria le llama EN.TI.MASH.SIG («planeta de brillante vida verdosa»). ¿Acaso Urano es un planeta en el que abunda la vegetación pantanosa? 
 

Más allá de Urano, aparecía Saturno, un planeta gigante (cerca de diez veces el tamaño de la Tierra) que se distinguía por sus anillos, que se extienden en la distancia más de dos veces el diámetro del planeta. Dotado de una tremenda atracción gravitatoria y con sus misteriosos anillos, Saturno debe haber representado muchos peligros para los nefilim y sus naves espaciales. Esto quizás explicaría por qué le llamaban TAR.GALLU («el gran destructor»). También se le llamaba KAK.SI.DI («arma de justicia») y SI.MUTU («aquel que por justicia mata»). En todo el Oriente Próximo de la antigüedad, Saturno representó al que castigaba al injusto. ¿Eran estos nombres una expresión de temor, o acaso hacían referencia a verdaderos accidentes espaciales? 
 

Ya hemos visto que los rituales Akitu hacían referencia a «las tormentas de las aguas» entre An y Ki durante el cuarto día -cuando la nave espacial estaba entre Anshar (Saturno) y Kishar (Júpiter). 
 

Un texto sumerio muy antiguo, que desde su primera publicación en 1912 se supone que es «un texto mágico antiguo», registra muy posiblemente la pérdida de una nave espacial y de sus cincuenta tripulantes. Cuenta que Marduk, al llegar a Eridú, acudió rápidamente hasta su padre Ea con unas terribles noticias:

«Ha sido creado como un arma; 
ha atacado como la muerte... 
A los anunnaki, que eran cincuenta, 
los ha destruido... 
Al SHU.SAR, que vuela como un ave, 
lo ha herido en el pecho.»

El texto no identifica al destructor, sea quien sea, del SHU.SAR (el «cazador supremo» volante) y de sus cincuenta astronautas. Pero el temor del peligro celeste era evidente sólo en lo referente a Saturno. 
 

Los nefilim debían sentir un gran alivio cuando pasaban Saturno y comenzaban a ver a Júpiter. Al quinto planeta le llamaban Barbaru («brillante»), así como SAG.ME.GAR («grande, donde se abrochan los trajes espaciales»). Otro nombre de Júpiter, SIB.ZI.AN.NA («guía verdadero en los cielos») describía también su probable papel en el viaje a la Tierra: era la señal para trazar una curva en el difícil paso entre Júpiter y Marte, y la entrada en la peligrosa zona del cinturón de asteroides. Por sus epítetos, parecería que éste era el punto en el que los nefilim se ponían sus mes, sus trajes espaciales. 
 

Marte recibía el nombre, por otra parte apropiado, de UTU.KA. GAB.A («luz establecida a la puerta de las aguas»), recordándonos las descripciones sumerias y bíblicas del cinturón de asteroides como del «brazalete» celeste que separa las «aguas superiores» de las «aguas inferiores» del sistema solar. Más precisamente, a Marte se le llamaba Shelibbu («uno cerca del centro» del sistema solar). 
 

Un dibujo poco común de un sello cilíndrico sugiere que, al pasar Marte, la nave espacial nefilim que llegaba establecía comunicación permanente con el «Control de la Misión» en la Tierra. (Fig. 121). 
  
 

El objeto central de este antiguo dibujo simula el símbolo del Duodécimo Planeta, el Globo Alado. Sin embargo, parece diferente: es más mecánico, más manufacturado que natural. Sus «alas» parecen paneles solares de los que utilizan las naves espaciales norteamericanas para convertir la energía solar en electricidad. Las dos antenas no se prestan a error. 
 

La nave circular, con su parte superior similar a una corona y sus alas y antenas extendidas, está situada en los cielos, entre Marte (la estrella de seis puntas) y la Tierra y la Luna. En la Tierra, una divinidad extiende su mano, recibiendo a un astronauta que está todavía en los cielos, cerca de Marte. Al astronauta se le muestra portando un casco con visor y una coraza. 
 

La parte inferior de su traje es como la de un «hombre-pez» -quizás, un requisito ante un posible amerizaje de emergencia en el océano. En una mano sostiene un instrumento; con la otra parece responder al saludo de la Tierra. 
 

Y, después, en la navegación, estaba la Tierra, el séptimo planeta. En la lista de los «Siete Dioses Celestes» se le llamaba SHU.GI («buen lugar de descanso de SHU»). También significaba «el país de la conclusión de SHU», de la Parte Suprema del sistema solar -el destino del largo viaje espacial. 
 

Aunque en el Oriente Próximo de la antigüedad el sonido gi se transformaba a veces en el sonido, más familiar, de ki («Tierra», «país o tierra seca»), la pronunciación y la sílaba gi perduró hasta nuestros días en su sentido original, exactamente en el sentido que tenía para los nefilim: geografía, geometría, geología. 
 

En su forma pictográfica más antigua, el signo SHU.GI significaba también shibu («el séptimo»). Y los textos astronómicos decían:

Shar shadi il Enlil ana kakkab SHU.GI ikabbi 
«El Señor de las Montañas, el divino Enlil, es idéntico al planeta Shugi».

Al igual que las siete estaciones del viaje de Marduk, los nombres de los planetas también nos hablan de un vuelo espacial. El destino final del viaje era el séptimo planeta, la Tierra.

Nunca sabremos si, dentro de quién sabe cuántos años o siglos, alguien, en otro planeta, encontrará y comprenderá el mensaje que se puso en la placa del Pioneer 10. Del mismo modo, quizás se considere absurdo esperar que encontremos en la Tierra una placa similar, pero al revés, una placa que diera información a los terrestres sobre la localización y el rumbo del Duodécimo Planeta. 
 

Y, sin embargo, tan extraordinaria evidencia existe. 
 

Esta evidencia está en una tablilla de arcilla que se encontró en las ruinas de la Biblioteca Real de Nínive. Como otras muchas tablillas, es, indudablemente, una copia asiria de una tablilla sumeria anterior. A diferencia de las demás, es un disco circular; y, aunque algunos signos cuneiformes que hay en ella se han conservado excelentemente bien, los pocos expertos que se tomaron el trabajo de descifrarla terminaron diciendo de ella que era «el más desconcertante documento mesopotámico». 
 

En 1912, L. W. King, posteriormente conservador de las antigüedades asirías y babilonias del Museo Británico, hizo una meticulosa copia del disco, que está dividido en ocho segmentos. En las partes no deterioradas, aparecen formas geométricas que no se han visto en ningún otro objeto antiguo, diseñadas y dibujadas con considerable precisión. Entre ellas hay flechas, triángulos, líneas de intersección e, incluso, una elipse -una curva geométrico-matemática que, con anterioridad al descubrimiento, se creía que no conocían en la antigüedad. (Fig. 122) 
  
 

La inhabitual y desconcertante placa de arcilla se puso por primera vez ante la mirada de la comunidad científica en un informe presentado ante la British Royal Astronomical Society el 9 de Enero de 1880. R. H. M. Bosanquet y A. H. Sayce, en uno de los primeros discursos que se hicieron sobre «La Astronomía Babilonia», se refirieron a ella como un planisferio (la reproducción de una superficie esférica en una mapa plano), y anunciaron que algunos signos cuneiformes de la placa «sugieren medidas... parecen tener algún significado técnico». 
 

Los muchos nombres de cuerpos celestes que aparecen en los ocho segmentos de la placa dejan claro su carácter astronómico. Pero Bosanquet y Sayce estaban especialmente intrigados con los siete «puntos» de uno de los segmentos. Decían que quizás representaran las fases de la Luna, si no fuera por el hecho de que los puntos aparecían a lo largo de una línea donde se citaba a «la estrella de estrellas» DIL.GAN y a un cuerpo celeste llamado APIN. 
 

«No cabe duda de que esta enigmática figura es susceptible de una explicación sencilla», decían. Pero sus esfuerzos por dar esa explicación no fueron más allá de la lectura correcta de los valores fonéticos de los signos cuneiformes y la conclusión de que el disco era un planisferio celeste. 
 

Cuando la Royal Astronomical Society publicó un esbozo del planisferio, J. Oppert y P. Jensen avanzaron algo más en la lectura de los nombres de alguna estrella o planeta. En 1891, el Dr. Fritz Hommel, en un artículo publicado en una revista alemana («Die Astronomie der Alten Chaldaer»), llamó la atención sobre el hecho de que cada uno de los ocho segmentos del planisferio formaba un ángulo de 45 grados, por lo que llegó a la conclusión de que en la tablilla se representaba un barrido total del firmamento -los 360 grados de los cielos. Y sugirió también que el punto focal marcaba alguna situación «en los cielos babilonios». 
 

Así quedó el tema hasta que Ernst F. Weidner, en un artículo publicado en 1912 (Babyloniaca: «Zur Babylonischen Astronomie») primero, y después en su principal libro de texto Handbuch der Babylonischen Astronomie (1915), analizó exhaustivamente la tablilla, sólo para concluir que no tenía sentido. 
 

Su desconcierto vino provocado por el hecho de que, mientras las formas geométricas y los nombres de las estrellas o planetas escritos dentro de los distintos segmentos eran legibles o inteligibles (aun cuando su significado y propósito no estuvieran claros), las inscripciones a lo largo de las líneas (que discurren en ángulos de 45 grados entre sí), simplemente, no tenían sentido. Constituían, invariablemente, una serie de sílabas repetidas en la lengua asiría de la tablilla. Iban, por ejemplo, así:

lu bur di lu bur di lu bur di 
bat bat bat kash kash kash kash alu alu alu alu

Weidner llegó a la conclusión de que la placa era tanto astronómica como astrológica, utilizada como tablilla mágica para exorcismos, al igual que otros textos donde aparecían sílabas repetidas. Con esto, se perdió cualquier interés posterior en una tablilla única. 
 

Pero las inscripciones de esta tablilla muestran un aspecto totalmente diferente si probamos a leerlas no como signos lingüísticos asirios, sino como palabras silábicas sumerias; pues resulta difícil dudar de que esta tablilla es una copia asiria de un original sumerio anterior. Si observamos uno de los segmentos (al que podríamos dar el número I), sus sílabas sin sentido adquieren, literalmente, pleno significado si utilizamos el valor sumerio de estas palabras silábicas. (Fig. 123) 
  
 

na na na na a na a na un (a lo largo de la línea descendente) 
sha sha sha sha sha sha (a lo largo de la circunferencia) 
sham sham bur kur Kur (a lo largo de la línea horizontal)

Lo que se nos revela aquí es un mapa de ruta que marca el camino por el cual el dios Enlil «iba por los planetas», acompañado por algunas instrucciones de funcionamiento. La línea inclinada a 45 grados parece indicar la línea de descenso de la nave espacial desde un punto que está «alto alto alto alto», a través de «nubes de vapor» y una zona inferior en la que no hay vapor, hacia el punto del horizonte, donde los cielos y el suelo se encuentran. 
 

En los cielos cercanos a la línea horizontal, las instrucciones a los astronautas cobran sentido: se les dice «preparen preparen preparen» sus instrumentos para la aproximación final; después, cuando se acercan al suelo, los «cohetes, cohetes» se encienden para detener la nave que, según parece, se elevaría («remontar») antes de alcanzar el punto de aterrizaje, dado que tenía que pasar por encima de terrenos altos o escabrosos («montaña montaña»). 
 

La información que nos proporciona este segmento pertenece, claramente, a un viaje espacial del mismo Enlil. En este primer segmento, se nos da un esbozo geométrico preciso de dos triángulos conectados por una línea que gira en ángulo. La línea representa una ruta, pues la inscripción afirma con claridad que el esbozo muestra cómo «la deidad Enlil iba por los planetas». 
 

El punto de salida es el triángulo de la izquierda, que representa las partes más alejadas del sistema solar; la zona objetivo está a la derecha, donde todos los segmentos convergen hacia el punto de aterrizaje. 
 

El triángulo de la izquierda, que aparece con la base abierta, se parece a un conocido signo de la escritura pictográfica de Oriente Próximo; su significado se puede interpretar como «el dominio del soberano, el país montañoso». El triángulo de la derecha viene identificado por la inscripción shu-ut il Enlil («Camino del dios Enlil»); este término, como ya sabemos, identifica a los cielos septentrionales de la Tierra. 
 

La línea angulada, por tanto, conecta lo que creemos que debió ser el Duodécimo Planeta -«el dominio del soberano, el país montañoso»- con los cielos de la Tierra. La ruta pasa entre dos cuerpos celestes -Dilgan y Apin. 
 

Algunos expertos sostienen que estos eran los nombres de estrellas distantes o partes de constelaciones. Si las actuales naves espaciales, tripuladas y no tripuladas, navegan a través de situaciones «fijas» predeterminadas por brillantes estrellas, no se puede descartar que los nefilim utilizaran una técnica de navegación similar. 
 

Sin embargo, la idea de que estos dos nombres se aplicaran a tales estrellas distantes no parece encajar con el significado de sus nombres: DIL.GAN significa, literalmente, «la primera estación», y APIN, «donde se establece el curso correcto». 
Los significados de los nombres indican estaciones en el camino, puntos por los que hay que pasar. Estamos más de acuerdo con autoridades como Thompson, Epping y Strassmaier, que identificaron a Apin con el planeta Marte. Si es así, el significado del esbozo se aclara: la ruta entre el Planeta del Reino y los cielos de la Tierra pasaba entre Júpiter («la primera estación») y Marte («donde se establece el curso correcto»). 
 

Esta terminología, por la cual se relacionaban los nombres descriptivos de los planetas con su papel en el viaje espacial de los nefilim, se adecua a los nombres y epítetos de las listas de los Siete Planetas Shu. Como si se hubiera hecho para confirmar nuestras conclusiones, la inscripción que afirma que ésta era la ruta de Enlil aparece debajo de un fila de siete puntos -los Siete Planetas que hay entre Plutón y la Tierra. 
 

No sorprende, por tanto, que los cuatro cuerpos celestes que restan, los de la «zona de confusión», se muestren por separado, más allá de los cielos septentrionales de la Tierra y de la banda celeste. 
 

En el resto de segmentos no deteriorados de la tablilla, se hace evidente también que nos encontramos ante un mapa del espacio y un manual de vuelo. Siguiendo en la dirección opuesta a las manecillas del reloj, la parte legible del siguiente segmento lleva la inscripción: «tomar tomar tomar lanzar lanzar lanzar lanzar completar completar». En el tercer segmento, donde se ve una parte de la inusual forma elíptica, las inscripciones legibles son «kakkab SIB.ZI.AN.NA ... enviado de AN.NA ... divinidad ISH.TAR», y la intrigante sentencia: «Deidad NI.NI supervisor del descenso». 
 

En el cuarto segmento, que tiene lo que parecen ser indicaciones sobre cómo establecer el destino de uno en función de cierto grupo de estrellas, la línea de descenso se identifica, concretamente, con la línea de horizonte: la palabra cielo se repite once veces bajo la línea. 
 

¿Acaso este segmento no representará una fase del vuelo cercana a la Tierra, cercana al lugar de aterrizaje? Éste podría ser, de hecho, el sentido de la leyenda que aparece sobre la línea horizontal: «colinas colinas colinas colinas cima cima cima cima ciudad ciudad ciudad ciudad». La inscripción que hay en el centro dice: «kakkab MASH.TAB.BA [Géminis] cuyo encuentro está fijado; kakkab SIB.ZI.AN.NA [Júpiter] proporciona el conocimiento». 
 

Si, como parece ser el caso, los segmentos se disponen en una secuencia de aproximación, uno casi puede compartir la excitación de los nefilim cuando se acercaban al espaciopuerto de la Tierra. El siguiente segmento, que identifica de nuevo la línea de descenso como «cielo cielo cielo», dice también:

nuestra luz nuestra luz nuestra luz 
cambio cambio cambio cambio 
observa el sendero y el alto suelo ...tierra llana...

La línea horizontal tiene, por vez primera, cifras:

cohete cohete cohete ascenso 
40 40 40 
40 40 20 22 22 
planear

La línea superior del siguiente segmento ya no dice «cielo cielo», sino «canal canal 100 100 100 100 100 100 100». Se puede discernir un patrón en este segmento, en gran medida deteriorado. A lo largo de una de las líneas, la inscripción dice: «Ashshur», que puede significar «El que ve» o «ver». 
 

El séptimo segmento está demasiado deteriorado para poder examinarlo; las pocas sílabas discernibles que tiene significan «distante distante ... avistar avistar», y las instrucciones dicen «presionar abajo». El octavo y último segmento, sin embargo, está casi completo. Las líneas direccionales, las flechas y las inscripciones marcan un sendero entre dos planetas. Las indicaciones de «remontar montaña montaña», muestran cuatro grupos con cruces, donde pone dos veces «combustible agua grano» y dos veces «vapor agua grano». 
 

¿Sería en este segmento donde se hablaría de la preparación para el vuelo hacia la Tierra, o trataría del abastecimiento para el vuelo de regreso al Duodécimo Planeta? Quizás se tratase de lo último, pues la línea con la flecha puntiaguda que apunta hacia el lugar de aterrizaje en la Tierra tiene, en su otro extremo, otra «flecha» apuntando en dirección opuesta, y con la leyenda «Regreso».(Fig. 124) 
  
 

Cuando Ea se las ingenió para que el emisario de Anu «hiciera tomar a Adapa el camino del Cielo» y Anu descubrió el ardid, éste exigió saber:

¿Por qué Ea, a un despreciable humano, 
le había revelado el plano de Cielo-Tierra- 
y lo distinguió prestándole 
un Shem para él?

En el planisferio que acabamos de descifrar vemos, realmente, este mapa de ruta, «un plano de Cielo-Tierra». Con el lenguaje de signos y con palabras, los nefilim nos esbozaron la ruta desde su planeta hasta el nuestro. 
 

Textos que, por lo demás, son inexplicables y que ofrecen datos de distancias celestes, adquieren sentido también si los leemos en términos del viaje espacial desde el Duodécimo Planeta. Uno de tales textos, encontrado en las ruinas de Nippur y que se cree que tiene unos 4.000 años de antigüedad, se conserva ahora en la Colección Hilprecht de la Universidad de Jena, en Alemania. O. Neugebauer (The Exact Sciences in Antiquity) afirmaba que la tablilla era, indudablemente, una copia «de una composición original más antigua»; en ella, se dan proporciones de distancias celestes, comenzando por la distancia que hay entre la Luna y la Tierra, para después cruzar el espacio hasta otros seis planetas. 
 

La segunda parte del texto parece haber proporcionado las fórmulas matemáticas para resolver cualquier problema interplanetario, planteando (según algunas lecturas):

40 4 20 6 40 x 9 es 6 40 
13 kasbu 10 ush mul SHU.PA 
eli mul GIR sud 
40 4 20 6 40 x 7 es 5 11 6 40 
10 kasbu 11 ush 61/2 gar 2 u mul GIR tab 
eli mul SHU.PA sud

Los expertos nunca se han puesto del todo de acuerdo a la hora de leer las unidades de medida de esta parte del texto (el Dr. J. Oelsner, custodio de la Colección Hilprecht de Jena, nos sugirió una nueva lectura). Sin embargo, está claro que las distancias medidas en la segunda parte del texto son de SHU.PA (Plutón). 
 

Sólo los nefilim, atravesando órbitas planetarias, podrían haber elaborado estas fórmulas, pues sólo ellos necesitaban estos datos. 
 

Tomando en consideración que tanto su propio planeta como su objetivo, la Tierra, se encontraban en movimiento constante, los nefilim tenían que apuntar su nave no adonde la Tierra estaba en el momento del lanzamiento, sino adonde estaría en el momento de la llegada. Se puede suponer, sin riesgo de error, que los nefilim elaboraban sus trayectorias de forma muy similar a como los científicos actuales planifican las misiones a la Luna y a otros planetas. 
 

Probablemente, la nave espacial de los nefilim se lanzaría en la dirección de la propia órbita del Duodécimo Planeta, pero bastante antes de su llegada a las cercanías de la Tierra. Basándonos en esto, y en una miríada de factores más, hemos elaborado, junto con Amnon Sitchin, doctor en aeronáutica e ingeniería, dos trayectorias alternativas para la nave espacial.
  
 

La primera de ellas supondría el lanzamiento de la nave desde el Duodécimo Planeta antes de que alcanzara su apogeo (el punto más lejano de su órbita). Ciertamente, con pocas necesidades energéticas, la nave no tendría que cambiar tanto su curso como aminorar la velocidad. Mientras que el Duodécimo Planeta (un vehículo espacial, también, aun cuando fuera enorme) continuaba en su vasta órbita elíptica, la nave espacial seguiría un rumbo elíptico mucho más corto, y alcanzaría la Tierra bastante antes que el Duodécimo Planeta. Esta alternativa puede haber tenido para los nefilim tanto ventajas como inconvenientes. 
 

El período total de 3.600 años terrestres, que se aplicaba al ejercicio de cargos y otras actividades de los nefilim en la Tierra, sugiere que, probablemente, prefirieran la segunda opción, la de un viaje corto y la estancia en los cielos de la Tierra coincidiendo con la llegada del Duodécimo Planeta mismo. Esto hubiera supuesto el lanzamiento de la nave espacial (C) cuando el Duodécimo Planeta se encontrara, más o menos, a mitad de camino de regreso desde su apogeo. Con la creciente velocidad del planeta, la nave espacial precisaría de potentes motores para adelantar a su planeta madre y alcanzar la Tierra (D) unos cuantos años antes que el Duodécimo Planeta. (Fig. 125) 
  
 

Basándonos en complejos datos técnicos, así como en las pistas encontradas en los textos mesopotámicos, parece que los nefilim adoptaron para sus misiones a la Tierra el mismo enfoque que utilizó la NASA para sus misiones a la Luna: cuando la nave principal se acercaba al planeta de destino (la Tierra), se situaba en órbita alrededor de él sin llegar a aterrizar. Y era una nave más pequeña la que se liberaba desde la nave nodriza y realizaba el verdadero aterrizaje. 
 

Por difíciles y precisos que tuvieran que ser los aterrizajes, los despegues desde la Tierra deben haber sido aún más complicados. La nave de aterrizaje tendría que reunirse con la nave madre, que, a su vez, tendría que encender entonces sus motores y acelerar hasta velocidades altísimas para poder dar alcance al Duodécimo Planeta, que estaría atravesando entonces su perigeo entre Marte y Júpiter en su punto de máxima velocidad orbital. El Dr. Sitchin ha calculado que debían de haber tres puntos en la órbita de la nave espacial sobre la Tierra que les concederían la propulsión suficiente para alcanzar al Duodécimo Planeta. Estas tres alternativas les ofrecerían a los nefilim la posibilidad de alcanzar su planeta en el plazo de 1.1 a 1.6 años terrestres. 
 

Precisarían de un territorio adecuado, de la buena dirección desde la Tierra y de una perfecta coordinación con el planeta madre para tener éxito en las llegadas, los aterrizajes, los despegues y las partidas desde nuestro planeta. 
Como veremos, los nefilim cumplían con todos estos requisitos.



LAS CIUDADES DE LOS DIOSES :

La historia del primer asentamiento en la Tierra de unos seres inteligentes es una impresionante saga no menos inspiradora que el descubrimiento de América o la circunnavegación de la Tierra. Y, ciertamente, fue algo de la máxima importancia, pues, gracias a esta aventura, nosotros y nuestras civilizaciones existimos hoy en día. 
 

«La Epopeya de la Creación» nos dice que los «dioses» llegaron a la Tierra gracias a una decisión deliberada de su líder. La versión babilonia atribuye la decisión a Marduk, y explica que este dios esperó hasta que el suelo de la Tierra se secó y endureció lo suficiente como para permitir el aterrizaje y las operaciones de construcción. Después, Marduk anunció su decisión al grupo de astronautas:

En lo profundo de Arriba, 
donde habéis estado residiendo, 
«La Regia Casa de Arriba» he levantado. 
Ahora, una imagen de ésta 
voy a construir en El Abajo.

Entonces, Marduk explicó su propósito:

Cuando desde los Cielos 
a la asamblea descendáis, 
habrá un sitio de descanso por la noche 
para recibiros a todos. 
Lo llamaré «Babilonia»- 
La Puerta de los Dioses

Así pues, la Tierra no iba a ser, meramente, objeto de una visita o una breve estancia exploratoria; iba a ser «un hogar lejos del hogar» permanente.

Por viajar a bordo de un planeta que, en sí mismo, ya era una especie de nave espacial, cruzando los senderos de la mayoría de los demás planetas, no hay duda de que los nefilim explorarían los cielos, en primer lugar, desde la superficie de su propio planeta. A esto, le seguirían exploraciones no tripuladas y, más pronto o más tarde, lograrían la capacidad necesaria para enviar misiones tripuladas a otros planetas. 
 

Dado que los nefilim buscaban un «hogar» adicional, debieron pensar que la Tierra era un lugar favorable. Sus tonos azules serían un indicio de que tenía agua y aire, sustentadores de vida; sus marrones revelaban tierra firme; sus verdes, vegetación y una base para la vida animal. Sin embargo, cuando los nefilim llegaron por fin a la Tierra, debió de parecerles un tanto diferente de lo que les hubiera parecido a unos astronautas en la actualidad, pues, cuando los nefilim llegaron aquí, la Tierra estaba en mitad de una época glacial, un período que se convertiría en una de las fases más congelantes y descongelantes del clima en la Tierra.

Primer período glacial -comenzó hace unos 600.000 años. 
Primer calentamiento (período interglacial) -hace 550.000 años. 
Segundo período glacial -hace 480.000 a 430.000 años.

Cuando los nefilim llegaron a la Tierra, hace unos 450.000 años, alrededor de la tercera parte del suelo firme estaba cubierto de capas de hielo y glaciares. Con tantas aguas de la Tierra heladas, las lluvias eran escasas, pero no en todas partes. Debido a las peculiaridades de los patrones de viento y al terreno, entre otras cosas, algunas zonas de la tierra que en la actualidad están bien provistas de agua eran estériles entonces, y algunas zonas que en la actualidad sólo tienen lluvias estacionales, tenían lluvias durante todo el año por aquel entonces. 
 

Los niveles del mar también eran más bajos, debido a la gran cantidad de agua capturada como hielo sobre las masas de tierra. Las evidencias indican que, durante las dos eras glaciales principales, los niveles del mar estaban entre 180 y 215 metros más bajos que en la actualidad. De ahí, que hubiera tierra firme donde ahora hay mares y costas. Donde los ríos seguían corriendo, creaban profundas gargantas y cañones, si sus cursos les llevaban por terrenos rocosos; si sus lechos discurrían por terrenos blandos y arcillosos, llegaban a los mares glaciares a través de inmensas tierras pantanosas. 
Llegando a la Tierra en mitad de una situación climática y geográfica de este tipo, ¿dónde iban a establecer su primera morada los nefilim? 
 

Sin duda, buscarían un lugar que tuviera un clima relativamente templado, donde unos simples refugios fueran suficientes, y donde se pudieran mover con ropas ligeras, y no con pesados trajes aislantes. También debieron buscar agua para beber, lavarse y otros propósitos industriales, así como para el sostenimiento de la vida vegetal y animal necesarias para la alimentación. Los ríos servirían tanto para facilitar la irrigación de grandes extensiones de tierra, como para proporcionar un medio de transporte adecuado. 
 

Sólo una estrechísima zona templada de la Tierra reunía todos estos requisitos, así como ofrecía los grandes terrenos llanos necesarios para los aterrizajes. Así pues, los nefilim centraron su atención, como ahora sabemos, en los tres principales sistemas fluviales y en sus llanuras: el Nilo, el Indo y el Tigris-Eufrates. Cada una de estas cuencas fluviales reunía las condiciones necesarias para la primera colonización; con el tiempo, cada una de ellas se convertiría en el centro de una antigua civilización. 
 

Los nefilim difícilmente habrían ignorado otra necesidad: una fuente de combustible y energía. En la Tierra, el petróleo ha sido una fuente versátil y abundante de energía, calor y luz, así como una materia prima vital en la elaboración de infinidad de bienes esenciales. Los nefilim, a juzgar por las prácticas y los registros sumerios, hicieron un amplio uso del petróleo y de sus derivados, y sería razonable pensar que, en su búsqueda del habitat más adecuado en la Tierra, los nefilim prefirieran un lugar rico en petróleo. 
 

Con esto en menté, probablemente dejarían el valle del Indo como última elección. Al valle del Nilo le darían el segundo lugar; geológicamente, se encuentra en una importante zona rocosa sedimentaria, pero el petróleo de la zona se encuentra a cierta distancia del valle y requiere de una profunda perforación. La Tierra de los Dos Ríos, Mesopotamia, era, sin duda, el lugar al que se le dio la primera posición. Uno de los campos petrolíferos más ricos del mundo se extiende desde el Golfo Pérsico hasta las montañas donde nacen el Tigris y el Eufrates. Y mientras que, en la mayoría de los lugares, uno tiene que perforar profundamente para sacar el crudo, en la antigua Sumer (ahora el sur de Iraq), los betunes, los alquitranes, las Peces y los asfaltos borboteaban o manaban en la superficie de forma natural. 
 

(No por casualidad, los sumerios tenían nombres para todas las sustancias bituminosas -petróleo, crudos, asfaltos naturales, rocas asfálticas, alquitranes, asfaltos pirogénicos, masillas, ceras y peces. Tenían nueve nombres diferentes para los distintos betunes. En comparación, en la lengua de los antiguos egipcios sólo había dos de éstos, y en sánscrito, tres.) 
El Libro del Génesis describe la morada de Dios en la Tierra -el Edén- como un lugar de clima templado, cálido aunque aireado, pues Dios salía a pasear por las tardes para refrescarse con ia brisa. Era un lugar con buena tierra, que se prestaba para la agricultura y la horticultura. Obtenía su agua de una red de cuatro ríos. «Y el nombre del tercer río [era] Hidekel [Tigris]; éste es el que fluye hacia el este de Asiria; y el cuarto era el Eufrates». 
 

En tanto que las opiniones referentes a la identidad de los dos primeros ríos, el Pishon («abundante») y el Gihon («el que mana») no son concluyentes, no existe duda con respecto a los otros dos, el Tigris y el Eufrates. Algunos estudiosos sitúan el Edén en el norte de Mesopotamia, donde tienen su origen los dos ríos y dos afluentes menores; otros (como E. A. Speiser, en The Rivers of Paradisé) creen que los cuatro ríos convergían en la cabecera del Golfo Pérsico, de manera que el Edén no estaba en el norte, sino en el sur de Mesopotamia. 
 

El nombre bíblico Edén es de origen mesopotámico, y proviene del acadio edinu, que significa «llano». Recordemos que el título «divino» de los dioses antiguos era DIN.GIR («los justos de los cohetes»). Un nombre sumerio para la morada de los dioses, E.DIN, habría significado «hogar de los justos», algo que se habría adaptado perfectamente a la descripción. 
 

La elección de Mesopotamia vendría probablemente motivada por, al menos, otra consideración importante. Aunque, con el tiempo, los nefilim construyeron un espaciopuerto en tierra firme, hay algunas evidencias que sugieren que, al menos al principio, amerizaban en el interior de una cápsula herméticamente cerrada. Si éste fue el caso, Mesopotamia ofrecía la proximidad no a uno, sino a dos mares –el Océano índico al sur y el Mediterráneo al oeste- de modo que, en caso de emergencia, el amerizaje no habría dependido de una sola opción. Como veremos, también era esencial una buena bahía o un golfo desde donde poder emprender grandes viajes. 
 

En textos y dibujos antiguos, a las naves de los nefilim se les llamaba inicialmente «barcos celestes». Uno puede imaginar que el aterrizaje de estos astronautas «marítimos» podría haberse descrito en los antiguos relatos épicos como la aparición de una especie de submarino de los cielos en el mar, del cual emergieran unos «hombres-pez» y desembarcaran. 
 

De hecho, los textos mencionan que algunos de los AB.GAL que gobernaban las naves espaciales iban vestidos como un pez. En un texto que habla de los viajes divinos de Ishtar, se nos muestra a ésta buscando al «Gran gallu» (navegante jefe), que se había ido en «un barco hundido». Beroso nos transmitió leyendas relativas a Oannes, el «Ser Dotado de Razón», un dios que apareció desde «el mar eri-treo que bordeaba Babilonia», en el primer año del descenso del Reino del Cielo. Beroso informó que, aunque Oannes parecía un pez, tenía una cabeza humana debajo de la cabeza de pez, y tenía pies humanos debajo de la cola de pez. «Su voz y su lengua también eran articulados y humanos». (Fig. 126) 
  
 

Los tres historiadores griegos, a través de los cuales sabemos lo que Beroso escribió, decían que estos hombres-pez divinos aparecían periódicamente, llegaban a la costa desde el «mar eritreo» -la masa de agua que conocemos ahora como Mar Arábigo (la parte occidental del Océano índico). 
 

¿Por qué amerizaban los nefilim en el Océano índico, a cientos de kilómetros del lugar elegido en Mesopotamia, en vez de en el Golfo Pérsico, que está mucho más cerca? Las crónicas antiguas confirman indirectamente nuestra conclusión de que los primeros aterrizajes tuvieron lugar durante, el segundo período .glacial, cuando el Golfo. Pérsico de hoy no era un mar, sino una gran extensión de tierras pantanosas y lagos poco profundos, en los cuales era imposible el amerizaje. 
 

Después de descender en el Mar Arábigo, los primeros seres inteligentes en la Tierra se trasladaron a Mesopotamia. Las tierras pantanosas se extendían más allá de lo que en la actualidad es la costa. Y allí, al filo de los pantanos, establecieron su primer asentamiento en nuestro planeta. 
 

Le llamaron E.RI.DU («casa construida en la lejanía»).¡Qué nombre más apropiado! 
 

Hasta el día de hoy, la palabra persa ordu significa «campamento». Es una palabra cuyo significado ha echado raíces en todos los idiomas: a la poblada Tierra se le llama Erde en alemán, Erda en antiguo alto alemán, Jórdh en islandés, Jord en danés, Airtha en gótico, Erthe en inglés medio; y volviendo, geográficamente y en el tiempo, «Tierra» -Earth en inglés- era Aratha o Ereds en arameo, Erd o Ertz en kurdo, y Eretz en hebreo. 
 

En Eridú, en el sur de Mesopotamia, los nefilim establecieron la Estación Tierra 1, un solitario puesto avanzado en un planeta medio congelado. (Fig. 127) 
  
 

Los textos sumerios, confirmados por las posteriores traducciones acadias, hacen una relación de asentamientos originales o «ciudades» de los nefilim en el orden en el que se fundaron. Incluso, se nos dice a qué dios se puso al cargo de cada uno de estos asentamientos. Un texto sumerio, que se cree que fue el original del acadio «Las Tablillas del Diluvio», dice lo siguiente al respecto de cinco de las primeras siete ciudades:

Después de que el reino fuera bajado desde el cielo, 
después de que la sublime corona, el trono del reino 
fuera bajado desde el cielo, 
él... perfeccionó los procedimientos, 
las divinas ordenanzas... 
Fundó cinco ciudades en lugares puros, 
les dio sus nombres, 
las dispuso como centros.

La primera de estas ciudades, ERIDÚ, 
se la dio a Nudimmud, el líder. 
La segunda, BAD-TIBIRA, 
se la dio a Nugig. 
La tercera, LARAK, 
se la dio a Pabilsag. 
La cuarta, SIPPAR, 
se la dio al héroe Utu. 
La quinta, SHURUPPAK, 
se la dio a Sud.

El nombre del dios que bajó el Reino desde el Cielo, planificó el asentamiento de Eridú y de cuatro ciudades más, y nombró a sus gobernadores o comandantes, desgraciadamente, se ha perdido. No obstante, todos los textos concuerdan en que el dios que caminó por el agua hasta la orilla de los pantanos y dijo «Aquí nos instalaremos» fue Enki, apodado «Nudimmud» («aquel que hace cosas») en el texto. 
 

Los dos nombres de este dios -EN.KI («señor del suelo firme») y E.A («cuya casa es el agua»)- eran de lo más apropiados. Eridú, que quedó como centro de culto y sede del poder de Enki a lo largo de toda la historia de Mesopotamia, se construyó sobre un terreno elevado artificialmente por encima de las aguas pantanosas. Las evidencias se encuentran en un texto llamado (por S. N. Kramer) «El Mito de Enki y Eridú»:

El señor de la profundidad acuosa, el rey Enki... 
construyó su casa... 
En Eridú construyó la Casa de la Ribera del Agua... 
El rey Enki... ha construido una casa: 
Eridú, como una montaña, 
ha elevado desde la tierra; 
en un buen lugar la ha construido.

Éste y otros textos, en su mayor parte fragmentarios, sugieren que una de las primeras preocupaciones de los «colonos» en la Tierra tuvo que ver con lagos poco profundos y ciénagas. «Él trajo...; estableció la limpieza de los ríos pequeños». El dragado de los lechos de riachuelos y afluentes para mejorar el flujo de las aguas se hizo con el propósito de drenar las ciénagas, conseguir agua limpia y potable, y poner en marcha un sistema de irrigación controlada. Las narraciones sumerias ofrecen indicios también del rellenado con tierra o de la construcción de diques para proteger las primeras casas de las omnipresentes aguas. 
 

Hay un texto, llamado por los expertos el «mito» de «Enki y la Ordenación de la Tierra», que es uno de los poemas narrativos sumerios más largos y mejor preservados que se hayan descubierto. El texto se compone de 470 líneas, de las cuales 375 son perfectamente legibles. Desgraciadamente, el inicio (unas 50 líneas) está roto. Los versos que siguen se dedican a la exaltación de Enki y al establecimiento de sus relaciones con Anu (su padre), la divinidad jefe, con Ninti (su hermana) y con Enlil (su hermano). 
 

Después de estas introducciones, el mismo Enki «coge el micrófono». Por fantástico que pueda parecer, lo cierto es que el texto viene a ser un informe en primera persona en el que Enki relata su llegada a la Tierra.

«Cuando llegué a la Tierra, 
estaba todo inundado. 
Cuando llegué a sus verdes praderas, 
montones y montículos se levantaron 
bajo mis órdenes. 
Construí mi casa en un lugar puro... 
Mi casa- 
su sombra se extiende sobre el Pantano de la Serpiente... 
las carpas agitan sus colas en él 
entre los pequeños juncos gizi-»

El poema pasa entonces a describir y registrar, en tercera persona , los logros de Enki. He aquí algunos versos seleccionados:

El marcó el pantano, 
puso en él carpa y... -pescado; 
Marcó el matorral de cañas, 
puso en él... -juncos y juncos verdes. 
A Enbilulu, el Inspector de Canales, 
lo puso al cargo de los pantanos. 
Fue él el que puso la red para que no escaparan los peces, 
de cuya trampa no... escapa, 
de cuyo cepo ningún pájaro escapa, . 
... el hijo de ... un dios al que le gustan los peces 
Enki puso al cargo de los peces y los pájaros.

A Enkimdu, el de la zanja y el dique, 
Enki lo puso al cargo de la zanja y el dique. 
Él cuyo ... molde dirige, 
a Kulla, el hacedor de ladrillos del País, 
Enki lo puso al cargo del molde y el ladrillo.

El poema enumera otros logros de Enki, entre los que se incluye la purificación de las aguas del Tigris y la unión (por medio de un canal) del Tigris y el Eufrates. Su casa, a la orilla del agua, tenía un embarcadero en el que podían amarrar embarcaciones y balsas de juncos, y desde el cual podía salir a navegar. No en vano, la casa se llamó E.ABZU («casa de lo Profundo»). El recinto sagrado de Enki en Eridú se conoció por este nombre durante milenios. 
 

No hay duda de que Enki y su grupo exploraron las tierras de alrededor de Eridú, pero parece que preferían viajar por el agua. La tierra pantanosa, dijo en uno de los textos, «es mi lugar preferido; extiende sus brazos hacia mí». En otros textos, se mostraba a Enki navegando por los pantanos en su embarcación, llamada MA.GUR (literalmente, «barco en el que se da una vuelta»), es decir, un barco de paseo. Él mismo nos cuenta que su tripulación «remaba al unísono». En momentos así, se confiesa, «los conjuros y las canciones sagradas henchían mi Profundidad Acuosa». Hasta se ha registrado un detalle menor, como el del nombre del capitán del barco de Enki. (Fig. 128) 
  
 

La lista de reyes sumerios indica que Enki y su primer grupo de nefilim estuvieron solos en la Tierra durante bastante tiempo. Ocho shar's (28.800 años) pasaron antes de que se nombrara al segundo comandante o «jefe de asentamiento». 
 

Si examinamos las evidencias astronómicas, nos encontraremos con algunos aspectos interesantes sobre este asunto. Los expertos se han mostrado un tanto desconcertados ante la aparente «confusión» sumeria sobre cuál de los doce signos del zodiaco estaba asociado a Enki. El signo de la cabra-pez, que representa a la constelación de Capricornio, estaba relacionado, según parece, con Enki (y, de hecho, puede explicar el epíteto del fundador de Eridú, A.LU.LIM, que podría significar «cordero de las aguas relucientes»). Sin embargo, a Ea/Enki se le solía representar sosteniendo ánforas de aguas fluentes -el original Portador del Agua, o Acuario; y, ciertamente, también era el Dios de los Peces, estando relacionado así con Piscis. 
 

A los astrónomos les resulta difícil explicar cómo los antiguos observadores del cielo pudieron ver en un grupo de estrellas el contorno de, digamos, unos peces o de un acarreador de agua. La respuesta que nos viene a la mente es que los signos del zodiaco no recibieron sus nombres por la forma que pudiera adoptar un grupo de estrellas, sino por el epíteto o actividad principal de un dios que estaría relacionado con el momento en el que el equinoccio vernal estaba en una zona zodiacal concreta. 
 

Si Enki llegó a la Tierra -como creemos- a finales de una Era de Piscis, presenció un cambio precesional a Acuario y permaneció durante un Gran Año (25.920 años) hasta el comienzo de una Era de Capricornio, entonces Enki fue, ciertamente, el único mando en la Tierra durante esos supuestos 28.800 años. 
 

El lapso de tiempo del que se habla nos confirma también en la idea de que los nefilim llegaron a la Tierra en mitad de una era glacial. El duro trabajo de levantamiento de diques y de excavación de canales comenzó cuando las condiciones climáticas aún eran severas. Pero a los pocos shar's de su aterrizaje, el período glacial comenzó a ceder terreno ante un clima más cálido y lluvioso (hace alrededor de 430.000 años). Fue entonces cuando los nefilim decidieron trasladarse tierra adentro y expandir sus asentamientos. Y, así, los anunnaki (los nefilim de base) nombraron al segundo comandante de Eridú, A.LAL.GAR («el que trajo descanso en tiempo de lluvia»). 
 

Pero, mientras Enki estaba afrontando las adversidades de un pionero en la Tierra, Anu y su otro hijo, Enlil, estaban observando los movimientos desde el Duodécimo Planeta. Los textos mesopotámicos dejan claro que el que estaba realmente al cargo de la misión Tierra era Enlil; y tan pronto como se tomó la decisión de seguir adelante en la misión, Enlil descendió a la Tierra. Para él se construyó EN.KI.DU.NU («Enki cava profundo») una base o asentamiento especial llamado Larsa. Cuando Enki se hizo cargo, personalmente, de la plaza, se le apodó ALIM («carnero»), coincidiendo con la «era» de la constelación zodiacal de Aries. 
 

La fundación de Larsa dio inicio a una nueva fase en la colonización de la Tierra por parte de los nefilim. Aquello marcó la decisión de proceder con los trabajos para los cuales habían venido a la Tierra, algo que precisaba del envío a nuestro planeta de más «mano de obra», herramientas y equipo, y el retorno de valiosos cargamentos al Duodécimo Planeta. 
 

Los amerizajes ya no resultaban adecuados para bajar cargas tan pesadas. Los cambios climáticos hicieron el interior más accesible; era el momento de llevar el lugar de aterrizaje al centro de Mesopotamia. En esta coyuntura, Enlil llegó a la Tierra y, desde Larsa, procedió a levantar un «Centro de Control de la Misión» -un sofisticado puesto de mando desde el cual los nefilim en la Tierra podrían coordinar los viajes espaciales a y desde su planeta materno, dirigir el aterrizaje de lanzaderas y perfeccionar sus despegues y atraques en la nave espacial que orbitaba la Tierra. 
 

El lugar que eligió Enlil para este propósito, conocido durante milenios como Nippur, fue llamado por él NIBRU.KI («el cruce de la Tierra»). (Recordemos que al punto celeste de mayor proximidad del Duodécimo Planeta a la Tierra se le llamó «Lugar Celeste del Cruce»). Allí estableció Enlil el DUR.AN.KI, el «enlace Cielo-Tierra». 
 

La tarea, como es lógico, era compleja y llevaba tiempo. Enlil se estableció en Larsa durante 6 shar's (21.600 años) mientras Nippur estaba en construcción. La empresa nippuriana también resultó larga, como evidencian los apodos zodiacales de Enlil. Simbolizado por el Carnero (Aries) mientras estuvo en Larsa, se le asoció posteriormente con el Toro (Tauro). Nippur se fundó en la «era» de Tauro. 
 

Un poema devocional compuesto como un «Himno a Enlil, el Bondadoso», y que glorifica a Enlil, a su consorte Ninlil, a su ciudad Nippur y a su «noble casa», el E.KUR, nos cuenta muchas cosas de Nippur. En primer lugar, Enlil tenía allí a su disposición algunos instrumentos altamente sofisticados: «un 'ojo' elevado que explora la tierra», y «un rayo elevado que busca el corazón de toda la tierra»-Nippur, nos dice el poema, estaba protegida con terribles armas: «Su sola visión inspira temor, pavor»; desde «su exterior, no se puede acercar ningún dios poderoso». Su «brazo» era una «vasta red», y en medio de ella se agazapaba un «pájaro de paso veloz», un «pájaro» de cuya «mano» no podía escapar el malvado. ¿Acaso estaba protegido el lugar con un rayo de la muerte o con un campo de energía eléctrico? ¿Había en el centro una plataforma para helicópteros, un «pájaro» tan rápido que uno no podía escapar a su alcance? 
 

En el centro de Nippur, en la cúspide de una plataforma elevada artificial, estaba el cuartel general de Enlil, el KI.UR («lugar de la raíz de la Tierra») -el lugar donde el «enlace entre el Cielo y la Tierra» se elevaba. Éste era el centro de comunicaciones del Control de la Misión, el lugar desde el cual los anunnaki de la Tierra se comunicaban con sus camaradas, los IGI.GI («los que dan la vuelta y ven») de la nave en órbita. 
 

En este centro, dice el antiguo texto, había un «alto pilar que llegaba hasta el cielo». Este altísimo «pilar», firmemente asentado en el suelo «como una plataforma que no se puede derribar», era utilizado por Enlil para «pronunciar su palabra» hacia el cielo. Es ésta una descripción muy sencilla de una torre de telecomunicaciones. Cuando la «palabra de Enlil» -sus órdenes- «llegaba al cielo, se derramaba abundancia en la Tierra». ¡Qué forma más sencilla de describir el flujo de materiales, alimentos especiales, medicinas y herramientas que bajaría la lanzadera, una vez se diera la «palabra» desde Nippur! 
 

En este Centro de Control sobre una plataforma elevada, la «noble (elevada) casa» de Enlil, había una misteriosa cámara llamada DIR.GA:

Tan misteriosa como las Aguas distantes, 
como el Cénit Celeste. 
Entre sus... emblemas, 
los emblemas de las estrellas. 
El ME lo lleva hasta la perfección. 
Sus palabras son para el pronunciamiento... 
Sus palabras son graciosos oráculos.

¿Qué era la DIR.GA? Una fractura en la antigua tablilla nos ha privado de más datos, pero su nombre habla por sí mismo, pues significa «la oscura cámara con forma de corona», un lugar donde se conservaban los mapas de las estrellas, donde se hacían predicciones, donde el me (las comunicaciones de los astronautas) se recibían y se transmitían. La descripción nos recuerda al Control de la Misión en Houston, Texas, monitorizando a los astronautas en sus misiones lunares, amplificando sus comunicaciones, siguiendo sus cursos en el cielo estrellado, dándoles «graciosos oráculos» de guía. 
 

Podríamos recordar aquí el relato del dios Zu, que llegó al santuario de Enlil y se llevó la Tablilla de los Destinos, tras lo cual «se suspendió la emisión de órdenes ... la sagrada cámara interior perdió su brillo ... se extendió la quietud ... el silencio se impuso». 
 

En «La Epopeya de la Creación», los «destinos» de los dioses planetarios eran sus órbitas. Sería razonable suponer que la Tablilla de los Destinos, que resultaba tan vital para las funciones del «Centro de Control de la Misión» de Enlil, controlara también las órbitas y los planes de vuelo de las naves espaciales que mantenían el «enlace» entre el Cielo y la Tierra. Quizás fuera la vital «caja negra» que contenía los programas de ordenador que guiaban a las naves espaciales, y que, sin la cual, el contacto entre los nefilim en la Tierra y su conexión con el Planeta Madre se interrumpía. 
 

La mayoría de los expertos toma el nombre de EN.LIL como «señor del viento», lo cual encaja con la teoría de que los antiguos «personificaban» los elementos de la naturaleza y asignaban a un dios la responsabilidad de los vientos y las tormentas. Sin embargo, algunos expertos han sugerido ya que, en este caso, el término LIL no significa viento tormentoso de la naturaleza, sino el «viento» que sale de la boca -un pronunciamiento, una orden, una comunicación hablada. Una vez más, los arcaicos pictogramas sumerios del término EN -concretamente, tal como se aplicaba en Enlil- y del término LIL arrojan luz sobre el tema, pues lo que vemos es una estructura con una alta torre de antenas que se eleva de ella, así como un artilugio que se parece mucho a las redes de un radar gigante de los que se construyen hoy para capturar y emitir señales -la «vasta red» descrita en los textos. (Fig. 129) 
  
 

En Bad-Tibira, fundada como centro industrial, Enlil puso al mando a su hijo Nannar/Sin; los textos hablan de él en la lista de las ciudades como de NU.GÍG («el del cielo nocturno»). Ahí, según creemos, nacieron los gemelos Inanna/Ishtar y Utu/Shamash -un acontecimiento señalado por asociar a su padre Nannar con la siguiente constelación zodiacal, Géminis (los Gemelos). Como dios entrenado en cohetería, a Shamash se le asignó la constelación GIR (que significa tanto «cohete» como la «pinza del cangrejo», o Cáncer), seguido por Ishtar y el León (Leo), sobre cuyo lomo se la solía representar. 
 

De la hermana de Enlil y Enki, de «la enfermera» Ninhursag (SUD), tampoco se olvidaron. Enlil puso a su cargo Shuruppak, el centró médico de los nefilim -un acontecimiento marcado por la asignación de su constelación «La Doncella» (Virgo). 
Mientras se fundaban estos centros, la finalización de Nippur vino seguida por la construcción del espaciopuerto de los nefilim en la Tierra. Los textos dejan claro que Nippur era el lugar donde las «palabras» -las órdenes- se pronunciaban; allí, cuando «Enlil ordenaba: '¡Hacia el cielo!'... al cual los brillos se elevaban como un cohete celeste». Pero la acción tenía lugar «donde Shamash se eleva», y ese lugar -el «Cabo Kennedy» de los nefilim- era Sippar, la ciudad de la que se encargaba el Jefe de las Águilas, donde los cohetes de varias fases se elevaban dentro de su enclave especial, dentro del «recinto sagrado». 
 

Cuando Shamash maduró para tomar el mando de los Cohetes ígneos y, con el tiempo, convertirse también en el Dios de la Justicia, se le asignaron las constelaciones de Escorpio y de Libra (Balanza). 
 

Completando la lista de las siete primeras Ciudades de los Dioses y su correspondencia con las doce constelaciones del zodiaco estaba Larak, donde Enlil puso al mando a su hijo Ninurta. Las listas de las ciudades le llaman PA.BIL.SAG («gran protector»), que es el mismo nombre que recibía la constelación de Sagitario.

Sería poco realista pensar que las siete primeras Ciudades de los Dioses se fundaron sin ton ni son. Estos «dioses», que eran capaces de viajar por el espacio, situaron los primeros asentamientos de acuerdo con un plan definido, sirviendo a una necesidad vital: poder aterrizar en la Tierra y poder abandonarla para volver a su planeta. 
 

¿Cuál era el plan maestro? 
 

Mientras buscamos una respuesta, nos haremos una pregunta: ¿Cuál es el origen del símbolo astronómico y astrológico de la Tierra, un círculo dividido en dos por una cruz en ángulo recto -el símbolo que utilizamos para identificar un «objetivo»? 
Este símbolo se remonta a los orígenes de la astronomía y la astrología en Sumer, y es idéntico al jeroglífico egipcio que significa «lugar»: 
  
 

¿Es esto una coincidencia, o una evidencia significativa? ¿Aterrizaban los nefilim en la Tierra sobre imponiendo sobre su imagen o mapa algún tipo de «objetivo»? 
  
 

Los nefilim eran forasteros en la Tierra. Mientras exploraban su superficie desde el espacio, debieron prestar especial atención a las montañas y a las cordilleras. Éstas debían representar cierto riesgo durante los aterrizajes y los despegues, pero también podían servir como puntos de referencia para la navegación. Si, mientras volaban por encima del Océano índico, los nefilim miraban hacia la Tierra entre los ríos que habían elegido para sus primeros esfuerzos colonizadores, verían un punto de referencia incontestable: el Monte Ararat. 
 

Un macizo volcánico extinto, el Ararat domina la meseta de Armenia, donde, en la actualidad, se encuentran las fronteras de Turquía, Irán y Armenia. Se eleva en los lados este y norte hasta los 900 metros de altitud, y en el noroeste hasta los 1.500 metros. El macizo tiene unos cuarenta kilómetros de diámetro, un inmenso torreón que emerge de la superficie de la Tierra. 
 

Otros rasgos lo hacen resaltar no sólo en el horizonte, sino también desde la altura, desde los cielos. En primer lugar, está situado casi a mitad de camino entre dos lagos, el Lago Van y el Lago Sevan. En segundo lugar, dos picos se elevan desde el alto macizo: el Pequeño Ararat (3.900 metros de altitud) y el Gran Ararat (5.100 metros -más de 5 kilómetros de alto). Ninguna otra montaña rivaliza con las solitarias alturas de estos dos picos, que están permanentemente cubiertos de nieve. Son como dos brillantes balizas entre los dos lagos que, a la luz del día, actúan como reflectores gigantes. 
 

Tenemos razones para creer que los nefilim eligieron su lugar de aterrizaje coordinando un meridiano norte-sur con un punto de referencia inequívoco y una conveniente situación fluvial. En el norte de Mesopotamia, los fácilmente identificables picos gemelos del Ararat serían un punto de referencia obvio. Un meridiano trazado a través del centro del doble Ararat cortaría por la mitad el Eufrates. Ése era el objetivo -el lugar seleccionado para el espaciopuerto. (Fig. 130) ¿Se podría aterrizar y despegar fácilmente de allí? 
  
 

La respuesta es Sí. El lugar elegido se encuentra en una llanura; las cordilleras que rodean Mesopotamia se encuentran a una distancia sustancial. Las más altas (al este, al nordeste y al norte) no interferirían con una lanzadera espacial que entrase desde el sudeste. 
 

¿Era accesible el lugar? Es decir, ¿se podían sacar de allí astronautas y materiales sin demasiadas complicaciones? 
Una vez más, la respuesta es Sí. El lugar era de fácil acceso por tierra y, a través del Eufrates, también por agua. 
Y, lo más importante: ¿Había en las cercanías alguna fuente de energía, de combustible que permitiera disponer de luz y de fuerza? La respuesta es un enfático Sí. La curva del río Eufrates donde se estableció Sippar era una de las fuentes más ricas de la antigüedad en betunes de superficie, productos del petróleo que manaban a través de pozos naturales y que se podían recoger de la superficie sin tener que cavar o perforar. 
 

Podemos imaginarnos a Enlil, rodeado por sus tenientes en el puesto de mando de la nave espacial, trazando la cruz dentro del círculo en un mapa. Quizás preguntara «¿Qué nombre le daremos al lugar?» 
 

«¿Por qué no Sippar?», podría haber respondido alguien. 
 

En los idiomas de Oriente Próximo, este nombre significa «ave». Sippar era el lugar donde las Águilas volvían al nido. 
¿Cómo tomarían tierra en Sippar las lanzaderas espaciales? 
 

Podemos visualizar a uno de aquellos navegantes del espacio anotando la mejor ruta. A la izquierda tenían el Eufrates, y la meseta montañosa al oeste de él; a la derecha, el Tigris, y los montes Zagros al este de él. Si la nave tenía que aproximarse a Sippar con un fácil ángulo de 45 grados con respecto al meridiano del Ararat, su rumbo le llevaría sin ningún tipo de complicación entre estas dos peligrosas áreas. Además, llegando a tierra con este ángulo, pasaría, más al sur, por encima de la punta rocosa de Arabia, aunque a gran altitud, y comenzaría a planear en sus maniobras de aproximación sobre las aguas del Golfo Pérsico. Tanto al ir como al venir, la nave se vería libre de todo tipo de obstáculos, tanto en su campo de visión como en sus comunicaciones con el Control de la Misión en Nippur. 
 

El teniente de Enlil podría hacer entonces un rápido esbozo -un triángulo de aguas y montañas a cada lado, apuntando como una flecha hacia Sippar. Una «X» marcaría Nippur, en el centro. (Fig. 131) 
  
 

Por increíble que parezca, este esbozo no lo hicimos nosotros; este dibujo estaba grabado en un objeto de cerámica desenterrado en Susa, en un estrato datado en los alrededores del 3200 a.C. Nos trae a la mente el planisferio que describía la ruta y el plan de vuelo, que estaba basado en segmentos de 45 grados. 
 

El establecimiento de asentamientos en la Tierra no es algo que los nefilim hicieran a la buena de Dios. Se estudiaron todas las alternativas, se evaluaron todos los recursos, se tuvieron en cuenta todos los riesgos; por otra parte, los mismos planos de cada asentamiento se trazaron con sumo cuidado para que todo se adaptara al patrón final, cuyo objetivo era perfilar el rumbo para la toma de tierra en Sippar. 
 

Nadie ha intentado ver con anterioridad un plan maestro en la dispersión de los asentamientos sumerios. Pero, si echamos un vistazo a las siete primeras ciudades que se fundaron, nos encontraremos con que Bad-Tibira, Shuruppak y Nippur están en una línea que corre, precisamente, en un ángulo de 45 grados con respecto al meridiano de Ararat, ¡y que la línea cruzaba el meridiano exactamente en Sippar! Las otras dos ciudades cuyos emplazamientos conocemos, Eridú y Larsa, se encuentran también en otra línea recta que cruza a la primera línea y al meridiano del Ararat, también en Sippar. 
 

Guiándonos por el antiguo esbozo, que hacía de Nippur el centro de un círculo, y dibujando círculos concéntricos desde Nippur a través de las distintas ciudades, nos encontramos con que otra antigua población sumeria, Lagash, estaba situada exactamente en uno de estos círculos -en una línea equidistante de la línea de los 45 grados, como la línea Eridú-Larsa-Sippar. La posición de Lagash es un reflejo simétrico de la de Larsa. 
 

Aunque la posición de LA.RA.AK («viendo el halo brillante») sigue siendo desconocida, el lugar lógico para ella estaría en el Punto 5, dado que, lógicamente, tuvo que haber allí una Ciudad de los Dioses, para completar la serie de ciudades en la ruta de vuelo central a intervalos de seis beru: Bad-Tibira, Shuruppak, Nippur, Larak, Sippar. (Fig. 132) 
  
 

Las dos líneas exteriores que flanquean la línea central que atraviesa Nippur, se desvían 6 grados a cada lado de ésta, actuando como bordes sudoeste y nordeste de la ruta de vuelo central. No por casualidad, el nombre de LA.AR.SA significaba «viendo la luz roja», y LA.AG.ASH significaba «viendo el halo en seis». Las ciudades que se encontraban a lo largo de cada línea estaban, de hecho, a seis beru (aproximadamente, sesenta kilómetros) de distancia entre ellas. 
 

Creemos que este era el plan maestro de los nefilim. Después de elegir la mejor situación para su espaciopuerto (Sippar), situaron el resto de asentamientos según un patrón que perfilaba la ruta de vuelo para llegar a él. En el centro, pusieron Nippur, donde estaba situado el «enlace Cielo-Tierra».

El hombre no podrá volver a ver ni las Ciudades de los Dioses originales ni sus ruinas, pues fueron destruidas por el Diluvio que barrería la Tierra tiempo después. Pero podemos saber mucho de ellas gracias a que el deber sagrado de los reyes mesopotámicos era reconstruir una y otra vez los recintos sagrados, exactamente en el mismo lugar y según los planos originales. Los reconstructores subrayaron su escrupulosa observancia de los planos originales en las dedicatorias inscritas, como se puede ver en una de ellas, (descubierta por Layard):

El imperecedero plano del terreno, 
aquel al cual, para el futuro, 
la construcción determinó 
[he seguido]. 
Es el que lleva 
los dibujos de los Tiempos de Antaño 
y las anotaciones del Cielo Superior.

Si, como sugerimos, Lagash era una de las ciudades que sirvieron como baliza de aterrizaje, gran parte de la información que nos proporciona Gudea desde el tercer milenio a.C. tendrá sentido. Gudea escribió que, cuando Ninurta le dio instrucciones para reconstruir el sagrado recinto, otro dios que le acompañaba le dio los planos arquitectónicos (dibujados en una tablilla de arcilla), y una diosa (que había «viajado entre el Cielo y la Tierra» en su «cámara») le mostró un mapa celeste y le dio instrucciones sobre los alineamientos astronómicos de la estructura. 
 

Además del «pájaro negro divino», en el recinto sagrado se instaló también «el ojo terrible» del dios («el gran rayo que somete al mundo a su poder») y el «controlador del mundo» (cuyo sonido podía «reverberar en todas partes»). Por último, cuando se terminó la estructura, se elevó sobre ella el «emblema de Utu», mirando «hacia el lugar elevado de Utu» -hacia el espaciopuerto de Sippar. Todos estos objetos brillantes eran importantes para las operaciones del espaciopuerto, pues el mismo Utu «apareció muy contento» para inspeccionar las instalaciones cuando estuvieron terminadas. 
 

Las representaciones sumerias primitivas suelen mostrar enormes estructuras, construidas en las épocas más primitivas con juncos y madera, que se levantaban en los campos entre el ganado que pastaba. La suposición común de que esas estructuras debían ser establos para el ganado se contradice con los pilares que, invariablemente, se ven sobresaliendo de los tejados de las estructuras. 
 

El propósito de estos pilares, como se puede ver, era el de dar soporte a uno o más pares de «anillos», cuya función se desconoce. Pero, aunque estas estructuras se levantaran en los campos, habría que preguntarse si en realidad se hicieron para alojar ganado. Los pictogramas sumerios (Fig. 133) representan la palabra DUR, o TUR (que significa «morada», «lugar de reunión») dibujando lo que, sin ninguna duda, representa a las mismas estructuras que se muestran en los sellos cilíndricos, pero dejando claro que el principal rasgo de la estructura no era el «cobertizo», sino las antenas. 
  
 

En la entrada de los templos y dentro del recinto sagrado de los dioses también se ponían pilares con «anillos». Así pues, no era ésta una costumbre exclusiva del campo. 
 

¿No serían estos objetos antenas conectadas a un equipo emisor? ¿No serían los anillos emisores de radar, situados en los campos para guiar a la lanzadera que llegaba? ¿Y no serían dispositivos de escáner aquellos pilares con algo parecido a un ojo, los «ojos que todo lo ven» de los dioses de los que muchos textos hablaban? 
 

Sabemos que el equipo al que todos estos dispositivos estaban conectados era transportable, pues en algunos sellos sumerios se representan «objetos divinos» con forma de caja que son llevados en embarcaciones o montados en animales de carga que, es de suponer, llevarían esos objetos tierra adentro después de la descarga de los barcos. (Fig. 134) 
  
 

Estas «cajas negras», por su aspecto, nos traen a la mente el Arca de la Alianza que construyera Moisés siguiendo las instrucciones de Dios. El cofre estaba hecho de madera, revestida de oro por ambos lados -dos superficies conductoras de la electricidad aisladas por la madera que había entre ellas. El kapporeth, también de oro, se colocaba encima del cofre y se sostenía con dos querubines de oro macizo. No está clara la naturaleza del kapporeth (que, según especulan los expertos, significaría «cubierta»), pero este versículo del Éxodo sugiere su propósito: «Me dirigiré a ti desde arriba del Kapporeth, de entre los dos querubines». 
 

La idea de que el Arca de la Alianza fuera, principalmente, una caja de comunicaciones alimentada eléctricamente se fortalece pe las instrucciones dadas en lo relativo a su transporte. Había que llevarla con dos largas varas de madera que debían pasar a través de cuatro anillos de oro. Nadie debía tocar el cofre en sí, y en cierta ocasión en que un israelita lo hizo, cayó muerto al instante -como si hubiera sido fulminado por una descarga eléctrica de alto voltaje. 
 

Es lógico que un equipo tan aparentemente sobrenatural -pues permitía comunicarse con la divinidad aunque la divinidad estuviera en algún otro lugar- se convirtiera en objeto de veneración, en un «símbolo de culto sagrado». Los templos de Lagash, Ur, Mari y de-otros lugares antiguos tenían, entre sus objetos devocionales, unos «ídolos ojo». El ejemplo más sobresaliente se encontraba en el «templo del ojo» de Tell Brak, en el noroeste de Mesopotamia. Este templo del cuarto milenio a.C. recibió este nombre no sólo por los centenares de símbolos del «ojo» que se desenterraron allí, sino, principalmente, porque en el lugar más sagrado del templo sólo había un altar sobre el que se exponía una enorme piedra con un «doble-ojo» simbólico. (Fig. 135) 
  
 

Muy probablemente, debía ser una simulación del verdadero objeto divino -el «terrible ojo» de Ninurta, o el del Centro del Control de la Misión de Enlil en Nippur, acerca del cual un antiguo escriba dijo: «Su elevado Ojo explora la tierra... Su elevado Rayo busca por la tierra». 
 

La llanura de Mesopotamia necesitaba, según parece, la elevación de plataformas sobre las cuales colocar el equipo relacionado con el espacio. Ni los textos ni las representaciones artísticas dejan duda de que las estructuras iban desde las más primitivas cabañas de campo hasta las posteriores plataformas de varios niveles a las que había que subir por escaleras o rampas que llevaban desde un amplio nivel inferior hasta un estrecho nivel superior, etc. En la cúspide del zigurat se construía la verdadera residencia del dios, rodeada por un amplio patio amurallado donde se albergaban su «pájaro» y sus «armas». En un zigurat que se representó en un sello cilíndrico no sólo se muestra la habitual construcción escalonada, sino también dos «antenas de anillo» con una altura similar a la de tres niveles. (Fig. 136) 
  
 

Marduk afirmaba que el zigurat y el recinto del templo de Babilonia (el E.SAG.IL) se habían construido siguiendo sus instrucciones, de acuerdo también con «la escritura del Cielo Superior». En una tablilla (conocida como la Tablilla de Smith), analizada por André Parrot (Ziggurats et Tour de Babel), se decía que el zigurat de siete niveles era un cuadrado perfecto, en el que su primer nivel o base tenía lados de 15 gar cada uno. Cada nivel era más pequeño en área y en altura, excepto el último nivel (la residencia del dios), que era de gran altura. Sin embargo, la altura total era otra vez de 15 gar, de modo que no sólo la estructura, al completo, era un cuadrado perfecto, sino también un cubo perfecto. 
 

El gar empleado en estas medidas era el equivalente a 12 cortos codos -aproximadamente 6 metros. Dos expertos, H. G. Wood y L. C. Stecchini, han demostrado que la base sexagesimal sumeria, el número 60, determinaba la totalidad de las principales medidas de los zigurats mesopotámicos. Así, cada lado medía 3 por 60 codos en su base, y el total era de 60 gar. Fig. 137 
  
 

Pero, ¿qué factor determinaba la altura de cada nivel? Stecchini descubrió que, si se multiplicaba la altura del primer nivel (5.5 gar) por codos dobles, el resultado era de 33, es decir, la latitud aproximada de Babilonia (32.5 grados Norte). Calculando del mismo modo, el segundo nivel elevaba el ángulo de observación a los 51 grados, y cada uno de los cuatro niveles siguientes lo elevaba otros 6 grados más. El séptimo nivel se levantaba, así, sobre la cima de una plataforma elevada a 75 grados por encima del horizonte de la latitud geográfica de Babilonia. Este último nivel añadía 15 grados más, permitiéndole al observador un ángulo de 90 grados. Stecchini llegó a la conclusión de que cada nivel actuaba como la plataforma de un observatorio astronómico, con una elevación predeterminada en función del arco del cielo. 
 

Claro está que pudieron haber más consideraciones «ocultas» en estas medidas. Aunque la elevación de 33 grados no era demasiado precisa para Babilonia, sí que lo era para Sippar. ¿Había alguna relación entre los 6 grados de elevación de cada uno de los cuatro niveles y los 6 beru de las distancias entre las Ciudades de los Dioses? ¿Había alguna relación entre los siete niveles y la situación de los siete primeros asentamientos, o con la posición de la Tierra como el séptimo planeta? 
G. Martiny (Astronomisches zur babylonischen Tumi) demostró que estas características de los zigurats los adecuaban para las observaciones celestes, y que el nivel más alto del zigurat de Esagila estaba orientado hacia el planeta Shupa (que nosotros hemos identificado con Plutón) y la constelación de Aries. (Fig. 138) 
  
 

Pero, ¿solamente se construyeron zigurats para observar las estrellas y los planetas, o también estaban pensados para servir a las naves espaciales de los nefilim? Todos los zigurats estaban orientados de modo que sus esquinas apuntaban exactamente al norte, al sur, al este y al oeste. Así pues, sus lados corrían precisamente en ángulos de 45 grados con respecto a las cuatro direcciones cardinales. Esto significa que una lanzadera espacial que llegara para tomar tierra podría seguir ciertos lados de los zigurats a lo largo, exactamente, de la ruta de vuelo -¡y alcanzar Sippar sin dificultad! 
 

El nombre acadio/babilonio de estas estructuras, zukiratu, significaba «tubo del espíritu divino». Los sumerios les llamaban ESH; este término significaba «supremo» o «lo más alto» -algo que, de hecho, sí que eran estas estructuras. También podía significar una entidad numérica relacionada con el aspecto «mensurable» de los zigurats. Y también significaba «una fuente de calor» («fuego» en acadio y hebreo). 
 

Ni siquiera los expertos que han tratado el tema sin nuestra interpretación «espacial» pueden evitar la conclusión de que los zigurats tenían algún propósito más que el de hacer un edificio de muchos pisos como morada para un dios. Samuel N. Kramer resumió el consenso académico así:

«El zigurat, la torre escalonada, que se convirtió en el sello distintivo de la arquitectura sagrada de Mesopotamia... pretendía servir de enlace, tanto en un sentido real como simbólico, entre los dioses en el cielo y los mortales en la tierra».

Sin embargo, nosotros hemos demostrado que la verdadera función de estas estructuras era conectar a los dioses en el Cielo con los dioses -no los mortales- en la Tierra.



EL MOTÍN DE LOS ANUNNAKI :

Después de que Enlil llegara a la Tierra en persona, el «Mando de la Tierra» fue transferido de Enki a Enlil. Es probable que fuera entonces cuando el epíteto o nombre de Enki se cambió por el de E.A («señor aguas»), en vez del de «señor tierra». 
 

Los textos sumerios explican que en época tan temprana como la de la llegada de los dioses a la Tierra, se acordó una separación de poderes: Anu permanecería en los cielos y gobernaría el Duodécimo Planeta, Enlil mandaría en las tierras y Enki se haría cargo del AB.ZU (apsu en acadio). Dejándose llevar por el «acuoso» significado del nombre E.A, los expertos tradujeron AB.ZU como «profundidad acuosa», suponiendo que, al igual que en la mitología griega, Enlil representaba al descomunal Zeus y Ea era el prototipo de Poseidón, Dios de los Océanos. 
 

En otros casos, se hacia referencia a los dominios de Enlil como los del Mundo Superior, y los de Ea como los del Mundo Inferior; una vez más, los expertos supusieron que Enlil controlaba la atmósfera de la Tierra, mientras que Ea era el soberano de las «aguas subterráneas» -el Hades griego en el que se supone que creían los mesopotámicos. El mismo término abismo (que se deriva de apsu) nos trae la idea de las aguas profundas, oscuras y peligrosas en las que uno se puede hundir y desaparecer. 
 

Así, a medida que se iban encontrando textos mesopotámicos que hablaban del Mundo Inferior, los expertos los iban traduciendo con el término Unterwelt («mundo subterráneo») o Totenwelt («mundo de los muertos»). 
 

Ha sido sólo en los últimos tiempos cuando los sumerólogos han mitigado de algún modo la ominosa connotación, traduciendo aquel término por la palabra netherworld. 
 

Los textos mesopotámicos que mayor responsabilidad tuvieron en esta mala interpretación fueron los que constituyeron la serie de liturgias que lamentaban la desaparición de Dumuzi, mejor conocido como el dios Tamuz de los textos bíblicos y cananeos. Fue con él con quien Inanna/Ishtar tuvo su amorío más famoso y, cuando desapareció, al que fue a buscar en el Mundo Inferior. 
 

El enorme Tammuz-Liturgen und Verwandtes de P. Maurus Witzel, una obra maestra sobre los «textos de Tamuz» sumerios y acadios, sólo ayudó a perpetuar el error. Los relatos épicos de la búsqueda de Ishtar se tomaron por un viaje «al reino de los muertos, y su posterior retorno a la tierra de los vivos». 
 

Los textos sumerios y acadios que describen el descenso de Inanna/Ishtar al Mundo Inferior nos dicen que la diosa decidió hacer una visita a su hermana Ereshkigal, señora del lugar. Ishtar no fue allí ni muerta ni contra su voluntad; fue viva y sin que la invitaran, abriéndose paso ante el guardián a base de amenazas:

Si no abres el pórtico para que pueda entrar, 
haré pedazos la puerta, destrozaré el cerrojo, 
haré pedazos las jambas, arrancaré las puertas.

Una a una, Ishtar abrió las siete puertas que llevaban a la morada de Ereshkigal y, cuando por fin llegó y Ereshkigal la vio, literalmente, montó en cólera (el texto acadio dice, «estalló en su presencia»). El texto sumerio, vago en cuanto al propósito del viaje o en cuanto a las causas de la ira de Ereshkigal, revela que Inanna esperaba este recibimiento, pues se esforzó por notificar su viaje con antelación al resto de divinidades principales, y se aseguró de que harían por rescatarla en caso de que fuera hecha prisionera en el «Gran Abajo». 
 

El esposo de Ereshkigal -y Señor del Mundo Inferior- era Nergal, El modo por el cual llegó al Gran Abajo y se convirtió en su señor no sólo ofrece luz sobre la naturaleza humana de los «dioses», sino que también nos demuestra que este mundo podía ser cualquier cosa menos un «mundo de los muertos». 
 

El relato, del cual se han encontrado varias versiones, comenzaba con un banquete en el cual los invitados de honor eran Anu, Enlü y Ea. El banquete se celebraba «en los cielos», pero no en la morada de Anu en el Duodécimo Planeta. Quizás tenía lugar a bordo de una nave orbital, pues cuando Ereshkigal no pudo ascender a reunirse con ellos, los dioses le enviaron un mensajero que «descendió la larga escalera de los cielos, llegó a la puerta de Ereshkigal». Tras recibir la invitación, Ereshkigal dio instrucciones a su consejero, Namtar:

«Asciende, Namtar, la larga escalera de los cielos; 
coge el plato de la mesa, toma mi parte; 
todo lo que Anu te dé, tráemelo a mí.»

Cuando Namtar entró en la sala del banquete, todos los dioses, excepto «un dios calvo, sentado en la parte de atrás», se levantaron para darle la bienvenida. Luego, cuando volvió al Mundo Inferior, Namtar informó del incidente a Ereshkigal. Ella y todos los dioses menores de sus dominios se sintieron insultados, y la diosa pidió que se le enviara al dios ofensor para castigarlo. 
 

Sin embargo, el ofensor era Nergal, hijo del gran Ea. Tras ser severamente reprendido por su padre, Nergal recibió instrucciones para que hiciera el viaje solo, armado nada más con un montón de consejos paternos sobre cómo comportarse. Cuando Nergal llegó a la puerta, Namtar lo reconoció y lo condujo al «amplio patio de Ereshkigal», donde fue sometido a varias pruebas. Más pronto o más tarde, Ereshkigal fue a tomar su baño diario.

... ella mostró su cuerpo. 
Lo que es normal para hombre y mujer, 
él... en su corazón ... 
... se abrazaron, 
apasionadamente yacieron en la cama.

Durante siete días y siete noches hicieron el amor. En el Mundo Superior, había saltado la alarma por el desaparecido Nergal. «Déjame ir», le dijo a Ereshkigal. «Iré y volveré», le prometió. Pero, tan pronto partió, Namtar fue a Ereshkigal y acusó a Nergal de no tener intención de volver. Una vez más, Namtar fue enviado arriba hasta Anu. El mensaje de Ereshkigal era claro:

Yo, tu hija, era joven; 
no he conocido el juego de las doncellas... 
Ese dios al que enviaste, 
y que ha tenido relaciones sexuales conmigo- 
Envíamelo, para que pueda ser mi marido, 
para que viva conmigo.

Sin tener en mente todavía la idea de casarse, Nergal organizó una expedición militar y asaltó las puertas de Ereshkigal, con la intención de «cortarle la cabeza». Pero Ereshkigal declaró:

«Sé mi marido y seré tu esposa. 
Te concederé el dominio 
sobre la amplia Tierra Interior. 
Pondré la Tablilla de la Sabiduría en tus manos. 
Tú serás Señor, yo seré Señora».

Y, entonces, llegó el final feliz:

Cuando Nergal escuchó sus palabras, 
tomó su mano y se la besó, 
enjugando sus lágrimas: 
«Lo que tú has deseado para mí 
desde hace meses -¡sea ahora!»

Los acontecimientos relatados no sugieren, en modo alguno, una Tierra de los Muertos. Todo lo contrario: era un lugar donde los dioses podían entrar e irse, un lugar donde se podía hacer el amor, un lugar lo suficientemente importante como para confiárselo, a una nieta de Enlil y a un hijo de Enki. Reconociendo que los hechos no apoyan la idea primitiva de una región sombría, W. F. Albright (Mesopotamian Elements in Canaanite Eschatology) sugirió que la morada de Dumuzi en el Mundo Inferior era «un hogar brillante y fértil en el paraíso subterráneo llamado 'la boca de los ríos', el cual estaba estrechamente asociado con el hogar de Ea en el Apsu». 
 

Era un lugar lejano y difícil de alcanzar, para poder estar seguro, una especie de «zona restringida», pero no era, ciertamente, un «lugar sin retorno». Al igual que Inanna, otras divinidades importantes también fueron a, y volvieron de, ese Mundo Inferior. Enlil fue desterrado al Abzu por un tiempo, después de violar a Ninlil. Y Ea se trasladaba constantemente entre Eridü en Sumer y el Abzu, llevando al Abzu «la artesanía de Eridú» y haciendo allí «un noble santuario» para sí mismo. 
 

Lejos de ser un lugar oscuro y desolado, fue descrito como un lugar brillante de aguas fluentes.

Una tierra rica, amada por Enki; 
rebosante de riquezas, perfecta en plenitud... 
Cuyo poderoso río recorre la tierra.

Hemos visto las muchas representaciones que hay de Ea como Dios de las Aguas Fluentes. En los textos sumerios se ve que estas aguas fluentes existieron realmente -no en Sumer y en sus llanuras, sino en el Gran Abajo. W. F. Albright llamó la atención sobre un texto que trata del Mundo Inferior como del País de UT.TU -«en el oeste» de Sumer. En él, se habla de un viaje de Enki al Apsu:

A ti, Apsu, tierra pura, 
donde fluyen con rapidez grandes aguas, 
a la Morada de las Aguas Fluentes 
el Señor acude... 
La Morada de las Aguas Fluentes 
Enki en las aguas puras se estableció; 
en medio del Apsu, 
un gran santuario estableció.

A decir de todos, el lugar se encontraba más allá del mar. En un lamento por «el hijo puro», el joven Dumuzi, se dice que fue llevado al Mundo Inferior en un barco. Un «Lamento sobre la Destrucción de Sumer» cuenta que Inanna se las ingenió para subir furtivamente en un barco. «De sus posesiones partió. Descendió al Mundo Inferior». 
 

Un largo texto, poco comprendido por causa de no haberse encontrado una versión intacta, trata de un gran conflicto entre Ira (título de Nergal como Señor del Mundo Inferior) y su hermano Marduk. Durante el transcurso del conflicto, Nergal dejó sus dominios y se enfrentó a Marduk en Babilonia; Marduk, por otra parte, le amenazó: «Al Apsu descenderé, a vigilar a los anunnaki... mis armas furiosas contra ellos levantaré». Para llegar al Apsu, Marduk dejó la Tierra de Mesopotamia y viajó sobre «aguas que se elevaban». Su destino era Arali, en el «basamento» de la Tierra, y los textos ofrecen una pista muy precisa sobre el lugar donde estaba este «basamento»:

En el distante mar, 
100 beru de agua [en la distancia]... 
El suelo de Arali [está] ... 
Está donde las Piedras Azules hacen enfermar, 
adonde el artesano de Anu 
lleva el Hacha de Plata, que brilla como el día.

El beru, tanto en su aspecto de unidad de medida terrestre como en el de cálculo de tiempo, se utilizaba, probablemente, en esta última faceta cuando se trataba de viajar por el agua. Como tal, consistía en una hora doble, de manera que cien beru significaría doscientas horas de navegación. No tenemos forma de determinar la velocidad de navegación media o supuesta que se empleaba en aquellos antiguos cálculos de distancias, pero no hay duda de que se podía alcanzar una tierra verdaderamente distante después de un viaje por mar de tres, cuatro o cinco mil kilómetros. 
 

Los textos indican que Arali estaba situada al oeste y al sur de Sumer. Un barco que viajara cuatro o cinco mil kilómetros en dirección sudoeste desde el Golfo Pérsico sólo podía tener un destino: las costas del sur de, África. 
 

Sólo una conclusión así puede explicar los términos de Mundo Inferior, dando a entender el hemisferio sur, donde se encontraba la Tierra de Arali; a diferencia del Mundo Superior, o hemisferio norte, donde estaba Sumer Esta división de los hemisferios terrestres entre Enlil (norte) y Ea (sur) se correspondería con la designación de los cielos septentrionales como el Camino de Enlil y los meridionales como el Camino de Ea. 
 

La habilidad de los Nefilim para emprender viajes interplanetarios, orbitar la Tierra y aterrizar en ella debería de obviar la cuestión de si pudieron haber conocido el sur de África, además de Mesopotamia. Muchos sellos cilíndricos, en los que se ven animales propios de la zona (como la cebra o el avestruz), escenas de la jungla o soberanos que llevan pieles de leopardo en la tradición africana, atestiguan una «conexión africana». 
 

¿Qué interés podrían tener los nefilim en esta parte de África, capaz de atraer el genio científico de Ea y de conceder a los importantes dioses encargados de la zona una única «Tablilla de la Sabiduría»? 
 

El término sumerio AB.ZU, que los expertos aceptan como «profundidad acuosa», precisa de un nuevo análisis crítico. Literalmente, el término significa «fuente profunda primitiva» -no necesariamente de aguas. Según las reglas gramaticales sumerias, cualquiera de las dos sílabas de cualquier término podía preceder a la otra sin cambiar el significado de la palabra, con lo que AB.ZU y ZU.AB significarían los mismo. Pero este término sumerio, en esta ultima forma, nos permite identificar su paralelo en las lenguas semitas, pues za-ab siempre significó y sigue significando «metal precioso»,concreta-mente «oro», en hebreo y en sus lenguas hermanas. 
 

El pictograma sumerio para AB.ZU era el de una profunda excavación en la Tierra, con un pozo encima. Así, Ea no era el señor de una indefinida «profundidad acuosa», ¡sino el dios encargado de la explotación de los minerales de la Tierra! (Fig.  139) 
  
 

De hecho, el griego abyssos, adoptado del acadio apsu, significa también un agujero sumamente profundo en el suelo. Los libros de texto acadios explicaban que «apsu es nikbu»; el significado de esta palabra, y el de su equivalente hebrea nikba, es muy preciso: un corte o perforación muy profunda en el suelo, hecha por el hombre. 
 

P. Jensen (Die Kosmologie der Babylonier) ya observó en 1890 que el término acadio Bit Nimiku no debería de traducirse como «casa de sabiduría», sino como «casa de profundidad». Jensen citaba un texto (V.R.30,49-50ab) que decía: «Es de Bit Nimiku de donde el oro y la plata vienen». Otro texto (III.R.57, 35ab), explicaba, según Jensen, que el nombre acadio «Diosa Shala de Nimiki» era la traducción del epíteto sumerio «Diosa Que Entrega el Brillante Bronce». El término acadio nimiku, que se ha traducido como «sabiduría», concluyó Jensen, «tiene que ver con los metales». Pero por qué, simplemente admitió, «no lo sé». 
 

Algunos himnos mesopotámicos a Ea lo ensalzan como Bel Nimiki, traducido «señor de la sabiduría»; pero la traducción correcta debería de ser, indudablemente, «señor de la minería». Del mismo modo que la Tablilla de los Destinos de Nippur contenía datos orbitales, la Tablilla de la Sabiduría confiada a Nergal y a Ereshkigal era, de hecho, una «Tablilla de la Minería», un «banco de datos» sobre las operaciones mineras de los nefilim. 
 

Como Señor del Abzu, Ea estaba asistido por otro dios, su hijo GI.BIL («el que quema el suelo»), que estaba a cargo del fuego y de la fundición. Al Herrero de la Tierra se le suele representar como a un dios joven cuyos hombros emiten rayos rojos y calientes o incluso chispas de fuego, un joven dios que emerge del suelo o está a punto de sumergirse en él. Los textos dicen que Ea remojó a Gibil en «sabiduría», queriendo decir en realidad que Ea le enseñó las técnicas de la minería. (Fig. 140) 
  
 

Él mineral de metal que los nefilim extraían en el sudeste de África era transportado hasta Mesopotamia en barcos de carga específicamente diseñados que recibían el nombre de MA.GUR UR.NU AB.ZU («barco para mineral del Mundo Inferior»). Desde allí, el mineral se llevaba hasta Bad-Tibira, cuyo nombre significa, literalmente, «la fundación de metalurgia». Fundido y refinado, el metal se vertía en lingotes que no cambiaron de forma durante milenios. Se han encontrado lingotes de estos en varias excavaciones de Oriente Próximo, confirmando la fiabilidad de los pictogramas sumerios como representaciones verdaderas de los objetos que plasmaban «por escrito»; el signo sumerio para el término ZAG («precioso purificado») era la imagen de un lingote. En épocas primitivas, parece ser que tenían un agujero que los recorría longitudinalmente, y por el cual se insertaba una vara. (Fig. 141) 
  
 

Varias representaciones de un Dios de las Aguas Fluentes le muestran flanqueado por porteadores de estos lingotes de metal precioso, indicando que era también el Señor de la Minería. (Fig. 142) 
  
 

Los diversos nombres y epítetos de la africana Tierra de las Minas de Ea están repletos de pistas sobre su localización y naturaleza. Fue conocida como A.RA.LI («lugar de las vetas brillantes»), la tierra de la que viene el mineral metalífero. Inanna, mientras estaba planeando su descenso al hemisferio sur, se refirió al lugar como la tierra donde «el metal precioso está cubierto de suelo» -está bajo tierra. Un texto del que informó Erica Reiner, en el que se hace una relación de montañas y ríos del mundo sumerio, dice: «Monte Arali: hogar del oro»; y en un texto fragmentario descrito por H. Radau, se confirma que Arali fue la tierra de la que dependía Bad-Tibira para seguir con sus trabajos. 
 

Los textos mesopotámicos hablan de la Tierra de las Minas como de una tierra montañosa, con mesetas y llanuras cubiertas de hierba, y con una exuberante vegetación. En los textos sumerios, se dice que la capital de Ereshkigal en aquella tierra estaba en el GAB.KUR.RA («en el pecho de las montañas»), tierra adentro. En la versión acadia del viaje de Ishtar, el guardián le da la bienvenida:

Entra mi señora, 
que Kutu se alegre por ti; 
que el palacio de la tierra de Nugia 
se alegre con tu presencia.

El término KU.TU, que en acadio transmite la idea de «aquello que está en el corazón de la tierra», tiene, en su origen sumerio, el significado de «las brillantes tierras altas». Era una tierra, todos los textos lo sugieren, con días brillantes, plenos de sol. Los términos sumerios para indicar el oro (KU.GI -«brillante fuera de la tierra») y la plata (KU. BABBAR -«oro brillante») conservaron la asociación original de los metales preciosos con los brillantes (ku) dominios de Ereshkigal.
 

Los signos pictográficos empleados en la primera escritura sumeria no sólo muestran una gran familiaridad con los distintos procesos metalúrgicos, sino también con el hecho de que el origen de los metales se encontraba en las minas que se hundían en la tierra. Los términos del cobre y del bronce («piedra bella y brillante»), del oro («el metal supremo de la mina») o de «refinado» (purificado-brillante») eran, todos ellos, variantes pictóricas del pozo de la mina («abertura/boca para el rojo-oscuro» metal). (Fig. 143) 
  
 

El nombre de la tierra -Arali- también se podía escribir como una variante del pictograma de «rojo-oscuro» (suelo), de Kush («rojo-oscuro», para, con el tiempo, significar «negro»), o de los metales que se extraían allí; los pictogramas siempre mostraban variantes del pozo de una mina. (Fig. 144) 
  
 

Las amplias referencias al oro y a otros metales en los textos antiguos sugieren cierta familiaridad con la metalurgia en tiempos primitivos. Ya existía un animado comercio de metales en los mismos inicios de la civilización, consecuencia del conocimiento que la Humanidad heredó de los dioses, que, según dicen los textos, ya estaban involucrados en la minería y en la metalurgia bastante antes de la aparición del Hombre. Muchos estudios en los que se vinculan los relatos divinos mesopotámicos con la lista bíblica de patriarcas antediluvianos señalan que, según la Biblia, Túbal Caín fue un «artífice del oro, el cobre y el hierro» mucho antes del Diluvio. 
 

En el Antiguo Testamento se habla de la tierra de Ofir, que estaba probablemente en algún lugar de África, como de una fuente de oro en la antigüedad. Los convoyes de barcos del rey Salomón partían de Esyón Guéber (la actual Elat) para atravesar el Mar Rojo. «E iban a Ofir y traían desde allí oro». Intentando evitar las demoras en la construcción del Templo del Señor en Jerusalén, Salomón llegó a un acuerdo con su aliado, Jiram, rey de Tiro, para mandar una segunda flota a Ofir por una ruta alternativa:

Y el rey tenía una flota de Tarsis en el mar 
con la flota de Jiram. 
Y cada tres años venía la flota de Tarsis, 
trayendo oro, plata, marfil, simios y monos.

A la flota de Tarsis le llevaba tres años completar el viaje. Contando con el tiempo necesario para cargar en Ofir, el viaje en cada dirección debió de durar algo más de un año. Esto sugiere una ruta mucho más indirecta que la ruta directa a través del Mar Rojo y el Océano índico -una ruta alrededor de África. (Fig. 145) 
  
 

La mayoría de los estudiosos sitúan Tarsis al oeste del Mediterráneo, posiblemente en o cerca del actual Estrecho de Gibraltar. Éste habría sido un lugar idóneo desde el cual embarcarse en un viaje alrededor del continente africano. Algunos creen que el nombre de Tarsis significaba «fundición». 
 

Muchos eruditos bíblicos han sugerido que habría que buscar Ofir en la actual Rhodesia. Z. Hermán (Peoples, Seas, Ships) reunió evidencias que demostraban que, en épocas primitivas, los egipcios obtenían diversos minerales en Rhodesia. En su búsqueda de oro, los ingenieros de minas de Rhodesia, al igual que los de Sudáfrica, han recurrido en muchas ocasiones a la búsqueda de evidencias de minería prehistórica. 
 

¿Cómo se llegaba a la morada que Ereshkigal tenía tierra adentro? ¿Cómo se transportaba el mineral desde el «corazón de la tierra» hasta los puertos de la costa? Conociendo la querencia de los nefilim por la navegación fluvial, no debería de sorprendernos que encontraran un río grande y navegable en el Mundo Inferior. El relato de «Enlil y Ninlil» nos dice que Enlil fue enviado al exilio en el Mundo Inferior. Y dice también que, cuando llegó allí, fue transportado en barco por un ancho río. 
En un texto babilonio que trata de los orígenes y el destino de la Humanidad, se nombra al río del Mundo Inferior como Río Habur, el «Río de los Peces y los Pájaros», y algunos textos sumerios apodan al País de Ereshkigal como «el País Pradera de HA.BUR». 
 

De los cuatro grandes ríos de África, uno, el Nilo, fluye hacia el Norte, hasta el Mediterráneo; el Congo y el Níger desembocan en ef Atlántico, por el oeste; y el Zambeze corre desde el corazón de África haciendo un semicírculo en dirección este hasta desembocar en la costa oriental. Tiene un amplio delta, con buenos puntos portuarios; es navegable tierra adentro a lo largo de varios centenares de kilómetros. 
 

¿Fue el Zambeze el «Río de los Peces y los Pájaros» del Mundo Inferior? ¿Fueron las majestuosas Cataratas Victoria las que se mencionan en un texto en el que se habla de la capital de Ereshkigal? 
 

Conscientes de que muchas minas prometedoras, «recientemente descubiertas» en el sur de África, habían sido puntos mineros en la antigüedad, la Anglo-American Corporation contrató a varios equipos de arqueólogos para examinar los lugares antes de que las modernas máquinas excavadoras barrieran con todos los rastros de antiguas obras. Dando cuenta de sus descubrimientos en la revista Óptima, Adrián Boshier y Peter Beaumont decían haberse encontrado con capas y más capas de actividades mineras antiguas y prehistóricas, así como de restos humanos. La datación por radiocarbono realizada en la Universidad de Yale (Estados Unidos) y en la Universidad de Groningen (Holanda) estableció la edad de los objetos en un rango que iba desde los plausibles 2000 a.C. hasta los asombrosos 7690 a.C. 
 

Intrigados por la inesperada antigüedad de los descubrimientos, el equipo de arqueólogos amplió su área de trabajo. En la base de un despeñadero de las escabrosas vertientes occidentales del Pico del León, una losa de cinco toneladas de hematites bloqueaba el acceso a una caverna. Los restos de carbón dataron las operaciones mineras en el interior de la caverna entre el 20.000 y el 26.000 a.C. 
 

¿Acaso era posible la minería de metales durante la Edad de Piedra Antigua, durante el Paleolítico? Incrédulos, los expertos excavaron un pozo en un punto donde, aparentemente, los antiguos mineros habían comenzado sus operaciones. Se envió una muestra de carbón encontrada allí al laboratorio de Groningen. ¡La datación se remontó al 41.250 a.C, con un margen de error de más o menos 1.600 años! 
 

Los científicos sudafricanos se pusieron a investigar entonces en los lugares mineros prehistóricos del sur de Swazilandia. Fue entonces cuando en el interior de las cavernas mineras descubiertas, encontraron ramitas, hojas, hierbas e incluso plumas -todo ello llevado allí, presumiblemente, por los antiguos mineros para hacerse un lecho. En el nivel del 35.000 a.C, encontraron huesos con muescas, lo cual «indica la habilidad del hombre para contar en un período tan remoto». Otros restos remontaron la edad de los objetos hasta los alrededores del 50.000 a.C. 
 

Creyendo que «la verdadera edad de comienzo de la minería en Swazilandia es más probable que esté en el orden del 70.000-80.000 a.C», los dos científicos sugirieron que «el sur de África... bien pudo estar a la vanguardia de la invención y la innovación tecnológica durante gran parte del período posterior al 100.000 a.C.» 
 

Comentando los descubrimientos, el Dr. Kenneth Oakley, antiguo antropólogo jefe del Museo de Historia Natural de Londres, le dio una trascendencia diferente a los descubrimientos. «Esto arroja una luz importante sobre los orígenes del Hombre... es posible que el sur de África fuera el hogar evolutivo del Hombre», el «lugar de nacimiento» del Homo sapiens.
Como veremos, fue ciertamente allí donde apareció el Hombre moderno en la Tierra, a través de una cadena de acontecimientos que se desencadenó con la búsqueda de metales por parte de los dioses.

Tanto los serios científicos como los escritores de ciencia-ficción han sugerido que una buena razón para el establecimiento de asentamientos en otros planetas o asteroides sería la disponibilidad de minerales poco comunes en esos cuerpos celestes, minerales que podrían ser muy escasos o demasiado costosos de extraer en la Tierra. ¿Pudo ser este el propósito de los nefilim al colonizar la Tierra? 
 

Los estudiosos modernos dividen las actividades del Hombre en la Tierra en Edad de Piedra, Edad del Bronce, Edad del Hierro, etc.; sin embargo, en la antigüedad, el poeta griego Hesíodo, por ejemplo, hizo una lista de cinco edades -Dorada, Plata, Bronce, Heroica y del Hierro. Excepto por la Edad Heroica, todas las tradiciones de la antigüedad aceptaban la secuencia oro-plata-cobre-hierro. El profeta Daniel tuvo una visión en la cual vio «una gran imagen» con la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre de latón, las piernas de hierro y los pies de arcilla. 
 

En el mito y el folklore abundan los recuerdos vagos de una Edad de Oro, asociada a una época en la que los dioses vagaban por la Tierra, seguida por una Edad de Plata y, después, por las edades en las que dioses y hombres compartían la Tierra -la Edad de los Héroes, del Cobre, del Bronce y del Hierro. ¿No serán estas leyendas recuerdos vagos de acontecimientos reales ocurridos en la Tierra? 
 

El oro, la plata y el cobre son elementos que pertenecen al grupo del oro. Están en la misma familia en la tabla periódica, por número y peso atómico; tienen propiedades cristalográficas, químicas y físicas similares -todos son suaves, maleables y dúctiles. De todos los elementos conocidos, éstos son los mejores conductores del calor y la electricidad. 
 

De los tres, el oro es el más duradero, virtualmente indestructible. Aunque se le conoce mejor por su utilización en forma de dinero, en joyería o en objetos finos, es casi inestimable en la industria electrónica. Una sociedad sofisticada necesita oro para sus montajes en microelectrónica, circuitos y «cerebros» computerizados. 
 

El capricho del Hombre por el oro se remonta a los comienzos de la civilización y de la religión -a sus contactos con los antiguos dioses. Los dioses de Sumer exigían que se les sirvieran los alimentos en bandejas de oro, el agua y el vino en vasos de oro, y que se les vistiera con vestidos dorados. Aunque los israelitas dejaron Egipto con tal premura que no tuvieron tiempo para coger su levadura de pan, sí que se les ordenó que pidieran a los egipcios todo tipo de objetos de plata y oro. Este mandato, como veremos más tarde, preveía la necesidad que de estos materiales tendrían a la hora de construir el Tabernáculo y sus pertrechos electrónicos. 
 

El oro, al que podemos llamar metal regio, era, de hecho, el metal de los dioses. Dirigiéndose al profeta Ageo, el Señor dejó claro, hablando de su retorno para juzgar a las naciones: «Mía es la plata y mío el oro». 
 

Las evidencias sugieren que el capricho del Hombre por estos metales tiene sus raíces en la gran necesidad de oro que tenían los nefilim. Éstos, según parece, vinieron a la Tierra a por oro y sus metales asociados. También puede que vinieran en busca de otros metales poco comunes, como el platino (abundante en el sur de África), que potencia las pilas de combustible de una forma extraordinaria. Y tampoco se puede descartar la posibilidad de que vinieran a la Tierra en busca de fuentes de minerales radiactivos, como el uranio o el cobalto -las «piedras azules que hacen enfermar» del Mundo Inferior, de las que se hace mención en algunos textos. En muchas representaciones se ve a Ea -como Dios de la Minería- emitiendo tan poderosos rayos al salir de una mina que los dioses que le asisten tienen que usar pantallas protectoras; en todas estas representaciones, se muestra a Ea sosteniendo una sierra de roca de minero. (Fig. 146) 
  
 

Aunque Enki estaba al cargo del primer grupo que aterrizó y del desarrollo del Abzu, los méritos de lo conseguido -como en el caso de cualquier general- no se le deben atribuir sólo a él. Los que realmente hicieron el trabajo, día a día, fueron los miembros de menor grado del grupo que aterrizó, los anunnaki. 
 

Un texto sumerio describe' la construcción del centro de Enlil en Nippur. «Los Annuna, dioses del cielo y la tierra, están trabajando. En las manos sostienen la piqueta y la cesta porteadora, con las que hacen los cimientos de las ciudades». 
Los textos antiguos describían a los anunnaki como los dioses de base que se habían involucrado en la colonización de la Tierra, los dioses «que hacían los trabajos». En «La Epopeya de la Creación» se dice que fue Marduk el que les asignó a los anunnaki sus tareas. (Podemos suponer, sin riesgo a equivocarnos, que en el original sumerio se cita a Enlil como al dios que comandó a estos astronautas.)

Asignados a Anu, para seguir sus instrucciones, 
trescientos en los cielos estacionó como guardia; 
los caminos de la Tierra para definir desde el Cielo; 
y sobre la Tierra, 
a seiscientos hizo residir. 
Después de ordenarles a todos sus instrucciones, 
a los Anunnaki del Cielo y de la Tierra 
él les asignó sus tareas.

Los textos revelan que trescientos de ellos -de los «Anunnaki del Cielo» o Igigi- eran, ciertamente, astronautas que permanecían a bordo de las naves espaciales sin llegar a aterrizar en la Tierra. En órbita alrededor de la Tierra, estas naves espaciales lanzaban y recibían las lanzaderas hacia y desde la Tierra. 
 

Como jefe de las «Águilas», Shamash era bienvenido como un invitado heroico a bordo de la «poderosa gran cámara en el cielo» de los igigi. En un «Himno a Shamash» se describe cómo veían los igigi a Shamash mientras este se aproximaba en su lanzadera:

Con tu aparición, todos los príncipes se alegran; 
todos los Igigi se regocijan contigo... 
Ante el brillo de tu luz, su sendero... 
Ellos buscan constantemente tu resplandor 
Abierta de par en par está la puerta, enteramente... 
Las ofrendas de pan de todos los Igigi [te esperan].

Al estar allí arriba, parece ser que la Humanidad nunca se encontró con los igigi. En varios textos se dice que éstos estaban «demasiado altos para la Humanidad» y, como consecuencia de ello, «no se preocupaban por la gente». Por otra parte, los anunnaki, que aterrizaron y se quedaron en la Tierra, fueron conocidos y reverenciados por la Humanidad. Los textos que dicen que «los Anunnaki del Cielo ... eran 300» afirman también que «los Anunnaki de la Tierra ... eran 600». 
No obstante, muchos textos insisten en hablar de los Anunnaki como de los «cincuenta grandes príncipes». La ortografía normal de su nombre en acadio, An-nun-na-ki, muestra claramente el significado de «los cincuenta que vinieron del Cielo a la Tierra». ¿Existe algún modo de conciliar esta aparente contradicción? 
 

Recordemos el texto donde se cuenta que Marduk fue apresuradamente a ver a su padre Ea para informarle de la pérdida de una nave que llevaba «a los Anunnaki que eran cincuenta» cuando pasaban por las cercanías de Saturno. El texto de un exorcismo que data de la tercera dinastía de Ur nos habla de los anunna eridu ninnubi («los cincuenta Anunnaki de la ciudad de Eridú»). Esto nos da a entender que el grupo de nefilim que fundó Eridú bajo el mando de Enki sumaban cincuenta. ¿No sería, pues, cincuenta el número de nefilim que llegaba en cada grupo de aterrizaje? 
 

Resulta, según creemos, bastante concebible que los nefilim llegaran a la Tierra en grupos de cincuenta. A medida que las visitas a la Tierra se hicieran regulares, coincidiendo con las oportunas épocas de lanzamiento desde el Duodécimo Planeta, irían llegando más nefilim. En cada ocasión, algunos de los que habían llegado primero ascenderían en un módulo terrestre y se reunirían en la nave espacial para un viaje a casa. Pero, con el tiempo, iría aumentando el número de nefilim que permanecía en la Tierra, y el número de astronautas del Duodécimo Planeta que se quedaba para colonizar la Tierra iría creciendo desde el grupo inicial de cincuenta hasta los «600 que en la Tierra se establecieron».

¿Cómo iban a llevar a cabo su misión los nefilim -es decir, extraer los minerales deseados de la Tierra y enviar los lingotes al Duodécimo Planeta- con tan pequeño número de manos? 
 

Indudablemente, contaban con sus conocimientos científicos. Es ahí donde todo el valor de Enki se pone de manifiesto, el motivo para que fuera él, en vez de Enlil, el primero en aterrizar, y el motivo para que se le asignara a él el Abzu. 
 

Un famoso sello, que se exhibe ahora en el Museo del Louvre, muestra a Ea con sus habituales aguas fluentes, pero, en este caso, las aguas parecen manar, o filtrarse a través, de una serie de matraces de laboratorio. (Fig. 147) 
  
 

Esta antigua interpretación de la asociación de Ea con las aguas plantea la posibilidad de que los nefilim esperaran, en un primer momento, obtener sus minerales del mar. Las aguas del océano contienen enormes cantidades de oro y otros minerales vitales, pero están tan diluidos que se necesitarían técnicas sumamente sofisticadas y baratas para justificar esa «minería acuática». Se sabe también que los fondos marinos contienen inmensas cantidades de minerales en forma de nódulos del tamaño de ciruelas -sólo disponibles si uno puede llegar hasta esas profundidades y recogerlos. 
 

Los textos antiguos hablan repetidamente de un tipo de barco que utilizaban los dioses y al que llamaban elippu tebiti («barco hundido» -lo que llamaríamos ahora un submarino). Ya hemos visto a los «hombres-pez» que tenía asignados Ea. ¿Serán acaso evidencias de los esfuerzos por sumergirse en las profundidades del océano con el fin de extraer sus riquezas minerales? Al País de las Minas, ya lo hemos dicho, se le llamó primero A.RA.LI -«lugar de las aguas de las vetas brillantes». Quizás significara una tierra donde el oro se pudiera cribar en los ríos; aunque también se podría referir a la obtención del oro en los mares. 
 

Si estos fueron los planes de los nefilim, parece ser que fracasaron, pues, poco después de haber establecido sus primeros asentamientos, a esos pocos cientos de anunnaki se les dio una tarea inesperada y mucho más ardua: la de bajar a las profundidades de la tierra de África y extraer los minerales necesarios de allí. 
 

En muchos sellos cilíndricos se han encontrado representaciones en las que se ve a los dioses en lo que parecen ser entradas a minas o pozos mineros; en una de ellas, se ve a Ea en un lugar donde Gibil está por encima del suelo y otro dios trabaja bajo el suelo agachado. (Fig.148) 
  
 

En épocas posteriores, según nos desvelan los textos babilonios y asidos, los hombres -jóvenes y viejos- eran condenados a trabajar en las minas del Mundo Inferior. Trabajando en la oscuridad y comiendo tierra, estaban condenados a no volver nunca más a su hogar. Éste es el motivo por el cual el epíteto sumerio de aquel país -KUR. UN.GI.A- adquirió la interpretación de «país sin retorno»; su significado literal era «país donde los dioses-que-trabajan, en profundos túneles amontonan [los minerales]». Todas las fuentes antiguas atestiguan que el Hombre no estaba aún en la Tierra en la época en la '' que los nefilim se establecieron en ella; y, al no haber Humanidad, los pocos anunnaki que había en el planeta tenían que trabajar en las minas. Ishtar, cuando bajó al Mundo Inferior, comentó que los atareados anunnaki comían sus alimentos mezclados con barro y bebían agua enfangada. 
 

Con esta panorámica, no nos costará comprender un texto épico titulado (por el versículo con el que comienza, como era la costumbre), «Cuando los dioses, al igual, que los hombres, tenían que trabajar». 
 

Recomponiendo gran cantidad de fragmentos de versiones babilonias y asirías, W. G. Lambert y A. R. Millard (Atra-Hasis: The Babylonian Story of the Flood) pudieron ofrecer un texto continuo. Estos investigadores llegaron a la conclusión de que el relato se basaba en versiones sumerias más antiguas y, posiblemente, en una tradición oral aún más primitiva sobre la llegada de los dioses a la Tierra, la creación del Hombre y su destrucción con el Diluvio. 
 

Muchos de los versículos sólo tienen valor literario para sus traductores, pero para nosotros resultan altamente significativos, pues corroboran los descubrimientos y conclusiones que hemos expuesto en los capítulos precedentes. Por otra parte, explican también las circunstancias que llevaron al motín de los anunnaki. 
 

La historia comienza cuando sólo los dioses vivían en la Tierra:

Cuando los dioses, al igual que los hombres, 
tenían que trabajar y sufrir la labor-la labor 
de los dioses era grande, 
el trabajo era pesado, 
la aflicción era mucha.

En aquel tiempo, relata la epopeya, las divinidades principales se habían repartido ya los mandos entre ellos.

Anu, padre de los Anunnaki, era su Rey Celestial; 
su Lord Canciller era el guerrero Enlil. 
Su Oficial Jefe era Ninurta, 
y su Alguacil era Ennugi. 
Los dioses habían unido sus manos, 
habían echado suertes y habían dividido. 
Anu se había vuelto al cielo, 
[dejó] la tierra a sus subditos. 
Los mares, encerrados como con un lazo, 
se los habían dado a Enki, el príncipe.

Se establecieron siete ciudades, y el texto hace referencia a siete anunnaki que fueron comandantes de ciudad. La disciplina debió ser estricta, pues el texto nos cuenta que «Los siete Grandes Anunnaki. fueron los que hicieron que los dioses menores sufrieran el trabajo». 
 

De todas las tareas que se les encomendaron, parece ser que la más común, la más ardua y la más aborrecida fue la de cavar. Los dioses menores cavaron los lechos de los ríos para hacerlos navegables, cavaron canales para la irrigación y cavaron en el Apsu para sacar minerales de la Tierra. Aunque disponían, indudablemente, de algunas herramientas sofisticadas -los textos hablan del «hacha de plata que brilla como el día», incluso bajo tierra- el trabajo era demasiado exigente. Durante mucho tiempo -durante cuarenta «períodos», para ser exactos- los anunnaki «sufrieron la labor»; y, después, gritaron: ¡Basta!

Ellos se quejaban, murmuraban, 
refunfuñaban en las excavaciones.

La oportunidad para el motín se les presentó, según parece, durante una visita de Enlil a la zona minera. No desperdiciaron la ocasión, y los anunnaki se dijeron unos a otros:

Hagamos frente a nuestro... el Oficial Jefe, 
que nos libere de nuestro pesado trabajo. 
Al rey de los dioses, al héroe Enlil, 
¡vamos a enervarle en su morada!

No tardaron en encontrar a un líder u organizador del motín. Era el «oficial jefe antiguo», que guardaba rencor contra el actual oficial jefe. Su nombre, por desgracia, está roto; pero su arenga está bastante clara:

«Así pues, proclamad la guerra; 
vamos a combinar las hostilidades y la batalla».

La descripción del motín es tan vivida que le recuerda a uno las (escenas de la toma de la Bastilla:

Los dioses siguieron sus palabras. 
Prendieron fuego a sus herramientas; 
fuego a sus hachas prendieron; 
llevaron a mal traer al dios de la minería en los túneles; 
lo atraparon mientras iban 
a la puerta del héroe Enlil.

El drama y la tensión de los acontecimientos que se exponen recobran la vida en las palabras del antiguo poeta:

Era de noche, en mitad de la guardia. 
Su casa estaba rodeada-pero el dios Enlil, no lo sabía. 
Kalkal [entonces] observó algo, estaba inquieto. 
Pasó el cerrojo y vigiló...

Kalkal despertó a Nusku; 
escucharon el ruido de... 
Nusku despertó a su señor- 
le hizo salir de la cama, [diciendo]: 
«Mi señor, la casa está rodeada, 
la batalla ha llegado hasta la puerta».

La primera reacción de Enlil fue la de tomar las armas contra los amotinados. Pero Nusku, su canciller, le sugirió un Consejo de los Dioses:

«Transmite un mensaje para que Anu baje; 
que traigan a Enki a tu presencia». 
Él transmitió y Anu bajó; 
Enki también fue traído a su presencia. 
Con el gran Anunnaki presente, 
Enlil apareció ... abrió su boca 
y se dirigió a los grandes dioses.

Haciéndose cargo personalmente del motín, Enlil exigió saber:

«¿Es contra mí contra quien se hace? 
¿Debo entablar hostilidades...? 
¿Qué han visto mis propios ojos? 
¡La batalla ha llegado hasta mi propia puerta!»

Anu sugirió que se llevara a cabo una investigación. Revestido con la autoridad de Anu y de otros comandantes, Nusku fue hasta los amotinados, que estaban acampados. «¿Quién es el instigador de la batalla?», preguntó. «¿Quién es el provocador de las hostilidades?» 
 

Los anunnaki se pronunciaron a una:

«¡Cada uno de nosotros ha declarado la guerra! 
Tenemos nuestro ... en las excavaciones; 
el exceso de fatigas nos ha matado, 
nuestro trabajo era pesado, la aflicción mucha».

Cuando Enlil escuchó de Nusku la relación de quejas, «le corrieron las lágrimas». Enlil presentó un ultimátum: o se ejecutaba al líder de los amotinados o él dimitía. «Coge el cargo, recupera tu poder», le dijo a Anu, «te seguiré al cielo». Pero Anu, que había bajado del Cielo, se puso del lado de los anunnaki:

«¿De qué los estamos acusando? 
¡Su trabajo era pesado, su aflicción era mucha! 
Cada día... 
El lamento era pesado, podríamos escuchar la queja.»

Animado por las palabras de su padre, Ea también «abrió la boca» y repitió el resumen de Anu. Pero tenía una solución que ofrecer: ¡que se cree un lulu, un «Trabajador Primitivo»!

«Mientras la Diosa del Nacimiento esté presente 
que cree un Trabajador Primitivo; 
que lleve él el yugo. 
¡Que cargue él con el duro trabajo de los dioses!»

La sugerencia de que se creara un «Trabajador Primitivo» para que asumiera la carga del trabajo de los anunnaki se aceptó con rapidez. Los dioses votaron, unánimemente, crear «El Trabajador». «'Hombre' será su nombre», dijeron:

Convocaron a la diosa y le preguntaron, 
la comadrona de los dioses, la sabia Mami, 
[y le dijeron:] 
«Tú eres la Diosa del Nacimiento, ¡crea Trabajadores! 
¡Crea un Trabajador Primitivo, 
que pueda llevar el yugo! 
Que lleve el yugo encomendado por Enlil, 
¡Que El Trabajador cargue con el trabajo duro de los dioses!»

Mami, la Madre de los Dioses, dijo que necesitaría la ayuda de Ea, «con el cual se halla la habilidad». En la Casa de Shimti, algo parecido a un hospital, los dioses esperaban. Ea ayudó a preparar la mezcla de la que la Diosa Madre procedería a forjar al «Hombre». Las diosas del nacimiento estaban presentes. La Diosa Madre siguió trabajando mientras se recitaban ensalmos incesantemente. Al final, gritó triunfante:

«¡He creado! 
¡Mis manos lo han hecho!»

Ella «convocó a los anunnaki, a los Grandes Dioses... abrió su boca, se dirigió a los Grandes Dioses»:

«Me mandasteis una tarea- 
La he terminado... 
Os he quitado el duro trabajo 
he impuesto vuestra labor a El Trabajador, 'Hombre'. 
Levantasteis un grito por un Trabajador: 
He soltado el yugo, 
os he dado la libertad.»

Los anunnaki recibieron su anuncio con entusiasmo. «Ellos corrieron y le besaron los pies». A partir de entonces sería el Trabajador Primitivo -el Hombre- «el que llevaría el yugo». 
 

Los nefilim, después de llegar a la Tierra para establecer sus colonias, crearon su propio estilo de esclavitud, no con esclavos importados de otro continente, sino con Trabajadores Primitivos forjados por ellos mismos. 
 

Un motín de los dioses había llevado a la creación del Hombre.



LA CREACIÓN DEL HOMBRE :

La afirmación, registrada y transmitida por los sumerios, de que el «Hombre» fue creado por los nefilim, parece entrar en conflicto, a primera vista, tanto con la teoría de la evolución como con los dogmas judeo-cristianos basados en la Biblia. 
  
 

Pero, de hecho, la información contenida en los textos sumerios -y sólo esa información-puede afirmar tanto la validez de la teoría de la evolución como la verdad del relato bíblico, y demostrar que, en realidad, no existe conflicto alguno entre ambas. 
 

En la epopeya «Cuando los dioses como hombres», en otros textos concretos y en referencias de pasada, los sumerios describieron al Hombre no sólo como una creación deliberada de los dioses, sino también como un eslabón en la cadena evolutiva que comenzó con los acontecimientos celestes descritos en «La Epopeya de la Creación». Sosteniendo la firme creencia de que la creación del Hombre fue precedida por una era durante la cual sólo los nefilim estaban en la Tierra, los textos sumerios registraron, caso por caso (por ejemplo, el incidente entre Enlil y Ninlil), los acontecimientos que tuvieron lugar «cuando el Hombre aún no había sido creado, cuando Nippur estaba habitado sólo por los dioses». Al mismo tiempo, los textos también describieron la creación de la Tierra y la evolución de la vida de plantas y animales en ella, y lo hicieron en unos términos que se conforman a las actuales teorías evolucionistas. 
 

Los textos sumerios afirman que, cuando llegaron los nefilim a la Tierra, aún no se habían extendido por ésta las artes del cultivo de cereales y frutales, así como la del cuidado del ganado. Del mismo modo, el relato bíblico sitúa la creación del Hombre en el sexto «día» o fase del proceso evolutivo. El Libro del Génesis afirma también que, en un estadio evolutivo anterior:

Ninguna planta de campo abierto había aún sobre la Tierra, 
ninguna hierba que es plantada había germinado todavía... 
Y el Hombre no estaba todavía allí para trabajar el suelo.

Todos los textos sumerios afirman que los dioses crearon al Hombre para que hiciera el trabajo de ellos. Explicado en boca de Marduk, la epopeya de la Creación da cuenta de la decisión:

Engendraré un Primitivo humilde; 
«Hombre» será su nombre. 
Crearé un Trabajador Primitivo; 
él se hará cargo del servicio de los dioses, 
para que ellos puedan estar cómodos.

Los términos que sumerios y acadios utilizaban para designar al «Hombre» hablan a las claras de su estatus y de su propósito: el Hombre era un Mu (primitivo), un Mu amelu (trabajador primitivo), un awilum (obrero). Que el Hombre hubiera sido creado para servir a los dioses no resultaba en absoluto una idea chocante o extraña para los pueblos antiguos. En los tiempos bíblicos, la divinidad era «Señor», «Soberano», «Rey», «Amo». La palabra que, normalmente, se traduce como «culto» era, en realidad, avod (trabajo). El Hombre antiguo y bíblico no daba «culto» a su dios; trabajaba para él. 
Pero, en cuanto la deidad bíblica (al igual que los dioses de los relatos sumerios) creó al Hombre, plantó un jardín y puso al Hombre a trabajar en él:

Y el Señor Dios tomó al «Hombre» 
y lo puso en el Jardín del Edén 
para que lo labrase y cuidase.

Más adelante, la Biblia describe a la Divinidad «paseando por el jardín a la hora de la brisa», ahora que el nuevo ser estaba allí para cuidar del Jardín del Edén. ¿Tan lejos se encuentra esta versión de aquello que dicen los textos sumerios acerca de que los dioses exigieron trabajadores para, así, poder ellos descansar y relajarse? 
 

En las versiones sumerias, la decisión de crear al Hombre se, adoptó en la Asamblea de los dioses. De manera significativa, el libro del Génesis, que, supuestamente, ensalza los logros de una sola Deidad, utiliza el plural Elohim (literalmente «deidadej») para denotar a «Dios», y nos hace un sorprendente "comentario:

Y Elohim dijo: 
«Hagamos al Hombre a nuestra imagen, 
como semejanza nuestra»"

¿De quiénes está hablando no la singular, sino la plural deidad, y quiénes eran esos «nosotros» en cuya plural imagen y plural semejanza había que hacer al Hombre? El libro del Génesis no nos da la respuesta. Después, cuando Adán y Eva comieron del fruto del Árbol del Conocimiento, Elohim hace una advertencia a los mismos colegas anónimos: «He aquí que el Hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto a conocer el bien y el mal». 
 

Dado que el relato bíblico de la Creación, al igual que otros relatos de los comienzos en el Génesis, proviene de fuentes sumerias, la respuesta es obvia. Al condensar los muchos dioses en una única Deidad Suprema, el relato bíblico no es más que una versión revisada de los informes sumerios sobre las discusiones en la Asamblea de los Dioses. 
 

El Antiguo Testamento se esfuerza por dejar claro que el Hombre no era un dios ni era de los cielos. «Los Cielos son los Cielos del Señor, a la Humanidad la Tierra Él le ha dado». El nuevo ser fue llamado «el Adán» porque fue creado del adama, de la tierra, del suelo de la Tierra. En otras palabras, el Adán era «el Terrestre». 
 

Careciendo sólo de cierto «conocimiento», así como de un período de vida divino, el Adán fue creado en todos los demás aspectos a imagen (selem) y semejanza (dmut) de su(s) Creador (es). El uso de ambos términos en el texto se hizo para no dejar duda de que el Hombre era similar a (los) Dios(es) tanto en lo físico como en lo emocional, en lo externo y en lo interno. 
 

En todas las antiguas representaciones artísticas de dioses y hombres, la semejanza física es evidente. Aunque la advertencia bíblica en contra de la adoración de imágenes paganas diera pie a la idea de que el Dios hebreo no tenía imagen ni semejanza, el Génesis, al igual que otros informes bíblicos, atestigua todo lo contrario. El Dios de los antiguos hebreos se podía ver cara a cara, se podía luchar con él, se le podía escuchar y hablar; tenía cabeza y pies, manos y dedos, incluso cintura. El Dios bíblico y sus emisarios parecían hombres y actuaban como hombres, porque los hombres fueron creados a semejanza de los dioses y actuaban como los dioses. 
 

Pero en esta cosa tan simple subyace un gran misterio. ¿De qué manera una nueva criatura pudo ser, física, mental y emocionalmente, una réplica virtual de los nefilim? Realmente, ¿cómo fue creado el Hombre? 
 

El mundo occidental hacía tiempo que estaba entregado a la idea de que, creado deliberadamente, el Hombre había sido puesto en la Tierra para someterla y ejercer su dominio sobre todas las demás criaturas. Después, en noviembre de 1859, un naturalista inglés llamado Charles Darwin publicó un tratado llamado On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favou-red Races in the Struggle for Life. Resumiendo cerca de treinta años de investigación, el libro añadía, a los conceptos previos sobre la evolución natural, la idea de una selección natural como consecuencia de la lucha de todas las especies -tanto de plantas como de animales- por la existencia. 
 

El mundo cristiano ya se había llevado un golpe cuando, desde 1788 en adelante, destacados geólogos habían comenzado a expresar su creencia de que la Tierra tenía una gran antigüedad, mucho mayor que la de los más o menos 5.500 años del calendario hebreo. Pero lo explosivo del caso no fue el concepto de evolución como tal; estudiosos anteriores ya habían observado este proceso, y los eruditos griegos del siglo iv a.C. ya habían recopilado datos sobre la evolución de la vida animal y vegetal. 
 

El terrible bombazo de Darwin consistió en la conclusión de que todos los seres vivos -incluido el Hombre- eran producto de la evolución. El Hombre, en contra de la creencia sostenida entonces, no había sido generado espontáneamente. 
 

La reacción inicial de la Iglesia fue violenta. Pero, a medida que los hechos científicos concernientes a la verdadera edad de la Tierra, la evolución, la genética y otros estudios biológicos y antropológicos salían a la luz, las críticas de la Iglesia iban enmudeciendo. Parecía que, al final, las mismísimas palabras del Antiguo Testamento hacían indefendible el relato del Antiguo Testamento; pues, ¿cómo iba a decir un Dios que no tiene cuerpo y que está universalmente solo: «Hagamos al Hombre a nuestra imagen, como semejanza nuestra»"? 
 

Pero, realmente, ¿no somos más que «simios desnudos»? ¿Es que el mono no está más allá de la distancia de un brazo, evolutivamente hablando? ¿Es que la musaraña arborícola es un ser humano que aún no se pone de pie ni ha perdido la cola? 
 

Como ya mostramos al comienzo de este libro, los científicos modernos van a tener que cuestionarse las teorías simples. La evolución puede explicar el curso general de los acontecimientos que han hecho que la vida y las formas de vida se desarrollen en la Tierra, desde la más simple criatura unicelular hasta el Hombre. Pero la evolución no puede dar cuenta de la aparición del Homo sapiens, que tuvo lugar de la noche a la mañana, en los términos de millones de años que la evolución requiere, y sin ninguna evidencia de estadios previos que pudieran indicar un cambio gradual desde el Homo erectus. 
 

El homínido del género Homo es un producto de la evolución. Pero el Homo sapiens es el producto de un acontecimiento repentino, revolucionario. Apareció inexplicablemente hace unos 300.000 años, millones de años demasiado pronto. 
Los expertos no tienen explicación para esto. Pero nosotros sí. Los textos sumerios y babilonios sí que la tienen. Y el Antiguo Testamento también. 
 

El Homo sapiens -el Hombre moderno- fue creado por los antiguos dioses. 
 

Afortunadamente, los textos mesopotámicos hacen una clara exposición del momento en que fue creado el Hombre. El relato de las fatigas y el posterior motín de los anunnaki nos dice que. «durante 40 períodos sufrieron el trabajo, día y noche»; los largos años de su duro trabajo los dramatizó el poeta con la repetición de versos.

Durante 10 períodos sufrieron el duro trabajo; 
durante 20 períodos sufrieron el duro trabajo; 
durante 30 períodos sufrieron el duro trabajo; 
durante 40 períodos sufrieron el duro trabajo.

El antiguo texto usa el término ma para decir «período», y la mayoría de los expertos lo han traducido por «año». Pero el término connotaba «algo que se completa y, después, se repite». Para los hombres de la Tierra, un año equivale a una órbita completa de la Tierra alrededor del Sol. Pero, como ya hemos demostrado, la órbita del planeta de los nefilim equivalía a un shar, o 3.600 años terrestres. 
 

Cuarenta shar, o 144.000 años terrestres, después de .su, llegada, fue cuando los anunaki dijeron: «¡Basta!». Si los nefilim llegaron a la Tierra, tal como hemos concluido, hace alrededor de 450.000 años, ¡la creación del Hombre debió tener lugar hace unos 300.000 años! 
 

Los nefilim no crearon a los mamíferos, a los primates o a los homínidos. «El Adán» de la Biblia no era el género Homo, sino el ser que es nuestro antepasado, el primer Homo sapiens. Lo que los nefilim crearon es el Hombre moderno, tal como lo conocemos. 
 

La clave para comprender este hecho crucial se encuentra en el relato en el que despiertan a Enki para informarle que los dioses han decidido formar un adamu, y que su tarea consiste en buscar la forma de hacerlo. A todo esto, responde Enki:

«La criatura cuyo nombre pronunciáis 
¡EXISTE!»

y añade: «Sujetad sobre ella» -sobre la criatura que ya existe- «la imagen de los dioses». 
 

Aquí, por tanto, se encuentra la respuesta al enigma: los nefilim no «crearon» al Hombre de la nada; más bien, tomaron una criatura que ya existía y la manipularon para «sujetar sobre ella» la «imagen de los dioses». 
 

El Hombre es el producto de la evolución; pero el Hombre moderno, el Homo sapiens, es el producto de los «dioses». Pues, en algún momento, hace alrededor de 300.000 años, los nefilim cogieron a un hombre-simio (Homo erectus) y le implantaron su propia imagen y semejanza. 
 

No hay ningún conflicto entre la evolución y los relatos de la creación del Hombre de Oriente Próximo. Más bien, se explican y se complementan uno a otro. Pues, sin la creatividad de los nefilim, el hombre moderno se encontraría aún a millones de años de distancia en su árbol evolutivo.

Remontémonos en el tiempo e intentemos visualizar las circunstancias y los acontecimientos, tal como se revelaron. 
La gran etapa interglacial, que comenzó hace alrededor de 435.000 años, y su clima cálido hicieron que proliferara el alimento y los animales. También aceleró la aparición y la expansión de un avanzado simio de aspecto humano el Homo erectus. 
 

Cuando los nefilim observaran toda ésta fauna, no sólo verían a los mamíferos predominantes sino también a los primates, entre los cuales estarían esos simios de aspecto humano. Y existe la indudable posibilidad de que algunas de esas bandas de Homo erectus que iban de aquí para allí se sintieran fascinadas y se acercaran a observar los objetos ígneos que se elevaban en el cielo. Incluso es muy posible que los nefilim observaran, encontraran e, incluso, capturaran a algunos de estos interesantes primates. 
 

Que los nefilim y los simios de aspecto humano se conocieron es algo que viene atestiguado por varios textos antiguos. Un relato sumerio, que trata de los tiempos primordiales, afirma:

Cuando la Humanidad fue creada, 
no sabían nada sobre comer pan, 
i no sabían nada sobre ponerse prendas de vestir; 
comían plantas con la boca, como la oveja; 
bebían agua de una zanja.

En La Epopeya de Gilgamesh se describe también a este ser «humano» medio animal. Aquí se nos dice el aspecto que tenía Enkidu, el «nacido en las estepas», antes de civilizarse:

Peludo es todo su cuerpo, 
dotado en la cabeza con una melena como la de una mujer... 
No sabe nada de gente ni de tierra; 
su atuendo es como el de uno de los campos verdes; 
come hierba con las gacelas; con las bestias salvajes se codea 
en el abrevadero; 
con las prolíficas criaturas en el agua 
su corazón se deleita.

El texto acadio no sólo describe a un hombre de aspecto animal; también habla de un encuentro con tal ser:

Entonces, un cazador, uno que pone trampas, 
se puso frente a él en el abrevadero. 
Cuando el cazador lo vio, 
su cara se quedó inmóvil... 
La inquietud tocó su corazón, su rostro se ensombreció, 
pues la angustia había entrado en su vientre.

En el cazador había algo más que temor, tras contemplar «al salvaje», a ese «bárbaro de las profundidades de la estepa»; pues ese «salvaje» se entrometía también en los asuntos del cazador:

Él rellenaba los hoyos que yo había cavado, 
desmontaba las trampas que yo había puesto; 
las bestias y las criaturas de la estepa 
había hecho que se me escaparan de entre las manos.

No podemos pedir una descripción mejor de un hombre-simio: un nómada vagabundo peludo que «ni sabe de gente ni de tierra», vestido con hojas, «como uno de los campos verdes», comiendo hierba y viviendo entre animales. Sin embargo, no carece de cierta inteligencia, pues sabe cómo desmontar las trampas y rellenar los hoyos del cazador. En otras palabras, protegía a sus amigos animales, evitaba que fueran capturados por los cazadores alienígenas. Se han encontrado muchos sellos cilíndricos que representan a este hombre-simio peludo entre sus amigos animales. (Fig. 149) 
  
 

Entonces, ante la necesidad de mano de obra, y resueltos a conseguir un Trabajador Primitivo, los nefilim pensaron en una solución a la medida: domesticar al animal adecuado. 
 

El «animal» estaba disponible, pero el Homo erectus planteaba un problema. Por una parte, era demasiado inteligente y salvaje como para convertirse, así, por las buenas, en una dócil bestia de trabajo. Por otra parte, no se adecuaba realmente al trabajo requerido. Precisaría de algunos cambios físicos. Tenía que ser capaz de agarrar y usar las herramientas de los nefilim, caminar y doblarse como ellos para poder sustituir a los dioses en campos y minas. Tenía que disponer de un «cerebro» mejor -no como el de los dioses, pero sí lo suficientemente bueno como para comprender las palabras, las órdenes y las tareas que se le asignaran. Necesitaba la suficiente inteligencia y comprensión como para ser un obediente y útil amelu -un siervo. 
 

Si, como las evidencias: de la antigüedad y la ciencia moderna parecen confirmar, la vida en la Tierra germinó de la vida en el Duodécimo Planeta, la evolución en la Tierra debió avanzar del mismo modo en que lo hizo en el Duodécimo Planeta. Indudablemente, tuvo que haber mutaciones, variaciones, aceleraciones y retrasos provocados por las diferentes situaciones locales; pero los mismos códigos genéticos, la misma «química de la vida» que se encuentra en todos los seres vivos de la Tierra tuvo que guiar el desarrollo de las formas de vida terrestres en la misma dirección general que siguió en el Duodécimo Planeta. 
 

Al observar las distintas formas de vida de la Tierra, los nefilim y su científico jefe, Ea, no debieron tardar demasiado en darse cuenta de lo que sucedía: durante la colisión celeste, su planeta había inseminado la Tierra con su propia vida. De ahí, que el ser que pretendían convertir en trabajador era, ciertamente, similar a los nefilim, aunque en una forma menos evolucionada. 
 

Lo que necesitaban no era un proceso gradual de domesticación a través de generaciones de cría y selección, sino un proceso rápido que permitiera la «producción masiva» de nuevos trabajadores. Así pues, se le planteó el problema a Ea, que vio la respuesta de inmediato: «imprimir» la imagen de los dioses sobre el ser que ya existía. 
 

El proceso que Ea recomendó para conseguir un avance evolutivo rápido del Homo erectus era, según creemos, la manipulación genética. 
 

Ahora sabemos que el complejo proceso biológico por el cual un organismo vivo se reproduce, creando una progenie que se parece a sus padres, se realiza a través del código genético. Todos los organismos vivos -desde la lombriz hasta el helecho arborescente o el Hombre- disponen, en el interior de cada célula, de una serie de cromosomas, unos cuerpecillos diminutos con forma de vara, que conservan toda la información hereditaria de ese organismo en particular. Cuando la célula masculina (el polen, el esperma) fertiliza la célula femenina, los dos grupos de cromosomas se combinan y, luego, se dividen para formar nuevas células que tienen todas las características hereditarias de las células de los dos progenitores. 
 

En la actualidad, es posible la inseminación artificial, incluso la de un huevo humano femenino. Pero el desafío se encuentra en la fertilización cruzada entre diferentes familias dentro de la misma especie, e, incluso, entre especies diferentes. La ciencia moderna ha hecho un largo camino desde el desarrollo de los primeros cereales híbridos, el cruce de perros de Alaska con lobos o la «creación» de la muía (el apareamiento artificial de una yegua con un burro), hasta la capacidad para manipular la propia reproducción del Hombre. 
 

El proceso llamado clonación (del griego klon -ramita) aplica a los animales el mismo principio que se sigue cuando se corta uno de los tallos de una planta para, con él, reproducir otras plantas similares. Esta técnica, aplicada a los animales, se demostró viable por primera vez en Inglaterra, cuando el Dr. John Gordon sustituyó el núcleo de un huevo fertilizado de rana por el material nuclear de otra célula de la misma rana. La generación de renacuajos normales demostró que el huevo procedía a desarrollar, subdividir y crear progenie sin importar de dónde se obtuviera el grupo de cromosomas a emparejar. 
 

Los experimentos del Institute of Society, Ethics and Life Sciences de Hastings-on-Hudson, Nueva York, han demostrado que ya se dispone de las técnicas necesarias para la clonación de seres humanos. En estos momentos, es posible tomar el material nuclear de cualquier célula humana (no necesariamente de los órganos sexuales) e, introduciendo sus 23 pares de cromosomas completos en el óvulo femenino, concebir y dar a luz a una persona «predeterminada». En la concepción normal, los cromosomas del «padre» y de la «madre» se mezclan para, después, dividirse y concluir en los 23 pares de cromosomas, en un proceso de combinaciones fortuitas. Pero, en la clonación, la descendencia es una réplica exacta de un grupo de cromosomas que no se ha dividido. Poseemos ya, según el Dr. W. Gaylin, «el tremendo conocimiento para hacer copias exactas de seres humanos» -un número ilimitado de Hitlers, Mozarts o Einsteins (si hubiéramos preservado sus núcleos celulares). 
 

Pero el arte de la ingeniería genética no se limita a un proceso. Investigadores de muchos países han perfeccionado un proceso llamado «fusión celular» que hace posible fundir células en vez de combinar cromosomas dentro de una única célula. Como resultado de este proceso, células de diferentes procedencias se pueden fundir en una «supercélula», conservando dentro de sí misma los dos núcleos y una doble serie de cromosomas emparejados. Cuando esta célula se divide, la mezcla de núcleos y cromosomas se puede escindir según un modelo diferente al de cada célula antes de la fusión. El resultado puede ser el de dos nuevas células, cada una de ellas genéticamente completa, pero cada una con una nueva serie de códigos genéticos, completamente trastocados con relación a los que había en las células de los progenitores. 
 

Esto significa que las células de lo que, hasta ahora, eran organismos vivos incompatibles -por ejemplo, las de un pollo y las de un ratón- se pueden fundir para formar células nuevas con nuevas mezclas genéticas que producirán animales nuevos, que no serán ni pollos ni ratones, tal como los conocemos. Aun más refinado, el proceso nos puede permitir también la selección de las características o rasgos de una forma de vida que se pretenden impartir a la célula combinada o «fusionada». 
 

Esto está llevando al desarrollo del amplio campo de los «trasplantes genéticos». Ahora es posible extraer de determinadas bacterias un gen específico e introducirlo en una célula animal o humana, dándole a la descendencia una característica añadida.

Deberíamos suponer que los nefilim, que eran capaces de realizar viajes espaciales hace 450.000 años, debían de estar igualmente avanzados en el campo de las ciencias de la vida, si comparamos su situación con la nuestra de hoy en día. También deberíamos suponer que conocían las distintas alternativas por las cuales combinar dos grupos de cromosomas preseleccionados para obtener un resultado genético predeterminado; y que, si los procesos eran similares a la clonación, a la fusión celular, al trasplante genético u otro método desconocido para nosotros todavía, ellos debían conocer estos procesos y podrían llevarlos a cabo no sólo en la probeta del laboratorio, sino también en organismos vivos. 
 

Existe una referencia a estas mezclas de dos fuentes de vida en los textos antiguos. Según Beroso, la deidad Belo (señor) -llamado también Deo (dios)- engendró a varios «Seres espantosos, que fueron generados a partir de un principio doble».

Aparecían hombres con dos alas, algunos con cuatro y dos caras. Tenían un cuerpo, pero dos cabezas, una de hombre, otra de mujer. Del mismo modo, tenían tanto órganos masculinos como femeninos. 
 

Otras figuras humanas se veían con patas y cuernos de cabra. Unos tenían pies de caballo; otros tenían extremidades de caballo detrás, pero por delante tenían forma como de hombres, pareciendo hipocentauros. Del mismo modo, se creaban allí toros con cabeza de hombre; y perros con cuerpos cuádruples, y colas de peces. También caballos con cabeza de perro; hombres también, y otros animales, con cabeza y cuerpo de caballo y cola de pez. En resumen, había criaturas con extremidades de cada una de las especies animales...

De todo esto se conservaron imágenes en el templo de Belo en Babilonia.

Los desconcertantes detalles de este relato pueden conservar una importante verdad. Es bastante probable que, antes de recurrir a la creación de un ser con su propia imagen, los nefilim intentaran resolver el problema con un «sirviente manufacturado», experimentando con otras alternativas, como la creación de un híbrido animal-hombre-simio. Algunas de estas criaturas artificiales quizás sobrevivieron por un tiempo, pero, ciertamente, debieron ser incapaces de reproducirse. Es posible que los enigmáticos hombres-toro y hombres-león (esfinges) que adornaban los templos del Oriente Próximo de la antigüedad no fueran sólo el producto de la imaginación de un artista, sino criaturas reales que salieran de los laboratorios biológicos de los nefilim -experimentos fallidos, conmemorados en el arte y en forma de estatuas. (Fig. 150) 
  
 

Los textos sumerios también hablan de seres humanos deformes creados por Enki y la Diosa Madre (Ninhursag) durante el transcurso de sus esfuerzos por dar forma a un Trabajador Primitivo perfecto. En uno de los textos se dice que Ninhursag, cuya tarea era «sujetar sobre la mezcla el molde de los dioses», se emborrachó y «fue a ver a Enki»,

«¿Cuán bueno y cuán malo es el cuerpo del Hombre? 
Según me dicta el corazón, 
puedo hacer su destino bueno o malo».

Entonces, picaramente, según este texto -pero, probablemente, sin poderlo evitar, como parte del proceso de ensayo-error-, Ninhursag creó a un Hombre que no podía retener la orina, una mujer que no podía tener hijos, un ser que no tenía órganos masculinos ni femeninos. En conjunto, Ninhursag engendró seis seres humanos deformes o deficientes. A Enki se le consideró responsable de la creación imperfecta de un hombre de ojos débiles y manos temblorosas, enfermo del hígado y con deficiencias cardiacas; así como de otro con enfermedades relacionadas con la vejez, etc. 
 

Pero, por fin, se logró el Hombre perfecto -al que Enki llamó Adapa; la Biblia, Adán; y nuestros expertos, Homo sapiens. Este ser era tan similar a los dioses que, en un texto, se llega incluso al punto de decir que la Diosa Madre le dio a su criatura, el Hombre, «una piel como la piel de un dios» -un cuerpo suave y sin pelo, bastante diferente del peludo hombre-simio. 
 

Con este producto final, los nefilim fueron genéticamente compatibles con las hijas del Hombre, y pudieron casarse con ellas y tener hijos de ellas. Pero tal compatibilidad sólo podría darse si el Hombre se hubiera desarrollado a partir de la misma «simiente de vida», como los nefilim. Y, ciertamente, esto es lo que los antiguos textos intentaban decir. 
 

El Hombre, tanto en el concepto mesopotámico como en el bíblico, estaba hecho de la mezcla de un elemento divino -la sangre de un dios o la «esencia» de su sangre- y de la «arcilla» de la Tierra. Y la verdad es que el término lulu que se le aplicaba al Hombre, aunque llevando el sentido de «primitivo», significaba literalmente «aquel que ha sido mezclado». 
  
 

Habiéndole pedido que diera forma a un hombre, la Diosa Madre «se lavó las manos, tomó un pellizco de arcilla, lo mezcló en la estepa». (Resulta fascinante observar aquí las precauciones higiénicas que tomó la diosa. «Se lavó las manos.» Nos encontramos también estos procedimientos clínicos en otros textos de la creación.) 
 

El uso de «arcilla» terrestre mezclada con «sangre» divina para crear el prototipo del Hombre está firmemente establecido en los textos mesopotámicos. En uno de ellos, donde se cuenta cómo se le pidió a Enki que «efectuara una gran obra de Sabiduría» -de «saber hacer» científico-, afirma que Enki no tuvo grandes problemas en llevar a cabo la tarea de «elaborar servidores para los dioses». «¡Se Puede hacer!», anunció. Y, después, dio estas instrucciones a la Diosa Madre:

«Mezcla a un corazón la arcilla 
del Fundamento de la Tierra, 
-justo por encima del Abzu- 
y dale la forma de un corazón. 
Yo proporcionaré buenos e inteligentes dioses jóvenes 
que llevarán esa arcilla hasta el estado adecuado».

El segundo capítulo del Génesis ofrece esta versión técnica:

Y Yahveh, Elohim, formó el Adán 
de la arcilla del suelo; 
y Él sopló en sus narices el aliento de vida, 
y el Adán se convirtió en una Alma viviente.

El término hebreo que se traduce, normalmente, como «alma» es nephesh, ese esquivo «espíritu» que anima a la criatura viva y que parece que la abandone cuando muere. No por casualidad, el Pentateuco (los cinco primeros libros del Antiguo Testamento) exhorta una y otra vez contra el derramamiento de sangre humana y la ingestión de sangre animal «porque la sangre es el nephesh». La versiones bíblicas de la creación del Hombre equiparan, de este modo, nephesh («espíritu», «alma») y sangre. 
 

El Antiguo Testamento ofrece otra pista sobre el papel de la sangre en la creación del Hombre. El término adama (del cual proviene el nombre de Adán) significa, originalmente, no sólo cualquier tierra o suelo, sino, específicamente, suelo rojo oscuro. Al igual que la palabra acadia homologa adamatu («tierra roja oscura»), el término hebreo adama y el nombre hebreo del color rojo (adom) provienen de las palabras empleadas para designar la sangre: adatnu, dam. Cuando el libro del Génesis nombra al ser creado por Dios «el Adán», emplea un juego de doble significado muy habitual en la lingüística sumeria. «El Adán» podía significar «el de la tierra» (terrestre), «el hecho de suelo rojo oscuro», y «el hecho de sangre». 
 

La misma relación entre el elemento esencial de las criaturas vivas y la sangre existe en los relatos mesopotámicos de la creación del Hombre. Esa especie de hospital donde Ea y la Diosa Madre engendraron al Hombre recibía el nombre de Casa de Shimti. La mayoría de los expertos lo traducen como «la casa donde se determinan los destinos». Pero el término Shimti proviene, inequívocamente, del sumerio SHI.IM.TI, que, tomado sílaba a sílaba, significa «respirar-viento-vida». Así pues, Bit Shimti significaría, literalmente, «la casa donde el viento de la vida se insufla», lo cual es, virtualmente, idéntico a la afirmación bíblica. 
 

Lo cierto es que la palabra acadia que se empleó en Meso-potamia para traducir el sumerio SHI.IM.TI fue napishtu -el homólogo exacto del término bíblico nephesh. Y el nephesh o napishtu era un «algo» esquivo en la sangre. 
 

Aunque el Antiguo Testamento no ofrecía demasiadas pistas, los textos mesopotámicos eran bastante explícitos en el tema. No sólo afirmaban que hacía falta sangre para la mezcla de la cual se elaboró el Hombre, sino que también especificaban que tenía que ser la sangre de un dios, sangre divina. 
 

Cuando los dioses decidieron crear al Hombre, su líder anunció: «Sangre amasaré, huesos nacerán». Sugiriendo que la sangre se tomaría de un dios específico, «Que los primitivos se forjen según su [de él] modelo», dijo Ea. Al elegir al dios,

De su [de él] sangre, ellos forjarán a la Humanidad; 
imponiéndole el servicio, que libere a los dioses... 
Fue un trabajo más allá de la comprensión.

Según el relato épico «Cuando los dioses», los dioses llamaron entonces a la Diosa del Nacimiento (la Diosa Madre, Ninhursag) y le pidieron que realizara el trabajo:

Mientras la Diosa del Nacimiento esté presente, 
que la Diosa del Nacimiento forje una descendencia. 
Mientras la Madre de los Dioses esté presente, 
que la Diosa del Nacimiento forje un Lulu; 
que el trabajador lleve la carga de los dioses. 
Que cree un Lulu Amelu, 
que él lleve el yugo.

En un antiguo texto babilonio llamado «La Creación del Hombre por la Diosa Madre», los dioses llaman a «La Comadrona de los dioses, la Hábil Mari» y le dicen:

Tú eres el útero-madre, 
la que puede crear a la Humanidad. 
¡Crea, pues, a Lulu, que lleve él el yugo!

En este punto, el texto de «Cuando los dioses» y otros textos Paralelos se sumergen en una detallada descripción de la creación real del Hombre. Tras aceptar el «empleo», la diosa (llamada aquí NIN.TI -«dama que da vida») estableció unos cuantos requisitos, entre los que había algunos productos químicos («betunes del Abzu»), para usar en la «purificación», y «la arcilla del Abzu». 
 

Fuesen lo que fuesen estos materiales, Ea no tuvo problemas en comprender los requisitos, y, aceptando, le dijo:

«Prepararé un baño purificador, 
que un dios sea sangrado... 
De su [de él] carne y sangre, 
que Ninti mezcle la arcilla».

Pero, para dar forma al hombre a partir de la arcilla mezclada, también era necesaria alguna ayuda femenina, algo relativo al embarazo y al parto. Enki ofreció los servicios de su propia esposa:

Ninki, mi esposa-diosa 
será la que afronte el parto. 
Siete diosas-del-nacimiento 
estarán cerca, para asistir.

Después de mezclar la «sangre» y la «arcilla», la fase de embarazo y parto completaría la dádiva de la «impresión» divina sobre la criatura.

El destino del recién nacido tú pronunciarás; 
Ninki fijará sobre él la imagen de los dioses; 
y lo que será él es «Hombre».

Algunas representaciones en sellos asirios bien pueden haberse inspirado en estos textos, mostrando a la Diosa Madre (su símbolo era el cortador del cordón umbilical) y a Ea (cuyo símbolo original era el creciente) mientras preparan las mezclas, recitan los ensalmos y se animan el uno al otro a proseguir. (Fig. 151,152) 
  
  
  
 

La implicación de la esposa de Enki, Ninki, en la creación del primer espécimen no defectuoso del Hombre nos recuerda el relato de Adapa, del que ya hablamos en un capítulo anterior:

En aquellos días, en aquellos años, 
el Sabio de Eridú, Ea, 
lo creó como un modelo de hombres.

Los expertos han conjeturado que las referencias a Adapa como «hijo» de Ea implicaban que el dios amaba a este ser humano hasta el punto de adoptarlo. Pero, en el mismo texto, Anu se refiere a Adapa como «la descendencia humana de Enki». Parece que la implicación de la esposa de Enki en el proceso de creación de Adapa, el «Adán modelo», generó algún tipo de relación genealógica entre el nuevo Hombre y su dios: ¡pero era Ninki la que estaba embarazada de Adapa! 
Ninti bendijo al nuevo ser y se lo presentó a Ea. Algunos sellos muestran a la diosa, flanqueada por el Árbol de la Vida y matraces de laboratorio, sosteniendo al ser recién nacido. (Fig. 153) 
  
 

El ser así engendrado, al cual se refieren una y otra vez en los textos mesopotámicos como un «Hombre modelo» o un «molde», era, al parecer, la criatura adecuada, pues los dioses comenzaron entonces a exigir duplicados. Sin embargo, este detalle, que parece no tener importancia, no sólo arroja luz sobre el proceso mediante el cual se «creó» a la Humanidad, sino también sobre la información, de otro modo conflictiva, que aparece en la Biblia. 
 

Según el primer capítulo del Génesis:

Elohim creó el Adán a Su imagen- 
a la imagen de Elohim Él lo creó. 
Macho y hembra Él los creó.

El capítulo 5, al cual se le llama el Libro de las Genealogías de Adán, afirma que:

El día en que Elohim creó a Adán, 
a semejanza de Elohim Él lo hizo. 
Macho y hembra Él los creó, 
y los bendijo, y los llamó «Adán» 
en el mismo día de su creación.

En la misma frase, se nos dice que la Deidad creó, a su imagen y semejanza, sólo un único ser, «el Adán», y luego se nos dice, en aparente contradicción, que ambos, macho y hembra, fueron creados simultáneamente. Y las contradicciones parecen agudizarse más en el segundo capítulo del Génesis, que es el que, concretamente, nos cuenta que Adán estuvo solo por un tiempo, hasta que la Deidad lo hizo dormir y elaboró una Mujer a partir de su costilla. 
 

Esta contradicción, que ha confundido a eruditos y teólogos a lo largo de siglos, desaparece en el momento en que nos damos cuenta de que los textos bíblicos eran una condensación de las fuentes originales sumerias. Estas fuentes nos informan de que, después de intentar forjar un Trabajador Primitivo «mezclando» homínidos con animales, los dioses llegaron a la conclusión de que la única mezcla que funcionaría sería la de los homínidos con los mismos nefilim. Después de varios intentos infructuosos, se hizo un «modelo» -Adapa/Adán. Al principio, sólo había un Adán. 
 

En el momento en que Adapa/Adán demostró ser la criatura adecuada, se le utilizó como modelo genético o «molde» para la creación de duplicados, y aquellos duplicados no eran sólo machos, sino machos y hembras. Corno ya dijimos, la «costilla» bíblica de la cual se forjó la Mujer era un juego de palabras sobre el término sumerio T| («costilla» y «vida») -confirmando que Eva fue hecha a partir de la «esencia vital» de Adán.

Los textos mesopotámicos nos proporcionan el informe de un testigo ocular acerca de la primera producción de los duplicados de Adán. 
 

Se siguieron las instrucciones de Enki. En la Casa de Shimti -donde el aliento de la vida «se insuflaba»-, Enki, la Diosa Madre y catorce diosas del nacimiento se reunieron. Se obtuvo la «esencia» de un dios, se preparó el «baño purificador». «Ea limpió la arcilla en presencia de ella; él siguió recitando el ensalmo».

El dios que purifica el Napishtu, Ea, habló en voz alta. 
Sentado delante de ella, él le daba indicaciones a ella. 
Después de recitar su ensalmo, 
ella quitó la mano de la arcilla.

Y ahora nos ponemos al tanto del detallado proceso de creación en masa del Hombre. Con catorce diosas del nacimiento presentes,

Ninti pellizcó catorce trozos de arcilla; 
depositó siete a la derecha, 
depositó siete a la izquierda. 
Entre ellos puso el molde. 
... el vello ella... 
... el cortador del cordón umbilical.

Es evidente que las diosas del nacimiento se dividieron en dos grupos. «El Sabio y erudito, a dos veces siete diosas del nacimiento había reunido», sigue explicando el texto. En sus úteros la Diosa Madre depositó la «arcilla mezclada». Hay atisbos de una intervención quirúrgica -la eliminación o afeitado del vello, la preparación de un instrumento quirúrgico, un cortador. Ahora, no había más que esperar:

Las diosas del nacimiento se mantuvieron juntas. 
Ninti se sentó a contar los meses. 
El fatídico 10° mes se acercaba; 
el 10° mes llegó; 
el período para que se abriera el útero había transcurrido. 
El rostro de ella irradiaba comprensión: 
se cubrió la cabeza, llevó a cabo la obstetricia. 
Se ciñó la cintura, pronunció la bendición. 
Ella sacó una forma; en el molde había vida.

Parece ser que el drama de la creación del Hombre se compuso con un nacimiento posterior. La «mezcla» de «arcilla» y «sangre» se utilizó para provocar sendos embarazos en catorce diosas del nacimiento. Pero pasaron los nueve meses y el décimo mes comenzó. «El período para que se abriera el útero había transcurrido». Comprendiendo lo que había que hacer, la Diosa Madre «llevó a cabo la obstetricia». En un texto paralelo (a pesar de estar fragmentado) se ve con más claridad que la Diosa Madre tuvo que recurrir a algún tipo de operación quirúrgica:

Ninti... cuenta los meses... 
Al destinado 10° mes llamaron; 
la Dama Cuya Mano Abre llegó. 
Con el... ella abrió el útero. 
Su rostro brilló de alegría. 
Su cabeza fue cubierta; 
... hizo una abertura; 
lo que estaba en el útero salió.

Abrumada de alegría, la Diosa Madre dejó escapar un grito.

«¡Yo he creado! 
¡Mis manos lo han hecho!»

¿Cómo se logró la creación del Hombre? 
 

En el texto de «Cuando los dioses» hay un pasaje cuyo objetivo era explicar por qué la «sangre» de un dios tenía que mezclarse con la «arcilla». El «divino» elemento requerido no era la goteante sangre de un dios, sino algo más básico y duradero. El dios que fue seleccionado, nos cuentan, tenía TE.E.MA -un término que las destacadas autoridades sobre este texto (W. G. Lambert y A. R. Millard de la Universidad de Oxford) traducen como «personalidad». Pero el término antiguo es mucho más específico, pues significa, literalmente, «aquello que alberga eso que ata la memoria». Y, lo que es más, el mismo término aparece en la versión acadia como etemu, que se traduce como «espíritu». 
 

En ambos casos, se trata de «algo» en la sangre del dios que era el repositorio de su individualidad. Tenemos la certidumbre de que todo esto no eran más que distintas maneras de decir que lo que buscaba Ea, cuando sometió la sangre del dios a una serie de «baños purifica-dores», eran los genes del dios. 
 

También se nos explica el propósito de la mezcla del elemento divino con el terrestre:

En la arcilla, el dios y el Hombre se atarán, 
a la unidad llevados juntos; 
de manera que, hasta el final de los días, 
la Carne y el Alma 
que en un dios ha madurado- 
esa Alma en un parentesco de sangre está atada; 
como su Señal la vida proclamará. 
De manera que esto no se olvide, 
que el «Alma» en un parentesco de sangre está atada.

Son palabras mayores, pero poco comprendidas por los estudiosos. El texto afirma que la sangre del dios se mezcló en la arcilla de manera que ató al dios y al Hombre genéticamente «hasta el final de los días», de modo que la carne («imagen») y el alma («semejanza») de los dioses quedaría impresa sobre el Hombre en un parentesco de sangre que nunca se podrá romper. 
 

«La Epopeya de Gilgamesh» dice que, cuando los dioses decidieron crear un doble para el en parte divino Gilgamesh, la Diosa Madre mezcló «arcilla» con la «esencia» del dios Ninurta. Más tarde, en el texto, la mítica fuerza de Enkidu se atribuye a que tiene en él la «esencia de Anu», un elemento que adquirió a través de Ninurta, nieto de Anu. 
 

La palabra acadia kisir se refiere a una «esencia», una «concentración» que poseían los dioses de los cielos. E. Ebeling resumió sus esfuerzos por comprender el significado exacto de kisir afirmando que como «esencia, o algún otro matiz del término, podía aplicarse bien a las deidades, así como a los proyectiles del Cielo». E. A. Speiser se mostró de acuerdo con que la palabra implicaba también «algo que bajó del Cielo», y dijo que llevaba una connotación «como si estuviese indicado utilizar el término en contextos relacionados con la medicina». 
 

Volvemos a una simple y única palabra en la traducción: gen. 
 

Las evidencias de los textos antiguos, tanto mesopotamicos como bíblicos, sugieren que el proceso adoptado para mezclar las dos series de genes -los de un dios y los del Homo erectus- implicaba el uso de genes masculinos como elemento divino y de genes femeninos como elemento terrestre. 
 

Después de repetir una vez más que la Deidad creó a Adán a su imagen y semejanza, el Libro del Génesis relata después el nacimiento de Set, el hijo de Adán, con las siguientes palabras:

Y Adán vivió ciento treinta años, 
y tuvo un descendiente 
a su semejanza y según su imagen; 
y le puso por nombre Set.

La terminología es idéntica a la usada para describir la creación de Adán por la Deidad. Pero Set fue, ciertamente, hijo de Adán según un proceso biológico -la fertilización de un huevo femenino con el esperma masculino de Adán, con la consiguiente concepción, embarazo y parto. Una terminología idéntica habla de un proceso idéntico, y la única conclusión plausible es que también Adán fuera engendrado por la Deidad a través del proceso de fertilización de un huevo femenino con el esperma de un dios. 
 

Si la «arcilla», en la cual se mezcló el elemento divino, era un elemento terrestre -como todos los textos dicen-, entonces, la única conclusión posible es que el esperma masculino de un dios -su mate-rial genético- ¡se insertó en el ovulo de una mujer simio! 
 

El termino acadio para la «arcilla» -o, más bien, «arcilla de moldear»- es tit. Pero su ortografía original era TI.IT («aquello que está con vida»). En hebreo, tit significa «barro»; pero su sinónimo es be, que comparte raíz con bia («pantano») y bea («huevo»). 
 

La historia de la Creación está repleta de juegos de palabras. Ya hemos visto el doble y el triple significado de Adán-adama-adamtu-dam. El epíteto para la Diosa Madre, NIN.TI, que significa tanto «dama de la vida» como «dama de la costilla». ¿Por qué no, entonces, bo-bia-bea («arcilla-barro-huevo») como un juego de palabras para el óvulo femenino? 
 

El óvulo de una hembra de Horno erectus, fertilizado con los genes de un dios, se implantó posteriormente en el útero de la esposa de Ea; y, después de obtenido el «modelo», se implantaron duplicados de esto en los úteros de las diosas del nacimiento, para someterse al proceso de embarazo y parto.

El Sabio y erudito, 
a dos veces siete diosas del nacimiento había reunido; 
siete engendraron varones, 
siete engendraron hembras. 
La Diosa del Nacimiento engendró 
el Viento del Aliento de Vida. 
En pares fueron completados, 
en pares fueron completados en presencia de ella. 
Las criaturas eran Personas- 
Criaturas de la Diosa Madre.

El Homo sapiens había sido creado.

Las leyendas y los mitos antiguos, la información bíblica y la ciencia moderna también son compatibles en un aspecto más. Al igual que los descubrimientos de los antropólogos modernos -de que el Hombre evolucionó y emergió en el sudeste de África-, los texto-s mesopotamicos sugieren que la creación del Hombre tuvo lugar en el Apsu- en el Mundo Inferior, donde se encontraba el País de las Minas. Junto con Adapa, el «modelo» del Hombre, algunos textos mencionan a la «sagrada Amama, la mujer de la Tierra», cuya morada estaba en el Apsu. 
 

En el texto de «La Creación del Hombre», Enki le da las siguientes instrucciones a la Diosa Madre: «Mezcla a un corazón la arcilla del Fundamento de la Tierra, justo por encima del Abzu». En un himno a las creaciones de Ea, que «el Apsu modeló como su morada», se dice:

El divino Ea en el Apsu 
tomó un pellizco de arcilla, 
creó a Kulla para restaurar los templos.

El himno prosigue haciendo una relación de los especialistas en la construcción, así como de los encargados de «los abundantes productos de la montaña y el mar» que fueron creados por Ea -todos, se infiere, a partir de trozos de «arcilla» pellizcadas en el Abzu- el País de las Minas, en el Mundo Inferior. 
 

Los textos dejan suficientemente claro que, aunque Ea construyó una casa de ladrillo junto al agua en Eridú, en el Abzu construyó una casa adornada con plata y piedras preciosas. Fue allí donde su criatura, el Hombre, tuvo su origen:

El Señor del AB.ZU, el rey Enki... 
construyó su casa de plata y lapislázuli; 
de plata y lapislázuli, como luz centelleante, 
el Padre forjó convenientemente en el AB.ZU. 
Las Criaturas de semblante brillante, 
surgiendo del AB.ZU, 
puso en pie por todas partes el Señor Nudimmud.

Uno puede llegar a la conclusión, a partir de los distintos textos, de que la creación del Hombre provocó una escisión entre los dioses. Parece que, al menos al principio, los nuevos Trabajadores Primitivos se restringieron al País de las Minas. Como consecuencia de ello, a los anunnaki que estaban trabajando duramente en la misma Sumer se les negaron los beneficios de la nueva mano de obra. Un desconcertante texto al que estudiosos llaman «El Mito de la Piqueta» es, de hecho, la crónica de los acontecimientos por los cuales los anunnaki que estaban en Sumer bajo el mando de Enlil consiguieron su justa parte de Gente de Cabeza Negra. 
 

Intentando restablecer «el orden normal», Enlil tomó una decisión extrema: la de cortar los contactos entre el «Cielo» (el Duodécimo Planeta o las naves espaciales) y la Tierra, y lanzó una acción drástica contra el lugar «donde la carne brotaba».

El Señor, 
lo que es apropiado hizo que sucediera. 
El Señor Enlil, 
cuyas decisiones eran inalterables, 
verdaderamente se apresuró a separar el Cielo de la Tierra 
para que los Creados pudieran salir; 
verdaderamente se apresuró a separar la Tierra del Cielo. 
En el «Enlace Cielo-Tierra» hizo un corte, 
para que los Creados pudieran subir 
desde el Lugar-Donde-Carne-Brotaba.

Contra el «País de la Piqueta y la Cesta», Enlil forjó un arma maravillosa llamada AL.A.NI («hacha que genera poder»). Esta arma tenía un «diente» que, «como un buey de un solo cuerno», podía atacar y destruir grandes murallas. Según las descripciones, debió ser una especie de taladradora gigante, montada sobre una especie de buldózer, que aplastaba todo lo que se le ponía por delante:

La casa que se rebela contra el Señor, 
la casa que no se somete al Señor, 
el AL.A.NI la hace someterse al Señor. 
Del mal..., las cabezas de sus plantas aplasta; 
arranca hasta la raíz, rompe hasta la cúspide.

Armando su artefacto con un «rasgador de tierra», Enlil lanzó su ataque:

El Señor hizo sacar el AL.A.NI, le dio sus órdenes. 
Puso el Rasgador de Tierra como corona en la cabeza, 
y lo metió en el Lugar-Donde-Carne-Brotaba. 
En el agujero estaba la cabeza de un hombre; 
desde el suelo, la gente se abría paso hacia Enlil. 
Él miró a sus Cabezas Negras con aspecto resuelto.

Agradecidos, los anunnaki hicieron sus solicitudes ante la llegada de los Trabajadores Primitivos y no perdieron tiempo en ponerlos a trabajar:

Los Anunnaki subieron hacia él, 
levantaron las manos recibiéndolo, 
aplacaron el corazón de Enlil con oraciones. 
Cabezas Negras le pedían. 
A las personas de Cabeza Negra, 
les hicieron coger la piqueta.

Del mismo modo, el Libro del Génesis transmite la información de que «el Adán» fue creado en algún lugar al oeste de Mesopotamia para, después, ser llevado al este, a Mesopotamia, para trabajar en el jardín del Edén:

Y la Deidad Yahveh 
plantó un huerto en Edén, en el este... 
y tomó al Adán 
y lo puso en el Jardín del Edén 
para que lo trabajara y lo cuidara.



EL FIN DE TODA CARNE

La insistente creencia del Hombre de que hubo una Edad Dorada en su prehistoria no se puede basar en recuerdos humanos, pues el acontecimiento había tenido lugar hacía demasiado tiempo y el Hombre era demasiado primitivo como para conservar cualquier información para generaciones futuras. Si la Humanidad retuvo de algún modo una sensación subconsciente de haber vivido en aquellos tempranos días en una era de tranquilidad y felicidad se debe, simplemente, a_ que el Hombre no conocía nada mejor. También se debe a que los_ relatos de esa era no se los contaron a la Humanidad los hombres que les precedieron, sino los mismos nefilim. 
 

El único relato completo de los acontecimientos que le acaecieron al Hombre después de su traslado a la Morada de los Dioses en Mesopotamia es el relato bíblico de Adán y Eva en el Jardín del Edén:

Y la Deidad Yahveh plantó un huerto 
en Edén, en el este; 
y puso allí al Adán 
al cual había creado. 
Y la Deidad Yahveh 
hizo crecer del suelo 
todo árbol que es agradable a la vista 
y bueno para comer; 
Y el Árbol de la Vida estaba en el huerto 
y el Árbol del Conocimiento del bien y del mal... 
Y la Deidad Yahveh tomó a Adán 
y lo puso en el Jardín del Edén 
para que lo trabajara y lo cuidara. 
Y la Deidad Yahveh 
mandó al Adán, diciendo: 
«De cualquier árbol del huerto comerás; 
pero del Árbol del Conocimiento del bien y del mal 
no comerás de él; 
pues a partir del día en que comas 
sin duda morirás».

Aunque se podía disponer de dos frutos vitales, los terrestres tenían prohibido tomar el fruto del Árbol del Conocimiento. Hasta ese momento, a la Deidad no parecía preocuparle que el Hombre pudiera probar el Fruto de la Vida. Sin embargo, el Hombre no pudo respetar siquiera una prohibición tan sencilla, y devino la tragedia. 
 

La idílica imagen no tardó en dar paso a unos acontecimientos dramáticos, que los eruditos bíblicos y los teólogos llaman la Caída del Hombre. Es un relato de mandatos divinos desobedecidos, de mentiras divinas, de una astuta (aunque veraz) Serpiente, del castigo y el exilio. 
 

Apareciendo no se sabe de dónde, la Serpiente desafió las solemnes advertencias de Dios:

Y la Serpiente... dijo a la mujer: 
«¿De verdad la Deidad os ha dicho 
'No comáis de ningún árbol del huerto'?» 
Y la mujer le dijo a la Serpiente: 
«De los frutos de los árboles del huerto 
podemos comer; 
es del fruto del árbol que hay 
en mitad del huerto que la Deidad ha dicho: 
'No comeréis de él, ni lo tocaréis, 
no sea que muráis». 
Y la Serpiente le dijo a la mujer: 
«De ningún modo, sin duda no moriréis; 
es que la Deidad sabe bien 
que el día que comiereis 
los ojos se os abrirán 
y seríais como la Deidad- 
conocedores del bien y el mal». 
Y la mujer vio que el árbol era bueno para comer 
y que era apetecible de contemplar; 
y el árbol era deseable para lograr sabiduría; 
y tomó de su fruto y comió, 
y dio también a su pareja, y él comió. 
Y los ojos de ambos se abrieron, 
y supieron que estaban desnudos; 
y cosieron hojas de higuera, 
y se hicieron taparrabos.

Leyendo y releyendo el conciso, aunque preciso, relato, uno no puede evitar preguntarse de qué iba todo este asunto. A pesar de la prohibición, bajo amenaza de muerte, de tocar siquiera el Fruto del Conocimiento, los dos terrestres son persuadidos para dar el paso y comerse aquello que les permitiría «conocer» como la Deidad. Y, sin embargo, todo lo que sucedió fue que, repentinamente, se dieron cuenta de que estaban desnudos. 
 

De hecho, el estado de desnudez es un aspecto importante en todo este incidente. El relato bíblico de Adán y Eva en el Jardín del Edén se inicia con la afirmación: «Y ambos estaban desnudos, el Adán y su compañera, y no estaban avergonzados». Tenemos que comprender que ambos estaban en un estadio del desarrollo humano inferior al de unos seres humanos plenamente desarrollados: no sólo estaban desnudos, sino que no eran conscientes de las implicaciones de 
tal desnudez. 
 

Un examen ulterior del relato bíblico sugiere que el tema tratado aquí es el de la adquisición del Hombre de alguna proeza sexual. El «conocimiento» que se le impedía al Hombre no era algún tipo de información científica, sino algo relacionado con el sexo masculino y femenino; pues, tan pronto como el Hombre y su compañera adquirieron el «conocimiento», «supieron que estaban desnudos» y se cubrieron los órganos genitales. 
 

Lo que aparece a continuación en la narración bíblica confirma la conexión entre la desnudez y la falta de conocimiento, pues la Deidad no se demora nada en asociar una cosa con otra:

Y ellos oyeron el sonido de la Deidad Yahveh 
caminando en el huerto con la brisa del día, 
y el Adán y su compañera se escondieron 
de la Deidad Yahveh entre los árboles del huerto. 
Y la Deidad Yahveh llamó al Adán 
y dijo: «¿Dónde estás?». 
Y él respondió: 
«Tu sonido oí en el huerto 
y tuve miedo, pues estoy desnudo; 
y me escondí». 
Y Él dijo: 
«¿Quién te ha dicho que estás desnudo? 
¿Acaso has comido del árbol 
del que te mandé que no comieras?».

Admitiendo la verdad, el Trabajador Primitivo echó la culpa a su compañera, quien, a su vez, culpó a la Serpiente. Enormemente enojado, la Deidad maldijo a la Serpiente y a los dos terrestres. Después -sorprendentemente- «la Deidad Yahveh hizo para Adán y su mujer prendas de pieles, y los vistió». 
 

No se puede suponer, con un mínimo de seriedad, que el propósito de todo el incidente -que llevó a la expulsión de los terrestres del Jardín del Edén- fuera explicar de una forma dramática de qué forma acabó por vestirse el Hombre. Ponerse ropa no era más que una manifestación externa del nuevo «conocimiento». La adquisición de tal «conocimiento», y los intentos de la Deidad por privar al Hombre de él, son los temas centrales de los acontecimientos. 
 

Aunque no se ha encontrado todavía ningún homólogo mesopotámico del relato bíblico, poca duda puede haber de que el relato, como todo el material bíblico relativo a la Creación y a la prehistoria del Hombre, tenía un origen sumerio. Tenemos el emplazamiento: la Morada de los Dioses en Mesopotamia. Tenemos el revelador juego de palabras en el nombre de va (<<ella de vida», «ella de costilla»). Y tenemos dos árboles importantes, el Árbol del Conocimiento y el Árbol de la Vida, como en la morada de Anu. 
 

Incluso las palabras de la Deidad reflejan un origen sumerio, pues la Deidad hebrea única se vuelve a deslizar en el plural, dirigiéndose a colegas divinos que no aparecen en la Biblia, sino en los textos sumerios:

Entonces dijo la Deidad Yahveh: 
«He aquí, el Adán ha venido a ser como uno de nosotros, 
a conocer el bien y el mal. 
Y ahora, ¿no podría alargar la mano 
y tomar parte también del Árbol de la Vida, 
y comer, y vivir para siempre?». 
Y la Deidad Yahveh expulsó al Adán 
del huerto del Edén.

Como se puede ver en muchas representaciones sumerias primitivas, hubo un tiempo en que el Hombre, como Trabajador Primitivo, servía a sus dioses en cueros. Estaba desnudo, tanto si servía a los dioses su comida y su bebida, como si trabajaba en los campos o en labores de construcción. (Fig. 154,155) 
  
  
  
 

La implicación clara es que el estatus del Hombre con relación a los dioses no era muy diferente del de los animales domésticos. Los dioses no habían hecho más que mejorar un animal existente para satisfacer sus necesidades. ¿Acaso la falta de «conocimiento» no significaría que, desnudo como un animal, el recién creado ser se dedicaba al sexo como, o con, los animales? Algunas representaciones primitivas indican que éste pudo ser el caso. (Fig. 156) 
  
 

Textos sumerios como «La Epopeya de Gilgamesh» sugieren que el comportamiento en la relación sexual era lo que marcaba la distinción entre el Hombre-salvaje y el Hombre-humano. Cuando el pueblo de Uruk quiso civilizar al salvaje Enkidu -«el bárbaro de las profundidades de las estepas»- se hicieron con los servicios de una «chica de placer» y la enviaron para que se encontrara con Enkidu en el hoyo de agua en el que solía entablar amistad con otros animales, para ofrecerle allí su «madurez». 
 

El texto da a entender que el punto crucial del proceso de «civilización» de Enkidu fue el que los animales con los que había entablado amistad le rechazaran a él. El pueblo de Uruk le dijo a la chica que lo importante era que no dejara de invitarlo a aquel «trabajo de mujer» hasta que «las bestias salvajes que crecían en su estepa lo rechazaran». El prerrequisito para considerar que Enkidu se había hecho humano era que dejara la sodomía.

La muchacha liberó sus bestias, se desnudó el busto, 
y él tomó posesión de la madurez de ella... 
Ella invitó al salvaje a un trabajo de mujer.

Aparentemente, la estratagema funcionó. Después de seis días y siete noches, «después de que él se llenara de los encantos de ella», se acordó de sus antiguos compañeros de juegos.

Se volvió hacia sus bestias salvajes; pero, 
al verlo, las gacelas huyeron. 
Las bestias salvajes de la estepa 
se alejaron de su cuerpo.

La afirmación es explícita. La relación sexual humana provocó un cambio tan profundo en Enkidu que los animales con los que tenía amistad «se alejaron de su cuerpo». No sólo huyeron, sino que también rehuyeron el contacto físico con él. 
Asombrado, Enkidu se quedó inmóvil durante un rato, «pues sus animales salvajes se habían ido». Pero no lamentó el cambio, pues, como explica el antiguo texto:

Ahora tenía visión, una comprensión más amplia... 
La prostituta le dice a él, a Enkidu: 
«Tienes conocimiento, Enkidu; 
¡te has hecho como un dios!».

Las palabras en este texto mesopotámico son casi idénticas a las del relato bíblico de Adán y Eva. Tal como había predicho la Serpiente, al comer del Árbol del Conocimiento, se habían hecho -en materia sexual- «como la Deidad -conocedores del bien y el mal». 
 

Si esto tan sólo significa que el Hombre había llegado a reconocer que tener relaciones sexuales con animales era incivilizado o malo, ¿por qué Adán y Eva fueron castigados por abandonar la sodomía? El Antiguo Testamento está repleto de admoniciones contra la sodomía, y es inconcebible que el aprendizaje de una virtud pudiera provocar la cólera divina. 
El «conocimiento» que el Hombre obtuvo en contra de los deseos de la Deidad -o de una de las deidades- debe haber sido de una naturaleza más profunda. Era algo bueno para el Hombre, pero algo que sus creadores no deseaban que tuviera. 
Hemos leído detenidamente entre líneas la maldición contra Eva para captar el significado del acontecimiento:

Y a la mujer le dijo: 
«Multiplicaré enormemente tus sufrimientos 
por tu embarazo. 
Sufriendo tendrás los hijos, 
pero para tu compañero será tu deseo»... 
Y el Adán llamó a su mujer «Eva», 
pues ella fue la madre de todos los vivientes.

Éste es, ciertamente, el acontecimiento trascendental que se nos. transmite en el relato bíblico; mientras Adán y Eva carecieron de «conocimiento», vivieron en el Jardín del Edén sin descendencia. Al obtener el «conocimiento», Eva consiguió la capacidad (y el dolor de quedarse embarazada y tener hijos. Solo después de que la pareja hubiera adquirido este «conocimiento», «Adán conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín». 
 

A lo largo de todo el Antiguo Testamento, el término «conocer» se utiliza para significar la relación sexual, normalmente entre un hombre y su esposa, con el propósito de tener hijos. El relato de Adán y Eva en el Jardín del Edén es la historia de un paso crucial en el desarrollo del Hombre: la adquisición de la capacidad de procrear. 
 

No debería de sorprendernos que los primeros representantes del Homo sapiens no fueran capaces de reproducirse. Fuera cual fuera el método que utilizaran los nefilim para infundir su material genético en la estructura biológica de los homínidos que seleccionaran para este objetivo, el nuevo ser no dejaría de ser un híbrido, un cruce entre dos especies que, aunque emparentadas, eran diferentes. Al igual que la muía (un cruce de yegua y asno), los mamíferos híbridos son estériles. A través de la inseminación artificial e, incluso, de métodos más sofisticados de ingeniería biológica, podemos producir antas mulas como deseemos, incluso sin la relación sexual entre asno y yegua; pero ninguna mula puede procrear y engendrar otra mula. 
 

¿No será que, al principio, los nefilim se dedicaban simplemente a producir «mulas humanas» para satisfacer sus requerimientos? 
 

En las montañas del sur de Elam, se encontró una roca tallada en la que hay una escena que nos despierta la curiosidad. En ella, hay una deidad sentada que sostiene un matraz «de laboratorio» del cual fluye un líquido -una representación familiar de Enki. Junto a él, hay una Gran Diosa también sentada, postura que indica que se trata de una colaboradora más que de una esposa; no podía ser otra que Ninti, la Diosa Madre o Diosa del Nacimiento. Ambos están flanqueados por diosas menores -una reminiscencia de las diosas del nacimiento de los relatos de la Creación. Delante de estos creadores del Hombre hay filas y filas de seres humanos, cuyo rasgo más notable es que todos ellos parecen iguales -como hechos en un mismo molde. (Fig. 157) 
  
 

Un relato sumerio atrae, una vez más, nuestra atención. Es el relato de los machos y las hembras imperfectos que engendraron en sus inicios Enki y la Diosa Madre, seres que o bien no tenían sexo o eran sexualmente incompletos. ¿Estará recordando este texto la primera fase de la existencia del híbrido Hombre, un ser a imagen y semejanza de los dioses, pero sexualmente incompleto, carente de «conocimiento»? 
 

Después de que Enki se las ingeniara para hacer un «modelo perfecto» -Adapa/Adán-, en los textos sumerios se describen técnicas de «producción en masa»: la implantación de óvulos genéticamente tratados en una «producción en línea» de diosas del nacimiento, sabiendo de antemano que la mitad engendrarían varones y la otra mitad hembras. Esto no sólo está hablando de la técnica por la cual el híbrido Hombre fue «manufacturado»; también implica que el Hombre quizás no procreara por sí mismo. 
 

Se ha descubierto recientemente que la incapacidad de los híbridos para procrear proviene de un déficit en las células reproductoras. Aunque todas las células contienen sólo una serie de cromosomas hereditarios, el Hombre y otros mamíferos pueden reproducirse porque tienen dos series de cromosomas en sus células sexuales (el esperma masculino y el óvulo femenino). Pero los híbridos carecen de este rasgo único. En la actualidad, se están haciendo pruebas en ingeniería genética para proporcionar a los híbridos una doble serie de cromosomas en sus células reproductoras, con el fin de hacerlos sexualmente «normales». 
 

¿Fue eso lo que el dios cuyo epíteto era «La Serpiente» hizo con la Humanidad? 
 

La Serpiente bíblica no era, claro está, una humilde y literal serpiente, pues pudo conversar con Eva, sabía la verdad acerca del tema del «conocimiento» y debía tener la suficiente categoría como para no vacilar en dejar por mentiroso a la deidad. Recordemos que, en todas las tradiciones de la antigüedad, la deidad jefe combatía con un adversario Serpiente -un cuento cuyas raíces se remontan, indudablemente, a los dioses sumerios. 
 

El relato bíblico revela muchas pistas de su origen sumerio, incluía la presencia de otras deidades: «El Adán se ha hecho como uno de nosotros». La posibilidad de que los antagonistas bíblicos -la Deidad y la Serpiente- sean Enlil y Enki se nos antoja del todo posible. 
 

Como hemos descubierto, su antagonismo se origina en el momento de la transferencia del mando de la Tierra a Enlil, aunque Enki había sido el verdadero pionero. Mientras Enlil estaba en el confortable Centro de Control de la Misión de Nippur, Enki fue enviado a organizar las operaciones mineras del Mundo Inferior. El motín de los anunnaki fue dirigido contra Enlil y contra su hijo, Ninurta; el dios que habló a favor de los amotinados fue Enki. También fue Enki el que sugirió, y llevó a cabo, la creación de los Trabajadores Primitivos; Enlil tuvo que usar la fuerza para obtener algunas de estas maravillosas criaturas. A medida que los textos sumerios van tomando nota del curso de los acontecimientos humanos, Enki emerge, por regla general, como el protagonista de la Humanidad, mientras que Enlil es el que le impone disciplina a los nuevos seres, cuando no se convierte en su claro antagonista. El papel de una deidad que desea mantener a los nuevos seres humanos sexualmente reprimidos, y el de una deidad que desea y es capaz de ofrecerle a la Humanidad el fruto del «conocimiento», les encajan a la perfección a Enlil y a Enki respectivamente. 
 

Una vez más, los juegos de palabras sumerios y bíblicos vienen en nuestra ayuda. La palabra bíblica para «Serpiente» es nahash. Pero esta palabra proviene de la raíz NHSH, que significa «descifrar, descubrir»; de manera que nahash también podría significar «el que puede descifrar, el que descubre cosas», un epíteto correspondiente a Enki, el científico jefe, el Dios del Conocimiento de los nefilim. 
 

Trazando paralelismos entre el relato mesopotámico de Adapa (que obtuvo el «conocimiento», pero fracasó en conseguir la vida eterna) y el destino de Adán, S. Langdon (Semitic Mythology) reprodujo una imagen descubierta en Mesopotamia que trasluce fuertemente el relato bíblico: una serpiente enroscada en un árbol, señalando su fruto. Los símbolos celestes son significativos: en lo alto está el Planeta del Cruce, que simboliza a Anu; cerca de la serpiente esta el creciente de la Luna, que simboliza a Enki. (Fig. 158) 
  
 

Más relevante para nuestros descubrimientos es el hecho de que, en los textos mesopotámicos, el dios que finalmente concedía el «conocimiento» a Adapa no era otro más que Enki:

Una considerable comprensión perfeccionó para él... 
La sabiduría [le había dado]... 
A él le había dado Conocimiento; 
La Vida Eterna no se la había dado.

Existe una historia ilustrada, grabada en un sello cilíndrico encontrado en Mari, que es muy posible que represente una antigua versión mesopotámica del relato del Génesis. El grabado muestra a un gran dios sentado en un terreno elevado que emerge de las aguas -una representación obvia de Enki. Unas serpientes que echan chorros de agua salen de ambos lados del «trono». 
 

Flanqueando a esta figura central, hay dos dioses con aspecto de árbol. El de la derecha, que tiene ramas que terminan con forma de pene, sostiene un cuenco donde, presumiblemente, se encuentra el Fruto de la Vida. El de la izquierda, cuyas ramas terminan en forma de vagina, ofrece ramas cargadas de fruto, representando al Árbol del «Conocimiento» -el don de la procreación dado por el dios. 
 

Al lado de esta figura, de pie, hay otro Gran Dios; creemos que se trata de Enlil. Su enfado con Enki es obvio. (Fig. 159) 
  
 

Nunca sabremos lo que provocó este «conflicto en el Jardín del Edén». Pero, fueran cuales fueran los motivos de Enki, consiguió perfeccionar al Trabajador Primitivo y crear al Homo sapiens, que, a partir de entonces, tendría su propia descendencia. 
 

Después de que el Hombre adquiriera el «conocimiento», el Antiguo Testamento deja de referirse a él como «el Adán», y toma al sujeto, Adán, una persona concreta, como el primer patriarca de la línea del pueblo del que se ocupa la Biblia. Pero esta mayoría de edad de la Humanidad marcó también un cisma entre Dios y el Hombre. 
 

La separación de caminos, donde el Hombre ya no era un siervo mudo de los dioses, sino una persona que se cuidaba de sí misma, no se atribuye en el Libro del Génesis a una decisión del Hombre mismo, sino a la imposición de un castigo por parte de la Deidad: para que el terrestre no consiga escapar de la mortalidad, se le expulsará del Jardín del Edén. Según estas fuentes, la existencia independiente del Hombre no comenzó en el sur de Mesopotamia, donde los nefilim habían establecido sus ciudades y huertos, sino en el este, en los Montes Zagros: «Y expulsó al Adán y le hizo vivir al este del Jardín del Edén». 
 

Así pues, una vez más, la información bíblica se acopla a los descubrimientos científicos: la cultura humana comenzó en las zonas montañosas que bordean la llanura mesopotámica. ¡Qué lástima que la narración bíblica sea tan breve, pues trata de lo que fue la primera vida civilizada del Hombre en la Tierra! 
 

Arrojado de la Morada de los Dioses, condenado a una vida mortal, pero capaz de procrear, el Hombre se dedicó precisamente a eso. El primer Adán de cuyas generaciones se ocupa el Antiguo Testamento «conoció» a su mujer Eva, y tuvieron un hijo, Caín, que labraba la tierra. Después, Eva tuvo a Abel, que era pastor. Insinuando a la homosexualidad como causa, la Biblia dice que «Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató». 
 

Temiendo por su vida, la Deidad le dio una señal protectora a Caín y le ordenó que se fuera más hacia el este. Al principio, llevó una vida nómada hasta que, finalmente, se estableció en «el País de la Emigración, bastante al este de Edén». Allí tuvo un hijo al que llamó Henoc («inauguración»), «y construyó una ciudad, y le puso por nombre a la ciudad el nombre de su hijo». Henoc, a su vez, tuvo hijos, nietos y bisnietos. En la sexta generación después de Caín, nació Lámek; a sus tres hijos se les considera en la Biblia como los portadores de la civilización: Yabal «fue el padre de los que habitan en tiendas y crían ganado»; Yubal «fue el padre de los que tocan la lira y el arpa»; Túbal Caín fue el primer herrero. 
 

Pero Lámek, al igual que su antepasado Caín, también se vio involucrado en el asesinato -esta vez de un hombre y de un muchacho. Se puede afirmar con seguridad que las víctimas no eran unos humildes extraños, pues el Libro del Génesis le da vueltas al incidente y lo considera un punto crucial en el linaje de Adán. La Biblia dice que Lámek llamó a sus dos esposas, madres de sus tres hijos, y les confesó el doble asesinato, diciendo: «Si Caín es siete veces vengado, Lámek será setenta y siete veces». Habría que aceptar que esta poco comprendida afirmación tenía que ver con la sucesión; Lámek parece admitir ante sus esposas que la esperanza de que la maldición de Caín quedará redimida con la séptima generación (la generación de sus hijos) se ha quedado en nada. Ahora, una nueva maldición, una maldición mucho más duradera, se le ha impuesto a la casa de Lámek. 
 

Para confirmar que el acontecimiento tenía que ver con la línea de sucesión, los versículos siguientes nos informan del establecimiento inmediato de un nuevo linaje, de un linaje puro:

Y Adán conoció a su mujer de nuevo 
y ella dio a luz un hijo 
y le puso por nombre Set [«fundación»], 
pues la Deidad ha fundado para mí 
otra semilla en lugar de Abel, al que mató Caín.

A partir de aquí, el Antiguo Testamento pierde todo el interés en Ja corrompida línea de Caín y de Lámek. El relato en curso de los acontecimientos humanos se fija, a partir de entonces, en el linaje de Adán a través de su hijo Set y el primogénito de Set, Enós, cuyo nombre ha adquirido en hebreo la connotación genérica de «ser humano». «Fue entonces», nos dice el Génesis, «cuando se comenzó a invocar el nombre de la Deidad». 
 

Esta enigmática afirmación ha desconcertado a los eruditos bíblicos y a los teólogos a lo largo de los siglos. Viene seguido por un capítulo en que se da la genealogía de Adán a través de Set y Enós a lo largo de diez generaciones y finalizando con Noé, el héroe del Diluvio. 
 

Los textos sumerios, que describen los tiempos primitivos, cuando los dioses estaban solos en Sumer, describen con igual precisión la vida de los humanos en Sumer en un tiempo posterior, pero antes del Diluvio. El relato sumerio (el original) del Diluvio tiene por «Noé» a un «Hombre de Shuruppak», la séptima ciudad fundada por los nefilim cuando llegaron a la Tierra. 
Así pues, en algún momento, a los seres humanos -desterrados del Edén- se les permitió volver a Mesopotamia para vivir junto a los dioses, para servirles y adorarles. Según interpretamos la afirmación bíblica, esto debió suceder en tiempos de Enós. Debió de ser entonces cuando los dioses permitieron a la Humanidad volver a Mesopotamia, para servir a los dioses «e invocar el nombre de la deidad». 
 

Ansiando entrar en el siguiente acontecimiento épico de la saga humana, el Diluvio, el Libro del Génesis nos da poca información, aparte de los nombres, de los patriarcas que siguieron a Enós. Pero el significado del nombre de cada patriarca puede darnos algún atisbo de los acontecimientos que tuvieron lugar durante el tiempo que vivieron. 
 

El hijo de Enós, a través del cual continuó el linaje puro, fue Cainán («pequeño Caín»); algunos estudiosos traducen el nombre por «herrero del metal». El hijo de Cainán fue Mahalalel («el que alaba a dios»). Éste fue seguido por Jared («el que descendió»); su hijo fue Henoc («el consagrado»), que a la edad de 365 años se lo llevó la Deidad. Pero trescientos años antes, a la edad de 65 años, Henoc tuvo un hijo llamado Methuselah; muchos expertos, siguiendo a Lettia D. Jeffreys {Ancient Hebrew Names: Their Significance and Historica! Value), traducen Methuselah como «hombre del proyectil», «del misil». 
 

El hijo de Methuselah se llamó Lámek, que significa «el que se humilló». Y Lámek engendró a Noah («respiro»), diciendo:

«Que éste nos consuele de nuestro trabajo y del sufrimiento de nuestras manos por causa de la tierra que maldijo la deidad».

Parece ser que la Humanidad estaba pasando por grandes privaciones cuando nació Noé. Los afanes y el duro trabajo no llevaban a ninguna parte, pues la Tierra, que tenía que alimentarles, estaba maldita. El escenario del Diluvio estaba montado -el trascendental acontecimiento que iba a borrar de la faz de la Tierra no sólo a la raza humana sino a toda la vida en la tierra y en los cielos.

Y la Deidad vio que la maldad del Hombre 
era grande en la tierra, 
y que todo deseo que ideaba su corazón 
era sólo mal, todos los días. 
Y la Deidad se arrepintió de haber hecho al Hombre 
sobre la tierra, y Su corazón se apenó. 
Y la Deidad dijo: 
«Exterminaré al terrestre que he creado 
de la faz de la tierra».

Son, éstas, graves acusaciones, presentadas como justificación para unas drásticas medidas que tenían que llevar al «fin de toda carne». Pero carecen de especificidad, y ni estudiosos ni teólogos encuentran respuestas satisfactorias en lo referente a los pecados o «violaciones» que pudieran haber disgustado tanto a la Deidad. 
 

El uso insistente del término carne, tanto en los versículos acusatorios como en las proclamaciones del juicio, sugiere, claro está, que las corrupciones y las violaciones tenían que ver con la carne. La Divinidad estaba apenada por el mal «deseo que ideaba el Hombre». Parece ser que el Hombre había descubierto el sexo, y se había convertido en un maníaco sexual. 
 

Pero resulta difícil de aceptar que la Divinidad decidiera barrer a la Humanidad de la faz de la Tierra, simplemente, porque los hombres hacían demasiado el amor con sus esposas. Los textos mesopotámicos hablan libre y elocuentemente del sexo y del acto sexual entre los dioses. 
 

Hay textos en los que se describe el tierno amor entre los dioses y sus consortes, el amor ilícito entre una doncella y su amante, o el amor violento (como cuando Enlil violó a Ninlil). En muchísimos textos se habla del acto sexual y de la relación sexual entre los dioses, con sus consortes oficiales o con concubinas no oficiales, con sus hermanas, con sus hijas e, incluso, con sus nietas (hacer el amor con estas últimas era el pasatiempo favorito de Enki). Los dioses difícilmente se habrían vuelto contra la Humanidad por comportarse como ellos mismos se comportaban. 
 

Nos da la impresión de que el móvil de la Deidad no era meramente una cuestión de moral humana. La mayor parte del disgusto venía provocada porque la corrupción se estaba difundiendo entre los mismos dioses. Visto bajo esta luz, el significado de los desconcertantes versículos iniciales del capítulo 6 del Génesis quedaría claro:

Y sucedió, 
cuando los terrestres comenzaron a crecer en número 
sobre la faz de la Tierra, 
y les nacieron hijas, 
que los hijos de los dioses 
vieron que las hijas de los terrestres 
eran compatibles; 
y tomaron para sí 
por esposas a las que eligieron.

Estos versículos dejan claro que, cuando los hijos de los dioses empezaron a relacionarse sexualmente con la descendencia de los terrestres, fue cuando la Deidad grito: «¡Basta!» 
  
 

Y la Deidad dijo:

«Mi espíritu no protegerá al Hombre para siempre; 
después de extraviarse, él no es más que carne».

Esta frase ha sido un enigma durante milenios. Pero, leída a la luz de nuestras conclusiones, referentes a la manipulación genética que puso en marcha la creación del Hombre, estos versículos traen un mensaje para nuestros propios científicos. El «espíritu» de los dioses -su perfeccionamiento genético de la Humanidad- estaba empezando a deteriorarse. La Humanidad se había «extraviado», volviendo a ser, de este modo, «nada más que carne» -más cerca de sus orígenes animales, simios. 
 

Ahora podemos comprender el énfasis que pone el Antiguo Testamento en la distinción entre Noé, «un hombre justo... puro en sus genealogías», y «toda la tierra que estaba corrupta». Al casarse con hombres y mujeres de pureza genética decreciente, los dioses estaban cayendo también en el deterioro. Al señalar que sólo Noé seguía siendo genéticamente puro, el relato bíblico justifica la contradicción de la Deidad: después de decidir borrar toda vida de la faz de la Tierra, decidió salvar a Noé y a sus descendientes, y a «todo animal puro», y otras bestias y aves, «para que sobreviva la simiente de toda la faz de la tierra». 
 

El plan de la Divinidad para frustrar su propio objetivo inicial consistió en avisar a Noé de la llegada de la catástrofe, y dirigirle en la construcción de un arca que portara a la gente y a las criaturas que había que salvar. La noticia se le dio a Noé siete días antes y, de algún modo, se las apañó para construir el arca e impermeabilizarla, recoger a todas las criaturas y subirlas a bordo, junto con su familia, y para aprovisionar el arca en el tiempo previsto. «Y sucedió, después de siete días, que las aguas del Diluvio vinieron sobre la tierra». Lo que sucedió lo describe mejor la Biblia con sus propias palabras:

Aquel día, 
reventaron todas las fuentes del gran abismo, 
y las compuertas de los cielos se abrieron... 
Y el Diluvio estuvo cuarenta días sobre la Tierra, 
y las aguas crecieron y levantaron el arca, 
y se elevó por encima de la tierra. 
Y las aguas se hicieron más fuertes 
y crecieron enormemente sobre la tierra, 
y el arca flotó sobre las aguas. 
Y las aguas se hicieron excesivamente fuertes sobre la 
tierra y todas las montañas altas fueron cubiertas, 
aquellas que están bajo todos los cielos: 
quince codos por encima de ellas imperó el agua, 
y las montañas fueron cubiertas. 
Y toda carne pereció... 
desde el hombre hasta los ganados y hasta las cosas reptantes 
y las aves del cielo 
fueron barridos de la Tierra; 
y sólo quedó Noé, 
y los que estaban con él en el arca.

Las aguas imperaron sobre la Tierra 150 días cuando la Divinidad…

hizo pasar un viento sobre la Tierra, 
y las aguas se calmaron. 
Y las fuentes del abismo se cerraron, 
al igual que las compuertas de los cielos; 
y la lluvia del cielo cesó. 
Y las aguas comenzaron a retroceder sobre la Tierra, 
yendo y viniendo. 
Y después de ciento cincuenta días, 
las aguas habían menguado; 
y el arca descansaba sobre los Montes de Ararat.

Según la versión bíblica, la ordalía de la Humanidad comenzó «en el año seiscientos de la vida de Noé, en el segundo mes, en el decimoséptimo día del mes». El arca descansó sobre los Montes de Ararat «en el séptimo mes, en el decimoséptimo día del mes». El aumento de las aguas y su gradual «retroceso» -lo suficiente como para que el descenso de nivel permitiera que el arca se posara sobre los picos de Ararat- llevó, por tanto, cinco meses enteros. Después, «las aguas siguieron bajando, hasta que los picos de las montañas» -y no sólo los altísimos Ararats- «pudieron verse en el undécimo día del décimo mes», casi tres meses después. 
 

Noé esperó otros cuarenta días. Después, soltó un cuervo y una paloma «para ver si las aguas habían menguado de la superficie terrestre». En el tercer intento, la paloma volvió con una rama de olivo en la boca, indicando que las aguas habían retrocedido lo suficiente como para que se pudieran ver las copas de los árboles. Pocos días después, Noé soltó a la paloma una vez más, «pero ya no volvió». El Diluvio había terminado.

Y Noé retiró la cubierta del Arca 
y miró, y he aquí: 
la superficie del suelo estaba seca.

«En el segundo mes, en el vigésimo séptimo día del mes, quedó seca la tierra». Noé tenía 601 años. La ordalía había durado un año y diez días. 
 

Después, Noé y todos los que estaban con él en el arca salieron. Y Noé construyó un altar y ofreció holocaustos a la Deidad.

Y la Deidad aspiró el tentador aroma 
y dijo en su corazón: 
«Nunca más maldeciré a la tierra seca 
por causa del terrestre; 
pues el deseo de su corazón es malo desde su juventud».

El «final feliz» es un cúmulo de contradicciones, al igual que la misma historia del Diluvio. Comienza con una larga acusación a la Humanidad por distintas abominaciones, entre las que habría que incluir la corrupción de la pureza de los jóvenes dioses. Se llega a la trascendente decisión de exterminar toda carne y parece plenamente justificada. Después, la misma Deidad se apresura en no más de siete días para asegurarse de que la semilla de la Humanidad y otras criaturas no perecerán. Y, luego, cuando el trauma ha terminado, la Deidad se apacigua con el aroma de la carne asada y, olvidando su determinación original de poner fin a la Humanidad, deja de lado todo el asunto con una excusa, culpando a los malos deseos del Hombre en su juventud. 
 

Estas fastidiosas dudas acerca de la veracidad de la historia se disuelven, no obstante, cuando nos damos cuenta de que el relato bíblico es una versión reducida del relato original sumerio. Como en otros casos, la Biblia monoteísta ha comprimido en una sola Deidad los papeles representados por varios dioses que no siempre estaban de acuerdo. 
 

La historia bíblica del Diluvio estuvo aislada hasta que se hicieron los descubrimientos arqueológicos de la civilización mesopotámica y se pudieron descifrar los textos de la literatura acadia y sumeria. Hasta ese momento, sólo se había visto refrendada por primitivas leyendas dispersas por todo el mundo. El descubrimiento de «La Epopeya de Gilgamesh» le dio al Diluvio del Génesis una compañía más antigua y venerable, fortalecida más tarde con otros descubrimientos de textos y fragmentos, aun más antiguos, pertenecientes a la versión original sumeria. 
 

El héroe del Diluvio mesopotámico era Ziusudra, en sumerio (Utnapistim en acadio), que, después del Diluvio, fue llevado a la Morada Celeste de los Dioses para vivir allí felizmente para siempre. Cuando, en su búsqueda de la inmortalidad, Gilgamesh llegó por fin al lugar, pidió consejo a Utnapistim sobre el tema de la vida y la muerte. Y Utnapistim le desveló a Gilgamesh -y, a través de él, a toda la Humanidad postdiluviana- el secreto de su supervivencia, «una materia oculta, un secreto de los dioses» -la verdadera historia (se podría decir) de la Gran Inundación. 
 

El secreto revelado por Utnapistim fue que, antes de la acometida del Diluvio, los dioses tuvieron una asamblea y votaron sobre la destrucción de la Humanidad. El voto y la decisión se mantuvieron en secreto, pero Enki buscó a Utnapistim, el soberano de Shuruppak, para informarle de la inminente calamidad. De forma clandestina, Enki le habló a Utnapistim desde detrás de un biombo de junco. Al principio, sus revelaciones fueron crípticas. Después, su advertencia y su consejo se especificaron con claridad:

Hombre de Shuruppak, hijo de Ubar-Tutu: 
¡Echa abajo la casa, construye un barco! 
¡Renuncia a las posesiones, salva tu vida! 
¡Abjura de tus pertenencias, salva tu alma! 
Lleva a bordo la simiente de todas las cosas vivas; 
el barco que has de construir- 
sus dimensiones se habrán de medir.

El paralelismo con la historia bíblica es obvio: un Diluvio está a punto de llegar; a un Hombre se le advierte; tiene que salvarse construyendo un barco especial; ha de llevar con él y salvar «la simiente de todas las cosas vivas». Sin embargo, la versión babilónica es más plausible. La decisión de destruir y el esfuerzo por salvar no son los actos contradictorios de una misma y única Divinidad, sino los actos de diferentes deidades. Además, la decisión de advertir y salvar la semilla del Hombre es el desafiante acto de un dios (Enki), que actúa en secreto y en contra de la decisión conjunta de los otros Grandes Dioses. 
 

Por qué se arriesgó Enki a desafiar al resto de dioses? ¿Fue él el único implicado en la conservación de sus «asombrosas obras de arte», o habría que encuadrar su acto en el marco de la creciente rivalidad y enemistad entre él y su hermano mayor Enlil? 
 

La existencia de un conflicto de este tipo entre ambos hermanos destaca en la historia del Diluvio. 
 

Utnapistim le hizo a Enki la pregunta obvia: ¿Cómo iba él, Utnapistim, a explicar al resto de ciudadanos de Shuruppak la construcción de una embarcación tan extraña y el abandono de todas sus posesiones? Enki le aconsejó:

Así les debes hablar a ellos: 
«He sabido que Enlil me es hostil, 
de manera que ya no puedo residir en vuestra ciudad, 
ni poner mis pies en territorio de Enlil. 
Por tanto, al Apsu bajaré, 
para morar con mi Señor Ea».

Así pues, la excusa fue que, como seguidor de Enki, Utnapistim no podía seguir viviendo en Mesopotamia, y que estaba construyendo un barco con el que pretendía ir hasta el Mundo Inferior (el sur de África, según nuestros descubrimientos) para vivir allí con su Señor, Ea/Enki. Los versos que vienen a continuación sugieren que la zona estaba padeciendo una sequía o una hambruna; Utnapistim (siguiendo el consejo de Enki) fue a asegurar a los residentes de la ciudad que, si Enlil le veía partir, «la tierra se volverá a llenar de ricas cosechas». Esta excusa tenía sentido para los otros habitantes de la ciudad. 
 

Así engañada, la gente de la ciudad no hizo preguntas, sino que hasta llegó a echar una mano en la construcción del arca. Matando y sirviéndoles bueyes y ovejas «todos los días», y prodigándose en «mosto, vino tinto, aceite y vino blanco», Utnapistim los animó a trabajar más rápido. Hasta los niños llevaban betunes para impermeabilizar la nave. 
 

«Al séptimo día, el barco estaba terminado. La botadura fue muy dificultosa, de modo que tuvieron que mover los tablones del suelo arriba y abajo, hasta dos tercios de la estructura tenía que entrar en el agua» del Eufrates. Después, Utnapistim subió a bordo a toda su familia y parientes, junto con «todo lo que yo tenía de todas las criaturas vivas», así como «los animales del campo, las bestias salvajes del campo». 
 

La similitud con el relato bíblico -incluso en los siete días de la construcción- es clara. No obstante, yendo un paso más allá que Noé, Utnapistim también subió a escondidas a todos los artesanos que le habían ayudado en la construcción del barco. 
Él también tenía que subir a bordo, pero cuando se diera cierta señal; una señal cuya naturaleza Enki le había revelado también: el «momento indicado» lo marcaría Shamash, la deidad encargada de los cohetes ígneos. Ésta fue la orden de Enki:

«¡Cuando Shamash, que da la orden del temblor al anochecer, 
haga caer una lluvia de erupciones, 
sube a bordo de tu barco y atranca la entrada!»

Y nos quedamos dándole vueltas a la conexión entre lo que parece el encendido de un cohete espacial por parte de Shamash y la llegada del momento en que Utnapistim se meta en el arca y selle la entrada. Pero el momento llegó; el cohete provocó un «temblor al anochecer», hubo una lluvia de erupciones y Utnapistim «atrancó todo el barco» y «entregó la estructura junto con su contenido» a «Puzur-Amurri, el Barquero». 
 

Llegó la tormenta «con las primeras luces del alba». Hubo estremecedores truenos. Una nube negra se levantó desde el horizonte. La tormenta arrancó los postes de las construcciones y los muelles; después, los diques cedieron. A continuación, llegó la oscuridad, «convirtiendo en negrura todo lo que había sido luminoso»; y «la ancha tierra se hizo añicos como una olla». 
 

Durante seis días y seis noches sopló la «tormenta-sur».

Ganando velocidad mientras soplaba, 
sumergiendo las montañas, 
sorprendiendo a la gente como en una batalla... 
Cuando llegó el séptimo día, 
la tormenta-sur que llevaba la inundación 
amainó en la batalla 
que había entablado como un ejército. 
El mar calló, 
la tempestad se sosegó, 
la inundación cesó. 
Tantee el tiempo. 
Se había instalado la tranquilidad. 
Y toda la Humanidad había vuelto al barro.

Se había hecho la voluntad de Enlil y de la Asamblea de los Dioses. Pero, sin saberlo ellos, el plan de Enki había funcionado. Flotando en las turbulentas aguas, había una embarcación que llevaba hombres, mujeres, niños y otras criaturas vivas. 
 

Finalizada la tormenta, Utnapistim dice: «Abrí una ventanilla; la luz cayó sobre mi rostro». Miró alrededor; «El paisaje era tan liso como un tejado plano». Y, agachándose, se sentó y sollozó, «las lágrimas corrían por mi cara». Buscó una costa en la inmensidad del mar, pero no vio nada. Después...

Emergió una región montañosa; 
sobre el Monte de la Salvación se detuvo el barco; 
el Monte Nisir [«salvación»] sujetó al barco con firmeza, 
sin dejar que se moviera.

Durante seis días, Utnapistim estuvo vigilando desde el arca inmóvil, cautiva en los picos del Monte de la Salvación -los picos bíblicos de Ararat. 
 

Después, al igual que Noé, soltó una paloma para que buscara un lugar de descanso, pero volvió. Una golondrina también salió, y volvió. Después, soltó a un cuervo -y huyó, encontrando un lugar de descanso. Entonces, Utnapistim soltó a todas las aves y animales que estaban con él, y salió él también. Construyó un altar «y ofrendó un sacrificio» -lo mismo que hizo Noé. 
 

Pero aquí, una vez más, la diferencia entre Deidad-única y Deidad-múltiple vuelve a aparecer. Cuando Noé ofreció el holocausto, «Yahveh aspiró el tentador aroma»; pero cuando Utnapistim ofreció el sacrificio, «los dioses aspiraron el perfume, los dioses aspiraron el dulce perfume. Los dioses acudieron como moscas hasta el que había hecho el sacrificio». 
En la versión del Génesis, fue Yahveh el que prometió que nunca más destruiría a la Humanidad. En la versión babilónica fue la Gran Diosa la que prometió: «No olvidaré... Seré consciente de estos días, nunca los olvidaré». 
 

Sin embargo, ése no era el problema inmediato. Pues, cuando Enlil llegó finalmente al lugar de la escena, no pensaba demasiado en la comida. Estaba echando chispas de ver que alguien había sobrevivido. «¿Acaso alguna alma viviente ha escapado? ¡Ningún hombre tenía que sobrevivir a la destrucción!» 
 

Ninurta, su hijo y heredero, apuntó inmediatamente su dedo acusador hacia Enki. «¿Quién, sino Ea, puede diseñar un plan así? Sólo Ea sabe de qué va todo». Lejos de negar la acusación, Enki lanzó uno de los discursos de la defensa más elocuentes del mundo. Elogiando a Enlil por su sabiduría, y sugiriendo que, posiblemente, Enlil no podía ser «poco razonable» -realista-, Enki mezcló una negación con una confesión. «No fui yo el que descubrió el secreto de los dioses»; simplemente dejé que un Hombre, uno «extremadamente sabio», percibiera por su propio saber el secreto de los dioses. Y si, como parece, este terrestre es tan sabio, Enki le sugirió a Enlil, no vayamos a ignorar sus capacidades. «Así pues, ¡déjate aconsejar en cuanto a él!» 
 

Todo esto, nos relata «La Epopeya de Gilgamesh», era el «secreto de los dioses» que Utnapistim le contó a Gilgamesh. Y, después, le contó el acontecimiento final. Dejándose influir por el argumento de Enki,

Acto seguido, Enlil subió a bordo del barco. 
Me cogió de la mano y me llevó a bordo. 
Llevó a mi mujer a bordo, 
la hizo arrodillarse a mi lado. 
Y él, de pie entre nosotros, 
tocó nuestras frentes para bendecirnos: 
«Hasta ahora, Utnapistim no has sido más que humano; 
en lo sucesivo, Utnapistim y su esposa 
serán para nosotros como dioses. 
¡Utnapistim residirá en la Lejanía, 
en la Boca de las Aguas!».

Y Utnapistim terminó de contar su historia a Gilgamesh. Después de ser llevado a vivir en la Lejanía, Anu y Enlil...

Le dieron vida, como a un dios, 
lo elevaron a la vida eterna, como a un dios.

Pero, ¿qué sucedió con la Humanidad en general? El relato bíblico termina diciendo que la Deidad permitió y bendijo a la Humanidad con un «sed fecundos y multiplicaos». Las versiones mesopotámicas de la historia del Diluvio también terminan con unos versículos que tratan de la procreación de la Humanidad. Los textos, en parte mutilados, hablan del establecimiento de «categorías» humanas:

... Que haya una tercera categoría entre los Humanos: 
que haya entre los Humanos 
mujeres que den a luz y mujeres que no den a luz.

Parece ser que se establecieron nuevas directrices para la relación sexual:

Normas para la raza humana: 
Que el varón... a la joven doncella... 
Que la joven doncella... 
El hombre joven a la joven doncella... 
Cuando el lecho esté puesto, 
que la esposa y su marido yazgan juntos.

Enlil fue estratégicamente superado. La Humanidad se salvó y se le permitió procrear. Los dioses abrieron la Tierra al Hombre.


 CUANDO LOS DIOSES HUYERON DE LA TIERRA

¿Qué fue aquel Diluvio, cuyas furiosas aguas barrieron la Tierra? 
 

Algunos lo explican en términos de las inundaciones anuales de la llanura Tigris-Eufrates. Conjeturan que una de tales inundaciones pudo ser especialmente severa. Campos y ciudades, hombres y animales fueron barridos por la crecida de las aguas, y los pueblos primitivos, viendo el acontecimiento como un castigo de los dioses, propagaron la leyenda del Diluvio. 
 

En uno de sus libros, Excavations at Ur, Sir Leonard Woolley relata que, en 1929, cuando los trabajos en el Cementerio Real de Ur estaban tocando a su fin, los trabajadores hicieron un pequeño pozo en un montículo cercano, cavando a través de una masa de cerámica rota y de cascotes de ladrillo. Casi un metro más abajo, llegaron a un nivel de barro endurecido, algo que, habitualmente, marca el punto donde una civilización ha comenzado. Pero, ¿es que milenios de vida urbana sólo habían dejado un metro de estratos arqueológicos? 
  
 

Sir Leonard les pidió a los trabajadores que cavaran todavía más. Entonces profundizaron otro metro y, luego, metro y medio más. Seguían sacando «suelo virgen» -barro sin rastros de habitación humana. Pero, después de cavar a través de casi tres metros y medio de cieno y barro seco, los trabajadores llegaron a un estrato en el que empezaron ya a encontrarse trozos de cerámica verde e instrumentos de sílex. ¡Una civilización más antigua había sido enterrada bajo tres metros y medio de bario! 
 

Sir Leonard se metió en el hoyo de un salto y examinó la excavación. Llamó a sus ayudantes, en busca de opiniones. Nadie tenía una teoría plausible. Después, la esposa de Sir Leonard dijo casi por casualidad: «¡Pero, si está claro, es el Diluvio!». 
 

Sin embargo, otras delegaciones arqueológicas en Mesopotamia dudaron de esta maravillosa intuición. El estrato de barro donde no había rastros de habitación indicaba, efectivamente, una inundación. Pero, mientras los depósitos de Ur y al-'Ubaid sugerían la inundación entre el 3500 y el 4000 a.C, un depósito similar descubierto posteriormente en Kis se estimó que se había formado en los alrededores del 2800 a.C. La misma fecha (2800 a.C.) se estimó para unos estratos de barro encontrados en Erek y en Shuruppak, la ciudad del Noé sumerio. En Nínive, los excavadores encontraron, a una profundidad de 18 metros, nada menos que trece estratos alternos de barro y arena ribereña, datados entre el 4000 y el 3000 a.C. 
 

Por tanto, la mayoría de los estudiosos creen que lo que Woolley encontró fueron los rastros de varias inundaciones locales, algo frecuente en Mesopotamia, donde las ocasionales lluvias torrenciales y las crecidas de los dos grandes ríos y sus frecuentes cambios de curso causan tales estragos. En cuanto a los diferentes estratos de barro, los expertos han llegado a la conclusión de que no pertenecen a una gran calamidad, como debió ser el monumental acontecimiento prehistórico que conocemos como el Diluvio. 
 

El Antiguo Testamento es una obra maestra de brevedad y precisión. Las palabras siempre están muy bien elegidas para expresar los significados precisos; los versículos, relevantes; su orden, intencionado; su longitud, la necesaria. La totalidad de la historia de la Creación hasta la expulsión de Adán y Eva del Jardín del Edén se cuenta en 80 versículos. La relación completa de Adán y su linaje, aun con el relato diferenciado de Caín y su linaje, y Set, Enós y su linaje, se trata en 58 versículos. Pero el relato de la Gran Inundación mereció nada menos que 87 versículos. Era, bajo cualquier criterio editorial, la «historia principal». No era un mero acontecimiento local, fue una catástrofe que afectó a toda la Tierra, a toda la Humanidad. Los textos mesopotámicos afirman con claridad que «los cuatro rincones de la Tierra» se vieron afectados. 
 

Como tal, fue un punto crucial en la prehistoria de Mesopotamia. Estaban los acontecimientos, las ciudades y la gente de antes del Diluvio, y los acontecimientos, las ciudades y la gente de después del Diluvio. Estaban todos los hechos de los dioses y el Reino que habían hecho descender del Cielo antes de la Gran Inundación, y el curso de los acontecimientos humanos y divinos cuando el Reino fue bajado de nuevo a la Tierra después de la Gran Inundación. Era la gran divisoria del tiempo. 
 

No sólo las largas listas de reyes, sino también los textos relativos a reyes individuales y a su ascendencia hacían mención al Diluvio. En uno, por ejemplo, perteneciente a Ur-Ninurta, se recordaba el Diluvio como un acontecimiento remoto en el tiempo:

En aquel día, en aquel remoto día, 
en aquella noche, en aquella remota noche, 
en aquel año, en aquel remoto año 
cuando el Diluvio tuvo lugar.

El rey asirio Assurbanipal, un mecenas de las ciencias que amasó una inmensa biblioteca de tablillas de arcilla en Nínive, declaró en una de sus inscripciones conmemorativas que él había encontrado y había sido capaz de leer «inscripciones en piedra de antes del Diluvio». En un texto acadio, en el que se habla de los nombres y su origen, se explica que hay una lista de nombres «de reyes de después del Diluvio». Un rey era ensalzado por ser «de simiente preservada desde antes del Diluvio». Y diversos textos científicos citan como fuente «los sabios de antaño, de antes del Diluvio». 
 

No, el Diluvio no fue un acontecimiento local o una inundación periódica. Fue, según todos los relatos, un acontecimiento de una magnitud sin precedentes que sacudió la Tierra, una catástrofe que ni el Hombre ni los dioses habían experimentado hasta entonces, ni han experimentado después.

Los textos bíblicos y mesopotámicos que hemos examinado hasta ahora dejan unos cuantos misterios por resolver. ¿Qué terrible experiencia sufrió la Humanidad, que hizo que a Noé se le llamará «Respiro», con la esperanza de que su nacimiento señalara el fin de las penurias? ¿Cuál era el «secreto» que los dioses juraron guardar, y del que se acusó a Enki de haberlo desvelado? ¿Por qué el lanzamiento de un vehículo espacial desde Sippar fue la señal para que Utnapistim entrara y sellara el arca? ¿Dónde estuvieron los dioses mientras las aguas cubrían hasta la más alta de las montañas? ¿Y por qué valoraron tanto el sacrificio de carne asada que hizo Noé/Utnapistim? 
 

A medida que vayamos descubriendo las respuestas a éstas y otras preguntas, veremos que el Diluvio no fue un castigo premeditado, producido por los dioses por voluntad propia. Descubriremos que, aunque el Diluvio fue un acontecimiento previsible, también fue inevitable, una calamidad natural en la cual los dioses no representaron un papel activo, sino pasivo. También mostraremos que el secreto que los dioses juraron no revelar era una conspiración contra la Humanidad, consistente en reservarse la información que tenían respecto a la próxima avalancha de agua, de modo que, mientras los nefilim se salvaban, la Humanidad pereciera. 
 

Gran parte de los conocimientos que tenemos ahora sobre el Diluvio y los acontecimientos que lo precedieron provienen del texto «Cuando los dioses». En él, el héroe del Diluvio se llama Atra-Hasis. En el fragmento sobre el Diluvio que hay en «La Epopeya de Gilgamesh», Enki llama a Utnapistim «extremadamente sabio», que es lo que, en acadio, significa atra-hasis. 
 

Los expertos tenían la teoría de que los textos en los que Atra-Hasis es el héroe podían formar parte de una historia anterior del Diluvio, concretamente sumeria. Con el tiempo, se descubrieron las suficientes tablillas babilonias, asirías, cananeas e, incluso, sumerias originales como para permitir un importante reensamblaje de la epopeya de Atra-Hasis, un trabajo maestro cuyos principales artífices fueron W. G. Lambert y A. R. Millard (Atra-Hasis: The Babylonian Story of the Flood). 
 

Tras describir el duro trabajo de los anunnaki, su motín y la subsiguiente creación del Trabajador Primitivo, la epopeya relata cómo comenzó el Hombre a procrear y a multiplicarse (cosa que también sabemos por la versión bíblica). Con el tiempo, la Humanidad empezó a disgustar a Enlil.

La tierra se extendía, la gente se multiplicaba; 
en la tierra, como toros salvajes yacían. 
El dios se molestó con sus uniones; 
el dios Enlil oía sus declaraciones, 
y dijo a los grandes dioses: 
«Las declaraciones de la Humanidad se han hecho agobiantes; 
sus uniones no me dejan dormir».

Entonces, Enlil -una vez más, en el papel de perseguidor de la Humanidad- ordenó un castigo. Ahora, uno esperaría leer algo sobre la llegada del Diluvio, pero no. Sorprendentemente, Enlil no llegaba siquiera a mencionar un Diluvio ni ninguna ordalía acuática similar. En vez de esto, pidió que se diezmara a la Humanidad con la peste y otras enfermedades. 
 

Las versiones acadia y asiria de la epopeya hablan de los «dolores, mareos, resfriados, fiebre», así como de las «enfermedades, plagas y peste» que afligieron a la Humanidad y a su ganado después de la petición de Enlil de un castigo. Pero los planes de Enlil no funcionaron. Resultó que «el que era extremadamente sabio» -Atra-Hasis-era alguien especialmente cercano al dios Enki. Contando su propia historia en algunas de las versiones, dice: «Yo soy Atra-Hasis; vivía en el templo de Ea, mi señor». Con «su mente atenta a su Señor Enki», Atra-Hasis apeló a él para que desmontara el plan de su hermano Enlil:

«Ea, Oh Señor, la Humanidad gime; 
la furia de los dioses consume la tierra. 
¡Y, sin embargo, tú eres el que nos ha creado! 
¡Que cesen los dolores, los mareos, 
los resfriados, la fiebre!».

Hasta que no se encontraron más tablillas rotas, no supimos cuál había sido el consejo de Enki. Éste dijo algo de «...que aparezca en la tierra». Fuera lo que fuera, funcionó. Poco después, Enlil se quejó amargamente a los dioses de que «la población no ha disminuido; ¡son más numerosos que antes!». 
 

Entonces, se puso a esbozar el exterminio de la Humanidad a través del hambre. «¡Que se le corten los suministros a la gente; que sus vientres carezcan de frutas y vegetales!» La hambruna tenía que acaecer a través de las fuerzas de la naturaleza, por escasez de lluvia y falta de irrigación.

Que las lluvias del dios de la lluvia se retengan arriba; 
abajo, que las aguas no salgan de sus fuentes. 
Que el viento sople y reseque el suelo; 
que las nubes se espesen, pero que retengan su aguacero.

Incluso las fuentes de alimentación marinas tenían que desaparecer. A Enki se le ordenó que «pasara el cerrojo y atrancara el mar», y que «guardara» sus alimentos lejos de la gente. 
 

La sequía no tardó en difundir la devastación.

Desde arriba, el calor no era... 
Abajo, las aguas no surgían de sus fuentes. 
La matriz de la Tierra no daba frutos; 
la vegetación no crecía... 
Los negros campos se hicieron blancos; 
la amplia llanura se asfixió con sal.

La hambruna resultante causó estragos entre la gente, y la situación fue empeorando con el paso del tiempo. Los textos mesopotámicos hablan de una devastación creciente a lo largo de seis sha-at-tam's -un término que algunos traducen como «años», pero que literalmente significa «pasos»-, y, como la versión asiria aclara, «un año de Anu»:

Durante un sha-at-tam ellos comieron la hierba de la tierra. 
Durante el segundo sha-at-tam sufrieron la venganza. 
El tercer sha-at-tam llegó; 
sus rasgos se vieron alterados por el hambre, 
sus rostros estaban incrustados... 
estaban viviendo al borde de la muerte. 
Cuando el cuarto sha-at-tam llegó, 
sus rostros parecían verdes; 
caminaban encorvados por las calles; 
su ancho [¿hombros?] se hizo estrecho.

Para el quinto «paso», la vida humana comenzó a deteriorarse. Las madres cerraban las puertas a sus propias hijas hambrientas. Las hijas espiaban a sus madres para ver si ocultaban comida. Para el sexto «paso», había un canibalismo desenfrenado.

Cuando el sexto sha-at-tam llegó 
se preparaban a la hija para la comida; 
al hijo se preparaban como alimento... 
Una casa devoraba a la otra.

Los textos hablan de la insistente intercesión de Atra-Hasis ante su dios Enki. «En la casa de su dios... puso el pie;... todos los días lloraba, trayendo oblaciones por la mañana... invocaba el nombre de su dios», buscando la ayuda de Enki para detener la hambruna. 
 

Sin embargo, Enki debía sentirse ligado a la decisión de las otras deidades, pues, en un primer momento, no respondió. Es bastante posible que, incluso, se ocultara de su fiel adorador, que dejara el templo y saliera a navegar por sus amados pantanos. «Cuando el pueblo estaba viviendo al filo de la muerte», Atra-Hasis «puso su lecho de cara al río». Pero no hubo respuesta. 
 

La visión de una Humanidad hambrienta y desintegrada, de padres que se comían a sus propios hijos, trajo finalmente lo inevitable: otro enfrentamiento entre Enki y Enlil. En el séptimo «paso», cuando los hombres y las mujeres que quedaban eran «como fantasmas de los muertos», recibieron un mensaje de Enki. «Haced un gran ruido en la tierra», dijo. Enviad heraldos que ordenen a toda la gente: «No veneréis a vuestros dioses, no recéis a vuestras diosas». ¡Que haya desobediencia total! 
 

Bajo la tapadera de este alboroto, Enki planeaba una acción más concreta. Los textos, bastante fragmentados en este punto, desvelan que Enki convocó una asamblea secreta de «ancianos» en su templo. «Ellos entraron... tomaron consejo en la Casa de Enki». En primer lugar, Enki se exoneró contándoles lo mucho que se había opuesto a los actos de los demás dioses. Después, esbozó un plan de acción que, de algún modo, tenía que ver con su mando sobre los mares y el Mundo Inferior. 
 

Podemos recoger los detalles clandestinos del plan a partir de unos versículos fragmentarios: «Por la noche... después de que él...» alguien tenía que estar «a la orilla del río» a determinada hora, quizás para esperar el regreso de Enki desde el Mundo Inferior. De allí, Enki «trajo a los guerreros del agua» -quizás también algunos de los terrestres que eran Trabajadores Primitivos en las minas. En el momento acordado, se cursaron las órdenes: «¡Vamos!... la orden...» 
 

A pesar de todas las líneas que se han perdido, podemos suponer lo que sucedió a partir de la reacción de Enlil. «Estaba lleno de ira». Convocó la Asamblea de Dioses y envió a su alguacil para que trajera a Enki. Después, se levantó y acusó a su hermano de romper los planes de vigilancia y contención:

Todos nosotros, Grandes Anunnaki, 
llegamos juntos a una decisión... 
Ordené que, en el Pájaro del Cielo, 
Adad vigilaría las regiones superiores; 
que Sin y Nergal vigilarían 
las regiones medias de la Tierra; 
que el cerrojo, la barrera del mar, 
tú [Enki] vigilarías con tus cohetes. 
¡Pero tú has dejado pasar provisiones para la gente!

Enlil acusó a su hermano de romper el «cerrojo del mar». Pero Enki negó que aquello hubiera ocurrido con su consentimiento:

El cerrojo, la barrera del mar, 
guardé con mis cohetes. 
[Pero] cuando... escapó de mí... 
una miríada de pescado... desapareció; 
ellos rompieron el cerrojo... 
ellos mataron a los guardianes del mar.

Enki afirmó que había capturado a los culpables y que los había castigado, pero Enlil no se dio por satisfecho. Pidió que Enki «dejara de alimentar a su gente», que ya no suministrara «raciones de cereales con las que la gente rebosa de salud». La reacción de Enki fue asombrosa:

El dios se hartó de la sesión; 
en la Asamblea de los Dioses, 
la risa le venció.

Podemos imaginarnos el pandemónium que se organizó. Enlil estaba furioso. Hubo acalorados intercambios con Enki y gritos. «¡No deja de calumniar!» Cuando la Asamblea recuperó por fin el orden, Enlil recuperó la palabra de nuevo. Les recordó a sus colegas y subordinados que había sido una decisión unánime. Hizo un repaso de los acontecimientos que habían llevado a la creación del Trabajador Primitivo, y recordó las muchas veces que Enki había «roto la norma». 
 

Pero, dijo, aún había una posibilidad para condenar a la Humanidad. Una «inundación exterminadora» estaba al caer. La catástrofe que se avecinaba debía mantenerse en secreto, a resguardo del pueblo. Pidió a los miembros de la Asamblea que se comprometieran a guardar el secreto y, lo que es más importante, que «el príncipe Enki se comprometa con un juramento».

Enlil abrió la boca para hablar 
y se dirigió a la Asamblea de todos los dioses: 
«¡Vamos, todos, y prestemos juramento 
sobre la Inundación Exterminadora!». 
Anu juró primero; 
Enlil juró; sus hijos juraron con él.

Al principio, Enki se negó a prestar juramento. «¿Por qué me quieres comprometer con un juramento?», preguntó. «¿Acaso voy a levantar mis manos contra mis propios humanos?» Pero, al final, fue obligado a pronunciar el juramento. Uno de los textos dice, específicamente, «Anu, Enlil, Enki y Ninhursag, los dioses del Cielo y la Tierra, han prestado juramento». La suerte estaba echada.

¿Cuál fue el juramento al que se comprometió Enki? Tal como decidió interpretarlo, Enki juró que no revelaría al pueblo el secreto del Diluvio que se avecinaba; pero, ¿acaso no podía contárselo a una pared? Hizo que Atra-Hasis fuera al templo, e hizo que se pusiera detrás de un biombo. Después, Enki fingió que hablaba con el biombo, no con su devoto terrestre. «Biombo de junco», dijo:

«Presta atención a mis instrucciones. 
En todos los lugares habitados, sobre las ciudades, 
una tormenta asolará. 
Ésa será la destrucción de la simiente de la Humanidad... 
Éste es el último fallo, 
la palabra de la Asamblea de los dioses, 
la palabra dicha por Anu, Enlil y Ninhursag».

(Este subterfugio explica el argumento que expondría Enki más tarde, cuando se descubrió que Noé/Utnapistim había sobrevivido, al decir que él no había roto su juramento -al decir que aquel terrestre «extremadamente sabio», (atra-hasis), había descubierto el secreto del Diluvio por sí mismo, a través de la correcta interpretación de los signos.) Existen sellos en los que se ve a un asistente sosteniendo el biombo mientras Ea -como Dios Serpiente- revela el secreto a Atra-Hasis. (Fig. 160) 
  
 

El consejo que le dio Enki a su fiel sirviente fue que construyera una nave, pero éste le dijo: «Yo nunca he construido un barco... hazme un plano en el suelo para que pueda verlo», y entonces Enki le dio las instrucciones precisas sobre las medidas que debía tener y sobre su construcción. Acostumbrados a las historias bíblicas, nos imaginamos el «arca» como un barco muy grande, con cubiertas y superestructuras. Pero el término bíblico teba proviene de la raíz «hundido», por lo que hay que llegar a la conclusión de que Enki le dio instrucciones a su Noe para que construyera un barco sumergible, un submarino. 
 

El texto acadio dice que Enki hablaba de un barco «techado por encima y por debajo», herméticamente sellado con «brea dura». No tenían que haber cubiertas ni aberturas, «de modo que el sol no viera el interior». Tenía que ser un barco «como un barco del Apsu», un Sulili; y éste es el término que se utiliza en la actualidad, en hebreo, Soleleth, para identificar un submarino. 
 

«Que el barco», dijo Enki, «sea un MA.GUR.GUR» -«un barco que pueda darse la vuelta y caer». Lo cierto es que sólo un barco así podía haber sobrevivido a una avalancha de aguas tan arrolladora. 
 

La versión de Atra-Hasis, al igual que las demás, reitera que, aunque la calamidad estaba a siete días vista, la gente no era consciente de lo que se avecinaba. Atra-Hasis utilizó la excusa de que la «nave del Apsu» que estaba construyendo le iba a permitir ir a la morada de Enki, evitando así la ira de Enlil. Y la excusa fue aceptada sin más, pues las cosas estaban realmente mal. El padre de Noé había tenido la esperanza de que su nacimiento señalara el fin del largo tiempo de sufrimiento que habían padecido. El problema del pueblo era la sequía -la ausencia de lluvia, la escasez de agua. ¿Quién, en su sano juicio, habría pensado que estaba a punto de perecer en una avalancha de agua? 
 

No obstante, aunque los seres humanos no podían leer las señales, los nefilim sí que podían. Para ellos, el Diluvio no era un acontecimiento repentino; aunque era inevitable, ellos detectaron su llegada. El plan de los dioses para destruir a la Humanidad ya no descansaba en un papel activo, sino pasivo. Ellos no provocaron el Diluvio; ellos, simplemente, se confabularon para que los terrestres no se enteraran de su llegada. 
 

Sin embargo, conscientes de la inminente calamidad y de su impacto global, los nefilim tomaron las medidas oportunas para poner a salvo sus pellejos. Estando la Tierra a punto de ser engullida por las aguas, no tenían más que una dirección de salida: hacia el cielo. Cuando la tormenta que precedió al Diluvio comenzó a rugir, los nefilim im se subieron a su lanzadera y permanecieron en órbita terrestre hasta que las aguas comenzaron a descender. 
 

El día del Diluvio, como mostraremos ahora, fue el día en que los dioses huyeron de la Tierra. 
 

La señal que tenía que esperar Utnapistim para reunirse con los demás en el arca y sellarla era ésta:

Cuando Shamash, 
que da la orden del temblor al anochecer, 
haga caer una lluvia de erupciones- 
¡sube a bordo del barco 
y atranca la entrada!

Como sabemos, Shamash tenía a su cargo el espaciopuerto de Sippar. No nos cabe la menor duda de que Enki dio instrucciones a Utnapistim para que vigilara la primera señal de lanzamientos espaciales en Sippar. Shuruppak, que es donde vivía Utnapistim, estaba sólo a 18 beru (unos 180 kilómetros) al sur de Sippar. Dado que los lanzamientos debían tener lugar al anochecer, no habría problemas para ver la «lluvia de erupciones» que harían «caer» las naves espaciales. 
 

Aunque los nefilim estaban preparados para el Diluvio, su llegada fue una experiencia aterradora. «El ruido del Diluvio... hizo temblar a los dioses». Pero, cuando llegó el momento de dejar la Tierra, los dioses, «dando la vuelta, ascendieron a los cielos de Anu». La versión asiría de Atra-Hasis dice que los dioses utilizaron el rukub ilani («carro de los dioses») para escapar de la Tierra. «Los Anunnaki elevaron» sus naves espaciales, como antorchas, «iluminando la tierra con su resplandor». 
 

En órbita alrededor de la Tierra, los nefilim vieron una escena de la destrucción que les afectó profundamente. Los textos del Gilgamesh nos cuentan que, cuando la tormenta creció en intensidad, no sólo «uno no podía ver a su compañero», sino que «tampoco se podía reconocer a la gente desde los cielos». Apiñados en su nave espacial, los dioses se, esforzaban por ver lo que estaba sucediendo en el planeta del cual acababan de despegar.

Los dioses se encogieron como perros, 
se agacharon contra la pared exterior. 
Ishtar gritó como una mujer de parto: 
«Los días de antaño se han convertido en barro».... 
Los dioses anunnaki lloraban con ella. 
Los dioses, abatidos todos, se sentaron y lloraron; 
tenían los labios apretados... uno y todos.

Los textos de Atra-Hasis repiten el mismo tema. Los dioses, mientras huían, pudieron ver la destrucción también. Pero la situación dentro de sus propias naves tampoco era muy estimulante. Parece ser que tuvieron que repartirse entre varias naves espaciales; la Tablilla III de la epopeya de Atra-Hasis describe las condiciones a bordo de una nave donde los anunnaki compartían alojamiento con la Diosa Madre.

Los Anunnaki, grandes dioses, 
se fueron sentando sedientos, hambrientos... 
Ninti lloró y dejó salir sus emociones; 
lloraba y aliviaba sus sentimientos. 
Los dioses lloraban con ella por la tierra. 
Ella estaba abrumada por el dolor, 
tenía sed de cerveza. 
Donde ella se había sentado, se sentaron los dioses llorando; 
amontonándose como ovejas en un abrevadero. 
Tenían los labios febriles por la sed, 
y sufrían retortijones a causa del hambre.

La misma Diosa Madre, Ninhursag, estaba conmocionada por tan completa devastación, y se lamentaba por lo que estaba viendo:

La Diosa vio y lloró... 
tenía los labios cubiertos de calenturas... 
«Mis criaturas se han convertido como en moscas- 
llenan los ríos como libélulas, el retumbante mar se ha llevado su paternidad».

Pero, ¿cómo podía salvar su propia vida mientras la Humanidad, la que había ayudado a crear, estaba muriendo? ¿Cómo podía haber dejado la Tierra?, se preguntaba.

«¿Debo ascender al Cielo, 
para residir en la Casa de las Ofrendas, 
donde Anu, el Señor, me ha ordenado ir?»

Las órdenes de los nefilim eran claras: abandonad la Tierra, «ascended al Cielo». Fue la vez en la que el Duodécimo Planeta estuvo más cerca de la Tierra, dentro del cinturón de asteroides (el «Cielo»), como lo sugiere el hecho de que Anu fuera capaz de asistir personalmente a las cruciales conversaciones que tuvieron lugar poco antes del Diluvio. 
 

Enlil y Ninurta -acompañados quizás por la élite de los anunnaki, aquellos que habían ocupado Nippur- estaban en una nave espacial, planeando, sin duda, volver a encontrarse con la nave principal. Pero los demás dioses no estaban tan resueltos. Obligados a abandonar la Tierra, se habían dado cuenta, de pronto, del apego que habían llegado a sentir por el planeta y por sus habitantes. En una nave, Ninhursag y su grupo de anunnaki debatían los méritos de las órdenes que había dado Anu. En otra, Ishtar gritaba: «Los días de antaño se han convertido en barro»; los anunnaki que estaban en su nave «lloraban con ella». 
 

Enki, obviamente, estaba también en otra nave o, de lo contrario, habría descubierto a los demás que se las había ingeniado para salvar la simiente de la Humanidad. Sin duda, tenía motivos para sentirse menos pesimista, pues las evidencias sugieren que también había planeado el encuentro en el Ararat. 
 

Las versiones antiguas parecen dar a entender que, simplemente, el arca fue llevada hasta la región del Ararat por las aguas torrenciales, que la «tormenta-sur» habría llevado al barco hacia el norte. Pero los textos mesopotámicos reiteran que Atra-Hasis/Utnapistim llevó consigo un «Barquero» llamado Puzúr-Árnurri («occidental que conoce los secretos»). A él, el Noé mesopotámico «le cedió la estructura, junto con su contenido» en cuanto se desató la tormenta. ¿Para qué necesitaba a un experimentado navegante, a menos que fuera " para llevar el arca hasta un destino concreto? 
 

Como ya hemos visto, los nefilim utilizaban los picos de Ararat como puntos de referencia desde el principio. Siendo las cumbres más altas en esa parte del globo, esperarían que fuera lo primero en reaparecer sobre el manto de agua. Y, dado que Enki, «El Sabio, el Omnisciente», podía suponer esto, nos atrevemos a conjeturar que dio instrucciones a su sirviente para llevar el arca hacia el Ararat, planeando el encuentro desde un principio. 
 

La versión del Diluvio de Beroso, según la cuenta el griego Abideno, dice: «Cronos le reveló a Sisithros que iba a haber un Diluvio en el decimoquinto día de Daisios [el segundo mes], y le ordenó que ocultase en Sippar, la ciudad de Shamash, todos los escritos que pudiera. Sisithros llevó a cabo lo que se le dijo, inmediatamente después salió navegando en dirección a Armenia y, acto seguido, sucedió lo que el dios había anunciado». 
 

Beroso repite los detalles referentes a la liberación de las aves. Cuando Sisithros (que es atra-asis al revés) iba a ser llevado por los dioses a su morada, explicó al resto de la gente del arca que se encontraban en ese momento «en Armenia» y que tenían que volver (a pie) a Babilonia. En esta versión, no sólo nos encontramos con la relación con Sippar, el espaciopuerto, sino también con la confirmación de que Sisithros recibió instrucciones para «navegar inmediatamente hasta Armenia» -al país del Ararat. 
 

Tan pronto como Atra-Hasis tocó tierra, sacrificó algunos animales y los asó al fuego. No es de sorprender que los exhaustos y hambrientos dioses «acudieron como moscas a la ofrenda». De pronto, se dieron cuenta de que el Hombre, el alimento que éste cultivaba y el ganado que criaba eran esenciales. «Cuando, por fin, Enlil llegó y vio el arca, montó en cólera». Pero la lógica de la situación y la persuasión de Enki prevalecieron; Enlil hizo las paces con los restos de la Humanidad y se llevó a Atra-Hasis/Utnapistim en su nave a la Morada Eterna de los Dioses. 
 

Otro factor que pudo pesar en la rápida decisión de hacer las paces con la Humanidad pudo ser la progresiva retirada de las aguas del Diluvio y la aparición de tierra seca y de vegetación sobre ella. Ya hemos visto que los nefilim supieron con antelación que se aproximaba una calamidad; pero aquello era tan singular en su experiencia que temieron que la Tierra quedara inhabitable para siempre. Cuando aterrizaron en el Ararat, vieron que éste no era el caso. La Tierra seguía siendo habitable y, para vivir en ella, necesitarían al hombre. 
 

¿Qué fue aquella catástrofe, previsible pero inevitable? Una clave importante para desentrañar el misterio del Diluvio es darse cuenta de que no fue un acontecimiento único y repentino, sino la culminación de una cadena de acontecimientos. 
 

Unas atípicas plagas afectaron a hombres y animales, y una grave sequía precedió a la ordalía de agua; un proceso que duró, según las fuentes mesopotámicas, siete «pasos», o shar's. Estos fenómenos sólo podrían estar justificados por importantes cambios climáticos. Estos cambios habían estado relacionados con las periódicas glaciaciones y épocas interglaciales que habían dominado el pasado inmediato del planeta. La reducción de las precipitaciones, el descenso del nivel del agua en mares y lagos, y la desecación de las fuentes de agua subterránea eran las señales de identidad de una glaciación inminente. Dado que el Diluvio, que terminó abruptamente con estos trastornos, vino seguido por la civilización sumeria y el actual período postglacial, la glaciación en cuestión sólo pudo ser la última. 
 

Nuestra conclusión es que los acontecimientos del Diluvio nos hablan del último período glacial de la Tierra y de su catastrófico final. 
 

Perforando las cubiertas de hielo del Ártico y el Antártico, los científicos han podido medir el oxígeno atrapado en las distintas capas y han podido valorar, a partir de ello, el clima que ha imperado en los últimos milenios. Las muestras recogidas del fondo de los mares, como, por ejemplo, las recogidas en el Golfo de México, en las que se mide la proliferación o la disminución de vida marina, les permite estimar también las temperaturas de las distintas épocas del pasado. Basándose en estos descubrimientos, los científicos aseguran ahora que el último período glacial comenzó hace unos 75.000 años y experimentó un minicalentamiento hace unos 40.000 años. Hace alrededor de 38.000 años, sobrevino un período más duro, más frío y seco. Y después, hace unos 13.000 años, el período glacial terminó abruptamente, dando entrada a nuestro actual clima suave. 
 

Poniendo en línea la información bíblica y sumeria, nos encontramos con que los momentos duros, la «maldición de la Tierra», comenzó en la época del padre de Noé, Lámek. Su esperanza en que el nacimiento de Noé («respiro») marcara el fin de las penurias se cumplió de un modo inesperado, a través del catastrófico Diluvio. 
 

Muchos estudiosos creen que los diez patriarcas bíblicos antediluvianos (desde Adán hasta Noé) son, de algún modo, homólogos de /los diez soberanos antediluvianos de las listas de reyes sumerios. Estas listas no le aplican los títulos divinos de DIN.GIR o EN a los dos últimos de esos diez, y tratan a Ziusundra/Utnapistim y a su padre, Ubar-Tutu, como hombres. Los dos últimos son los homólogos de Noé y de su padre, Lámek; y, según las listas sumerias, entre los dos reinaron un total de 64.800 años, hasta que tuvo lugar el Diluvio. El último período glacial, desde hace 75.000 hasta hace 13.000 años, duró 62.000 años. Dado que las penurias comenzaron cuando Ubar-tutu/Lámek ya estaba reinando, esos 62.000 encajan perfectamente con los 64.800. 
 

Además, las condiciones más duras se prolongaron, según la epopeya de Atra-Hasis, durante siete shar's, es decir, 25.200 años. Los científicos han descubierto evidencias de un período extremadamente duro entre hace 38.000 y 13.000 años, es decir, un lapso de 25.000 años. Una vez más, las evidencias mesopotámicas y los descubrimientos de los científicos actuales se corroboran entre sí. 
 

Nuestro esfuerzo por desentrañar el misterio del Diluvio, por tanto, se concentra en los cambios climáticos de la Tierra y, en particular, en el colapso abrupto del período glacial que tuvo lugar hace unos 13.000 años. 
 

¿Qué pudo causar un repentino cambio climático de tal magnitud? 
 

De las muchas teorías que han avanzado los científicos, nos intriga la sugerida por el Dr. John T. Hollín, de la Universidad de Maine. El Dr. Hollin sostiene que la capa de hielo de la Antártida se rompe periódicamente y se desliza en el mar, ¡creando una repentina y gigantesca marea! 
 

Esta hipótesis -aceptada y ampliada por otros- sugiere que, a medida que la capa de hielo se va haciendo más y más gruesa, no sólo atrapa más calor de la Tierra debajo de la capa de hielo, sino que también crea en su fondo (debido a la presión y a la fricción) una capa medio derretida y, de ahí, resbaladiza, que actúa como un lubricante entre la gruesa capa de hielo de arriba y la tierra sólida de abajo, provocando que la primera se deslice, más pronto o más tarde, en el océano circundante. 
 

Hollin calculó que, sólo con que la mitad de la actual capa de hielo de la Antártida (que, en promedio, tiene más de kilómetro y medio de grosor) se deslizara en los mares del sur, la inmensa marea que provocaría elevaría el nivel de todos los mares del globo en unos 18 metros, inundando ciudades costeras y tierras bajas. 
 

En 1964, A. T. Wilson, de la Universidad Victoria, en Nueva Zelanda, ofreció la teoría de que los períodos glaciales terminaron abruptamente con deslizamientos como éstos sucedidos no sólo en el Antártico, sino también en el Ártico. Creemos que los distintos textos y los hechos reunidos justifican la conclusión de que el Diluvio fue el resultado del deslizamiento en las aguas del Antartico de miles de millones de toneladas de hielo, trayendo con ello el fin repentino de la última gradación. 
 

El súbito acontecimiento desencadenó una inmensa marea. Comenzando con las aguas del Antártico, se extendió hacia el norte por los océanos Atlántico, Pacífico e índico. El abrupto cambio de temperatura debió crear unas violentas tormentas acompañadas por torrentes de lluvia. Moviéndose más rápido que las aguas, las tormentas, las nubes y el oscurecimiento de los cielos debieron anunciar la avalancha de agua que se aproximaba. 
 

Ése es exactamente el fenómeno que se describe en los textos antiguos. 
 

Tal como le había ordenado Enki, Atra-Hasis hizo subir a todos al arca mientras él se quedaba fuera para esperar la señal para subir a bordo y sellar la nave. Dándonos un detalle de «interés humano», el antiguo texto nos cuenta que Atra-Hasis, a pesar de habérsele ordenado quedarse fuera de la nave, «entraba y salía; no podía estar sentado, no podía agacharse... su corazón estaba roto; estuvo vomitando bilis». Pero, entonces,

... la Luna desapareció... 
El aspecto del tiempo cambió; 
las lluvias rugieron en las nubes... 
Los vientos se hicieron salvajes... 
... el Diluvio estaba en camino, 
su fuerza cayó sobre la gente como una batalla; 
Una persona no veía a otra, 
no eran reconocibles en la destrucción. 
El Diluvio bramó como un toro; 
los vientos gimieron como un asno salvaje. 
La oscuridad era densa; 
no se podía ver el Sol.

«La Epopeya de Gilgamesh» es muy específica en lo relativo a la dirección de la cual vino la tormenta: vino del sur. Nubes, vientos, lluvia y oscuridad precedieron, sin duda, a la marea que echó abajo, en primer lugar, «los puestos de Nergal» en el Mundo Inferior:

Con el fulgor de la aurora 
una nube negra se elevó en el horizonte; 
en su interior, el dios de las tormentas tronaba- 
Todo lo que había sido luminoso 
se tornó oscuridad- 
Durante un día sopló la tormenta del sur, 
ganando velocidad mientras soplaba, sumergiendo las montañas... 
Seis días y seis noches sopló el viento 
mientras la Tormenta del Sur barría la tierra. 
Cuando llegó el séptimo día, 
el Diluvio de la Tormenta del Sur amainó.

Las referencias a la «tormenta del sur», al «viento del sur», indican con claridad la dirección desde la cual llegó el Diluvio, sus nubes y vientos, los «heraldos de la tormenta», moviéndose «sobre colinas y llanuras» hasta alcanzar Mesopotamia. Ciertamente, una tormenta y una avalancha de agua originadas en el Antartico alcanzarían Mesopotamia a través del Océano índico después de engullir las colinas de Arabia, inundando más tarde la llanura del Tigris y el Eufrates. «La Epopeya de Gilgamesh» nos dice también que, antes de que la gente y la tierra quedaran sumergidos, las «represas de la tierra seca» y sus diques fueron «destrozados»: el litoral continental resultó arrollado y barrido. 
 

La versión bíblica del Diluvio dice que saltaron «las fuentes del Gran Abismo» antes de que se abrieran «las compuertas del cielo». En primer lugar, las aguas del «Gran Abismo» (qué nombre más descriptivo para los mares más meridionales, los mares helados del Antartico) se liberaron de su gélida reclusión; sólo entonces comenzaron las lluvias a caer del cielo.
Esta confirmación de nuestra manera de entender el Diluvio se repite, al revés, cuando el Diluvio amaina. En primer lugar, las «Fuentes del Abismo [se] cerraron»; después, la lluvia «fue arrestada de los cielos». 
 

Tras la primera y gigantesca marea, las aguas aún «iban y venían» en inmensas olas. Después, las aguas comenzaron a «retroceder», y «fueron menos» después de 150 días, cuando el arca se posó entre los picos del Ararat. La avalancha de agua, viniendo desde los mares del sur, volvió a los mares del sur.

¿Cómo pudieron predecir los nefilim cuándo se iba a desencadenar el Diluvio en la Antártida? 
 

Sabemos que los textos mesopotámicos relacionan el Diluvio y los cambios climáticos que lo precedieron con siete «pasos», algo que, indudablemente, tiene que ver con el tránsito periódico del Duodécimo Planeta por las inmediaciones de la Tierra. Sabemos que, incluso la Luna, el pequeño satélite de la Tierra, ejerce la suficiente atracción gravitatoria como para provocar las mareas. Tanto los textos mesopotámicos como los bíblicos describían de qué forma se sacudía la Tierra cada vez que el Señor Celestial pasaba por sus inmediaciones. ¿Pudo suceder que los nefilim, al observar los cambios climáticos y la inestabilidad de la capa de hielo antartica, se dieran cuenta de que, con el siguiente «paso» del Duodécimo Planeta, se desencadenaría la inevitable catástrofe? 
 

Los antiguos textos demuestran que así fue como sucedió. 
 

El más extraordinario de esos textos es uno que tiene unas treinta líneas inscritas, con una escritura cuneiforme en miniatura, en ambos lados de una tablilla de arcilla de poco más de dos centímetros de larga. Fue desenterrada en Assur, pero la profusión de palabras su-merias en el texto acadio no deja lugar a dudas sobre su origen sumerio. El Dr. Erich Ebeling determinó que era un himno que se recitaba en la Casa de los Muertos, de ahí que incluyera este texto en su obra maestra (Tod und Leben) sobre la muerte y la resurrección en la antigua Mesopotamia. 
 

Sin embargo, un minucioso examen nos demuestra que la composición «invocaba los nombres» del Señor Celestial, el Duodécimo Planeta. En él, se elabora el significado de los distintos epítetos, relacionándolos con el paso del planeta por el lugar de la batalla con Tiamat -¡un tránsito que provoca el Diluvio! 
 

El texto comienza anunciando que, a pesar de todo su poder y tamaño, el planeta («el héroe»), no obstante, orbita al Sol. El Diluvio era el «arma» de este planeta.

Su arma es el Diluvio; 
Dios cuya Arma trae la muerte a los malvados. 
Supremo, Supremo, Ungido... 
Quien, como el Sol, cruza las tierras; 
el Sol, su dios, él teme.

Pronunciando el «primer nombre» del planeta -que, desgraciadamente, es ilegible- el texto describe su paso cerca de Júpiter, hacia el lugar de la batalla con Tiamat:

Primer Nombre:... 
el que repujó la banda circular; 
el que partió en dos a la Ocupadora, echándola. 
Señor, que en el tiempo de Akiti 
dentro del lugar de la batalla de Tiamat reposa... 
Cuya simiente son los hijos de Babilonia; 
que no puede ser perturbado por el planeta Júpiter; 
que por su fulgor creará.

Al acercarse, al Duodécimo Planeta se le llama SHILIG.LU.DIG («líder poderoso de los jubilosos planetas»). Se encuentra ahora muy cerca de Marte: «Con el brillo del dios [planeta] Anu dios [planeta] Lahmu se viste». Entonces, soltó el Diluvio sobre la Tierra:

Éste es el nombre del Señor 
que desde el segundo mes hasta el mes de Addar 
las aguas ha espoleado.

La elaboración de los dos nombres del texto ofrece una importante información en cuanto al calendario. El Duodécimo Planeta pasó por Júpiter y se acercó a la Tierra «en el tiempo de Akiti», cuando comenzaba el Año Nuevo mesopotámico. Durante el segundo mes estuvo muy cerca de Marte. Después, «desde el segundo mes hasta el mes de Addar» (el duodécimo mes), soltó el Diluvio sobre la Tierra. 
 

Esto está perfectamente de acuerdo con el relato bíblico, que dice que «las fuentes del gran abismo saltaron» en el decimoséptimo día del segundo mes. El arca descansó en el Ararat en el séptimo mes; otra tierra seca era visible en el décimo mes; y el Diluvio terminó en el duodécimo mes -pues fue en «el primer día del primer mes» del siguiente año cuando Noé abrió la ventanilla del arca. 
 

Al pasar a la segunda fase del Diluvio, cuando las aguas comenzaron a descender, el texto llama al planeta SHUL.PA.KUN.E.

Héroe, Señor Vigilante, 
que reúnes las aguas; 
que manando aguas 
purificas al justo y al malvado; 
que en la montaña de los picos gemelos 
detuviste el... 
... pez, río, río; la inundación se detuvo. 
En la tierra montañosa, sobre un árbol, el ave descansó. 
Día que... dijo.

A pesar de que algunas líneas son ilegibles por estar deteriorada la tablilla, los paralelismos con los relatos del Diluvio bíblico y los mesopotámicos son evidentes: la inundación había cesado, el arca se había «detenido» en la montaña de los picos gemelos; los ríos comenzaron a fluir de nuevo desde las cimas de las montañas y a llevar agua hacia el océano; se veían peces; se soltó un ave del arca. La ordalía había pasado. 
 

El Duodécimo Planeta había pasado su «cruce». Se había acercado a la Tierra y se alejaba, acompañado por sus satélites:

Cuando el sabio grite: «¡Inundación! »- 
es el dios Nibiru [«Planeta del Cruce»]; 
es el Héroe, el planeta de cuatro cabezas. 
El dios, cuya arma es la Tormenta de la Inundación, 
volverá; 
a su lugar de descanso bajará él mismo.

(El planeta, alejándose, afirma el texto, volvió a cruzar el sendero de Saturno en el mes de Ululu, el sexto mes del año.) 
 

El Antiguo Testamento se refiere con frecuencia al momento en que el Señor hizo que la Tierra se cubriera con las aguas del abismo. El Salmo 29 describe la «visita» así como el «retorno» de las «grandes aguas» por el Señor:

Al Señor, vosotros hijos de los dioses, 
dad la gloria, reconoced el poder... 
El sonido del Señor está sobre las aguas; 
el Dios de gloria, el Señor, 
tronó sobre las grandes aguas... 
El sonido del Señor es poderoso, 
el sonido del Señor es majestuoso; 
el sonido del Señor partió los cedros... 
Hace bailar como un novillo al [Monte del] Líbano, 
y hace brincar al [Monte] Sirión como un toro joven. 
El sonido del Señor enciende llamaradas; 
el sonido del Señor sacudió el desierto... 
El Señor al Diluvio [dijo]: «¡Vuelve!». 
El Señor, como rey, está en el trono para siempre.

En el grandioso Salmo 77 -«Mi voz hacia Dios yo clamo»-, el salmista recuerda la aparición y la desaparición del Señor en tiempos primitivos:

He calculado los Días de Antaño, 
los años de Olam... 
Recordaré las gestas del Señor, 
recuerdo tus maravillas en la antigüedad... 
Tu curso, Oh Señor, está determinado; 
ningún dios es tan grande como el Señor... 
Las aguas te vieron, Oh Señor, y se estremecieron; 
tus raudas chispas salieron. 
El sonido de tu trueno retumbaba; 
los relámpagos iluminaron el mundo; 
la Tierra se agitaba y temblaba. 
[Entonces] en las aguas iba tu camino, 
tus senderos en las aguas profundas; 
y tus huellas desaparecieron, desconocidas.

El Salmo 104, que ensalza las gestas del Señor Celestial, recordaba el momento en que los océanos arrasaron los continentes y se les hizo retroceder:

Fijaste la Tierra en constancia, 
inconmovible para siempre jamás. 
Con los océanos, como vestido, la cubriste; 
sobre los montes persistía el agua. 
Al reprenderlas tú, las aguas huyeron; 
con el sonido de tu trueno, se alejaron raudas. 
Saltaron las montañas, bajaron a los valles 
hasta el lugar que tú les habías asignado. 
Les pusiste un límite, para que no lo pasaran; 
para que no vuelvan a cubrir la Tierra.

Las palabras del profeta Amós son aun más explícitas:

Ay de los que ansian el Día del Señor; 
¿qué creéis que es? 
Pues el Día del Señor es oscuridad y no luz... 
La mañana se convirtió en la sombra de la muerte, 
el día se hizo oscuro como la noche; 
las aguas del mar se salieron 
y se derramaron sobre la faz de la Tierra.

Éstos, por tanto, fueron los acontecimientos que tuvieron lugar «en los días de antaño». El «Día del Señor» fue el día del Diluvio.

Ya hemos visto que, después de aterrizar en la Tierra, los nefilim asociaron los primeros reinados en las primeras ciudades con los signos del Zodiaco -dando a los signos los epítetos de los distintos dioses con los que estaban relacionados. Ahora, veremos que el texto descubierto por Ebeling no sólo proporcionaba información a los hombres, sino también a los nefilim. El Diluvio, nos dice, ocurrió en la «Era de la constelación del León»:

Supremo, Supremo, Ungido; 
Señor cuya corona radiante con terror se carga. 
Planeta supremo: un asiento él ha erigido 
de cara a la limitada órbita del rojo planeta [Marte]. 
A diario, dentro del León él está ardiendo; 
su luz, su brillo declara reinos sobre las tierras.

También podemos comprender ahora un enigmático versículo de los rituales de Año Nuevo, que dice que fue «la constelación del León la que midió las aguas del abismo». Estas afirmaciones sitúan el tiempo del Diluvio dentro de un marco definido, pues, aunque los astrónomos de hoy en día no pueden determinar con precisión dónde establecían los súmenos el inicio de una casa zodiacal, la siguiente tabla de la eras se considera exacta.

60 a.C. a 2100 d.C. 
2220 a.C. a 60 a.C. 
4380 a.C. a 2220 a.C. 
6540 a.C. a 4380 a.C. 
8700 a.C. a 6540 a.C. 
10.860 a.C. a 8700 a.C.

Era de Piscis Era de Aries Era de Tauro Era de Géminis Era de Cáncer Era de Leo 
 

Si el Diluvio acaeció en la Era de Leo o, lo que es lo mismo, en algún momento entre el 10860 a.C. y el 8700 a.C, la fecha del Diluvio coincide con nuestra tabla temporal: según la ciencia moderna, la última glaciación terminó abruptamente en el hemisferio sur hace doce o trece mil años, y en el hemisferio norte uno o dos mil años 
después. 
 

El fenómeno zodiacal de la precesión nos ofrece una corroboración aun más amplia de nuestras conclusiones. Habíamos concluido antes que los nefilim llegaron a la Tierra 432.000 años (120 shar's) antes del Diluvio, en la Era de Piscis. En los términos del ciclo precesional, 432.000 años comprenden 16 ciclos completos, o Grandes Años, y más de medio de otro Gran Año, dentro de la «era» de la constelación de Leo. 
 

Podemos reconstruir ahora la tabla temporal completa para los acontecimientos de los que se ocupan nuestros descubrimientos.

Hace años ACONTECIMIENTO

445.000 Los nefilim, liderados por Enki, llegan a la Tierra desde el Duodécimo Planeta. Se funda Eridú -Estación Tierra I- en el sur de Mesopotamia. 
 

430.000 Las grandes placas de hielo comienzan a retroceder. El clima se hace benigno en Oriente Próximo. 
 

415.000 Enki se traslada tierra adentro y funda Larsa. 
 

400.000 El gran período interglacial se expande por todo el globo. Enlil llega a la Tierra, funda Nippur como Centro de Control de la Misión. Enki establece rutas marítimas hacia el sur de África y organiza operaciones mineras de extracción de oro. 
 

360.000 Los nefilim fundan Bad-Tibira como centro metalúrgico de fundición y refinado. Se construye Sippar, el espaciopuerto, así como otras ciudades de los dioses. 
 

300.000 El motín de los anunnaki. Enki y Ninhursag crean al Hombre -el «Trabajador Primitivo». 
 

250.000 El «Homo sapiens primitivo» se multiplica y se propaga por otros continentes. 
 

200.000 La vida en la Tierra se retrae durante un nuevo período glacial. 
 

100.000 El clima se caldea de nuevo. Los hijos de los dioses toman a las hijas del Hombre por esposas. 
 

77.000 Ubartutu/Lámek, un humano de parentesco divino, asume la corona en Shuruppak bajo el patrocinio de Ninhursag. 
 

75.000 Comienza la «maldición de la Tierra» -una nueva glaciación. Tipos regresivos de Hombre vagan por la Tierra. 
 

49.000 Comienza el reinado de Ziusudra («Noé»), «fiel servidor» de Enki. 
 

38.000 El duro período climático de los «siete pasos» empieza a diezmar a la Humanidad. El Hombre de Neanderthal desaparece en Europa; sólo sobrevive el Hombre de CroMagnon (establecido en Oriente Próximo). 
Enlil, desencantado con la Humanidad, busca su exterminio. 
 

13.000 Los nefilim, al tanto de la inminente inundación que se desencadenará con la aproximación del Duodécimo Planeta, se conjuran para dejar perecer a la Humanidad. El Diluvio arrasa la Tierra, dando fin súbitamente a la glaciación.



EL REINO EN LA TIERRA :

El Diluvio, una experiencia traumática para la Humanidad, no lo fue menos para los «dioses», los nefilim. 
 

Tal como decían las listas de reyes sumerios, «el Diluvio había arrasado», y el esfuerzo de 120 shar's había desaparecido de la noche» a la mañana. Las minas del sur de África, las ciudades en Mesopotamia, el centro de control de Nippur, el espaciopuerto de Sippar; todo estaba enterrado bajo el agua y el lodo. Cerniéndose en sus lanzaderas por encima de la ahora devastada Tierra, los nefilim esperaban pacientemente a que las aguas se apaciguaran para poder poner el pie de nuevo en tierra firme. 
 

¿Cómo iban a vivir en la Tierra a partir de ahora, cuando ciudades e instalaciones habían desaparecido, incluso cuando la mano de obra -la Humanidad- había sido totalmente destruida? 
 

Cuando los asustados, exhaustos y hambrientos grupos de nefilim aterrizaron por fin en los picos del «Monte de la Salvación», debieron sentir cierto alivio al descubrir que el Hombre, así como los animales, no habían perecido por completo. Incluso Enlil, enfurecido al principio al descubrir que sus objetivos se habían frustrado en parte, no tardó en cambiar de opinión. 
 

La decisión de la deidad era una decisión práctica. Enfrentados con su propia situación extrema, los nefilim dejaron a un lado sus inhibiciones con respecto al Hombre, se arremangaron y se pusieron de inmediato a enseñar al Hombre las artes del cultivo de la tierra y de la cría del ganado. Dado que la supervivencia, claro está, dependía de la rapidez con la cual se desarrollaran la agricultura y la domesticación de animales para sustentar a los nefilim y a una Humanidad que se iba a multiplicar rápidamente, los nefilim pusieron su avanzado conocimiento científico en el empeño. 
 

Sin ser conscientes de la información que se podía recoger de los textos bíblicos y sumerios, muchos científicos que han estudiado los orígenes de la agricultura han llegado a la conclusión de que ésta se «descubrió» hace unos 13.000 años gracias al clima neotérmico (<<nuevamente cálido») que siguió al fin de la última glaciación. Sin embargo, mucho antes que los expertos modernos, la Biblia ya había situado los comienzos de la agricultura inmediatamente después del Diluvio.
 

«Sementera y Siega» se citan en el Génesis como dones divinos concedidos a Noé y a sus descendientes como parte de la alianza posterior al Diluvio entre la Deidad y la Humanidad:

Mientras haya días en la Tierra, 
no cesarán 
Sementera y Siega, 
Frío y Calor, 
Verano e Invierno, 
Día y Noche.

Después de ser concedido el conocimiento de la agricultura, «Noé se dedicó a la labranza y plantó una viña»; es decir, se convirtió en el primer labrador postdiluviano que se involucró en la deliberada y complicada labor agrícola. 
 

Los textos sumerios también atribuyen a los dioses la concesión de la agricultura y de la domesticación de animales a la Humanidad. 
 

Siguiendo el rastro de los comienzos de la agricultura, los expertos modernos han descubierto que ésta apareció en Oriente Próximo, pero no en los fértiles llanos y valles de fácil cultivo, sino en las montañas que bordean en semicírculo las llanuras bajas. ¿Por qué aquellos primitivos agricultores evitaron los llanos y limitaron sus labores a los difíciles terrenos montañosos? 
 

La única respuesta plausible es que las tierras bajas eran, en el momento en el que comenzó la agricultura, inhabitables. Hace 13.000 años, después del Diluvio, las zonas bajas aún no estaban suficientemente secas. Pasaron milenios antes de que llanos y valles se secaran lo suficiente como para permitir que la gente bajara de las montañas que rodean Mesopotamia y se establecieran en las llanuras. Y esto es, ciertamente, lo que nos cuenta el Libro del Génesis: muchas generaciones después del Diluvio, la gente llegó «desde oriente» -desde las zonas montañosas al este de Mesopotamia- «hallaron una vega en el país de Senaar [Sumer] y allí se establecieron». 
 

Los textos sumerios dicen que Enlil fue el primero en sembrar cereales «en los terrenos de las colinas» -en las montañas, no en los llanos- y que hizo posible el cultivo en las montañas manteniendo a distancia las aguas de la inundación. «Él cerró el paso a las montañas como con una puerta». El nombre de esta tierra montañosa al oriente de Sumer, E.LAM, significaba «casa donde germinó la vegetación». Después, dos de los ayudantes de Enlil, los dioses Ninazu y Ninmada, extendieron el cultivo de cereales a las llanuras para que, con el tiempo, «Sumer, el país que no conocía el grano, conociera el grano». 
 

Los expertos, que han dejado establecido que la agricultura comenzó con la domesticación de una variedad silvestre de trigo -el Triticum dicoccum- como origen del trigo y la cebada, no pueden explicar cómo puede ser que los cereales más antiguos (como aquellos encontrados en cueva de Shanidar) fueran ya uniformes y estuvieran altamente especializados. Se necesitan miles de generaciones de selección genética a través de la naturaleza para conseguir siquiera un modesto grado de sofisticación. Sin embargo, el período, el tiempo o el lugar en el cual pudo tener lugar un proceso tan gradual y prolongado no se encuentra por ninguna parte en la Tierra. No existe explicación para este milagro botánico-genético, a menos que el proceso no fuera de selección natural, sino de manipulación artificial. 
 

En la escanda, una clase de trigo de grano duro, hay un misterio aun mayor, pues resulta ser el producto de «una mezcla inusual de genes botánicos», no del desarrollo de una fuente genética ni de la mutación de una fuente. Es, con toda seguridad, el resultado de la mezcla de genes de varias plantas. Y, por otra parte, también resulta cuestionable la idea de que el Hombre, en unos cuantos miles de años, pudiera transformar a los animales a través de la domesticación. 
Los expertos no tienen respuestas para estos misterios, ni tampoco para la pregunta general de por qué el semicírculo montañoso de Oriente Próximo se convirtió en una fuente constante de nuevas variedades de cereales, plantas, árboles, frutas, verduras y animales domesticados. 
 

Los sumerios conocían la respuesta. Ellos decían que las semillas fueron un regalo de Anu a la Tierra desde su Morada Celeste. El trigo, la cebada y el cáñamo bajaron a la Tierra desde el Duodécimo planeta. La agricultura y la domesticación de animales fueron regalos que Enlil y Enki, respectivamente, hicieron a la Humanidad. 
 

No sólo la presencia de los nefilim, sino también las llegadas •periódicas del Duodécimo Planeta parecen encontrarse detrás de las tres fases cruciales de la civilización postdiluviana del Hombre: la agricultura, alrededor del 11000 a.C; la cultura neolítica, alrededor del 7500 a.C; y la repentina civilización del 3800 a.C, todas tuvieron lugar con intervalos de 3.600 años. 
 

Parece que los nefilim le pasaron conocimiento al Hombre en dosis medidas, según intervalos que se corresponden con los periódicos retornos del Duodécimo Planeta a las inmediaciones de la Tierra. Era como si una inspección sobre el terreno, una consulta cara a cara, sólo posible durante el período de «ventana» que permitía los aterrizajes y los despegues entre la Tierra y el Duodécimo Planeta, hubiera tenido lugar entre los «dioses» antes de que se diera otro «empujón». 
 

«La Epopeya de Etana» proporciona una vislumbre de las deliberaciones que tenían lugar. En los días que siguieron al Diluvio, dice:

Los grandes Anunnaki que decretaban el destino 
se sentaron para intercambiar opiniones respecto a la tierra. 
Ellos, que habían creado las cuatro regiones, 
que levantaron los asentamientos, que supervisaron la tierra, 
eran demasiado elevados para la Humanidad.

Ya hemos dicho que los nefilim llegaron a la conclusión de que necesitaban un intermediario entre ellos y las masas de seres humanos. Ellos eran, así lo decidieron, los dioses -elu en acadio, que significa «los nobles», «los elevados». Así pues, como puente entre ellos, los señores, y la Humanidad, introdujeron la «Realeza», el «Reino» en la Tierra, nombrando un soberano humano que asegurara el servicio de la Humanidad a los dioses y canalizara las enseñanzas y las leyes desde los dioses hasta el pueblo. 
 

Hay un texto que trata de este tema y que describe la situación antes siquiera que tiara o corona alguna se hubieran puesto sobre cabeza humana, o cetro se hubiera transmitido; todos estos símbolos de la Realeza -más el cayado del pastor, símbolo de la justicia- «estaban puestos delante de Anu en el Cielo». Sin embargo, cuando los dioses tomaron la decisión, «el Reino descendió desde el Cielo» a la Tierra. 
 

Tanto los textos sumerios como los acadios dicen que los nefilim retuvieron el «señorío» sobre las tierras, e hicieron que la Humanidad reconstruyera primero las ciudades antediluvianas exactamente donde habían estado originalmente, y tal como habían sido planificadas: «Que los ladrillos de todas las ciudades se pongan en los lugares que les corresponden, que todos [los ladrillos] descansen en lugares sagrados». Eridú, por tanto, fue la primera en ser reconstruida. 
 

Después, los nefilim ayudaron a los humanos a planificar y construir la primera ciudad real, y la bendijeron. «Que la ciudad sea el nido, el lugar donde la Humanidad repose. Que el Rey sea un Pastor». 
 

La primera ciudad real del Hombre, nos dicen los textos sumerios, fue Kis. «Cuando el Reino volvió a bajar del Cielo, el Reino estuvo en Kis». Desgraciadamente, las listas de reyes sumerios están mutiladas, precisamente, en el lugar donde estaba inscrito el nombre del primer rey humano. Sin embargo, sabemos que aquel hombre dio inicio a un largo linaje de dinastías cuya sede real cambió de Kis a Uruk, Ur, Awan, Hamazi, Aksak, Acad y, más tarde, a Assur, Babilonia y otras capitales más recientes. 
 

La bíblica «Tabla de las Naciones» listaba del mismo modo a Nemrod -el patriarca de los reinos en Uruk, Acad, Babilonia y Asiría- como descendiente de Kis, y documenta la propagación de la Humanidad, de sus tierras y Reinos, con la expansión de las tres ramas en las que se dividió el género humano después del Diluvio. Estas tres ramas las compusieron los descendientes de los tres hijos de Noé: los pueblos y las tierras de Sem, que habitaron Mesopotamia y las tierras de Oriente Próximo; los de Cam, que habitaron África y parte de Arabia; y los de Jafet, los indoeuropeos de Asia Menor, Irán, India y Europa. 
 

Estas tres grandes agrupaciones fueron, sin lugar a dudas, tres de las «regiones» sobre cuyo asentamiento discutieron los grandes anunnaki. A cada una de las tres se le asignó una de las divinidades principales. Una de éstas fue, cómo no, la misma Sumer, la región de los pueblos semitas, el lugar donde surgió la primera gran civilización del Hombre. 
 

Las otras dos también se convirtieron en focos de civilizaciones florecientes. Alrededor del 3200 a.C. -unos quinientos años después del surgimiento de la civilización sumeria- estado, Reino y civilización hicieron su primera aparición en el valle del Nilo, que llevaría, con el tiempo, a la gran civilización de Egipto. 
 

Hasta hace unos cincuenta años, no se sabía nada de la primera civilización indoeuropea importante. Pero, en estos momentos, está plenamente aceptado que, en tiempos muy antiguos, hubo una avanzada civilización en el valle del Indo, con grandes ciudades, una agricultur a desarrollada y un floreciente comercio. Según creen los expertos, esta civilización apareció unos mil años después del comienzo de la civilización sumeria. (Fig. 161) 
  
 

Tanto los textos antiguos como las evidencias arqueológicas atestiguan los estrechos lazos culturales y económicos que había entre estas dos civilizaciones de valles fluviales por una parte y la civilización sumeria por otra. Además, existen evidencias, tanto directas como circunstanciales, que han convencido a muchos expertos de que las civilizaciones del Nilo y el Indo no sólo estaban conectadas entre sí, sino que eran, además, descendientes de la civilización más antigua, la mesopotámica. 
 

Se ha descubierto que los monumentos más impresionantes de Egipto, las pirámides, son, por debajo de su «piel» de piedra, imitaciones de los zigurats mesopotámicos, y existen razones para creer que el ingenioso arquitecto que diseñó los planos de las grandes pirámides y supervisó su construcción era un sumerio al que se veneraba como un dios. (Fig. 162) 
  
 

El antiguo nombre de Egipto en su propio idioma era el de «Tierra Levantada» y en su memoria prehistórica se afirmaba que «un dios muy grande apareció en tiempos antiguos» y encontró aquella tierra bajo el agua y el lodo. Este dios llevó a cabo grandes obras de restauración, levantando literalmente a Egipto desde debajo de las aguas. La «leyenda» describe con pulcritud el bajo valle del Nilo después del Diluvio; este dios de antaño, se puede demostrar, no fue otro que Enki, el ingeniero jefe de los nefilim. 
 

Aunque se sabe aún relativamente poco de la civilización del valle del Indo, sabemos que ellos también veneraban el doce como número divino supremo, que representaban a sus dioses como seres de aspecto humano que llevaban tocados con cuernos, y que reverenciaban el símbolo de la cruz -el signo del Duodécimo Planeta. (Figs. 163,164) 
  
  
  
 

Si estas dos civilizaciones eran de origen sumerio, ¿por qué son diferentes sus lenguajes escritos? La respuesta de los científicos es que los lenguajes no son diferentes. Esto se reconoció ya en 1852, cuando el reverendo Charles Foster (The One Primeval Language) demostró hábilmente que todas las lenguas antiguas descifradas entonces, incluido el chino primitivo y otras lenguas del lejano oriente, provenían de una única fuente primitiva -que, después, resultaría ser el sumerio.
 

Los pictogramas similares no sólo tenían significados similares, lo cual podría ser una coincidencia lógica, sino que también compartían los mismos significados múltiples y los mismos sonidos fonéticos -cosa que sugiere un origen común. Recientemente, los expertos han demostrado que las primeras inscripciones egipcias empleaban un lenguaje que indicaba una elaboración escrita previa; y el único lugar donde se había desarrollado previamente un lenguaje escrito era Sumer. 
 

Así pues, tenemos un único lenguaje escrito que, por algún motivo, se diferenció en tres lenguas: mesopotámica, egipcia/camita e indoeuropea. Es posible que esta diferenciación acaeciera por sí misma con él tiempo, la distancia y la separación geográfica, pero los textos sumerios afirman que ocurrió como consecuencia de una decisión deliberada de los dioses; una decisión auspiciada, una vez más, por Enlil. Las historias sumerias sobre el tema se corresponden con la bien conocida historia bíblica de la Torre de Babel, en la cual se nos cuenta «que toda la Tierra era de un mismo lenguaje y de las mismas palabras». Pero, después de que la gente se estableciera en" Sumer, de que aprendiera el arte de hacer ladrillos, de construir ciudades y de levantar altas torres (zigurats), planearon hacerse un shem y una torre para lanzarlo. De ahí que «el Señor embrollara la lengua de la Tierra». 
 

La deliberada elevación de Egipto desde debajo de las fangosas aguas, las evidencias lingüísticas y los textos bíblicos y sumerios apoyan nuestras conclusiones de que las dos civilizaciones satélites no se desarrollaron por casualidad. Al contrario, fueron planificadas y puestas en marcha de forma deliberada por los nefilim. 
 

Temiendo, evidentemente, una especie humana unificada en cultura y objetivos, los nefilim adoptaron una política imperialista: «Divide y vencerás». Pues, mientras la Humanidad alcanzaba niveles culturales entre los que se daban, incluso, los esfuerzos aeronáuticos -tras lo cual «nada de cuanto se propongan les será imposible»-, los nefilim eran un grupo en declive. Hacia el tercer milenio a.C, hijos y nietos, por no decir nada de los humanos de parentesco divino, se aglomeraban entre los grandes dioses de antaño. 
 

La agria rivalidad entre Enlil y Enki la heredaron sus hijos principales, y con ello sobrevinieron feroces luchas por la supremacía. Hasta los hijos de Enlil -como vimos en capítulos anteriores- luchaban entre sí, al igual que los hijos de Enki. Al igual que sucediera en la historia humana que conocemos, los señores intentaban mantener la paz entre sus hijos dividiendo la tierra entre sus herederos, y, en al menos un caso conocido, un hijo de Enlil (Ishkur/Adad) fue apartado deliberadamente por su padre de aquel ambiente enrarecido enviándolo como deidad local al País de la Montaña. 
 

Con el transcurso del tiempo, los dioses se convirtieron en señores, guardando celosamente cada uno de ellos el territorio, la industria o la profesión sobre la cual se les había dado dominio. Los reyes humanos eran los intermediarios entre los dioses y una humanidad que seguía creciendo y expandiéndose. Las demandas de los antiguos reyes para que fueran a la guerra, conquistaran nuevas tierras o sojuzgaran a pueblos distantes «por orden de mi dios» no se podían tomar a la ligera. Los dioses conservaban los poderes para dirigir los asuntos exteriores, pues estos asuntos involucraban a otros dioses en otros territorios, de modo que tenían la última palabra en materias de guerra o paz. 
 

Con la proliferación de pueblos, estados, ciudades y villas, se hizo necesario encontrar fórmulas para recordarle al pueblo quién era su señor o «elevado» particular. En el Antiguo Testamento resuena el problema de hacer que la gente se adhiera a su dios y no «se prostituya con otros dioses». La solución consistió en establecer muchos lugares de culto, y en poner en cada uno de ellos los símbolos y la semejanza de los dioses «correctos». La era del paganismo había comenzado.

Los textos sumerios nos dicen que, después del Diluvio, los nefilim sostuvieron prolongadas reuniones para sopesar el futuro de los dioses y del Hombre en la Tierra. Como resultado de estas reuniones, «crearon cuatro regiones». En tres de ellas -Mesopotamia, el valle del Nilo y el valle del Indo- se instaló el Hombre. 
 

La cuarta región era «sagrada» -un término cuyo significado literal original era «dedicado, restringido». Dedicado sólo a los dioses, era una «tierra pura», una zona a la que sólo se podía acceder con autorización; entrar en ella sin permiso podía llevar rápidamente a la muerte, propiciada por fieros guardianes con «armas terroríficas». A esta tierra o región se le llamó TIL.MUN (literalmente, «el lugar de los misiles»). Era la zona restringida donde los nefilim habían vuelto a construir su base espacial después de que la de Sippar hubiera sido arrasada por el Diluvio. 
 

Una vez más, la zona se puso bajo el mando de Utu/Shamash, el dios encargado de los cohetes ígneos. Los héroes de la antigüedad, como Gilgamesh, se esforzaron por encontrar este País de Vida, para ser llevados en un shem o un Águila hasta la Morada Celeste de los Dioses. Recordemos la súplica de Gilgamesh a Shamash:

Déjame entrar en el País, deja que me eleve en mi Shem... 
Por la vida de mi madre diosa que me dio a luz, 
del puro y fiel rey, mi padre-¡dirige mis pasos hacia el País!

Los relatos antiguos -incluso la historia escrita- recuerdan los incesantes esfuerzos de los hombres por «alcanzar la tierra», por encontrar la «Planta de la Vida», por lograr la dicha eterna entre los Dioses del Cielo y la Tierra. Es éste un anhelo que se encuentra en el núcleo de todas las religiones cuyas raíces se encuentran en Sumer: la esperanza en que el ejercicio de la justicia en la Tierra vendrá seguido por una «vida después de la vida» en una Divina Morada Celeste. 
 

Pero, ¿dónde se encontraba esta esquiva tierra del contacto divino? 
 

Se puede responder a esta pregunta. Las pistas están allí. Pero, más allá, aparecen otras preguntas. ¿Se ha vuelto a encontrar a los nefilim desde entonces? ¿Qué sucederá cuando se les vuelva a encontrar? 
 

Y, si los nefilim fueron los «dioses» que «crearon» al Hombre en la Tierra, ¿fue solamente la evolución en el Duodécimo Planeta la que creó a los nefilim?


ACOTACIONES A LOS ANNUNAKIS-REPTILES :

Los antiguos dioses.

Hominoides gigantes, de unos 2.60 metros de estatura, mucho más pesados y mucho más musculados que los humanos, que vinieron a la Tierra desde su planeta natal, llamado por los antiguos sumerios el "Planeta del Cruce". Ese planeta es conocido por muchos nombres: Nibiru, Marduk, Planeta Ajenjo, El Destructor, la Estrella Roja, y recientemente el Planeta X, aunque los antiguos sumerios le llamaban el Planeta 12, ya que ellos también contaban al Sol y la Luna.

En palabras de los Zeta:

ZetaTalk: Planeta 12, escrito en Julio 15, 1995

En el Planeta 12, el cometa gigante que causa los periódicos cambios de polos de la Tierra, hay vida. La raza primaria allí es una raza humanoide, quienes fueron, y hoy serían, considerados como gigantes por los habitantes de la Tierra. Se ha escrito muchos libros excelentes sobre el tema, y todos ellos contienen un grano de verdad.

Ellos viven bajo una estructura jerárquica. Pero nos aventuraríamos a afirmar que no es una verdadera democracia, de acuerdo a vuestra definición humana. Sin embargo, hay entre ellos grandes intelectos, que sienten gran compasión por sus camaradas ciudadanos y por otras criaturas, y tienen gran influencia en su sociedad, en la cual son venerados.

Hasta nuestros días , los hominoides gigantes del Planeta 12 visten un atuendo que recuerda al de los soldados romanos. En verdad, Roma misma se modeló en conmemoración a ellos. Los de sexo masculino sienten que esta indumentaria les viene bien, muy de acuerdo con su ideal machista. Podemos estudiar las antiguas sociedades griega y romana para hacernos una idea de su estilo de vida, puesto que ambas sociedades de la Tierra recibieron una poderosa influencia de estos visitantes.

Los hominoides gigantes no tenían una musculatura gruesa, como hoy la tienen algunos varones hiper - musculados en la Tierra. Ellos eran, y hoy son, bien proporcionados, con una musculatura redondeada, sin las protuberancias que los físico culturistas de nuestros tiempos intentan adquirir. Nancy, quien una vez tuvo la oportunidad de ser presentada a uno de ellos, podrá decirles que ellos son extremadamente atractivos, y bien proporcionados.

Los hominoides gigantes tenían rostros alargados, pero los cráneos que han sido descubiertos y atribuidos a extraterrestres no pertenecen a estos gigantes. Las cabezas representadas por los Moai de Isla de Pascua fueron diseñadas con el fin de intimidar, ya que su apariencia si que representa a la verdadera estructura facial de los hominoides.

Ellos no duermen, porque no tienen un sol que diariamente se levante y se ponga. Ellos viven en un eterno día, en una luz que podríamos describir como crepuscular. La iluminación de su atmósfera proviene de grietas al interior de sus océanos. Ellos habitan un planeta, en realidad un enano marrón, cuya combustión interna está atenuada.

Además es un planeta acuoso, de tal modo que los puntos a través de los cuales la luz es producida por las reacciones químicas al interior de su núcleo salen hacia la atmósfera, son las grietas más profundas que llegan muy cerca del núcleo, y la luz generada en su interior es entonces reflejada por la atmósfera. En consecuencia ellos tienen una iluminación continua, que se puede asemejar a la hora del crepúsculo, o la hora antes del amanecer, en la Tierra. Imperan allí tiempos de gran quietud.

Su agricultura es mucho menos extendida que la de la Tierra. Ellos tienden a recolectar y juntar, más que a sembrar y cosechar. Hay una menor densidad de población por kilómetro cuadrado, comparada con la población que vuestra rica Tierra es capaz de sostener.

Hoy en día ellos están extrayendo oro de una de las lunas de Marte, la cual ha intentado ser aproximada por las sondas espaciales de la Tierra, las que han sido derribadas por estos hominoides, ya que ellos no tienen ningún interés en dejarse fotografiar por sus antiguos esclavos. Esa luna, Phobos, es rica en los minerales que ellos buscan

Planeta 12

Zecharia Sitchin, autor de varios libros que documentan lo que los antiguos sumerios quisieron relatar acerca de estos humanoides gigantes, pone el dedo en la llaga al confirmar un punto clave, de que ellos eran en verdad visitantes provenientes de un planeta QUE INGRESÓ a nuestro sistema solar. ¿La evidencia? Ellos contaban los planetas a partir desde sus límites exteriores del sistema solar, hacia el interior.

Del libro de Sitchin:

El Planeta 12: Aterrizando en el Planeta Tierra

En Febrero de 1971, los Estados Unidos lanzaron la sonda Pioneer 10. Los científicos del proyecto Pioneer 10 le adosaron una placa de aluminio grabada. La intención de dicha placa, sería la de informar a quienquiera que sea que encuentre la placa, que la humanidad está compuesta por miembros masculinos y femeninos, etc., y que el Pioneer 10 proviene del 3er. planeta de nuestro Sol.

Nuestra astronomía está basada en la noción de que la Tierra es el tercer planeta, lo que es cierto si es que contamos a partir del centro de nuestro sistema, el Sol. Pero, para alguien que se aproxima a nuestro sistema solar desde el exterior, el 1er. planeta que encontraría sería Plutón. Y el 2do. sería Neptuno, el 3ro. Urano, el 4to. Saturno, el 5to. Júpiter, el 6to. Marte… y la Tierra sería el 7mo.

Hoy sabemos que más allá de los planetas gigantes Júpiter y Saturno, hay otros planetas, Urano y Neptuno, y el pequeño Plutón. Pero este conocimiento es relativamente reciente. Urano fue descubierto mediante el uso de telescopios mejorados, en 1781. Neptuno fue avistado por los astrónomos (con el apoyo de cálculos matemáticos) en 1846. Era evidente que Neptuno estaba sufriendo de una influencia gravitacional entonces desconocida, y en 1930 se descubrió la existencia de Plutón.

Sitchin reporta que aquel planeta, hoy conocido como Planeta X, sólo cruzaba a través de nuestro sistema solar cada 3600 años, equivalente a la unidad sumeria de tiempo, el SHAR. Cito nuevamente de su libro:

El Planeta 12: El Reinado de los Cielos

La periódica aparición y desaparición del Planeta 12 visto desde la Tierra, confirma su supuesta permanencia en una órbita alrededor de nuestro Sol. En este aspecto, se comporta como lo hacen muchos cometas. Si esta suposición es verdadera, porqué entonces nuestros astrónomos no tienen conciencia de la existencia de este planeta?

El hecho es que si tuviera una órbita igual a la mitad de la que mostramos en la figura de mas abajo perteneciente al cometa Kohoutek (periodo de 7500 años), eso colocaría al Planeta 12 a una distancia de unas 6 veces más lejos de la Tierra que Plutón - una distancia a la cual no podría ser visible desde la Tierra. De hecho, los planetas radicados más allá de Saturno inicialmente no fueron descubiertos por medios ópticos, sino matemáticos.

Las fuentes bíblicas y mesopotámicas ofrecen contundente evidencia de que el periodo orbital del Planeta 12 es de 3600 años. El número 3600, escrito en caracteres sumerios, se representa por un gran círculo. El vocablo utilizado para referirse al planeta, shar, también significa "un círculo perfecto" o bien "un ciclo que se ha completado".

Y también significaba el número 3600. La identidad de los tres conceptos - planeta/órbita/3600 - no podría ser una mera coincidencia . Los periodos de reinado (según el texto sumerio) también resultan ser perfectos múltiplos del shar de 3600 años. La conclusión, que se sugiere por sí misma, es que estos shars de reinado estaban relacionados con el shar del periodo orbital, de 3600 años.

De hecho, los Zeta nos informan que el Planeta X, es decir, el Planeta 12, pasa la mayor parte del tiempo a una distancia de más de 9 veces la distancia que existe entre el Sol y Plutón, en la mitad del camino entre nuestro Sol y su hermano binario (el sistema solar es un sistema binario), estrella oscura, que nunca ha sido avistada simplemente porque nunca ha estado encendida.

ZetaTalk: Distancia de la Tierra, escrito en Noviembre 15, 1999.

El Planeta 12 circula en una muy elongada (excéntrica) órbita entre el Sol y su compañera binaria apagada, la cual se encuentra a una distancia de unas 18,724 veces la distancia entre el Sol y Plutón. A la vuelta del milenio, el Planeta 12 estaba todavía cerca de punto medio entre sus dos focos orbitales, por muy sorprendente que esto pudiera parecer.

El Planeta 12 pasa casi todo su tiempo en una posición intermedia, esencialmente vacilando entre dos influencias de dirección opuesta que allí están casi en equilibrio, entre estos dos grandes soles. Posteriormente adquiere gran velocidad cuando está en curso de aproximación al Sol; luego cruza por el interior del sistema solar; al sobrepasar el sistema solar se detiene por algún tiempo es esa posición, como una piedra arrojada hacia arriba que se detiene por un instante antes de retornar hacia el suelo; a continuación cruza nuevamente por el interior del sistema solar, en camino de regreso; y finalmente retorna nuevamente a su habitual posición intermedia entre sus dos focos orbitales.

¿Qué hace que progrese y se mueva oscilando entre un sol y el otro? El hecho de que existe un pequeño momentum.

Confirmando la aseveración de Sitchin acerca de un planeta ubicado a distancias superiores a 6 veces la distancia entre el Sol y Plutón, no visible para el hombre desde la Tierra, la NASA y el JPL tuvieron que instalar el telescopio infrarrojo por encima de la atmósfera para localizarlo en 1983.

Cita de: Diciembre 31, 1983 Washington Post:

Un cuerpo celeste... posiblemente tan cercano a la Tierra que podría formar parte de nuestro sistema solar, ha sido encontrado en dirección a la constelación de Orión por un telescopio orbital a bordo del satélite astronómico infrarrojo de los Estados Unidos. Tan misterioso es el objeto celeste, que los astrónomos no saben si se trata de un planeta… tan cerca está que, de hecho, sería el cuerpo celeste más cercano a la Tierra localizado más allá del lejano Plutón.

Las Pirámides.

Los gigantes Annunaki que fueron dejados en la Tierra para realizar actividades mineras de extracción de oro construyeron dispositivos astronómicos para ayudar a su progenie a saber cuando su planeta natal estaría de regreso, para recoger el oro. Así nacieron las Grandes Pirámides.

ZetaTalk: Grandes Pirámides, escrito en Julio 15, 1995

Los humanos estudian las pirámides de Egipto y otras estructuras similares en América Central y América del Sur, y luego se preguntan cómo pudo el hombre primitivo levantar o mover piedras de tal tamaño. Por supuesto, nunca podría haberlo hecho. Aún hoy, las imposiciones mecánicas necesarias para acometer tal empresa lo harían imposible. La respuesta es obvia, que el hombre de esa época no construyó esas estructuras.

En esencia, las Grandes Pirámides fueron construidas como Dispositivos de Navegación. ¿Por qué había sido necesario construir tan colosales estructuras como guías de navegación interestelar? Porque, en el terreno local, cualquier otro dispositivo astronómico habría estado sujeto al desplazamiento de las arenas. Las Grandes Pirámides, por su enorme tamaño y peso, aseguran la estabilidad.

¿Todo esto, sólo para ver un cometa que se aproxima, que hace su aparición de acuerdo a un periodo regular, y que sólo puede ser avistado con sólo meses, si no semanas de anticipación? Las Grandes Pirámides no sólo eran usadas para avistar el objeto que se aproximaba, ya que su propósito primario era el de actuar como sistema de guía para el lanzamiento de naves espaciales que los exiliados de su natal Planeta 12 residentes en la Tierra lanzaban para viajar al encuentro de su planeta.

Esto requería de precisión, puesto que sus cohetes de entonces no eran mucho más sofisticados que los que utiliza el hombre para enviar astronautas al espacio en nuestros días, y una vez en el espacio, ellos simplemente derivaban hasta que eran cogidos en la órbita gravitacional del acuático planeta al que debían obediencia.

Sus vidas en la Tierra no duraban tanto como el lapso de tiempo que transcurre entre una aparición del Planeta 12 y la próxima. Pasaban varias generaciones, y el conocimiento de cómo leer las estrellas, y de qué es lo que la casa real del Planeta 12 esperaba de ellos, eran transmitidos de padres a hijos. Los padres más conscientes, al verse envejecer y darse cuenta de que morirían antes de que sus hijos pudieran regresar a su planeta natal, en donde gozaban de un status de realeza, erigieron un sistema de navegación sólido y seguro - las Grandes Pirámides.

¿Podrían las pirámides actuar hoy como guías para detectar la próxima reaparición en los cielos del cometa gigante, el Planeta 12? Muchos cambios de polos han ocurrido desde que ellas fueron construidas, y en cada uno de ellos la corteza de la Tierra se ha movido para ocupar nuevas posiciones. La leyenda afirma que la Grandes Pirámides originalmente apuntaban hacia el Sistema Estelar de Orión, y esas leyendas eran ciertas en sus orígenes. Allí donde hay un punto de convergencia con respecto a los orígenes, donde se podía ver el sitio desde donde el cometa gigante comienza a hacerse visible, las grandes Pirámides ya no pueden servir como una guía en este aspecto.

Hay un rumor, de que las Grandes Pirámides apuntarían exactamente en las direcciones Norte/Sur. He realizado una búsqueda en Internet, en busca de hechos que sustentaran este rumores, y no encontré nada. Lo que pude encontrar, es alguna documentación que atestigua que las pirámides están aproximadamente orientadas en dirección Norte/Sur, lo cual dista mucho de afirmar que tal alineación sea precisa. Las Grandes Pirámides muestran indicios de haber sido dispositivos astronómicos.

ZetaTalk: La Cámara Secreta, escrito en Noviembre 15, 1995

Circulan todo tipo de rumores acerca de las Grandes Pirámides, algunos de ellos verdaderos, otros falsos. Se sabe que existe una sala oculta, accesible a través de un túnel tan estrecho que sólo podría ser atravesado por una rata, tan estrecho y prolongado que sólo podría haber servido para mirar.

La sala no tiene ninguna otra entrada, y nunca tuvo la finalidad de guardar un objeto sólido. Sólo un líquido, almacenado en el receptáculo de escaso fondo, que reflejaba la luz hacia afuera solamente cuando la luz que ingresaba por el largo túnel en un ángulo preciso - la luz del Planeta 12 en aproximación.

Varios otros túneles, hasta ahora descubiertos, recogían la luz reflejada. El líquido, por supuesto, se evaporó con el paso del tiempo, dejando atrás sólo el misterio.

Monumentos. La Esfinge, también fue construida por los Annunaki.

ZetaTalk: La Esfinge, escrito en Julio 15, 1995

La Esfinge es un ejemplo de una sala mortuoria de categoría, un majestuoso mausoleo, construido por los visitantes del Planeta 12, quienes por aquellos días estaban dedicados a la caza de leones. La tumba había sido erigida en honor de un grande y poderoso varón, que se destacaba notoriamente en el círculo de los cazadores, y se consideraba que el hecho de que el mausoleo estuviera guardado por una de sus presas era un justo tributo a sus poderes y habilidades.

Como a menudo ocurre en los asuntos humanos, estos planes no se pudieron cumplir en su totalidad, ya que el supuesto dueño de la tumba fue muerto por uno de sus rivales y quedó sin sepultura, su cuerpo pudriéndose bajo el sol, mientras era devorado por los leones, sin duda.

Los Gigantes, Aquellos Antiguos Dioses.

En su calidad de gigantes, comparados con el hombre, y técnicamente tan avanzados como lo está hoy la humanidad, el hombre primitivo miraba a los Annunaki como a dioses. Como lo prueban los trajes de hierro que usaban los caballeros en la Edad Media, el hombre antiguo no tenía la estatura que tiene en nuestros días. Quizá por motivos de nutrición, ya que parece haber crecido en fecha relativamente reciente. Cerca de donde vivo hay una antigua cabaña cuya puerta sólo mide 1.5 metros de alto. Y el Annunaki, con sus 2.50 metros de estatura, era en verdad un gigante.

ZetaTalk: Los Antiguos Dioses, escrito en Julio 15, 1997

No es casual que los hominoides que habitan el Planeta 12 se vistan y se parezcan a los antiguos Dioses Griegos, a los Dioses del Monte Olimpo, puesto que son uno y lo mismo. Las mitológicas historias que relatan que éstos lanzan rayos y que viajan a través de las nubes tenían su base en los ingenios técnicos exhibidos por estos visitantes el Planeta 12, quienes entonces ya habían dominado una tecnología equivalente a los actuales láser y el transporte de personas por medio de cohetes adosados en la espalda.

A los ojos de los primitivos humanos, que venían saliendo de las cavernas, ellos eran hermosos gigantes, ellos eran dioses. Se narra que los Dioses Griegos eran a veces celosos e iracundos, y didácticos y protectores en otras ocasiones - un poco parecidos a los humanos. Por supuesto, no eran dioses, no más divinos que los hombres de hoy. Pero hasta nuestros días los relatos consignados por sus esclavos humanos reflejan el temor que les inspiraban.

Las leyendas provenientes de muchas culturas que relatan las hazañas de los hominoides gigantes del Planeta 12 obedecen no en pequeña medida a las rígidas reglas que estos visitantes habían establecido en cuanto a mezclarse con los humanos, a quienes ellos miraban como a sus virtuales esclavos. Guardando la distancia de los humanos, ellos mantenían su dominio, ya que ellos eran mucho más altos, más avanzados técnicamente, y eran la raza hominoide más inteligente de los alrededores.

En esa época, los hombres estaban evolucionando de la etapa de las cavernas, y sólo ocasionalmente nacía un genio de herencia puramente humana. En la evolución de las especies, la inteligencia va creciendo gradualmente a través de la selección genética, donde los individuos más inteligentes van pasando sus componentes genéticos debido a su habilidad para evadir el peligro y manejar las circunstancias que los rodean.

Entonces, las diferencias entre los humanos y los visitantes del Planeta 12 eran muchas, y significativas. Los relatos que se refieren a estos esbeltos, sólidos gigantes, son interminables en la mitología humana. Y pueden ser reconocidas y diferenciadas de las narraciones que se refieren a los puramente humanos, mediante varios rasgos:

* Los dioses eran humanoides en apariencia. Los humanos puramente humanos no son elevados a la calidad de dioses por sus congéneres humanos, a pesar de que culturas contemporáneas y en una postura paternalista, consideran al humano que ejercía el reinado como el jefe, el rey y el dios.

* Los hominoides eran salvajes y celosos en el trato dispensado a sus esclavos humanos, ejecutándoles ante infracciones triviales, como ejemplo para los demás, sin importar cuan trivial fuera la acción culpable o cuan fervientes las excusas.

* Ellos tenían una tecnología que parecía milagrosa para la época, como por ejemplo la habilidad para lanzar rayos, flotar por encima del nivel del terreno, o tomar viajes espaciales en sus cohetes, o practicar cirugías y lograr que los pacientes sobrevivieran.

* Ellos vivían aparte de los humanos, en poblados o distritos separados, aunque visitaban a sus esclavos humanos con la frecuencia necesaria como para hacerles sentir que no podrían escapar a su dominio, que eran prisioneros en una prisión invisible.

Los antiguos dioses egipcios, babilonios, visigodos de Alemania, los dioses mayas e incas, todos ellos sin excepción eran distinguidos miembros de la realeza del Planeta 12, estacionados en la Tierra con el objetivo de supervisar las operaciones de extracción minera.

Los relatos que consignan las hazañas de algunos destacados humanos rebeldes de la antigüedad, notables por su grandeza y coraje en la batalla, frecuentemente tienen su base en alguna herencia genética proveniente de los visitantes, puesto que el rebelde a menudo llevaba en sí algún contenido genético resultante de la violación de una esclava humana que se las había arreglado para escapar y lograr parir su superdotado hijo con vida.

Esta herencia genética se encuentra en nuestros días esparcida en los países de Medio Oriente, los países germánicos y algunos sectores de los mares del sur, y es identificable entre aquellos que simultáneamente presentan una alta estatura, un carácter fiero, y una poderosa musculatura. Pero ellos, en lugar de ser mirados como dioses, a menudo son socialmente considerados como proscritos.

David, aquel de la historia de David y Goliat, era uno de estos mestizos, y por eso no se trató de un simple hombre que hubo de enfrentar a un gigante.

ZetaTalk: El Rey David, escrito en Julio 15, 1997

Como muchos otros humanos que llevaban en sí los genes originarios de los gigantes hominoides del Planeta 12, el Rey David fue grandemente admirado por su fuerza y su coraje. No resulta sorprendente que derrotara a uno de estos gigantes en el histórico combate entre David y Goliat, ya que él sentía un profundo odio personal hacia la dominación impuesta por los gigantes, odio que había heredado de su madre.

Las mujeres esclavas, que eran mantenidas cautivas para actuar no sólo como empleadas y cocineras, en ocasiones quedaban preñadas producto de las forzadas uniones con los fuertes y fieros soldados, que los gobernantes del Planeta 12 destacaban regularmente para trabajar en los puestos de explotación minera cada vez que el Planeta 12 regresaba cruzando a través del Sistema Solar.

Escogidos precisamente por su ciego rigor y brutalidad en el cumplimiento de su deber, estos soldados tenían el mandato de mantener a los esclavos humanos que trabajaban en las minas bajo un estricto control, y rara vez mostraban algún gesto de ternura, ni siquiera con sus amantes. Muy a menudo, la mujer esclava que había quedado fecundada, habría de morir en el parto, ante la imposibilidad de parir a una criatura de tal tamaño, llevándose al infante con ella.

Sólo en raras ocasiones estos mestizos lograban vivir, a menudo sin sus madres que de desangraban hasta la muerte o quedaban desgarradas sin remedio. La madre de David, como él mismo, portaba genes mestizos, y por eso fue capaz de parir el producto de la violación y librar con vida.

Más allá de la gran fuerza física e inquebrantable coraje, que son rasgos muy definidos de los humanoides gigantes del Planeta 12, sus lejanos descendientes exhiben una potente continuidad de propósito cada vez que son llevados a sentir ira. Por eso David se convirtió en el líder de los desposeídos, y se le tenía en gran estima, reverencia que se convirtió en verdadera devoción a su símbolo, la Estrella de David. Su linaje, la Casa de David, fue principalmente notorio por su valiente liderazgo.

Los fieros visigodos de Alemania fueron otro ejemplo de la huella que dejaron estos gigantes en las culturas que visitaron

ZetaTalk: Los Visigodos, escrito en Abril15, 1996

¿Fueron los humanoides gigantes del Planeta 12 la inspiración para las leyendas de los dioses de los vikingos y visigodos germánicos? Los dioses vikingos y visigodos eran fieros, y nunca retrocedían una vez que había estallado el conflicto. ¿Qué hacían estos hominoides gigantes en el norte de Europa? Exploraban, de la misma manera que lo hicieron en Sudamérica habiendo cruzado el Pacífico. Ellos buscaban oro, y viajaron a todas partes del mundo haciendo prospecciones.

Los Gigantes

¿Podrían ser ellos los llamados Nefilim en la Biblia, los que llegaron de los Cielos a la Tierra? Según Zecharia Sitchin, son exactamente los mismos.

Entrevista con Zecharia Sitchin: Una Introducción. Electronic Magazine, edición 17

ZS: Quiénes eran los Nefilim, mencionados en el Génesis, Capítulo 6, como los hijos de los dioses, que desposaron a las hijas de los hombres en épocas anteriores a la gran inundación, el Diluvio. La palabra Nefilim es comúnmente o tradicionalmente traducida como "gigantes". Y estoy seguro de que Ud. y sus lectores están familiarizados con las citas bíblicas a que se hace mención en las prédicas dominicales, etc., que dicen que por aquellos días había gigantes en la Tierra.

Cuando yo era niño y asistía al colegio, eventualmente me atreví a cuestionar esta interpretación, en la sala de clases, y fui reprendido por el profesor, quien me dijo "no cuestiones lo que dice la Biblia". Pero yo no pretendía cuestionar la Biblia, sino poner en tela de juicio una interpretación que me parecía del todo inexacta. Porque la palabra Nefilim, el nombre que se refiere a aquellos extraordinarios seres de la Biblia, conocidos como "los hijos de los dioses", literalmente significa "Aquellos que bajaron a la Tierra desde los Cielos".

CL: ¿De la palabra hebrea Nafal, que significa "caída", correcto ?

ZS: Correcto. Caer, bajar, descender. Entonces, ¿cuál era el significado? Esto me llevó a mis estudios bíblicos, luego a la mitología y la arqueología, y a todas las otras disciplinas, incluyendo el estudio de las lenguas antiguas, lo que edificó mi educación y definió mi vocación. Así , toda mi búsqueda y mi posterior decisión de escribir sobre el tema, comienzan de una pregunta. ¿Quiénes fueron los Nefilim?

Todas las escrituras antiguas, la Biblia, los mitos griegos, los mitos y textos egipcios, los escritos de las pirámides, todos ellos, me llevaron hasta los sumerios, cuya civilización es la primera conocida y data de hace unos 6000 años. Entonces, me concentré en Sumeria, la verdadera fuente de todos estos mitos, leyendas, textos e información.

Aprendí a leer los textos cuneiformes de Sumeria, y me pude percatar de que en sus continuas referencias a aquellos seres, a quienes los sumerios llamaban los Annunaki, decían que ellos habían venido a la Tierra desde un planeta llamado Nibiru. El planeta era designado por el signo de la cruz, y el nombre de Nibiru significa "el planeta del cruce".

Mitos

Mientras muchos mitos relativos a los Annunaki están basados en hechos reales, hay muchos otros que NO LO ESTÁN. Muchos mitos sólo están basados en valientes afirmaciones sin base y declaraciones jactanciosas, o en la simple interpretación errada de la palabra hablada o escrita. Al parecer, en esto no hay tanta diferencia con nuestras propias culturas humanas. Por ejemplo, ellos tenían un tiempo de vida normal, y NO POSEÍAN la Fuente de la Juventud.

ZetaTalk: Larga Vida, escrito en Febrero 15, 2002

La idea de que los Annunaki vivían por miles de años contiene un error de interpretación. Cuando se instalaron en la Tierra para realizar actividades mineras ellos esperaban, como herencia cultural y como descendientes de una de las líneas de la familia real, vivir por muchos años, hasta que nuevamente regresara su planeta natal. Esto es simple poesía, una mala interpretación.

Los visitantes del Planeta 12 llevaban consigo en sus largas travesías a la Tierra una planta que poseía cualidades medicinales, nativa del Planeta 12. En la Tierra ellos cultivaron esa planta en jardines especiales, protegida de la intensa luz del Sol. Esa planta tenía la capacidad de renovar su estructura celular. Algo así como un estimulante de la hormona del crecimiento. Ellos usaban este estimulante en la forma de un baño, impregnado de la planta.

Habiendo adquirido así la reputación de rejuvenecer, esto dio a luz la leyenda de la Fuente de la Juventud, lo que resulta ser bastante exagerado. De hecho, el procedimiento sólo atenuaba una enfermedad degenerativa que los gigantes humanoides trasladados sufrían mientras vivían en la Tierra.

Otro ejemplo: ellos NO CREARON genéticamente al hombre, aunque experimentaron en este campo, tal como lo está haciendo hoy la humanidad.

ZetaTalk: Nacimiento del Hombre, escrito en Febrero 15, 2002

Siendo la raza hominoide más fuerte y dominante de esa época en la Tierra, los gigantes hominoides del Planeta 12 era comprensiblemente arrogantes acerca de los efectos que su genética tenía en los humanos con quienes se mezclaban. Había entonces dos líneas de humanoides enviadas a la Tierra para conducir las actividades mineras entre las fechas de cruce de su Planeta 12 - la realeza y los soldados.

Los miembros de la realeza sólo se cruzaban entre ellos, para mantener la pureza de su genética, puesto que sin esta pureza genética su línea real estaba condenada a morir al regresar a su planeta natal. Los soldados disponían de mujeres de clase inferior del Planeta 12, como consortes sexuales. Pero a menudo preferían crear y mantener sus propios harem de esclavos sexuales humanos, de todas las edades y de ambos sexos.

Como hemos dicho, la mayoría de los retoños morían en el parto, debido al gran tamaño de los infantes. Pero los que lograron vivir portaban la genética del padre, lo cual dio pie a la leyenda de que los humanoides habrían creado a la raza humana. Pero esto es completamente falso.

Los humanoides gigantes del Planeta 12 no usaron ingeniería genética para crear a los humanos. Ellos sólo experimentaban con la genética, lo que contribuyó al rumor. Ellos estaban experimentando con la genética tal como los humanos están ambiciosamente abrazando dicha actividad en nuestros días, puesto que ellos sólo estaban un poco mas avanzados que los humanos en la escala evolutiva.

Entonces, cuando ellos jugaban con la idea de lo que podría producir la experimentación genética, quizá mezclando humanos con especies animales, aquello fue tomado en forma literal por la gente que hoy está descubriendo aquellos imaginativos engendros. Los humanos juegan a imaginar, trazando dibujos de águilas que despiden rayos desde sus talones. ¿Debería implicar que las futuras generaciones que encuentren estos diseños deberían tomarlos en su forma literal?

Estas son sólo representaciones de la fascinación despertada por las posibilidades que la manipulación genética podría crear. La humanidad no fue creada por los humanoides del Planeta 12, sino por otros, que si desarrollaron la correspondiente ingeniería genética. Este mito está errado, y debería ser descartado.

Reinado Cruel

Como amos de sus esclavos, los Annunaki aplicaban gran crueldad para controlar a sus esclavos. Esto también es leyenda. Corazones arrancados de los pechos aún latiendo, y mostrándolos a la cara de la propia víctima, todavía viva.

ZetaTalk: Mayas e Incas, escrito en Agosto 15, 1995

En las Alturas de las montañas de Sudamérica existen trazas de antiguas civilizaciones que exhiben variedad de similitudes con la Antigua civilización egipcia. Grandes estructuras construidas con enormes bloques de piedra, cortada y ajustada con increíble precisión, de forma muy parecida a las Grandes Pirámides. Puertos espaciales instalados sobre altas mesetas en las montañas, los que pueden ser vistos claramente desde el espacio, pero difícilmente discernidos desde el nivel del terreno.

Y en las vaporosas junglas de más al norte residen restos de antiguas ciudades abandonadas, sin motivo conocido. La tierra es allí fértil, el agua abundante. Pero aquellas ciudades quedaron deshabitadas y abandonadas. Dice la leyenda que en la cima de aquellas pirámides, sobre sus plataformas, se realizaban sacrificios humanos, donde se arrancaba los corazones de personas vivas. Y aún así, no hay rastro de dichas prácticas entre los pobladores locales.

Los sacrificios humanos nunca fueron una práctica indígena de la Tierra. Este cruel método de castigo era solamente usado por los visitantes dominadores con el fin de mantener a los esclavos rebeldes bajo control. Destruyendo una ciudad, como represalia por una violación.

ZetaTalk: Sodoma y Gomorra, escrito en Octubre 15, 1995

Antes de la historia conocida, hubo grandes dramas que de alguna manera ganaron una posición en la historia posterior, por el impacto que tuvieron. En tal forma impresionaron a quienes tuvieron que vivirlos, que continuaron transmitiendo su experiencia, de uno a otro, una y otra vez, generación tras generación, hasta que llegó la época de la historia conocida.

Como estos dramas acontecieron mucho antes de que existieran los calendarios y los relojes nadie está seguro de su fecha. Pero sus circunstancias, a menudo en la forma de alegorías, fueron transmitida intactas. Tal es el caso de la leyenda de Sodoma y Gomorra, las ciudades que habrían sido destruidas por la mano de Dios, por ser las ciudades del pecado. O por lo menos, así lo dice la historia. Pero esta historia tiene una base real.

Sodoma y Gomorra eran dos pequeñas ciudades asentadas en las áridas tierras de Oriente Medio. Por aquellos días la sodomía era práctica habitual entre individuos de sexo masculino que no tenían una pareja. Se enviaba pequeños niños a cuidar los rebaños, donde ellos aprendían de muchachos mayores la práctica de usar a las ovejas y las cabras para aliviar la tensión sexual. El uso mutuo entre ellos, cuando estaban en las ciudades, quedaba a corta distancia, y nadie le prestaba mucha atención. No era más que un favor entre amigos.

Esa era la situación en Sodoma y Gomorra, en la época en que los visitantes del Planeta 12 caminaban sobre la Tierra. Los visitantes eran potentes y atractivos humanoides, y ellos se permitían escoger sus parejas sexuales a su antojo, y no había manera de que respetaran a los débiles humanos, a quienes ellos veían como sus sirvientes y esclavos.

En Sodoma y Gomorra, la práctica de la sodomía iba acompañada con juegos de dominación y todo tipo de refinamientos, que en opinión de sus adeptos, no tenían paralelo en ninguna otra parte. En una ocasión un joven humanoide soltero del Planeta 12 que viajaba acompañado de su séquito, fue violado en las inmediaciones de estas ciudades por una pandilla que no quiso aceptar su negativa. Las repercusiones fueron brutales. Los visitantes del Planeta 12 tenían la bomba, y la usaron.

Algunos humanos, asociados a los visitantes fueron advertidos con anticipación pero sin el tiempo suficiente para abandonar las ciudades. Sin tiempo para despedidas, ni para echar una última mirada a la ciudad, aunque la esposa de uno de ellos quiso hacerlo. Ella se detuvo un instante, lamentando tener que dejar atrás la casa que amaba, y sin comprender lo que estaba por ocurrir.

Cuando la bomba explotó, ella, que se había vuelto para mirar una vez más a la ciudad, sin haber logrado todavía ponerse a salvo detrás de la colina, se encontraba dentro del perímetro de la explosión, quedando vaporizada en ese mismo lugar. La leyenda cuenta que ella quedó quemada y endurecida, cubierta por el polvo gris proveniente de la explosión, como un pilar de sal. Uso de mascaras de intimidación, recientemente dramatizadas en la película Stargate.

ZetaTalk: La Tribu Dogon, escrito en Agosto 15, 1995

Mucho se ha escrito acerca de la tribu Dogon y sus notables conocimientos de las estrellas. Gente tan sencilla, y tan alejada de la era industrial aún en nuestros días. ¿Cómo pudieron obtener esa información?

Sus visitantes llegaron desde el Planeta 12, y ellos en ese entonces tenían ese avanzado conocimiento de las estrellas, puesto que continuamente trazaban sus itinerarios con el fin de conocer su posición en el espacio, tal como los antiguos navegantes recurrían a las estrellas para conocer su posición en medio del vasto océano.

Las cabezas de perro que estos visitantes usaban como máscaras, en ocasiones reemplazadas por cabezas de pájaro o de serpiente, eran de uso normal. Al estar bajo la influencia de visitantes de la orientación de Servicio-a-Sí-Mismo, se dieron cuenta de que estas máscaras les servían para aterrorizar a los pobres humanos que encontraban, pues sus expresiones son indescriptibles.

El Oro

Los Annunaki necesitaban el oro para llevarlo a su planeta, para poder retener la luz y el calor que emanan hacia la atmósfera. Su planeta natal, el Planeta X o el Planeta 12, es un enano marrón. Un sol medio encendido, o medio apagado, que no es un planeta ni es un sol. Está encendido hasta el punto en que se genera luz y calor que pasan a la atmósfera en una proporción tal que permite sustentar la vida que allí existe.

ZetaTalk: Resplandor del Planeta 12, escrito en Julio 15, 1995

El Planeta 12 posee tanto luz como calor, ambos generados al interior de su núcleo. La vida en el Planeta 12, habitado por grandes humanoides que no son diferentes de los humanos que no sea por su gran tamaño, experimenta una iluminación constante. Un continuo día, de luz quietamente crepuscular. Allí han evolucionado formas de vida que no duermen, sólo reposan.

Las luz es difundida por la atmósfera y reflejada hacia la superficie del terreno. Pero la luz emerge desde el núcleo, para interactuar con la atmósfera, sólo filtrándose a través de la superficie de los grandes océanos, que cubren la mayor parte de la superficie del planeta. Como punto de referencia podemos citar la actividad volcánica, en los numerosos puntos en que la lava derretida hierve, tanto en tierra como bajo los océanos. De la misma manera, el Planeta 12 posee sitios en donde la sustancia derretida e hirviente de su núcleo escapa hacia la superficie.

En el Planeta 12, el calor liberado se difunde en todas direcciones, de tal modo que la superficie del planeta es tibia, nunca muy caliente. Si visitáramos aquel planeta, nuestros pies no se quemarían, pero sí sentirían una menor temperatura en aquellos lugares en que los estratos del terreno no son tan buenos conductores del calor. Y la luz, sólo escapa del núcleo en aquellos lugares en donde hay actividad volcánica bajo los mares.

Su búsqueda del Oro, y el valor que los visitantes le concedían, es la razón que explica que los humanos le concedan tanto valor, y ha dado lugar a muchas leyendas.

ZetaTalk: El Dorado, escrito en Octubre 15, 1995

La obsesión por el Oro no es nativa del hombre. Es un hábito heredado por la humanidad de los habitantes del Planeta 12. ¿Qué es lo que hace del Oro algo tan apreciado? El platino no se enmohece, la plata y el cobre son maleables como él. Y aún así, se considera al Oro como un metal más precioso que los demás, un metal más deseable, algo por lo que muchos morirían.

Esta actitud hacia el Oro pasó como una herencia de generación en generación y fue impresa en la humanidad por aquellos que necesitaban encontrar Oro a cualquier precio, y que no vacilaban en matar para obtenerlo. Pero, allí donde la humanidad utiliza el Oro como moneda de intercambio o para fines de ornato, los visitantes del Planeta 12 estaban recolectando Oro para fines de supervivencia.

Su planeta nativo, en su larga travesía orbital en el espacio, está sujeto a un efecto de abrasión, que la Tierra y otros planetas que ocupan órbitas más apacibles alrededor del Sol no sufren. El Planeta 12 va perdiendo poco a poco su atmósfera, aquí y allá, de manera constante, y mientras ésta en alguna medida puede ser reconstituida por sus océanos, ya que es un planeta acuoso, algunos elementos atmosféricos eventualmente comienzan a escasear.

Ciertas moléculas de su atmósfera, que contienen Oro, son necesarias para retener la luz y el calor que genera el núcleo del planeta. Para mantener la luz y el calor, específicamente haciéndoles rebotar de regreso hacia la superficie. Si estas moléculas que contienen Oro no estuvieran presentes en su atmósfera, el planeta se oscurecería y se enfriaría.

Es así como los visitantes del Planeta 12 vinieron a la Tierra en misión de prospección y extracción minera, en un intento de despojar a la Tierra de su relativamente abundante Oro, utilizando a sus primitivos humanos como esclavos para estas faenas.

Muy temprano quedó impreso en la humanidad la idea de que el Oro era el distintivo del gobernante, y la muerte perseguía a aquel que lo robara o lo retuviera para sí. El Dorado, la Ciudad de Oro perdida, era un punto de embarque en donde las naves y módulos espaciales eran cargados y lanzados al espacio en el momento adecuado. Puesto que el momento apropiado para hacerlo sólo se producía cada 3.657 años, en promedio, había allí una inmensa cantidad de Oro acumulado.

Mucho tiempo después de que los visitantes del Planeta 12 abandonaron la Tierra, los humanos que habían escuchado las narraciones de quienes habían tenido la oportunidad de hacer entregas de Oro a El Dorado, empezaron a buscar esta Ciudad de Oro. Y todavía la buscan. Sin embargo, sus ruinas, que han sido descubiertas y revisadas en repetidas ocasiones, nunca han sido reconocidas, puesto que allí ya no hay oro. ¿Por qué estos visitantes, tan desesperados por lo que en verdad constituía para ellos un metal dador de vida habrían de dejar atrás siquiera un poco de oro al marcharse ?

Marte

¿Han estado los Annunaki en Marte? Ciertamente que sí, extrayendo Oro, como lo hicieron en la Tierra. E igualmente, dejaron evidencia de su presencia.

ZetaTalk: Estructuras en Marte, escrito en Julio 15, 1995

En Marte han quedado los restos de una antigua civilización, la que en cierta época también colonizó la Tierra. Algunos académicos que han estado estudiando esta hipótesis no están muy lejos de la verdad, habiendo reconocido las similitudes entre algunas de aquellas estructuras y las del antiguo Egipto. No es simplemente imaginación humana el observar que algunas estructuras de la Tierra, tales como las Grandes Pirámides y la Esfinge, presentan muchas coincidencias con otras estructuras encontradas en Marte.

El mismo pueblo, la misma tecnología. A ellos les gustaba dejar su huella, y así lo hicieron. Se ha especulado que el rostro de Marte y las cercanas pirámides habrían servido como marcadores astronómicos, y éste era en verdad su propósito primordial. Ellos buscaban un marcador inconfundible, que pudiera ser visto fácilmente en al aproximarse desde el espacio, ya que la superficie marciana tiene pocas características distintivas.

Imágenes captadas por la gran cantidad de sondas espaciales que la NASA ha enviado a Marte lo confirman, habiendo documentado el Rostro de Marte, trazas de posibles asentamientos urbanos, con redes de calles y ductos, etc. Aunque NASA se ha esforzado por restringir esta información.

NASA publica 20.000 imágenes de Marte, disponibles en Internet. Associated Press, Mayo 23, 2000

NASA ha publicado 20.000 imágenes de Marte ahora disponibles en Internet en la forma de un álbum fotográfico electrónico. Las fotos tomadas por el satélite que orbita alrededor de Marte, el Mars Global Surveyor, constituye la más extensa publicación de fotos de un planeta en la historia de la exploración del sistema solar.

El archivo cubre un año de Marte, 687 días de la Tierra, comenzando en Septiembre de 1997 y extendiéndose hasta Agosto de 1999. La publicación hace posible que cualquier persona que tenga acceso a Internet pueda explorar Marte casi tan bien como lo hacen los científicos. El Mars Global Surveyor complete mas de 5.000 giros orbitales alrededor del Planeta Rojo.

Ah, sí… ¿Pero cuántas de estas 20.000 fotografías corresponden al controvertido Rostro de Marte, o a otros puntos que podrían haber sido construidos por humanoides? A pesar de la inmensa presión para que NASA filmara esas áreas de especial interés, se filmó todo, EXCEPTO la región de Cydonia.

Misteriosas Estructuras Que Pueden Probar Evidencia de Vida en Marte a NASA. Agosto 17, 1996 del Daily Mail - London

El exitoso autor Graham Hancock, cuyo libro "Las Huellas Digitales de los Dioses" fue el gran fenómeno publicado en 1995, considera que existe suficiente evidencia para sustentar la teoría que afirma que aquellas estructuras monumentales de Marte que han fascinado a los científicos desde hace 20 años son los restos de una gran civilización.

Esas estructuras, detectadas en imágenes de video filmadas por la NASA y enviadas a la Tierra por la nave Viking Orbiter en 1976, nunca más han sido fotografiadas desde entonces, y han sido el foco de creciente controversia por mas de 20 años. Porque éstas señalan la existencia de varias pirámides de enormes dimensiones y un enorme rostro con apariencia de esfinge.

Carl Sagan planteó con urgencia la necesidad de que las futuras misiones de Rusia y los Estados Unidos hicieran un esfuerzo especial para filmar mejores acercamientos a las pirámides y a aquello que algunas personas llaman el Rostro y la Ciudad.

A las últimas declaraciones de Carl Sagan se unió la voz del Dr. Tom Van Flandern, quien también auspició una inspección cercana.

Washington, Enero 8, 1998 00:07 a.m. EST. Por Michael Woods, Toledo Blade.

El misterioso Rostro en Marte no es una ilusión óptica ni una formación natural en el Planeta Rojo. El Dr. Tom Van Flandern llegó a esta conclusión luego de completar nuevos estudios sobre la región de Cydonia. Su estudio, presentado ante el 191ro. congreso de la Sociedad Astronáutica Americana (AAS) atrajo inusualmente la atención porque excelentes nuevas imágenes del Rostro podrían ser publicadas muy pronto.

¿Qué hacían los Annunaki en Marte? Extraían Oro. Ellos arrastraban el mineral por medio del agua de la superficie de aquel planeta, enviándolo al interior de cavernas subterráneas en el proceso. Destruyendo de paso la base de su atmósfera, y así es como hoy encontramos vestigios de vida y antiguos lagos en Marte.

ZetaTalk: Vida en Marte, escrito en Julio 15, 1995

Hoy en día Marte es un planeta muerto. Pero en un pasado no tan remoto ese no era el caso, como ha sido puesto en evidencia por erosionadas estructuras descubiertas en Marte que tienen gran semejanza con las Grandes Pirámides y la Esfinge. Algunos planetas que sostienen la vida poseen sistemas ambientales más resistentes que otros, estando situados mas cerca de la tibieza de un sol, por ejemplo, y más especialmente cuando son planetas acuosos como es caso de la Tierra.

Marte no es muy abundante en aquella preciosa sustancia que es el agua, y era un planeta sostenedor de vida solamente en la medida en que el agua no había quedado atrapada por su punto de congelación. Cuando se trata de un planeta acuoso, la atmósfera que lo rodea tiene la capacidad de recuperarse muy rápidamente, particularmente en sus componentes sostenedores de vida. En un planeta relativamente seco la atmósfera es frágil, y cada vez que ésta se reconstruye agota un poco mas de la preciosa agua.

En el pasado, Marte sostenía la vida en un nivel que no es demasiado diferente de nuestro planeta natal en Zeta Reticuli - musgo, insectos, gusanos. En esos mundos no hay suficiente alimento en la cadena alimenticia como para poder sustentar el desarrollo de animales por encima de aquel nivel, y éstos deben enfrentar constantes dificultades. Un reptil que se alimenta de insectos podría tener un buen comienzo, para más tarde desfallecer en tiempos de escasez. Y así, una y otra vez. Entonces, la vida en estos planetas nunca pasa más allá.

Marte encontró su ocaso como resultado de las actividades de los visitantes del Planeta 12, quienes establecieron allí operaciones de extracción minera, con preferencia sobre la Tierra en donde merodeaban muchos y grandes mamíferos carnívoros. El Planeta 12 no tiene este tipo de carnívoros sobre el terreno, ni tan grandes y fuertes como estos humanoides gigantes que lo pueblan. Ellos tiemblan de sólo pensar en carnívoros mayores.

Así como la atmósfera de Marte era fina, también era extendida, de modo que los visitantes se las arreglaron como pudieron par echar mano a toda al agua disponible para arrastrar el mineral que buscaban. Al hacerlo ellos procuraron controlar los desechos, que de otra manera habrían quedado sobre la superficie relativamente plana de Marte, y lo hicieron de manera muy poco cuidadosa, dirigiendo los relaves hacia depósitos subterráneos.

Entonces, la preciosa agua fue enviada en cantidad creciente por debajo de la superficie. Esto desató una cadena de eventos que no pudo ser revertida. La superficie de Marte se enfrió cuando la atmósfera desfalleció y el congelamiento de la superficie aceleró aún más el proceso. Muy pronto la atmósfera se hizo demasiado fina para ser respirable, y ya que los visitantes del Planeta 12 están acostumbrados a vivir en un perpetuo verano, no les costó demasiado tomar la decisión de abandonar este planeta que se congelaba moría.

Entonces la Tierra empezó a verse más atractiva, principalmente porque no tenían otra alternativa. Desarrollaron métodos para lidiar con los carnívoros, especialmente protegiéndose detrás de los esclavos humanos, que entrenaron para la defensa. Eventualmente, después de que se les prohibiera su contacto con la Tierra ( cuarentena ), ellos aprendieron a crear y mantener su propia atmósfera al interior de compartimentos sellados y por consiguiente móviles. Ellos han continuado con sus operaciones mineras dentro del Sistema Solar en un lugar u otro, y actualmente todavía lo hacen.

Los Zeta han mencionado a una luna de Marte, Phobos, que notables existencias de mineral de Oro, en donde los Annunaki han estado operando explotaciones mineras, habitando en su interior, hasta el día de hoy. Y los Laboratorios de Propulsión (JPL) de la NASA se han visto forzados a aceptar la evidencia que comprueba la existencia de agua en Marte.

Organización: Jet Propulsion Laboratory. Junio 29, 1998

Varios indicios recolectados por el módulo Pathfinder apuntan a una temprana existencia húmeda y tibia en Marte. La mayor porción del sector de amarizaje parece haber sido depositada por grandes volúmenes de agua, y los cerros en el horizonte conocidos como Twin Peaks parecen haber sido antiguas islas de contornos moldeados por el agua.

Indicios inconfundibles de la existencia de agua en la superficie de Marte. Pero, ¿dónde se fue el agua? Sin poder admitir que manos hominoides habían intervenido en el asunto, desviando el agua, la incógnita quedó sumida en el misterio.

La Luna

Mientras estuvieron en la Tierra, los Annunaki utilizaron a la Luna como plataforma y punto de apoyo en comunicaciones.

ZetaTalk: Ciudades en la Luna, escrito en Diciembre 15, 1995

A pesar de las declaraciones de la NASA, todas las estructuras descubiertas en la Luna no son naturales y tampoco fueron construidas por el hombre. La Luna tan cercana a la Tierra, y aún así tan libre de la congestión atmosférica y superficial de la Tierra, ha sido usada por muchos grupos de extraterrestres, y para variados propósitos. Normalmente, es un hogar para algunos de Servicio-a-Sí-Mismo, que allí residen.

Sin embargo, estas instalaciones no son lo que los hombres creen, ya que se encuentran en el lado oscuro de la Luna, que nunca es visible desde la Tierra. En la época en que los hominoides visitantes del Planeta 12 tenían operaciones mineras en la Tierra, principalmente en busca de oro, ellos usaban a la Luna como un puesto avanzado de comunicaciones, puesto que estaba libre de la cubierta de nubes y permitía una localización mas precisa en el espacio.

La Luna actuaba entonces como una estación amplificadora, que recogía y amplificaba las señales de la Tierra, y luego transmitía al espacio una señal clara y potente. Gran parte de estas comunicaciones iban dirigidas a Marte, pero mas principalmente a su planeta natal, cuando se acercaba, ya que esa era la oportunidad para comunicarse con el hogar no se podía dejar pasar.

Los fragmentos de cristales de comunicaciones -abandonados y solitarios, plantean sorprendentes enigmas a los científicos de hoy. Efectivamente, los Annunaki utilizaban cristales en sus comunicaciones.

ZetaTalk: Cristales Tetraédricos, escrito en Julio 15, 1995

No es sólo imaginación que ustedes observen Formas Tetraédricas en la Luna, y tenues indicios de estas mismas formas sobre la erosionada superficie de Marte. Si, ellas son reales. Y si, ellas sirvieron un propósito en el pasado. Esas no son estructuras inactivas, que no puedan ser nuevamente utilizadas en el futuro cercano.

¿Para qué eran usadas? ¿Hay algo mágico en su especial forma? Su forma es significativa, y sirve a una función. Grandes cristales han sido usados como amplificadores de las comunicaciones en el pasado de la Tierra. La forma de tetraedro simplemente permitía una emisión mejor dirigida, cada vez que se aplicaba energía en todas sus caras y convergía en el centro.

Este fue uno de los hallazgos que más sorprendieron a los atónitos astronautas cuando desembarcaron en la Luna. El tema ha sido material de persistente especulación, y ha recibido mucha atención de la prensa, ya que todos los rumores han podido ser sustentados por tenues imágenes capturadas incluso por telescopios de aficionados.

El Arca de la Alianza era en verdad uno de los dispositivos de comunicaciones, y por eso la voz de Dios parecía provenir del Arca.

ZetaTalk: El Arca de la Alianza, escrito en Julio 15, 1995

El Arca de la Alianza era un dispositivo de comunicaciones utilizado por miembros del Planeta 12. Ellos descubrieron que el elemento oro servía para muchas aplicaciones, y lo trataron con veneración, elevando al oro a la condición de un dios - el dios de las comunicaciones.

Esta raza también ha usado los cristales, como amplificadores, en las comunicaciones. Debido al asombro, el miedo y la veneración que rodeaba el Arca, los humanos primitivos la percibían como la manifestación de los dioses, especialmente cuando la voz que ellos creían provenía de un dios emergía de ella.

Los humanoides del Planeta 12 entraban al interior del Arca, se escuchaban voces, y luego salían de ella, habiendo recibido sus instrucciones. Por supuesto que la voz provenía de Dios Todopoderoso!!! El Arca en sí misma era tratada como un objeto sagrado, puesto que tenía un gran valor, y vidas eran sacrificadas si era maltratada de cualquier manera.

Como muchos otros objetos que no se comprenden, pero que parecen ser mágicos, el Arca de la Alianza alcanzó una reputación que excede en mucho su verdadera finalidad. El Arca finalmente fue desarmada, y su oro reutilizado, por quienes la construyeron y sabían que no tenía nada de sagrado. Pero hay algunos humanos, pobres almas extraviadas, que todavía andan en busca del Arca perdida, y podrían seguir buscándola eternamente.

La Cuarentena

Circulan en Internet muchos rumores que afirman que los Annunaki regresarán a la Tierra, como conquistadores. Es muy difícil que lo hagan, puesto que su relación con los humanos ha sido puesta en Cuarentena, y cualquier intento en esa dirección sólo encontrará el fracaso. De igual manera nosotros, en la Tierra, también estamos sometidos a una Cuarentena que nos impide relacionarnos con ellos, y por esa razón es que muchas de las sondas espaciales enviadas a Marte han fracasado, y también los intentos de lanzar artefactos nucleares sobre el Planeta X, su hogar, para desviarlo de su curso.

ZetaTalk: Conquista, escrito en Febrero 15, 2002

Los Annunaki están privados de enviar naves espaciales a la Tierra en nuestra época, ya que el Concejo de los Mundos ha considerado que esa relación constituiría una interferencia con el libre albedrío de los humanos, como una forma de conquista. La Cuarentena se instauró hace varios miles de años, pero en fecha suficientemente reciente como para que los pasados contactos hayan quedado relatados en vuestras leyendas.

Ellos no tienen planes, a pesar del temor que siembran quienes dicen tener contacto con esas gentes, para retornar a la Tierra, sitio que ellos consideran un verdadero pantano. En sus recuerdos, la Tierra está llena de animales carnívoros, esclavos rebeldes, y accidentes provocados por su terrible clima. Y ahora que la humanidad ha alcanzado un cierto nivel de tecnología, hecho que no se puede desconocer en vista de las sondas enviadas al espacio y que han hecho necesario que sean derribadas por sus instalaciones mineras en Marte cada vez que se han acercado demasiado, ellos se sienten todavía menos inclinados a visitar la Tierra.

En el pasado se ha enviado señales de advertencia a los Annunaki, sugiriendo que debían reducir su influencia sobre la Tierra. La Atlántida es un caso puntual.

ZetaTalk: Lemuria & Atlántida, escrito en Junio 15, 1997

La Atlántida era un territorio cercano a la actual Europa, el cual fue jalado hacia las profundidades del Océano Atlántico durante el proceso de separación tectónica que acompaña a los violentos cambios de polos, desapareciendo dramáticamente bajo las aguas. Esta desaparición fue asistida por algunos extraterrestres, quienes aprovecharon el cataclismo natural para ajustar el equilibrio entre orientaciones espirituales de dirección opuesta que estaban ejerciendo influencia sobre los espíritus humanos en desarrollo, de acuerdo a la determinación del Consejo de los Mundos, que decidió que dicho ajuste ya era necesario.

La Atlántida estaba poblada por los hominoides gigantes del Planeta 12, quienes antes de que la actual Cuarentena entrara en efecto eran sólo considerados simplemente como una raza humanoide más al interior de vuestro Sistema Solar. En aquellos tiempos la interacción entre estos humanoides y los humanos fue permitida sin ninguna interferencia. Sin embargo, la creciente esclavización de los humanos por parte de los visitantes humanoides estaba rompiendo el equilibrio de tal forma que los humanos tenían cada vez menor libertad par decidir su orientación espiritual de acuerdo a sus verdaderos sentimientos, y cada vez más presas de un sentimiento de desesperanza y orfandad. Entonces, era necesario hacer un ajuste.

Estando prohibido su contacto con los humanos, y mientras su planeta natal hace su pasada a través del Sistema Solar, ¿qué experimentarán los Annunaki durante ese tránsito, el cual producirá un devastador cambio de polos en la Tierra?

ZetaTalk: Sobre la Montaña Rusa, escrito en Abril 15, 1997

Puesto que la pasada del Planeta 12 resulta tan devastadora para la Tierra, ¿cómo será dicho trance para los humanoides gigantes que habitan el la superficie del Planeta 12?

Los hominoides están usando la historia como referencia, para hacerse una idea de lo que acontecerá durante la pasada, puesto que aquellos que vivieron la experiencia están muertos desde hace tiempo. La historia ha quedado grabada en términos astronómicos, de tal modo que la observación del Sistema Solar y la comprobación de las órbitas de los demás planetas dan tranquilidad a quienes podrían estar nerviosos por la pasada que se aproxima.

De hecho, la pasada de su planeta frente a la Tierra es mirada casi como unas vacaciones, en donde grandes dramas se han de presentar enfrente de la conmovida audiencia. Al cruzar frente a la Tierra, ellos podrán ver el cambio de polos, en vivo, mientras está ocurriendo, fenómeno que convoca a las multitudes tal como lo hace un eclipse de Sol para los habitantes de la Tierra. Tormentas eléctricas se desatarán en su alta atmósfera durante la pasada, exhibición de fuegos artificiales raramente vista en su tranquilo planeta.

Así, la pasada representa para ellos más un evento que una situación difícil. Sin embargo, aquellos que sienten empatía con la situación de la población humana sobre la Tierra, sienten compasión. Pero no hay nada que ellos puedan hacer para cambiar lo que ocurre en la Tierra. Ellos no pueden dirigir su planeta mucho más de lo que pueden hacerlo los habitantes de la Tierra con el suyo.

Fuente: http://www.zetatalk.com/ 


ATERRIZAN LOS DIOSES-ASTRONAUTAS :

LLEGADA DE LOS PROTO SUMERIOS: 
LOS ANTIGUOS ASTRONAUTAS 
  
 

"Los reptiles verdaderamente descendieron. La tierra está resplandeciente como jardín bien regado. En aquella época Enki y Eridu no aparecían. La luz del día no brillaba, la luz de la luna no emergía". 
Fragmento extraído de la más vieja tablilla sumeria. 
  
 

LA Lista de los Reyes SUMERIO

Uno de los más notables y valiosos documentos históricos es el llamado "King List" o "La Lista de los Reyes" que registra los nombres de los reyes de Sumeria y la duración de sus reinados, el cual estaba desde el principio de la historia. En una época, en un pasado distante cuando la "realeza descendió del cielo" fundó cinco ciudades en el llano de Mesopotamia.

Registra una interrupción cuando "la inundación cubrió la tierra," un acontecimiento que conocemos como el Diluvio o La gran inundación. La Lista de los Reyes resume como la "realeza descendió" una vez más. Describe a los reyes y la caída de sus reinados, la división de la dinastía Isin que comenzó a gobernar aproximadamente en 1,950 AC.

La Lista de los Reyes atribuye reinados de longitudes legendarias e increíbles a muchos de los primeros reyes antediluvianos. En este sentido, afirma la enorme vida los patriarcas del viejo testamento. Mientras vidas y reinados tan largos no pueden ser explicados, existe una consistencia entre las fuentes seculares y religiosas que indican que tenían su propia lógica que aun es apreciada por eruditos actuales. La Lista de los Reyes ha recibido diversas revisiones entre eruditos, desde entonces los registros del Tercer y Cuarto milenios AC. han sido corroborados separadamente por evidencia arqueológica, y ha sido aceptada por muchos como un valioso documento histórico.

En su trabajo "Los Sumerios" el profesor Samuel Noah Kramer, decano de estudios sumerios, endosa su valor como herramienta de investigación. Él ha sugerido que La Lista de los Reyes "utilizada con discriminación y la comprensión, nos provee de una estructura histórica de inestimable valor" 
  
 

MESOPOTAMIA, LA CUNA DE LA CIVILIZACIÓN

Nuestra historia no comienza con la creación del mundo. Comienza con la llegada de la vida inteligente a la tierra, la gente que históricamente conocemos como Proto Sumerios. No se sabe exactamente cuando vinieron estos antepasados aquí o porqué. Se supone que llegaron aquí antes de la catástrofe mundial llamada el diluvio. Fue mucho antes de la llegada del hombre moderno u homo sapiens.

Está generalmente aceptado que estos Proto Sumerios fueron el origen de nuestra civilización occidental, y en que sus principios estaban en el área llamada Mesopotamia, literalmente "la tierra entre dos ríos". La llegada de estos "dioses" se describe en los registros que sus descendientes dejaron atrás: los sumerios, acadios, y las tablillas babilónicas cuneiformes.

La tierra conocida como Mesopotamia y la cuna de la civilización, se extiende en su mayor parte sobre los ríos Tigris y Eufrates. Originario de las montañas de Armenia en el norte, los dos ríos se mueven gradualmente bajo un llano ancho y herboso en el golfo pérsico. En tiempos remotos ésta área era un pantano y laguna artificial, en gran medida como lo es hoy.

La introducción de un inmenso sistema de canales para irrigar y drenar la planicie dio lugar a una densa población y al establecimiento de una gran cultura. La parte más baja de Mesopotamia se convirtió en un jardín muy fértil que los Sumerianos se referían como E-DIN, o "la morada de los justos" fue el sitio y dio el nombre al jardín bíblico conocido como Edén.

Mientras que la parte meridional de Mesopotamia vino a ser llamada Sumeria, la parte más lejana de la planicie cercana a la convergencia de los dos ríos más adelante fue llamada Akkad. La ciudad Acadia llamada BAB-ILU llegó a ser prominente y dio nombre a la región de Babilonia.

Luego del diluvio, las ciudades sumerias fueron reconstruidas y volvieron a establecerse en el llano aluvial de Mesopotamia. Puesto que la más antigua de éstas ciudades data aproximadamente del 3,500 AC; y fueron construidas en suelo virgen, está claro que no fueron construidas sobre las ruinas de antiguas ciudades. Esto es debido al hecho que las aguas del golfo pérsico crecen unos 150 pies (14 metros aprox.) desde el diluvio, inundando las ciudades antiguas. Esto será discutido más adelante.

Qué razón o propósito trajeron a este planeta a estos seres extraterrestres o Anunnakis, como se llaman ellos mismos, no sabemos. Pero de sus leyendas y mitos podemos deducir que tuvieron probablemente propósitos comerciales. De acuerdo a La Lista de los Reyes vinieron aquí hace 240,000 años.

Este documento describe las actividades de los Anunnakis antediluvianos como la "realeza descendida del cielo" que primero fue establecida en Eridu, el Erech de la Biblia. Aquí dos reyes gobernaron durante 64,800 años.

Eridu fue abandonada mientras que la capital y la realeza se desplazaron hacia Badtibira donde tres reyes reinaron por 108,000 años. Entonces la realeza se desplazó nuevamente a Larak en donde a un rey gobernó por 28,800 años. Una cuarta ciudad de ellos se convirtió en la capital, Sippar donde un rey, Enmeduranna, gobernó por 21,000 años. Este Enmeduranna es importante para nuestra historia, porque, como veremos, él fue el Enoc del Antiguo Testamento.

La realeza fue entonces transferida a Shuruppak donde un rey gobernó por 18,600 años. De este modo como lo resumen las tablillas, ocho reyes gobernaron sobre cinco ciudades por un total de 241,200 años. La Lista de los Reyes indica en pocas palabras, la inundación que barrió sobre la tierra, puso fin a todo comercio y a otras actividades.

Estos enormes números han sido todo un rompecabezas para los eruditos. Son constantes a lo largo de La Lista de los Reyes y por lo tanto no son erróneos. Mientras que una explicación racional hasta el momento ha escapado a los historiadores, la mayoría de los investigadores dan la sensación de tener alguna respuesta lógica a estos números fantásticos, puesto que al otro lado se puede encontrar enormes vidas de los patriarcas antediluvianos.

Es enteramente posible que éstos no sean años terrestres como lo sabemos. Un año divino o "año de An" es mencionado a menudo en las tablillas cuneiformes y, aunque no está entendido completamente, probablemente no sean equivalentes a nuestro año normal terrestre. Una reflexión de esto se encuentra en el Antiguo Testamento (salmos 90:4) donde un día divino se dice ser el equivalente a mil años.

[Comentario: Esta misma declaración o algo similar está también en el Corán. RS]

También no era raro que los ancestros calculen el tiempo por otros que no sean años normales de la tierra, como por ejemplo, en el "Libro del Jubileo" donde un año del jubileo equivale a 50 años regulares, es decir, siete semanas anuales (una semana anual equivale a siete años) y un año era agregado para el pago de las culpas, cuando todas las actividades estaban suspendidas.

Además, existen indicios que los años en La Lista de los Reyes tienen una lógica fundamental que se encuentra en su sistema de enumeración. Su sistema numérico era sexagesimal pero no era así estrictamente, porque también hicieron uso del factor 10 al igual que 6. De esta manera la secuencia 1, 10, 60, 360, 3,600 toma un significado especial en su mitología. El número 60 contiene una significación especial para los sumerios, porque en su sistema de la escala numérica el número más alto era asignado a su principal dios An.

Si la duración de los diversos períodos de La realeza es representada gráficamente, llega a ser obvio que este sistema sexagesimal debe ser la base de los números fabulosos de La Lista de los Reyes. Llamado un "shar" por los sumerios, el número 3,600 parece tener un significado especial en esta lista. Pueden ser vistos, con ligeros ajustes, los años del reinado de los reyes sumerios son divisibles por este número que indica que el término para el reinado de un rey sumerio antediluviano fue presuntamente un shar y era renovable cada 3,600 años.

[Comentario: Éste es el período de la órbita del planeta Nibiru. RS] 
  
 

EL GOBIERNO DE LOS DIOSES DEL PANTEON SUMERIO

Los sumerios y acadios no llamaron a sus visitantes extraterrestres "dioses." Es en posteriores culturas que la noción de seres divinos se filtró en nuestro lenguaje y pensamiento. Los llamaron "Ilu" o "los elevados", desde que los semitas "Ili" y "El" de los hebreos evolucionaron.

[Comentario: El nombre del príncipe Utu, en el lenguaje de los mayas interesantemente fue o es Xochipili. RS]

La palabra occidental "dios" a través de la idiosincrasia viene a significar "ser espiritual superior", remotamente removida por el hombre incapaz de defectos o de errores. Por otra parte, se considera al hombre un ser manchado e incompleto, agobiado con el "pecado original" y destinado a adorar y pagar tributo a un dios inalcanzable. Los dioses sumerios estaban lejos de lo espiritual. Eran seres físicos verdaderos capaces de cometer serios errores y juicios erróneos. Podrían ser llamados los "superhombres" si este término podría ser aplicado genéticamente a una raza sauriana.

Los dioses sumerios estimaron al hombre como una conveniencia y nada más. Suplió sus deseos, mantuvo sus ciudades, y suministró de forraje para sus diversas aventuras militares. Los dioses fueron crueles y amos poco compasivos. Consideraban a los humanos simplemente como niños revoltosos, sin más importancia que las mascotas, para ser gobernados despiadadamente y sin sentimientos. Estas acusaciones pueden parecer como hipérbole al lector, pero como veremos, en acontecimientos siguientes, efectivamente, éstos fueron los hechos.

[Comentario: Este concepto es bastante similar al argumento de los "Arcontes del Destino" de John Baines en su libro "El Hombre Estelar". RS]

Aunque el término Anunnaki se utiliza genéricamente para aplicarse a todos los Proto Sumerios que vinieron a este planeta, significa literalmente "Los hijos An" su gran dios. En el período antediluviano, un grupo enorme de estos Anunnakis descendió de la nave madre para colonizar la tierra. Según el "Enuma Elish," el mito babilónico de la creación, 300 de estos Anunnakis descendieron a la tierra mientras que otros 300 permanecían a bordo de la nave. Éstos eran llamados "Igigi" y probablemente fueron los técnicos de la nave. 
  
 

LOS DIOSES MAYORES

AN, EL PADRE DE LOS ANUNNAKI

An o Anu en acadio, significada "El de los cielos" y su nombre siempre era escrito pictográficamente como una estrella. Era el gran progenitor y el dios mayor que estaba por encima de todos los otros dioses. Su morada y asiento de supremacía estaba en los cielos, alrededor de la nave espacial o URU-SAG-AN-NA, literalmente "la ciudad mayor de los cielos".

[Comentario: Anu en Griego/Romano era Cronos/Saturno, el hijo de Alalu o Urano/Caelo. Sitchin escribe acerca de cómo Anu y Antu llevaron a cabo un golpe de estado y destronaron a Alalu y Lilitu. La mitología griega agrega una curiosa anotación a esta misma historia indicando que Urano antes de usurpar el trono de Saturno, primero castró físicamente a su padre. Estos saurianos son de hecho criaturas despiadadas Y debería ser notado que aunque el planeta Nibiru primero llegó en nuestro sistema solar hace aproximadamente 500.000 años terrestres, La Lista de los Reyes sumerio no comienza hace aproximadamente 240,000 años. RS]

Así, los años que intervienen antes de la ascensión de Anu y del comienzo de La Lista de los Reyes se pueden deducir para igualar el reinado de Alalu.

An descendió a la tierra solo en ocasiones especiales, en épocas de crisis, o por razones ceremoniales. Cuando estaba en la tierra permanecía en su templo, el E-ANNA o "La casa de An" encima del zigurat en Uruk, su ciudad sagrada. La palabra zigurat proviene del babilonio "zaquru" y significa "estar alto o elevado." Significa la cima de la montaña o puesto sobre una torre, y tal; provista de una plataforma artificial en las llanuras Mesopotamia.

Anu tenía tres niños, dos hijos Enlil y Enki y una hija Ninkhursag. La división de la autoridad entre sus dos hijos causó muchas desavenencias, y el dios mayor pasó mucho de su tiempo resolviendo sus problemas entre ellos así como con sus nietos.

[Comentario: Se refiere a "El nacimiento de la Venganza de señor Hellespontiacus" en el cuál se menciona que Anu tuvo que resolver el conflicto entre la princesa Inanna y de la reina Ereshkigal sobre la "propiedad" del niño secuestrado, Dumuzi que en ocasiones se convertía en el amante público de la princesa Inanna. RS]

ENLIL, EL JEFE DE LA EXPEDICIÓN A LA TIERRA

Aunque él era el hijo más joven de An, Enlil se convirtió en el más poderoso dios del Panteón Sumerio, cercano a An. Literalmente "El señor de las órdenes". Enlil fue el gobernador de la expedición de los Anunnakis a la tierra. Tuvo muchos apelativos que describían su autoridad, Señor del cielo y tierra, Señor de todas las tierras, Dador de monarquías, Príncipe del cielo, y Jefe de la tierra.

Enlil era realmente el arquetipo de dios para las tierras occidentales de Palestina y Siria, el "El" de los semitas y particularmente el "Elohim" de la Biblia. Enlil se cercioró de que los decretos del consejo de dioses fueran realizados en contra de la humanidad. Lo representan a menudo con arcos y flechas, símbolos de las poderosas armas que tuvo a su disposición para hacer cumplir su autoridad.

Enlil detestaba a la humanidad y solamente toleraba a los humanos por ser necesarios para el bienestar de los dioses. Fue Enlil, según la historia sumeriana del diluvio, quien trajo a la destrucción de la humanidad porque el ruido de los bulliciosos humanos interfería con su descanso.

El templo dedicado a él en Nippur fue llamado DUR-AN-KI o el "enlace del cielo y la tierra," desde donde dirigió las actividades de la humanidad. Esta estructura se describe en parte en las tablillas cuneiformes como cierto tipo de centro de control o de comunicación. De su templo encima del Ekur en Nippur, fue dicho que él tenía "ojos que podían explorar la tierra." El equipo utilizó sonidos parecidos al de alguna clase de radar o dispositivo de exploración, las tablillas declaraban que "él levantó los cimientos que buscaban el corazón de todas las tierras."

El gobierno de Enlil fue en tiempos turbulentos. Cierto día, vio a una diosa desnuda bañándose en un arroyo, él se enamoró de ella y descendió para seducirla. El Panteón se horrorizó desde el escape de Enlil puesto que al parecer incumplió uno de sus principales pactos. Aunque era el dios mayor, fue exiliado de la nave espacial y despojado de sus poderes. Solo después de haberse casado y haberla convertido en su principal esposa, el panteón se retractó y dejó a Enlil retomar el poder.

Enlil la llamó Ninlil y le dio un estatus equivalente al suyo. El resultado de este episodio, fue un hijo llamado Nannar que se convirtió en su favorito. A Nannar le fue dado un rango en el panteón a él y a Enki, honores y tierras en proporción a su posición.

[Comentario: En la mitología griega, Enlil es el equivalente de Zeus, según Sitchin, que también comparó al príncipe Nannar con el Hermes griego y el Thoth egipcio. Porque los padres de Hermes eran Zeus y Maia, sigue lógicamente que Ninlil es el equivalente de Maia. RS]

ENKI, EL JEFE MILITAR DE OPERACIONES

Aunque fue el primero en nacer, a Enki le fue dado un rango menor que a su hermano Enlil. Nació de An, pero fue de otra esposa que también fue su media hermana. Bajo las leyes de la herencia sumeria, Enlil heredó el trono. El resentimiento persistente sobre su desheredación y la cada vez mayor competencia sobre quien controlaría las actividades en la tierra fue la que hizo que Enki entrara en conflicto directo con su hermano.

EN-KI o "señor de la tierra" llamado también EA o "el que cuya casa está sobre el agua," una referencia tácita de su lugar de agua o Abzu desde donde realizó operaciones cuando llegó a la tierra. Enki tenía todo para la expedición: ingenieros, científicos, jefe de minas, y el más importantemente, el creador de la humanidad.

Como ingeniero principal, supervisó la transformación de los pantanos de Mesopotamia en verdaderos paraísos Planeó y supervisó la construcción de un sistema del canales, los diques de los ríos, y el drenaje de los pantanos. En un poema auto elogioso se jacta de transformar los pantanos en refugio de aves y peces, dirigió la invención y el uso del arado y del yugo, la utilización de animales en la agricultura y la traída de las artes de la construcción a la tierra con el propósito de elevar las ciudades.

Enki tuvo muchos adjetivos. El era el dios de la sabiduría, de la explotación minera, señor de los afluentes de agua, señor del mar y de la construcción naval. Lo retratan a menudo con una corriente y un pez que fluyen por sus hombros, símbolos de su capacidad para proporcionar aguas navegables y asegurar el agua potable en las ciudades de Mesopotamia.

Su hogar era E-RI-DU, que quiere decir, "hogar construido lejanamente"; una referencia velada al hecho de que esto era una colonia. Eridu fue la primera ciudad en la tierra construida por los extraterrestres y estaba situado al límite de la planicie regada por EDIN.

Enki amaba navegar y cruzar estas aguas en su barco al que llamó "El íbice" o "La cabra de los alpes" después de que las cabras ágiles habitaran las montañas circundantes, de esta manera, el íbice y la cabra con cola de pescado se convirtieron en símbolos del dios Enki y aparecen a menudo en los sellos y los monumentos sumerios.

Como el dios de las minas, Enki se muestra a menudo con un minero humano que sostiene una barra de metal en un extremo. El metal fue moldeado, en forma de cilindro con un agujero en el centro, llevando en un extremo un mango.

También se mostró ocasionalmente con sus dos hijos Gibil y Nergal que estaban a cargo de actividades en las minas. Pero lo más importante de todo es que Enki es recordado como el dios que creo al hombre y que vino en su defensa contra los caprichos de Enlil. Como creador del hombre, a menudo es mostrado con "el árbol o el arbusto de la vida."

La serpiente también fue símbolo de Enki, probablemente por su habilidad de cambiar su piel y por lo tanto adquiere algún tipo de inmortalidad. El retrato de la serpiente era un método usado por antiguos artesanos para representar a sus antepasados reptiles. Es también la representación de la serpiente envuelta alrededor del árbol de la vida, "el caduceo" (vara con dos serpientes y dos alas: símbolo de la medicina) de los Griegos más adelante los cautivó.

[Comentario: Este mismo símbolo es utilizado por los médicos incluso hasta hoy. RS]

El caprichoso Enlil es recordado como el dios que trajo el diluvio, Enki es reconocido como salvador de la humanidad por su advertencia oportuna a Noé que venía el desastre. Enki desautorizó la creación del hombre moderno u homo sapiens que más adelante lo enemistó con Enlil.

El antagonismo entre los dos entró en erupción otra vez después del diluvio que mantuvo a sus niños en el Medio Oriente, en un estado de confusión por miles de años.

NINKHURSAG, LA JEFA MÉDICO MILITAR

NIN-KHUR-SAG o "Señora de la cima de la montaña" eran cuatro los dioses mayores. Ella era media hermana de Enki y Enlil. En días anteriores Ninkhursag tenía un rango más alto que Enki y precedió su nombre cuando aparecieron juntos. Luego le redujeron su estatus y prácticamente desapareció del Panteón como influencia importante o eficaz.

[Comentario: Del trabajo de Sitchin sabemos que Ninkhursag es el equivalente a la Diosa egipcia Isis, que a su vez sabemos es la diosa Hera de la mitología griega llamada luego Juno por los romanos. RS]

Quizás fue eclipsada por la estrella de Inanna o Ishtar que hizo que se involucrara en todos los asuntos sumerios y occidentales. En las tierras occidentales tales como Palestina, Siria, y Líbano, Ishtar aparece de diversas formas. Como la diosa de la madre que desplazó a Ninkhursag. Su papel fue la de diosa del amor o del sexo. También fue conocida por su papel militar como diosa guerrera.

Ninkhursag también es conocida por muchos otros nombres tales como NIN-TI (señora que da la vida), NIN-MAH (la noble señora), MAM-MU (la diosa creadora), nombre de donde proviene nuestra palabra mama.

[Comentario: En las tierras Mayas, la conocían como "Pachamama". RS]

A Ninkhursag le fue otorgada la ciudad antediluviana de Shuruppak en donde ella gobernó como jefa médico militar y enfermera principal de los miembros de la expedición. Su símbolo sagrado era el cordón umbilical y el cuchillo usado para cercenarlo

Enki y Ninkhursag dirigieron los experimentos biológicos en los laboratorios en su zigurat en Shuruppak y en los cuarteles flotantes de Enki, quien condujo la creación del primer hombre primitivo llamado "lulu." Esto era una forma híbrida entre mamífero y reptil. Esto fue hecho a petición directa de Enlil que deseaba una criatura capaz de asumir el control de la carga del trabajo pesado, que era realizada por los niños de An.

Los procesos y fórmulas siguientes fueron proporcionados por Enki, Ninkhursag produjo un obrero, pero con una falla importante, no podía reproducirse por si mismo. Pero fueron un paso más adelante, y modificaron a este ser primitivo dándole predominantes características mamíferas. Enki y Ninkhursag sobrepasaron su encargo.

En el cruce de "lulu" con el hombre primitivo de la era salvaje, Hombre Neandertal, lograron un nuevo tipo de trabajador, el hombre moderno u Homo sapiens, mejor conocido como Hombre de Cro-Magnon. Es decir, a nosotros.

Fue esta actividad la que trajo abajo la cólera de Enlil. Desaparecieron las tendencias saurianas, y él lo vio como amenaza directa a la supervivencia de la raza del reptil. 
  
 

El RANGO NUMÉRICO DE LOS DIOSES

Existe una muy explícita "Ley del más fuerte" entre los dioses astronautas del panteón sumerio. Ellos asignaron rangos numéricos basados en un sistema de 60. Este número representó de especial, casi mística, importancia para los Sumerios.

Dieron a cada dios importante un "nombre numérico" que representó a su rango en la jerarquía. De esta manera, los números fueron utilizados como clase de criptografía. Los rangos numéricos de las deidades sumerias fueron asignados en forma descendente en orden de importancia:

Anu 60,      Antu 55

Enlil 50,     Ninlil 45

Enki 40,     Ninki 35

Nannar 30, Ningal 25

Utu 20,      Inanna 15

Ishkur 10   Ninkhursag 5

Los números que terminaban en 5 fueron asignados al lado femenino. Según la tradición sumeria, solamente los varones podrían comandar, una política que causó mucha angustia en los asuntos de el Oriente Medio, porque Inanna había rechazado aceptar su estatus y armó intrigas y confabuló casi continuamente ganar poder político.

El número 50 no solamente representaba el rango de Enlil, sino también su posición como jefe de todas las actividades en la tierra. Después del diluvio, cuando los dioses más jóvenes desafiaron la autoridad de los dioses más viejos por el liderazgo, Ninurta el ayudante militar de Enlil asumió el título de "cincuenta" y por esta razón reclamó el manto de líder con lo cual, aparentemente había anulado a Enlil.

Además de Ninurta, había otro reclamando el liderazgo. Marduk, el hijo más viejo de Enki, estaba sin grado en el panteón; él también asumió el título de "cincuenta" mientras se proclamaba jefe de Babilonia.

Con el ocaso de los dioses mayores después del diluvio, hubo una disputa por el poder entre los dioses más jóvenes: Nannar, Utu, e Ishkur con Inanna (aparentemente siempre involucrada). Trajo mucho desorden a las naciones de Oriente Medio. Esto se manifestó en la guerra constante entre las ciudades de Mesopotamia que se convirtieron en peones de la lucha los dioses competentes. 
  
 

LA SEGUNDA FILA DEL PANTEON:

EL GOBIERNO DE LOS DIOSES MÁS JÓVENES

Sola a los hijos, hijas, esposas y nietos de Enlil, se les otorgó un rango numérico en el panteón. Los hijos de Enki no participaron, quizás porque ellos estaban asignados a otras áreas y actividades geográficas lejos de Mesopotamia, después del diluvio, seguramente fue una precaución por parte de Enlil para prevenir conflicto entre los primos, pero probablemente también para conservar el control de Mesopotamia para su familia.

Los dioses sumerios siempre estaban representados gráficamente con coronas con cuernos. En días más últimos, los dioses mayores eran representados por una corona con cuernos y sentados en un altar.

Cuando los nombres de los dioses fueron escritos en las tablillas cuneiformes siempre estaban precedidos por el símbolo pictográfico de una estrella o "Dingir." El término "Dingir" era una combinación de DIN que significa "el justo" y GIR, palabra para pájaro u objeto volador. En otras palabras, el símbolo "Dingir" significó que el nombre que siguió era el de un dios que fue separado de la común humanidad por su habilidad para desplazarse en sus carruajes celestiales o naves espaciales.

Cada dios tenía su animal y símbolo sagrado; esto se pueden ver claramente en las piedras limítrofes usadas por las dinastías babilónicas del segundo milenio A.C.

NANNAR, EL LEGITIMO GOBERNANTE DE MESOPOTAMIA

Nació de la violación de Ninlil, NAN-NAR (El radiante) era el hijo preferido de Enlil. Después del diluvio le fue asignado todas las tierras de Mesopotamia, Siria y Palestina. Su ciudad sagrada fue Ur o la "ciudad capital" y su símbolo sagrado era la medialuna. Este símbolo dominó los tiempos post diluvianos que más adelante fue adoptado por el Islam, así como la cruz de Shamash fue adoptada por los cristianos.

Su nombre semita SIN (la región de Sinaí fue llamada así después de él) no es en realidad un nombre Semita sino una palabra prestada del sumerio SU-EN o ZU-EN que significa "el sabio señor." Puesto que los nombres sumerios se pueden leer de izquierda a derecha, así como al revés, Zuen puede ser EN-ZU o "El señor Zu" quién robó las tablillas del destino de Enlil y fue recuperada por Ninurta con la ayuda de Ishkur y las armas proporcionadas por Enki.

Esto es sugerido fuertemente por la notable ausencia de Nannar/Sin del "mito de Zu" discutido más abajo. También explica la caída del pecado a favor de ciertas épocas en la historia de Mesopotamia y el desafío de Ninurta para llegar al rango de "cincuenta".

UTU, JEFE DEL COMPLEJO ESPACIAL

Utu o "El resplandeciente" era nieto de Enlil y fue gemelo con Inanna nacidos de Nannar. La ciudad de Utu en épocas antediluvianas era una plataforma espacial en Sippar, desde donde los cargueros repletos con metales iban y venían desde la órbita de sus nave espacial.

Después del diluvio, Sippar seguía siendo su ciudad sagrada, aunque movió sus actividades al oeste de las tierras del Líbano, en donde Baalbek se convirtió en la nueva plataforma espacial. En tierras occidentales fue conocido por el nombre Semita de Shamash lo conocía. En el antiguo testamento la ciudad de Baalbek fue llamada Beth-Shamash en, o en otras palabras la "Casa de Shamash".

El símbolo del Shamash era la estrella de cuatro puntas contra un disco con rayos. Más adelante, el disco solar con alas llegó a ser asociado con el de Shamash.

Posteriormente llegó a ser conocido como el dios de la justicia en el panteón babilónico, como lo demuestran las tablillas, alrededor del año 900 AC; encontradas en Sippar. Shamash fue adorado como El Dios del Sol que diariamente atravesaba los cielos y "de quién no hay secretos ocultos", probablemente porque su nave espacial examinaba todo lo que se dirigía abajo. En éstas tablillas, dos dioses cornudos sujetan en el cielo las cuerdas divinas las cuales conectan con el altar de Shamash. Las cuerdas representan su conexión o plataforma de lanzamiento entre el cielo y la tierra. Como el sujetador divino, dijo que atravesó los cielos y "midió los límites de la tierra."

[Comentario: Utu/Shamash fue conocido en la mitología griega como el Dios Sol Apolo, más tarde llamado Helio por los romanos. En Egipto lo conocían como el dios Harpócrates. RS]

Shamash a menudo fue representado con las, que representaban su rol como principal jefe astronauta de los Anunnakis. Un relieve asirio del palacio de Asshurnazipal II en Nimrod lo muestra en una rueda alada sobrevolando el simbólico árbol de la vida. Es flanqueada por dos nobles y dos astronautas alados, cada uno se relaciona con los símbolos de la inmortalidad, el pino cónico y la "situla" o balde de agua.

[Comentario: Drunvalo Melchizedek habla del hecho que los pinos cónicos forman la secuencia perfecta de Fibonacci. "He visto los pinos cónicos después de leerlos, y es verdad". De este modo, si la secuencia de Fibonacci se incorpora de hecho en la estructura matemática de la gran pirámide de Egipto, como Drunvalo sugiere, entonces este símbolo, del un pino cónico, menciona que Utu pudo haber sabido esto también, porque la gran pirámide y la esfinge fueron construidas, en primer lugar, para ser "faros de aterrizaje" por así decirlo, para el comandante espacial Utu.

También, es interesante que en el libro "El molino de la aldea" de Giorgio de Santillana y Hertha Von Dechend, en la secuencia con el argumento del planeta Nibiru en el apéndice 39, el "árbol simbólico" o "pukku" es detallado en gran medida. RS]

INANNA, DIOSA DEL AMOR Y JEFA PROBLEMATICA

IN-ANNA o "El Amor de Anu" era la gemela de Shamash y nieta de Anu. Puesto que Anu descendía a la Tierra solo de vez en cuando para visitar su ciudad sagrada de Uruk, Inanna lo convenció para dejarla gobernar en su ausencia. Más tarde se convirtió en la deidad patrona de Agade justo antes de su destrucción.

Inanna, mejor conocida por el nombre de semita de Ishtar, ella se representa como una poderosa diosa a través del período post diluviano, en las tierras occidentales así como en Mesopotamia. Su símbolo sagrado, la estrella de ocho puntas, es siempre predominante entre los símbolos de los dioses gobernantes.

En virtud a su género, Inanna o Ishtar no pudo gobernar legalmente, A pesar de todo, se las ingenió para incursionar en política de cualquier forma. Un poema describe que descendió al mundo inferior para intentar arrebatarle el poder a su hermana más vieja Ereshkigal.

[Comentario: Debido a todas las relaciones incestuosas entre los grados de estos diversos dioses y diosas, es a menudo difícil determinar quién era hermana o hermano de quien, o de quienes era exactamente nieto. Es mi opinión, por ejemplo, Inanna era la bisnieta, no simplemente la nieta de Anu. Estos problemas genealógicos serán analizados en detalle mucho mayor en un artículo futuro dedicado específicamente a los linajes reales. RS]

Otro mito relata cómo ella manejó con engaños a Enki para que le diera algunas de las tablillas del destino o MEs las cuales le dieron la autoridad y significó instalarse como gobernante de Uruk. En el famoso "Poema de Gilgamesh" el le ofrece favores al héroe del poema quien gentilmente rechaza su ofrecimiento, por esta razón se enfureció de tal modo hasta el punto que intentó destruir a Gilgamesh.

La imagen presentada por la literatura sumeria y babilónica es una mezcla única. La diosa del amor por un lado, y el guerrero militar por el otro. Ella no sólo interfería en los asuntos de Mesopotamia sino también dominaba al Panteón de las tierras occidentales de Palestina, Líbano, Siria, y Anatolia en donde la conocían bajo varios nombres tales como Ishtar, Ashtoreth, Astarte, Asherah, y Anat entre otros.

Inanna era el prototipo para las guerreras, La diosa del amor, en el área mediterránea, se convirtió más adelante el modelo para las dos diosas griegas, Palas Atenas y Afrodita.

[Comentario: Esto es ligeramente incorrecto. En la mitología Greco Romana Inanna era conocida como Afrodita/Venus; así como Hathor, en Egipto. Atenas era una diosa enteramente diferente, una diosa guerrera que dio su nombre a la ciudad de Atenas y su consorte el dios guerrero Greco Romano Hephaestus/Vulcano/Typhon. Estos dos guerreros eran conocidos en Egipto, respectivamente, como Sekhet y Ptah. Desde un punto de vista de la lingüística Nibiruana, podrían ser referidos como el Barón Ninurta y la Baronesa Bau. RS]

ISHKUR, SEÑOR DE ANATOLIA Y DIOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

El hijo más joven de Enlil, ISH-KUR o "El de la tierra de la montaña" Anatolia fue asignada como su dominio. Ishkur intentó algunas incursiones en la política de Mesopotamia, pero sobre todo limitó sus actividades a intentar extender su esfera de control e influencia sobre Palestina o Canaán.

[Comentario: No olvidar que Anatolia era la "tierra de las Amazonas y de los Lesbos", el legendario "origen de las diosas" quiénes se rebelaron contra el emperador y la emperatriz, provocando que Eva fuese creada por el principal médico militar y la genetista, la reina Ninkhursag/Isis. Para detalles adicionales, vea el material de Sitchin. RS]

Mejor conocido por su nombre semita Adad, era el dios del trueno y del relámpago. Es representado a menudo portando un relámpago bifurcado. Adad era el Yahvé (Jehová) del Antiguo Testamento que intentó utilizar Abraham al principio, y luego a Moisés, para extender su esfera de la influencias sobre las tierras de Canán..

[Comentario: Esto es completamente incorrecto. Enlil era el Yahvé/Jehová de la Biblia. Y este redactor toma el gran ensayo del último libro de Zecharia Sitchin "Encuentros Divinos" capítulo final, para desvincular el Yahvé de la tradición judía del Panteón de Nibiruano. RS] 
  
 

LAS TABLAS NIBIRUANAS DEL DESTINO

El Control sobre las operaciones de las ciudades y las actividades de la humanidad fueron realizadas a través de un sistema de directivas y fórmulas llamadas MEs en sumerio. El significado exacto de la palabra se ha perdido en antigüedad, pero parecía denotar un conjunto de reglas o regulaciones asignadas a cada entidad y fenómeno para mantenerlo funcionando con éxito.

[Comentario: Estos MEs son discutidos por Sitchin en gran detalle en "La Guerra entre Dioses y Hombres" así como por los autores de El Molino de la Aldea, apéndice 39. RS]

A veces parecen ser objetos físicos que uno podría tomar y llevar. La posesión del ME le da al propietario control absoluto sobre ciertos aspectos de la vida o del comportamiento. Quizás eran algo como nuestro actual chip de computadoras, en la cual los datos y órdenes y fueron inscritos y utilizados para activar alguna pieza del equipo. En la leyenda "Enki y el orden mundial", el MEs parece controlar una nave bajo las órdenes de Enki. En esta historia, Enki es descrito como el "Señor que conduce el gran MEs".

El MEs estaba en posesión de Enki y fue lanzado gradualmente y con moderación para beneficiar a la humanidad. Nuestra fuente primaria de información sobre ellos es la historia "Inanna y Enki" donde la civilización es dividida en 100 elementos, cada uno de los cuales necesitaba un ME para mantenerlo funcionando.

Unos 60 extraños MEs son legibles en esta leyenda e incluyen por ejemplo, la realeza, oficina sacerdotal, la sabiduría, el consejo, la paz, el juicio, la falsedad, el arte, los instrumentos musicales, las armas, difamación, la prostitución, la ley, y la destrucción de ciudades.

Esta leyenda se refiere al exitoso intento de Inanna de extraer algunos de estos MEs de Enki. Según la historia, Enki había preparado una fastuosa fiesta para entretener a la bella pero ambiciosa nieta de Anu. Viendo que Enki había bebido demasiado y estaba ebrio, la aprovechada Inanna vio su oportunidad y le preguntó a Enki por los siete principales MEs los cuales él tontamente concedió.

Estos MEs abarcaban las funciones necesarias para mantener en funcionamiento una ciudad, por ejemplo, cómo dirigir un templo, el arte de la guerra y las armas, música y los artes, de la escritura y las matemáticas, y muchas de las artes en madera y del metal.

[Comentario: No olvidar que Utu era el amante secreto de Inanna y conocido eventualmente como "el Dios de la música y las canciones" y el inventor de la flauta y la lira. Ella probablemente le dio los secretos de la música, que obtuvo del engaño a Enki. RS]

Luego, cuando Enki se desembriagó, se dio cuenta de lo que había hecho y envió a su chambelán por el más rápido "barco del cielo" para perseguir a la escurridiza Inanna y recuperar los MEs.

Inanna se las ingenió para ser más lista que el mensajero de Enki, sin embargo, cuando llegó a su ciudad adoptiva de Uruk fue muy aclamado por la población. Inanna se jactó de todos los propósitos prácticos, ahora era una gobernante y tenía la envestidura y autoridad oficial de un monarca.

Este MEs conferiría no solamente autoridad al poseedor sino también absoluto poder, haciendo al dueño de cierto MEs impenetrable a las armas. Estos atributos están descritos en la historia sumeria "La leyenda de Zu". Como criado de Enlil, Zu tramó una revolución en el palacio intentando apoderarse del control de las Tablas del Destino que Enlil irresponsablemente dejó sin vigilancia. Previamente fue sugerido que el culpable de intentar un golpe de estado probablemente no fue ningún otro que Nannar/Sin.

Como Enlil tomaba un baño, Zu concibió la idea de robar el MEs o las Tablas del Destino, afirmando que estos decretos divinos le darían control sobre los Anunnakis y la humanidad y lo colocarían al comando del Panteón.

Zu cumplió su cometido y escapó con las Tablillas. El Panteón estaba en un completo alboroto por este alarmante acontecimiento. Enlil ordenó que alguien debería recuperar el MEs para evitar que Zu usurpara la autoridad de los dioses.

Pero parecía que el MEs también hizo a Zu impenetrable, dándole la capacidad de desviar y de anular todas las armas enviadas contra él. Las flechas estallaban, sonando como misiles, éstas fueron lanzadas contra él pero desviadas por alguna clase de campo de fuerza alrededor de la de la "montaña" reducto que Zu había fortificado.

Finalmente, Enki forjó una nueva arma especial en su laboratorio. Le fue dado a Ninurta, el asistente militar de Enlil, quien finalmente derrotó a Zu y lo trajo de nuevo a la nave para que sea juzgado. Así terminó la peor amenaza jamás experimentada por el gobierno de los Dioses sumerios.

[Comentario: Sitchin hace a "Zu" igual a Marduk. Véase su libro "La guerras entre dioses y hombres". RS]

La presencia de símbolos similares de autoridad son mencionados en las Sagradas Escrituras donde a menudo se indica que la posesión de ciertos "nombres divinos" concedían poderes extraordinarios. ¿Eran los MEs de los Sumerios iguales a los nombres divinos de las Sagradas Escrituras?

Cuando Enoc, el patriarca antediluviano, fue deificado y ascendido a la "Morada Divina" le dieron "setenta nombres", según el "Apocalipsis hebreo de Enoc", también llamado el Primer Libro de Enoc, este documento se cree, pudo haber sido originado en el Judaísmo babilónico y se le atribuye al Rabino Ishmael, renombrado erudito palestino que murió en el 132 AD (AD = anno domini o de la era cristiana).

Estos setenta nombres conferían poder y autoridad a Enoc. Los "nombres divinos" dieron a Enoc el poder de golpear a los reyes, elevar a los humildes, someter a los gobernantes, conferir sabiduría, hacer juicios y "controlar la procesión del tiempo y las estaciones". Probablemente, lo último significó la autoridad para ajustar el calendario cuando es necesario, por ejemplo cuando la catástrofe mundial hizo los viejos calendarios obsoletos.



LAS CIUDADES ANTEDILUVIANAS Y SU PROPÓSITO

"Cuando la realeza tuvo que descender del cielo, Anu fundó cinco ciudades, 
les dio sus nombres y asignó sus usos. La primera de estas ciudades, Eridu, se la 
dio al líder Nudimmud" (Un epíteto de Enki). 
De la historia Sumeria de la creación.

De acuerdo a la Lista de los Reyes Sumerios, habían solo cinco ciudades que sostenían la realeza antes del diluvio, o en otras palabras que sirvió como ciudades capitales a los Anunnakis antediluvianos. El orden en la cual les fueron dadas es la sucesión en la cual gobernaron, aunque probablemente todas construidas en el mismo tiempo.

La razón de mover el capital de una ciudad a otra pudo haber sido política; por otra parte, el constante cambio del curso de las aguas debido a la inundación y secado periódico de la parte meridional del valle de Mesopotamia, quizás el clima cambiante, pudo haber sido la razón que obligó a mover la capital a ciudades más al norte y fácilmente más accesibles. 
  
 

Extrañamente la Lista de los Reyes no menciona las ciudades de Uruk y Nippur que también fueron construidas antes del diluvio. Estas fueron diseñadas como ciudades sagradas y ceremoniales, que probablemente la Lista de los Reyes omitió para su existencia. Las cinco ciudades de la Lista de los Reyes eran estrictamente ciudades operacionales.

Estas fueron construidas por Enki y sus ingenieros con el expreso propósito de obtener metales raros, procesarlos, y llevarlos en lingotes a la nave nodriza. Las cinco ciudades eran un grupo cohesivo, cada una proporcionaba una función esencial al propósito principal de la expedición.

Su función se refiere en a sus nombres, y es como sigue: 
  
 

ERIDU, CUARTEL GENERAL DE OPERACIONES DE ENKI

Literalmente "Hogar construido lejanamente". E-RI-DU fue la primera ciudad en asumir la dirección de todas las operaciones en la tierra, pues Enki supervisaba el drenaje de los pantanos, el crecimiento de las ciudades, el establecimiento de la agricultura y la criaza de animales, y generalmente haciendo la tierra más hospitalaria y productiva.

Desde Eridu, Enki también dirigió el desarrollo de las minas, probablemente en África, el transporte de los minerales, y el proceso de los metales en Badtibira. Eridu fue la primera ciudad construida en este planeta, que probablemente dio su nombre a nuestro mundo, Tierra, el tercer planeta en nuestra Sistema Solar. El origen de la palabra "Tierra" es desconocido y su origen perdido en la antigüedad, pero puede ser remontado lógica y lingüísticamente, de nuevo a Eridu.

[Comentario: Como lingüista entrenado, puedo también ver esta conexión. Recuerde lo que he discutido previamente sobre cadenas de consonantes y la aspiración. Bien, la cadena de consonantes en Eridu = el RD, y la cadena de consonantes en Tierra = RT (Earth en inglés, y la H no se cuenta) en lingüística T y D son consonantes apareadas; son formadas exactamente de la misma manera por los músculos de la boca, pero D requiere el uso de las cuerdas vocales. Por otra parte, el nombre alternativo de Enki era el Ea, que coincidentemente sucede en la palabra Tierra. Sin embargo, como sabemos de Sitchin, el nombre original de nuestro planeta antes de que la llegada de los Nibiruanos era Tiamat. RS]

El nombre asignado a este planeta por sus ocupantes puede ser remontado de nuevo a la raíz Eridu. En el antiguo alemán, Tierra es Erda; Erthe en inglés medio, Era en griego, Ereds en arameo, y Eretz en hebreo, son apenas algunos nombres. Parece que todos los caminos filológicos conducen de regreso a la primera ciudad construida en este planeta por nuestros antepasados extranjeros, Eridu. 
  
 

BADTIBIRA, CENTRO PROCESAMIENTO DE LOS METALES

El nombre BAD-TIBIRA significa "Ciudad donde se procesan los minerales". En la Lista de los Reyes retuvo a la Realeza por el tiempo más largo de todas las ciudades, casi la mitad del período del tiempo registrado antes del diluvio, lo cual indica su importancia entre las demás ciudades. "Tibira" en sumerio deriva de la misma palabra Proto Sumeria que "Tubal" que en hebreo, que significa "trabajador del metal". Esta relación es vista en el Génesis en donde Tubal-Cain, el hijo del patriarca Lamec, se acredita con la invención de los metales: "Tubal-Cain, que forjó varios instrumentos del cobre y el acero".

Badtibira fue la primera ciudad estrictamente operacional, construida por Enki y refleja la razón de los Anunnakis que vinieron aquí, obtener y procesar ciertos metales, probablemente oro y plata, y quizás otros metales raros.

[Comentario: Necesitaron este oro, como sabemos, para reforzar el escudo térmico alrededor de su planeta Nibiru. RS]

La Lista de los Reyes asigna la ciudad de Badtibira a Nugig o a NU-GIG que significa "El del brillante cielo" y era un epíteto para Nannar, el hijo preferido de Enlil.

Llegados en naves de las minas africanas, los minerales eran procesados en Badtibira en forma transportable y luego llevados hasta la Nave Nodriza para eventualmente ser enviados a sus planeta hogar. Por esta razón, una ciudad iluminada era necesaria para dirigir la llegada y salida de las naves espaciales. 
  
 

LARAK, EL CENTRO CONTROL ESPACIAL

El nombre LA-RA-KA significa "Ver la brillante luz" y es la tercera ciudad asignada a la realeza. Su nombre indica su función, que era la de guiar a los cargueros de metal que lleguen y salgan de Mesopotamia.

La Lista de los Reyes tiene asignada la ciudad de Pabilsag, que significa "El gran protector" y era uno de los títulos de Ninurta, el ayudante militar de Enlil que recuperó el MEs de su hijo rebelde Zu. Poco se sabe de esta ciudad, y al igual que Badtibira no ha sido localizada arqueológicamente.

[Comentario: Ninurta en Egipto era Ptah; Zu o Marduk en Egipto era Amon-Ra, el Baal de la Biblia. RS] 
  
 

SIPPAR, LA PLATAFORMA DE LANZAMIENTO ESPACIAL

La cuarta ciudad construida fue SIP-PAR o "Cuidad Pájaro". Era la plataforma de aterrizaje para las naves espaciales, especialmente las que trasportaban el cargamento de metal. Uno de los mitos sumerios indica que esta ciudad fue construida por Utu, uno del círculo de los siete grandes dioses que decretaron los destinos.

Mejor conocido como Shamash, su nombre semita y Akkadiano, Utu era jefe de los astronautas. Cuando la plataforma espacial y actividades afines fueron movidas a tierras occidentales, (Sinaí) después del diluvio, Shamash fue puesto a cargo de la ciudad espacial de Baalbek así como de las tierras del Líbano.

[Comentario: Esto es ligeramente incorrecto. El Príncipe Utu era el comandante espacial Nibiruano en el puerto espacial de Sinaí. La Princesa Real Inanna era comandante de la flota espacial Nibiruana en el aeropuerto de Baalbek, aunque ella estaba bajo el mando directo de su hermano y amante de secreto, el Príncipe Utu. Vease: Hellespontiacus RS]

Desde entonces fue "La escalera a las estrellas", Sippar fue la más importante entre las ciudades antediluvianas. Su rey único Enmeduranna significa literalmente "El señor cuyo MEs une el cielo y tierra", una alusión a su capacidad de controlar los vuelos entre Sippar y la orbita de la nave. Enmeduranna era el mismo héroe de una tradición sumeria que lo transportó al cielo, al igual que al Enoc bíblico que también fue trasladado al cielo. La evidencia que identifica a Enoc se encuentra en las escrituras pseudoepígrafas (escritos falsamente atribuidos a figuras de las escrituras sagradas) discutidas mas abajo. 
  
 

SHURUPPAK, EL CENTRO MÉDICO PRINCIPAL

La quinta ciudad que se construyó fue SHU-RUP-PAK, o "Lugar de bienestar extremo". Esta ciudad fue dedicada a la principal enfermera y médico oficial de la expedición, la diosa Ninkhursag. Ella atendió a las necesidades médicas y de salud de los Anunnakis, y hasta cierto punto las necesidades de los humanos, en su templo encima de un zigurat en Shuruppak. 
  
 

URUK, LA CIUDAD SAGRADA DEL GRAN DIOS ANU

Uruk o la "Gran ciudad" fue dedicada al principal dios Anu. Su templo encima del zigurat era el centro ceremonial de Sumeria. Era su residencia cuando se alejaba de su ciudad espacial para visitar la Tierra, las cuales se hicieron menos frecuentes cuando el mundo se hizo más poblado. La influencia de Anu parece haberse deteriorado en los días justo antes del diluvio y su autoridad fue asumida por Enlil. Puesto que él raramente utilizaba su ciudad ceremonial, Anu tomó en cuenta la petición de Inanna.

[Comentario: Anu e Inanna fueron amantes durante mucho tiempo. RS]

Ella institucionalizó su control sobre la ciudad de Uruk obteniendo el control y las autoridades necesarias en los MEs que ella sustrajo de Enki, como hemos visto. 
  
 

NIPPUR, CENTRO ADMINISTRATIVO DE ENLIL

Esta fue la ciudad dedicada a Enlil y donde gobernó desde su Ekur o "Casa en la montaña". En Nippur, Enlil ejerció control supremo sobre todos los Anunnakis en la tierra antes del diluvio.

Uno de los himnos dedicados a él, proporciona una descripción gráfica del centro de control, poniéndose de punta con las comunicaciones de otros equipos electrónicos que exploraban los horizontes. Desde el Ekur, se dijo que Enlil era el "Ojo que explora la tierra" y "su rayo buscaba el corazón de todas las tierras".

Nippur fue reconstruida después del diluvio como su ciudad sagrada. Es también la ciudad donde, según el "Tercer libro de Enoc" el señor mantuvo su "Shekinah" o nave espacial, en la entrada del Jardín del Edén hasta los días en que Enoc se fue abruptamente a su Morada Celestial, nunca regresó salvo en ocasiones especiales. Estaba también en Nippur, en el río Chebar, que Ezequiel vio primero al "Carruaje de fuego" que es descrito lúcidamente en el "Libro de Ezequiel". 
  
 

EL ABZU O EL PALACIO FLOTANTE DE ENKI

AB-ZU, o Apsu en acadio, deriva de la combinación de AB o AP que significa "El padre, el creador, o el grandioso" y de ZU o SU que significa "El único que conoce las formas", sugiriendo de este modo que eran la fuente de toda la sabiduría y conocimiento. El Abzu parece haber tenido tres diversos significados para los Mesopotámios, dependiendo del período o era a la que las tablillas se refieren.

Abzu era originalmente el término para nuestro sol. En el mito sumerio de la creación el cual trata sobre la formación del universo, el Abzu es llamado "El primevo" (primitivo) y el "Progenitor" de los planetas de nuestro Sistema Solar. Más adelante cuando los Anunnakis llegaron aquí y comenzaron a instalarse, el Abzu es claramente la morada de Enki situada cerca de la ciudad de Eridu.

Después del diluvio, el significado adquirió siniestras connotaciones. Se convirtió en "El profundo" de dónde la palabra griega "abyssos" y la moderna "abismo" se refieren al inframundo, probablemente a las minas antiguas. La minería no parece hacer sido la principal preocupación del período post diluviano. Mientras que pudieron haber estado funcionando, y haber trabajado sobre una base limitada para el encierro de una población, se convirtieron principalmente en lugar de detención.

[Comentario: Después del diluvio, las minas de oro surafricanas cayeron en desuso. Entonces las Guerras de la Pirámide, adicionalmente, complicaron esta situación. El Duque Nergal fue movido de su posición como Líder de los Obreros y fue reemplazado por el Príncipe Enki, que trasladó la operación entera al área del Lago Titicaca/Nazca en Perú.

Este movimiento también fue forzado, por el hecho de que el Príncipe Utu, amante secreto y principal aliado de la Princesa Real Inanna en la Guerra de las Pirámides, explotó el aeropuerto espacial de Sinaí para ayudar en su lucha contra el vil Barón Marduk y su consorte, la malvada Baronesa Sarpanit. Estos dos últimos eran conocidos en el antiguo Egipto como el Amon-Ra y Nut-Bast y en la antigua Grecia como Belus y Anchinoe. RS]

Es la segunda intención, que del Cuartel Flotante de Enki, se haya difundido por los relatos literarios hasta los días antediluvianos. En el mito "Enki y el orden mundial," uno de los más antiguos y mejor preservados de los poemas narrativos, describe el Abzu de Eridu como un espléndido santuario en medio de inmensos árboles anidado de pájaros y con canales navegables con abundantes peces.

En este jardín tipo Edén, Enki tomó viajes placenteros sobre los pantanos y canales en su MAGUR tipo bote o barco al cual él se refiere como "El Íbice del Abzu". Esta nave es probablemente una cierta clase de viajero pequeño pues MA-GUR significa "El barco que da una vuelta completa".

El íbice es una alusión a la cabra salvaje de las montañas circundantes y se utiliza a menudo para representar la imagen de Enki en los sellos y estatuillas. La más hermosa de éstas estatuas es probablemente la del Íbice que mira fijamente a través de un arbusto, encontrada en el palacio real de Ur y que data cerca del 2,500 AC. Esplendorosamente hecha en oro y lapis lazuli (piedra azul), muestra a un íbice alado que mira fijamente a través de un arbusto, el cuál representa el "Arbol de la vida" o de la inmortalidad.

[Comentario: Un suscriptor me escribió recientemente, preguntando adónde iban éstos "dioses" cuando "morían". Desde Adonis el Duque Dumuzi, amante público de la problemática Princesa Real Inanna, fueron asesinados por el Barón Marduk durante las Guerras de la Pirámide. No sé qué les sucedió. El Duque Dumuzi, por lo que sé, es el único quién se ha privado siempre de la vida. El resto de estos dioses Saurianos bebían un elixir del "Arbol de la vida" que confería "vida eterna", mientras continuaban bebiéndolo. Ése es porqué a los híbridos Adán y Eva no se les permitió que lo consiguieran, porque no quisieron que lográramos el estatus de "Dioses inmortales". RS]

Enki es representado a menudo residiendo en su Abzu o "Palacio de agua". Un sello cerca del 2,000 AC. lo muestra como su hogar rodeado por agua. Probablemente fue una nave móvil sellada, según lo indicado en el "Poema de Gilgamesh" donde Utnapishtim, el Noé babilonio, dijo para sellar su arca completamente para hacerla impermeable. "Tu la sellarás como el Abzu" le dijo.

De esta manera el Abzu parece estar sellado como un barco y probablemente fue también un sumergible. Antes de que Enki construyera la primera ciudad de Eridu, él residía en el Abzu al parecer había descendido desde la órbita de la nave espacial para establecerse en los pantanos de Mesopotamia. Probablemente, fue tal su construcción que podía volar y sumergirse. Al respecto, hay una interesante comparación de la estructura del Arca de Noé descrito más adelante en el Capítulo 13. 
  
 

ENKI COMO EL OANNES DE LAS LEYENDAS BABILÓNICAS

[Comentario: Leer "El Misterio Sirio" de Robert K. G. Temple. RS]

Las tradiciones de la antigua Mesopotamia relatan la historia de unos antepasados anfibios que enseñaron las habilidades y las artes de la civilización a la humanidad. Escrito en el siglo tercero AC. por el sacerdote babilónico Berossus, describe los orígenes de la civilización como sus antepasados lo creyeron.

Aunque los trabajos de Berossus se han perdido, muchos de los fragmentos han sido preservados por un número de escritores contemporáneos tales como Apollodorus, Alexander, Polyhistor, y Abydens, uno de los discípulos de Aristóteles que también escribió Una historia Asiria, ahora perdida.

El relato habla de un grupo de criaturas que salieron del Golfo Pérsico llamados "Annedoti" liderados por Oannes. Eran, según se dice, criaturas anfibias con cabeza de hombre, cuerpo y la cola de pescado, con piernas como las de un hombre.

Liderados por Oannes, estas criaturas enseñaron al hombre todo el conocimiento antiguo. Según la leyenda, los Oannes instruyeron al hombre cómo construir ciudades, establecer templos, compilar leyes, cultivar las tierras, y cómo producir su alimento. Él también les enseñó matemáticas, las ciencias, y todo tipo de artes.

Apollodorus se refirió a los Oannes y a los Annedoti como "Musarus". La palabra "Musarus" significa "Un aborrecimiento" en griego tal como "annedoti" significa "Los repulsivos". Es decir, las criaturas acreditadas con el establecimiento de la civilización eran descritas por la antigua gente babilónica, que además los veneraban, como "aborrecimientos repulsivos".

Si la tradición hubiera sido inventada, una actitud más normal sería glorificar a estas criaturas como dioses y héroes espléndidos. A pesar del hecho que ellos eligieron describir a sus antepasados esta manera, argumentando la autenticidad de los acontecimientos. Fue la tradición babilónica que relata que ellos debieron su conocimiento a las criaturas que surgieron del mar, que eran repugnantes y nauseabundas para contemplarlos.

Adicionalmente el Oannes de Berossus y Apollodorus tiene una interesante similitud con el Enki sumerio que fundó la civilización de Mesopotamia y trajo las artes y las ciencias a la humanidad. Enki vivió en su palacio de agua o Abzu situado al límite del Golfo Pérsico. El Abzu de Enki era sellado y probablemente era sumergible. Oannes volvía a su Morada de Agua por la tardes para pasar la noche.

Incluso el nombre Annedoti bastante similar a la gente de Enki, los Anunnakis, de dónde probablemente deriva. El término griego pudo haber sido originado con el sumerio y fue luego llevado como descripción de ambas razas reptiles y repugnantes.

Cuando nuestros antepasados saurios llegaron aquí para explotar los recursos de este planeta, quizá encontraron las condiciones físicas ideales para vivir, seguramente muy similares a las de su planeta. ¿Cuáles eran estas condiciones que eran tan compatibles con la raza extraterrestre que vino aquí hace cientos de miles de años?



CONDICIONES FÍSICAS ANTES DEL DILUVIO 
 

"Y el segundo día él hizo el firmamento en medio del agua. Y las aguas fueron divididas en ese día. Una mitad de ellas fue para arriba, y la otra mitad para abajo, debajo del firmamento." 
Del libro del Jubileo

A la hora de la llegada de los Anunnakis, el clima de la tierra era húmedo y estable, sin llegar a temperaturas extremas como hoy. Esto debido a la enorme cantidad de humedad que era sostenida en la atmósfera de la tierra, un verdadero cúmulo de nubes. Esta condición es descrita en el Libro del Génesis como la "Separación de las aguas".

Es en este clima húmedo que los Anunnakis llegaron a explotar los recursos terrestres. Eran una raza de reptil inteligentes y encontraron aquí condiciones muy agradables para su existencia que se aproximaba con las de su planeta.

[Comentario: Sabemos de Sitchin, antes de la llegada del planeta Nibiru, que la tierra tenía una órbita diferente alrededor del sol. Después de la colisión de uno de los satélites de Nibiru con la tierra en el área que es ahora el Océano Pacífico, la Tierra/Tiamat fue lanzada fuera de su órbita anterior y llevada a la actual. Obviamente entonces, cuando los primeros Nibiruanos, llegaron, encontraron un clima muy diferente al qué experimentamos en épocas modernas. RS]

No es ningún accidente que todas las colonias primitivas fueran encontradas en la boca de grandes sistemas de ríos, donde la humedad era abundante. Además del Tigris y el Eufrates, otras civilizaciones se originaron en la desembocadura del Nilo y en el conjunto de ríos de la India. Ellos eran realmente descendientes de la principal colonia en Mesopotamia. 
  
 

EL SIGNIFICADO DE LA SEPARACIÓN DE LAS AGUAS

Según los relatos de la creación de la Tierra en el Libro del Génesis, hubo un tiempo en que las aguas estaban mezcladas todas juntas. Entonces fueron divididas.

"Dios dijo: Dejen que se abra un espacio en el centro del agua para formar una división entre ellas y así fue. Dios hizo un espacio, y dividió las aguas de abajo de las aguas de arriba."

La separación de las aguas con la mitad quedándose en la superficie terrestre y la otra mitad yendo más arriba de la atmósfera también se menciona en el Libro del Jubileo. Uno de los libros perdidos de la Biblia, El Jubileo, originalmente fue escrito en hebreo como un extenso recuento del Génesis y el Éxodo.

Se ha encontrado en griego, sirio, latín, y hasta en etíope; sin embargo, el texto etíope es el único que ha sobrevivido de un modo que es virtualmente completo. El Libro del Jubileo deja claro que fue tanta la humedad en la atmósfera como la encontrada en los océanos del mundo:

"Y el segundo día él hizo el firmamento en medio del agua. Y las aguas fueron divididas en ese día. Una mitad de ellas fue para arriba, y la otra mitad para abajo, debajo del firmamento."

Claramente, afirma que la humedad fue sostenida en el cielo, probablemente como una densa cubierta de nubes, y contenida bajo los mares. Berossus en su historia de Babilonia, fragmentos de los cuales han sido preservados por Polyhistor, relata que al momento de la creación "el universo entero consistía de humedad" y que Zeus "separó al cielo y la tierra el uno del otro".

Esta condición era universalmente notoria. Muchas culturas antiguas refieren a una época en un pasado lejano cuando no existía el sol como lo conocemos hoy. En el Popul Vuh, el libro sagrado de los antiguos mayas, indica que hubo una época en que todo estaba nublado y la penumbra estaba sobre la cara de la tierra. Aun no había sol para ser visto, "el cielo y la tierra existían pero la cara del sol y la luna estaban cubiertas".

La densa cubierta de nubes o de vapores podría significar que el azul del cielo fue visto por los ancestros hasta después del diluvio.

Una de las más antiguas piezas de la mitología sumeria, si no la más antigua conocida, parece repetir la descripción del Popul Vuh. Es explicado como sigue:

"Los reptiles realmente descendieron. La tierra está resplandeciente como jardín bien regado. En aquella época Enki y Eridu todavía no aparecían. La luz del día no brillaba. La luz de luna no emergía."

Un conjunto estable de nubes también significó que la tierra tuvo que ser regada por diversos regímenes (de lluvias) como hoy. El Libro del Génesis dice lo siguiente:

"Dios no había enviado la lluvia sobre la tierra... en lugar de eso un flujo de agua brotaría de la tierra y regaría por completo la superficie entera de la tierra."

No fue hasta que las capas de nubes colapsaron con el acontecimiento conocido como el Diluvio que el hombre vio que la luz del sol y el azul del cielo. Una confirmación de esto es también encontrada en Génesis, el cual declara que El Señor introdujo el Arco Iris después del diluvio. Los arco iris son el resultado del efecto prismático de la curvatura de los rayos del sol a través de gotas de agua. Los arco iris pueden ocurrir solamente después de una lluvia y requieren la acción directa de la luz del sol. 
  
 

EL CONJUNTO DE GASES ANTEDILUVIANOS DE LA TIERRA

La teoría que la tierra tuvo un conjunto primordial de vapores o gases fue desarrollada por Donald Patten en su libro "La Inundación Bíblica y la Era Glacial". El supone que de alguna manera el circundante Venus estaba como hoy. El conjunto de gases de Venus consiste sobre todo de dióxido de carbono y de hidrocarburos, con algunos vapores de agua.

Por otro lado, el conjunto de gases de la Tierra, está compuesto en su mayor parte de vapores de agua, poco dióxido de carbono, y virtualmente casi sin hidrocarburos. Esta cubierta de nubes se condensó antes de la época del Diluvio. Patten cree que la vida de las plantas era exuberante y frondosa en un período temprano debido a que las proporciones de dióxido de carbono y de vapores de agua en la atmósfera y la captura de largas ondas de radiación dieron lugar al "Efecto Invernadero".

Este Efecto Invernadero significa que las temperaturas tendían a ser uniformes entre la noche y el día así como entre el verano e invierno. Tuvo que haber poca circulación de la atmósfera, y esta ausencia de actividad ciclónica imposibilitó la formación de tormentas y otras formas de precipitación.

Aunque la superficie de la tierra estaba protegida de los rayos directos del sol, la vida de las plantas era rica y abundante debido a la proporción de dióxido de carbono y vapores de agua en la atmósfera. La cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera fue probablemente muchas veces mayor a la de hoy. Dos climatólogos, Owen Toon y Steve Olson, en su artículo "La Tierra caliente" en la Revista Science (Octubre del 85) sostienen que la atmósfera primitiva de la Tierra pudo haber contenido tanto como mil veces más dióxido de carbono que el de hoy.

En aquellos días la gente obtuvo su agua de fuentes subterráneas, según lo indicado en Génesis 5:

"Dios no había enviado la lluvia sobre la tierra. . . en lugar de eso un flujo de agua brotaría de la tierra y regaría por completo la superficie entera."

El agua también era suministrada por los ríos la cual descendía de las montañas, alimentada por manantiales naturales. La atmósfera pesadamente saturada también se condensaba al anochecer, produciendo así un pesado rocío que proporcionaba cierta cantidad de humedad.

Esto también hizo de las condiciones nocturnas insoportables para el hombre cuando caía el pesado rocío. Esto explica porqué las cuevas eran usadas en su totalidad por el hombre primitivo en Europa entre el 60,000 y el 10,000 AC. Probablemente fueron utilizadas como refugio para protegerse de los animales salvajes, pero además, para realizar fogatas en las entradas, que le proporcionaban gran alivio de las agobiantes condiciones climáticas.

Con el conjunto de gases o vapores de agua, la humedad, incluso en horas del día, habría estado cercana al máximo, asomándose constantemente al Punto de Condensación. (Temperatura en la cual el vapor de agua en el aire se convierte en rocío). Con la llegada de la noche, las temperaturas habrían descendido ligeramente y el Punto de Condensación sería rápidamente alcanzado. En este tiempo, una gruesa capa de rocío un tanto húmeda e incómoda se comenzaría a formar. Haciendo fogatas en la entrada de las cavernas, el hombre primitivo podía mantener su temperatura arriba del Punto de Condensación toda la noche y por consiguiente aumentar su comodidad. 
  
 

LA DESHIDRATACIÓN DE LA TIERRA

Durante este período primitivo, el clima era benigno en todas partes del mundo. La atmósfera estable y húmeda era ideal para los enormes dinosaurios vegetarianos y otros grandes reptiles. El clima antediluviano permanecía igual, quién sabe qué otras formas de reptiles se habrían desarrollado.

[Comentario: Es muy notable que Boulay está asumiendo que los dinosaurios y el hombre coexistieron. Ésta es la misma clase de teoría revolucionaria propuesta por el Dr. Velikovsky, que ha sido atacado extensamente por la comunidad científica. RS]

En su análisis de las razones por qué los dinosaurios y los reptiles se extinguieron, Allaby y Lovelock en su libro La gran extinción, sugieren que el clima ha permanecido igual hasta hoy, así que no hay razón para suponer que los reptiles habrían fenecido. Aseguran que además, "los mamíferos pudieron vivir en la nocturna oscuridad y eran seres inteligentes y desarrollados, digamos seres con avanzada tecnología, que puede ser que hayan tenido pieles escamosas y probablemente largas colas".

Las condiciones físicas, sin embargo, comenzaron a cambiar dramáticamente. La tierra comenzó a secarse absolutamente. Puesto que no había actividad ciclónica para producir lluvias, la humedad tuvo que ser conseguida de la tierra o de un sistema de flujos alimentado por los ríos. Una cantidad limitada de humedad también fue proporcionada por la atmósfera pesadamente saturada que se condensaba al caer la noche.

El cambiante clima no fue tan amigable con los alienígenas saurianos. Los mamíferos se habían adaptado mejor a los cambios y substituían lentamente a los reptiles como la forma dominante en la Tierra. La exuberante vegetación estaba feneciendo y los Anunnakis comenzaron a sufrir.

Un mito sumerio llamado "La disputa entre el ganado y el grano" describe cómo los Anunnakis vivían de la tierra:

"no conocían la comida o el pan, no conocían la vestimenta o la ropa. Comían las plantas con su boca como ovejas, bebían agua de las acequias".

Puesto que las condiciones en la tierra habían cambiado, los Anunnakis no podían alimentarse. El mito describe cómo crearon a dos diosas en su nave espacial para ayudarlos a obtener comida. La diosa de los ganados Lahat y la diosa de los granos Ashnan. Los Anunnakis no podían aprender a alimentarse por alguna razón no conocida, y los experimentos probados fracasaron. Esta es la razón por la cual el mito declara más adelante, El Hombre fue creado.

En este tiempo, los Anunnakis eran vegetarianos, y no fue hasta más adelante, cuando el alimento llegó a ser escaso que empezaron a comer carne. Esto se refleja en el Apocalipsis Etíope de Enoc, el cual describe cómo los Nefilim comenzaron a comer carne de animales, todo el tiempo suplicando por la escasez de comida vegetal.

Las fuentes religiosas y seculares, ambas indican que el hombre y los dioses serpiente vivían entre ellos, eran vegetarianos y no carnívoros. De acuerdo al Génesis, el hombre no comía carne hasta después del Diluvio. Esto no es verdad, Nefilim y los Anunnakis comenzaron a comer carne de animales y eventualmente la de los humanos.

La deshidratación de la tierra, en parte pudo haber sido causada por las numerosas catástrofes del período. Terremotos y otras catástrofes naturales en el período antediluviano se mencionan a menudo en la literatura religiosa así como en los mitos sumerios. 
  
 

TERREMOTOS Y OTRAS CATÁSTROFES

Los terremotos y otras catástrofes naturales no fueron desconocidos por el hombre primitivo, ellos se mencionan en muchas fuentes antiguas, religiosas y seculares. El Haggadah, la fuente de la tradición oral hebrea, se refiere al período de las calamidades que ocurrieron en la generación de Enós, el segundo después de Adán, cuando la tierra fue asediada por "Cuatro revoluciones naturales" probablemente una referencia a los principales terremotos, causados quizás por un cambio de la tierra sobre su eje.

Otras fuentes antiguas revelan que, en los días de Enós, hubieron severas interrupciones en el abastecimiento de agua, y que "las montañas llegaron a ser áridas", así que mucha gente moría y los cadáveres se pudrían donde se encontraban y no eran enterrados.

Tal cambio tendría un efecto en el calendario, especialmente en la duración del año. En el Primer Libro de Enoc existen varias advertencias al pueblo, acerca de los errores en la compilación de la duración del año. Enoc le dice a Matusalén que "El año termina en 364 días" y no observar esta corrección trastornaría todo el orden de los días de celebración. De esta manera, aparecería que, al menos por un momento, la duración del año era de 364 días en vez de 365.

Incluso el escritor griego Herodotus, en sus Historias, se refiere a las antiguas perturbaciones de la Tierra. Fue informado por los sacerdotes egipcios de la antigua ciudad de Heliopolis que en los 10,000 años que precedían, "el sol se había movido de su curso cuatro veces". Parece que el eje de la tierra había sido desplazado cuatro veces, porque el sol, dicho por ellos, habría cambiado su posición normal, ascendiendo dos veces por el oeste, y dos veces por el este.

Curiosamente, la declaración de Herodotus coincide con las antiguas fuentes religiosas que hablan de cuatro importantes disturbios durante los días de Enós. El comportamiento excéntrico del sol también se encuentra en la tradición oral hebrea que afirma que en la era antes del Diluvio "las leyes de la naturaleza fueron suspendidas, el sol emergía por el oeste y el se ocultaba por el este".

El siglo justo antes del Diluvio debe haber sido una de las muchas catástrofes naturales el cual fue predecesor de los siguientes.

[Comentario: Quizás este Diluvio al cual Boulay parece atribuirle gran significación ciertamente fue una "catástrofe trascendental" de proporciones monumentales, comparado con un ordinario, Cambio de la Rutina del Eje Polar, si uno se atreve a llamar a tal Cambio del Eje ordinario y rutinario. RS] 
  
 

EL PERÍODO DE LOS 120 AÑOS EN EL GÉNESIS

Existe una declaración curiosa en Génesis 6 el cual sólo precede a la cuenta del Diluvio, se refiere al período de 120 años. Por generaciones, los eruditos han interpretado el versículo del Señor que dice que concedieron al hombre una duración de vida de 120 años. Génesis dice:

"Mi espíritu no habitará en el hombre por siempre, porque él es de carne, pero sus días serán de cientos veinte años."

Esta interpretación relacionada con la esperanza de vida del hombre parece extraña, sin embargo, en vista del hecho que el texto se ocupa de las intenciones de Dios para destruir a la humanidad en el diluvio siguiente. Si es así, ¿Por qué entonces le ofrece al hombre una esperanza de vida tan larga?

Las declaraciones subsecuentes en el Génesis no apoyan una esperanza de vida tan arbitraria. Después del Diluvio, los descendientes de Noé vivieron más del límite de 120 años. Sem vivió 600 años, su hijo Arfaxad 483, y su hijo Salé 433, y así hasta llegar a Abraham que murió a la sazón de 175 años. Isaac entonces vivió 180 años, y Jacob 147, y no fue hasta generaciones posteriores con Moisés, que murió a 120 años, que la llamada profecía parecía cumplirse. Además, desde los días de Moisés ha habido una declinación constante en la esperanza de vida del hombre hasta hoy que 80 años se considera el promedio.

Obviamente, la declaración en el Génesis no pertenece a la esperanza de vida, sino a algo más, cuyo significado fue omitido durante los primeros años formativos del Antiguo Testamento. Por otra parte, la localización de estos fragmentos inmediatamente antes que los acontecimientos del Diluvio sugiere fuertemente que está relacionado de alguna manera con la catástrofe universal.

Este testimonio es manifestado en muchos de los documentos religiosos antiguos. La antigua literatura rabínica, por ejemplo, relata cómo Noé fue informado de la llegada de la catástrofe 120 años antes y había sido dicho para exhortar al pueblo a enmendar sus errores. En otras palabras, los 120 años fueron un Período de Prueba, cuando se le dio al hombre la opción de evitar su destrucción cambiando su camino.

Una advertencia similar se pronuncia en el Apocalipsis Eslavonica de Enoc, también llamado el Segundo Libro de Enoc, pero aquí la advertencia se la da a Matusalén en vez de Noé, que dijo para advertir a la gente de corregir su camino en vista del hecho que "la destrucción de la tierra se dibujaba muy cerca".

Matusalén también fue informado que la tierra "cambiaría sus estaciones," como anticipación a la época de la destrucción. Al parecer, habrían severos disturbios en la tierra durante este período temporal de 120 años.

Durante este intervalo, las condiciones en la tierra estaban sin resolver y los numerosos disturbios anticipaban que la destrucción principal estaba por llegar. Los cielos del período deben haber sido aterrorizantes, porque la Sistema Solar jugaba un Ping pong celestial.

El Segundo Libro de Enoc habla de un Período de Caos justo antes del Diluvio cuando la sociedad se destruía, y los pueblos y naciones emprendían guerras unos contra otros referencias a tal malestar no se limitan a documentos religiosos sino también se encuentran en la literatura cuneiforme sumeria.

En el Poema de Atrahasis, los acontecimientos babilónicos del Diluvio, el hombre es atormentado con plagas y otras pestilencias antes del desastre. Interrupciones en el flujo de agua de las montañas provocaron que los llanos de Mesopotamia se hicieran salados e improductivos. Esta reducción del agua fresca permitió que el Golfo Pérsico sostuviera los ríos Tigris y Eufrates.

Como resultado del salamiento de las aguas, el poema describe:

"Los manantiales fueron detenidos, de modo que la inundación no pudiera crecer. Los campos disminuyeron sus cosechas. Los llanos totalmente abiertos trajeron adelante sal; su seno se rebeló, así que sin plantas, tampoco hubieron granos."

El Edén de la Biblia se había convertido en un llano desolado y salobre. Según el poema, las condiciones de vida se volvieron insoportables, había hambre total, las enfermedades llegaron a ser descontroladas, y los sobrevivientes tuvieron que recurrir al canibalismo.

Una disminución en el suministro de alimentos de no fue el único problema; había también una superpoblación. Usando la genealogía del Libro del Génesis como fuente demográfica, puede demostrase que había una alta densidad poblacional en esa área.

Asumiendo que hubo veinte niños por familia, una cifra muy conservadora considerando la larga vida de los habitantes y el sistema polígamo, y contando solamente diez generaciones desde Adán hasta Noé, el extraordinario total de mil millones de personas puede ser deducido.

Mientras que este número puede ser matemáticamente correcto, lógicamente representa un censo imposible para el número de personas que existieron a la hora del inicio del diluvio. Muy probablemente, sugiere que hubo un extremado alto índice de mortalidad entre humanos.



EL ANTIGUO TESTAMENTO COMIENZA EN SUMERIA

"El más difícil y el más obscuro de los libros sagrados, Génesis, contiene tantos secretos 
como palabras, y cada palabra encubre varias otras." 
San Jeremías 
  
 

LOS ANUNNAKIS REFLEJADOS EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS

¿Hay evidencia en la literatura religiosa occidental que corrobora las actividades de los Anunnakis como los encontrados en numerosos mitos, poemas, e himnos de Mesopotamia? Estas fuentes sumerias se ocupan de los mismos acontecimientos, la creación del hombre, su subsecuente modificación en el Hombre Moderno u Homo Sapiens, la existencia de Dioses reyes, la llegada del diluvio, y muchos de los acontecimientos subsecuentes registrados en la historia.

Existe un extenso cuerpo de la literatura religiosa además del Libro del Génesis que se ocupa del período antes del Diluvio. Fuentes como Los tres libros de Enoc, El Libro del Jubileo, Las enseñanzas gnósticas, Los pergaminos del Mar Muerto, El Haggadah o la tradición oral de los judíos, las escrituras rabínicas, los trabajos de Josefo (Josephus), y muchos otros trabajos pseudoepígrafos.

Muchos de los cuales no son comprensibles, en estas escrituras religiosas antiguas se explica en parte la gran biblioteca Sumeria, babilonia y otras inscripciones cuneiformes disponibles. Será demostrado que Las Escrituras y en la literatura sumeria, respetando un contexto histórico, y desnudando su verborrea espiritual y mitológica, se ayudan y se aumentan notablemente el uno al otro. Pero está claro que Sumeria fue la fuente principal de los acontecimientos y las historias del Antiguo Testamento y de otras escrituras religiosas occidentales.

A pesar que los apologistas bíblicos han intentado evitar o nublar las cuestiones del origen del Antiguo Testamento, los hechos históricos claramente demuestran que sus antecedentes están en el valle de Mesopotamia.

La cultura sumeria, puede ser remontada, desde hace tiempo, como el principio del Cuarto Milenio AC; fue la fuente de todos los mitos de las civilizaciones del Medio Este que siguieron, tal como acadios, babilonios y asirios que heredaron mucho de la cultura sumeria. Esta cultura fue transferida posteriormente al oeste a las tierras de Palestina, Siria, Líbano, y Anatolia.

La lengua de los sumerios fue reemplazada por el acadio, y la lengua semita. Los Sumerios no son semitas y sus orígenes son desconocidos. Parecen no tener ninguna afinidad con todos y haber aparecido repentinamente en la tierra como caídos del cielo. Los acadios y sumerios se mezclaron luego y formaron una fusión de ambos idiomas. De este Sumerio-Acadio la sociedad desarrolló el semita y a la larga el hebreo o judío. Los hebreos no inventaron su lengua o formas literarias; su cultura fue heredada de culturas mesopotámicas y cananitas más antiguas

Debería ser notado ampliamente que cuando vivieron aquellas famosas figuras bíblicas de Noé y Abraham, no había cosa tal como la existencia del hebreo. Los judíos y árabes tradicionalmente demandan la descendencia de Abraham quien no era ni judío ni árabe sino un residente de la ciudad de Ur en Mesopotamia.

La referencia más antigua del Antiguo Testamento dicho para demostrar la alegada ascendencia hebrea de Abraham es un error perpetuado por mala traducción o interpretación. En su afán por probar la antigüedad hebrea, los traductores han referido incorrectamente a Abraham como es en Génesis 14.

El contexto en el cual esta referencia aparece es la invasión de los reyes del este a Canán y la reacción de Abraham cuando su sobrino Lot es tomado prisionero. El texto dice:

"Los invasores se apoderaron de todas las posesiones y de toda la comida de Sodoma y Gomorra, y se marcharon, tomando con ellos a Lot, el hijo del hermano de Abraham, junto con sus posesiones; él había estado viviendo en Sodoma. Un fugitivo trajo las noticias a Abraham el hebreo que acampaba en los terebintos de Mambre el Amorito, pariente de Eshkol y Aner, siendo éstos aliados de Abraham."

Evidentemente, Abraham (Abram) era un extranjero en la tierra en ese entonces; él acababa de emigrar de la ciudad de Ur en Mesopotamia. Evidentemente ambos, él y Lot, eran visitantes o viajeros. La traducción de la palabra "ibri" como "hebreo" no tiene ningún soporte lingüístico. La raíz "Br" significa "pasar o cruzar por". Por lo tanto, "ibri" que aparece en el texto del Génesis significaría que estaba de paso o era un visitante. En realidad, las noticias fueron llevadas a Abraham que los invasores habían capturado a su sobrino, su amigo y su compañero de viaje.

El semita "ibri" está relacionado obviamente con el acadio "ibru" de donde derivó probablemente. En la versión acadia del Poema de Gilgamesh, su amigo Enkidu, con quien Gilgamesh comparte sus aventuras, es referido como "ibru". El Diccionario Asirio de Chicago lo define como una relación entre personas del mismo código de comportamiento y la obligación de ayuda mutua. Esta definición se adecua perfectamente a la situación de Abraham y Lot.

Las subsecuentes actividades de Abraham en Canán no dejan ninguna duda que él fue un extranjero y un visitante. Por ejemplo, después de su batalla con el ejército invasor, tuvo que reportarse a Melquisedec, rey de Salem, donde pagó un diezmo del diez por ciento de todo el botín recuperado.

[Comentario: Este Melquisedec, rey de Salem, es el hombre de quien formó más adelante la Orden de Melquisedec; y su nombre tiene probablemente cierta clase de significación oculta en el seudónimo del "profeta" John Grace, más popularmente conocido como Drunvalo Melchizedek. RS]

Más adelante, cuando Abraham estaba eventualmente establecido en Canán cerca de Gerar, el rey filisteo que también controlaba las tierras alrededor de Gerar y de Beersheba (ciudad del sur de Israel). Abraham tenía una última confrontación en Beersheba con Abimelec, que dejó claro que él estaba al mando de las tierras, sosteniendo su demanda con las tropas lideradas por el General Ficol.

Abraham luego tuvo que comprar un plano de las tierras para enterrar a su esposa Sara; pagó 400 siclos de plata por éstas tierras, una cantidad de dinero extremadamente grande para un pedazo pequeño de tierra que sólo tenía una cueva. Mientras esta suma era anormalmente alta, Abraham como extranjero no estaba en posición de objetar.

Estas actividades de Abraham no eran las acciones de un natural o un nativo de la zona, y Abraham vivió entre los cananitas con su longanimidad. Era una costumbre, si no la ley de la tierra, que un extraño o extranjero no podía ser dueño de sus propias tierras. Esta es probablemente la causa del elevado precio que Abraham tuvo que pagar. 
  
 

LAS LEYENDAS PRESTADAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

La parte más vieja de la Biblia, Génesis capítulos del 1 al 6, se ocupan del período antediluviano, no fueron escritas en su actual forma mucho antes del 800 AC. Por otra parte, la mayoría de las historias y leyendas sumerias fueron compuestas y publicadas cerca del 2,500 AC. Las versiones de las tablillas cuneiformes divulgaron acontecimientos que ocurrieron antes del diluvio así como actividades que ocurrieron después

[Comentario: Si como presumo, el planeta Nibiru estuvo "estacionado" sobre nuestro eje Polar Norte cerca de 1590-690 AC. de la época del éxodo y del Cataclismo Santorini a la época de la campaña genocida de Sargón y la serie de "grandes terremotos", según las teorías del Dr. Immanuel Velikovsky, incluyendo el segmento entero de la historia antigua que fue duplicado debido a la confusión contemporánea total y reinterpretada solamente en este siglo en el libro "La Era del Caos", entonces esta parte del Génesis fue escrita mientras los Nibiruanos estaban en esta proximidad para dictar a sus semi dioses escribas. RS]

La singularidad de los acontecimientos del Antiguo Testamento viene bajo escrutinio crítico puesto que no hay nada aquí que no se puede encontrar en los mitos y la literatura antigua de Mesopotamia y las tierras de Canán. Si las actividades de Abraham datan cerca del 2,100 AC; y sus antecedentes están en Mesopotamia, entonces todos los eventos del Antiguo Testamento que ocurrieron antes de Abraham y del diluvio deben haber tenido su origen entre la gente indígena.

Lo que no se percibe a menudo es que los judíos tenían a su disposición un extenso almacén de creación y de mitos totalmente desconocidos para nosotros, de quienes selectivamente prestaron. Por ejemplo, sabemos que el Edén de la Biblia estaba situado en el río Delta en la región de Mesopotamia, y que la historia de la creación de Adán es un cuento sumerio. La historia del Arca de Noé y del Diluvio vino de cuentos sumerios. De hecho, la historia del diluvio no fue limitada al Medio Oriente sino fue conocida universalmente.

Existe también en Ugarítico paralela a la Biblia hebrea. La historia de Daniel fue tomada de un poema del norte de Canán fechada cerca del 1,500 AC. El Poema Ugarita de Keret trata de la captura de la novia del rey Keret por un rey distante. Más adelante se convirtió en Helena de Troya. Pero más importante, es la fuente de las historias del Génesis del 12 y 20 donde Abraham tuvo que rescatar dos veces a su esposa Sara de las manos de otros reyes.

[Nota del Traductor.- Ugarítico: Lengua semita al norte de Canán.]

La historia de Job viene de un poema babilónico sobre un virtuoso hombre llamado Tabu-utul-belio que fue severamente afligido y atormentado por los dioses por alguna razón inexplicable.

La historia de Jonás tiene muchos orígenes y al parecer fue universal, porque Hércules fue tragado por una ballena exactamente en el mismo lugar, Joppa. Las leyendas persas dicen de su héroe Jamahyd fue devorado por un monstruo del mar que más adelante lo vomitó con seguridad sobre la orilla. Un cuento similar aparece en la India en el clásico épico Samedev Bhatta en donde Saktedeva fue tragado por un pez y mas tarde escapó.

La historia de Sansón es tan extraña y foránea para el conocimiento hebreo para indicar que fue prestada del total de toda la mitología cananita; de hecho, su nombre deriva de Shamash, dios cananita del sol que gobernó el Líbano.

[Comentario: Como sabemos, Shamash es igual al Príncipe Utu del planeta Nibiru, el mismo "dios" como para los griegos el Dios Sol Apolo. El Príncipe Utu estaba a cargo del Aeropuerto espacial de Sinaí y sus satélites en el aeropuerto de Baalbek, Líbano, bajo el mando de la Princesa Real Inanna, comandante de la flota espacial Niburiana, hermana y amante secreta del Príncipe Utu. RS]

Existen muchos paralelos que no están en cuestión del préstamo contemporáneo de los hebreos. ¿Cómo entonces esta influencia penetró en la Biblia tan completamente?

Alguna vez durante el Segundo Milenio AC, la escritura, la lengua, y la literatura babilónica impregnaron las tierras al oeste de Mesopotamia. El babilónico se había hecho la lengua diplomática del Medio Oriente de modo que la correspondencia entre los príncipes de Siria, Fenicia, y Palestina con sus jefes supremos egipcios fue realizada en Babilonia.

Por lo tanto, para aprender la escritura y la lengua de los babilonios, es necesario que esta gente estudie su literatura y para este propósito necesitaron de textos. Entre las tablillas descubiertas en Tell-el-Amarna en Egipto estaban las copias, en forma de ejercicios de escuela, de las historias babilónicas de Ereshkigal, reina del inframundo, y de la historia de Adapa, el mortal que fue engañado a rehusar la comida y el agua de la inmortalidad.

Así que no es tan ilógico asumir que muchas de las tradiciones sumerias y babilónicas, tales como las historias de la creación y del diluvio, también fueron conocidos por los hebreos, o por lo menos por sus líderes.

Cuando, Abraham dejó Ur en el valle de Mesopotamia trajo probablemente estas tradiciones sumerias con él. Su Padre Taré era un alto sacerdote en el gobierno de Ur y habría tenido ciertamente un íntimo conocimiento de la cultura sumeria.

Es por lo tanto un manifiesto que los cuentos sumerios de dioses del cielo y de la tierra, la creación del hombre y el diluvio fueron la fuente de la cual las naciones del mundo antiguo dibujaron su conocimiento y creencia. 
  
 

LA BIBLIA "INVISIBLE"

Ahora es generalmente aceptado que el Antiguo Testamento es una versión condensada de los acontecimientos que sucedieron en la historia temprana del hombre. Es también evidente que la Biblia es el resultado de un proceso largo de selección, y por esa razón excluye una gran cantidad de textos sagrados y de otras escrituras antiguas.

Muchos textos cristianos o "Apócrifos" y textos judíos llamados "Pseudoepígrafos" fueron dejados de lado debido en gran parte a la feroz rivalidad política y religiosa en los primeros días entre sectas de judíos, cristianos y gnósticos. De hecho, el Pseudoepígrafo fue perdido totalmente de la herencia transmitida, los documentos provienen del 200 AC. al 200 DC.

El término Pseudoepígrafo se ha desarrollado del significado griego que significa "escrituras con inscripciones falsas", pero el término es utilizado hoy por los eruditos, no porque denota algo falso, sino mas bien porque ha sido heredado y ahora el término se utiliza universalmente.

Lo que fue conservado en los libros del Antiguo Testamento después de siglos de enmendación por el sacerdocio fue una versión altamente introspectiva de una vasta cantidad de literatura disponible. Los manuscritos tales como: Los tres Libros de Enoc, El Libro del Jubileo y otros cuentan diferentes historias de la creación, de Adán y Eva, y de las actividades de los patriarcas antediluvianos. Estos libros "perdidos" de la Biblia explican muchos de los rompecabezas y de las inconsistencias del Antiguo Testamento.

La literatura gnóstica fue omitida totalmente de las Sagradas Escrituras. Siendo serios rivales de los primeros cristianos, los gnósticos fueron acosados y derrotados completamente y su literatura fue consignada al olvido.

En la primera iglesia cristiana el culto gnóstico más sistemático y organizado fue el Maniqueísmo, que se extendió de Mesopotamia a través de Asia menor hasta África del norte y los territorios europeos del imperio romano. En los primeros cuatro siglos, el gnosticismo era tan popular que planteó un serio desafío a la primera iglesia cristiana.

Nota del Traductor - Maniqueísmo: Secta religiosa fundada por un Persa llamado Mani (o Manes 215-275 DC), considerado por sus seguidores como divinamente inspirado. Comenzando en el siglo tercero se extendió a través del oriente y en muchas partes del Imperio Romano. Los maniqueos, a semejanza de los gnósticos y los mandeos, eran dualistas, creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el bien y el mal, que eran asociados a la luz (Ormuz) y a las tinieblas (Ahrimán). Según ellos, Dios es el creador de todo lo bueno y Satanás el creador de todo lo malo. Posteriormente algunos maniqueos distinguían el Dios del Antiguo Testamento (malo) del Dios del Nuevo Testamento (bueno).

En el segundo siglo, Valentinus, el mayor filósofo gnóstico, buscaba la selección como Papa en Roma y casi tuvo éxito. Esto marcó el punto alto del gnosticismo. El no fue derrotado, uno se pregunta cómo la mayor influencia San Agustín, nacido en el Maniqueísmo, habría hecho y luego probablemente cambiado el curso de la historia de la iglesia católica.

Consecuentemente, los textos gnósticos desaparecieron o fueron dejados sin copiar, los cuales lograron el mismo final. Hasta hace poco tiempo todo lo que estaba disponible de la literatura gnóstica eran las refutaciones a los gnósticos de los primeros padres cristianos. Entonces en 1945, una gran cantidad de tratados gnósticos fueron encontrados en jarras de barro o arcilla en Egipto en una pequeña ciudad llamada Nag Hammadi. El hallazgo fue tan significativo para la investigación bíblica como el hallazgo de los pergaminos del Mar Muerto en Palestina.

Es en las zonas gnósticas donde la existencia de dioses serpiente está indicado claramente. Es Eva quien le dio vida a Adán, y la serpiente en el jardín es una criatura noble y virtuosa. Es fácil ver porqué el maniqueísmo fue perseguido tan ávidamente. Aunque así una religión prosiguió en Europa hasta el siglo 13.

Los albigenses al sur de Francia fueron la última fortaleza del Maniqueísmo; sin embargo, fueron exterminados por el Papa Inocencio III quién organizó una cruzada militar contra ellos. Fue entonces que llegó la Inquisición con el deber y la misión principal de aplastar los restos de las herejías gnósticas.

Así, como se encuentran fuentes más y más antiguas, es bastante claro que una enorme cantidad de información de fuentes antiguas se ha omitido del Antiguo Testamento. El análisis de estas fuentes nos provee el entendimiento de las historias del Génesis, y en particular del período antes del diluvio que es cubierto solamente por seis cortos capítulos del libro. Estos documentos antiguos describen, aunque están camuflados en términos religiosos y simbólicos, la organización y la operación de los dioses sumerios y de sus actividades aquí en la tierra. 
  
 

LOS NUMEROSOS DIOSES DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Es generalmente acordado que dos tradiciones maquillan los libros del Antiguo Testamento,

el más viejo o tradición Elohista el cual se refiere a la deidad en términos genéricos

la tradición sacerdotal donde la deidad se llama Yahvé, a menudo llamado Jehová, un tanto erróneo, debido a una mala interpretación griega de la traducción del septuagésimo

Las dos principales corrientes entrelazan a través del Antiguo Testamento y a veces existen juntas o de lado a lado como por ejemplo, en Génesis donde hay dos versiones de la creación.

La deidad se llama "El" (Elohim en plural) en unos momentos y "Yahvé" en otros. Los eruditos bíblicos convienen que el uso corriente de Yahvé parece ser un anacronismo y pudo haber sido insertado en épocas primeras.

"Elohim" en hebreo es gramaticalmente una forma plural y se traduce como "dios" algunas veces pero también como "dioses" o "seres divinos" en otras veces, principalmente porque el texto es muchas veces ambiguo. Generalmente, el nombre para la deidad es "El" que parece ser el término genérico para la deidad en el occidente semita así como el hebreo bíblico. Al parecer fue prestado del panteón de gente indígena de las tierras de Canán. ¿Quién entonces era este El que fue la deidad suprema de los cananitas?

[Comentario: Este "El" se convirtió más adelante en el "Alá" islámico. RS]

Como dios gobernante del panteón occidental semita, la mayor deidad sumeria Enlil fue transcrita silábicamente como "ilulu," entonces se convirtió en "ili" en Acadio o Semita, y más adelante en "El" en hebreo. De este modo El se convirtió en el nombre para Enlil, el ser supremo en Palestina y transportado hacia el Antiguo Testamento.

Mientras que el resto del mundo creía en muchos dioses, los recopiladores y los redactores del Antiguo Testamento trataban de proclamar la fe en un único dios. A pesar de estos intentos monoteístas, sin embargo, quedan muchos ejemplos donde la narrativa bíblica cae en forma plural de El o Elohim. En Génesis, por ejemplo, cuando la noción de crear a Adán es traída, las palabras usadas están todas en plural: " y Elohim (plural) dijo: Déjenme crear al hombre a nuestra imagen y luego a nuestra semejanza".

[Comentario: Una cosa, que todos parecen olvidar cuando hablan de las tradiciones monoteístas de los judíos, cristianos y musulmanes es esa entera filosofía originada por los hebreos como rebelión contra las tradiciones politeístas de los Griegos. Los antiguos hebreos hicieron todo para distanciarse de las tradiciones griegas. Esto fue tanto una cuestión sociopolítica o cultural como religiosa. También, en el libro El Hombre Estelar de John Baines se indica que la tradición monoteísta hebraica se originó en el tiempo de Moisés cuando la idea de un solo dios tuvo que ser inventada por los sacerdotes hebreos para cubrir el grave error que Moisés había hecho cuando negociaba con los Arcontes del Destino. RS]

Luego, en el jardín del Edén, cuando la serpiente está tentando a Eva, el dice:

"Tu no vas a morir. No, los dioses (Elohim) sabrán que en el momento que lo comas tus ojos serán abiertos y serás igual a los dioses (Elohim) distinguiendo el bien del mal".

Otra vez más adelante, después de la caída, la deidad expresa:

"ahora que el hombre se ha convertido como nosotros (plural) el discierne lo bueno de lo malo".

En otros casos, la deidad hablaba a menudo de los otros miembros del personal celestial. Incluso después del diluvio, cuando el hombre intentaba erigir o construir la Torre de Babel, la deidad comentó:

"Bajemos, entonces,  y confundamos su lengua".

Por lo tanto, a pesar de los intentos de los primeros redactores de proclamar una política monoteísta la evidencia del Panteón no ha sido borrada totalmente de los textos del Antiguo Testamento. 
  
 

EL PROBLEMA DEL USO COMÚN DE YAHVE

Según el Libro del Exodo la denominación de Yahvé no se usó hasta la época de Moisés, porque la deidad le dijo a Moisés:

"Soy Yahvé, me aparecí a Abraham, a Isaac, y a Jacob como El Shaddai, pero no me hice conocido a ellos por mi nombre Yahvé."

Los eruditos están de acuerdo que el nombre Yahvé fue una adición posterior de los sacerdotes escribas. El tetragrama YHWH o Yahvé se convirtió en el nombre distintivo personal para el dios de Israel y se utiliza con frecuencia a través del Antiguo Testamento para representar a la deidad.

El origen de Yahvé es desconocido; y mientras muchas explicaciones se han propuesto para su significado, el más lógico parece ser que el nombre divino es una forma del verbo "ser o estar" o de HWH, que significa "el que es". Esto está manifestado en Exodo 3 donde Moisés pregunta al Señor su verdadero nombre de modo que él pueda informar a las tribus Israel que desean saber cómo llamar a su dios:

"Dios le dijo a Moisés: Soy quién soy, y él dijo: dile esto al pueblo de Israel: "yo soy", es quien te ha enviado."

Este verso ha dado a eruditos toda clase de problemas, y es una anotación al final de la página en muchas de las traducciones de la Biblia con la advertencia que también puede significar "soy lo que soy" o "seré lo que seré." Su ambigüedad es probablemente debida al hecho que es un epíteto litúrgico. Significa exactamente lo que dice: "soy el único que es o que existe".

En épocas antiguas, los nombres divinos fueron mantenidos para tener energía intrínseca en sí mismos y ciertas denominaciones podían utilizarse solamente por el sacerdocio. En el panteón sumerio y babilónico solamente se utilizan los nombres descriptivos. Los verdaderos nombres de los dioses no son conocidos.

Yahvé o "el que es" es probablemente una tentativa de los sacerdotes Hebreos de sustituir un nombre inofensivo para el de una deidad, de tal modo desactivando cualquier posible consecuencia dañina. Esto también se encuentra en la tradición rabínica donde el nombre Yahvé contiene ciertos poderes o energías, y en épocas antiguas solamente se permitió a algunos sacerdotes pronunciar el nombre. 
  
 

EL SHADDAI, EL TEMIBLE Y TERRIBLE DIOS

Como hemos visto, dirigiéndose a Moisés, la deidad le informó que había aparecido a sus antepasados como El Shaddai. Este nombre del El Shaddai solo aparece en el Génesis menos de seis veces y se considera el título descriptivo para el dios de los hebreos. De la raíz hebrea "shadad" del cuál se cree deriva, significa "subyugar" "tratar con violencia" o "devastar" Estos significados dan a la deidad un carácter temible, devastador o destructor. Es en parte por esta razón que conocen al dios de los hebreos como un dios inflexible y vengativo.

Shaddai también puede ser conectado lingüísticamente con la palabra asiria "shadu" o montaña. En actualidad, ambos de estos significados se pueden aplicar al dios hebreo El Shaddai, porque él no es ningún otro que el Dios del relámpago y del trueno de los hititas, (antiguo pueblo que habitaba en Asia Menor) una versión occidental del dios sumerio Ishkur y del semita Adad. Él era el dios de la montaña de Anatolia y es representado a menudo con rayos en su mano.

Después del diluvio, cuando los Anunnakis descendieron para reconstruir las ciudades de Mesopotamia, las tierras conocidas como "la fértil medialuna" fueron divididas entre los niños de Enlil. A Nannar/Sin le fue dado la autoridad general sobre toda Mesopotamia y las tierras occidentales, a excepción de Anatolia que fue le asignado a Ishkur/Adad y el Líbano que fue asignado a Utu/Shamash.

La diosa Inanna/Ishtar movió su base de operaciones al Líbano y gobernó allí con Shamash. El panteón del Levant (región del Mediterráneo oriental) consistió en tres deidades importantes después del diluvio: Adad, Shamash, e Ishtar. De Anatolia, la tierra de los hititas, Adad amplió su influencia hasta el sur de Jerusalén. Esto se ilustra en Ezequiel 16 donde los orígenes de Jerusalén se encuentran en la declaración "que su padre era un Amorita, y su madre un hitita." 
  
 

LOS DIOSES MENORES: LOS NEFILIM Y LOS ÁNGELES

El Antiguo Testamento sugiere no solamente hubieron muchas deidades sino que estos dioses menores parecen haber descendido a la tierra para interferir en los asuntos del hombre. Esto es explícito en Génesis 6 que indica:

"Ahora que el hombre comenzó a multiplicarse en la tierra y que sus hijas nacieron, los seres divinos (Elohim) vieron cuan hermosas eran las hijas de los hombres y tomaron como esposas a las que mas les gustaron. . . Fue entonces que los Nefilim (gigantes) aparecieron en la tierra, porque después que los seres divinos se unieron con las hijas del hombre de ellos nacieron sus hijos."

[Comentario: En las interpretaciones etíopes de las Escrituras, estos "Nefilim" se cree son como "Gente del Cielo". RS]

El término bíblico para estas deidades menores parece haber sido Nefilim. ¿La descendencia de los Nefilim se refleja en la literatura de Mesopotamia? ¿Podrían ser los Anunnakis que también descendieron en el período antediluviano? Veremos que éstos eran diferentes nombres para un mismo grupo de gente.

El término "Nefilim" ha dado a teólogos y traductores problemas por siglos, tanto así que hoy la política es dejar el término intacto en traducciones modernas. "Nefilim" se deriva del hebreo NFL, literalmente "Los caídos" o mejor aun "Los que cayeron". Se ha interpretado para significar "ángeles caídos" en el sentido de aquellos que fueron echados abajo, o los ángeles malvados, aunque el texto no justifica esta conclusión.

El célebre comentarista bíblico judío del Siglo XIX Malbim, afirma que en épocas antiguas los gobernantes de los países en el Medio Oriente eran los hijos de las deidades que llegaron a la tierra de los cielos. Él mantiene que ellos eran los hijos de las deidades paganas y se llamaban a sí mismos Nefilim.

El Génesis afirma que bajaron a la tierra en dos grupos: "Fue entonces que los Nefilim aparecieron en la tierra, así como más adelante". La descendencia de los dos grupos separados de Nefilim o "ángeles" bajó al monte Harmon al norte de Palestina, está descrito en el Libro de Jubileo. Un grupo descendió en los días de Jared en el Décimo Jubileo; más adelante en el Vigésimo quinto Jubileo, durante los días de Noé, otro grupo vino a la tierra. Puesto que los años de un jubileo son 50 años regulares, esta fuente afirma que descendieron a la tierra cerca de 750 años separadamente.

En el Enuma Elish, la historia babilónica de la creación, hay un grupo de Anunnakis que también descendió para poblar la tierra. Estos seres divinos también desposaron a las hijas del hombre.

Los así llamados ángeles del Antiguo Testamento se han convertido en un término general para describir deidades menores que han sido absolutamente activos en los asuntos del hombre. En la Biblia hebrea la palabra "malakh" es usada a menudo; sin embargo, otros términos tales como "bene elohim" o hijos del dios se traducen a menudo como ángeles. Se ha utilizado como un término para cubrir a cualquiera de éstas deidades menores que entraban en contacto con la humanidad.

Estos mensajeros iban a todas partes muy fácilmente con alguna clase de dispositivo de vuelo; por lo tanto, la representación de ángeles con las alas, es un símbolo de su capacidad de volar. Ésta fue la única manera que los ancestros conocían para transmitir este hecho. El incidente de la destrucción de Sodoma y Gomorra ilustra la capacidad de estos ángeles de volar a voluntad.

Pues los acontecimientos revelan en Génesis 18 y 19, varios ángeles habían informado a Abraham que venía la destrucción de las ciudades. La traducción tradicional indica que cuando ellos decidieron visitar Sodoma, "Partieron de allá y miraron hacia Sodoma". El distinguido erudito bíblico E. A. Speiser en su trabajo Génesis sugiere que esta traducción es errónea y que podría ser puesto más exactamente como "ellos miraron hacia abajo por encima de la cara de Sodoma". Esta lectura, ciertamente, da un significado totalmente diferente al incidente.

Luego, los ángeles llevaron a Lot y su familia a un lugar seguro fuera de la ciudad, los textos tradicionales declaran: "lo condujo con seguridad fuera de la ciudad." Una vez más Speiser sugiere que una traducción alterna de "los trajeron y los depositaron fuera de la ciudad"

Así, el texto revisado deja absolutamente claro que los ángeles primero reconocieron las ciudades por aire; entonces viendo la necesidad de rescatar a los parientes de Abraham, los llevaron con alguna clase de nave y los depositaron en un lugar seguro fuera de la ciudad. 
  
 

LOS CIUDADANOS DEL EDEN: 
LAS SERPIENTES O LOS REPTILES CON PIERNAS

De acuerdo al Génesis y otros documentos, y mucho antes que existieran los humanos ya existía la serpiente (lo llamaremos así, solo para tener una palabra mejor, porque él es obviamente un lagarto) vivió en el jardín del Edén e hicieron todo el trabajo necesario para mantenerlo.

Esta serpiente bíblica no era sencillamente una serpiente. Él pudo conversar con Eva, él sabía la verdad sobre el Arbol del Conocimiento, y él era de tal estatura que decididamente desafiaba a la deidad. Información adicional de esta criatura está disponible de otras fuentes.

Las antiguas leyendas judías describen a la serpiente del Edén como semejantes al hombre: "Parecía un hombre y hablaba como hombre". Esto se desarrolla más a fondo en el Haggadah, la vasta reserva de historias y leyendas que forman la tradición oral de los judíos.

La sección que se ocupa de la creación describe a la serpiente que habitó el jardín, antes de que la creación de Adán, como criatura vertical que estaban parada en dos pies y que tenía la altura de un camello. Estaba dotado de muchas excelentes calidades y habilidades mentales superiores a las del hombre. De hecho, el Haggadah indica que su capacidad mental era superior que condujo a la ruina del hombre así como la suya.

La tarea de la serpiente, según esta fuente, incluyó proveer a la deidad de oro, plata, gemas, y perlas, una tarea comercial obviamente mundana para un grupo de seres supuestamente espirituales. Es bastante notorio que otra vez tenemos esa preocupación con las gemas, como en el Génesis que describe los productos del Edén: "el oro de esa tierra es de primera calidad; hay bdellium y lapis lazuli".

Nota del Traductor.- Bdellium: Aceite de mirra, una especie de resina.

Precediendo al hombre, luego cohabitó el Jardín del Edén con él, la serpiente era parecida al hombre en muchos aspectos. Era alta y erecta, se paraba en dos piernas. Hizo todo el trabajo de los dioses, particularmente el de la minería y el trabajo agrícola. Y sobretodo, la serpiente tenía un intelecto superior al del hombre. Éstas son todas las cualidades de los Anunnakis.

El término "serpiente", en relación a esta criatura, suscita muchos problemas. Podría ser descrito como lagarto grande o reptil en términos modernos. Los ancestros pudieron haberle dado un significado diferente a la palabra serpiente, la que hoy definimos como reptil con piernas. Al respecto, los problemas son debido al darle el significado moderno a la traducción de la palabra antigua. Por ejemplo, el griego antiguo o clásico no tenía ninguna palabra para la serpiente, por sí mismo. La palabra "drakon" fue aplicada a las serpientes así como a otras fabulosas criaturas parecidas a las serpientes. De hecho, las palabras compuestas basadas en serpiente o víbora eran variaciones de "drakon"; por ejemplo, la palabra para serpenteo o culebreo del camino era "drakonforos". "Drakonktonia" significaba matando una culebra o serpiente.

En el Septuagésimo, la versión griega pre-cristiana de las Escrituras hebreas, la palabra "drakon" se utiliza para denominar a serpientes, grandes reptiles, y otras terribles o feroces criaturas.

De esta manera, la confusión de dragón y serpiente condujo a las criaturas mitológicas que eran alados, con piernas, y que además respiraban fuego. Las serpientes del mundo antiguo fueron representadas más adelante como grandes lagartos parecidos a animales con alas para denotar su capacidad de volar, una metáfora para alguna clase de nave o avión. Su capacidad de defenderse por alguna clase de dispositivo lanza llamas o quizás su peligroso proyectil fue transformando el aspecto mitológico del dragón que respiraba fuego

Nota del Traductor.- Muy cerca de los Montes Cárpatos en Rumania, se ha encontrado recientemente toda una familia de Dragones, lo que confirma que el Dragón si existió y que coexistió con el hombre en épocas medievales y fue el hombre quien se encargó de su desaparición por ser una bestia monstruosa.

Es contra este fondo que el hombre se interpuso en la civilización antediluviana de los dioses serpientes. Las tablillas cuneiformes sumerias son más específicas en esta materia. Los Anunnakis o niños de los dioses serpientes se cansaron de ejecutar todas las tareas desagradables en las minas y la agricultura y suplica al dios máximo y principal para aliviar su sufrimiento. Es aquí que el hombre entra en escena.



LA CREACIÓN DEL HOMBRE Y SU "CAÍDA" 
 

"Crearé un salvaje. El Hombre será su nombre. Ciertamente, crearé al hombre salvaje. El estará a cargo del servicio a los dioses, para que ellos puedan descansar." 
De la historia sumeria de la creación

Uno de los más viejos fragmentos de la mitología sumeria describe las condiciones en la tierra cuando los astronautas alienígenas o Anunnakis llegaron y antes de haber descendido construyeron las ciudades de Mesopotamia. Cuenta de un tiempo cuando la cara del sol y de la luna no podían verse, cuando la superficie de la tierra fue inundada profusamente y las nubes descendieron a la superficie de la tierra. Fue entonces como las tablillas declaran:

"los reptiles verdaderamente descendieron".

[Comentario: Si, como los postulados de Sitchin, el planeta Tierra/Tiamat estaba localizado más lejos del sol a la hora de la llegada de Nibiru a este sistema, al que se refiere hoy como "El cinturón de asteroides," y que sólo después de la siguiente colisión del satélite de Nibiru que se conoce hoy como el Océano Pacífico, entonces esto bien pudo haber sido una descripción de las condiciones climatológicas sobre la "Tierra Original". RS]

En los poemas de Mesopotamia, la creación del hombre era secundaria e incluso fortuita a la creación del universo y a la colonización de este planeta por los visitantes alienígenas. Después que los astronautas aterrizaron, la recuperación de los pantanos y la construcción de las ciudades comenzaron bajo la dirección de Enki. Todas las ciudades construidas tenían un propósito específico, aparentemente de apoyar las operaciones de explotación en las minas que culminaron en el centro de procesamiento de los metales en Badtibira. La construcción de las ciudades, la constante reparación y reconstrucción de los canales y diques, las operaciones de explotación minera, todas requerían un considerable esfuerzo de parte de los hijos de An.

Es con este fondo que el hombre llega a la escena. La creación del hombre fue concebida y ejecutada no como un fin en sí mismo o como desarrollo natural de la civilización de Mesopotamia. Más bien crearon al hombre como expediente para satisfacer a un grupo de extraterrestres descontentos. El propósito del hombre fue de servir a los dioses; lo hicieron para facilitarle la carga de los dioses y para asumir las tareas laboriosas y desagradables que eran realizadas por los Anunnakis cada vez más infelices y rebeldes. El hombre significaba ser el sostén, el obrero, y el vigilante de los dioses.

Las Sagradas Escrituras hablan del trabajo hecho en el jardín de Edén antes que el hombre sea creado. Fue la serpiente que realizó todo el trabajo que el hombre primitivo tuvo que hacer. Además de la agricultura, los dioses serpiente también explotaron los minerales: "suplieron a Elohim de plata, oro, gemas, y perlas", revelando una de las actividades principales de los dioses serpiente antes del advenimiento del hombre. 
  
 

LAS PRIMERAS INTENCIONES DE CREAR A UN HOMBRE PRIMITIVO

Las dificultades de sus niños allí abajo, no fueron desatendidas por los dioses en la nave espacial. La primera vegetación era tan exuberante que no tuvieron que producir mucho de su alimento, y literalmente vivieron de la tierra. Con el cambio en el clima y el ambiente, ahora tenían que producir mucho de su propio alimento. En esto no eran muy diestros.

Uno de los mitos sumerios, La disputa entre el ganado y el grano, describe las primeras intenciones de aliviar el sufrimiento de los Anunnakis. Pues el poema relata que los hijos de An no sabían cómo hacer crecer el grano, hornear el pan, ni hacer las prendas de vestir. Comieron las plantas del campo como animales y bebieron el agua de las acequias.

Mientras la vegetación era abundante, no tenían ningún problema alimentándose; pero como la tierra comenzó a secarse del todo y los números incrementaron, tuvieron que mirar a otros medios para obtener sustento. Esto fue necesario para que produzcan su propio alimento.

Este mito describe las intenciones en la "Cámara de la creación" de la nave espacial para idear formas de proveerles el grano y la carne. Crearon a dos diosas para enseñarles métodos para producir sus propios alimentos y formas de criar los animales, Lahar, la diosa de los ganados y Ashnan, la diosa de los granos.

Estas diosas intentaron enseñar a los Anunnakis las artes de la agricultura y la crianza de animales, pero sin éxito. Entonces este experimento fue un fracaso total, los dioses en consejo decidieron tomar una medida drástica, crear un trabajador primitivo. Así, por el bienestar de los Anunnakis, "le dieron respiración al hombre"

Este mito parece relacionarse con un período tardío de los Anunnakis, hace aproximadamente 100,000 años cuando las tierras no tan grandes sostenían los enormes reptiles vegetarianos y la deshidratación de la tierra había traído la evolución de los dinosaurios carnívoros y los grandes mamíferos. El mito indica que ahora los Anunnakis eran carnívoros requiriendo la introducción de la crianza animal.

De esta manera, los dioses reunidos en los cielos decidieron que la mejor manera de aliviar el sufrimiento de sus niños en la tierra era producir a una nueva criatura. El principal dios An decretó que el salvaje sea creado:

"Hombre será su nombre. Ciertamente, crearé al hombre salvaje. El estará a cargo del servicio a los dioses, para que ellos puedan descansar".

Puesto que los experimentos anteriores realizados en la nave espacial no resultaron con éxito, fue decidido encargar a Enki, trabajar con la principal enfermera Ninkhursag, para producir un ser primitivo. Esta nueva creación, llamada "lulu" por los Anunnakis, fue el primer hombre primitivo.

Enki y Ninkhursag condujeron un número de experimentos en el Abzu, laboratorio flotante de Enki cerca a Eridu, todo apuntaba a la creación de un trabajador primitivo. En uno de estos mitos se describe la creación de una especie imperfecta.

Ninkhursag modeló diferentes variedades de sexo, individuos de "arcilla", pero de estos resultados, todos eran anormales y fallas totales. El mejor de éstos fue descrito como débil de cuerpo y espíritu. Ella le dio a la criatura pan para comer, pero él lo rechazaba. No podía sentarse, ni estar parado, ni doblar sus rodillas. Eventualmente se dieron por vencidos y decidieron que esta criatura era una completa falla. Finalmente, después de muchos ensayos y errores, Enki y Ninkhursag encontraron una fórmula de trabajo. 
  
 

LA EXITOSA CREACIÓN DEL HÍBRIDO HOMBRE MONO- REPTIL

Al principio hubieron muchos ensayos y errores. Finalmente un método acertado fue encontrado. Usaron un grupo de animales femeninos primitivos, probablemente la mujer mono, los huevos fueron fertilizados por los jóvenes astronautas, luego extraídos y reimplantados en los vientres de catorce diosas del nacimiento.

Este procedimiento está descrito en el Poema de Atrahasis, que se ocupa de la creación del hombre. La historia divulga que "catorce matrices fueron reunidas" impregnado con la "esencia" de los dioses, y como resultado siete machos y siete hembras fueron creados.

Mientras que el proceso de producir un ser primitivo fue exitoso, tenía una importante desventaja según lo demostrado en acontecimientos subsecuentes, las criaturas producidas fueron clonadas y no podían reproducirse. El hecho de que ambos sexos fueran producidos, siete machos y siete hembras, sugiere que el intento fue para hacerlos capaces de reproducirse. Por alguna razón biológica desconocida el proceso falló en esto.

De esta manera, el hombre primitivo o Adán fue creado, un híbrido de la combinación mamífero reptil. El procedimiento usado por los sumerios se refleja en el Génesis donde indica que la imagen del dios fue impuesta en la "arcilla", el material genético básico tal como indican las tablillas sumerias. La esencia de Dios está mezclada con la arcilla moldeable de la tierra, el hombre mono.

En los acontecimientos cuneiformes, la arcilla se mezcla con la esencia de los dioses y sobre esta creación "imprimieron sobre ella la imagen de los dioses". En ambos casos, debe ser observado que crearon al hombre a la imagen de su dios.

En consecuencia, la pregunta surge, ¿de dónde vino este material genético con el que se produjo las características mamíferas de un híbrido?

El hombre de Neanderthal había estado en la escena por centenares de miles de años como resultado un lento proceso de evolución. Presumiblemente este hombre mono fue utilizado en los experimentos de los Anunnakis. Este hombre mono está descrito claramente en el Poema Gilgamesh donde el hombre salvaje "se convierte" en un ser civilizado debiendo entonces ser el compañero de Gilgamesh en sus muchas aventuras.

El llamado Enkidu, es una criatura salvaje que se alimenta de hierba y vive entre los animales. En el poema, un cazador infeliz se queja a Gilgamesh quien es entonces rey de la ciudad de Uruk. Gilgamesh dice que esta criatura no usa ninguna ropa, y que estaba cubierto de pelo. Él es bastante inteligente para rellenar los hoyos que el cazador había cavado para atrapar animales salvajes. Este hombre salvaje también libera el juego de las trampas. Él vive con los animales, corre con las gacelas y comparte sus lugares de beber.

Esta criatura salvaje es probablemente el Neanderthal que se apareó con el reptil Anunnaki. De esta combinación era esperado producir un híbrido que se adapte más al ambiente cambiante. La deshidratación de la tierra y los cambios que traía a la flora y fauna hicieron lo necesario para producir a un trabajador primitivo.

El Adán de la Biblia no fue el Homo sapiens de hoy. Fue el único que pudo llamarse "Homo saurus" una criatura híbrida mamífero saurio que debió ser nuestro antepasado y el primer paso en la creación del hombre moderno. En apenas algunos años, el hombre había tomado un salto cuántico en la evolución. Él se había desarrollado repentinamente de Hombre mono salvaje a un híbrido que se convirtió en una nueva especie conocida como Hombre de Cro-Magnon.

El híbrido que fue creado parecía probablemente un reptil puesto que había sido creado a imagen de sus dioses. Génesis es muy específico acerca de esto, que declara: "Entonces Dios dijo: Haré a hombre a mi imagen y semejanza". De esta manera crearon a Adán, a la imagen o "selem" y semejanza o "dmut" de su creador. El uso de ambos términos en el texto bíblico fue significado para no dejar ninguna duda que el hombre era similar en aspecto a los dioses. Es esta semejanza, o carencia de él, pues veremos, que está en la raíz de muchas de las advertencias de la Biblia y de la literatura sumeria.

Más adelante, como el hombre interrelacionó con su especie, los rasgos reptiles se deterioraron, y él se convirtió cada vez más en mamífero y cada vez perdía su aspecto reptil. Los genes mamíferos dominaron a los genes reptiles, y el hombre se hizo más "ser humano" y menos divino. Lo que explica la naturaleza "pecadora" del hombre y la "caída" de su gracia. El pecado original fue la desviación del hombre del patrón reptil original o divino. También explica porqué prohibieron al hombre hacer cualquier semejanza de sus dioses.

A través de la manipulación biológica, el Anunnaki o el Nefilim tomó un hombre mono existente y le dio la parte de su divinidad, su sangre sauriana. Algo de las Escrituras confirma el hecho de que los experimentos biológicos fueron conducidos en la tierra y que algunos de éstos se salieron de control. Estos experimentos parecen haber sido hechos rutinariamente por los Nefilim, que no solamente poseían técnicas avanzadas en medios de transporte y comunicaciones, sino también en las ciencias biológicas.

[Comentario: John Baines, en el recientemente revelado conocimiento hermético secreto de "El Hombre Estelar", indica que estos Nefilim solicitaron a los "dioses más altos" que les sea concedido el estado de "dioses creadores" de ellos mismos. Había mucha discusión entre los dioses creadores más altos si permitir que los Nefilim tengan esta capacidad. Después de muchos desacuerdos y argumentos, les dieron estas poderes; pero permanecerían en el rango más bajo de todos los "dioses creadores" del universo. Nosotros los Cro-Magnons somos su primer producto. Están encargados por la Ley Universal para "cuidar de nosotros". RS]

En el Primer Libro de Enoc, los crímenes de los Nefilim en la tierra antes del diluvio se divulgan detalladamente. Datan del segundo siglo AC; este libro había perdido su importancia en la iglesia occidental en el cuarto siglo AD., y solamente en la iglesia etíope todavía es considerado canónico. Originalmente en hebreo y arameo, fue traducido al griego y entonces al etíope donde fue preservado y no encontrado otra vez por los europeos hasta el Siglo XVIII. Es el más antiguo de los tres libros pseudoepígrafos atribuidos a Enoc y las partes de él se han encontrado en los Pergaminos del Mar Muerto.

Según el Primer Libro de Enoc, los Nefilim tuvieron la misión de traer los beneficios de las artes y las artesanías a la humanidad. Pero empezaron con un esfuerzo elogioso que pronto se volvió amargo.

Los Nefilim comenzaron a enseñar al hombre las artes marciales, la "fabricación de espadas, cuchillos, escudos, y petos o corazas de pecho".También enseñaron al hombre las ciencias prohibidas: "conjuros, alquimia, y astrología". Pero el peor de los crímenes que fueron acusados fue de jugar con la genética, "cambiaban al hombre en caballos, o mulas, o viceversa, o de transferir un embrión a partir de un útero a otro". Esta práctica de reimplantar un embrión en otra matriz es absolutamente similar a las actividades descritas en el Poema Sumerio de la Creación. Parece que los Nefilim o Anunnakis conocían bien de la manipulación genética y la reproducción selectiva. 
  
 

EL HOMO SAURUS, EL HOMBRE PRIMITIVO DEL EDEN

El Génesis habla repetidamente que antes de que la caída, el hombre caminaba desnudo mientras ocupaba el jardín del Edén. No fue hasta que comió la fruta prohibida que se dio cuenta que estaba desnudo y necesitaba ponerse ropa. Otras fuentes religiosas antiguas respaldan esta condición del hombre, pero también revelan la razón por la que estaba desnudo.

Según el Haggadah, los cuerpos de Adán y Eva "habían sido cubiertos con una piel dura", y por otra parte, de Adán se dijo que "era tan brillante como la luz del día y cubría su cuerpo como una ropa luminosa." Adán tenía así el aspecto de un reptil, con su piel escamosa y brillante. Era por esta razón que Adán y Eva no usaron ropa ni tampoco la necesitaron para su protección o comodidad.

El Libro del Génesis deja claro que Adán no sudaba en el Edén antes de su caída. Ese fue su castigo por comer la fruta prohibida, porque le dijeron que "Con el sudor de tu rostro (frente) te ganarás tu pan." Adán no sudaba antes de su caída por la simple razón que el sudar es característico de los mamíferos y no de los reptiles.

Mientras permanecían en el jardín del Edén, Adán y Eva no se reprodujeron. Las tablillas sumerias explican porqué: porque eran "mulas" y no podían reproducir su propia clase. El incidente al que la Biblia se refiere como la "Caída del hombre" fue que adquirieron la capacidad de procrearse tomando muchos de los rasgos mamíferos. Es explícito que el castigo de Eva fue el de llevar los agudos dolores dar a luz.

El cambio genético final fue hecho por Enki. Fue desautorizado y causó mucha disensión entre los dioses y seguía siendo un asunto entre Enlil y Enki. A Enki se le recuerda como el creador, el defensor, y el benefactor de la humanidad. Enlil despreciaba a la humanidad como aborrecimiento y como deterioración de la raza sauriana. Lo recuerdan como un dios cruel y vengativo y quién trajo el diluvio.

El hombre primitivo u Homo saurus fue colocado en el jardín del Edén para producir el alimento de los dioses; porque como el Génesis dice,

"El Señor plantó un jardín en Edén, en el este, y colocó allí al hombre a quien él había formado".

Puesto que crearon al hombre en el Abzu de Enki en su cuartel general en la ciudad de Eridu, y estaba en la parte más occidental de Mesopotamia entre dos ríos, aparecería que el área fértil al este de Eridu sería el jardín de Edén. Coincidentemente, los sumerios llamaron esta área E-DIN o "El hogar los justos".

Según el libro de los Jubileos, Adán y Eva fueron colocados en el jardín del Edén para ararlo y cosecharlo.

"El protegió el jardín contra pájaros, bestias, y ganados, y recolectó la fruta y el alimento".

Los deberes de Adán se describen en términos similares en una de las versiones babilónicas de la creación del hombre: Fue su deber mantener los canales y el curso de las aguas y cultivar las plantas en abundancia para llenar los graneros de los Anunnakis.

Hasta el acontecimiento conocido enigmáticamente como la Caída del Hombre, el hombre primitivo cohabitó el jardín del Edén con los dioses serpiente, y juntos hicieron todo el trabajo necesario. Esta fuerza de trabajo, no era al parecer suficiente hacer el trabajo esencial y una modificación fue necesaria para hacer al Homo saurus más eficiente. Con el propósito de suministrarle una fuerza de trabajo más grande, fue decidido darle a Adán o "lulu" una capacidad reproductiva.
  
 

LA CAÍDA DEL HOMBRE O LA CREACIÓN DEL HOMO SAPIENS

El acontecimiento al cual los eruditos bíblicos se refieren como la Caída del Hombre comienza con Adán y Eva quienes fueron colocados en el jardín del Edén por la deidad para alimentarlo y atenderlo. Entre las muchas cosas deliciosas para comer estaba la fruta de los dos árboles en el centro del jardín:

"El árbol de la vida y el árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo".

A Adán y Eva les dijeron:

"Ustedes son libres de comer de cualquier árbol del jardín, excepto solamente el árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, del cual no deben comer. Al momento en que lo coman, serán condenados a muerte."

Entonces las Escrituras agrega resumidamente, "Los dos estaban desnudos, el hombre y su esposa, todavía no sentían ninguna vergüenza". Más adelante, cuando comieron de la fruta prohibida, el inmediato y único resultado fue que "entonces los ojos de ambos se abrieron y descubrieron que estaban desnudos".

Uno se pregunta porqué se pone todo este énfasis en la desnudez. Es como si la expulsión de Adán y Eva del jardín fuera una manera dramática de explicar cómo la humanidad vino usar ropa. Es obvio que el uso de las ropas es simplemente una manifestación de algo más, de la adquisición del "saber" o del conocimiento.

La raíz hebrea "YD" se utiliza a lo largo del Génesis y significa no sólo "saber" sino más específicamente "experiencia". Aplicado a la relación conyugal, la raíz "YD" significa conocimiento sexual, es decir, tener relaciones sexuales. De hecho, se aplica no solamente a las relaciones maritales normales sino también a la conducta clandestina, incluso a la homosexualidad, y al sexo entre animales.

Así, alcanzando el "conocimiento" el hombre adquirió una cierta clase de ánimo sexual. El conocimiento retenido del hombre era de una naturaleza más seria y profunda y que sólo conoció estando enterado de su desnudez. Fue algo bueno para el hombre, pero algo que los creadores no quisieron que tuviese.

Mientras Adán y Eva carecieron del conocimiento, vivieron en el jardín del Edén sin descendencia. Habiéndolo obtenido, Eva fue condenada a sufrir los dolores del parto. El cuento de Adán y Eva es la historia de un paso crucial en la evolución del hombre: el adquirir de la capacidad de procrear como un mamífero. En la realización de esto, sin embargo, el hombre tuvo que perder algo de su herencia sauriana, su llamada Divinidad 
  
 

EL HOMBRE PIERDE SU ASPECTO SAURIANO Y SU DIVINIDAD

El Génesis describe a grandes rasgos los cambios fisiológicos que resultaron del castigo de Adán y Eva. Como su castigo, Eva tuvo que sufrir los intensos dolores de la maternidad mientras que Adán tuvo que ganar su pan con el sudor de su frente. Lógicamente, esto aparecería si Eva no tenía niños, ni tampoco el sudor de Adán.

Otras fuentes religiosas revelan algunos de los cambios que fueron causados por este acontecimiento trascendental. En la sección en la creación del mundo, el Haggadah explica qué sucedió en el jardín después de que el par participara de la fruta prohibida:

"El primer resultado fue que Adán y Eva se volvieron desnudos. Antes, sus cuerpos estaban cubiertos con una piel dura y córnea y envueltos con la nube de la gloria. Enseguida que violaron esta orden la nube de la gloria y la piel córnea cayó de ellos, y se quedaron ahí desnudos y avergonzados."

Está claro aquí que su desnudez tuvo que ver con perder su "piel córnea y dura" y su "nube de la gloria".

Descripciones similares se encuentran en las viejas leyendas rabínicas. Describiendo al hombre antes de la Caída, y fue dicho que "su piel era tan brillante como la luz del día y cubría su cuerpo como una ropa luminosa"

Más adelante, cuando Eva comió la manzana, el resultado inmediato según estas fuentes, era que "en ese momento todos los adornos que el Dios había dado a la novia de Adán cayeron lejos de ella, y entonces vio que ella estaba desnuda".

Esta piel luminosa y brillante era su "nube de la gloria". Otras leyendas indican que el cambio causado por la caída fue que "el brillo de su piel, que lo cubría como una ropa, desapareció".

La desnudez que es enfatizada tanto en los documentos antiguos se relaciona de cierta manera con alguna clase de piel externa protectora que era luminosa y brillante, la llamada Nube de la gloria. La desnudez del hombre consistía en perder esta piel o piel córnea protectora o, es decir su aspecto reptil o divino. En adelante, el hombre tendría que usar la ropa para proteger su piel mamífera vulnerable. El hombre ahora comenzaría a sudar como mamífero, una función fisiológica no intrínseca a los reptiles. 
  
 

EL HOMBRE CREADO A LA IMAGEN DE LOS DIOSES REPTILES

El Libro del Génesis deja bastante claro que crearon al hombre originalmente a la imagen de su dios:

"Y Dios creó al hombre a su imagen: a la imagen divina creada de él, hombre y hembra los creó él."

Puesto que Adán del Génesis y el "lulu" de los sumerios fue creado a imagen de los dioses serpiente, ¿no deberían seguir los rastros de este hecho para que sean encontrados en algunas de las antiguas Escrituras? Ciertamente, es informado en la versión gnóstica de la creación del hombre.

Una zona describe la reacción de Eva en el jardín de Edén:

"Ella miraba el árbol. Y ella vio que era hermoso y magnífico, y ella lo deseó. Ella tomó algunas frutas y las comió, y ella dio a su marido también, y él también comió. Entonces sus mentes se abrieron. Para cuando comieron, la luz del conocimiento brilló sobre ellos, cuando se avergonzaron, ellos sabían que estaban desnudos con respecto al conocimiento. Cuando se desembriagaron, vieron que estaban desnudos; y se enamoraron el uno del otro. Cuando vieron a sus creadores, los repudiaron puesto que eran formas abominables. Ellos entendían mucho mas." (Énfasis agregado)

De este modo, una descripción apropiada de Adán e incluso de sus creadores podría ser como sigue:

Tenían una piel escamosa o córnea; esta piel era brillante y luminosa como se ve en algunos reptiles; no sudaron lo cual es propio de los mamíferos; no usaron ropas puesto que eran innecesarias; tenían una piel verde pálido.

La evidencia del color de su piel se encuentra en el Haggadah que describe cómo crearon a Adán del polvo tomado de las cuatro esquinas del mundo.

"El polvo era de varios colores: rojo, negro, blanco, y verde. El rojo era para la sangre, el negro para los intestinos, blanco para los huesos, y el verde para la piel pálida."

Adán había sido un Homo Sapiens, el color del polvo usado para la piel habría sido probablemente rosado o marrón.

El Homo saurus o el Hombre reptil era probablemente un hombre mucho más grande y más alto que el moderno. Muchas de las fuentes antiguas refieren que tenía la estatura de un gigante antes del incidente en Edén. Por ejemplo, los expedientes rabínicos divulgan que "Adán, que había sido un gigante, disminuyó en estatura al tamaño de un hombre ordinario".

Los patriarcas antediluvianos y los reyes sumerios eran parte sauriana, eran al parecer hombres muy grandes y sobresalieron físicamente entre las hordas de la humanidad. Los Rephaim, descendientes de los Nefilim que vivieron después del diluvio, eran también gigantes; y como los antediluvianos, su tiempo de vida parece haber disminuido como la sangre sauriana que se diluía más y más con el tiempo. 
  
 

EL HOMBRE PIERDE SU LARGA VIDA AL CONVERTIRSE EN MAMÍFERO

Mientras habían dos árboles en el jardín, sólo el Árbol del Conocimiento era tabú. Al parecer, el hombre tenía acceso al Árbol de la vida o de la inmortalidad puesto que no le fue prohibido. Ahora que él había alcanzado la capacidad de procrear, la deidad bíblica se preocupó que él podría también tomar parte del árbol de la vida y de tal modo alcanzar inmortalidad:

"¿Qué si él tendía su mano y tomaba también del árbol de la vida y comía, viviría por siempre? El Señor Dios lo desterró del jardín del Edén, hasta al suelo del cual fue tomado. Él condujo al hombre hacia fuera y lo dejó al este del jardín del Edén, el arcángel y la espada ardiente, para custodiar el camino al árbol de la vida."

Según las Escrituras, no había regreso para el hombre. Él ahora había tomado el paso decisivo y alcanzado el "conocimiento" y podría comenzar la raza mamífera conocida como Homo sapiens o Humanidad. En la obtención de esto, sin embargo, él tuvo que renunciar a la larga vida o inmortalidad. Ambos eran mutuamente exclusivos según lo indicado en el Génesis. El hombre podría haber conservado su forma divina y larga vida pero permaneció como una mula en el mejor de los casos, una clase de Homo saurus limitado.

Viendo que el hombre ahora requirió de ropa para su protección contra los elementos, la deidad aparentemente comprensiva "hizo ropas de pieles para el hombre y su esposa, y los arropó" Esta generosa deidad, sin embargo, tenía probablemente otras razones en mente, porque como el Haggadah revela, las ropas fueron hechas de serpientes que mudaron su piel.

[Comentario: Según John Baines en "El Hombre Estelar", cualquier raza de Dioses Creadores, tales como estos Saurios, es responsable bajo la Ley Galáctica de velar por el bienestar de las criaturas que eligieron diseñar y traer a la vida. Por lo tanto, fue procedimiento requerido para estos Saurios Nibiruanos crear una nueva "piel externa" conocida posteriormente como "ropa" para Adán y Eva y para toda su posterior descendencia. Estos Saurios Nibiruanos no tenían ninguna otra opción. RS]

¿Fue esto hecho para recordar al hombre de sus orígenes serpientes? Es una manera irónica de recordarle a la memoria del hombre, que se originó como saurio y que existió por la tolerancia de los dioses serpiente. Este tema ocurre de nuevo repetidamente en las relaciones posteriores del hombre con sus dioses saurios y fue formalizado en el ritual de la circuncisión.

[Comentario: Esto fue indudablemente una rebelión sociopolítica y cultural contra la cubierta de los genitales de los reptiles, así como más adelante contra las prácticas de los antiguos griegos, quienes fueron influenciados grandemente por el príncipe Utu de Nibiru, o el Dios Sol Apolo de los Griegos. RS] 
  
 

EL MITO DE LA CREACIÓN VISTO EN EL CUENTO DE ADAPA

Mientras hasta el momento no se ha encontrado ningún mito sumerio que sea paralelo a la Caída del Hombre como lo relatado en el antiguo testamento, existe un poema que habla de una historia que sea probablemente la fuente de los acontecimientos del Génesis.

El cuento de Adapa fue encontrado en los archivos de los reyes egipcios en Tell-el-Amarna, así como en la biblioteca del rey asirio Asshurbanipal. Aparentemente, era conocido universalmente en días antiguos. El tema principal, como el del Poema de Gilgamesh, es el hombre que lucha por una oportunidad para ganar la inmortalidad.

Adapa era un espécimen modelo de los Homo Sapiens creados por Enki en el Abzu. Como el Adán del Génesis, Adapa había alcanzado conocimiento pero no inmortalidad.

El cuento comienza con la declaración:

"Con amplia inteligencia para él, él (Enki) le había dado la sabiduría, pero no la vida eterna."

Enki había entrenado a Adapa para hacer tareas especializadas para su casa: él preparaba la comida, hacía los horneados, y preparaba la cena y tendía la mesa en el Palacio de agua de Enki. Como la historia revela, un día Adapa estaba pescando en su bote para obtener comida para Enki, cuando el "viento del sur" apareció y hundió el barco. Adapa maldijo al viento y, como la historia declara, "rompió el ala del viento del sur".

Esto ciertamente es una frase curiosa, y en vista de otro poema sumerio, parece ser el ala de un avión. En el Mito de Zu una de las armas soltadas contra Zu y la única que finalmente lo derrotó fue el "viento del sur". Este contexto lo hace sonar como cierta clase de Nave con alas y sin tripulación. En el caso de Adapa, él parece haberlo inhabilitado accidentalmente.

Mientras tanto, arriba en su "morada divina" el principal dios An está preocupado porque el "viento del sur no ha soplado sobre la tierra por siete días", y ordena a su visir investigar. Cuando él informó que un simple mortal había desactivado el viento del sur, An estaba furioso y con gran enfado convocó a Adapa a su nave espacial para dar cuenta de los hechos. Enki, quien no solo era Creador del hombre sino muy a menudo su defensor y benefactor, resumió a Adapa sobre cómo actuar en presencia del gran dios.

Se dijo a Adapa cómo alcanzar la nave divina de An. En el relato, Enki "le hizo tomar el camino al cielo, y el subió al cielo", obviamente desde una plataforma de lanzamiento en Sippar, la ciudad espacial. Enki advierte que le ofrecerán el Pan de la Muerte: "No lo comas", entonces te ofrecerán el Agua de la Muerte: "No la bebas".

Adapa fue llevado a la presencia del dios An que le preguntó puntualmente porqué él había roto el viento del sur. Adapa explicó que estaba pescando para la mesa de su amo. El mar estaba como un espejo hasta que apareció el viento del sur y volcó su barco, indicando que su bote fue hundido por la ráfaga de viento, al parecer por el vuelo rasante del viento del sur.

An estaba impresionado por la inteligencia de Adapa y más aun por el hecho de que había aprendido "cosas prohibidas" es decir, la información que era privilegiada para los dioses y sus niños semi divinos. Él, más adelante preguntó a Adapa porqué Enki le había revelado el "plan del cielo y la tierra" a un ser humano sin valor como él. Además, An preguntó porqué Enki había hecho un "shumu" para él.

El principal dios preguntaba qué hacer con Adapa ahora que él conocía el camino a los dioses, puesto que él había viajado de la tierra al cielo en un "shumu", un viaje permitido solamente a los dioses. En este sentido, la palabra sumeria "shumu" refiere obviamente a una nave o a una plataforma de lanzamiento para llegar a la órbita de la nave en los cielos. Este término es discutido más adelante. (Capítulo 11)

Para que Adapa continuara la historia, se decidió juntar a los dioses para proveerle de pan y del agua de la vida. De esta manera, Adapa alcanzaría la inmortalidad y se convertiría como uno de los dioses. Realmente, significaría la inversión de nuevo a su naturaleza reptil. Esto puede ser el porqué fue advertido por Enki quien no quiso que se creación sea manoseada.

Cuando Adapa rechazó el alimento y el agua de la inmortalidad, An quiso saber porqué, Adapa le dijo de la advertencia de Enki, lo cuál enfureció a An, y el envió a un mensajero para castigar a Enki. An finalmente se ablandó, sin embargo, fue muy tarde para Adapa; simbólicamente, el hombre había perdido la oportunidad de alcanzar vida eterna.

Adapa volvió a la tierra, un viaje durante la cual vio las maravillas del espacio,

"como Adapa echó un vistazo del horizonte del cielo al cenit, vio sus temores".

Adapa fue ordenado a un alto sacerdote en Eridu, y le prometieron que en adelante la Diosa de la Salud también atendería las dolencias de la humanidad. Pero lo que es más importante de la historia de Adapa como paralelo a la de Adán en el Edén es fue decido por los dioses que él, como Adán, sería el ancestro de la humanidad. An decretó que como su destino, Adapa sería "la semilla de la humanidad".

El alimento y el agua de la vida son retratados a menudo en muchos sellos y murales sumerios. Los dioses son mostrados a veces con un cono de pino en una mano y un cubo o balde de agua o "situla" en la otra, representando el alimento y el agua de la vida eterna o de la inmortalidad.

La historia triste es que el hombre no pudo tener lo mejor de dos mundos posibles, la forma mamífera y la vida larga. Esto explica porqué la esperanza de vida del hombre se acorta progresivamente, con cada generación se diluyen los genes saurianos cada vez más. Los dioses eran infelices con la deterioración de los rasgos saurianos y en los años venideros no dejarían al hombre olvidarse de su elección. Esto hace eco a lo largo de los capítulos del antiguo testamento como "la debilidad de la carne".

Más adelante, los orígenes saurianos que tuvo el hombre, serán lo menos que él recuerde. A través de un largo proceso de amnesia selectiva, incitado por un sigiloso y auto perpetuado sacerdocio, la humanidad ha tenido éxito en negar todo el conocimiento de su ascendencia sauriana. 
  
 

LA GENEALOGÍA DEL HOMBRE

Es nuestra tesis que nuestros antepasados fueron formas reptiles que vinieron a la tierra de otro planeta hace mucho tiempo para obtener ciertos metales. Encontrando el clima benigno, fundaron una colonia en Mesopotamia. Como el clima cambió, según lo demostrado por el fallecimiento de los dinosaurios, llegó a ser inaguantable para los Anunnakis. Entonces fue decidido producir un trabajador primitivo más adecuado al clima. El resultado fue un Homo saurus, mitad Hombre mono, mitad reptil. Esta criatura, sin embargo, no podía reproducirse

Para solucionar este problema, al Adán o "lulu" le fue otorgado predominantes características mamíferas, y el resultado fue el primer Homo sapiens.

En términos de la evolución, el hombre moderno apareció en la escena hace unos 40,000 años como por magia. El homo sapiens, u Hombre de CroMagnon, no era un hombre mono, y tan diferente de la forma reemplazada como para requerir un salto cuántico en el proceso de evolución.

Es el desconcertante problema del "Eslabón perdido" que ha frustrado y confundido a los evolucionistas por cientos de años. ¿Es posible que el llamado Eslabón perdido nunca sea encontrado? Y más importantemente, si este Eslabón perdido se descubre, estará muy probablemente en las ruinas de antigua civilizaciones del valle de Mesopotamia.



LA PERCEPCIÓN DE LA SERPIENTE COMO MAL

Además de Adán y Eva, el otro importante ciudadano del jardín de Edén era la serpiente. A él le fueron otorgados cualidades que rivalizaban y sobrepasaban a las de Adán. Incluso el Génesis concede el punto cuando afirma que "La serpiente era la más astuta de todas las bestias salvajes que dios había hecho".

El Haggadah describe a la serpiente como alta, de dos piernas y con poderes mentales superiores. Era el Señor de todas las bestias del Edén:

"Dios habló a la serpiente: yo te he creado para que seas el rey de todos los animales. Te he creado para estar en posición vertical"

En el Haggadah parece haber un poco de duda sobre que él caminó como un hombre.

En el Génesis, la serpiente fue severamente castigada por su papel en la caída de Adán y Eva. Su sino fue que en adelante se arrastraría sobre su vientre. De esta manera, el Génesis implica que en un tiempo la serpiente era una criatura con piernas y perdió sus extremidades como resultado de comer de la fruta prohibida. El Haggadah es más explícito y explícitamente declara que: "sus manos y pies fueron cortados"

En apariencia, la serpiente con piernas fue una criatura temible, dominando a todos los animales así como al hombre. De hecho, cuando Adán y Eva fueron expulsados del Edén, ellos usaban "ropas de piel." Pero desde que Adán y Eva eran vegetarianos, durante este período no se le permitió al hombre comer carne hasta después del diluvio, estas "pieles" debieron haber sido aquellas que mudaron los reptiles. Muchas fuentes antiguas afirman esto.

Antiguas leyendas judías indican que las ropas usadas por Adán y Eva fueron hechas no sólo de pieles de reptil sino que además los protegieron contra los depredadores:

"Cuando usaron los recubrimientos, a Adán y Eva les dijeron que todas las criaturas sobre la tierra les temerían."

Las pieles de la serpiente fueron símbolos de la raza predominante, y no sólo recordaban a Adán y Eva su origen sino también actuaban como talismán para protegerlos contra criaturas salvajes.

[Comentario: Incluso hoy usamos las pieles de reptiles, pieles de serpiente, pieles de cocodrilo, las pieles del cocodrilo, muchas de las cuales son absolutamente costosas. Y la serpiente, sobre todo la cobra, fue altamente venerada en las culturas antiguas tales como las de Egipto y la India. RS]

La noción de la serpiente como mal es bastante reciente, porque se desarrolló durante los primeros días de la era cristiana. En actualidad, la serpiente bíblica está conectada a menudo con el conocimiento divino, la cura e inmortalidad. La palabra hebrea para la criatura que tentó a Eva es "nahash" que se traduce generalmente como serpiente pero literalmente significa "él que resuelve secretos"

Incluso en griego antiguo la palabra serpiente plantea problemas en la traducción. En el Septuagésimo, la versión griega del Antiguo Testamento, la serpiente se llama "drakon". En Grecia antigua la palabra "drakon" fue utilizada para todas las grandes criaturas temibles tales como serpientes, grandes reptiles, y otros animales aterrorizantes. Así el término "drakon" se transportó a través de canales semánticos a la asociación de una gran serpiente alada y con patas como dragón en la literatura y cultura occidental.

[Comentario: Actualmente se llama "drakma". Sería interesante investigar el origen etimológico de este término moderno. RS]

Los dragones y otras criaturas fabulosas de la mitología existen pero son formas distorsionadas de los dioses-serpiente. Es un problema semántico fomentado por la repulsión del hombre a su conexión con sus ancestros los dioses saurianos. Dos corrientes parecen haber contribuido a la leyenda de la serpiente como malvada y repulsiva.

La primera es la relación amo-esclavo. El hombre substituyó a los Anunnakis como trabajadores y comenzó a realizar todas las desagradables tareas. El recuerdo de esta dominación por los reptiles crueles y despiadados fue exacerbado más a fondo por los descendientes de los Nefilim en los días antes del diluvio. Estos hombres del espacio se mezclaron con nosotros y vivieron entre la humanidad, las Escrituras y las fuentes sumerias revelan que eran una raza bárbara y antropófaga.

Para el momento del advenimiento del diluvio, el hombre había empezado a aborrecer e incluso a perseguir a esta descendencia sauriana. Las fuentes antiguas sugieren fuertemente que cualquier persona que mostraba signos de la ascendencia de los dioses-serpiente era buscada, cazada y destruida.

El segundo factor principal en la evolución de la idea de ellas como mal era la enemistad entre Enlil y Enki. Cuando las tierras fueron reclamadas después del diluvio, Enlil vio que sus hijos fueron puestos a cargo de las tierras del Medio Oriente y que a los hijos de Enki eran asignadas tierras extranjeras tales como Egipto y el valle de la India. Los hijos de Enki regresaron al Medio Oriente, sin embargo, su hijo más viejo Marduk había tomado el control de Babilonia y reclamado el codiciado título de "cincuenta".

Enki es recordado como el creador y benefactor de la humanidad y se le asocia con el conocimiento divino, la salud y la inmortalidad, exactamente las cualidades atribuidas a la serpiente en el jardín del Edén. Así, la "Caída del hombre" adquiere el carácter de una confrontación entre Enlil, el Elohim del Antiguo Testamento, y Enki, el Dios serpiente usurpador.

[Comentario: Curiosamente en el libro "El Hombre Estelar" de John Baines el Arconte del Destino, que engañó a Moisés y consecuente por esta razón, se convirtió en el usurpador del poder en este planeta de "Pueblos amistosos" y anteriormente el Arconte gobernante era conocido por la letra Y. Se refiere esta Y a Yahvé y por lo tanto a la Corona del Príncipe Enlil. RS]

El mismo conflicto es visto en el Cuento de Adapa cuando Enki evitó que An (Enlil vino más adelante a representar a An convertido en el Dios mayor) tratara de sabotear su creación. Hay ecos de esta disensión en el Tercer Libro de Enoc, cuando este a Patriarca le debía ser dado divinidad e inmortalidad. Los "ángeles" que representaban la más vieja orden protestaron que el Dios estaba revelando los secretos divinos al hombre. Ellos le recuerdan que "le dieron un buen consejo cuando le dijeron que no cree al hombre".

Para los dioses conservadores y más viejos, el hombre era considerado un animal inferior, una y otra vez lo criticaban por su sudoración y suciedad mamífera. En el Tercer Libro de Enoc los dioses menores y los ángeles despreciaban al hombre que lo caracterizaban como "humanidad nacida de una mujer, manchada, sucia, profanada por la sangre y el fluido impuro, los hombres sudan gotas pútridas". Esta repugnancia de los ángeles hacia sus primos mamíferos sudorosos y peludos se reitera a través del antiguo testamento donde esta aversión se enmascara bajo imágenes de la "debilidad de la carne".

Los Anunnakis deleitaban de su aspecto reptil: sus lisos, brillantes y lustrosos cuerpos, y rasgos mamíferos les eran repugnantes. Desde un punto de vista objetivo, la elegancia y la belleza de la forma del reptil tiene mucho para recomendarla. Es difícil ver cómo se desarrolló la repugnancia física de estas criaturas.

El problema de revulsión es difícil, y una mejor salida para los psicoanalistas. Parece ser aprendido en gran parte por la experiencia, resultado de lo que nos enseñan cuando somos jóvenes. Por otra parte, la lenta memoria del brutal y bárbaro tratamiento de los antepasados reptiles puede existir en nuestro subconsciente y contribuir a la aversión de los reptiles.

[Comentario: Podemos distinguir otra diferencia entre las culturas de los antiguos Griegos y hebreos. En Grecia los dioses y diosas eran considerados para representar lo último en belleza física y perfección. Y como se ha observado anteriormente, una de las razones primarias de la creación del judaísmo en primer lugar fue la rebelión contra todas las cosas griegas.

Así, esta repulsión a los dioses de Saurianos se pudo haber originado en el mismo momento en el tiempo cuando Moisés y sus sacerdotes tuvieron que hacerse cargo de las consecuencias de su pacto con el Arconte "malvado", conduciendo en última instancia a las tradiciones religiosas judaicas y a esta noción del "fuerza repulsiva" a cualquier cosa reptil. RS] 
  
 

LA INMORTALIDAD ALCANZADA POR LA REGENERACIÓN

En antiguas leyendas, el hombre parece alcanzar siempre una cierta clase de "conocimiento" sin embargo pierde inmortalidad. Es como si ambos son mutuamente exclusivos.

Adán consigue "conocimiento" pero es expulsado del jardín por tomar parte de la fruta del Árbol de la vida. Sucede lo mismo con Adapa, a quien le fue dado el "conocimiento" por Enki para que no sea engañado de la bebida y la comida de la vida que lo habrían hecho inmortal. Muchas de las aventuras de Gilgamesh son intentos para alcanzar la inmortalidad. Le niegan un viaje hasta los cielos a suplicar a los dioses larga vida. Entonces es rechazado cuando alcanza a Utnapishtim, su abuelo. Finalmente obtiene la planta mágica que cura y prolonga la vida, pero le es robada por una serpiente, sin duda alguna, imágenes de los dioses serpiente.

En la mitología del mundo, la serpiente ha sido el símbolo de la larga vida, de la curación y de la regeneración, y de la inmortalidad. Las serpientes por todas partes se han asociado a lo curativo. Por ejemplo, el Chilam Balam Maya relata que los primeros habitantes de Yucatán eran los Chanes o "Gente serpiente" quiénes vinieron a través del agua desde el este con su líder Itzamna que fue llamado la "Serpiente del este". Él era curador o médico y podía curar poniendo sus manos encima e incluso revivía a los muertos.

[Comentario: Incluso hoy el símbolo de la Asociación Médica Americana contiene la imagen de una serpiente enrollada en un mástil. En cuanto a Itzamna, ése es indudablemente el nombre maya para el Príncipe Enlil, cuyo hijo el Príncipe Nannar lideró la primera expedición de los Anunnakis (Olmecs) del África meridional a las Américas. Nannar era conocido por los mayas como el legendario Quetzalcoatl, el dios serpiente que vuela. (Para información adicional ver "Los Reinos Perdidos" de Zecharia Sitchin.) RS]

En el Antiguo Testamento, el papel de la serpiente como curador se ilustra en el incidente de la "Serpiente de bronce" o "Seraphim" quien fue levantada sobre un mástil y se convirtió en la cura para las dolencias de las tribus durante sus éxodo de Egipto.

La dualidad del conocimiento y la inmortalidad, según lo representado por los dos árboles en el Edén, no se encuentra generalmente en fuentes antiguas. Aparte de las breves referencias en el Cuento de Adapa, la literatura antigua se concentra en los esfuerzos del hombre por alcanzar la inmortalidad y vida eterna. El árbol simbólico de la vida, el alimento mágico y la bebida eran temas populares entre las diversas culturas del Medio Oriente y aparecen a menudo en sus formas de arte.

Lo contrario es verdad en el Antiguo Testamento donde la inmortalidad es todo menos olvidado, y el énfasis está en los pecados del hombre causados por su Caída cuando alcanzó el conocimiento. Una excepción se encuentra en el documento pseudoepígrafo llamado La vida de Adán y Eva, que narra episodios en la vida de Adán y Eva después que ambos salieron del Edén. Data del primer siglo AD, y está disponible en las versiones griegas y latinas.

Proporciona información incluso de los intentos de Adán de obtener algunos de estos remedios rejuvenecedores. Según el texto, Adán estaba viejo, enfermo y acerca al final de su vida. Él solicitó a Eva y a su hijo Set volver al Edén por el "aceite del árbol de la misericordia" con cuál podía ser untado, aliviar su dolor, y extender su vida. En las puertas del Edén, se encontraron con el ángel Miguel quien rechazó las súplicas de Set con el argumento que el elixir mágico no era para el hombre.

La concentración hebrea en una visión contraria al de las antiguas tradiciones seculares sugeriría que el énfasis sobre el "conocimiento" por los primeros sacerdotes fue una deliberada desviación para forzar en su pueblo una doctrina del "Pecado original" y la "Caída del hombre" y de este modo alcanzar así un alto grado de control sobre sus mentes y comportamientos.

La búsqueda por la regeneración, una forma de inmortalidad, ha sido un tema común de la literatura y mitologías antiguas. Es un tema secundario en el Poema de Gilgamesh donde, después de decirle a su nieto que los dioses rechazaron su inmortalidad, Utnapishtim tiene compasión para con su nieto; y ordena no dejarlo regresar con las manos vacías, él es informado de una planta mágica que restaura la juventud y la vitalidad y donde encontrarla.

Así de regreso en su hogar, Gilgamesh sigue las direcciones de su abuelo y se dirige para obtener esta planta mágica. El decide algo un tanto necio, no tomar parte de ella inmediatamente sino más bien regresar a la ciudad de Uruk y ahí compartirlo con sus amigos. Éste regreso resulta ser un error, porque cuando Gilgamesh se detiene en una piscina para bañarse, la planta le fue robada.

Para lavarse de su largo viaje, Gilgamesh decidió tomar un baño muy necesario. Tontamente deja la planta mágica en la orilla sin vigilancia. Como se está bañando, y para su consternación, una serpiente o "seru" que olía la fragancia de la planta, surgió a través del agua y la llevó lejos. Como la serpiente se fue, se quitó su piel. De esta manera, la historia representa la habilidad de regeneración de la serpiente de extender su vida al despojarse de su piel periódicamente.

En la búsqueda del hombre por la panacea de la larga vida y vitalidad, la ciencia tiene todavía que proporcionar la respuesta. Como proceso natural, la regeneración no es un proceso muy desarrollado en el hombre y los mamíferos más altos o evolucionados, siendo capaz de regenerar solamente su pelo, piel, uñas, hígado, y ciertamente otros tejidos finos. Se pronuncia mucho más en animales menores, por ejemplo, salamandras y lagartos que pueden sustituir sus colas, las langostas y cangrejos los cuales pueden hacer crecer nuevos miembros y el platelminto, el cual puede formar un número de nuevos individuos cuando es cortado en pedazos.

Mientras que la regeneración ha sido prohibida por los dioses a lo largo de las eras, referencias veladas se encuentran a menudo en la literatura. Cuando la serpiente robó la planta mágica de Gilgamesh e inmediatamente mudó su piel, demostraba esto ser una forma de inmortalidad. Deshacerse de la piel tiene de este modo una entrada a la teología de los hebreos y cristianos en la forma del Rito de la Circuncisión.

Como parte del convenio entre Abraham y su dios, y reforzado más adelante siendo repetido muchas veces más por sus descendientes, él es dicho:

"Circuncidarás la carne de tu prepucio, y ésa será la marca de la alianza entre tu y yo."

Como la serpiente alcanzó larga vida sacrificando y abandonando parte de sí mismo, así los hombres puede también ser salvados ritualmente haciendo el mismo sacrificio. El rito de la circuncisión también sirvió como recordatorio perpetuo para el hombre que sus verdaderos orígenes descansan en los creadores, los dioses serpiente y que él existió gracias a la tolerancia de estos dioses.

[Comentario: Deseando evitar la discusión a menudo acalorada sobre los pro y los contra de la circuncisión, se debe observar que mientras esto fue quizás el intento original de la costumbre, muchas de las primeras culturas cristianas de Europa rechazaron esta práctica, las cuales ahora han desaparecido de la vida europea moderna.

Entre los judíos y musulmanes sigue siendo universal, al igual que también entre muchas de las tradiciones de la gente animista de África. Sigue siendo también absolutamente corriente en los Estados Unidos, aunque más de una cultura que de una tradición religiosa. En otras partes del mundo, la costumbre de la circuncisión masculina es prácticamente inexistente. RS]

De los que alcanzaron inmortalidad verdadera y se unieron a lo dioses, sólo dos se registran en la literatura antigua. Los dioses dejaron claro que no fue concedido ligeramente. Utnapishtim es uno de los pocos a quien le fue dada la inmortalidad.

Después del diluvio, Utnapishtim y su esposa fueron llevados a la nave espacial donde Enlil lo colocó en un proceso ritual:

"Hasta ahora, Utnapishtim había sido solamente un hombre, pero ahora Utnapishtim y su esposa serán dioses como nosotros".

El fue enviado a vivir "en el origen de los dos ríos donde se levanta Shamash", en la tierra de Dilmun. Distinto a su contraparte Noé quien no alcanzó la inmortalidad. Los dioses del antiguo testamento eran dioses mucho más celosos e inflexibles.

Uno de los patriarcas antes del diluvio alcanzó esta distinción. Pasa por alto secretamente en el Génesis que declara que "Enoc caminó con Dios. Entonces desapareció porque Dios lo tocó". No obstante, los Tres Libros Apocalípticos de Enoc proporcionan la historia completa, detalles que fueron omitidos de la Biblia.

Enoch no sólo fue hecho inmortal sino también endiosado de modo que él se convirtió en el segundo en poder a la principal deidad. Esta inusual metamorfosis fue hecha para proporcionar un magistrado objetivo que podría presidir sobre los ensayos de los Nefilim quienes habían sido acusados de cometer toda clase de crímenes en la tierra. 
  
 

¿SON POSIBLES GRANDES ESPERANZAS DE VIDA?

La longevidad entre los ancestros es proverbial. El nombre del patriarca Matusalén ha sido sinónimo de una vida extra larga. Si los registros antiguos, religiosos y seculares, son creíbles los reyes y patriarcas antediluvianos disfrutaron de una inusual larga vida. Estas afirmaciones son constantes, e incluso aceptan una exageración, uno es forzado a conceder que debe haber una cierta verdad en ellos. Tácitamente, el hombre moderno está comenzando a tomar estas demandas seriamente, porque hoy él está jugando con las posibilidades que el envejecimiento puede ser llevado bajo control, incluso revertido, y que los períodos de vida lógicamente se pueden extender a un grado notable.

Teorías de envejecimiento estudiadas actualmente por el ámbito de la ciencia moderna desde el concepto de control puramente genético de envejecer al concepto de reducir los ataques ambientales en el organismo humano. Los científicos ahora creen que los mecanismos que causan el envejecimiento son extremadamente complejos y variables, y más bien que una simple causa, muchos fenómenos trabajando en armonía.

La mayoría de las teorías del envejecimiento se pueden poner en dos categorías generales:

Teorías del Error

Teorías de Programación

Las Teorías del Error se basan en la premisa que los acontecimientos al azar, tales como ataques ambientales, causan daños a las células del cuerpo. Estos daños acumulados en un tiempo dan como resultado el malfuncionamiento celular y molecular de los órganos. Las Teorías de Programación se basan en la suposición que el envejecimiento está programado en la misma célula y es el resultado de una determinada secuencia de eventos escritos en los genes.

Una de las más viejas teorías del envejecimiento es la Teoría del Desgaste y del Desgarro declara que a nivel molecular, el DNA es dañado continuamente pero el cuerpo no puede reparar el daño y así se acumula, conduciendo finalmente al malfuncionamiento molecular. La teoría metabólica discute que cuanto más rápidamente vive un organismo, más rápido muere.

Las restricciones calóricas parecen ser el único factor mostrado repetidamente para alterar el índice de envejecimiento en animales, y la nutrición parecería controlar el cambio en ciertas hormonas que controlan metabolismo.

La Teoría del Radical Libre se centra en los efectos perjudiciales de los radicales libres, los fragmentos químicos altamente inestables producidos durante el metabolismo normal que reaccionan y dañan otras moléculas. La acumulación relativa a la edad del daño de los radicales libres puede interferir con el trabajo vital de las estructuras dominantes de la célula.

Así, todos los diversos autores de la Teoría del Error indican que el cuerpo producirá los químicos y proteínas defectuosas que serán sintetizados y acumulados. Este proceso conduce al daño de las células, los tejidos finos, y los órganos dando como resultado la muerte.

Por otra parte, la Teoría de la Senectud Programada indica que el envejecimiento y la muerte son debido a los acontecimientos programados, resultados de la conmutación secuencial de vez en cuando de ciertos genes. Algunos pueden actuar como un reloj biológico, tal como ésos que controlan la pubertad y la menopausia. Si se programa el envejecimiento, el sistema de la endocrina o de la hormona y el sistema inmunológico son los dos candidatos probables que controlan el envejecimiento.

Los acontecimientos que ocurren en el hipotálamo y la glándula pituitaria pueden ser responsables de algunos procesos importantes del envejecimiento. La glándula pituitaria, situada en la base del cerebro, secreta las hormonas que alternadamente estimulan otras glándulas para producir más hormonas. Es posible que un reloj biológico en el hipotálamo (una región del cerebro) instruya a la glándula pituitaria a secretar una hormona que interfiera con la capacidad de los tejidos finos del cuerpo de responder a las hormonas tiroides. Esta hormona teórica, referida por algunos como la "Hormona de la Muerte", nunca se ha aislado.

El sistema inmunológico defiende el cuerpo contra bacterias, virus, y otros organismos invasores. La glándula del timo, situada en el pecho, es un componente esencial del sistema. Alcanza un tamaño máximo durante adolescencia y declina al punto donde es apenas visible a la edad de 50 años. Los autores de la Teoría del Sistema Inmunológico creen que reduciendo la capacidad del cuerpo de luchar contra la infección, apartaría el cáncer, e incluso repararía el daño del DNA, la declinación en el sistema puede ser el acontecimiento más importante del proceso de envejecimiento.

Como puede ser visto, el estudio del envejecimiento está todavía en su infancia, aunque parece ser el enérgico crecimiento de una disciplina cada vez mayor. Entender el mecanismo del envejecimiento ayudará probablemente a eliminar las enfermedades y los desórdenes asociados a la vejez y a alargar probablemente el proceso activo de la vida. La ciencia está también en el umbral de realizar cambios en los mismos genes.

Quizás cierto día alcanzaremos la sofisticación técnica de nuestros antepasados, los dioses serpiente quienes parecen haber solucionado estos desconcertantes problemas científicos.

Es una soberbia ironía que una raza de seres inteligentes pueda realmente existir en nuestra vecindad del espacio, que son reptiles y repulsivos, y aun así haber fundado la civilización humana. A pesar de todo estas "abominables" criaturas deben tener una tecnología suficientemente avanzada para permitirles viajar entre las estrellas. Una raza que podría atravesar el espacio habría alcanzado ciertamente la ingeniería genética y la capacidad de regenerarse y por lo tanto alcanzar una vida larga y extendida.



EL SERAPH DEL ANTIGUO TESTAMENTO

En el Antiguo Testamento, las referencias explícitas de nuestros antepasados los dioses serpiente han sido todas eliminadas sobre los siglos a través de un largo proceso de selección y de edición. Cuando se encuentran alusiones en las Escrituras, se interpretan simplemente como alegorías. Hay un incidente extraño relatado en el Libro de los Números referente a la Serpiente de bronce que plantea muchas interrogantes que no son o quizá nunca sean tratadas completamente por los eruditos Bíblicos.

En el segundo año del éxodo, después de haber dejado las comodidades del Monte Sinaí y haber estado luchando a través de los páramos, las tribus tenían una escaramuza con el rey de Arad en Negev y que prevaleció después de muchas dificultades.

El incidente de la Serpiente de bronce sucedió entonces:

"Partieron del Monte Hor por el camino al Mar Rojo para bordear la tierra de Edom. Pero la gente se puso intranquila durante el viaje, y el pueblo habló contra el Señor y contra Moisés. ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para morir en el desierto? No hay pan y agua, y tenemos que detestar este miserable alimento."

El Señor les envió serpientes. Ellas mordieron a la gente y muchos de los israelitas murieron. La gente vino a Moisés y le dijo:

"Hemos pecado por hablar contra el Señor y contra ti. Intercede con el Señor para que quite las serpientes de nosotros." Y Moisés intercedió por el pueblo. Entonces el Señor dijo a Moisés:

"Haz la figura de una serpiente (seraph) y ponla sobre un pedestal. Y cualquier persona que es mordida, que lo mire y se recuperará." Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un pedestal; y cuando cualquier persona era mordida por una serpiente, y miraba la figura se recuperaba"

Nota del Traductor.- En la Biblia en inglés la palabra Seraph no existe y fue traducida como serpiente en la Biblia en Castellano.

Es difícil escapar a la conclusión que el significado del incidente es obviamente idolatría, una actividad estrictamente prohibida en las Escrituras. La palabra hebrea "seraph" es inusual y aparece solamente algunas veces en los libros del Antiguo Testamento.

En Isaías 14 y 30, el "Seraph" es referido como la "serpiente que vuela" y se asocia a Filistia y Negev, tierras que eran tradicionalmente el hogar de los descendientes de los Nefilim después del diluvio. La serpiente de bronce fue hecha por Moisés por órdenes de Dios y fue venerada en el santuario del templo hasta el siglo octavo AC; cuando según el Rey Ezequías, enfurecido por la adoración excesiva del ídolo, "rompió en pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho".

[Comentario: El siglo 8 AC, habría incluido el año 762 AC, cuando comenzó la serie de cataclismos, acompañados de la desviación del planeta Nibiru de su posición atada sobre el eje polar del norte de la tierra. RS]

Es dudoso saber si éste era el "Seraph" original hecho por Moisés cerca del año 1,450 AC; y que sobrevivió hasta este tiempo. En cualquier caso, demuestra que la adoración a los dioses serpiente fue establecida entre los israelitas durante el período de los jueces y reyes, y sugiere que Yahvé por lo menos una vez ha sido identificado con el dios serpiente.

El término "Seraph" ha preocupado a los traductores y a comentaristas bíblicos durante años. Se traduce como "serpiente ardiente" en la versión del Rey James; sin embargo, la tendencia moderna no es traducirlo del todo sino poner la palabra hebrea según lo dado. "Seraph" no se adecua a ninguna clasificación o traducción conveniente. Lo más probable parece ser que es una palabra prestada de los cananitas que la adquirieron de su herencia Mesopotámica.

Las raíces del término quizá bien puedan ser de Mesopotamia. La "serpiente ardiente que vuela" sobre un pedestal adorada por sus características curativas representa de un modo simbólico a Enki, el dios sumerio de la curación, que fue asociado a menudo con el símbolo de la serpiente. Existe también una curiosa semejanza de la serpiente envuelta alrededor de un poste o pequeño mástil, con el Caduceo de los griegos.

En el Poema de Gilgamesh la serpiente que roba la planta mágica del héroe se llama "seru" y la semejanza de las palabras sugiere un origen común. El término también se encuentra en la mitología hindú que tiene antecedentes sumerios. Los Nagas, los misteriosos dioses serpiente que moraron en la India en días antiguos, fueron llamados "sarpa" o serpientes.

En sus estudios sobre la religión hindú, la teósofa Madame Helena Petrovna Blavatsky, afirma que los Nagas o los "sarpa" de la India son indiscutiblemente los seraphim judíos que derivan de serapi o sarpa que significa "serpiente"

Hay un pequeño documento religioso antiguo conocido que refiere no solamente a los dioses serpiente sino también secretamente a los dioses del panteón sumerio. Como tal, este himno cristiano tiene probablemente sus orígenes en un rezo sumerio. Llamado el Rezo de José, es de un grupo llamado los Papiros Mágicos, de origen griego, data del segundo siglo DA. El himno comienza con la alabanza:

"Padre de los patriarcas, padre de todas las cosas, padre de todas los poderes del cosmos, creador de todo, creador de los ángeles y los arcángeles, el creador de los nombres de la redención, Yo te invoco."

Después de algunas invocaciones más, el rezo continúa dramáticamente:

"Tú que te sientas sobre la Sagrada Montaña del Sinaí, tú que te sientas sobre el mar, tú que te sientas sobre los dioses serpiente, el dios que se sienta sobre el dios del sol."

Esta apología es interesante y pertinente por ciertas razones. Además de la referencia tácita a los Dioses serpiente, también se refiere al dios que se sienta sobre el mar. Aunque la línea está incompleta (sospechosamente todas las palabras que faltan están en lugares críticos), parece ser una referencia velada al dios del agua Enki y a su Palacio de agua o Abzu.

El referido Dios Sol es probablemente Utu/Shamash justo como el dios del Monte Sinaí es Ishkur/Adad.

Así, la invocación parece ser dirigida a Enlil (Zeus), el dios predominante del panteón cananita que más adelante fue conocido como El en el Antiguo Testamento. Además, los nombres de la redención son probablemente las Tablas del Destino o los Nombres Divinos los cuales han sido comparados con los MEs Sumerios.

Los Dioses serpiente no sólo son encontrados en la historia o la mitología del antiguo Medio Este. Dragones, serpientes que vuelan, y Dioses serpiente aparecen en la mitología de los pueblos a través del mundo y por todas partes son los creadores y ancestros benevolentes del hombre. En algunas culturas aun sigue persistiendo en la memoria una raza de Dioses serpiente que fue cruel y barbárica. 
  
 

DIOSES SERPIENTE EN LA CIVILIZACIÓN DEL VALLE INDO

Aratta se menciona a menudo en la literatura sumeria como tierra lejana controlada por la diosa Inanna de su ciudad tutelar de Uruk. Según el poema Enmerkar y el Señor de Aratta, situado más allá de Anshan (ahora Irán) el viaje de Aratta requirió atravesar las siete montañas y el temido río Kur.

Ha sido sugerido que Aratta puede ser igual que Harappa de la civilización perdida del valle de Indo. Harappa, junto con Mohenjo-daro, era una ciudad de los antiguos Dravidianos, la legendaria gente serpiente que precedió la ocupación ariana de la India.

En los años 20, los arqueólogos hicieron algunos descubrimientos asombrosos en el valle del río Indo. Las ruinas de dos grandes ciudades antiguas fueron excavadas, una llamada Mohenjo-daro estaban en el propio río Indo, la otra Harappa estaba en Ravi, un rama importante del valle Indo situado en el Panjab o La tierra de los cinco ríos. Como las ciudades de Mesopotamia y del valle del Nilo, fueron construidas en los llanos aluviales. Sin embargo, diferente de estas otras ciudades, Mohenjo-daro y Harappa parecen haber sido diseñadas completamente. Ambas eran idénticas en el diseño. Mientras que no se encontraron ziggurats, cada ciudad tenía un montículo de diez metros de alto, una especie de plataforma artificial.

Estas ciudades no se desarrollaron de aldeas primitivas sino fueron terminadas como ciudades dentro de un siglo o más. Fueron construidas de "escombros" como por alguna fuerza extraña. Es decir fueron construidas como colonia, probablemente por los sumerios, y probablemente por Enki, su principal ingeniero.

Las ciudades se originaron cerca del 3,500 al 3,000 AC; y luego tuvieron un final violento alrededor del año 2,000 AC; según evidencia arqueológica. Lo que ha desconcertado a los historiadores es que la gente que vivió aquí no se relaciona con los arianos que vinieron hace unos 500 o 600 años más tarde y se establecieron en el llano de Panjab y Gangetic. Como los antiguos sumerios, la gente de Mohenjo-daro y de Harappa hablaba una lengua desconocida.

[Comentario: Asumiendo que el planeta Nibiru estaba en nuestro sistema solar cerca del año 1,600 al 700 AC; entonces su visita anterior habría sido, agregando 3,600 años a cada fecha, de 4,200 a 3,300 AC. Estas fechas son bastante cercanas a los años hipotéticos mencionados arriba para conducir a la conclusión que estas ciudades Dravidianas fueron construidas para el uso de los Nibiruanos durante su siguiente y última visita a la Tierra/Tiamat. RS]

Los artefactos encontraron aquí también se enlazan con el valle de Mesopotamia. Los sellos de estos sitios son muy similares en estilo a los sellos cilíndricos de Sumeria. De hecho, uno muestra a hombre salvaje luchando con dos bestias, muy similar al de Gilgamesh de pie estrangulando y en medio de dos leones. Estas dos ciudades son probablemente colonias sumerias que fueron establecidas después del diluvio cuando el mundo llegó a ser habitable otra vez. Ha sido sugerido por los historiadores que estas ciudades fueron el centro de la cultura Dravidiana y habitada por los Nagas, raza de hombres serpiente.

[Comentario: Si cada vez que el planeta Nibiru llega y sale de esta área de nuestra Sistema Solar, hay cataclismos planetarios o "diluvios" debido a las anormalidades gravitacionales y electromagnéticas, esto apoya la tesis que sugiere que estas dos ciudades Dravidianas fueron fundadas por y para el uso de los Nibiruanos durante su siguiente y última visita. RS] 



LA CIUDAD ESPACIAL Y LAS INSTALACIONES DESTRUIDAS

"Él (Naram-Sin) desafíó la palabra de Enlil, aplastó a los que se habían sometido a Enlil, 
movilizó sus tropas ... Como un bandido que saquea una ciudad, él erigió grandes escaleras 
contra la casa, para destruir el Ekur como una enorme nave ... 
Contra la casa que no era una montaña, donde el cedro estaba cortado, 
él forjó grandes hachas: hachas de doble filo afiladas para la destrucción.' 
Nivelado por debajo de la fundación de la tierra". 
Poema sumerio "La maldición de Agade"

Los dos capítulos siguientes se refieren a las actividades en las tierras occidentales durante el Tercer Milenio AC; cuando las repetidas invasiones de los reyes del este dieron lugar a la destrucción de las instalaciones espaciales y a la devastación de las tierras del Líbano, Palestina, Transjordania, y el Sinaí. Los agentes de esta destrucción fueron los reyes de la Dinastía de Acadia y la Tercera dinastía de Ur. 
  
 

EL COMPLEJO ESPACIAL TRASLADADO AL OESTE

Hoy, el clima de Palestina es áspero y seco. Hay muchas indicaciones que pudo haber sido muy diferente hace 5.000 años. Investigaciones basadas en espectros del polen y los perfiles obtenidos de toda Palestina revelan que la precipitación era mucho más abundante en el Tercer Milenio AC.

La investigación en la universidad de Tel Aviv ha demostrado que las lluvias en aquella época tenían un diferente patrón. La lluvia originó probablemente frentes calientes empujados hacia Palestina por los vientos occidentales hasta el final del Océano Atlántico, mientras que las tempestades de truenos actuales se originan sobre el mediterráneo oriental.

Este fenómeno daría lugar a lluvias de verano y posteriormente a una mayor precipitación anual. Esto explicaría la abundante vegetación según lo demostrado por la distribución del polen y particularmente la distribución más amplia en el pasado del roble temporáneo. Apoya las declaraciones en el Antiguo Testamento que refieren a Palestina como "Tierra de la leche y la miel".

La devastación de las tierras por los ejércitos invasores, la superpoblación, el sobre pastoreo, y la alteración del clima, probablemente todo jugó un papel importante en el cambio de las tierras del Levant a la tierra semiárida que es hoy.

La tierra del Líbano, particularmente, era exuberante y munífico (generoso). Hacia este Nuevo Jardín del Edén fueron trasladadas as instalaciones espaciales y fue construida una ciudad para servir como Cuartel General de la nueva plataforma de lanzamiento y apoyo de las instalaciones. Se convirtió en el jardín bíblico del Edén y la "Tierra sumeria de la vida agradable".

La vieja plataforma espacial en Sippar ahora estaba debajo de las aguas del Golfo Pérsico. De este modo fue Larak, el centro de control y comunicaciones. Luego fue trasladado a Ur-Salem, para conocerse más adelante como Jerusalén.

Un sitio alterno de control y de lanzamiento fue establecido en Jebel o Monte Halal en el Sinaí nororiental o los que es bíblicamente conocido como el Monte Horeb o Monte Sinaí.

Un complejo de apoyo fortificado fue localizado en el grupo de oasis cerca de Cades-Barnea para proteger los acercamientos del este al complejo espacial. El jefe astronauta Utu, que había gobernado previamente Sippar, la ciudad espacial, reaparece ahora en la tierra del Líbano bajo el nombre semítico de Shamash.

Las referencias a los tres sitios principales del complejo espacial se encuentran en Libro del Jubileo aunque se acuestan en términos religiosos. Según esta fuente, había tres lugares en la tierra sagrada del Señor. Todas éstas cayeron en la porción de tierras asignadas a Shem después del diluvio.

Quizás esto explica porqué Shem fue favorecido sobre los otros hijos de Noé. El jubileo enumera estos sitios como:

el Jardín de Edén, también llamado Santo de Santos

el Monte Sinaí en el medio del desierto

el Monte Zión en medio del ombligo de la tierra 
  
 

Está claro en este pasaje que los tres sitios estaban todos bastante cerca el uno al otro y que no fueron separados sobre la extensa extensión del Medio Oriente. El Jubileo dice que "fueron creados como lugares santos uno frente al otro.

Con la palabrería teológica a un lado, la referencia al Jardín del Edén es el Líbano, cuya ciudad capital de Baalbek era "la morada del Señor." El Monte Sinaí está en la frontera del desierto del Sinaí y sirvió como complejo espacial alterno. El Monte Zión es uno de los tres picos que constituyen la ciudad de Jerusalén.

Su plataforma de piedra maciza se convirtió más adelante en la localización del Templo de Salomón y ahora es ocupada por la capilla islámica llamada la Cúpula de la Roca. Mientras el "Ombligo de la Tierra," Jerusalén sirvió como Cuartel General y centro administrativo para las instalaciones occidentales espaciales. 
  
 

UR-SALEM, CENTRO DE CONTROL ESPACIAL Y DE COMUNICACIÓN

Mucho antes de los días de los reyes hebreos, Jerusalén había sido considerado ser una ciudad sagrada por los indígenas de la tierra de Canán. Llamada Salem o Ur-Salem (capital de Salem), abarcó tres picos:

el Monte Zophim en el norte (ahora llamado Monte Scopus), o literalmente el "Monte de los observadores"

el Monte Zión en el sur que significaba "Monte de la señal"

en el centro el Monte Moriah o "Monte de la dirección"

El Monte Zión es ocupado por una capilla musulmana llamada La Cúpula de la Roca y es supuestamente el lugar en donde Salomón construyó su templo. La capilla musulmana se construyó sobre roca moldeada de 57 pies de largo y 44 pies de ancho (17.4 x 13.4 mts). Actualmente, de cuatro a seis pies (1.8 a 1.2 mts) están por encima del piso, con cuevas y pasadizos supuestamente ocultos. De cierta forma, el monolito de piedra es similar a la plataforma de piedra en Baalbek, aunque más pequeña.

Los tres picos de Salem fueron una cierta clase de centro de control similar en función al de Larak o Nippur en la antigua Sumeria. En las Escrituras, Jerusalén ha sido llamado el "Centro de la Tierra" y la "Montaña Santa." El Monte Zión ha sido referido como estando "en el medio del ombligo de la tierra".

Notablemente, Jerusalén no era una ciudad sagrada para los israelitas antes de los días de David. Se menciona solamente una vez en el Torá, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, y no es hasta después de Josué 10 que el nombre es encontrado.

Nota del Traductor - Torá: del latín thora, y este del hebreo torah. Es la designación tradicional judía para el Pentateuco: Los primeros cinco libros del Antiguo Testamento: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

Actualmente, Shechem, una ciudad al norte de Jerusalén, fue estimada por los antiguos hebreos como sagrada con la capilla situada cerca al Monte Gezerin. Su estatus santo se refleja en su uso como lugar de almacenaje de los teraphims, los ídolos sagrados o los dispositivos de comunicaciones. A su vez, este papel puede deberse a una cierta razón hasta ahora desconocida de su importancia, quizás incluso como radio regional con un aparato permanente para entrar en contacto con los dioses

En el tiempo de Salomón, el templo fue construido sobre el monolito de roca en Zión que en aquella época fue considerada sagrada. Para entonces, sin embargo, su uso original como plataforma de lanzamiento y aterrizaje se perdió en el oscuro pasado, aunque conservó su estatus santo.

[Comentario: Como sabemos de Los Reinos Perdidos de Sitchin, después de la destrucción del Aeropuerto espacial del Sinaí durante las Guerras de la Pirámide, la ciudad espacial fue trasladada a Machu Picchu y el Aeropuerto espacial a la llanura de Nazca en Perú. Así, el rey Salomón pudo construir su templo en el "Monte de Dios". RS]

En los días de David, la piedra fue utilizada sólo como piso desgranado, pero David debió haber sospechado de su estado santo cuando lo adquirió para construir el templo.

Fue también cerca de la roca de Zión que Jacob observó a los ángeles subiendo y bajando gradas de una escalera a los cielos:

"Él tuvo un sueño: una escalera estaba colocada sobre el suelo, con el extremo alcanzando el cielo; y los ángeles de Dios subían y bajaban ... Jacob despertó de su sueño... Se sacudió y exclamó: ¡Cuán impresionante es este lugar! Éste no es ningún otro que la morada de Dios, y ésa es la entrada al cielo."

Coincidentemente, la frase "Entrada al cielo" es la misma terminología usada por Gilgamesh para describir la tierra de Shamash en su historia sobre el viaje a la tierra de los cedros en donde los dioses llevaron el cohete hacia la nave madre. 
  
 

¿DÓNDE ESTABA EL MONTE SINAÍ, CONOCIDO TAMBIÉN COMO MONTE HOREB?

Cuando Moisés tomó el refugio en la tierra de Midian para escapar el descontento del faraón él conoció a Jethro y se estableció cerca del Monte Horeb. La tierra de Midian estaba al noreste de Arabia en la orilla este del Golfo de Acaba (al Norte del Mar Rojo). Aquí los Midianitas se separaron al norte hacia el Sinaí y hacia Moab y la tierra al oeste de Edom.

Los Midianitas se llamaron a si mismos "los hijos de la serpiente," y aparentemente fueron los descendientes de los Anunnaki que fueron asignados defender las instalaciones en el Monte Sinaí y Cades.

Nota del Traductor.- Jethro, sacerdote de Madián, suegro de Moisés.

Nota del Traductor.- La Princesa Kozbi, hija de Tzur, fue princesa de Midian (Midián) que limitaba con Mitzraim que en hebreo significa Egipto.

Puesto que Jethro se asocia claramente a la montaña santa y parece ser su alto sacerdote, parece que Moreb estaría en la parte este del Sinaí, quizás en el área general de Midian.

Cades-Barnea está también en esa área general. El Monte Horeb estaría razonablemente cerca de Cades puesto que ésta era el área usada por los israelitas por los dos años antes de su expedición en el desierto. Jebel Halal, el llano de la cima de una montaña al oeste de Cades-Barnea, parece haber sido el histórico Monte Sinaí u Horeb.

La localización del Monte Sinaí en un área que es la conjunción del Sinaí, Seír, Parán, y Cades, se indica fuertemente en Deuteronomio 33 a la vez que Moisés está recapitulando los acontecimientos del Éxodo momentos antes que muera:

"Jehová vino del Sinaí, y de Seír, les esclareció; Resplandeció desde el Monte de Parán, y vino de entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha."

En esta notable declaración, Moisés yuxtapone estas cuatro localizaciones como si estuviesen todas en el mismo lugar. Al respecto, es pertinente señalar que el objetivo de los reyes invasores del este unos 600 años antes fue un lugar llamado El-Parán al norte del Sinaí.

Así, el Monte Horeb, el Monte Sinaí, y el Monte Parán parecen ser nombres para la misma montaña o quizás complejo de montañas al norte del Sinaí que sirvió como el centro espacial alterno después de la destrucción de Baalbek. Cades y su complejo de oasis eran parte de esta red.

La evidencia principal que el Monte Sinaí estaba bastante cerca del oasis de Cades es proporcionada en la declaración de Deuteronomio 1, donde la distancia entre los dos se indica en tiempo del recorrido:

"Once días hay desde Horeb, camino del Monte de Seír, hasta Cades-barnea".

Debe ser asumido que los israelitas se movían muy lentamente en su éxodo desde Egipto puesto que su índice de movimiento fue determinado por sus multitudes de ovejas y ganados que tuvieron que forrajear mientras que viajaron. En vista de esta restricción llevaría cerca de once días el recorrido del Monte o Jebel Halal al complejo de oasis en Cades, que es cerca de unas treinta millas.

Hay una leyenda interesante en la tradición oral de los judíos de cómo el Monte Sinaí fue elegido como el lugar de la deidad. Llamado "La Batalla de las Montañas," describe cómo el Monte Tabor, el Monte Hermon, y el Monte Carmel lucharon el uno al otro por el honor de ser el lugar de descanso del "Shekinah del Señor," es decir el lugar de aterrizaje para su vehículo espacial.

El conflicto fue establecido por una voz del cielo que les dijo:

"El Shekinah no descansará sobre estas montañas altas que son tan orgullosas, porque no es la voluntad del Dios que el Shekinah deba reclinar sobre las montañas altas que pelean entre sí. Él prefiere las montañas bajas, y al Sinaí entre ellas, porque es la más pequeña y más insignificante de todas."

El Monte Tabor tiene 1,938 pies (591 mts) de altura, Hermon tiene 9,055 pies (2,759 mts), y Carmel con 1,791 pies (546 mts). El Monte Halal tiene 2,994 pies (913 mts) de altura. Las montañas meridionales del Sinaí, el Monte Musa (2,285 mts) y el Monte Katerina (2,637 mts) que se identifican tradicionalmente como el Monte Sinaí son de 7,497 pies y 8,668 pies respectivamente.

Esta altura por supuesto, los eliminaría de la leyenda. Además, no se han asociado a la religión antigua de los cananitas.

El Monte Tabor, Carmel, y Hermon fueron todos sagrado para el antiguo pueblo de Canán. En el segundo milenio AC; estas tres montañas formaron una trilogía de los lugares sagrados a Baal, donde las capillas antiguas a este dios fueron localizadas. El hecho de que estas tres montañas fuesen consideradas por los hebreos ser la localización de su montaña santa demuestra los elementos cananitas en la religión hebrea en ese entonces.

La leyenda indica que una montaña baja fue seleccionada para ser el lugar de descanso de la nave espacial. El Monte Halal cerca de Cades es una montaña baja con una cima plana que no solamente se acomoda a la leyenda sino también se sitúa bien en virtud de su forma como plataforma de lanzamiento y de recuperación. 
 

EL SIGNIFICADO DEL COMPLEJO DE CADES

El área alrededor de Cades-Barnea se parece haber sido de mayor importancia en días antiguos. Parece haber sido uno de los objetivos de los reyes invasores en el año 2,085 AC. Después de derrotar las fortalezas de los Rephaim en Transjordania, entonces aplastaron a,

"los Horeos en el país de la colina de Seír, cerca de El-Parán, que está al borde del desierto. Ellos ingresaron de nuevo a En-Mishpat (ahora Cades) y sometieron todo el territorio de los Amalecitas, y también los Amoritas que moraban en Hazazon-Tamar (En-Gedi)."

Deben haber esquivado Cades para atacar su blanco principal, el complejo espacial en el Monte Sinaí (El-Parán). Luego destruyeron las fortificaciones e instalaciones espaciales de ayuda en Cades. Continuando por el norte, destruyeron entonces la ciudadela de En-Gedi que protegió el valle de Sidim desde el sur.

El nombre Cades-Barnea conocido (Cades significa Sagrado) se aplica generalmente a un entero complejo de oasis alimentados por los manantiales naturales en esa área. Fue fortificada en exceso en épocas antiguas. Restos de numerosos fortificaciones en el área datan cerca del 2,000 AC; en cuyo caso parecen nunca haber sido destruidas para ser reconstruidas.

Nota del Traductor - Cades es igual a Kadesh, en muchos libros y hasta en Internet se pueden encontrar uno de los dos, pero representan el mismo lugar.

El área del Monte Sinaí y Cades eran de gran importancia para los hebreos puesto que para ellos era un área de ensayos y lanzamientos en los días del éxodo. Fue aquí que fueron dichos enviar exploradores a Canán para inspeccionar la tierra y reportar sobre el estado de las defensas naturales.

Los exploradores no trabajaron en el cuerpo principal de los Amalecitas para ese tiempo ellos ya habían pasado a Egipto. Se mezclaron con los habitantes de áreas al norte tan lejanas como Hebrón. Lo que encontraron y reportaron a Moisés fue desalentador - la tierra era habitada por los Anacitas, que como los Amalecitas eran guerreros feroces. Vieron probablemente también las fortificaciones tipo-glacis de los Enacitas.

Nota del Traductor.- Anacitas (Enacitas) o los hijos de Anac (Enac), son la misma raza que los Anakim o los hijos de Anak.

En Cades las noticias fueron gravemente recibidas por Moisés que se dio cuenta que su pequeño ejército desorganizado no podría conquistar los remanentes de los Rephaim. Desde aquí, un grupo de los líderes tribales decidieron intentar saquear la tierra de Canán y fueron derrotados en Horma. Esto marcó el final de sus tentativas de penetrar directamente en Canán.

Después de dos años en el oasis de Cades, los israelitas enviaron una delegación a los reyes de Edom y de Moab para permitirles pasar sin oposición por sus tierras hasta Transjordania. El permiso fue rechazado, y los hebreos tuvieron que tomar el camino largo por el mar Rojo.

En el mes 11 del año 40., Moisés se dirigió a su gente del Monte Nebo momentos antes de cruzar el río Jordán, según lo indicado en Deuteronomio 2:

"Luego volvimos y salimos al desierto, camino del Mar Rojo, como Jehová me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por mucho tiempo Y los días que anduvimos de Cades-Barnea hasta cuando pasamos el arroyo de Zered fueron treinta y ocho años; hasta que se acabó toda la generación de los hombres de guerra de en medio del campamento."

El Antiguo Testamento es extrañamente silencioso sobre esos 38 años que los israelitas permanecieron en el desierto de Cades a la entrada de Transjordania. Es obvio que hay algunos libros perdidos en el Antiguo Testamento, tal como ésos mencionados en algún lugar como El Libro de las Guerras de Yahvé, y El Libro de Yasher.

Si fueron omitidas a propósito por los sacerdotes escribas o sólo perdidos en la antigüedad, estas omisiones se relacionan con los períodos críticos en la historia de los hebreos. Su recuperación solucionaría muchos de los rompecabezas del Antiguo Testamento. 
  
 

CIUDADES OCCIDENTALES DEL TERCER MILENIO AC.

La ciudad comercial de Ebla dominó las tierras occidentales durante este período y mucho se sabe sobre ella debido a los archivos encontrados en Tell Mardikh. Estas tablillas proporcionan una historia de sus actividades cerca del 2,550 al 2,250 AC., en cuyo caso fue destruida completamente. En el siglo 26 AC; no dominó todo el comercio en el Medio este, pero sí en el oeste.

En este tiempo, dinastías débiles gobernaron Mesopotamia, permitiendo a las ciudades como Ebla obtener y conservar un sentido fuerte de independencia. Debido a su localización estratégica manejó en las rutas comerciales de Mesopotamia al mediterráneo, Ebla se convirtió en un poder comercial con influencia sobre la mayoría de las ciudades del Medio Oriente. Fue un ciruelo grande que no podía ser ignorado por los gobernantes de Mesopotamia, que por tradición reclamaban toda esta área entera.

Los archivos de Ebla revelan muchos negocios y relaciones comerciales como, por ejemplo, una afinidad especial a la ciudad de Mari en el Eufrates, el almacén para las mercancías que iban de Mesopotamia al oeste. Además de los tratados comerciales, las dos ciudades cooperaron en varias materias académicas por ejemplo en el entrenamiento de escribas, una profesión muy importante en ese entonces.

Otro texto recuperado fue encontrado para ser una lista geográfica de las ciudades que negociaban con Ebla: Byblos, Sidón, Ashdod, Megiddo, Jaffa, Carquemis, y muchos otros no localizados. Estas listas proporcionan un catálogo de las ciudades viables de la era.

De significado particular en esta relación comercial es una lista de ciudades mencionadas en el Génesis - Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboím, y Bela. Todos se enumeran en una sola tablilla exactamente en el mismo orden que fueron agregadas a Damasco. La repetición de las ciudades según lo encontrado, en el mismo orden, parecería implicar una relación especial entre las cinco ciudades, quizás un consorcio de negocios o una alianza comercial.

La importancia de Ebla en el panorama del Medio Oriente es atestiguada por al uso de "en" para denotar al rey. Revela un estatus especial y acerca relaciones con Uruk a tal grado que solamente se permitió a los reyes de Uruk, la ciudad sagrada de An, utilizar este título prestigioso. Otros soberanos de Mesopotamia fueron llamados "lugal."

La más antigua referencia a Ebla de la literatura cuneiforme de Mesopotamia data del período de la Dinastía Acadia, 2,334 2,154 AC. Sargón El Grande, fundador de la dinastía, se jactó de conquistar Ebla. Él no devastó la ciudad puesto que sobrevivió a su reinado.

Unos cien años más tarde, su nieto Naram-Sin no estaba satisfecho con someter a las ciudades del oeste sino también las destruyó. Según el arqueólogo Pettinato, la expedición italiana de 1,974, que descubrió el palacio real de Ebla, encontraron que había "indudablemente rastro de una enorme conflagración y que Naram-Sin de Acadia fue considerado responsable de su ardiente destrucción".

Llamada generalmente La Edad de Bronce, desde el 3,000 al 2,000 AC., este período acabó por la extensa destrucción. La ciudad de Ai fue destruida totalmente en el 2,200 AC., y siguió siendo una pila de piedras por mil años. Asimismo, Jericó fue quemado por una gran conflagración en este tiempo.

Tal como Jericó protegió el extremo inferior del valle de Jordania, Beth-Shan controló los acercamientos en el norte, dominando el valle en su más lado más amplio, y protegiendo la carretera que lo conectaba con la costa. En el extremo occidental de esta ruta, la ciudadela de Megiddo permaneció resguardada.

La fortaleza de Beth-Shan es más que una importante transición porque es importante por otra razón. El nombre Beth-Shan significa "Templo del Dios Serpiente", y numerosas representaciones de serpientes fueron encontradas aquí. Pudo haber sido centro de culto de la serpiente que estaba ampliamente extendido en aquella apoca en Palestina.

En el Tercer Milenio, una gran población ocupó la parte más baja de Transjordania cerca del Mar Muerto. Un cementerio enorme encontrado en Bab Edh-Dhra revela centenares de tumbas tipo columnas usadas para el entierro grupal. Una estimación del tamaño del cementerio indica que podría contener por lo menos 20,000 de esas tumbas. El área sufrió una devastación cerca del 2,200 AC., y siguió siendo una tierra desolada por mil años. 
  
 

SARGÓN EL GRANDE Y LA SUBIDA DE LA DINASTÍA ACADIA

A excepción de las hazañas de Gilgamesh, uno de los reyes de la ciudad de Uruk, es históricamente poco conocido sobre la primera mitad del Tercer Milenio AC. Las ciudades estados de Mesopotamia fueron gobernados por una sucesión de reyes débiles y los detalles del reinado de estos gobernantes no se saben hasta el advenimiento de Sargón que fundó lo que se llama la Dinastía Acadia cerca del 2,334 AC.

Sargón no nació de un rey legítimo; sus antecedentes son un misterio, y su nombre ha llegado a ser legendario por generaciones que se refirieron a él como Sargón El Grande. Es posible que haya sido hijo de una sacerdotisa y de un Dios Sumerio que tuvo una aventura en a tierra. Su origen se describe en el poema biográfico "La Leyenda de Sargón".

"Sargón, el poderoso rey, rey de Agade soy. Mi madre fue abandonada cuando nació, a mi padre no lo conocí no. Mi madre que fue abandonada de niña me concibió en secreto."

Sargón luego describe fue dejado a la deriva en el río Eufrates en una cesta de las cañas selladas con betún, y encontrado más adelante por un cargador de agua que lo educó como su propio hijo. Sargón entonces revela cómo trabajó como jardinero y llamó la atención de la diosa Inanna (Ishtar) que le concedió sus favores y le hizo rey de la ciudad de Agade.

La frase "abandonada de niña" se traduce a veces como sacerdotisa porque su significado es incierto. Era el término, sin embargo, es aplicado a la unión de un dios y un ser humano. Debido a su sangre divina fueron considerados miembros de la aristocracia y como raza considerados reyes y sacerdotes gobernantes del imperio sumerio.

Sargón primero se convirtió en cargador para el rey de Kish; entonces por algunas razones el desconocido Kish dejó de tener el favor de los dioses y Sargón se convirtió en rey de Agade. La transición se describe en el poema "La Maldición de Agade" que fuertemente sugiere que Sargón fue asistido por ciertos dioses que despejaron convenientemente se apartaron del camino para destruir a Kish y a Uruk.

"Cuando Enlil arrugando el ceño, iracundo, hubo dado muerte al pueblo de Kish, como el Toro del Cielo, y que, igual que un buey poderoso hubo reducido a polvo la casa de Uruk, como Toro Gigante, después en el debido momento, Sargón rey de Agade de las tierras arriba y las tierras de abajo, Enlil le concedió señorío y majestad."

El "Toro del cielo" era un eufemismo usado a menudo en las leyendas sumerias para una de las armas especiales usadas por las deidades. Aparece gráficamente en la leyenda de Gilgamesh, por ejemplo, cuando él y su compañero Enkidu planearon destruir el "Toro del cielo" un arma enviada por la diosa Ishtar.

De las inscripciones preservadas de Sargón sabemos que él conquistó toda Siria septentrional hasta Anatolia y hasta las fronteras del Líbano. También proporciona la primera referencia registrada a Ebla en escritura cuneiforme:

"Sargón el rey arrodillado en rezos ante Dagón (Enlil) en Tuttul. Él le dio las regiones superiores: Mari, Iarmutu, y Ebla hasta el bosque de los cedros y las montañas de plata. Enlil no dejó a cualquier persona oponerse a Sargón."

Nota del Traductor.- La Escritura Cuneiforme es la forma más antigua conocida de expresión escrita de la que se han encontrado restos arqueológicos. Creada por los sumerios a finales del cuarto milenio AC, la escritura cuneiforme surgió como un sistema de pictogramas (jeroglíficos). Con el tiempo, las representaciones pictóricas se simplificaron y se hicieron más abstractas, que dio lugar a lo que se conoce como escritura cuneiforme.

Hay varios puntos de interés en las demandas de Sargón. Él conquistó Mesopotamia, el valle superior y las tierras al oeste, hasta las fronteras de Anatolia (La Montaña de plata) y el Líbano (El Bosque de Cedro). En otra parte, él describe cómo capturó las ciudades del litoral del Líbano y el valle de Bekaa, según lo indicado en el poema auto-elogioso "La Leyenda de Sargón" él se jacta:

"Las tierras del mar, tres veces las circundé. Mi mano capturó Dilmun."

Las ciudades de la costa del mediterráneo fueron capturadas al parecer por Sargón, ciudades que fueron referidas generalmente como Las tierras del Mar en la literatura de Mesopotamia. Aunque Sargón entró en el valle del sacrosanto entre las montañas, al parecer no causó ningún daño y fue satisfecho simplemente con poner su marca en la tierra de Dilmun.

Sargón conquistó el mundo conocido desde Egipto hasta la India y se le conocía como genio militar, administrador y constructor imaginativo, y una de las figuras políticas más notables del este antiguo. Leyendas posteriores y crónicas que celebran las hazañas de Sargón sugieren que sus conquistas pudieron haber incluido las tierras de Egipto, Etiopía, y también la India.

Diferente a las reglas que siguió, Sargón prefirió conquistar y gobernar su vasto imperio, uno que abarcó todo el mundo conocido. Esto se manifiesta en los archivos de Ebla que revelan que la ciudad parecía prosperar bajo la administración de Sargón pero fueron destruidas más adelante por su nieto Naram-Sin.

Sobre la muerte de Sargón, la realeza fue a su hijo Rimush que asumió el control de un imperio rasgado por el revuelo y la rebelión. Rimush gobernó por nueve años durante los cuales intentó subyugar las ciudades de Mesopotamia que se habían rebelado. Su corto reinado sugiere una muerte violenta y según se informa fue asesinado por sus criados.

Man-Ishtushu se convirtió en regente y gobernó por 15 años y estaba mayormente preocupado sobre todo con intentar recuperar las colonias distantes que se habían amotinado. Parece que también murió en una rebelión en el palacio. No está claro si Naram-Sin mató a su padre para asumir el título de realeza pero en vista de sus actividades subsecuentes parece altamente probable.

Nota del Traductor - Man-Ishtishu fue hermano mayor de Rimush.

Gobernando a partir del 2,254 AC. al 2,218 AC; Naram-Sin sometió las ciudades rebeldes de Mesopotamia y recuperó las colonias perdidas. Desafortunadamente, su excesiva ambición y crueldad no presagiaron bien; y aunque intentó recuperar el imperio de su abuelo Sargón, hizo que paguen un precio terrible.

No solamente destruyó las instalaciones espaciales en Baalbek sino también devastó las tierras del Líbano, y la envenenó de modo que fuera inhabitable por mil años. Se jactó de cómo destruyó las ciudades al oeste como Ebla.

Naram-Sin se proclamó dios y asumió todos los atavíos de la divinidad, habiéndose representado usando un casco con cuernos (imagen izquierda), símbolo de un dios.

También se puso el "dingir" o el símbolo de la estrella antes de su nombre, uso que fue restringido a los dioses. Sus políticas trajeron abajo la dinastía Acadia, y las tierras de Mesopotamia fueron devastadas y extendió el caos por cientos de años.

Nota del Traductor - Dingir: Máxima divinidad de los Acadios, una de las formas de poder creativo reconocido por los antiguos acadios. Cada uno de éstos poderes es el principal dentro de su propio campo de actividad en el universo. Estas divinidades son elementos cósmicos. 
  
 

NARAM-SIN, EL REY QUE SERÍA UN DIOS

Tan poderoso y violento como la figura de su abuelo, Naram-Sin se convirtió en el tema de muchas tradiciones, algunas elogiosas, pero sin mucha adulación. Lo recuerdan como el rey que causó la destrucción de la ciudad de Agade y el final de una dinastía.

Extendió las fronteras del imperio despiadadamente, describiéndose como "Rey de los Cuatro Cuartos", que significó evidentemente Señor de todo el Mundo Civilizado como entonces fue conocido.

También se auto proclamó "Conquistador de Arman y Ebla" y se jactó que fue el primero en destruir estas ciudades. La afirmación tiene algo de verdad, porque cuando los arqueólogos desenterraban Ebla en 1,974, encontraron evidencia de una enorme conflagración y la ciudad fue destruida en esta era. Las ruinas de Arman todavía tienen que ser localizadas.

Hay tres principales fuentes que proporcionan la mayoría de información que sabemos acerca Naram-Sin y su carrera:

1.- Un estela que erigió en Sippar, encontrada más adelante en Susa, que lo muestra escalando una montaña de sus enemigos abatidos. Él enfrenta a un gran objeto cónico en la cima de una montaña con la estrella de Shamash sobre su cabeza. El Naram-Sin usa un casco con cuernos, símbolo de un dios. El objeto cónico que él enfrenta es una representación simbólica de la cápsula de comando, según lo discutido previamente; fue la morada de los dioses.

2.- Una composición sumeria conocida como "La Leyenda de Naram-Sin" relata su expedición a la tierra de las montañas donde no sólo destruyó las ciudades rebeldes, sino también perdió a su ejército entero en el proceso.

3.- Unas 280 líneas de un poema sumerio historiográfico "La Maldición de Agade, la venganza del Ekur", que fue compuesto poco después de su muerte, quizás como exculpación de sus políticas destructivas y su comportamiento sacrílego en el saqueo del Ekur sagrado, que condujo a los dioses a implantar una maldición en Naram-Sin y su ciudad de Agade.

Nota del Traductor - Poema historiográfico: Poema histórico ilustrado.

Todas estas fuentes parecen estar relacionados con la expedición de Naram-Sin a la tierra del Líbano y a la destrucción de la ciudad espacial en Baalbek. 
  
 

DESTRUCCIÓN DEL "EKUR" O LA TORRE COHETE Y EL EDIFICIO DE ASAMBLEA EN Baalbek

La narrativa de "La Maldición de Agade" comienza con la subida de Sargón al poder la ayuda de Ishtar, que hizo a Agade su ciudad tutelar. Con la ayuda de Enlil, según el autor, el imperio de Sargón prosperó y floreció hasta el advenimiento del Naram-Sin a la realeza. Poco después que asumiera el poder, los dioses abandonaron la ciudad e Ishtar quitó su patrocinio, dejando la ciudad débil y empobrecida.

Al principio, Naram-Sin aceptó su fatalidad con humildad, pero después de siete años de este comportamiento contrito, él consultó al oráculo del Ekur y al parecer fue rechazado. Su humildad se volvió desafío y movilizó a su ejército y atacó el Ekur, profanó sus lugares sagrados y devastó la tierra.

Según la leyenda, esto trajo abajo la cólera de Enlil que soltó a las tribus barbáricas de las colinas circundantes que diseminaron la devastación a lo largo la tierra de Mesopotamia.

La clave para entender esta historia es la identificación del "Ekur" de Enlil, cuya violación fue tan grave como para traer abajo la cólera de los dioses que habían sido llamados en consejo. El Ekur se ha comparado tradicionalmente con el templo de Enlil encima del ziggurat en Nippur, su ciudad sagrada, según traducciones e interpretaciones comunes.

Esta identificación, sin embargo, origina muchas dificultades con el texto, porque en ninguna parte en el texto la ciudad de Nippur es mencionada o al menos sugerida.

El término sumerio E-KUR se compone de la letra o símbolo E, que significa "casa u hogar" y la palabra KUR que significa "montaña o colina". Además se usa para denotar una formación natural de tierra, también se aplica a una montaña artificial tal como un zigurat o a cualquier edificio artificial grande. Los rascacielos de hoy se adecuarían muy bien al término Ekur.

No hay ninguna indicación en el texto que el referido Ekur es el que está en la ciudad de Nippur y se ha asumido desde el principio que fue este templo de Enlil el que fue violado. El texto indica claramente que el Ekur estaba situado en una tierra boscosa, uno con árboles de ciprés y cedro. No hay bosques en el llano aluvial de Mesopotamia, particularmente cerca de Nippur, con todo, este hecho crítico ha pasado igualmente desapercibido por los traductores y comentaristas.

El texto cuneiforme hace ciertas declaraciones que eliminan claramente a Mesopotamia y señalan en algo a la tierra del Líbano, y a la ciudad de Baalbek. Las acciones de Naram-Sin, según el texto eran como sigue:

"Él desafíó la palabra de Enlil, aplastó a los que se habían sometido a él (Enlil), movilizó sus tropas".

Es obvio que Naram-Sin está totalmente enajenado del panteón sumerio, y en particular de su jefe Enlil, quien bendijo las conquistas de Sargón sobre Ebla y Dilmun. El poema entonces describe el asalto de Naram-Sin sobre el Ekur de Enlil:

"Como un bandido que asalta una ciudad, él erigió grandes escaleras contra la casa, para destruir el Ekur parecido a una enorme nave... contra la casa que no era una montaña, donde el cedro estaba cortado. Él forjó grandes hachas, hachas de doble filo afiladas para la destrucción."

Las supuestas "Grandes hachas de la destrucción" se refieren probablemente a una cierta clase de arma destructiva en gran escala. La destrucción del Ekur fue completa, así que extendió sus efectos afectado la tierra entera, incluso Mesopotamia. Los bosques de la tierra del Ekur fueron totalmente devastados, mientras,

"Naram-Sin echaba al fuego cedro, ciprés, y árboles de zabalum. Pulverizó su árbol de giguna".

La destrucción de la tierra fue completa, el Ekur destruido, y su contenido saqueado y enviado a Agade. La estructura sobre la plataforma de piedra en Baalbek, la montaña artificial o edificio de asambleas y la estructura del lanzamiento del cohete fueron destruidas.

Esto se describe en mayor detalle en el poema:

"La gente ahora vio su cela, la casa que no conocía ninguna luz, la sierra Acadia, las vasijas sagradas de los dioses, su gran lahama de dubla, que sostenían la casa."

Los términos "lahama" y "dubla" son desconocidos y dejados sin traducir, puesto que no cabe ningún significado conocido. El contexto de su uso indica que se refieren a algo en el mismo Ekur sí, tal como un gran aumentador de presión que estaba parado en la "cela" o sitio interno del edificio. "Cela" es el término generalmente usado para el lugar interno más sagrado de un templo o palacio, es decir, el más santo de los santos.

Aunque el poema está en Acadio Semítico, es muy probable que estos términos desconocidos sean términos prestados del sumerio original. En el caso de "Dubla," DU es el término sumerio para "enlace o conexión", y BLA, una forma de BAL significa "viga transversal" en relación a las estructuras de los edificios. Así, DU-BLA podría significar el marco o las "vigas transversales consolidadas" que se refieren a la estructura para el vehículo espacial, que en este caso sería el "lahama".

El término "lahama" también se presta a la definición sumeria. LA significa "brillo o luz", HA o KA es la palabra para "boca o hablar", y MA es el término común usado para barco o nave. Así, LAHAMA probablemente significa "la nave cuya boca habla en voz alta y brillantemente" o, es decir un vehículo espacial.

Así, el poema épico "La Maldición de Agade" divulga que el Ekur no era sólo un templo encima de un zigurat en Nippur sino era una moderna de torre que se asentaba sobre una plataforma de lanzamiento de cohetes en Baalbek. Las tierras pobladas de árboles que fueron devastadas por Naram-Sin fueron las del Líbano.

En el poema, Naram-Sin había consultado un oráculo, probablemente a Ishtar, donde él solicitó acceso a las tierras sagradas y su admisión fue rechazada. Puede ser que en aquella época que él haya decidido invadir y apoderarse de las tierras. En "Lla leyenda de Naram-Sin" hay una situación similar donde Naram-Sin es rechazado por un oráculo así que decide movilizar a su ejército e invadir la "tierra montañosa" y destruir la "ciudad rebelde".

El uso de armas espaciales destructivas en gran escala es sugerido por la referencia a las hachas de doble filo de destrucción. En "La Leyenda de Naram-Sin" se utilizó un arma similar llamada "La Inundación" y también causó daño masivo y terminó con la guerra.

Según "La Maldición de Agade" las armas de Naram-Sin,

"nivelaron la tierra... él hizo pedazos los árboles, la lluvia de polvo color rosa del cielo azul. Derribó sus puertas, cortó la vitalidad de la tierra".

La recompensa vino rápido a Naram-Sin. Enlil convocó a los dioses a una reunión especial, y según el poema, la gravedad del asunto es demostrada por el panteón que decidió su destrucción: Enki, Inanna (Ishtar), Sin, Ninurta, Ishkur (Adad), y Utu (Shamash), todos los dioses importantes que tomaban las decisiones dominantes del panteón.

Primero se decidió devastar toda Mesopotamia pero se ablandaron y castigaron solamente la ciudad de Agade. La destrucción de la ciudad fue tan minuciosa que incluso hasta hoy la ciudad no ha sido encontrada.

La destrucción separó al resto de Mesopotamia, sin embargo, se colocó a la ciudad en condiciones devastadas y caóticas por cientos de años. Pudo haber sido causada por una lluvia radiactiva del Líbano, viendo que Mesopotamia está en dirección de los vientos predominantes.

El poema describe condiciones de hambre y enfermedad, y relata cómo los "únicos que durmieron en la azotea murieron ahí" al parecer como resultado de la exposición a la lluvia radiactiva.

El otro poema sumerio llamado "La Leyenda del Naram-Sin" se refiere a una expedición a una tierra distante en donde él destruyó a la gente de una "ciudad rebelde" situada en una tierra montañosa. Naram-Sin luchó con las tropas de esta tierra que eran varios cientos de miles.

En tres años sucesivos, Naram-Sin envió un ejército enorme para capturar la tierra montañosa. 180,000 fueron enviados el primer año, 120,000 el segundo, y 60,000 el tercero. Pero ninguno de ellos regresó vivo. Los ejércitos parecen haber sido destruidos por una especie de "Arma de aniquilación masiva" que se asemejó a las "hachas de la destrucción" mencionada en el otro poema.

No está clara quiénes iniciaron el arma "Del Juicio Final", Naram-Sin o los defensores de la montaña. En todo caso, los resultados fueron devastadores para la tierra del Líbano y aparentemente también para la civilización de Mesopotamia. Las tierras del Líbano fueron evitadas escrupulosamente por los próximos mil años.

Las leyendas del héroe Gilgamesh ciertamente fueron conocidas por Naram-Sin y su excesiva ambición, probablemente intentó emularlo, así como duplicar los logros de su abuelo Sargón. Al declararse un dios, demostró que al parecer no había límites a su excesiva ambición de egolatría.

Ciento y cincuenta años después, otro rey del este invadió las tierras occidentales básicamente por las mismas razones que Naram-Sin, de apoderarse o de destruir las instalaciones espaciales que ahora estaban situadas en el Sinaí meridional, en el área de Cades, siendo trasladadas desde Baalbek. El desastre golpeó otra vez a las tierras occidentales, pero también trajo abajo al rey invasor.

Después de la muerte de Naram-Sin, hubieron algunos reyes de menor importancia de la dinastía, pero gobernaron sobre una tierra arruinada y no podían detener el ataque de los Reyes Guti que descendieron de las montañas circundantes. Las tierras permanecían en las manos de los hordas Gutis alrededor de cientos años, una época donde no había autoridad central en Mesopotamia.

Nota del Traductor - Reyes Guti: Asumieron el poder en Mesopotamia en el siglo 22 AC. por desestabilidad de los Acadios. Los reyes invasores también fueron conocidos como Gutii y gobernaron entre 80y 120 años.

A Utu-Hegal se le acredita la expulsión de los Gutis y la reorganización de las ciudades bajo la Tercera Dinastía de Ur. Él fue derrocado por el lugarteniente Ur-Nammu, que también intentó resucitar la gloria del viejo imperio.



LAS INSTALACIONES ESPACIALES DESTRUIDAS DEL MONTE SINAI ­ CADES

"A nuestro rey (Enlil ha dado) la poderosa arma Udug que redujo a polvo la tierra enemiga, que devastó las tierras rebeldes ... También tiene al pastor Ur-Nammu que destrozó las montañas y las cubrió con veneno ... Devastó la ciudad de la maldad y le cambió el curso con una poderosa destrucción en un lugar frecuentado. También tiene al pastor Ur-Nammu que hizo explotar su gas ardiente en la casa de la tierra rebelde." 
Tablilla Cuneiforme Sumeriaia

De todas las narrativas patriarcales de la Biblia, Génesis 14 es el único que se ha fijado en un contexto de la historia del mundo. Describe una invasión del este en el año 2,085 AC. y el papel de Abraham en defender la tierra de Canán. Esto es parte de un extenso panorama de la historia del nacimiento de Abraham en el año 2,167 AC; hasta el 2,067 AC. cuando Sodoma y Gomorra y otras ciudades del valle de Sidim fueron destruidas. Esto puso fin al conflicto sobre el control de las tierras occidentales y de las instalaciones espaciales.

Este marco de tiempo coincide con el final de la Edad de Bronce Antigua, conjeturado como entre el 2,100 y el 2,000 AC, marcado por la destrucción a gran escala de las ciudades del Levant. Durante estos años, la Tercera Dinastía de Ur se levantó a la prominencia en Mesopotamia y según la cronología tradicional, gobernó a partir del 2,114 AC. al 2,004 AC. Para reflejar la yuxtaposición de las actividades de Ur-Nammu y Abraham, ha sido necesario ajustar estos años por diez, porque ningún otro rey de Mesopotamia de la era se acomoda al trasfondo bíblico tan bien.

Abraham nació en la ciudad de Ur en Mesopotamia en el 2,167 AC; cuando la tierra todavía estaba bajo control de los hordas Gutis. Alrededor del año 2,109, los Gutis fueron derrotados por Utu-Hegal de Uruk que los expulsó de Mesopotamia. Uno de sus gobernadores usurpó el trono y se apoderó del control en el año 2,102 AC.. Éste era Ur-Nammu que gobernó por 18 años según la Lista de los Reyes Sumerio. Ur-Nammu y los reyes subsecuentes asumieron el nombre del dios Sin como su patrón, sugiriendo la ayuda de esta deidad y su sacerdocio.

Abraham y su padre Taré eran altos sacerdotes que servían a las deidades de Adad [el Príncipe Ishkur, el griego Ares, el "Dios de la Guerra" niburiano] en la ciudad de Ur. El cambio en la realeza los colocó en una posición peligrosa; y en el 2,106, emigraron sabiamente a Harán en Mesopotamia septentrional, una ciudad al borde de las tierras hititas controladas por Adad.

Nota del Traductor - Taré fue un patriarca bíblico. Tuvo tres hijos: Arán, Abraham y Nacor. De Ur en Caldea emigró con su familia a Harán en Mesopotamia, donde murió y fue enterrado cerca del 2,100 AC.

Nota del Traductor - Adad: Para los asirios es un dios de doble aspecto: El terrible rige los vendavales, truenos y tormentas, él fue el generador del diluvio que eliminó a los hombres por orden de Bel. El benéfico rige las aguas fecundantes, las lluvias y el rocío.

[Comentario: Será observado que los "Hititas" o "Amalecitas" fueron de hecho "correlaciones fantasmas" de las dinastías asirias y babilónicas del rey Pitkanas de Kusarra en el 1,050 AC. hasta la conquista persa de Ciro El Grande en el 519 AC. RS]

La primera invasión Palestina por Ur-Nammu fue en el 2,100 poco después que él consolidara su posición entre las ciudades del valle de Mesopotamia. La invasión se implica solamente en el libro del Génesis, pero se describe en Las Antigüedades de Josefo. En este tiempo, Ur-Nammu forzó un tratado y un aseguramiento del lealtad en las ciudades del valle de Sidim: Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim y Zoar. Estas ciudades estaban situadas en aquella época en el valle ahora cubierto por la parte septentrional del Mar Muerto.

Por 12 años, según referido en el Génesis, el pacto se sostuvo firme; en el año 13 las ciudades se rebelaron y rechazaron pagar tributo. En el año 14, los reyes del este invadieron las tierras.

La rebelión fue fomentada al parecer por Adad por el año 2,091, pocos años antes de que se rebelaran, Abraham fue enviado a Canán y luego a Egipto, para instalar al parecer defensas contra cuál era seguro ser una invasión del este.

El año antes de la invasión, Abraham volvió de Egipto con una princesa como prometida y probablemente una separación de tropas. Abraham fue a Bethel cerca del Ai donde dividió sus fuerzas: Lot llevó sus tropas al este para defender la ciudad de Sodomaa en el valle de Sidim. Abraham desplegó sus fuerzas al sur de la fortaleza de Anak (Anunnaki) en la ciudad de Hebrón en donde ganó valiosos aliados de Anak (Anakim).

Así, la magnífica estrategia de Adad era defender la tierra y particularmente el complejo espacial en el Sinaí septentrional. La estrategia era triple:

1. Una cadena de fortalezas de los Rephaim en Transjordania defendió el acercamiento conocido como el Camino del Rey (imagen derecha). Fueron creídas ser impenetrables.

2. El acercamiento a través del valle de Jordania fue protegido por los ejércitos de las cinco ciudades del llano, reforzado por el ejército de Lot. Varias ciudadelas importantes como Beth-Shean y Jericó también bloquearon este acercamiento.

3. La tercera ruta posible de la invasión estaba a través de las tierras al oeste del valle, a través de Jerusalén. Fue protegida por las fuerzas de Abraham, completadas con un contingente egipcio y Anacitas, o Rephaim, aliados de la fortaleza de Hebrón.

La disposición de las fuerzas de Abraham al sur de Jerusalén y al norte del Sinaí revela que él cuidaba mucho más que sólo las ciudades del valle de Sidim. Su preocupación principal parecía ser la seguridad del complejo espacial en el Monte Sinaí y Cades-Barnea.

El año siguiente, los reyes del este bajo el mando de Ur-Nammu invadieron las tierras occidentales. Este debe haber sido un ejército formidable, según lo revelado en el Haggadah cerca de 800,000 soldados, penetraron fácilmente las tierras de Transjordania y destruyeron las fortificaciones de los Rephaim.

La rapidez con la cual atravesaron esta área fuertemente defendida, indica el uso de armas especiales de destrucción total, proporcionados por su deidad Nannar-Sin.

Abraham se ocupó tardíamente del enemigo en Dan, al norte del mar de Galilea, y otra vez cerca de Damasco en donde liberó a Lot y a sus hombres y recuperó la mayoría del botín del en posesión del ejército que se retiraba precipitadamente.

Es desconcertante porqué los invasores no se detuvieron y lucharon contra las pequeñas fuerzas a disposición de Abraham y no preservaron su botín y sus prisioneros. El ejército invasor estaba parado sobre su tierra, fácilmente pudo haberse defendido, ellos habrían derrotado fácilmente al ejército de Abraham. Sin embargo por alguna razón no mencionada, el ejército estaba presuroso en regresar a su tierra nativa.

Ur-Nammu es conocido para haberse enfermado gravemente en una expedición a tierras extranjeras y haber muerto poco después de su regreso a su ciudad capital en Ur. Es posible que haya sucumbido a los efectos de sus propias armas, quizás toxicidad química o lluvia radiactiva.

Shulgi entonces se convirtió en rey y un período de tranquilidad parece haber venido sobre la tierra de Canán. Durante este período, Abraham al parecer, rompió relaciones con Egipto, según lo demostrado en el tratamiento a Hagar, su esposa egipcia, y su hijo y heredero Ismael. Las ciudades volvieron a la tutela de los reyes del este y reafirmaron su lealtad a la dinastía de Ur.

Considerando la incapacidad de Adad de defenderlas con éxito contra la fuerza del poder de Mesopotamia, parece haber sido un movimiento lógico. En la persona de Yahvé, Adad se retrata en el Antiguo Testamento como dios vengativo. Esta su venganza sobre las ciudades del llano no debe haber sido ninguna sorpresa.

En el año 2,067 AC; viendo que no podía conservar su lealtad, destruyó las armas de destrucción masiva en las ciudades del llano que también rompieron el piso del valle, dando resultado a la formación de un mar interior. 
  
 

ABRAHAM, ALTO SACERDOTE Y GENERAL DE ADAD

A la familia detrás de Abraham le es dada una breve mención en el Génesis que indica en pocas palabras:

"Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Saraí su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí."

Obviamente, Génesis no es ninguna ayuda para obtener información sobre la vida temprana y actividades de Abraham en la ciudad de Ur en donde nació y fue criado. No obstante, hay otras fuentes que completan las omisiones del Génesis, tales como el de Josefo en sus libros de Antigüedades de los Judíos, El Libro de Jubileo, El Libro del Apocalipsis de Abraham, y de la tradición oral de los hebreos según lo registrado en el Haggadah.

Según el Jubileo, Abraham vino de una larga línea de altos sacerdotes que sirvieron a las deidades locales de las ciudades de Mesopotamia. Nahor su abuelo aprendió sobre el conocimiento especial del sacerdocio de su padre:

"Nacor creció y moró en Ur entre los caldeos, y su padre le enseñó los conocimientos de los caldeos para practicar la adivinación y la astrología según las señales de los cielos."

El hijo de Nahor continuó la tradición de la familia; él a su vez fue asistido en sus deberes sacerdotales por su nieto Abraham. Así, se registra que por lo menos cuatro generaciones sirvieron al sacerdocio en la ciudad de Ur.

El Jubileo menciona cómo Abraham en sus 60 años discrepó con su padre e incendió el templo que contenía los ídolos. Su hermano Arán se arrojó para salvar a los ídolos pero falleció en el fuego. Por destruir el templo, según el Jubileo, que forzaron a Taré y su familia salir de Ur. La verdadera razón de la migración, sin embargo, miente en la confusión política de los tiempos, y puede ser que el templo que destruyeron, haya sido el de Enlil o de Nannar-Sin.

Probablemente la más detallada y fascinante historia de la vida temprana de Abraham se encuentra en El Libro del Apocalipsis de Abraham o El Apocalipsis Eslavonico de Abraham, como se le denomina a veces, data del siglo primero DD (Después del Diluvio); y se origina probablemente en hebreo en Palestina. Estaba perdido totalmente para la iglesia cristiana occidental hasta el siglo 11 AD, habiendo sido preservado en eslavonico antiguo.

En este documento, Taré se describe no solamente como un astrólogo sino también creador de ídolos. Con la ayuda de su hijo, Taré hizo un taller que confeccionaba los ídolos para los templos de las ciudades de Mesopotamia así como para la venta a ciudadanos privados para el uso en casa. Éstos fueron hechos de diversos materiales: piedra, madera, hierro, cobre, plata, y oro, con un valor determinado por la sustancia y la ejecución.

Estos ídolos eran probablemente los Teraphim del Antiguo Testamento y los ídolos animados de los Sumerios, con los dispositivos incrustados en las estatuillas y paquetes de energía insertados en los zócalos de los ojos, que actuaban como sistemas de radio-comunicación.

El padre de Abraham no era sólo un sacerdote ordinario, según el Haggadah, él era "Príncipe y magnate en la casa del rey." El rey era probablemente Utu-Hegal, y así el destino de Taré y Abraham fue conectada íntimamente con la fortuna de esta casa gobernante. 
  
 

ABRAHAM SALE EN UNA MISIÓN POR ADAD

Abraham dejó Harán para ir a la tierra de Canán cuando él tenía 75 años. Así, él permaneció en Harán por 14 años, a partir del 2,106 al 2,092 AC. Aunque las Escrituras son silenciosas sobre estos años, los acontecimientos son rápidamente movidos a un fin. En Ur, el ambicioso Ur-Nammu consolidaba su reciente posición ganada, sometiendo a las otras ciudades de Mesopotamia. Entonces puso su atención en las tierras occidentales.

La historia se narra en el Génesis:

"Doce años habían servido a Quedarlaomer, pero en el año 13 se rebelaron. En el año 14 vinieron Quedarlaomer y los reyes que estaban con él, y derrotaron a los Refaítas."

El pacto entre los reyes Cananitas y Sumerios, conducidos probablemente por Ur-Nammu, fue en consecuencia decretado catorce años antes en el 2,098 AC. Según Josefo, este tratado fue el resultado de una incursión de los reyes de Mesopotamia que eran los "conquistadores e impusieron un tributo a los reyes Sodomitas que los sometieron a esta esclavitud por doce años". La invasión anterior había ocurrido durante los años que Abraham estaba en Harán. El debe haber atestiguado estos acontecimientos que regocijaron a Ur-Nammu.

Se sabe por La Lista de los Reyes Sumerios que las hordas Gutis gobernaron Mesopotamia por 91 años después de la destrucción de Agade. Entonces fue establecida la monarquía por siete años en Uruk bajo la tutela de Utu-Hegal.

La Lista de los Reyes luego secretamente indica que "Uruk fue violentamente golpeada con las armas y su monarquía feneció en Ur". Raramente una monarquía cambia de manos de este modo en la Lista de los Reyes. Cuando golpean violentamente una ciudad o a un enemigo "con las armas", se refiere generalmente a la destrucción inusual por ejemplo por las armas no tradicionales, es decir, las armas especiales de los dioses.

Utu-Hegal de la desafortunada ciudad de Uruk dejó un monumento de sus hazañas en una tabletilla de arcilla en donde reza a los dioses Ishkur (Adad) y Utu (Shamash) por su ayuda para derrotar a los Gutis y volver a la monarquía en Uruk. Adad y Utu eran dioses de las tierras occidentales, es decir, Anatolia y el Líbano respectivamente. ¿Fueron éstos los dioses a los cuales Taré y Abraham sirvieron? Si es así, entonces fueron forzados para salir de Ur cuando Ur-Nammu estableció su capital en su ciudad natal de Ur.

Ur-Nammu tenía la ayuda de Nannar-Sin y todo el sacerdocio leal a él; esto se demuestra en la afinidad de los reyes de esta dinastía para unir su nombre al de ellos, por ejemplo: Amar-Sin, Shu-Sin, e Ibbi-Sin.

Incluso de la versión abreviada de las actividades de Abraham según lo proporcionado por el Génesis, es absolutamente obvio que él no era sólo un jefe nómada ordinario. El podía movilizar un número importante de tropas con poca anticipación y contratar hordas invasoras formidables. Debió haber sido más para la migración que sólo un vago impulso por establecerse y poblar una nueva tierra. Así, en el año 2,092, el año 15 de su estancia en Harán, Abraham recibió órdenes marchar.

Génesis indica concisamente que Yahvé apareció a Abraham y le dijo a Sara y a Lot tomar,

"todas las posesiones que habían adquirido, y a todas las personas que habían obtenido en Harán" y partir hacia la tierra de Canán.

La declaración deja abierta la cuestión del tamaño de su contingente, y "todas las personas que habían obtenido en Harán" habrían podido ser un número considerable de gente.

Saliendo con su séquito, Abraham prosiguió al sur de Siquem, un sitio que desempeña un papel significativo en las últimas actividades de los hebreos. "Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino (terebinto) de More" dice Génesis (12:6).

Usualmente, More se traduce como un nombre personal, pero su significado original es "guía" u "oráculo." En el libro de Jueces el "More" en Siquem se refiere como el "terebinto del adivino", que al parecer era un lugar en donde se podía entrar en contacto con los dioses. 
  
 

ABRAHAM VUELVE DE EGIPTO PARA ESTABLECER LAS DEFENSAS

En el Bethel, Adad le dijo Abraham ir a Egipto en donde, según el Jubileo, él permaneció por cinco años. ¿Fue la visita de Abraham una misión por encargo de Adad para asegurar sus ayuda en las próximas hostilidades?

Poco se sabe de estos años, aunque Josefo implica que se movió en los círculos más altos puesto que él enseñó a los egipcios muchas ciencias que no conocían. Abraham también tomó a una esposa egipcia, una princesa e hija del faraón, práctica general cuando se pacta un tratado entre aliados.

Ésta no es la acción de un nómada común y revela el estado aristocrático de Abraham y ratifica la declaración en el Haggadah que su padre Taré fuera príncipe y "magnate" en la casa de gobernante de Ur.

Agar, novia de Abraham, fue al parecer la opción de Adad para comenzar una dinastía debajo de Abraham en la tierra de Canán. Esto es evidente en sus primer hijo Ismael que es hecho el heredero aparente en ese entonces. Pero no fue hasta más adelante que un cambio de fortuna hizo que Adad iniciara una nueva línea de descendencia bajo Isaac.

Nota del Traductor - Agar: Criada de Sara, quien la ofreció a Abraham como segunda esposa por ser estéril. Agar le dio un hijo a Abraham quien se llamó Ismael.

Abraham debe haber tenido conocimiento avanzado de la invasión que venía del este y buscó ayuda egipcia en la forma de una fuerza armada. En el año 2,086, Abraham volvió a Canán y prosiguió inmediatamente a Bethel en donde había tenido anteriores comunicaciones con Adad.

Esta conferencia ocurrió alrededor de un año antes de la invasión. En vista de los acontecimientos subsecuentes, parece que las ciudades del llano deben haber abolido su tratado con Ur en ese tiempo, probablemente a instigación de Adad, con la promesa de brindarles la protección necesaria. Abraham fue confiado con la tarea de establecer las defensas.

En el Bethel, a Abraham le fue dicho de dividir sus fuerzas. Lot participó del ejército hacia al este del valle de Sidim y las desplegó ante de la ciudad de Sodoma para protegerla contra un asalto directo a través del valle de Jordania.

Abraham condujo sus propias fuerzas y tropas egipcias con rumbo al sur, a Hebrón, en aquella época una fuerte ciudadela de los Anaceos, y Refaítas o Rephaim (Anunnaki). Aquí él recibió la ayuda de los generales anaceos: Mamre, Escol, y Aner.

Es notable que Abraham no haya desplegado sus fuerzas al norte de Jerusalén que es el lugar lógico para defender esa ciudad. Obviamente, él protegía un cierto lugar al sur de Jerusalén y de Hebrón; y como los acontecimientos se desarrollaron, llegó a ser evidente que El-Parán en el Sinaí septentrional era el objetivo del ejército invasor.

El tercer acercamiento posible al Sinaí era a través de Transjordania. Adad y Abraham confiaron en exceso en sus formidables aliados los Rephaim, que controlaron esa región montañosa que era la ubicación de la principal ruta comercial conocida como El camino del Rey. Protegido por una cadena de bastiones fortificados, esta área se creía que era impenetrable.

Por lo tanto, como el fatídico año 2,085 AC, se acercaba, Abraham había desplegado sus fuerzas estratégicamente. Con sus aliados egipcios, anaceos, y los Rephaim, su posición parecía impregnable. ¿Dónde estaba el valle de Sidim, dónde estaban localizados Sodoma y Gomorra y que papel importante desempeñaron en las defensas de Abraham? 
  
 

LOCALIZACIÓN DE SODOMAA Y DE GOMORRA

Sodoma y Gomorra y otras ciudades menos famosas del valle de Sidim que fueron destruidas en los días de Abraham nunca no se han localizado físicamente, aunque la tradición las coloca bajo aguas poco profundas de la parte baja o meridional del Mar Muerto.

Una segunda falsa suposición que trataremos aquí, es la edad del Mar Muerto, que tiene cientos de miles de años y que existió en esta forma desde tiempos antiguos.

No hay Escrituras o alguna evidencia que apoye ambas suposiciones. Por el contrario, todas las indicaciones son que las ciudades estaban situadas en la parte septentrional del Mar Muerto y que este mar data no más allá que de los días de Abraham.

Las cinco ciudades parecen haber sido un grupo cohesivo. Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim, y Zoar o Bela fueron ligados a menudo juntos geográficamente como si fuesen vecinos en el valle de Sidim. Las cinco ciudades también fueron asociadas comercialmente, según lo anunciado en Génesis cuando se rebelaron como grupo contra la autoridad de los reyes de Mesopotamia y rechazaron pagar tributo. También se mencionan como grupo en las tablillas de Ebla, fuertemente indican que eran un consorcio de alianzas.

El área cubierta por el Mar Muerto es una extensión del valle del Jordán a medida que habría continuado hacia Wadi Arabah no comprendía el sur de Jericó por un área de al menos 50 millas (80 kms.). ¿Puesto que el lago es una continuación del valle, cuáles son las características de ésta importante geografía con la cual dominó la tierra de Palestina?

Hoy el valle a través del cual el río Jordán fluye se extiende 65 millas (100 kms.) entre el mar de Galilea en el del norte y el Mar Muerto en el sur. El valle tiene entre 3 y 14 millas de ancho, mientras que su río se dobla y tuerce en muchos lazos hasta completar un conjunto total de 200 millas (320 kms.),

El río en sí mismo es cerca de 90 a 100 pies de ancho (25 - 30 metros) y de 3 a 10 pies de profundidad (1-3 metros) excepto en la inundación de primavera. Cae a una distancia de 590 pies entre las dos aguas de superficie, proporcionando la rapidez del río. Después de una pendiente tortuosa de 200 millas, se pierde totalmente en el Mar Muerto desde la cual no hay desembocadura. La evidencia histórica indica que no era demasiado en el tiempo de Abraham.

El valle de Jordania en aquella época amplió toda la manera del mar de Galilea, con cuál ahora es el Mar Muerto, entonces llamado el valle de Sidim, y salido en el Wadi Arabah. Pudo haber continuado al sur y desembocar en el Golfo de Acaba.

El valle era extremadamente fértil. Su lustrosa vegetación lo hizo un verdadero Jardín del Edén según lo sugerido en Génesis cuando:

"Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto."

El valle de Sidim se compara así en su exuberancia al jardín del Edén y al valle del Nilo. En épocas bíblicas, la parte del valle de la Jordania fue llamada "El Matorral" o "Selva del Jordán donde los leones y otros animales eran tan numerosos como para considerarse una amenaza para los viajeros y hordas de ovejas del área.

Sus muchas las ventajas: abundancia de agua, rica vegetación, y localización estratégica hicieron del valle de Sidim un sitio natural para muchas ciudades grandes y prósperas. El valle del Jordán - Sidim controló la ruta comercial principal de Líbano y los puertos mediterráneos en el norte, con la tierra de Egipto y los puertos del mar rojo al sur.

Fue probablemente por éstas razones que el valle fue defendido tan intensamente con las ciudadelas como Jericó, Beth-Shean, Beth-Nimrah, y En-Gedi, protegiendo los acercamientos vitales del norte y del oeste. En el lado este, una barrera natural de montaña fue suplida por un número de ciudades fortificadas de los Rephaim. En la parte meridional del valle de Sidim, los hoyos de alquitrán formaron un obstáculo natural. 
  
 

EL ORIGEN DEL MAR MUERTO

La evidencia geológica e histórica indica que el valle más bajo de Jordania en el pasado era muy diferente de lo que es hoy. El Mar Muerto no existió en el tiempo de Abraham. De hecho, los estudios de la acumulación del contenido de sal en el Mar Muerto dan al lago no más que 6,000 años de antigüedad.

El asunto es discutido por el Dr. Velikovsky en su libro Edades en Caos. Citando al diario geográfico británico, Velikovsky afirma que si la acumulación de sal (sodio) y otras fuentes de aumento introducidas por el río Jordán fueron tomadas como base del cómputo para la edad del Mar Muerto, su edad sería menos de 6,000 años o incluso 5.000 años.

En la historia bíblica de la invasión de los cuatro reyes del este, indica específicamente que el área ahora ocupada por el Mar Muerto era llamada el Valle de Sidim:

"Todos los últimos (es decir, los reyes defensores) unieron fuerzas en el valle de Sidim - ahora el Mar Muerto".

La frase "ahora el Mar Muerto" fue agregada al parecer por el cronista para identificar el área del conflicto.

El río Jordán atravesó el valle de Sidim y salió evidentemente en Wadi Arabah. Regó el valle y proporcionó sus exuberantes condiciones. El Haggadah observa que la fertilidad del valle era debido a una red de canales que se convirtieron más adelante en las bases para el Mar Muerto. Era una tierra bien irrigada, según Génesis,

"Y Lot alzó sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto de Jehová, como la tierra de Egipto."

Es generalmente acordado que Zoar estaba al extremo sur de lo que es ahora la parte menos profunda del Mar Muerto, en alguna parte cerca de Lisán o la lengua de la tierra la cual salió hacia el mar. Fue hacia Zoar donde Lot se retiró para escaparse de la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Un cierto acontecimiento catastrófico debe haber causado la falla geológica que corrió a través y fue la base del área a desplazar, la tierra que se hundió en el proceso, y formó un sello para permitir la acumulación de agua de la afluencia del río Jordán.

Josefo en sus Antigüedades afirma que el lago fue formado después de la destrucción de Sodoma. Cuando los reyes del este invadieron Palestina,

"Se lanzaron al campo en el Valle llamado "Los Hoyos de Limo" porque en aquella época habían hoyos en ese lugar; pero ahora, sobre la destrucción de la ciudad de Sodoma, aquel Valle se convirtió en el lago Asfaltitos, como es llamado."

Nota del Traductor.- Antigüedades judías: Es una obra escrita en griego del historiador judío Flavio Josefo, escrita hacia los años 93-94. La obra está destinada a narrar la historia de los judíos a un público gentil (los no judíos), esforzándose por demostrar que el pueblo judío es el más antiguo de todos los existentes. Cubre un período de tiempo que abarca desde la Creación hasta la revuelta contra los romanos que se inició en el año 66.

Nota del Traductor.- Lago Asfaltitos: En la antigüedad también fue conocido como Mar de la Sal y durante el Imperio Romano tuvo el nombre de Lago Asfaltitos.

El Lago Asfaltitos era el nombre romano para el Mar Muerto. 
  
 

UBICACIÓN DE LAS CINCO CIUDADES DEL VALLE DE SIDIM

Las cinco ciudades que fueron destruidas en el valle de Sidim están dadas como Sodoma, Gomorra, Adma, Zeboim, y Zoar o Bela. Estas ciudades fueron ligadas no solamente geográficamente sino también comercialmente y parecían ser un consorcio comercial. A excepción de Zoar, todas fueron situadas en la parte septentrional que ahora es el Mar Muerto.

Cuando Abraham y Lot separaron sus fuerzas, Génesis deja claro que Lot llevó a sus tropas al este, es decir, a la parte septentrional del valle. Como Génesis expresa:

"Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma."

Hacia el oriente podría ser solamente en dirección a Jericó, la ciudad que marca el borde septentrional del actual Mar Muerto.

Dieciocho años después cuando las ciudades fueron destruidas por una explosión cataclísmica, Abraham observó los resultados desde la cima de una montaña cerca a Hebrón, a sólo quince millas. El desastre ocurrió al amanecer. Aquella mañana Abraham se apresuró hacia la cima de la montaña y Génesis dice:

"Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno."

Hebrón está justo al oeste de En-Gedi y de la parte central del Mar Muerto. El área destruida atestiguada por Abraham debe haber sido el área septentrional y central del valle.

Abraham miraba hacia la llanura y no se hace ninguna mención de una masa de agua superficial. De hecho, en ninguna parte en los acontecimientos de la invasión de los reyes del este ni en la destrucción de las ciudades hay alguna referencia explícita o que implique la existencia de una masa de agua superficial que se pueda interpretar como un mar interior. 
  
 

¿QUIÉN FUE EL VERDADERO LÍDER DEL EJÉRCITO INVASOR?

Según Génesis, los reyes invasores eran Amrafel, rey de Sinar, Arioc, rey de Elasar, Quedorlaomer, del rey de Elam, y Tidal, rey de Goim. La constante investigación histórica con los años no ha podido asociarse a estos monarcas con los conocidos regentes de Mesopotamia ni tampoco a través de las afinidades lingüísticas o asociaciones cronológicas.

Sinar por supuesto es Sumeria

la tierra de Elasar no está identificada

Elam es el vecino oriental de Sumeria y tradicionalmente su rival

Goim es igual que la palabra hebrea "naciones" y probablemente significa que condujo un grupo políglota

Según los acontecimientos del Génesis, Quedorlaomer era el líder del grupo invasor.

Aunque Quedorlaomer es el líder de la invasión, hay muchas incertidumbres que se presentan en el texto y en las escrituras de Josefo, la única otra fuente religiosa de la invasión. Él los llama los reyes asirios y los enumera en el orden siguiente: Amrafel, Arioc, Quedorlaomer, y Tidal. Parecería que los enumeró en lo que él consideraba su rango de importancia. Es también pertinente que la oración de la abertura de Génesis 14 que proporciona los acontecimientos de invasión también los enumera en el mismo orden que Josefo, con Amrafel primero y tercero Quedorlaomer.

Con esa declaración introductoria, Génesis agrega que las ciudades del valle habían servido a Quedorlaomer por 12 años, y que Quedorlaomer y los reyes aliados invadieron en el año 14. Génesis da su orden de la batalla en el valle de Sidim como Quedorlaomer, Tidal, Amrafel y Arioc. La referencia siguiente en Génesis 14 menciona la victoria de Abraham sobre Quedorlaomer y los reyes aliados a él.

De esta manera mientras que los cronistas hebreos indican explícitamente que la invasión estaba al mando del rey de Elam, no está totalmente claro que esto fuera realmente así, y uno está forzado a creer que en alguna parte a lo largo de la línea alguien intentó sabotear el texto.

Nos enfrentamos con el hecho que Amrafel, en virtud de ser el rey de Sinar (Sumeria) sería lógicamente la opción para dirigir a la expedición. Al parecer algo está mal en los acontecimientos del Génesis, y puede ser que los cronistas hebreos ablandaran adrede el papel del rey de Sumeria por razones propias o probablemente políticas.

Las relaciones de las ciudades de Sumeria con Elam eran a menudo tempestuosas. Elam era un rival tradicional y una persistente amenaza a las ciudades de Mesopotamia. En virtud de la asignación de las tierras después del diluvio, Elam fue asignado a Ninurta, el principal ayudante militar de Enlil.

En la Lista de los Reyes Sumerios, Elam no se enumera como una de las ciudades que reciben la realeza y que sobresalga fuera de los límites de las ciudades legítimas. Solamente las ciudades de Mesopotamia que estaban bajo la égida de Nannar-Sin les fue permitido convertirse en ciudades capitales. La única referencia a Elam en la Lista de los Reyes no una alegre; uno de los reyes tempranos o antiguos de Cush es denunciando "haber atacado violentamente las armas de la tierra de Elam".

Es posible que Amrafel haya tenido que hacer las paces con la ciudad de Elam para no dejar a este poderoso adversario detrás de Mesopotamia cuando él llevase una expedición a las tierras occidentales. Amrafel y Quedorlaomer serían así co-líderes de la expedición según lo sugerido por los acontecimientos bíblicos. De las dinastías de Mesopotamia que habrían podido producir una invasión, la tercera dinastía de Ur parece ser la más probable.

Es generalmente acordado que la dinastía Acadia era demasiado temprana para coincidir con los días de Abraham. En el período interino después de la caída de la dinastía Acadia, la tierra de Mesopotamia sufrió interrupciones y depredaciones severas en las manos de las hordas Gutis que habían descendido de las montañas circundantes. Estas intervenciones pudieron eliminarse produciendo a un candidato para sus propósito puesto que los reyes Gutis no eran lo bastante fuertes como para consolidar las ciudades de Mesopotamia, mucho menos montar una invasión al oeste.

Uno de sus reyes marioneta, fue Utu-Hegal, que se rebeló y finalmente libró el país de la ocupación Guti. Alternadamente, él designó un gobernador militar en Ur, para asumir más adelante el trono de Ur-Nammu, que usurpó la autoridad de Utu-Hegal y se apoderó del control de los estados de Mesopotamia de tal modo que fundaron lo que se conoce como la Tercera Dinastía de Ur.

Esta dinastía fue seguida por la primera dinastía babilónica, y se conviene generalmente que esta dinastía es demasiado reciente para coexistir con los días de Abraham. Al respecto, la Tercera Dinastía de Ur ha sido la opción de la mayoría de eruditos.

Según la Lista de los Reyes Sumerios, los reyes que siguieron la derrota de los Gutis fueron como sigue: Utu-Hegal que gobernó en Uruk por 7.5 años; la realeza fue transferida a Ur donde Ur-Nammu reinó por 18 años; siguió su hijo y gobernó por 48 años; luego su hijo Amar-Sin gobernó por 9 años; su hijo Shu-Sin gobernó por 9 años; Ibbi-Sin entonces reinó por 24 años y terminó la dinastía que según la Lista de los Reyes duró 108 años.

El reinado de Ur-Nammu se cree haber comenzado en el 2,103 AC. y terminó el año 1,995 AC. De estos reyes de la Tercera Dinastía de Ur, se busca uno que se adapte a los requisitos basados en declaraciones explícitas en Génesis 14:

"Doce años habían servido a Quedarlaomer, pero en el año 13 se rebelaron. En el año 14 vinieron Quedarlaomer y los reyes que estaban con él, y derrotaron a los Refaítas. Y en el año decimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que estaban de su parte, y derrotaron a los refaítas en, a los zuzitas, a los emitas y a los horeos en el monte de Seir e invadieron Palestina."

Por lo tanto, nuestro análisis requiere un rey que haya reinado en los últimos 14 años, preferiblemente poco menos. Esto daría un plazo suficiente para el monarca a la hora de invadir las tierras occidentales, de imponer su voluntad sobre las ciudades del valle por trece años, y de invadir otra vez para someter las ciudades rebeldes.

El segundo requisito es que haya habido un período de desintegración antes de su reinado. Él necesitaría varios años para pacificar y recobrar el control de las cuidases estados de Mesopotamia antes de que él vuelva su atención a reclamar las ciudades distantes, las colonias de Sargón El Grande que había llegado a ser independiente durante el período caótico del gobierno de los Gutis.

El tercer factor concierne a un rey que haya fallecido en una expedición extranjera y traído precipitadamente por sus tropas de tal modo que abortaría la invasión en cierto grado.

En resumen, estos parámetros requieren a un rey que gobernó por lo menos 14 años, preferiblemente un poco más, que reinado trajo el final de un período de caos y la desintegración del imperio, y que murió repentina e inesperadamente mientras estaba en una expedición distante a la tierra de la montaña.

Hay solamente una gobernante de la Tercera Dinastía que posee todos estos requisitos, y es Ur-Nammu, el fundador de la dinastía. 
  
 

LA ASCENSIÓN Y CAÍDA DE UR-NAMMU

Ur-Nammu gobernó 18 años según La Lista de los Reyes. Su corto reinado fue debido a su muerte prematura en una expedición. Se estima que él derrocó a Utu-Hegal en el 2,103 en cuyo época que trasladó la ciudad capital a Ur.

El retorno de la realeza a los legítimos reyes Sumerios después de cientos años del bárbaro gobierno de los Gutis se describe en un poema biográfico sobre Utu-Hegal donde adentro él describe (Utu-Hegal) cómo él fue ante el altar de los dioses Ishkur (Adad) y Utu (Shamash) y solicitó su ayuda para desalojar a los Gutis y expelerlos de las tierras de Mesopotamia. El dios de la luna Nannar (Sin) está extrañamente ausente en este poema y su omisión es bastante significativa.

El hecho de que Utu-Hegal no añadió como sufijo su nombre con el de Sin como hicieron los reyes de las dinastías subsecuentes puede ser una pista para su carácter: su excesiva ambición y ego supremo que dieron lugar a su caída. Los gobernantes subsecuentes de la dinastía, tales como Amar-Sin, Shu-Sin, e Ibbi-Sin, tenían cuidado de unir el nombre de la deidad al suyo, indicando no sólo la continuidad de la ayuda del dios de la luna y de su sacerdocio, sino también una cuidadosa y discreta precaución para no sufrir el enfado o castigo de Ur-Nammu.

Las ciudades Sumerias fueron gobernadas por diversas aristocracias y sacerdocios, que debieron lealtad a una deidad tutelar que supuestamente protegía la ciudad contra daños y apoyaba al rey en sus muchas aventuras militares. Así, la subida de un nuevo rey y la transferencia a otra ciudad también significó una lucha en las aristocracias predominantes que también dieron lugar a un cambio importante en el panteón.

La vida y las acciones de Abraham se fijan contra este fondo político, porque Taré y Abraham sirvieron al rey predominante de la ciudad de Ur que era en aquella época Utu-Hegal. En el año 2,106, cuando Taré y Abraham dejaron Ur para ir a Harán, la lucha por el control político venía a un clímax. La ayuda de Taré hacia Utu y Adad llegó a ser cada vez más peligrosa. Algunos años más tarde salieron de Ur, y Ur-Nammu se apoderó del control del gobierno y trasladó su ciudad capital a la ciudad nativa de Abraham.

Después de que él sometió a las otras ciudades de Mesopotamia, consolidó su poder y volvió a su atención a intentar recuperar las colonias perdidas. En el año 2,099 AC, él envió o condujo una expedición a las ciudades en el oeste y reestableció el control Sumerio sobre el imperio que se había convertido en independiente y rico durante los últimos cien años.

Subyugó a las ciudades del valle de Sidim y forzó a un tratado en el que aseguraban su lealtad y tributo por los próximos doce años. Durante estos años, volvió a su atención a los asuntos internos. Ahora que el imperio había sido recuperado y que los tributos llegaban a raudales, podía reconstruir los caminos y recuperar algo de la gloria anterior del imperio de Sargón. En una tablilla cuneiforme él se jactó de sus excepcionales logros durante este período.

Según sus auto-proclamadas acciones, disponibles para nosotros a través de las copias proporcionadas por las últimas escuelas de escribas, Ur-Nammu tuvo éxito en la codificación de las leyes que habían sido suspendidas durante los cien años de dominación Guti. Estas leyes anteceden el Código de Hamurabi y fueron el primer código de leyes conocidos en cualquier parte del mundo. Ur-Nammu también se acredita la construcción del Gran Zigurat en Ur, el cual fue dedicado al templo del dios de la luna Sin.

Nota del Traductor - Hamurabi: Rey de Babilonia (muerto en 1,750 AC.) que estableció el código de leyes conocido como el Código de Hamurabi

Entonces por una cierta razón, no proporcionada por los documentos históricos, las ciudades del oeste rechazaron para pagar tributo y se rebelaron contra la autoridad de sus amos del este.

El instigador fue probablemente Adad cuya influencia sobre las tierras occidentales era absolutamente fuerte. Desde Anatolia gobernó al imperio Hitita que extendió hasta el sur de Jerusalén. Ciertamente debe haber considerado las ciudades del valle de Sidim como su esfera del control, aunque los reyes del este ciertamente desafiarían esta demanda, porque según la división de las tierras después del diluvio, las tierras occidentales había sido asignadas a Sin.

Así, en el año 2,085, Ur-Nammu condujo a un ejército variado de 800,000 hombres al oeste. Él tenía varios propósitos: apoderarse o destruir las instalaciones espaciales del Monte Sinaí y Cades que habían venido bajo el control de Adad, para castigar las ciudades del valle que se habían rebelado, y para destruir la raza de dioses guerreros, los Rephaim o Refaítas, que también había rehusado su lealtad tradicional al este y de esta forma habían presentado una seria amenaza militar al imperio.

El Génesis es absolutamente único en cuanto proporciona una descripción de la expedición de Ur-Nammu al oeste, y delinea la ruta tomada por los invasores:

"Y en el año decimocuarto vino Quedorlaomer, y los reyes que estaban de su parte, y derrotaron a los refaítas (rephaim) en Astarot Karnaim, a los zuzitas en Ham, a los emitas en Save-quiriataim, y a los horeos en el monte de Seir, hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto. Y volvieron y vinieron a En-mispat, que es Cades, y devastaron todo el país de los amalecitas, y también al amorreo que habitaba en Hazezontamar."

Pasando la tierra del Líbano y del valle del Jordán, el ejército tomó la ruta conocida como El Camino del Rey (imagen inferior) que recorría el tramo de la tierra montañosa de Transjordania. El paso a través de esta área también es descrito por Josefo que los llamó la descendencia de los Nefilim:

"Los Reyes devastaron toda Siria, y derrocaron a los descendiente de los Nefilim".

Destruyendo esta línea de fortalezas, el ejército se dirigió hacia su principal blanco que al parecer era Parán y Cades en el Sinaí septentrional "en el límite del desierto". Se ha aceptado generalmente que Parán era la meta principal del ejército invasor, aunque la importancia estratégica comercial de esta ciudad no se ha explicado completamente.

Desde el norte en Arabah, atacaron y redujeron la ciudadela de En-Gedi, antes llamada Hazezontamar, que protegió los acercamientos meridionales al valle de Sidim. Los reyes trajeron a sus ejércitos al sur para enfrentar la amenaza próxima, o en las palabras de Génesis.

"Y salieron el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboim y el rey de Bela, que es Zoar, y ordenaron contra ellos batalla en el valle de Sidim."

La batalla fue impuesta cerca de un área de pozos de asfalto. Aquí derrotaron a los reyes de las ciudades del valle. Muchos escaparon a las colinas circundantes, otros cayeron en los pozos de alquitrán. Lot y sus hombres fueron tomados prisioneros.

"Y el valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto; y cuando huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, algunos cayeron allí; y los demás huyeron al monte. Y tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones y se fueron. Tomaron también a Lot, hijo del hermano de Abram, que moraba en Sodoma, y sus bienes, y se fueron."

Está claro que los invasores no se prepusieron arrasar la riqueza de las ciudades comerciales como lo habían hecho con las ciudades de los Rephaim. Las ciudades eran demasiado valiosas como subordinados comerciales que pagaban tributo a la ciudad de Ur. Por otra parte, la indulgencia de los invasores pudo haber sido debido a la rapidez con la cual salieron de la tierra de Palestina.

Después de derrotar completamente a las tropas defensoras, saquearon las ciudades y tomaron a muchos prisioneros, incluyendo a Lot. Saliendo a través del valle de río Jordán, ellos fueron atacadas por las fuerzas de Abraham en Dan cerca del mar de Galilea. Abraham luchó otra vez cerca de Damasco. Como resultado de estos enfrentamientos, él rescató y liberó a Lot y a los otros prisioneros y recobró el botín tomado de las ciudades del llano.

El ejército de Ur-Nammu en ningún momento se detuvo e hizo frente al enemigo por razones desconocidas, prefiriendo perder sus ganancias ganadas duramente de Sodoma y Gomorra. El objetivo del recorrido militar, era recuperar el botín y los prisioneros para seguir el rastro de la tropa principal. Está claro que Abraham entró en contacto con la retaguardia del ejército que salía y en ningún momento se enfrentó al cuerpo principal de tropas. 
  
 

¿POR QUÉ ABRAHAM NO ENFRENTÓ A LOS INVASORES?

Es un misterio porqué Abraham permanecía en Hebrón con sus aliados egipcios y anaceos (Anunnaki). A través de todo el episodio: La invasión a Transjordania, la destrucción de El-Parán y Cades, la batalla del valle de Sidim, Abraham no se ocupó del enemigo. La estrategia militar le dictaría mover su ejército al sur pues los invasores entraron por ese lado en el valle. Entonces habría estado en una posición para ejecutar un movimiento clásico de pinzas, enfrascando el valle en ambos extremos.

Abraham simplemente esperó que la línea de la defensa de los Rephaim o Refaítas sostuviera a invasores o por lo menos los retardara un poco. Más adelante, probablemente asumió que Lot y los ejércitos de Sodoma y Gomorra podrían defender el estrecho valle. Es posible también que Abraham esperara una arremetida de Negev hacia Jerusalén y esperara en Hebrón el ataque que nunca llegó. Tardíamente pudo haberse dado cuenta de su error y haya perseguido después la salida de los ejércitos.

Es más probable que el poder impresionante demostrado por los invasores haya dado razones a Abraham de interrumpir el ataque y se haya dado cuenta que no tenía los recursos suficientes para enfrentar al enemigo cuerpo a cuerpo.

Los invasores se movieron rápidamente y a través del valle del Jordán, después de saquear las ciudades. No se demoraron y al parecer cruzaron sin problemas otras fortificaciones en el área tal como Jericó. De hecho, la salida a través del valle del Jordán hasta Damasco parece más como un apresuramiento para regresar a sus patria lo más rápido posible.

Génesis observa que en esta época Abraham decidió consignar a las tropas bajo esta orden.

"Y vino uno de los que escaparon, y lo anunció a Abram el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo, hermano de Escol y hermano de Aner, los cuales eran aliados de Abram. Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, (318) y los siguió hasta Dan."

El tamaño del ejército que persiguió a Abraham de 318 es irracionalmente pequeño, y el número puede referirse realmente a los líderes o a los caciques de grupos o de tribus armados. Hebrón era una plaza fuerte de los Enacitas y mientras que la ayuda de estos confederados o aliados no está clara, su inclusión en el texto sugeriría que apoyaban a Abraham en su búsqueda de los invasores. Éstos eran grandes y temibles guerreros y equipados probablemente de los carruajes de hierro.

Abraham y su caballería de Anacitas, Enacitas o Anakim alcanzaron a la retaguardia del ejército de Ur-Nammu en Dan. Una segunda escaramuza fue luchada cerca de la ciudad de Damasco y trataron de recuperar la mayoría del botín y de los prisioneros. Es extraño que Ur-Nammu no se detuviera a luchar. Habrían derrotado fácilmente a la pequeña fuerza de Abraham, con todo permitieron que él tomara sus trofeos de guerra sin una posición fuerte. Evidentemente, no estaban de humor para luchar y tenían demasiado apremio para salir de estas tierras y regresar a casa.

Puede ser que la razón de su apuro por llegar a casa fuera transportar al enfermo Ur-Nammu de regreso a su capital. La traducción de una tablilla cuneiforme proporcionada por J.V. Kinnier Wilson en su libro que Las Tierras Rebeldes proporciona la historia de la expedición de Ur-Nammu y su muerte en una tierra extranjera. La tablilla describe cómo él cayó enfermo en "la tierra de la montaña" y fue llevado rápidamente de regreso a Ur donde fue colocado en un féretro funeral en su palacio en Ur.

La gente de Mesopotamia estaba en shock, es decir consternada porque esto, supuestamente no podía suceder en el esquema cósmico de cosas. La tablilla expresa cómo el rey había sido "abandonado en el campo de batalla como un recipiente aplastado". Aunque había servido bien a los dioses, ellos le fallaron en su momento de necesidad.

Ur-Nammu pudo haber sido víctima de su propia ambición. En una tablilla que conmemora la muerte de Ur-Nammu se implica que él utilizó las armas de destrucción total cuyo uso pudo haber sido contraproducente y por ellos pudo haber causado su muerte. El se jacta usar "las poderosas armas udug" que se dijo haber "reducido la tierra del enemigo a polvo" y haberla "cubierto con veneno". Hay referencias a un "gas ardiente" que sopló en la "casa de las tierras rebeldes". Éstos son todos los síntomas y consecuencias de las armas de guerra química y nuclear.

Ur-Nammu no solamente causó su propia enfermedad y su muerte sino que también devastó las tierras de Transjordania y del Sinaí septentrional que las hicieron inhabitables por centenares de años.

Las ciudades del valle de Sidim tenían un corto respiro. La muerte de Ur-Nammu y el cambio de monarquía, con la desorganización resultante, permitieron probablemente que continuaran siendo independientes. Pero sus destino fue sellado. Dieciocho años más tarde las ciudades fueron destruidas por una explosión cataclísmica que también rompió la falla geológica que está debajo del valle del Jordán, provocando el hundimiento de la tierra y sellando la emanación de aguas del río Jordán. Así, el Mar Muerto fue formado. 
  
 

LOS AÑOS CALMADOS 2,084 ­ 2,067, Y LA LLEGADA DE LA TORMENTA

Con la muerte de Ur-Nammu, su hijo Shulgi se hizo rey de Ur. Gobernó por 48 años, trayendo un período de relativa paz y prosperidad para Sumeria. Shulgi amplió implacablemente los límites del imperio sobre Elam y Anshan al este y de los Montes Zagros al norte. Shulgi asumió un estatus divino y utilizó el símbolo del dingir o de la estrella antes de su nombre, justo como lo había hecho Ur-Nammu.

Nota del Traductor - Anshan: Antigua ciudad Persa, ahora ciudad China de la provincia de Liaoning cerca de Shenyang con una población aproximada de 3.6 millones de habitantes.

Nota del Traductor - Los Montes Zagros: constituyen la más larga cadena montañosa de Irak y la segunda de Irán. Se extienden a lo largo de 1,500 kilómetros desde el Kurdistán iraquí hasta el Golfo Pérsico. La palabra "Zagros" posiblemente deriva del antiguo griego "zagreus", "tormentoso".

Habiendo sometido la tierra al este y al norte, una regla de la ambición de Shulgi ciertamente habría sido no dejar provincias occidentales insubordinadas. Las Escrituras no revelan ninguna actividad política o militar en este período, y parece que las ciudades del valle de Sidim habían vuelto a la protección de los reyes de Mesopotamia y a la prosperidad bajo la tutela de Shulgi.

Después de los acontecimientos de 2,085, Abraham y su séquito se establecieron entre los Rephaim en Mamre cerca de Hebrón. Aquí reclamó en un intercambio con Yahvé o Adad porque no tenía ningún descendiente para continuar la línea de la familia. Adad le prometió que un heredero masculino y pronto nació Ismael de su esposa egipcia en el año 2,082 AC, tres años después de la invasión de Ur-Nammu. En este tiempo Adad al parecer había planeado perpetuar la línea de Abraham a través del lado egipcio, pretendiendo de tal modo continuar las relaciones cordiales con Egipto.

Catorce años después nació Isaac de Sara, su segunda esposa. Agar fue desterrada abruptamente con el heredero Ismael evidente al desierto. En los años de intervención, Adad debe haber cambiado su actitud y relaciones hacia Egipto.

El año antes de la destrucción de Sodoma, Adad hizo un nuevo convenio con Abraham: esta vez escogió a Isaac para perpetuar la línea de Abraham. Hay también una fuerte indicación que el mismo Adad era el padre de Isaac.

Lo qué causó la ruptura con Egipto y el comienzo de una nueva dinastía bajo Isaac no se conoce, pero las acciones fueron asociadas probablemente a la destrucción de las ciudades del valle el año siguiente.

El cambio de Ismael a Isaac se describe en el Génesis donde el cambio del corazón de Adad se describe en su anuncio a Sara, que a la edad de 90 años, ella debe concebir y dar a luz un hijo que será el nuevo heredero. Es evidente que Adad deseaba hacer un nuevo comienzo sin la ayuda de sus aliados egipcios. De este arreglo, Adad informa a Abraham,

"Yo la bendeciré; además, le daré un hijo a ella y; cuando la haya bendecido, ella dará lugar a naciones."

Tomado literalmente, significa que Adad será el padre del hijo de Sara.

Era costumbre de las deidades Sumerias copular con las mujeres humanas con el propósito específico de proporcionar personal confiable para continuar el imperio, la aristocracia de reyes, generales, sacerdotes, y a otros funcionarios importantes. Era su manera de asegurar una raza de semi-dioses en quienes podrían confiar para realizar sus deseos y para ser una barrera entre ellos y los humanos ordinarios. Adad fue simplemente siguiendo la práctica usual de los dioses de Sumeria. Explica la preocupación especial de Yahvé por Isaac y su hijo Jacob en el Antiguo Testamento.

Como señal de lealtad y forma de identificar a sus seguidores, y de recordarles que ellos son descendientes directos de un dios reptil, el desprendimiento del prepucio, en el rito de la circuncisión, fue introducido en esta época. Simbólicamente, representaba al reptil mudando su piel como un acto de renovar su vida. Quizás es también importante que en aquel tiempo Adad le dijo a Abraham acerca de su nuevo hijo y heredero, y también le reveló sus planes de destruir las ciudades del valle. 
  
 

LA DESTRUCCIÓN DE SODOMA Y GOMORRA

En los acontecimientos del Génesis, tres ángeles aparecieron a Abraham en Mamre para darle personalmente las noticias de Adad. Las ciudades, advirtieron; serían destruidas a menos que Abraham pueda proporcionarle la suficiente razón para no hacerlo. Los ángeles volaron sobre las ciudades en reconocimiento, "Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde." Los mensajeros realizaron un reconocimiento aéreo de las ciudades probablemente para advertir cualquier llegada de amigos y aliados de Abraham.

Más adelante, dos de ellos fueron a Sodoma a recuperar a Lot y a su familia. Estos fueron "sacados y puestos" fuera de la ciudad y se les dijo que huyeran a las colinas con el fin de que estén protegidos de la destrucción que se venía. Lot y su familia se retiraron a Zoar en la parte meridional del valle, pero les advirtieron que no estaban seguros incluso allí, entonces decidieron a dirigirse hacia las montañas.

La descripción de la destrucción es proporcionada por el Génesis y algunos detalles agregados de Josefo y del Haggadah. Génesis dice:

"El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Zoar, Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra."

En esta historia "azufre y fuego" cayó desde el cielo. Josefo agrega más información con la declaración que el Señor "mandó un rayo sobre la ciudad y la destruyó con fuego junto con sus habitantes".

En el Haggadah, este rayo viene del Shekinah, el Carruaje Aéreo del Señor:

"Cuando los ángeles se manifestaron, Lot y su familia fueron llevados fuera de la ciudad, él ángel les dijo que corran por sus vidas, y no miraran atrás, para que no contemplaran el Shekinah, que había descendido para iniciar la destrucción de las ciudades."

Lot y su familia habían sido advertidos que no miraran detrás de ellos con el fin que no sean cegados por brillante destello de la explosión, probablemente de naturaleza nuclear. El vehículo espacial de Adad o Yahvé había descendido del cielo para iniciar una especie de destrucción total de las ciudades así como también la vegetación de la llanura. La fuerza de la explosión o explosiones fue tan grande, como para penetrar la falla geológica bajo el valle de Sidim, dejando caer la superficie del valle y sellando la falla, de tal modo que creó un mar interior muy grande.

A la hora del holocausto, Abraham estaba en Hebrón, donde subió al punto más alto en el amanecer para presenciar el evento. Hebrón está a sólo 15 millas (24 kms.) del valle, y desde su ventajosa posición debe haber tenido una excelente vista del acontecimiento entero:

"Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno."

¿Fue una nube en forma de hongo lo que Abraham había atestiguado, fue un holocausto nuclear lo que destruyó las ciudades del llano?

Adad (Yahvé) es el primer sospechoso como el culpable de la destrucción del valle de Sidim. Los reyes de la Tercera Dinastía consideraban a éstas ciudades demasiado valiosas para destruirlas y prefirieron traerlas bajo su control y hacer que paguen tributo. Por otra parte, Adad tenía buena razón para destruir las ciudades.

Él había fallado en su intento de proteger las ciudades contra las depredaciones de los reyes del este. También no pudo asegurar el complejo espacial en el Monte Sinaí y el complejo en Cades, o al menos prevenir su destrucción. Viendo que no podrían depender de Adad o de sus recursos para protegerlos contra los reyes del este, y siendo prácticamente entidades comerciales, las ciudades al parecer decidieron revertir la tutela de los monarcas del este.

Adad y Abraham habían roto relaciones con Egipto, o quizás fue al revés, los egipcios se echaron atrás desde que consideraron ser una mala alianza. Adad o Yahvé era conocido a lo largo del Antiguo Testamento como dios impío y vengativo. Este parece haber sido su último gran acto de venganza.

También parece que Utu abandonó a Adad en este tiempo. Al principio se ocupaba del Líbano, Utu presumiblemente alternó sus actividades espaciales en el complejo del monte Sinaí después de la destructiva expedición de Naram-Sin. Ahora con ambos complejos espaciales destruidos, él no tenía ninguna base de operaciones en el oeste y probablemente regresó a su hogar en Mesopotamia.

Esto se indica en el Haggadah donde se indica que una de las razones por las que las ciudades de Sodoma y de Gomorra fueron destruidas, fue porque adoraban a los dioses del sol y de la luna. Aparece así que estas ciudades habían transferido su lealtad a Sin, el dios de la luna, y a Shamash, dios del sol, y Adad, era conocido como el dios del trueno de las tierras occidentales.

La ruina del valle de Sidim fue la última de las muchas devastaciones en las tierras del Levant. Anteriormente las ciudades de Ebla y de Arman y las tierras del Líbano habían sido destruidas. Luego las ciudades de los refaítas o Rephaim en Transjordania, el complejo del Monte Sinai/Cades y las ciudadelas defensivas de Palestina meridional. Ahora las cinco ciudades del valle de Sidim desaparecieron en una nube ardiente y la tierra inundada eventualmente se convirtió en el Mar Muerto.

Hubo poco de valor dejado en las tierras occidentales.



EL MATERIAL PROVIENE DE LIBROS DE ZECHARIA SITCHIN,ROBERT BOULAY,DAVID ICKE Y OTROS,PARA MAYORES DATOS,CONSULTE NUESTRAS PAGINAS DE ICKE & KNIGHT,EL INFORME LACERTA Y LA BIBLIA SUMERIA...

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