Literatura    

Una reseña de los autores que marcaron mi amor por los libros...


 

No se cuál fue mi primer contacto con los libros, debe haber sido cuando era muy chiquita... porque en casa siempre hubo libros y siempre se leyó, tanto mis padres como mis hermanos me inculcaron este hábito, que no tardé en convertir en un vicio... 

Recuerdo de chiquita hojear las revistas de historietas “Lupin” que leían mis hermanos... había varias historias con personajes principales... El aviador Lupin, el profesor y su ayudante “Resorte”, el inventor “Saltapones”, los mafiosos “Al Feñique” y “Taras”... y los amigos que siempre se metían en problemas y terminaban en una nave espacial... “Bicho, Gordi y Bubi”, y las chicas “Tili y Alicia”. 

Y en el jardín de infantes, todos los varones jugaban a “La construcción”, y todas las chicas jugaban a “La casita”, y solamente yo quería leer los cuentos, así que me sentaba sola y los miraba, y la maestra me acompañaba y me los leía... y ya en esa época me preguntaba por qué los demás no sentían la misma fascinación que yo con la lectura... Los otros recuerdos que tengo con la lectura de mi infancia, además de revistas de historietas, son algunos cuentitos hermosos que a pesar de haber perdido atesoro en mi corazón... hay dos especiales... uno me lo regalaron para mi cumpleaños, un cuentito de tapa dura, trataba de la historia de dos amigos, un nene y un zorro... era hermoso el cuento y los dibujos... no se cuántos años tenía cuando me lo regalaron, pero sí me acuerdo de leerlo en voz alta y de que mis vecinas mayores se asombraran que leyera tan bien siendo tan chica... Ojo. El libro no era “El principito”... ese vino después y sería imposible olvidar el nombre o su autor... El otro cuentito, me lo compraron en la costa, en San Bernardo, donde solíamos ir en verano... era la historia de un burro y un pajarito que eran amigos... el burrito soñaba con volar, entonces el pajarito le armaba un nido con ramitas para que él se hiciera la ilusión de que podía volar... era muy conmovedor y triste y me dolió mucho cuando mi mamá lo regaló junto con muchas revistas de historietas... 

Cuando empecé a ir al colegio, en seguida me enamoré de mis libros de lectura, y también de los libros de mis hermanos... recuerdo un manual de 3º grado, de tapa negra e ilustraciones de Vilar... (quien después ilustró magníficamente varios libros de María Elena Walsh, que todavía conservo)... ese libro también se perdió con los años... tenía un versito sobre pajaritos de distintos colores, y estaba tan hermosamente ilustrado que me lo aprendí de memoria... 

Llegando a mis once años aproximadamente, descubrí el “Tesoro de la Juventud”, una colección de 20 libros (de los cuales solo llegaron 14 a mis manos), de diferentes temas, heredados por mi papá de un tío... me gustaban tanto que mi papá terminó por regalármelos y ocupan un lugar privilegiado en mi Biblioteca... Había información general, curiosidades, notas de geografía, historia, poesía, pintura, ciencias... y mi sección preferida, “El libro de las narraciones interesantes”. Cuentos, anécdotas, relatos clásicos, acompañados por ilustraciones antiguas hermosísimas... Me entretuve mucho tiempo con estos libros... y por el medio mi papá se compró una enciclopedia y eso me generó más interés en la lectura y contribuyó a mi enamoramiento de la mitología griega... En el tesoro de la Juventud había algunas pinturas del renacimiento sobre distintos dioses que me fascinaban... y en esta enciclopedia encontré una cierta cronología de los dioses y sus mitos principales... ahí me hice fanática de los mitos griegos... 

Entrando en la adolescencia... comenzó mi despertar espiritual... a pesar de ir a un colegio católico, nunca me cerró mucho la historia de Dios y el diablo, y el Cielo y el Infierno... y en el momento justo apareció “Ami”. El libro de Enrique Barrios (de quien después fui amiga y nos conocimos personalmente y después de muchos años nos terminamos distanciando, pero eso es otra historia), me abrió los ojos, porque concordaba con mi sentir interior... A Enrique Barrios le siguió Richard Bach, y después Lobsang Rampa... era maravilloso encontrar gente que pensara y sintiera igual que yo! Mucho más adelante encontré los libros de Paulo Coelho, con quien también me identifiqué. 

Los libros llamados “infantiles” siguieron estando siempre en mi biblioteca, las tapas amarillas de la colección “Robin Hood”, las tapas naranjas de la colección “Billiken”. Las revistas de historietas, las viejas revistas “Selecciones”... y así siguió creciendo mi interés por los libros y la literatura en general...

En la secundaria, una profesora romántica me enseñó a disfrutar de la poesía, de Alfonsina Storni, del romance del enamorado y de la muerte, más tarde aprendí a leer libros más “adultos”, García Márquez, Borges, Bioy Casares... 

No recuerdo cuando descubrí la literatura fantástica... pero es un género que amo profundamente... mis favoritos son “La historia interminable” de Michel Ende, la trilogía de “El señor del tiempo” de Louis Cooper, y toda la obra de Tolkien... 

Amo todo lo que se relacione con hadas, duendes, seres fantásticos, magia... Nunca pude ni podré forzar la lectura... (y en esto Borges concuerda conmigo). 

Cuando veo un libro en el estante de la librería, me atrae su energía... aunque no me llame la atención la tapa o el nombre... y muchas veces lo compro y no me engancho con la lectura, me resulta denso, pesado... y lo dejo de lado. Muchos años después, cuando llega el momento, ese libro se transforma en mi libro de cabecera... lo leo y releo muchas veces hasta aprenderme las frases de memoria e incorporarlo a todo mi ser... 

Soy más re-lectora que lectora... por ahí desconfío de un libro que desconozco... pero disfruto tanto la relectura de mis preferidos... Si me gustó un autor, busco todo lo que encuentre de él, y si es de mis “elegidos”, busco además libros sobre él, biografías, artículos en Internet, películas, etc. 

Así me pasó con Tolkien... cuando hace muchos años leí la primera parte del Sr. de los Anillos, me resultó pesada y larga, me confundían tantos personajes... y me prestaron el segundo, pero nunca lo terminé de leer... Recién después de ver la primer película, releí el segundo libro, y después de ver la segunda película leí el tercero... y recién después de ver las tres me dieron ganas de leer más... Entonces me compré un libro sobre Tolkien, y en dos días leí una enciclopedia sobre la Tierra Media que hacía años había comprado y jamás había podido pasar de las primeras hojas... Y ahí me dieron ganas de leer más cosas de él, y ahora que ya lo hice, voy por el próximo reto... leer sus obras en su idioma original... 

Me pasa algo curioso al leer en inglés... empiezo por ahí leyendo y me encuentro con palabras que no entiendo y me frenan un poco, pero sigo leyendo sin traducir mentalmente... y después de un rato me sumerjo en la lectura, de manera que ya no traduzco nada y entiendo todo perfectamente... cuando logro sumergirme en la lectura... ya sea en inglés o en castellano, no siento el paso del tiempo, ni el hambre, ni nada... y odio que me interrumpan... me cuesta mucho cortar la lectura para hacer alguna otra actividad... Y esto es algo que me ha generado peleas con mi mamá que no podía entender por qué no podía simplemente cerrar el libro y continuar más tarde... 

Voy a hacer una aclaración con respecto a autores a los que disfruto leer, pero no puedo compararlos entre sí. El autor de las Crónicas de Narnia, C. S. Lewis, y la autora de Harry Potter, J. K. Rowling. Ambos me gustan y disfruté la lectura rápida de Narnia y disfruto de la lectura de Harry Potter, que todavía no terminó, porque recién acaba de salir el 6º libro... pero no puedo compararlos con Tolkien porque es imposible... Tolkien creó un universo... 

Recomiendo las crónicas de Narnia para los chicos chiquitos, alrededor de 6 años, o más chicos, si tienen alguien que se los lea... y después que continúen con Harry Potter... y ya entrando en la adolescencia que empiecen con Tolkien.. creo que cada uno se disfruta a una edad diferente... aunque la relectura se disfruta a cualquier edad!

Mi otro autor “elegido”, es una mujer, Lucy Maud Montgomery. La descubrí no por sus libros, sino por una miniserie que se hizo con respecto a su saga de libros más famosa “Anne the Greengables” o como lo tradujeron acá “Ana de los Tejados Verdes”, o “Ana de la Pradera”. Leí tantas veces sus libros que sueño con viajar a Canadá y conocer la isla Prince Edward y los lugares donde ella vivió... Se que una película es algo totalmente distinto a un libro, y prefiero leer antes que ver películas... pero muchos buenos libros los descubrí gracias a las películas... y las rescato por este hecho... 

He leído los libros de Lucy Maud Montgomery, en castellano primero y en inglés después, y me he llegado a enamorar de los pueblitos de la Isla... así como me enamoré de los Alpes leyendo Heidi... y de los bosques leyendo Bambi... Ahí me di cuenta de que mis autores preferidos tienen ese nexo en común... el amor por la naturaleza... Las descripciones de L. M. Montgomery del bosque y el mar en Prince Edward Island... las descripciones de Juana Spyri de las montañas donde vivía Heidi... las descripciones de los bosques donde viven los Elfos de Tolkien... ellos amaban esos lugares y lo transmiten a través de sus obras... y cuando las leo siento lo mismo que sintieron ellos ... con la diferencia de que yo no vivo en un lugar así, y mi único contacto con esos paisajes es en vacaciones o en mis sueños... 

Cuando Heidi llora porque se deprime en la ciudad, yo también lloro, porque yo también me deprimo en la ciudad... Cuando Bambi no entiende por qué su vida en el bosque es tan dura, siempre con miedo a los cazadores, yo tampoco entiendo que haya gente que se entretenga cazando... Esa empatía que siento con mis autores más admirados, hace que los relea una y otra vez... y que llore y ría y me emocione con sus palabras... 

Además de este tipo de lectura, leo otras cosas... a veces entretenidas, a veces con alguna enseñanza... leo muchas revistas, leo muchas cosas por internet, desde diarios hasta web logs, suplementos de tecnología, y libros de “lectura rápida” como los de Dan Brown (El cógido Da Vinci, la Conspiración, Angeles y demonios...). 

Me duele mucho que mi sobrina mayor, de casi 13 años, prefiera chatear por internet antes que leer... pero bueno, son otras épocas, quizás si a esa edad yo hubiera tenido acceso a internet, tampoco leería tanto... Pensaba que ella heredaría mi amor por la lectura y mis libros... pero parece que eso será tarea de mis futuros hijos...

 (Macanudo - Liniers. Publicado en La Nación el 6/9/05)