El Ángel Gris

 

Sábado por la tarde, calor en las calles de Talar de Pacheco, en el potrero ya rueda la pelota, una número cinco recién comprada. Allá a lo lejos se va acercando una larga figura, tiempos del Ángel Gris. Pide permiso y tiene suerte, son impares. Nadie le pregunta de qué juega, sobra un lugar, el del cuatro. Él entra y la rompe.

 

Ese flaco largo, al que nadie conoce, se llama Nicolás Otamendi, apareció en la primera de Vélez y destacó por su velocidad. Diego lo vio y quedó encandilado. Como alguna vez con Almandoz, y de nuevo con Galván. Pero esta vez, el tal Nicanor, perdón, Nicolás, se hizo un lugarcito entre los grandes, si en la práctica había que ser volante ahí estaba él, zaguero por izquierda, lateral por derecha, Otamendi encantado.

 

Así llegó al Mundial, empezó como suplente, pero a la Argentina le falta un lateral derecho desde el 2002, y Otamendi pidió permiso, faltaba uno, como en Talar de Pacheco, fue cuatro y fue el mejor, sólido atrás, ganando siempre, dando salida por derecha y centrando al llegar al fondo.

 

Al flaco éste, muchachos, hay que invitarlo para el sábado que viene.

 

Andrés Margolles

Soweto, Gauteng, 27-06-2010

Comments