Un crack del Interior

En el Jardín de la República nació, un 24 de Octubre de 1986, Pedro Pablo Hernández. El chico aprendió muy pronto a llevar la pelota atada a la zurda. Todos en el barrio le decían que sería un crack, que tenía que irse a la Capital, a Buenos Aires, rapidito, que ahora los pibes a los 16 ya juegan en Primera y a los 18 se van a Europa.

Así llegó Pablito Hernández a las inferiores de Racing, entrenó, entrenó, y a los 19 años, cuando todavía soñaba con el Barcelona, le dijeron que ya no valía, que el tiempo había pasado para él.

Así volvió Pablito Hernández a su querido Tucumán, con el corazón partido. Todavía le quedaron fuerzas para probarse en su amado San Martín. Ese rechazo ya fue definitivo, el fútbol no sería lo suyo, se puso a trabajar, de algo había que vivir...

Sus padres tuvieron que convencerlo cuando los ojeadores del Atlético lo llamaron a sus filas. En el barrio ya nadie apostaba por él. Por si fuera poco, un conflicto contractual lo llevó a deambular por las canchas uruguayas y terminar pasando frío en el fútbol estadounidense.

Pero en Argentinos ya se sabía de ese pibe del Interior que la rompía, había estado a prueba dos años antes, y se lo contrató para jugar la Copa Libertadores. Su prestancia, su clarividencia, su visión del juego, su zurda, eclipsaron completamente la victoria del Bicho en Montevideo. Cuando él se fue, no quedó nada. Si él se queda, será un crack.

 

Andrés Margolles

Madrid, 02-03-2011

 

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