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Establecimiento Mbopicuá

(De "Historiografía de la ciudad de Fray Bentos" de Rene Boretto Ovalle - Año 2000)

A escasos 16 kilómetros al noroeste de la ciudad de Fray Bentos, se encuentra un grupo de añosas ruinas que pertenecieron al establecimiento saladeril llamado “Los Bopicuaces” o “Mbopicuá”, recibiendo la denominación del arroyo que desagüa en el Río Uruguay en las inmediaciones.

«Mbopicuá» significa, etimológicamente hablando, “cueva de murciélagos” y es voz de origen guaraní.De hecho, investigaciones zoológicas actuales, hallaron una de las especies de «vampiro» en esta zona, como lugar de mayor dispersión hacia el sur del Uruguay.

La Estancia se creó hacia 1870 cuando sus tierras fueron separadas por adquisición de las propiedades de la familia Haedo. Fue vendido un total de 3.400 hectáreas por Don Gregorio Haedo a Don Gébari Elía, por entonces propietario de la también importante Estancia Caracoles, situada a unos 20 kilómetros al sur de Fray Bentos, sobre la costa del Río Uruguay.

Como en todos los principales ejemplos de establecimientos para salado de carnes, Mbopicuá y las instalaciones allí creadas, tuvo el control financiero de hombres de empresa extranjeros. Bajo la denominación de “The River Plate presure meat preserving Company Limited” (Compañía Río de la Plata de conservación de carnes por envasado al vacío o presurización), se hicieron construcciones de estilo inglés, con fuertes de cemento y techos de pizarra cortada prolijamente con agujeros para su sujección.

La empresa fue inciada en 1870, por capitalistas con experiencia en la elaboración de carnes conservadas en Australia.El Gobierno Nacional otorgó por Ley Nº1227 de Julio de 1874 franquicias a la empresa del mismo modo que lo había hecho antes con la Liebig’s, permitiéndole hacer importaciones de materias primas, máquinas, útiles y materiales con excenciones de impuestos por el término de diez años.

A principios de 1872, según vemos en documentos relacionados a la Empresa Liebig, ésta acusa mediante notas de prensa en los periódicos alemanes “Im Siglo” y “Standart”, los ataques y críticas que se hacen en Montevideo al producto. Son responsables de estos ataques, quienes ya elaboran un proyecto de una empresa similar en las cercanías de Fray Bentos, concretamente en Mbopicuá.

Tanto la novel empresa como la llamada  «The Food presserving Co.Ltd.»”, preveían la utilización del sistema de vacío de Richard Jones.

La prensa capitalina, recibiendo informaciones desde la zona de Fray Bentos, comienza a insistir en el adelanto de las obras en Estancia Mbopicuá desde julio de 1873, pero recién se verifica el inicio de las faenas en enero de 1875.

Las obras de la planta industrial, que estaba compuesta por varios cuerpos de edificios, habían quedado concluídas en marzo de 1875.

Una fotografía de fines de siglo pasado, (próxima página ) enseña al saladero sobre la alta barranca con amplísimas construcciones de doble planta, seguramente con capacidad para salazón y secado de carne en grandes cantidades. La foto de la página anterior, enseña las ruinas una vez procedida a su limpieza parcial en 1975, por personal del Museo Municipal de Río Negro, proponiendo a las autoridades su declaración como monumento histórico nacional.

Alrededor de las construcciones propiamente dichas, una serie de galpones y aún modestos rancheríos junto a la costa del río, darían sitio de habitación a los trabajadores del establecimiento.

También sobre la costa, fuertes construcciones de material, que contuvieron los elevadores hidráulicos con que contó el saladero, la primera fábrica en Sudamérica que tuvo estos adelantos, muy novedosos en la época y que en el saladero eran muy necesarios, por cuanto entre la costa del río y los lugares de trabajo en la barranca,había un desnivel de varios metros, que podían ser solamente salvados con poderosas bombas que elevasen el agua.

Se estima que las construcciones costaron 450.000 pesos fuertes. Cubrían una superficie de 12 cuadras y podían industrializarse 400 animales diarios. Cada animal producía una ganancia de 14 pesos fuertes por cabeza.

Las carnes conservadas se envasaban en latas de 6 libras cada una, 12 latas entraban en cada cajón que se exportaba, pudiéndose despachar 1.200 cajones por día. También se hacía extracto de carne.

La maquinaria pesaba 1.500 toneladas, la fuerza motriz era de l80 caballos. Se efectuaba la presión de la carne por medio de 8 prensas hidráulicas, pesando cada una 12 toneladas. Había 8 calderas, cada una de 30 caballos. La usina de gas, podía proporcionarlo a un pueblo de 50.000 habitantes.

La situación del establecimiento de Mbopicuá en la última parte del siglo XIX en que le tocó desenvolverse no fue totalmente favorable, por cuanto un sin número de factores adversos conspiraron contra el florecimiento de industrias.

Según manifiesta el autor Vázquez Varini en su publicación (ver Bibliografía) fundamentales y desvastadoras de esta época, fueron las crisis de 1875 y de 1890.

Influyeron en las mismas, según el mismo autor, un balance comercial del Estado persistentemente deficitario, una gran mortandad ganadera, en especial de tipo ovino, pérdidas casi totales de las cosechas de maíz y trigo y fundamentalmente, el no haberse afianzado en su totalidad la mayoría de las fuerzas económicas de la República desde la crisis anterior de 1868.

Por otro lado, no hay que dejar de recordar y tener en cuenta, la presencia del ya coloso Liebig a pocos kilómetros (en la punta de Fray Bentos) que en esta década se convertiría en la cocina del mundo, enviando a Amberes miles de kilogramos de extracto de carne, faenando cantidades impresionantes de bovinos. La prensa montevideana refiere que el resultado de la zafra de 1876 para la Liebig, determinaba la faena de 154.000 vacunos!

No deseamos inferir comentarios aún no comprobados documentalmente, pero el gran fracaso de una partida completa de conservas en Mbopicuá, donde los tarros reventaban por doquier y que hizo fracasar una exportación completa, iniciando una quiebra importante, seguramente tuvo otras consecuencias que más fortuitas que seguramente pueden imaginarse. La Liebig’s ya tenía enfrentamientos con la empresa de Mbopicuá y no eran pocos los intereses que se enfrentaban como para que no se justificase llevar esta “guerra” a otros planos.

Anecdóticamente, podemos traer algo interesante. Los diarios de ese momento, comentando el desastre de los tarros de conserva que reventaban por doquier, traían comentarios de pobladores de las cercanías, que, al escuchar las explosiones pensaron que se había desatado la revolución, que por la época era totalmente creíble, dado que la situación política mantenía absolutamente en vilo a la comunidad.

Uno de los ejemplos más evidentes del resentimiento de la actividad normal del Saladero de Mbopicuá, como derivación de estas y seguramente otras causas, fue el hecho que no se pagaron los sueldos a los funcionarios.

Ante esta situación, en 1877, el Gerente del Saladero y los empleados, iniciaron juicio a la firma propietaria, la que fue declarada en quiebra en julio de 1878 según consta en expediente del Juzgado Letrado de Primera Instancia de Río Negro. (Documento en Archivo Gral. de la Nación).

La vida del establecimiento se reorganizó y comerciantes irlandeses encabezados por los Sres. Tomás y Patricio Ogham que adquirieron la estancia, continuaron trabajando a partir de 1878.

Después de todas estas circunstancias, la Liebig’s terminó comprando la estancia y las instalaciones pero sin hacer producir el saladero. Hacia 1899 don Luis Meyer, a la sazón Gerente de la Liebig en Fray Bentos, sugirió la adquisición, previendo la desarticulación de un posible competidor.

La vida diaria en Mbopicuá.

 

Un interesante documento sobre la actividad del saladero lo constituye una recopilación de testimonios publicada por el periódico fraybentino “El Litoral”. En nota de junio de 1948, refiere que, según el informante Florentino Ferreyra, el establecimiento era llamado “Los Bopicuaces” entre el gauchaje de los últimos veinte años del siglo pasado.

El informante, llegado siendo muchacho desde Entre Ríos formando un grupo de tropas vencidas del Gral López Jordán (1874) se instaló en Fray Bentos y luego se empleó en “Los Bopicuaces” trabajando en los corrales.

El interesante documento que constituyen los recuerdos de esta persona, nos dan algunos informes de cómo era la estancia, la fábrica y su trabajo.

”En aquellos tiempos el jornal era alto, un término medio de cinco pesos por día, en las embretadas, con faena difícil y brava, los ganados eran muy chúcaros y difíciles de manejar. Todo se pagaba con libras y los hijos eran muy respetuosos de los progenitores y lo que se ganaba lo guardaban las mamás...”

Una de las problemáticas más candentes en la campaña de nuestro país en el siglo pasado (la del pillaje y la inseguridad), también fueron “pintados” por el recuerdo del referido informante. Las inmediaciones del saladero eran visitadas por jefes de partidas de malevos, caudillos y grupos de la soldadesca gubernista o bandoleros.

”Estos jefes con sus gentes entraban en el bien nutrido almacén de la Compañía y pedían un par de bombachas, ropas interiores, botas, algún cuchillo. No pagaban ni el encargado reclamaba el importe”.

”Un día, pasó por Los Bopicuaces el famoso jefe bandolero apellidado Ledesma con varios de sus gauchos. De quién es este ganado? -preguntó el malevo-. De la Compañía, contestó don Florentino Ferreyra (el informante).

”Pues lo vamos a carnear. No es justo que habiendo tanta vaca y tanto novillo, anden criollos pasando hambre”.

Al despedirse, ya colocados algunos costillares encima de los pingos, Ledesma saludó y dijo cordialmente: ”Dígale a los patrones que estuvimos nosotros, que algún día le pagaremos..”

Como dato anecdótico digamos que Ledesma terminó preso por la policía de Entre Ríos y traido a Fray Bentos. Fue «enjuiciado» y se le arrojó al río Uruguay, fondeado con una piedra, mientras gritaba: «¡Esta no es la muerte que yo merezco ! ¡Así me pagan los sacrificios que presté al Partido Colorado!».

 Mbopicuá en ruinas..

 La grandiosidad de la fuerte edificación del ex saladero prontó peleó por subsistir con el monte indígena que recuperó su espacio y pronto lo cubrió. Esta majestuosidad, ha revistido los restos de un clima poético y sólo un poeta es digno de comentarlo, sin quitarle nada de la magia que le da la soledad y los recuerdos que se enrredan en cada raíz o que se esconden tras cada piedra.

Para ello, transcribimos lo escrito por el inglés Cunningham Graham, visitante de Fray Bentos en 1915.

”Los cipreses surgían en forma de torrres sobre el tosco monte primitivo, que crecía nudoso y lleno de espinas con su nomenclatura indígena de “ñandubay”, “chañar”, “tala”, “sarandí”, “molle” y muchos otros de nombres tan tortuosos como sus troncos que torcidos y deformados, parecían miembros de gigantes surgiendo de la tierra”

”Naranjos que brotaban desesperadamente, todos sin podar y manzanos que se habían convertido en silvestres. Los troncos de todos los árboles frutales en el desierto jardín alrededor del ruinoso establecimiento, aparecían descortezados y lustrosos por el rascar de las haciendas, pues todos los cercos habían sido destruídos o estaban en decadencia”.

”El grupo de casitas del personal, sin techo, infundían un aire de desolación al valle en el cual la fábrica y sus dependencias se levantaban. Ellas también habían sido invandidas por poderosas plantas sub tropicales y las enredaderas cubiertas por sus ramos de brillantes flores, trepaban las paredes”.

”Un arroyo perezoso corría por el valle y se juntaban con el Uruguay, formando un pequeño puerto natural. En él saltaban los dorados y de vez en cuando desde la ribera, una tortuga, caía dentro del agua como si fuera una piedra”.

”En el mismo medio de lo que una vez había sido una plaza, crecía un ceibo cubierto de flores lilas, colgando en ramos como gigantescos racimos de uvas. Aquí y allá se alzaban viejos ombués con sus metálicas hojas oscuras, que proporcionaban una sombra impenetrable. Sus raíces retorcidas, medio desenterradas por la fuertes lluvias, dábanle un aspecto ultra terreno y prehistórico, el que combinaba muy bien con la desolación de todo el lugar”.

”Parecía que, por esta vez el hombre había sido derrotado y que la Naturaleza victoriosa había reasumido su poderío sobre una región en la cual intentara introducirse”.

La Naturaleza había reasumido tanto su imperio que, edificios, árboles y senderos cubiertos de pasto, diríase que hubieran decaído hacía siglos aunque apenas veinte años habían pasado desde que el lugar quedara abandonado.”

”Todo ello parecía mostrar el poder de la fuerza recuperadora de las selvas primitivas y llamar la atención de la derrota infrigida al hombre...”

”Así es  Mbopicuá”.


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ESTE LUGAR HA SIDO DECLARADO MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL
Resolución 680/009 - Declárase Monumento Histórico Nacional las ruinas del Saladero M'Bopicua, emplazadas en el departamento de Río Negro.
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