POESÍA, POESÍA

La historia cuenta lo que sucedió; la poesía, lo que debió suceder.                                                            Aristóteles. 

 Poesía, género literario en el que se recurre a las cualidades estéticas del lenguaje, más que a su contenido.  Hay testimonios de lenguaje escrito en forma de poesía en jeroglíficos egipcios de 25 siglos antes de Cristo.    Se trata de cantos de labor y religiosos. El Poema  de Gilgamesh,  obra épica de los sumerios, fue escrito con caracteres cuneiformes y sobre tablas de arcilla unos 2000 años antes de Cristo. De antiguo, la poesía fue considerada por muchos una realidad espiritual que está más allá del arte.                                           WIKIPEDIA: la enciclopedia libre

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   Aunque entiendo que la poesía se ilustra por sí sola, he querido agregar algunas imágenes: Soy profesora y en todo veo la necesidad de algo lúdico 

   - ¿Por qué no?

                                                  Francisca Peñaloza M.

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

               Yo cogí a la Poesía de la mano, y la hice entrar en mi escuela.

    Aquí -le dije- andarás como en tu propia casa. Nada te ha de faltar. Ni candela, pues un lucero arde siempre entre nosotros; ni flores -tú que tanto las amas-, ni corazón, ni un laúd de luna y de fe para tus canciones...

    Y la hice entrar en mi escuela.

    Y ya todo se llenó de su gracia sin palabras, de su celeste aliento creador...

     Alguien, incomprensivo, murmuraba:

    -¿Pero qué dicen a esto los poetas, desde sus  torres de marfil?..  Y los juglares, ¿qué hacen, cruzados de brazos?..  

     ¿Adónde vamos a parar?..

                                                                                            Juan Berbel

 

 

 

La escuela del fondo del mar 

Celia Viñas

 

¿ Conoces la escuela del fondo del mar

donde los pescaditos se van a estudiar?

 Mañana no hay clase que mañana es fiesta.

Vamos a mirar  desde la escollera  el fondo del mar.

 

-Abuela,  que no hay escuela.  Y las olas altas, rubias

dibujan sobre la arena tablas de multiplicar.

 

-No llores, pescadito, no llores ya más

en tu escuela  del fondo del mar.

La rosa de los vientos vamos a dibujar

sobre la pizarra azul del mar.

 

 

 

 

 La maestra rural
 Gabriela Mistral
 (A Federico de Onís).


 La maestra era pura. «Los suaves hortelanos»,
decía, «de este predio, que es predio de Jesús,
han de conservar puros los ojos y las manos,
guardar claros sus óleos, para dar clara luz».

 La maestra era pobre. Su reino no es humano.
(Así en el doloroso sembrador de Israel.)
Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano
y era todo su espíritu un inmenso joyel!

 La maestra era alegre. ¡Pobre mujer herida!
Su sonrisa fue un modo de llorar con bondad.
Por sobre la sandalia rota y enrojecida,
era ella la insigne flor de su santidad.

 ¡Dulce ser! En su río de mieles, caudaloso,
largamente abrevaba sus tigres el dolor.
Los hierros que le abrieron el pecho generoso
¡ más anchas le dejaron las cuencas del amor!

 ¡Oh labriego, cuyo hijo de su labio aprendía
el himno y la plegaria, nunca viste el fulgor
del lucero cautivo que en sus carnes ardía:
pasaste sin besar su corazón en flor!

 Campesina, ¿recuerdas que alguna vez prendiste
su nombre a un comentario brutal o baladí?
Cien veces la miraste, ninguna vez la viste
¡y en el solar de tu hijo, de ella hay más que de ti!

 Pasó por él su fina, su delicada esteva,
abriendo surcos donde alojar perfección.
La albada de virtudes de que lento se nieva
es suya. Campesina, ¿no le pides perdón?

 Daba sombra por una selva su encina hendida
el día en que la muerte la convidó a partir.
Pensando en que su madre la esperaba dormida,
a La de Ojos Profundos se dio sin resistir.

 Y en su Dios se ha dorrnido, como en cojín de luna;
almohada de sus sienes, una constelación;
canta el Padre para ella sus canciones de cuna
¡y la paz llueve largo sobre su corazón!

 Como un henchido vaso, traía el alma hecha
para dar ambrosía de toda eternidad;
y era su vida humana la dilatada brecha
que suele abrirse el Padre para echar claridad.

 Por eso aún el polvo de sus huesos sustenta
púrpura de rosales de violento llamear.
¡ Y el cuidador de tumbas, como aroma, me cuenta,
las plantas del que huella sus huesos, al pasar!
 
 
 

 

La oración de la maestra

                                                                                                                                                                     Gabriela Mistral
    ¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra.

    Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes.

    Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren. No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de las que enseñé.

    Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más.

    Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él.

     Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos.

    Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre; hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.

    ¡Amigo, acompáñame! ¡Sostenme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado. Cuando mi doctrina sea más casta y más quemante mi verdad, me quedaré sin los mundanos; pero Tú me oprimirás entonces contra tu corazón, el que supo harto de soledad y desamparo. Yo no buscaré sino en tu mirada la dulzura de las aprobaciones.

    Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana.

    Dame el levantar los ojos de mi pecho con heridas, al entrar cada mañana a mi escuela. Que no lleve a mi mesa de trabajo mis pequeños afanes materiales, mis mezquinos dolores de cada hora.

    Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia. ¡Reprenda con dolor, para saber que he corregido amando!

    Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más horas que las columnas y el oro de las escuelas ricas.

    Y, por fin, recuérdame desde la palidez del lienzo de Velázquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo de     Longinos en el costado ardiente de amor!
 

 Enseñarás...

 

Enseñarás a volar......
pero no volaran tu vuelo.

Enseñaras a soñar...
pero no soñaran tu sueño.

Enseñaras a vivir... pero no vivirán tu vida.

Enseñaras a cantar...
pero no cantaran tu canción.

Enseñaras a pensar...
pero no pensaran como tu.

Pero sabrás que cada vez que
ellos vuelen, sueñen, vivan,
canten y piensen......
estará la semilla del camino
enseñado y aprendido.
 

 

Se canta al mar  

Nicanor Parra

 

     Nada podrá apartar de mi memoria la luz de aquella misteriosa lámpara,
ni el resultado que en mis ojos tuvo ni la impresión
que me dejó en el alma.
Todo lo puede el tiempo, sin embargo,
creo que ni la muerte ha de borrarla.


     Voy a explicarme aquí, si me permiten, con el eco mejor de mi garganta:
Por aquel tiempo yo no comprendía francamente ni cómo me llamaba,

no había escrito aún mi primer verso ni derramado mi primera lágrima;
era mi corazón ni más ni menos que el olvidado kiosko de una plaza.


     Mas sucedió que cierta vez mi padre fue desterrado al sur,

a la lejana isla de Chiloé donde el invierno es como una ciudad abandonada.

      Partí con él y sin pensar llegamos a Puerto Montt una mañana clara.
Siempre había vivido mi familia en el valle central o en la montaña,
de manera que nunca, ni por pienso, se conversó del mar en nuestra casa.
Sobre este punto yo sabía apenas lo que en la escuela pública enseñaban
y una que otra cuestión de contrabando de las cartas de amor de mis hermanas.


     Descendimos del tren entre banderas y

una solemne fiesta de campanas
cuando mi padre me cogió de un brazo y volviendo los ojos a la blanca,
libre y eterna espuma que a lo lejos hacia un país sin nombre navegaba,
como quien reza una oración me dijo con voz que tengo en el oído intacta:
"Este es, muchacho, el mar". El mar sereno,el mar que baña de cristal la patria.


    No sé decir por qué, pero es el caso que una fuerza mayor me llenó el alma
y sin medir, sin sospechar siquiera, l
a magnitud real de mi campaña,
eché a correr, sin orden ni concierto,como un desesperado hacia la playa
y en un instante memorable estuve frente a ese gran señor de las batallas.


   Entonces fue cuando extendí los brazos s
obre el haz ondulante de las aguas,
rígido el cuerpo, las pupilas fijas, en la verdad sin fin de la distancia,

sin que en mi ser moviérase un cabello, como la sombra azul de las estatuas!
Cuánto tiempo duró nuestro saludo no podrían decirlo las palabras.
Sólo debo agregar que en aquel día nació en mi mente la inquietud y el ansia

de hacer en verso lo que en ola y ola Dios a mi vista sin cesar creaba.

     Desde ese entonces data la ferviente y abrasadora sed que me arrebata:
                     Es que, en verdad, desde que existe el mundo,
                           la voz del mar en mi persona estaba.

 

 

 

 

La niña que se va al mar

Rafael Alberti

 ¡Qué blanca lleva la falda
la niña que se va al mar!

¡Ay niña, no te la manche
la tinta del calamar!

¡Qué blancas tus manos, niña,
que te vas sin suspirar!

¡Ay niña, no te las manche
la tinta del calamar!

¡Qué blanco tu corazón
y qué blanco tu mirar!


¡Ay niña, no te los manche
la tinta del calamar!

 

 

 

 Elegía del niño marinero     
Rafael Alberti


Marinerito delgado, Luis Gonzaga de la mar,
¡qué fresco era tu pescado, acabado de pescar!

Te fuiste, marinerito, en una noche lunada,
¡tan alegre, tan bonito, cantando, a la mar salada!

¡Qué humilde estaba la mar! ¡Él cómo la gobernaba!
Tan dulce era su cantar, que le aire se enajenaba.

Cinco delfines remeros su barca le cortejaban.
Dos ángeles marineros, invisibles, la guiaban.

Tendió las redes, ¡qué pena!, por sobre la mar helada.
Y pescó la luna llena, sola en su red plateada.

¡Qué negra quedó la mar! ¡La noche qué desolada!
Derribado su cantar, la barca fue derribada.

Flotadora va en el viento la sonrisa amortajada
de su rostro. ¡Qué lamento el de la noche cerrada!

¡Ay mi niño marinero, tan morenito y galán,
tan guapo y tan pinturero, más puro y bueno que el pan!

¿Qué harás pescador de oro, allá en los valles salados
del mar? ¿Hallaste el tesoro secreto de los pescados?

Deja, niño, el salinar del fondo, y súbeme al cielo
de los peces y, en tu anzuelo, mi hortelanita del mar.

 

 

Dulzura
Gabriela Mistral

Madrecita mía, madrecita tierna,
déjame decirte dulzura extremas.

Es tuyo mi cuerpo que hiciste cual ramo
deja removerlo sobre tu regazo.

Juega tú a ser hoja y yo a ser rocío:
sobre tus dos
brazos tenme suspendido.

Madrecita mía, todito mi mundo
déjame decirte los cariños sumos.
 

 

 

 

En tus Brazos
Germán Berdiales

Mamita, mamita si tú fueses árbol,
tu hijito en tus ramas quisiera ser pajaro.

 

Si tú fueses río que al mar va cantando,
tu hijito en tus aguas quisiera ser barco.

 

Mamita, mamita si fueses un río
o fueras un árbol
tú me acunarías
igual en tus brazos.

 

A mi Madre
Zacarías Palacios

Era una figura santa. Era hecha de cristal:
frágil como violeta y que
guardaba un rosal,
cuajado de flores blancas.
Es una imagen sagrada que adorna mi corazón,
y florece mi emoción.Era un botón de mujer.
Violeta de vergel, sembraba el hogar de rosas.
Cual heroína ardorosa esparció a todos su fe
y nos enseñó a creer. Esta es mi madre bendita
a quien ofrezco caricias y este sencillo cantar.
Nunca la podré olvidar Porque me enseñó a aprender,
porque me enseñó a querer, porque me enseñó a rezar
y también me enseñó a amar
Fue frágil como un cristal, y fuerte como un coral.

 

 

Ven, Madre, a descansar…

MARILINA RÉBORA

Ven, madre, a descansar de todos tus trabajos
hasta el jardín umbroso que cultivo en mis sueños,
a la luz de luciérnagas y áureos escarabajos
y la mágica ayuda de esos seres pequeños,
los gnomos, que se visten con trajes escarlata
y brotan cuando alumbran las primeras estrellas,
que usan zapatitos con hebillas de plata
sin dejar en el musgo la marca de sus huellas.

Cantarán para ti la cigarra y el grillo,
ocultos entre hiedras, glicinas o jazmines.
Y con las hojas muertas haremos un castillo
con muros almenados en oro y amarillo,
hasta que se deshaga por sobre los jardines
(en tanto la cabeza sobre mi hombro inclines).

 

 

Cuéntame un cuento Madre…

Marilina Rébora

Madre: cuéntame un cuento de ésos que se relatan
de un curioso enanito o de una audaz sirena;
tantos que de los genios maravillosos tratan.

Esas lindas historias que conoces. ¡Sé buena!

Dime de caballeros que a princesas rescatan
del dominio de monstruos —dragón, buitre, ballena—;
donde nadie se muere y los hombres no matan,
historias en países que no saben de pena.

Cuéntame un cuento, madre, que me quiero dormir
escuchando tu voz, asido de tu mano;
como Hansel y Gretel, seré en sueños tu hermano,
aunque en sombra andaremos tras de la misma senda
y escribiremos juntos nuestra propia leyenda,
y, tal vez, como chicos, dejarás de sufrir.

 

 

Madre
María Dolores Ouro Agromartín

Madre,
¿quién conoce su valor hasta que se pierde?

Madre, preciosas letras

que, percibiendo el cariño y ternura,

balbucea el bebé.

Madre, tú siempre ahí, tus desvelos,
tus angustias, dus noches de insomnio
parecieran cobrar el precio de los días de ensueño,
pero tu amor sin límitesno pone tiempo al sufrimiento.

Madre, Siempre dispuesta, Siempre amante,
Un apoyo constante, Cerca y lejos, Siempre al alcance.

Madre, un año más ha pasado
y en tu rostro se dibujan

los primeros surcos de la edad,
pero esos te hacen aún más bella,
pues el tiempo no pasa en tu entereza,
en tu corazón siempre amante
y en tu capacidad de entrega.

Gracias madre, por estar a mi lado,
Gracias madre, por darme todo en tu persona,
Gracias madre, por tu amor constante,
Gracias madre, por tu presencia invariable,
Gracias madre, siempre amiga, siempre amante.

 

 

Madre, cuanto tú no estés…
Alí Al Haded

Regaré con mis lágrimas ¡oh madre! el jardín
de la casa y del patio los malvones;
será cuando palpiten tu ausencia los geranios
y lloren las gardenias y emitan su delicado aroma
las hortensias y el Jazmín

Flor y tallo se acuclillarán sobre la gramilla
en un pésame de marzo
y llorarán las margaritas en abril
y florecerá el lirio junto con el nardo
y tú ¡madre!… ¡tú estarás allí!

La rosa acostumbrada a tus caricias
y al poema de tus manos
no se enamorará jamás de otros
dedos
y en una eterna despedida
vistiendo un tul de terciopelo
exudará su néctar más amargo
dejando en él aprisionado tu recuerdo.

Y renovará sus pétalos cada primavera
¡oh madre! y multiplicará sus espinas
(porque el dolor es parte de la vida)
y será la reina de las flores
¡la más bella del jardín!
y lo hará por ti ¡oh madre! y lo hará por ti

Y el vocero del rocío en una madrugada ya anunciada
proclamará que tú te has ido
pero el jardín lo negará ¡porque tú serás la rosa!

Regaré con mis lágrimas ¡oh madre! el jardín
de la casa y del patio los malvones;

será cuando palpiten tu ausencia los geranios
y lloren las gardeniasy emitan su delicado aroma

las hortensias y el Jazmín

 

 

Caricias
Gabriela Mistral

Madre, madre, tú me besas,
pero yo te beso más,
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar…

Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear.
Cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar…

Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y qué lindo niño veo
a tus ojos asomar…

El estanque copia todo
lo que tú mirando estás;
pero tú en las niñas tienes a tu hijo y nada más.

Los ojitos que me diste
me los tengo de gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar… 

 

 

Ya escribo Mamá
Hersilia Ramos de Argote

¡ Qué inmensa alegría, qué felicidad !
al fin he podido escribir Mamá.
Y esa palabrita tan dulce y tan tierna
la escribí muy clara, muy limpia y correcta.

Y con cuanto orgullo me gané en la escuela

un siete muy grande por esta tarea.

 

 

 

                                                  Madrecita
                                                      Hersilia Ramos de Argote
   Madrecita dulce y tierna que con tanto amor me cuidas
y por el camino bueno sabiamente tú me guías.

  Sólo puedo yo pagarte tantos mimos y cuidados
siendo siempre un niño bueno, trabajador y honrado.

Mamacita tan querida, tan preciosa para mí,
de besitos y de abrazos vengo a darte yo un sin fin.

  Yo te quiero tanto, tanto, madrecita de mi amor,
que te ofrezco en este día  todo entero el corazón.

 
 

Mamá
                                                                                   Críspulo Ruiz Cajar

    Tu dolor, fue mi luz el primer día
y en respuesta, mi llanto floreció en tu sonrisa.
Después cuando mis ojos se mojaban
con dolores auroras en la infancia
volvía a acurrucarme y a buscar tus latidos desde afuera,
los que de adentro, un día fueron míos.
    Y encontraba la paz de tus caricias
y me alumbraba el sol de tu sonrisa.

  Y crecí, con el ritmo implacable de la vida.
Y hubo un tiempo la ambigua autonomía
en que curioso sólo de mirarme
y amarme,
me olvidé de mirarte y hasta, quizás, de amarte.

   Y  al descubrir de nuevo tu rostro ya surcado de días,
el húmedo brillar de tus pupilas me contó que sufrías.
Y me dolió como me duele un pájaro caído
Y una roca partida por el frío.

   Quise buscar palabras de consuelo
y, finalmente, me quedé en silencio, mirándote...
porque otra vez había tu sonrisa en misteriosa alquimia
transformando tu pena en alegría y tu debilidad en fortaleza.
Me habías perseguido por los caminos de mi indiferencia
y ahora, al reencontrarme tus dolores estaban más arriba
como nubes cubriendo mi indigencia.

  Y así tu corazón fue en mis poemas
la mágica probeta que suaviza la pena en la alegría
que destila la lágrima en sonrisa.
Porque el amor que vive de la entrega como el tuyo,
y renuncia a exigencias,
es capaz de cambiar, como el de Cristo,
la noche de la cruz en sol de pascua
y sembrar en el viernes, el domingo.

 


 
 
 
San Agustín de Puñual
Oscar Martínez Bilbao
 
 
 Entre flores y naranjos, entre naranjos y vides,
lo mismo que una tonada puesta en el medio de Chile:
San Agustín de Puñual, un trozo de tierra firme, 
allí nació Arturo Prat casi a la vista de Ninhue.

Una hacienda, un caserón que por símbolo resiste
peones de caras pardas y niñas de cejas tristes
perros que entonan la noche con mil letanías grises;
San Agustín de Puñual, un trozo de Chile libre.
 
 Allí nacíó Arturo Prat y en una cuna de mimbre,
bebió los jugos del sol y leche de tierra virgen.
Allí, Capitán del Viento, casi a la vista de Ninhue,
tejió con barro chileno su corazón invencible.
 
 Viajero que vas pasando entre Chillán y Quirihue:
Mirad un poco hacia el norte, mirad la historia de Chile
cerros con faldas de moza, casas que al tiempo resisten,
lo mismo que un silabario las quejas de un niño triste.
 
 Allí nació Arturo Prat el gran Capitán insigne,
allí se forjó el poema de la Epopeya de Iquique.
San Agustín de Puñual, un trozo de Chile libre
que levanta un dedo al viento, casi a la vista de Ninhue.

 

 

Iquique, otoño 1879 

(De mi autoría)

 

 Era el otoñode Chile, San Agustín de Puñual,
en una aldea de Ninhue nació el héroe Arturo Prat.
Su vida era su patria y su pasión era el mar
y le juró a su bandera: No dejarla arriar jamás.
 
 El enemigo era fuerte, la contienda desigual,
pero el valiente marino no se dejó amedrentar.
y
 
 
 
 








 

 

 

 
 
 
 
 
  Estamos en Invierno

menudospeques@gmail.com

Con la nariz colorada
y bufanda de colores,
paseo por la calle
dando tiritones.
El sol está escondido
y el viento silbando.
froto y froto mis manos
que se están helando.
Los bichitos del barrio
hoy no han salido,
y en todas las casas
hay braseros encendidos.
¿Qué es lo que ocurre?,
pregunto a mamá,
pues que el invierno
ha llegado ya.
 
 
 
 
 
 La Jirafa tiene frío
 
 La pobre jirafa se muere de frío, 
pues llegó el invierno y no tiene abrigo,
ni tiene bufanda, por eso se arrima
tanto al oso panda.
¡Qué suave que estás!
 La mamá jirafa llama a su vecina,
que es la oveja Fina.
¿No podrías darme un poco de lana? 
Pues te la daré…si me da la gana. 
 
¡Anda Fina! ¡Por algo eres mi vecina!
Arráncame tú un mechón pero con mucho cuidado,
no me hagas un chichón.
 
Y ahora ¿quién podráayudarme
a hacer una bufanda tan grande?
Buscaré a la araña, que sabe tejer
con las manos y los pies.
 
 Y así, con ayuda y con mucha calma,
la mamá jirafa hizo la bufanda,
y a su hijita, con cariño,se la regaló
y no puedes imaginarte la alegría que le dio.
 ¡Ay, que calorcito que siento en mi cuello!
Y se fue a dormir Porque le entró sueño.
 
 
 Jardín de Invierno
 
 
 Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.

 Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.

 Creció el rumor del mundo en el follaje,
ardió después el trigo constelado
por flores rojas como quemaduras,
luego llegó el otoño a establecer
la escritura del vino:
todo pasó, fue cielo pasajero
la copa del estío,
y se apagó la nube navegante.

 Yo esperé en el balcón tan enlutado,
como ayer con las yedras de mi infancia,
que la tierra extendiera
sus alas en mi amor deshabitado.
Yo supe que la rosa caería
y el hueso del durazno transitorio
volvería a dormir y a germinar:
y me embriagué con la copa del aire
hasta que todo el mar se hizo nocturno
y el arrebol se convirtió en ceniza.

La tierra vive ahora
tranquilizando su interrogatorio,
extendida la piel de su silencio.

Yo vuelvo a ser ahora
el taciturno que llegó de lejos
envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra
la voluntad de mis germinaciones.
 
 
 Sol de invierno
 Antonio Machado
 
 Es mediodía. Un parque.
Invierno. Blancas sendas;
simétricos montículos
y ramas esqueléticas.
 Bajo el invernadero,
naranjos en maceta,
y en su tonel, pintado
de verde, la palmera.
 Un viejecillo dice,
para su capa vieja:
"¡El sol, esta hermosura
de sol!..." Los niños juegan.
 El agua de la fuente
resbala, corre y sueña
lamiendo, casi muda,
la verdinosa piedra.
 
 
 
Canción de invierno 
 

Cantan. Cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?

Ha llovido. Aún las ramas están sin hojas nuevas.
Cantan. Cantan los pájaros. 
¿En dónde cantan los pájaros que cantan? 


No tengo pájaros en jaulas.
No hay niños que los vendan.
Cantan.
El valle está muy lejos. Nada...

Yo no sé dónde cantan
los pájaros -cantan, cantan-
los pájaros que cantan.

 
 
 
 

La Bandera Chilena

Eduardo Valenzuela Olivos (chileno)

Es de todas las banderas
la chilena la mejor,
nieve de las cordilleras
le dio su blanco color.

El copihue le dio el rojo,
el cielo, azul turquí,
sin que ella produzca enojo,
es bella, ¿verdad que sí?

Y qué quiere decir de su estrella
aunque solitaria está,
su fulgor la hace más bella
y más atracción le da.

Cuando miro mi bandera
siento profunda emoción,
parece que ella reuniera
cuanto anhela mi corazón.

Mi bandera es muy bonita,
me habla de cosas risueñas,
si cuando el viento la agita,
parece que hiciera señas.

Con la emoción más sincera
yo digo con todo amor,
que de todas las banderas
¡la chilena es la mejor!

 

 
 
  
 
A la bandera
 
Manuel Magallanes moure, chileno
 

Enseña noble y sagrada que traes a la memoria
tanto recuerdo de gloria, tanta grandeza pasada:
cuando en ti nuestra mirada se fija, despierta y crece
nuestro valor y parece que una racha de heroísmo
bajada del cielo mismo nuestras almas estremece.

Tu triple color entraña, para el patriótico anhelo
La azul pureza del cielo, la nieve de la montaña,
y la sangre en que se baña nuestra historia: esos torrentes
de sangre, que los valientes de otras edades vertieron,
cuando la lucha emprendieron que nos hizo independientes.

Y allí, en tu azul firmamento derramando su luz franca
sobre la montaña blanca y sobre el campo sangriento,
gloriosa en su aislamiento siempre pura y siempre bella,
está la querida estrella que solitaria quedó
porque en su altivez no halló ningún astro digno de ella.

Símbolo augusto que encierra el alma de una nación,
victorioso pabellón que tras legendarias guerras,
llevaste a extranjeras tierras nuestra fama secular...
cuando al viento haces flamear tus rigurosos colores
entre vivos resplandores se ve a los héroes pasar.

Tú representas aquello que con fervor adoramos,
y cuando te contemplamos desplegándole al destello
del sol, el cuadro más bello surge ante nuestra mirada,

pues vemos en ti encarnadas las ambiciones más puras,
las más intensas ternuras y las cosas más amadas.

Pero hay voz que te convierte, Bandera de libertad,
en un signo de crueldad, en un emblema de muerte...
¡No supo, no comprenderte ve en ti símbolo de horror!
Tú eres la Patria y también eres el amor, pues quien
dice Patria dice amor. Y ese amor, noble bandera
lo encarnas tú, y es por eso que cuando flotas al beso
de la brisa pasajera que en aromas de pradera
te envuelve, el chileno olvida p
or ti a la mujer querida
y a la madre venerada, y puesta en ti la mirada
¡Jura por ti dar la vida!
 
 
 
Al pie de la bandera
 Víctor Domingo Silva-chileno
 
 

¡Ciudadanos!
¿Qué nos une en éste instante? ¿Quién nos llama?
¿encendidas las pupilas y frenéticas las manos?
¿a qué viene ese clamor que por el aire se derrama
y retumba en el confín?
No es el trueno del cañón; no es el canto del clarín:
es el épico estandarte, es la espléndida oriflama,
es el patrio pabellón que halla en cada ciudadano un paladín.


¡Oh!, Bandera!
¡La querida, la sin mancha, la primera
entre todas las que he visto!…!Cómo siento resonar,
no en mi oído, sino dentro de mi ardiente corazón,
tu murmullo que es alerta y es arrullo;
tu murmullo, que es consejo en las tertulias del hogar
y que en medio de las balas es rugido de león!

¡Cómo siento que fulgura; con qué ardores,
la gloriosa conjunción de tus colores,
flor de magia, hecha de fuego, de heroísmo, de ideal!


¡La bandera! La soñamos inmortal
con su blanco, con su rojo, y con su azul, en que descuella perla viva y colosal,
esa estrella arrancada para ella al océano de luz del cielo austral!

La hemos visto desde niño; la queremos
como amamos a la novia, con supremos
arrebatos, con ternura, con unción.


Ella vive palpitante en las visiones familiares de los días escolares.
Y, al mirarle hecha girones, nos parece
que ella grita al desgarrarse porque mece
lo que aún queda en nuestras almas de esperanza, de ilusión.



¡Todo pasa! Viento trágico y siniestro
padre noble, dulce madre, tibio hogar.
¡Somos huérfanos! Erramos, dolorosos peregrinos,
por insólitos caminos y al azar…
¡Sólo tú, bandera quedas, sólo tú, que nunca mueres,
porque tú eres toda el alma de la Patria, bajo el cielo o sobre el mar!



¡La bandera! ¿Quién olvida
que ella ha sido como un hada para nuestra edad florida?
¿Quién, al verla que, a pleno aire, se levanta
no la advierte como un alma enamorada de la vida?
¿De qué trémula garganta, en los grandes días patrios,
se escapó una nota sola que no haya respondido
como el eco más sentido la bandera que tremola
en lo alto de una madero carcomido
de la escuela, del cuartel o del torreón?


¿Qué muchacho, entre la gresca vocinglera
de Septiembre, malamente disfrazado de soldado no ha jurado
convertirse en un héroe patrio y defender de su bandera
hasta el último jirón?

 

¡Oh, bandera! ¡Trapo santo!
hay ingratos que te niegan, que se burlan de tu encanto
con que envuelves y fascinas; que no entienden el lenguaje
de tu risa y de tu llanto.


Mientras tanto, yo sé bien que no hay ninguno que nostálgico te mire,
y no tiemble, y no suspire. Y no llore en tu homenaje!
Yo sé bien que a más de un pobre desterrado
toda el alma en un sollozo has arrancado
cual se arranca el duro hierro de una herida
cuando errante por naciones extranjeras con el fardo del dolor
ha observado que, entre un bosque de banderas,
sólo falta la que amó toda su vida: ¡la bandera tricolor!


Yo sé bien lo que se siente cuando, a solas,
desde un barco, mar afuera, entre las olas,
se percibe la silueta de un peñón y sobre él, a todo viento, la bandera,
la bandera que saluda cariñosa,
la bandera que es la madre, que es la esposa, el hogar, la Patria entera,
que va oculta en nuestro propio corazón!



Yo no sé cuándo es más grande la Bandera:
si en el campo de batalla, inflamada por relámpagos de cólera guerrera
y deshecha por el plomo y la metralla, o en lo alto tijeral del edificio
y donde es como un heraldo de alegría que levanta, en plena urbe, su armazón,
porque no se ha consumado el sacrificio del que rige, con heroica bizarría,
el compás de su martillo por el ritmo del pulmón.



Sólo sé que para ella siempre el mismo
cualquier gesto de heroísmo; que ella cubre con la misma majestad
a unos y otros; la bandera es madre –es hembra!-
y, si en medio de los vivos a menudo el odio siembra,
por encima de los muertos sólo arroja su piedad.



¡Ciudadanos!
Que no sea la bandera en nuestras manos
ni un ridículo juguete, ni estúpida amenaza

ni un hipócrita fetiche, ni una insignia baladí.


Veneremos la bandera como el símbolo divino de la raza;
adorémosla con ansia, con pasión, con frenesí,
y no ataje en nuestro paso, mina, foso ni trinchera
cuando oigamos que nos grita la bandera:
“!Hijos míos! ¡Defendedme! ¡Estoy aquí!”