Alfredito, el socialista 


 

Tengo aquí delante la resolución del Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, fechada el 5 de Septiembre de 1930. Preside la República Hipólito Yrigoyen y la conspiración está en todas partes. La resolución dice en su parte dispositiva: "2º: Asumir como propio el imperativo enunciado, en forma indeclinable por la conciencia juvenil, de exigir la renuncia del Presidente de la Nación, Sr Hipólito Yrigoyen y la inmediata restauración de los procedimientos democráticos dentro de las normas constitucionales. 3º: Designar una comisión estudiantil para que haga entrega al presidente de esta resolución y recabe su renuncia. Fdo.: Alfredo L. Palacios, Decano; Julio V. González y Carlos Viamonte, Secretarios Ad-hoc". 

No creo que nada defina mejor los personajes. Porque Yrigoyen era un tirano, y entonces fue una cobardía de irresponsables mandar a jóvenes estudiantes a pedirle la renuncia; o no era un tirano, y ésta era toda una farsa para engañar a los jóvenes. En realidad era lo último; lo increíble es que veinticinco años después los mismos payasos sigan haciendo las mismas payasadas y los estudiantes sean otra vez víctimas, porque en 1955 los hechos ocurren de la misma manera. Constatémoslo; En las ediciones de 1957 he advertido refiriéndome a este personaje, ruego al lector que verifique:
"Oportunamente el "Maestro de la Juventud" volverá a colocarse en la posición populista. Vendrá con los
títulos de una renuncia a posiciones logradas en el nuevo régimen, y aparecerá de nuevo como mártir entre
los estudiantes. A la oligarquía y a los intereses foráneos les conviene que juegue su papel en el seno del pueblo desorientando las resistencias nacionales con enunciados genéricos y magnificando lo circunstancial. La oligarquía le ha asignado su papel de dócil opositor que se convierte en colaboración en los momentos críticos. No olvidemos que Alfredo Palacios fue senador nacional gracias a la inhabilitación del radicalismo".
Como si se hubiera propuesto confirmar mi pronóstico volvió a ser senador varios años después, entonces
previa inhabilitación del peronismo y esta vez a los gritos de "¡Al paredón!, ¡al paredón!, ¡al paredón!" con un castrismo que duró al día del escrutinio, para volverse en contra. Seguramente su propósito no fue confirmar mi pronóstico sino confirmar su conducta en espera de la nota necrológica de la gran prensa, que se había tramitado durante toda una vida de complicidades. Opositor regular de la oligarquía y el imperialismo- palabras con las que se llenaba la boca- coincidía con ellos en los momentos decisivos, como si tuviera un paraguas para los días de buen tiempo, que sólo no usaba los días de lluvia.
En ninguna parte como en el hecho universitario, es tan visible la distribución de los personajes de la "intelligentzia" en el tablado de la farsa: los que ejercen el poder directo, y los que lo facilitan introduciendo la desorientación. 

(Arturo Jauretche, Los profetas del odio, 1957)