Vacas sísmicas

 
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Al regresar de un viaje por Suiza, el abuelo de mi querida amiga Arabela, les encaramó a cada una de sus vacas una campanilla, emulando a los lecheros de los Alpes o al abuelo de Heidy. Sepa Dios. Un poco inquietas, dentro del estrecho corral, soportaron el novedoso aderezo bajo el cuello que se complementó con el arete verde que las identifica como pertenecientes a la “Lechería de Matute Barquero, Atenas, Alajuela”.

Dos nietos complacientes le ayudaron a Matute a guindar la campanilla con una faja que se adapta al cuello de los animales. Su mujer le había presagiado un posible sobresalto nervioso en las pobres vacas. Y para que no quedaran dudas lo sermoneó, luego del pinto con huevo, así: “Vaca vieja no aprende”.

El despelote se armó cuando fueron despachadas del corral, salieron despavoridas dando brincos y patadas a lo Kung-Fu al escuchar el concierto de las cuarenta y tres campanas en un súbito “allegro con moto”. Dos murieron de un infarto y para el resto se ocupó la mañana entera atraparlas en el potrero y retirarles el funesto mecanismo suizo fabricado en China. Una huyó hasta al centro de la ciudad metiéndose al mercado y generando un tumulto bíblico que se detuvo cuando un escolar la doblegó con un helado de vainilla mientras le zafaba la campana. Luego del incidente estuvieron alteradas durante dos semanas y negando la leche. Durante esos días reaccionaban rabiosas ante cualquier ruido y la mayoría tuvo serios problemas de fertilidad. Nuevamente su mujer le dijo: “Las vacas son muy sensibles”.

A Matute le quedó la espinilla del porqué las vacas suizas no hacían tanta alharaca con la jodida campana. Murió con esa inquietud sin aceptar que su esposa le había dado la respuesta aquella mañana tormentosa.

 

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Mi querida amiga Susana Görür (es turca) ha vivido siempre en Mármara, una zona frecuentada por los terremotos desde los tiempos del Pleistoceno y no del caballo de Troya como especulan algunos historiadores enamorados de Helena. Ella es veterinaria y me cuenta que escuchó varias historias de gente que dijo haber visto a sus vacas muy sofocadas antes del devastador terremoto de 1999. Escéptica, no le dio importancia a los cuentos, prefirió olvidarse del asunto. Pero luego leería historias similares de un anciano griego y de varias mujeres kurdas de la zona del lago Van y entonces se dedicó a investigar si realmente existía alguna relación. Con la ayuda de científicos iraníes inventaron un chip que mide el stress en las vacas. Supongo que también funciona en otros mamíferos.

El novedoso aparato ha sido colocado en miles de vacas dispersas por la región de Mármara y en las provincias por donde transita la falla de Anatolia que va desde el Bósforo hasta el lago Van. Es una verdadera red inalámbrica de vacas conectadas a Internet. Cuando el stress sobrepasa los niveles normales el aparato envía una señal a un centro de monitoreo, allí se analiza el evento minuciosamente. Ya se han dado varios casos de sobredosis de stress en áreas diminutas, cada situación particular fue observada hasta dar con el posible detonante, en algunos casos fue un toro muy sexy que disparó el chip, en otros un enjambre de abejas asesinas. Se dio una situación muy curiosa de un grupo de vacas que todas las mañanas aumentaban su stress notablemente, la investigación determinó que odiaban al ordeñador y su música rap. Fue despedido y se normalizó el colectivo lechero. Pero en tres casos sobrevinieron pequeños temblores. El más sonado fue en febrero del 2008 cuando miles de chips dieron la alarma en varios sectores de una gran franja que abarcaba varias provincias, cuatro horas después un sismo de 4.2 grados en la escala de Richter alarmó a la población en la zona portuaria de Gölcük. El relativo éxito del proyecto provocó que el gobierno turco destinara un fondo especial para colocar más chips y sensibilizar la red hasta el grado señalado por los científicos.

A los turcos y a sus vacas los atormentan el movimiento de tres grandes placas continentales: la africana, la árabe y la euroasiática. Stress total. Pero algo aprendieron desde 1999 y ahora están preparados.

Ignoro si otras especies de animales tendrán ese sentido sísmico. Sería muy interesante investigarlo. Quizá un tema de tesis o un proyecto de investigación interdisciplinario.

 

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Las mismas vacas del finado Matute, allá en Atenas, amanecieron el 8 de enero con un exceso de stress que sólo su mujer supo diagnosticar con una frase lapidaria: “Va a temblar”. Uno de sus hijos al salir de la oficina al mediodía, conociendo que las secretarias y recepcionistas le tienen pavor a los sismos, las previno así: “Estén atentas hoy tiembla”. Cerró la puerta en el sexto piso y cuando regresó a las dos de la tarde lo estaban esperando, las caras pálidas y estremecidas de sus compañeras y un grupo nutrido de curiosos, para que les explicara porqué él sabía que iba a temblar. Les respondió: “Hoy las vacas amanecieron inquietas”. Y se fue sin darle el crédito a su madre.

 

Felipe Ovares Barquero

29 de enero de 2009

Entre vacas turcas.