Supercomputadora para todos

 
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¿Cómo competir con Microsoft?

Ese es quizá el Santo Grial que miles de soñadores buscan todos los días. Sin embargo, se necesitan básicamente dos cuestiones para hallar la respuesta: primero una gran idea, segundo, tener el capital suficiente para llevarla a cabo, y por supuesto, una sobredosis de buena suerte y quitar del camino a todos los que no creen en ella. El dinero y la suerte casi siempre caminan juntos.

Hace unos diez años en un congreso bastante informal de soñadores (ajeno de hierbas aromáticas), propuse un escenario a futuro(1) en donde se podría eliminar la piratería de software, la majadería de los virus y el monopolio de los grandes fabricantes de software y hardware que cada tres años nos hacen sentir que la moda nos superó. El concepto reinante del paradigma consumista: bote todo y vuelva a invertir.

La propuesta –en breve- consistía en lo siguiente:

Primero. Una red similar a Internet con un ancho de banda adecuado para hacer cualquier procesamiento sin tardanza, como si todo estuviera en mi computadora.

Segundo: Una supercomputadora o un conjunto de computadoras en donde podría ejecutar los programas que necesito sin necesidad de tenerlos instalados en la mía que además me permitirían mantener mis archivos sin límite de espacio.

La compañía cobraría una mensualidad cómoda por el servicio, o se defendería mediante la publicidad que los usuarios tendrían que ver de vez en cuando, y en ese caso no se pagaría. Gratis.

La compañía tendría en su supercomputadora instalada la última versión de los programas necesarios para que sus clientes pudieran vivir felices: Editor, Hoja de Cálculo, Base de Datos, juegos, correo electrónico, etc.

La computadora casera no tendría instalado ningún programa, sería una especie de pantalla conectada a la supercomputadora, sin disco duro, con apenas la memoria necesaria para efectuar el enlace y algunas sutilezas mínimas de administración. Por lo tanto muy barata, quizá menos de $100.

Un tiempo después mi apreciable amiga Zulema de Paz(2) que leyó el cuento chino de mi escenario futuro, me envió un correo electrónico desde ese lugar negativo llamado NoSara de NiCoya: “Todo lo que escribiste me parece muy loco, le agregaría la facilidad maravillosa de conectarse a la súper cosa esa, y por lo tanto a Internet, sin los benditos cables que son tan molestos, no importa si estoy aquí en la playa Pelada o allá en el fin del mundo. Es sencillamente divino olvidarse de instalar programas y antivirus, ni rasgarse las vestiduras con la pérdida de datos, ni volver a llamar a ese pedante que habla tantas tonterías cada vez que viene a revisarme la computadora”.

“Han pasado lentos los años pisando como paquidermos”(3), desde aquel encuentro casual con motivo de los Juegos Olímpicos en Atlanta en 1996, cuando mi escenario profético alcanzó el penúltimo lugar entre los 32 participantes y Claudia Poll ganó la medalla de Oro en la piscina del Georgia Tech. Entonces las derrotas no me dolían tanto como ahora.

***

Pocos días atrás el Daily Telegraph, un diario británico, reveló un tremendo secreto que podría cambiar muchas cosas. Resulta que los creadores de Google, además de contar con muchísimo dinero también tienen ideas, están construyendo una supercomputadora en una parcela de 30 acres en The Dalles Oregon del tamaño de dos estadios como el Rosabal, cuyo proyecto incluye además un edificio de cuatro pisos y dos torres de enfriamiento, todo este desplante tecnológico sin parangón en la historia, para plantarle cara a Microsoft y a Yahoo. La idea, según los especuladores, es mejorar notablemente los servicios actuales de Google(4) y crear otros, entre los que se menciona la posibilidad de ofrecer a sus clientes gratuitamente la conexión a la supercomputador, en donde podrán contar con una especie de computador virtual, allí tendrán lo necesario para ejecutar sus programas y almacenar los archivos.

Temerosos del colapso universal que esto ocasionaría en sus negocios, se dice que Microsoft y Yahoo trabajan juntos en proyectos similares. Si el cuento resulta ser cierto, es razonable pensar que a lo mejor todos saldremos ganando. Pero como decía mi abuela, cuando vivía exilada allá en Solentiname: “Aquí ni los pocoyos cantan gratis”. Habrá que esperar por donde vienen los disparos.

Es muy interesante mencionar que en Costa Rica tenemos casi todos los recursos necesarios para que alguna de esas empresas construya uno, o mejor aún varios, de esos centros. Lástima que no está Chema que le hablaba al oído a Bill Gates.

No tengo dudas de que si estos proyectos llegan a consolidarse tendremos cambios enormes, es probable que muchos millones de usuarios se deshagan de las computadoras actuales y opten por las nuevas y baratas. Otros más celosos de su información seguirán con en el viejo paradigma fragmentado. Me imagino también que una respetable cantidad de estudiantes y gente escasa de recursos se dará el lujo de tener su computador virtual allá en Oregon o donde sea que instalen esas supercomputadoras. Esperemos. Algo interesante va a suceder.

Y para muestra un botón. Google acaba de lanzar una versión preliminar de una hoja de cálculo, digamos que similar a Excel, pero con la ventaja de que se puede usar desde el navegador, es decir, no necesito tener el programa instalado en mi computadora, por ahora la llaman: Google Spreadsheets.

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(1)La Royal Dutch Shell Group of Companies es pionera en este tipo de profecías para administrar sus negocios, también lo utiliza la CIA para los suyos.

(2)Zulema de Paz es PhD. Graduada en Francia y luego en Inglaterra. Diplomática de Carreras. Catedrática. Ex embajadora en la ex República de Malgache, ex ministra, ex diputada, ex presidenta ejecutiva del iMas, ex Miss Jicaral, pensionada del INS, exegeta del TLC, ex defensora de los habitantes, ex cétera.

(3)Tomado del poema ¿Dónde estará la Guillermina? de Pablo Neruda.

(4)Google recién inauguró dos centros de procesamiento de datos en Atlanta Georgia donde fracasó mi profecía por descabellada.

Felipe Ovares Barquero

19 de julio de 2006,